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Los alemanes en Venezuela

Karl Krispin

De las migraciones europeas no ibéricas a América y,


particularmente, a nuestro país, la alemana ha tenido
un carácter especial. Los primeros alemanes que se
establecieron en lo que luego sería Venezuela fueron
los Welser, a quienes por capitulación otorgada el 27
de marzo de 1528 se les concedía el gobierno, la
administración y la explotación sobre la provincia de
Venezuela en nombre del Rey de España1. Ello a
consecuencia del apoyo que recibió Carlos V, I de
España y V de Alemania para convertirse en el
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Tal experiencia resultó un fracaso y los factores
alemanes terminaron enfebrecidos por la codicia, la
enfermedad y la muerte. En 1545, con la ejecución en
el Tocuyo del Capitán General Felipe von Hutten, se
clausura este capítulo colonizador. Aunque, según
escribe Eduardo Arcila Farías, técnica y
jurídicamente el capítulo se cierra cuando los Welser
renuncian en 1557 al litigio que, en defensa de la

1
VIVAS, Fabricio
“La Compañía de los Welser: Expansión y Concesiones en el Caribe y
Venezuela 1526-1529”, en: Centenario Colegio Humboldt,
Compiladores: Hanns Dieter Elschnig y Karl Krispin, Asociación de
Antiguos Alumnos y Amigos del Colegio Humboldt, Caracas 1994, p.
31.
capitulación de 1528, seguían contra la Corona
Española2.

El alemán más universal de todos y con el que no


sólo Venezuela sino los países americanos tienen una
relación fraterna y de inagotables aportes científicos
es Alexander von Humboldt. Tenía un título
nobiliario, barón, que en alemán expresa mucho
mejor lo que este adelantado fue: Freiherr, hombre
libre. El hombre libre de Humboldt para sintetizar su
obra fue geógrafo, explorador, naturalista, zoólogo,
ornitólogo y considerado según la Wikipedia el
"Padre de la Geografía Moderna Universal". La cueva
del Guácharo lleva su nombre y en Caracas, por
referirnos a la pequeña historia, escaló la silla de
Caracas por vez primera junto a Andrés Bello y su
inseparable colega Aimé Bonpland.

De Hamburgo vinieron para participar en las guerras


de Independencia muchos voluntarios alemanes. Al
capitán de caballería de Braunschweig, von Clauditz,
Simón Bolívar le encomendó el reclutamiento de
voluntarios para los Estados libres de Suramérica.
Otro es el caso de Johann von Uslar, comandante en
Boyacá y jefe del Batallón de Granaderos del ejército
patriota en Carabobo, por cierto antepasado del

2
ARCILA FARÍAS, EDUARDO
“Los Welser”, en Diccionario de Historia de Venezuela, Fundación
Polar, Edición multimedia, Caracas....
escritor Arturo Uslar Pietri. Antes de Carabobo,
Uslar, capturado por el ejercito realista estuvo
destinado a trabajos forzosos que consistieron en la
construcción de un puente en Valencia ordenado por
el general Pablo Morillo. 3 Fueron 63 oficiales
alemanes quienes actuaron en el regimiento de
cazadores de Uslar. Uno de ellos Augustin
Freudenthal, murió en 1825 siendo gobernador de
Caracas. Heinrich von Lützow trajo voluntarios
alemanes a Venezuela; ascendió a general de división
y estuvo hasta su muerte, en 1860, en el ejército
venezolano. Bajo el castellanizado nombre de
Enrique Luzón, está enterrado en el Panteón
Nacional.4

La inmigración alemana sistemática a Venezuela se


volvería a replantear por el interés de las casas
comerciales hanseáticas de Hamburgo, Bremen y
Lübeck en el siglo XIX. Hay que considerar,
adicionalmente, que lo que hoy conocemos como
Alemania es el producto de la unificación llevada a
cabo en 1870 y antes por el genio del príncipe Otto
von Bismarck, canciller del Reich porque el Sacro
Imperio Romano Germánico, que era una suerte de
confederación, había sido liquidado por Napoleón
Bonaparte en 1806. Estas ciudades del norte como
Hamburgo eran para el momento del establecimiento
3
González Guinan, Francisco, Reminiscencias Históricas de Venezuela, Lit. y Tip. Del Comercio,
Caracas 1929, p. 63.
4
http://www.efemerides.ec/1/julio/aleman.htm
de lazos comerciales con Venezuela, entidades
independientes. Puerto Cabello, Caracas, Ciudad
Bolívar, Maracaibo y sus conexiones hacia los estados
andinos, y la Guaira serían las plazas para estos
asentamientos de los comerciantes teutones.5 Como
señala la historiadora Catalina Banko, en 1837
Venezuela suscribe el primer Tratado con las
Ciudades Hanseáticas6, lo que facilita el intercambio
comercial y promueve un múltiple establecimiento
de factores alemanes en Venezuela, entre los que
resaltan Blohm, Pardo, Vollmer, Brandt, Schön,
Bornhorst, Kolster, Meyer, Valentiner, Peyer, Moller,
Braun, Kerdel, Römer, Stürup, sólo por nombrar
aquellos apellidos con descendencia actual en el país.
Basta visitar el pueblo de San Esteban, aledaño a
Puerto Cabello y también su cementerio para darse
cuenta de la impronta de estos alemanes en la vida
del puerto y las relaciones comerciales. En el Táchira
también se establecieron los alemanes llegando a
controlar el negocio del café en sincronía con el
Puerto de Maracaibo de donde se exportaba hacia
Europa. Si se echa una ojeada a las memorias de don
Enrique Rhode se confirmar el papel que tuvieron

5
BORNHOST, Dirk
“La petite histoire de los alemanes en Maracaibo”, en: Centenario…,
Op. Cit., p. 60-61.
VELÁSQUEZ, Ramón J.
“Los alemanes en el Táchira”, en: Centenario..., Op. Cit., p. 69
6
BANKO, Catalina
“Las casas comerciales alemanas en Venezuela”, en: Centenario…,
Op. Cit., p. 57.
estos elementos en el negocio del café y el papel de
las casas comerciales alemanas en la vida local.

Igualmente es necesario referirse al contingente de


los alemanes que desde Endingen, en el Kaiserstuhl
alemán, se establecieron en la actual Colonia Tovar
en 1843, por iniciativa de Agustín Codazzi, Ramón
Díaz y Alexander Benitz, bajo el gobierno del general
José Antonio Páez y por donación de tierras de
Manuel Felipe de Tovar7. Para seguir con el tema de
los migrantes agrícolas, durante el siglo XX vendrían
a Venezuela un grupo de colonos alemanes, muchos
de ellos refugiados, a la Colonia Agrícola de Turén
en el estado Portuguesa, entre los años de 1951 a
1954.8

Del siglo XIX hay que tocar el tema de los viajeros.


No en balde Arístides Rojas ha calificado esta
centuria como la de la emancipación del espíritu. Y
es que el siglo XIX desarrolló lo que había
comenzado un siglo anterior con la Revolución
Industrial. Las comunicaciones mejoraron, se
comenzó a viajar y el espíritu de curiosear el planeta
creció como nunca antes. Los viajeros del siglo XVIII
7
JAHN MONTAUBAN, Leopoldo
La Colonia Tovar y su gente, s/n, Cromotip, Caracas 1990, p. 18-19.
8
JAHN MONTAUBAN, Leopoldo
“La Colonia Tovar y Turén, enclaves económicos y sociales de la
inmigración alemana en Venezuela”, en: Asociación Cultural
Humboldt 50 años de irradiación cultural, Compilado por Karl Krispin,
Asociación Cultural Humboldt, Caracas 1999, p. 128-129.
eran más bien escasos. En el siglo XIX se
multiplicaron. De los viajeros alemanes a Venezuela
durante el siglo XIX merece la pena destacar a los
pintores Anton Goering y Ferdinand Bellermann, el
zoólogo y dibujante Karl Appun, el entomólogo Karl
Moritz, por citar a los más relevantes.

También hay que mencionar lo negativo: El bloqueo


a nuestras costas en diciembre de 1902. Los alemanes
venían de una rutilante intromisión relámpago como
nación imperial. A partir de 1870 con la unificación y
el triunfo alemán en la guerra franco-prusiana,
comienza la expansión germana más allá de su
territorio. El príncipe Otto von Bismarck, brillante y
ambicioso aristócrata, amo absoluto de la política
alemana, quería para el Kaiser no sólo la corona
continental que inauguró en las narices mismas de
los franceses en Versalles, sino un trofeo territorial en
el mundo para competir todopoderosamente con sus
pares europeos. Hans von Büllow, el ministro del
Exterior sostenía sin ambages desde la
Wilhelmstraße que los alemanes no habrían de
permanecer en las sombras sino de cara al sol. Pronto
los alemanes colocan el águila imperial en África y
Asia. América era un continente apetecido y
particularmente aspiraban a hacer de la isla de
Margarita una base teutona. Con un énfasis delirante
el editorial del periódico Münchener Allgemeines
advertía en 1897 que la próxima tarea de Alemania
era la de hacer desaparecer, por las buenas o por la
fuerza, a la Doctrina Monroe. Las cartas estaban
echadas. Bastaba una excusa cualquiera y el
presidente Cipriano Castro se las ofreció en bandeja
de plata cuando señaló que no reconocería deuda
alguna que no hubiese sido contraída por su
gobierno. Adicionalmente a esto, el trato
despreciativo a las naciones extranjeras caldeó los
ánimos.

El 8 de diciembre de 1902 el diligente cónsul


venezolano en Trinidad, Carlos Benito Figueredo
quien poseía una de las redes de espionaje más
eficientes para reportar a Castro sobre los
movimientos de la Libertadora, informa al
presidente sobre la presencia de buques de guerra
británicos y alemanes. A los pocos días, lo que
hubiese sido interpretado como normal dentro de los
movimientos navales propios de las potencias
europeas en el Caribe, cambiaría drásticamente
cuando estas naves dirigieron sus cañones contra la
Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo. La escuadra
alemana por su parte no sólo bombardeó Puerto
Cabello y la Guaira causando destrozos y pérdidas
humanas sino que permitieron a sus marinos bajar a
tierra y pillar sin detenimiento. Los excesos alemanes
pronto tuvieron eco en Londres. Mientras los
marinos de la casa Hohenzollern le entraban a saco a
la soberanía nacional y los ingleses prudentemente se
replegaban en silenciosa vigilancia, es anecdótico
recordar que los italianos decidieron permanecer en
alta mar pescando. La reacción venezolana fue
inocua aunque en Maracaibo la resistencia nacional
logró disuadir el desembarco de los alemanes. Su
precaria fuerza naval fue reducida a la nada. En
Puerto Cabello según contaba Alfredo Cortina, los
cañones locales del Fortín Solano sólo pudieron dar
en el blanco de un patio de la familia Gramcko. Sólo
la intervención de los EE.UU y la posterior firma de
los Protocolos de Washington salvaron la integridad
territorial. Alemanes e ingleses regresaron a casa sin
hacerse del territorio de Venezuela.

En cuestiones puramente militares, el gobierno de


Joaquín Crespo recurrió a los alemanes a finales del
XIX para que enviaran una misión militar de asesoría
al Ejército. Tal colaboración no llegó a cuajar. Pero
para el Gobierno de Castro, de quien se dice que era
un germanófilo convencido, por sus tratos con los
comerciantes alemanes en el Táchira y quien durante
la Primera Guerra Mundial no tomó partido por
nadie, trajo al general chileno Samuel MacGill en
1908, nombrado anteriormente por Castro cónsul en
Panamá, formado en Prusia, para la reestructuración
del Ejército Nacional. Ello explica que durante algún
tiempo los militares venezolanos hasta usaran
uniformes y cascos que emulaban al ejército
prusiano.

Durante la Segunda Guerra Mundial y anteriormente


con la ascensión al poder del nazismo, los años
negros como los he llamado en algún otro ensayo, las
relaciones entre Alemania y Venezuela se vieron
afectadas por la entronización totalitaria. Si bien
Venezuela se cuidó en un primer momento de que no
hubiese persecución y hostigamiento a los miembros
de la comunidad alemana en el país, a pesar de la
circulación de listas negras que pedían a la población
local no comerciar con los alemanes, el país estuvo al
margen de la conflagración mundial. No obstante,
los submarinos del Tercer Reich violaron las aguas
territoriales y hasta atacaron la refinería de Curazao.
Como sabemos, nuestro país fue vital por su petróleo
en el triunfo aliado y como ha escrito el historiador
Domingo Alberto Rangel, en la batalla de las
Ardenas se quemó carburante de Lagunillas. Los
nazis en su proyecto mundial hasta habían
nombrado a un Gauleiter en Venezuela, un jefe de
región, que era el enlace con el Partido Nazi.
Naturalmente esto se llevó a cabo con cierto
secretismo y nunca a la luz pública. Venezuela le
declararía la guerra a Alemania, formalmente se
entiende, y una de las consecuencias de esa distancia
fue el cierre de este colegio, el Colegio Alemán entre
1942 y 1952. Al reabrir sus puertas de nuevo,
agregaría a su nombre el de Colegio Humboldt.

En el mapa sociológico y económico de la emigración


alemana a Venezuela a mediados del siglo XX se
apela a un detonante común en muchos de los casos:
la Segunda Guerra Mundial. La persecución nazi, el
conflicto bélico, el Holocausto, la destrucción de
Alemania y la postguerra jugaron un papel
determinante en que Venezuela fuese la nueva patria
para todos aquellos que querían hacerse un futuro en
la América del sur. Increíblemente muchos germanos
confiesan que la curiosidad por esta nación la sembró
en alguna parte el trepidante testimonio de lo que
escribió el barón de Humboldt.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, y con la


percepción del pueblo alemán por los suelos debido
al funesto ejemplo histórico del nacionalsocialismo,
en 1949, un grupo de venezolanos y alemanes funda
la Asociación Cultural Humboldt. Esta institución
que este año ha llegado a sus sesenta años ha servido
de vaso comunicante para interrelacionar a Alemania
y Venezuela particularmente a través del hecho
cultural.
De los alemanes que llegaron a Venezuela durante la
segunda mitad del siglo XX se puede decir que
buena parte de ellos vinieron a desarrollar una nueva
vida particularmente en las empresas alemanas que
se fijaron en suelo venezolano. La industria de las
telecomunicaciones, la química, la farmaceútica, la
cervecera fueron los destinos más favorecidos,
laboralmente hablando, para estos inmigrantes.
Igualmente al margen de estas casillas, hemos tenido
hasta dos artistas con el Premio Nacional de Artes
Plásticas como Luisa Richter y Miguel von Dangel.
Médicos como el doctor Alberto Maekelt quien luchó
contra el Mal de Chagas junto al doctor Torrealba.
Orquideólogos como Enrique Graf, galeristas como
Lis Sanoja, profesoras de literatura como Liselotte
Zetler de Vareschi, ceramistas como los esposos
Zielke, zoólogos y conservacionistas como el doctor
Pedro Trebbau, politólogos como Federico Welsch,
cantantes líricas como Gisela Hollander o científicos
como el recientemente fallecido doctor Werner Jaffé.
Todos ellos le han dado a Venezuela un magnífico y
notable aporte en sus diferentes campos. Gente de
ejemplos que ha puesto su coraje, su dedicación y su
vida para potenciar lo que Augusto Mijares llamó lo
“afirmativo venezolano”. Adicionalmente, todos
trafican con el hecho de que fueron hechizados por
este país y su gente. Decidieron echar raíces y aquí
están, como una muestra prodigiosa de una
venezolanidad de nuevo cuño. Cuando comentaba
que la inmigración alemana había tenido
características peculiares, lo apuntaba por el hecho
de que estas gentes quieren, se identifican y
permanecen en el país, guardando y preservando,
evidentemente, sus rasgos culturales propios que
han transmitido a sus descendientes como lo
prueban los muchos apellidos alemanes que, desde
el siglo XIX, jalonan la geografía nacional.

Quiero terminar con esta reflexión: La inmigración


puede ser uno de los fenómenos más interesantes
para un pueblo porque expande su visión del
mundo. El hecho de que los venezolanos hayamos
tenido especialmente en el siglo XX una tan rica
como variada inmigración le otorga a nuestro país un
pasaporte a la universalidad y nos permite ser más
globales y entender que el mundo es una suma de
muchos. Una juntura de culturas que cada día vale
más la pena entender y apreciar.

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