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Splendor formae

“Lo bello abarca tres aspectos: en primer lugar, es el esplendor de la forma


substancial o accidental sobre las partes proporcionadas y terminadas de la
materia, así se dice que un cuerpo es bello por el resplandor del color sobre
los miembros proporcionados, y esto es la diferencia específica de lo bello”

“en segundo lugar, bello es aquello que atrae el deseo, en cuanto es un


bien y tiene razón de fin”

“en tercer lugar, bello es aquello que reúne todas las cosas, porque es el
resplandor de su forma la que lo hace bello” (Alberto Magno, Super
Dionysium, c. IV, 38-60)
Splendor formae
Lo bello es asociado a la forma:
El trascendental pulchrum es la irradiación de la forma
implica proportio, adecuación de sobre la materia la que da la
partes: el color y la proporción belleza a los entes; es esa
presentes en y entre las partes iluminación que la morphé opera
corpóreas sobre la hylé lo que hace a todo
ente formoso, bello

Lo bello se asocia a lo bueno Lo bello, en tanto que


mediante el deseo, ya que lo dependiente de la forma, la
bello es también un bien en la implica en su papel unificante y
medida que mueve el apetito ordenador en el ente
Splendor formae

“es feo lo que no ha sido dominado por la


conformación y la razón, debido a que la materia se
resistió a dejarse conformar del todo por la forma.
Es, pues, la forma la que, con su advenimiento,
compone y coordina lo que va a ser algo uno
compuesto de muchos, lo reduce a una sola
comunidad y lo deja convertido, por la concordia,
en unidad, supuesto que, como la forma era una,
también lo conformado por ella debía ser uno,
como podía serlo constando de muchas partes. Y,
una vez ha sido ya reducido a unidad, es cuando la
belleza se asienta sobre ellos dándose tanto a las
partes como a los todos” (Plotino, Enéadas, I, 6, 2,
15-20)
Splendor formae
Decir que lo bello tiene su base en la forma en
cuanto esplendente sobre la materia significa
afirmar que la belleza posee por sí misma cierto
esplendor objetivo, aún cuando nadie la conozca

En cuanto lo bello se halla vinculado al bien bajo


la común razón de fin, lo bello es reconocido por
alguien capaz de percibir el fin en cuanto tal, es
decir el hombre
Quae visa placent
El pulchrum mira a la potencia cognoscitiva, pues se dicen bellas las cosas que
“vistas agradan”

Lo bello consiste en la debida proporción, porque el sentido se deleita en


las cosas debidamente proporcionadas, como en las similares a sí mismo

Lo bello propiamente pertenece a la razón de causa formal, pues el


conocimiento se hace por asimilación y la similitud mira a la forma

Se dicen bellas las cosas que al ser vistas, al ser contempladas por un ser
intelectual, la misma contemplación conlleva gozo

Ver alude a la actividad propia del intellectus, plena en la inteligencia y


participada en los sentidos, fundamentalmente en la vista y el oído
Bonum et pulchrum
Lo bello y lo bueno son lo
mismo en el subiectum,
La distinción está dada por la
porque se funda sobre la
vinculación al apetito o al
misma cosa, es decir, sobre
conocimiento
la forma. Difieren en cuanto
a la razón

Lo bello y lo bueno, idénticos


Lo bueno mira propiamente
en el subiectum, se
al apetito, ya que lo bueno
distinguen por su referencia
es lo que todas las cosas
a distintas potencias
desean. El pulchrum mira a
humanas: lo bueno mira al
la potencia cognoscitiva
apetito y lo bello al conocer
Bonum Pulchrum
Lo propio de la
Lo propio del bien belleza es la
es la vinculación al relación a una
apetito, por lo que potencia
tendrá razón de cognoscitiva, por lo
causa final que tendrá razón de
causa formal

Idénticos en el subiectum, y por tanto coextensivos con el ens, y distintos sólo


para el entendimiento humano, donde esa distinción no agrega nada al ente
sino que simplemente lo explicita
Coordenadas que sitúan lo bello:
‘orden’, ‘integridad’ y ‘claridad’
“Pues para la belleza se requieren
tres cosas”
“Primero sin duda, la integritas o perfectio, pues las cosas
son feas por esto mismo que están disminuidas”

“También la debida proportio o consonantia”

“Y además la claritas, de donde se dice que son bellas las


cosas que tienen color nítido” (Tomás de Aquino, Summa, I,
q.39, a.8, c.7)
Coordenadas que sitúan lo bello:
‘orden’, ‘integridad’ y ‘claridad’
La perfección primera es la forma del todo, la que
Cada una de estas estructuras inteligibles de lo
surge de la integridad de las partes. Lo mismo
bello guardan una relación directa y necesaria
puede apreciarse en relación con la proportio y la
con la forma
claritas

La forma es la raíz de toda belleza: es ella la que


‘esplende’ o la que irradia la materia para que
La forma es la raíz más profunda de todas las
esplenda; es ella el acto que despliega la
estructuras inteligibles de lo bello y el
potencialidad del ente de modo ‘proporcionado’;
fundamento de su unidad
y es ella la que contiene la ‘totalidad’ de lo que
corresponde a cada ente según su naturaleza

La integridad de la forma supone: Una cosa es


bella en la medida en que posee todas y cada
una de las perfecciones correspondientes a su
esencia. La belleza es plenitud de la forma
Conclusiones
Dos momentos de lo bello

• La contemplación y la percepción de lo bello


• La fuerza arrebatadora de la belleza

Dos momentos de lo bello

• Lo bello como aquello que agrada a la vista (id quod visum placet)
• Lo bello como una especie de bien (pulchrum est quaedam boni species)

La belleza y la bondad son una misma cosa, pues se funden en una misma realidad que es
la forma
• El bien se refiere al apetito
• Lo bello se refiere al poder cognoscitivo, pues se llama bello aquello cuya vista agrada

Lo propio de la belleza es su contemplación y sólo de un modo derivado se puede


entender su fuerza arrebatadora, sólo por su relación con lo bueno es la belleza tal motor
• La belleza sólo mueve por su bondad
• Del objeto bello se espera un cierto nivel de perfección ontológica y ética
• El movimiento generado por la belleza se despierta cuando en cuanto lo bueno es asimismo agradable a la potencia
cognoscitiva por su sola percepción
El papel de lo bello con relación
a los demás trascendentales
La belleza tiene la
peculiaridad de que en
Unifica en sí los
ella se funden
trascendentales
visiblemente los
trascendentales

“La belleza está


esencialmente unida a
la verdad, o al bien, o a
la unidad del ser” (Ruíz
Retegui, 1999, 13)
Disposiciones éticas que generan la aptitud de
apreciar la belleza verdadera y buena:

Al virtuoso las cosas se le


presentan tal y como son
“el hombre bueno, en efecto, juzga
bien todas las cosas, y en todas ellas se
le muestra la verdad” (EN, II, 4)

Sólo a través de los apetitos ordenados


se puede percibir la luz inteligible de la
belleza en cuanto splendor formae
¿La belleza es relativa?

No porque dependa estrictamente de las disposiciones del sujeto,


sino porque depende:

De la naturaleza La belleza de las cosas está ahí, pero se necesita


propia de la cosa y una dotación natural o un especial afinamiento o
de su fin
educación en los sujetos para percibirla
La captación de la belleza De la misma manera que
De las condiciones verdadera exige una afinidad o solamente es apto para entender
formales bajo las connaturalidad entre el sujeto la bondad moral quien tenga
cuales se toma que percibe y la cosa bella cierta experiencia en el bien
Estética y educación del
carácter
“La estética es un elemento clave para que la persona persiga el fin bueno
de una manera verdaderamente humana y libre, que suponga la puesta en
juego efectivamente de todas las energías intrínsecas. Es clave que la
presentación de los deberes morales esté llene de belleza, de capacidad
arrebatadora. Esto nada tiene que ver con presentar la moral o los deberes
ascéticos en modos pretendidamente preciosistas o afectados, ni significa
someter la vida moral a los vaivenes del sentimentalismo, sino tener en
cuenta la importancia del reconocimiento del fin para que la acción humana
sea sana, es decir, recta y libre. Tampoco significa que se deba presentar el
telos de la santidad como algo deseable por sí mismo, como si se debiera
buscar la santidad por el mero amor a la misma santidad. La hermosura que
debe brillar en la experiencia ética es la de la realidad amable: Dios mismo,
y el bien de los demás. La hermosura de los propios actos debe ser
percibida consectariamente, pero no de manera explícita. El santo ama a
Dios y a los demás, no su propia santidad” (Ruíz Retegui, 1999, 27-28)