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Valores de La Cultura Maya Q'eqchi'. Juan Tzoc

Valores de La Cultura Maya Q'eqchi'. Juan Tzoc

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en Estudio fenomenologico de la axiologia de la Cultura Maya Q'eqchi 'El contexto de la Globalización cultural, Realizado Por El Lic. Juan Tzoc, docente e investigador de la Universidad Rafael Landívar, Campus de la Verapaz.
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10/29/2015

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Se entiende como valor, toda perfección real o posible que procede de la naturaleza
y que se apoya tanto en el ser, como en la razón de ser de lo que es real (López de
Llergo, 2002:44). Según esta autora, existen cuatro valores fundantes, originales o
en otras palabras universales, porque en ellos se apoyan los demás y se encuentran
en toda realidad creada como los seres inertes, vivientes y sociedades, estos valores
son trascendentales, para dar a entender que estos, no son exclusivos de ciertas
personas, sino, lo tienen todas las personas, por una estrecha relación que se
establecen entre ellos.

Al respecto, López de Llergo expone que estos valores trascendentales son: “la
unidad, la verdad, el bien y la belleza”. (Op Cit. 2002:44-45). Y por la misma línea de
ideas, Frondizi, (2000:18), dice que “los valores, no existen por si mismos…,
necesitan de un depositario en que descansar”, dichos depositarios según este
autor, pueden ser por ejemplo, la -belleza de un cuadro-, pero no forman parte
necesariamente del objeto, en este caso del cuadro, pues pueden existir cuadros sin
este valor, y antes de incorporarse al respectivo portador o depositario, los valores
son meras posibilidades, que no tienen existencia real sino virtual. (Op. Cit. 2000:15-
20)

El valor, es un concepto ligado a diferentes concepciones, uno metafísico y
subjetivo como la generosidad, la lealtad, que se ven reflejados en actitudes, y otro
objetivo que implica la razón y el sentimiento, como la belleza que se traduce en
virtudes. Aragó, (1994:27) dice que los valores “se sitúan en un rango, unos
inferiores, otros superiores, tiene además del aspecto objetivo (o soporte), el
subjetivo (relación con la persona) es normal que la cuestión del rango no sea algo
fijo y absoluto; al contrario, normalmente sufrirá variaciones, así hay quienes
pondrán por delante los valores intelectuales sobre los valores de utilidad, otros
pondrán en la cima los valores morales y luego los biológicos, etc., no obstante, es
un hecho que cada uno de los valores ocupa un determinado rango.” en donde la
subjetividad significa que es indispensable la persona, o sea un sujeto que valore; y
objetividad significa lo valioso de las cosas, aspecto que las personas simplemente
descubren o captan en los objetos.

El valor según Frondizi, (2000:40), “será objetivo31

si existe independientemente de
un sujeto o de una conciencia valorativa; a su vez será subjetivo si debe su
existencia , su sentido o su validez a reacciones ya sean fisiológicas o psicológicas32
del sujeto que valora, por consiguiente y siguiendo al autor citado, no puede haber
valor, si el objeto no produce ningún goce o satisfacción, por lo que el valor no
puede estar ajeno a la valoración, es decir que la valoración (lo subjetivo) es el
proceso de captación del valor, por ejemplo, cuando vemos dos manzanas,
captamos cada una de ellas con los ojos, pero la semejanza o diferencia no la
captamos con los ojos de la cara, sino con los del intelecto, los valores se nos revela

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39

como en el caso del oxloq’il, el sentido de valor que emanan los objetos que se
aborda más adelante. (Op. Cit. 2000:26-40)

En sí, se puede entender que los valores como dice Antonio J. Severino, (2005:93-
94) es “la práctica de lo cotidiano… el Ethos, entendido este como el -modo de ser y
de vivir-“, por consiguiente, es claro que los valores son normas y principios que
sirven de estandarte de los sujetos en cuanto ser humano, quien conduce su vida en
constante participación e interrelación con sus semejantes, la naturaleza, y con la
producción cultural que se va construyendo, lo más perfecto posible apoyado en
actitudes y virtudes, mediante conductas que representan al ser como una persona
real ético y moral.

Vivir los valores dignifica a la persona humana, y motiva a perfeccionarlos, pues
nadie es dueño de los valores, sino que cada quien debe ser ejemplo de ello, ya que
está al alcance de todas las personas, se inculca, se adquieren en el hogar, en la
escuela, en la comunidad, y se cultivan en la vida social, porque brotan
espontáneamente, por eso mismo, las personas que encarnan los valores, se
constituyen en modelos para los demás, por eso en las comunidades indígenas se
educa con el ejemplo, pues los ancianos son y deben ser modelos de vida para las
nuevas generaciones, porque son la representación de lo bueno y lo malo a lo largo
de la vida, cuando algún anciano rompió las reglas de vida, sufren mucho antes de
morir, esto les sirven a los demás para corregir a los demás.

Valenzuela, & Castillo, (2000:12), exponen acerca de algunas corrientes y/o
escuelas que tratan de definir la teoría de los valores de la siguiente manera:

“Teoría Subjetivista: …presenta que el valor para algunos no es nada real. Dicen
que las cosas son buenas o malas porque nosotros le reconocemos ese valor.” El
subjetivismo piensa que es bueno lo que nos complace y malo lo que no es grato.

“la Teoría Neokantiana: quiso superar las limitaciones del subjetivismo y para ellos el
valor es ante todo una idea.” Por ejemplo cuando se contempla un cuadro, la
primera impresión es que es bello, pero no lo podríamos decir que antes no
tuviéramos la idea sobre belleza.

Teoría Fenomenológica: “los valores son ideales, pero no subjetivos, sino objetivos,
pues valen independientemente de las cosas y de nuestras estimaciones”. Según
esta corriente, los valores no dependen directamente de nosotros, sino que de la
relación con el objeto o el sujeto, por ejemplo la amistad, la responsabilidad, la
honradez.

La teoría realista propone “que todos los seres tiene su propio valor, desde el agua
que nos mitiga la sed, hasta el sol que nos calienta y permite que florezcan las
plantas.” Es decir que las cosas tiene su valor en cuento existen. Pero esta teoría
puede ser considerada más del tipo existencialista.

Con el afán de no confundir la idea, el valor es un bien descubierto y elegido libre y
conscientemente, que busca ser realizado por la persona y reconocido por los
demás. Mientras que las virtudes, son efectos que reproducen dicho práctica del

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valor y se representan mediante el ejercicio de capacidades personales de hacer el
bien o el mal a través de los hábitos, que es la manifestación frecuente de la
persona según sea la formación de sus valores.

Para efecto de este estudio en cuestión, el planteamiento teórico se inclina por la
corriente de pensamiento de la fenomenología basado en E. Husserl, entendiendo
éste como la interrogación que se debe hacer sobre el modo de la relación de la
persona con el mundo y con la realidad, planteando el problema acerca de su ser y
de la legitimidad de su existencia desde un tipo de empirismo epistemológico, pues
el hombre no existe sino en el mundo, y no es nada fuera de él, y por lo tanto, se
sabe que se pertenece, o se es parte del mundo y de la realidad en que se vive
cotidianamente, pero nadie sabe responder a estas interrogantes sin caer de alguna
manera en las dificultades y en el escepticismo que implican preconcepciones
científicas que nadie se atreve a cuestionar, y que siempre están enumerados en
tiempos y espacios determinados.

Diferentes sistemas de Valores

Siguiendo con las autoras, dicen que “un sistema de valores se define como una
organización de creencias acerca de modos de conducta preferentes, y cada uno de
estos tienen un valor relativo de importancia, … en el que cada valor esta ordenado
en prioridad con respecto a los otros”, sin embargo para esta ordenación que
responde a prioridades, también son definidos como escala de valores, tabla de
valores, sistema de valores, etc. (Valenzuela, y Castillo, 2000:16)

Así se encuentran escalas de valores elaboradas de la siguiente manera:
Según Max Scheler: Valores de lo agradable y desagradable, Valores vitales,
Valores espirituales (estéticos, éticos, teóricos), Valores de lo santo y lo profano. Y
según Ortega y Gasset: Valores útiles, Valores vitales, Valores espirituales
(intelectuales, morales, estéticos), Valores religiosos.

En la misma línea de los valores, Aragó explica que existe la pirámide como
propuesta de ordenamiento de los valores, esta responde al planteamiento de
Máslow, valores que se encuentran graduadas en forma de pirámide y en donde
cada escalón corresponde a las motivaciones, entre las cuales se encuentran en
primer lugar como base las necesidades más indispensables, los de tipo fisiológico,
como el hambre, la sed, etc., luego se encuentra la seguridad, como lo económico,
la familia, etc., seguido de la filiación como el amor, la pertenencia, etc.,
seguidamente la autoestima, luego la autorrealización y por último los valores
intelectuales o estéticos como la trascendencia. (Op Cit. 1994: 27-28).

Pero de acuerdo a Yarce (2004), en su libro “Valor para vivir los Valores”, señala él
con bastante profundidad que “accedemos a los valores por diversos caminos, unos
ya están en nosotros, porque los hemos recibido a través de nuestros propios genes
(la herencia biológica) y los vamos desarrollando poco a poco, otros están en el

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ambiente en el que nos desenvolvemos: en la familia y en la escuela, gracias al
contacto con personas que actúan inspirados en ellos, pero hay otros que son
necesariamente fruto de un aprendizaje” (Op. Cit. 2004:30). Por eso cada uno de
estos niveles de valores, lo vamos incorporando a nuestra propia jerarquía de
valores, una jerarquía que no es un listado de valores, sino un marco de referencia
de lo más valioso y lo menos valioso, jerarquía que conviene establecer desde muy
temprano en la vida con la ayuda de los padres y de los maestros, pues como dice
este autor, “la infancia es, precisamente, la etapa en la que hay una disponibilidad
natural, sensibilidad especial para captar y vivir los valores”. Esta jerarquía no
depende de lo que los demás hagan, digan o vivan, sino de lo que cada uno de las
personas elija responsablemente para su propia vida, asistida por su inteligencia, su
voluntad y sus efectos. Según dicho autor, vivir los valores no es imitar, no se trata
de moldear de acuerdo a corrientes externas, sino que el establecimiento de la
jerarquía de valores debe estar sujeto a la inteligencia emocional, los sentimientos,
las emociones y motivaciones porque son los que moldean el comportamiento cada
día, y será el fruto de la construcción de hábitos para alcanzar una vida con calidad y
excelencia. (Op. Cit. 2004:30-33)

Basado en todo lo anterior se puede decir que existen tres niveles fundantes de los
valores:
− El primero es el valor Moral, o sea las normas cuyo origen es externo y tienen
una acción impositiva en la mentalidad del sujeto.
− El segundo es el valor Ético, las normas que tienen un origen interno en la
mentalidad del sujeto.
− El tercero es el valor Ontológico, las normas que surgen de la vivencia real y la
trascendencia de las propiedades de los valores, hacer del valor un Ethos.

El valor Moral es el hecho real que encontramos en todas las sociedades, es un
conjunto de normas que se transmiten de generación en generación, evolucionan a
lo largo del tiempo y poseen fuertes diferencias con respecto a las normas de otra
sociedad y de otra época histórica, estas normas se utilizan para orientar la conducta
de los integrantes de esa sociedad.

El valor Ético, es el hecho real que se da en la mentalidad de algunas personas, es
un conjunto de normas a saber, principio y razones que un sujeto ha realizado y
establecido como una línea directriz de su propia conducta, resultado de la
apropiación o empoderamiento del valor moral.

El valor ontológico: En este escenario de ideas, es necesario realizar un análisis
como dice Antonio J. Severino, más que del discurso en sentido estricto, a las
prácticas de lo cotidiano… que forman un Ethos, entendido este como el -modo de
ser y de vivir- (Op Cit. 2005:8)33

, pues es lo que da la orientación básica al sistema
de valores y principios, que va unido a niveles de lo espiritual y mágico. Este
término entonces, permite entender que los valores son el resultado del

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42

establecimiento de normas, que forman un sistema con propias estructuras,
coherencias y lógicas en la vida los pueblos. El ethos, consiste en una impresionante
cantidad de prescripciones, prohibiciones y normas que responden a una estructura
lógica que solo se puede explicar desde la cosmovisión misma. El reto consiste en
encontrar los patrones integradores y el sistema orientador de esta variedad de
valores, que aparte de reconstruir dicho sistema de normas, recuperar la memoria
histórica de los pueblos, que está siendo atacada fuertemente y eliminada cada vez
más por el contacto con el mundo globalizante. (Op. Cit. 2002:49). Esa es la línea
básica de los valores que a nuestra conciencia es sensible, conjunto de
características que garantizan la identidad de cada ser, integrándolo a su especie y
distinguiéndolo de los pertenecientes a otros. En la antigüedad y en la edad media,
coherente con la metafísica vigente, la ética tendió a encontrar ese fundamento en la
naturaleza ontológica del hombre. Entendían los filósofos metafísicos que en la
esencia humana ya estaría inscrita, estable y permanentemente, la finalidad de la
existencia. (Severino 2005:93-94). Esta singularidad es de cada pueblo, y de ahí
depende su idiosincrasia, de sus creencias, exigencias y emociones, como el placer,
el éxtasis, el gozo, la alegría, la plenitud.

El uso de la palabra Ética y la palabra Moral está sujeta a diversos
convencionalismos y para poder distinguirlas será necesario nombrar las
características de cada una de estas palabras, así como sus semejanzas y
diferencias; según la hoja electrónica de consulta en red, monografías.com
establece que existen ciertos puntos en los que confluyen o se parecen: que en los
dos casos se trata de normas, percepciones, deber ser.

La Moral tiene una base social, es un conjunto de normas establecidas en el seno de
una sociedad y como tal, ejerce una influencia muy poderosa en la conducta de cada
uno de sus integrantes, desde el exterior o desde el inconsciente; impera el aspecto
prescriptivo, legal, obligatorio, impositivo, coercitivo y punitivo; puede decirse que es
el resultado de la convivencia o experiencia comunitaria o familiar.

En cambio la Ética surge como tal en la interioridad de una persona, como resultado
de su propia reflexión y su propia elección, desde su misma conciencia y voluntad.
Igual es un conjunto de normas que un sujeto ha esclarecido y adoptado en su
propia mentalidad, pero es propia de una sola persona, lo que lo hace ser su
singularidad u originalidad individual.

Está claro, que la diferencia entre la moral y la ética radica en la fuente de dónde se
inspira cada uno de estos valores, pues mientras el valor moral lo obtiene la persona
de su familia, de su comunidad o conglomerado social donde se practican ciertas
normas y principios; el valor ético, es consecuencia de lo anterior y resultado de una
reflexión personal que rigen al individuo, es el alcance de los niveles de conciencia y
la expresión de actitudes y conductas de manera voluntaria que lo va haciendo
diferente a las demás personas.

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Crisis de valores

No se puede culpar al proceso de la globalización por todos los problemas que
existen, pero lo que si es cierto es que la globalización es causante de muchas de
ellas, en tanto que la globalización es una corriente universal avasalladora que se
impone e interactúa como un todo en el planeta. Las distancias se han acortado y
las fronteras no son obstáculo para estar sujeto al pensamiento y el conocimiento
occidental, y mientras este cada vez se fortalece, cada vez se degradan las culturas
y en consecuencia sus propios sistemas de valores, al respecto Yarce, (2004:6),
dice: “la crisis de valores se manifiesta por el clima de permisibilidad moral en el que
parecen estar bien algunas conductas que antes eran reprobables desde el punto de
vista ético, en cierto modo nos acostumbramos a «pensar cómo vivimos y no a vivir
como pensamos», se han perdido los puntos de referencia; por ejemplo, por creer
que la comunicación familiar consiste en un dialogo entre iguales, se pierde el
respeto a los padres, y así el dialogo se convierte en un enfrentamiento y
desobediencia”; en este sentido, los padres, en muchos casos, no pueden ser
tratados como iguales con los hijos, porque dejarían de cumplir su misión de padres
para con los hijos pues a criterio de los entrevistados, los hijos cuando se ven en
condiciones de igualdad con los padres, estos retan a sus padres por razones de
superioridad intelectual, económica, habilidad, etc. Al filo de esta aseveración,
Richard Wilson (1999:141) en su libro Resurgimiento Maya, expone que en las
comunidades q’eqchi’es, la formación de los grupos de catequistas para ganar la
batalla al tradicionalismo maya, estratégicamente fue minando la estructura de
valores y de poder que ancestralmente se practicaba, dicho autor resalta lo dicho por
un sacerdote salesiano de San Pedro Carchá que increpaba: “la evangelización no
estará completa hasta que muera el último anciano”. Esta situación facilitó y motivo
la estratégica lucha de capacitar a los más jóvenes ‘alfabetas’ para que se
convirtieran en “misioneros de la palabra”, marginando de hecho a los ancianos y su
rol de principales de cada comunidad, este movimiento buscaba eliminar el culto a la
tierra, debilitaron los lazos que unían a cada comunidad con los cerros, los sueños
de los ancianos en las que se manifestaban los mensajes de los espíritus de la
montaña, dejaron de ser la base del sistema político gobernado por los ancianos,
creando un liderazgo nuevo, joven e imitador del mundo exterior (Op Cit. 127 -156)

La crisis de valores en la actualidad gira alrededor de un alto nivel de consumismo,
la manipulación de información y la subordinación de los países pequeños a las
exigencias y caprichos de las grandes potencias mundiales, la importación de
patrones de conducta no propias, generalmente todo lo que viene de afuera llega a
gustar, se usa, se imita y se cae en desvalorar lo propio, en este sentido y desde
esta perspectiva, los valores se han convertido en meramente materialistas y se cae
en una crisis como las siguientes:

-

La pérdida del sentido del valor de la vida humana, es decir la muerte violenta
se ha convertido en un hecho cotidiano, incluso para algunos necesario e inevitable,
tal es el caso de la falta de justicia y por consiguiente se cae en los ajusticiamientos
y acciones de limpieza social.

-

La pérdida del valor de la dignidad humana. Vivimos en una sociedad donde
un sector significativo de la población sobrevive en condiciones infrahumanas y eso

44

ya no sensibiliza ni afecta a las personas, las asumimos como normales, lo mismo
puede decirse respecto al desprecio de grupos étnicos con valores culturales
distintos, más conocido como racismo y discriminación.

-

Ausencia de una recta comprensión del concepto de libertad, el concepto de
libertad a oscilado a lo largo de la historia desde el individualismo hasta una idea
colectiva de la misma, en ambos casos se desfigura la naturaleza humana y sus
posibilidades de realización, estableciendo parámetros para su goce, y no desde la
persona, sino desde los interés económicos y el poder que muchos buscan a costa
de todo.

-

Inhibición de la realidad social frente a nuevos patrones de vida, pues ya no
importa hacia donde se dirige la sociedad, existen instituciones en defensa de la vida
y de los derechos mínimos vitales del hombre, pero en un esquema general no se
trabaja para tener una meta orientada al bienestar de la persona, sino a los
intereses del consumismo, lo que dictan los países industrializados, cuando muchas
veces son ellos los que irrespetan la vida, mediante sus prácticas y actitudes como
en el caso de la conservación del medioambiente, es como si a un individuo solo se
le curase de sus males y heridas pero no se hace crecer, ni desarrollar, ni impulsar
sus capacidades desde su cultura y sus propios conocimientos.

-

Hay una tendencia a imitar elementos y esquemas culturales y sociales
extranjeras al hablar de igualdad, de equidad como tendencias o constantes
universales, facilitando la incorporación de corrientes de degeneración como el
feminismo, homosexualismo, prostitución, vandalismo juvenil, etc., extremos que no
permiten valorar las epistemologías propias de la cultura maya.

Los valores y la cultura maya

En el entendido que el concepto de cultura; es el conjunto de rasgos distintivos,
espirituales y materiales, intelectuales y afectivos, que caracterizan a una sociedad o
grupo social en un período concreto. El término cultura engloba también los modos
de vida, ceremonias, arte, invenciones, tecnología, sistemas de valores, derechos
fundamentales del ser humano, tradiciones y creencias.

En este sentido, existen prácticas que acompañan a la persona desde que nace e
incluso hasta que muere, todos estos rituales son expresiones de normas y valores
de carácter comunitario que permiten la socialización de las generaciones y
reproducciones del orden social comunitario; la vivencia y fortalecimiento de la
identidad, por eso cada persona tiene su lugar en la comunidad, y se le identifica con
relación a ese lugar y a las obligaciones y derechos que implica el ciclo de la vida
que se va construyendo y expresando para dar sentido a la personalidad.
(SAQB’ICHIL-COPMAGUA 1999:107)

Salazar y Telón, (1998:29-58) exponen como valores: El carácter sagrado de la
naturaleza, la relación que existe entre los seres humanos y la naturaleza, y también
contempla un carácter sagrado al universo como centro de las energías, dicho
planteamiento se ha convertido en fuente de inspiración de muchos investigadores,
como también de critica de muchos, al considerar que solamente pretende encontrar

45

correspondencia de estructuras de pensamientos occidentales, en la cultura maya, lo
que hace que nuevamente se esté limitando a una adaptación de lo foráneo para
entender lo maya. Algunas valores aquí planteados, son más bien “principios” pues
estos no se pueden someter a discusión, solamente se acatan, ya que no dependen
de la persona, sino de la sociedad, por lo que deben ser observados y exigidos por
la sociedad; esto lo hace estar fuera de la conceptualización de valores, y por lo
mismo, en tanto son principios, son normas inquebrantables y existentes en toda
cultura de manera sui géneris34

. Estos principios de las cuales se refieren los
autores, por la forma como están expresados, son frases y palabras en la que se
basa la sociedad para manifestar externamente los valores o más bien para el
proceso de formación en valores.

Yarce, (2004:74), dice que la cultura y los valores pugnan constantemente entre el
tener y el ser, “la cultura del tener es materialista y consumista…, y la cultura del ser
se refiere mas al espíritu de la persona que busca ser feliz” aunque no disponga de
los bienes materiales, he ahí la existencia de un concepto propio de pobreza. Por
eso mismo la educación competitiva está basada en esta cultura del tener, cuando
se sabe que la escuela por más sofisticado y moderno se encuentre, o que incorpore
alta tecnología de punta, y que los docentes, los padres de familia y la comunidad se
olvidan del aspecto humano, están equivocando el camino de cada niño y niña que
tienen bajo su responsabilidad, conduciéndolo al materialismo y por consiguiente a
la autodestrucción, pues motiva el individualismo y el egoísmo, que antepone el
bienestar personal por encima de los intereses de la comunidad. Al respecto el
mismo autor dice que “el hombre, es hijo y hermano en la familia y después, prójimo,
vecino y hermano en la sociedad” (Op Cit. 2004:77).

Guatemala, es uno de los países del istmo que se ha incorporado en la corriente de
la modernización económica y cultural, por ende a la mundialización que conlleva a
la recepción de bienes y servicios a gran escala, sin embargo, esto también trae
consigo espontáneamente la invasión de conocimientos y valores ajenos a la propia
cultura, especialmente la Cultura Maya Q’eqchi’, que constituye objeto de este
ensayo. La incorporación de la educación a los avances de la ciencia y la tecnología
llama a establecer el marco de referencia e indicadores que exigen altos niveles de
competitividad y calidad, condiciones indispensables para ser considerados con
derecho para participar y ser aceptados en esta visión de desarrollo globalizado.

Siendo la globalización un fenómeno que pretende articular todo el planeta en una
sola red de flujos en las que confluyen las funciones y unidades estratégicamente
dominantes de todos los ámbitos de la actividad humana, se exige una alta y
acelerada formación de recursos y acondicionamientos de carácter tecnológico, que
deja en segundo plano el aspecto humano en la formación y resta importancia a los
valores éticos y morales en el recurso humano. Tomlinson, (1999:64) plantea la idea
de la globalización como “el desarraigo …la sustracción de las relaciones sociales de
los contextos locales”, en el entendido que este desarraigo vulnera y pone en

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46

entredicho los elementos culturales de los pueblos receptores, considerando que
dichos procesos no solo rompen con los principios éticos y morales de los pueblos
indígenas basados en la cosmovisión, sino que también pone en riesgo otros
elementos como el medio ambiente; Vox Latina,35

dice que para la juventud de hoy,
poseer un vehículo es lo que más desean en la vida, pues sobre sale con una
puntuación de 21.7%, siendo la más alta, y seguido por el 20.1% de los que dicen que
lo que más anhelan tener es una computadora, mientras que el 11.7% desean tener
un equipo de sonido y el 9.7% sueñan con un celular, mientras que otros piensan el
videojuegos, y más, y solamente el 1.1% dice que desea estudiar; esto pone en
evidencia que la juventud responde a una cultura material y de consumo.

El Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina PREAL (2004:
s/n) dice que “… cuando los grupos étnicos entran en contacto unos con otros, la
identidad étnica se transforma en una elección”. Situación que pone a Guatemala en
una situación de vulnerabilidad al firmar el Tratado de Libre Comercio, más conocido
como TLC, pues no solo abre las puertas a la globalización económica en sentido
estricto, sino también a la globalización de la ciencia, la tecnología y la información,
sin importar los altos costos sociales y económicos que estos programas mundiales
traen consigo en el proceso de transformación de la sociedad. Un proceso de
modernización e integración, que además de pobreza y desigualdad, lacera
sigilosamente en la formación de valores y que puede suscitar en tensiones sociales
y deterioro de la identidad de los pueblos; pero sobre todo en una grave crisis de
principios y valores de la cultura maya q’eqchi’, que han sido históricamente
vulnerables por la condición de desigualdad en la que se encuentra frente a la
población ladina.

Al hablar de la pérdida o sustracción de los valores de la cultura de los pueblos
receptores del fenómeno de la globalización, resalta lo expresado por Estrada
Monroy. (1993:21), al señalar los desencantos de la influencia de la cultura
extranjera en las comunidades q’eqchi ‘es, pues pronosticó que “están muy próximo
a sufrir el proceso de penetración de la ‘civilización occidental’ con todos sus
problemas inherentes de prostitución y violencia, las grandes mineras y petroleras ,
los grandes complejos hidroeléctricos, las carreteras y nuevas vías de
comunicación…, traerán indefectiblemente la afluencia de numerosos trabajadores
de costumbres extrañas a esta civilización…” situación que demuestra en la
actualidad que no estaba lejos de la verdad.

En la actualidad, la población guatemalteca se ha visto amenazada por altos índices
de violencia, el aparecimiento del accionar de bandas juveniles más conocidos
como “maras”, así mismo, la práctica de linchamientos, en una sociedad que vive la
época de la posguerra tal y como lo señaló MINUGUA (2000:18), que esa actitud no
es más que “una práctica atroz que cuestiona profundamente los fundamentos éticos
de la sociedad”; y que pone en serios aprietos el respeto y el valor de la vida y la

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/00?&

47

dignidad del ser humano que postula el pensamiento kaxlan36

. Pero esta se agrava
cuando surgen empresas extranjeras que violentan la tranquilidad de las
comunidades y destruyen los centros de la espiritualidad maya, al pretender extraer
los recursos minerales en los sagrados Tzuultaq’as a base de engaños, con la
secuela de contaminaciones al medio ambiente, solamente porque se quiere
aprovechar la riqueza natural, para satisfacer las necesidades del consumismo, que
solamente condenan a los pueblos a una muerte lenta e inevitable, bajo el amparo
de las leyes que están hechas para favorecer a estas acciones.

Estas repercusiones también inicia a percibirse en las comunidades indígenas, pues
los jóvenes de hoy, ya no respetan las diferentes estructuras y las formas
tradicionales de autoridad en comparación a los tiempos pasados, como señala
Wilson, “los ancianos, eran depositarios de la historia, especialistas en los ritos e
intermediarios entre las aldeas y los tzuultaq’as.” (1999:141).

Estos cambios repentinos marcan el fenómeno e invitan a analizar diferentes tipos
de variables como la presencia de otras culturas, la propuesta de contenidos
occidentalizados en la educación que responden a contenidos globalizantes, y la
alteración de los valores propios de la cultura q’eqchi’ al entrar en contacto con otras
prácticas irresponsables que son engendros de culturas extranjeras y que por
consiguiente, pone en riesgo la integración comunitaria en el departamento de Alta
Verapaz, toda vez que los valores según Salazar & Telón (1999:23) “fundamentan la
identidad de la persona en su convivencia social y su relación con la naturaleza,
sustentan la vida de la familia y la comunidad, motivan la actitud para crear, construir
y resolver”, y la familia el escenario para la formación de los niños y niñas, por lo que
es necesario ligarlo con la escuela, que constituye el lugar próximo para el
fortalecimiento de dichos valores.

La Constitución Política de la República sirve de fundamento legal para dicha
argumentación, pues en el artículo 73, el Estado considera que “la familia es la
fuente de la educación y los padres tienen el derecho a escoger la que habrá de
impartirse a sus hijos …” (Asamblea Nacional Constituyente 1985:13), mientras que
el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo OIT, Parte VI, Capitulo
sobre Educación, establece en el artículo 27, primer párrafo que “los programas y los
servicios de educación destinados a los pueblos interesados deberán desarrollarse y
aplicarse en cooperación con éstos a fin de responder a sus necesidades
particulares, y deberán abarcar su historia, sus conocimientos y técnicas, sus
sistemas de valores y todas sus demás aspiraciones sociales, económicas y
culturales”. Leyes sustantivas que existen, están vigentes pero que no se ha podido
cumplir en su totalidad como lo concibe la doctrina desde el punto de vista social.

*1 N 7 ) &

48

Dimensionalidad de los Valores de la Cultura Q’eqchi’

Los valores, como dice Frondizi, (2000:38-40), “no existen por sí mismos…,
necesitan de un depositario en que descansar”; es evidentemente claro que los
valores de la cultura q’eqchi’ están anclados en la persona humana como
depositaria, y solo en él, su existencia es real y virtual al mismo tiempo, pues son
condicionados en la familia y la comunidad, y los otros emergen en la individualidad
de la persona como producto de su formación, y esto también lo hace ser un valor
sobre entendido en cada uno, aunque no siempre puede manifestarse. En este
orden de ideas, se ha podido encontrar en la etapa de observación y entrevista que
en la población q’eqchi’ prevalecen valores morales, éticos y ontológicos que dan
vida a la legendaria cultura maya en la actualidad.

La dimensión de los valores en la vida de los q’eqchi’es, radica en cuatro rangos37
principales que sirven de pilar a los demás que se presentan, entre los que señalan
los ancianos: loq’l, loq’al, oxloq’il, loq’onink.

El primero, loql se refiere al atributo o propiedad inherente de sacro o sagrado, la
sacralidad que cada uno de los elementos del universo tiene impregnado por el
hecho de considerarse un Ser, por eso se dice, loq’laj kutan, loq’laj xul, loq’laj hab’,
loq’laj aam, loq’laj yajel, loq’laj wa, loq’alj ixim, loq’laj tzuul, etc., (sagrado día,
sagrado animal, sagrada lluvia, sagrado espíritu, sagrada muerte, sagrada
enfermedad, sagrado cerro, sagrado maíz, etc), y mientras tanto en el pensamiento
maya q’eqchi’ se cree que todo tiene vida, entonces todos los elementos materiales
o inmateriales, son sagrados por naturaleza y dignos de mucho respeto en su
tratamiento.

El segundo, loq’al es la condición o estado virtual que lo hace ser venerable, el
efecto que derrama el elemento en sí mismo, una virtud que poseen dichos
elementos de la naturaleza que hacen merecer ser digno de ser observable,
dignidad que irradia pureza, indemne de toda tentación y malicia, investidura de
lealtad y honradez que le categoría de ser ejemplo de vida. En el mundo q’eqchi’, se
dice por ejemplo: k’ajo’ xloq’al li na’leb’ nake’xye chaq qe li qamama’ qixa’an (loable
son las sabias enseñanzas de nuestros abuelos).

El tercero, oxloq’il es la categoría que hace que se perciba la sensibilidad de la
magia subjetiva del valor que se refiere a la exaltación del ser místico, que lo hace
venerable y sujeto al culto, esta dimensión no ocurre con cualquier elemento,
persona u objeto, pues esta virtud solamente lo poseen ciertos entes que revelan
mucho respeto y honra: oxloq’ li tzuultaq’a, oxloq’ li mayej, oxloq’ li yu’am, oxloq’il

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na’leb’, (el venerable espíritu de la montaña, venerable ofrenda, venerable vida,
venerable conocimiento).

Y el último, loq’onink, que consiste en el acto de la religiosidad que se rinde a los
elementos que guardan dichas propiedades, la vivencia de la magia a través de los
ritos, las rogaciones, las practicas ceremoniales, el culto a la existencia del ser, la
reverencia al muqmuukil na’leb’, una manera de veneración o modo de
reconocimiento del valor subjetivo que poseen, es la práctica que emana de la
conciencia de cada individuo y se manifiesta en acciones concretas y de manera
constante hasta convertirse en una costumbre, al respecto Sánchez (2002:31) habla
de la sacralidad de todo lo que existe como uno de los principales valores de la
cultura maya, que constituye el Ethos como dice Severino, “el -modo de ser y de
vivir-, la práctica de lo cotidiano…”, (Op. Cit.2005:93-94).

Valores morales

Estos valores son un conjunto de normas establecidas en el seno de la sociedad, la
comunidad o el pueblo, que controlan el comportamiento, el relacionamiento y la
participación, con quienes se vincula, como la familia, la comunidad, pasando por la
escuela, y como tal, ejerce una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno
de sus integrantes, desde el exterior o desde el inconsciente; está determinado por
un carácter normativo, legal, obligatorio, coercitivo y punitivo, situación que lo hace
ser exigido, controlado y castigado cuando se deja de observar o se altera su
naturaleza de ser.

El valor del tuqtuukilal (equilibrio) la calma, la amistad son el fundamento para vivir
pacíficamente en la comunidad, sin alterar el orden de las cosas; con las personas,
con la madre naturaleza y con los Formadores y Creadores, “tuqub’ b’a’yaq aawib’,
tuqub’ ru laayu’am chankeb’ li cheek naq ink’a’ ch’olch’o xyu’am junaq li winq”,
(entrevista anciano de la región Nimlaha’kok), que se va alcanzando con la madurez
humana. El valor del usilal (bondad), es la virtud de estar bien con todos, con los
suyos, con el entorno mediato, adyacente y el distante “tento li wank sa’ usilal sa’
xyanqeb’ li komon”, hay que estar en armonía con los demás, es la regla de los
padres y ancianos, la armonía, no es sinónimo de sumisión o de no hacer nada, sino
que corresponde a hacer todo lo debido, lo valido, lo correcto. Este valor se ve
cuando en las comunidades q’eqchi’es, todos participan, colaboran, nadie se niega,
o se hace de rogar para realizar las actividades en la interioridad de la comunidad
que se constituyen como una sola familia y por eso mismo, la paz es entendida con
la palabra compuesta tuqtuukil usilal (paz) y se manifiesta en la forma de actuar de
las personas.

En la comunidad, constantemente se habla y se practica el valor del komonil38
(consenso) que le da sentido de pertenencia, literalmente se refiere a “todos” o “con

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50

la participación de todos”, posteriormente el sentirse identificado con la comunidad
hace que el tenq’ank ib’ (colaboración / cooperación) se pueda concretizar, y una
manera común para hacerlo es por medio del junaqil (equidad), “junaqiko, maajun
nim, maajun kach’in, junaqik qilb’al chi qajunilo”; por otro lado el patz’ok (consulta) o
del tz’aqonk (participación), se logra cuando existe también el valor del k’uub’ank
(consulta / acuerdo), debiendo para ello, valorar o reconocer el papel de los
principales, de los lideres, de los adultos o ancianos que son depositarios del valor
más grande, el loq’al (dignidad); todo lo anterior es símbolo del valor yaalal wank
(armonia), como dijera un informante: “wi’ ink’a’ wankat sa’ xyaalal rik’in li loq’laj
Tzuultaq’a, naru naxtaqlachaq junaq laatz’uum, mare laa’at, mare sa’ xb’een laawalal
aak’ajol, maraj sa’ xb’een li k’a’ re ru aawe, ma toja’ ta chik sa aawehan”, (entrevista
anciana de la región Nimlaha’kok), una advertencia que resalta de manera metafórica, que
ante la falta a la lealtad, el espíritu de la montaña, está atento a corregir, afectando
al individuo, o en su lugar pueden ser su descendencia, o sus bienes. E aquí el Q’oq,
la fobia o terror como dice Freud por cometer lo impropio, el pecado, de quebrantar
la norma cultural y comunitaria, de donde surge entonces el encantamiento de los
elementos, que puede ser sujeto a un castigo.

Valores éticos

La Ética surge como tal en la interioridad de una persona, como resultado de su
propia reflexión y su propia elección, desde su misma conciencia y voluntad, entra
en juego su razonamiento. Igual es un conjunto de normas morales que el sujeto ha
esclarecido y adoptado en su propia mentalidad, pero es propio de una sola
persona, lo que le da una singularidad y originalidad individual. Es una derivación de
los valores morales y ontológicos, que emanan al entrar en contacto con su entorno
circundante, sin necesidad de estar siendo controlado o vigilado por los padres de
familia y/o autoridades de la comunidad, sin ser reprimido por la misma norma, sino
por simple capacidad sugestiva o por la experiencia de otros casos ya sucedidos en
el caso del awas, q’oq y kaqcha que se aborda más adelante.

En sí, como dice Severino, (2005:8) se puede entender que los valores es “la
práctica de lo cotidiano… el Ethos“, que se basa en el valor del tiikilal (lealtad) en
cada uno de los actos de la vida; pero el valor que más se ha enrizado y que
constituye un estandarte en cada uno de los sujetos en cuanto ser humano q’eqchi’.
el xutaan (pudor / vergüenza), que no se considera como sumisión o humillación,
como dicen algunos investigadores, sino como una manera de mantener vivo la
rectitud, decencia y honestidad, el respeto a sí mismo, la protección de la intimidad,
que lleva a una rectitud en el comportamiento, pues la vergüenza es el castigo más
grave que se puede alcanzar si se incumple o se quebrantan las normas; por eso,
los padres de familia constantemente les dicen a sus hijos, minaak’e sa’ xutaan “no
me pongas en vergüenza”, pues cuando los hijos cometen una falta, no solo es

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vergüenza para ellos, sino también para los padres de familia. Esta es la razón del
porque el ab’ink (obediencia) y paab’ank (responsabilidad), que busca garantizar el
control de las relaciones sociales posteriores en los individuos y la comunidad.

Los valores éticos, hacen del individuo un verdadero Ser, pues la persona
concretamente es tal, en tanto vive en el seno de sus relaciones sociales en virtud
del cual es humano y por consiguiente, debe velar por medir, limitar sus acciones y
actitudes, a las justas dimensiones que ya fueron establecidas y practicadas por sus
congéneres, la familia, la comunidad, el pueblo. Estos valores, son los encargados
de establecer cuales actos humanos son correctos y cuáles no, la capacidad de
autocorregirse, de disciplinarse, de cumplir la norma aún estando lejos de sus
padres y de sus autoridades, pues el q’eqchi’ como persona, aprende a depender de
sí mismo, desde muy temprano, por lo que estas normas de la ética restringe todo
aquello que puede resultar fuera de control, que altere el equilibrio o la armonía
social y comunitaria.

Sin embargo, a pesar de todo, si la situación de control se rompiese y se dañase o
se es dañado por otros, cuando una persona causa algún daño de manera
intencional o no, la persona q’eqchi’ siempre está preparado para enfrentar con una
actitud pacífica, pues el valor del kuyuk (niveles tolerancia) es uno de las virtudes
del niño o niña que le son transmitidos en el seno del hogar, lejos de la sumisión y la
humillación, pues el q’eqchi’ sabe que si se le causa un daño o le causan un mal, a
través de su kuyuk, la naturaleza le proveerá de energías positivas y le quitara al
sujeto culpable, dañándolo en su defensas por medio del q’oqonk, (ver valores
ontológicos, pag. 57) por eso se dice que, lo que se hace a otro ser, a uno mismo se
lo está haciendo; es evidente que las relaciones interpersonales sean caracterizadas
por el valor del rahok ib’ (amor) que es el valor más preciado y que motiva la
convivencia pacífica en todos los lugares donde se encuentra, a eso se debe que
siempre se escucha la frase “qasqiitz’in qib’ sa’ komonil”, somos hermanos todos, y
esto se impone sobre todas las demás cosas que pueden suceder, incluso al
enemigo se considera un ‘hermano’.

Otra expresión que resalta este valor es cuando con el afán de formar actitudes de
respeto hacia los demás, los padres de familia dicen: “eb’ li asb’ej, moko
juntaq’eeteb’ ta chik eerik’in, teera li asb’ej, teera li iitz’inb’ej, meejuntaq’eeti eerib’
rik’ineb, meemuxeb’ xwankil’”, que se refiere a afianzar el respeto tanto a los
mayores y los menores, dándoles el lugar que les corresponde, pues tratarlos como
iguales, sería una falta de respeto, por lo consiguiente hay un llamado para no
compararse con ellos, sino deberá tratarse con respeto, perdiendo cada quien su rol
y consecuentemente su valor de ser ante los otros, por eso siempre los papas
siempre le dicen a los hijos, cha weekaaq aawib’, que se interpreta como decir: que
se dé su lugar.

52

Valores ontológicos (muqmuukil na’leb’)

En este escenario de ideas, esta la práctica de lo cotidiano… el Ethos, que va unido
a lo religioso y mágico en el mundo q’eqchi’. Esta singularidad es de cada pueblo, y
de ahí depende su idiosincrasia, de sus creencias, exigencias y emociones, como el
placer, el éxtasis, el gozo, la alegría, la plenitud. Por su parte Frondizi, (2000:45) dice
que no puede haber valor, si el objeto no produce ningún goce o satisfacción, por lo
que el valor no puede estar ajeno a la valoración, es decir que la valoración (lo
subjetivo) es el proceso de captación del valor, por ejemplo, lo que sucede con el
valor del sihink (generosidad) observado en la comunidad, cuando durante una
visita, llegan a la casa una señora con su bebe…, y llegado la hora de comer, les
sirven tanto a la mamá, como también a la bebe aun que por su minoría de edad no
ingiere alimentos, sin embargo, le llevan una tasita y tortillas, diciendo: we’ xsek’
laach’ina ko’, (aquí está la taza para tu hijita), la mamá lo recibe, y procede a
guardarlo en una hoja para llevar, lo que en q’eqchi’ se llama Xeel”; como dice el
autor, captamos cada una de ellas con los ojos, pero la semejanza o diferencia no la
captamos con los ojos de la cara, sino con los ojos del intelecto, preguntado a un
anciano dice que hay que ser dadivosos con las personas y los demás seres, pues
en la hora de nuestra muerte podemos pagar lo malo que hacemos, y ser generoso
o dadivoso con los demás crea emociones de satisfacción.

El valor del oxloq’ink (honra / dignidad) permite ubicar a cada uno de ellas en niveles
para su tratamiento, porque están sujetos por el Q’oqonk (ver pag. 57) y no servirle o
atenderle constituye una falta a la honra o la dignidad de la persona, indistintamente
su edad, pues igual tienen q’oq los recién nacidos, los adultos, los ancianos, los
abuelos y abuelas; por eso mismo no es permitido en las comunidades, que los
ancianos sean abandonados por los hijos y los nietos, pues incluso, los elementos
de la naturaleza como los animales, las plantas, los cerros, el agua, etc., son
portadores del q’oq, “li tz’i’ ink’a’ naru xtz’eqtaanankil, xb’aan naq tatkamq, ha’an
tb’eeresinq aawe, ha’an ttenq’anq aawe chi nume’ jumpak’al li ha’, hab’an wi’
xaab’aanu li rahilal re, il b’i’ aawib’an” (entrevista anciano de la región Nimlaha’kok), el perro
hay que tratarlo bien, porque después de la muerte, es él el encargado de ayudarte
a cruzar el gran río, pero si le hiciste algún daño, debes olvidarte de su ayuda.

Existe otro valor ontológico que los niños y niñas empiezan a cultivar por orientación
de los padres de familia, por ejemplo el valor del Loq’onink ib’ (discreción), esto se
refiere a que todos los actos que realiza cada individuo, debe estar regido por una
autodisciplina que es con uno mismo, que es por el bienestar de la propia persona,
por ejemplo, la mamá le inculca este valor a las niñas en la edad de la adolescencia,
diciendo, “cha loq’oni aawib’, ma yal aakutb’e aawib’ ma yalaq k’a’ aab’aanu” (que
seas prudente, no cometas cualquier estupidez, no hagas cualquier cosa sin
consultar) y entre estas formas de manifestación de la virtud de la autodisciplina,
esta por ejemplo la de no tomar o consumir cosa frías en el período de la
menstruación, o la de no estar bajo los árboles a determinadas horas del día, y con
los varones, la de no burlarse o golpear sin razón a los animales o de personas con
algún defecto, la de no robar, no comer determinadas partes de los animales en la
comida, pues al contrario pueden ser castigados por la naturaleza de las cosas, por

53

el muhel (espíritu) y que luego haya que estar realizando los ritos y que si no se
logra curar, pueden quedar enfermos o llevarlos incluso a la muerte; si bien es cierto,
estos valores lo que tratan es preservar la salud, tiene mucho que ver con el aspecto
psicológico, la salud mental del individuo, pero es una forma de respetar y controlar
la conducta de la persona con la naturaleza y los seres del universo, pues incluso no
se pueden señalar las estrellas con los dedos, mucho menos contarlas, o ver cuando
‘la luna se está bañando’. Por eso se dice que el ethos, consiste en una
impresionante cantidad de prescripciones, prohibiciones y normas que responden a
una estructura lógica que solo se puede explicar desde la cosmovisión misma.
Encontrando su fundamento en la naturaleza ontológica del hombre, la finalidad de
su existencia. (Severino 2005:93-94).

La prudencia, es uno de los valores que se percibe en la vida los q’eqchi’es como
una herencia de los antepasados, pues con frecuencia se oye decir de los ancianos
y padres de familia que una persona puede consumir dependiendo del tamaño, la
edad y la capacidad de producción de la misma. El término medio, prudencia (kaya
tz’aqal) (eek’anb’il wank o loq’onink ib’), es el estado virtuoso entre dos extremos, el
exceso (numtaak, xulil) y la miseria (majelal o pixul); así, como la generosidad
(sihink) es el punto medio entre el derroche (b’atz’unlenk) y la ambición (ch’iqil o
q’etq’etil). Es decir que en la praxis están sujetos a una forma de vida que se
manifiesta como la búsqueda de la plena realización del potencial humano, a través
de principios, valores y virtudes que permite mantener un estado de serenidad al
estilo de un hedonismo racional39

. Esta estrategia de resistencia de la cultura frente
a la cultura globalizante, permite encontrar un asidero para retomar y recrear los
valores de la cultura maya q’eqchi’ para efectos pedagógicos.

Aunque hay quienes tienden a renunciar o posponer el placer inmediato con el
objeto de alcanzar una satisfacción más segura y duradera en el futuro; esta
posición se ha formado debido a la fuerte intervención de las sectas
fundamentalistas que ofrecen y vociferan en altoparlantes, entre los dominios del
Tzuultaq’a, un tesoro “más allá del sol”40
.

Freud, en su obra titulada, Más allá del principio del placer (1922) señala que “la
recepción de estímulos internos, sirven sobre todo al propósito de averiguar la
orientación y la índole de los estímulos exteriores, y para ello el individuo, toma
pequeñas muestras del mundo externo, para probarla en cantidades pequeñas, es
decir convertir en praxis la orientación verbal”, así en el mundo q’eqchi’, los padres
de familia enseñan a sus hijos el valor del K’ajb’ak (sacrificio/Abstención).

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54

El principio41

de la iniciación42

a la vida, la génesis de la configuración del ser
humano frente a las fuerzas energéticas del universo, cuando se alcanza la madurez
para aprender a comportarse con los demás seres de la naturaleza, xwinqilo’. asi
dicen los ancianos al ver al varón que ha superado los procesos de inducción,
x’ixqilo’ dicen cuando es mujer, que significa literalmente “ya es hombre” o “ya es
mujer”, los padres de familia inducen a los hijos a practicar las normas, los sistemas
de valores sin dar mayores explicaciones del porque, solamente se dice que ‘no es
bueno’ hacer o dejar de hacer tal o cual cosa, por ejemplo: los secretos mágicos que
se practican alrededor de la siembra del sagrado maíz, mal tratar a un anciano, no
regalarle nada a una visita, ignorar la presencia de un animal o peor aun lastimarlo,
por eso el wotzok, (agradar) a parte de interpretarse como compartir en el lenguaje
formal, es un valor que se interpreta como sensibilidad, una práctica de sentimiento
humano, que permite acercarse a sus hermanos y ancestros, tener el placer de
corresponder a los congéneres, una manera de comunicación, pero al mismo tiempo
un deber para demostrar la estima y el valor que se tiene de los demás, el encuentro
con los suyos, una especie de exaltación como cuando se le dice a los hijos que en
la siembra, antes, durante y después, “no es bueno patear, golpear o gritarle a los
animales como los perros”; un anciano cuenta a manera de mito “jun wa kik’ulman,
jun li cheekel ixq kiwulak chi ula’ab’k rik’in laj awiil, yal b’an li ixaqilb’ej maak’a’ kixsihi
b’a’yaq re, ut li xkok’al yookeb’ len chi reetz’unkil, toja’ nake’rab’i kinume’ jun li xul sa’
xb’eeneb’ laj awinel, -xxik’ taxaq, roq taxaq- chan len li xul, chalen aran b’i’an, li xul
ke’choyok re li riyaj laj awiil, ha’an rawasil li ke’xb’aanu” (entrevista con anciano de la
región de Nimlaha’kok), que se interpreta como la presencia o visita de una anciana
durante el día de la siembra, pero en lugar de atenderla, la dueña de la casa no le
regaló nada, fue ignorada y los hijos se burlaban de ella, por lo que en el mismo rato,
pasó volando sobre los sembradores un ave gritando, que ni siquiera un ala, o una
pata –del chunto- le dieron, eso causó que los animales se terminaran la semilla y no
hubo cosecha; lo que advierte que el muhel del Tzuultaq’a puede estar manifestado
en la anciana, en los animales, o en cualquier elemento de la naturaleza.

Por eso el k’ajb’ak, no es simplemente la abstención sexual, término al que lo
reducen muchos autores, es eso y muchas cosas más, pues también se abstienen
de consumir bebidas y comidas consideradas calientes, (como el caldo de res, el
licor, etc.) o bien consideradas negativas para la semilla, las plantaciones, para el
feto en el estado de gestación de la mujer, lo que exige y conlleva a principios de
autocontrol o autodisciplina, de no agredir, ni verbal, ni físicamente a los seres de la

41

Base, origen, razón fundamental sobre la cual se procede discurriendo en cualquier materia. Cada
una de las proposiciones o verdades fundamentales por donde se empiezan a estudiar las ciencias o
las artes. Norma o idea fundamental que rige el pensamiento o la conducta. (Microsoft® Encarta®
2009. ©)

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55

naturaleza, personas, animales, plantas, y otros elementos que para el q’eqchi’
tienen muhel (espíritu), el otro yo.

Este tipo de valores permiten alcanzar virtudes como la trascendencia, que se
manifiestan en otros valores más profundos como el Matk’ek (Soñar), la visión de lo
intangible, el sueño es la manifestación de la comunicación con los seres orgánicos
e inorgánicos que algunos q’eqchi’es han aprendido a interpretar; o cuando se dice
de los especialistas comunitarios que conocen el lenguaje de las plantas y los
animales: “wan raatinal li k’anti’ re naq ink’a tatxch’e’, jo’kan aj wi’ li che’k’aam li
nak’atok, tento taaye aawib’ reheb’” hay explicaciones de la configuración del ser
humano que sólo se puede entender estando en el momento, frente a la serpiente, o
debajo del árbol de brujo, entender que tiene que comunicarse con él, el valor de la
saliva en cada escupitazo, o el hecho de que un huevo puede curar al bebe ojeado,
etc., este conocimiento se va adquiriendo durante el proceso de inducción, posterior
a la iniciación; por eso, los niños cuando juegan fútbol, escupen tres veces la pelota,
o le echan el aliento (hoyb’ank), como una forma de transmitirle las energías, exaltar
su aliento de vida, “naq taachap laawa, laawiyaj, maraj laak’anjel, toj tento
xhoyb’ankil laawuq’ re naq ink’a’ taaxib’esi xmuhel, maraj re xb’oqb’al xwankil re naq
ink’a’ tmuxe’q, li xhoyb’ankil chanchan jun raatinankil” es la comunicación que
permite pedir o invocar su presencia, su respuestas, su magia; una manera de
estampar que equivale quizá a santiguarse en el pensamiento cristiano el valor
ontológico en cada una de las practicas cotidianas.

Y por último el valor del na’uuchink (éxtasis / trascendencia), una manera de
encantamiento que son propios de personas más adultas, pero que el niño o la niña
vaya aprendiendo por ejemplo, a saber interpretar ciertas vibraciones, jalones o
punzadas en determinadas partes del cuerpo, el canto de algún ave, la presencia de
algún animal en el camino: “…naq nach’uyuk sa’ xtu’ li nab’ej xiwxiw, xb’aan naq wan
naq kamk maraj xnimal yajel nareek’a…” uuchin naq k’a’ ru ok aawe xk’ulb’al, naq
naruk’rut ru aatib’el ha’an jun esilal, jo’kan aj wi’ naq tch’ich’iri rib’ rix aawu, ha’an
yaab’ak naraj naxye.” son resultado de esta cadena de aprendizajes de cada uno de
las creencias, prácticas, de pulsiones43

como dice Freud, o tener el don de alcanzar
descifrar el futuro mediante la lectura del tz’inte’, o semilla del palo de pito, que solo
buscan alcanzar el perfeccionamiento espiritual y una sublimación ética, para poder
esperar la trasformación del hombre en “el hombre verdadero”, una manera para
permanecer en coordinación, en armonía, en total entrega a la ética y la moral que
se manifiesta como en un hechizo, pues es la demostración del control y auto control
de la mente, del cuerpo y de las energías del universo, y no todos alcanzan ese don.

Esta interpretación de lo que sucede en el entorno, va más allá cuando los ancianos
dicen: “naq junaq xul ttoq maraj tq’ax ru sa’ aab’e, jo’ li saqb’in, li k’anti’, li imul, li
peepem wan naraj naxye…, maraj naq te’ok sa’ laawochoch, jo’kan aj wi’ naq
tatkanaaq chi xka’yankil sa’ choxa, ut taawil li loq’laj choql, nak’utun ma chalk re li
hab’al q’e, maraj saq’ehil, maraj yooh chi k’ulmank junaq li rahilal chi najt…” si un

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56

animal cruza tu camino por donde andas, sea este una comadreja, culebra, conejo,
mariposa, tiene un significado y hay que estar prevenidos, o incluso con solo
observar el movimiento de las nubes se sabe si se acerca el verano o el invierno,
incluso enterarse si está sucediendo algo en algún lugar lejano, pero solamente a
través de la práctica de la contemplación y la concentración lo han logrado los
ancianos. Así como el conocimiento de las plantas, sobre como curar o prevenir los
sustos, incluso el manejo de las fases de la luna para todas las actividades.

A lo largo de este estudio, se ha venido hablando de tres elementos elementales que
encarnan la personalidad de los q’eqchi’es, y que se pueden catalogar como los
principios sobre las cuales se construye la axiología del pueblo q’eqchi’, siendo estos
el awas, el q’oq y el kaqcha.

El principio del Awas termino q’eqchi’ que se refiere a cierto encantamiento o
hechizo que se sufren las personas, animales y los elementos de la naturaleza como
las siembras, pero también en el trabajo, en el juego, en las fiestas, etc., al no
respetar o cumplir con las normas y principios de vida, como resultado se padece o
se replica en los hijos, (la descendencia) o en los cultivos y los animales de crianza,
de todo lo que es deseado, rechazado o despreciado, y no se cura, hasta que no se
cumpla con la aplicación de ciertas prácticas. Ejemplo de Awas: ocurre con las
mujeres que mantienen relaciones con varios hombres, es porque su madre cuando
estaba en estado de gestación, estuvo viendo a los perros u otro animal tener
relaciones. O cuando un niño sale con granos o salpullidos en el cuerpo o en la
cabeza, es porque sus padres desearon o despreciaron o dejaron quemar maíz,
(Recopilación propia del autor con anciana vendedera de comida en el mercado
central de Cobán.)

Se considera el Awas como una norma, pero otros es un tabú, constituye el código
de conducta de la persona, un elemento catalizador de la vivencia, es el valor que
encarna la consagración del ser, la entrega y correspondencia del ser con su
interlocutor, el encuentro y reencuentro con los seres de la naturaleza, un verdadero
culto, “fobia al incesto o al quebrantamiento de la norma” como dice Freud en su
capítulo de Tótem y Tabú, es el awas pues, dos significaciones opuestas: lo
sagrado y lo mágico, sin embargo la consecuencia, del quebrantamiento de la
norma, resulta la contaminación o el contagio por lo cual hay necesidad de realizar la
ceremonia, el rito de expiación, reparación o reconciliación con el equilibrio, y resulta
de las perturbaciones que puedan sobrevenir en determinados actos importantes de
la vida, tales como el nacimiento, la iniciación de los adolescentes, el matrimonio, las
siembras, la crianza de animales, las construcciones, la casa y la pesca, los viajes,
etc.

Siendo el Awas, un código que normaliza y determina cierto nivel de disciplina en el
comportamiento social, cultural, espiritual y ecológica de la persona y los elementos
que lo rodean, el awas no puede considerarse como una prohibición como lo dicen
algunos autores kaxlanes que han hecho algún acercamiento a algunas
comunidades q’eqchi’es puesto que no se puede concebir como pecado o algo
simplemente malo, sino una regulación de la conducta que ante el quebrantamiento

57

de la norma de conducta que gobierna la vida de la persona, lo deja sujeto y
obligado a corregir el error, pues la alteración del equilibrio, no puede quedar
desapercibido sino deberá nuevamente alcanzar su armonía total, por lo que el
q’eqchi’ trata de gozar de la vida cuidando no romper la norma establecida, que no
son más que principios y valores; y si esto ocurre, existen las curaciones que
contrarrestan el encanto, que devuelve el equilibrio, pero solamente los ancianos
dan con la forma para poder curar. Por ejemplo si una persona en estado de
gestación (a veces no es necesario esta condición) desea, hace o desprecia algo, su
efecto hace que repercuta en los nuevos seres, los hijos; es como el efecto o
impacto de las energías que emanan cada elemento de la naturaleza sobre las
personas.

Hay que dejar claro para los que han pretendido dar alguna explicación en relación
al awas, que tanto este, como el Q’oq son dos entidades distintas, pues este último,
tiene su origen en la violación o inobservancia de la norma, y que trae como
consecuencia un castigo, aquí entonces si vale decir lo prohibido, cuando la persona
hace o comete algún daño, está sujeto a ser reprimido por la misma naturaleza de
las cosas, de las personas, de los animales u otro elemento del entorno.

El principio del Q’oq, entiéndase este término q’eqchi’ como una manera de ley de
la recompensa natural. Violar el principio de armonía y equilibrio maltratando,
agrediendo, destruyendo o invocando el mal para otros, los bienes de los
semejantes o elementos de la naturaleza tiene su respectivo castigado en la
integridad de la misma persona o la de su descendencia, e incluso en sus bienes sin
posibilidad de corregir o enmendar, por ejemplo: si se maltrata el maíz, el Tzuultaq’a
puede castigar con una mala cosecha, o convertir el sembrado de milpa en
comedero de animales de la montaña.

Es el Q’oq pues, un principio q’eqchi’ que rige como un valor coercitivo que busca
básicamente que no se actúe en contra de la naturaleza de las cosas y que se
extralimiten las relaciones entre los semejantes y los demás elementos de la
naturaleza, teniendo conocimiento de su valor, se logra impedir que se altere la
armonía y el equilibrio, es una fuerza natural que encarna o representa el dolor o
lástima que impregna y se crea en las personas y otros seres al hacerle un daño
intencionado, por ejemplo matar a una persona, cortar malintencionadamente la
milpa u otro cultivo, pegarle a los progenitores, negarle comida a los animales, etc.;
cuando se recibe el efecto del q’oq puede ser en forma de desastres como los
derrumbes, accidentes, muertes, malformaciones físicas, enfermedades, escases y
miserias materiales,44

el q’oq al igual que awas es posible de prevenir e incluso
algunas veces de ser reparado, el problema es que puede ser heredado a los

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58

descendientes, hijos, nietos, etc., por lo tanto, puede ser que no se conozca el
origen o motivo de su sufrimiento. El q’oqonk, es la acción y el efecto del q’oq45
.

Ser sujeto del Q’oq es resultado de violar el principio de armonía y equilibrio por una
persona como maltratar, agredir, envidiar, arrebatar, impedir o estropear
malintencionadamente la vida o los bienes de sus semejantes o elementos de la
naturaleza, castigado sin posibilidad de corregir o enmendar, como en el caso del
awas que puede ser restablecido, mediante el reconocimiento de la falta y de su
aplicación para alcanzar el equilibrio, por lo que algunos lo consideran una
enfermedad.

Cuando una persona sufre una acción causada intencionalmente por otra, este
acontecimiento que experimenta el cuerpo, sus bienes o elementos de la naturaleza
van emanando un tipo de karma46

, que influye o determina todo lo que pueda ocurrir
al causante más adelante, en el futuro, ya sea a él personalmente, en su integridad
física, en sus bienes, su trabajo, pero también puede ser en su familia, sus hijos, sus
nietos y demás descendencia, como una forma de demarcar el destino.

El principio del Kaqcha, es como la maldición, la mala suerte, el valor punitivo de la
no observancia de las normas y reglas de conducta entre las personas y la persona
hacia la naturaleza, por eso se dice que cuando la persona infringe un awas se hace
awas a sí mismo. El kaqcha es una condena que se tiene que llevar toda la vida por
algo que la persona haya hecho, por ejemplo el haber matado a una persona o a un
grupo de personas como las masacre; en tanto es una consecuencia de la violación
de la norma, la persona que lo encarna no tiene reparación, es único, personal e
intransferible, no se hereda, pues es un castigo individual47

. Los abuelos q’eqchi’es
dicen que al momento de cometer un abuso, de alterar la norma del equilibrio y la
armonía natural, las energías positivas de esa persona lo abandonan, es despojado
de sus dones para ser trasladado a sus víctimas, en q’eqchi’ se dice xk’e xraxal ruq’
sa’ xb’een que se traduce como la buena suerte de sus manos que deja.

En este sentido, las familias q’eqchi’es desarrollan una fuerte comunicación con sus
hijos, las madres mayor contacto con las niñas y los padres con los niños por la
transmisión de conocimientos relacionados a esta materia.

Por eso mismo, los ancianos dicen: “wi’ ta raj nak’eeman xloq’al li awas ut li q’oq sa’
qayanq, moko toj aajel ta raj ru li chaq’rab’, li tz’alam, xb’aan naq arin raj nawan
xk’eeb’al xloq’al li ka’ re ru wan…, maajun raj nanumta, maak’a’ raj li majelal, ink’a’

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59

raj wan li ch’iqil, li eetz’unk, ut li tz’eqtanank sa’ xk’ab’a’ li nimank ib’” (si se practicara
en la actualidad el awas, no habría necesidad de las leyes, de las cárceles, pues
cada quien se respetara, la dignidad de los seres seria honrado, habría un control,
una estabilidad de derechos, nadie desearía el exceso y nadie estaría en la miseria,
y solo así, no fuéramos víctimas del consumismo, de la imitación y la explotación por
los deseos insaciables de grandeza).

Estos son las tres categorías que controlan la axiología q’eqchi’ que sigue vigente en
la temporalidad de la vida, es decir, el valor moral, ético y ontológico. (Cfr. Totem y
Tabú. Sigmund Freud. 2007:92-119).

La familia en la formación de los valores mayas q’eqchi’

El lenguaje es el elemento mediador de las relaciones entre individuos,
específicamente entre padres de familia e hijos, y de éstos con la naturaleza, en este
sentido, es el factor humanizante por excelencia y además, el lenguaje viene a darle
sentido a la cultura, no sólo como medio para transmitirlo, sino como elemento que
hace comprender la realidad, a través de sus símbolos, sus significados, sus
conceptos etc., que van dando forma a los modos de vivir, y el comportamiento de
los individuos en la comunidad; como dijera Marx, “el hombre es tal en tanto que vive
en el seno de unas relaciones sociales en virtud de las cuales es humano” por eso
los padres de familia señalan que es el aatinak/Seeraq’ik (la palabra), la manera de
comunicación, pues desde que los hijos están pequeños, existe la necesidad de la
transmisión de los valores, es necesario garantizar que la persona se encuentre
consigo mismo, que aprenda a encontrar en la naturaleza el complemento de sus
virtudes, por medio de la contemplación, para tener seguridad, confianza en sí
mismo, y poder enfrentar la modernidad.

Por eso, el Tijok (Formación humana) es una de las formas de utilizar el recurso del
lenguaje en la transmisión de los valores, y que tiene su escenario principal en la
etapa de la iniciación de los jóvenes q’eqchi ‘es para garantizar que cada niño o
niña, se convierta en un ser humano adulto, pensante, educado, y útil; es la acción
que cada día, los padres de familia realizan con cada uno de sus hijos, desde el
momento de salir de la casa, inducir a que vayan directo a la escuela, que no se
detengan a ver, a juzgar, molestar a nadie en el camino, que respeten a los
ancianos, ancianas y a los mayores al encontrarlos en el trayecto, que pongan
atención, que no tomen las cosas ajenas, que no molesten o golpean a alguien, que
no estén golpeando a los animales, cortando o arrancando flores o plantas, que no
tiren piedras en el siguán, en el rió, etc. Está muy ligado complementariamente con
el Q’usuk (Advertencia/consejo), que consiste en advertir para no quebrantar las
normas morales y éticas en cada uno de las personas, reprime de alguna manera los
actos normados.

Otra virtud que sobresale en la relación entre padres e hijos, es la forma de
compartir los conocimientos, las costumbres, las tradiciones, la cosmovisión, de una
manera participativa, wotzok, (agradar) valor que se interpreta como una alta

60

sensibilidad de sentimiento humano y que hace que cada individuo aprenda a
convivir con sus hermanos y ancestros, tener el placer de corresponder a los
congéneres, una especie de exaltación donde el niño y la niña, toma parte en el
desarrollo de las actividades, por ejemplo, en las fiestas, en la siembra, en los
casamientos, en el nacimiento de sus hermanitos, en la crianza de los animales, etc.,
es la vinculación con el entorno, la apropiación de los valores a través de la práctica,
del ejemplo, de la vivencia; esta situación se sigue practicando a lo largo de la vida,
en familia y en comunidad, la persona q’eqchi’ tiene enraizado el valor del wotzok de
tal manera que tiene la concepción que “todo lo que existe” fue creado para todos,

“k’a’ ru naxk’e qe li Tzuultaq’a, jo’ li chaqi xul, li ki’il q’een, li xsahili li tzakahemq,
tento naq junq tz’uqul, junq ch’uyul chi qix, xb’aan naq jo’kan kanab’anb’il chaq sa’ li
muqmuukil na’leb’ yeeb’il chi rix li k’a’ re ru wan…”. En su interpretación más
profunda va más allá y se puede entender como las diferentes formas de cortesía,
de servicio, ofrenda, ofrecimiento y convivio, pero a la vez de participación, término
filosófico que también es posible encontrarlo como los actos de sacrificio; por
ejemplo se pone en práctica el wotzok cuando se comparte en alguna celebración
familiar o comunitario, “también hay wotzok cuando se practica el valor del seeraq’ik
(comunicación) de ideas, la traslación de conocimientos oral, pero también hay
wotzok en el dolor, en la enfermedad, en el luto”. Al respecto, Haeserijn, M. (1975)
dice que “la comunidad indígena valora no al que tiene más, sino al que ayuda más”,

Por otro lado enseñar y comunicar es lo que comúnmente se conoce como Tzolok
(Aprendizaje), “li kok’al junpaat nake’xtzol re, wi’ yooqeb’ chi rilb’al naq yooqat
xb’aanunkil, qayehaq, wi’ nakak’at laapom, maraj nakanaw li b’anok rik’in q’een,
maraj chan ru risinkil xmay li k’anti’, laj xook’, maraj k’a’ chik re ru chi na’leb’il” es el
aprendizaje a través del ejemplo, como cuando los padres de familia llevan a sus
hijos desde pequeños en el trabajadero, con esto inicia el aprendizaje significativo de
los roles desde el punto de vista de la cultura y la cosmovisión. Por lo que la
educación y la formación en valores inicia en el hogar con el ejemplo; en el
pensamiento q’eqchi’, los roles se transmite, desde la niñez, tanto por línea paterna
como materna, cuidar de la juventud, para llegar a la edad productiva con los
conocimientos enraizados en el corazón, la manifestación que la formación no se
lleva en la mente, en la cabeza, sino en el ch’ool, el corazón, pues cuando se
pregunta si han asimilado los conocimientos, no se dice: “ma xkana sa’ eejolom”,
sino: “ma xkana sa’ eech’ool”, lo que comprueba que no se guarda en la cabeza
como comúnmente se acostumbra decir, sino todo se guarda en el corazón, que es
algo más significativo.

Aquí resulta el termino, ch’olob’ank una categoría que requiere de una atención más
personalizado en el hombre y de mujer, pero que sobresale en la formación de las
niñas, es la iniciación en la etapa de la pubertad, la adolescencia, mas relacionado a
la reproducción humana, valores morales y éticos que como mujer y como hombre
deben conocer para no ser víctima de algún aprovechamiento o engaño; por lo que
la etapa de iniciación o preparación de la persona, es para su incorporación a la vida
social y cultural de la comunidad. Esta iniciación se traslada el conocimiento del
awas para garantizar la protección de la persona contra la fuerza o las energías
negativas de otros seres, de los peligros resultantes del contacto y la apropiación o

61

consumo de determinados alimentos. Es la manera para evitar perturbaciones que
puedan sobrevenir en determinados actos importantes de la vida, tales como el
nacimiento, la iniciación de los adolescentes, el matrimonio, las siembras, proteger a
los niños que están por nacer y a los recién nacidos de los peligros y agresiones
energéticas de la naturaleza.

En las comunidades q’eqchi’es se ha venido practicando a través de los años, cada
uno de los conocimientos que se heredaron de los abuelos y abuelas, conocimientos
que están compuestos de experiencias, prácticas, habilidades, competencias y sobre
todo valores, virtudes, hábitos y conductas propias de la cultura. Estas sabidurías,
son las que forman parte de un proceso de formación del ser humano, e inicia desde
el momento del nacimiento, poco a poco se va incorporando como parte de un
conjunto de habilidades y competencias personales, de cada hombre y cada mujer,
que como normas de conducta se van reflejando en la personalidad y conducta de
cada ser humano en tanto constituye ser miembro de la comunidad.

Desde el momento de su nacimiento, cada ser humano tiene destinado su trabajo, el
maatan (misión), su forma de participación en la familia y en la comunidad, “no hay
una edad concreta para empezar a educar a los niños, sino que esto es una
exigencia permanente de los papas, y de la comunidad, ya antes del nacimiento del
niño, y que no termina hasta el matrimonio”, Parra (1994:24), según este autor, la
educación es en forma personalizada, y durante los primeros años, es la mamá la
que se encarga de educar y corregir a los hijos, sin embargo, el esposo e incluso los
abuelitos, también son clave importante en la educación inicial y son los encargados
de inculcarles los conceptos de piedad, disciplina, autodominio, moderación y
mesura del valor de las cosas, para alcanzar una vida profundamente sencilla,
austera y en plena comunión con la naturaleza. (Op Cit, 1994:25). Es pues para el
q’eqchi’, la naturaleza, el santuario donde se desarrolla la meditación y se busca
alcanzar el máximo limite de equilibrio y armonía con todo el cosmos, siendo el
pudor y la pulcritud los elementos que hacen alcanzar la magia de la vida convertida
en una verdadera religión.

Pero no solo se les inculca el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, “sino
también hacia todas las cosas, como la tierra, los cerros, el maíz, el fríjol, los
animales: no hay que machucar ni pisotear nada de eso, todo es sagrado y hay que
decirlo, para que cuando el niño sea grande, le tenga respeto y siga las costumbres”.

(ibidem, 1994) los niños desde muy temprana edad son incorporados al trabajo que
realizan sus padres, no con el fin de explotarlos, sino para que se formen el hábito
del trabajo, para desarrollar las capacidades cognitivas y psicomotrices, que luego
les permita comprender a su pueblo, a su medio y a resolver los problemas que se le
presentan en la vida. (Rodríguez 1993:61)

En el pensamiento maya, el papel de las mujeres es extremadamente importante,
particularmente como educadora, en tal sentido Diego de Landa dice: “criaban las
indias a los niños hasta la edad de los trece años…” (1959:45). Mientras en el
pensamiento occidental, la mujer es una víctima más del mercado laboral, lo que
hace que cada vez la mujer se aleje del rol fundamental para la formación de la

62

personalidad del “hombre verdadero”, dejando por un lado la formación en valores y
principios practicadas en casa, dándole más valor a lo que la escuela ha venido a
implantar, pero que en efecto, no ha sabido hacer. Su incorporación a la
productividad ha obligado a alejarlo de los niños, dejándolos a merced de la
tecnología (televisión, radio, computadora, etc.), siendo las comunidades q’eqchi’es
en donde aun se práctica la comunicación y contacto directo entre padre-madre e
hijos, principalmente la madre que cumple con su rol insoslayable de educación en
valores.

La tendencia hacia la transformación y la modernización se nota en las fuertes
manifestaciones y aspiración de residir en zonas urbanas, esto a obligado a los
individuos a adoptar patrones de comportamiento más a la usanza ladina, cayendo
entonces en la crisis de identidad que se ha hablado, influenciado muchas veces por
la escuela, los medios de comunicación, las iglesias, etc., que solamente van
asegurando la aculturalización de los pueblos.

Como ya se dijo, la educación que se imparte en las comunidades y familias
q’eqchi’es, están basadas en principios y valores de la cultura propia, recreando una
epistemología indígena viva. Por eso las personas que ejercen el papel de maestro
no deben ser elegidos por haber obtenido un certificado como tal, sino porque tienen
el don de ser educadores y se lo van ganando con el paso del tiempo, al alcanzar la
edad madura, en toda la dimensión de la palabra, para poder llegar a ser guías de
sus comunidades, es por ello que se habla del papel de los ancianos como un reto y
uno de los más grandes ideales. Este tipo de educación tiene como pilares
fundamentales el trabajo, la responsabilidad, el respeto, la solidaridad, y la armonía
(Tzoc, J. 2005:34).

El sistema educativo nacional bajo el espíritu del actual proceso de Reforma
Educativa, apuesta por una interculturalidad que no puede ser posible sin el
afianzamiento de la identidad, los valores vinculada al currículo es un medio para
impulsar la relación escuela - comunidades, permitiendo abrir la institución educativa
a la vida e impregnarla de la realidad social; la educación entonces, debe facilitar la
formación de ciudadanos comprometidos con una vida en paz, con las
responsabilidades inherentes a la pertenencia a una comunidad, y la preservación
y construcción de su ambiente. Es decir que la Reforma Educativa plantee una
educación en valores desde la realidad de cada comunidad.

Por eso y de acuerdo a la red electrónica de consulta de la OEI48

, la educación en
valores: “debe ser el desarrollo de la dimensión moral de la persona, potenciando su
autonomía, su racionalidad y el uso del diálogo, con el objeto de construir principios
y normas, tanto cognitivos como conductuales, que orienten a las personas ante
situaciones de conflicto de valores. El modelo que compartimos se opone a toda
posición autoritaria y heterónoma que establece lo que está bien y lo que está mal”.

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63

Siendo pues la educación un proceso que va de la mano con el desarrollo individual
y comunitario de las personas, los q’eqchi’es han confiado en la educación tanto que
consideran a la escuela como la naturaleza de la madre. Sin embargo, existen
también contradicciones y críticas hacia la misma, tomando en cuenta que hasta el
momento solamente a servido para romper con los esquemas comunitarios y
culturales del pueblo, de esta cuenta, resulta interesante mencionar lo que un
anciano q’eqchi’ dice en relación a la escuela: “el ir a las escuelas, solamente a
servido para convertir en haraganes a nuestros hijos, no solo aprende a no hacer
nada, sino también ya no respetan, yo recuerdo que antes, cada uno de nosotros
llevábamos nuestros hijos a trabajar y así aprendían desde niños, ya sea a traer
leña, a rozar, a traer agua, a cosechar maíz, o a cazar, pero ahora solo nos miran
cuando nosotros vamos al trabajadero… (Anciano q’eqchi’ de la comunidad de Santa Lucia
Lachua, Cobán, entrevista durante trabajo de campo).

Yarce, (2004:79) dice al respecto: “cada día nuestros actos deben reflejar la decidida
voluntad de hacer bien las cosas, no contentarnos con la mediocridad, (sino) de
aspirar a ser los mejores y, de esta manera, encontrar la felicidad propia y hacer
felices a los demás”, los valores hay que vivirlos, encarnarlos lo mejor posible; esto
es lo que se suele llamar virtudes y evitar que sea superado por el materialismo, el
consumismo, la falta de libertad, las modas y otras costumbres como el irrespeto a la
vida, la violencia, la corrupción moral; luchar por alcanzar la dignidad humana.

La familia es la unidad fundamental para la educación en valores, y para ello, cada
miembro de la familia es pieza importante en la relación educativa, sin embargo los
padres de familia ostentan el cargo insustituible de ofrecer a los hijos un modelo de
vida ejemplar en valores. La familia, es la institución responsable y la única llamada
a formar al ‘hombre verdadero’ mediante bases sólidas desde los primeros años,
pues generalmente el niño o la niña, inicialmente ve hacer las cosas en el hogar,
pide explicaciones y con ellas va tejiendo mentalmente la historia de su pueblo, sin
embargo, los hijos son vulnerados muy pronto y se ven sometidos a la esfera de
influencias extrafamiliares, de los medios de comunicación, que no siempre son
acordes a los valores, costumbres y tradiciones que tienen que ser aprendidos en el
hogar, (Escobar, 1994: 69-70), antes de incorporarse a la escuela.

En la familia, los padres enseñan los valores con el ejemplo, y establecen normas y
principios que se deben aprender y no se trata de decisiones propias de cada
individuo, sino que consiste en un sistema de normas y reglas que están para ser
acatados, son principios morales, éticos, culturales y comunitarios, y no dependen
más que de la propia dignidad humana, porque como dicen los abuelos, “si lo
quebrantas, te estás quebrantando a ti mismo”, es decir que si alguien actúa
desconociendo lo que ordenan estos principios, va en contra de sí mismo, como lo
que sucede con el Awas en el pensamiento q’eqchi’; al respecto, Yarce, (2004:29)
dice, “si una persona o comunidad decide desconocer lo que ordena el principio y
alejarse de él, sufre un proceso inevitable de deterioro y destrucción”, tal y como lo
plantea el principio q’eqchi’ del Q’oqonk y el kaqcha, y esto es el fin último que
norma la conducta y el comportamiento de la vida de cada ser humano, para con sus
semejantes y su entorno. En este sentido, las familias q’eqchi’es y en este caso

64

concreto, desarrollan una fuerte comunicación con sus hijos, las madres mayor
contacto con las niñas y los padres con los niños por la transmisión de
conocimientos relacionados con el trabajo, (Cabarrus, 1998:12-45). Al contrario con
lo que sucede en las familias del área urbana que tienen la necesidad de abandonar
a sus hijos a merced de los artefactos tecnológicos como la televisión, los
videojuegos, o de la servidumbre que cumple el papel de padre o madre familia
mientras los dos están ausentes del hogar, para dedicarse a actividades productivas
y competentes desde una visión más materialista, sin darse cuenta que descuidan la
formación del desarrollo humano procreado que pronto se incorporará al mundo
globalizado.

La familia, según Yarce, (2004:31) “en su propósito de ser la primera escuela de
valores, debe crear un ambiente propicio para que se cultiven los valores de la
convivencia y para que haya una sana emulación de virtudes que hacen posible
dicha convivencia: tolerancia, apertura, comprensión, buen humor, optimismo; de
modo que la familia crea su propio ambiente e influya en lo que le rodea, atrayéndola
si es positivo, o repeliéndolo si es negativo”. En la familia, las personas adquieren
seguridad en si mismas y viven respaldadas por la fuerza del amor y la compresión,
pues en ella se recibe la protección biológica, psíquica y espiritual como garantía de
la felicidad personal; y esta forma de vida, en la actualidad es el Ethos de vida de los
q’eqchies’ actuales.

Tanto la familia, como la comunidad, constituyen los escenarios ideales para
convertirse en la escuela de la laboriosidad, pues en este contexto, los niños y
jóvenes aprenden a tener aprecio al trabajo como una categoría de utilidad hacia los
demás y como sentido de servicio, el niño y la niña lo capta de sus padres, de los
principales, del modo de vivir en la comunidad, por consiguiente es uno de los
valores fundantes; por eso la educación en valores en las familias q’eqchi’es se basa
en el ejemplo, en la praxis.

En la familia, la educación y el trabajo, los valores no pueden ser un discurso ideal,
alejado de los intereses de cada uno de los individuos; por el contrario, deben ser
objeto de discusión, de perfeccionamiento y, sobre todo, de esfuerzo para traducirlos
en vivencias que conduzcan a mejorar el comportamiento, pues cuando se afectan
los valores, se afectan todo el ser, y así, no se puede alcanzar conductas coherentes
que brinden el soporte a la vida. (Yarce, 2004:32)

En la vida los q’eqchi’es, la práctica de los valores esta en todo momento, e inicia
desde el momento de la concepción, por eso dicen “jalan chik wankat, anaqwan
tento taaloq’on aawib’, re naq maak’a’ taawil, ut maak’a’ xk’ul laawilom” (ahora que
estas en estado de gestación, debes de ser prudente, para que nada te suceda, y
para que sea normal tu retoño). Esto quiere decir que desde el sihajik / (concepción)
da inicio, pero se desarrolla con mayor énfasis durante el tiempo del desarrollo del
conocimiento, en la edad que señala Jean Peaget, como las etapas del desarrollo
del conocimiento. Luego, es la comunidad y sus instituciones la que se encarga de
terminar de dar forma a la conducta de las personas.

65

Yarce (2004:30), señala que “accedemos a los valores por diversos caminos, unos
ya están en nosotros, porque los hemos recibido a través de nuestros propios genes
(la herencia biológica) y los vamos desarrollando poco a poco, otros están en el
ambiente en el que nos desenvolvemos: en la familia y en la escuela, gracias al
contacto con personas que actúan inspirados en ellos, pero hay otros que son
necesariamente fruto de un aprendizaje”. El awas es uno de los elementos mágicos
de la vida q’eqchi’ por la cual se accede a los valores, pues por medio de él se va
aprendiendo, ya que de ello depende los resultados tanto del parto, como del
desarrollo normal del niño o la niña en su edad infantil, aunque también tiene que ver
en su edad adulta, pues este simbolismo, sigue vigente durante la vida en la
convivencia en la comunidad, al convertirse en una norma de control social, es decir
que por la práctica de este valor, se evita que se quebranten las normas de la
comunidad. Parte de este rito es el trato que recibe el ombligo del bebe, si es varón
o mujer, pues la distribución de los roles se van demarcando como parte de la
construcción de la identidad, aun que esté en contra de las nuevas teorías de género
de culturas foráneas, “li winq ak winq aj wi’, li ixq ak ixq, ak ch’olch’o li rajom li
junjunq, li winq re li k’alek, kaaxukuut li rilom (4), li ixq re li junkab’lali’bk, oxxukuut li
reetalil (3), ha’an li k’ub’, maajun wa naru naq li winq wanq chi re xaml, ut li ixq sa’
pim, wi’ ta raj jo’kan, tiik ink’a’ raj tana ch’olch’o re qu naq wanko” la misión de cada
quien son determinadas desde el nacimiento, el hombre tiene como rol dedicarse al
trabajo de campo, su dimensión cósmica está representada en el numero 4
representada en los cuatro horcones de la casa, y la mujer por el numero 3
representado en los tenamastes, por eso, la familia está representada por el numero
7, de mucho valor por ser la sumatoria de los dos49

, si esto se alterara, se estaría
caminando a la degradación del pueblo, pues de ello depende el futuro y el buen
desenvolvimiento de la persona, aunque hay que reconocer que existen
excepciones, que derivan de la misma influencia de la globalización cultural.

La práctica de los valores en el seno familiar permite experimentar la bondad de las
normas y su funcionalidad en la vida social, solamente de esta manera, el niño o la
niña puede imaginar su futuro experimentando o practicando con el ejemplo al lado
de su papá o de su mamá su papel protagónico como miembro responsable de la
familia50

, el sentirse importante, útil y benefactor de los suyos, el niño o la niña
puede entender de esta manera que llegará a ser como su papá, mamá o como su
abuelo o abuela, con el tiempo, dominará el conocimiento sobre las plantas, los
animales, los lugares energéticos, los astros, los seres de la noche, lo sagrado y lo
prohibido, algunos se especializan y llegan a controlar el ilok o eek’ak, es decir el
arte de la adivinación, pero esto es el resultado de la buena práctica de los valores
que se inicia aprendiendo en la casa, “li kok’al rik’in xna’ xyuwa’ naxtzol xsik’b’al
xtzakahemq jo’ li okox, li k’ib’, li xxe’ che’k’aam, li xmaruk’ ichaj, li chaab’il xul, jo’ wi’
xkolb’al rib’ chi ru li rahilal jo’ li xmay k’anti’, aj xook, ut xnawb’aleb’ ru jo’k’ihal xpayil
wankatqeb’”, además, se aprenden el arte de clasificar las diferentes clases de
alimentos, como raíces, yerbas, frutos, tallos, cogollos, hongos, etc., a contrarrestar

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66

o aplicar antídotos naturales contra la mordedura de serpientes y picaduras de
animales ponzoñosos. Por lo mismo, Contreras (1994) dice que “la familia, es el
lugar en que las personas se forman y se preparan para desarrollar eventualmente
un papel protagónico en la sociedad,…en este sentido, el hombre será lo que sea su
familia, y… la comunidad será lo que sean las familias que lo integran”, algo que se
cumple en el análisis de la participación de los padres de familia, y los miembros de
las comunidades estudiadas ya que la infancia es, precisamente, la etapa en la que
hay una disponibilidad natural, sensibilidad especial para captar y vivir los valores.

En este sentido, es válido mencionar que la educación en valores se da en un
sistema de espiral, pues no es repetitivo como en el sistema escolar basado en el
conductivismo, sino que a cada temática o contenido que se va abordando, durante
el crecimiento del niño o la niña, se van agregando más cada vez, hasta llegar a
alcanzar las escalas de valores que lo hacen ser una persona útil y aceptable para
la comunidad, esto último para ser considerada la persona, hombre o mujer, como
miembro de la nobleza, por su don de gente, carisma, modo de vida, y conocimiento;
al respecto, Caal (2000) dice, “si los ancianos mantienen fieles a sus conocimientos
y practicas serán siempre los nobles de la comunidad”.51

Esto obviamente contradice
la existencia de consejos de ancianos que algunas organizaciones impulsan, pues
estas categorías y dignidades no se puede integrar por elección, sino por una
experiencia de vida, lo que no establece edad, ni forma para ser seleccionado a
ocupar el cargo, es por simple respeto y don, pues en el pensamiento q’eqchi’, este
estatus de principado o nobleza q’eqchi’ no se da por elección, sino por la forma de
vivir la vida con valores, por eso, para que un anciano alcance un estatus o
categoría de noble en la comunidad, no puede haber actos de corrupción, egoísmo,
envidia, traición, indiferencia, ambición, atentar contra el orden y la seguridad de la
comunidad, y sobre todo deslealtad y aprovechamiento en nombre de los demás;
pues todo aquel que siente, conoce y ha vivido una experiencia de vida, tienen
capacidad de irradiar conocimiento y es quien se gana la admiración de los más por
antonomasia, es quien al final de su camino en esta construcción del sistema de
pensamiento, se convierte en el candidato ideal a ser Principal de la comunidad,
luego de haber cumplido con todos los requerimientos, grados, puestos, y escalones
que la cultura y la comunidad q’eqchi’ exige como requisito indispensable para ser
considerado el modelo de hombre verdadero.

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