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EL DISGUSTO POR

LA FILOSOFÍA
Comedia y tragedia en el teórico
La filosofía no es ni comprendida ni deseada. Para unos es absolutismo, para otros es relativismo; no
hay un campo medio; cada campo rechaza al otro. Ahora estoy más persuadido que nunca de la
urgente necesidad de estudiar por qué fue acusado Sócrates. El disgusto por la filosofía es perenne y
las simientes de la condenación de Sócrates están presentes en todos los tiempos, no en el pecho
de los que buscan tan sólo los placeres y a quienes les da un ardite la filosofía, sino en aquellas
personas altivas, nobles e idealistas que no desean someter a examen sus aspiraciones

“Platón, en su intento de
absolutizar el objeto de “el kairós se refiere precisamente a aquella relación decisiva o conjunto de relaciones
investigación (la búsqueda que provoca la inversión en la valoración moral. En este sentido, el kairós no tiene un
de «lo que es en sí»), trata significado temporal exclusivamente. Tiene que ver más con la capacidad de discernir la
de eliminar todos los pluralidad de relaciones que determinan la acción y que constituyen la realidad” (Solana
factores de relatividad” Dueso, 2000, 24)
(Solana Dueso, 2000, 28)

“La acción objeto de evaluación


moral exige contemplarla como un
conjunto de relaciones pertinentes,
hasta el punto de que son esas “la evaluación, como el hecho “los valores no son fijos y absolutos
relaciones las que constituyen la mismo, está constituida por un sino dependientes del marco de
acción como realidad completa. conjunto de relaciones” (Solana relaciones establecido” (Solana
Tomar la acción en sí misma sería Dueso, 2000, 23) Dueso, 2000, 23)
vaciarla de contenido y, por tanto,
aniquilarla” (Solana Dueso, 2000,
23)
“el bien se dice en la sustancia y en la cualidad y en la relación; ahora
bien, lo que existe por sí mismo y es sustancia es anterior por naturaleza
a la relación (que parece una ramificación y accidente del ente), de
modo que no podrá haber una idea común a ambas” (1096a19-23)
■ “la palabra «bien» se emplea en tantos sentidos como la palabra «ser» (pues se dice en
la categoría de sustancia, como Dios y el intelecto; en la de la cualidad, las virtudes; en
la de la cantidad, la justa medida; en la de la relación, lo útil; en la de tiempo, la
oportunidad; en la de lugar, el hábitat, y así sucesivamente), es claro que no podrá
haber una noción común universal y única; porque no podrá ser usada en todas las
categorías, sino sólo en una” (1096a25-30)
■ “puesto que de las cosas que son según una sola idea hay una sola ciencia, también
habría una ciencia de todos los bienes. Ahora, en cambio, hay muchas ciencias, incluso
de los bienes que caen bajo una sola categoría; así, la ciencia de la oportunidad, en la
guerra es la estrategia, y en la enfermedad, la medicina; y la de la justa medida, en el
alimento es la medicina, y en los ejercicios físicos la gimnasia” (1096a31-35)
■ “los bienes pueden decirse de dos modos: unos por sí mismos y los otros por estos”
(1096b15)
El caso Sócrates
Atención reflexiva a la propia alma: “De seguro que es peligroso decir: «Obrad como parezca justo a vuestros ojos»,
porque algunos de los oyentes se apresurarán a entender que lo que en realidad se les predica es: «Obrad como os
plazca», con lo que no advertirán esta importantísima condición, a saber: «Pero antes aseguraos de que vuestros ojos
ven, con nitidez perfecta, lo que es de verdad bueno»” (Cornford, 1980, 44)

«Pero antes aseguraos de que vuestros ojos ven, con nitidez perfecta, lo que es de
¿Obrad como verdad bueno»
parezca justo
a vuestros
ojos?
¿Riqueza? “el ateniense común pensaba que su alma –su psyche– era un fantasma insubstancial y
etéreo, un doble de su cuerpo una sombra que, en el momento de morir, podía ir a parar
a algún tenebroso Hades frontero en la no existencia, o bien se exhalaba quizás cual un
aliento que se disiparía en el aire como el humo. Al hablar de su «yo», el heleno se refería
¿Rango social? a su cuerpo, a la sede caliente y viva de su consciencia, una consciencia condenada a
extinguirse con las entorpecidas facultades de la vejez y a perecer con el cuerpo tras la
¿Obrad como muerte. Por tanto, decirle que su principal cuidado había de ser esa «alma» y su
os plazca? perfección equivalía a compelerle a que desatendiese su esencia misma y a que
¿Alma? cultivase lo que él estimaba su sombra” (Cornford, 1980, 44-45)
Peligro

■ “Aparentemente, todo cuanto Sócrates se ha propuesto es lanzar una llamada al cuidado de sí, a la atención
reflexiva a la propia alma. Pero, independientemente de sus intenciones, lo que parece evidente es que la polis
ha vivido la expansión de esta llamada como una peligrosa injerencia en algo que cree de su exclusiva
competencia. Con la condena está vacunándose contra ese mal” (Luri Medrano, 1998, 15)
■ “En este juicio nos encontramos con una causa pública en la que se tratará de algo que compete al interés
general de la polis. Frente a un potencial o real peligro público […] todo ciudadano que lo deseara tenía el
derecho, y también el deber, de preservar la ley presentando una denuncia ante un magistrado. Para evitar que
se pudiera acusar sin fundamentos, las leyes atenienses exigían que el acusador realizara un depósito judicial y,
si era incapaz de conseguir un mínimo de un quinto de los votos emitidos, debía pagar una multa de mil dracmas
e, incluso, podía llegar a ser merecedor de la atimia, es decir, de la pérdida de ciudadanía. Añadamos que, en
este caso, al tratarse de una cuestión relacionada con la religión, el tribunal estaba presidido por una persona de
gran prestigio, el arconte rey, que era también el encargado de realizar una audiencia preliminar con los
acusados y de llevar a cabo la instrucción previa […] No en vano en esta audiencia es donde se decidía si el
cargo era merecedor de un juicio” (Luri Medrano, 1998, 19-20)
■ “está poniendo en cuestión lo más básico de toda comunidad humana: los simulacros que fomentan su
identidad y su cohesión: Sócrates hace a los jóvenes peores en tanto que ciudadanos” (Luri Medrano, 1998, 31)
La moralidad de apremio y prohibición vs. La
moralidad de la aspiración a la perfección
espiritual
■ “Decirle a un joven que, a fin de hacerse con la plena ■ Filosofía terapéutica. Los filósofos “consoladores”.
libertad que exige su madurez, habrá de cuestionar
cuantas máximas morales haya recibido y tratar de ■ “Los individuos, derrumbada su fe en las instituciones
juzgar todo extremo moral por sí mismo es corromperlo tradicionales de acogida, se encuentran solos y como
en el sentido de que se destruye todas aquellas riendas la soledad es una condición demasiado inhóspita, y
y frenos morales con los que sus progenitores y la demasiado próxima a la naturaleza, buscan entretener
sociedad toda habían, de forma tan cuidadosa, su existencia con ideologías que la sustenten y la
arropado su niñez. En efecto, Sócrates estaba decoren convenientemente, es decir, con mentiras
socavando la moral basada en el apremio social, esa piadosas verosímiles en su oferta de valor” (Luri
ética de obediencia y de conformidad a la costumbre, Medrano, 2010)
que mantiene unidos a los grupos sociales sea cual
fuere su tamaño, desde la familia a la nación, en todo ■ “Que haya filósofos consoladores es algo que me
lo que viene durando la historia de nuestra especie. O, admira profundamente. Se suponen que han alcanzado
por mejor decir, Sócrates superaba esta moralidad de el final del trayecto filosófico y han regresado a la
apremio y prohibición en nombre de una moralidad de caverna con respuestas adecuadas. Es decir, saben
tipo diferente (…) El hontanar de esta nueva moralidad que la sabiduría es salutífera y se sienten capaces de
pulsa dentro del alma misma. Podríamos apellidarla administrarla en cómodas dosis a los enfermos del
moralidad de la aspiración a la perfección espiritual” alma” (Luri Medrano, 2010)
(Cornford, 1980, 43)
■ “¿Pero qué clase de filosofía puede ser aquella que
■ «discutir toda máxima recibida» está tan segura de sí misma como para saberse
portadora de consuelo?” (Luri Medrano, 2010)
■ «juzgar por sí mismos toda cuestión moral»
La politeia. El eros por la ciudad
■ “La politeia ateniense […] no era sólo una cuestión política en el sentido que hoy entendemos lo político. No podemos traducirla, por tanto, por «constitución»,
«régimen» u «orden jurídico». Se trata de un concepto complejo entre cuyos significados se amalgaman los siguientes: el derecho de la polis (en el sentido de la
civitas latina), la constitución (en el sentido de régimen político) y el de paideia (puesto que es alimento de los ciudadanos, el nutriente de su identidad política). La
politeia es, fundamentalmente, la «psykhé de la polis» […] No consiste tanto de un cuerpo ordenado de leyes, como, básicamente, de ethos, de ese calor que los
habitantes de una comunidad sienten como propio en tanto que parece emanado de una madre común. O, quizás mejor, la politeia es esa envoltura psico-física
que, jugando con el premio y el castigo, ofrece el reclamo de la protección de un abrazo, posibilitando así que el ethos de una polis se mantenga fiel a sí mismo”
(Luri Medrano, 1998, 22)

■ “Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás, somos un modelo a seguir. Su nombre, debido a que el
gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría, es democracia. En lo que concierne a los asuntos privados, la igualdad, conforme a nuestras leyes, alcanza
a todo el mundo, mientras que en la elección de los cargos públicos no anteponemos las razones de clase al mérito personal, conforme al prestigio de que goza
cada ciudadano en su actividad; y tampoco nadie, en razón de su pobreza, encuentra obstáculos debido a la oscuridad de su condición social si está en
condiciones de prestar un servicio a la ciudad. En nuestras relaciones con el Estado vivimos como ciudadanos libres y, del mismo modo, en lo tocante a las mutuas
sospechas propias del trato cotidiano, nosotros no sentimos irritación contra nuestro vecino si hace algo que le gusta y no le dirigimos miradas de reproche, que no
suponen un perjuicio, pero resultan dolorosas. Si en nuestras relaciones privadas evitamos molestarnos, en la vida pública, un respetuoso temor es la principal
causa de que no cometamos infracciones, porque prestamos obediencia a quienes se suceden en el gobierno y a las leyes, y principalmente a las que están
establecidas para ayudar a los que sufren injusticias y a las que, aun sin estar escritas, acarrean a quien las infringe una vergüenza por todos reconocida”
(Tucídides, Historia de la guerra del Peloponeso, II, 37)

■ “Amamos la belleza con sencillez y el saber sin relajación. Nos servimos de la riqueza más como oportunidad para la acción que como pretexto para la vanagloria, y
entre nosotros no es un motivo de vergüenza para nadie reconocer su pobreza, sino que lo es más bien no hacer nada por evitarla. Las mismas personas pueden
dedicar a la vez su atención a sus asuntos particulares y a los públicos, y gentes que se dedican a diferentes actividades tienen suficiente criterio respecto a los
asuntos públicos. Somos, en efecto, los únicos que a quien no toma parte en estos asuntos lo consideramos no un despreocupado, sino un inútil” (Tucídides,
Historia de la guerra del Peloponeso, II, 40)

■ “debéis contemplar, en cambio, el poder de la ciudad en la realidad de cada día y convertiros en sus amantes, y cuando os parezca que es grande, debéis pensar
que quienes consiguieron este poder eran hombres audaces y conocedores de su deber, que en sus acciones se comportaban con honor y que, si alguna vez
fracasaban en algún intento, no querían por ello privar a la ciudad de su valor, sino que le ofrecían la contribución más hermosa. Daban su vida por la comunidad
recibiendo a cambio cada uno de ellos particularmente el elogio que no envejece y la tumba más insigne, que no es aquella en que yacen, sino aquella en la que su
gloria sobrevive para siempre en el recuerdo, en cualquier tiempo en que surja la ocasión para recordarlos tanto de palabra como de obra. Porque la Tierra entera
es la tumba de los hombres ilustres, y no sólo en su patria existe la indicación de la inscripción grabada en las estelas, sino que incluso en tierra extraña pervive en
cada persona un recuerdo no escrito, un recuerdo que está más en los sentimientos que en la realidad de una tumba” (Tucídides, Historia de la guerra del
Peloponeso, II, 43, 1-4)