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El Sur seguido de Bene
El silencio de las sirenas
Estela del fuego que se aleja
Serie de libros electrónicos30 títulos

Narrativas hispánicas

Calificación: 3 de 5 estrellas

3/5

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Información sobre esta serie

Una novela coral y virtuosa, atípica e irónica, que traza un mapa urbano y dibuja una geografía de sentimientos, carencias, incertidumbres, ambiciones.

¿Es Coincidencias propiamente una novela? Lo es, pese a que en un principio a más de un lector pueda parecerle algo atípica. Hasta que, estimulado por los golpes divertidos, desopilantes, del relato, la acepte sin problemas como tal. Y no ya porque cumple con todos los rasgos que caracterizan al género, sino porque la aparente dispersión inicial propia de una narración colectiva termina por configurarse en un todo estructurado y coherente.

Si bien el tipo de comicidad no es aquí la que predomina en las obras de Luis Goytisolo, sí lo es algo que despunta en muchas de ellas: un humor que no es el que procede de la observación irónica de la realidad narrada sino del estallido hilarante de lo absurdo. Experimentados hombres de negocios y jóvenes emprendedores, adolescentes de ambos sexos sumidos en su dependencia del móvil y en sus escabrosas fantasías, paseantes solitarios atentos a la realidad que los rodea, selectas dinastías familiares de clase alta y solitarios automovilistas que descargan sobre el tráfico urbano el mal humor que impregna su vida cotidiana: todo de una actualidad que, con diversas variantes, viene siéndolo desde siempre.

Como bien apuntó Mario Vargas Llosa en relación con un texto de similares rasgos: «El autor se divierte y nos divierte y, sin embargo, al final de la carcajada, en los pliegues de la sonrisa, descubrimos de pronto un desagradable sabor, algo viscoso e inesperado, sin duda: ¿quién se está riendo de quién, de quién nos estamos riendo, hay motivos para reírse?»

Una novela coral y virtuosa, que, impulsada por un ritmo sin tregua, traza un mapa urbano y dibuja una geografía de sentimientos, carencias, incertidumbres, ambiciones; una pieza cuyo sutil engranaje muestra, una vez más, el portentoso dominio narrativo de un Luis Goytisolo que deslumbra.

IdiomaEspañol
Fecha de lanzamiento26 jul 2007
El Sur seguido de Bene
El silencio de las sirenas
Estela del fuego que se aleja

Títulos en esta serie (40)

  • Estela del fuego que se aleja
    Estela del fuego que se aleja
    Estela del fuego que se aleja

    Treinta años después de su primera edición, la recuperación de Estela del fuego que se aleja la señala como una novela asombrosamente vigente, que conserva intacta la dinamita de su humor despiadado y su capacidad de interpelar perturbadoramente al lector.

  • El Sur seguido de Bene
    El Sur seguido de Bene
    El Sur seguido de Bene

    Este volumen incluye dos novelas cortas, la primera de las cuales, El Sur, dio origen al guión de la película del mismo título dirigida por Víctor Erice. Tanto esta historia como la que se cuenta en Bene se caracterizan por su magnetismo narrativo, basado en la especial habilidad de Adelaida García Morales para rodear de un aura de misterio a ciertos personajes masculinos en torno a cuya ausencia teje cada una de las narraciones. Ausencia física pero presencia de sombra, añorada en un caso, ominosa en el otro, cuyo peso se hace sentir doblemente a causa de su misma realidad fantasmagórica. Moviéndose en un territorio que bordea las simas del incesto y del mal contempladas desde la pureza amoral de la adolescencia, estos dos relatos adentran al lector en regiones poco transitadas por nuestra literatura, y situaron a su autora en un lugar destacado.

  • El silencio de las sirenas
    El silencio de las sirenas
    El silencio de las sirenas

    En el ambiente misterioso de una perdida aldea de Las Alpujarras, donde parece flotar todavía la magia de los antiguos dominadores musulmanes, una joven forastera vive una extraña, desmesurada y desesperada historia de amor con un hombre al que apenas conoce y que reside en la lejana Barcelona. Éste es, en síntesis, el hilo narrativo de El silencio de las sirenas, la obra ganadora del III Premio Herralde de Novela. Aunque el personaje central y su pasión sean sublimemente románticos, Adelaida García Morales cuenta esta historia por medio de la voz interpuesta de María, la maestra del pueblo, lo cual le permite establecer una medidísima relación de distancia y, a la vez, complicidad con los hechos contados y demuestra que es cierto lo que ya se intuía tras la lectura de El Sur seguido de Bene: que nos encontramos ante una narradora, de una sensibilidad exacerbada, dotada de un talento muy personal. Con esta historia apasionada, Adelaida García Morales no sólo confirma la calidad de su obra, sino que da un paso adelante que la sitúa entre las más interesantes revelaciones de la narrativa española de los años ochenta.

  • La ciudad de las palomas
    La ciudad de las palomas
    La ciudad de las palomas

    Con el pulso firme del escritor que ha llegado a su más plena madurez, Javier Tomeo vuelve a narrar en La ciudad de las palomas la historia de un solitario. Pero si en la novela que le consagró, El castillo de la carta cifrada, se trataba de una soledad voluntaria, aliviada además por la presencia de un criado, ahora el planteamiento se ha radicalizado, pues el solitario protagonista de esta historia es, junto con las palomas, el único habitante de una ciudad bruscamente abandonada por el resto de sus pobladores. En el mundo fantasmal que resta no queda más compañía que la de las ubicuas palomas (siempre algo ominosas, vigilantes descfe el rojo de sus pupilas) y la del ojo ciego de una pantalla de ordenador en la que, por otro lado, tan sólo se abre el vertiginoso espacio de la fantasía. Metáfora de la condición del hombre moderno, La ciudad de las palomas comparte con las anteriores obras de Tomeo el prodigio de su imaginación, capaz de obtener el más inesperado desarrollo de una situación de partida aparentemente limitada; la delicia de su estilo, siempre sencillo y fluidísimo, atento al matiz y proclive al guiño retórico; y, sobre todo, la poderosa fuerza simbólica de uí),as historias en las que el absurdo kafkiano adquiere un personalísimo tratamiento. La obra narrativa de Javier Torneo, próxima ya su edición en los Estados Unidos, ha sido unánimemente celebrada por la más exigente crítica española y europea.

  • Vida privada
    Vida privada
    Vida privada

    Una letra de cambio impagada, detonante de un chantaje de trágicas consecuencias urdido por un gigoló nihilista, levantará los tejados de la alta sociedad barcelonesa de los años treinta –la que todavía frecuentaba el Colón y la Maison Dorée, jugaba a encanallarse en el Gambrinus o La Criolla y asistía, con una mezcla de desdén y pánico, a los cambios provocados por la Exposición Universal y el paso de la dictadura a la República–, revelando un universo decadente de aristócratas arruinados, entretenidas de oropel, parvenus impresentables y asfixiante miseria moral. En 1932, el irrepetible Josep Maria de Sagarra –el poeta más popular de Cataluña, el traductor de Dante y de Shakespeare, el dramaturgo más aplaudido y el periodista más leído de su tiempo– se encerró durante dos meses en la biblioteca del Ateneo para demostrar que la «Gran Novela Catalana» era posible, y lo consiguió: Vida privada se convirtió en el mayor éxito novelístico de la época; obtuvo el Premio Creixells de aquel año, vendió más de cinco mil ejemplares... y ocasionó un escándalo equiparable al de Plegarias atendidas de Truman Capote, que le valdría a su autor, aristócrata de nacimiento, la excomunión de todos aquellos que se reconocieron en las páginas del libro. Su pluma, cargada con la misma gasolina que gastaba Paul Morand, perfumada con el volátil alcohol de monóculo de Valery Larbaud, a caballo entre la evocación proustiana y la crónica contrapuntística a la manera de Huxley, levantó acta de las convulsiones de su tiempo y compuso la elegía de su perdida patria espiritual: el ochocentismo, que por azares de la historia perduraría en la sociedad barcelonesa hasta el fin de la Gran Guerra, y cuya esencia cristaliza en el personaje más emblemático del libro, Pilar de Romaní, condesa de Sallent, cuya muerte cierra la historia y clausura una época. Pese a su deslumbrante prosa y su gran altura literaria, Vida privada fue calificada de «escandalosa e inmoral», y no fue autorizada por la censura franquista (y con no pocos cortes) hasta bien entrada la década de los sesenta, para ser descubierta por una generación de novelistas (Juan Marsé, Vázquez Montalbán, Terenci Moix, Eduardo Mendoza, Félix de Azúa y un largo etcétera) que no dudó en reivindicarla como lo que es: un clásico incontestable de la novelística europea.

  • El triunfo
    El triunfo
    El triunfo

    El debut de Casavella: una historia urbana, llena de música y ritmo, sobre venganza y degradación. Palito, bufón o «niño de los azotes» de una corte monipódica, coeur simple lleno de miedo, vino y rumba, nos relata sin él saberlo, o sabiéndolo demasiado bien, la descomposición del poder en un barrio marginal y la ejecución de una venganza. Con sus inseparables y casi fantásticos amigos el Tostao y el Topo, callejeará por ese territorio donde antaño señoreó el Gandhi, cutre y decadente capo local, y será testigo del enfrentamiento de éste con el Nen, un Hamlet del arroyo que sólo desea ajustar cuentas con aquellos que antaño condenaron a su padre, el Guacho. El marco casi fantasmal que oculta esa tensa tragedia es un barrio donde, en sucesión vertiginosa, ocurren historias divertidas pero escalofriantes, interminables fiestas al compás de las guitarras y los tiroteos y súbitas cuchilladas en el primer callejón. Un barrio y unos personajes que sólo es aconsejable frecuentar en las páginas de esta deslumbrante novela, con la que Francisco Casavella ponía los fundamentos de un fenomenal y personalísimo edificio narrativo que se iba a levantar sobre una tradición asumida y reformulada, hecha de referentes propios y ajenos; sobre una prosa capaz de engarzar lirismo y coloquialidad con una destreza pasmosa; sobre una habilidad narrativa inapelable, atenta siempre a las calles menos transitadas de la ciudad, a sus rincones oscuros y actores inadvertidos. Una novela con ritmo de canción y latido urbano; un triunfo que sigue manteniéndose intacto.  

  • Un enano español se suicida en Las Vegas
    Un enano español se suicida en Las Vegas
    Un enano español se suicida en Las Vegas

    Redonda y excitante, cinematográfica y sorpresiva: la novela que confirmó el talento de Francisco Casavella. Para Ignacio Losada, los sucesivos y descacharrantes reencuentros con Carlos, su hermano mayor, un jugador yeyé en las últimas, supondrán bastante más que el ejercicio de la piedad con alguien acosado, simultáneamente, por la sed metafísica y un ejército de matones; una transferencia de gestos y culpas le enfrentará a la fragilidad de sus entusiasmos y al presagio constante de la tragedia, para depositarle bruscamente en los demasiado ciertos páramos de la edad adulta. Entre trepidantes aventuras en el bajo mundo barcelonés, reservados dudosos y tugurios, ardides, fugas y envites, bajo la invocación de Chester Winchester, el enano español que se suicidó en Las Vegas tras el logro de un imposible en la mítica del jugador, los dos hermanos rendirán tributo al azar y al cálculo, que han hecho de ellos lo que son y lo que serán en una ciudad en la que, en palabras de Alfonso Costafreda, «todo temor mío encuentra aquí su nombre». Una espléndida e inquietante novela con la que Francisco Casavella confirmaba plenamente las esperanzas suscitadas por El triunfo, su celebrada ópera prima; una pieza tan excitante como equilibrada, llena de giros sorprendentes y mecanismos cinematográficos, erigida sobre un subtexto de mentiras, imposturas, ficciones, falacias. Con encendida viveza y estimulante variedad de registros, he aquí una de las obras más redondas de un autor que dejaba con ella de ser promesa para convertirse en realidad palpable, que el paso de los años no ha hecho más que ratificar.

  • El arte de la fuga
    El arte de la fuga
    El arte de la fuga

    El arte de la fuga, «uno de los libros imprescindibles de la literatura mexicana» (Pedro Ángel Palou, La Jornada), «confirma algo que público y crítica sabían desde hace tiempo: Sergio Pitol es uno de los narradores mayores de las letras mexicanas» (Juan José Reyes, Crónica), «uno de los narradores hispanoamericanos fundamentales por su originalidad, humor y diversidad» (Miguel Ángel Quemain, El Nacional).  Los manuales de música clásicos definían la Fuga como una «composición a varias voces, escrita en contrapunto, cuyos elementos esenciales son la variación y el canon», lo que hoy día se podría interpretar libremente como la posibilidad de una forma mecida entre la aventura y el orden, el instinto y la matemática, la liturgia y el bataclán. El personaje central de este libro -suponemos que el propio autor-, una criatura tan indefensa como los más indefensos personajes dickensianos, pero a diferencia de ellos acorazado como un guerrero cuyas armas fueran el estupor y la parodia, se fuga de una celda para encontrarse prisionero en otra que podría ser el paraíso, aunque él se encargará de convertir ese Edén en un sitio irrisorio pero a la vez entrañable. El arte de la fuga se convierte en un galope acelerado que en su trayecto confunde regocijadamente todas las instancias, remueve las fronteras, niega los géneros. Uno cree internarse en un ensayo para de pronto encontrarse en un relato, que se mutará en la crónica de una vida, el testimonio de un viajero, de un lector hedonista y refinado, de un niño deslumbrado por la inmensa variedad del mundo. Si «todo está en todo», como se afirma a menudo en estas páginas, la fuga se vuelve también un irónico paseo por los vasos comunicantes que transforman lo unitario en lo diverso y las periferias en el centro. El elenco cultural es amplísimo, como también la geografía. No hay cronologías que valgan: todo está en todo, desde la infancia veracruzana del autor hasta el testimonio de su viaje a Chiapas, después de la insurrección zapatista, pasando por su larga y feliz estancia en Barcelona. «Uno», dice Pitol, «me aventuro a creer, es los libros que ha leído, la pintura que ha visto, la música escuchada y olvidada. Uno es su niñez, su familia, unos cuantos amigos, algunos amores, bastantes fastidios. Uno es una suma mermada por infinitas restas». Señala Carlos Monsiváis: «En El arte de la fuga, la suma que es Sergio Pitol se añade a nuestras experiencias de lectura más fluidas y estimulantes.»

  • Cuatro amigos
    Cuatro amigos
    Cuatro amigos

    Detrás del desmadrado viaje de vacaciones de cuatro amigos veinteañeros, se esconde una historia de amor. El protagonista, Solo, se suma a la juerga continua y al gamberrismo andante de sus inseparables compañeros tratando de huir del recuerdo de Bárbara, pero cada paso le acerca más a ella, al amor de su vida. La exaltación de la libertad, de la juventud, de la adolescencia eterna termina por recordarles que todo se acaba, que tras las carcajadas asoman las frustraciones. Cuatro amigos es el relato agridulce del final de una época, de una edad. David Trueba reincide con su segunda novela en el contraste de tonalidades, entre la pura comedia disparatada y el más desatado romanticismo, y despliega de nuevo su talento narrativo en un espacio muy poco transitado en la nueva literatura española. Con Cuatro amigos, David Trueba confirma, pues, las grandes expectativas suscitadas con Abierto toda la noche, su primera novela, tan celebradaa por la crítica nacional e internacional en sus varias traducciones: «Una orgía de carcajadas» (Der Spiegel); «Transmite al lector el mismo placer con el que fue escrita» (Le Monde).

  • El viaje
    El viaje
    El viaje

    Sí, en efecto, Sergio Pitol ha vuelto a recorrer algunos de sus territorios que suponíamos había perdido. En esta aparición nos confía algunos trozos de sus diarios de viaje. Concretamente uno que va de Praga al Cáucaso, a Tiflis, la capital de Georgia, pasando por Moscú y por la ciudad que entonces se llamaba Leningrado, en un aparente despertar de primavera. Parece que la intención del autor consiste en describir con un lenguaje preciso, ático clásico, sus peripecias de viajero, hasta que, de pronto, se introduce en esa prosa gélida por fisuras invisibles, como por mero azar, una nota excéntrica, al inicio ligeramente, para después, casi de inmediato, fortalecerse sin saberse cómo, y transformar todo en un galope delirante, ebrio, enloquecido de escenas grotescas, de calamidades regocijantes, de un anárquico delirio que puede desconcertar a quienes desconocen el teatrum pitolorum, pero aún así regocijarlos ampliamente.  Los diarios están arropados de una substancia generada en la propia escritura. En ellos aparece, por todas partes, el sacro bosque literario ruso. Clásicos, románticos y simbolistas y vanguardistas aparecen en un magno desfile carente de cronología: Dostoievski, Tolstói, Pushkin, Pasternak, Bely, Pilniak, Shklovski, Lérmontov, Tsvietáieva y Ajmátova, Bulgákov, Nabokov, Bajtin y compulsivamente Gógol, y aún más el inmejorable Chéjov, el predilecto; el abigarrado altar que guarda las figuras que Pitol reverencia, pero también los recuerdos de otras varias estancias en aquel mundo, como agregado cultural, como turista, como estudioso y últimamente como invitado de los descendientes de Tolstói, y todavía más, de sus sueños demenciales, de la pasión por sus amigos, de sus perplejidades ante el laberinto del alma rusa (esa matrioshka sin fondo donde todo aparece y desaparece a la vez), de sus obsesiones escatológicas que le permitieron hacer en ese viaje el primer trazo de la que tal vez sea su mejor novela: Domar a la divina garza. El viaje es uno de los ejemplos más radicales del desvanecimiento de una realidad en la literatura y también el más perfecto, elegante y divertido modelo de una magistral construcción narrativa. «Lo que gobierna a El viaje es la voluntad de estilo: a Pitol no le interesa precisamente contar un paseo o reflexionar sobre unas lecturas o narrar algunas historias extravagantes, sino ensayar una prosa que le permita hacerlo todo al mismo tiempo. Lo que queda es una escritura larga y destilada, de respiración generosa, que recuerda a las páginas memorables del "Nocturno de Bujara", de Vals de Mefisto, uno de los mejores cuentos escritos por un mexicano durante el siglo pasado. Sergio Pitol no sólo es nuestro mejor narrador activo, también es el renovador más esforzado de nuestras letras. Toda una lección vital: el autor más joven y valiente de una literatura tiene casi setenta años» (Álvaro Enrigue, Letras Libres).

  • La buena letra
    La buena letra
    La buena letra

    Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. Sus palabras se convierten, por tanto, en duro legado para una nueva generación que quiere levantarse sobre la inocencia. La buena letra renuncia a narrar los grandes acontecimientos históricos para poner su foco de atención en lo íntimo y cotidiano, en el conjunto de gestos y silencios que marcan las vidas de unos personajes heridos por la traición y la deslealtad; los deseos frustrados y la desesperanza de un sufrimiento inútil en la medida en que sólo sirve para alimentar la voracidad de otros. Con este material, en el que tiene más peso lo que se intuye que lo que explícitamente se narra, La buena letra se convierte en deudora de la concepción balzaquiana según la cual la novela es la historia privada de las naciones y consigue descubrir los mecanismos que funcionan como silencioso motor de la historia, en cuyo devenir toda generación se levanta sobre las cenizas de otra y cada vez que el poder cambia de manos lo hace bajo el signo de la traición y de un sufrimiento que, siendo inútil, es también una forma descarnada de lucidez, de sabiduría. Chirbes maneja una voz que es emocionado espejo de la vida y, al mismo tiempo, construcción de un nuevo código desde el que leer el ayer convirtiéndolo en desolación de hoy.  «Chirbes profundiza en la dimensión filosófica de la literatura, vuelve a poner en danza el trinomio de la literatura mundial -el amor, el sufrimiento y la muerte-. Ha escrito una obra maestra» (T. Paprotny, Hamburger Abendblatt). «Novela dura, cualquier cosa menos "bella", demuestra de nuevo que Rafael Chirbes es uno de los escritores más serios en nuestro país en tiempos recientes» (Javier Alfaya, El Mundo).  «La impresión más sólida que produce la lectura de La buena letra es su convincente necesidad» (Francisco Solano). «Una voz original y fuerte... Hay que decir de entrada que Rafael Chirbes, con estas dos novelas, La buena letra y Los disparos del cazador, se ha situado entre los mejores novelistas españoles contemporáneos» (Martine Silber, Le Monde).

  • Los girasoles ciegos
    Los girasoles ciegos
    Los girasoles ciegos

    Este libro es el regreso a las historias reales de la posguerra que contaron en voz baja narradores que no querían contar cuentos sino hablar de sus amigos, de sus familiares desaparecidos, de ausencias irreparables. Son historias de los tiempos del silencio, cuando daba miedo que alguien supiera que sabías. Cuatro historias, sutilmente engarzadas entre sí, contadas desde el mismo lenguaje pero con los estilos propios de narradores distintos que van perfilando la verdadera protagonista de esta narración: la derrota. Un capitán del ejército de Franco que, el mismo día de la Victoria, renuncia a ganar la guerra; un niño poeta que huye asustado con su compañera niña embarazada y vive una historia vertiginosa de madurez y muerte en el breve plazo de unos meses; un preso en la cárcel de Porlier que se niega a vivir en la impostura para que el verdugo pueda ser calificado de verdugo; por último, un diácono rijoso que enmascara su lascivia tras el fascismo apostólico que reclama la sangre purificadora del vencido. Todo lo que se narra en este libro es verdad, pero nada de lo que se cuenta es cierto, porque la certidumbre necesita aquiescencia y la aquiescencia necesita la estadística. Fueron tantos los horrores que, al final, todos los miedos, todos los sufrimientos, todos los dramas, sólo tienen en común una cosa: los muertos. Pero los muertos de nuestra posguerra ya están resueltos en cifras oficiales, aunque ya es hora de que empecemos a recordar que sabemos. Éste es el primer ajuste de cuentas de Alberto Méndez con su memoria y lo hace emboscado en un flagrante intento de hacerlo desde la literatura. Premio Nacional de Literatura 2005, Premio de la Crítica 2005, Premio Setenil 2004.

  • Ahora tocad música de baile
    Ahora tocad música de baile
    Ahora tocad música de baile

    Proyectar el propio ser hacia un desdichado es asumir inmediatamente su desdicha; eso es lo que hacen los personajes de esta novela en torno al personaje catalizador y totémico de Inés Fonseca, cuando enferma de Alzheimer. La asunción, sin embargo, de dicha enfermedad precisamente en la persona que les ha conformado tal y como son, es una asunción del vacío en la que tanto ellos como ella deben ser reelaborados, recreados. Novela familiar, de hondo calado psicológico, en la que tres voces se alternan, Ahora tocad música de baile es ante todo una epopeya afectiva, y un fascinante estudio sobre la irreversibilidad de una enfermedad que impone su propia urgencia. La urgencia de saber quién se escondía verdaderamente tras el rostro vacío de quien se había creído amar o despreciar. La urgencia de sentenciarlo o perdonarlo. En palabras de Mercedes Monmany, «Andrés Barba es un hijo de Henry James moderno con una capacidad rotunda y perfeccionada de elaborar extraños e inquietantes mundos interiores. Una complejidad que se vuelca sobre lo inasible e incomprensible de la condición humana puesta al límite de ella misma».

  • Una mujer desnuda
    Una mujer desnuda
    Una mujer desnuda

    ¿Cuál es el precio del afecto y en qué moneda hay que pagarlo? ¿Qué pesa más, una caricia o el haber tenido que vaciarnos para conseguirla? A la larga, es inevitable descubrir que algunas monedas pesan mucho más de lo que nos han dado a cambio de ellas. Perder en el cambio y acostumbrarse a esa pérdida es la lección que Martina lranco, la protagonista de esta novela, aprende desde la infancia. Con las reglas del juego cosidas al forro del uniforme y la inocencia trastabillada, Martina se irá construyendo un decorado impecable mientras ocultamente satisface su necesidad de prodigarse en besos y caricias. Jugar al sexo como escondite. Ir creciendo con la idea de que el sentimiento es algo vergonzoso. Dedicarse a la búsqueda compulsiva de esos breves momentos en los que el roce de otra piel anula cualquier otra sensación. La paradoja de sentir para no sentir. Una mujer desnuda habla de nuestra urgencia vital por conseguir el afecto, de cómo aprendemos a ganarlo y de cómo podemos perdernos en su búsqueda; habla de la piel como lugar en el que se escribe el propio desarraigo, de darse cuenta al fin de que jugar a esconderse es una forma de vivir con las manos vacías. Una novela valiente, que pone al descubierto las fibras comunes de lo que debería ser una legítima necesidad y muestra los inútiles prejuicios con que la hemos ido deformando.

  • El viajero sedentario: Ciudades
    El viajero sedentario: Ciudades
    El viajero sedentario: Ciudades

    En El viajero sedentario el lector está invitado a un largo e intenso viaje a través del mundo. Chirbes empieza su paseo literario en las multitudinarias calles de Pekín y lo cierra en la contemplación de una bella y escéptica estampa mediterránea. De un extremo a otro del recorrido, media una educación sentimental. Proust dijo que las ciudades nunca son como las imaginamos antes de visitarlas. Escribir es salvar la distancia entre la imaginación y la realidad; entre lo que el viajero desea y lo que de verdad se encuentra cuando se abandona a la suerte de calles, plazas y gentes. Los mercados de Cantón, el esplendor del puerto de Hamburgo, mil veces París postal del Sena, música de mariachis en Guadalajara, el brillo deslumbrante de los rascacielos de Hong Kong, el fluir del tiempo en la Plaza Mayor de Salamanca o el desorden de la vida en Milán –por citar sólo algunas de las escalas de este largo viaje-, son escenarios que, a modo de espejos (y de espejismos), devuelven la historia íntima de una ilusión que el paso del tiempo y el conocimiento han ido tejiendo y destejiendo hasta componer una forma de enfrentar la vida. En esta mirada, la reflexión acerca de los mecanismos que construyen la ciudad (la historia, el poder, el dinero, las ideologías) se alterna con lecturas, paseos y experiencias. Capítulo tras capítulo, como si se tratara de una novela, este viajero sedentario nos muestra de qué modo ha aprendido lo que desconocía de sí mismo en el reverso de la ilusión de cada etapa. Después de sus espléndidas novelas, Rafael Chirbes nos brinda otra magnífica faceta de su talento de escritor.

  • El último lector
    El último lector
    El último lector

    La novela moderna es el ámbito donde la lectura está a punto de extinguirse y al mismo tiempo se erige como clave de bóveda, como el último lugar de negociación entre el ámbito literario y el de cada lector privado, encargado, como se sabe, de completar el sentido de la obra. Sólo vemos una vez a don Quijote leer libros de caballería y es cuando hojea el falso Quijote de Avellaneda, donde se cuentan las aventuras que él nunca ha vivido: precisamente en el momento en que la novela pone en escena su capacidad de absorber el mundo para ficcionalizarlo todo. Tenemos las fotos en que Borges intenta descifrar las letras de un libro que sostiene casi pegado a su cara; la de Joyce, un ojo tapado con un parche, leyendo con una lupa de gran aumento. Y hay una instantánea en la que el Che Guevara, trepado a una rama en plena selva boliviana., se concentra en la lectura. Tenemos a Kafka, sobre todo las cartas a Milena, en las que la lectura aparece como la forma de poner distancia con el mundo (incluso con la propia Milena). Y, por supuesto, a Anna Karenina, a Madame Bovary; a esos lectores tan locos, geniales e inadecuados como Hamlet y Alonso Quijano que son Bouvard y Pécuchet. ¿Qué significan estas escenas de lectura, escenas secundarias y casi irrelevantes para las tramas novelescas, pero en las que asoma su maquinaria escondida, su sistema secreto? Como en Formas breves y en Crítica y ficción (también publicados por Anagrama), Piglia vuelve a mostrar que es uno de los grandes maestros en la construcción de itinerarios insólitos para leer la literatura contemporánea: leerla no sólo en el sentido literal sino como estela de un recorrido en el que Walter Benjamín (a punto de morir en la frontera entre Francia y España) y Ernesto Guevara (perseguido por el ejército boliviano) se reflejan en su forma de aferrarse a su último tesoro: una maleta con sus últimos libros y escritos. O en la que el investigador privado (private eye, en su elocuente dehominación original) -figura esencial del género policial, del Dupin de Poe al Marlowe de Chandler- se define como un lector muy experto y entrenado, capaz de descifrar lo que pasa inadvertido a la mirada convencional. Y, en primera fila, la mirada de Borges, el lector ciego, para quien sólo es real lo que se hace presente en la lectura. El último lector es, como todos los libros de Piglia, un viaje apasionante, una invitación al laboratorio privado de uno de los escritores contemporáneos que lee con mayor lucidez. Pero a la vez se le agrega la intensidad de una sesgada e irresistible autobiografía, como el propio autor sugiere: «Mi propia vida de lector está presente y por eso este libro es, acaso, el más personal y el más íntimo de todos los que he escrito.»

  • Los mejores cuentos
    Los mejores cuentos
    Los mejores cuentos

    Dice Pitol que en unas vacaciones, solitario en una casa de campo, comenzó a escribir sus primeros cuentos. Debía de tener veintitrés o veinticuatro años. Pasaba allí la convalecencia de una ruptura amorosa, también la primera. Se proponía odiar al mundo, pero no lo conseguía. Por las mañanas escalaba las alturas de una cordillera donde se enclavaba su cabaña. En esos paseos intentaba rodearse de una aureola romántica, decadente, aun diabólica. Buscaba los acantilados más escabrosos, los más peligrosos, pero al llegar allí cualquier tentación tanática se disolvía de inmediato; le venían a la mente los acantilados de Devon y un viaje a Inglaterra: recorrer las mismas calles que James, la Woolf, Waugh, el doctor Johnson, Dickens, y entre ese deseo de viajar y la contemplación de un maravilloso paisaje -los bosques, algunos arroyos, una lejana iglesia del siglo XVI parecida a una fortaleza, muy cercana a un pequeño hotel donde descansaba Stravinski cuando iba a México-, se adormecía largo rato en la hierba, para después descender de la montaña, llegar, radiante de alegría, a su casa, ponerse a leer a James, Kafka, Faulkner, Borges, Rulfo, Onetti (aún no llegaba Chéjov). Una noche escribió un cuento, el primero, «Victorio Ferri cuenta un cuento», incluido después en casi todas las antologías del cuento latinoamericano, y otros más, todos amargos y crueles, sobre personajes tocados por el diablo. El aire de la montaña y la escritura nocturna desprendieron las toxinas malignas. Durante varios años escribió cuentos y luego novelas, y en los últimos años, libros donde varios géneros se entreveran con pericia e imaginación. Todo eso es el fruto de aquellos cuentos escritos hace casi cincuenta años.  Ahora, cuando Sergio Pitol se ha convertido en uno de los escritores latinoamericanos más imprescindibles de nuestro tiempo, ganador del Premio Juan Rulfo a la obra de una vida, nos complace presentar esta antología personal de sus mejores cuentos, encabezada por un extenso texto del gran escritor Enrique Vila-Matas.

  • Hipotermia
    Hipotermia
    Hipotermia

    El periodista de «La pluma de Dumbo», convencido desde joven de que algún día sería un gran escritor, escucha un comentario cáustico de su hijo sobre la gran novela que nunca llega; en «Inodoro», un electricista se queda dormido en la casa vacía donde está trabajando, y, cuando despierta, una chica de voz seductora lo llama desde el lavabo; Drake, el joven basurero abandonado por su mujer de «Ultraje» convierte por una noche el camión de la basura en un barco pirata. Y en «Extinción del dálmata» y «La muerte del autor» se cuentan los irónicos, terribles grandes finales de dos hombres, de dos antiguas lenguas que se extinguen con ellos. Pero en Hipotermia hay mucho más. Porque en este libro, entre relatos cerrados, apretados, redondos, que se anillan unos con otros y al hacerlo se resignifican, hay tres novelas reducidas a sus momentos climáticos: la del escritor de libros de autoayuda que, corrompido por las disciplinas que predica, destruye su universo emocional y acaba como profesor en Boston, el infierno; la del ejecutivo del Banco Mundial que de tanto fingir que es otro ya sólo puede percibir la realidad cuando viene mediatizada por la televisión, el teléfono móvil o el correo electrónico; y la de un historiador de la vida privada que, muerto espiritualmente, resucita como cocinero, artista del cadáver, el arte más glamouroso de la contemporaneidad, y es el protagonista de los deslumbrantes «Salida de la ciudad de los suicidas» y «Retorno a la ciudad del ligue», con los que concluye pero no se cierra este espléndido modelo de libertad narrativa que es Hipotermia, una novela integrada por relatos, según intención del autor.

  • Permiso para sentir: Antimemorias II
    Permiso para sentir: Antimemorias II
    Permiso para sentir: Antimemorias II

    Si para algunos es apenas un depósito de sombras -el desván donde van a parar los desechos de lo vivido-, para Alfredo Bryce Echenique la memoria es un riquísimo manantial en el que habitan hechos y personajes que la magia de su pluma trae de regreso a la vida. Permiso para sentir, segunda parte de sus Antimemorias -la primera se titula Permiso para vivir-, es, como la primera, una conmovedora evocación de episodios escogidos de la trayectoria vital y artística de nuestro gran escritor. Estos recuerdos, recientes o lejanos, hermosos o ingratos, plenos siempre de esa mezcla de sabiduría e ironía bryceanas, no se detienen en la anécdota, sino que ahondan en el lado humano de sus protagonistas y se proyectan, además, como un haz de luz sobre nuestra época. Esto último es particularmente notable en aquellas páginas sobre el Perú contemporáneo, en las que emprende un tierno y a la vez incisivo, e incluso, por momentos, feroz, pero siempre lúcido y honesto, ajuste de cuentas con su propio país.  Si hay algún escritor que desde sus obras, como desde una ventana, se ponga a conversar con el lector, ése es, sin duda alguna, Alfredo Bryce Echenique. Su humor, su bondad esencial, su peculiar pesimismo -que bien puede ser una forma de optimismo- crean una atmósfera íntima que su magnífica prosa no hace sino acentuar. Conjunción de literatura y vida, Permiso para sentir es un libro que tiene como destino inmediato el corazón de sus lectores, de los muchísimos lectores que tiene este extraordinario escritor.

  • El huésped
    El huésped
    El huésped

    La extraña historia de una niña habitada interiormente por un ser inquietante, quizás imaginario, quizás no. Ana sostiene una lucha silenciosa contra esa hermana siamesa, hasta que el huésped comienza a manifestarse en su entorno familiar de una manera devastadora. Alrededor de esa presencia se fraguan los acontecimientos de una vida, entre ellos las tragedias familiares, y su existencia como adulta. Ana sabe que, tarde o temprano, ocurrirá en ella un desdoblamiento. Esta novela describe un largo adiós al mundo de la vista y un encuentro con el universo de los ciegos, pero también con la cara subterránea y más recóndita de la ciudad de México. Los personajes, incluida la ciudad, se desdoblan en una confusión de reflejos, se mueven entre lo superficial y lo profundo, lo consciente y lo inconsciente, lo oscuro y lo luminoso, sin que sepamos nunca el territorio que pisamos. Son personas que, por una tara física o psicológica, no encuentran un lugar en el mundo y se organizan en grupos paralelos que imponen sus propios valores y que comprenden su rara belleza. La autora explora estos universos guiada por una intuición: en los aspectos que nos negamos a ver del mundo –o de nosotros mismos– se esconden las pautas que nos ayudan a sobrellevar la existencia. El huésped fue la primera e inquietante novela de la que, con el correr de los libros y de los premios, se ha convertido en una de las voces con más presente –y futuro– de la narrativa en español. La extraña historia de una niña habitada interiormente por un ser inquietante, quizás imaginario, quizás no. Ana sostiene una lucha silenciosa contra esa hermana siamesa, hasta que el huésped comienza a manifestarse en su entorno familiar de una manera devastadora. Alrededor de esa presencia se fraguan los acontecimientos de una vida, entre ellos las tragedias familiares, y su existencia como adulta. Ana sabe que, tarde o temprano, ocurrirá en ella un desdoblamiento. Esta novela describe un largo adiós al mundo de la vista y un encuentro con el universo de los ciegos, pero también con la cara subterránea y más recóndita de la ciudad de México. Los personajes, incluida la ciudad, se desdoblan en una confusión de reflejos, se mueven entre lo superficial y lo profundo, lo consciente y lo inconsciente, lo oscuro y lo luminoso, sin que sepamos nunca el territorio que pisamos. Son personas que, por una tara física o psicológica, no encuentran un lugar en el mundo y se organizan en grupos paralelos que imponen sus propios valores y que comprenden su rara belleza. La autora explora estos universos guiada por una intuición: en los aspectos que nos negamos a ver del mundo –o de nosotros mismos– se esconden las pautas que nos ayudan a sobrellevar la existencia. El huésped fue la primera e inquietante novela de la que, con el correr de los libros y de los premios, se ha convertido en una de las voces con más presente –y futuro– de la narrativa en español. s.

  • Bonsái
    Bonsái
    Bonsái

    Condenado a la seriedad y a la impostura, Julio, el silencioso protagonista de este libro, acaba convenciéndose de que es mejor encerrarse en su cuarto a observar el crecimiento de un bonsái que vagar por los incómodos caminos de la literatura. Es ésta, como dice el narrador, «una historia liviana que se pone pesada», un relato elíptico y vertiginoso marcado por la inquietante desaparición de una mujer. Jorge Luis Borges aconsejaba escribir como si se estuviera redactando el resumen de una obra ya escrita. Y eso es, precisamente, lo que ha hecho Alejandro Zambra en este libro que –del mismo modo que un bonsái no es un árbol– más que una novela corta o un relato largo es una novela-resumen o, justamente, una novela-bonsái. Bonsái, el brillante debut narrativo de Alejandro Zambra (que inspiró la película homónima de Cristián Jiménez, estrenada en la sección Un certain regard del Festival de Cannes 2011), no es solo, en palabras de Leila Guerriero para el epílogo admirado que acompaña a esta edición, «una primera novela (...) que viajó hasta hoy intacta en sus capacidades»: es la obra de «un escritor con oído absoluto», en la que «cada párrafo es imprescindible», a la que «nada le falta, nada le sobra»; es, en fin, literatura recorrida por una «escalofriante sensación de vida» que se ha convertido ya en un clásico contemporáneo.

  • Versiones de Teresa
    Versiones de Teresa
    Versiones de Teresa

    El amor, la atracción física y la fascinación que sienten Manuel y Verónica por la casi niña adolescente Teresa va más allá del amor. Más aún cuando descubrimos que Teresa es una deficiente mental, una disminuida. La imbricación de esos dos amores, de esas dos versiones del ser inexplicable y hermético que es Teresa, compone esta novela en la que confluyen a partes iguales la embriaguez y el canto con el pánico, la melancolía inmensa de vivir o de aprender a vivir con el terror a la transgresión y la aceptación de la culpa. En el centro, como un ser del silencio, Teresa seguirá intocada e intocable, inmóvil, aun cuando todo se precipite a su alrededor. Con un giro sorprendente a una prosa enriquecida de lirismo y rotundidad, Andrés Barba, el autor de la inolvidable La hermana de Katia, ha vuelto a crear unos personajes emocionantes e inaprensibles, una parábola de los ávidos de amor que se precipitan en el infierno y la plenitud de un amor que jamás se habrían atrevido a desear, pero para el que quizá habían sido elegidos. Esta novela fue galardonada, por unanimidad, con el Premio Torrente Ballester de Narrativa. Según subraya el acta del jurado, compuesto por Ángel Basanta, Mercedes Monmany, José Antonio Ponte Far, Amaia del Río, Félix Romeo, José María Paz Gago y Luisa Castro, «hay una maestría psicológica en el tratamiento valiente y comprometido de un tema tan delicado».de aprender a vivir con el terror a la transgresión y la aceptación de la culpa. En el centro, como un ser del silencio, Teresa seguirá intocada e intocable, inmóvil, aun cuando todo se precipite a su alrededor. Con un giro sorprendente a una prosa enriquecida de lirismo y rotundidad, Andrés Barba, el autor de la inolvidable La hermana de Katia, ha vuelto a crear unos personajes emocionantes e inaprensibles, una parábola de los ávidos de amor que se precipitan en el infierno y la plenitud de un amor que jamás se habrían atrevido a desear, pero para el que quizá habían sido elegidos. Esta novela fue galardonada, por unanimidad, con el Premio Torrente Ballester de Narrativa. Según subraya el acta del jurado, compuesto por Ángel Basanta, Mercedes Monmany, José Antonio Ponte Far, Amaia del Río, Félix Romeo, José María Paz Gago y Luisa Castro, «hay una maestría psicológica en el tratamiento valiente y comprometido de un tema tan delicado».

  • La enfermedad
    La enfermedad
    La enfermedad

    Ernesto Durán sabe que está enfermo. Aunque los resultados clínicos digan lo contrario, desde que se ha separado de su mujer y vive solo, padece todos los síntomas de un mal que, según sospecha, puede ser mortal. Su mente, más que su cuerpo, no puede mentirle. No es un caso de simple hipocondría. Su obsesión va más allá: tiene la certeza de que sólo hay un médico que puede salvarlo. Pero el elegido, el doctor Javier Miranda, en esos mismos momentos se enfrenta a una tragedia personal: un diagnóstico irrefutable que señala que su padre, que lo crió solo desde que murió su madre, cuando era un niño, y al que está muy unido, tiene cáncer, y le quedan pocas semanas por vivir. Mientras Durán necesita desesperadamente hablar de su caso, pronunciar sus dolencias, el doctor Miranda se siente rehén del silencio, es incapaz de hacer con su padre lo que siempre ha hecho con tantos pacientes: decir la verdad. La vivencia de la enfermedad en estas dos personas que ocupan posiciones tan distintas, el médico que sabe acerca de la vida y de la muerte y no quiere o no puede hablar, y el enfermo de angustia que sólo sabe que su sufrimiento no le deja vivir, es la columna vertebral que sostiene esta hermosa novela, madura, adulta, reflexiva y refinada, que nos susurra desde su primera página algo que personajes y lectores tenemos que asumir, algo que está en nuestra naturaleza: vivir mata. Un libro notable, escrito en un registro inusual en nuestra lengua, que mezcla lo profundo con lo veloz, que apela a las emociones pero también a la inteligencia del lector, y se adentra en las formas con las que Occidente, actualmente, le ha dado la espalda a la enfermedad y a la muerte, en un empeño insaciable por construir un ideal de bienestar físico que tiene poco que ver con la verdad de la condición humana. Desde distintas historias, conmovedoras y tiernas, divertidas y trágicas, Alberto Barrera Tyszka nos propone una versión de la existencia que asume su fragilidad, que entiende que la enfermedad no es una vergüenza, y que trata de encontrar en la palabra literaria una posible experiencia de salud. En cualquier caso, la lectura de esta novela es una experiencia difícil de olvidar.  «Pocos escritores han sido capaces de describir este doloroso viaje hacia el final con tantísima exactitud. El escritor venezolano dota a la enfermedad de un poder literario sin precedentes al considerarla lo que verdaderamente es: el síntoma último de la vida.» (Oriane Jeancourt Galignani, Transfuge)

  • La vida privada de los árboles
    La vida privada de los árboles
    La vida privada de los árboles

    Verónica tarda, Verónica se demora inexplicablemente y el libro sigue hasta que ella regrese o hasta que Julián esté seguro de que ya no volverá. Hacia el final, Julián quiere escribir y no ser escrito, pero esperar es dejarse escribir: esperar es seguir una constante deriva de imágenes. Entonces la historia comienza mucho antes de esa noche última, tal vez una tarde de 1984, con la escena de un niño mirando televisión. Y termina con las inevitables conjeturas sobre la vida de Daniela, la hija de Verónica, a los veinte, a los veinticinco, a los treinta años, cuando ha pasado mucho tiempo desde que su padrastro le contaba historias sobre los árboles. ¿Por qué leer y escribir libros en un mundo a punto de quebrarse? Esta pregunta ronda cada página de La vida privada de los árboles, una novela que confirma a Alejandro Zambra como uno de los escritores más interesantes de las nuevas generaciones.

  • Ciencias morales
    Ciencias morales
    Ciencias morales

    Los muros del colegio son gruesos y consistentes. Prometen preservar la rutina de los días de estudio de todo lo que pueda estar pasando fuera, de todo lo que –de hecho– está efectivamente pasando fuera, en las calles vecinas, en Buenos Aires, en esa Argentina de 1982. ¿Pero qué espacio limitan esos muros, un lugar de adquisición del saber o un recinto sadiano? Porque el colegio extiende su jurisdicción más allá de la enseñanza, imparte a sus alumnos una rigurosidad que no deben descuidar en ninguna circunstancia de sus vidas, una implacable moral que debe constituirse en el inflexible esqueleto de todos sus actos.María Teresa es preceptora en este colegio, o sea, una inocente –o quizá sólo ignorante– maestra de ceremonias. Tiene veinte años, empezó a trabajar cuando todavía era verano, y el señor Biasutto, el jefe de preceptores, le reveló en su primera entrevista la actitud que convenía adoptar con los alumnos. Porque no era fácil obtener lo que él llamaba «el punto justo» para la mejor vigilancia. Una mirada alerta a la que no se le escapara nada pero que no fuera evidente, para no poner sobre aviso a los estudiantes. Una mirada a la que nada le pasara inadvertido, pero que pudiese pasar inadvertida ella misma. Quizá la mirada del perverso, o del carcelero, o del amo. Y María Teresa, que admira al señor Biasutto, se perfecciona como preceptora, se esmera en la aplicación de las normas y la corrección de las conductas. Pero si todo está prohibido –hasta para ella misma–, todo es transgresión. Y cuando María Teresa, persiguiendo un vago, quizá inexistente olor a tabaco, comienza a esconderse en los lavabos de los chicos para sorprender a los que fuman y llevarlos ante la autoridad, y poco a poco hace de ello un hábito oscuramente excitante, no es de la violación de las reglas sino de su aplicación a ultranza de donde surgirán la torsión y el desvío, de la rigurosa vigilancia de una completa rectitud, de la custodia inflexible de una normalidad total y atroz. Una vigilancia, una custodia que tal vez estén siendo aplicadas más allá del recinto de este pequeño mundo cerrado que nos descubre Martín Kohan. Porque extramuros de ese colegio donde estudian y han estudiado las futuras clases dirigentes, hay otro mundo, hay un país que acaso se le asemeja. Ciencias morales confirma indiscutiblemente la extraordinaria madurez narrativa de uno de los autores más inteligentes, más estimulantes, de la reciente literatura argentina.

  • Recursos humanos
    Recursos humanos
    Recursos humanos

    «Un escritor que sorprende por la eficacia de la prosa, que consigue convulsionar al lector ante las contradicciones y las debilidades del género humano» (Guadalupe Nettel, Hoja por Hoja) Enfrentado a una vida miserable como empleado de una empresa, Gabriel Lynch decide rebelarse. Sus odios no tendrán otro objetivo que Constantino, su jefe, el perfecto caballerete empresarial que le ganó el puesto y la mujer. Sin embargo, para que su alzamiento resulte efectivo, el apocalíptico y lenguaraz Lynch tendrá que enfrentarse a su carencia casi total de recursos, pasados y presentes, y a su proverbial mala fortuna, reverso exacto de la suerte que parece acompañar cada movimiento de su enemigo. Esta es la historia de una guerrilla de un solo hombre, de un gerente que seduce mujeres con chistes sobre su digestión y de dos chicas, una de Recursos Humanos y otra de Finanzas, entendidas como objetivos políticos. A través de estas páginas, el lector se topará, a grandes golpes de estilo, con una ácida exploración del mundo pesadillesco de la oficina y una mirada irónica y feroz sobre las relaciones entre jefes, empleados y desempleados, de la mano de un narrador mayor en la nueva literatura iberoamericana.

  • Pétalos y otras historias incómodas
    Pétalos y otras historias incómodas
    Pétalos y otras historias incómodas

    Como vistos a la luz de una radiografía, los personajes de este libro muestran todo aquello que el ser humano desearía ocultar: sus miedos, sus obsesiones, sus manías, sus actos compulsivos. Desde este paraje de lo escondido, cada uno de los relatos de Pétalos y otras historias incómodas pone de manifiesto una locura inquietante y distinta, la excentricidad inconfesable en que se cifra toda una existencia: un fotógrafo parisino al que sólo le interesan los párpados, un oficinista japonés que descubre su extraña afinidad con las cactáceas, una modelo que oculta un tic desde su infancia, una niña que intenta, a su manera, luchar contra la muerte, un olfateador de sanitarios para damas... son algunos de los personajes que el lector encontrará en estas páginas. Con un estilo irónico y de falsa ingenuidad, la autora nos introduce en la vida de hombres y mujeres en apariencia normales que sin embargo conforman ese enorme ejército de inadaptados, de freaks que no se deciden a salir del armario. Este libro, luminoso y también perturbador, defiende la idea de que la verdadera belleza se encuentra precisamente en todo aquello que nos incomoda ver, aquello que nos vuelve únicos e irrepetibles. Y nos confirma este pequeño milagro: una voz nueva, personal e inconfundible, la de la joven escritora mexicana Guadalupe Nettel.  Galardonado con los premios Gilberto Owen, Antonin Artaud y Ann Seghers.

  • Los ojos del huracán
    Los ojos del huracán
    Los ojos del huracán

    A mediados del siglo XIX, mientras crece la demanda internacional del consumo de azúcar, Cuba vive una época de gran esplendor y riqueza, y cientos de catalanes parten hacia La Habana impelidos por el deseo de «hacer las Américas». Pero las grandes fortunas no se hacen plantando y recolectando caña de azúcar. El dinero fácil al que los personajes de la novela aspiran se hace con la compraventa de seres humanos. Ésta es la realidad con la que se topan los protagonistas de Los ojos del huracán al desembarcar en La Habana. Tal es el mundo al que han emigrado y en el que deben integrarse para poder cumplir los sueños que los llevaron tan lejos de Barcelona. Muy pronto, la trata de esclavos se convierte en el eje de sus vidas y las reglas peculiares que rigen la economía y sociedad cubanas se transforman en sus reglas.  Sin embargo, junto al deseo de riqueza, cada personaje de Los ojos del huracán esconde otra pasión: Conrado Grau quiere construir una casa moderna para su esposa. Lola Pous quiere que su hija sea rica. Horacio Anglés quiere que la estrella cubana brille en la bandera de los Estados Unidos. Clara Martí quiere sobrevivir por sí misma en un mundo de hombres. Patricio Carassa quiere poder amar con la libertad del corazón. Ernesto Frasier quiere ser un adalid del periodismo. Francisco de Borja Anglés quiere emular a su padre. Los esclavos César y Benilde quieren ser libres aunque apenas se atreven a desearlo. Madame Alma quiere expiar la culpa que la atormenta. Altagracia Pizón quiere vengarse. Pablo Lin quiere tener un fumadero de opio. Elisa quiere ser como las niñas blancas. Bonaparte quiere ser el dueño de La Mercé. Jorge quiere andar. Ramón quiere la independencia de Cuba y la abolición de la esclavitud...  Mientras tanto, la Historia sigue su curso. El abolicionismo, el independentismo y la guerra van creciendo en la isla con la fuerza de un huracán, y las grandes fortunas hechas con la trata abandonan Cuba y recalan en Barcelona, donde los antiguos negreros, debidamente absueltos de su pasado, se introducirán en la alta sociedad barcelonesa contribuyendo al crecimiento y modernización de la ciudad.  Novela de aventuras, histórica, feminista, amorosa, social... Los ojos del huracán retrata uno de los momentos más apasionantes de la historia de España y vierte su mirada sobre un tema controvertido y olvidado de la vida en las colonias: la trata de esclavos. La alternancia de voces narrativas en el discurso hace de esta obra una novela polifónica donde los personajes, vivos y muertos, se explican a sí mismos para comprenderse y que los comprendamos, sin resignarse a ser olvidados y con la esperanza de que entendamos las ambiciones y contradicciones que guiaron sus vidas.

  • Vidas perpendiculares
    Vidas perpendiculares
    Vidas perpendiculares

    Jerónimo Rodríguez Loera nace en 1936, en el remoto pueblo jalisciense de Lagos de Moreno. Es hijo de un panadero asturiano, Eusebio, y de su joven novia Mercedes, una niña bien de Guadalajara. En apariencia, Jerónimo es un niño mexicano como cualquier otro, pero también es un monstruo: recuerda completo el ciclo de sus reencarnaciones y, con él, todo el comportamiento humano. El prodigio incomunicable de esta mente es recibido por el padre como un signo de retraso mental, y el niño es transformado en el síntoma que denuncia que la familia Rodríguez Loera no es lo que aparenta. Jerónimo educará un odio creciente hacia ese padre autoritario que lo ha desterrado a las habitaciones de los criados. Se gesta así el germen de una verdadera revolución doméstica en cuya culminación se celebrará el reacomodo de la gran ruleta cósmica. Estamos frente a una novela cuántica, donde los diversos tiempos y espacios son simultáneos y donde la persona y el número del narrador se modifican constantemente. Y de esa colisión de realidades emergerán los misterios que inquietarán al lector y que Enrigue desmadeja uno a uno: ¿cómo es que un muchacho turco, tejedor de carpas y destinado al sanedrín, inventó la modernidad? ¿Cómo es que el mayor poeta erótico de la lengua era también el hombre más desagradable de su siglo? ¿Cómo veíamos el mundo antes del habla? ¿Hasta dónde puede llegar la doble moral católica? ¿Qué historia de amor merecería ser contada? Sabedor de que todo está en todas las cosas, Álvaro Enrigue se apropia de cualquier cabo suelto de la Historia y, al seguirlo, demuestra que el conflicto del hombre contemporáneo no radica en la muerte de la epopeya, sino en que nadie sabe dónde encontrarla.

  • Mediterráneos
    Mediterráneos
    Mediterráneos

    Hay gentes, libros y ciudades que no entendemos, pero que nos atrapan y nos obligan a visitarlos una y otra vez porque seguramente advertimos en ellos indicios de que esconden algo que buscamos. Estambul, Venecia, Roma, Alejandría, Creta o Valencia son algunos de los hilos que forman el deslumbrante tapiz de los Mediterráneos de Rafael Chirbes: a la vez rico espacio geográfico, tumultuoso escenario de la historia y fuente de inspiración literaria.  En esta colección de textos, se nos propone un fructífero recorrido que nos traslada a los perdidos paraísos de la infancia, para devolvernos a esa última costa en la que se desvanecen todos los caminos. Con su escritura, Chirbes se reclama deudor de una sabia tradición milenaria alimentada por múltiples generaciones de marineros, comerciantes, pastores, agricultores y guerreros, pobladores de las orillas de este mar luminoso. Se confiesa, sobre todo, apasionado lector de un volumen literario que firmaron Homero, Virgilio, Heródoto o lbn Jaldún, y, más recientemente, Kavafis, Graves, Durrell, Camus, Ritsos, Sciaccia, Pla, Brines o Blasco lbáñez. Todos ellos sintieron la fascinación del inagotable mar, y pusieron la pluma a su servicio.  Fernand Braudel, el hombre que más nos ha enseñado a leer la gramática del Mediterráneo, les pedía a los escritores que colorearan con su propia visión lo que él consideraba la seca aportación de la historia; solicitaba que, con sus palabras, le ayudaran a recrear la vasta presencia del complejo mar interior. Con este libro, Rafael Chirbes le rinde su particular homenaje, incitándonos a emprender un sensual recorrido literario de la mano de su escritura más luminosa.

Autor

Andrés Barba

Andrés Barba (Madrid, 1975) se dio a conocer en 2001 con La hermana de Katia (finalista del Premio Herralde de Novela), a la que siguieron dos libros de nouvelles titulados La recta intención y Ha dejado de llover (Premio Nord-Sud), y siete novelas más, que le confirmaron como una de las firmas más importantes de su generación: Ahora tocad música de baile, Versiones de Teresa (Premio Torrente Ballester), Las manos pequeñas, Agosto, octubre, Muerte de un caballo (Premio Juan March), En presencia de un payaso y República luminosa (Premio Herralde de Novela, Prix Frontières y finalista del Premio Gregor von Rezzori). Es también autor de los ensayos La ceremonia del porno (coescrito con Javier Montes y Premio Anagrama de Ensayo) y La risa caníbal, y de las biografías literarias Te miro para que te quedes y Vida de Guastavino y Guastavino. En el terreno poético escribió Crónica natural y Libro de las caídas. Como traductor ha publicado versiones de Melville, James, Conrad y De Quincey, entre otros muchos autores, y es coeditor y creador, junto a Alberto Pina, de la editorial de libros de artista El cañón de Garibaldi. Ha sido profesor invitado en la Universidad de Princeton y ha disfrutado de becas y residencias de la Rockefeller Foundation, la Academia de España en Roma y la New York Public Library. Su obra se ha traducido a veintidós idiomas en algunas de las editoriales más prestigiosas del mundo.

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