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Los dos planos de la colonialidad de la antropologa segn Eduardo Restrepo Por ms que desde el sentido comn antropolgico se consideren

roto s los lazos que amarraban la antropologa a la colonialidad, y aunque la propuesta terica formulada desde los estudios poscoloniales haya servido para denunciar y problematizar en detalle las interacciones entre prctica, discurso y poder colonial, ontolgicamente la ciencia del hombre incluso hoy, no puede desligarse de sus viejas ataduras. Segn Eduardo Restrepo puede decirse que el vnculo de la antropologa con la colonialidad se hace evidente en dos planos. El primero de ellos hace referencia a la disciplina en tanto conocimiento especializado, autorizado y particular, acerca de la alteridad, la cultura y la sociedad. De esta manera, la antropologa integra el rgimen de poder moderno dado que es una narrativa consentida por el establecimiento, para representar al otro. El discurso en torno al espectro especfico de la realidad que atae al antroplogo es legitimado por las instituciones y procedimientos del sector dominante, elaborados para acreditar o desacreditar determinados saberes, Hecho que devela ntidamente su filiacin colonial:
La colonialidad instaura una subalternizacin de los saberes y conocimientos que no responden al logocentrismo encarnado en la razn instrumental propia del conocimiento experto (Mignolo 2005)

No obstante, el autor habla de una paradoja dados los esfuerzos de los antroplogos por hacer visibles los conocimientos del otro, ignorados o subestimados por las personas de su lugar de proveniencia, as como el etnocentrismo arrogante y ufano por la conviccin de ser la civilizacin que dio origen a la ciencia y la tecnologa. Por otro lado, como segundo plano de colonialidad de la antropologa est el modelo discursivo institucionalizado dentro de la academia que internamente determina qu es admisible decir y qu no, promoviendo la naturalizacin de ciertos enfoques y temticas y orientando convenientemente las transformaciones de la disciplina. Al respecto se seala la aptitud antropolgica para representar al otro, en contraste con la poca capacidad de someterse a s mismo a una mirada escrutadora. Nosotros no vemos tal cosa, tanto como una falta de capacidad, nos parece ms bien, una falta de inters por establecerse a s mismo como objeto de estudio. M.C.J.