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MODULO IV

DERECHO INTERNACIONAL AMBIENTAL


El Derecho Internacional Ambiental (DIA)
es una disciplina que involucra al mundo
entero en la protección de un bien común:
nuestro ambiente. En AIDA lo aplicamos
día a día para ayudar a las personas y
comunidades a defender nuestro medio
ambiente y los derechos humanos
fundamentales que dependen del mismo.
Pero ¿dónde surgió y cómo ha
evolucionado esta disciplina global?
Evidentemente, sus reglas no han sido
dictadas por una institución nacional. Se
trata más bien de un compendio de
declaraciones, tratados y normas —
vinculantes y voluntarias— que se han
desarrollado a la par del conocimiento
científico y la toma de conciencia del
estado actual de nuestro planeta natural.
La historia del DIA se puede dividir en tres etapas, separadas por dos
de las conferencias internacionales más relevantes celebradas hasta
ahora:
1. la Conferencia de Estocolmo (1972) y
2. la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (1992).
LOS INICIOS: ANTES DE ESTOCOLMO

Antes de los años 60, había poca conciencia ambiental y solo algunas
iniciativas aisladas de regulación ambiental internacional.
Una de ellas fue la frustrada Convención de Londres de 1900, con la
cual se buscaba proteger la vida silvestre africana. Esa Convención
nunca entró en vigor porque no fue firmada por el número mínimo de
partes. Fue reemplazada 33 años después por el Convenio de Londres
de 1933 que fue aplicado en gran parte de África colonizada con la
creación de parques naturales y la protección de especies.
Durante esos años, otras iniciativas se llevaron a cabo de forma aislada.
Pero las cosas realmente empezaron a moverse con el despertar de la
conciencia ambiental en los años 60, cuando la opinión pública se hizo
consciente de los peligros que amenazaban al planeta.
Algunos de los eventos que marcaron esta época
fueron la publicación en 1962 del libro Primavera
Silenciosa (Silent Spring) de Rachel Carson, el cual
documentó los efectos negativos de los plaguicidas
sobre las aves y el medio ambiente; y la divulgación
de la imagen conocida como Amanecer de la Tierra
(Earthrise), tomada por el astronauta William
Anders en 1968 durante la misión Apolo 8. Esa
fotografía es considerada de influencia icónica para
el despertar del movimiento ambiental pues
evidencia la unidad absoluta de la tierra vista desde
la luna.
LA DECLARACIÓN DE ESTOCOLMO

Producto de la primera Conferencia


de las Naciones Unidas (ONU) sobre
el Medio Ambiente Humano, la
Declaración de Estocolmo (1972), fue
el primer documento internacional
en reconocer el derecho a un medio
ambiente sano mediante 26
principios, muchos de los cuales han
jugado un papel importante en el
desarrollo posterior del DIA.
El Principio 21, por ejemplo, confirmó una de las piedras angulares del
DIA: la responsabilidad de los Estados de garantizar que las actividades
bajo su jurisdicción no causen daños al medio ambiente de otros
Estados.
La Declaración estableció además el Principio de la Cooperación, crucial
en el desarrollo ulterior del DIA, al reconocer que para hacer frente a
los desafíos globales de nuestro entorno común, los países debían unir
esfuerzos.
También en Estocolmo, la Asamblea General de la ONU creó el
Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA),
órgano central a cargo de los asuntos ambientales en la actualidad.
ENTRE ESTOCOLMO Y RÍO

Después de Estocolmo, comenzaron a verse cambios en los gobiernos


nacionales: se formaron los primeros partidos políticos verdes, se
crearon algunos Ministerios de Medio Ambiente, y comenzó a
desarrollarse una importante cantidad de legislación ambiental local.
En 1983, la ONU creó la Comisión
Mundial sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo, conocida como la Comisión
Brundtland. Su labor se centró en la
difícil relación entre medio ambiente y
desarrollo y resultó en el informe
Nuestro Futuro Común (1987).
En ese documento se acuñó el
concepto de desarrollo sostenible —
definido como “la satisfacción de las
necesidades de la generación presente
sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras para satisfacer
sus propias necesidades”—, base que
guió la evolución del DIA de ahí en
adelante.
En esta época, ya empezaban a manifestarse algunos de los problemas
ambientales globales que hasta hoy nos aquejan como el agotamiento
de la capa de ozono, los riesgos para la diversidad biológica y la
amenaza del cambio climático.
La cooperación internacional era absolutamente necesaria y los países
desarrollados tendrían que ayudar a los países más pobres para que la
humanidad fuera capaz de afrontar tales desafíos.
En 1987, se firmó el
Protocolo de Montreal para
combatir el agotamiento de
la capa de ozono. Este
acuerdo internacional ha
sido un ejemplo de
cooperación internacional
exitosa, y se cree que
gracias al mismo la capa de
ozono podría recuperarse
para el año 2050.
LA CUMBRE DE LA TIERRA EN RÍO DE JANEIRO
En 1992, durante esta Conferencia, dos convenciones fueron
presentadas para firma de los países: el Convenio sobre la Diversidad
Biológica y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático (CMNUCC).
También se estableció la Declaración de Río, la cual reafirmó la
Declaración de Estocolmo y el programa de acción Agenda 21, el cual
aún guía a los gobiernos y los actores no estatales en las actividades de
protección del medio ambiente. Ante la realidad cada vez más evidente
de que eran las actividades humanas en pro del crecimiento económico
las responsables de las principales amenazas ambientales, en Río el
concepto central continuó siendo el desarrollo sostenible.
Dos de los principios de la Declaración
de Río merecen especial consideración:
1. El Principio de Precaución, la forma
más avanzada de prevención e
importante en la conformación del
DIA moderno; y
2. El Principio 10, que reconoce el
derecho a la información, a la
participación y a la justicia en
asuntos ambientales.
Hoy en día, un instrumento regional que
reconocerá oficialmente los derechos de
participación de los ciudadanos está en
construcción en América del Sur y el
Caribe. Ello ya es vinculante para
muchos países de Europa y Asia Central
por el Convenio de Aarhus (1998).
El reconocimiento de esos derechos también se considera un hito
importante en la construcción del DIA, ya que explica y muestra el
surgimiento de la sociedad civil como actor cada vez más importante y
activo en el campo de la protección ambiental global.
LUEGO DE RÍO Y HACIA EL FUTURO

Después de Río, todos los tratados económicos importantes


comenzaron a incluir la protección del medio ambiente. Un caso
ejemplar es el Acuerdo de Marrakech, por el cual se creó la
Organización Mundial del Comercio en 1994, y que fue el primer
tratado económico en reconocer las metas de desarrollo sostenible y
protección del medio ambiente.
La Convención sobre el Cambio Climático merece mención especial ya
que, desde 1995, sus firmantes se han reunido cada año en la llamada
Conferencia de las Partes (COP).
En ese marco, en 1997, se presentó el Protocolo de Kioto que, a pesar
de no haber sido exitoso en mitigar las emisiones de gases de efecto
invernadero, fue el primer acuerdo internacional en establecer
obligaciones jurídicamente vinculantes para los países desarrollados.
En el 2000, 189 países reunidos en Nueva York adoptaron la
Declaración del Milenio, misma que fortaleció la importancia del
desarrollo sostenible al reconocer la necesidad de un crecimiento
económico sostenible con un enfoque en los pobres y el respeto a los
derechos humanos.
Dos años más tarde, en 2002,
representantes de 190 países
acudieron a la Cumbre Mundial de la
ONU sobre el Desarrollo Sostenible, en
Johannesburgo, para dar seguimiento a
los compromisos de la Cumbre de Río.
En esa ocasión, adoptaron la
Declaración sobre el Desarrollo
Sostenible, centrada en el desarrollo y
la erradicación de la pobreza con un
enfoque jurídico-económico sobre las
“asociaciones público-privadas”.
Y en 2012, la ONU organizó la tercera
Conferencia sobre el Desarrollo
Sostenible, conocida como Río + 20, la
cual convocó a 192 Estados miembros,
empresas del sector privado, ONG y
otras organizaciones. El resultado fue
un documento no vinculante llamado
El Futuro que Queremos. En las 49
páginas del documento, los Estados
renuevan su compromiso al desarrollo
sostenible y a la promoción de un
futuro sustentable.
¿EN QUÉ QUEDAMOS?
Tras revisar algunos de los hitos más importantes relacionados con los
esfuerzos globales para enfrentar la grave crisis ambiental que vivimos,
es inevitable quedar sumida en hondas preocupaciones.
Las iniciativas globales no han logrado motivar el cambio de rumbo que
necesitamos para que nuestro planeta empiece a recobrar la salud. Así
como vamos, nadie asegura que las futuras generaciones puedan
satisfacer sus necesidades como lo han hecho las pasadas y actuales.
Pero, pese a las desilusiones, creo importante promover iniciativas
mundiales donde se discuten políticas comunes y donde el DIA
adquiere forma y contenido. Aunque hasta ahora esos espacios no han
sido capaces de frenar la crisis ambiental, han fortalecido el DIA como
instrumento para defender nuestras causas, cosa que aprovechamos
cada día en AIDA.
Asimismo, las conferencias mundiales son instancias donde surgen
posibilidades de protesta y de concientización masiva por parte de la
sociedad civil global, cada vez más alerta y decidida a defender nuestro
ambiente.
Hoy en día, gran parte de la esperanza de cambio está en la fuerza de la
sociedad civil, en que las personas del mundo logren alzar la voz para
exigir lo que necesitamos: un cambio rotundo en el modelo de
desarrollo que aún guía los asuntos del planeta y que tanto daño está
causando.
GRACIAS