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Ética Social y Filosofía Política

Ética social

Hasta el momento hemos reflexionado acerca de la moral (o en


el terreno de la ética) desde la perspectiva del individuo: hemos
concebido y estudiado los principios morales, teorías éticas,
valores y normas como elementos presentes en la
fundamentación de los actos que cada uno realiza (en caso de
que, efectivamente lo haga).

Pero por otra parte el comportamiento moral supone un vivir


entre pares: el mundo moral es, básicamente, la sociedad
humana. Muestra de esta situación es el hecho de que los
grandes problemas morales no se den en la reflexión de cada
sujeto en particular, sino en las relaciones entre ellos. La
reflexión en torno a los supuestos morales que rigen estas
relaciones se denomina Ética social.
A la base de esta ética está el supuesto de que el ser humano es
social por naturaleza: nos realizamos como humanos en la
medida que interactuamos con otros. En una de sus definiciones
de "hombre", Aristóteles nos habla de un Zoón politikón, "Animal
político (o social)". A lo largo de toda la historia, muchos
pensadores se han interesado por abordar filosóficamente temas
como el Estado, la justicia, el derecho y el bien común, entre
otros.

Cabe señalar, para concluir, que la ética individual y la ética


social no son excluyentes: se complementan e interrelacionan.
La socialización

Es evidente que nuestra supuesta naturaleza social no se


desarrolla espontáneamente; es necesario que la sociedad
misma nos integre, paulatinamente.

Este proceso es llevado a cabo a través de las instituciones


sociales: la familia, la escuela, la iglesia, los medios de
comunicación, el Estado, tienen esta función socializadora. En la
medida que las personas se desenvuelven en ellas (cuando
miramos las noticias por televisión, recibimos un consejo de
nuestros padres o vamos al colegio) les es transmitido un
conjunto de supuestos y valores: podemos afirmar, por tanto,
que la función de las instituciones es moralizadora. La sociedad
misma se reproduce y perdura en el tiempo a través de sus
instituciones.
Pero como en el caso de la moral individual, no existe una sola
respuesta. No podemos hablar en realidad de "una" sociedad,
puesto que es un objeto sumamente complejo; cada Estado,
familia o institución religiosa tiene su sistema de valores, que
puede ser similar o compatible al de otras instituciones, pero no
siempre lo es: un cambio de régimen político, por ejemplo,
puede significar un cambio radical en los objetivos y contenidos
de la educación.

Desde la ética y la filosofía política se intenta dar diversas


respuestas a la cuestión sobre la vida en sociedad y los
principios que fundamenten las normas que debiéramos seguir.
Revisaremos las ideas de algunos filósofos de diversas épocas
sobre la idea del Estado.
Platón

Para Platón, la ética y la política son primordiales y


constituyen la preocupación última de la filosofía: la
búsqueda de un fundamento sólido para el
conocimiento está en función de la necesidad,
mucho más importante, de encontrar un fundamento
sólido para guiar la acción común.

Como sabemos, la clave para la acción moral reside


en el conocimiento: un estado ordenado y justo será
aquel que sea gobernado por quienes posean el
conocimiento de los fundamentos del orden y la
justicia.
Platón

En el Estado ideal, como lo expone en su obra La


República, la sociedad se constituye en tres clases,
correspondientes a las tres partes en que Platón dividía el
alma.

1. Los reyes-filósofos, que gobiernan porque tanto por


naturaleza como por su educación tienen la capacidad de
hacerlo, y su virtud característica es la sabiduría
(corresponden al alma racional).

2. Los guardianes o soldados del Estado, cuya virtud


característica ha de ser el valor y la fortaleza, y son quienes,
bajo la dirección sabia de los gobernantes-filósofos han de
mantener las leyes del Estado (corresponden al alma
irascible).

3. Los artesanos o trabajadores, cuya virtud característica


ha de ser la templanza (corresponden al alma
concupiscible).
Platón

En el Estado ideal no hay diferencia entre hombres y


mujeres. El lugar que cada individuo ocupa dependerá de
sus capacidades intelectuales: de los mejores artesanos
saldrán los guardianes luego de una dura educación; de la
misma manera, los guardianes más avanzados pasarán
por una educación rígida para convertirse en gobernantes:
existe, por tanto un elitismo intelectual.

Los reyes-filósofos tendrían el poder de determinar los


contenidos de la educación, así como de censurar
cualquier manifestación cultural, pues saben qué es
adecuado o nocivo para los ciudadanos.

Para mejorar las condiciones biológicas de la población


(sobre todo en el caso de los guardianes), Platón
promueve la eugenesia: selección y reproducción de los
individuos más aptos.
Aristóteles

El Hombre es por naturaleza sociable,


desea invenciblemente la vida social, más
allá de la necesidad de auxilio mutuo. Lo
que mueve a los hombres a la unión es el
placer de vivir, y este amor a la vida es una
de las perfecciones de la humanidad.
Aristóteles

Cuando la base de los poderes políticos está


constituida por la igualdad entre los ciudadanos, que
son semejantes, todos tienen el derecho de ejercer la
autoridad sucesivamente, y consideran esta
alternativa como legítima. De este modo conceden a
otro el derecho de resolver acerca de sus intereses,
como ellos han decidido anteriormente de los de
aquel.

Pero, más tarde, las ventajas que proporciona el


poder y la administración de los intereses generales
inspiran a todos los hombres el deseo de perpetuarse
en el ejercicio del cargo.
Aristóteles

La constitución determina la organización regular de


todos los aspectos del Estado. Existen diferentes
constituciones, correspondientes a distintas clases de
Estado.

Las constituciones que tienen en cuenta el interés


personal de los gobernantes están viciadas en su
base. En cambio, aquellas hechas en vista del interés
general son puras, pues practican rigurosamente la
justicia.
Aristóteles

Constituciones puras v/s constituciones corruptas

Cuando existe un solo gobernante, si la constitución


es pura, se denomina reinado; si es corrupta
hablamos de tiranía.

Si el gobierno es ejercido por una minoría, en una


constitución pura se trata de una aristocracia; en
una corrupta, de una oligarquía.

Cuando la gran mayoría ejerce el poder en vista del


interés general (constitución pura) el Estado es una
república; si no, es una demagogia.
Aristóteles

La asociación política no tiene como fin último la


alianza ofensiva y defensiva entre los individuos ni
las relaciones mutuas ni los servicios que puedan
prestarse recíprocamente, pues estas relaciones
pueden darse entre individuos aislados.

Si bien ellas son indispensables para que exista la


ciudad (pólis), esta consiste en la asociación del
bienestar y la virtud para el bien común, con el fin
de alcanzar una existencia completa, que se baste a
sí misma.

La virtud y felicidad de los individuos es el fin de la


ciudad.
Karl Marx

El Estado brota constantemente del proceso de vida


de determinados individuos, tal como son y actúan
materialmente.

La actividad mental, las ideas y representaciones de


la conciencia emanan directamente de su
comportamiento material.

Los hombres son reales y actuantes, tal y como se


hayan condicionados por un determinado desarrollo
de sus fuerzas productivas y el intercambio que a él
corresponde.
Karl Marx

Las formaciones nebulosas que se condensan en el


cerebro de los hombres son sublimaciones
necesarias de su proceso material de vida, proceso
empíricamente registrable y sujeto a condiciones
materiales.

La moral, la religión, la metafísica y cualquier otra


ideología y las formas de conciencia que a ellas
corresponden pierden, así, la apariencia de su
propia subjetividad.

No es la conciencia la que determina la vida; es la


vida la que determina la conciencia.
Karl Marx

Los individuos buscan su interés particular,


que no corresponde al interés general: éste
aparece como algo ajeno e independiente de
ellos mismos. El estado es la forma por la cual
el interés común es impuesto a los intereses
particulares.

Como el orden social aparece al hombre como


algo natural, no voluntario, y por tanto algo no
dominable y ajeno a su voluntad, a la cual
incluso dirige.
John Stuart Mill

La mejor forma de gobierno es la que inviste de la


soberanía a la masa reunida de la comunidad,
teniendo cada ciudadano no sólo voz en el ejercicio
del poder. sino, de tiempo en tiempo, intervención
real por el desempeño de alguna función local o
general.

Desde el momento en que algunos, no importa


quienes, son excluidos de esa participación, sus
intereses quedan privados de la garantía concedida a
los otros, y a la vez están en condiciones más
desfavorables para aplicar sus facultades a mejorar
su estado y el estado de la comunidad, siendo esto
precisamente de lo que depende la prosperidad
general.
John Stuart Mill

El único gobierno que satisface por completo todas


las exigencias del estado social es aquel en el cual
tiene participación, aún en las más humildes de las
funciones públicas, es útil; que, por tanto, debe
procurarse que la participación en todo sea tan
grande como permita el grado de cultura de la
comunidad; y que, finalmente, no puede exigirse
menos que la admisión de todos a una parte de la
soberanía. Pero puesto que en toda comunidad que
exceda los límites de una pequeña población nadie
puede participar personalmente sino de una porción
muy pequeña de los asuntos públicos el tipo ideal de
un gobierno perfecto es el gobierno representativo.