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Filosofía

Mr. Thiago Moreira


Unidad 2
Platón
Platón

Aristócles, apodado Platón debido a sus anchas espaldas, nació


en el año 427 a. C. en una familia de la nobleza ateniense.
Siendo muy joven escuchó las enseñanzas de Crátilo, discípulo de
Heráclito. Sin embargo, fue su encuentro con Sócrates cuando
tenía veinte años de edad lo que marcó su vida y su pensamiento.

En Atenas, con cuarenta años, fundó una escuela que se


denominó Academia, destinada al estudio de la filosofía, las
matemáticas y otras disciplinas, como preparación para la vida
social y política.
Platón

Platón no expuso su pensamiento de un modo sistemático y


completo. Presentó sus obras en forma de diálogo, lo cual le
facilitó la utilización del método mayéutico de Sócrates. En
ellas suelen aparecer temas diversos, que se entremezclan
según el desarrollo de la conversación y que, generalmente,
no llegan a una conclusión definitiva. Al final de muchas de
sus obras, se orienta al oyente o al lector de manera que sea
él quien busque la respuesta a los asuntos planteados.
Platón

En relación con los sofistas, a Platón le pareció un error que


enseñasen a los jóvenes de Atenas que las leyes de la ciudad
eran convencionales, y que lo bueno y lo justo eran relativos.
Los hizo responsables, por ello, de que los gobernantes
careciesen de principios morales y se hiciesen excesivamente
ambiciosos, lo que desembocaría en el debilitamiento de Atenas
y su completa derrota en la guerra del Peloponeso. Consideró
que los sofistas eran sabios en apariencia, al contrario que los
verdaderos filósofos, que son amantes de la verdad, y los criticó
duramente por cobrar elevadas sumas de dinero.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

Platón heredó de los filósofos que lo precedieron dos cuestiones


de suma importancia, a las que trató de dar una nueva respuesta:
1. Los presocráticos habían intentado desvelar la constitución de
lo real, pero los principios que habían considerado no
trascendían lo material, sensible y cambiante. Heráclito había
llegado a afirmar que la realidad era puro devenir. Solamente
Parménides había abandonado el camino de los sentidos y
había sostenido que la razón muestra que, más allá de las
apariencias sensibles, no hay más que un ser único e
inmutable.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

2. Los sofistas habían sostenido que el bien y el mal no


pueden conocerse con certeza, por lo que concluían que
las leyes de la ciudad eran relativas y cambiantes y que
dependían en todo de la voluntad del hombre. Para
Sócrates, esta mentalidad estaba en el origen de la
decadencia ateniense y de sus valores morales y
políticos.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

La reflexión sobre los interrogantes derivados de estos


problemas condujo a Platón a desarrollar la teoría de las
ideas, que fue central en su pensamiento y que le permitió
explicar una extensa gama de temas filosóficos sobre la
realidad, el ser humano, el conocimiento, la ética o la
política.
La doctrina de las ideas implica que no hay una sola
realidad, sino dos mundos o ámbitos distintos. Por ello ha
podido ser calificada de dualismo ontológico.
El mito de la caverna

El mito sugiere que el hombre no puede conformarse con lo que


percibe por los sentidos, sino que ha de traspasar la frontera de
lo sensible y contemplar las ideas, que constituyen lo perfecto y
pleno.
Conocer el mundo suprasensible supone ciertamente un gran
esfuerzo; pero, una vez conocido, el alma no puede abandonar su
contemplación, y las «sombras» le parecen un conocimiento muy
insuficiente e incompleto.
La alegoría de la caverna pone de manifiesto la existencia de dos
grados de conocimiento: el sensible, que da lugar a la opinión, y
el racional, que genera la ciencia.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

Hay un universo que podemos experimentar mediante los


sentidos: a él pertenece todo aquello que vemos, oímos,
tocamos, etc. Se trata del mundo sensible, compuesto de
cosas materiales, cambiante y que da lugar a un
conocimiento de opinión, por lo que se puede denominar
mundo dóxico (del griego doxa, que significa «opinión»). En
este mundo sensible quedarían integrados la pluralidad y el
cambio defendidos por Heráclito.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

Además de este ámbito, para Platón existe otro tipo de


realidad, un mundo suprasensible, que va más allá de lo que
perciben nuestros sentidos. Este otro mundo está constituido
por ideas, esto es, realidades inmateriales e inmutables, que
solo se pueden conocer mediante la razón y que posibilitan un
saber universal y permanente, al contrario que el conocimiento
sensible, que es particular y cambiante.

Aunque los dos mundos son distintos, existe una relación entre
ellos de participación (mézexis) y de imitación (mímesis).
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

El mundo sensible participa del mundo suprasensible. Las


cosas son lo que son, tienen una esencia unitaria y
permanente, porque participan de las ideas. Para Platón hay
ideas de todo cuanto existe en el mundo sensible y
cambiante. El hombre es hombre porque participa de la idea
de hombre, y lo mismo sucede con todas las demás realidades
sensibles. Pero esta participación trasciende el ámbito de lo
puramente sensible de modo que, aunque las cosas participen
de las ideas, estas siguen sin pertenecer al mundo sensible y
permanecen inmutables e idénticas a sí mismas.
Teoría de las ideas: dualismo ontológico

El mundo material imita el mundo de las ideas. Las cosas que


vemos con nuestros sentidos son copias de estas, menos
perfectas y sometidas al cambio y la pluralidad. Los seres
materiales copian las ideas de manera semejante a como la
sombra de un objeto copia imperfectamente dicho objeto.
Propiedades de las ideas

1. Eternas: no han comenzado a existir ni dejarán de hacerlo.


2. Inmutables: ni cambian ni pueden cambiar.
3. Únicas: sólo hay una idea para cada tipo de realidad
sensible.
4. Inteligibles: se pueden pensar o conocer, pero no captar
por los sentidos.
5. Perfectas: no se les puede añadir nada nuevo que las haga
mejores.
6. Causas y modelos de lo sensible: son participadas e
imitadas por las cosas sensibles.
El hombre: dualismo antropológico

Platón describe al hombre como un ser compuesto: un alma


y un cuerpo unidos temporal y accidentalmente. El alma es
la parte más alta y digna del ser humano, porque es
semejante a las ideas; el cuerpo, por el contrario, es
imperfecto y supone un obstáculo para el alma en su anhelo
de alcanzar la contemplación de la verdad y el bien.
Siguiendo la opinión de los pitagóricos, Platón consideró que
el cuerpo es como una «cárcel» para el alma, de la que
desea salir para vivir junto a las ideas.
El hombre: dualismo antropológico

El mito del carro alado


Según este, el alma es como un carro tirado por dos
caballos; uno es bueno y representa las inclinaciones o
impulsos nobles, mientras que el otro simboliza los apetitos
y deseos; el auriga o conductor es la razón, que debe dirigir
a ambos. Todo va bien mientras la razón gobierna al hombre.
Pero cuando el deseo de placeres se desboca, la razón
pierde el control, se quiebra la unidad del alma, y esta
queda sujeta al mundo sensible.
El hombre: dualismo antropológico

A través de la imagen del carro alado, Platón muestra que el


alma consta de tres partes:
1. La racional, representada por el conductor del carro, que
debe gobernar a todo el hombre, y conducirlo al
conocimiento de las ideas.
2. La irascible, simbolizada por el caballo bueno, en la cual
se encuentran los impulsos nobles, como la valentía.
3. La concupiscible o apetitiva, por la cual el hombre busca
y desea el placer sensible, y es arrastrado hacia lo
material.
El hombre: dualismo antropológico

Otra cuestión importante es saber qué le sucede al alma


cuando se separa del cuerpo tras la muerte. De acuerdo con
los pitagóricos, Platón sustentó que el alma es inmortal,
pero, a diferencia de ellos, trató de razonarlo.
Platón alegó, entre otros argumentos, que solo es posible
que el alma posea la capacidad de conocer las ideas
inmutables y eternas –y ciertamente puede, según mostró al
tratar sobre el conocimiento humano–, si tiene una
naturaleza semejante a ellas y, por lo tanto, si pertenece a
su «esencia» perdurar aún cuando el cuerpo desaparezca.
El hombre: dualismo antropológico

El destino del alma consiste en alcanzar y contemplar


nuevamente el mundo de las ideas. Sin embargo, para ello
ha de liberarse plenamente de los impulsos que la atan al
mundo sensible; en caso contrario, regresará una y otra vez
a este, reencarnándose en otro cuerpo humano, o animal si
su vida ha sido más propia de un irracional. Solo podrá lograr
su objetivo cuando esté enteramente purificada de lo
terreno mediante una vida virtuosa.
Epistemología platónica

¿Cómo puede la dialéctica conducir al alma a conocer las


ideas directamente, soslayando el conocimiento sensible?
¿Cómo es posible llegar a conocer la idea de bondad si solo
percibimos cosas buenas en el mundo sensible, pero nunca la
bondad en sí? Para responder a estos interrogantes, Platón
recurrió a la teoría de la reminiscencia o del recuerdo
(anámnesis).
Epistemología platónica

Entender, para Platón, no sería otra cosa que el despertar


del alma a un conocimiento que ya poseía antes de juntarse
con un cuerpo, cuando gozaba de la contemplación de las
ideas. Al encarnarse, y precisamente por ello, el alma olvidó
todo lo que sabía. De ahí que el conocimiento no sea más que
un empeño constante por recuperar lo que el alma perdió en
el momento de unirse al mundo sensible y material. Por
consiguiente, puede afirmarse que es posible conocer las
ideas directamente porque conocerlas no es otra cosa que
recordarlas, lo cual es posible gracias a la dialéctica.

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