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Tratado de la Eucaristía:

Intellectus Fidei X
Del ministro del Sacramento
S.Th. III, Q. 82
División del Tratado sobre la Eucaristía

• La Eucaristía como SACRAMENTO (Q. 73-82)


• Existencia (Q. 73)
• Esencia (Q. 74-82)
• Constitutiva (Q. 74-78)
• Materia (Q. 74-77)
• Remota, el pan y el vino (Q. 74)
• Paso a la próxima:
• In fieri, la Transubstanciación (Q. 75)
• In facto esse, Presencia Real (Q. 76)
• Próxima, los accidentes (Q. 77)
• Forma (Q. 78)
• Consecutiva (Q. 79-82)
• En sí misma (Q. 79)
• En su uso (Q. 80-82)
• La Comunión (Q. 80)
• Uso en la Última Cena (Q. 81)
• Ministro (Q. 82)

• La Eucaristía como SACRIFICIO (Q. 83)


El sacerdocio de Cristo,
“fuente de todo sacerdocio”
(STh 3,22,4c)
Cristo, sumo y eterno Sacerdote

• “El Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo


creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de
la nada. De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote,
entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su
Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida.
Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para
gloria de la Santísima Trinidad. Verdaderamente, éste es
el mysterium fidei que se realiza en la Eucaristía: el mundo
nacido de las manos de Dios creador retorna a Él redimido por
Cristo”
(Ecclesia de Eucharistia, 8)
Cristo, sumo y eterno Sacerdote

• “Todo Sumo Sacerdote tomado de entre los hombres es


constituido en bien de los hombres, en lo concerniente a
Dios, para que ofrezca dones y sacrificios por los
pecados, capaz de ser compasivo con los ignorantes y
extraviados, ya que también él está rodeado de flaqueza;
y a causa de ella debe sacrificar por los pecados propios
lo mismo que por los del pueblo. Y nadie se toma este
honor sino el que es llamado por Dios, como lo fue
Aarón…”
(Heb. 5, 1-4)
Cristo, sumo y eterno Sacerdote

• “Así Cristo no se exaltó a Sí mismo en hacerse Sumo Sacerdote,


sino Aquel que le dijo: “Mi Hijo eres Tú, hoy te he engendrado”.
Así como dice cambien en otro lugar: “Tú eres sacerdote para
siempre, según el orden de Melquisedec”.
• El cual (Cristo) en los días de su carne, con grande clamor y
lágrimas, ofreció ruegos y suplicas a Aquel que era poderoso para
salvarle de la muerte; y habiendo obtenido ser librado del temor,
aunque era Hijo, aprendió la paciencia por sus padecimientos y,
una vez perfeccionado, vino a ser causa de sempiterna salud para
todos los que le obedecen, siendo constituido por Dios Sumo
Sacerdote según el orden de Melquisedec”.
(Heb. 5, 5-10)
Cristo, sumo y eterno
Sacerdote
• Nuestro Señor reúne
todas las características
necesarias para el
sacerdocio:
– Ser hombre,
– Ser escogido,
– Ser ungido,
– Ser mediador
Cristo, sumo y eterno Sacerdote
• Verdadero hombre:
– En cuanto Dios, Hijo del Eterno
Padre, permaneciendo en Su seno,
no le convenía el sacerdocio,
– a partir de la Encarnación, cuando
la Segunda Persona de la Santísima
Trinidad asumió una naturaleza
humana sin perder Su Divinidad,
comenzó a ser también verdadero
hombre (Fil, 2,6-7)
– Y aunque Su Persona es Divina y no
humana, como miembro de la
familia humana, es capaz de
condolerse con los hombres y
“cargar con nuestras miserias” (Cf.
Is. 53,4),
– y “a semejanza nuestra, ha sido
tentado en todo, aunque sin
pecado” (Heb. 4,15)
• Ser escogido
– no por decisión humana
– sino por el Padre Eterno,
– que determinó desde la eternidad que la Redención
se operase por el sacrificio de Su Hijo unigénito
hecho también verdadero hombre
• Ser ungido
– consagrado mediante la unción,
apartado de lo profano y
dedicado exclusivamente al
servicio de Dios y a la salvación
de sus hermanos los hombres
– Según los Padres de la Iglesia, la
unción que consagró la
humanidad de Cristo fue el
propio Verbo de Dios, que le
confirió a la humanidad asumida
el sacerdocio y las gracias anejas
• en la catedral de su Santísima
Madre,
• en el instante mismo de la
Encarnación.
– Esta unción se ordena a los dos
fines que dan sentido a todo Su
sacerdocio:
• La gloria de Dios.
• La santificación de los hombres.
• Ser Mediador
– Gracias a la unión hipostática,
Cristo desempeña el munus de
mediador de modo admirable
– Como hombre, es capaz de
compadecerse de las
debilidades de sus hermanos,
de abajarse hasta la muerte y
muerte de cruz para dar gloria
a Su Padre
– Como Verbo, impregna todas
sus acciones de un valor
infinito:
• Ofrece lo sagrado a los hombres:
la doctrina y la gracia
(mediación descendente)
• Ofrece al Padre las preces del
pueblo y el sacrificio que
glorifica a Dios (mediación
ascendente)
Para ofrecer un sacrificio
• Al sacerdote compete ofrecer un
sacrificio
– que es el acto por excelencia de la virtud
de la religión.
• El sacrificio es el acto externo y social
por el cual el sacerdote ofrece a Dios,
en nombre de la inmensa familia
humana, una víctima inmolada, para
– expresar su reconocimiento del supremo
dominio de Dios,
– reparar las ofensas cometidas contra Su
Divina Majestad,
– para darLe gracias por sus beneficios
– para solicitarLe los dones que los hombres
requieran.
• Cristo ofreció un verdadero sacrificio,
siendo el sacerdote por excelencia, de
allí que su sacrificio es perfecto.
• La Encarnación fue la condición del sacrificio:
“Por lo cual, entrando en el mundo, Cristo dice: ‘No quisiste sacrificios, ni
oblaciones, pero me has preparado un cuerpo. Los holocaustos y sacrificios
por el pecado no Te agradaron. Entonces Yo dije: Heme aquí que vengo –en
el volumen del libro está escrito de Mí- para hacer, oh Dios, tu voluntad...
En virtud de esta voluntad somos santificados por la oblación del cuerpo de
Jesucristo, hecha una sola vez” (Hb 10,5-7.10).
• Comenzó a ofrecer este Sacrificio desde el primer instante de su concepción, lo
renovó exteriormente cuando fue presentado al Templo;
• preparó la inmolación con una vida de trabajos, humillaciones y persecuciones.
• Lo realizó en el altar de la cruz, soportando heroicamente los ultrajes y tormentos.
• Y finalmente lo consumó al resucitar y subir al cielo, donde -en el punto culminante
de Su Sacrificio-, intercede por nosotros, para que se nos apliquen los frutos de Su
Pasión salvadora.
Cualidades del sacerdocio de Cristo

• Es eterno
• Se identifican el
Sacerdote y la Víctima
• Es perfecto y eficaz
El sacerdocio de Cristo es eterno

• Es imperecedero por la unción que lo consagra, derivada de la unión hipostática,


que es indestructible.
• En cuanto Sumo Sacerdote no tiene ni tendrá sucesor.
• Es eterno por los efectos de su sacrificio, los bienes definitivos.
“Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec”
(Sal 109,4; Hb 7,17)
Es Sacerdote y Víctima
• En los sacrificios antiguos siempre el
sacerdote era distinto de la víctima.
• Cristo, Sumo Sacerdote,
voluntariamente se entregó y se
inmoló a sí mismo como víctima por
nuestra redención.
“Nos amó y se entregó por nosotros,
ofreciéndose a Dios en sacrificio de
agradable olor” .
(Ef 5,2; cfr. Sal 40,7)

• El poder ofrecer la propia vida en


holocausto es un poder exclusivo de
Cristo. Sólo Él, por ser Dios, tiene
potestad de disponer de su vida;
puede darla y puede recuperarla,
puede morir y resucitar.
Perfecto y eficaz
• Un sacerdocio es tanto más excelso
cuanto el sacerdote
– se une más con Dios,
– se une con la víctima más pura, y
– se une más íntimamente con el pueblo
por el cual ofrece el sacrificio.
• Así Cristo está unido a Dios de una
manera perfectísima por ser la
Santidad misma en cuanto Verbo
encarnado.
– Su humanidad ha quedado empapada
de santidad por su unión con el Verbo.
– Las acciones sacerdotales de Cristo
son teándricas, propias del Dios-
hombre, y tienen valor infinito para
merecer y satisfacer, para adorar y dar
gracias.
Perfecto y eficaz
• El sacerdocio de Cristo es
perfectísimo porque su unión
con la víctima es total, Él es
la Víctima.
• Cristo se ha unido al pueblo
de modo perfectísimo, ya
que lo hizo prolongación de
su propio cuerpo físico.
• Ningún otro sacerdocio es
capaz de dar semejante
gloria a Dios, expiar tan
perfectamente los pecados y
merecernos tal cúmulo de
gracia como el de Cristo.
El sacerdote principal
del Sacrificio de la
Misa es Jesucristo

• TRENTO: “Una y la misma es la víctima, uno mismo el que ahora se


ofrece por ministerio de los sacerdotes y el que se ofreció entonces
en la cruz: sólo es distinto el modo de ofrecerse” (Dz 940/ DS 1743).
• PIO XII: “el Sumo Sacerdote hace lo mismo que hizo ya en la cruz,
ofreciéndose a sí mismo al Eterno Padre como hostia gratísima...
Idéntico, pues, es el sacerdote, Jesucristo, cuya sagrada persona
está representada por el obispo” (Mediator Dei, AAS 39 [1947] 548).
• Concilio Vaticano II: “Está presente en el sacrificio de la Misa, sea en
la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los
sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre
todo bajo las especies eucarísticas” (Sacrosantum Concilium, 7).
El sacerdote principal del
Sacrificio de la Misa es Jesucristo

• Pablo VI: “toda misa, aunque sea celebrada privadamente por un sacerdote, no es
acción privada, sino acción de Cristo y de la Iglesia, la cual, en el sacrifico que
ofrece, aprende a ofrecerse a sí misma como sacrificio universal, y aplica a la
salvación del mundo entero la única e infinita virtud redentora del sacrificio de la
Cruz (…)
• «Quiero añadir una cosa verdaderamente maravillosa, pero no os extrañéis ni
turbéis. ¿Qué es? La oblación es la misma, cualquiera que sea el oferente, Pablo
o Pedro; es la misma que Cristo confió a sus discípulos, y que ahora realizan los
sacerdotes; esta no es, en realidad, menor que aquélla, porque no son los
hombres quienes la hacen santa, sino Aquel que la santificó. Porque así como las
palabras que Dios pronunció son las mismas que el sacerdote dice ahora, así la
oblación es la misma» (…)
• E insiste san Juan Crisóstomo: «No es el hombre quien convierte las cosas
ofrecidas en el cuerpo y sangre de Cristo, sino el mismo Cristo que por nosotros
fue crucificado. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia aquellas palabras, pero su
virtud y la gracia son de Dios. Esto es mi cuerpo, dice. Y esta palabra transforma las
cosas ofrecidas»” (Mysterium Fidei, 4; 5 y 6 citando a San Juan Crisóstomo)
El sacerdote principal
del Sacrificio de la
Misa es Jesucristo

• Juan Pablo II: “Con la potestad que le viene del Cristo del
Cenáculo, dice: « Esto es mi cuerpo, que será entregado por
vosotros... Éste es el cáliz de mi sangre, que será derramada
por vosotros ». El sacerdote pronuncia estas palabras o, más
bien, pone su boca y su voz a disposición de Aquél que las
pronunció en el Cenáculo y quiso que fueran repetidas de
generación en generación por todos los que en la Iglesia
participan ministerialmente de su sacerdocio”
(Ecclesia de Eucharistia; 5)
El sacerdote ordenado puede
actuar In persona Christi

• El mandato de Cristo: Haced esto en memoria mía (Lc 22, 19; 1 Cor 11, 24), como
entendió siempre la Tradición de la Iglesia, se refirió exclusivamente a los apóstoles y
sus sucesores en el sacerdocio, los obispos y presbíteros, ministros de los divinos
misterios.
• Según SAN JUSTINO (Apol. I 65), “el prefecto de los hermanos”, esto es, el obispo, es el
que consagra la Eucaristía, mientras que los diáconos sólo La distribuyen (cf. también
SAN CIPRIANO, Ep. 63, 14; 76, 3).
• El concilio de Nicea (can. 18) negó expresamente a los diáconos el poder de ofrecer el
sacrificio y, por tanto, de consagrar.
• El concilio IV de LETRÁN (1215) declaró contra los valdenses, que rechazaban la
jerarquía y reconocían a todos los fieles los mismos poderes: “Este sacramento
solamente puede realizarlo el sacerdote ordenado válidamente” (Dz 430/ DS 802; cf.
Dz 424/ DS 794).
• El concilio de TRENTO definió la institución por Cristo de un sacerdocio especial al que
está reservado el poder de consagrar, (cfr. Dz 961/ DS 1771; Dz 949/ DS 1752).
• Y Pablo VI dejó bien clara “la distinción no sólo de grado, sino también de naturaleza
que hay entre el sacerdocio de los fieles y el sacerdocio jerárquico” (Mysterium Fidei, 4)
El sacerdote ordenado puede
actuar In persona Christi

• Juan Pablo II: “La expresión, usada repetidamente por el Concilio Vaticano II,
según la cual el sacerdote ordenado « realiza como representante de Cristo
el Sacrificio eucarístico », estaba ya bien arraigada en la enseñanza pontificia.
• Como he tenido ocasión de aclarar en otra ocasión, in persona Christi «
quiere decir más que “en nombre”, o también, “en vez” de Cristo. In
“persona”: es decir, en la identificación específica, sacramental con el
“sumo y eterno Sacerdote”, que es el autor y el sujeto principal de su
propio sacrificio, en el que, en verdad, no puede ser sustituido por nadie ».
• El ministerio de los sacerdotes, en virtud del sacramento del Orden, en la
economía de salvación querida por Cristo, manifiesta que la Eucaristía
celebrada por ellos es un don que supera radicalmente la potestad de la
asamblea y es insustituible en cualquier caso para unir válidamente la
consagración eucarística al sacrificio de la Cruz y a la Última Cena.”
(Ecclesia de Eucharistia; 29)
El sacerdote ordenado
puede actuar In
persona Christi

• Benedicto XVI: “Nadie puede decir « esto es mi cuerpo » y « éste


es el cáliz de mi sangre » si no es en el nombre y en la persona de
Cristo, único sumo sacerdote de la nueva y eterna Alianza
(cf. Heb 8-9).”
(Sacramentum Caritatis; 23)
• “La doctrina de la Iglesia considera la ordenación sacerdotal
condición imprescindible para la celebración válida de la
Eucaristía. En efecto, «en el servicio eclesial del ministerio
ordenado es Cristo mismo quien está presente en su Iglesia como
Cabeza de su cuerpo, Pastor de su rebaño, sumo sacerdote del
sacrificio redentor».”
(Sacramentum Caritatis; 24. Citando al CIC, 1548, y a Lumen gentium, 10)
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Es propio del sacerdote


consagrar este Sacramento?
S.Th. III, Q. 82 a.1
S.Th. III, Q. 82 a.1

• Sed contra:  dice San Isidoro en una Epístola, que se encuentra


en Decretes dist. XXV, que ”corresponde al presbítero realizar el
sacramento del cuerpo y de la sangre del Señor en el altar de
Dios”.
S.Th. III, Q. 82 a.1

• Respuesta:  Es tan grande la dignidad de este sacramento que, como se ha


declarado ya (q.78 a.1.4), solamente puede realizarse in persona Christi. 
• Ahora bien, todo el que hace una cosa en nombre de otro, debe hacerla por
la potestad concedida por él. Pues bien, como al bautizado Cristo le concede
la potestad de recibir la Eucaristía, así al sacerdote, cuando se le ordena, se le
concede la potestad de realizar este sacramento in persona Christi. 
• Con esta ordenación se le pone en el grado de aquellos a quienes dijo el
Señor: Haced esto en memoria mía (Lc 22,19).
• Por eso hay que decir que es propio del sacerdote la confección de este
sacramento..
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Pueden varios sacerdotes


consagrar la misma hostia?
S.Th. III, Q. 82 a.2
S.Th. III, Q. 82 a.2

• Respuesta:  el sacerdote queda constituido con la


ordenación en el grado de aquellos que recibieron del
Señor en la cena la potestad de consagrar.
• Y, por eso, según la costumbre de algunas Iglesias, de la
misma manera que los Apóstoles concenaron con Cristo
que cenaba, así los recién ordenados concelebran con el
obispo que les ordena.
• Y no por eso se reitera la consagración de la hostia, pues,
como dice Inocencio III, todos deben tener la intención
de consagrar en el mismo instante.
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Corresponde solamente al sacerdote


la administración de este sacramento?
S.Th. III, Q. 82 a.3
S.Th. III, Q. 82 a.3

• Respuesta:  Corresponde al sacerdote la administración del Cuerpo de


Cristo por tres razones:
• Primera, porque, como acabamos de decir (a.1), consagra in persona
Christi. Ahora bien, de la misma manera que fue el mismo Cristo quien
consagró su cuerpo en la cena, así fue Él mismo quien se lo dio a comer a
los otros. Por lo que corresponde al sacerdote no solamente la consagración
del cuerpo de Cristo, sino también su distribución.
• Segunda, porque el sacerdote es intermediario entre Dios y el pueblo (Heb
5,1). Por lo que, de la misma manera que le corresponde a él ofrecer a Dios
los dones del pueblo, así a él le corresponde también entregar al pueblo los
dones santos de Dios.
• Tercera, porque por respeto a este Sacramento ninguna cosa Lo toca que
no sea consagrada, por lo tanto los corporales como el cáliz se consagran,
lo mismo que las manos del sacerdote, para poder tocar este Sacramento.
Por eso, a nadie le está permitido tocarle, fuera de un caso de necesidad,
como si, por ej., se cayese al suelo o cualquier otro caso semejante.
Normativa canónica
en vigor

• El distribuidor ordinario de la Eucaristía es el sacerdote; y


el distribuidor extraordinario es el diácono
– Aunque históricamente era sancionado como abuso (Cf. Sed
contra: De Consecratione dist.II can. 29), hoy un laico puede ser
ministro extraordinario con autorización del ordinario del lugar o
del párroco, siempre que haya alguna razón de peso (CDC 910).
• Cuando se distribuía la sagrada Comunión bajo ambas
especies, el obispo o el sacerdote era quien administraba
el sagrado Cuerpo de Cristo, y el diácono la sagrada Sangre
del Señor (cf. SAN CIPRIANO, De lapsis 25).
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Es lícito al sacerdote consagrante


abstenerse de comulgar?
S.Th. III, Q. 82 a.4
S.Th. III, Q. 82 a.4

• Sed contra:  se dice en el Concilio de Toledo, y que se encuentra


en De Consecr. dist.II can. 11: 
”Ha de observarse de modo absoluto que cuantas veces un
sacerdote sacrifica en el altar el Cuerpo y la Sangre de nuestro
Señor Jesucristo, otras tantas debe participar de ellos comulgando”.
S.Th. III, Q. 82 a.4

• Respuesta:  La Eucaristía, como ya se dijo más arriba (


q.79 a.5.7), no sólo es sacramento, sino también
sacrificio.
• Ahora bien, todo el que ofrece un sacrificio debe
participar de él, porque, como dice San Agustín en X De
Civ. Dei, el sacrificio que externamente ofrece es signo
del sacrificio interior por el que cada uno se ofrece a sí
mismo a Dios. Participando, pues, en el sacrificio,
manifiesta que también ofrece el sacrificio interior.
S.Th. III, Q. 82 a.4

• Igualmente, al entregar al pueblo el sacrificio manifiesta que él es


el dador de las cosas divinas al pueblo, de las cuales él debe
participar en primer lugar, como dice Dionisio en su libro De Eccl.
Hier. Por consiguiente, él mismo debe asumirlo antes de entregarlo
al pueblo. De ahí que en la cita anterior se diga: ”¿Qué clase de
sacrificio sería aquel en el que no participase ni el mismo
sacrificante?”
• Ahora bien, participa del sacrificio en cuanto que lo toma,
conforme a lo que el Apóstol dice en 1 Cor 10,18: ”Los que comen
de las víctimas, ¿no están acaso en comunión con el altar?” En
consecuencia, es necesario que el sacerdote asuma íntegramente
este sacramento todas las veces que consagra.
S.Th. III, Q. 82 a.4
Objeción

• 3. Alguna vez acontece por milagro que aparece el Cuerpo de Cristo en el altar en
forma de carne, y la Sangre en forma de sangre, cosas ellas que son repugnantes como
comida y como bebida. Y, por eso, como se ha dicho ya (q.75 a.5), se nos entrega bajo
una forma diferente que no provoque horror en los comulgantes. Por tanto, el sacerdote
que consagra no siempre está obligado a asumir este sacramento.
• Ad 3. Si milagrosamente aparece el cuerpo de Cristo en el altar en
forma de carne, o la sangre en forma de sangre, no se debe asumir.
• Dice, en efecto, San Jerónimo en Super Lev.: ”Podemos comer de esta
hostia que milagrosamente se consagra en conmemoración de Cristo,
pero de aquella que Cristo mismo ofreció en su persona sobre el árbol
de la cruz a nadie le está permitido comer”. 
• Y no por esto sería el sacerdote transgresor de ninguna norma, porque
las cosas que ocurren milagrosamente no están sujetas a leyes.
• Con todo, sería aconsejable que el sacerdote consagrase de nuevo el
cuerpo y la sangre del Señor, y lo asumiese.
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Puede consagrar la Eucaristía un


mal sacerdote?
S.Th. III, Q. 82 a.5
S.Th. III, Q. 82 a.5

• Sed contra:  dice San Agustín en su libro De Corpore Domini:


“En la Iglesia católica, referente al misterio del cuerpo y de la sangre
del Señor, no hace más un buen sacerdote ni menos uno malo,
porque el misterio se realiza no por los méritos de quien consagra,
sino por la palabra del Creador y la virtud del Espíritu Santo”.
S.Th. III, Q. 82 a.5

• Respuesta:  Como antes hemos mostrado (a.1; a.2 ad 2; a.3


), el sacerdote consagra este sacramento no por la virtud
propia, sino como ministro de Cristo, en cuya persona lo
consagra.
• Ahora bien, por el hecho de ser malo, uno no deja de ser
ministro de Cristo, porque el Señor tiene buenos y malos
ministros o siervos, por lo que en Mt 24,45 dice el
Señor: ”¿Quién piensas que se comportó como un siervo fiel
y prudente”, etc.? Y, posteriormente, añade: Si dijere este
mal siervo en su corazón, etc. Y el Apóstol escribe en 1 Cor
4,1: ”Que nos tengan los hombres por servidores de Cristo”. 
S.Th. III, Q. 82 a.5

• Pero también añade después (v.4): De nada me remuerde


la conciencia, pero no por eso quedo justificado. Estaba
seguro, por tanto, de que era ministro de Cristo, aunque
no estaba seguro de ser justo. Puede uno, pues, ser
ministro de Cristo sin ser justo.
• Esto pone de relieve la excelencia de Cristo, al que sirven,
como a Dios verdadero, no sólo las cosas buenas, sino
también las malas, a las que su providencia conduce a la
propia gloria.
• De donde se deduce que los sacerdotes, aunque no sean
justos, sino pecadores, pueden consagrar la Eucaristía.
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Vale menos la misa de un mal


sacerdote que la de uno bueno?
S.Th. III, Q. 82 a.6
S.Th. III, Q. 82 a.6

• Respuesta:  En la misa hay que considerar dos


cosas:
– el sacramento, que es lo principal, y
– las oraciones que se dicen por los vivos y los difuntos.
• Pues bien, en lo que se refiere al sacramento, no
vale menos la misa del sacerdote malo que la del
bueno, porque uno y otro consagran el mismo
sacramento.
• Y, en lo que se refiere a la oración que se hace en la
misa, también se la puede considerar de dos
maneras:
S.Th. III, Q. 82 a.6

– Una, en cuanto que tiene eficacia por la devoción del sacerdote que
ora. En cuyo caso no hay duda de que la misa de un sacerdote mejor
es más fructuosa.
– La otra, en cuanto que la oración en la misa se hace por el sacerdote
que actúa en nombre de toda la Iglesia, de la que el sacerdote es
ministro. Y este ministerio lo conservan también los pecadores, como
también se ha dicho ya (a.5), que retienen el ministerio de Cristo.
• Y, en este sentido, no solamente es fructuosa la oración del
sacerdote pecador en la misa, sino también todas las otras
oraciones que hace en los oficios eclesiásticos, en los cuales
actúa como representante de la Iglesia.
• Pero sus oraciones privadas no son fructuosas, según aquellas
palabras de Prov 28,9: ”Quien aparta el oído para no oír la ley,
hace que su oración sea execrable”.
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿ Pueden consagrar los herejes, los


cismáticos y los excomulgados?
S.Th. III, Q. 82 a.7
S.Th. III, Q. 82 a.7

• Respuesta:  Algunos han afirmado que los herejes, los


cismáticos y los excomulgados, puesto que están fuera de la
Iglesia, no pueden hacer este sacramento.
• Pero se equivocan. Porque, como observa San Agustín en
II Contra Parmen., ”es distinto no tener una cosa y tenerla
abusivamente, como también es distinto no dar y no dar
rectamente”.
– Pues bien, los que, perteneciendo a la Iglesia, recibieron la potestad
de consagrar en la ordenación sacerdotal, tienen la potestad
lícitamente, pero no la utilizan correctamente si se separan después
de la Iglesia por la herejía, el cisma o la excomunión.
– Pero quienes se ordenan estando ya separados, no han adquirido
lícitamente la potestad ni lícitamente la utilizan.
S.Th. III, Q. 82 a.7

• Pero que tanto unos como otros tienen esta potestad consta por el
hecho, indicado ya por San Agustín, de que cuando retornan a la
unidad de la Iglesia no son nuevamente ordenados, sino que se les
recibe con las órdenes que tienen.
• Y puesto que la consagración de la Eucaristía es un acto
dependiente de la ordenación sacerdotal, los que se han separado
de la Iglesia por herejía, cisma o excomunión, pueden,
efectivamente, consagrar la Eucaristía, la cual, aunque haya sido
consagrada por ellos, contiene el verdadero Cuerpo y la Sangre de
Cristo.
• Sin embargo, no consagran lícitamente, sino que pecan
consagrando así. Por consiguiente, no reciben el fruto del sacrificio,
que es el sacrificio espiritual.
Tratado de la Eucaristía: el Ministro del Sacramento

¿Puede un sacerdote degradado


consagrar este Sacramento?
S.Th. III, Q. 82 a.8
S.Th. III, Q. 82 a.8

• Respuesta:  La potestad de consagrar la Eucaristía pertenece al


carácter sacerdotal del orden.
• Ahora bien, el carácter, puesto que se da con una consagración, es
indeleble, como en su lugar se dijo (q.65 a.5), de la misma manera que
es perpetua, indeleble e irrepetible la consagración de cualquier cosa.
• Por donde se manifiesta que la potestad de consagrar no se pierde
con la degradación. Dice, en efecto, San Agustín en II Contra Parmen.: 
“uno y otro, o sea, el bautismo y el orden, son sacramentos y se confieren
al hombre mediante una consagración: uno con el bautismo, otro con la
ordenación, por cuyo motivo no está permitido a los católicos
reiterarlos”. 
• Con lo cual se demuestra que el sacerdote degradado puede realizar
este Sacramento.

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