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Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia
Helénicas
El satiricón
Serie de libros electrónicos30 títulos

Biblioteca Clásica Gredos

Por Horacio, Platón, Apuleyo y

Calificación: 3 de 5 estrellas

3/5

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Información sobre esta serie

El tratado del arquitecto, ingeniero y tratadista Marco Vitruvio Polión es el texto de referencia para conocer de primera mano la teoría y las obras arquitectónicas grecolatinas.Con el De Architectura, Vitruvio (siglo I a.C.) deseaba ofrecer un corpus que condensara todos los conocimientos alcanzados por la teoría arquitectónica griega, cosa que no se había hecho hasta entonces, a decir del propio autor. Además de cuestiones específicamente arquitectónicas (órdenes, materiales, técnicas de construcción, tipos de edificios...), el libro informa también sobre pintura y escultura griegas y romanas, como artes auxiliares. El abundante contenido, unido a las innegables cualidades formales, otorga a esta obra una gran trascendencia y la convierte en fuente inestimable para el conocimiento de esta materia. En el Renacimiento fue un texto de primer orden para el acceso a la teoría y a las obras arquitectónicas grecolatinas. El presente volumen completa la actualizada versión castellana preparada minuciosamente por Francisco Manzanero Cano con los últimos cinco libros de los diez que tenía el original.
IdiomaEspañol
EditorialGredos
Fecha de lanzamiento1 abr 2009
Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia
Helénicas
El satiricón

Títulos en esta serie (40)

  • El satiricón
    El satiricón
    El satiricón

    Por varias y bien diversas razones, El Satiricón se ha convertido en una de las obras de la literatura antigua latina de mayor actualidad en la época moderna. Por una parte, constituye junto El asno de oro de Apuleyo, el único testimonio de cierta importancia del cultivo del género novelístico entre los romanos. Por otra, es una fuente capital para los estudios del latín vulgar; del latín de cada día, raramente reflejado en los textos literarios, del que surgen las lenguas romances en un lento pero ininterrumpido proceso evolutivo. Además, el picante y desmesurado realismo - a veces verdadero surrealismo - que tiñe muchos pasajes de esta curiosa obra, ha llamado la atención de no pocos críticos y artistas de nuestro tiempo, entre los que habría que citar en primer término - y cómo no - a Federico Fellini. Pero El Satiricón no sólo intriga e interesa por lo que enseña, sino también por lo que oculta. Así, por de pronto, no sabemos ni cuál era el volumen total de la obra, de la que el muy importante del texto conservado no nos da más que algunas partes, ni cuál era el esquema argumental de su conjunto (si es que lo tenía, y no se limitaba a una técnica meramente aditiva del relato); ni estamos seguros, en fin, de quién fue su autor ni de cuándo se escribió. En efecto, aunque resulte bastante verosímil que El Satiricónsea obra del famoso Petronio que brilló en la corte de Nerón como arbiter elegantiarum, hasta el momento en que se despidió de esta vida echándole en cara al tirano todas sus vilezas, subsisten razonables dudas al respecto. Pero por encima de todo, El Satiricón es una de las obras de la literatura antigua con mayor aliciente para el lector moderno. Y ello no sólo por su hilarante visión de los ambientes que retrata, sino también porque -un poco al modo de los tal vez contemporáneos restos arqueológicos de Pompeya- nos permite asomarnos a la vida cotidiana de los pequeños protagonistas de la historia antigua.

  • Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia
    Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia
    Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia

    Construida con elementos heterogéneos (relato histórico, relaciones epistolares fingidas, cuentos fabulosos, etc.), es una obra miscelánea, a medio camino entre la biografía y el género novelesco, que gozó de gran éxito en la Antigüedad tardía y hasta bien entrada la Edad Media. La extraordinaria empresa conquistadora de Alejandro Magno se convirtió pronto en fuente inagotable de todo tipo de narraciones. Fruto de esa rica tradición literaria surge esta Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia, compuesta a comienzos del siglo III d.C., en la época del reinado de los últimos Ptolomeos por un autor desconocido, posiblemente de origen egipcio y al que ahora conocemos como Pseudo Calístenes. Construida a base de elementos heterogéneos (relato histórico, relaciones epistolares fingidas, cuentos fabulosos, etc.), es una obra miscelánea, a medio camino entre la biografía y el género novelesco, que gozó de gran éxito en la Antigüedad tardía y hasta bien entrada la Edad Media. Tal vez fuera ello debido a su espontánea combinación de elementos maravillosos y relato histórico, a través de la cual la base biográfica real adquiere tintes legendarios: Alejandro aparece como el último héroe griego, destinado a convertirse en monarca de un inmenso imperio, que asciende a los cielos en un carro tirado por grifos, se sumerge en el fondo del océano en una bola de cristal y perece envenenado en la misteriosa Babilonia, en plena gloria y juventud.

  • Helénicas
    Helénicas
    Helénicas

    En las Helénicas Jenofonte continúa el relato de la Guerra del Peloponeso en el punto en el que lo dejó su maestro Tucídides. A la tarea de historiador añade la viveza descriptiva de quien fue testimonio directo de los hechos. Las Helénicas se plantean como una continuación de la narración histórica de Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso, y ofrecen una crónica de las contiendas y las crisis políticas que sacudieron Grecia a comienzos del siglo IV a.C., desde 411 hasta 362, hechos todos ellos que Jenofonte vivió: fin de la Guerra del Peloponeso, gobierno y derrocamiento de los Treinta en Atenas, guerra espartana contra los persas (399-387), Guerra Corintia, rivalidad entre Esparta y Tebas, triunfo de Tebas en la batalla de Leuctra (371) y hegemonía de ésta bajo el general Epanimondas. Probablemente escritas en varias fases durante la larga vida de Jenofonte (h. 430-354 a.C.),las Helénicas siguen el modelo historiográfico de Tucídides: narran hechos políticos contemporáneos con un estilo sobrio y austero. Jenofonte se ciñe a este planteamiento político-militar, y excluye varios hechos que hubieran ocupado un lugar destacado en una historia general; él, sin embargo, prefiere reservarlos para otra otras obras, con lo que introduce una marcada diferenciación de formas literarias que dará lugar a otros escritos suyos: por ejemplo, las actividades de Sócrates, publicadas en otro volumen de esta misma colección.

  • Anales. Libros XI-XVI
    Anales. Libros XI-XVI
    Anales. Libros XI-XVI

    Tácito atrajo la atención de muchos de los mejores filólogos y pensadores de los siglos XV y XVI, no sólo por su estilo, sino porque sus opiniones parecían relevantes para la política del tiempo. Los libros de este volumen abarcan los reinados de Claudio desde el año 47 –con los excesos de Mesalina, la boda del emperador con su sobrina Agripina, hija de Germánico y madre de Nerón, a quien Claudio adopta y casa con su hija Octavia, la muerte de Claudio envenenado por Agripina– y de Nerón hasta el 66: la inicial influencia benéfica de sus consejeros Séneca y Burro, el brutal asesinato de Agripina, la represión de la gran revuelta del 61 en Britania, el asesinato de Octavia, el incendio y la reconstrucción de Roma, la persecución de los cristianos, a quienes Nerón acusa de haberlo causado, la condena a muerte contra Séneca y Lucano y una larga cadena de hechos violentos, que Tácito deplora en uno de los últimos fragmentos conservados. Tácito concibe que la historia debe ser moral e instructiva, por lo que no se abstiene de elogiar o censurar acciones. Sin embargo, también aspira a entretener, y persigue siempre la variedad en los asuntos y su tratamiento, con una exhibición de habilidad retórica. Su estilo es original, distinto de todo el resto de la literatura latina. Adoptó muchos rasgos estilísticos de Salustio (sobre todo la brevedad) y rechazó el ornato ciceroniano. Sus concisas sententiae se tienen por las mejores de la prosa latina, debido a su excelencia tanto en la forma como en el contenido.

  • Sobre el orador
    Sobre el orador
    Sobre el orador

    Éste es el principal texto que Cicerón dedicó al arte de la oratoria, tan importante en la Antigüedad grecorromana, y en el que tanto se distinguió él por sus discursos forenses (Verrinas) y políticos (Catilinarias, Filípicas). Sobre el orador (completado en el 55 a.C.) es el más valorado de los tratados que Cicerón dedicó a la materia de la oratoria, de la que describe los principios generales para instrucción de los jóvenes que vayan a desempeñar cargos públicos en el estado. Está estructurado en varios diálogos, situados en la villa que Craso poseía en Túsculo y en los que los principales participantes son Craso, Marco Antonio, Q. Mucio Escévola el Augur (gran abogado como Cicerón), el cónsul Q. Cátulo y el orador C. Julio César Estrabón. Craso sostiene que el orador debe poseer un amplio conocimiento de las ciencias, de la filosofía y, sobre todo, del derecho civil (un ideal ambicioso que sin duda expresa el criterio de Cicerón); Antonio, menos exigente en sus demandas y según un planteamiento utilitarista, se contenta con que sea capaz de agradar y convencer, sin que por ello precise de grandes conocimientos, y se extiende sobre los métodos para persuadir a los jueces (aunque al día siguiente reconoce que sólo ha contradicho a Craso por el gusto de discutir) ; César trata del ingenio y el humor, que le habían dado gran fama, con un repertorio de chistes que refleja los gustos y la mentalidad de los romanos, y una clasificación de recursos humorísticos en setenta y cinco capítulos (216-90); Craso, por último, se ocupa de los estilos y las figuras de dicción (de especial interés es el tratamiento de la metáfora): se advierte en estos razonamientos que Cicerón valoraba el lenguaje en relación con la poesía. En conjunto, se concluye que el perfecto orador ha de ser un "hombre íntegro" formado en una educación liberal sin precedentes.

  • Tragedias I
    Tragedias I
    Tragedias I

    Muchos han visto en Eurípides no sólo al trágico más moderno, humano y realista, sino al más trágico de los poetas (Aristóteles). Eurípides (c. 480-406 a.C.) vivió en la época del mayor esplendor político y económico de Atenas, asistió a la construcción del Partenón y los más hermosos monumentos de la Acrópolis y compartió el orgullo de los ideales democráticos. Se nos han conservado dieciocho tragedias suyas, casi todas ellas pertenecientes a la plena madurez del autor, de las noventa y dos que se le atribuyen, y conocemos el título de unas ochenta. Su obra se distingue de la de los dos grandes dramaturgos que le precedieron, Esquilo y Sófocles, por el tratamiento humano y realista del mito, por la inusitada importancia de la mujer y por el análisis de las pasiones más violentas. Este volumen incluye algunas de las mejores tragedias de Eurípides. Medea, que se representó el 431 a.C., es seguramente su obra maestra. Jasón, esposo de Medea y padre de sus hijos, va a repudiarla y a casarse con la hija de Creonte, rey de Corinto. Medea, despechada y colérica, se vengará: simula haber sido convencida por Jasón y envía a sus hijos con ricos regalos para la novia al palacio de Creonte; pero esos regalos contienen un conjuro mortal que acaba con Creonte y su hija primero y luego, para agravar la desgracia de Jasón, con los hijos de éste, que son los suyos propios. Medea muestra hasta qué extremos aberrantes pueden llegar las pasiones desatadas: según Lesky, en ninguna otra creación del teatro griego se han presentado con tanta nitidez las fuerzas oscuras e irracionales que pueden brotar del corazón humano. Hipólito (428 a.C.) acompaña a Medea en la cima de la creación de Eurípides. Muestra la terrible pasión de una mujer enamorada y la firmeza casi enfermiza de un muchacho perfecto. Fedra desea a su hijastro Hipólito, casto y adepto a la diosa Artemis, quien la rechaza. En una carta dirigida a Teseo, su esposo, Fedra acusa a Hipólito de haberla seducido, acusación que tendrá graves consecuencias. Éstos son los dos personajes más heroicos del dramaturgo, al punto de que él incurre en hybris, o insolencia frente a los dioses. Sin embargo, media ya un abismo entre ambos y los héroes arquetípicos de Esquilo y Sofocles, puesto que son humanos en su inconstancia. Los Heraclidas es una tragedia de índole político-patriótica, en la que se relata la generosidad con que los atenienses trataron a los hijos de Heracles, y el pago injusto que recibieron: se trata de una denuncia de la invasión espartana del Ática. Andrómaca recrea la leyenda en que ésta y su hijo están a punto de ser asesinados por Hermíone, esposa de Neoptólemo, celosa porque Andrómaca dio a éste un hijo como concubina, y ella no ha podio darle ninguno. Se ha interpretado de varios modos esta tragedia de pasiones violentas: crítica a la mentalidad espartana, denuncia de las consecuencias desastrosas de la guerra de Troya...En Hécuba, esta reina de Troya venga la muerte de sus dos hijos, Polidoro y Políxena, en una historia donde se reflejan las terribles secuelas de la guerra: las penalidades de las cautivas, la crueldad y el orgullo de los vencedores, el sacrificio humano... El cíclope es un drama satírico de tono humorístico en el que Dioniso es atrapado por unos piratas de los que tratan de liberarle los sátiros, al tiempo que Odiseo negocia el intercambio de comida por vino. Alcestis, otro drama satírico, narra con tono un tanto burlesco cómo Heracles hace un alto en sus Trabajos para salvar a Alcestis de la muerte y devolvérsela a su marido Admeto. Introducción, traducción y notas de A. Medina González y J. A. López Férez. Revisada por L. A. de Cuenca y C. García Gual.

  • Anábasis de Alejandro Magno. Libros IV-VIII (India)
    Anábasis de Alejandro Magno. Libros IV-VIII (India)
    Anábasis de Alejandro Magno. Libros IV-VIII (India)

    La vida y las hazañas del gran rey macedonio La obra de Arriano marca un punto destacado porque tal vez fue el que procedió con unas dosis de objetividad mayores, despegado, en la medida de lo posible, de la historiografía dramática y retórica característica de esta época. El libro VIII es realmente un añadido geográfito-etnográfico a la narración histórica, concretamente sobre la India, parte del mundo conocido que desde bastante antes de Arriano venía atrayendo a los escritores griegos. La traducción recogida en este volumen es la única hecha en España en el siglo XX, lo que supone ya una gran diferencia de rigor filológico respecto a los dos anteriores, de los siglos XVII y XIX. Además, se incluye una muy pormenorizada y erudita introducción a esta obra de Arriano.

  • Los gnósticos II
    Los gnósticos II
    Los gnósticos II

    Una enriquecedora visión del gnosticismo del siglo II, a partir de los textos polémicos de los heresiólogos Ireneo de Lyón e Hipólito de Roma, con un estudio de las líneas generales de este movimiento teológico-filosófico que pugnó con la ortodoxia eclesiástica. a Gnosis fue un fenómeno intelectual y espiritual de enorme repercusión en el siglo ii d. C., un producto del cruce de la filosofía helénica con las nuevas corrientes religiosas de la época. Hay una Gnosis judía, al lado de una Gnosis cristiana, que mezclan los influjos del platonismo y neoplatonismo con temas bíblicos, y con una especial religiosidad muy propia de ese tiempo tan agitado espiritualmente, "una época de angustia y ansiedad", según dijera Dodds. Para el Gnosticismo, el hombre es un ser ambiguo, que contiene un principio divino, una chispa o centella inmortal que aspira a reintegrarse en su fuente original de donde ha caído en este mundo degradado y doliente. Tal es la creencia fundamental que enlaza a las diversas sectas de lo que llamamos Gnosticismo, uno de los capítulos últimos de la historia del espíritu griego. En esa larga contienda del mythos y el lógos la Gnosis representa un extraño momento de combinación de ambos, una especie un tanto bastarda de lo helénico y lo oriental, pero con muy claros ecos de la tradición platónica e incluso pitagórica. José Montserrat Torrens ha traducido dos textos fundamentales para una perspectiva de conjunto: el libro I de Contra las herejías de Ireneo de Lyon, y los V, VI, VII y VIII de la Refutación de todas las herejías de Hipólito de Roma, además de una selección de fragmentos de Basílides y los Valentinianos. Ha anotado muy docta y puntualmente todos esos difíciles textos y les ha antepuesto unas introducciones muy completas y documentadas. No hay, en la bibliografía española, otro libro semejante para una aproximación y conocimiento histórico directo de tan interesante movimiento espiritual.

  • Constitución de los Atenienses. Económicos.
    Constitución de los Atenienses. Económicos.
    Constitución de los Atenienses. Económicos.

    Constitución de los atenienses, un estudio sobre la historia de las legislaciones de Atenas hasta el tiempo de Aristóteles, formaba parte del desaparecido tratado Constituciones, obra compilatoria elaborada en el Liceo acerca de las leyes de más de ciento cincuenta ciudades griegas y extranjeras. La Constitución de los atenienses (de autoría dudosa para algunos estudiosos) forma, con la Política, la parte conservada de la obra aristotélica dedicada a la organización social de la pólis, teoría política que entronca con su pensamiento ético y metafísico. Aristóteles, discípulo de Platón y estudiante en la Academia, subraya la necesidad de estudiar la política según principios filosóficos, referidos a la naturaleza misma y a la verdad, y señala la insuficiencia de los simples empíricos que imitan las constituciones de lacedemonios, cretenses y otros pueblos. El gran tratado Constituciones, perdido en gran parte, era una enorme colección que pretendía recoger las legislaciones de ciento cincuenta y ocho ciudades griegas y extranjeras, compiladas por colaboradores del maestro de Estagira. Hemos conservado su primer libro, la Constitución de los atenienses, que se cree que compuso Aristóteles como modelo para los otros trabajos constitucionales del Liceo. En su primera parte expone la evolución del régimen político de Atenas desde una época anterior a Solón hasta el arcontado de Euclides y la restauración de la democracia (analiza, pues, la obra constitucional de Ión, Teseo, Dracón, Solón, Clístenes y Pericles); la segunda parte describe la organización del Estado ateniense en la época del autor: las instituciones del derecho positivo de Atenas en el siglo IV. Completa el volumen un texto falazmente atribuido a Aristóteles dedicado a la administración de la tierra y el patrimonio.

  • Antología Palatina I. Epigramas helenísticos
    Antología Palatina I. Epigramas helenísticos
    Antología Palatina I. Epigramas helenísticos

    Entre los autores españoles, la huella de la Antología Palatina se deja sentir, entre otros, en Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León, Lope de Vega y Quevedo. Desde época helenística y durante toda la Antigüedad, el epigrama fue muy cultivado como género poético refinado y erudito. Pronto se hicieron antologías y recopilaciones de los poetas que lo utilizaron. Dos de las más importantes, la Guirnalda compilada por Meleagro en los primeros años del siglo I a.C. y la Guirnalda de Filipo de Tesalónica, compilada hacia el 40 d.C., junto con otros textos y a través de diversas colecciones, han llegado hasta nosotros gracias a la Antología Palatina, obra de un compilador anónimo del siglo X y así llamada por el manuscrito que la contiene, encontrado enHeidelberg, capital del Palatinado. La Guirnalda de Meleagro, junto con otros epigramas helenísticos, forma el primer volumen de la Antología Palatina en esta colección. En conjunto advertimos la enorme riqueza de esta modalidad: poemas de amor, de nostalgias, sepulcrales o eruditos, de maldición o de lamento; hay epitafios, dedicatorias, loas a poetas y a artistas, a la naturaleza... Poesía de una gran fuerza literaria, el epigrama ejerció una gran influencia en toda la literatura posterior.

  • Himnos homéricos. La "Batracomiomaquia"
    Himnos homéricos. La "Batracomiomaquia"
    Himnos homéricos. La "Batracomiomaquia"

    Una colección de textos relacionados con el género épico, que sin embargo no pertenecen de lleno a él, pues incorporan dimensiones religiosas o burlescas que le son ajenas. Los llamados "Himnos Homéricos" son una colección de treinta y cuatro poemas agrupados por ser himnos a las divinidades clásicas, de los que algunos se atribuyeron sin demasiado fundamento a Homero en época antigua. Por su forma hexamétrica y su lenguaje pertenecen a la épica, y aun alguno aparece atribuido a un Homérida de la isla de Quíos, algunos son poemas largos, de más de quinientos versos, y de época arcaica (siglos VII y VI a.C.), otros son muy posteriores. Esta edición ofrece una excelente perspectiva de los poemas homéricos, con una esclarecedora introducción general y un prólogo a cada himno. Dentro del conjunto hay que destacar los Himnos a Deméter, a Apolo, a Hermes, a Afrodita, que relatan los mitos referentes a la divinidad en cuestión y evocan algunos de sus rituales. Son poemas religiosos que, además de la intensa emoción que siguen susciando, aportan un sinfín de informaciones cultuales y sociales de gran relevancia tanto para el historiador de las religiones como para el amante de la literatura antigua. Completa el volumen la Batracomiomaquia (Batalla de las ranas y ratones), épica cómica o parodia sobre la Ilíada, que lo romanos atribuían a Homero. Probablemente es posterior al periodo arcaico, y lo más seguro de la época helenística. Su mayor interés consiste en representar a un género del que no nos han llegado más muestras, el de la "épica de animales", perteneciente al parecer a una tradición burlesca.

  • Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio
    Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio
    Historia del Imperio Romano después de Marco Aurelio

    Herodiano relata la sucesión de emperadores romanos a lo largo de cincuenta y ocho años, en los que hubo desde gobernantes serios como Septimio Severo y Severo Alejandro hasta abismos de extravagancia del tamaño de Cómodo y Elagábalo. Como Tucídides, Herodiano (siglo III d.C.) escribe historia contemporánea, y trata de mantenerse como un testigo fiel y desapasionado de su tiempo. Muy poco sabemos de él, apenas lo que se deduce de su texto: escribe en griego y para un público griego, lo que indica su procedencia de la parte oriental del Imperio (tal vez de Siria, Egipto o Grecia), y es experto en retórica y técnica historiográfica. Junto con Dión Casio (cuya obra también se ha publicado en Biblioteca Clásica Gredos) es el único historiador de su siglo del que nos han llegado más que fragmentos. Herodiano historia los emperadores romanos de un período de cincuenta y ocho años, los que median entre la muerte de Marco Aurelio (180) y la subida al trono de Gordiano III (238). Se trata de una época agitada, de tremendas luchas por el poder, con terribles tramos de anarquía y personajes extravagantes en el trono de Roma (en especial el sirio Elagábalo, adorador del dios solar fenicio). Comienza con el reinado del alocado Cómodo, que contrasta con su magnánimo padre, y concluye en un año en que fueron proclamados seis emperadores fugaces. Se trata, en suma, de una época convulsa, narrada con muy buen estilo según la tradición historiográfica griega.

  • Tratados hipocráticos II
    Tratados hipocráticos II
    Tratados hipocráticos II

    Este hito histórico de la filología clásica, la traducción íntegra de los Tratados hipocráticos, es una ocasión única no sólo para los interesados en el nacimiento y la evolución de la ciencia médica, sino para cualquier amante de la cultura griega. El Corpus Hippocraticum es un conjunto de más de cincuenta tratados médicos de enorme importancia, pues constituyen los textos fundacionales de la ciencia médica europea y forman la primera biblioteca científica de Occidente. Casi todos se remontan a finales del siglo V y comienzos del IV a.C., la época en que vivieron Hipócrates y sus discípulos directos. No sabemos cuántos de estos escritos son del "Padre de la Medicina", pero todos muestran una orientación coherente e ilustrada, racional y profesional, que bien puede deberse al maestro de Cos. Más importante que la debatida cuestión de la autoría es comprender el alcance de esta medicina, su empeño humanitario y su afán metódico. Este corpus resulta esencial no sólo para la historia de la ciencia médica, sino para el conocimiento cabal de la cultura griega. Éste es el primer intento de verter al castellano todos estos tratados, y se ha hecho con el mayor rigor filológico: se ha partido de las ediciones más recientes y contrastadas de los textos griegos, se han anotado las versiones a fin de aclarar cualquier dificultad científica o lingüística y se han añadido introducciones a cada uno de los tratados, con lo cual se incorpora una explicación pormenorizada a la Introducción General, que sitúa el conjunto de los escritos en su contexto histórico. El segundo volumen de los Tratados hipocráticos incluye los textos "Sobre los aires, aguas y lugares", "Sobre los humores", "Sobre los flatos", "Predicciones I", "Predicciones II" y "Prenociones de Cos".

  • Los filósofos presocráticos I
    Los filósofos presocráticos I
    Los filósofos presocráticos I

    Este primer volumen dedicado a los filósofos presocráticos incluye los fragmentos conservados de los pensadores jónicos (Tales, Anaximandro, Anaxímenes), los pitagóricos, Alcmeón de Crotona, Jenófanes, Heráclito de Éfeso y Parménides de Elea, así como las referencias que a ellos hicieron la filosofía y la literatura griegas posteriores. El amplio grupo de pensadores que en las historias de la filosofía se denomina de los presocráticos es tan heterogéneo en doctrinas y geografía que apenas se justifica un título global que los incluya a todos, salvo por el hecho cronológico de que vivieron antes que Sócrates. Además, sus escritos nos han llegado de modo tan fragmentario que su lectura requiere una previa labor de interpretación, una tarea hermenéutica, sobre estos breves textos, pecios densos, con una dimensión poética y a menudo enigmáticos. A partir de la ya clásica recopilación de Diels-Kanz, un equipo de profesores de Historia de la Filosofía Antigua de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por C. Eggers Lan, ha reordenado y completado este repertorio, en una tarea filológica e histórica que busca no sólo la máxima fidelidad a estos textos difíciles, sino reflejar con claridad y rigor, mediante numerosas notas e introducciones, el sistema filosófico y conceptual latente y el contexto cultural de los fragmentos. Y a pesar de la enorme importancia de todas estas aportaciones para el acceso al pensamiento anterior a Sócrates, no estarían completas sin otra novedad decisiva que ofrece esta edición: recoger no sólo los escasos fragmentos que nos han llegado directamente de los presocráticos sino las múltiples referencias a ellos de autores griegos posteriores. De este modo es posible delimitar con precisión qué sabemos a ciencia cierta que dijo cada uno, y qué se le ha atribuido después, así como acceder al diálogo. Con ello se posibilita un conocimiento real de las diversas doctrinas, que cobran una vida propia y dejan de ser resúmenes para manuales de historia de la filosofía. Este primer volumen incluye a los pensadores jónicos, a Pitágoras y los primeros pitagóricos, a Alcmeón de Crotona y a Jenófanes, a Heráclito y a Parménides. Entre los primeros (que al margen de tener a Jonia como origen de su actividad, difícilmente pueden ser considerados una escuela específica, pues sustentaron posiciones filosóficas muy diversas) están Tales de Mileto (h. 624-h. 546 a.C.), Anaximandro (h. 610-h. 546 a.C.) y Anaxímenes (fl. 546-526 a.C.), quienes buscaron el principio de todo, una sustancia originaria y primordial subyacente a la realidad. El brumoso Pitágoras (tal vez un chamán milagrero que organizó un sólido grupo en la Magna Grecia) y sus primeros seguidores (sobre todo Filolao) nos han legado la creencia en la transmigración de las almas y una concepción matemática del mundo. Heráclito y Parménides son dos jalones fundamentales, dos versiones encontradas que sólo el genio sintetizador de Platón sería capaz de armonizar. Heráclito de Éfeso (540-480 a.C.) postuló un logos universal que lo rige todo. Parménides (primera mitad del siglo V a.C.) sentó en un poema de 150 versos las bases del pensamiento eleático acerca de la realidad del ser eterno y la irrealidad del cambiante mundo fenoménico.

  • Alejandra. La toma de Ilión. El rapto de Helena.
    Alejandra. La toma de Ilión. El rapto de Helena.
    Alejandra. La toma de Ilión. El rapto de Helena.

    Este volumen incluye tres reelaboraciones egipcias, cultas y literarias, de los tradicionales y épicos hechos de la guerra de Troya, cuyo permanente atractivo queda una vez más demostrado. El presente volumen reúne tres piezas épicas, dos de ellas tardías, de cuando este género ya no pertenecía a la cultura viva y oral, sino a una ya antigua tradición literaria en que autores eruditos recreaban asuntos y temas de la epopeya como ejercicio retórico. El hilo conductor que las vincula es la referencia a la guerra de Troya, materia inagotable a lo largo de los siglos. Los tres autores de los poemas nacieron en Egipto. La primera de ellas, Alejandra, es obra del poeta y filólogo alejandrino Licofrón (siglo III a.C.). Largo monólogo entre épico y lírico, es una narración mitológica, repleta de simbolismos, enigmas y nombres propios enmascarados por alusiones eruditas. Se trata de un poema famoso en el que el esclavo encargado de vigilar a Alejandra (es decir, Casandra) informa de las profecías de ésta a su padre Príamo, rey de Troya: destrucción de la ciudad y crimen de Áyax, retorno y destino de los griegos... De Trifiodoro (siglo III o IV d.C.), poeta épico griego nacido en Egipto, conservamos sólo La toma de Ilión, breve poema de 691 versos, reelaboración del relato sobre la guerra de Troya. Por último, El rapto de Helena, de Coluto, poeta épico oriundo de Egipto, de principios del siglo VI d.C., es un epilio de 392 versos que atribuye el origen de la guerra de Troya a una querella surgida, en las bodas de Tetis y Peleo, entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita, ligada a la seducción de Helena por Paris.

  • Historia. Libros VIII-IX
    Historia. Libros VIII-IX
    Historia. Libros VIII-IX

    La obra de Heródoto prefigura ya muchos de los rasgos esenciales de la historiografía griega; de ella descienden en línea directa los grandes historiadores posteriores helenos (Tucídides, Jenofonte) y de Roma (Polibio; salustio, Tácito...). La obra de Heródoto fue compuesta en principio para ser escuchada, a diferencia de la de Tucídides (el siguiente gran historiador griego), que lo fue para ser leída. Es uno de los escasos rasgos arcaicos de su Historia; por lo demás, ésta prefigura ya muchos de los rasgos esenciales de la historiografía griega: a) multiplicidad de subgéneros (historia de Grecia, universal, de personajes destacados, constitucional, novela histórica...); b) concepción amplia de los contenidos historiográficos: político-militar, etnográfico, mitográfico, geográfico, religioso...; c) observación de estrictas reglas literarias tanto en el estilo como en la estructura; d) aspiración al carácter científico y a contar la verdad; e) interés por el presente o por el pasado próximo; f) búsqueda de las causas de los procesos históricos. Por este carácter formativo de la obra de Heródoto, está justificada la calificación ciceroniana de "padre de la historia": pues de él descienden en línea directa, admirativa y respetuosa los grandes historiadores posteriores griegos –Tucídides, Jenofonte– y romanos –Polibio, Salustio, Tácito...–. En el libro VIII, tras el avance de las tropas de Jerjes por la Grecia central, con la milagrosa salvación del santuario de Delfos, la acción llega al punto culminante. Los persas ocupan Atenas y la flota griega, anclada en la isla de Salamina, derrota a las fuerzas invasoras en aguas del estrecho, con lo que fuerza la retirada del monarca, quien deja a Mardonio en Tesalia con un nutrido ejército. Éste se ocupará de los preparativos navales y tratará en vano de que los atenienses abandonen la causa griega. La segunda guerra termina con el triunfo griego en Platea y Mícale (libro IX).

  • Obras morales y de costumbres (Moralia) III
    Obras morales y de costumbres (Moralia) III
    Obras morales y de costumbres (Moralia) III

    Varios tratados sobre el carácter de los pueblos que más conocía y admiraba Plutarco (como el romano y el espartano) se combinan aquí con un sincero elogio de la dignidad de la mujer. Este volumen reúne una serie de escritos plutarqueos emparentados por una intención ejemplarizante vehiculada mediante casos extraídos de la historia. Por "Máximas de reyes y generales" desfilan hechos y sentencias emblemáticos y aleccionadores de grandes estadistas griegos, persas, escitas, siracusanos, macedonios y sirios; Alejandro Magno se lleva la palma con treinta y cuatro menciones, pero también asoman a estas páginas Pisístrato, Licurgo, Alcibíades y Pericles, entre otros muchos. "Máximas de romanos" es un apéndice al anterior tratado que ofrece una panorámica histórica desde el siglo III a. C., y constituye una excelente invitación para leer las Vidas paralelas, pues el lector entra en contacto con Fabio Máximo, Escipión el Mayor, Catón el Viejo, Escipión el Joven, Cicerón y Gayo César, que protagonizan algunas de las biografías de esta serie. "Máximas de espartanos" aplica el mismo tratamiento a personalidades lacedemonias, y expresa la admiración que el autor siente por el pueblo de Esparta, su constitución política y su tipo de vida, así como por su proverbial carácter austero. "Antiguas costumbres de los espartanos" recopila anécdotas de la vida cotidiana lacónica en las que Plutarco expresa de nuevo su querencia por Esparta, pero no a través de sus personajes encumbrados, sino de referencias precisas a su alimentación, educación y demás elementos constitutivos, sacadas de los tres grandes historiadores griegos: Heródoto, Tucídides y Jenofonte. "Virtudes de mujeres", dirigida a Clea, amiga de Plutarco y sacerdotisa del templo de Delfos, es un texto singular por su carácter antimisogínico, puesto que incluye casos históricos donde relucen las virtudes de mujeres reales definidas por su nobleza y no por su procedencia: troyanas, focenses, quiotas y demás se distinguen por el coraje, la audacia, la bondad, la honradez y la inteligencia. Como ya demostrara en "Deberes del matrimonio" (volumen II de los Moralia), Plutarco siente un hondo respeto por la mujer y cree posible la felicidad duradera en el matrimonio, que él experimentó en su propia vida.

  • Sobre el estilo. Sobre lo sublime
    Sobre el estilo. Sobre lo sublime
    Sobre el estilo. Sobre lo sublime

    Dos breves tratados de crítica literaria de la tradición helenística postaristotélica, ambos de hacia el siglo I d.C.: el interesante estudio de Demetrio sobre los estilos y el muy influyente (sobre todo entre los románticos) tratado de Longino acerca de lo sublime. En este volumen se presentan dos breves tratados de crítica literaria de la tradición helenística postaristotélica, ambos de hacia el siglo I d.C. De Demetrio (autor del que sólo conocemos el nombre) nos llega Sobre el estilo, el único ejemplo conservado con detalle sobre la teoría de los estilos, que divide en cuatro apartados: llano, grandioso, elegante y enérgico (esto último es la novedad que aporta a los estudios de crítica). Cada estilo es explicado en cuanto a estilo, dicción y disposición de palabras, como lo son los correspondientes estilos defectuosos (el frío, el árido, el afectado y el repulsivo). Forma y contenido concuerdan según las normas del decoro: el estilo grandioso, con su dicción rica y frases elaboradas, es adecuado para la narración de las batallas y los mitos cósmicos, el estilo llano para las escenas de la vida cotidiana, el fuerte para la cólera y la invectiva literaria, el elegante (con su gracia e ingenio) para el amor, los epitalamios y los jardines. Se refiere además al estilo epistolar: la carta refleja el carácter del escritor y no debe ser un opúsculo pomposo ni excesivamente coloquial. También resultan interesantes los estudios de la metáfora y la oración. Para ilustrar sus ideas, Demetrio recurre a ejemplos de numerosos autores y géneros. El famoso tratado de Longino, o de un Pseudo Longino, es el mejor de su tiempo en crítica literaria y tiene como cualidad principal el entusiasmo y el fervor en la exposición de su tema. Junto al afán de precisión en la búsqueda de unos fundamentos objetivos para el análisis literario, está animado por un espíritu vivo y cálido. Longino percibe la grandeza sublime en Homero, Platón, Demóstenes, un poema de amor de Safo, el latín de Cicerón y (único en la crítica pagana) la creación del Génesis. Todos estos ejemplos comparten su capacidad de afectar emocionalmente: lo sublime no encanta o convence, sino que asombra, nos lleva con una fuerza irresistible a participar de la inspiración del autor. Este efecto emotivo se combina con un planteamiento global, pues lo sublime se alcanza mediante la nobleza de la mente. En una gran digresión sobre el genio, se afirma que la sublimidad de la mente es lo que más nos acerca a la mente divina. La grandeza implica el riesgo al fracaso, pero el genio defectuoso es superior a la mediocridad pulida. Se trata, en suma, de un alegato en favor de la audacia y la amplitud de miras y contra la cómoda seguridad. Longino ha tenido una influencia enorme, sobre todo entre los críticos románticos.

  • Textos de magia en papiros griegos
    Textos de magia en papiros griegos
    Textos de magia en papiros griegos

    Un repertorio incomparable y mistérico que nos permite acceder a la magia greco-egipcia, tal como lo atestiguan los papiros del siglo IV. Estos textos de magia, contenidos en papiros de procedencias diversas, de la época imperial (entre el siglo I y el V de nuestra era), son unos documentos de excepcional importancia para el conocimiento de la mentalidad popular y la religión sincretista del helenismo tardío en Egipto, puesto que permiten entender el abigarrado mundo del sincretismo greco-oriental de la última fase del paganismo. La mayoría de estos papiros son del siglo IV, y en sus pintorescas y mixtas invocaciones han confluido diversas creencias, como diversos son los nombres de las divinidades invocadas. Fórmulas de conjuro y voces misteriosas se mezclan en las prácticas mágicas: peticiones de socorro, hechizos eróticos, imprecaciones, revelaciones oníricas, maleficios y extraños ritos. Junto a Zeus y Apolo, o divinidades próximas a ese mundo mágico, como Hermes, Hécate o el mismo Hades, encontramos a Set, Osiris, Sarapis y el extraño Baincoooc. Toda una fantasmagoría al servicio de la pasión y la credulidad de los que recurren a tales fórmulas y rituales.

  • Quéreas y Calírroe. Efesíacas. Fragmentos novelescos.
    Quéreas y Calírroe. Efesíacas. Fragmentos novelescos.
    Quéreas y Calírroe. Efesíacas. Fragmentos novelescos.

    Las dos obras de este volumen constituyen dos hitos históricos, puesto que son las primeras novelas completas conservadas, y modelan y prefiguran el que, con el tiempo, será el más popular de todos los géneros literarios. Calírroe o Quéreas y Calírroe es el primero de una serie de relatos románticos de amor y aventuras que concluye con las Etiópicas de Heliodoro (también publicadas en Biblioteca Clásica Gredos). En efecto, la de Caritón es la primera novela completa que conservamos: debió de escribirse hacia el siglo I d.C., y representa muy bien el prototipo de este género, surgido en el crepúsculo de la literatura helenística: género de intención popular, dirigido a un público amplio, que no obtuvo la sanción ni el respeto de preceptistas y retóricos; de hecho, ni siquiera tuvo nombre propio en la Antigüedad. Calírroe contiene ya muchos elementos que caracterizarán a la novela romántica: entramado folletinesco (pareja de amantes acuciados), viajes por escenarios célebres (Siracusa, Mileto, Jonia, Persia, Babilonia), suspense y final feliz, en una trama liberada del trasfondo mítico. Es una narración de buen estilo y notable calidad poética. Las Efesíacas de Jenofonte de Éfeso, el segundo novelista griego, siguen la línea iniciada por su ilustre antecesora y consolida el surgimiento de este género en la Antigüedad tardía. La narración romántica de amor y aventuras está exenta de pretensiones retóricas y cuenta con una trama sencilla y un estilo directo. Los escenarios también son exóticos (Éfeso, costa jonia, Egipto, Sicilia, Rodas) y se impone el final feliz. Su elemento más novedoso es el trasfondo religioso, con la intervención de la diosa Isis y Apolo-Helios.

  • Discursos I
    Discursos I
    Discursos I

    Este primer volumen, precisamente, incluye su Panatenaico, texto sentido y de gran riqueza en alabanza de Atenas, que contrasta con las habituales muestras puramente formularias del género laudatorio; se completa con Contra Platón: en defensa de la Retórica, donde Aristides arremete contra el prestigio de los filósofos y ensalza a los grandes oradores. Durante el siglo II d.C., en el territorio griego sometido al Imperio Romano, se vivió la época denominada Segunda Sofística, un renacimiento cultural en que la retórica se fijó en los modelos clásicos y los grandes prosistas prescindieron de sus inmediatos predecesores helenísticos para copiar y comentar a los autores del período áureo ateniense. En este contexto se destacó el sofista y retórico Elio Arístides (117-189 d.C.), que gozó de enorme fama en la Antigüedad: como himnógrafo, diarista, panegirista, consejero y declamador, es una figura clave en la transmisión del helenismo. Tras cursar estudios en Atenas y Pérgamo, viajó a Egipto, Cícico y Roma, en una serie de viajes que le aportó una visión general del hombre y sus sociedades. Vivió muchos años en la costa jonia –Esmirna, Pérgamo, Éfeso–, ejerciendo como conferenciante y maestro. Enfermo, tal vez hipocondríaco supersticioso, fue a Pérgamo para pedir curación al dios Asclepio, y en esta ciudad permaneció diez años a la espera de un remedio que, a su parecer, se le fue revelando en una serie de sueños. Mientras aguardaba estableció relación con varios personajes eminentes del Imperio Romano que también acudían a Pérgamo y a Asclepio: Marco Aurelio, por ejemplo, quien para complacerle reconstruyó Esmirna después de un terremoto. Entre los temas recurrentes y predilectos de sus discursos figuran los piadosos, reflejo de su intensa vida espiritual (que algunos calificaron de superstición), con una serie de himnos en prosa a dioses y diosas, la alabanza de la armonía cívica, la historia clásica y los panegíricos de ciudades, dentro de la tradición encomiástica.

  • Discursos I-V
    Discursos I-V
    Discursos I-V

    La apasionante figura del emperador Juliano, el Apóstata, con su amor por la literatura clásica y el paganismo en la era cristiana, ha sido evocada literariamente por autores contemporáneos como Ibsen, Kazantzakis, Anatole France y Gore Vidal. El emperador Juliano (332-363 d.C.), a quien los cristianos llamaron el Apóstata por su rechazo de la fe cristiana, es un llamativo personaje de las postrimerías del mundo pagano, en un tiempo en que el gran legado cultural helénico se resiste por última vez a ceder la hegemonía cultural al cristianismo. Juliano, formado en la literatura clásica y las concepciones paganas, abandonó con pesar sus estudios cuando se le proclamó César y después Augusto. En el poder, profesó sin disimulo su paganismo, instauró la tolerancia religiosa y recuperó templos y cultos helenos. Defensor de una causa perdida, entre el Edicto de Milán de 313 sobre libertad de culto y el de Teodosio (380) que instaura el cristianismo como religión única del Imperio, su intento de restaurar las viejas creencias en los dioses del Panteón pagano aparece como un patético error histórico. Juliano fue un gran escritor. Su obra, compuesta en las urgencias de la vida política, forzada a veces al disimulo y al enmascaramiento cortesano, en un ambiente de odios e hipocresías, deja entrever sin embargo su espíritu intenso y su idiosincrásica personalidad. Este volumen contiene los cinco primeros grandes discursos de Juliano que conservamos: Elogio del emperador Constancio (panegírico escrito a la muerte de éste, en el que recuerda sus virtudes y las de su antecesor Constantino) Elogio de la emperatriz Eusebia, Sobre las acciones del emperador o Sobre la realeza, Consolación a sí mismo por la marcha del excelente Salustio, Al Senado y al pueblo de Atena.

  • Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural.
    Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural.
    Acerca de la generación y la corrupción. Tratados breves de historia natural.

    Este volumen incluye un estudio sobre el proceso de cambio y transformación en el mundo sublunar y varios escritos breves de temática psicológica, emparentados tanto con Acerca del alma como con los tratados de ciencias naturales de Aristóteles. Acerca de la generación y la corrupción es una obra breve pero densa, que trata una parte importante de la filosofía natural de Aristóteles: la estructura del mundo sublunar y el proceso de cambio que en él se produce, cuyo fundamento racional se quiere detectar y comprender a fin de probar la integridad del ser frente a la apariencia disolutoria de la diversidad y las mutaciones. Este tratado sigue el mismo método que la mayoría de escritos aristotélicos: tras enunciar el propósito y el contenido, se examinan y someten a crítica las doctrinas anteriores sobre la cuestión, y se procede al estudio de ésta según las concepciones y observaciones propias. En los Tratados breves de historia natural, indagaciones acerca de diversos fenómenos fisiológicos y psíquicos, se incluyen estudios sobre la sensación y lo sensible, la memoria y la reminiscencia, el sueño y la vigilia, los ensueños, la adivinación por el ensueño, la longevidad y la brevedad de la vida, la juventud y la vejez, la vida y la muerte y la respiración. En la interpretación moderna (no necesariamente en su génesis) estos pequeños estudios forman un conjunto, no sólo por las referencias entre unos y otros, sino porque en el primero se plantean algunas operaciones comunes al alma y al cuerpo que constituyen el objeto de los tratados siguientes. En su forma actual proporcionan una especie de "curso" complementario del tratado Acerca del alma (aparecido en esta misma colección). Parten del principio de que los fenómenos psíquicos pueden explicarse como procesos puramente físicos, y responden al proyecto aristotélico de situar los problemas relativos al alma humana en el marco general de los seres vivos. Por eso, además de con Acerca del alma, estos tratados están muy relacionados con los varios de ciencias naturales que escribió el Estagirita.

  • Comedias I
    Comedias I
    Comedias I

    Plauto, el más hilarante comediógrafo latino, adaptó con originalidad las obras de la Comedia Nueva griega, y su influencia se extiende hasta El avaro de Molière y la faceta cómica de Shakespeare. Las veinte comedias que se nos han conservado de Plauto (h. 250-184 a.C.), todas ellas adaptaciones de la Comedia Nueva griega, bastan para asegurar al autor su puesto de máximo comediógrafo latino. Con un uso muy libre y animado de los originales, simplificando la trama para agradar a un público romano popular, Plauto cosechó un éxito inmediato. Sus comedias plantean situaciones típicas o descabelladas, personajes prototípicos, chistes groseros, equívocos, enredos y todo un arsenal de recursos escénicos destinados a suscitar risotadas inmediatas, algunos de los cuales las convierten en comedias musicales. Plauto es un maestro en el uso del lenguaje coloquial, y no se abstiene de incurrir en obscenidades y groserías. Es un fino psicólogo que revitaliza los personajes de las comedias griegas: jóvenes calaveras, prostitutas, alcahuetas, traficantes de esclavos, viejos verdes, parásitos, soldados fanfarrones, etc. El genio de Plauto consiste en el juego constante que mantiene con el público acerca de la realidad y la ilusión, en su capacidad de extraer todas las posibilidades de las situaciones y los personajes, en la variedad de registros lingüísticos que usa con absoluto desparpajo y maestría. Este primer volumen incluye Anfitrión (una de las comedias más famosas de Plauto y la única de tema mítico, Sobre el nacimiento de Hércules, llamada "tragicomedia" porque en ella intervienen personajes trágicos), La comedia de los asnos o Asinaria (con personajes típicamente plautinos: el servus currens, la tercera exigente y calculadora, el padre rival de su hijo en amores, la esposa detestada), La comedia de la olla (historia de un viejo avaro que, por miedo obsesivo a perder un tesoro, lo acaba echando a perder), Las dos Báquides (con dos seductoras cortesanas hermanas, dos jóvenes enamorados, dos padres vigilantes y un esclavo astuto que hace y deshace a su antojo), Los cautivos (una excepción en Plauto, pues hace llorar en vez de reír) y Cásina (hilarante pieza con dos viejos y sendas esposas, dos esclavos y la pareja invisible de Cásina y Eutinico, con los enredos, amoríos y celos de rigor).

  • Vida de Apolonio de Tiana
    Vida de Apolonio de Tiana
    Vida de Apolonio de Tiana

    Este relato, entre la biografía y la ficción novelesca, evoca a uno de los personajes más misteriosos del siglo I, a quien algunos contemporáneos atribuyeron poderes sobrenaturales. Filóstrato (Lemnos c. 165 d.C.-c. 245) es, junto con Dión de Prusa y Elio Arístides, uno de los principales representantes de la Segunda Sofística, primer renacimiento de los ideales clásicos, en el siglo II de nuestra era. Su Vida de Apolonio es una biografía paranovelesca de uno de los personajes más singulares del siglo I, místico y taumaturgo, filósofo pitagórico, viajero, casi un chamán con rasgos orientales. El libro está escrito para Julia Domma, segunda esposa de Septimio Severo, a quien, al igual que a su hijo Caracalla, fascinaba este mago capadocio. La Vida abunda en hechos y descripciones maravillosos de tierras exóticas y se asemeja mucho a la novela griega y la literatura de viajes ficticios, al tiempo que adopta algunos rasgos de las vidas de santos y de los evangelios. La obra alcanzó tanta fama que durante un tiempo llegó a proporcionar a los paganos una figura opuesta a Cristo.

  • Poemas I
    Poemas I
    Poemas I

    Claudiano, griego alejandrino nacido a finales del siglo IV d.C., es considerado el último poeta clásico de Roma. Claudio Claudiano es el último gran poeta latino de la tradición clásica. Nacido en Alejandría a finales del siglo IV d.C., se trasladó a Italia y pasó a componer en latín. Pronto cosecharía gran éxito como poeta de corte: un poeta profesional y oficial laureado, que hacía panegíricos sobre acontecimientos públicos. Labró su posición con piezas en honor del emperador Honorio y de sus ministros, así como un célebre panegírico del general y regente Estilicón. Cabe mencionar también, en su producción, ataques contra los enemigos de Honorio. Aunque la corte del emperador era cristiana, la poesía de Claudiano está adherida a la antigua religión pagana. No era un pensador político original, ni sus mecenas esperaban que lo fuera, pero sabía elegir bien en el bagaje de la tradición literaria latina aquello que más convenía para realzar cada pasaje. Claudiano hace gala de una sentida admiración por el Imperio Romano, expresada con maestría retórica, gran manejo de la oratoria y un empleo excelente del lenguaje tradicional de la épica latina. En sus panegíricos e invectivas abundan las alegorías y las referencias mitológicas. Aportó nuevo vigor a la poesía latina con su propia brillantez y los nuevos planteamientos que llevó del mundo griego.

  • Ciropedia
    Ciropedia
    Ciropedia

    Jenofonte compone una imagen idealizada de Ciro el Grande, rey de Persia, con una intención didáctica y moralizante: mostrar en qué consiste y cómo se forma el gobernante virtuoso. En ello se advierte, como en Platón, el magisterio de Sócrates, maestro de ambos. Hijo de una Atenas que iba perdiendo su antiguo esplendor, Jenofonte (h. 430-354 a.C.) es uno de los mejores prosistas áticos y un muy lúcido testigo de su época. Aventurero y escritor, discípulo de Sócrates, apasionado de la historia, la educación, la equitación y la caza, trató todos estos intereses particulares en sus diversas obras. La Ciropedia ("educación de Ciro") es una suerte de novela de formación protagonizada por Ciro el grande, rey de Persia, de intención moral y didáctica, en el que Jenofonte se propone componer un "espejo de príncipes". Para ello crea un personaje idealizado, el perfecto estadista, gobernante y general, de hábitos un tanto espartanos y notable magnanimidad. Con ello el autor pone de manifiesto la influencia del magisterio de Sócrates, de quien fue discípulo, en su concepción de la educación para la virtud, la areté (concepción análoga a la que Platón argumentó en La República, escrita en la misma época). En su exposición del modelo, Jenofonte describe la constitución y el sistema educativo de Persia, preceptos y tácticas militares, y todo cuanto contribuye a la formación de un gran gobernante. Jenofonte supo amenizar su tratado ejemplarizante con una variada colección de recursos narrativos (cuento popular, biografía y romance), que se combinan con la narración política y militar.

  • Vida de Constantino
    Vida de Constantino
    Vida de Constantino

    Primera biografía del primer emperador cristiano, narrada por un conocido. La Vita Constantini es una ‹‹encomiastiké tetrábiblos›› (panegírico en cuatro libros), como definió Focio la última obra de Eusebio, obispo de Cesárea de Palestina, publicada póstumamente, sin pulir, por su sucesor y albacea Acacio, en torno a los años 340-341, poco después de la muerte de su autor. El texto relata la vida piadosa de Constantino Magno, muerto el 22 de mayo del 337, en Anciron, suburbio de Nicomedia, de regreso de una cura de aguas medicinales, que de poco le sirvieron. Su importancia estriba en que es la primera biografía del primer emperador cristiano, narrada por un contemporáneo adicto que lo conoció personalmente.

  • Obras morales y de costumbres (Moralia) IV
    Obras morales y de costumbres (Moralia) IV
    Obras morales y de costumbres (Moralia) IV

    El volumen IV de los Moralia consiste en las Charlas de sobremesa (Quaestiones convivales), pertenecientes al género del simposio cuyo máximo exponente es El banquete platónico. En nueve libros, Plutarco escenifica una serie de diálogos entre personajes de variada cultura y formación, aunque siempre por encima de un mínimo, en el que se tratan los más variados asuntos, que la crítica ha catalogado y distribuido de la siguiente manera: un tercio relacionados con las ciencias naturales y la medicina, un tercio concernientes a la gramática y la historia, y el resto repartidos entre astronomía, psicología, poesía, mitología, filología, música y demás disciplinas. Esta riqueza temática, que mantiene concentrada la atención del lector, se corresponde con la variedad estilística, pues Plutarco ensaya los tratamientos más heterogéneos: el diálogo con detalles sobre los participantes, las diatribas, los monólogos extensos y los apuntes impresionistas, todo ello en medio de una abundancia de personajes que se aparta del modelo platónico, donde más bien se da una contención en el número de contertulios. En las Charlas de sobremesa Plutarco ha alcanzado su estilo de madurez, y se muestra dueño de sus recursos expresivos y compositivos, al tiempo que se confirma seguidor, en lo esencial, de la doctrina platónica, y contrario a la retórica, la sofística y el epicureísmo.

  • Reproducción de los animales
    Reproducción de los animales
    Reproducción de los animales

    Aristóteles examina en este tratado el origen del principio vital en los seres vivos, a cuyas manifestaciones ya a dedicado varios estudios. Si los demás trabajos de biología aristotélicos se interesan por el principio que anima a los seres vivos, Reproducción de los animales indaga acerca del origen del principio animador: ¿cómo nacen a la vida los seres? Aristóteles se distancia del punto de vista platónico de que la vida empieza cuando el alma entra en el cuerpo y sostiene que las potencias del alma son principios corporales. Aristóteles (que no en vano era hijo de médicos) adopta en este punto, al igual que en cuestiones de nutrición, reproducción, percepción y movimiento, una perspectiva biológica antimetafísica. Pero cambia de punto de vista cuando se llega a la facultad superior, el pensamiento, del que admite que procede del exterior y es de naturaleza divina.

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