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  El Truco de los Espejos 

AGATHA CHRISTIE 
   
 

GUÍA DEL LECTOR

En un orden alfabético convencional relacionamos a continuación los principales personajes que intervienen en esta obra

BAUMGARTEN Médico, terapeuta.

BELLEVER (Jolly) Secretaria, ama de llaves y a la vez amiga de Carne Louise.

CARRIE LOUISE Hermana menor de Ruth Van Rydock.

CURRY Inspector de policía.

DODGETT Ayudante de Curry.

ESTEFANÍA Anciana doncella de la señora Van Rydock.

GALBRAITH Viejo obispo de Cromer, antiguo amigo de los Gul-brandsen.

GINA Nieta de Carrie Louise casada con Hudd; hija de Pippa, que fue una niña adoptada por Carrie Loui¬se y su primer esposo.

GREG (Ernie) Un joven internado en el reformatorio que sostie¬nen Serrocold y su esposa.

GULBRANDSEN (Christian) Hijastro de Carrie Louise por ser hijo de su primer esposo, Eric.

HUDD (Walter) Esposo de Gina.

LAKE Sargento de policía.

LAWSON Ayudante de Serrocold.

MARPLE (Juana) Íntima amiga de las hermanas Ruth Van Rydock y señora Serrocold.

viuda de tres esposos y hermana de Carrie Louise.MAVERICK Doctor adjunto al reformatorio citado. SERROCOLD (Lewis) Tercer esposo de Carrie Louise. RESTARICK (Alexis y Esteban) Hijos del primer matrimonio de Juan Restarick. riquísima. . VAN RYDOCK (Ruth) Dama otoñal. que a su vez fue el segundo esposo de Carrie Louise. millona¬rio y uno de los esposos que tuvo Carrie Louise. STRETE (Mildred) Hija de Carrie Louise y Eric Gulbrandsen. idealista humani¬tario. director de un reformatorio para jóvenes de-lincuentes.

masajes y constantes ejercicios. Al contemplar a la señora Van Ry¬dock resultaba imposible imaginar cuál sería su esta¬do original.CAPÍTULO PRIMERO La señora Van Rydock. —Sí. y sus piernas. Estefanía. está bien —repuso la señora Van Rydock. Ruth Van Rydock miró divertida a su amiga. lucían finas medias de nylon. Estoy segura. Era el resultado de todo lo que el dinero puede lograr. Juana? La señorita Marple fue sincera al responder: —Ni por un momento. todavía bien conservadas. reforzado por el régimen. tendrá que ser éste —murmuró—. bajo la capa de cosméticos y debido al constante masa¬je. La anciana doncella de cabellos grises y boca menu¬da deslizó cuidadosamente el vestido sobre los brazos y cabeza de la señorita Van Rydock. tras alejarse unos pasos del espejo. —Es un vestido muy bonito —dijo. Quítemelo. exhaló un suspiro. ¡Me temo que yo represento exactamente mi edad! La señorita Marple tenía un rostro suave y rosado surcado de arrugas. Ésta quedó en combinación ante el espejo. parecía casi infantil a una prudente distancia. Iba exquisitamente encorsetada. ¿Te parece bien. Su rostro. Sus cabellos grises con reflejos azules estaban cuidadosa¬mente peinados. vol¬viendo a suspirar—. Juana? La señorita Marple admiraba complaciente la crea¬ción de Lanvanelli... cabellos blancos y unos ojos ino-centes color azul . —¿Crees que la gente podría adivinar que tú y yo somos casi de la misma edad. —Bueno.

porcelana. Juana. Su figura resultaba algo inadecuada en el marco de aquellas ha¬bitaciones de un hotel de lujo. —Me figuro que sí. la amistad! Ella. ¡me siento como tal! Te lo aseguro. —La vieja y buena Estefanía —dijo Ruth Van Ry¬dock—. que tanto la asombraban por su curiosa manera de expresarse sus modales resueltos y su vitalidad. por lo me¬nos. llevaba un gran bolso. Estefanía. alta. Vióse a sí misma. Dejóse caer pesadamente sobre una butaca tapiza¬da de raso. —Está bien. —¿Cuándo la viste por última vez. Ruth. quie¬ro hablarte. dominando el mundo. Claro que seguimos felicitándonos las Pascuas. dicen de mí. La señorita Marple inclinóse hacia delante. ¡Extraña cosa. Daba la impresión de ser una dulce abuelita. Juana. menuda. ¡Pero saben que soy una vieja bruja! Y. Es la úni¬ca mujer que sabe cómo soy en realidad. Sus vidas tomaron rumbos distintos casi en seguida. Vestía de negro. reposada. Lleva conmigo más de treinta años. la joven Juana Mar¬ple. Carrie Loui¬se. y las dos Martin. En cambio. La doncella recogió el vestido y salió de la habitación. y no obstante persistió su an¬tiguo afecto. sólo que de otra manera. Un pensionado de Florencia. . Dios mío. Puedes marcharte. Juana? —¡Oh! Hace muchos años. —Estoy preocupada por Carrie Louise. poquita cosa. —¿Carrie Louise? —La señorita Marple repitió el nombre pensativa. nadie hubiera califica¬do de dulce a la señora Van Rydock. con cier¬to desaliño. Y yo también. Veintiocho. y las dos americanas. america-nas. Sonrió—. intrépida. alguna que otra carta. la rubia muchachita inglesa. «Es maravilloso cómo conserva su figura esa vieja bruja». y daba la impresión de ser toda una señora. Juana —dijo Ruth Van Rydock. casi un maletín de mano. pues le traía a la memoria lejanos recuerdos.

Claridges. hubiera sido la que viera más a menudo de las dos hermanas. porque cuando se vive en el mismo país no es necesario disponer de antemano un encuen¬tro con los viejos amigos. a París. no! . a la Riviera. Extraño. —¿Es desgraciada? —¡Oh... Ruth fue siempre muy cosmo¬polita. y de regreso. Mary Mead y la señorita Marple ni siquie¬ra lo había esperado. Ruth nunca tuvo tiempo para ir a St. Por eso fue a Ruth a la que viera con más frecuen¬cia.. considerando que va si¬guiendo tan bien como nosotras. llena de afectuosas remembranzas y un adiós cariñoso y apresurado. Todas las visitas tienen su tiem¬po.. Berkeley.. Ruth? —quiso saber la señorita Marple. o el Dorchester. Una comida íntima. No digo que esté peor que de costumbre. estaban en América. En el Savoy. El de Ruth era presto. —¿Por qué te preocupa Carrie Louise. como siempre. —¡Pues eso es precisamente lo que más me preocu¬pa! Que no lo sé.. llevaba veinte años sin verla. siempre en¬contraba unos momentos para dedicarse a sus antiguas amistades. Hubo muchos encuentros como el presente.intercambio de re¬cuerdos de Navidad. No. pero en cier¬to modo natural. yendo a Londres. y cada uno o dos años visitaba Europa. Sólo que esto no ocurre cuando se vive en esferas distintas y los ca¬minos de Juana Marple y Carrie Louise no se cruzaron. Era extraño que Ruth. cuya casa —o mejor dicho. mientras que la señorita Marple tenía que conformarse con el adagio. Como la mayoría de ame¬ricanas con su posición. —¿No estará enferma? —Está muy delicada. por vivir en Inglate-rra. Se supone que más pronto o más tarde uno ha de tropezarse con ellos. casas—. tal vez no fuese extraño. en tanto que a Carrie Louise.

«No.. El matrimonio. todas con hombres muy ricos. también. sí. eso no. no me ha ido tan mal. incredulidad.. sin amargar su carácter. Creo que es eso lo que me preocupa de Carrie Louise. Ahí la tienes. Así es que no les guardo rencor. Nunca esperé demasiado de la vida.. es cosa propia de la juventud. me figuro.. —No. sólo con diecisiete años. No. —comenzó a decir la señorita Marple. me pide mi parecer sobre las operaciones de Bolsa —su rostro se ensombreció—.. eso no sería posible —pensó la señorita Marple—. —Carrie Louise siempre ha vivido fuera de este mundo. y me ha ido muy bien. nos las quita de la cabeza. la imagen no era muy clara. Tommy y yo seguimos siendo excelentes amigos. ya sabes. — ¿Maniáticos? —Sí. pero un dolor profundo. Aturdimiento. a casarse con maniáticos. a menudo. y yo iba a meterme a monja. Esas cosas se olvidan luego.. con unos ojos como platos. escuchando.» La señora Van Rydock seguía hablando. y. mas se detuvo meneando la cabeza—. no... Carrie Louise siempre fue la única de las dos que tuvo ideales. Carrie Louise se sintió atraída por los ideales.. Tú querías dedicarte a cuidar leprosos. No sabe cómo es. Ruth estuvo casada tres veces. Sin embargo.. bonita como una rosa. La señorita Marple pensó que se expresaba con sinceridad... Claro que es natural tener ideales cuando se es joven.. las explicaciones del .... —Claro —decía— que siempre he sido muy entera. Tal vez sea esto lo que me tiene preocupada. Era difícil imaginar a Carrie Louise desgra-ciada. Todas los tuvimos. y Julio. Juana.. y los divorcios posteriores habían engrosado su cuenta corriente. y mucho menos de los hombres. —Las circunstancias. es ella misma —repuso Ruth Van Rydock—. sin embargo. hubo algunas temporadas en su vida que debió serlo.. Sólo que. Siempre ha tenido tendencia. Nunca me he dejado abatir por las circunstancias.. hombres idealistas..

había amasado una fortuna tan colosal que realmente fue la única solución emplearla en hacer bien a la humanidad. Yo nunca tomé muy en serio sus maquetas para escenarios y sus dibujos para decorados teatrales. Todo lo que quería era vivir bien. Como Desdémona y Otelo. y estarán sumisos como gatitos y serán encantadores. la Sociedad de Investigaciones Gulbrandsen. sino un sueco o noruego. Aquel nombre todavía tenía resonancia. la verdad es que no se hubiera casado con ella de no tenerlo.. y aún se sigue resultando aceptable.. ya lo sabes —decía Ruth—.viejo Gulbrandsen sobre sus planes para el mejoramiento de la raza humana. de todas formas. Gulbrandsen tuvo renombre internacional. y entonces fue cuando se apoderó . pero incluso esto es mucho mejor que ser un maniático idealista. Dales comodidades y lujos. La solterona la escuchaba. y se casó con él. pero Carrie Louise estaba emo¬cionada. —No se casó con él por su dinero.. asintiendo amablemente. si no fue exactamente así. Mary Mead. Solía escucharle embobada. y. y creía que aquello era Arte con A mayúscu¬la.. Se tiene experiencia. los Asilos Gulbrandsen y lo más conocido: el Gran Colegio para Hijos de Obreros. amante del placer y holgazán. Gulbrandsen no era negro. Creo que él se casó con Carrie Louise por su dinero. No sé lo que hubiese ocurrido de no morir él cuando Carrie tenía treinta y dos años. Llevar a Carrie Louise a los mejores modistos. La señorita Marple asentía pensativa. con un viudo que ya tenía hijos mayores. con su capacidad para los negocios y perfecta honradez. Aunque. El Trust Gulbransend. Yo sí que lo hubiera hecho. y la verdad es que le obligó a no abandonar tales actividades.. tener yates y automóviles y que se divirtiera a su lado... —Me alegré mucho cuando se casó con Juan Restarik. Juan era egoísta. Esa clase de hombres son muy seguros. y todo a causa de sus ideas filantrópicas. pero no Carrie Louise. Es una edad muy buena para una viuda. mientras traía a su memoria las viudas que conociera en el apacible y sosegado pueblecito de St. Tenía sus cincuenta. Un hombre que. y.. por fortuna no hubo ningún Yago que enredara las cosas.

—¿Le importó mucho? —preguntó la señorita Marple. No creo que le importase gran cosa. y se ofreció a tener en su casa a los dos hijos del primer matrimonio de su esposo. sí. Pues bien.. pero tiene la misma monomanía de querer mejorar la vida de todo el mundo. Esos jóvenes criminales y asesinos en potencia. Si Carrie hubiera esperado y sido un poco comprensiva. De eso se encarga el Estado... Dijeron que fue un accidente. Se mantuvo impávida. yo no digo que no la quiera.. que le dio unos seis meses terribles y le hizo despe¬ñarse en su automóvil por un precipicio en un arranque de desesperación.. Todo el mundo espera recibirla como si fuera un derecho. como . hay una moda.. —Y luego se le ocurre casarse con ese Lewis Serrócold.. hubiera vuelto a su lado. hay una moda para esas cosas. —dijo la señorita Marple. también hay moda para la filantropía.. Cogió unas pinzas para arrancarse un pelo de la ceja. y no se preocupa mucho de ella cuando ya la tiene. Si vieras los ojos de Lewis Serrocold brillando a través de sus gruesos lentes. La señora Van Rydock hizo una pausa.. como debe ser. que les agradaría vivir comiendo una banana con tostada. tuvo que casarse con la yugos¬lava. —Quisiera saber. pero ahora ya pasó a la historia. creo que sí. Todo el mundo se interesa por ellos. La Delincuencia Juvenil es lo que se lleva ahora.. Ella es tan dulce. Y Carrie Louise se entusiasmó. ¡Otro maniático! ¡Otro idealista! Oh. Se mostró dispuesta a divorciarse para que él pudiera casarse con aquella mujer. lo mismo que para los vestidos. naturalmente.. y poner todas sus energías al servicio de una causa. ¿has visto lo que Christian Dior quiere que llevemos como faldas?) ¿Dónde estaba? Ah. En tiempos de Gulbrandsen fue la educación. —Sólo que. y tomando un espejo de mano escudriñó su rostro. (Querida.de él aquella horrible yugoslava con la que se fugó.. ¡Está loco de entusiasmo! Es uno de estos hombres de voluntad extraordinaria. —Eso es lo más curioso. Y el pobre Juan.

No te puedo decir el qué. analistas y entusiastas. en la casa. viviendo en un pueblecito tan apacible como el tuyo.. —¿Yo? —exclamó la señorita Marple—. con psiquiatras. ¿Por qué he de ser yo? —Porque tienes un buen olfato para estas cosas... Juana. la mitad de ellos completamente locos. ... psicólogos y todo eso. Se reunieron todos los simpatizantes y han convertido la casa en un establecimiento para reformar a esos jóvenes delincuentes. —Lo peor es tan a menudo la verdad —murmuró la señorita Marple. y Carrie Louise.. —No puedo imaginar cómo tienes una idea tan pobre de los seres humanos.. ni pensar en nada que no sea un paisaje. Lewis está viviendo para sus ideales sin darse cuenta de nada más. Dios la bendiga. les hice una visita muy corta. y. ¿Te he dicho alguna vez que hice que Julio vendiera sus acciones de Cereales Amalgamados antes de que llegara la baja? ¿Y no tuve razón? Sí. de tan viejas y puras costumbres. Lo noté en el ambiente. Siempre fuiste una criatura de as-pecto inocente. sin embargo. Sé que no me equivoco.siempre. —¡Ya te he dicho que no lo sé! Y eso es lo que me preocupa.. Se detuvo y miró a la señorita Marple. esperando su comentario. Acabo de venir de allí. nada te sorprendió nunca.. Pero no me gusta. Y mi pobre Carrie Louise en medio de todo eso.. Juana. siempre lo he sido. y quiero que tú.. Y la casa llena de médicos. siempre piensas en lo peor. Juana. pero ésta se limitó a manifestar: —Todavía no me has dicho qué es lo que temes en realidad. pero me di cuenta de que algo anda mal. Allí ocurre algo.. vayas en seguida y averigües de qué se trata.. Soy muy sensible para estas cosas. Siempre lo tuviste. un sonido o una idea encantadora. Y allí están Lewis y Carrie Louise viviendo rodeados de esos muchachos. sin ver ni oír otra cosa.. Es muy dulce. allí ocurre algo raro. pero no es práctica. que tal vez no sean del todo normales.

—Nunca has vivido en un pueblo. Ruth? Ha sido una idea muy ingeniosa y verosímil. El caso es que le dije a Carrie Louise que las cosas se habían puesto muy mal para ti. ¿por qué iba a enfadarme contigo. Juana. sí. Carrie Louise no sabe nada de él. —Oh. Lo que digo es que a ti no te sorprenden.. querida Ruth eso será muy difícil. La señora Van Rydock miró inquieta a Juana y encendió un cigarrillo poco antes de dar las explicaciones. —Oh. La señorita Marple abrió sus ojos de azul porcelana con agradable sorpresa. —Tendrás que admitir que las cosas se han puesto difíciles en este país después de la guerra para las personas de escasas rentas. desde luego. Es probable que te sorprendieran las cosas que ocurren en un pueblecito tan apacible. no sé en realidad qué sería de mi persona. —Pero. para personas como tú. enfádate si quieres. . —No me importa tu sobrino —repuso la señora Van Rydock—... Que algunas veces apenas comías lo suficiente y que eras demasiado orgullosa para pedir ayuda a las viejas amigas. A no ser por la amabilidad de mi sobrino Raymond. es decir.. o si ha oído hablar de él sólo le conoce como escritor y no tiene idea de que sea sobrino tuyo. no lo es. sin molestias ni preocupaciones —Ruth hizo una pausa y agregó desafiándola—: Ahora. ¿querrás? —Pero.. por lo que no era prudente ofrecerte dinero.. Si no te enfadas conmigo te diré que ya he preparado el terreno. Ya lo he pensado. pero sí una temporadita de descanso en los alrededores. eso no tiene nada de particular. Ruth.. —No.. con una antigua amiga y buenos alimentos. Estoy segura que Carrie Louise responderá.. Por eso quiero que vayas a Stonygates y averigües qué es lo que no anda bien.

Ruth Van Rydock la miró extrañada.. —¿Pero por qué? ¿Qué es lo que has oído? —Nada.—Te ha escrito. estaba sentada detrás de Grace Lamble y comencé a preocuparme más y más por ella. era el segundo domingo de Adviento. Tú no eres una mujer imaginativa. Lo sé. Es por tu convicción. más o menos fingida? En absoluto. sin poder decir por qué.. Se fundaba en un hecho. Juana.. Su padre le . Esto era muy significativo. Llevaba el sombrero mal puesto.. Casi la mata. y yo también me siento inclinada a creerlo. —¿Y tú tuviste ese presentimiento aquel día cuando la viste en misa? —Yo no lo llamaría así... Ruth.. pero no tengo nada en qué basarme.. bastante malo.? Vacilaba y fue Juana Marple quien continuó la frase... llevaba una temporada muy raro. aunque no sabemos reconocerlas a su debido tiempo. y al día siguiente se abalanzó sobre ella con un martillo.. si es necesario. —¿. —¿Y le ocurrió algo? —Oh. sí.ir a Stonygates invitada por caridad. porque Grace Lamble era una mujer muy metódica.. Era un sentimiento perturbador y muy definido. el viejo almirante.. Se lo llevaron a un manicomio y ella se repuso después de una larga temporada de tratamiento en un hospital.. Tú lo crees necesario... gritando que era el Anticristo.. —Recuerdo —dijo pensativa la señorita Marple—.. sin embargo. completamente convencida de que le ocurría algo.... —No. Encontrarás la carta cuando regreses. y. Su padre. ¿no crees que me he tomado una libertad imperdonable? ¿No te importará.. y nada distraída. esas cosas suelen ocurrir así.. y las circunstancias que hicieron que no se diera cuenta de cómo llevaba el sombrero fueron muy importantes. un domingo por la mañana en misa. La verdad.

que no le dio. Sin embargo. eso es todo.. —¿Para que tú averigües lo que anda mal? —Sí. Los síntomas habituales. a pesar de que debía haberse dado cuenta de ello claramente. Ella cogió el sombrero a toda prisa y se lo puso antes de salir corriendo. pero rompió el espejo. Mary Mead no sea un lugar tan idílico como yo había imaginado —dijo. al dejar que crean que no me ayuda. Sólo puedo asegurarte que haré lo posible por justificar tu confianza. estás muy segura de ti misma. Y en ese tiempo ya habrá terminado todo. En una ciudad es más difícil observarlos de cerca. ahora está en México. no se daba cuenta de que el viejo había perdido el juicio.había arrojado un pisapapeles de mármol. CAPÍTULO II . —¿Irás a Stonygates? —Iré. quiero decir. querida. —Tú lo estás de mí o eso es lo que has dejado entender. —Es posible que St. —Los seres humanos. —¿Qué es lo que habrá terminado? —La invitación de Carrie Louise no será aceptada por tiempo indefinido. —Querida Juana. ¿no es cierto? La señorita Marple la miró con reproche. son iguales en todas partes. Será suficiente. donde pasará seis meses. Siempre se quejaba de que le espiaban y creía que todos eran enemigos. Atribuía estas acciones al «temperamento naval del pobre papá». puede que un mes.. Tal vez sea un poco ingrata con mi sobrino Raymond. Tres semanas. Ruth miró a su amiga con respeto. para guardar las apariencias delante de los criados.

De haber ocurrido antes.. Mary Mead (los viernes el billete era más económico). de un modo preciso y llena de interés. tengo entendido que eso ocurre muy a menudo. no sé si me comprendes.. por así decirlo... Juana. ya sabes que Carrie Louise se casó con Gulbrandsen. pero de facciones .. Pero continúa. Gulbrandsen era viudo y tenía tres hijos mayores. si es que lo supe alguna vez.. La señorita Marple asintió. —De todas maneras. Se parecía a los Gulbrandsen. la señorita Marple... Por eso quisiera. que eran muy dignos y fuertes. ahora no lo recuerdo.Antes de coger el tren de regreso a St... —¿De dónde procedía? ¿Quiénes eran sus padres? —La verdad. quiso conocer algunos datos. Pippa la llamaron... y Carrie Louise sintióse desconcertada. querida Ruth. por favor. Sólo tenía dos años cuando la llevaron a su casa. —Lo que sé de lo que ocurrió a continuación es que Carrie Louise descubrió que después de todo iba a tener un hijo... No tuvieron hijos y ella lo tomó muy a pecho. Con el tiempo adoptaron una niña. pero puede decirse que nos hemos limitado a felicitarnos las Pascuas. Cuando nació Mildred. —Carrie Louise y yo hemos mantenido cierta correspondencia. a una siempre le gusta conocer la procedencia. ¿Por qué? ¿Crees que eso es importante? —Bueno. que me dieras una idea exacta de las personas que puedo hallar en esa casa de Stonygates. así fue. una criatura encantadora. por así decir. o puede que tuvieran conocimiento de alguna criatura a quien sus padres no querían. —Eso creo. —Bien... Tal vez de un orfelinato. pero entonces había entregado su cariño a Pippa y le pareció que aquello la desplazaba.. era realmente una niña muy poco atractiva.

que yo creo que tendía a inclinarse hacia Pippa. Carrie Louise contrajo matrimonio con Lewis. Le llevaba unos diez o quince años. inmensamente rica. un hombre agradable y propenso a los resfriados de cabeza. A los veinte.. Los muchachos siguieron yendo a Stonygates a pasar los fines de semana.ordinarias. Oh. Mildred contrajo matrimonio con un pastor protestante llamado Strete. No obstante. El marqués contrajo nuevas nupcias y no puso resistencia a que su hijita fuera educada en Inglaterra por su abuela.. Eric Gulbrandsen murió cuando Mildred tenía quince años y Pippa dieciocho. —¿No conoces a Lewis? . y en Roma conoció a Juan Restarick y se casó con él. Carrie Louise iba y venía de Italia con cierta frecuencia. Pippa creció convirtiéndose en una muchacha muy hermosa. yo no los veía muy a menudo. me he dejado un par de bodas. Él murió hace un año y Mildred ha regresado a Stonygates para vivir con su madre. y Mildred siguió siendo fea. Alexis y Esteban (la primera mujer de Juan fue una rusa) y la pequeña Gina. no un aventurero. Volveré atrás. Carrie Louise procuró siempre que no hubiera diferencias entre su verdadera hija y la adoptiva. ¡ya sabes cómo son los italianos!) Gulbrandsen dejó una cantidad en custodia para su hija igual a la de Pippa. desde luego. un marqués auténtico. ni nada parecido. Un año después Pippa falleció al dar a luz una niña. Carrie Louise estuvo muy contenta con ese enlace. Pero voy demasiado deprisa. apreciaban mucho a Carrie Louise. Creo que fueron felices. tanto.. y el divorcio.. Luego vino todo aquel asunto de Juan y la yugoslava. y algunas veces sospecho que Mildred se daba cuenta de ello. Fue una tragedia terrible y Guido di San Severiano quedó abatidísimo. Mildred se casó poco después con el pastor.. Ella llevaba camino de convertirse en una heredera (naturalmente. y en 1938 me parece.. y además un excelente deportista. La señora Van Rydock hizo una pausa. Así que se instalaron todos en Stonygates: Juan. de otro modo San Severiano no se hubiera casado con ella. Pippa se casó con un italiano. Pippa se casó con un italiano.. Guido era guapo y educado. el marqués de San Severiano.

—Eso está bien. descubriendo jovencitos que con gran astucia habían perpetrado fraudes. . Alimentando el cuerpo se conseguía alimentar la inteligencia. el Trust Gulbrandsen y el Instituto de Educación encontraron dificultades. Fue muy agradable y me llevó al Covent Carden. Recuerdo. con su en¬tusiasmo apasionado por la enseñanza y la reforma de los delincuentes jóvenes. a la ópera. Se fue con¬venciendo más y más de que los jóvenes delincuentes no eran normales. anteriormente las cocinas donde se re¬partía sopa.—No. Es¬taba completamente sugestionado por la idea de redi¬mir a los jóvenes delincuentes. también hay mo¬das en la filantropía. Ruth Van Rydock suspiró. —Sí. —Como acabo de decirte. —Oh.. En lo futuro presumo que la moda será no educar a los niños y con¬servarlos en su ignorancia hasta los dieciocho años. En tiempos de Gulbrandsen fue la educación... Era de su misma edad.. un hombre de vida intachable. Lewis era la persona más adecuada para casarse con ella. De todas formas. Bien. Primero debió dedicar su aten¬ción a este asunto durante el ejercicio de su profesión. creo que la última vez que vi a Carrie Louise fue en 1928. pero un maniático. La señorita Marple asintió con la cabeza.. Se les llevaba a los enfermos vino de Oporto. Todo el mundo volvióse loco por la educación de las clases modestas. Juana. sí. Mi ma¬dre solía hacerlo. Pero no es completamente cierto. Entonces llegó Lewis. pues el Estado iba asumiendo su tarea. desde luego. jalea y caldo de cabeza de ternera.. —Puede que haya algo de eso —repuso la señorita Marple—. y que únicamente necesitaban ser bien dirigidos para que resultasen útiles a la sociedad. que tenían cerebros privilegiados y rara habilidad.. intervención de cuentas. Era el director de una conocida firma: el Instituto de Contables. Tengo entendido que primero se conocieron por cuestiones financieras del Trust Gulbrandsen y el Colegio...

Ruth Van Rydock apresuróse a decir: —¿Pero irás a Stonygates? Mientras recogía su bolso y el paraguas la señorita Marple... peor vestida que de costumbre. un maletín de cuero deslucido y varios bultos hetero¬géneos. Un viajero muy amable la ayudó a bajar las maletas.! Voy a perder el tren de las seis treinta... ¿Irás? ¿Me lo prometes. Me atolondro tanto cuando viajo.. Dios mío. mirando su reloj. e iba a salir inmediatamente. Market Kindle era una gran estación desierta y ba¬rrida por el viento. Balbuceó ciertas frases de agradecimiento: —Es usted muy amable. por suerte no había regalado todavía aquel traje viejo.. La señorita Marple. CAPÍTULO III La señorita Marple se apeó del tren en la estación de Market Kindle. Juana? Juana Marple lo prometió.Se interrumpió. Tenía seis andenes.. en uno de los cuales había un tren con un solo vagón cuya máquina dejaba escapar el vapor para darse importancia. le contestó: —Si Carrie Louise me invita. una cesta de mimbre.. Es tan difícil hoy en día. no hay muchos mozos.. . miró indecisa a su alrededor y vio a un hombre joven que iba a su encuentro. Sus palabras quedaron ahogadas por los altavoces que anunciaban que el tren de las tres diez estaba en el andén 1. —Te invitará.. —¡Oh.

—¡Estos empleados se ponen cada día más imposi¬bles! —dijo el joven. Sus párpados se abrían y cerra¬ban incesantemente debido a un tic nervioso. dándose importancia. casi insignificante. podríamos de¬cir. como si el pro¬nunciar su nombre formase parte de un papel que re¬presentara en una función de aficionados—. tuvo cierto resabio teatral. —Lleve todo esto a Stonygates... Observó que el joven hizo una seña a un mozo que pasaba con un carrito lleno de bultos y maletas. —Oh. haga el favor —le dijo. Y de nuevo su expresión no fue del todo convincen¬te. —En seguida. para recibirla. La señorita Marple le miraba agradecida. se presentó: —Soy Edgar Lawson.. Vengo de Stonygates.—¿La señorita Marple? —preguntó aquel joven. Su voz tenía un tono teatral inesperado. dando la impresión de una anciana encantadora e inofensiva con unos ojos azules muy picaros. Mientras guiaba a la señorita Marple hacia la sali¬da. La señorita Marple tuvo la impresión de que a su nuevo conocido no le agradó demasiado aquella con-fianza. cuya personalidad no estaba de acuer¬do con su voz. Soy el ayudante del se¬ñor Serrocold. La señora Serrocold me ha pedido que viniera a buscarla. como tuvo ocasión de observar el joven. No tardaré —repuso el mozo alegre¬mente.. Sólo traigo este equipaje. .. había dejado a un lado su trabajo para atender caballerosa¬mente un encargo de la esposa de su jefe. Y de nuevo percibió la ligera insinuación de que un hombre importante y tan ocupado como él era. Era menos importante. gracias —repuso la señorita Marple—. La señorita Marple comenzó a hacer cabalas sobre Edgar Lawson.

Un «Rolls Bentley» de dos plazas. Una joven muy bonita se apeó del coche para acercarse a ellos. Mirando hacia atrás. —Escuche. —Oh. nuevecito. —Hola. Gina se echó a reír. De nuevo volvió a lucir la muchacha su dentadura en una sonrisa indolente. y los abrigos. Yo la llevaré. Ya veo que ha recogido a la señorita Marple.. pero de pronto se me ocurrió venir yo. Carrie Louise es mi abue¬la. ¿Cree de veras que le ha importado? . Yo he venido a recoger a la seño¬rita Marple. querida. Edgar enrojeció protestando. —Edgar es un tonto. —¿Quiere sentarse delante conmigo o prefiere ir detrás? —le estaba diciendo cuando sufrieron una inte¬rrupción. Edgar. —No creo que esto le haya gustado al señor Lawson. Gina.. De un salto se colocó ante el vo¬lante y arrancó a toda marcha. ¿Qué tal viaje ha tenido? ¿Muy malo? ¡Qué cesta de mimbre más bonita! Me encantan las cestas de mim¬bre. ya lo sé. llegaba a toda velocidad y se detuvo delante del «Ford». la señorita Marple pudo darse cuenta de la expresión de Edgar Lawson. así podrá subir al coche con más comodidad. Siempre quiere dar importan¬cia a las cosas. Edgar. Así lo dispusimos. Vine a buscarla —sonrió mostrando una hilera de dientes perfectos que resaltaban en su rostro tostado por el sol—. La llevaré en mi coche y usted puede esperar y recoger las maletas. Soy Gina —dijo a la señorita Marple—.Salieron de la estación y el joven la acompañó has¬ta un «Ford» ocho cilindros bastante destartalado. Cerró la portezuela tras la señorita Marple y corrió a subir por el otro lado. Llevaba pantalones de pana y camisa de cuello abierto. Creí que no llegaría a tiempo.

—Debió de ser hace mucho tiempo —dijo la mu¬chacha con asombro y sin intención de molestar. y eso no es lo más propio en la viuda de un pastor. ni tampoco a la señorita Bellever. Algunas veces creo que yo tam-bién voy a volverme loca viviendo aquí. abuelita. Lo dice más por mí que por su abuela. los muchachos. No me refiero a Lewis. ¿verdad? Una vez dejaron atrás la estación. todos los de Stonygates —repuso Gina—. de todas formas todos están locos. ni a mí. Oh.. ¿no es así? Gina asintió: —Es curioso que usted diga eso. —¿Locos? —Sí. A las chicas de hoy les cuesta creer que las vie¬jas fueron jóvenes alguna vez. —¿A Edgar? —la voz de Gina y su risa tenían una nota de crueldad inconsciente—. —Hace mucho tiempo que no la he visto. pero sí a los otros.. Gina dirigió una mi¬rada dé soslayo a su compañera. naturalmente. Úl¬timamente ha empeorado . —Sí. —Usted fue al colegio con la abuelita.. desde luego. Incluso tía Mildred habla sola cuando se pasea. la abuelita. da la sensación de no tener edad. ¿verdad? ¡Qué extraño me parece! La señorita Marple supo muy bien lo que Gina quiso decir..—¿Es que no le importa? —quiso saber. —Tiene el cabello gris. naturalmente —dijo Gina— y camina con un bastón a causa de su artritismo. que llevaron tirabuzones y tuvieron que luchar con los decimales y la literatura. pese ya a sus años. enfilaron una ca¬rretera perfectamente pavimentada. Me pre¬gunto si la encontraré muy cambiada. Ya sabe..

Los jóvenes delincuentes son muy animados. —Estoy segura de que es un problema muy difícil —-dijo la señorita Marple. varios trucos para engañar a la gente.. Claro que Lewis y el doctor Maverick creen que todos lo son. —Es el tipo de criminal que más me gusta —dijo Gina—. el señor Lawson.. Pero también es divertido en cierto modo. claro.mucho.. de rostro angelical. sólo que peores. ¿Es su secretario? —Oh.. —La verdad es que resulta algo horrible —repuso Gina alegremente—.. y otro niño. por lo menos algunos. Edgar no tiene inteligencia suficiente para ser su secretario. Sólo que todo está desquiciado y uno se tropieza a cada momento con psiquíatras que se divierten de lo lindo. Uno me enseñó a abrir los cerrojos de las puertas con un trozo de alambre. Supongo que. La señorita Marple consideró en silencio aquellos informes.. —A mí no me preocupa gran cosa. Una especie de monstruosidad gó¬tica. he oído decir muchas co¬sas de él. debido a deseos reprimidos y la vida desorde¬nada de sus hogares. Me figuro que algunas personas tienen esa especie de obsesión por conseguir un mundo mejor. Gina volvió a reír. —in¬terrumpióse y preguntó—: ¿Ha estado en Stonygates? —No. porque muchas personas llevan una vida terrible en sus casas y no obstante logran salir adelante muy bien. Lewis está completamente dominado por esa idea.. Yo no lo compren¬do. Son bastante parecidos a los profesores de los boyscouts. Solía hospedarse en los ho¬teles haciéndose pasar por una personalidad o un piloto de guerra. que sus madres abandonaron por irse con los soldados. nunca. Me dijo que ayuda al señor Serrocold. Va a ir a Aberdeen la semana próxima para presenciar el juicio contra un muchachi¬to con cinco pruebas de culpabilidad. —¿Y ese joven que vino a esperarme a la estación?. enseñando su espléndida denta¬dura. Los estrambóticos no me resultan simpáticos. pedía dinero prestado y .... Pero. etcétera.. Es un caso.

Abuelita está en la terraza. Tomaron una curva y apareció Stonygates en todo su esplendor. Gina dijo: —No había jardineros durante la guerra. Les da trabajo y hace todo lo necesario para estimular su sentido de la responsabilidad. A distancia la menuda figura parecía casi infantil. y luego ya no nos hemos vuelto a preocupar. Pararé aquí y usted puede ir a su encuentro. todavía joven. eso tiene un aspec¬to salvaje. —¿Horrible. Con fines filantrópicos se le añadieron varias alas y construcciones anexas. no? —dijo Gina—. . cosa que parecía imposible. le habían robado cohesión y armonía. inconfundiblemente era Carrie Louise. Apenas al¬go cambiada. La señorita Marple no acertó a sonreír. Era. Pero Levvis emplea con to¬dos el mismo sistema. El camino estaba en malas condiciones y los par¬terres descuidados. Pasaron por una puerta de hierro impresionante. donde un portero hacía guardia de pie en actitud mar-cial y recorrieron una avenida bordeada de rododen¬dros. Interpretando los pensamientos de su compañera. —Juana —dijo la señora Serrocold. Era como si una jovencita estuvie¬ra imitando con exageración a una anciana. —Mi querida Carrie Louise. una especie de templo de la pluto¬cracia. un vasto edificio gótico Victoriano. Creo que es un indeseable.. como bien dijo Gina. ya que. La señorita Marple avanzó por la terraza al encuentro de su antigua amiga. Me atrevo a decir que cualquier día seremos asesinados por cual¬quiera de ellos. —Gina rió alegremente.. Les hace sentirse como de fa¬milia. que aunque no consiguie¬ron disimular su estilo. Sí. a pesar del bastón en que se apoyaba y de su marcha lenta y dificultosa..luego salía huyendo. contrariamente a su hermana. no usaba cosmé¬ticos ni artificios para rejuvenecerse.

. Gina gritó: —Tienes que entrar. de nariz arrogan-te. Sus ojos conservaban su mi¬rada franca e inocente. y tengo muchos. Tal vez le suceda lo mismo a todo el mundo. El espejo les dice lo viejos que son y ellos no quieren creerlo. —¿Y tú no te sientes vieja? —No. Su cutis seguía siendo blanco y sonrosado como el pétalo de una flor.Sus cabellos eran grises. cabello corto. . y Jolly se pondrá furiosa.. que esté usted fuera hasta tan tarde. Hace años que no te veo. en mi interior me sigo sin-tiendo una jovencita como Gina. Me alegro que al fin hayas venido a hacernos una visita. A pesar de todos mis achaques y do¬lores. pero siempre los tuvo rubio ceniza y el color apenas había cambiado. Es incapaz de cuidar de sí misma. que dijo iracunda: —Es una locura. Está refrescando. querida Juana. Entraron en la casa por una puerta lateral. —Se preocupan tanto por mí. —No sabes cómo me reprocho el no haberte llama¬do antes —le dijo Carrie Louise con su dulce voz—. Juana. Cara. ¿Qué dirá el señor Serrocold? —No me riñas. ¿Te acuerdas de fraulein Schweich y sus botas? Las dos ancianas rieron juntas comentando sucesos que tuvieron lugar casi medio siglo atrás. Jolly —le dijo Carrie Louise mimo¬sa antes de presentarla a la señorita Marple. que no hacen más que recordarme que soy una vieja. Desde el extremo de la terraza. abuelita.. Allí se reunieron con una mujer ya mayor.. Su figura era esbelta y como la de una niña y aún ladeaba la cabeza como un pájaro... aunque ahora estuviera arrugado. Me parece que hace sólo unos pocos meses que estábamos en Florencia. delgada y vestida con un traje sas¬tre de buen corte.. Carrie Louise dejó de oír su risa cristalina.

Ésa fue su desgracia. Y agregó. aunque siempre nos escribíamos. pero alegraba la casa. señorita Marple? —Sí. que según la señorita Marple de-bían contar unos cincuenta años. volviendo bruscamente a sus modales prácticos: . decía que era una muestra perfecta de la época. ama de llaves y una amiga de verdad. que lo es todo para mí. hizo instalar diez cuartos de baño en la casa. Jolly. claro que no es posible. No quería ni oír hablar de tocar lo demás. y la cama tenía cua¬tro columnas. Julieta Bellever aspiró con fuerza. La señora Serrocold y yo nos hemos visto muy raramente. secretaria. por favor. El cuarto azul tenía pesados cortinajes de rico bro¬cado azul desvaído. No era el tipo de Cara. Creo que hoy lo tomaremos en la biblioteca.—Ésta es la señorita Bellever. y la punta de su nariz enrojeció.. de color orquídea y con muchos detalles cromados. ¿Dónde vas a instalar a la señorita Marple? —En el cuarto azul. No es posible organi¬zar un plan ni seguir una rutina. El llevar esta casa es algo terrible. —Querida Jolly. Es lo úni¬co que se ha reformado. desde luego! Un indeseable.. Niñera. Y luego hágala bajar para to¬mar el té. ¡No era bueno. —Era un hombre muy agradable —dijo la señorita Bellever—. ¿Quiere que la acompañe arri¬ba. y comentó: —Juan Restarick. gustaba a las mujeres. ¿No le conoció? —No. Los muebles eran de caoba sólidos y de gran tamaño. evidente señal de intensa emoción. Me pregun¬to cómo lo intentas siquiera. casi demasiado. cuando se casó con Carrie Louise. —Hago lo que puedo —repuso con aspereza—. también de caoba. Tenía un gran encanto. La señorita Bellever abrió una puerta que daba a un cuarto de baño inesperadamente moderno.. cancerbero.

. Una gran ventana daba a un lago artificial. —Sí. cansa andar des¬de la cama al tocador. Había unos catorce salones. Juana Marple volvió al cuarto de baño para lavarse las manos.. Al abrir la puerta. ¿Desea lavar¬se antes de tomar el té? Después de recibir una respuesta afirmativa. Carrie Louise estaba de pie junto al ventanal y la señorita Marple fue a colocarse a su lado. La verdad. Esas cosas no importan en realidad. —Esta casa impresiona —le dijo—.—La camarera le deshará las maletas. encontró que la señorita Bellever la estaba esperando. No tardó en arruinarse. es ridícula. —¿No lo has reformado y vuelto a decorar? Carrie Louise pareció sorprenderse. Claro que se ha vuelto a pintar. la cual la acompañó por la tétrica escalera y el amplio y oscuro vestíbulo hasta una habi¬tación donde las estanterías de libros cubrían las pare¬des. me lo figuro. Casi me siento perdida en ella. y se las secó algo nerviosa en una toalla de color orquídea. En conjunto está casi igual a como estaba cuando vivía Eric. Nunca he comprendido para qué necesita la gente más de una sala. pero siempre del mismo color. o algo así. Fue edifi¬cada por un herrero muy rico. ¡Cuánto espacio in¬necesario! Mi cuarto es imponente. No me extraña. dijo a la señorita Marple que la esperaría al pie de la escalera. todos enormes. Y esas cortinas tan pesadas de terciopelo granate. —¿No se ha hecho ningún cambio en toda la casa? . Luego se atusó sus suaves cabellos blancos y retocó la posición del sombrero. ¿no te parece? Quiero decir que no me hu¬biera parecido bien gastar el dinero en esto cuando hay tantas cosas mucho más importantes. —No.

Es muy agrada¬ble volverla a tener aquí. —¡Pobre Ruth! —suspiró Carrie Louise—. ¿No te ha hablado de ella? —No. La señorita Marple contempló las grandes construc¬ciones de ladrillos rojos que se divisaban a través del cinturón de árboles. Pero le he dicho una y otra vez que yo no se lo reprocho en absoluto. y una semana más tarde se casaron. Sólo hemos conservado la parte central tal como estaba. mi segundo esposo.. La envié a América a principios de la guerra. pero así es como ocurren las cosas hoy en día. Ahí es donde están las mejores y Juan. —Sí. Era un marino con una buena hoja de servicios. pero hay que aceptar sus decisiones.. Ruth se disgustó mucho. junto a Ruth.. o van desapareciendo. Los chi¬cos están en el edificio que llamamos Colegio. el Gran Vestíbulo. Todas las habitaciones fueron divididas para poder instalar ofici¬nas y dormitorios para los profesores y demás. Estaba te¬rriblemente preocupada por la boda de Gina... No obstante. sí. Luego sus ojos se posaron en algo más cercano y sonrió. las habitaciones que hay alrededor y las de encima. Puedes verlo desde aquí... Ruth no comprende.. Claro que todo fue de¬masiado rápido. Nosotros podemos considerar equivocada su manera de proceder... y dijo que nunca consenti¬ría que se tocasen o cambiasen. y no tuvieron tiempo para ver si con¬geniaban. Los jóvenes pertenecen a esta generación. como yo.. Pero las alas este y oeste han sido completamente reformadas.. —Gina es una mujer encantadora —dijo. y él era un artista dibujante entendido en estas cosas.. El rostro de Carrie Louise se iluminó. —¿No le agradaba ese marino? .. Se limitó a mencionarla.. cuando conoció a su marido.. que las anti¬guas barreras y diferencias de clase han desaparecido.. ¿verdad? —dijo suavemente—.—Oh. muchísimos. estaba encantado con ellas. Gina efectuaba su prestación a los servicios de guerra..

Son muchachos que llevan una vida de hogar des¬graciada. y representamos comedias. a representarlas y a dibujar y pintar los decorados. y si Walter quiere especializarse en medicina o graduarse. pues se ocupa de las representaciones dramáticas. Es¬teban es el encargado del teatro. Cuando Juan. —Hubo cierto em¬barazo en la voz de la señora Serrocold—.. Resulta maravilloso la vida que pone en su cometido. el hijo menor de Juan Restarick.. Pero no era ésa la idea que Ruth tenía del hombre conveniente para Gina. Vino del Oeste medio y no tenía dinero.—Todavía sigue diciendo que nadie sabe nada de él. Les animamos a escribir ellos mismos las obras. Sabes. para fo¬mentar sus aficiones artísticas. los muchachos no tenían dónde pa¬sar las vacaciones. —Ya —repuso la señorita Marple distraídamente. La señorita Marple asintió con la cabeza y volvien¬do a mirar por la ventana. ¡No me ex¬traña que Gina se enamorara de él! —Oh. Su vista seguía siendo excelente (como muchos de sus vecinos pudieron comprobar a su pesar en el pueblecito de St. trabajos de toda clase. A la muchacha no . cerca del lago.. Mary Mead) y vio claramente el hermoso rostro moreno de Esteban Restarick reflejando entu¬siasmo mientras miraba a Gina. cuando se marchó. ni profesión. y sus atracos y robos les hacen sentirse hé¬roes.. te¬nemos un teatro. Sin embargo.. Es inteligente y un entusiasta. contempló a la pareja de jóvenes de pie. —Hacen una pareja estupenda —dijo—. Es delicioso que esté aquí... u ob¬tener algún título. Y ahora Esteban vive siempre aquí. Ese es Este¬ban.. ese no es Wally. Lewis dice que muchos crímenes de los jóvenes son debidos al deseo de exhibir¬se.. Después de todo. alegre y llena de vida. ésta es la casa de Gina.. naturalmente.. Hay cientos de muchachos así por todas partes. por eso los tuve aquí.. Están como en su casa.. una persona tan cariñosa. pero ese.. ¡Me alegré tanto cuando Gina aceptó mi invitación para que viniera con su esposo! Aquí hay mucho que hacer.. ya no te¬nía remedio. puede hacerlo en este país....

Pero la historia de siempre. Y yo creí realmente que tenía intención de enmendarse esta vez. querida —le dijo—.. . no hemos sabido dar con la raíz de su problema... Ruth había dicho una vez hablando de él que. —No es asunto mío —dijo la señorita Marple—. entró su esposo en la habitación con algu¬nas cartas abiertas en la mano. no. Carrie Louise. y Maverick y yo estuvimos de acuerdo en que si le conseguíamos un empleo en los ferrocarriles.. CAPÍTULO IV ANTES de que la señora Serrocold pudiera contes¬tar. Pero no me doy por vencido. si le daba una oportunidad.po¬día verle la cara. Parecía deseoso de hacerlo.. —Una mala noticia. Ese mucha¬cho. puesto que estaba de espaldas. Eso de¬muestra que debe ser cosa psicológica. no. —Oh. Robos in¬significantes en los paquetes de las oficinas. más que un hombre. Realmente.. Ya sabes que descubrimos su afición a los ferrocarri¬les. ha vuelto a las andadas. —Tú siempre estás en las nubes. lo des¬empeñaría bien. Oh. Ni siquiera cosas que pudiera vender o deseara para sí. pero me figuro. Lewis Serrocold era un hombre de corta estatura. sin prestar atención a los objetos o personas que le rodea¬ban. Jackie Flinta. —Lewis. —Carrie Louise pareció preocupada—.. Carrie Louise. pero con una personali¬dad que le hacía destacar inmediatamente. sin ningún rasgo sobresaliente. Solía concentrarse en sus ideas. que te habrás dado cuenta de que está enamorado de ella. Espero que no. pero la expresión de Esteban Restarick no daba lugar a du¬das. parecía una dinamo. ésta es mi antigua amiga Juana Marple.

Siempre dije que lo único que necesitaba era sentirse responsable. Vino de una casa incalificable. —De todas formas. me alegro que haya venido a pasar una temporadita con nosotros. dejar que lo manejen oficialmente. listan muy satisfechos con él y van a ascenderle el mes que viene.. Yo. La señorita Marple pudo apreciar su magnetismo y comprendió lo atractivo que debía resultar para su amiga.. Esperamos que esté usted mucho tiempo entre nosotros. Un muchacho agradable. Esto es algo triste para ella.? Restregándoselo por las narices.. con esas historias tan deprimentes de esos pobres niños. también hay alguna buena noti¬cia. Pudo resultar irritante para algunas mujeres.. claro —volvió a su idea—. De pronto se interrumpió... . un cargo de auténtica responsabilidad. señorita Marple. Darles habilidad y luego responsabi¬lidad. o a la cárcel. Se volvió a la señorita Marple. ¿cómo diría. aritmética.. no dema¬siado inteligente. A Carolina le encantará tener una amiga de los viejos tiempos con quien intercambiar recuerdos. por así decir...—Oh.. distraído—. se les puede curar. Tanto gusto. enseñándoles contabilidad.. Para ellos representa el poder ir al cine. —La mitad de esos muchachos no saben lo que es el dinero.. Le llevarán a juicio. No dudó ni por un momento que Lewis era de esos hombres que saben plantear los asuntos ante la gente... Ésta es del Banco Somerset de Wilshire. Uno es el pri¬mer cajero de una sociedad de droguerías.. eso. Lewis Serrocold agitó otra carta.... yo creo que.. pero realmente un chico simpático.. sólo dos casos nos fallaron entre treinta y ocho. y les parece excitante el saberlo escamotear... ¿cómo está usted? —dijo el señor Serrocold... —Vaya. y la dinamo se dirigió a la invitada.. Bien.. pero no para Carrie Louise.. enseñándoles toda la poesía del dinero.. saber manejar dinero y lo que esto significa. Morris se está portando muy bien.. Nuestros grandes éxitos los obtuvimos de este modo..

unas blancas.. de cualquier manera. querida. dos tarros de merme-lada y algunos pasteles baratos y de mal aspecto. Parecían muy animados. —No. Una mujer de mediana edad y cabellos grises esta¬ba sentada junto a la mesita del té. Tenía todo el aspecto de esa clase de viu¬das. en el vestíbulo. —Creí que iba a ser aquí.Interrumpiéndose para decir a su esposa: —Tomaremos el té dentro. que de-bían ser restos de juegos de Rockingham y Spode. . Era una mu¬jer fea. Ha¬bía también una barra de pan. No la has visto desde que era una niña muy chiquitína. respetable pero ligeramente aburrida. Mildred Strete era la persona más en consonancia con aquella casa que la señorita Marple pudo imaginar. Los demás están allí. no vista hasta entonces. Daba la impresión de ser muy seria y desgraciada. diciendo: —Ésta es Mildred. y la señora Serro-cold la presentó. Se había casado cerca de los cua¬renta con un pastor de la Iglesia Anglicana del que aho¬ra era viuda. Wally era un mocetón robusto con el pelo cortado como un cepillo y expresión huraña. Entonces entró Gina acompañada de Esteban Restarick. Las tacitas estaban amontonadas en una bandeja. de rostro grande e inexpresivo y mirada triste.. Carrie Louise tomó del brazo a la señorita Marple y entraron en el Gran Vestíbulo... Juana. —Creí que estarían todos fuera. Hizo una ligera inclinación de cabeza y siguió mascando un pedazo de pastel. mezcladas con otras de color. La señorita Marple recordó que había sido una niña muy poco atractiva.. el esposo de Gina. Mi hija Mildred.. Se lo dije a Jolly. —Y éste es Wally Hudd.

.. Edgar Lawson iba de azul oscuro. A la hora de comer acudieron todavía más personas. Carrie Louise y la señorita . le resultaba poco inteligible. Mildred se puso a tejer una labor interminable y la seño¬rita Bellever a zurcir calcetines.. sentado en una silla que inclinó hacia atrás. que se basaba casi enteramente en la jerga empleada en su profesión. impecable.. terapeuta. Todo estaba guisado y servido de cualquier manera. contemplaba el espacio. y cuya conversación. Cuando Gina le dirigió la palabra. Había también dos jóvenes con lentes. El terapeuta y los maestros se retiraron a la Residencia.—Gina ha tenido una idea magnífica para resolver ese fondo —dijo Esteban—. ni siquiera se dignó contestarle. encargados de la enseñanza y un tal señor Baumgarten. ni tampoco Esteban Restarick. fue a sentarse junto a Lewis Serrocold. Uno de ellos rubio y con los ojos muy azules era. Los co¬mensales vestían de un modo muy diverso. La señorita Marple encontró todo aquello algo des¬concertante y se alegró de poder ir a su cuarto para echarse un rato después del té. Gina. que acababa de entrar.. Los tres «casos» volvieron al Colegio. Edgar Law¬son.. La comida no fue precisamente muy apetitosa. Mildred Strete uno de noche con una chaqueta de punto encima. y tres tímidos jovenzuelos que eran los «huéspedes» de aquella semana. La señorita Marple no sabía muy bien en qué consistía la diferencia. según le informó Gina en un susurro. Carrie Louise traje de lana gris. Wally. Wally no se había mudado de ropa. Lewis Serrocold de smoking. ¿Sabes. La señorita Bellever llevaba un vestido negro de cuello alto. Gina y Esteban al teatro para seguir discutiendo sobre la puesta en escena. el experto en «estafas». Lewis Serrocold y el doctor Ma¬verick fueron al despacho de este último. al parecer muy complacida. que tienes vocación para diseñar decorados? Gina rió. y Gina estaba resplandeciente con su atuendo campesino. Comió muy poco y apenas parecía darse cuenta de lo que tenía en el plato. Terminada la cena. un joven doctor llamado Maverick que era psiquiatra o psicólogo.

. La conversación parecía absurda e irreal. —Sé que no se me necesita. señora Serrocold. desde luego. Edgar. por hoy no digo más que ¡buenas noches! Edgar salió de la habitación. Esta noche tiene que tratar una o dos cosas con el doctor Maverick. no se en¬fade por tan poca cosa.. Gina siempre tiene esos im¬pulsos repentinos. Si las cosas hubieran sido distintas.. —Me pregunto si no debiera ir a ver al señor Serro¬cold —dijo en tono bastante fuerte—... Bastante tiempo he perdido yendo a la estación. Juana le considera muy amable por haber ido a buscarla.. Edgar Lawson daba la impresión de no saber qué hacer. —¡Entonces no iré. Edgar —insistió la anciana—. Bueno. que me ha he¬cho quedar en ridículo? ¡Como si yo fuera un tonto de remate! —No. para humillarme. ya lo creo que sí. cerrando la puerta de golpe. señora Serrocold. ni se desea mi presen¬cia. No es culpa mía el no haberlo tenido.. —Debió habérselo dicho —repuso Carrie Louise—. cuando la señora Hudd tenía intención de hacerlo. sería diferente. —¿No comprende. —Oh. desde luego! Ni en sueños qui¬siera ir donde no me necesitan. No tuvo intención de molestarle.Marple charlaban de los vie¬jos tiempos. si hubiese tenido un verdadero puesto en la vida.. no —le sonrió Carrie Louise—. Es posible que me necesite. Me doy perfecta cuenta.. .. Se sentaba y se levantaba inquieto.. —Vamos. —Oh. Carrie Louise le dijo con amabilidad: —Oh. —Usted no sabe la mitad de lo que ocurre. no creo. Muy distinto.. Lo hizo a propósito. No debe tener esas ideas.. Pero creo que lo decidió a última hora.

. ma¬dre. —La verdad es que es un hombre odioso —dijo Mildred Strete haciendo tintinear las agujas de hacer pun¬to—. Allí ha¬bía diversas corrientes.. ¡Eso es lo que ocurre! ¡Completamente chiflado! Aquella noche. y más tarde el descubrir que después de todo iba a ser madre. —Levvis dice que no puede evitarlo. Luego la adopción de Pippa. la señorita Marple quiso revisar el estado de cosas de Stonygates... Por desgra¬cia. No hace más que com¬plicar las cosas. Carrie Louise sintióse muy decepcionada al saber que no iba a tener hijos. . Mildred Strete estaba celosa de Gina. no era nada excepcional.. Es tan atolondrada.. en su dormitorio.. Eso son incidentes que pueden ocurrir y ocu¬rren en todas partes y en todo momento.. era muy natural. Claro que Gina tiene mucha culpa. ¿Qué se puede esperar? Wally Hudd habló por primera vez en toda la noche.. y Gina podía estarlo o no de Esteban. Walter Hudd era evidente que no estaba dis¬frutando.. según opinión de la señorita Marple. —Todo el mundo puede evitar ser rudo —agregó Mildred con aspereza—. Lo cual. Repasó en su mente lo que le dijera Ruth Van Ry¬dock.La señorita Bellever comentó: —¡Qué modales! —Es tan sensible —repuso Carrie Louise distraída. pero todavía se le presentaba demasiado confuso.. Un día anima al pobre chico y al si-guiente le desaira. hasta que vuelven a surgir complicaciones. No era de esperar que Carrie Louise se sintiera afecta¬da por lo que ocurría a su alrededor. pero era imposible adivinar cuál de ellas causó inquietud a Ruth Van Rydock. No debías tolerar semejante comportamiento. Suelen terminar en di¬vorcio y todos vuelven a empezar de nuevo llenos de esperanza.. —Ese chico está chiflado.. Esteban esta¬ba enamorado de Gina.

Pero ello no había perjudicado a la niña que habían adoptado. En ninguna de aquellas personas halló la señori¬ta Marple lo que las palabras de Ruth hicieron creer que . Tal vez debido a que desaparece la tensión. yendo a vivir al sur de Inglaterra. Gina. Mildred y la señorita Bellever. La paternidad no era cosa nue¬va para él y los anhelos maternales de Carrie Louise se colmaron con Pippa.—Suele ocurrir —había dicho el médico—. inexpresivos y decididamente feos.. Porque cuando se quiere adoptar una niña. Esteban. que eran grandotes. y entonces la Na¬turaleza puede realizar su obra. Wally.. Carrie Louise llevó a su hijita a Stonygates. la Naturaleza quiso que saliera a los Gulbrandsen... en la casa en que se había criado. se escoge la más bonita. una. que deseaba poder llevar la casa con orden y era in¬capaz de lograrlo. la otra. se ignoraba. que le llevaba quince años. Gul¬brandsen era ya padre. marchó a Italia. En 1934 Mildred contrajo matrimonio con el pastor Strete. y durante una temporada Mildred fue la única hija en aquella casa. Luego su madre volvió a casarse. y una vez más Mildred se quedó a un lado. Gulbrandsen y su esposa adoraron a Pippa. en realidad. de los que eran dignos ejemplares Ruth y Carrie Louise. Y ahora estaba otra vez allí. fallecida Pippa. A esto hay que agregar la determinación de Carrie Louise de que su hija adoptiva nunca se sintiera des-plazada y para asegurarse en su propósito fue más que indulgente con Pippa y algunas veces poco justa con Mildred. Lewis Serrocold era completamente feliz. volvió a pensar la señora Marple. fea y tristona. bella y alegre.. y aunque Mildred pudo tener la suerte de parecerse a los Mar¬tin. No tuvie¬ron hijos. Una vez casada Pippa. Y así crecieron las dos niñas. ganándose ésta un firme puesto en sus corazones. Era de suponer que fueron felices. Lo que era muy natural. Y probablemente tampoco ahora era muy feliz. y entraron los hijos de Restarick. un soñador capaz de poner en práctica sus idea¬les. pero eso.

¿qué fue lo que Ruth encontró ex¬traño? ¿Y ella. Una gran porción de terreno. que antes estuvo cubierto de cés¬ped y flores. arria¬tes llenos de plantas y un seto recortado.. En aquel ambiente. CAPÍTULO V Ala mañana siguiente. los arriates llenos de hierbas entre las que crecían algunas flores y los senderos cubiertos de musgo y descuidados. Ahora estaba abandonado. lo creía así también? Había también otras personas en aquel torbellino.. tal vez más que un poco. y Edgar Lawson. rodeando una verdadera rosaleda. Aquel joven le recordaba algo. Carrie Louise le parecía lejana a los acontecimientos terrenos. los tres jóvenes delin¬cuentes rubios de mirada inocente. sin duda debido a su utilidad. Era un poco raro.. con grandes grupos de rododendros. como lo estuvo toda la vida. Juana Marple.. el doctor Maverick.. ¿verdad? Pero seguramente no tenía relación con Carrie Louise. ésa era la frase justa. Y allí sus pensamientos se detuvieron y giraron al¬rededor de la figura de Edgar Lawson. el cés¬ped sin cortar... Lo que la preocupaba era algo más que aquello. la señorita Marple meneó la cabeza.. los maestros. los jóvenes entusiastas e inofensivos. Su aspecto la desilusionó.. suaves declives de césped. aparecía próspera y bien arreglada.. había sido convertido en pista de tenis y una bolera.. la huerta. .. los terapeutas. rodeada de una pared de ladrillos rojos. Edgar Lawson estaba mal encajado. En otros tiempos de¬bió de haber sido un lugar muy bonito. la señorita Marple salió al jardín eludiendo la compañía de su anfitriona. Mentalmente.. En cambio..encontraría.o al¬guien.. antes de que-darse dormida..

. Al ver a la señorita Marple. Edgar quedó de pie ante ella. ni habrían de recor-dar su aspecto. Se interrumpió y la señorita Marple le observó pen¬sativa: Un joven abatido. sí... agregó—: Es lo único que puede hacer una mujer anciana e inútil. Ella no tenía intención de dejarle escapar y le llamó en seguida.. No estoy seguro. Edgar contestó distraído que por allí encontraría al jardinero. —Y debe de resultar usted una gran ayuda para el señor Serrocold.. le preguntó dón¬de guardaban las herramientas de jardinería... Debe de ser muy in¬teresante. —Estoy segura de que el señor Serrocold descansa completamente en usted. —No lo sé —su rostro ensombrecióse—. Un muchacho a quien po¬cas personas mirarían dos veces... estando como está en un cargo de tanta responsabili¬dad junto al señor Serrocold. y vestido con un traje tan impecable. señor Lawson. es interesante.. Él repuso con animación inesperada: —Sí. que debía saberlo exactamente —Es una pena ver este parterre tan descuidado —dijo la señorita Marple—.. Me gustan tanto los jardines —y puesto que no tenía intención de que Edgar fuese en busca de las herramientas. Cuando estuvo a su lado. con el entre-cejo fruncido.. es por lo que hay detrás de todo esto. . Todavía con ella en la mano vio aparecer a Edgar Lawson. se detuvo vacilan¬te. de corta estatura. la se¬ñorita Marple hizo chasquear la lengua y arrancó de un tirón una planta de hierba cana. No creo que usted se haya preocupado nunca por la jar¬dinería. Cerca había un banquito y la señorita Marple fue a sentarse..Al contemplar el abandono de los parterres. Tiene un trabajo tan importante.

no podía divorciar¬se. No lo sé. ¿verdad? —Oh. Por lo menos.—No lo sé —repitió Edgar—. Limitó¬se a seguir escuchando. no. sonriendo.. —¿Sí? El joven Edgar miraba fijamente al vacío: —Esto es absolutamente confidencial —dijo de pronto. Tiene enemigos. No se le escapará. ni hablar de matrimonio. —Puedo decirle. Su esposo estaba en un sanatorio. eso creo.. —Mi padre.. Mary Mead.. Y hacen que todo me salga mal... Él siempre hizo cuanto pudo.. Se las han arreglado para separarnos. se sentó también en el ban-co—. Una sonrisa digna y triste—. Soy hijo de Winston Churchill.. Me vigilan. y cómo terminó... Claro que con discreción. mi padre es un hombre muy impor¬tante. Esta vez no tuvo necesidad de decir nada.. la verdad —casi sin darse cuenta. —Si pudiera hacer valer mis derechos.. Edgar Lawson siguió hablando como si recitara una escena teatral. y también me odian a mí.. Me odian dondequiera que vaya.. —Oh —repuso la señorita Marple—. Ya. —Desde luego —repuso la señorita Marple. Recordaba otra historia bastante triste ocurrida en St. . La po¬sición de mi padre podría perjudicarse si la historia circulara por ahí —se volvió hacia ella. excepto el señor Serrocold.. —Sí.. No se lo reprocho. Estoy en una posición difícil. —Nadie lo sabe. Y ahí es donde han surgido com¬plicaciones... —Existían ciertas razones. Mi madre no era libre..

. —No —repuso la señorita Marple—.. La señorita Mar¬ple le miraba. Me persiguieron por todas partes. —Dios mío. —En Londres estuve estudiando Medicina. Se interrumpió para ponerse en pie. pero no puede tener la seguridad. tratando de consolarle.. O de otro modo. compadeciéndose. Le con¬taban cosas de mí a la patrona. pero él no lo sabe.. Pero ni si¬quiera aquí estoy a salvo. Intervi¬nieron en mis exámenes. Llevaba las manos metidas en los bolsillos y miró con el ceño fruncido la figura de Edgar que se alejaba... Walter Hudd estaba a su lado. —¡Le digo que lo sé! Son muy listos. Sólo tonterías.. —Tonterías. Traba¬jando contra mí... Me seguían por las calles. Haciendo que los demás me aborrez¬can.. —Todo esto es confidencial. espiándome...... ¿Qué le parece? No lo creo probable por lo que he oído de él. No me parece muy probable. Edgar? Dice que su padre es lord Montgomery... ..... —dijo la señorita Marple. preguntándose. y cambiaron mis respuestas para que fracasara. El señor Serrocold dice que no es cierto. Pero lo averigua¬ré. y él prosiguió: —¿Qué opina de este muchacho. muy amable. abatido. dígame quién es.. quisiera saber... Y se alejó. Nunca pude verlos ni descubrir su personalidad. verdad? Pero si nota que alguien me sigue. insignificante.. Se oyó una voz. La señorita Marple no dijo nada... El señor Serrocold me sacó de Londres y me tra¬jo aquí.. al¬gunas veces he pensado. Dios mío —dijo. quiero decir.. ¿Lo comprende.. Fue muy amable.. También están aquí..La señorita Marple meneaba la cabeza lentamente. —Oh...

... Nunca tuve mucho dinero. no se sabe distinguir si tienen dinero o no. No tienen servicio apropiado. No sabía mucho de ella... íbamos a montar una gasolinera en la parte de atrás de la casa.. pero no lo consideré importante. casi roto.. dijo que era hijo de no sé qué Gran Duque. Los tapices. fuerte y dispuesto para el trabajo. Todas las chicas con uniforme parecen iguales.. dejando caer su cuer¬po sobre el banco con gesto de abandono.. Nos queríamos y nos casamos. Remendado bajo los brazos. Diablos. la casa. eso es todo. No hay nada malo en ello cuando se es joven. todo este aparato. Fíjese en el vestido que llevaba ayer noche. pero sabía ganar¬me el que quería. Ése es probablemente su caso.. sólo una ayuda para las faenas más pesadas. Creí que era algo más que yo. Las grandes teteras de plata y todo lo que usted sabe... —Esto es una casa de locos. —Yo comprendo lo que es ser pobre. No en¬cajo. lo tienen. amarillas y empaña¬das por falta de limpieza. todo es raso y brocado que se cae a pedazos. Esta gente es rica.. La señora Serrocold ni se preocupa. ¿es que ese chico no sabe quién fue su padre en realidad? —Me figuro que no —repuso la anciana—.. —Observe este lugar.. Gina estaba . según me dijo...—A Gina le dijo algo completamente distinto.. no encajo.. —¿No le agrada estar en Stonygates? —Sencillamente. no obstante. Yo tenía algo de pasta y Gina también. Le ha¬blé a Gina... y. me escuchó y pareció comprender.. cortinajes y el tapizado de las butacas. debido a la educación. Walter tomó asiento a su lado. al verlas.. Porcelana china antigua mezclada con loza barata.. Quiero decir que.. y fíjese cómo viven. Hizo una pausa. Iba a abrir un garaje. No necesitan dinero. podría ir a la tienda a encargar lo que quisiera. En Bond Street o donde sea. Ya había puesto en ese negocio parte de la cantidad estipulada. que era el heredero del trono de Rusia... ¿Dinero? Nadan en la abun¬dancia.

.. ¡Trabajo! Yo no creo que sea trabajar dar azúcar a gángsters jóvenes y jugar con ellos a esos juegos infantiles. No puedo..dispuesta. y será en otra parte...... pero trabajaré como me guste y en lo que me gus¬te. ¡Había oído hablar tanto de él! Así que nos vinimos. . Eso es lo que yo creí..... ¿Es que la gente que tiene dinero no comprende lo afortunados que son? ¿No se dan cuenta de que no todo el mundo puede tener un lugar como éste. pero en cierto modo me recuerda a mi tía Betsy... —Es usted la única persona a quien le he hablado así. ¡Oh.? ¿Funda¬mos nuestro hogar aquí..... —Esto es muy halagador. verdaderamente inglesa. Estamos metidos en esta loca empresa.. ¿Qué sentido tiene? Este lugar podría estar bien. usted es inglesa.. ¿Por qué no nos quedamos aquí. Bien... Sólo por una temporada. y de todas maneras yo también sentía cu¬riosidad por conocer este país. me pareció justo.. Tie¬nen mucho trabajo para mí. no puedo sacarla de aquí. Wally le dirigió una rápida mirada. No sé por qué. Entonces esa tía de Gina comenzó a complicar las cosas.. Éramos una pareja alocada... Y Gina quiso venir a Inglaterra a ver a su abuela. Su ceño acentuóse todavía más. Y Gina.. —Pero no ha sido así.. Estába¬mos locos el uno por el otro. ahora no puedo hablarle siquiera para expresarle mis proyectos. Este lugar me hace sentir como preso en una tela de araña. No es la misma que se casó conmigo en los Estados Unidos..?. verdaderamente bien. La mayor parte del tiempo estoy callado como una tumba. Era su casa. maldito sea! La señorita Marple dijo con simpatía: —Comprendo muy bien su punto de vista. y que ellos lo tienen? ¿No es una locura despreciar la suerte cuando uno la tiene? A mí no me importa trabajar si tengo que hacer¬lo. eso es lo que dicen.

Nunca tuve la menor duda de que ganaríamos. Será que necesitaba desahogarme. señor. a menudo a ellos mismos. Su sonrisa era muy atracti¬va. —Ahí le llega otra compañía —dijo Walter—. Y todo por haberla en¬viado a América.. al sentarse en el banco—. Me refiero a los niños. Se levantó. A esa señora no le resulto agradable. que llegaba casi sin alien¬to. Lo siento sin¬ceramente que le haya tocado a usted. vaya si lo es.. Echó a andar. Sí... pero es muy entera. ha esta¬do malcriada y consentida en .. y la señorita Marple miró a Mildred Strete que se acercaba hollando el césped.—Es muy sensata —continuó Wally.. además del peligro de las bombas.. como si uno pudiera partirla en dos. Pa¬rece tan frágil. Con la amenaza de una posible invasión. —¿Una tragedia? —Sí. —Ya veo que ha tenido que soportar a ese terrible joven —dijo la señora Strete. Pero mi madre siempre fue poco razonable cuando se trataba de Gina. y le transformaba en un hombre guapo y simpáti¬co—. —Siento haberle hablado así —se disculpó. Me desagrada la manera como las personas se desmoralizan pensando en lo que pueda ocurrirles a sus fa¬miliares. Por eso me marcho. Hasta luego. y por primera vez le vio sonreír. Apenas tuvimos incursiones aéreas. —Tonterías —dijo la señorita Strete—. Ya le dije entonces a mi madre que era un disparate. el matrimonio de Gina. —Debió de ser difícil saber qué sería más acertado —repuso la señorita Marple—. pensativo—. Un con¬traste tan grande que Walter Hudd no podía ni siquie¬ra imaginar. Es una tragedia. pudo haber significado el que crecieran bajo el régimen alemán. Por un momento entretuvo su imaginación con el recuerdo del moderno escritor Raymond West. Gracias por haberme escuchado..

En primer lugar. no había necesidad de haberla sacado de Italia. la gente no comprende los sentimientos de las cria¬turas.todos los aspectos. —¡Oh. aunque no era probable que fuese muy a menudo.. Para ellos lo único importante es el dinero. La anciana dijo tímidamente: —Siempre he creído que mi querida Carrie Louise vivía un poco en las nubes. lo sé! No puedo soportarlo. Me figuro que sólo por el afán de los americanos de poseer un título. A la señorita Marple le chocó un tanto oírse llamar «tía Juana». Se casó con Pippa por su dinero. No puedo comprender cómo mi madre pudo consentir que se casara con un extran¬jero. tía Juana. Yo era tímida. —Tengo entendido que su padre no hizo objeción alguna.. y cuando pensaran en ella.. con cariño». de lo que eso significa. —Sin duda lo fingiría... San Severiano! Ya sabe cómo son los italia¬nos. Pippa. tía Juana. Claro que en todos los regalos que enviara para las niñas de Carrie Louise siempre puso: «De tía Juana. —¡Oh. una infancia difícil. . Pippa no sabía lo que era eso. yo pue¬do hablar con conocimiento de causa.. Naturalmente. Sus manías. y no es que necesitara que la animasen. me alegra que alguien sea capaz de darse cuen¬ta. naturalmente. No tiene usted idea. —Debe de haber tenido. —Oh.. es lógico que lo hicieran llamándola «tía Juana». Siempre era ella la que acaparaba toda la aten¬ción. Mildred volvió los ojos agradecidos hacia ella.. ex¬travagancias y proyectos idealistas. Una niña puede sufrir mucho. He crecido en medio de todo esto. ya sabe. era la más bonita. Papá y mamá la animaban continuamente. —¡Dios mío! Siempre creí que estaba muy enamo¬rado de ella y que a su muerte quedó inconsolable. y también la mayor.

Nunca se fijaban en mí. La mala sangre no puede ocultarse. Yo era su verda¬dera hija... y probablemente ilegítima.. Apenas abre la boca. —Pero. —«Mildred es tan tonta».. Siempre se muestra disgustado y grosero. —Probablemente fueron demasiado indulgentes con ella por esta causa —dijo la señorita Marple.. Admito que ha hecho una boda desgraciada. —Gina es una muchacha encantadora —repuso la señorita Marple.. Pippa había sido adoptada. nada justo. —¿Es tan terrible? —¡Querida tía Juana! A mí me da la impresión de un gángster. su comportamiento. menos mi madre. No era lo bastante mayor para darme cuenta de que es el carácter lo que importa principalmente.. solía decir Pippa. ella no era nadie. pero el matrimonio es el matrimonio. Una niña a quien sus propios padres no quisieron.. se rehizo y continuó: —Y no era justo.. —La preferían a ella. le decían a ma¬má. Todo el mundo.. Lewis puede tener las teorías que quiera sobre el medio ambiente. Alguien debía haberse dado cuenta de lo duro que me resultaba el que todas las atenciones fuesen para ella. Le temblaban los labios. Tiene mala sangre. Y era con ella con quien papá solía jugar y reír.. Fíjese en Gina. Es de mal gusto. ella fue quien escogió a ese terrible muchacho. Yo era la herede-ra de la casa. Al fin y al cabo. Pero yo era más pequeña que ella. Es tan arisco y rudo. Y es muy desagradable para una niña que su hermana esté siempre contra ella y también la gente.—Ya lo sé —repuso la anciana. en cambio.. «Qué niña tan mona». . y una debe estar preparada para sobre¬llevarlo. se da cuenta de cómo trata a Esteban Restarick. Prosiguió: —Se ve en Gina.

Todo lo que Lewis hace.. aparte del comportamiento de Gina. Eso nadie puede cambiarlo. Cambió de tono: —Oh. Aquí se ha hecho por él cuanto se ha podido. Creo que tenía muchos amantes. —No sé por qué no había de serlo. Eso le preocupa mucho a Jolly.. y quiero. pues ... ¿De veras prefiere vivir aquí.. Oh. Estos grandes caserones son un grave problema. Y creo que estuvo magnífica cuando ocurrió aquel desgraciado asunto. Hace mucho tiempo que está con ella. Pero él pre¬fiere remolonear por ahí. Mire en qué estado se halla el jardín. que en casa propia? Mildred Strete enrojeció. si quiero. cosa innecesaria... Se detuvo.. pero puede conseguirse... este lugar es imposible. —Es un descanso tenerla aquí.. completamente im¬posible. es mi hogar. ¡Si mi madre no fue¬ra tan imposible! Ni siquiera se viste de un modo ade¬cuado. Mi madre se portó con mucha dignidad y se divorció con el menor alboroto posible. Incluso llegó a consentir que los hijos de Restarick pasaran aquí sus vacaciones.. —Al fin y al cabo. esos hierbajos. Supongo que habrá oído decir que se fugó con aquella yugoslava. Y es que además de cor¬tos de dinero. Lewis le ha indicado varias maneras para que tratase de resultar útil... y mamá sólo en él. Tengo derecho a estar aquí. vino en tiempos de Juan Restarick.. los par¬terres. —Iba a preguntarle por ella. quiero decir. —Me temo que todos tenemos que enfrentarnos con el hecho de que las condiciones son distintas.. ya sé que hoy día es difícil llevar una casa. Adora a mi madre..... Lewis sólo piensa en esos terribles criminales.. sin hacer nada.. una mu¬jer de lo más bajo. está bien hecho. nadie se preocupa.. Si fuera mi casa..—Me parece que no es feliz —aventuró la señorita Marple. Y la casa... La casa que fue de mi padre. donde nada se hace a derechas. Debió ser triste para usted encontrarlo tan cambiado a su vuelta.

. es del todo normal? .pudo arreglarse de otra manera. al hacer todas las cosas. ¡Qué extraño! Rara vez sale al jardín. Quería haberla acom¬pañado yo mismo a visitar todas nuestras instalaciones.. Será espléndido si logramos que no vuelva a las andadas. pero la verdad. La señorita Marple le interrumpió: —Señor Serrocold. Una enseñanza correcti¬va.. incluso les parece divertido.. —¿Sabe? —le dijo—. Al¬gunas veces pienso que ella hace que mi madre sea incluso más apagada de lo que es. Yo no regresaré hasta pasado mañana.. Estará aquí dentro de unos minu¬tos. Lewis Serrocold ni siquiera se dio cuenta de su marcha. Mildred Strete se levantó para marcharse.. Se jactan de ello ante sus amigos.. reconstructiva como la que nosotros damos aquí.. Algunas veces son demasiado severos. Si les condenan a unos meses de encierro no les sirve de escarmiento. El caso es que los tuvo aquí. Pareció no percatarse de la presencia de Mildred.. puesto que era la señorita Marple quien estaba en su mente. El señor Serrocold se acercaba con aquel aire ausen¬te con que hacía todas las cosas.. Carolina me lo había pedido.. Sus ojos inquietos miraban a la señorita Marple a través de los gruesos cristales de sus lentes. no sé qué se haría sin ella. y otras demasiado indulgentes. Hizo una pausa y exclamó con cierta sorpresa: —Aquí está Lewis. Los jueces casi siempre se equi¬vocan. Pero Maverick la acompañará. —Lo siento mucho —le dijo—. Comprenden que el juego no merece la pena. y la señorita Bellever se ocupó de todo y fue la torre de la fortaleza. Claro que era imposible dejarles con su padre y esa mujer. ¿Está usted completamente satis¬fecho del joven Lawson? ¿E. pero una sentencia severa a menudo les hace volver a la rea¬lidad. O a veces es mejor encarcelarlos. Es por ese muchacho empleado en ferroca¬rriles que quita los paquetes de la oficina. Por desgracia tengo que ir a Liverpool.

..... Los síntomas clásicos. Me recomendó su caso una So¬ciedad de Londres..Una expresión de disgusto apareció en el rostro de Lewis Serrocold. El niño cre¬ció en circunstancias difíciles. Se vestía de uniforme con condecoraciones que no tenía derecho a usar... Traté de infundirle con¬fianza en su propia habilidad. Miró su reloj. muchísimas. ¿Qué le ha estado diciendo? —Que era hijo de Winston Churchill. Hasta ahora tenía muchas esperan¬zas. Le he dado un cargo de responsabilidad. todo muy típico.. Lo de siempre. Meneó la cabeza. Estaba muy contento con él. Había asaltado a un hombre en ple¬na calle.. ¿No es esa. Me enteré de su historia... —Tengo que marcharme. El doctor Maverick se lo explicará. aquí viene nuestra que¬rida Jolly.. y comenzó a imaginar¬se cosas de su padre y más tarde de sí mismo... Pero el diagnóstico de Maverick es favorable si conseguimos infundirle confianza en sí mismo. y de origen muy humilde. claro. Ah. El pobre chico es hijo ilegítimo como es probable que ya haya adivinado. Su padre. Ella se ocupará de usted.. y ahora dice usted que. una se¬ñal peligrosa? —No creo que haya llegado a ese grado. Su madre era de la clase baja... Pero ha¬blaré con Maverick. Me habló de enemigos.. tratando de hacerle comprender que no es el origen lo que importa si no el hombre.... Ella ni siquiera sabe su nombre. pero de una respetable familia de Plymouth. —Claro... que le perseguían.. —Espero que no vuelva a recaer. un ma¬rinero. —¿No puede resultar peligroso. —No pensaba en el suicidio.. perdóneme. Ha mejorado notablemen¬te. señor Serrocold? —¿Peligroso? No creo que haya mostrado tenden¬cias suicidas. La señorita Bellever anunció su llegada: . porque dijo que le espiaba.

—Gracias... —Gracias. —Está muy enamorado de su trabajo —dijo la se¬ñorita Marple.. El doctor Maverick salió a recibirlas con un aspec¬to bastante anormal. la señorita Bellever dijo: —Cualquier día caerá muerto. señor Serrocold.—El coche está en la puerta. señor. y a quienes no les agrada la idea de trabajar de firme. ¿Y quién se ocupa de los niños de las casas honradas? ¿Por qué no se hace algo por ellos? La honradez no resulta inte¬resante para los maniáticos como el señor Serracold. Pero aquí nada cuenta o impor¬ta más que ese escuadrón de niños y jovencitos que quieren vivir fácilmente y sin escrúpulos.. Mirán¬dole alejarse. un edificio horrible y macizo de ladrillos ro¬jos. sí.. Mis hermanos y yo fuimos educados de modo más duro. —No piensa en otra cosa —repuso Julieta Bellever con aspereza—. sin que nos valieran lamentaciones. Dijo que acompañara a la señorita Marple hasta allí. Nunca se preocupa de su mujer o en dedicarle alguna atención. er.. Nuestro espléndido acercamiento a este gran problema. . El se¬ñor Serrocold es un hombre de gran visión interior. y debiera me¬recer amor y atención. ¡es eso lo que es el mundo hoy día! Acabaron de atravesar el jardín y pasaron junto a una empalizada hasta llegar al arco abierto en la mis-ma que Eric Gulbrandsen erigiera como entrada de su Colegio. Él nos esperará en la entrada. señorita Marple. Lewis Serrocold marchóse apresuradamente. Blando. El doctor Maverick me telefoneó desde el Instituto.. estoy seguro que le va a interesar lo que se viene haciendo aquí. según opinión de la señorita Mar¬ple. señorita Bellever —dijo—. oh. El no descansar va contra la naturaleza. usted ya lo sabe.. ¿Y mi cartera? —En el coche. señori¬ta.. el doctor Maverick y todo ese hatajo de sentimentalis¬tas a medio cocer que tenemos aquí. señorita Marple. Sólo duerme cuatro horas cada noche. Ella es una criatura muy dulce. Ahora. Debo irme.

La señorita Marple leyó las letras talladas en el gran arco de la entrada: TODOS LOS QUE ENTRAN AQUÍ... —Un caso interesante.. Nosotros queremos hacerles sentir que son sujetos agradables. Ése es el secreto de la existencia: Todos tenemos algo de locos.. ¿Ha hablado con él? —Ha estado él conmigo —repuso la solterona. La psiquiatría se impuso du¬rante la guerra. Lo único bueno que salió de ella. —¿Como Edgar Lawson? —dijo la señorita Marple. —Todos lo estamos un poco.. quiero que vea nuestro acercamiento inicial al problema. No les reñimos.Y a nuestras espaldas tenemos a sir John Stillvell. Eso es lo que los estropea la mitad de las veces. agre¬gando con humildad—: Me pregunto si no es posible que esté un poco perturbado. CAPÍTULO VI . eso es lo que hay que hacer com¬prender a las autoridades.. Estuvo en el Ministerio de Asuntos Inte¬riores hasta que se retiró y su influencia hizo inclinar la balanza para que pudiéramos comenzar. Aho¬ra.. Éste es un problema médico. RECOBRAN LA ESPERANZA —¿No es espléndido? Es la nota adecuada para el primer acorde. el cas¬tigo.. antes que nada.. El doctor Maverick rió alegremente. querida señora —dijo mientras penetraban en el edificio—. ni les castigamos... mi antiguo jefe.. Mire ahí arriba..

.. —¿Por qué en mí? —Dime la verdad. ¿Había tal vez alguna significación en los diversos nombres de Carolina Louise Serrocold? ¿Era para to¬dos ellos un símbolo y no un ser real? Cuando a la mañana siguiente. excepto la ausente Ruth. Cara. Más. al distraído cartero. y Gina. arras¬trando un poco los pies al caminar. Wally la nombrada señora Serrocold. abuelita. ¿hay algo que te preocupe? . Su vaga inquietud se centraba en la patética. Sen¬tíase ligeramente descontenta consigo misma y sus reacciones. al jardinero que trabajaba el lunes de Pascua. Algo que no lograba precisar debía ocurrirle a Ed¬gar Lawson. pero incongruente personalidad de Edgar Lawson. Carrie Louise.. Allí ocurría algo. fue al jardín a sentarse junto a su amiga y le preguntó en qué estaba pensando. que también utilizaba la misma denominación.. De un modo concienzudo fue descartando al señor Selkidk (del camión de repartos).. los de¬seos y preocupaciones de todos sus habitantes choca¬ban unos con otros.En conjunto fue un día bastante agotador.. Esteban Restarick solía dirigirse a ella llamándola Ma¬donna. algo que estaba fuera de los hechos se-ñalados y observados. Para su esposo.. y no obstante no pudo formarse una idea clara de lo que era.. Si consi¬guiera encontrar mentalmente la verdadera pista de to¬do lo. o tal vez varias cosas.. pero ninguno (por lo que alcanzaba a ver) rozaba siquiera a Carrie Louise. la señorita Marple replicó sin vacilar: —En ti. ¿de qué modo podía afectar a su amiga Carrie Louise? En las confusas vidas que se desarrollan en Stonygates. Carrie Louise. para la señorita Bellever. fuera lo que fuese... era Carolina.. La señorita Marple pensó que hasta el más sano entusiasmo puede resultar molesto. De pronto se dio cuenta de que era la única que la llamaba así. Carrie Louise.

Mildred nunca fue feliz. La pobre quería viajar y ver mundo. —Sí. ¿verdad? —Oh. no necesitan una causa para sen¬tir como sienten.. esclava de su madre inváli¬da. Lewis trabaja demasiado. montones de insigni¬ficancias.. la mayoría de nosotros tenemos preocupa¬ciones. de un modo discreto.. que siempre estaba radiante.. Juana. ¿qué es lo que iba a preocu¬parme? —Bien.. ¿sabes? El te¬ner que remendar la ropa.. Carrie Louise repuso con calma: —¿Porque es celosa? Sí. en realidad. Mary Mead. Yo también las tengo. pues al hacer una visita a «una de las viejas amigas de su ma¬dre». En su viaje no fue más allá de Hyeres. Oh. Parece extraño que tú no tengas ninguna.. no diré que no. trabajando como una negra. con una bonita aunque reducida renta. y Gina es demasiado irreflexiva. no. se vio al fin li¬bre. Así que. y dejando su viaje. ¿No te parece. St. canceló las reservas de billetes y habitaciones y se quedó en aquel pueblo para ser explotada. ¿qué iba a sacar preocu¬pándome? —Mildred no es muy feliz. —Es posible —insinuó la señorita Marple— que Mil¬dred tenga motivos para no serlo. Pero las personas. le dio lástima verla tan melancólica. Juana? La señorita Marple pensó unos breves instantes en una tal señorita Moncrieff. me figuro que debo tenerlas —repuso la seño¬ra Serrocold—. no poder conseguir azúcar candi para hacer mi campota. siempre esclavo del teatro.. Al revés que Pippa. Esteban se ol¬vida de comer. Pero.. y su hija. La señorita Marple dijo: . Ni siquiera de niña. pero nunca fui capaz de cam¬biar a las personas. Tonterías.—¿Que me preocupe? —la otra anciana levantó sus ojos claros—. y para soñar una vez más con las delicias de horizontes más amplios.. Son así. se había alegrado cuando la se¬ñora Moncrieff descansó en el cementerio.

. acaban de darlo por teléfono. Llegaré esta tarde. Cara. Carrie Louise. Christian Gulbrandsen. Así no subirá escaleras. Vino cuando Juan y yo acabábamos de casarnos. bueno. Juana. me figuro. —Se pone furiosa. y siento fuertes calambres en las piernas.. Quisiera que llevara siempre ves¬tidos preciosos. y cree que debiera irme a Egipto o a algún sitio cálido y seco. Considera este lugar demasiado húmedo y perju¬dicial para mi reuma.—Me figuro que tienes razón. A veces me siento un poco avergonzada. —Sí. Cuida de mí como si yo fuese una niña que no supiera valerme.. Son cosas de la edad. —¿Sufres mucho por causa del reuma? —Últimamente he empeorado bastante. Oh. Se cuida de todo. —Le pondremos en la habitación de roble. y que me rodease de lujos. desde luego. Me cuesta gran trabajo andar. —Claro que el verme libre de preocupaciones se lo debo en parte a Jolly. Jolly. La señorita Bellever corrió a su encuentro. —La señora Serrocold dejó oír su risa cristalina—. —de nuevo brilló su encantadora sonrisa—. Creo sinceramente que sería capaz de matar a alguien por mí. Es la única persona a quien no impresiona en absoluto el entusiasmo de Lewis. ¿No te parece terrible decir una cosa así? —Te aprecia mucho. todos esos mucha¬chos son criminales y no vale la pena molestarse por ellos. —Un telegrama. Mi querida Jolly. ésa es la verdad —convino la solterona. No sabía que estuviera en Inglaterra. Según ella. —¿Christian? —Carrie Louise pareció sorprendida en gran manera—. Cree que todo el mundo debiera considerarme en primer lugar.

ni siquiera un día. Es el hijo mayor de Eric. ¿no es cierto. Tiene dos años más que yo. Estaba sonrosada y habladora. ¡pero si es Mildred! ¿Cómo es¬tás. —¿Y cómo está la pequeña Carrie Louise? No has envejecido ni un día. «mi her¬mano. ¿Por lo visto. —Malo. Christian Gulbrandsen llegó aquella tarde. el señor Gulbrandsen». —¿Y cómo está la pequeña Gina? — preguntó vol¬viéndose a la joven—. Era un hombre robusto y corpulento.La señorita Bellever hizo un gesto de asentimiento y regresó a la casa.. Con las manos puestas sobre los hombros la con¬templó unos instantes sonriente hasta que le tiraron de la manga.. Se llevaban casi treinta años de diferencia y podían haberlos tomado por pa¬dre e hija. el más importante. Saludó a Ca¬rrie Louise con todo afecto. con un modo de hablar lento y metódico.. Y aquí estoy segura de que tendrán muchos asuntos que discutir. Es un hombre ocupadísimo. Es uno de los socios del Instituto.. —Christian Gulbrandsen es mi hijastro —explicó Ca¬rrie Louise—. a tiempo de tomar el té. Christian no acostumbra pasar aquí más de una noche. Había una gran semejanza entre Christian Gulbrand¬sen y su hermanastra Mildred. . Los hemos instalado aquí. Ella parecía muy contenta con su llegada. Mildred? —La verdad es que últimamente no me he encontra¬do muy bien. Wally? —Eso parece —repuso el aludido. —Ah —se volvió—. sigues viviendo aquí con tu marido? —Sí. Es lástima que Lewis se haya mar¬chado. y durante todo el día estuvo nombrando a «mi hermano Christian». Malo..

—Si nos lo hubieras avisado.. pero según pudo observar la señorita Marple. —Mi querida Carrie Louise. ya sabes que no puedo decidir mis cosas con anticipación. no debía de sentirse con¬tento precisamente. —Vine de improviso. Era de presumir que Christian Gulbrandsen había acudido a Stonygates para resolver algún asunto con-cerniente al Instituto Gulbrandsen. —¿Te quedarás para ver a Lewis? —Sí. —Vuelvo a estar con toda la familia —dijo Gulbrand¬sen. . —Pues tendré que quedarme una noche más. Una mueca contraía sus labios y su aspecto denotaba preocupación... —Ignoraba que estuvieses en Inglaterra... —Es una lástima que Lewis se haya marchado. También lo son el obispo de Cromer y el señor Gilroy. La señorita Bellever informó a Juana Marple: —El señor Serrocold y el señor Gulbrandsen son socios del mismo Instituto. Y al parecer eso era lo que todos suponían. Christian —le dijo la señora Serrocold. Una vez presentado a la señorita Marple. mostróse huraño y poco agradable. le dirigió una larga mirada analítica. Wally. ¿Cuánto tiempo puedes quedarte? —Tenía intención de irme mañana. Y sin embargo la señorita Mar¬ple no dejaba de hacer cabalas.Los menudos ojos de Gulbrandsen parecieron ob¬servar a Wally con interés. como de costumbre. ¿Cuándo vol¬verá? —Mañana por la tarde o por la noche. Su voz quiso tener un tono jovial. necesito verle.

y el reuma. cuando ya se había instala¬do para hacer labor. eso es. pues es una personita bonísi-ma y encantadora. observó a todos con insistencia. pero ante su asombro... Christian Gulbrandsen vino a sen¬tarse a su lado.Cuando Carrie Louise no se daba cuenta el anciano le dirigía miradas preocupadas.. —Entonces. —A mí me parece que está bien. Y también. sino que primero se intere¬só por el bienestar de los demás. Siempre fue para nosotros como una hermana querida. señor Gulbrand¬sen. —Ah. Con mucho tacto eludió la señorita Marple la com¬pañía de los demás. ¿eh? —Fuimos juntas al colegio en Italia. Sí. Y además.. —Dígame —le preguntó Christian Gulbrandsen—. —Creo que es usted una antigua amiga de nuestra querida Carrie Lousie —le dijo—. cosa que le pareció bastante rara. .. viendo su rostro preocupado. es posible que no se dé cuenta del mal que existe en el mundo. —Siempre ha sido una idealista —dijo la solterona. Hace muchos. como todo el mundo. y después del té se fue a la biblio¬teca. ¿Y la quiere mucho? —Ya lo creo —repuso la señorita Marple con calor. La señorita Marple le miró sorprendida. a hurtadillas. lo creo since¬ramente y debe ser así. ¿Cómo está su salud? La anciana volvió a sorprenderse. Hace años. Fue una esposa fiel para mi padre y leal con todas sus ideas. que intrigaron a miss Marple. aparte de su artritismo. Nunca pensó en sí misma. —¿Una idealista? Sí. sí.. muchísimos años. Desde que mi padre se casó con ella mis hermanos y yo la hemos querido mucho.

. Si desea conocer su estado de salud. —Uno diría que no existe gran simpatía entre la ma¬dre y la hija. pero es demasiado joven. Deseo con toda el alma actuar de un modo conveniente.—¿Reuma? Sí. Pero hasta ayer hacía muchos años que no la veía. —Eso mismo. Por ejemplo. Es una pena.. . su única hija. —Luego está la pequeña Gina. Algunas veces es difícil saber qué es lo mejor que puede hacerse.. —La señorita Bellever. —se interrumpió—. Tengo particular interés en que no le ocurra ningún mal. y ha¬bló más para sí que para la señorita Marple. ¿cree usted que la aprecia realmente? —Muchísimo. sí —la señorita Marple no salía de su asombro—. a la seño¬rita Bellever. Sí... ¿Y el corazón? ¿Lo tiene bien? —Que yo sepa. nada fácil. Es difícil.. ni des¬gracia a esa querida dama. Y esa señorita Bellever. La señorita Marple sentíase ligeramente violenta. puede preguntar a alguien de la casa. ¿no es cierto? —Sí. —¿Y Carrie Louise confía en la señorita Bellever? —Eso creo. o a Mildred. a la señorita Bellever o a Mildred. pero ahí la tiene. Pero no es fácil. En aquel momento entraba la señora Strete. Christian Gulbrandsen tenía el ceño fruncido.. Christian Gulbrandsen la miraba fijamente... creo que es así. —Estoy de acuerdo con usted.

? —Hablaré yo mismo con él. no lo sé. —Mi madre no padece del corazón.. —Aguarda en el despacho de Lewis. —¿Su salud? ¿Por qué habría de preguntárselo a us¬ted? Mildred habló con aspereza... grave? —Sólo me preguntó por la salud de su madre. —La verdad. —¿Qué extraña idea se le habrá metido en la cabeza a Christian? —Lo ignoro —repuso la señorita Marple.. querida. Nos preguntábamos dón¬de podías estar. hasta ahora —hizo una pausa antes de agregar—: Espero que se lo diría. —La salud de mamá es perfecta. Chris¬tian está muy cambiado.. El doctor Maverick desea saber si quie¬res tratar algún asunto con él. Mildred le vio marchar y luego se volvió a la señorita Marple. —¿Está aquí de nuevo el doctor? No. Sorprendente para una mujer de sus años. Christian. CAPÍTULO VII . yo no sé nada de esto. —¿Su corazón? —Sí. estás aquí. ¿Quieres que le diga. Me preguntó por su corazón. Y Gulbrandsen abandonó la habitación. —La verdad. ¿Le ha dicho algo. ¡En absoluto! —Me alegra mucho saberlo.—Oh. Mucho mejor que la mía. —Me pregunto si ocurrirá algo de particular. mientras su rostro alar¬gado enrojecía. esperaré a que vuelva Lewis..

—¿Debo decírselo? —la miró vacilante—.... Me espían constantemente. —¿Se encuentra usted bien.. le cogió del brazo con fuerza. y casi tropieza con ella.El día siguiente transcurrió sin novedad aunque. no lo sé. discutiendo con el doc¬tor Maverick los resultados generales de su método. no obstante. Christian Gulbrandsen pasó la mañana en el Instituto. sin embargo. ¿por qué deseaba la compañía de la señorita Bellever.. El único incidente real de aquel día se registró a eso de las cua¬tro de la tarde. notábase una cierta tensión. A primera hora de la tarde le llevó Gina a dar un paseo en automóvil. que sólo se ocupaba de la parte doméstica de Stonygates? Pero en todo eso la señorita Marple tenía que confe¬sarse que se dejaba llevar por su imaginación. Al parecer fue un pretexto para quedarse a solas con aquella arisca mujer. —¿Qué clase de golpe? El joven le dirigió una mirada furtiva. . señor Lawson? —¿Bien? ¿Por qué había de sentirme bien? He su¬frido un golpe terrible. Dando la vuelta a un grupo de rododendros se presentó Edgar Lawson. si la visita de Christian Gulbrandsen era puramente por cuestión de negocios. ahora. No lo sé. —Le ruego que me perdone —le dijo apresurada¬mente.. Y. Aquí.. mascullando algo entre dientes. La verdad.. y luego pudo notar que in¬sistía para que la señora Bellever le enseñase los jardi¬nes. pero la expresión de sus ojos sobresaltó a la anciana. y según la señorita Marple.. —Si seguimos ese sendero. La anciana. Nadie pue¬de oírnos. me parece.. tomando una determinación. terrible. Juana Marple había salido al jardín con idea de dar un paseo hasta la hora del té. cosa que acrecentó el te-mor de la señorita Marple. Aquí no hay arbustos ni árboles a nuestro alrededor. mirando lue¬go inquieto a su alrededor.

y todo eran mentiras. ¿O se refiere a Winston Churchill? Edgar le dirigió una mirada de reproche. y aho¬ra he descubierto que todo el tiempo estaba engañán¬dome... He hecho un descubrimiento. Con expresión preocupada. le había dicho el doctor Maverick. Casi lloraba. «Aquí todos estamos un poco locos». E interrumpiéndose de improviso.. —¿ Quién es él? —quiso saber la señorita Marple.. —¿Qué descubrimiento? Edgar Lawson comenzó a temblar. pero resultaba ridículo. .. Tiene usted razón —exhaló un profundo sus¬piro. Un terrible descubrimiento... —Me hicieron creer esto. Pero no podrá seguir haciéndolo.. la anciana regresó a la casa. No puedo soportarlo. Bien. inclinó la cabeza y su voz fue casi un susurro—. Pero el caso de Edgar le pareció muy categórico.. para evitar que conociera la verdad. Es él quien me hacía seguir y espiar. Edgar Lawson se irguió cuanto le fue posible. echó a correr de¬sesperadamente. para evitar que descubrieran la verdad. Pudo haber dado la sensación de dignidad y dramatismo... Era la única persona en quien confiaba. Le diré que sé lo que han estado haciendo. todo mentiras. Pero un amigo me ha revelado la verdad y me ha hecho ver que he sido totalmente engañado. Él es mi enemigo. ¡mi padre tendrá que habérselas conmigo! ¡Le arrojaré a la cara sus mentiras! Veremos lo que dice a esto. —¡Haber confiado en alguien! Haber creído.. —El vizconde Montgomery. —Le estoy hablando de mi padre. Es demasiada maldad.—No.

>.cómo evitar que lo sepa Carrie Louise. —.... Cuando volvieron a pasar bajo la ventana.una responsabilidad demasiado grande. y anduvo has¬ta la casa a través del parque.» —de¬cía Gulbrandsen. Lo que acababa de oír era demasiado am¬biguo para poder formar una opinión concreta. es ella a quien debemos considerar ante todo. comenzaron a pasear de un lado a otro de la terraza.. Estoy de acuerdo con¬tigo. después de saludarse.. Si alguno de ellos miraba hacia arriba..... pero contribuía a confirmar la sensación de vaga inquietud que había ido creciendo en su interior desde que Ruth Van Rydock estuvo tan expresiva. —«. —.. «. Los dos hom¬bres..no es justificable... La señorita Marple los enfocó a lo lejos. Detuvo su automóvil ante la puerta de la verja.» Otras frases sueltas llegaron hasta miss Marple. La señorita Marple había llevado sus prismáticos en prevención y creyó llegado el momento de utilizarlos. . «.... —¡Atchis! Está refrescando. Desde la ventana de su habitación la señorita Marple pudo ver a Christian Gulbrandsen que salía a su encuentro. De vez en cuando llegaban hasta ella fragmentos de la conversación.....Lewis Serrocold regresó a las seis y media. Será mejor que entre¬mos.» Al fin oyó a Christian Gulbrandsen...»..».. La solterona apartóse de la ventana con expresión preocupada. ¿Habían revoloteado unos verderones en las copas de aquellos árboles? Antes de alzar los gemelos pudo comprobar que los dos hombres parecían seriamente preocupados.. «tal vez fuese necesario pedir consejo.. era Lewis Serrocold quien hablaba.«realmente serio..«si pudiéramos evitárselo. hubiera creído que algún pájaro ocupaba su atención.

Lo que estaba ocurriendo en Stonygates. Iré a poner fusible nuevo —dijo. y por primera vez. que daba al pie de la escalera principal y a un largo corredor. sobre cuestiones técnicas y otras cosas. —Así que. Todo. Lawson y el doctor Maverick. Salió del Gran Vestíbulo por la puerta de la izquier¬da. donde tomó asiento contemplando la avenida del parque. uno de los terapeutas. Gulbrandsen y Lewis estaban absortos en sus propios pensamientos. iré en seguida a mi cuarto. Carrie Louise preguntó: —¿No vas a ir al teatro esta noche. —Este condenado cordón siempre da chispazo. más ceñudo todavía que de costumbre. que discutió largamente con el señor Baumgarten. La señorita Bellever ha sido de lo más atenta. Gina? La muchacha negó con la cabeza. Esteban. fuera lo que fuese. La cena resultó algo violenta. Casi sostuvo todo el peso de la conversación el doctor Maverick.. Pedí una máquina de escribir. y con un chas¬quido se apagaron todas las luces. después de la comida Christian Gulbrandsen pidió que le disculparan. en cuyo extremo hallábase la habitación de los huéspedes y un cuarto de baño. tras dirigirle una mirada. Cuando hubo desaparecido. se sentó al piano y comenzó a interpretar una suave melodía. Baumgarten. Los dos maestros. antes de dirigirse hacia la ventana. se retiraron tras dar las buenas noches. afectaba definitivamente a Carrie Louise. porque tenía que escribir una carta muy importante. mi querida Carrie Loui¬se. enfadado. sí. Walter Hudd. Cuando pasaron al vestíbulo. Gina y Esteban tuvieron poco que decirse.. Wal¬ter quiso encender una lámpara de pie. y ya la tengo. extraña y melancólica. si me lo permite. —¿Tienes todo lo necesario? —Sí. .

. Carrie Louise tendió la mano para co¬gerlo. pero con la decisión que le caracteri¬zaba.. Interrumpióse y se volvió airada.. cogió el vaso de manos de la señorita Bellever para dejarlo sobre el gran aparador de roble. La puerta de entrada se había abierto con violencia y vuelto a cerrar de golpe. Resultaba ridículo. La señora se encuentra mucho mejor desde que. querida. el cual parecía grandemente sorprendido. su marido: —No creo que debas tomarlo esta noche. pero no del todo. mi enemigo! Se había dirigido a Lewis Serrocold. Entonces. tratan¬do de impresionar con su actitud. señor Serrocold. Sonriente. no estoy de acuerdo con usted. Edgar Lawson avanzó por el vestíbulo con el aire de un artista que hace una entrada triunfal y se detuvo en el centro de la estancia. —Se puso en pie de un salto y fue al comedor regresando con un vasito lleno de un líquido rosa¬do. y dijo. es todo lo que hace aquí —repuso Mildred Strete—. —Confieso que esta noche me había olvidado por completo.. ..Cuando salía. ¿Recuerdas cómo arregló el tostador? —Al parecer. Madre. Carrie Louise murmuró —Wally sabe mucho de estas cosas. inopinadamente. intervino Levvis Serrocold. Y con calma. ¡Oh. con entonación teatral: —Al fin te he encontrado. —La verdad. No estoy seguro de que te haga ningún bien. ¿has tomado ya tu acostumbra¬da medicina? La señorita Bellever pareció muy contrariada. —Una cosa tan mala y nadie consiente que me olvi¬de tomarlo — dijo haciendo una mueca.

No te queda más remedio que reconocerlo. que cerró tras de sí. La señorita Marple carraspeó: . Cuéntamelo todo con calma. Ven a mi despacho. cuando se había dirigido a Lewis Serrocold. Lewis le tomó del brazo. No hubo pre¬cisamente afecto en la expresión de Edgar momentos antes. La señorita Marple la miró intrigada. Jugueteaba con lo que fuese. Le condujo hasta la puerta de la derecha. Has estado engañándome. sino todo lo contrario. Me refiero a Edgar. oyóse el ruido de una llave al girar en la cerradura. madre. vamos. muchacho. —Vamos. —Está completamente desequilibrado y no agrade¬ce en absoluto lo que se hace por él —dijo Mildred—. Esteban separó las manos de las teclas y dijo: —En cualquier película sería un revólver. si Carrie Louise no volvía deliberadamente la es¬palda a la realidad.. Se preguntaba. espiándome. No me parece de fiar. —Ese joven está perdiendo la cabeza —dijo la se¬ñorita Bellever—... La señorita Bellever miró a la solterona mientras la misma idea cruzaba por sus mentes. como tantas otras ve¬ces. Luego. Edgar! ¿Qué ocurre? —¡Y tú me lo dices. no te excites. Gina dijo con acritud: —Llevaba algo en el bolsillo. No era Lewis Se¬rrocold quien había echado la llave. —No es malo —murmuró Carrie Louise con un leve suspiro—.—¡ Vaya. tú! Tú sabes muy bien lo que pasa. Quiere mucho a Lewis. trabajan¬do en contra mía.

calma.. Me odias. todo mentiras. de Lewis. éstas no consiguieron apaciguarle sino que... pero de pronto se oyó claramente. Se oyó un murmullo.. eso es todo. Me vengaré. A través de la cerrada puerta del despacho de Le¬wis el rumor de las voces era apenas audible. La voz de Lewis sonó cortante. En el vestíbulo todos guardaban silencio.. ten calma.. mentiras. sabes que nada de eso es cierto. ¿No podríamos avisar a la policía.. o hacer algo? Carrie Louise repuso con suavidad y sin moverse: —No hay necesidad de preocuparse. Me vengaré por lo que me has hecho sufrir.... cosa inaudita en él. Más al parecer. Te qui¬taré esa expresión altanera del rostro. —. . acrecentaron su furor. por el contrario. Está loco.—Creo que usted sabe que era un revólver. —¡ Aparta ese revólver! Gina gritó: —Edgar le matará.. —Haré que me escuches —chillaba Edgar—. mentiras. que a la señorita Marple le pareció la de un perturbado.... —Mentiras.. Yo debiera poseer esta casa. Se oyó la risa de Edgar. Edgar quiere a Lewis. Yo soy tu hijo. quieres librarte de mí.. te lo aseguro. Siguieron unas pa¬labras de Lewis.. Sólo está haciendo teatro. Me has privado de mis derechos.. pendientes de lo que ocurría tras la puerta del despacho. Gina. Edgar Lawson gritaba mien¬tras la voz de Lewis Serrocold conservaba el mismo tono razonable.. sin duda hablaba Lewis y luego aquella voz histérica volvió a dejarse oír con más fuerza soltando improperios. Al parecer Edgar estaba perdiendo el dominio de sí mismo.

pues volvía a gritar: —Vas a morir. Tras la cerrada puerta Edgar seguía gritando: —Y sigues ahí sentado mirándome. Alguien. a morir.. más Carrie Louise dijo: —No ha sido nada. De nuevo volvió a soltar una letanía de insultos. todo este tiempo. Les sobresaltó una explosión parecida a la de un dis¬paro.... fue ahí fuera. Eres tú quien ha maquinado esta conspiración contra mí y vas a pagarlo caro. . No mereces seguir viviendo. sino. en algún lugar del jardín. ¡Toma esto. ¿Por qué no caes de rodillas suplicándome piedad? Voy a disparar. Tengo un revólver. ¿no es cierto? Y me has es¬tado contando mentiras. ¿qué vamos a hacer? Oyóse un golpe como el de un cuerpo al caer al sue¬lo y luego.. No digas nada y no te muevas. Edgar parecía haberse callado para tomar aliento. te lo aseguro.. la señorita Marple creyó que fue Mildred.. gritó: —Oh. Vas a morir ahora... No lo consentiré.. y está cargado.. demonio.. sin lugar a dudas. tu hijo desconocido y despreciado. tras aquella puerta cerrada. Simulando ser bueno conmi¬go. Ahora tienes que oírme..—Sí. querías mantenerme oculto. mirándome. ¡Dispararé! Soy tu hijo... Pusiste espías para que me vigilaran.. inmóvil.... esta vez no en el parque. o tal vez que desapareciera del ma¬pa.. y esto! Sonaron dos disparos... organizaste un complot contra mí. algo más terrible que todo lo anterior..... Du¬rante aquella escena la señorita Marple tuvo la con-ciencia de que alguien dijo: —Tenemos que hacer algo —y abandonó a grandes pasos la estancia. Dios mío. todo este tiempo. el jadear de una respiración difícil. ¡Tú! ¡Mi pa¬dre! Sólo soy un bastardo.. me persiguieran..

—dijo muy dulcemente—. pero por lo demás estaba im¬pasible. y con un gesto amable hizo apartar a Esteban—. Al hacerlo oyeron caer la llave detrás de la puerta. Edgar. Oyeron girar la llave en la cerradura y la puerta se abrió lentamente. La señorita Bellever volvió a entrar en el vestíbulo con un manojo de llaves. ¿qué es lo que ocurre? Mildred le dijo entre lágrimas: —Ese loco ha disparado contra el señor Serrocold. El vestíbulo cobró nueva vida después de la den-sa oscuridad. —Abrid la puerta. como si hu-biera estado corriendo. —Pruebe con alguna de éstas —dijo casi sin aliento.. En aquel momento volvieron a encenderse las luces. —Está perfectamente. Esteban Restarick comenzó a probar las llaves. sino Lewis Serrocold. —Por favor —fue Carrie Louise quien habló. seguía la anhelante respiración. Walter Hudd llegó caminando tranquilamente. y se detuvo en seco para preguntar: —Díganme. Todo está perfectamente.. Dentro. ¿quieres? Por favor. Dejad¬me que le hable. Se ha¬bía levantado para acercarse a la puerta del despacho. . querida —le dijo—. Abrid la puerta.. —Edgar. Déja¬me entrar. Era Esteban Restarick. Respiraba trabajosamente.. Edgar. Más no era Edgar quien la había abierto.Alguien pasó junto a la señorita Marple y fue a gol¬pear la puerta.

—Pensamos que habría disparado contra usted —di¬jo la señorita Bellever. Lewis frunció el ceño y repuso con ligera aspereza en su voz: —Claro que no ha disparado. Ahora podían ver el interior del despacho. Edgar Lawson estaba de bruces sobre la mesa escritorio, sollozando. El revólver estaba en el suelo. —Pero oímos los disparos... —dijo Mildred. —Oh, sí, hizo fuego dos veces. —¿Y no te dio? .—Claro que no. La señorita Marple no lo encontró tan claro, ya que debió de disparar a muy poca distancia. Lewis Serrocold exclamó irritado: —¿Dónde está Maverick? Es a Maverick a quien ne¬cesitamos. —Iré a buscarle —repuso la señorita Bellever—. ¿Tengo que avisar también a la policía? —¿A la policía? Desde luego que no. —Claro que hay que llamar a la policía —dijo Mil¬dred—. Es peligroso. —Tonterías —insistió Lewis Serrocold—. Pobre mu¬chacho. ¿Tiene aspecto de ser peligroso? En aquellos momentos parecía muy joven, desgra¬ciado y bastante repulsivo. Su voz había perdido su entonación estudiada. —No tenía intención de hacerlo —sollozó—. No sé lo que pasó por mí... diciendo todas esas cosas... debo haber estado loco. Mildred aspiró con fuerza.

—Debo haber estado completamente loco. Fue sin querer. Por favor, señor Serrocold, no tenía intención de hacerlo. Lewis le dio unas palmaditas en el hombro. —Está bien, muchacho. No ha pasado nada. —Pude haberle matado. Walter Hudd cruzó la estancia y observó la pared tras del escritorio. —Las balas están aquí —y mirando la colocación de la mesa escritorio y el sillón, agregó—: Deben haberle pasado rozando. —Perdí la cabeza. No sabía lo que hacía. Pensé que me había privado de mis derechos. Pensé... La señorita Marple aventuró la pregunta que desea¬ba formular: —¿Quién le dijo que el señor Serrocold era su padre? Por un segundo apareció una expresión recelosa en el alterado rostro de Edgar. Fue como un relámpago. —Nadie —repuso—. Se me ocurrió a mí. Walter Hudd miraba el revólver caído sobre el suelo. —¿Dónde diablos encontraste este revólver?-—quiso saber. —¿Revólver? Edgar, sobresaltado, miró al suelo. —Parece exactamente igual al mío —se agachó para recogerlo—. ¡Por vida de... si lo es! Lo cogiste de mi habitación, miserable gusano. Lewis Serrocold se interpuso entre el abatido Edgar y el americano. —Todo esto puede arreglarse después —dijo—. Ah, allí está Maverick. ¿Quieres echarle una mirada, Maverick? El doctor acercóse a Edgar con aire profesional. —Eso no se hace, Edgar. Ya sabes que no se hace.

—Es un loco peligroso —dijo Mildred con acritud—. Ha estado delirando y luego ha disparado contra mi padre. Por suerte, no le ha acertado. Edgar exhaló un gemido y el doctor Maverick dijo molesto: —Por favor, tenga cuidado, señora Strete. —Estoy harta de todo esto. ¡Harta del modo como se comportan todos! Le digo que este hombre está loco. Con un movimiento brusco, Edgar se separó del doc¬tor Maverick cayendo a los pies del señor Serrocold. —Ayúdeme, ayúdeme. No permita que me lleven de aquí y me encierren. No les deje... Una escena desagradable, pensó contristada la seño¬rita Marple. —Les digo que es... —Mildred estaba indignada. —Por favor, Mildred —dijo su madre, conciliado¬ra—. Ahora no. ¿No ves que sufre? —¡Un loco que sufre! —murmuró Walter—. Todos esos muchachos lo están. —Yo me ocuparé de él —dijo el doctor Maverick—. Ven conmigo, Edgar. A la cama, te daré un calmante... y hablaremos de todo esto mañana. Ahora confía en mí. ¿Quieres? Algo tembloroso, Edgar consiguió ponerse en pie mirando vacilante ora al joven doctor, ora a Mildred Strete. —Ella dice... que estoy loco. —No... No lo estás. Se oyeron los pasos apresurados de la señorita Bellever, que venía por el vestíbulo con los labios apreta¬dos y el rostro enrojecido. —He telefonado a la policía —dijo secamente—. Es¬tará aquí dentro de pocos minutos. Carrie Louise exclamó:

—¡Jolly! Lewis Serrocold frunció el ceño. —Jolly, le dije que no quería que avisara a la poli¬cía. Ésta es una cuestión interna. —Es posible —repuso la señorita Bellever—. Pero yo tengo mi propia opinión. Tuve que llamarla. El se¬ñor Gulbrandsen acaba de ser asesinado.

CAPÍTULO VIII

Pasaron uno o dos segundos antes de que la com¬prendieran: Carrie Louise dijo incrédula: —¿Christian asesinado? ¿Muerto de un disparo? Oh, eso es imposible. —Si no me creen —repuso la señorita Bellever diri¬giéndose no sólo a Carrie Louise sino a toda la concurrencia—, vayan a convencerse. Estaba furiosa, y su enfado se notaba en el tono crispado de su voz. Despacio, como si no estuviera del todo convencida, Carrie Louise dio un paso en dirección a la puerta. Lewis Serrocold puso una mano sobre su hombro. —No, querida; deja que vaya yo. Y salió. El doctor Maverick, después de dirigir una mirada a Edgar, le siguió, y la señorita Bellever fue tras ellos. La señorita Marple hizo sentar a Carrie Louise, que la obedeció apesadumbrada. —¿Christian... muerto? —volvió a decir con el pro¬pio asombro de una niña.

¿Cómo estáis esta noche? Hay muchísima niebla en la carretera.Walter Hudd permaneció junto a Edgar Lawson mi¬rándola ceñudo mientras su mano sostenía el revólver que acababa de coger del suelo. ¿Recibisteis mi te¬legrama? Se dirigía a Carrie Louise. Fue un homenaje afectuoso. dio un paso hacia Gina. No era posible que el mismo hom¬bre pudiera estar al lado de Gina y a la vez entrando en la habitación. Mas la señorita Marple pudo observar además otra cosa: Que sus ojos se fijaron en Gina en cuanto entró en el vestíbulo. no mera cortesía teatral. Era un hombre atractivo. El recién llegado era un tipo normal. De pronto abrióse la puerta principal y entró un hombre con un grueso abrigo acompañado de una rá-faga de aire frío. . de ésos que dan la sensación de autoridad. Casi mecánicamente. buen humor y éxito. y se acercó a ella. cuyo rostro pletórico de vida era lo más atrayente de la habitación. la señorita Marple pensó que estaba viendo doble. Entonces pudo darse cuenta de que se trataba de un gran parecido. Esteban Restarick era delgado hasta resultar dema¬crado. He tenido que venir muy despacio. ella le tendió la mano. que él besó respetuoso. Por unos instantes. —¡Bah! Cualquiera de ésos —murmuró Walter. La señora Serrocold volvió a decir con extrañeza: —¿Pero quién iba a querer matar a Christian? Era indudable que aguardaba una respuesta. —Hola a todo el mundo. Estaba bien claro que aque¬llos dos hombres eran hermanos y muy semejantes. —¿Me esperabais? —preguntó—. con ademán protector. El enorme abrigo con cuello de astracán le sentaba perfectamente. no tan grande cuando se les observaba de cerca. Su caluroso saludo resultaba algo desconcertante. Esteban. pero nada más.

Alex Restarick fue mirándolos a todos. . asintiendo. oímos el disparo.—Claro. estoy segura —dijo Gina. —¿Qué ha ocurrido? Mildred le informó con cierta fruición. Jolly Bellever entró en el vestíbulo por la puerta de la biblioteca. quiero decir? —Un momento antes de que tú llegaras —le dijo Gina—. Su herma¬no Esteban hizo una inclinación de cabeza. claro. porque. sólo que no hicimos caso. querido Alex. Walter Hudd le devolvió la mirada con cierto resenti¬miento Los ojos de Alex se fijaron en la señorita Mar¬ple y frunció el ceño. —Tío Christian no era capaz de suicidarse. —Mi hermano Christian Gulbrandsen ha sido encon¬trado muerto. —Desde luego —agregó Walter Hudd con remarca¬do énfasis. Se veía que le hubiese gustado que le aclararan su presencia en aquella casa. Era como si hubiera encontra¬do un adorno donde no deseaba verlo.. Christian. han ocurrido cosas. ¡no! Oh. estaban ocurriendo otras cosas. no. Unos tres o cuatro minutos antes. ¿Cuándo ha ocurri¬do. claro. pero nadie lo hizo y la señorita Marple siguió dando la impresión de ser una anciana dulce y distraída. —dijo Gina sin respirar apenas. Sólo que.. no —apresuróse a decir Carrie Louise—.. ¿sabes?. —¿Cuándo? —preguntó Alex—. No es posible. —¡Cielos! ¿Quieres decir que se ha suicidado? —Oh. verás. que la seño¬rita Marple consideró de mal gusto. —¿Que no hicisteis caso? ¿Por qué? —Pues..

vaya. Si usted cree que debe ir.. Carrie Louise. tú no lo comprendes. que tenía a la derecha del come¬dor y a la izquierda la doble puerta que daba a la co¬cina.—El señor Serrocold nos ruega que esperemos en la biblioteca. El doctor Maverick. Será más conveniente para la policía. y deje que la señorita Bellever cuide de usted. señora Serrocold. De momento es posible que no acuse el golpe. hasta llegar a la habitación de los huéspedes. seré razonable. —Oh. Menos la señora Serrocold. —¿Quiere ir. repuso: —Querida Jolly. . Juana? Se dirigieron juntas a la puerta. Era una estancia amueblada más como sala que como dormito¬rio. —Doctor Maverick —exclamó la señorita Bellever—.. que entraba en aquel momento. a verle? —le preguntó éste. Juana. —Comprendo —se hizo a un lado—. —Debo hacerlo. incluso le sonrió un tanto. no. —Miró a su alrededor—.. Ha sufrido un gran shock. Deténgala. Cara. He ordenado que le pongan una botella de agua calien¬te en la cama. poniéndose en pie. Las dos ancianas pasaron ante el pie de la escalera al salir del vestíbulo.. Creo que tiene usted razón. Carrie Louise miró con toda calma al joven doctor. —Sí. La llevaré arriba y.. —Primero debo ver a Christian.. Vamos. querida. pero acuéstese luego... Es una imprudencia.. casi tropezó con ellas.. ¿Juana? La señorita Marple acercóse a ella. —¿Quieres venir conmigo. que había sido destinada a Christian Gulbrandsen. pero le aseguro que se resentirá después..

Acercóse a la mesa y se quedó mirando el cadáver con afecto y tristeza muy sinceros.. La señorita Marple se apartó un poco.. —Oh. Lewis Serrocold estaba de pie junto a la ventana. . Y allí estaba. Tenía que.La cama estaba en una alcoba. La policía debe ver las co¬sas tal como las encontramos. —El querido Christian.. Sólo queda la posi¬bilidad de. Christian no era capaz de suicidarse y además era una persona tan sensata que no es posible que le haya ocurrido un accidente. —Claro. Lewis. sí. fue asesinado? —Oh. y gracias. Hay que saber exactamente cómo han ocurrido las cosas. Siempre fue bueno conmigo. ¿entonces.. Había separado un poco la cortina y miraba al ex-terior. ante una máquina de escribir portátil. Creí que ya lo sabías. —Dios te bendiga. no debieras haber venido. sí —Lewis Serrocold pareció sorprenderse de que se le hiciera aquella pregunta—. —vaciló— un asesinato. Miró hacia atrás y frunció el ceño. Christian Gulbrandsen había estado sentado tras el gran escritorio de caoba. y una puerta daba al cuarto de baño. —Querida. querido Christian —dijo. verle. Lewis le advirtió. Fue hacia Carrie Louise y ella le tendió una mano. pero caído hacia atrás en el sillón. Suavemente tocó su cabeza con la punta de los de¬dos. —Lo sabía. —No debes tocar nada. Carrie Louise se detuvo en el umbral de la puer¬ta. Acercóse despacio a la mesa escritorio.

El señor Serrocold se ha quedado en la ha¬bitación del señor Gulbrandsen para procurar que no se toque nada. —Quisiera haberte podido evitar esto. —Soy Jolly Bellever. —Sí. Y es mejor que sea cuanto antes... Más pronto o más tarde hay que ha¬cer frente a los hechos.. «Una mujer muy competente —pensó el inspector—.» . —Uno no puede evitar a los demás lo que quisiera —repuso ella—. Me figuro que te quedarás aquí hasta que llegue la policía. Casi todas las personas que habitan en esta casa están reunidas en la biblioteca. al otro lado de esa puerta. El doctor Maverick. Salió a recibirlos. a uno de los muchachos a la otra ala del edificio. Carolina. haga el favor.. Carrie Louise se volvió para marcharse y la señori¬ta Marple la rodeó con su brazo.Lewis Serrocold parecía más emocionado de lo que nunca le viera la señorita Marple. que fue el primero en examinar el cadáver. Parece haberlo resuelto todo. ¿Quieren que les muestre el ca¬mino? —Sí. Tuvo que llevar a un. estará aquí dentro de muy poco. CAPÍTULO IX El inspector Curry y sus acompañantes encontra¬ron a la señorita Bellever sola en el Gran Ves¬tíbulo. —¿Fue usted quien encontró el cadáver y nos tele¬foneó? —Sí. compañera y secretaria de la señora Serrocold.

y espero no entretenerlos mucho esta noche. El fotógrafo hizo las fotografías pertinentes. si lo desea. Estaba . y cuando yo haya terminado con la señorita Bellever. Mañana podremos repasar mejor las cosas. —Eso mismo iba a sugerirle —repuso la aludida. puede subir a hacer compañía a su esposa. una mujer de mediana edad. que le había telefonea¬do y recibido a su llegada. la bonita muchacha que él vie¬ra algunas veces conduciendo un coche por los alrede¬dores. Sin embargo. El inspector Curry había preparado su discurso y vio llegado el momento de soltarlo. Lewis Serrocold le acompañó hasta la biblioteca. Un par de hombres jóvenes que de un modo u otro estaban mezclados en el suceso.La siguió por el pasillo. tomando notas mentales. y el inspector Curry se dispuso a comenzar el interrogatorio oficial. Una anciana de cabellos blancos. Señor Serrocold. Fue la señorita Bellever quien descubrió la muerte del señor Gulbrandsen y por eso le pido que sea ella quien me haga un esquema de la situación general. La señorita Bellever procuró que se instalaran có¬modamente. —Me temo que todo esto resulte muy molesto para ustedes —les dijo—. una ambulancia se llevaba los restos mortales de Christian Gulbrandsen. y aquel ceñudo americano que era su marido. qui¬siera hablar con usted. Media hora más tarde.. El inspector Curry tenía una voz agradable y modales corteses. la señorita Bellever. lo cual nos evitará muchas repeticiones.? —En mi propio despacho.. Llegó el forense y se reunió con el doctor Maverick. y aquella mujer tan dispuesta. Jolly —dijo Lewis Serro¬cold. donde miró inquisitivamente a los reunidos. Parecía ser ella y no el inspector Curry quien dirigía la investigación. Durante los veinte minutos siguientes la policía llevo a cabo su metódica inspección. Cruzó el amplio vestíbulo seguida del inspector y su ayudante. ¿Está claro? ¿Hay alguna ha¬bitación reducida donde. había llegado el momento de tomar la iniciativa.

el señor Gulbrand¬sen expresó la intención de trabajar en su habitación. vino muy al¬terado y amenazó al señor Serrocold con un revólver. pero prefería no hacer alarde de ello. El inspector Curry pareció satisfecho de sus cono¬cimientos y se dispuso a continuar... Le encontré con uno de sus colegas.. Estaban encerrados en esta habitación. señorita Bellever. el fundador del Trust Gulbrandsen y Compañía.. Le llamé por el teléfono interior. y todo lo demás. y daba la sensación de querer disculpar su intromisión. —Esta tarde se registró un accidente bastante des¬agradable. —Sí. serio. y cuan¬do le di el recado. cuénteme cómo descu¬brió el cadáver. puede ver los agujeros de las balas en esa pared.tranquilo. Un joven. —Conozco algunos hechos personales por boca del señor Serrocold. Algunas personas cometían el error de no saber apreciarle. Era tan importante para su trabajo como la señorita Belle¬ver para el suyo.. —El señor Serrocold estaba en Liverpool. Regresó esta tarde en el tren de las seis treinta. Mientras regresaba. pero no estaba en su habitación. un caso psicopático. leche calien¬te. Eric Gulbrandsen. —Esta noche. antes .. después de cenar. el joven quedó anonadado. el señor Serrocold resultó ileso.. Lue¬go de disparar. ¿Es así? —Sí. o whisky. retirándose después de haber sido servido el café. —Ahora. ¿Co¬rrecto? —Sí. Por fortuna. El señor Christian Gulbrandsen era el hijo mayor del finado. Quise preguntarle si quería alguna cosa. Era uno de los socios de esta institución y llegó ayer inesperadamente. fui a la habitación del señor Gulbrandsen. y el señor Serrocold me envió a buscar al doctor Maverick. Aclaró su garganta. vino aquí inmediatamente. El muchacho disparó.

¿Celebró la entrevista con el señor Serrocold? —No. Vi que estaba muerto y le telefoneé a usted.de acostarse. . y es por donde se sale para ir a los edificios del Colegio. pero no ob¬tuve respuesta. —¿Así que su intención. no hubo tiempo... —Pero le contrarió no encontrar al señor Serrocok e inmediatamente decidió esperar su regreso. —¿Y hay unos doscientos o doscientos cincuenta jó¬venes delincuentes en este Colegio? —Sí. —Oh.. es de presumir. naturalmente. El señor Gulbrandsen no tenía nada que ver con la marcha del Colegio ni con su administrador —¿Cuál fue el motivo de su visita? —No tengo la menor idea.. así que abrí la puerta. —Sí. era hablar con el señor Serrocold? —Sí. Llamé. cómo diremos. por ciertos asuntos relacionados con el Instituto. no. No se cierra hasta que todos se han retirado.. —¿Cuántas puertas de entrada y salida hay en la casa? ¿Y cómo se cierran? ¿Es posible que entrara al-guien sin ser visto ni oído? —Cualquiera pudo haber entrado por la puerta la¬teral izquierda. ¿El señor Gulbrandsen había dado motivos para.. El señor Serrocold llegó pre¬cisamente antes de cenar. —Sí. en definitiva. Me atrevo a asegurar que es casi imposible que alguien pueda salir de allí sin ser visto. pero esos edificios están bien vigilados. Pudiera ser. para que le guardasen rencor? ¿O había tenido alguna decisión en cuanto a organización que lo hiciera impopular? La señorita Bellever negó con la cabeza. —Tendremos que comprobarlo.

si es que se había quedado expresamente para verle. —¿Oyeron el disparo y no se alarmaron? —Las circunstancias eran algo anormales. —Desde luego. no lo pensé.—Pero después de terminada la cena. desde luego. Y le explicó algo más detalladamente la escena des¬arrollada entre los señores Lewis Serrocold y Edgar Lawson. tras unos instantes de vacilación.. —¿Y no tiene usted idea de qué hora sería cuando asesinaron al señor Gulbrandsen? —Creo que es posible que fuese el disparo que oí¬mos. —¿El señor Serrocold no le acompañó a su habi¬tación? —No.. Nos sentimos muy aliviados al ver que no provenía de esa habita-ción. es bastante extraño. Parecía que la señorita Bellever reparaba en ello por primera vez. Yo. el señor Gul¬brandsen dijo que tenía que escribir unas cartas im-portantes y se retiró. ¿No sugirió el deseo de celebrar una conferencia con el señor Serrocold? —No lo hizo —repuso la señorita Bellever. De ser así. Y agregó con aspereza: —No es de esperar que en una misma casa y la misma noche se registren un crimen y un intento de asesinato. —¿Y por eso a ninguno se le ocurrió que el disparo pudo haber sido hecho dentro de la casa? —No. se quedó en el vestíbulo. El inspector Curry tuvo que admitir aquello como lógico. fue a las nueve y veintitrés minutos. —Sí es extraño. .

pensé que había sido asesinado. —Ya. Vi la herida en la cabeza pero puesto que no se veía arma alguna. algo molesta—. Alex Restarick. Tenía intención de preguntarle si necesitaba alguna co¬sa. Me dije que debió ser una explosión del auto¬móvil del señor Restarick. y que esa carta ya no estaba cuando volvió? . después de todo lo ocurrido. Creo que debió ser aquella explosión. cuando nos acompañó hasta allí.. —Y ahora.. —¿Qué es lo que le hizo pensar que algo pudiera andar mal? —No lo sé. ¿esta¬ba todo exactamente igual a como estaba cuando usted descubrió el cadáver? La señorita Bellever recapacitó unos momentos. —¿Del automóvil del señor Restarick? —Sí.—De todas formas —dijo de pronto la señorita Bellever—. De momento no le di importancia. pero luego volvió a mi mente. Se echó atrás entrecerrando los ojos. —¿Quiere usted decir que la primera vez que entró en la habitación del señor Gulbrandsen pudo observar que éste estuvo escribiendo una carta. El inspector Curry pensó que era de esas personas que poseen una memo¬ria fotográfica. Llegó esta tarde en su coche... más era una especie de excusa para asegurarme de que todo marchaba bien. Entonces no había nada en la máquina de escribir. ¿Cuando descubrió el cadáver del señor Gul¬brandsen tocó alguna cosa de la habitación? —Claro que no —repuso la señorita Bellever. creo que eso fue lo que me impulsó más tar¬de a dirigirme a la habitación del señor Gulbrandsen. —Una cosa no estaba igual. El inspector Curry la observó unos instantes. Sabía que no había que tocar ni mover na¬da.

Ahora quisiera hablar con el señor Serrocold. claro. El sargento Lake dijo: —Claro que todavía no lo sabemos todo.. gracias. esa anciana. ¿por qué Gulbrandsen? El único forastero entre estas rejas. pero primero tal vez con la señorita Marple.. no sabemos nada en absoluto —re¬puso el inspector. ¿No se llama así? Así podría irse a descansar. —¿La señora Serrocold y la señorita Marple? ¿Quién es la señorita Marple? —Esa anciana de cabellos blancos. —Gracias. Todo lo que nos ha dicho usted está muy claro. Es bastante cruel tenerla des¬pierta hasta tan tarde —dijo el inspector Curry—. Y la señora insistió mucho. Debe haber sido un gran golpe para ella. ¿Quién más entró en esa habitación antes de que llegásemos nosotros? —El señor Serrocold. ¿quiere? —Si me hace el favor. Probablemente así será. La señorita Bellever abandonó la habitación y Curry dijo mirando al techo: —¿Gulbrandsen? ¿Por qué Gulbrandsen? Doscientos jóvenes desequilibrados. estoy casi segura de que vi una hoja de papel blanco puesta en la máquina. Fue compañera de colegio de la señora Serrocold.. Se quedó allí cuando vine a recibirles a ustedes. Ah. . —La avisaré.. señorita Bellever. —Hasta ahora. —Bien. señorita Bellever.—Sí. Y la señora Serrocold y la señorita Marple fueron también. Pero. Llegó hace unos cua¬tro días para pasar aquí una temporada. No hay razón para que no haya sido uno de ellos.

Estoy seguro de que habrán pasado muy mal rato. —Sí.. Durante todo este tiempo me ha parecido ver algo raro en él. La señorita Bellever me ha puesto al corriente. para traerla a la realidad: —Tiene usted razón. —Oh. —No se preocupe. lo sé —repuso la señorita Marple—. pensó el inspector. Es tan difícil. Estaba algo ruborizada y él apresuróse a tranquilizarla.. lo sé. Para ellas. —Sí. Y fueron a la habitación del señor Gul¬brandsen. Somos antiguas amigas. Ha sido todo tan dramático. Conozco los aconteci¬mientos que han tenido lugar esta tarde. verdad! Y nunca he sabido cómo pueden arreglárselas con una pecera llena de peces. Me pidió que fuese con ella. como dicen los ilusionistas. —Primero esa barahunda entre el señor Serrocold y. tuvo efecto la muerte del señor Gulbrandsen. o intencionada¬mente. no.. el.. señora. desde luego. ¿Alguna de ustedes tocó alguna cosa mien-tras estuvieron en la habitación? —Oh. Equivocamos la dirección. El inspector Curry parpadeó y dijo. una vez terminado ese penoso altercado.. ese Lawson. Y a menudo nos fijamos en lo más equivocado. cadáver. El señor Serrocold nos advirtió que no lo hiciéramos. sí. . Tengo entendido que usted acompañó a la señora Se¬rrocold a ver el. —Exacto. Porque cuando uno mira una cosa no puede ver las otras. ¿verdad? Me refiero a sacar algo en claro. Todo esto es muy molesto. —se detuvo para consultar sus notas—. Pero tenemos que hacerlo para aclarar el asunto.Se puso en pie galantemente al ver entrar a la se¬ñorita Marple.. los policías son de clase inferior y quiso demostrarle que sabía respetarla—. —Lo creo. ¡Qué listos son.. señora —a las ancianas les gusta que se les llame señora.. Y luego. —Un muchacho muy extraño —dijo la señorita Marple—. aunque es difícil saber si lo hacemos porque sí.

—¿Su corazón? ¿Es que acaso padece del corazón? —En absoluto. Soy un poco sorda. —¿No demostró deseos de celebrar una conferen¬cia sobre negocios con el señor Serrocold? —No. o significativo que usted recuerde? La señorita Marple meditó unos instantes.. Por su corazón. luego dijo: —¿Oyó usted una explosión esta tarde. —¿No hay nada especial. Y agregó: —Ya habían sostenido una pequeña conversación. dijo que tenía que escribir unas cartas. El inspector Curry guardó silencio un par de segun¬dos. ¿sabe? Pero la señora Serrocold dijo que había sido dentro del parque. en particular. —Según creo. Me fijé porque me pareció extraño. El señor Gulbrandsen estaba sentado ante la máquina. durante la disputa entre el señor Serrocold y Edgar Lawson? —Yo no la oí. . lo encontré muy raro. —Me preguntó por la salud de la señora Serrocold. según tengo entendido.. el señor Gulbrandsen abandonó la reunión inmediatamente después de cenar. —¿Habló mucho con el señor Gulbrandsen mientras estuvo aquí? —Muy poco.—¿Se fijó si había una carta o un pedazo de papel puesto en la máquina de escribir? —No había ninguno —repuso la señorita Marple sin vacilar—. —Sí. Sí. así que debía estar escribiendo algo.

—¿Y por casualidad. Es en ella en quien debemos pensar ante todo.. «Si pudiéramos evitárselo». —¿Quién más lo sabe? —Me parece que nadie más —dijo la señorita Marple—.. —dijo de un modo delicado— no oyó algo de lo que decían? —Sólo algunas palabras sueltas.. —¿Pájaros? —Sí. eso es lo que dijo el señor Gulbrandsen.» Tam¬bién hablaron de «una gran responsabilidad» y que tal vez debieran «pedir consejo». —¿Cuáles fueron? La señorita Marple guardó silencio unos momentos antes de contestar. observando unos pájaros.. pájaros —y agregó. A no ser que el señor Serrocold se lo dijera a su esposa. al cabo de unos instan¬tes—: Creí que tal vez fuesen verderones.. . pero su preocupación era que no llegara a conocimiento de la señora Serrocold. y el señor Serrocold repuso: «Estoy de acuerdo contigo. el señor Gulbrandsen salió a su en-cuentro y estuvieron paseando por la terraza. pero cuando llega¬ba por el parque.—¿Sí? ¿Cuándo? Creí que el señor Serrocold había llegado precisamente antes de cenar. Hizo una pausa. —Eso es completamente cierto. Al inspector Curry no le interesaban en absoluto los verderones. —No sé exactamente cuál sería el tema de su con¬versación. —¿Sabe? Creo que será mejor que se lo pregunte al señor Serrocold. Dio la casualidad de que yo estaba mirando por la ventana.

de momento. Cuando la solterona hubo salido de la estancia. Fue a sentarse. claro. Y sonrió sin darle importancia. en la butaca que acababa de abando¬nar la señorita Marple. El señor Serrocold impidió que su esposa tomara su medicina. Curry sonrió. tras de la mesa de escritorio. Una vez hubo tomado asiento Serrocold. cosa que . sino en su propio sillón. señorita Marple. creando de ese modo una atmósfera de intimidad. es un detalle tan insignificante. —Desde luego. miró pen¬sativo a los dos policías.. ¿Y no recuerda nada más que le haya parecido anormal esta tarde? —Pues todo.. pero astuta. —Sí.—Lo haremos. muchas gracias. Bien. Algo acudió a la memoria de la señorita Marple.. La señorita Bellever quería que la tomara.. —Hubo otro incidente bastante curioso. como el de un hombre que está pasando por una dura prueba. La señorita Bellever había brindado al inspector una butaca frente a la mesa. Su rostro parecía marchito y fatigado. —Es vieja. como si inconscientemente reservara el sillón de Lewis para cuando él llegara. —Pero. pero no lo hizo. Esto es todo. el sargento Lake comentó con el inspector. señora. CAPÍTULO X Lewis Serrocold entró en su despacho y volvió¬se para cerrar la puerta.. desde luego. claro. asintiendo.

sino para ser él quien interrogase. —Oh. señor Serrocold. Estaba esperándome y salió a mi encuentro. Fue entonces cuando me dijo el motivo que le trajo aquí. —¿Cuándo? —Cuando llegué de la estación. tengo entendido que llegó de improviso. —Creo que debemos ser nosotros los que nos ocupe¬mos de eso.. . —Ahora. Hablamos en la terraza. cosa que irritó un tanto al inspector Curry..sorprendió un poco al inspector Curry. no se trataba de ningún pariente cercano ni amigo íntimo. —¿Usted no sabía que iba a venir? —No tenía la menor idea. Me lo dijo. me figuro. sé a lo que vino. En cuanto al señor Gulbrandsen. no. —¿Ni tampoco el motivo de su visita? Lewis Serrocold repuso tranquilamente: —Oh. No tiene nada que ver con eso. Su actitud era la de un juez. Parecía que los papeles se habían cambiado. —La señorita Bellever creyó que podía tratarse de eso. —Negocios relacionados con el Instituto Gulbrandsen. Lewis siguió sumido en sus pensamientos. y dijo con un suspiro: —Qué difícil es saber lo que debe hacerse. —Completamente de improviso. sino de alguien a quien estaba lejanamente ligado a causa de su matrimonio. sí. Daba la sensación de que Lewis Serrocold no estaba allí para responder a las preguntas de la policía. porque aunque la muerte de Christian Gulbrandsen debió resultar un fuerte golpe para él. señor Serrocold.

—Señor Serrocold.... Pero. fue un golpe tremen¬do para mí. Sí. —¿Qué? —Sí. no era de esperar que volviera hasta dentro de otros cinco meses. inspector. además. Creo. —¿Por qué... tengo que exponer todos los hechos ante ustedes. Yo no sospechaba semejante cosa. Ni yo tampoco. Lewis no contestó de pronto. con franqueza. Eso es lo que debieron suponer to¬dos. —Gulbrandsen acostumbraba venir un par de veces al año para celebrar reuniones con los socios. Por lo que yo sé. y que el asunto. o tal vez eso creyera. Inspector Curry. temo no comprenderle del todo. señor Serrocold? —Porque consideramos de suma importancia que na¬die sospechara el verdadero motivo de su visita... con gra¬vedad: —Me doy plena cuenta de que debido a la muerte de Gulbrandsen. aunque urgente.—Naturalmente. No tengo derecho a decirle lo que debe hacer. pero tan pronto me lo comunicó . como puede imaginarse. Suspiró. Curry inclinóse hacia delante.. se refería al Trust. Christian Gulbrandsen vino aquí ex¬presamente para decirme que mi esposa estaba siendo envenenada lentamente y a sangre fría desde poco tiem¬po atrás. le quedaría muy agradecido. pero si pudiera evitar que ciertas co¬sas llegaran hasta ella. Al fin dijo... de eso no hay duda. La última tuvo lugar el mes pasado. que cualquiera pudo darse cuenta de que el asunto que le trajo debía ser muy urgente. En consecuencia. quizás esto se acerque más a la verdad. pero sigo pensando que la opinión general fue que vino por «cues¬tión de negocios».. —¿Y cuál era? Lewis Serrocold guardó un corto silencio. Gulbrandsen no hizo nada por contrarrestar esta impresión. Gulbrandsen no hizo nada por variar esa opinión. que fue asesinado. me preocupa la felicidad y la paz de mi esposa..

. y ahora creo que no debía de saberlo. ¿usted cree que las suposiciones de Christian Gulbrandsen tenían fundamento? —Oh. —¿Cuáles eran sus pruebas? —No tuvimos tiempo de llegar a eso. Me figuro que pensó que tal vez fuera empleado veneno que atacara el corazón. Lo que ella y nosotros creíamos simple reumatismo. me di cuenta de que ciertos síntomas que aquejaban últimamente a mi es¬posa eran compatibles con sus sospechas. podrían ser muy bien síntomas de en¬venenamiento por arsénico.. sí. Pero yo creo que el arsénico es más «discreto».. El doctor Galbraith es un viejo amigo de los Gulbrandsen y uno de los socios del Instituto. ¿por qué iban a asesinarle? —¿Pero no hizo mención de ningún nombre? —No. calambres en las piernas.. de otro modo... —¿Y de quién sospechaba? —No lo dijo.Christian. Un hombre de gran sabiduría y experiencia que hubiera sido de gran ayuda y consuelo para mi esposa. puesto que conduce a la muerte sin despertar sospe¬chas. —La señorita Marple nos dijo que Christian Gul¬brandsen le preguntó por el estado del corazón de la señora Serrocold. y él sugirió que le pidiéramos consejo y ayuda al doctor Galbraith. Nuestra con¬versación fue muy corta. Nos pusimos de acuerdo para investigar el asunto a fondo. En primer lugar. difícil de convencer. —¿Sí? Eso es interesante. etc. —Pudo haber sospechado. pero muy as¬tuto. si hubiera sido necesario comunicarle nuestras . Sólo sirvió para que me comunicara el motivo de su visita. no hubiera venido a de¬círmelo de no estar seguro de ello. el obispo de Cromer. y para ponernos de mutuo acuerdo en no decir nada a mi esposa hasta que estuviéramos seguros de los hechos. pues. —Entonces. Era un hombre pru¬dente y testarudo.

. —Qué extraordinario —dijo Curry. para salvar la felicidad y la vida de mi esposa. —Gulbrandsen nos dejó. cualquier. Estaba escribiendo la car¬ta cuando le dispararon. Sé que ante sus ojos he co¬metido una falta imperdonable al coger ese papel.. La tengo aquí. Haría cualquier cosa. —¿Cómo lo sabe? —Porque cogí la carta que estaba en la máquina —repuso con toda calma—.sospechas.. que le dijo a modo de reproche: —No debía haberla cogido ni tocado nada de la ha¬bitación.. pero tenía una razón muy poderosa. . Queríamos que nos aconsejase sobre la conveniencia de llamar o no a la policía. en seguida de cenar. Y sacando de su bolsillo un papel doblado. Admito que hice mal. —No toqué nada más. para escribir al doctor Galbraith. pero me temo que volvería a hacerlo otra vez. se lo tendió a Curry. Estaba seguro de que mi mujer querría ir a verle y temí que pudiera leer algo de lo escrito.

le rue¬go que venga a Stonygates tan pronto como le sea po¬sible. y su in¬terés por todo lo que a ella se refiera.. . Pudo oír acercarse a alguien y hubo de escapar para no ser visto.. Para no andarme por las ramas: tengo razones para creer que esa dama dulce e inocente está siendo lentamente envenenada.. —¿Pero cómo dejaron esta carta en la máquina? —Sólo puedo imaginar dos razones. —¿Y al llegar a este punto es cuando Christian Gul¬brandsen recibió el disparo? —dijo Curry..El inspector no dijo nada más por el momento y leyó la hoja escrita a máquina: «Apreciado doctor Galbraith: De ser posible. ¿Qué es lo que debe saber? ¿Qué es lo que debemos ocultarle? Éstas son las preguntas que no sé cómo responder.. que el asesino no tenía idea de lo que Gulbrandsen estaba escribiendo ni a quién. —Sí.. tal vez no tuviera tiempo que perder.» Aquí la carta quedaba interrumpida. Una. Y segunda. Estamos atravesando una crisis de extrema gra¬vedad y no sé cómo debo resolverla. Lo sospeché por primera vez cuan¬do. Sé cuan grande es su afecto por nuestra querida Carrie Louise..

To-davía debe estar en un vaso sobre el aparador de ro¬ble del vestíbulo. Bajando algo la voz dijo en tono confidencial: —Usted me perdonará.. La obtuve esta noche. si es que sospechaba de alguien? Hubo una pausa antes de que Lewis respondiera. ¿por qué tiene tanto interés en ocultárselo a su esposa? ¿Tie¬ne miedo que se deje . —No. —Piensa usted en todo. o sigue sien¬do administrado. el tónico que toma mi esposa.. y me pareció que el medio más fácil es la medici¬na. señor Serrocold.. mejor dicho.—¿Y Gulbrandsen no le insinuó de quién sospecha¬ba. señor Serrocold —le dijo el inspector Curry con una extraña mirada... Esta noche im¬pedí que mi mujer tomara la dosis acostumbrada. ese veneno. —¿Y cómo cree usted era administrado.. —Creo en las actuaciones rápidas. arsénico o lo que sea? —Lo estuve pensando mientras me vestía para la cena. El frasco con el tónico está en el comedor. antes de cenar.. Curry inclinóse hacia delante y se apoyó en el escritorio. pero. Porque en cuanto a los alimentos. —Tendremos que hacerla analizar. Eso era lo más lógico. Y agregó: —Christian era un hombre muy recto. Pero cualquiera puede añadir arsénico al frasco de la medicina. Y de un cajón de la mesa sacó una botellita con¬teniendo un líquido rojo.. Lewis repuso tranquilamente: —Ya preparé una muestra. todos comemos los mismos y ella no toma nada especial.

una persona llena de confianza en los demás.. Todos viven muy cerca de ella y le son muy queridos. a quien aprecia como a un verdadero hijo.. El doctor Maverick y uno o dos profesores están a menudo con nosotros. es posible. Carrie. será algo difícil. No tie¬ne motivos. sería conveniente advertirla. —¿Es eso lo que usted cree? —Tenemos que hacer frente a los hechos.. Pero dada la naturaleza de las cosas. tiene que tratarse de alguien que vive muy cerca de ella y que le es muy querido..invadir por el pánico? Segura¬mente... También los criados. su compañera y amiga de tantos años.. su nieta.. pero no creo que me compren¬da del todo. ¿Qué me dice de cómo le atacó a usted esta noche? . ¿cuál es su nombre: Edgar Lawson? —Sí. En ese caso. Le resultaría inconcebible que alguien quisiera asesinarla... Para ir envenenando poco a poco. ni sabe hablar de eso. su hijastro. insensible y crudo. Al alcan¬ce de la mano tenemos un par de cientos de psicologías torcidas y todavía no desarrolladas. ni lo oye. Carolina... con toda verdad que no ve el mal.. que a menudo se han expresado de un modo violento... por su propio bien. Pero tenemos que ir algo más lejos... Puede decirse de ella. Sin conocer a mi esposa. como todo el mundo. en cierto sentido. Además. Piense en las personas que están en casa: su esposo. sí.. la señorita Bellever. ¿qué motivos podrían tener? —Y ese joven.... y. no obs¬tante. su hija. quiere mucho a Carolina... No se trata de «alguien».. —Pero es un desequilibrado. ¿será alguno de ellos? Curry dijo lentamente: —Hay extraños. ninguno de estos muchachos puede resultar sospechoso en este caso. seguramente podrá darse cuenta.. Mi esposa. —Sí. tiene que ser alguien que viva con nosotros. —Sí. pero. Pero sólo está aquí desde hace poco. hay que sospechar. es una idealista.

Hemos observado el exterior. quedó anonadado y comenzó a sollozar hasta que el doctor Maverick se lo llevó para darle un sedante.—Niñerías —repuso impaciente—. se lo aseguro.. Uno tiene que pensar en los demás. —No intentó darme. señor Serrocold. ¿no? ¿Y esas balas incrustadas en la pared? Disparó contra usted. Él le dará su opinión profesional. —Pues es una manera bastante peligrosa de repre¬sentar.. Me identificó como «padre» y tuvo un ataque melo¬dramático. Estaba ante mí amenazán¬dome con disparar. es innegable.. señor Serrocold. cualquiera pudo haber entrado y asesinado al señor Gulbrandsen. Debe hablar con nuestro psiquíatra. y se consuela de su falta de padre y de un origen in¬digno imaginando que es hijo de un hombre célebre. Cuando hubo disparado. amenazándome con un revólver y soltando improperios. es imposible que el pobre Ed¬gar matara a Gulbrandsen. el doctor Maverick. —A este punto quería llegar. Las personas que andan por ahí disparando revólveres para satisfacer sus instintos. me parece . Es un fenómeno muy conocido. desde luego. ¿no es cierto? Eso. para él. No tenía intención de hacerme daño. En cualquiera de los casos —agregó—. ¿sabe? —Hable usted con el doctor Maverick —insistió Lewis—. Edgar es hijo ilegítimo. Al parecer. —Usted no comprende. tuvo una recaí¬da. Pero hay un campo mucho más limitado en el interior de la casa y en vista de lo que usted me ha estado diciendo. Estaba representando una es¬cena. puesto que la puerta de la terraza no estaba cerrada. señor Serrocold. quiero decir. No me alarmé lo más mínimo. Probablemente mañana por la mañana estará completamente normal. nada más. —¿No desea presentar ningún cargo contra él? —Eso sería lo peor. creo que debiera estar arrestado. Estaba mejorando mucho y por alguna razón. —Con franqueza.. —Ah.

que debemos prestarle mucha atención.. En realidad.. nadie lo abandonó. no era de esa clase de hombres. sí. que con excepción de la señorita. todos. oh. y todos son gente muy respetable. es todo tan in¬creíble.. nadie se enteró de que usted y Christian Gulbrandsen habían tenido una entrevista privada. —Sí.. . Claro que es muy pronto todavía para decir los otros motivos que pudieran exis¬tir. los miem¬bros de mi institución y nuestros invitados... Claro que ignoro lo que ocurriría después de que Edgar y yo entramos aquí. De ser así. er.. señor Serrocold? —No. Pero no creo que ninguno esté en este país. y mientras yo permanecí allí aún bastante rato.. —¿Tenía enemigos? —Me parece bastante improbable. no creo que haya entre ellos ninguna oveja negra.. hijas y nietos. y Walter Hudd fue a ver lo que ocurría. Están los criados. esforzándose por recordar—.. —Así que los sospechosos se reducen a los que vi¬ven en la casa. —¿Y no puede decirme nada más concreto. Gulbrandsen pudo ser asesinado para evitar que le comunicara sus sospechas. Se apagaron algunas luces.. estaban en el Gran Vestíbulo cuando se fue Christian. —Lewis frunció el ceño. Por lo que yo sé.. Me figuro que desde su punto de vista. to¬dos los cuales es probable que se beneficien con su muerte.. Deja hijos. —¿Nadie en absoluto? —Creo que.. excepto los criados. Es. Me figuro que el señor Gulbrandsen sería un hom¬bre rico. Parece posible. era muy rico. Marple que casualmente estaba mirando por la ventana de su dormitorio.. —¿Ése es el joven americano? —Sí. ¿Quién de ellos pudo haberle matado? —Es difícil de decir. temo no poder ayudarle..... sí.

o cree saber quién lo hizo —re¬puso el sargento. Cuando Serrocold hubo salido de la estancia. ¿Sabe usted si alguien de la casa tenía en su poder un arma semejante? —No tengo la menor idea.. CAPÍTULO XI Gina saludó muy excitada a la señorita Marple cuando ésta bajó a desayunarse a la mañana siguiente. —Sí. Creo . Creo que está emocionadísimo por lo ocurrido. col¬gándose del brazo de la señorita Marple para acom-pañarla al comedor—. Por lo menos. ¿Por qué cree usted que estoy tan excitada? ¿Por tener sangre ita¬liana? —Es muy posible. Yo. No comprendo cómo pueden estar tan tranquilos e indife¬rentes. —La policía está aquí otra vez —le dijo—. Se han metido en la biblioteca.. Y que no le gus¬ta nada... Wally se siente fascinado. el ins¬pector Curry dijo a Lake: —Bueno... —Jolly está terriblemente furiosa —dijo Gina.. El inspector Curry volvió a suspirar. estoy de acuerdo con usted.El inspector Curry suspiró antes de decir: —El señor Gulbrandsen fue muerto con una pisto¬la automática. La señorita Marple sonrió al decir esto. tal vez eso expli¬que por qué no le importa exhibir sus sentimientos. no. Lo aborrezco. Me parece horrible. —Puede decir a los demás que vayan a acostarse.. más lo creo improbable. ¿qué opina usted? —Que él sabe. Mañana hablaré con ellos.

donde los dos hermanos terminaban su desayuno— ni se preocupan.. —Lo que me divertiría viéndote en un apuro. Buenos días. Por el hecho de que apenas conocía a tu tío Christian. —¿Por qué? —Pues. Pero ya sabes cómo son. —Alex y Esteban —continuó Gina al entrar en el comedor. y uno no puede saber en qué están pensando. Dirán: «Muchas gracias». Pues estuve como un tonto contemplando durante varios minutos el efecto de la niebla y la luz. matar a Christian. para mi nuevo ballet. eres muy poco ama¬ble. pensando utilizarlo en el escenario. Han estado comprobando cosas. Tienen una mentalidad muy escéptica. darle vuelta a la casa. y al parecer tardé dema¬siado tiempo en recorrer la distancia que media entre la verja y la casa. —¡Pero puedes decírselo a la policía! —Naturalmente. —¿Y qué es lo que estuviste haciendo en realidad? —Creí que a las niñas pequeñas se les enseñaba a no hacer preguntas indiscretas. A mí me preocupa muchísimo. Gina exclamó: —¡Pero no es posible que piensen que ha sido uno de nosotros! .. —Gina. soy el primer sospechoso. ¡Yo estoy a cubier¬to de toda sospecha! Anoche no me moví del vestíbulo. Alex —dijo Esteban con sonrisa cruel—. Yo llegué en mi coche en el preciso momento en que se desarrollaban los acontecimientos. Espero que te des cuenta de ello. verás. muy educaditos. querida —dijo Alex—. señorita Marple.que debe ser porque la po¬licía se ha hecho cargo de todo y ella no puede «domi¬narlos» como hace con todos nosotros. el tiempo necesario para dejar el co¬che. entrar por la puerta lateral. y lo escribirán todo. salir corriendo y volver al automóvil.

cuando haya terminado de des¬ayunarse. se secó los ojos y las mejillas. Esteban y Alex parecían violentos.. . La señora Strete dijo: —¡Ni siquiera una maldita coartada! —Me figuro que no sabrían de antemano que se iba a cometer un crimen —replicó la señorita Marple. La puerta volvió a abrirse para dar paso a Mildred. Parecía algo ofendida.Sus ojos oscuros estaban abiertos por el asombro. Con un pañuelito que llevaba en la mano.. sólo unas tostadas. No quiero comer mucho. qué ha sido eso? —preguntó Alex. querida —dijo Alex. —No he oído nada —replicó Esteban. dirigióse a Gina. La señorita Bellever asomó la cabeza por la puerta para decir: —Señorita Marple. —¿Eh. vestida de negro y con un collar de cuentas de ónix. Está muy gastado. Y fuera también. por favor. Antes que todos nos¬otros. Dio los buenos días sin mirar a nadie y tomó asiento. disculpando a todo el mundo. —Ponme un poco de té. otra vez —dijo Gina—.. con gesto delicado. —No se te ocurra decir que debe haber sido un va¬gabundo. No sé por qué. Con voz apenas perceptible. Sus voces se convirtieron en un susurro y pronto se levantaron para marcharse. sirviéndose más mermelada—. ¿querrá venir a la biblioteca? —Usted. Luego alzó la vista mirando sin ver a los dos hermanos. —Ha sido un disparo de revólver. —Han estado disparando en la habitación donde ase¬sinaron a tío Christian —dijo Gina—.

Cuando entró la señorita Marple. que afecta a Carolina. un asesinato. cosa que no le ocurriría nunca en una ciudad. —Sí. pero sólo con una oreja. Mary Mead no era tan apacible como se creía. Tenía todo el aspecto de una chiquilla culpable. La señorita Marple se levantó.Gina ahogó una risita y Mildred la miró duramente. sin duda alguna. —Voy a la biblioteca —anunció. debe ser una impresión muy fuer¬te para quien no ha estado nunca en contacto con estas cosas. Y uno tiene oportunidades de estudiar los hechos. —No lo sé.. —¿Dónde está Walter? —quiso saber. —Espero —le dijo— que este golpe no le haya sido perjudicial. dirigióse a su en¬cuentro y tomó una de sus manos entre las suyas. La modestia impidió a la señorita Marple contestar que se encontraba tan a gusto como en su casa. Lewis Serrocold estaba de pie junto a la ventana. No lo he visto. señor Serrocold. —Pues. claro. Al estar tan cerca de lo que es. —Éste es un asunto que afecta a mi esposa. Creo que usted la quiere de verdad. —Suceden cosas muy desagradables en un pueblo. a pe¬sar del crimen y limitóse a decir que la vida en St. . No había nadie más en la biblioteca. Lewis Serrocold la escuchaba con indulgencia. Todo el mundo la quiere. se lo aseguro —le dijo—.. —Necesito su ayuda —dijo sencillamente. desde luego.

Ruth tenía razón! . según tengo entendido. Se interrumpió. hasta que vino Christian. La señorita Marple dijo suavemente: —¡Así pues.... ¿Está seguro de que el señor Gulbrand¬sen no se equivocó? —Christian no estaba equivocado..... pero se ha comprobado la pre¬sencia del arsénico.. señor Serrocold.—Eso es lo que yo creía. —No puedo creerlo. Encontraron arsénico. —Entonces. su dificultad en andar. y no estaba en la receta. antes de que usted llegara. —Sí. No puedo creerlo. Era un hombre demasiado prudente para asegurar sin fundamento una cosa así.. La cantidad tardarán algún tiempo en precisarla.. Además. —Eso es lo que me pasó a mí cuando me lo dijo Christian Gulbrandsen.... y no imaginé. su reuma. todo eso. los calambres en las piernas. es cosa que debe hacerse en la intimi¬dad de la familia.. el envenenamiento lento. y la copa que no tomó la otra noche. la policía analizó una muestra del contenido del frasco de la medicina de Carrie.. a excepción de una sola persona. —Es cierto. Y también. —Parece increíble que pueda tenerlos.. ¿Pero ve us¬ted la complicación? El envenenamiento. son típicos. La señorita Marple estaba horrorizada. Carolina sufrió uno o dos ataques fuertes de tipo gás¬trico. voy a decirle algo que nadie sabe todavía.. Debe ser alguien que está entre nos¬otros. —Yo hubiera dicho que la querida Carrie Louise no tenía un enemigo en todo el mundo. Y le refirió brevemente lo que le dijera al inspector Curry la noche anterior.. pero parece que estaba equivocado. Con el permiso del inspector Curry..

Pero comprendo que hasta que no se¬pamos quién. Sé por experiencia que siempre la hay... —Sí. —¿Entonces piensa como yo? Y como Christian. me estoy impresionando mucho... —Era todo tan ambiguo —repuso la solterona—. Dios mío. Ahora.. Vive por¬que confía en los demás. pero. Pero. ¿Pensaríamos igual si se tratase de una mujer corriente? —Carrie Louise no es una mujer corriente.. Por favor. ¿se da usted cuenta. —Es extraordinario —comentó—. Ni la misma Ruth sabía por qué tenía esa extraña sen-sación. no —repuso en el acto la señorita Marple con voz contrariada. parece ser que estaba en lo cierto —dijo Le¬wis con acritud—... ¿Debo decirle todo esto a Carrie Louise? —Oh. ahí está el quid... Debiera haber una razón. Me temo que no sepa decir las cosas.. No tenía la menor idea de eso. —Bien. ella según me dijo. sólo per¬cibió «algo raro». la vigile? —Compréndame usted. se¬ñorita Marple. cómo diría... Mi venida a esta casa no ha sido del todo casual. ya ve cuál es mi situación. La señorita Marple se ruborizó. Lewis Serrocold escuchó mientras la señorita Marple le hablaba de la inquietud y sospecha de Ruth. Pero. . usted la conoce desde hace muchos años. ¿son sinceros? En cambio. señorita Marple.. tenga paciencia.. Si me permite que me explique. —Hay algo que no le he dicho. es la única persona en quien puedo confiar —le dijo Lewis Serrocold con sencillez— Aquí todo el mundo parece quererla mucho.—¿Ruth? Lewis Serrocold pareció sorprenderse.? —¿Y por eso quiere que yo. del riesgo que existe no diciendo nada.....

—comenzó a de¬cir a modo de disculpa—. trusts y otras empresas benéficas. ese detalle tiene im¬portancia. —Es una pregunta poco delicada. Porque Carrie Louise es una persona agra-dable y uno no puede imaginar que haya quien la abo¬rrezca. varias sociedades. Pero. a una cuestión de dinero. —Me figuro que tiene razón. ya que no es preciso que le diga.. —Exacto. El padre de Gilfoy fue uno de los fundadores y se han encargado del testamento de Carolina y del de Eric Gulbrandsen. ¿quiénes se beneficiarían con la muerte de Carrie Louise? —¡Dinero!—exclamó Lewis. —Gracias —repuso la señorita Marple con gratitud—. Las cosas legales siempre me han parecido tan complicadas. Y continuó: —El inspector Curry ya ha considerado esa posibi¬lidad. y de dejar una suma igual a su hija Mildred y a su hija adoptiva Pippa (la madre de Gina). ¿no es dolorosamente cierto? —Bien. dejó el resto de su inmensa fortuna en custodia. Lewis sonreía.. que no puede tener enemigos. Quiero decir. Siem¬pre tiene la culpa el dinero. señor Serrocold. Ya la pondré al corriente. James y Gilfoy son una eminente firma de abogados... con amargura—. cuya renta debía cobrar Carolina durante toda su vida.. Creo que en este caso.—Y además. —¿Y después de su muerte? . después de fundar el Colegio.. Gilfoy. he llegado sólo hace unos días —obser¬vó la señorita Marple. Gilfoy. —Eric Gulbrandsen. que hay gentes que harían cual¬quier cosa por conseguir el vil metal. El señor Gilfoy llega hoy procedente de Nueva York y podrá dar información detallada. Así es que todo hay que atribuirlo como usted ha dicho.

. el dinero iría a parar a ma¬nos de la señora Strete y de Gina. y ya tiene lo suyo. Del resto.. en resumen.. aunque no de la categoría de la de los Gulbrandsen.. No siente in¬terés ni simpatía por nuestra obra caritativa.. no puedo creer que uno de ellos haya sido capaz de envenenarla a sangre fría por el afán de heredarla a su muerte. —Sí. Jolly Belle¬ver ha demostrado su afecto por Carolina. No me es posible creerlo. o sus hijos. sus dos hijastros. señorita Marple. en el caso de que ellas hubieran precedido a Carolina en el viaje eterno.. y todo lo demás. —No se ha adaptado a este ambiente. —Oh.. —No se sabe gran cosa de él.. La mitad de ella la puso a mi nombre hace cuatro años. pero una buena parte de las rentas de Carolina ha servido para financiar sus representa¬ciones.. —¿Qué quiere decir? —Que todo el mundo tiene motivos de índole eco¬nómica. El esposo de Gina.. —Sí —repuso Lewis muy serio—. Gina adora a su abuela. Con fran¬queza. ¿por . Carolina posee también una considerable for¬tuna. Y. pero no tiene sentimientos ambiciosos. pero todo el mundo puede darse cuenta de que es un joven muy desgraciado. Mildred es su hija. no puedo creer que alguno de los que viven en esta casa sea capaz de cometer un crimen. Es generosa y extravagan¬te. Dios mío —dijo la señorita Marple—. —Así que. Malo. No puedo.. no obstante. Los dos Res¬tarick la quieren como si fuese realmente su madre. —Luego está el esposo de Gina. y esto reza principalmente con Alex. Lewis suspiró. Muy malo. repartido en partes iguales entre Alex y Esteban Restarick. Pero..—Después de su muerte deberá ser dividida equitativamente entre Mildred y Pippa. No tienen dinero. deja diez mil libras a Jolly Bellever.. des¬pués de todo. —Sí.

oh. son en realidad lo que. Y Walter tiene una buena ficha de guerra.. pero... Los extranjeros nunca comprenden por qué están tan orgullosos de Dunkerque. para vivir. no me refiero a usted.... rudo y viene de un país donde se aprecia a las personas se¬gún el éxito que tienen en la vida. y las palabras de la señorita Marple fueron volviéndose cada vez más incoherentes. cosa que la hizo enrojecer intensamente y murmurar con cierta incoherencia: —Algunas veces pienso que uno puede sobreponerse a los acontecimientos... y hay que tenerla. —Sí —dijo Lewis—. señor Serrocold. se sienten tan orgullosos de sus derrotas y retiradas como de sus victorias.. buena y mala suerte. Pero nosotros siem¬pre consideramos embarazoso hablar de una victoria... Lewis frunció el entrecejo. porque des¬pués de todo. y con la en¬tereza y el valor para salir adelante en la vida... necesita una nación. ¡Es realmente una característica muy curiosa! La señorita Marple tomó aliento.. verdadera compasión. Quiero decir que los jóvenes educados rectamente en un buen hogar.qué iba a sentirlo? Es joven.... no sé lo que quiero decir.. Lewis Serrocold la miraba receloso. —Lo que quiero decir es que todo lo nuestro debe parecerle bastante original a este joven Walter Hudd. La verdad.. bueno... lo que cuenta es lo que son las personas. . pero los ingleses son bastante extraños en este sentido. Pero algunas veces considero el propio sentido de la ecuanimidad. y ¡fíjese en todos nuestros poetas! La Carga de la Brigada Ligera y todo esto.. —No es que no sepa apreciar.. ya lo creo. la tarea de usted y Carrie Louise. Una de estas cosas que sería preferible no mencionar.... Comprendo su punto de vista. —Mientras que aquí justificamos todos los fracasos —repuso la señorita Marple. Incluso en la guerra. un trabajo noble en verdad... No hay duda de su valor.. y se espera mucho más (y con toda razón) de los afortunados...

creo que se necesita valentía.. que es la falta de dramas en sus vidas lo que conduce a esos muchachos a la delincuencia. unirse definitivamente a otra persona.. voluntad.. no lo creo —repuso Lewis. sólo voluntad. Maverick.. como le digo siempre a Maverick. Y para cometer un crimen.—No es que eso sirva de gran ayuda —repuso la se¬ñorita Marple con ingenuidad—. y la vida cotidiana otra muy distinta. Todo esto es tan ridículo. —Pero no me atrevería a decir que Walter Hudd tenga motivos suficientes. Los dos Restarick están enamorados de ella. más a menudo.. Quiere que Gina se marche. sería importante para Gina conseguir todo el dinero posible antes de. Es un instinto natural en los niños el dramatizar. Lewis se interrumpió: —Quiero que Maverick vea al inspector Curry para hablarle de Edgar. —Oh. ah.. Sí. Lleva a los muchachos con habilidad e interés. Odia vivir aquí. Prosiguió: —Esteban es una gran ayuda para nosotros. Y si es dinero lo que busca en realidad. señor Serrocold? . vestuario. sí. Porque la guerra es una cosa. Está deseando marcharse. Decorados. —¿No? —dijo miss Marple—. una ayuda de un valor incalculable.. Eso demuestra. o tal vez.. —Eso es lo que he dicho.. er. —¿Qué es lo que sabe en realidad de Edgar Lawson.. —Unirse a otra persona —repitió Lewis con asom¬bro... La señorita Marple se maravilló de la ceguera de aquel entusiasta de la reforma de la sociedad. Dieron una espléndida repre¬sentación el mes pasado. todo he¬cho por ellos. Maverick dice.

La señorita Marple se dispuso a interrumpirle. La señorita Marple inclinóse hacia delante. Si. —¿Quiere decir que está perturbado? —Eso supongo.. mientras se sentaba. su enor¬me falta de confianza en sí mismo. eso es lo que quisiera saber. —Muy poco probable. todo lo que uno necesita saber.. —¿No es posible que fuese Edgar Lawson quien ha¬ya envenenado recatadamente a la señora Serrocold? —le preguntó. ¡es ridículo! ¿Por qué iba a querer envenenar a mi esposa? ¿Qué iba a ganar con ello? —Nada material... No. —Sí. Sólo está aquí desde hace unas semanas. No puedo comprender esa súbita recaída. y el inspector Curry. no del todo. Su nacimiento. Y de todas maneras. Y estaba tan mejorado.. —Conque el señor Serrocold le ha pedido que haga de vigilante. No es normal. No era una manera muy explícita de exponer lo que sentía. Lo que quiero decir es que no es normal. —Sí —dijo con un suspiro—. ¿eh? —le dijo.—Todo —repuso Lewis—. Todo.. CAPÍTULO XII Lewis Serrocold se dirigió hacia la puerta y aban¬donó la estancia. dirigió una mirada bastante extraña a la señorita Marple. lo sé. es decir. . Interrumpióse al ver al inspector Curry entrar en la habitación. educación. ya sabe. mas Lewis Serrocold aceptó sus palabras en su exacto valor. Pero pudo tener alguna ra¬zón extraña. No es normal. pobre chico.

. de la esposa.. —Ya lo ve. Estoy anticuado. si lo tuviera. no soy imparcial. Bien. los principios más elementales. Él cree que usted es sólo una anciana muy agradable que fue a la escuela con su esposa. ¿No cree usted que es lo primero que se piensa en un caso de en¬venenamiento? . Dijo que usted tenía mucha experiencia para cono¬cer el lado peor de la naturaleza humana. veamos cuál es su punto de vista. Más la honradez es la única recompensa. Creo que es una buena idea. han sabido salir adelante. —Naturalmente. mala casa. uno siempre se siente inclinado a sospechar del esposo. He visto chicos y chicas que teniéndolo todo en contra. no me haga caso. señor. —No me importa.—Pues sí.. El inspector Curry sonrió. por eso no lo tendré nunca.. ¿Sa¬be el señor Serrocold lo bien dotada que está para desempeñar ese cargo? —No le comprendo. mala suerte. señorita Mar¬ple. Pero. Confieso que yo me equivoco y soy anticuado. Hizo una pausa y prosiguió: —El inspector Blackerme habló de usted ayer no¬che. A ésos les dejaría yo mi di¬nero.. El señor Serrocold sólo conoce uno de sus aspec¬tos.. pero hay muchos mucha¬chos decentes por ahí. muchachos que agradecerían una oportunidad. ¿Quién es el que ha de ir a la hoguera? ¿El esposo de Gina? —Eso —repuso la señorita Marple—. sería muy con¬veniente para todos. Veamos su opinión.. inspector. —Y agregó. todas las desventajas posibles. en caso contrario. claro. Sólo mi pensión y un trocito de jardín. a modo de disculpa—: Espero que no le importe. Su manera de ser no le ayuda. Bueno.. Nos¬otros sabemos que es algo más que eso. ¿Quién ha estado envenenando sistemáticamente a la señora Serrocold? —Pues. los millonarios no dejan sus fortunas para ayudar a los que valen. O. ¿No es cierto? El crimen no tiene secretos para usted.

No... él no pudo haber matado a Gulbrandsen. la verdad. dándole la oportunidad de abandonar el ves¬tíbulo para dedicarse a cambiarlos. la verdad.. no me es po¬sible sospechar del señor Serrocold. De todas formas. —la solterona meneó la cabeza—.. —¿Y el sospechoso número dos? —quiso saber la señorita Marple. Por ejemplo.. delante de la cocina.. Fue durante su ausencia cuando sonó el disparo.. ¿no le parece? —dijo el inspector. con franqueza. mató a Gulbrandsen para impedir que hablase. el tener relaciones con alguna joven. . pero no finge. que quiere de veras a su mujer. —El número dos es Alex Restarick. en este caso. Ya le ha cedido su dinero. Claro que él podría fingir. Y me parece que no hay duda de que una cosa va unida a la otra. inspector. Quienquiera que esté envenenando a la señora Serrocold. —Pero.. —Claro que existen otras razones para que un hom¬bre desee quitar de en medio a su esposa —dijo la se¬ñorita Marple—.. El señor Serrocold no se comporta como si tu¬viera preocupaciones de esta índole. es el joven Walter Hudd. Me temo —y pare¬cía pesarosa— que tendremos que descartarle.. Porque usted sabe. no creo que sea éste el caso.—Estoy completamente de acuerdo con usted —dijo el inspector Curry.. que estaba solo en su automóvil entre la verja y la casa.. sin duda alguna. Es un cariño tranquilo. Fue él quien encendió una lámpara portátil que fundió los fusibles. pero auténtico. Pero. El contador está en el pasillo que parte del corredor principal. y tardó demasiado en llegar. Lo que hemos de considerar ahora es quién tuvo oportunidad de asesinar a Gul¬brandsen la noche pasada.. Y nuestro primer sospecho¬so. sonriendo—. Ama a su esposa y estoy completamente segura de que no la envenenaría. —Sin mencionar el hecho de que no tendría ningún motivo para hacerlo. —Es lamentable. Así es que el sospechoso número uno está per¬fectamente situado para cometer el crimen.

. la verdad es que estábamos muy asustados.. todos temíamos que pudiera cau¬sar daño al señor Serrocold. pero me parece.. pudimos oírlo perfectamente. —¿Puede usted afirmar que todos estuvieron allí du¬rante todo el tiempo? —Pues... no . porque la observaba. —No es amabilidad —repuso el inspector Curry—.. y puede decirme quién salió… —Sí. y aña¬dió—: Es muy amable contándome todo esto.. que pa¬recía muy tranquila. no me fijé en nada más. la verdad. —¿Y los otros? —La señorita Bellever salió.. ¿puedo? Las circunstancias.. disparar contra el señor Gulbrandsen y regresar sigilosamente? —Me parece que ello hubiera sido posible. Y Gina junto a la ventana. Estaba sentada a mi espalda. —¿Se refiere a que todos ustedes escuchaban la dis¬cusión que tenía lugar tras la puerta del despacho del señor Serrocold? La señorita Marple asintió con vehemencia. pero. pero... Ya sabe que gritaba y maldecía. comprenda. —¿Quiere decir que mientras se desarrollaba aquella escena.... Yo debiera poder decírselo. Me sorprendió que pudiera conservar la calma.. desde luego. Anoche estuvo en el vestíbulo.. es¬toy casi segura.. sí. recorrer el pasillo. allí todo el tiempo.—¿Alguien más? —La solterona inclinóse. claro... El señor Lawson parecía. Ha puesto el dedo en la llaga cuando ha dicho: «¿Alguien más?» Porque eso de¬pende de usted. completamente loco. Aparte de Carrie Louise. cualquiera pudo haber salido del vestíbulo. Tengo que conseguir su ayuda. —Sí... y dijo las cosas más terribles.. la señora Serrocold. Y la señorita Strete... y con todo eso y la mayoría de luces apagadas.. la verdad.. Creo que permanecería. Estaba sentada muy cerca de la puerta del despacho y no se movió de su sitio. no lo sé. que lo hizo después del disparo.

. Tan pronto era Winston Churchill como el vizconde Montgomery. que usted sabe estaba en el vestíbulo. ¡Y qué coartada tan maravillosa sería! . Más supongamos que alguien le mete en la ca-beza la sugestiva idea de que Lewis Serrocold es su verdadero padre. No. que todos oímos. Siempre ha tenido ese complejo.. Para el caso..... —¿Sólo una complicación? ¿Lo cree usted así? —murmuró con cierta ironía la señorita Marple.. pero nunca se sabe). como lo hizo.. Esteban estaba ante el piano y dejó de to¬car cuando la disputa se fue acalorando. y que es él quien le persigue. Desde luego es una complicación que Gulbrandsen fuese ase¬sinado la misma noche que tuvo lugar esa amenaza entre Serrocold y Lawson. Si la señorita Bellever hubiera tramado algo así (es mucho supo¬ner. De este modo que¬dan descartados Lewis Serrocold y el joven Edgard Lawson. después de sonar el disparo. —¿Qué es lo que supone? —Pues. —No debemos guiarnos por la hora en que oyeron el disparo —dijo el inspector Curry—. sobre su padre desconocido. que se convierte en un puro frenesí y más pronto o más tarde dará lugar a la escena.. cosa muy natural. y eliminar sólo a las personas que sabemos no tuvieron oportunidad.. Stonygates. ¿y qué opina usted? —Se me ocurre que pudo ser fingido. no hay que guiarse por eso.. En su estado de debilidad mental acepta la idea. Tenemos que contar desde que Christian Gulbrandsen abandonó el vestíbulo hasta el momento en que la señorita Bellever lo encontró muerto. cualquier hombre famoso que le venía a la me¬moria. entonces hubiese podido marcharse libremente. y la señora Serrocold... que se encontraba en el despacho. dado su estado de ánimo. o como se llame. Es un truco que se ha empleado varias veces. Se hace sonar un disparo para fijar la hora de un crimen.. y que tiene derecho a ser el heredero de la corona de. todo el mundo parece encontrar muy ex¬traño que Edgar Lawson sufriera una recaída tan de improviso.puedo asegurarlo. —Oh. pero equivocada..

sí —continuó la señorita Marple—. Pensaba en Gina y Esteban Restarick tal como los viera juntos el día de su llegada. sobre todo si alguien le había provisto de un revólver. el inspector Curry. Todas las declaraciones concordaban. profesores. Curry comenzaba a sentir fatiga mental. ¿También se sentiría aliviada? La señorita Marple no contestó. —¿Así no cree que fuese Walter? —Creo que todo el mundo se sentiría aliviado si fue¬se Walter. ¿Cuál era la actitud de Gina? Dos horas más tarde. Los demás se habían ido ya a sus casas. Los hábitos y actividades eran comunes a todos ellos. hemos aclarado. Ya he pen¬sado en eso.. suspiró. pero es por¬que es el único extraño en la casa. —¡Ummmm! Sí. arisco y escasamente amable. los que duermen aquí.. y dijo: —Bien. El revólver de Walter Hudd.. Y en el modo cómo los ojos de Alex busca¬ron a Gina cuando entró en el vestíbulo la noche ante¬rior. —Oh. y a los «dos jovencitos» que habían cenado con la familia aquella no¬che. —¿Y qué me dice de su esposa? —le preguntó el inspector Curry— . El sargento Lake asintió: —Los criados han salido —le dijo—. pero no le creo tan estúpido. Pero ya sabe que Walter es poco comunicativo. echándose hacia atrás en su silla. .. muchas cosas. Estuvieron to¬dos juntos durante los momentos críticos. Había en¬trevistado a psicoterapeutas. Eso no resulta muy caritativo.Todo el mundo tendría puesta su atención en la peligrosa situación.

—Pero si son eso precisamente. como les llamaba Curry. en su opinión. para entregársela a usted. El doctor Maverick había abandonado el Gran Ves¬tíbulo a las nueve y quince minutos. y con una mirada bastante fría tras sus lentes sujetos sobre el puente de la nariz. es en definitiva un caso mental? . doctor Maverick. Acudió en seguida y encontró a Edgar Lawson en un estado lamentable. ¿Este jo¬ven. He redactado una nota. El inspector Curry se removió en su asiento. —Hágale pasar ahora. Y entró el joven doctor. Era una sonrisa de suficiencia. La muerte de Christian Gulbrandsen no podía acha¬carse a «los jóvenes pacientes». lo cual proporcionaba espléndidas coar¬tadas. con las ho¬ras aproximadas. y. Curry había reservado su entrevista con el doc¬tor Maverick para el final. Maverick confirmó las declaraciones de sus colegas y estuvo de acuerdo con los descubrimientos hechos por Curry. doctor Maverick? ¿Puede darme cuenta de ellos? —Desde luego. Eso ocurrió aproximadamente a las nueve y media. sugestionado por el ambiente médico. No hubo ni la más ligera negligencia en el perso¬nal del colegio. donde permanecie¬ron los tres discutiendo ciertos tratamientos hasta que la señorita Bellever llegó corriendo para pedir al doctor Maverick que fuese al Gran Vestíbulo. pulido y apuesto. Lake.No eran se¬res solitarios. pues era la persona más importante en el Instituto. —Aguarde un momento. inspector —le dijo el doctor Maverick con una sonrisa. en compañía del señor Lasy y el doctor Baumgarten. y el inspector Curry no hubiera sido humano de no haberse resentido un tanto. no pudo escaparse na¬die. por lo tanto. Le dijo en tono profesional: —¿Y en cuanto a sus propios movimientos.

. El doctor Maverick volvió a sonreírle. —Creo que me agradaría ver a ese joven. —¿Es responsable de sus actos? Me figuro que sabe lo que hace. dijera lo que dijera el doctor Maverick. doctor Maverick. inspector Curry. —Vamos..El doctor Maverick volvió a exhibir su sonrisa de superioridad.. y se daba perfecta cuenta de ello. ese error tiene un significado. «Qué respuesta tan tonta». He visto las dos balas en la pared. —Quizá. —Todo lo que hacemos es intencionado. —Entonces. Edgar Lawson estaba a muy poca distancia del señor Serrocold. no inspector Curry. pensó el inspector. Nada de eso. ni siquiera herirle. ¿Por qué? Porque quiso fallar. Es bien sencillo. . El inspector le miraba incrédulo. un gesto de desafío y resentimiento contra el universo que le había negado hasta las necesidades de toda vida infantil. Sabía muy bien que él no era un caso mental.. erró el tiro. El señor Serrocold no estuvo en peligro. —Cada vez que su lengua se equivoca. Hubiera podido matarle con facilidad. Debieron pasar rozando la cabeza del señor Serrocold. inspector. Pero Lawson no tuvo intención de matar al señor Serrocold. Comprendió la actitud de Edgar en su exacto signifi¬cado. cuando disparó contra el señor Serrocold. olvida un nombre o una cara. y en vez de eso. —Todos lo somos. Cada vez que usted. inconscientemente. Le quiere mucho. —Desde luego. El inspector Curry encontraba muy cargante su sonrisa. —Es un modo curioso de demostrarlo.. seguridad y afecto. desea olvidarlo. es porque.. ¿fue un intento de asesinato? —No.

¿Por qué arsénico? —Limítese a contestar. En los Estados Unidos ya no se utilizaba nada parecido. todo el sistema eléctrico era muy anticuado. Hoy está muy mejo-rado. Su arrebato de la noche pasa¬da ha tenido un efecto catártico. . Bien. —¿Pero tiene drogas? —Oh. de Market Kimble. —No. es el médico de la familia. Era evidente que no la esperaba—. lo corriente. Curry suspiró. Morfina. pero sólo me dedico a la psiquiatría.—Como usted guste. claro... Qué pregunta más curiosa. El señor Serrocold se alegrará mucho. muchísimas gracias. mas mostróse deseoso de cooperar. pero el joven médico seguía tan serio como siempre. Cuando se hubo marchado el joven doctor. La actitud del joven era recelosa. —¿Tiene usted algo de arsénico? —quiso saber.. —¿Es usted quien atiende a la señora Serrocold? —No. Había algunos hilos eléctricos muy defectuosos en Stonygates. —Ya. Sedantes.. por favor. —¿Arsénico? —La pregunta le cogió por sorpresa. El doctor Gunter. El inspector Curry le miró de hito en hito. —Ahora seguiremos con la familia. Naturalmente que tengo mi títu-lo de médico. doctor Maverick. No tengo arsénico de ninguna clase en mi po¬der. Primero veré a Walter Hudd. el ins¬pector Curry le dijo a Lake que los psiquiatras le da-ban dolor de estómago. Parecía estar estu¬diando al policía.

—¿Qué quiere usted decir con eso. o tal vez un cuarto de hora.. El señor Serrocold estaba perfectamente bien. —¡No me extraña! Los señores feudales ingleses son muy agradables. no oí nada parecido.. pero luego resultó que no. —¿Dónde lo guardaba? —En un cajón en mi cuarto... Puede que tardara diez minutos. —¿Reconoció el revólver? —¡Claro que lo reconocí! Era mío. ¿qué vio? —Estaban todos reunidos alrededor de la puerta del despacho del señor Serrocold. pero nunca están al día. El fusible que controlaba la mayoría de las luces del Gran Vestíbulo se había fundido y tuvo que ir a cambiarlo. La señora Strete dijo que habían disparado contra él. En la cocina hay doble puerta y una de ellas está forrada con una espe¬cie de fieltro. señor Hudd? . —¿Cuánto tiempo estuvo fuera del vestíbulo? —Pues no puedo decirle con exactitud. Tuve que buscar una escalera y una vela. Y al volver al vestíbulo.. —¿Quién sabía que estaba allí? —Ignoro quién lo podía saber en esta casa. —¿Oyó usted un disparo? —Pues no. Luego regresó. —¿Cuándo lo vio por última vez? —Dos o tres días antes.—Creo que fue instalado por el fallecido señor Gulbrandsen cuando la luz eléctrica era una novedad —dijo el inspector con una ligera sonrisa. —Ya.

Este lugar está plagado de ellos. No me fijé mucho. —Una cosa es fundar una obra y otra es darle el toque personal como hacen aquí. pero creo que era así. Creo que tal era su costumbre. Po¬siblemente estaba de acuerdo. —El señor Gulbrandsen llegó antes.—Bah. de im¬proviso. —Estaba Gina. —¿Tiene usted la idea del motivo de su venida? —Me figuro que sería a propósito del Trust Gulbrand¬sen. —Pues no. Una vez más hubo cierto recelo en su voz.. —¿Así que no tiene idea de quién pudo matar al se¬ñor Gulbrandsen? . —¿Le pareció que alguien estuviese preocupado por su llegada? Walter Hudd tardó unos segundos en contestar... —Pues ustedes tienen también estos «aparatos» en los Estados Unidos. y la señorita Bellever.. ¡Juegos de niños! ¡Qué simpleza! El inspector Curry no hizo comentario alguno. —Cuando entró en el vestíbulo. de ayer. Ya tuve bastante con los psiquiatras del ejército. todos están locos. y la anciana de cabellos blancos. Todo este «aparato» es una locura. ¿no es así? —Me figuro que sí.. ¿estaban todos allí? —¿A qué se refiere cuando dice todos? —A las mismas personas que estaban allí cuando us¬ted fue a reparar el fusible.. yo no diría eso. Enseñan a los jóvenes delincuentes a hacer ces¬tos de rafia y pipas de madera.

Walter Hudd volvió a encogerse de hombros. a sus representaciones teatrales? —¿Es así como él las llama? —¿Insinúa que pudiera ser de otro modo? —No lo sé —repuso. Eso queda descartado. Nadie puede entrar y salir después de oscurecer y cometer un crimen impunemente.. señor Hudd. Tal vez el viejo hubiera oído algo sobre Alex y estuviera dispuesto a contárselo a Serrocold. si quiere li¬mitarse a los de la casa. Él puede gastar di¬nero. El cole¬gio. —¿Se refiere.. a pesar de su atmósfera cuidadosamente estudiada para dar la sensación de libertad.. CAPÍTULO XIII .. —¿Y por qué iba a matar a Christian Gulbrandsen? Walter encogióse de hombros. —No. —Yo soy un extraño. No conozco los asuntos de la familia.. o de todos modos gasta mucho. no es más ni menos que un lugar de cautividad y se rige como todos los centros similares.. —¿Con qué resultado? —Podían contarle la subvención. Llegó solo en su automóvil. yo diría que el principal sospe¬choso es Alex Restarick. —¿Por qué dice eso? —Él pudo actuar. —¡Yo no lo aseguraría mucho! Bien..—Yo diría que uno de los muchachos del colegio practicando su habilidad.

una idea. y..... Peligro.. y todo lo demás se olvida. Eso fue lo más maravilloso de todo. pero Alex continuaba: —¡Es una de esas cosas que le ocurren a uno sin sa¬ber como ni cuando! Un efecto.. inspector. lo sé! Resulta que soy el más sospe¬choso. sin hacer ruido. y las luces filtrán¬dose a través.. pasos apresura¬dos. —Por aquí los cazan con trampas. que podía haber sido una lancha que recorriera el Támesis. y mientras me acercaba a la casa tuve un momento de inspiración. Incluso ac¬cionaba con las manos. ¿qué voy a utilizar para lograr esos efec¬tos.. La luz perfecta. pero. —Alex alzó las ma¬nos. ya sabía yo que no iba a comprenderme. ¿Por qué iba a importarme de dónde salían en realidad? Podían ser explosiones del motor de cualquier camión que pasara por la carrete¬ra. —¿Y no se le ocurrió pensar que era algo extraño? —¿Extraño? ¿Por qué? —¿Es que los disparos son una cosa corriente? —Ah. Niebla.Alex Restarick estaba muy nervioso. negocios sucios.. ¿Cómo iban a comprenderme? —Tal vez sí —expresó Curry secamente. Fuera de la niebla. De pronto. Los disparos cuadraban perfectamente en la escena que yo estaba creando.... Llegué en mi automóvil. No espero que ustedes me comprendan.. Un cazador furtivo persiguiendo algún conejo. y reflejando apenas la gran mole de edificios...? El inspector Curry cortó por lo sano: —¿Oyó usted disparos? ¿Dónde? —Fuera de la niebla.. ¡Todo ayudaba! Los disparos.. Voy a estrenar «Noche de niebla» el mes próximo. —¡Lo sé. Yo deseaba esos disparos...... la escena es maravillosa.... unas manos muy bien cuidadas—. eso es.. el chu-chu del motor eléctrico.... Y pensé. ayer noche. . opio..

Alex proseguía: —. Nos hacía cortas visitas. ¿de qué sirve todo eso? ¿Acaso pue¬den hacer que Christian Gulbrandsen vuelva a la vida? —Se experimenta una gran satisfacción al descu¬brir al culpable. disparos. Era una de las primeras figuras de nuestra industria. Le había visto de vez en cuando. contemplando el efecto de la escena. —¿Cuántos disparos oyó? —No lo sé —repuso Alex con petulancia—. que creo ha¬berle oído mencionar? —Llegaban desde fuera de la niebla.. ¡Qué trabajo más descorazonador debe ser el suyo. Cerca de la casa. puesto que viví aquí de niño.. —Me lo figuro —le contestó Alex Restarick—. sitios y horas. señor Restarick. Creo que tenía toda una colección de . Y al final. —¡Ya salió el salvaje Oeste! —¿Conocía usted bien al señor Gulbrandsen? —No lo bastante bien como para asesinarle.. viendo la representación desde una butaca. No los conté. —Claro.... un chiquillo quemando algún petardo.» o mejor dicho. inspec¬tor. No me interesa ese tipo... inspector! Los detalles... Yo estaba en «Noches de niebla. y ese montón de insignifi¬cancias. ¿Por qué no? ¿No irá a suponer que vinie¬ra de dentro de la casa? El inspector Curry repuso con toda amabilidad: —Tenemos que pensar en todo.. —¿Y el rumor de pasos apresurados. Me acuerdo del detalle... —Lo cual ofrece la sugerencia de que el asesino de Christian Gulbrandsen pudo venir de fuera. Dos o tres. Dos seguidos. Ni si¬quiera los consideré.

según ten¬go entendido. Algunas veces estoy va¬rias semanas sin aparecer. —Ella me trata como a un hijo. pero procuro venir los fines de semana.. —Y bastante dinero contante y sonante.. señor Resta¬rick? —¿Los venenos? Mi querido amigo. —Alex se encogió de hombros—.... compasión. Pero no ha contestado usted a mi pregunta. Al fin dijo: —¿Se interesa usted por los venenos. señor Restarick? —Eso depende. —¿Ha tenido alguna vez arsénico en su poder? —En bocadillos. afecto. ¿Conoce a Rosa Gildon? Esas actrices que creen que tienen un nombre! No. y tiene fe en mi tra¬bajo. Eso demuestra cómo era. No tengo conocimientos especiales sobre este asunto.. para después de la función... Eso sería una historia detectivesca muy mala. si es eso a lo que se refiere. nunca he pensado siquiera en él. Simpatía. La idea tiene cierto atractivo. ¿no? Alex parecía ligeramente disgustado. —¿Le ha hablado alguna vez con respecto a su tes¬tamento? . Creo que se extrae de ciertos hierbajos o del papel matamoscas. inspector.. —El veneno tiene cierta disculpa. Siempre he considerado a Stonygates como mi verdadero hogar. no irá a decirme que primero lo envenenaron y luego dispararon enci¬ma. —¿Ha contribuido a ello la señora Serrocold? —Lo que debo a la señora Serrocold no podré pa¬gárselo nunca.estatuas de Thorwaldsen. Carece de la cru¬deza de una bala de revólver o de un arma cortante. esos ricachos! El inspector Curry le contemplaba pensativo.. —No fue envenenado. ¿no? ¡Dios. —¿Viene muy a menudo por aquí.

—Eso es lo que se intenta que pensemos. Muy ló¬gico. ¿no le parece? Curry meneaba la cabeza. —¿Qué es lo que quiere insinuar? —Si no lo sabe. inspector? La señora Serro-cold no tiene nada que ver en todo esto. Es posible que posea un autén¬tico talento creador.. Oyó pa¬sos apresurados... el sargento Lake dijo: —Bastante falso. Tal vez le guste vivir tranquilamen¬te y hablar mucho. Cuando Alex se marchó. pero ya llegaremos a conocerla. Es probable que haya entre ellos algunos rateros que se¬pan escurrirse como gatos. Lake. ¿Pero puedo preguntar cuál es el objeto de tedas estas preguntas. ya está advertido. Y en caso contrario. —Yo estaba tocando el piano muy suavemente —dijo Esteban Restarick—. —¿Por alguna razón particular? —Desde luego.... ¿no dijo eso? Estoy dispuesto a apos¬tar que lo ha inventado. tanto mejor. —Sería mejor que no lo tuviera —repuso el inspector. Pero si esto es cierto. —Es difícil de decir.. No sabemos todavía cuál es. cuando comenzó la discusión entre Lewis y Edgar. y de ser así. uno de esos muchachos pudo haber salido del edificio del colegio sin ser visto. Uno nunca puede saber. —Después de todo.. estoy dispuesto a comerme mi sombrero nuevo.—Cierto. —¿Qué pensó? .

que es el asesinato de Christian Gulbrandsen.. —Cierto. pe¬tulante. especialmente a Gina. Ese pobre mendigo tiene esos arranques. Eso es lo que hacía Gina. la fealdad o por los seres que no son del todo normales.. Esto no puede durar. Yo estaba to¬cando el piano y no abandoné mi sitio hasta que la querida Jolly vino con un manojo de llaves viejas para probar si alguna abría la puerta del despacho. pero nos estamos apartando del tema principal. y se ríen.—Pues. No sienten compasión por la vejez. Él es ridículo. A ella le agrada —¿Y a su marido? —Lo toma bastante mal. —Usted estaba sentado ante el piano. Es medio italiana. no me lo tomé en serio. Para ella no significa nada lo mucho que sufre el pobre chico. Romperán a no tardar. y una mujer guapa. —Todo esto es muy interesante —dijo el inspector—. y los italianos tienen cierta crueldad inconscien¬te. Los señalan con el dedo. ¿Continuó to¬cando? —¿Para que tuviera música de fondo la pelea que tenía lugar en el despacho de Lewis? No. y por¬que ella se divierte con él. —¿Gina? ¿Se refiere a la señora Hudd? ¿Por qué la odia? —Porque es una mujer. ¿sabe? Me refiero a su marido. Él también sufre. pobre hombre. pero en el fondo completamente inseguro. No es que esté loco del todo. Todas esas tonterías son como un escape de vapor.. Pero no puedo decirle nada. ya sabe usted. —Oh sí —explicó Esteban alegremente— A decir ver¬dad. Quie¬re impresionar y sólo consigue hacer el ridículo.. todos lo estamos poco o mucho. dejé de tocar cuando se fueron . claro. a decir verdad. —¿Insinúa que Edgar Lawson está enamorado de la señora Hudd? —preguntó el inspector.. Fue una de esas unio¬nes de guerra. metafórica¬mente hablando con el pobre Edgar. Lo cierto es que no nos puede ver a ninguno.

. ¿sabe? —Desde luego.. que fue a arreglar lo de la luz. Era una excelente tiradora. y ade¬más todos estábamos pendientes de la discusión. si hubiera salido y vuelto a entrar de puntillas.. y podía hacer salir a Edgar con sólo mirarle. Recuer¬do que solía sacar una pistola cuando algo la contraria¬ba. . durante la pelea? —Wally. señor Restarick. señor Restarick..acalorando. —¿Puede asegurar si alguien permaneció allí todo el tiempo? —La señora Serrocold. Esteban dirigióse a la puerta. no. —Probablemente. Dibujó a tiros una figura en la pared. y Gina. Lewis tiene lo que yo llamo una mi¬rada fulminante. Una vez lo hizo en un club nocturno.. Esteban ladeó la cabeza. Mi querida madre acostumbraba hacerlo. ¿Puede decirme. Y nadie más. Divirtién¬dose. sí. —Gracias. Estaba tan oscuro. Es decir. pero pensándolo me¬jor se volvió para preguntar al inspector: —¿Qué es eso del arsénico? —¿Quién le ha mencionado esa palabra? —Mi hermano. —Sólo estaba representando una comedia. Lawson disparó dos veces seguidas contra él. Puedo asegurarlo.. Era una bailarina rusa. que yo sepa. No es que tuviera dudas sobre el resultado.. de ocurrir así? Esteban consideró la pregunta unos instantes. —No obstante. Cau¬só un poco de alboroto. Y Jolly Bellever para buscar una llave que abriera la puerta del despacho. quién abandonó el vestíbulo ayer noche mientras usted estaba.. —¿Lo hubiera advertido usted.

¿cómo pudo descubrirlo? De todas formas.. la persona que ha estado suministrando arsénico a la frágil señora Serrocold? Por unos momentos una sonrisa burlona apareció en el hermoso rostro de Esteban Restarick. Cuando Alex me lo dijo apenas podía creerlo. Y además adora a su mujer. ¿Es eso lo que se esconde tras la muerte de Christian Gulbrandsen? ¿Es que averiguó que estaba siendo envenenada? Pero. en su opinión.. La se¬ñora Serrocold no se alarma nunca. —¿Quién es. —¿Es que alguien ha dado arsénico a la señora Se¬rrocold? —¿Por qué supone que se trata de la señora Serro¬cold? —He leído algo sobre los síntomas de envenenamien¬to producido por arsénico. —Ésa no es la palabra adecuada. sí.. No tiene sentido. —¿Lo sabe ella? —El señor Serrocold tiene especial interés en que no se la. Que coincidieron poco más o menos con los que a ella le han aquejado últimamen¬te.. Y luego Lewis impidiendo que tomara su medicina ayer noche. sí. Lewis Serrocold no tendría nada que ganar.. alarme. entonces? ¿Tiene alguna idea? —Oh.. —Le sorprende mucho. —No la persona más sospechosa. señor Restarick? —Sí. .. —¿Quién. Puede tachar al esposo.—Ah. Más bien diría la certeza.. desde luego. ¿verdad. ¿Es eso lo que está ocurriendo aquí? —Es un asunto que se está investigando —repuso el inspector Curry en el tono más profesional que pudo. me parece imposible. No podría soportar que tuviera el más ligero dolor en el dedo meñique. inspector.

Odio ese color. Y es probable que no esté de acuerdo conmigo. Gina ponía una nota exótica. por favor. mientras obser¬vaba su camisa roja y sus pantalones verde oscuro: —Veo que no lleva usted luto. Se le ocurrieron otras varias cosas. y el inspector Curry se entretuvo en dibujar gatos en la hoja de papel que tenía ante él. Incluso el inspector Curry parpadeó admirado ante la radiante belleza de la joven sentada ante él. Qué era lo que Esteban Restarick entendería por «psicológicamente hablando» y si era posible que desde el taburete del piano viese. y tercera.. durante la guerra. . Esteban Restarick siguió hablando con petulancia.. y he vuelto hace sólo unos seis meses. De todas formas. y que se inclinó para decir: —¿Y bien? El inspector Curry dijo secamente. Sé que todo el mundo tiene algo negro que ponerse. —Vino aquí tres o cuatro veces cuando yo era niña. segunda. No en otro sentido.—Expliqúese. pero yo no. Era hijastro de mi abuela. que era un hombre guapo. señora Hudd. Christian Gulbrandsen no era en realidad pariente mío. mientras que Walter Hudd era feo. Le parecía que no. pero luego. que Este¬ban Restarick pensaba mucho en sí mismo. Estaba pensando en tres cosas: primera. Lo encuentro horrible. —No tengo nada negro —repuso Gina—. —Es una certeza psicológicamente hablando. y creo que sólo debieran de llevarlo las amas de llaves y las secreta¬rias. No tengo ninguna prueba. me fui a América. que él y su hermano formaban un frente muy unido. —Y supongo que no le conocería usted muy bien. En la semipenumbra de la biblioteca de estilo gótico.

No movió ni un dedo. pero tomaba un nuevo color. —¿Estaba usted en el Gran Vestíbulo la noche pa¬sada cuando el señor Gulbrandsen se retiró a su ha-bitación? —Sí. . Abuelita le preguntó si tenía todo lo necesario y él dijo que sí. no. abriendo mucho sus enor¬mes ojazos castaños—. Todo lo que hace Edgar es siempre ridículo.. Era tan emocionan¬te. —Oh. Todos lo es¬tábamos menos abuelita. —¿Y eso le divirtió a usted? —no pudo menos que preguntar el inspector Curry. Se convertía en drama. relatada por Gina. No es que empleara estas mismas palabras.. Entonces todos pensamos que a pesar de todo había matado a Lewis. teatral. Es extraño que Edgar tuviera el valor suficiente para ir a cogerlo a su habitación. Uno no puede tomarle en serio nunca.—¿Ha vuelto para vivir aquí definitivamente? ¿No está de paso? —No he decidido nada todavía —repuso Gina. —¿Se alarmó usted cuando entraron en el despacho y Edgar Lawson cerró la puerta? —Oh. Nos dio las buenas noches y se marchó. y tan. que Jolly le había atendido muy bien. —Eso parece bastante extraordinario. —¿Aunque disparó el revólver? —Sí. —¿Y luego? Gina describió la escena entre Lewis y Edgar Lawson. Dijo que tenía que escribir unas cartas. —Era el revólver de Wally —dijo—. Era la misma historia que el inspector Curry había oído tantas veces. entonces estaba horrorizada. Me encantó. pero fue algo por el estilo. no —repuso Gina.. un nue¬vo aspecto. Nunca lo hubiera creído..

por ejemplo. por supuesto. —Su esposo. todos estábamos allí. ¿quién estaba en el vestíbulo? —Oh. —¿Dónde estaba sentada. señora Hudd? —Cerca de la ventana. —No todos. —¿Sí? —preguntó Gina. No vive en ese mundo... Gina pareció escandalizarse ante la idea. —¿Abandonó alguien más el vestíbulo? —No lo creo. la señorita Marple. —Durante la escena. Menos tío Christian. Oh.. —¿Y el señor Esteban Restarick? . Wally sabe arreglar esas cosas. pero no lo recuerdo. —¿Dónde estaban sentados los demás? —Creo que la mayoría alrededor de la chimenea. Tía Mildred estaba haciendo punto.. inspector. Y que todos creyeron que provenía del parque. eso fue cuando volvieron a encenderse las luces y Wally había vuelto ya. —Durante su ausencia.—No.. fue a arreglar la avería de la luz.. —Sí. lo mismo que tía Juana. Es de esa clase de personas que nunca creen que puede ocurrir algo. Ella es así. Alguien salió y entró. Es un encanto. —No lo recuerdo. señora Hudd. —¿Cerca de la puerta que da a la biblioteca? —Sí. Abuelita no hacía nada. sí. distraída. tengo entendido que se oyó un disparo. —¿Y usted no salió de allí para nada? —¿Irme? ¿Con lo excitada que estaba? Claro que no.

—¿Y la señorita Bellever? —Iba de un lado a otro. Prácticamen¬te nunca se sienta. Los asesinos son en realidad muy sensibles. ¿Tiene us¬ted alguna idea sobre quién mató a Christian Gulbrandsen.. ¿no le parece? Porque yo no creo que pueda haber otra razón para matar a tío Christian. ¿verdad? .. agra¬decida—.. —¿No se le ocurre que pueda haber algún motivo? —No. Alex le dijo que la policía se lo había llevado. Le encanta. Algunas veces me pregunto cómo la abuelita puede sopor¬tarla. su dinero o sus joyas. Estaba buscando unas llaves. lo que ellos lla¬man «desequilibrados mentales». eso es lo que quise decir —repuso Gina. no sólo por diversión. Jolly siempre arma un alboroto por nada! —repuso Gina sin darle importancia—.—¿Esteban? Tocaba el piano. No sé dón¬de fue después. Quiero decir que sólo matan a las personas para robar una caja fuerte. —Sólo una pregunta más. o un no sé qué. señora Hudd. y por qué? —Yo diría que uno de esos perturbados. ¿Es cierto? En vez de contestar a la pregunta. De pronto dijo: —¿Qué pasa con la medicina de la abuelita? ¿Es que el farmacéutico se equivocó al prepararla? —¿Por qué piensa eso? —Porque ha desaparecido el frasco y Jolly se ha vuel¬to loca buscándolo.. el inspector Cur¬ry dijo: —¿Dice usted que la señorita Bellever estaba pre¬ocupada? —¡Oh... Pero uno de esos perturbados. pudo hacerlo por di¬versión. No le robaron ni nada parecido. ya sabe. al principio.. como siempre.. Estaba apuradísima.

—Tampoco mencionó el hecho de que la señorita Bellever dejara el vestíbulo para buscar las llaves. que los edificios del Colegio estaban bien cerrados y custodiados.. Tiene una figura encantadora. no sé si me comprende. —No —repuso el inspector pensativo—. cuidadosamente peinados. Vestía de negro con un broche de ónix. —Exacto. señora Hudd. .. ¡Esos chi¬cos pueden salir de cualquier parte! Me han enseñado muchos de sus trucos. y llevaba una redecilla para recoger sus cabellos grises. Es la primera vez que la veo de cerca. El inspector Curry le dirigió una fría mirada. —Es muy vivaracha —dijo Lake una vez se hubo marchado—. usted sabe. —Gina reía alegremente—. —Tenga o no razón Esteban Rasterick al decir que su matrimonio no va a durar mucho. El sar¬gento Lake apresuróse a decir que le había parecido muy alegre. CAPÍTULO XIV La señora Strete hacía mucho más juego con la biblioteca que Gina.—Pero. según los demás. no fue. tampoco. —Lo cual. ¿no le parece? Un tipo algo extranjero. pude darme cuen¬ta de que ha procurado dejar bien sentado que Walter Hudd estaba de nuevo en el Gran Vestíbulo cuando oyeron el disparo. En ella no había nada exó¬tico. —No lo crea. excesivamente alegre. Nadie puede salir de allí sin un permiso. —Parece haberse divertido mucho con lo ocurrido.

pero no a la Caridad. Comenzamos. era su complejo de superioridad el que se sentía herido. —Había pensado que usted tendría alguna idea de cuándo me iba a necesitar. —Oh.. .. señora Strete. —De modo que comprenda que cuando lleguemos a la pregunta de quién mató a Christian Gulbrandsen podrá sernos de gran ayuda.. usted es la hija de esta casa. —Lo siento mucho.. lo cual era muy extraño.. y se apresuró a echar aceite sobre las turbulentas aguas... ya sabe. Además. —¿Pero es que hay que preguntarlo? ¿Es que no está bien claro quién asesinó a mi hermano? El inspector Curry echóse hacia atrás y se acarició el pequeño bigote. ya comprendo. era evidente que la señora Strete estaba ofendida. —Desde luego —repuso Mildred. y puede hablarme de todos los que viven en ella. representaba el aspecto de la viuda de un pastor protestante. Una mujer de mundo.. por quien podamos comprobar todo lo que se nos ha dicho hasta este momento. señora Stre¬te. Y ésta es su casa.. Según Curry. porque muy pocas personas represen¬tan lo que son en realidad.. por los testigos menos importantes.. les quitamos de en medio.Según opinión del inspector Curry. Podría representar a la Fe. —Usted es una mujer juiciosa y sensata.. buena observadora. La señora Strete ablandóse visiblemente. Me he visto obli¬gada a esperar toda la mañana. Incluso la línea de sus labios tenía cierto misticis¬mo. Es de sumo interés reservar para lo último la persona en cuyo juicio podamos con¬fiar. por así decir. inspector.. más valiosa que cualquier otra. y tal vez la Esperanza. Tal vez usted ig¬nore cómo se hacen estas cosas. No me había dado cuenta del todo.

. El inspector Curry añadió unos grandes bigotes a uno de los gatos que dibujaba en la hoja de papel y dijo: —Síííí... Lo que no puedo comprender es por qué no ha arrestado todavía a Walter. es una tontería.. —¿Qué otra solución podría haber? Christian no te¬nía enemigos. o tal vez hizo averiguaciones en los Estados Unidos. Por eso vino tan pronto aquí... Vio a Walter en su última visita y pudo reconocerle. señora Strete? Pién¬selo bien. necesitamos prue¬bas. No sabemos nada de él. Él dejó entrever que su visita estaba relacionada con el Trust. pero eso. —Pues.. naturalmente. es¬poso de la pobre Gina. —Pero eso no es razonable. Gina es una muchacha muy tonta. Le diría a Wal¬ter lo que acababa de descubrir y. tiene agentes por todo el mun¬do. señora Strete. Walter le mató. Es el único extraño en la casa. . Probablemente será uno de esos terribles gángsters americanos. Por eso el motivo de su visita fue de índole particular. Vino por ese moti¬vo hace sólo un mes y desde entonces no ha habido nada de importancia. Ha sido ese horrible americano. tenemos que ir con cuidado —dijo—. después de su última visita. o un personaje de los bajos fondos. Siempre le han vuel¬to loca los hombres. —¿Está segura de lo que dice.. Puede que fuera un perseguido por la justicia.—Bien. —Vuelvo a decirle que a mí me parece bien claro. o que estuviera ya casado... verá usted. ¿Us¬ted cree que está muy claro? —Naturalmente. y descubriría algo verdaderamente lamentable..... es posible —admitió el inspector.. Pero mi hermano Christian no era un hombre fácil de engañar. —¿No cree usted que eso es lo que debió ocurrir? —Sí. Estoy segura de que vino aquí para dejar bien sentadas las cosas.... ¿Por qué iba a matarle? —Porque Christian había averiguado algo con res¬pecto a él..

—No. Siempre he dicho que Gina es muy atrac¬tiva. Pero si quiere saber mi opinión..—Es probable que no le cueste encontrarlas. arregló el fusi¬ble y volvió a reunirse con nosotros en el vestíbulo. es dinero lo que Walter Hudd anda buscando. —La señora Hudd está bien provista. —¿Usted cree que su esposa estaba de acuerdo con Walter? Mildred Strete vaciló unos instantes.. —Salió detrás de Christian. no. Un tipo muy corriente en Italia.. —Oh. —Pudo haber preparado el truco fácilmente. el evitar que Gina supiera la verdad con respecto a él. pretextando que había una avería de las luces.. —Y una joven encantadora.. —¡No crea nada de lo que diga! Gina diría cualquier cosa.. Claro que hay una oportunidad. —Eso le proporcionaba la excusa. naturalmente. Pue¬de estar segura. Si ca¬blegrafía a América. —Su esposa dijo que había vuelto ya cuando sonó el disparo en el exterior. Al fin y al cabo. El inspector Curry soslayó la cuestión. Pero hasta que podemos probarlo. Siguió a Christian hasta su habitación. —Oh. Los italianos nunca dicen la verdad. ¿no es verdad? . Gina es su comida. preguntaremos quién es Walter Hudd. no hay poco que hacer. No lo creo. Y ella es romana. sí. Éste debe haber sido uno de sus motivos. —Cierto... —Y se apagaron totalmente.. disparó contra él. Por eso vino aquí y se quedó a vivir con Serrocold. sí.

gasta enor¬mes sumas en ella y le compró todo lo que quiso du¬rante los años de guerra. Pero claro. Un ligero color rosado tino las fláccidas mejillas de Mildred. lo consideraré un legado sagrado.. —Pero no será una custodia. y con la guerra.. como usted ha dicho.. Mi madre la estropea. será sólo mío.. Sus ojos estaban radiantes y sus finos labios curvados en una sonrisa de triunfo. supongo que ocurre así. Mi dinero casi se ha doblado. Es más que suficiente para mis necesidades. tomó la nacionalidad de su esposo (creo que ahora la ley ha cambiado). ¿verdad? —Mi madre siempre ha estado delicada. —Oh.. A pro¬pósito: no es muy fuerte.. —Lo mismo que usted. El señor Wal¬ter Hudd desea el dinero que irá a parar a manos de su esposa cuando muera la señora Serrocold. Mi padre puso la misma suma de di¬nero que me dejó a mí a nombre de su madre. Walter no piensa hacer nada hasta que muera mi madre y Gina entre en posesión de una gran fortuna. y siendo él fascista. Mi esposo y yo siempre vivimos sencillamente. La señora Stre¬te no le miraba.. Sí. Algo que vibró en sus últimas palabras hizo que el inspector alzara la cabeza sorprendido. y su tía americana. Cualquier dinero que llegue hasta mí. sí. naturalmente. Era un hombre muy erudito. en ese sentido. No obstante. El inspector habló pausadamente: —Entonces. —Cierto. la señora Van Rydock. Gina tiene muy poco. siempre puede utilizarse en hacer bien a los demás. no. sí. y. —Sí.. señora Strete.—Ahora. ¿verdad? Irá directa¬mente a sus manos. Sin embargo. Gastaba muy poco dinero. tiene am¬plias oportunidades para poder juzgar. —Lo mismo que yo. como no fuese en libros. . según usted. Pero a menudo las personas delicadas vi¬ven tanto o más que las robustas y de mucha salud.

Hay una cosa que no entiendo del todo. aunque admirable. tiene tiranizada a mi madre. Materialmente. sí. Estaba solo en su coche. y es una prueba para un hom¬bre descubrir que su esposa está completamente domi¬nada por una doméstica. En todos los casos. —Más sentimentalismo tonto.. —Ya. Él no valía nada. Dos años después se fugó con una cantante yugoslava de la más baja moral. llega a convertirse en una carga. y su afecto hacia mi madre. ninguno.. No me sorprendería oírle decir a mi madre que se marchara.. Mi madre fue lo bastante blanda como para sentir compasión de los dos niños.. señora Strete. No me inspiran simpatía las personas que se quejan de sus inevitables dolencias y acha¬ques. los adoptó más o me¬nos. —Alex Restarick tuvo oportunidad de matar a Christian Gulbrandsen.. El inspector Curry meneaba la cabeza asintiendo. —¿Y la señora Serrocold se queja? Mildred guardó silencio unos segundos.—¿Ha observado si la salud de su madre ha empeo¬rado últimamente? —Padece reumatismo... y anduvo a solas el trecho que separa la verja de la entrada de la casa.. Su padre se casó con mi pobre madre por su dinero. ¿Y qué me dice de Esteban? . No tiene tacto.. Hace mu¬chísimos años que está aquí.. pero cuando uno se hace viejo algo tiene que tener. Y han estado aquí desde entonces. pero suele dar mucho quehacer. esa señorita trajo mala influencia a esta casa. Ella lleva el mando de la casa y se preocupa demasiado. La posición de los dos hermanos Restaríck. hay muchos gorrones en esta casa.. —Ella no. la pone en ridículo. se lo puedo asegurar. ya. Puesto que no era cosa que pasaran sus vacaciones con una mujer de tan malas costumbres. Oh. Mi padrastro es demasiado solícito. Y en cuanto a la seño-rita Bellever..

¿Qué es lo que sabía Christian Gulbrandsen. —A menos que fuese alguien más cercano a la fa¬milia.. de alguien. Naturalmente. horrible.. mí ma¬dre ya no es joven... Además. ¿Por qué iba a matar a mi her¬mano Christian? —Siempre tropezamos con lo mismo. —Los hombres siempre se preocupan por mi madre porque parece frágil. A nadie más de esta casa parece haberle importado la muerte de Christian.. Creo que soy razonable. ¡Creo que a ella también le gus¬ta eso! —¿Usted no está preocupada por la salud de su ma¬dre? —No. con calma. Eso hay que impedirlo a toda costa.. Pero no antes de la hora que tengamos señalada. ¿no? —dijo el inspector sonriendo—.. La señora Strete frunció el ceño. pero era mi hermano. es horrible. la verdad. Yo soy la única pariente carnal. —Oh.—Esteban se hallaba en el vestíbulo con todos nos¬otros. Está tomando muy mal aspecto. todos hemos de morir —concluyó el ins¬pector Curry—. Habló intencionadamente y Mildred Strete pareció animarse de repente.. —Y al fin. que hizo necesario que ese alguien le asesinara? —Exacto —repuso la señora Strete triunfante—. me imagino que debido a la vida tan irregular que lleva. . nada en realidad.. Para mi madre era sólo un hijastro ya mayor. —El señor Gulbrandsen pareció muy preocupado por la salud de la señora Serrocold mientras estuvo aquí —repuso el inspector. no le considero un asesino. Para Gina.. No apruebo a Alex Restarick. Por eso debió ser Walter Hudd. pero. —¿Qué quiere insinuar? —preguntó Mildred con as¬pereza.

Pero los dos éramos Gulbrand¬sen. Puede que no lo gaste.—Hermanastro —le corrigió el inspector.. amablemente—. Curry miró a Lake.. —Hermanastro..... —Así que ella está segura de que ha sido Walter Hudd —le dijo—.. —A propósito.. con la pasión de los avaros. si. Quizá lo quiera para emplearlo en beneficencia. Wally es uno de los que con¬cuerda. Mildred Strete salió con los ojos llenos de lágri¬mas. Es una Gulbrandsen. No sé por qué —Puede que sea una avara. a Mildred Strete le agrada el dinero.. Tuvo oportunidad. concuerda perfectamente. o se entera de algún modo. —Es posible que sí... la abuela de su esposa debía mo¬rir. ras¬cándose la cabeza.. —Y tal vez tenga razón... y por qué.... pero le gusta. No puede soportar ni por un mo-mento la idea de que fuese otro.. —Será mejor que veamos a ese extraño joven Ed¬gar Lawson. —Un complejo.. Hemos oído una o dos cosas interesantes esta mañana. Es posible que quiera emular a su padre. O tal vez le atraiga el poder que da el dinero. Porque si desea dinero rápidamente.. Sí. . ¿no? —dijo el sargento Lake. a pesar de la diferencia de edad. y motivos. formar una opinión exacta de alguien por lo que de él nos dicen los demás. —Sí.. pensó el inspector Curry. y después iremos al Gran Vestíbulo y averiguaremos quiénes estaban allí. Comprendo su punto de vista. sí —dijo Curry. y cuán¬do.. Wally altera su medicina. Hizo una pausa antes de continuar. Es muy difícil.

iré con usted en seguida. Me declararé culpable. muy abatido y humilde. ni siquiera «anormal». Estaba ansioso por hablar y disculparse. Hacer una escena semejante y luego disparar contra el señor Serrocold. ni «arrogante». que ha sido tan bue¬no conmigo y ha tenido tanta paciencia también. Parecía un hombre muy corriente. o «pe¬ligroso». Edgar no daba la sensación de ser «extraño». Eran las manos de un sentimental. —Perdí la cabeza. —Eso parece —repuso el inspector Curry secamen¬te—. —No tenemos ningún cargo contra usted —repuso el inspector—. con las muñecas muy huesudas. la pistola se disparó por accidente. Era joven. Se retorcía las manos muy nervioso. vulgar y tristón. Así que carecemos de pruebas para ac¬tuar. Lo merezco. ¡Nunca hubo un hom¬bre más bueno que el señor Serrocold! Lo ha hecho todo por mí. —Eso es porque es tan bueno. Usted dijo al señor Serrocold en presencia de testigos que había descubierto que él era su padre.Edgar Lawson había sido descrito aquella mañana por bastante personas bien distintas. —Sé que me he portado muy mal. —Si tiene que detenerme por ello. ¿Era eso cierto? —No. pero al verle aho¬ra. —¿Qué le impulsó a actuar como lo hizo? Edgar parecía violento.. no lo sé.. —¿Qué es lo que le impulsó a pensarlo? ¿Acaso al¬guien le metió esa idea en la cabeza? —Pues es un poco difícil de explicar.. . Según el señor Serrocold. No sé lo que me pasó. el propio parecer de Curry y sus impresiones fue¬ron muy dispares.

inventé otras cosas y puse en práctica nuevas ideas. Dijo que necesitaba un secretario que le ayudara... Y entonces di en pensar. que me habían cambia¬do al nacer.. Luego fui a una nueva escuela y lo intenté un par de veces. claro... Dije que mi padre era un Almirante de la Armada. Pero yo no intentaba conseguir dinero por este medio. esas cosas. La casa estaba sucia. Yo llegué a creerlo. sino alguien importante.—Inténtelo. Ya había estudiado el caso de Edgar y leído su ficha policíaca. Mi madre estaba siempre bebida y constantemente venían hombres a nuestra casa. Decían que era un bastardo.. El señor Serrocold puede decírselo. Los otros niños se burlaban de mí porque no tenía padre.. que en realidad yo era un heredero.. tuve una infancia bastante dura... —El señor Serrocold consiguió que me pusieran en libertad para traerme aquí. y se parecía bastante a un infierno. Y la señora Strete me miraba como si yo no fuera un caballero. Creo que mi padre era un marino extranjero.. o del Servicio Secreto. No tuve intención de aprovecharme. ¿y ella . más tarde.. Toda clase de historias. No queremos forzarle. lo cual. y entonces no me sentía tan mal. Siempre se estaban burlando de mí. Sólo que los demás se reían de mí. Lo mismo que la señorita Bellever... era verdad... Es una señora.. Solía vivir en hoteles donde contaba que era un piloto de guerra. El inspector Curry asintió con la cabeza. y el doctor Maverick. verán.. Pero Gina me trataba como a un pe¬rro. Y también Esteban Restarick.. Me era imposible de¬jar de decir mentiras. ella no. —Pues.... Sólo eran fanfarronadas para que la gente pensara algo más en mí. tiene todos los informes.. en ima¬ginar que mi padre no había sido un marinero extran¬jero.. y solía inventar histo¬rias.. Primero cosas de niños. —¿Quiénes? ¿La señora Serrocold? —No. siempre se muestra amable y cariñosa. De verdad. Hizo una pausa antes de continuar: —Y luego.. y yo le ayudé..

—¿Y por eso no les encontraba muy simpáticos? —Era porque yo soy un bastardo.quién es? Una com¬pañera a sueldo de la señora Serrocold. ¿verdad? . —¿Por eso se apropió de dos padres famosos? Edgar enrojeció. Siem¬pre me sale todo mal. —Usted lo ha dicho.. de la habitación de Walter. —Y por fin dijo que el señor Serrocold era su padre.. con paciencia. —¿Lo recuerda? —Debí sacarlo de allí. —Sí.. ¿Por qué? —Porque eso habría de hacerles callar para siempre... Fue una cosa puramente infantil.. Estoy atontado. Hay veces que no. —Lo sé. No pudo ser de ninguna otra parte. Pero le acusó de ser su enemigo. De tener un padre no se hubieran portado así —repuso Edgar con pasión. que no veo las cosas muy claras. —Siempre tengo que estar mintiendo. —¿De dónde sacó el revólver? —volvió a preguntar el inspector. ¿no es cierto? Curry pudo apreciar que se iba excitando. no podían hacerme nada. No tenía intención de asustarle. —¿Lo hice? ¿Es ahí donde lo encontré? —¿No recuerda de dónde lo sacó? —Quise amenazar con él al señor Serrocold. —se puso la mano por la frente—.. y de estarle persiguiendo.. —¿Y cogió el revólver de la habitación del señor Walter Hudd? Edgar pareció extrañarse. ¿no? Si él era mi padre.

con el afán de hundirme.. pero me gustaría saber quién pudo ser. un jactancioso. Ahora no puedo comprenderlo. —Bien. —¿Es así como ocurrió? Edgar repuso emocionado: —No me acuerdo.. un mentiroso. No obs¬tante.. No estaba satisfecho. presa de un ataque de rabia. Sí. hay cierta sencillez en él.. . la señorita Marple tuvo razón en eso. Es una mujer muy astuta.. Si lo supiéramos.. Edgar continuó impasible. Edgar guardaba silencio.. —¡Estos casos patológicos son el demonio! —¿Cree que alguien habrá influido en él? —Mucho menos de lo que había imaginado. Estuve pa¬seando por el jardín. desde luego.. vamos a reconstruir exactamente la escena que tuvo lugar en el Gran Vestíbulo.. El inspector suspiró. alguien. Lake. Incluso esa anciana de cabellos blancos tan agradable. —Sí. ¡No recuerdo ni dónde estuve ni lo que hice la mitad del tiempo! —Seguramente recordará quién le dijo que el señor Serrocold era su padre. Vamos. Siento que debía estar loco. Y es mucho más su¬gestionable de lo que hubiera podido suponer. sí. pero pudo darse cuenta de que por el momento no conseguiría adelantar nada. Él no lo dirá. señor. pudo habérselo dado. Estaba trastornado. —Nadie me lo dijo —replicó de pronto—.. Se me ocurrió a mí. Creí que la gente me espiaba.—No lo sé. —Oh. con el rostro impasible. Cuando Edgar se marchó. me vigilaba. en el futuro vigile sus actos —le dijo. Curry meneó lentamente la cabeza. Es un débil mental.

No fue Ed¬gar Lawson ni Lewis Serrocold ni su esposa ni la señorita Juana Marple. fue mucha casualidad. Las mujeres sentadas ante el fuego le daban la es¬palda. Lake. cerca de la puerta del des¬pacho. Pero en cuanto a los demás. Sí.. ni le vería marchar.. me . no puedo verle a usted. El sargento Lake se levantó sin hacer ruido y se dirigió hacia la puerta de la biblioteca. mirando al despacho por encima de la señora Serrocold. No. Las únicas luces encendidas eran las de junto a la puerta del despacho. El inspector Curry estaba sentado ante el piano.. La señora Serrocold estaba sentada aquí. Y recuerde que Gina dijo: Esteban estaba sen¬tado ante el piano al principio. —¿Así cree usted que fue Esteban? —No sé quién ha sido —repuso Curry—. La se¬ñora Strete a la izquierda. —Y yo también podía irme —se alejó sigilosamente del taburete del piano caminando junto a la pared has¬ta llegar a la puerta—. y en una esquina muy os¬cura. No sé a dónde fue luego. y el sargento Lake junio a la ventana. —Toda esta parte de la habitación estaba a oscu¬ras. Todos están de acuerdo en decir que no se mo¬vió y es la única que estaba situada en la dirección en que todos miraban.. no obstante. mirando al lago. Curry prosiguió: —Si yo estoy sentado mirando la puerta del despa¬cho.. Pudo haber entrado y salido sin ser vista. Una vez en la biblioteca usted podía salir por la otra puerta al corredor. disparar contra Gulbrandsen y volver por la biblioteca para ocupar de nuevo la silla junto a esa ventana.. en dos minutos a la habitación de los huéspedes. Y. La señorita Marple ahí.. Curry sonrió de pronto... a la derecha de la chimenea. La única persona que podría notar que ya no estaba sentado al piano sería Gina Hudd.Esto concuerda a las mil maravillas. es posible.

gusta bastante ese muchacho.. El «Largo» de Haendel. —Se puso en pie y alzó la tapa del anticuado ta¬burete. Sin embargo. reposando sobre los Prelu-dios de Chopin. Rebuscó entre las partituras que estaban sobre el piano. Unos ejer¬cicios de Czerny. La mayoría deben de ser de la época del viejo Gulbrandsen. Apuesto diez contra uno a que eso es lo que pretenden que pensemos. —¿Es que me necesita la policía? Estaré lista en seguida. ¡Shostakoyitch! Qué nombres tienen estos composito¬res. Carrie Louise? —Pues claro. —Aquí hay más..» La mujer del vicario solía cantarlo cuando yo era niño.. Debajo.. —No saque ninguna conclusión precipitada —le acon¬sejó el inspector—. «Conozco un bello jardín.. Se detuvo. con las amarillentas páginas de la can¬ción en la mano. cepillando sus plateados cabellos.. ale¬gremente. —¿Hindemith? ¿Quién es? Nunca oí hablar de él. —¿Te encuentras bien? . Juana querida. CAPÍTULO XV La señorita Marple subió la escalera y golpeó con los nudillos en la puerta del dormitorio de la señora Serrocold. Volvió la cabeza para mirarla. —Esteban Restarick —exclamó el sargento Lake. —¿Puedo pasar. eso no es ninguna prueba. vio una pequeña pistola automática. Carrie Louise se hallaba sentada ante su tocador.

. Porque a nuestra edad sabemos que puede ocu¬rrir cualquier cosa. Sea lo que fuere. Y.. Debe haber sido por algo relaciona¬do con su última visita. ¿Tú crees que eso importa? —¿Y tú no? —A Christian desde luego que no le importa —dijo Carrie Louise con sencillez—. debió comenzar entonces. Jolly se ha empeñado en que tomara el desayuno en la cama.. comprendo lo que quiere decir.. —Sí.. Por¬que de otro modo no creo que hubiera vuelto tan de repente sin un motivo especial. Alex acababa de llegar de Londres. no tengo la menor idea.. Juana? Yo hubiera asegurado que sí. sí. —¿Tienes alguna idea de quién pudo ser? —No. y cuan poco importa lo que ocurre en este mundo. Importa a quien le asesinó.—Pues claro que sí. —¿Quiénes estaban en la casa? —¡Oh! Los mismos que ahora. Ruth también estaba aquí.. ah. —¿Es que no opinas como yo. ¡Y Gina ha entrado de puntillas como si estuviera a las puertas de la muer¬te! No creo que la gente comprenda que las tragedias como la muerte de Christian sorprenden menos a los viejos. He estado pensando y pensando. La señorita Marple murmuró despacio: —Christian ha sido asesinado.. —Si —repuso la señorita Marple. ¿Christian Gulbrandsen y Ruth? Ruth se había . nos hizo su acostumbrada visita relámpago.. dudosa. ya hará cosa de un mes. Ni siquiera puedo en¬contrar una razón... —Ruth —repitió la solterona. pero no recuerdo nada anormal. sí. mientras su mente tra¬bajaba con gran actividad.. —¿Ruth? —Sí.

y me pareció tan preocupado. La señorita Marple pegó un respingo al oír su voz. y supongo que olvidaría de desayunarse.marchado preocupada y recelosa. —Eso me dijo Ruth. —Oh. no lo recuerdo. no creo que fuese entonces. Suspiró. ¿Cómo había llegado a abrigar sospechas? ¿Qué es lo que oiría o vería? ¿Fue algo que Ruth no supo apreciar en su exacto significado? La se¬ñorita Marple hubiera deseado saber qué pudo haber sido.. —¿Te lo contó la última vez que estuvo aquí? —qui¬so averiguar la señorita Marple. porque siempre toma té.. ¿no es verdad? —preguntó Carrie Louise... Algo extraño ocurría. Carrie Louise hablaba vagamente. en efecto —admitió la solterona. Es algo terrible. Nunca me vi mezclada en ninguno hasta ahora. Entró mientras estaba tomando el desayuno. —¿Por qué dices eso? —Porque es cierto. Incluso Lewis. La verdad. —No. —empezó a decir la señorita Mar-pie. Juana? ¿Tú sí? —Pues. sí.. Bebió parte de mi café e incluso mordisqueó una de mis tostadas con mermelada. Carrie Louise? .. Carrie Louise replicó en el acto.. pero él debió saber que alguien intentaba envenenar a Carrie Louise. —Un asesinato.. y se comportó de un modo extraño. —¿Qué estás pensando. Eso es muy raro. Jolly no. Siempre se olvida de las comidas. como si estuviera distraída. Una ligera corazonada (fuera la que fuese) parecía poco probable que tuviera relación con Edgar Lawson. según ella Christian Gulbrandsen también estuvo preocupado y re¬celoso. pero todos los demás sí. ¿Y tú. y no le gusta la mermelada.. pero sin saber por qué. lo sé.... debía de estar pensando en otra cosa. puesto que Ruth ni siquiera le había mencionado. —Me ocultáis algo.

Sabes.. cuando adoptamos a Pippa.. ya sabes. —A las chicas como Gina les gusta presumir un poco. —Me figuro que es importante que todo el mundo lo sea. —No es simple curiosidad.. y es de presumir que sepa lo que le conviene. El doc¬tor Galbraith. Carrie Louise se interrumpió.... y en lo que tú dijiste de Esteban Restarick. —¿Quién era la madre de Pippa? —quiso saber la señorita Marple. Gina es buena chica. Ya sabes que sé frenar mi lengua.. La verdad. Pero nadie más. —Pensaba en Gina. —Oh. La señora Serrocold la miraba vacilando.. Estoy segura de esto. Juana. la madre de Pippa. —Pero es muy importante que Gina sea feliz. ne¬cesito saber. ahora es obispo de Cromer… lo sabe. Son jóvenes y les agrada demostrar su poder. Ya sé que Hudd no es la clase de marido que había imaginado para Gina.. En circunstancias normales no le hubiera conocido nunca.. nos dimos cuenta de que era un experimento que tenía que tener éxito a la fuerza. pero Gina es un caso especial.. La señorita Marple guardó silencio. .La señora Serrocold sonrió. La madre de Pippa fue Catalina Elsworth.. pareciendo que volvía de muy lejos.. bueno. Es natural.. —¿Elsworth? ¿No era una mujer que administraba arsénico a su marido? Fue un caso muy famoso. Cuando re¬cogimos a su madre. y está verdaderamente enamorada de Wally. —Es probable —repuso la señorita Marple. —Siempre supiste guardar un secreto. Pero le encontró y se enamoró de él. La solterona la miró extrañada.. sí.

Carrie Louise se levantó del tocador. Mientras la esperaba. Aquella habitación no respondía a la idea de que él tenía del boudoir de una mujer rica. —¿Y Pippa era hija suya? —Sí. y la otra feúcha y con la mirada ausente bajo un pesado fle¬quillo. con los respaldos de madera trabajados. que suba a mi salita. —Siempre pensamos que las declaraciones de la don¬cella fueron malintencionadas. Casi agradecía la oportunidad de ver a la señora Serrocold en sus domi¬nios. sus chu¬cherías y retratos. Estoy segura de que no le importará. Era una de las estancias más pe¬queñas de la casa. —¿La. o a quien sea. El tapizado muy viejo y descolorido. Había en ella un sofá anticuado y algunas sillas poco cómodas. Curry contempló una antigua ins¬tantánea de dos niñas.. Vio también un retrato de Eric Gulbrandsen colgado de la pared con un . con cariño. Había visto la misma expresión aquella mañana: «Pippa y Mildred». La señorita Marple permaneció un buen rato en si¬lencio.. pero sin la certeza de que le hubiera envene¬nado ella. mataron? —Sí. y tenía un as¬pecto cómodo y abigarrado con sus mesitas. estaba escrito en la fotografía. La criatura más dulce y alegre que puedas imaginar. estilo Victoriano. aunque con todo era mayor que cual¬quier salón de las modernas residencias.... El marido acostumbraba tomar arsénico. Al inspector Curry no le importó. —Ya estoy lista. miró a su alrededor con cu¬riosidad. cuidados y todo lo que precisan los niños. Pippa fue. ella misma. una morena y avivada. Eric y yo decidimos ofrecer a la niña una nue¬va vida. Quisiera que pidieras al inspector.. Tuvimos éxito.—Sí. pero de diseño atractivo.. entonces no se sabía mucho de estas cosas.

—¿No le pareció que aquella explosión tuvo lugar en la casa? —No. —Pues.. no obstante —pensó—. Ahora se daba cuenta de por qué todos querían evitar a Carolina Louise Serrocold cualquier preocupación. Al comen¬zar a interrogarla fue respondiendo a sus preguntas con presteza y sin la menor vacilación.marco de ébano. y ha¬bía tal fragilidad en ella.» La señora Serrocold le saludó. que yo sepa.. el disparo que oyeron.. —¿Quién más se marchó de allí? —Nadie. Vestía de negro. no es de esas mujeres que arman un alboroto por nada.. . es posible. Fue más bien ella quien procuró tranquilizarle. cuando se abrió la puerta dando paso a la señora Serrocold. tomó asiento en una butaca muy próxima. Creí que había sido en el exterior... la disputa entre Lawson y su esposo. ¿se fijó si alguien abandonaba el vestíbulo? —Wally había ido a arreglar la luz. El corte de la. y tras rogarle que se sentara. a buscar algo. —¿Y sin que usted lo supiera? Reflexionó unos instantes.. Acababa de descubrir la efigie de un hombre bien parecido y ojos reidores que tomó por Juan Restarick. pero un negro etéreo y vaporoso. Pensé que tal vez procediese del tubo de escape de algún auto.. La señorita Bellever salió poco después. que en seguida cautivó el co¬razón del inspector. En aquel momento comprendió mu¬chas cosas que aquella mañana le dejaron perplejo. —Durante el rato que su esposo y ese joven Lawson estuvieron en el despacho. «Y. Su rostro blanco y sonrosado parecía inusitadamente pequeño bajo la corona de plata de sus cabellos. pero no recuer¬do qué.. luz.

.. Edgar es sólo un muchacho. —se apresuró a decir ante el gesto de protesta del inspector—.. la verdad. no. Quiero decir en mi fuero in¬terno.. ima¬ginando que era un carácter valiente y desesperado. sí. —¿Y amenazaba con él a su esposo? —Sí. Eso es lo que yo pensé. —¿Y no sentía temor por lo que pudiera ocurrir allí dentro? —No. ¡Conque era como los demás! —No es posible que pudiera tener esa seguridad. Lawson disparó dos veces. .. No pensé que llegara a ocu¬rrir nada. —Pero Lawson tenía un revólver. El inspector Curry volvió a exasperarse. Viéndose como el héroe de una historia romántica.. pero sin intención. Esta¬ba completamente segura de que nunca dispararía. claro que debo creerlo si usted me lo dice.. El inspector Curry sintióse invadir nuevamente por la exasperación. Carrie Louise pareció sorprenderse y se puso seria.. —Pues estaba segura.—¿Estaba completamente absorta en lo que oía. —Sí. se¬ñora Serrocold. —No fue casualidad. estaba representan-do una comedia. —Pero disparó. Carrie Louise sonrió. —Supongo que se dispararía el arma por casualidad. Se puso a dramatizar como un tonto. —No puedo creerlo. señora Serrocold. Oh. Como dice la gente joven. con¬tra su esposo. en las voces que llegaban del despacho? —Sí.. Las balas debieron pasarle rozando.

Y aunque probablemente no lo creerá. Edgar quie¬re mucho a mi esposo. prácticamente casi normal. y pensará que los psiquíatras algunas veces son muy cargantes. —Oh.Pero todavía sigo creyendo que debe de haber alguna sencilla explicación. Comenzó a decir todas estas tonterías de que Lewis era su padre. sí. pero también nuestros éxitos. Pero lo que no puedo comprender es por qué se puso tan violento de repen¬te. Inesperadamente la señora Serrocold le dijo: —Ya sé que mucho de lo que hacemos aquí le pare¬cerá tonto y sin objeto. sonriendo—.. —La encontré en el taburete del piano. dígame. —El revólver con que Edgar Lawson amenazó a su esposo. Tal vez el doctor Maverick sepa explicármelo. No hemos tenido tiempo para comprobarlo con exactitud.. pertenecía al marido de su nieta. Estaba mucho mejor. Desde luego que a mí siempre me ha parecido una per¬sona normal. —¿Y la encontró en el taburete del piano? —pre¬guntó con el ceño fruncido. Ahora. ¿había visto antes este re-vólver? Y él mostraba en la palma de la mano una pequeña pistola automática. Y lo que intentamos vale la pena. Pero obtenemos bue¬nos resultados. Estoy seguro. . El inspector nunca quiso discutir este punto. por lo mucho que desearía tener un padre como él. pero me atrevería asegurar que es el arma con que mataron al señor Gulbrandsen. Es de su-poner que Lawson lo cogiera de la habitación de Walter Hudd. el doctor Maverick se lo explicará muy bien —dijo el inspector. ¿sabe? Tenemos nuestros fracasos. Ha sido dis¬parada recientemente. Carrie Louise la observó. Él puede explicarlo todo.

que yo diría no han sido tocadas hace años. —¿Pero dejó de tocar? ¿No siguió tocando durante toda la pelea? —No. —Ninguna —y agregó.. Muy bajo. —Gulbrandsen pudo haber descubierto algo que le desacreditara.. —¿Cuándo dejó de tocar.—Bajo unas partituras de música. tampoco eso parece probable. —¿Estuvo tocando? —Sí. El inspector Curry sintió un deseo irresistible de contestar: —Cuando la rana críe pelo.. ¿Recuerda quién se sentó al piano la noche pa¬sada? —Esteban Restarick. —No lo creo probable. —¿Conoce alguna razón por la cual Esteban Resta¬rick pudiera haber matado al señor Gulbrandsen.. No tengo ni idea de lo que hizo hasta que se acercó a la puerta del despacho para probar una llave. señora Serrocold? —¿Cuándo? No lo sé. pensativa—: No creo que le matara. —¿Se levantó de su sitio? —No lo sé. . —¿Escondida entonces? —Sí.. La música cesó. Estaba seguro de que la señorita Marple debía de conocerlo. Una melodía extraña y melancólica. Era aquél un dicho de su abuela.

. Carrie Louise tomó asiento y comenzó a abrir su co¬rrespondencia. Las que piden cosas. se las tendía a la señorita Belle¬ver. acabo de recoger todas sus cartas y un paquete. apareció una caja de bombones atada con una cinta dorada. . —Hay tres categorías. —¡Querida abuelita! —exclamó con cariño—. Había lo menos veinte o treinta cartas. la señorita Marple de la biblioteca y Julie Bellever del Gran Vestíbulo. Y las cuatro fueron allí. Gina fue la primera en hablar. Una vez abiertas. Ahora. que las colocaba en montoncitos. —Como debía ser —repuso la señorita Bellever—. Gina venía del pasillo.. acaso? —Claro que no. ¡Qué cosas se te ocurren! El inspector es muy amable y ha sido muy considerado. Unas son. Y el resto son personales. Iba a subírselas en este momento. Cara. cuyo significado explicó a la señorita Marple. Una vez hubo terminado de clasificar la correspon¬dencia. las despacho yo misma. Entre virutas. ¿Te en¬cuentras bien? ¿Te han asustado o han empleado contigo el tercer grado. y Cara me dice cómo debe contes¬tarlas.. Gina. —Alguien se ha creído que es mi cumpleaños —dijo la señora Serrocold con una sonrisa.. de los parientes de los muchachos. muy bien arreglada.Carrie Louise bajó la amplia escalera y tres perso¬nas salieron a su encuentro desde distintas direccio-nes. Ésas las entrego al doctor Maverick. —Llévalas a la biblioteca —le dijo Carrie Louise. la señora Serrocold dirigió su atención al pa-quete cuyo cordel cortó con unas tijeras.

Quitó la cinta para abrir la caja. Dentro había una tarjeta, que Carrie Louise miró con ligera sorpresa. —«De Alex, con cariño» —leyó—. Qué extraño que me enviara una caja de bombones el mismo día que iba a venir. Una sospecha cruzó por la mente de la señorita Marple, quien se apresuró a decir: —Espera, Carrie Louise. No los comas todavía. La señora Serrocold pareció sorprenderse. —Iba a daros a todas. —Pues no lo hagas. Espera a que pregunte... ¿Sabes si Alex está en casa, Gina? —Creo que ahora está en el vestíbulo —repuso ésta en seguida, yendo hasta la puerta para llamarle. Alex Restarick apareció momentos después. —¡Querida Madonna! ¿Ya estás levantada? ¿No ha si¬do nada? Y acercándose a Carrie Louise, la besó cariñosamente en ambas mejillas. La señorita Marple dijo: —Carrie Louise quiere darle las gracias por los bom¬bones. Alex se sorprendió. —¿Qué bombones? —Éstos —repuso Carrie Louise. —Pero si yo no te he enviado bombones, querida. —La caja lleva su tarjeta —dijo la señorita Bellever. Alex la miró. —Pues es cierto. ¡Qué extraño! Es muy raro... Desde luego, yo no los he mandado.

—Qué cosa más extraordinaria —comentó la seño¬rita Bellever. —Parecen deliciosos —dijo Gina, mirando el con¬tenido de la caja—. Mira, abuelita, los del centro son de licor. Tus preferidos. La señorita Marple, con ademán resuelto, le arreba¬tó la caja, y sin pronunciar palabra, salió de la estancia, yendo al encuentro de Lewis Serrocold. Le costó bas¬tante encontrarle, porque se había ido al Colegio... y allí le encontró en la habitación del doctor Maverick. Puso la caja de bombones sobre la mesa. Lewis escu¬chó el breve resumen que le hizo de lo ocurrido. Su rostro se puso repentinamente tenso. Con sumo cuidado, Lewis y el doctor fueron cogien¬do los bombones uno por uno para examinarlos. —Creo —dijo el doctor Maverick—, que éstos que he separado han sufrido alguna manipulación. ¿Ve us¬ted la desigualdad de su parte inferior? Lo que hay que hacer ahora es analizarlos. —Pero parece increíble —dijo la señorita Marple—. Pues todos los de esta casa podrían haber sido asesinados. Lewis asintió, todavía con el rostro pálido y con¬traído. —Sí. Hay una crueldad... —se interrumpió—. Me parece que, precisamente, estos bombones son de licor. Los favoritos de Carolina. Así que, ya ven, hay cierta intención tras todo esto. La señorita Marple repuso tranquilamente, con cal¬ma: —Si es como usted supone... si hay... veneno... en esos bombones, me temo que Carrie Louise debe saber lo que ocurre. Debe estar sobre aviso. —Sí —contestó Lewis, con pesadumbre—. Tendrá que saber que alguien quiere asesinarla. Creo que le va a parecer realmente Imposible.

CAPÍTULO XVI

—¡Ah!, señorita. ¿Es cierto que está actuando un terrible envenenador? Gina echóse hacia atrás el cabello que le caía sobre la frente y dio un respingo al oír aquella pregunta. Llevaba manchas de pintura en la cara y en los pantalones. Junto con sus ayudantes, seleccionados entre los muchachos, había estado muy atareada pin¬tando para su próxima producción teatral un telón de fondo que representaba una puesta del Sol en el Nilo. Fue uno de sus ayudantes quien hizo la pregunta. Ernie, el muchacho que le había dado lecciones sobre el modo de abrir las cerraduras. Sus dedos eran igual¬mente hábiles en el manejo de las herramientas de car¬pintería, y era uno de los más entusiastas de la sección teatral. Ahora sus ojos estaban brillantes. —¿De dónde sacaste esa idea? —preguntó Gina, In¬dignada. Ernie le guiñó un ojo. —Es de lo que se habla en los dormitorios —re¬puso—. Pero, escuche, señorita, no fue ninguno de nos-otros... Nada de eso. Nadie podría hacerle daño a la señora Serrocold. Ni siquiera Jerkins se atrevería a en¬gañarla. Es distinto si se tratara de esa vieja bruja. Ninguno quisiéramos envenenarla, ninguno. —No hables así de la señorita Bellever. —Lo siento, señorita. Se me escapó. ¿Qué veneno es ése, señorita? ¿Estricnina? Le hace doler a uno la espalda, y tener una agonía terrible. ¿O era ácido prú¬sico? —No sé de lo que me estás hablando, Ernie. Ernie volvió a dedicarle un guiño. —¡Vaya que no! El señor Alex lo hizo, según dicen, Le trajo bombones de Londres. Pero eso es mentira. El señor Alex no haría una cosa así, ¿verdad, señorita? —Claro que no —dijo Gina.

Espere a que vengan los polis y me pregunten lo que vi la noche pasada. Ernie obedeció mientras murmuraba como para sí: —¡Valiente vida! Ayer quitaron de en medio al viejo Gulbrandsen y ahora un envenenador secreto. ¿Le gustaría saberlo? Gina hizo ademán de perseguirle y Ernie retiróse estratégicamente. —Después de pasar lista.. . Discutieron algunos asuntos técnicos y luego caminaron juntos en dirección a la casa. ¿qué viste? —¡Ah! —replicó Ernie—. Salgo a pasear por el parque sólo para divertirme —Quisiera que dejases de decir mentiras. —Eso es lo que usted dice. Mientes y te jactas de cosas que nunca has hecho. —¿Quién las dice? —Tú. después de pasar lista. Cuando nos da clase.. yo puedo salir cuando quiero. —¿Cómo iba a ser posible que estuvieses fuera? El Colegio se cierra a las siete. —Quita de ahí la trementina. Los cerrojos no significan nada para mí. pone unas caras terribles. se¬ñorita. ¿No cree que puede ser la misma persona? ¿Qué diría usted. y creemos que es un vampiro. —Parece que todos saben lo de la abuelita y los bombones —dijo Gina—. señorita. —Y bien. —¿Que no? Suponga que estuviera fuera ayer noche y lo viera.. si le dijera que sé quién lo mató? —No es posible que tú lo sepas. Ernie. señorita. ¿Cómo se habrán enterado? —Nos habrán oído hablar. Esteban salía por el otro lado del teatro y fue a reunirse con Gina.—Es más probable que lo hiciera el señor Baumgarten. Me refiero a los muchachos.

Esteban no respondió. Pero Wally no es capaz de envenenar a nadie.. ¿no te parece una tontería haber puesto la tarjeta de Alex en la caja cuando precisamente iba a venir? —Sí. ya habrían enviado la caja al correo. —. pero. —No tenía intención de burlarme. hubiera sido una buena idea. querida Gina. Esteban echóse a reír. Y prosiguió: —Lo que no puedo comprender es. —No seas idiota.. entonces. ya sabes que no puedes ocultarlo. mientras Gina le observaba fijamente. pero ¿quién sabía que iba a venir? Lo decidió de sopetón y envió un telegrama. —¡Sé lo que estás pensando. Esteban? —Lo sabes muy bien. Tú y Wally no sois el uno para el otro. ¡Es inconcebible! Es tan adorable. Por eso te admiro.. Esteban.—Y saben lo de la tarjeta de Alex. y los dos seréis mucho más felices. Es una idea ridícula. porque algunas veces le manda bombones a Carolina. no irás a decir que os lleváis muy bien o que Wally es feliz aquí. Él también lo sabe.. . —¿Qué quieres decir.. Esteban! —¿Qué? —Estás pensando que Wally. que haya alguien que quiera matar a abuelita —le atajó Gina—. Es una de esas cosas que saltan a la vista. —Vamos. no la adora. Probablemente. Creo que lo eres. que absolutamente todos tienen que adorarla forzosamente. —¡La esposa fiel! —No lo digas en ese tono de burla.. Lo sé. Cualquier día llegará la ruptura.. y si no llega a venir..

como si reflexionase. Sólo que quisiera saber. y asegura que puede decir muchas cosas del ase¬sino. y ahora parece otro. ¿no es cierto. Gina? —Estúpido —repuso Gina sin vacilar.. pensaba.—Oh. ahora se han invertido los pape¬les... y agregó apre¬suradamente—.. todo era divertido.... Tú siempre eres Esteban. —Oh. sin cruzar palabra. Alex Rasterick echóse un tanto hacia atrás. esa chiqui¬lla despreciable. yo diría que fue aquí. ¿Recuerdas cómo te iba detrás durante las vacaciones? —Y qué pesada me parecías. Y me tienes donde tú querías.. Bien. ¿Tú crees que Ernie ha mentido? Pretende haber estado paseando entre la niebla ayer no¬che. El inspector Curry miró en aquella dirección. Sí. no sé lo que le pasa —exclamó la joven—.. Yo.. ¿Por qué no puede pasarlo bien aquí? Nos ha¬bíamos divertido tanto juntos. ¿Por qué tienen que cambiar tan¬to las personas? —¿Yo he cambiado? —No. —¿Es éste el sitio donde detuvo su automóvil ayer noche? — preguntó. Ya sabes cómo le gusta in¬ventar. Apenas habla. El inspector Curry miró a su alrededor apreciativa¬mente. Había mucha niebla. ¿Tú crees que puede ser cierto? —¿Cierto? Claro que no. Es difícil precisarlo con exactitud. —Más o menos —repuso—.. Yo no sé qué hacer. . Siempre está triste. Lo hace para darse importancia. El sol poniente iluminaba la fachada oeste de la casa.. querido Esteban.. Continuaron andando uno junto al otro. lo sé.

. jadeando como una máquina de vapor. —Ahora. Muy ingenioso. —Esto me pasa desde el año pasado que tuve bron¬quitis —dijo Dodgett. debe recordar que los artistas somos. llegó a la terraza y entró por la puerta lateral. ya.. ¡tan tiernos! —su voz adquirió un tono burlón—. —Yo no corro tanto como su ayudante —dijo Alex—.. Luego Dodgett volvió a aparecer por la puerta que daba al jardín y regresó.. —Ah.. Existe el doble engaño. —Sólo hago constar que usted tuvo oportunidad de cometer el crimen. No se nece¬sita más tiempo para estas cosas. Alex dirigióse al ayudante. pero creo que estoy más entrenado.El camino enarenado formaba una curva suave en línea recta hacia la casa. ¿Cree de verdad que yo tengo algo que ver con todo esto? No iba a enviar una caja de bombones envenenados a la señora Serrocold con mi tarjeta dentro. señor Restarick. ¿verdad? Su tono era tranquilo. todavía. tan sensibles. A propósito: ¿estaban en¬venenados esos bombones? . ¿no le parece? —Tal vez sea esto lo que se quiere hacernos pensar. No es¬tay acusando a nadie. —Dos minutos y cuarenta y dos segundos —dijo el inspector Curry parando el cronómetro—. a pesar de querer ponerme nervioso y observar mis reacciones. señor Restarick. que aún jadeaba: —No puedo correr tanto como usted. Eso es todo. en serio —Alex dirigióse al inspector—. Atravesando el espacio cubier¬to de césped. Me figuro que son mis supuestos movimientos los que está usted controlando. oh. Momentos después se agitaron violentamente las cortinas de una de las ventanas..

más propias de un mongol que de un inglés. He notado que esas cortinas tienen un roto en la parte superior. dijo: —Moví las cortinas como usted me dijo. admirado. . observando sus puntiagudas orejas y sus faccio¬nes. pensó el inspector Curry de repente. sí. señor. Más listo que su hermano. —Qué maravillosos conocimientos posee la policía —dijo Alex. El inspector Curry dirigió una mirada de reojo al joven. —No es ninguno de mis venenos favoritos.. —No podía distinguir la casa a causa de la niebla. —Pero la niebla se aclara a veces durante uno o dos minutos en algunos puntos. Una serpiente con cerebro. Personalmente siento debilidad por el curare. ¿Era un sátiro. y esta idea le llenó de inquietud. Su madre fue una rusa o algo así. por desgracia. Ya se lo dije. señor Restarick. —El curare tiene que ser introducido en la sangre. Pero.. Eso quiere decir que queda una abertura que permite ver desde fuera si hay luz en la habitación. Curry no estaba conven¬cido en absoluto de que lo fuera. inspector. El ayudante Dogett. Era difí¬cil de saber en cualquier ocasión lo que Alex Restarick estaba pensando... Todo lo que tenía algo que ver con Rusia era malo. Contenían aconitina. —¿Notó usted si había luz en esa ventana la noche pasada? — preguntó el inspector Curry a Alex. según opinión del inspector Curry. Y con¬té hasta treinta. según había oído decir.—Los seis rellenos de licor que había en el centro. y si Alex Restarick había asesinado a Gulbrandsen resultaría un asesino muy sa¬tisfactorio. que había recobrado el aliento. así podía definirse a Alex Restarick. y no en el estómago. En sus ojos brillaba una chispita de burla maliciosa. o tal vez un fauno? Un fauno sobrealimentado.

pues había llovido copiosamen¬te a las dos de la madrugada. —¿Para otro ballet? —No.—No se aclaró lo suficiente para que pudiera ver la casa. (En busca de huellas. y el terreno declinaba suave¬mente desde la . —¿Sabe. Sin embargo. pensó Alex. pero se equivocaba. es todo total¬mente real. Las estuvieron buscando a primera hora de la mañana. dando vueltas en su mente a las posibilidades de su nueva idea.. que eso demuestra mucha pe¬netración? Me ha dado una idea. es decir. pintura y cartón. sin éxito.. ¿No habre¬mos sido demasiado estúpidos? El inspector y Dodgett regresaron a la casa atrave¬sando el césped. un escenario es bas¬tante real. estoy montando un ballet y. La ilusión está en los ojos del espectador. inspector. ma¬dera.. Así.. como le digo. no es para ballet. El edificio del gimna¬sio más cercano surgía ante la niebla de un modo deli¬cioso e irreal. más que desde la realidad. no en la escena. Daba la impresión de los almacenes en los puertos. —Uno se acostumbra a mirar las cosas desde el pun¬to de vista de una decoración escénica. la parte principal.. —Pues que está hecho de materias reales. Válgame Dios. —Me lo figuro. La casa estaba sobre una ligera prominencia. ¿no es cierto.) Alex volvía por el ca¬mino. Y no obstante. tanto entre bastidores como visto de frente. se distrajo de estos pensamientos al ver a Gina paseando junto al lago. inspector.. —Ya me lo explicó —se apresuró a recordarle el ins¬pector Curry. señor Restarick? —No veo lo que quiere usted decir. Como le dije. lona.

no. ¿no es así. —Celebro ver que al menos eres sincera.explanada cubierta de grava hasta el lago. siempre quieres salirte con la tuya. Tienen hijos. En cuanto pierden su atractivo. a Esteban y al infe¬liz de tu marido. o que te mo¬lesta terriblemente que los hombres se sientan atraídos por ti. cruel y despiadada Gina? ¡Incluso el pobre Edgar Lawson! Gina le miró de hito en hito y repuso con seriedad: —Ya sabes que eso no dura mucho tiempo. y se preocupan terriblemente por ellos. Yo ha¬ría lo mismo. —Sus dientes brillaron al mos¬trarlos con su . que se quejen de sus problemas o que son tan ridículas como Edgar. o ni siquiera compa¬sión. No me agradan las personas viejas. querida Gina. echándose a reír. su Reina. y tú. bonita. No se lo reprocho. pavoneándose e inventando cosas para darse importancia. y la gente me encuentra atractiva. rodeado de rododendros y otros arbustos. ¿Te gusta que se enamoren de ti. y yo también y Wally desesperado. —¡Qué malicioso eres. feas o enfermas. Gina. Las mu¬jeres tienen la juventud más corta que los hombres. verdad. ¿Qué más puede desear una mujer? Gina le miró. No son tonterías. Eres cruel.. —Si uno pudiera olvidarse de esa absurda mons¬truosidad victoriana —dijo poniendo los ojos en blan-co—.. ¿Dices que soy cruel? ¡Es el mundo el cruel! ¡Y más pronto o más tarde lo será conmigo! Pero ahora soy joven. los hombres ya no las quieren y las dejan de lado. Aunque te pareces más a la reina de las Nie¬ves. éste podría ser el Lago de los Cisnes. Esteban está enamorado de ti. pero muy femenina.. No te mo¬lestas en simular que no eres atractiva. querido Alex! —¿Porque no quiero dejarme engañar por ti? Estás muy satisfecha de ti misma. —No digas tonterías.. Alex corrió a su encuentro. Gina? Nos tie¬nes a todos como a ti te gusta. A mí. Eras muy. —Oh. amabilidad. sin la menor piedad.

—Pues insisto en ello. —Eres muy divertido. —Es todo mi haber. Sí. —¿Es que no vas a decirme que me amas con locura? —Por verdad que eso fuera. no te lo diría. Alex. Gina. Cualquier mujer puede cometer un error al casarse. —Tendré que pensarlo —repuso Gina. primero tienes que sacar a Wally de su desesperación. pero no hay necesidad de per-sistir en el error. Lo que quiero saber es lo que vas a hacer. Debe de ser un infierno . ¿vas a casarte con Esteban o conmigo? —Estoy casada con Wally. ¡No ten¬dré nunca una amante. cosa que entusiasma a las mujeres. Tú gana¬rías un punto y yo lo perdería. Pero la vehemencia resulta aburrida en el hogar. sonriendo.peculiar sonrisa—. hoteles y demás. Las aventuras siempre me han parecido muy anticuadas. Es muy guapo y vehemente. la vida te divertirá más. Luego surgen infinidad de difi¬cultades para los pasaportes. Una vez se ha representado la come¬dia en provincias. —Temporalmente. Conmigo. desde luego? —replicó Alex—. Alex. me divier¬te... No. Además.. ¿Por qué no puedo divertirme? —¿Por qué no. —¿De veras quieres casarte conmigo? No te puedo imaginar casado. —¿Y ese Londres eres tú? —Sin duda alguna. estoy dispuesto a pedirte en matrimonio de un modo comercial. Esteban es más atractivo que yo. Le tengo mucha simpatía. a menos que no haya otro remedio! La risa de Gina sonó clara y fresca. ha llegado la hora de representarla en Londres. —Naturalmente.

Por unos momentos su vehemencia apenas le permi¬tió pronunciar las palabras. con el rostro arrebo¬lado y los labios temblorosos.. Debieron pensar que la mala sangre sale a relucir algún día. ¿Qué clase de criatura crees que adoptarían ellos? ¡La hija de un criminal o de una mujer desgraciada. . de mala raza.. —Qué lamentable. tú eres igual que tu madre. con toda seguridad! Eso de¬bieron de ser tus padres. qué lamentable... la mano de Gina propinó una bofetada en la suave mejilla de Alex.. a Dios gracias.. —¿Le has estado molestando con un palo y no te ha respondido? Que contrariedad. depravada.. Mildred Strete... —No soy tía tuya. ¡Tú.. la tomó en sus brazos y antes de que ella pudiese resistirse la besó con ardor. Aunque me atrevería a asegurar qué es la parte italiana que hay en ti la que te hizo emplear veneno... Como un relámpago. No tenemos nin¬gún parentesco de sangre. y no sólo una esposa infiel. Ya no me hace ningún caso. Alex! —Un animal muy perspicaz. tía Mil¬dred.. —¡Tocado! —exclamó Alex. siempre supe que eras mala. sino además una asesina. les miraba acusadoramen¬te. luego fue ce¬diendo..para él estar casado contigo y que le hayas arrastrado hasta esta pesada y filantró¬pica atmósfera familiar. —¡Qué animal eres. No creo que Wally me quiera ni tanto así. —¡Gina! Se separaron. ni de dónde vino! Pero yo sé muy bien quiénes han sido mis padres. . ¡Sé lo que digo! —¿Y qué es lo que sabes? No seas ridícula. La joven se debatió unos momentos. —Algunas veces —dijo Gina—. Con un rápido movimiento. ni siquiera sabes quién fue tu madre...

Gina. Definitivamente patológico. Eso me recuerda. Ahora no puedes negarlo. Y. tem¬blando todavía. querida. ¿no te parece? —¡Alex! —Gina le miró con desmayo—.. CAPÍTULO XVII —Dices que alguien ha intentado envenenarme? . Cálmate. y puedes estar segura de que la policía no ha pasado por alto ese detalle. Oculta perfectamente bien sus opiniones. No es tonta. —¿Cómo se atreve a decir que yo intento envenenar a abuelita? —Bueno. la odio. tú eres la más indicada. —Afortunadamente no tenías un arma a mano —dijo Alex—. desde el punto de vis¬ta de la víctima. la querida señora Strete hubiera sabido algo más sobre el crimen..—¿Cómo te atreves a hablarme así? —Diré lo que me parezca. Mildred se alejó de la habitación a toda prisa. Oh.. Muy interesante. alguien ha tratado de hacerlo. ¿Es que lo cree la policía? —Es en extremo difícil saber lo que piensa la poli¬cía. De otro modo. la odio. ya lo sabes. como si estuvieras representando una ópera italiana. Alex. contando con los motivos. Gina se retorcía las manos con furia. la odio. No te pongas melodramática. Gina. —¿Adonde vas? —A poner en práctica una idea.. ¡Atrévete a negar que alguien intentó envenenar a mi madre! ¿Y quién es la persona más adecuada? ¿Quién entrará en posesión de una gran fortuna a su muerte? Tú. —Un caso patológico —dijo Alex—. —No seas ofensivo.

Juana? —le preguntó. —Me temo que sí. Casi de un modo automático le tendió una mano que él tomó entre las suyas. Aguardó unos momentos con los ojos semicerrados. —Eso es lo que yo pensaba —dijo Lewis—.. —Carrie Louise se interrumpió—. Esto no lo parece. querida.. querida —le dijo Lewis con toda amabilidad. Tal vez quiso son¬sacarme.. Carolina. —Quisiera haber podido evitarte esto. Su voz seguía denotando incredulidad. si había estado bien últimamente. Y me preguntó si tenía el corazón fuer¬te..La voz de Carrie Louise denotaba asombro e incredulidad. ¿por qué no me lo decía con toda fran¬queza? Es mucho más sencillo decir las cosas abierta¬mente. y lo es... —Sabes —dijo—. —Su comportamiento —repuso Carrie Louise—. Siempre creí saber lo que era real y lo que no lo era. —Prosiguió—... Pero ¿quién iba a querer hacerme una cosa así? No es posible que nadie en esta casa quiera.... La señora Marple... . que no me dijo. Parecía. —No quiso causarte pena. —Entonces todo. —¿Es verdad. que se hallaba sentada a su lado meneó la cabeza expresando su simpatía. no puedo creerlo... Carrie Louise abrió los ojos. —¿Y Christian lo sabía? Eso lo explica todo. asesinarme. —¿Qué es lo que explicar —quiso saber Lewis. Es¬taba muy raro. ¿sabes? No era el de siempre.. preocupado por mi y como si quisiera decirme algo. Pero. Estaba equivocado. Así que debo haberme equivocado siempre.

. Lewis. Es¬taba mirándolo desde un punto de vista completamen¬te distinto. salidas.. Carolina Louise Serrocold. No puede ser cierto. no es exactamente eso. luego de suspirar. Creo que es un hombre bastante cruel. —Lo siento —dijo Carrie Louise al cabo de unos momentos—.. Puedo asegurártelo.. —¿Eh? —Alex la miraba con el ceño fruncido. —Oh. que había seguido a la señorita Mar¬ple desde la habitación de Carrie Louise. Edgar disparando contra ti. Todo muy interesante. Lewis Serrocold. ya comprendo —sus ojos se abrieron como naranjas—. Ruidos. completamente equivocado. Luces. dijo: —Me figuro que he vivido durante mucho tiempo le¬jos de la realidad.. encontró a Alex Restarick de pie junto al arco de la puerta de entrada con el bra¬zo extendido en un ademán extravagante. que luego desarrugó. quisiera estar sola. atravesó el Gran Vestíbulo refugiándose en su despacho y cerrando la puerta tras sí. Tengo que procurar comprender. Pensaba en lo de ayer noche. Pero estás equivocado. Su esposo esquivó la mirada. Esa ridícula caja de bombo¬nes.. No. pase —dijo Alex alegremente como si fuera dueño del vestíbulo—. Piense en los tér¬minos de un escenario. Pensaba en ello en términos teatrales. Venga aquí. Pero no puedo creer que sea verdad nada de lo que ha ocurrido últimamente. Perso¬najes. sino artificialmente...? Oh. —¿Es que intenta reconstruir el crimen? —pregun¬tó la señorita Marple con disimulado interés. Nadie habló. por favor. —Pase. Gina y Esteban. . Esta mañana hizo todo lo que pudo para asustarme. Eso es lo que tú crees. Cuando la señorita Marple bajaba la escalera para dirigirse al Gran Vestíbulo. eso —repuso—.. entradas. No real..—¿Pena? Pero ¿por qué.

«La ilusión está en los ojos de los espectadores». una ventana y el asiento junto a ésta. El es¬cenario consistía en un amplio tapiz que cubría toda la pared hasta perderse en la oscuridad.. «¿Cuánto debió tardar —pensaba la señorita Mar¬ple— en escurrirse de la estancia.. Uno cree que estas cosas necesitan mucho. claro. disparar contra Gulbrandsen y regresar? Contando los mi¬nutos y segundos. Lewis"?» —Debo confesar que fue una observación muy acer¬tada por parte del inspector —la voz de Alex la sacó de sus meditaciones—. Dos salidas muy convincentes. Muy cerca de la ventana estaba la puerta que daba a la biblioteca. Al decir que un escenario es algo real. pero estás equivocado. . pero. Pero la noche anterior no hubo público.. Pudo ser asi. un piano de cola..» ¿Qué quiso dar a entender Carrie Louise cuando dijo a su esposo: "Esto es lo que tú crees. Nadie. muy poco en realidad. naturalmente. hecho de madera y cartón.. —El tiempo engaña mucho —le dijo—. El público. Alex le describió el experimento del inspector de cronometrar el tiempo mientras su ayudante Dodgett realizaba la acción falto de aliento. se cambió de sitio. fue lo que dijo.. El ta¬burete del piano sólo quedaba a unos ocho pies de la puerta que daba al pie de la escalera y al pasillo. había estado contemplando el escenario que ahora tenía ante sus ojos la señorita Marple. —No —dijo la señorita Marple.—¿Y lo consiguió? —No estoy seguro.. por así decir. te¬nía una bella vista de ambas.. recorrer el pasillo. no es así. La noche anterior el público daba la espalda a la escena. Representando al público.. pegados con cola y tan real por el lado pintado como por el otro.

Ha estado diciéndole a Gina que sale por las noches y se pasea por los alrededores.—Como los ilusionistas —murmuró la señorita Mar¬ple—. que de pronto había echado a andar hacia atrás. El truco de los espejos. —Lo siento —dijo la señorita Marple. pen¬sé que tal vez debiera ser interrogado. —¿Qué es lo que ha visto? —¡No quiere decirlo! Me parece que sólo trata de intervenir en esta representación. Es un mentiroso. no sé si lo recuerdas. —Sí. Alex —le dijo—... repuso distraído: —Perdone —y agregó sorprendido— Oh. No vaya a creer que estamos muy interesados. También sus manos son muy hábiles. .. quizás. —Hola. —Tal vez tengas razón. —Yo.. Sin embargo aho¬ra eso no viene al caso. tropezando con Alex... que anoche estaba por aquí y se jacta de haber visto algo. Alex giró en redondo. —¿El que hizo el papel de Peste cuando representas¬te «La Doceava Noche»? Me pareció que tenía talento. Esteban Restarick entraba en aquellos momentos res¬pirando con cierta dificultad. Hace muchos trabajos de carpintería. de momento lo dejaría —repuso Alex con aspe¬reza—. Ese chicuelo. Esteban dirigióse a la biblioteca. con el ceño fruncido. Alex. Esta noche. creo que es la frase que emplean en el lenguaje teatral. es usted. Ernie Greg. La señorita Marple fue dando lentamente la vuelta al vestíbulo en su papel de auditorio movible. lo tiene.

. Lo más probable era que no hu¬biera salido aquella noche. pensó la señorita Marple.. Alejó a Juan de su mente y concretó su pensamien¬to en algo vago que había despertado el relato de Alex sobre las observaciones del inspector Curry. por su mente: «Ilu¬sión.» Peceras llenas de pececillos dorados.. en los ojos de los espectadores. .. A lo mejor la misma que se le había ocurrido a ella. decía siempre Juan Backhouse a todo el que pensaba iba a causar efecto. Lo dicho. cerrando la puerta tras sí..» Algunas frases sueltas cruzaron. que siempre tenía un buen surtido de comparaciones entre los habitantes de St. pero la señorita Marple apenas prestó atención. sino un montón de cartones. pensando en¬tretanto: «Esto no es un verdadero vestíbulo. Ese chico. según reflexión de la solterona.. con un repentino cambio de acción.. «Como Juan Backhouse». Pues muchas personas.. Le interesaba lo que el versátil Ernie pudo haber visto. Ernie. cruzó el vestíbulo. Esto es un escenario. Mary Mead. fue a la biblioteca. habían estado en sitios donde no deseaban ser vistas. eran sólo baladro¬nadas. ¿Sería igual? ¿Otra distinta? Permaneció de pie donde tropezó con Alex. lonas y maderas. A través de la puerta cerrada se oía el rumor de las voces. — hizo un gesto vago con ambas manos. y que le dieron una idea. Luego.... me¬tros de cintas de colores.A la solterona le pareció aquélla una observación ex¬traña viniendo de una persona con la que llevaba un rato charlando. —Estaba pensando en otras cosas —le dijo—. o inventado. No creyó ni por un momento que Ernie hu¬biera escogido una noche tan oscura como la anterior para poner en práctica sus habilidades como cerrajero y pasear por el parque. «Ayer noche le vi»..» «El truco de los espejos. Y era sorprendente ver los éxitos obtenidos.

Me encanta el olor de la pintura y la lona fuerte y tensa de los decorados.. Gina. eso es lo que me ha dado a entender el inspector Curry. . —Es un trabajo que me gusta. —¡Pues. qué susto me has dado! Gina. Ya lo he visto. —Sí. Toda la falsedad del arte de los ilusionistas.. se sobresaltó al ver la figura de Wally Hudd recortándose en la oscuridad. seremos libres. Sólo podrá apla¬zarse quince días o cosa así.. pero la media luz hace que los objetos pierdan realidad y tomen formas fantásticas..... ¿no es cierto? La voz pastosa de Wally no dejó entrever ninguna insinuación especial y. jadeando. de pesadilla. Toda una gama de trucos bien dispuestos. Gina acobardóse un tanto. Gina..... —Quince días —repitió Wally pensativo—. —¿Qué estás haciendo aquí? Por lo general nunca te acercas al teatro. Eso debe de ser.. Algo acudió a su subconsciente. Dime. Ya.. Di¬gamos quizá tres semanas.. Algo que flota¬ba en su mente. algo que Alex había dicho.. que salía de la penumbra junto al tea¬tro. tomó forma de pronto. Wally. no obstante. una imagen.mujeres que desaparecen. ¿cuánto tiempo crees tú que tardará en aclararse este asunto? —La vista de la causa será mañana... Todavía no era noche ce¬rrada. CAPÍTULO XVIII —¡Oh.. Es el me¬jor sitio para encontrarte. El ayudante Dodgett jadeando. Por lo menos.... claro! —exclamó—. —Puede que te anduviese buscando. Significa mucho para ti... que le había descrito. Y después.. Entonces volveré a los Estados Unidos.

en ese caso. o nada. piensan. —Eso que has dicho es una crueldad —dijo Gina as¬pirando con fuerza—. Una figura grande..—¡Oh! ¡Pero yo no puedo marcharme así! —exclamó Gina—. Y ahora tenemos dos nuevas producciones en las que estamos trabajando. —No he dicho nos iremos. Tus parientes no pensaron ni. dispuesta a todo: penalidades.. y dedicarme a una clase de trabajo que me gus¬te y pueda hacer... No sabíamos gran cosa el uno del otro cuando nos casamos. Yo quiero vivir en mi país. no.. La idea que yo tengo de lo que debe ser una esposa es la de una mujer como las que acompa¬ñaban a los antiguos buscadores de oro.. será mejor que te dé la libertad para que puedas co¬menzar de nuevo. ni de nuestras familias...... Me figuro que incluso un crimen te divierte. De eso es de lo que tenemos que hablar. yo no he dicho eso. Tú decidirás.. —Entonces te da lo mismo que vaya o no. Tal vez tengan razón. Tal vez sea pedirte demasiado. Puede que yo te indujera a casarte.. —vacilaba— que no quieres que vaya contigo? —Pues no. pero yo me vuelvo a casa. pero en cierto modo ligeramente amena¬zadora. bien de mí. Pensamos que no importaba. Pero si crees que voy a quedarme aquí. Yo me divierto aquí... sino que me iré yo. —¿Sí? Pues yo. pero tienes que ser todo eso.. El efecto de las sombras le hizo parecer muy alto.. De ser así. Gina se detuvo para mirar a su esposo.. peligros. —¿Quieres decir.. —Creo que eres un completo cerdo —dijo Gina—. ¿No te das cuenta de que alguien ha estado envenenando a abuelita durante meses? ¡Es horrible! .. Si prefieres a uno de esos muchachos artistas. No soy de su clase. países desconocidos.. ni de nuestro pasado.. es tu vida y tienes derecho a escoger. tranquila. Gina. ¿No es eso? —Escucha.. Lo único impor¬tante era pasarlo bien juntos.. Fin del primer acto. haciendo cosas que yo considero lo¬curas... No puedo dejar a abuelita. piénsalo bien..

Gina se volvió hacia él y golpeó el suelo con el pie. Te odio. —No creo que desees realmente que regrese a Amé¬rica contigo —dijo Gina al cabo de un rato.. y seré mucho más feliz que lo hubiera sido contigo. ni las cosas que aquí ocurren. Parece un gato a punto de saltar sobre el ratón. —Necesitan tener pruebas. Eres horrible. ¡Después de todo lo que he intentado hacer por ti! Quieres librarte de mí. No te im¬porta no volverme a ver. estoy segura de que te echarán la culpa. Conseguiré el divorcio lo más pronto posible. Y espero que tú vuelvas a los Estados Unidos y te cases con alguna mujer horri¬ble que te haga muy desgraciado. Se hallaba en el lugar donde el inspector Curry llevó a cabo su experimento con ayuda de Dodgett. ¡Te digo que no tienen nada contra mí! Caminaron en silencio. —Tengo miedo por ti. y me casaré con Esteban o Alex. Wally. Lo tengo desde el prin¬cipio. —¡Espléndido! —replicó Wally—. —¡Si te dejan! ¿No te das cuenta de que es probable que te arresten por el asesinato de tío Christian? No me gusta como te mira el inspector Curry. Y porque estabas arreglando las luces y no eres inglés. . despreciable.. —Te odio. Walter Hudd no contestó. ¡Ahora ya sabe¬mos a qué atenernos! La señorita Marple vio a Gina y a Wally entrar jun¬tos en la casa.—Ya te he dicho que no me gusta este sitio. ¡pues a mí tampoco me importa no verte más! Fui una tonta cuando me casé contigo. Me marcho.. —Eso no sirve de nada.. un ser cruel y sin sentimientos. en dirección a la casa. Bueno.

Pero no vive en un mundo real.) ¿Ha visto alguna vez aserrar a una mujer por la mitad.La voz de la señorita Bellever le hizo dar un res¬pingo. Ya se ha ido el sol.? Es un truco emocionante. sigo sin entender cómo se las arreglan para sacar una pecera llena de peces.. «Debe haber sido demasiado para la pobre señora». se encuentra bien? —Sí —repuso la señorita Bellever—.... pensó. —Sé a lo que se refiere... (Sin embargo. —Carrie Louise comprende muchas más cosas que usted y yo — contestó miss Marple pensativa—. . y el efecto es magnífico. Y nunca pude imaginar cómo lo hacían. Tan difíciles que parecen cuando se quiere ver lo que hacen.. —Si se está ahí quieta. —Estaba pensando en los trucos de los ilusionistas —dijo la señorita Marple—. ¿no le parece? La señorita Bellever la contemplaba ligeramente sor¬prendida.. Siem¬pre fue así. La ca¬beza de una y los pies de otra.. descubrir que alguien quiere asesinarla. Juana Marple no había estado nunca tan incoheren¬te como entonces. Pero todo en¬caja maravillosamente si uno puede decidir lo que es realidad y lo que es ilusión —agregó con brusquedad—. ¿Y Carrie Louise. sólo se ve ese lado — continuaba la solterona—. y son dos. sumisa. Está perfecta¬mente. Recuerdo que me fascinaba cuando tenía once años. Pero el otro día vino un artículo en un periódico explicándolo todo.. echó a andar a su lado y juntas se dirigieron hacia la casa.. —Cuando sólo se mira el lado de una cosa. tan sencillos que resultan una vez explicados. se enfriará. porque no comprende esas violencias. Uno cree que es una sola y son dos. No creí que eso lo publicaran en los periódicos. Pero debe haber sido un gran golpe para ella.. señorita Marple. ¿ver¬dad? Parece que sólo hay una mujer. La señorita Marple. Quiero decir que para ella tiene que ser peor. y no obstante.

. Su padre era distinto. Además. Me recuerda a un joven llamado Leonardo Wylie. Siempre olía a whisky y hacía el borracho cuando atendía a sus clientes. pero el anciano se portó como un miserable. Éste hizo una inclinación de cabeza.. Su intención era que volvie¬ran con su padre al ver que el más joven no era bueno. —dijo la señorita Bellever mirándola sorprendida. —¿Se ha escapado? . pero se volvió viejo y ciego y le temblaba el pulso. —¿No cree usted que tal vez. —Ernie Grey no estaba esta noche al pasar lista —replicó Lewis... comenzó a beber más de lo que debiera.. Lewis paseaba de un lado a otro y se res¬piraba cierta tensión en el ambiente. CAPÍTULO XIX Encontraron a la familia reunida en la bibliote¬ca. ¿sabe. y la gente prefería que les visitara el hijo. —¿Ocurre algo? —preguntó la señorita Bellever.? hasta un extremo inconcebible. Leonardo era tan poco convincente.? —se interrumpió al ver pasar a Edgar Lawson dando grandes zancadas.. y Leonardo.. La idea que tenía de un borracho era muy distinta de la realidad. Los pacientes se fueron con un dentista rival. el señor Reilly. —¿Y lo hicieron así? —Claro que no —repuso la señorita Marple—. quedó muy abatido.—¿No? —Nunca hubo una persona que viviera menos en este mundo que Caro. Muchas personas de buen corazón no tienen sentido común. pero volvió la cara al pasar ante ellas—.. Ahora recuerdo a quién se parece —dijo la señorita Marple—. que tenía un corazón muy tier¬no y era bastante tonto. y desparramaba el whisky por encima de sus ropas.. Se me acaba de ocurrir hace unos momentos.. dijo que ya no servía para nada. Cual¬quiera con algo de sentido pudo decirle lo que iba a ocurrir.

. Dijo que tenía una idea estupenda para el es¬cenario. el muy tonto. Ahora. La señorita Marple lo recordaba por haber cenado con ellos la noche que llegó a Stonygates.—No lo sabemos… Maverick y algunos profesores an¬dan buscándole por los alrededores.. De verdad que no lo sé. ¿qué pasa? Lewis volvió a repetir la información y... —Estoy muy disgustada. Me han ofre¬cido un buen empleo para él y pensé hablarle de ello. por favor. ha sido el último que habló con Ernie. Juana? Esteban Restarick entró en la estancia. —Vamos. Ayúdanos. de esas que la señora Hudd y el señor Esteban consideran de primera clase. Gina. Meneó la cabeza. ¿Dónde ha ido Er¬nie? ¿Es sólo una travesura? —No lo sé. Si no damos con él.. Arturo —apremió el señor Serrocold—. La señorita Marple murmuró por lo bajo: —Pobrecillo. Hola. apareció el doctor Maverick acompa¬ñado de un muchacho rubio de mejillas sonrosadas y expresión angelical. —interrum¬pióse.. después de discutir lo de anoche. —¡Abuelita! —Gina corrió al lado de Carrie Louise. señor. —Me he traído a Arturo Jenkins —dijo el doctor Maverick—. Pareces enferma. diciendo: —Te he echado de menos en el teatro. .. habrá que avisar a la policía. Creí que habías dicho que querías. —Esta noche iba a interrogarle por si ayer noche ha¬bía visto algo de interés —dijo Lewis—. asustada por la palidez de su rostro—.. Estaba entusiasmado con la obra que pre-paran. Al parecer.. compasivamente y la señora Serrocold le dijo: —¿Así que tú también piensas lo mismo. cuando ter¬minó de hablar. No me dijo nada. si es posible.. Este pobre chico.

Lewis no pareció muy satisfecho. pálido y descompuesto tras sus eternos lentes.. —¿No dirás eso para complacernos. Carrie Louise — le dijo la señorita Marple—. secándose la frente. —Escuchen —dijo el doctor Maverick—. No podía hacer nada ante un cerrojo que fuese un cerrojo. por favor. dando paso al señor Baumgarten.. Alexis Restarick y ese muchacho. Ernie Greg.—Hay otra cosa. pero no era tan hábil como para abrir los cerrojos. Mildred Strete le preguntó con aspereza: —¿Qué quiere decir. Ernie es muy mentiroso. ¿Qué es eso? Se fue aproximando un rumor de voces.... —En el teatro... Tienen las cabezas destrozadas... Arturo? —Lo juro —repuso con seriedad. me consta. Bébelo. Es horrible. anoche estuvo dentro. De todas formas... Solía decir que era capaz de hacerlo. Los dos han muerto. ¿Es cierto? —Claro que no. La puerta abrióse de par en par. les hemos encontrado? Baumgarten temblaba como una hoja. CAPÍTULO XX —Te he traído una taza de caldo muy concentrado. Balbuceó: —Les. les hemos encontrado.. Sólo quiso darse importancia. eso es todo.. . el contrapeso debe de haber caído sobre ellos. Ernie declaró haber estado vagando por el parque ayer noche después del toque de silencio. Nunca salió por la noche. Arturo. Se dejó caer sobre una silla..

y en la que todos tengan su parte. que había tomado asiento en una silla junto a la cama... Sus me¬jillas habían perdido su tinte sonrosado y sus ojos tenían una expresión extraña y lejana.. Siem¬pre estaba diciendo mentiras. financiarlo durante unos años. La señorita Marple cogió una tijera y la miró con curiosidad.? —No lo creo —repuso la señorita Marple—. Algunos han respondido maravillosamente. La tragedia es que alguien creyó sus mentiras. Varios tienen cargos de mucha responsabilidad.. crear una comunidad cooperativa que pueda mantenerse por sí misma.. y comienzan una nueva vida en un ambien¬te sencillo. Hi¬cimos algo. Obediente..La señora Serrocold se incorporó en la gran cama de roble tallado. —Queríamos hacer mucho por esos muchachos. dándose importancia y haciendo ver que había visto o sabía algo. ¿Conoces el gran proyecto de Lewis? Siem¬pre ha creído que un gran cambio es algo que ha salvado a muchos criminales en potencia.. tomó la sopa que le ofrecía la señorita Marple. Son enviados a ultramar. y ahora no hay muchas personas filantró¬picas. Las condiciones de la civilización moderna son tan complejas... Otros resbalaron. Claro que costará mu¬cho dinero. ¿Sabría algo en realidad. Comprar un buen territorio o un grupo de islas. . Quiere comenzar un nuevo plan sobre esta base... eso no puede evitarse.. y aho¬ra Alex y ese pobre tonto de Ernie. Carrie Louise pareció regresar de muy lejos. —Qué tijera más rara —dijo—.. —Primero Christian —decía Carrie Louise—. Se la veía menuda e infantil. Queremos encontrar otro Eric... Tiene dos agujeros para pasar dos dedos de un lado y uno en el otro.. Carrie Louise se estremeció y sus ojos volvieron a adquirir su expresión ausente.. Que esté apartada para que pueda neutralizarse la tentación de volver a las ciudades y a los malos tiempos. demasiado complejas para algunas naturalezas sencillas y rudimentarias. A Eric le hubiera entusiasmado.

.. Juana? La señorita Marple alzó los ojos intrigada y sus mi¬radas se encontraron como extrañadas. Juana.. que por eso murió? —Sí. ¿Cuándo creen que ocurrió? —A última hora de la tarde.. La señorita Marple tuvo que interrumpir el curso de sus pensamientos. —¿Después de terminar el trabajo del día? —Sí. Pues.—Alex me la dio esta mañana. ¿Por qué dices eso? —Pensaba en Alex.. —¿Qué quieres que haga? Carrie Louise se recostó contra las almohadas. creo que sí.. —Sí —repuso Carrie Louise—. Era inteligente. —Me figuro que recogería los pedacitos de las uñas para tirarlos cuidadosamente luego —dijo la señorita Marple. Sí. —Creo que lo estás... —¿Quieres decir. También Esteban dijo que fue al teatro para buscar a Gina... vaya si lo era. —repuso des¬pacio. —Cualquiera pudo haber. no puedo soportar el recordarlo.. —Se interrum¬pió—... Entre las seis y las sie¬te.. Dicen que va me¬jor para cortarse las uñas de la mano derecha. El po¬bre chico estaba entusiasmado. —Gina había estado allí aquella tarde. y Wally Hudd. . probablemente.. Carrie Louise decía tranquila e inesperadamente: —¿Qué es lo que sabes. —Si estuviera completamente segura. Me la hizo probar una y otra vez. —Él y Ernie.

ir al Gran Vestíbulo? El inspector Curry pareció ligeramente sorprendido... Si me escucha. tendré que intentarlo. hay entradas y . La señora Serrocold.. ins¬pector. Gina y Esteban. Usted está aquí entre los espectadores mirando los personajes que aparecen en la escena. Lo hacen con unos espejos. —Mañana.. se puso en pie para seguir a la señorita Marple. Haz lo que creas opor¬tuno. La señorita Marple ocupó su sitio y le pidió que se pusiera a su lado. CAPÍTULO XXI EL inspector Curry dijo con bastante impaciencia y malhumor: —¿Y bien... tal como estaba la noche que Christian Gulbrandsen fue asesinado. y la miró pre¬guntándose si no se habría vuelto loca. En realidad es cuestión de los trucos que emplean los ilusionistas.. sabe... El inspector Curry. —¿Es que alguien ha estado hablando con usted? —No —repuso la solterona—. El inspector Curry no entendía nada. ahogando un suspiro. —Y miró hacia el despacho.. señorita Marple? —¿No podríamos. Es que quiero enseñarle algo.. —la señorita Marple vacilaba—.... la señorita Strete. hablaré con el inspector Curry. si quiere.. esas cosas.. —No es eso lo que estaba pensando.. —¿Es ésa la idea que usted tiene de un sitio reserva¬do? Seguramente aquí. Algo que me hizo ver Alex Restarick. yo. Juana. No se trata de lo que se ha dicho.—En tus manos está. y lo mismo que en un escenario. —Quiero que imagine que esto es un escenario... no sé si me comprende.

¿Cuánto tardó su ayu¬dante en cruzar el parque. Fue el truco de la «mujer cortada en dos» lo que me hizo caer en ello.. entrar por la puerta . —¿En qué se tarda menos de dos minutos? —En el truco del ilusionismo.. —Sí.. ya sé. Debe haberlo visto al¬guna vez. La cabeza de una y los pies de la otra..». dos. No es sólo una muchacha... Detrás está la terraza y una serie de ventanas... —Todavía no comprendo. habiendo dos personas en él. —Oh. y co¬rrer por la terraza (los pasos que oyó Alex). ¿qué hay exacta¬mente detrás de la escena. cuando se abren las puer¬tas. Pero en realidad salen a las puertas laterales de la escena. Aquí. Es muy fácil saltar por la ven¬tana del despacho. entrar en la casa y regresar? Dos minutos y cuarenta y cinco segundos... salen. y otros actores aguardando su turno.....salidas y los actores van a sitios distintos. —¿Dos personas y en realidad sólo una? —El ins¬pector Curry estaba desesperado. a un mun¬do distinto. ¿no fue eso? Para esto necesitaría menos.... Estamos contemplan¬do sólo la parte del escenario. Y así fue como llevaron a cabo el engaño. El truco consistió en que sólo era una persona cuando todos creíamos que eran. pero si usted lo imagina como una representación cuyo escenario es «el Gran Vestíbulo de Stonygates. Unos dos minutos. Y así pensé que también pudo haber sido al revés. Salen en dirección a la «puerta principal» o «la cocina» y. o a la parte posterior donde están los carpinteros y electricistas... Sólo que cuando uno está entre el público no se sabe a dónde van en realidad.. parece una tontería... sólo se ve un trozo de tela pintada. —¿La mujer cortada en dos? —Ahora estaba con¬vencido de que la señorita Marple era un caso mental. sino dos. Dos personas que en realidad sólo fueron una..? La terraza. en el despacho.. —Un truco muy emocionante.....? La terraza y todas las ventanas que dan a ella.. No por mucho tiempo.. ¿no es cier¬to.

. Pero el ver¬dadero motivo de la venida del señor Gulbrandsen era el más lógico. Suponga que hubiera ha¬bido un desfalco. eran los mismos sínto¬mas del envenenamiento por arsénico. Era el viejo tru¬co de los ilusionistas de forzar una carta. ¿ve usted a quién señala? A una sola persona. Dinero. Saltó por la ventana y dando vuelta a la casa. en resumen. Es muy sen¬cillo agregar arsénico a un frasco de medicina y unas palabras a una carta escrita a máquina.. querida tía Ruth. y du¬rante ese tiempo la otra persona que permanece en el despacho hace las dos voces para que todos crean que allí hay dos personas. sobre todo el final. El inspector Curry recobró el aliento y le habló. matar a Gulbrandsen y volver... —¿Quiere usted decir que fue Edgar Lawson quien corrió por la terraza para matar a Gulbrandsen y quien envenenó a la señora Serrocold? —Pero. Siempre fue un cobarde. comprende. algo que hacía referencia al Trust Gul¬brandsen. debido a su artritismo.. CAPÍTULO XXII Parte de la carta que Gina escribió a su tía la se¬ñora Van Rydock: «. Edgar Lawson. —¿Lewis Serrocold? —murmuró. menos durante esos minutos escasos. bajó . que ha sido como una pesadilla. Y allí estuvieron todo el tiempo.. perdió el control de sus nervios y salió corriendo. atónito..lateral. y cuando el inspector comenzó a interrogarle. inspector.. Ahí es donde empieza el engaño.. Alguien lo bastante inteligente quiso aprove¬charse del hecho de que los achaques de la señora Serro¬cold.. Ya te he con¬tado lo referente a ese extraño muchacho. Nadie estuvo envene¬nando a la señora Serrocold. —Lewis Serrocold —dijo la señorita Marple.... ya ves. un desfalco en gran escala..

Lewis echóse al agua y nadó hacia él. y tam¬bién corrió hacia el lago. y fue hasta ellos con una cuerda atada a la cintura. «Y abuelita. cuando todo terminó. Todos la queremos y deseábamos hacer algo.por la avenida. «Y luego nos miró a todos. y tía Mildred repuso: "Madre. Desviándose. Pero nos dio esa sensación. No sabía nadar. Nunca comprendí. «Pero abuelita se limitó a decir: "Mildred".. donde había un policía que le cortó el camino. El inspector acercóse a nosotros y le dijo a abuelita: «—Señora. pero los dos corrían peligro. inspector. Na¬turalmente. «Y desde luego. y la se¬ñorita Marple daba la impresión de estar muy cansada... Entonces Lewis dio una gran voz diciendo: "Esa barca está podrida".. Pudo co¬gerle. y apesadumbrada.. repuso tranquilamente: «—Gracias. menuda. saltando a una vieja y carcomida embarcación que hace años que está allí haciéndose polvo." No puedo describir la entonación que dio a esas palabras. Jolly parecía triste y dispuesta a dirigir. pero ya te dije que estaba más asustado que un conejo. pero también se enredó y tuvieron que sacarle tirando de la cuerda. que empujó hacia dentro. pues estaban entre los juncos. Tía Mildred dijo: "Se ahogarán. se ahogarán los dos. Sólo "sí" y pareció que nos atra¬vesaba una espada. Yo quería ayudar y no supe cómo. «—¿Te parezco tonta y exagerada? Me figuro que debo serlo. abuelita tan frágil. e incluso Wally pareció trastornado.. y abuelita repuso: "Sí. fue una locura." Y juntas caminaron hacia la casa.. apoyándose en tía Mildred. La barquichuela se hundió y ya tenemos a Edgar chapoteando en el agua.. Esteban se retorcía las manos.. me temo que no hay esperanza." de una manera tan tonta. los sacaron e intentaron hacerles la respiración artificial (ya no ha¬bía remedio). Uno de los ayudantes del inspector quiso auxiliarlos. como siempre.. hasta . siguió corriendo en dirección al repecho donde está el lago.

Tú no te dejaste engañar como la ma¬yoría de nosotros. muy lejos de la realidad. no obstante.. Todo el mundo decía que Carrie Louise vivía en otro mundo. Eso es lo que he descubierto... regresaremos a los Esta¬dos Unidos en cuanto podamos. Él nunca hubiera causado daño a Lewis.entonces. y también estabas en lo cierto. Y resumió: «En cuanto a mí y Wally. porque así era. sí. —Ha sido un gran golpe para ti. —No —dijo la señorita Marple—. mientras miraba pensativa a sus interlocutores. durante la cual chupó el ex¬tremo de su pluma. y el anciano. » Gina hizo una pausa. Es¬tabas segura de . No lo demostraban. Estabas tan segura de que nadie habría de que¬rer envenenarte.. Carrie Louise. y estuviste muy acertada. pero no un gran golpe.. lo mucho que se quieren. Pero lo cierto. tan entera. mi querida amiga.. ¿sabes?. —Una pena. com¬prendí que debía guiarme por lo que tú pensabas y sentías...» CAPÍTULO XXII —¿Cómo lo adivinaste. Cuando me di cuenta de ello. obispo de Cromer. es que vivías en la realidad y no de ilusiones.. de suave sonrisa y cabellos blancos: el doctor Galbraith. El obispo tomó la mano de Carrie Louise. más delgada y frá¬gil y. no pudiste creerlo. y una gran pena.. Juana? La señorita Marple se tomó unos momentos antes de contestar. mi pobre pequeña. pero era así... Nunca pensaste que Edgar pudiera disparar contra Lewis.

porque tuvo oportunidad de ver las cosas des¬de un ángulo distinto.. pero comenzó a investigar. Nos¬otros éramos ese público. y no obstante. que algo había despertado sus sos¬pechas... —Sí —dijo—.. y el cronómetro demostró el poquísimo tiem¬po que se necesitaba para estas cosas. y más tarde recordé que Lewis Serrocold también estaba sin aliento aquella noche... y com¬prendió las posibilidades que ofrecían las ventanas. y. El ayudante ja¬deaba mucho. Todo lo que decía y hacía era exactamente lo que se esperaba de él. Y le conocía lo bastante para saber que no des¬cansaría hasta descubrir si tales sospechas eran ciertas o infundadas. con ocasión de la última vi¬sita de Christian. »Asi que debía guiarme por tí.. recordó el rumor de pasos apresurados que oyera aque¬lla noche. Lento y con¬cienzudo. »Debió estar todo cuidadosamente pensado y pla¬neado. Lewis comprendió.. Carrie Louise se estremeció.... claro...que Gina no quería a nadie más que a su esposo.. Porque en realidad era un hombre normal representando el papel de un esquizo¬frénico. pero muy listo. y otra vez acertaste. »Alex Restarick comenzó a vislumbrar la verdad el primero. desde el exterior.. siempre parecía algo teatral. eran sólo ilusiones. resultaba raro.. . Ilusiones crea¬das con un propósito definido. Christian siempre fue así. Estaba en la carretera con el inspector. Siempre le encontré algo extraño. Ignoro lo que le hizo entrar en sospechas. »Pero fue Edgar Lawson quien me dio la solución. del mismo modo que los ilusionistas las crean para engañar al público. mirando la casa. Había estado corriendo mucho. todas las cosas que parecían verdad. y después descubrió la verdad. El obispo comentó: —Me culpo de no haber sido un socio más consciente. cuando abrió la puerta del despacho.

Olvidó que el hombre es sólo un humil¬de instrumento de la voluntad divina. los puso en práctica. con dinero. Eran jóve¬nes con un fondo criminal por naturaleza. Durante sus muchos años de lle¬var la contabilidad. y un creyente apasionado de lo que podía hacerse.. Me figuro que las operaciones y ramificaciones de esta trama son tan complicadas que se tardará meses antes de que salgan a la luz. se le subió a la cabeza. Toda¬vía no hemos llegado al fondo de todo ello. Un tinte sonrosado coloreó sus mejillas. Entre los muchachos que pasaron por aquí.. —¿Y por eso desfalcó los fondos de la sociedad? —preguntó lo señorita Marple.. o por lo menos por avaricia. —Lewis era un gran hombre —dijo-—.. —Su voz se hizo áspera—.. Un hombre de gran visión.. sino por el poder que pro¬porciona. naturalmente.. Luego. Eso corresponde al señor Gilroy. —Lewis Serrocold era lo que pudiéramos llamar un mago de las finanzas. y quería tener ese poder para hacer mucho bien con él. lue¬go colocado en posiciones estratégicas. y con una inteligencia despierta. escogió unos cuantos con los que formó una banda reducida..—No era de esperar que usted entendiera gran cosa de negocios — repuso Carrie Louise—. —No fue sólo eso. —Dígaselo —le animó Carrie Louise—. donde bajo la dirección de Lewis falsificaban los libros de tal modo que desaparecían grandes sumas de dinero sin levan¬tar la menor sospecha. —El doctor Galbraith vacilaba.. cuando murió. que adoraban las emociones. No lo quería para él. la gran experien¬cia de Lewis hizo que le entregaran la dirección.. —Quería —dijo el obispo— ser Dios.. pero parece ser que este círculo era adiestrado especialmente. Es mi mejor amiga.. pero cuando comenzó a entrever las posibilidades que ofrecían empleando una fuerte su¬ma de dinero. Pero el . se divirtió inventando varios méto¬dos que eran prácticamente estafas. tenía a su disposición material de primera clase. Ya sabe. Eso fue sólo un estudio académico. Y eso.

resultado neto es que bajo varios nombres, cuentas corrientes y compañías, Lewis Serrocold hubiera sido capaz de disponer de una suma colosal para un expe¬rimento colectivo, en el cual, los jóvenes delincuentes llegarían a poseer y administrar su propio territorio. Era su sueño fantástico. —Que pudo haber sido realidad —repuso Carrie Louise. —Sí, pudo convertirse en realidad. Pero los medios empleados por Lewis no eran honrados, y Christian Gulbrandsen los descubrió. Estaba muy preocupado, so¬bre todo al darse cuenta de lo que representaría para ti la probable persecución de Lewis, Carrie Louise. —Por eso me preguntó por el estado de mi corazón, y estaba tan preocupado por mí. No supe comprenderlo. —Entonces Lewis Serrocold regresó de su corto via¬je y Christian salió a esperarle a la terraza, donde le dijo lo que ocurría. Lewis lo tomó con calma, según creo, y ambos convinieron en hacer lo posible para evi¬tarte el disgusto. Christian dijo que me escribiría para que viniese a considerar la posición, como socio del Trust. —Pero, naturalmente —prosiguió la señorita Marple—, Lewis Serrocold estaba preparado para esta contingencia. Lo tenía todo planeado. Había traído a la casa un joven que iba a representar el papel de Edgar Lawson. Claro que existía el verdadero Edgar Lawson en caso de que la policía pidiera su ficha. El falso Ed¬gar sabía muy bien lo que debía hacer... representar el papel de un esquizofrénico víctima de manía persecu¬toria... y proporcionar a Lewis Serrocold una coarta¬da durante unos minutos de vital importancia. »También había pensado, cuál era el segundo paso a dar. La historia de que tú, Carrie Louise, estabas sien¬do envenenada lentamente... fue sólo la versión de Le¬wis de su conversación con Christian... eso, y unas po¬cas líneas que agregó a la carta mientras aguardaba a la policía. No fue difícil poner arsénico en la medici¬na. No hubo peligro para ti... puesto que él iba a im¬pedir que la tomases. Lo de la caja de bombones fue otro detalle... y no

estaban envenenados... sino los que él sustituyó astutamente antes de entregarlos al ins¬pector Curry. —Y Alex lo adivinó —dijo Carrie Louise. —Sí..., por eso recogió los pedacitos de tus uñas. Hubieran demostrado si te habían administrado arsé-nico durante un largo período. —Pobre Alex... y pobre Ernie. Hubo unos momentos de silencio mientras pensa¬ban en Christian Gulbrandsen, Alex Restarick y en Er-nie... aquel muchachito... y en lo de prisa que un ase¬sinato puede tergiversar las cosas. —Pero, desde luego —dijo el obispo—, Lewis corrió un gran riesgo al persuadir a Edgar de que actuase como cómplice... aunque tuviera algo con que amena¬zarle... Carrie Louise meneó la cabeza. —No es precisamente por eso. Edgar sentía un gran afecto por Lewis. —Sí —repuso la señorita Marple—. Como Leonardo Wylie y su padre. Me pregunto si tal vez... Se detuvo con reparo. —Me figuro que ves la similitud, ¿no? —le dijo Carrie Louise. —¿Así es que lo supiste siempre? —Me lo figuraba. Sabía que Lewis estaba loco por una actriz antes de conocerme a mí. Me lo contó. No fue nada serio, era de esas mujeres que andan tras el dinero y Lewis no le importaba, pero no tengo la me¬nor duda de que ese muchacho, Edgar, es hijo de Le¬wis. —Sí —replicó la señorita Marple—. Eso lo explica todo... —Y al fin dio su vida por él —dijo Carrie Louise mi¬rando suplicante al obispo—. Usted lo sabe.

—Celebro que haya terminado así —continuó—: dan¬do su vida por salvar al muchacho... Las personas que pueden ser buenas, pueden a la vez ser muy malas. Siempre supe la verdad con respecto a Lewis..., pero... me quería mucho... y yo a él. —¿Sospechaste alguna vez de él? —quiso saber la solterona. —No —contestó Carrie Louise—. Porque estaba in¬trigada por lo del envenenamiento. Sabía que Lewis no me hubiera envenenado nunca y no obstante la car¬ta de Christian decía claramente que alguien me esta¬ba envenenando... por eso pensé que todo lo que creí saber de las personas debía ser un error... —Pero cuando Alex y Ernie fueron encontrados muertos, ¿sospechaste? —insinuó la señorita Marple. —Sí. Porque nadie más que Lewis podía haberse atrevido a tanto. Y comencé a pensar en quién pudie-ra ser el siguiente... Se estremeció. —Yo admiraba a Lewls. Admiraba su..,, ¿cómo di¬ría yo...?, su bondad. Pero comprendo que cuando se es... bueno, hay que ser humilde también. —Eso, Carrie Louise, es lo que siempre he admira¬do en ti... tu humildad —le dijo el doctor Galbraith. Sus encantadores ojos azules se alzaron sorpren¬didos. —Pero no soy lista... ni demasiado buena. Sólo sé admirar la bondad de los demás. —Mi querida Carrie Louise —dijo la señorita Mar¬ple.

EPILOGO

—Yo creo que abuelita estará perfectamente bien con tía Mildred — dijo Gina—. Ahora tía Mildred es mucho más agradable... menos retraí¬da..., ¿sabe lo que quiero decir?

encierran mala intención. —comenzó a decir. Ya no era aquel joven malhumorado de su primer encuen¬tro... Y Walter Hudd estaba completamente transformado. de toda mi infancia y me volveré cien por cien americana. sino un gigante alegre y sonriente. . No lo diga. ¿Sabe que. como se suele hacer en América.—Sí —repuso la señorita Marple. No me gustan esas comparaciones con personas de su pueblo. y quiso corregirla con amabilidad. es usted una mujer muy mala? Sus ojos se empañaron. —Ustedes dos me recuerdan. A nues¬tro hijo le llamaremos Junior.. —No —exclamó—. No puede ser más razonable. —Gina. no Catalina. —Por eso. en realidad. Wally? —Desde luego que no. Catalina —dijo la señorita Marple. Wally y yo regresaremos a los Estados Unidos dentro de quince días. En el fon¬do. de Italia.. —¡Sabe muy bien lo que dice! Y a ti te llamará Petruchio en cualquier momento. —Sólo pensaba —dijo la señorita Marple dirigiéndo¬se a Walter— en que se ha comportado usted muy sabiamente.. Gina corrió a poner su mano sobre los labios de la señorita Marple.. Wally sonrió indulgentemente ante aquella anciana que equivocaba los nombres. ¿verdad. Pero Gina echóse a reír. La señorita Marple contempló a la pareja. muchacho. Era muy agradable ver a dos jóvenes tan enamorados. —Cree que eres el marido más adecuado para mí —dijo Gina. Gina miró a su esposo y agregó: —Me olvidaré de Stonygates.

tía Ruth y abuelita cuan¬do las tres eran jóvenes... —Y no creo que lo consiga —repuso la señorita Mar¬ple—.. Fue hace tanto tiempo.—Cuando pienso en usted.. ¡No sé qué daría por saber cómo eran! No puedo imaginármelas de ninguna ma¬nera. FIN .