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LA BIBLIA

LIBRO DE MIQUEAS

Autor: Miqueas
Tema: el juicio y la salvación mesiánica
Fecha: 740 - 710 a.C.

Propósito: Miqueas escribió para advertir acerca de la


certeza del juicio divino y para resumir la palabra
profética de Dios para Samaria y Jerusalén (Miqueas,
1:1). Predijo con precisión la caída del reino del norte
antes de que ocurriera en 722 a.C.. Profetizo (también
antes de que ocurriera) que una destrucción
semejante le sobrevendría a Judá y a Jerusalén. El
libro también hace una importante contribución a la
revelación total del AT acerca del Mesías venidero.
El profeta Miqueas era del pueblo de Moreset-gad
(Miqueas, 1:14), en el sur de Judá, una zona agrícola
productiva, a unos 40 km al suroeste de Jerusalén.
Como Amos, Miqueas era del campo y,
probablemente, descendía de una familia de
condición humilde. Isaias, su contemporáneo de
Jerusalén, se dirigía al rey y a las situaciones
internacionales, mientras que Miqueas era un profeta
campesino que condenaba a los gobernantes
corruptos, a los falsos profetas, a los sacerdotes
impíos, a los mercaderes ladrones y a los jueces
sobornados de Judá. Predico contra los pecados de
injusticia, la opresión de los campesinos y aldeanos,
la avaricia, la inmoralidad y la idolatría y advirtió
sobre las severas consecuencias si el pueblo y sus
lideres persistían en su mala conducta.
Predijo la caída de Israel (el reino del norte) y su
capital, Samaria (Miqueas, 1:6-7) y también la caída de
Judá (el reino del sur) y su capital, Jerusalén (Miqueas,
1:9-16, 3:9-12). El ministerio profético de Miqueas tuvo
lugar durante el reinado de 3 reyes de Judá: Jotam (751
- 736 a.C.), Acaz (736 - 716 a.C.) y Ezequías (715 - 687
a.C.). Aunque Miqueas proclamo algunas profecías
durante el tiempo del rey Ezequías (Jeremías, 26:18
Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías
rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá,
diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sion
será arada como campo, y Jerusalén vendrá a ser
montones de ruinas, y el monte de la casa como
cumbres de bosque), la mayoría de ellas reflejan la
condición de Judá durante los reinados de Jotam y
Acaz, antes de las reformas religiosas de Ezequías.
Sin duda su ministerio, junto con el de Isaias, ayudo
a producir el avivamiento y las reformas durante el
reinado del justo rey Ezequías. El libro de Miqueas
consta de un mensaje en 3 partes: [1] acusa a Israel
(Samaria) y a Judá (Jerusalén) de pecados
específicos como idolatría, orgullo, opresión de los
pobres, soborno entre lideres, codicia y avaricia,
inmoralidad y religión vacía; [2] advierte que el
juicio de Dios viene debido a esos pecados; y [3]
promete que la paz verdadera, el juicio y la justicia
prevalecerán en el futuro, cuando reine el Mesías.
Los capítulos 1 al 3 registran la denuncia del Señor
de los pecados de Israel, Judá y de sus lideres
corruptos y anuncia el juicio inminente que les
espera a esas naciones y sus capitales.
Los capítulos 4 y 5 ofrecen esperanza y consuelo
al remanente en cuanto a los días venideros en
que se establecerá la casa de Dios en paz y justicia
y se purgaran de la tierra la idolatría y la opresión.
Los capítulos 6 y 7 describen la irritación de Dios
con su pueblo en términos de una gran escena en
un tribunal: Dios presenta su causa contra Israel,
sigue la confesión de culpabilidad de Israel y una
oración y una promesa proféticas. Miqueas
concluye con un juego de palabras sobre el
significado de su propio nombre: "¿Que Dios
como tu?" (Miqueas, 7:18). Respuesta: El solo es
misericordioso y puede dar el veredicto final de
"perdonado" (Miqueas, 7:18-20).
Cinco aspectos principales caracterizan el libro de
Miqueas: [1] Representa la causa de los humildes
campesinos frente a la explotación de los ricos
arrogantes, en lo cual es semejante al mensaje de
Santiago en el NT (Miqueas, 6:6-7 y Santiago, 1:27). Al
respecto, Miqueas da su exhortación mas memorable del
requisito del Señor para su pueblo: "Hacer justicia, y amar
misericordia, y humillarte ante tu Dios" (Miqueas, 6:8). [2]
A veces, el lenguaje de Miqueas es áspero y directo; otras
veces, es elocuente y poético, con el uso de juegos de
palabras (Miqueas, 1:10-15). [3] Como el profeta Isaias
(Isaias, 48:16, 59:21) Miqueas expresa un discernimiento
claro del llamado de Dios y su unción profética por el
Espíritu Santo: Miqueas, 3:8 Mas yo estoy lleno de poder
del Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para
denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.
[4] El libro contiene una de las expresiones mas
grandiosas de la Biblia acerca de la misericordia y
la gracia perdonadora de Dios (Miqueas, 7:18-20).
[5] Tiene 3 profecías importantes citadas en otras
partes de la Biblia: una que le salvo la vida a
Jeremías (Miqueas, 3:12; Jeremías, 26:18), otra
acerca del lugar de nacimiento del Mesías
(Miqueas, 5:2; Mateo, 2:5-6) y otra mas que uso
Jesús mismo (Miqueas, 7:6; Mateo, 10:35-36).
Como otros profetas del AT, Miqueas vio, mas allá
del juicio de Dios a Israel y Judá, al Mesías que
vendría y su reinado justo sobre la tierra.
Setecientos años antes de la encarnación de
Cristo, Miqueas profetizo que nacería en Belén
(Miqueas, 5:2).
Mateo, 2:4-6 dice que los sacerdotes y
escribas citaron Miqueas, 5:2 al responder a
la pregunta de Herodes acerca del lugar de
nacimiento del Mesías. Miqueas también
revelo que el reino mesiánico seria un reino
de paz (Miqueas, 5:5; Efesios, 2:14-18) y que
el Mesías pastorearía al pueblo de Dios con
justicia (Miqueas, 5:4; Juan, 10:1-16,
Hebreos, 13:20). Las referencias frecuentes
de Miqueas a la redención futura revelan que
el deseo y el propósito constantes de Dios
para su pueblo es la salvación y no el juicio.
Esta verdad se amplia en el NT (Juan, 3:16).
LAMENTO SOBRE SAMARIA Y JERUSALEN

Miqueas, 1:1 Palabra de Jehová que vino a Miqueas


de Moreset en días de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes
de Judá; lo que vio sobre Samaria y Jerusalén.

Miqueas, del sur de Judá, profetizo en algún


momento entre 750-687 a.C.. Fue contemporáneo de
Isaias (Isaias, 1:1) y de Oseas (Oseas, 1:1). Su
mensaje estaba dirigido principalmente a Judá (el
reino del sur), aunque también tuvo revelación en
cuanto a Israel (el reino del norte). Aunque el tema
predominante de Miqueas es el juicio, también puso
énfasis en la restauración del pueblo de Dios.
Miqueas, 1:3 Porque he aquí, Jehová sale de su
lugar, y descenderá y hollará las alturas de la
tierra. 1:5 Todo esto por la rebelión de Jacob, y
por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la
rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles
son los lugares altos de Judá? ¿No es
Jerusalén?.

El pueblo seria juzgado por causa de sus


pecados, sobre todo la idolatría, la inmoralidad,
el delito y la injusticia. Los pecados frecuentes
de las ciudades capitales eran representativos
de los pecados que se cometían en todas partes
de las 2 naciones.
Miqueas, 1:6 Haré, pues, de Samaria
montones de ruinas, y tierra para plantar
viñas; y derramaré sus piedras por el valle,
y descubriré sus cimientos.

Se cumplió esta profecía en 722 a.C.,


cuando los asirios destruyeron por
completo la ciudad (2º Reyes, 17:1-5). Y se
cumplió poco después de que lo profetizara
Miqueas.
Miqueas, 1:7 Y todas sus estatuas serán
despedazadas, y todos sus dones serán
quemados en fuego, y asolaré todos sus
ídolos; porque de dones de rameras los
juntó, y a dones de rameras volverán. 1:8
Por esto lamentaré y aullaré, y andaré
despojado y desnudo; haré aullido como de
chacales, y lamento como de avestruces.
1:9 Porque su llaga es dolorosa, y llegó
hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi
pueblo, hasta Jerusalén.
Miqueas lamenta la caída de Samaria (Israel, el reino
del norte). Se sentía desconsolado porque ellos
habían rechazado a Dios y tenían que ser
castigados. ¿Experimentan los creyentes pesar y
aflicción cuando las personas persisten en pecar
contra Dios y se dirigen a su propia destrucción y
condenación?.

Judá era igualmente culpable de pecado y rebelión


contra Dios. Por eso Miqueas hace un llamado a
ciertas ciudades de Judá, para que se lamenten por
la destrucción que venia sobre ellas. La profecía de
Miqueas se cumplió cuando Senaquerib tomo las
ciudades fortificadas de Judá (2º Reyes, 18:13).
Según las crónicas asirias tomos 46 de ellas.
Miqueas, 1:16 Ráete y trasquílate por los hijos de
tus delicias; hazte calvo como águila, porque en
cautiverio se fueron de ti.

Raparse el cabello era una señal externa de pesar.


Así que Miqueas hizo un llamado al pueblo de Dios
para que esperara la lamentación intensa. [1] El
juicio seria severo: les quitarían sus hijos y los
llevarían en cautiverio. Miqueas puso de relieve
que el pueblo de Dios no podía apartarse de El sin
sufrir terribles consecuencias. [2] Los que dejan a
Dios y su Palabra para unirse con el mundo y sus
actividades pecaminosas, descubrirán que Dios
esta contra ellos y que pudiera arruinar sus vidas.
AY DE LOS QUE OPRIMEN A LOS POBRES

Miqueas, 2:1 ¡Ay de los que en sus camas piensan


iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo
ejecutan, porque tienen en su mano el poder! 2:2
Codician las heredades, y las roban; y casas, y las
toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su
heredad. 2:3 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí, yo
pienso contra esta familia un mal del cual no sacaréis
vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo
será malo. 2:4 En aquel tiempo levantarán sobre vosotros
refrán, y se hará endecha de lamentación, diciendo: Del
todo fuimos destruidos; él ha cambiado la porción de mi
pueblo. ¡Cómo nos quitó nuestros campos! Los dio y los
repartió a otros. 2:5 Por tanto, no habrá quien a suerte
reparta heredades en la congregación de Jehová.
Miqueas pronuncia juicio sobre ciertas personas
que eran lo bastante poderosas como para explotar
a otras a fin de alcanzar sus propios fines egoístas.
Eran latifundistas, que compraban o robaban
hacienda tras hacienda. No titubeaban en estafar a
los demás a fin de obtener mas propiedad. Ya que
habían entregado el corazón a la avaricia, no les
importaba el sufrimiento que les causaran a los
demás. Dios tenia un plan para ellos: segarían
(cosecharían) lo que sembraron. Dios enviaría a
Asiria para que les quitara la tierra y los llevara al
cautiverio. Los creyentes deben tener cuidado de
no volverse avaros ni maltratar a los demás para
ganar dinero u obtener posesiones.
Miqueas, 2:6 No profeticéis, dicen a los que profetizan;
no les profeticen, porque no les alcanzará vergüenza.

Los falsos profetas de Judá estaban condenando a


Miqueas por dar un mensaje de juicio (Isaias, 30:10).
Ellos rechazaron su profecía de abatimiento y juicio,
insistiendo en que la vergüenza y la deshonra no
alcanzarían al pueblo, porque Dios era un Dios de
amor y perdón, no de ira. Su mensaje optimista,
permitía que el pueblo continuara con sus costumbres
pecaminosas. A veces, en las iglesias se manifiesta
esta misma insistencia en el mensaje positivo del
amor, la misericordia y el perdón de Dios, mientras se
hace caso omiso de sus justas normas y de su
llamado a una vida de santidad.
ACUSACION CONTRA LOS DIRIGENTES DE ISRAEL

Miqueas, 3:1 Dije: Oíd ahora, príncipes de Jacob, y


jefes de la casa de Israel: ¿No concierne a vosotros
saber lo que es justo? 3:2 Vosotros que aborrecéis
lo bueno y amáis lo malo, que les quitáis su piel y
su carne de sobre los huesos; 3:3 que coméis
asimismo la carne de mi pueblo, y les desolláis su
piel de sobre ellos, y les quebrantáis los huesos y
los rompéis como para el caldero, y como carnes en
olla. 3:4 Entonces clamaréis a Jehová, y no os
responderá; antes esconderá de vosotros su rostro
en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas
obras.
Estos pasajes profetizan contra la crueldad de las
clases gobernantes, el engaño de los falsos
profetas y la perversión de los dirigentes,
sacerdotes y profetas apostatas de Judá. Dios los
juzgaría a todos ellos en la debida forma. Los
lideres de la nación habían abandonado las
piadosas normas del pasado y las habían
sustituido por sus propios códigos jurídicos.
Amaban deliberadamente la maldad y la injusticia,
en su búsqueda de ganancia material. La gente
común era grandemente oprimida y explotada.
Debido a esta conducta mala y cruel de los
dirigentes, Dios se negaría a oír sus oraciones
cuando ellos fueran llevados en cautiverio.
Miqueas, 3:5 Así ha dicho Jehová acerca de
los profetas que hacen errar a mi pueblo, y
claman: Paz, cuando tienen algo que
comer, y al que no les da de comer,
proclaman guerra contra él: 3:6 Por tanto,
de la profecía se os hará noche, y
oscuridad del adivinar; y sobre los profetas
se pondrá el sol, y el día se entenebrecerá
sobre ellos. 3:7 Y serán avergonzados los
profetas, y se confundirán los adivinos; y
ellos todos cerrarán sus labios, porque no
hay respuesta de Dios.
Dios anhelaba hacer volver a su pueblo a
las sendas de la justicia y de la verdad, pero
a los falsos profetas no les importaba nada
de eso. Hacían que el pueblo se sintiera
tranquilo en su manera de vivir pecaminosa
al proclamar seguridad y esperanza falsas.
En vez de oponerse de manera
intransigente al pecado entre el pueblo de
Dios, en realidad lo estimulaban. Debido a
su negativa a hacer volver al pueblo a los
caminos de Dios, los falsos profetas
también serian abandonados por Dios.
Miqueas, 3:8 Mas yo estoy lleno de poder del
Espíritu de Jehová, y de juicio y de fuerza, para
denunciar a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado.

A Miqueas se le había llamado para que fuera


vocero de Dios. El hablaba mediante el poder y la
inspiración del Espíritu Santo (Jeremías, 20:9,
Efesios, 3:7). El Espíritu lo impulso a condenar el
pecado en la casa de Dios. Su tarea era revelar el
corazón de Dios, fomentar el bien y desaprobar el
mal. Hoy, los pastores y profetas tienen la misma
tarea. No deben someterse a las presiones dentro
de la iglesia para conformarse a las costumbres del
mundo. Por el contrario, deben ser la voz de Dios
para la verdad, la santidad y la justicia.
Miqueas, 3:9 Oíd ahora esto, jefes de la casa
de Jacob, y capitanes de la casa de Israel, que
abomináis el juicio, y pervertís todo el
derecho; 3:10 que edificáis a Sion con sangre,
y a Jerusalén con injusticia. 3:11 Sus jefes
juzgan por cohecho, y sus sacerdotes
enseñan por precio, y sus profetas adivinan
por dinero; y se apoyan en Jehová, diciendo:
¿No está Jehová entre nosotros? No vendrá
mal sobre nosotros. 3:12 Por tanto, a causa de
vosotros Sion será arada como campo, y
Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas, y
el monte de la casa como cumbres de bosque.
REINADO UNIVERSAL DE JEHOVA

Miqueas, 4:1 Acontecerá en los postreros tiempos


que el monte de la casa de Jehová será establecido
por cabecera de montes, y más alto que los collados,
y correrán a él los pueblos. 4:2 Vendrán muchas
naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de
Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos
enseñará en sus caminos, y andaremos por sus
veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén
la palabra de Jehová. 4:3 Y él juzgará entre muchos
pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta
muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones,
y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación
contra nación, ni se ensayarán más para la guerra.
Miqueas, 4:4 Y se sentará cada uno debajo de su vid
y debajo de su higuera, y no habrá quien los
amedrente; porque la boca de Jehová de los
ejércitos lo ha hablado.

Miqueas profetiza un tiempo en que Dios gobernara


sobre todo el mundo. Sera un tiempo de paz,
felicidad y santidad. Dios será honrado y adorado
no solo por Israel sino también por todas las
naciones del mundo. El "monte de la casa de
Jehová" (Jerusalén) será el centro del gobierno de
Dios. Este futuro reino de Dios comenzara cuando
Cristo vuelva para destruir toda maldad y establecer
su justo reinado en la tierra (Apocalipsis, 20:4).
Miqueas, 4:5 Aunque todos los pueblos
anden cada uno en el nombre de su dios,
nosotros con todo andaremos en el nombre
de Jehová nuestro Dios eternamente y para
siempre.

¿Como deben vivir los creyentes mientras


esperan que el reino de Dios venga a la
tierra en toda su plenitud?. Deben vivir para
Dios, andar en sus rectos caminos y dar
testimonio a todas las naciones (2º Pedro,
3:11-12).
Miqueas, 4:10 Duélete y gime, hija de Sion, como
mujer que está de parto; porque ahora saldrás de la
ciudad y morarás en el campo, y llegarás hasta
Babilonia; allí serás librada, allí te redimirá Jehová
de la mano de tus enemigos.

El profeta vuelve al juicio de Jerusalén, afirmando


que el pueblo seria llevado a Babilonia. Miqueas
pronuncio esta profecía 100 años antes de que el
imperio babilónico llegara a ser una potencia
mundial dominante (el imperio babilónico
comandado por Nabucodonosor destruyo Jerusalén
en 586 a.C.). En el mismo versículo, Miqueas
también profetiza que Judá seria librada de
Babilonia.
EL REINADO DEL LIBERTADOR DESDE BELEN

Miqueas, 5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar


entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será
Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio,
desde los días de la eternidad.

Miqueas profetiza que un gobernante saldría de Belén,


que cumpliría las promesas de Dios a su pueblo. Este
versículo se refiere a Jesucristo, el Mesías (Mateo, 2:1,
3-6), cuyo origen es "desde los días de la eternidad"
(Juan, 1:1, Colosenses, 1:17, Apocalipsis, 1:8), pero
que nacería como un ser humano (Miqueas, 5:3 Pero
los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar
a luz; Juan, 1:14, Filipenses, 2:7-8).
Miqueas, 5:3 Pero los dejará hasta el tiempo que dé a
luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos
se volverá con los hijos de Israel.

Israel seria abandonada por Dios hasta el nacimiento


del Mesías. Esta profecía de Miqueas explica, por otra
parte, el silencio profético desde Malaquías (el ultimo
profeta y libro del AT) hasta el NT, que comienza con
los 4 evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que
hablan del nacimiento y vida del Mesías. Desde
Malaquías al Mesías hay mas de 400 años. La frase "la
que ha de dar a luz" se refiere físicamente a la virgen
María, la madre de Jesús y, espiritualmente, al
remanente santo. La frase "el resto de sus hermanos"
se refiere a las tribus del norte y demuestra que el
Mesías seria para las 12 tribus de Israel.
Miqueas, 5:4 Y él estará, y apacentará con
poder de Jehová, con grandeza del nombre
de Jehová su Dios; y morarán seguros,
porque ahora será engrandecido hasta los
fines de la tierra.

Al igual que Isaias (Isaias, 9:6-7, 61:1-2),


Miqueas no distinguió entre la primera y
segunda venida de Jesucristo. Cuando
Cristo vuelva para destruir toda maldad,
Israel vivirá tranquilamente y Cristo reinara
en todo el mundo.
Miqueas, 5:5 Y éste será nuestra paz. Cuando el
asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare
nuestros palacios, entonces levantaremos contra él
siete pastores, y ocho hombres principales;

Solo Jesucristo, el Mesías, le dará a Israel perpetua


paz. No hay que esperar su segunda venida pues, en
su primera venida, el dio paz con Dios, perdón del
pecado y seguridad de vida eterna a los que se
arrepienten y lo reciben a El mediante la fe
(Romanos, 5:1-11). Los verdaderos creyentes no se
enfrentaran a la condenación porque creen en su
muerte expiatoria (Juan, 14:27, Efesios, 2:14). Asiria
("cuando el asirio viniere a nuestra tierra")
representa a todos los enemigos de Dios.
Miqueas, 5:10 Acontecerá en aquel día, dice Jehová,
que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré
destruir tus carros. 5:11 Haré también destruir las
ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas.
5:12 Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y
no se hallarán en ti agoreros. 5:13 Y haré destruir tus
esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca
más te inclinarás a la obra de tus manos. 5:14
Arrancaré tus imágenes de Asera de en medio de ti, y
destruiré tus ciudades;

Cuando vuelva el Mesías para juzgar la maldad del


mundo, también El arruinara el poder militar de Israel y
lo limpiara de su pecado, hechicería e idolatría. Serán
destruidos todos los de Israel que no sean fieles a Dios
y a sus caminos.
CONTROVERSIA DE JEHOVA CONTRA ISRAEL

Miqueas, 6:1 Oíd ahora lo que dice Jehová:


Levántate, contiende contra los montes, y oigan los
collados tu voz. 6:2 Oíd, montes, y fuertes cimientos
de la tierra, el pleito de Jehová; porque Jehová tiene
pleito con su pueblo, y altercará con Israel. 6:3
Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te he
molestado? Responde contra mí. 6:4 Porque yo te
hice subir de la tierra de Egipto, y de la casa de
servidumbre te redimí; y envié delante de ti a Moisés,
a Aarón y a María. 6:5 Pueblo mío, acuérdate ahora
qué aconsejó Balac rey de Moab, y qué le respondió
Balaam hijo de Beor, desde Sitim hasta Gilgal, para
que conozcas las justicias de Jehová.
El Señor tenia una acusación contra su pueblo, de
manera que los convoco para que escucharan su
queja y justificaran su conducta malvada (si
podían). ¿Que derecho tenían a rechazar al Dios
del pacto y a desobedecer sus leyes?. Se
presentan las acusaciones contra el pueblo en
Miqueas, 6:10-12: tesoros de impiedad, es decir,
ganancias a costa del sufrimiento ajeno (Miqueas,
6:10), balanza falsa y pesas engañosas (Miqueas,
6:11), rapiña y mentira (Miqueas, 6:12) y se
presentan los castigos en Miqueas, 6:13-15:
enflaquecimiento y asolamiento (Miqueas, 6:13),
insaciabilidad, abatimiento y muerte a espada
(Miqueas, 6:14), siembra estéril, es decir, sembrar
y no cosechar (Miqueas, 6:15).
Miqueas, 6:3 Pueblo mío, ¿qué te he hecho, o en qué te
he molestado? Responde contra mí.

Dios le pregunta a su pueblo si, de alguna manera, les


había fallado. ¿Podía ser culpa suya - de Dios - que
ellos hayan desobedecido su Palabra?. ¿Había El
desatendido al pueblo o dejado de amarlo lo
suficiente?. La respuesta es obvia. Israel no tenia
excusa. Dios había tratado a su pueblo con bondad y
paciencia a lo largo de su historia. Hoy Dios puede
hacer las mismas preguntas a todos los que le vuelven
las espaldas. Si los creyentes son desleales a El y a sus
justas normas y aceptan las malvadas costumbres del
mundo, no será porque Dios haya sido infiel a ellos.
Mas bien, será debido a los deseos egoístas de ellos y a
su ingratitud por la gracia y el amor de Dios.
Miqueas, 6:6 ¿Con qué me presentaré ante
Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me
presentaré ante él con holocaustos, con
becerros de un año? 6:7 ¿Se agradará
Jehová de millares de carneros, o de diez
mil arroyos de aceite? ¿Daré mi
primogénito por mi rebelión, el fruto de mis
entrañas por el pecado de mi alma? 6:8 Oh
hombre, él te ha declarado lo que es bueno,
y qué pide Jehová de ti: solamente hacer
justicia, y amar misericordia, y humillarte
ante tu Dios.
Miqueas, 6:8 Oh hombre, él te ha declarado lo que
es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer
justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu
Dios.

Miqueas da una triple definición acerca de los que


Dios pretende de su pueblo: [1] ellos deben hacer
justicia, es decir, deben ser imparciales y honrados
en sus relaciones con los demás (Mateo, 7:12); [2]
deben amar misericordia, es decir, mostrar genuina
compasión por las personas necesitadas; y [3]
deben humillarse ante su Dios, es decir, humillarse
diariamente delante de El, en santo temor y
reverencia por su voluntad (Santiago, 4:6-10, 1º
Pedro, 5:5-6).
CORRUPCION MORAL DE ISRAEL

Miqueas, 7:2 Faltó el misericordioso de la tierra, y


ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan
por sangre; cada cual arma red a su hermano. 7:3 Para
completar la maldad con sus manos, el príncipe
demanda, y el juez juzga por recompensa; y el grande
habla el antojo de su alma, y lo confirman. 7:4 El mejor
de ellos es como el espino; el más recto, como zarzal;
el día de tu castigo viene, el que anunciaron tus
atalayas; ahora será su confusión. 7:5 No creáis en
amigo, ni confiéis en príncipe; de la que duerme a tu
lado cuídate, no abras tu boca. 7:6 Porque el hijo
deshonra al padre, la hija se levanta contra la madre, la
nuera contra su suegra, y los enemigos del hombre
son los de su casa.
En los versículos anteriores, Miqueas
lamenta la corrupción de la sociedad en
que vivía. Estaban desenfrenadas la
violencia, la falta de honradez y la
inmoralidad en Israel. Pocas personas eran
genuinamente piadosas y casi había
desaparecido el amor familiar. Si los
creyentes de veras se entregan al Señor y
sus caminos, también deben lamentarse (al
igual que Miqueas) por la maldad alrededor
de ellos. Intensificaran su intercesión y
oraran por la intervención de Dios.
Miqueas, 7:7 Mas yo a Jehová miraré, esperaré al
Dios de mi salvación; el Dios mío me oirá.

En medio de una sociedad moralmente enferma,


Miqueas puso su fe en Dios y en sus promesas. El
sabia que Dios lo sostendría, que un día ejecutaría
justicia contra toda maldad y haría que reinara la
justicia. Dios llama a los creyentes en Cristo a vivir
"en medio de una generación maligna y perversa" y a
resplandecer "como luminares en el mundo"
(Filipenses, 2:15). Aunque el mal se incremente y la
sociedad se desintegre, los creyentes pueden ofrecer
el don de salvación de Dios a todos los que estén
dispuestos a escuchar, mientras oran y esperan el
día en que Dios pondrá todas las cosas en orden.
Miqueas, 7:8 Tú, enemiga mía, no te alegres
de mí, porque aunque caí, me levantaré;
aunque more en tinieblas, Jehová será mi
luz. 7:9 La ira de Jehová soportaré, porque
pequé contra él, hasta que juzgue mi causa
y haga mi justicia; él me sacará a luz; veré
su justicia. 7:10 Y mi enemiga lo verá, y la
cubrirá vergüenza; la que me decía: ¿Dónde
está Jehová tu Dios? Mis ojos la verán;
ahora será hollada como lodo de las calles.
7:11 Viene el día en que se edificarán tus
muros; aquel día se extenderán los límites.
El justo remanente de Judá iba a enfrentarse a
tiempos sombríos en el futuro debido al juicio de
Dios por los pecados de la nación. Sin embargo,
en los versículos anteriores Miqueas proclama un
mensaje de fe en favor de ese remanente y mira,
mas allá del triunfo temporal de los enemigos de
la nación, hacia el día glorioso en que Dios la
restauraría. La frase "me levantare" es una
declaración de fe comparable a Job, 19:25 Yo sé
que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el
polvo; 19:26 Y después de deshecha esta mi piel,
En mi carne he de ver a Dios; 19:27 Al cual veré
por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro,
Aunque mi corazón desfallece dentro de mí.
Miqueas, 7:18 ¿Qué Dios como tú,
que perdona la maldad, y olvida el
pecado del remanente de su
heredad? No retuvo para siempre
su enojo, porque se deleita en
misericordia. 7:19 El volverá a
tener misericordia de nosotros;
sepultará nuestras iniquidades, y
echará en lo profundo del mar
todos nuestros pecados.

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