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RELACIONES ENTRE IGUALES

Si preguntamos a los chicos y chicas adolescentes cuáles son los aspectos más importantes de su vida,
las respuestas serán la familia, los amigos y la salud (González, Elzo, González Anleo y otros, 2006).
Como se puede comprobar, la amistad ocupa un lugar importante en sus vidas. Si algo ha constatado
claramente la bibliografía sobre las relaciones entre amigos es la importancia que este tipo de
relaciones cobra durante la adolescencia. Chicos y chicas pasan cada vez más tiempo con sus amigos,
con los que comparten actividades cerca y lejos del hogar, así como sus sentimientos, dudas o
inquietudes. Los amigos se convierten en un apoyo básico durante estos años, con quienes transitarán
por los años de la adolescencia y que se enfrentarán a los cambios sociales, cognitivos y de
personalidad al mismo tiempo que ellos, con los que explorarán las alternativas que la vida les ofrece,
se divertirán, buscarán pareja y, ante todo, compartirán el tránsito por una etapa de cambio a la vez que
continuidad.
Las relaciones entre iguales se vuelven más
importantes en la adolescencia. Chicos y chicas
pasan cada vez más tiempo con los amigos, sin
supervisión adulta y prestando atención a las
opiniones y expectativas del grupo. De hecho,
algunos autores consideran que no se puede hablar de
auténtica amistad, algo más allá del simple
compañerismo, hasta la adolescencia, cuando las
relaciones pasan de estar basadas en el juego a
basarse en la comunicación; pasan de estar
confinadas al patio del recreo o los espacios lúdicos
supervisados por adultos a que sean los propios
adolescentes quienes planean el tiempo que van a
pasar juntos; pasan de estar basadas en cuestiones
superficiales como la coincidencia en la clase o en
actividades extraescolares a basarse en la
autoexploración, en el apoyo emocional y en la
autorrevelación* (Buhrmester, 1996).
Las relaciones entre iguales se vuelven
más complejas. Aparecen nuevos tipos de
relaciones: el gran grupo o pandilla (p. ej.
los deportistas, los pitucos), el pequeño
grupo (5 o 6 miembros), el amigo/a íntimo
o la pareja; también aparece toda una
cultura de iguales que va a depender de la
pandilla a la que pertenezca el/la
adolescente; y finalmente, la reputación
del individuo dentro del grupo cobra una
importancia específica.
Los amigos y el grupo de amigos están
caracterizados por la semejanza entre ellos, fruto
tanto de la selección como de la influencia mutua y
la deselección.
Aquellos adolescentes con buenas
habilidades sociales aparecen mejor
ajustados que los que no la tienen, tanto
en lo referente a las relaciones sociales
—algo que parece obvio— como en la
adaptación académica y emocional.
La auto-percepción de las relaciones entre
iguales no es fiable. Los adolescentes
sobreestiman los parecidos con los amigos, en
especial si se involucran en actividades
antisociales o consumo de drogas. Es decir,
preguntando a los adolescentes cuántos de sus
amigos consumen, por ejemplo, marihuana, si el
adolescente la consume considera que los amigos
también lo hacen y en cantidades similares y
mayores, aunque la investigación que tiene en
cuenta la respuesta del adolescente diana y del
amigo muestra que es muy frecuente que los
amigos consuman menos de lo que el adolescente
diana cree, e incluso que no consuman.
La afiliación con los iguales y la reputación es sólo moderadamente estable, es decir,
es fácil encontrar a adolescentes que a lo largo del año nombran a personas diferentes
como mejor amigo. Igualmente, cambian los miembros del grupo, aunque algunos
permanezcan, existen otros que van y que vienen. Incluso la pareja es inestable durante
los años de la adolescencia. Sin embargo, se encuentra mayor estabilidad con los años, y
los amigos, pareja o grupo de la adolescencia final es más estable y duradera que la de la
adolescencia inicial.

A pesar de ello, el tipo de gran grupo con el que se afilian sí que suele ser estable, y
quienes forman parte de un grupo, por ejemplo, de «gamberros», podrá cambiar de mejor
amigo, o de grupo, pero seguirá unido a un grupo de «gamberros». Lo mismo ocurre
cuando el grupo es positivo, por ejemplo de «estudiosos», aunque cambien los individuos
concretos que lo formen, el adolescente seguirá vinculado al grupo de estudiosos.
La influencia de los iguales es un proceso
complejo recíproco y no unidireccional,
es decir; los chicos y chicas adolescentes se
influencian unos a otros en contra de
algunas teorías cotidianas que mantienen
que el grupo influencia a un chico en
concreto. Además, es importante tener en
consideración variables personales y
relacionales que median la relación de
influencia mutua.
Mantener buenas relaciones con los iguales es un indicador de ajuste que, además, favorece el
bienestar social y emocional de los adolescentes. Efectivamente, multitud de estudios muestran que
quienes mantienen mejores relaciones con sus compañeros también tienen mejor bienestar emocional
y competencia relacional, menos patologías y conductas delictivas, y más autoestima; al tiempo que
quienes no tienen amigos muestran sentimientos de soledad, incompetencia, ansiedad y baja
autoestima (Berndt, 1996; Parker y Asher, 1987). Sin embargo, no es necesario establecer todas estas
relaciones, ya que como indican Kerr, Stattin, Biesecker y otros (2003) el tener buenas relaciones con
los iguales, el ser capaz de desarrollar relaciones de amistad es un buen indicador de ajuste en sí
mismo, puesto que son importantes por sí mismas para los adolescentes.
Relaciones de pareja

Uno de los aspectos que surgen durante este periodo y cobra una especial importancia relativa para los
chicos y las chicas adolescentes son las relaciones de pareja y sexuales. Efectivamente, con el desarrollo
puberal aparece el deseo sexual, con la consiguiente preocupación al respecto de padres y madres,
especialmente en lo relativo a sus hijas (convirtiéndose en uno de los temas que generan pocos conflictos,
pero de gran intensidad). Sin embargo, uno de los hitos evolutivos que deben conseguir chicos y chicas
adolescentes consiste, precisamente, en formar una identidad sexual, en ser capaces de relacionarse con el
otro género formando una relación de pareja más o menos estable. Estos contenidos formarán parte de las
revelaciones que las chicas y los chicos hagan a sus amistades, de las charlas informales y, a groso modo,
de las preocupaciones de los adolescentes.
En general, las relaciones de pareja surgen a partir
del grupo de amigos y amigas. Al inicio de la
adolescencia, chicos y chicas se relacionan en
pequeños grupos unisexuales de unos 5 a 9
miembros. Suelen ser los mismos amigos de la
infancia, que se ven con frecuencia y hacen planes
para otros momentos. Poco después estos grupos
se juntan para formar grupos heterosexuales que
quedan los fines de semana o en algunas
excursiones, generalmente de forma esporádica. A
partir de estos encuentros se va a formar el gran
grupo mixta, que puede incluir hasta 25 miembros
de ambos sexos. Es en el seno de este gran grupo
donde comienzan a aparecer las parejas.
En un primer momento serán los chicos o chicas
con mayor estatus quienes se emparejen, y más
adelante el resto de los miembros de los grupos.
Las primeras parejas serán «rollitos » de entre 3 y
8 meses de duración. Estos «rollitos» son más una
interacción social que un contexto real en el que
compartir intimidad, aunque en algunas ocasiones
son auténticos precursores de las posteriores
relaciones de pareja estable. En estos «rollitos» no
suele haber la expectativa de mantener relaciones
sexuales, sino que se convierten en un apoyo
maduracional (aumentan la autoestima) y afectivo,
aunque a mayor duración de la pareja más
probabilidad hay de que, efectivamente, aparezcan
las primeras relaciones sexuales.
Brown (1999) establece cuatro fases en la formación
de las relaciones de pareja:

1. Iniciación. Con la pubertad y el surgimiento del


deseo sexual, aparece una nueva dimensión en las
interacciones con el otro sexo. Sin embargo, esta
fase inicial no está centrada en la relación de pareja,
sino en uno mismo. El objetivo fundamental de esta
fase sería incluir en el autoconcepto del adolescente
la probabilidad de ser pareja y conseguir tener
confianza en la capacidad de uno mismo para
relacionarse con una pareja potencial. En el caso de
que aparecieran relaciones de pareja estas serían
superficiales y cortas.
Estatus. Una vez que se ha conseguido
tener confianza en la habilidad para
interactuar efectivamente con la pareja,
se pasa de estar centrado en uno mismo a
la relación con los otros. En esta etapa,
las relaciones de pareja estarán
socialmente pautadas. Es decir, la
relación es una forma de conseguir
popularidad o estatus en el grupo de
iguales.
Afectividad. El objetivo de la relación de pareja ha
cambiado. Se pasa de querer tener una relación a
dar importancia a la relación en sí misma. El
adolescente ha ganado suficiente confianza en su
habilidad y su orientación sexual como para
arriesgarse a mantener una relación más profunda.
Las relaciones son ahora más reconfortantes
sexual y emocionalmente, y se convierten en una
fuente de satisfacción y de preocupaciones. La
importancia de la relación de pareja aumenta, a
expensas de otros vínculos sociales. Aunque los
amigos siguen siendo importantes, ahora no
ejercen control sobre la relación de pareja que
tenían previamente.
Vínculo. En esta etapa, donde la relación
es ya madura, se superponen los afectos
a la pasión, y el compromiso de duración
sobre las cuestiones personales. Esto
ocurre al final de la adolescencia o en la
adultez temprana
Para los chicos el sexo es un objetivo en sí mismo, mientras que las chicas entienden
el sexo vinculado a las relaciones afectivas, como una parte más de ellas. Por este
motivo, es más fácil que los chicos tengan su primera relación sexual completa
preocupados de que el aparato fisiológico funcione, y las chicas por compartir un
momento de intimidad con la pareja (Zani y Cicognani, 2006). Ellos comienzan antes
a tener impulsos e intereses sexuales, dicen tener activación sexual con mayor
frecuencia y sobre todo, lo consideran más intenso y les producen más distracciones
que a las chicas. Si estas diferencias de género son debidas a la biología o a los
factores sociales que hacen que ellas repriman su deseo sexual con mayor frecuencia
para ajustarse a las normas sociales, continúa siendo un debate, considerándose que
ambas cosas influyen e interactúan (Savin-Williams y Diamond, 2003).
En lo referente a la transición al coito,
algunos estudios muestran que quienes
comienzan antes a mantener relaciones
sexuales completas son los chicos y chicas de
familias no convencionales, con madres y
padres separados o solteros, probablemente
porque tienen cerca un modelo en el que los
progenitores buscan pareja y mantienen
relaciones sexuales (Crockett, Raffaelli y
Moilanen, 2003). También a quienes sus
padres no controlan y a los que controlan en
exceso; los adolescentes que maduran antes
que sus compañeros; y quienes tienen
menores aspiraciones académicas o menor
estatus social (Zani y Cicognani, 2006).
Finalmente, nos gustaría comentar los motivos que llevan a los adolescentes a mantener relaciones sexuales (Savin-
Williams y Diamond, 2003; Zani y Cicognani, 2006): El primero de ellos es quizás el más obvio, la necesidad de
reducir el deseo sexual, como hemos mencionado anteriormente, en muchos casos esta necesidad se resuelve a
través de conductas masturbatorias; el segundo es una fuerte curiosidad, que aumenta debido a los medios de
comunicación donde se describe y discute abiertamente sobre la sexualidad. Diferentes culturas harán frente a esta
curiosidad de diversas formas. En algunos casos se evita el contacto entre los jóvenes para no propiciar la actividad
sexual, en otros se permite a los chicos y las chicas que jueguen con sus cuerpos advirtiendo de que se debe evitar el
sexo premarital; un tercer motivo sería el logro de estatus social entre los compañeros o de un estatus adulto. En el
caso de las chicas, este estatusse lograría más a través de una relación afectiva que de relaciones sexuales
propiamente dichas; el cuarto motivo es tener una relación de pareja, que obviamente propicia la activación del
deseo y promueve la apariciónde relaciones sexuales. En este caso la pareja quiere fundirse completamente;
finalmente el cuarto motivo consiste en utilizar el sexo es un mecanismo de regulación emocional que ayuda a los
adolescentes a afrontar emociones negativas o sucesos estresantes. Afortunadamente, este es el caso menos frecuente
o normativo, pero se debe prestar especial atención,ya que estos chicos y chicas tienden a tener mayor número de
parejas y a implicarse en relaciones sexuales de riesgo.

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