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Tratado de la Eucaristía:

Intellectus Fidei XI
De la Eucaristía como Sacrificio
S.Th. III, Q. 83
División del Tratado sobre la Eucaristía
• La Eucaristía como SACRAMENTO (Q.
73-82)
• Existencia (Q. 73)
• Esencia (Q. 74-82)
• Constitutiva (Q. 74-78)
• Materia (Q. 74-77)
• Remota, el pan y el vino (Q. 74)
• Paso a la próxima:
• In fieri, la Transubstanciación (Q.
75)
• In facto esse, Presencia Real (Q.
76)
• Próxima, los accidentes (Q. 77)
• Forma (Q. 78)
• Consecutiva (Q. 79-82)
• En sí misma (Q. 79)
• En su uso (Q. 80-82)
• La Comunión (Q. 80)
• Uso en la Última Cena (Q. 81)
• Ministro (Q. 82)

• La Eucaristía como SACRIFICIO (Q. 83)


Para ofrecer un sacrificio
• Al sacerdote compete ofrecer un sacrificio que
es el acto por excelencia de la virtud de
religión (parte potencial o virtud aneja de la
virtud de la justicia).
• En el lenguaje común “sacrificio” expresa una
acción costosa, difícil, que exige una renuncia
interior.
• Pero su significación real es más honda: sacrum
facere aliquid, hacer sacra alguna cosa,
haciéndolo pasar de su estado de profano al
ámbito de lo sacro.
• El sacrificio es el acto externo y social por el
cual el sacerdote ofrece a Dios, en nombre de
la inmensa familia humana, una víctima
inmolada, para simbolizar su deseo de
– Reconocer el supremo dominio de Dios,
– reparar las ofensas cometidas contra su divina
majestad,
– darle gracias por sus beneficios y
– solicitarle los dones que los hombres requieran.
“Me has preparado un Cuerpo...”

Cristo ofreció un verdadero sacrificio, siendo el sacerdote por excelencia, de allí que su sacrificio
es perfecto. La encarnación fue la condición del sacrificio.
“Por lo cual, entrando en el mundo, Cristo dice: ‘No quisiste sacrificios, ni oblaciones, pero Me
has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron. Entonces
yo dije: Heme aquí que vengo –en el volumen del libro está escrito de mí- para hacer, oh Dios,
tu voluntad... En virtud de esta voluntad somos santificados por la oblación del cuerpo de
Jesucristo, hecha una sola vez” (Heb 10,5-7.10).
Desde la Encarnación hasta la Eternidad

• Comenzó a ofrecer este sacrificio desde el primer instante de su existencia, lo


renovó exteriormente cuando fue presentado al templo; preparó la inmolación
con una vida de trabajos, humillaciones y persecuciones.
• Lo realizó en el altar de la cruz, soportando heroicamente los ultrajes y tormentos.
• Y finalmente lo consumó al resucitar y subir al cielo, donde ha quedado fijado en
el punto culminante de su sacrificio, intercediendo por nosotros, para que se nos
Cristo se ofreció en sacrificio de Oblación
• En el Antiguo Testamento se
consideraba que el sacrificio cruento
era el más perfecto, por el hecho de
que en él lo que se inmolaba era un ser
vivo, un animal doméstico (un cordero)
que por pertenecer al hombre, podía
sustituirlo con mayor verismo.
• Se lo apartaba del uso profano y se lo
consagraba al servicio y honra de Dios.
• Ese es el primer acto: la oblación del
sacrificio.
• Pero esta oblación exterior es signo de
la interior.
• Cristo inicia su
presentación
oblativa al Padre en
el instante primero
de su Encarnación.
• “En virtud de esta
voluntad somos
santificados por la
oblación del cuerpo
de Jesucristo, hecha
uma sola vez”.
(Heb 10,10)
• Los Evangelios nos presentan la
trama sucesiva de los hechos de
la vida del Señor,
• pero si vemos las cosas desde el
punto de vista de la intención de
Cristo, todos los hechos de Su
santa vida tienen la fijeza de una
misma orientación, la de
ofrecerse al Padre, la de caminar
decididamente hacia el Calvario,
sin abdicar jamás de su
condición de oblata (cosa
ofrecida), cuerpo separado para
el sacrificio.
• Ningún instante de su tiempo, ni
la más pequeñas de sus acciones
escapa a esta actitud ofertorial.
Cristo se ofreció en sacrificio de Inmolación
• Dado que el sacrificio supone una
muerte, una renuncia, un desapropiarse
de sí mismo para ofrecerse por entero a
Dios, la inmolación es uno de los
elementos esenciales del Sacrificio de
Cristo.
• La inmolación es también algo interior,
como lo es la oblación, con la
particularidad de que la ofrenda
interior, exteriorizada por el sacrificio
cruento, se hace en cierto modo
absoluta.
• El acto divino por el cual Dios muestra
que le es grato el sacrificio se denomina
consagración, y puede a veces
manifestarse de modo visible, como fue
el fuego del cielo que consumió la
víctima de Elías (Cf. 1 Rey 18,20-40).
•Toda la vida de Cristo fue
una inmolación.
•Pero el ingreso en la etapa
decididamente inmolatoria
fue la última Cena,
–cuando al instituir el
sacrificio que se perpetuaría
sobre nuestros altares,
transformó el pan y el vino
en su Cuerpo y Sangre,
anticipando así su entrega
como víctima, adelantando el
derramamiento de Sangre
del día siguiente.
• La Cruz es la expresión
suprema del amor oblativo
e inmolante de Aquel que
nos amó hasta el fin.
• En vez da mandar fuego
de lo alto para consumir la
víctima, Dios resucitó a su
Hijo, y consumió todas las
imperfecciones de su
cuerpo mortal con el fuego
del amor divino, otorgando
al cuerpo de Cristo, hecho
ahora vivificante, el poder
de santificar las almas.
• La resurrección no fue sino la consagración del
sacrificio de Cristo,
• la señal de que dicho sacrificio resultó grato al Padre.
Cristo se ofreció en sacrificio de
Comunión

• El fin último del sacrificio es entrar en unión o sociedad


con Dios. Tal unión es ante todo interior, pero que busca
expresarse exteriormente.
• En los sacrificios se incluía el acto externo de comunión,
participación visible en el sacrificio, comulgando o
recibiendo parte de las oblatas inmoladas.
En la Comunión: Christus Passus et Resurrectus

• La resurrección, como su ascensión, forman parte del sacrificio de


Cristo en cuanto manifiestan el tránsito del estado de separación
al estado de unión con el Padre.
• La estadía de Cristo en unión con su Padre no es estática, sino
que intercede por nosotros, ejerciendo su sacerdocio glorificado.
• Así la humanidad ha quedado definitiva y eternamente unida a
Cristo glorioso, y por Él, los hombres podemos comulgar con el
Padre.
En la Comunión: Christus Passus et Resurrectus

• La Santa Misa, renovación del sacrificio de Jesús reitera


estos tres momentos:
– ofertorio,
– consagración y
– comunión.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿Se inmola Cristo en la celebración


de este sacramento?
S.Th. III, Q. 83 a.1
S.Th. III, Q. 83 a.1

• Sed contra:  dice San Agustín en el libro Sententiarum


Prosperi:
“Cristo se inmoló a sí mismo una sola vez y, sin embargo,
todos los días se inmola en el sacramento”.
S.Th. III, Q. 83 a.1

• Respuesta:  La celebración de este sacramento es considerada


como inmolación de Cristo de dos maneras.
• Primera, porque, como dice San Agustín en Ad Simplicianum:
– “Las imágenes de las cosas suelen llamarse con el mismo nombre que las
cosas mismas, como, por ej., al ver un cuadro o un fresco decimos: ése es
Cicerón, y aquél, Salustio”. 
• Ahora bien, la celebración de este sacramento, como se ha dicho
antes (79,1), es imagen representativa de la Pasión de Cristo,
que es verdadera inmolación.
• Por eso dice San Ambrosio comentando la carta Ad Hebr.: 
– ”En Cristo se ofreció una sola vez la Hostia eficaz para la vida eterna.
¿Qué hacemos entonces nosotros? ¿Acaso no La ofrecemos todos los
días en conmemoración de Su muerte?”
S.Th. III, Q. 83 a.1

• Segundo, este sacramento es considerado como


inmolación por el vínculo que tiene con los efectos de
la Pasión, ya que por este sacramento nos hacemos
partícipes de los frutos de la Pasión del Señor.
• Por lo que en una oración secreta dominical se dice: 
– ”Siempre que se celebra la memoria de esta víctima, se
consigue el fruto de nuestra redención”.
S.Th. III, Q. 83 a.1

• Por eso, en lo que se refiere al primer modo, puede


decirse que Cristo se inmolaba también en las figuras
del Antiguo Testamento. Y, en este sentido, se lee en el
Ap 13,8: 
– ”Cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del
Cordero, muerto ya desde el origen del mundo”. 
• Pero en lo que se refiere al segundo modo, es propio de
este sacramento el que se inmole Cristo en su
celebración.
S.Th. III, Q. 83 a.1
Objeciones

• Objeción 1. Se dice en Heb 10,14 que ”Cristo con una sola oblación ha llevado a
la perfección para siempre a los santificados”. Pero esa oblación fue su
inmolación. Luego Cristo no se inmola en la celebración de este sacramento.
• Respuesta
• Ad 1. Como afirma San Ambrosio en el lugar antes citado: 
• ”Única es la Víctima, o sea, la que Cristo ofreció y nosotros
ofrecemos, y no muchas, ya que Cristo se ha inmolado una sola
vez. Pero este sacrificio nuestro es una imagen de aquél. De la
misma manera que lo que se ofrece en todas partes es un solo
cuerpo y no muchos, así el sacrificio es único”.
S.Th. III, Q. 83 a.1
Objeciones

• Objeción 2. La inmolación de Cristo se hizo en la cruz, en la que se entregó por


nosotros como oblación y víctima de suave aroma, como se dice en Ef 5,2. Pero
en la celebración de este misterio Cristo no es crucificado. Luego tampoco se
inmola.
• Respuesta
• Ad 2. De la misma manera que la celebración de este sacramento
es una imagen representativa de la pasión de Cristo, así también
el altar es la representación de su cruz, sobre la que Cristo se
inmoló en su cuerpo físico.
S.Th. III, Q. 83 a.1
Objeciones

• Objeción 3. Dice San Agustín en IV De Trin. que en la inmolación de Cristo es el mismo
el sacerdote y la víctima. Pero en la celebración de este misterio no es el mismo el
sacerdote y la víctima. Luego la celebración de este sacramento no es una inmolación
de Cristo.
• Respuesta
• Ad 3. Por la misma razón, también el sacerdote es la imagen de
Cristo, en cuyo nombre y por cuya virtud pronuncia las palabras de
la consagración, como se ha dicho anteriormente (q.83 a.1.3).
• Por tanto, en cierto modo, es el mismo el sacerdote y la víctima.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿Está debidamente determinado el tiempo


de la celebración de este misterio?
S.Th. III, Q. 83 a.2
S.Th. III, Q. 83 a.1

• Sed contra:  está la costumbre mantenida por la


Iglesia según las leyes canónicas.
S.Th. III, Q. 83 a.2

• Respuesta:  En la celebración de este misterio,


como acabamos de decir (a.1), se debe tener en
cuenta la representación de la pasión del Señor y la
participación de sus frutos.
• Y para determinar el tiempo adecuado de la
celebración se tuvieron en cuenta los dos aspectos.
• Pues bien, porque del fruto de la pasión del Señor
necesitamos todos los días a causa de nuestros
cotidianos defectos, este sacramento se ofrece en la
Iglesia por lo regular todos los días.
S.Th. III, Q. 83 a.2

• Y así, el mismo Señor nos enseña a pedir en Lc 11,3: Danos


hoy nuestro pan de cada día. Palabras que al comentarlas
San Agustín, en su libro De Verbis Domini, dice: 
“Si el pan debe ser cotidiano, ¿por qué has de tomarlo de año
en año, como acostumbran a hacer los griegos en Oriente?
Recibe a diario lo que diariamente te aprovecha”. 
• Pero, porque la pasión del Señor tuvo lugar desde las nueve
de la mañana hasta las tres de la tarde (ad 2), la
celebración de este sacramento en la Iglesia tiene lugar
regularmente en esa parte del día.
S.Th. III, Q. 83 a.2
Objeciones
• Objeción 1. Este sacramento, como acabamos de decir (a.1), es la representación de la
pasión del Señor. Pero la conmemoración de la pasión del Señor se hace en la Iglesia una sola
vez al año. Dice, efectivamente, San Agustín en Super Psalmos: ¿Muere Cristo, acaso, tantas
veces como se celebra la pascua? No obstante, el recuerdo anual nos representa lo que
sucedió en otro tiempo y nos conmueve como si viéramos al Señor pendiente de la
cruz. Luego este sacramento no debe celebrarse más que una vez al año.
• Respuesta
• Ad 1. En este sacramento se recuerda la pasión de Cristo en cuanto
que su efecto se comunica a los fieles.
• Pero en el tiempo de pasión se recuerda la pasión de Cristo
solamente en cuanto que tuvo lugar en él, que es nuestra cabeza.
Lo cual, efectivamente, sucedió una sola vez, mientras que los fieles
reciben los frutos de la pasión del Señor todos los días.
• Este es el motivo de que la única conmemoración se haga una sola
vez al año, mientras que la misa se celebra todos los días, tanto por
el fruto como por el constante recuerdo.
S.Th. III, Q. 83 a.2
Objeciones

• Objeción 2. La pasión de Cristo se conmemora en la Iglesia el día de Viernes Santo, y no en la fiesta de Navidad. Luego, puesto
que este sacramento es el memorial de la pasión de Cristo, parece inadecuado que el día de Navidad se celebre tres veces este
sacramento, y que el Viernes Santo se omita del todo su celebración.
• Respuesta
• Ad 2. Al llegar la verdad cesa la figura. Ahora bien (…), este sacramento es figura e imagen de la
pasión del Señor. Por eso, el día en que se recuerda la pasión del Señor, tal y como sucedió en la
realidad, no se celebra la consagración de este sacramento. Pero, para que la Iglesia no se vea privada
del fruto de la pasión que se nos ofrece en este sacramento, el día anterior se reserva el cuerpo
consagrado de Cristo para recibirlo el Viernes Santo (…)
• Pero el día de Navidad se celebran tres misas por el triple nacimiento de Cristo.
– Uno es eterno, y para nosotros es oculto. Y, por eso, se canta una misa por la noche, en cuyo introito se dice: El
Señor me dijo: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 
– Otro es temporal, pero espiritual, por el que Cristo nace en nuestros corazones como un lucero, según se dice
en 2 Pe 1,19. Por eso, una misa se canta a la aurora, en cuyo introito se dice: La luz brilla hoy sobre nosotros. 
– El tercer nacimiento de Cristo es temporal y corporal, según el cual salió visiblemente del vientre virginal
revestido de nuestra carne. Y, por eso, se canta la tercera misa a plena luz, en cuyo introito se dice: Un niño nos
ha nacido. 
– Aunque, invirtiendo el orden, también se podría decir que el nacimiento eterno tuvo lugar a plena luz, y por
eso se hace mención, en el evangelio de la tercera misa, del nacimiento eterno. Ahora bien, según el
nacimiento corporal nació literalmente de noche, como signo de que venía a las tinieblas de nuestra debilidad.
Por eso se dice en la misa nocturna el evangelio del nacimiento corporal de Cristo (…)
S.Th. III, Q. 83 a.2
Objeciones
• Objeción 3. En la celebración de este sacramento la Iglesia debe imitar la institución hecha por Cristo.
Pero Cristo consagró este sacramento al atardecer. Luego parece que este sacramento debería
celebrarse a esa hora.
• Respuesta
• Ad 3. Cristo, como se ha manifestado ya (q.73 a.5), quiso dar este sacramento a sus
discípulos en último lugar para que se imprimiese más fuertemente en sus corazones. Por
eso lo consagró y se lo entregó después de la cena y al finalizar el día.
• Nosotros, sin embargo, lo celebramos a la hora de la pasión del Señor, a saber:
– en los días de fiesta, a las nueve de la mañana, que es cuando fue crucificado por las lenguas de los
judíos, tal y como se dice en Mc 15,25, y cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos,
– en los días ordinarios, a las doce del mediodía, que es cuando fue crucificado a manos de los soldados,
como se dice en Jn 19,14;
– y en los días de ayuno, a las tres de la tarde, que es cuando dando un fuerte grito, exhaló el
espíritu, como se dice en Mt 27,46.50.
• Pero se puede celebrar también más tarde, especialmente cuando hay ordenaciones, y sobre
todo el día de Sábado Santo, ya sea por la prolijidad del oficio, ya sea porque las órdenes
pertenecen al domingo, como se dice en Decretis dist. LXXV cap. 4 Quod a patribus.
• E, incluso, pueden celebrarse misas en las primeras horas del día por motivos de necesidad,
como se dice en De Consecr. dist.I cap.51 Necesse est, etc.
S.Th. III, Q. 83 a.2
Objeciones
• Objeción 3. En la celebración de este sacramento la Iglesia debe imitar la institución hecha por Cristo.
Pero Cristo consagró este sacramento al atardecer. Luego parece que este sacramento debería
celebrarse a esa hora.
• Respuesta
• Ad 3. Cristo, como se ha manifestado ya (q.73 a.5), quiso dar este sacramento a sus
discípulos en último lugar para que se imprimiese más fuertemente en sus corazones. Por
eso lo consagró y se lo entregó después de la cena y al finalizar el día.
• Nosotros, sin embargo, lo celebramos a la hora de la pasión del Señor, a saber:
– en los días de fiesta, a las nueve de la mañana, que es cuando fue crucificado por las lenguas de los
judíos, tal y como se dice en Mc 15,25, y cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos,
– en los días ordinarios, a las doce del mediodía, que es cuando fue crucificado a manos de los soldados,
como se dice en Jn 19,14;
– y en los días de ayuno, a las tres de la tarde, que es cuando dando un fuerte grito, exhaló el
espíritu, como se dice en Mt 27,46.50.
• Pero se puede celebrar también más tarde, especialmente cuando hay ordenaciones, y sobre
todo el día de Sábado Santo, ya sea por la prolijidad del oficio, ya sea porque las órdenes
pertenecen al domingo, como se dice en Decretis dist. LXXV cap. 4 Quod a patribus.
• E, incluso, pueden celebrarse misas en las primeras horas del día por motivos de necesidad,
como se dice en De Consecr. dist.I cap.51 Necesse est, etc.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿ Ha de celebrarse este sacramento en


un edificio y con vasos sagrados?
S.Th. III, Q. 83 a.3
S.Th. III, Q. 83 a.3

• Sed contra:  lo prescrito por la Iglesia está ordenado por Cristo,


que dice en Mt 18,20: Donde haya dos o tres congregados en mi
nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
S.Th. III, Q. 83 a.3

• Respuesta:  Los ritos inherentes a la celebración eucarística


tienen una doble finalidad:
– La primera es representar lo que sucedió en la pasión del Señor.
– La segunda es fomentar el respeto que se debe a este sacramento,
en el que Cristo está presente en su realidad, y no sólo en figura.
• Por tanto, las consagraciones de las cosas que se utilizan en
este sacramento están prescritas para fomentar el respeto
que se le debe, y para representar los efectos de santidad
provenientes de la pasión de Cristo, conforme a lo que se
dice en Heb 13,12: Jesús para santificar con su sangre al
pueblo, etc.
S.Th. III, Q. 83 a.3
Objeciones
• Objeción 3. Nada que sea inútil debe hacerse en la Iglesia, que es gobernada por el Espíritu Santo. Pero parece que es inútil
consagrar una iglesia o un altar, o cualquier otra cosa inanimada, que son incapaces de recibir la gracia o la virtud espiritual. Luego
no tienen sentido estas consagraciones en la Iglesia.
• Respuesta
• Ad 3. Si se consagran la iglesia, el altar y demás objetos inanimados, no es porque
sean capaces de recibir la gracia, sino porque con la consagración adquieren una
virtud espiritual que los hace idóneos para el culto divino, de tal manera que estas
cosas inspiren a los hombres una cierta devoción por la que se dispongan mejor a
las cosas divinas, a no ser que su propia irreverencia se lo impida.
–Por lo que en 2 Mac 3,38.39 se dice: En verdad que en este lugar hay un poder divino, pues el que
tiene en los cielos su morada lo visita y lo protege.
• Y es precisamente por esto por lo que estas cosas, antes de la consagración, son
purificadas y exorcizadas, para expeler de ellas la fuerza del enemigo.
–Y, por la misma razón, son reconciliadas las iglesias que han sido profanadas con derramamiento
de sangre o de cualquier clase de esperma, porque el pecado cometido allí manifiesta un influjo
del demonio en ese lugar.
–Por lo cual, también en el mismo lugar, can.21, se lee: Dondequiera que encontréis iglesias
amanas, consagradlas sin demora como iglesias católicas con las divinas preces y los ritos
prescritos (…)
S.Th. III, Q. 83 a.3
Objeciones
• Objeción 5. La realidad debe corresponder a la figura. Pero en el Antiguo Testamento, que era
figura del Nuevo, no se hacía el altar de piedras talladas, conforme a la norma del Ex 20,24-
25: Me erigirás un altar de tierra... Si me hicieres un altar de piedras, no le construirás de piedras
talladas. E incluso en Ex 27,1-2 se manda hacer el altar de madera de acacia, revestida de
bronce, o también de oro, como se dice en Ex 25. No parece oportuna, por tanto, la prescripción
de la Iglesia según la cual el altar debe hacerse sólo de piedra.
• Respuesta
• Ad 5. En De Consecr. dist.I can.31 z se afirma: Si ¡os altares no son de piedra, no se
consagren con crisma. Lo cual se ajusta al significado de este sacramento, tanto
porque el altar significa a Cristo: se dice, efectivamente, en 1 Cor 10,4 que la
piedra era Cristo, como porque el cuerpo de Cristo fue depositado en un sepulcro
de piedra.
• Y se ajusta también al uso del sacramento, ya que la piedra es sólida y se
encuentra fácilmente en todas partes.
• Esto no era necesario en la antigua ley, ya que entonces el altar se erigía en un
solo lugar.
• Y el mandato de hacer el altar de tierra o de piedras toscas fue para evitar la
idolatría.
S.Th. III, Q. 83 a.3
Objeciones
• Objeción 6. El cáliz con la patena representa el sepulcro de Cristo, que había
sido excavado en la roca, como se lee en los Evangelios. Luego el cáliz debe hacerse
de piedra, y no sólo de plata, oro o estaño.
• Respuesta
• Ad 6. En el documento que venimos citando, can.44, se expone: En otro tiempo, los
sacerdotes utilizaban cálices no de oro, sino de madera.
• Sin embargo, el papa Ceferino mandó celebrar la misa con patenas de cristal. 
• Y, posteriormente, el papa Urbano mandó que todo se hiciera de plata. Pero pasando
el tiempo se estableció que el cáliz del Señor con la patena se haga de oro o de plata
o que por lo menos el cáliz sea de estaño.
• Pero que no sea de bronce ni de oropel, ya que estos metales, al contacto con el vino,
crían cardenillo y provocan vómitos. Y que nadie ose cantar la misa con cáliz de
madera o de cristal. 
• Porque la madera es porosa y permanecería en ella la sangre consagrada, y el cristal
es frágil y hay peligro de que se rompa. Y lo mismo se diga de la piedra.
• Por consiguiente, por respeto al sacramento se decretó que el cáliz se hiciera de los
metales indicados.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿Están debidamente establecidas las palabras


que acompañan a este sacramento?
S.Th. III, Q. 83 a.4
S.Th. III, Q. 83 a.4

• Sed contra:  se dice en De Consecr. dist.I can.47: Santiago, hermano del Señor


según la carne, y Basilio, obispo de Cesárea, redactaron la celebración de la misa. 
• Por cuya autoridad queda claro que cada una de las cosas que se dicen en la
celebración de este sacramento son oportunas.
S.Th. III, Q. 83 a.4
• Respuesta:  Puesto que en este sacramento se compendia todo el misterio de nuestra
salvación, por eso se celebra con mayor solemnidad que ninguno. Y porque está escrito en Eclo
4,17: Guarda tus pasos cuando vas a la casa de Dios, y en Eclo 18,23: Antes de la orarían
prepara tu alma, por eso, en primer lugar, antes de celebrar este misterio, se antepone una
preparación que disponga a hacer dignamente lo que sigue.
• La primera parte de esta preparación es la alabanza divina, contenida en el Introito, según
aquello de Sal 49,23: El que me ofrece sacrificios de alabanza me honra, al hombre recto le
mostraré la salvación de Dios. Las más de las veces, el introito se toma de los salmos, o al
menos se canta intercalando en él un salmo, ya que, como observa Dionisio en III De Eccl.
Hier.: en los salmos se contiene en forma de alabanza todo lo que hay en la Sagrada Escritura.
• La segunda parte recuerda la miseria presente al pedir misericordia, diciendo Señor, ten
piedad tres veces dirigiéndose al Padre; tres dirigiéndose al Hijo, cuando se dice: Cristo, ten
piedad, y tres dirigiéndose al Espíritu Santo, al decir de nuevo Señor, ten piedad. Se dice tres
veces contra la triple miseria de la ignorancia, de la culpa y de la pena; o también para significar
que las tres personas están presentes la una en la otra.
• La tercera parte recuerda la gloria celestial, a la cual estamos destinados después de la presente
miseria, diciendo: Gloria a Dios en el cielo. Se canta en las fiestas porque en ellas se recuerda la
gloria celestial, y se omite en los oficios de luto, que recuerdan nuestra miseria.
• La cuarta parte contiene la Oración que hace el sacerdote por el pueblo, para que todos sean
dignos de tan grandes misterios.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• En segundo lugar, sigue la instrucción del pueblo fiel, porque este sacramento
es misterio de fe, como se ha dicho más arriba (q.78 a.3 ad 5).
– Esta enseñanza tiene lugar inicialmente con la doctrina de los Profetas y de los Apóstoles, que
viene proclamada en la Iglesia por los lectores y los subdiáconos.
– Después de esta lectura, el coro canta el gradual, que significa el progreso de la vida, y
el aleluya, que significa la alegría espiritual, o el tracto, en los oficios luctuosos, que significa el
llanto espiritual. Estos son, en efecto, los frutos que debe producir en los fieles la doctrina
indicada.
• Ahora bien, al pueblo se le instruye de modo perfecto con la doctrina de Cristo,
contenida en el Evangelio, leído por los ministros más importantes, o sea, por los
diáconos.
• Y puesto que creemos a Cristo como a la Verdad divina, según aquello de Jn 8,46: Si
os digo la verdad, ¿por qué no me creéis?, una vez leído el Evangelio, se canta
el símbolo de la fe con el que el pueblo manifiesta su asentimiento a la doctrina de
Cristo por la fe. El símbolo, sin embargo, se canta en las fiestas de quienes se hace
alguna mención en él, como son las fiestas de Cristo, de la Santísima Virgen y de los
Apóstoles, que fundamentaron nuestra fe, y en otras semejantes.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• Y, una vez que el pueblo ha sido preparado e instruido de esta manera,


se pasa a la celebración del misterio. Un misterio que se ofrece como
sacrificio, y se consagra y se toma como sacramento.
• Porque primero se hace la oblación, después se consagra la materia
ofrecida y, finalmente, se recibe esta ofrenda.
• En la oblación hay que distinguir dos momentos: la alabanza del
pueblo con el canto del ofertorio, que significa la alegría de los
oferentes, y la oración del sacerdote, que pide que la oblación del
pueblo sea agradable a Dios.
• Por eso en 1 Par 29,17 dice David: Con sencillez de corazón te he
ofrecido todas estas cosas, y ahora veo que tu pueblo, aquí reunido, te
ofrece espontáneamente tus dones. 
• Y después (v.18) ora diciendo: Señor, Dios, manten siempre en ellos
esta disposición de ánimo.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• En lo que se refiere después a la consagración, que se realiza por virtud


sobrenatural, primeramente se suscita la devoción del pueblo en
el prefacio con el que se invita a levantar el corazón al Señor. Y, por eso,
una vez terminado el prefacio, el pueblo alaba devotamente tanto la
divinidad de Cristo, diciendo con los ángeles (Is 6,3): Santo, santo,
santo, como su humanidad, cantando con los niños (Mt 21,9): Bendito el
que viene. 
• Posteriormente, el sacerdote recuerda secretamente en primer lugar a
aquellos por quienes se ofrece este sacrificio, o sea: la Iglesia universal, a
los que están constituidos en autoridad (1 Tim 2,2), y especialmente
a quienes ofrecen o por quienes se ofrece este sacrificio. 
• En segundo lugar recuerda a los santos, cuyo patrocinio implora sobre las
personas ya recordadas diciendo: Unidos en la misma comunión,
veneramos la memoria, etc. Finalmente, concluye la petición con las
palabras: Acepta, pues, esta oblación, etc., para que esta oblación sea
salutífera para aquellos por quienes se ofrece.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• Y, seguidamente, llega el sacerdote a la consagración misma.


– Y pide primeramente que la consagración obtenga su efecto
diciendo: santifica plenamente esta ofrenda. 
– En segundo lugar, realiza la consagración con las palabras del Salvador
diciendo: El cual, la víspera de su pasión, etc.
– En tercer lugar, el sacerdote se excusa de esta audacia declarando haber
obedecido al mandato de Cristo, con las palabras: Por tanto, nosotros
tus siervos, recordando tu pasión. 
– En cuarto lugar, suplica que el sacrificio realizado sea acepto a Dios,
cuando dice: Dígnate, Señor, mirar propicio, etc.
– Y, finalmente, invoca el efecto de este sacrificio y sacramento: para los
mismos que lo toman al decir: Humildemente te rogamos; para los
muertos, que ya no lo pueden recibir, cuando dice: Acuérdate también,
Señor, etc., y especialmente para los mismos sacerdotes que lo ofrecen,
diciendo: También a nosotros, pecadores, etc.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• Y así se pasa a la consumación de este sacramento.


Primeramente se prepara al pueblo para recibirlo.
– Primero, por la oración común de todo el pueblo, que es el
Padrenuestro, en la que pedimos que nos dé nuestro pan de
cada día; y también por la oración privada, que el sacerdote
presenta especialmente por el pueblo cuando dice: Líbranos,
Señor. 
– Segundo, se le prepara al pueblo con la paz, que se le da
cuando se dice el Cordero de Dios. Este sacramento es,
efectivamente, sacramento de unidad y de paz, como más
arriba se dijo. Ahora bien, en las misas de difuntos, en las que
este sacrificio se ofrece no por la paz presente, sino por el
descanso de los muertos, la paz se omite.
S.Th. III, Q. 83 a.4

• Seguidamente viene la recepción del sacramento. Primeramente


lo recibe el sacerdote, y después se lo da a los demás. Porque,
como dice Dionisio en III De Eccl. Hier., quien entrega las cosas
divinas a los demás, debe participar de ellas primeramente él.
• Y, finalmente, toda la celebración de la misa termina con
la acción de gracias. El pueblo exulta de alegría por haber
participado en el misterio, y ése es el significado del canto
después de la comunión; y el sacerdote da gracias con la
oración, de la misma manera que Cristo, una vez celebrada la
cena con sus discípulos, recitó el himno, como se narra en Mt
26,30.
S.Th. III, Q. 83 a.4
Objeciones

• Objeción 2. Nosotros conocemos las palabras y las acciones de Cristo por el Evangelio. Ahora bien, en la consagración de
este sacramento hay algunas expresiones que no constan en el Evangelio.No consta en el Evangelio, por ejemplo, que
Cristo en la institución de este sacramento elevara los ojos al cielo. Igualmente, en los Evangelios z se dice tomad y
comed, pero no se dice todos. Mientras que en la celebración de este sacramento se dice: Elevados los ojos al cielo, y,
seguidamente, tomad y comed todos. Luego estas palabras han sido introducidas indebidamente en la celebración de
este sacramento.
• Respuesta
• Ad 2. Se declara en Jn 21,25 que el Señor hizo y dijo muchas cosas que los evangelistas no han
consignado por escrito.
• Y entre esas cosas está el que el Señor en la cena elevó los ojos al cielo, según consta a la
Iglesia por tradición apostólica. Parece razonable, en efecto, que si elevó los ojos al Padre en la
resurrección de Lázaro y en la oración que hizo por sus discípulos, según se dice en Jn 11,41 y
17,1 respectivamente, mucho más haya podido elevarlos al instituir este sacramento,
tratándose de algo mucho más importante.
• Y el hecho de que diga manducad en lugar de comed no cambia el sentido. Además de que no
importa una locución u otra, puesto que, como ya se dijo (q.78 a.1 ad 2.4), esas palabras no
pertenecen a la forma.
• En lo que se refiere a la adición del término todos, hay que decir que está implícito en las
palabras evangélicas, aunque no esté expreso. Porque el mismo Cristo había dicho en Jn
6,54: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, no tendréis vida en vosotros.
S.Th. III, Q. 83 a.4
Objeciones

• Objeción 7. Es absolutamente cierto que la virtud divina actúa en este sacramento. Luego es superflua la
petición que hace el sacerdote de que se realice este sacramento, cuando dice: Santifica plenamente esta
oblarían, etc.
• Respuesta
• Ad 7. La eficacia de las palabras sacramentales puede ser impedida por la intención del
sacerdote.
• Y no puede decirse que sea superfluo pedir a Dios lo que sabemos que él realizará con
absoluta certeza, de la misma manera que Cristo, según Jn 17,1.5, pidió su propia glorificación.
• Sin embargo, no parece que el sacerdote ore ahí para que se realice la consagración, sino para
que nos sea fructuosa, por lo que expresamente dice que se haga para nosotros cuerpo y
sangre. 
• Y esto es lo que, según San Agustín, significan las palabras anteriores: 
–Dígnate hacer que esta oblación sea bendita, o sea, que nosotros seamos bendecidos por ella, esto es,
por su gracia; 
–adscrita, es decir, que por ella seamos inscritos en el cielo; 
–ratificada, o sea, que seamos considerados como miembros de Cristo; razonable, a saber, que seamos
despojados de la sensualidad bestial; 
–aceptable, es decir, que nosotros, que nos desagradamos a nosotros mismos, seamos aceptables por
ella al Hijo de Dios.
S.Th. III, Q. 83 a.4
Objeciones
• Objeción 9. De la misma manera que el cuerpo de Cristo no comienza a estar en este sacramento por un cambio de lugar, según la
explicación dada (q.75 a.2), así tampoco deja de estar en él por movimiento local. Luego no tiene sentido la petición del sacerdote: Manda
que por las manos de tu santo ángel sean llevados estos dones a tu altar del cielo.
• Respuesta
• Ad 9. El sacerdote no pide que las especies sacramentales sean transportadas al cielo, ni que lo
sea el cuerpo real de Cristo, el cual nunca dejó de estar allí.
• Sino que pide esto para el cuerpo místico, significado en este sacramento, o sea, que el ángel
asistente de los divinos misterios presente a Dios las oraciones del pueblo y del sacerdote, según
aquello de Ap 8,4: El humo del incienso subió de la mano del ángel con las oblaciones de sus
santos. 
• El altar del cielo significa aquí o la misma Iglesia triunfante, a la que pedimos ser llevados, o el
mismo Dios, del cual imploramos la participación, ya que de este altar se dice en Ex 20,26: No
subirás por las gradas a mi altar, o sea, no admitirás grados en la Trinidad.
• También se entiende por el ángel el mismo Cristo, que es el ángel del gran consejo (Is 9,6), quien
une su cuerpo místico a Dios Padre y a la Iglesia triunfante.
• Por todo esto, al sacrificio eucarístico también se le llama misa (enviada),
–porque el sacerdote envía preces a Dios a través del ángel, como el pueblo las envía a través del sacerdote.
–O porque Cristo es para nosotros la víctima enviada. 
–De ahí que el diácono en los días festivos despida al pueblo diciendo: Marchaos, ha sido enviada, a saber, la
hostia a Dios por el ángel para que sea acepta a Dios.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿Son oportunas las ceremonias que se hacen


en la celebración de este sacramento?
S.Th. III, Q. 83 a.5
S.Th. III, Q. 83 a.5

• Sed contra:  está la costumbre de la Iglesia, que no


puede equivocarse como instruida que está por el
Espíritu Santo.
S.Th. III, Q. 83 a.5

• Respuesta:  Como ya se declaró más arriba (q.60 a.6), para que


la significación en los sacramentos sea perfecta debe realizarse
de dos maneras: mediante las palabras y los hechos.
• Ahora bien, en la celebración de este sacramento, mediante las
palabras se significan cosas pertenecientes: a la pasión de
Cristo, representada en él; al cuerpo místico, significado en él;
o al uso de este sacramento, que debe hacerse con devoción y
respeto.
• Y, por eso, en la celebración de este misterio algunas cosas se
hacen: para representar la pasión de Cristo, o para indicar las
disposiciones del cuerpo místico, o para fomentar la devoción y
el respeto en el uso de este sacramento.
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones
• Objeción 1. Este sacramento pertenece al Nuevo Testamento, como consta por su propia forma. Ahora bien, en el Nuevo
Testamento no se han de observar las ceremonias del Antiguo Testamento, a las cuales se remonta la ablución con agua que
los sacerdotes y ministros practicaban cuando se acercaban a ofrecer. Se lee, efectivamente, en Ex 30,19-20: Aarón y sus hijos
se lavaron las manos y los pies al subir al altar. Luego no es oportuno que el sacerdote se lave las manos durante la misa.
• Respuesta
• Ad 1. En la celebración de la misa se hace el lavatorio de las manos por respeto hacia el sacramento.
Y esto por dos motivos.
–Primero, porque no solemos tocar ciertas cosas preciosas sin lavarnos antes las manos. De tal manera que
sería indecoroso que alguien se acercase a tan gran sacramento con las manos sucias, aun en el sentido
corporal de la palabra.
–Segundo, por el significado de este rito. Porque, como dice Dionisio en III De Eccl. Hier., la ablución de las
extremidades significa la limpieza aun de los pecados más leves, conforme al texto de Jn 13,10: Quien ya está
limpio no necesita lavarse más que los pies. Y esta limpieza se requiere en quien se acerca a este sacramento.
(…)
• Pero la Iglesia no mantiene este rito como una ceremonia prescrita por la antigua ley, sino como una
ceremonia instituida por ella, muy adecuada a sí misma. Por eso no se observa del mismo modo que
entonces.
• De hecho, se omite la ablución de los pies, y se hace sólo la ablución de las manos, que es más
rápida, y es suficiente para significar la perfecta limpieza. Porque, siendo la mano el órgano de los
órganos, como se dice en III DeAnimaz, todas las obras son atribuidas a las manos. Por eso se dice
en Sal 25,6: Lavaré mis manos entre los inocentes.
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 3. Las ceremonias que se hacen en los sacramentos de la Iglesia no deben repetirse. Luego el sacerdote no debe
hacer tantas cruces sobre este sacramento.
• Respuesta
• Ad 3. El sacerdote hace la señal de la cruz en la celebración de la misa para representar la pasión de Cristo,
que terminó en la cruz. Ahora bien, la pasión de Cristo fue desarrollándose como a través de etapas.
–La primera, efectivamente, fue la entrega de Cristo, que fue hecha por Dios, por Judas y por los judíos. Esto es lo que
se significa con el triple signo de la cruz al decir las palabras: Estos dones, estas ofrendas, estos santos e inmaculados
sacrificios.
–La segunda etapa fue la venta de Cristo. Pero fue vendido por los sacerdotes, por los escribas y por los fariseos. Para
significar lo cual se repite de nuevo la triple señal de la cruz a las palabras: bendita, adscrita, ratificada. Estos tres
signos pueden significar también el precio de la venta, o sea, treinta monedas. Y se añade una doble señal de la cruz
a las palabras: y que se convierta para nosotros en cuerpo y sangre, para designar la persona de Judas que le vendió,
y la persona de Cristo que fue el vendido.
–La tercera etapa fue el anuncio de la pasión de Cristo, hecho en la cena. Para designar el cual se hacen por tercera
vez dos cruces, una en la consagración del cuerpo, y otra en la consagración de la sangre, cuando en ambos casos se
dice: bendijo.
–La cuarta etapa fue la misma pasión de Cristo. Y aquí, para representar las cinco llagas, se hace por cuarta vez una
quíntuple señal de la cruz al pronunciar las palabras: hostia pura, hostia santa, hostia inmaculada, pan santo de vida
eterna y cáliz de eterna salvación.
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 3. Las ceremonias que se hacen en los sacramentos de la Iglesia no deben repetirse. Luego el sacerdote no
debe hacer tantas cruces sobre este sacramento.
• Respuesta
• Ad 3. En la quinta etapa se representa la extensión del cuerpo de Cristo sobre la cruz, la efusión de su sangre y el
fruto de la pasión por la triple señal de la cruz que se hace al decir: que cuantos tomemos el cuerpo y la sangre
seamos llenos de toda bendición.
–En la sexta etapa se representa la triple oración que hizo en la cruz:
• una por los que le perseguían, cuando dijo: Padre, perdónalos. 
• La segunda, por la liberación de su propia muerte, cuando dijo: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? 
• La tercera, para conseguir la gloria, con la invocación: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y para significar esta
triple oración se hace tres veces la señal de la cruz al decir las palabras: santificas, vivificas, bendices, etc.
–En la séptima etapa se representan las tres horas que pendió de la cruz, o sea, desde las doce del mediodía
hasta las tres de la tarde. Y para significar estas horas se hace la señal de la cruz con las palabras: Por El, con El y
en El.
–A la octava etapa corresponde la separación del alma y del cuerpo, significada por las dos cruces siguientes,
hechas fuera del cáliz.
–En la novena etapa se representa la resurrección al tercer día por las tres cruces que se hacen a las palabras: La
paz del Señor esté siempre con vosotros.
• Pero puede decirse más brevemente que la consagración de este sacramento, la aceptación del sacrificio
y el fruto de éste proceden de la eficacia de la cruz de Cristo. Por eso, dondequiera que se hace mención
de alguna de estas cosas, el sacerdote hace una cruz.
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 4. Dice el Apóstol en Heb 7,7: Es incuestionable que el inferior


recibe la bendición del superior. Pero Cristo, que después de la consagración
está presente en este sacramento, es muy superior al sacerdote. Luego es
inadecuado que el sacerdote, después de la consagración, bendiga este
sacramento con la señal de la cruz.
• Respuesta
• Ad 4. Después de la consagración, el sacerdote no hace la
señal de la cruz para bendecir ni para consagrar, sino sólo
para conmemorar la eficacia de la cruz y las circunstancias
de la pasión de Cristo, como consta de lo dicho (ad 3).
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 9. En este sacramento el cuerpo de Cristo se consagra separado de la sangre. Luego no hay
por qué mezclar una parte del cuerpo con la sangre.
• Respuesta
• Ad 9. El cáliz puede tener un doble significado.
– Primero, la pasión misma, representada en este sacramento. Y en conformidad con
este significado, la parte echada en el cáliz significa a aquellos que todavía participan
en los sufrimientos de Cristo.
– Segundo, puede significar también la fruición beatifica, prefigurada también en este
sacramento. En cuyo caso, la parte de la hostia echada en el cáliz significa a aquellos
que con su cuerpo disfrutan ya plenamente de la bienaventuranza.
• Hay que advertir que la parte introducida en el cáliz no puede darse al pueblo
en el caso de que falten formas para comulgar, ya que pan mojado no lo dio
Cristo más que a Judas, el traidor (Jn 13,20).
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 11. Y todavía más: la verdad debe corresponder a la figura. Pero con respecto al cordero pascual, que
fue figura de este sacramento, se manda que no permanezca de él nada para la mañana siguiente. Luego no es
conveniente que se reserven las hostias consagradas y que no se asuman seguidamente.
• Respuesta
• Ad 11. La realidad debe corresponder a la figura en algún punto. Y, por eso, no se
debe reservar para el día siguiente ninguna parte de la hostia consagrada con la que
comulgan el sacerdote, los ministros y el pueblo.
– De ahí la disposición del papa Clemente, referida en De Consecr. dist.II can.23: Ofrézcanse en el
altar tantas hostias cuantas sean suficientes para comulgar el pueblo. Y si sobran, no se reserven
para el día siguiente, sino que, con temor y temblor, sean consumidas por el celo de los clérigos.
• Pero, puesto que este sacramento se ha de tomar todos los días, y el cordero
pascual no, es menester reservar algunas hostias consagradas para los enfermos.
– Por eso, en la misma distinción, can.93, se lee: El presbítero tenga siempre pronta la eucaristía, de
modo que, cuando alguien caiga enfermo, seguidamente comulgue, no sea que muera sin
comunión.
S.Th. III, Q. 83 a.5
Objeciones

• Objeción 12. El sacerdote habla en plural a los oyentes, como cuando dice: El Señor esté con
vosotrosy demos gracias al Señor, nuestro Dios. Pero parece inadecuado hablar en plural a uno solo, muy
especialmente si es un menor. Luego no parece conveniente que el sacerdote celebre la misa en presencia
de un solo ministro asistente.
• Respuesta
• Ad 12. En la celebración solemne de la misa deben estar presentes varias
personas. Por lo que el papa Sotero, como se refiere en De Consecr. dist.I can.61,
dice: Se ha establecido que ningún presbítero celebre la misa sin dos personas
que le respondan, siendo él el tercero. Porque al decir él en plural: «El Señor esté
con vosotros», y en la secreta: “Orad, hermanos...”, es evidentemente oportuno
que tenga una respuesta. 
• De ahí que en el mismo lugar se establezca que el obispo celebre la misa en
presencia de muchos.
• En las misas privadas, sin embargo, basta la presencia de un solo ministro que
representa a todo el pueblo católico, en cuyo nombre responde en plural al
sacerdote.
Tratado de la Eucaristía: el Sacrificio

¿Puede ponerse remedio a los defectos que


ocurren en la celebración de este sacramento
observando las leyes de la Iglesia?
S.Th. III, Q. 83 a.6
S.Th. III, Q. 83 a.6

• Sed contra:  ni Dios ni la Iglesia nos mandan lo


imposible.
S.Th. III, Q. 83 a.5

• Respuesta:  Hay dos maneras de salir al paso de los


posibles peligros o defectos en la celebración de este
sacramento.
• Una, previniéndoles para que no ocurran.
• Otra, después de ocurridos, tratar de enmendarlos
poniendo remedio, o, al menos, haciendo la debida
penitencia quien obró con negligencia hacia este
sacramento.
S.Th. III, Q. 83 a.6
Objeciones

• Objeción 1. Algunas veces sucede que un sacerdote, antes o después de la


consagración, muere, o enloquece, o es aquejado de alguna otra enfermedad, de tal
manera que no puede asumir el sacramento ni terminar la misa. Luego parece que
no puede cumplir lo establecido por la Iglesia, según lo cual el sacerdote que
consagra tiene que comulgar su sacrificio.
• Respuesta
• Ad 1. Si al sacerdote le sobreviene la muerte o una enfermedad
grave después de la consagración del cuerpo y de la sangre del
Señor, no es necesario que otro le supla.Pero si la cosa sucede
después de comenzar la consagración, por ejemplo después de
consagrar el cuerpo y antes de consagrar la sangre, o después de la
consagración de ambos, la celebración de la misa debe ser
terminada por otro (…)
S.Th. III, Q. 83 a.6
Objeciones
• Objeción 2. Alguna vez acontece que el sacerdote, antes o después de la consagración, recuerda que ha comido o
bebido algo, o que está en pecado mortal, o excomulgado, cosas de las que antes no se acordaba. Luego es inevitable
que quien está en esta situación peque mortalmente, porque actuará contra lo establecido por la Iglesia, tanto si
comulga como si no comulga.
• Respuesta
• Ad 2. Cuando se presenta una dificultad hay que optar siempre por lo que entraña menos
peligro.
• Pues bien, lo más peligroso para este sacramento es lo que atenta a su misma realización,
porque esto es un enorme sacrilegio.
• Pero es menos peligroso lo que se refiere a las disposiciones de quien lo toma.
• Por tanto, si el sacerdote se acuerda, después de la consagración,
–de que ha comido o bebido algo, debe completar el sacrificio y asumir el sacramento.
–Igualmente, si se acuerda de que ha cometido un pecado, debe arrepentirse con propósito de
confesar y satisfacer, de tal manera que asuma el sacramento no indigna, sino fructuosamente.
–Y la misma razón vale para el caso de acordarse de que está excomulgado. Debe proponerse pedir
la absolución. Y así le absolverá el invisible Pontífice, Jesucristo, para este acto de acabar los
divinos misterios.
• Pero si se acuerda de estas cosas antes de la consagración, pienso que es más seguro,
sobre todo en el caso de haber comido y en el de la excomunión, que deje empezada la
misa, a no ser que se prevea un grave escándalo.
S.Th. III, Q. 83 a.6
Objeciones

• Objeción 3. Sucede algunas veces que, después de la consagración, cae en el cáliz una mosca, una araña,
o algún animal venenoso; o viene a saber el sacerdote que en el cáliz han echado veneno para matarlo.
En cuyo caso, si comulga parece que peca mortalmente: o porque se mata, o porque tienta a Dios. E,
igualmente, si no comulga, peca por contravenir lo establecido por la Iglesia. Luego en esta situación el
sacerdote queda perplejo y sometido a la necesidad de pecar. Lo cual es inadmisible.
• Respuesta
• Ad 3. Si cayese una mosca o una araña en el cáliz antes de la consagración, o se da
cuenta de que le han echado veneno, debe tirar el vino y, una vez limpiado el cáliz,
echar otro vino para consagrarlo.
• Pero si alguno de estos animales cae en el cáliz después de la consagración, debe
cogérsele con cuidado, lavarle bien, quemarlo y echar en el sumidero las cenizas y el
líquido de la ablución.
• Y si se da cuenta de que el vino consagrado tiene veneno, no debe asumirlo ni
dárselo a nadie para que el cáliz de vida no se convierta en instrumento de muerte,
sino que debe depositarlo en un vaso adecuado al efecto y conservarlo con la
reserva. Y para que el sacramento no quede inacabado, debe echar vino en el cáliz y,
comenzando de nuevo a partir de la consagración de la sangre, terminar el sacrificio.

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