Está en la página 1de 10

S PA N 2 1 0 .

I N T R O D U C T I O N
T O T H E F O R M A L A N A LY S I S
O F H I S PA N I C T E X T S

1.“El sentimiento de lo
fa ntá stic o” , C o r t á z a r
2 . “ ¿ To d o c u e n t o e s u n
cuento chino?”, García
Márquez
3 . “C a s a t o m a da ” , J ulio
Cortázar
4. “C a rt a a u na s e ño r it a e n
Pa r í s ” , J u l i o C o r t á z a r
FUNCIÓN LITERARIA DE LO
SOBRENATURAL
FUNCIÓN SOCIAL DE LO
SOBRENATURAL
LA TRANSGRESIÓN D
LEY
Censura institucionalizada, tabúes, la
locura, etc.
¿TODO CUENTO ES UN CUENTO
CHINO?
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Hay otro de Las Mil y una Noches, cuyo texto no tengo a la mano, y
que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un
pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de
otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer
pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le
encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una
almendra.
El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto
Monterroso, reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: "Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba
¿Qué ley se allí"
transgrede en estos dos
cuentos mencionados por García
Márquez?
“EL CUENTO, COMO GÉNERO LITERARIO,
ES UN POCO LA CASA, LA HABITACIÓN
DE LO FANTÁSTICO”,
CORTÁZAR.
La función literaria de lo sobrenatural o fantástico nos ha ayudado a definir
qué es un cuento y pensar qué es la literatura o por qué estudiar la
literatura. “Un cuento es una
“La intensidad y la novela depurada de
ripios”, Horacio
unidad interna son Quiroga
esenciales en un “Una razón de eso puede ser el
cuento”, despiste de atribuirle las
diferencias a la longitud del
García Márquez texto, con distinciones de
géneros entre cuento corto y
Un punto de vista corriente y simplista presenta la literatura (y el
lenguaje) como una imagen de la “realidad”, como un calco de lo que
no es ella, como una serie paralela y análoga. Pero esta apreciación es
doblemente falsa, pues traiciona tanto la naturaleza del enunciado
como la de la enunciación. Las palabras no son etiquetas pegadas a
las cosas que existen en tanto tales independientemente de ellas.
Cuando se escribe no se hace más que eso; la importancia de ese
gesto es tal, que no deja lugar a ninguna otra experiencia.

Si algunos acontecimientos del universo de un libro se dan explícitamente como


imaginarios, niegan, con ello, la naturaleza imaginaria del resto del libro. Si tal o cual
aparición no es más que el producto de una imaginación sobreexcitada, es porque todo lo
que la rodea pertenece a lo real. Lejos de ser un elogio de lo imaginario, la literatura
fantástica presenta la mayor parte del texto como perteneciente a lo real, o, con mayor
exactitud, como provocada por él, tal como un nombre dado a la cosa preexistente. La
literatura fantástica nos deja entre las manos dos nociones: la de la realidad y la de la
literatura, tan insatisfactoria la una como la otra.

Tzvetan Todorov, Introducción a la literatura


fantástica
EL DIOS DE LAS MOSCAS
MARCO DENEVI
Las moscas imaginaron a su dios. Era otra mosca. El dios de las moscas era una mosca,
ya verde, ya negra y dorada, ya rosa, ya blanca, ya purpúrea, una mosca inverosímil, una
mosca bellísima, una mosca monstruosa, una mosca terrible, una mosca benévola, una
mosca vengativa, una mosca justiciera, una mosca joven, una mosca vieja, pero siempre
una mosca. Algunos aumentaban su tamaño hasta volverla enorme como un buey, otros
la ideaban tan microscópica que no se la veía. En algunas religiones carecía de alas, en
otras tenía infinitas alas. Aquí disponía de antenas como cuernos, allá los ojos le comían
toda la cabeza. Para unos zumbaba constantemente, para otros era muda pero se hacía
entender lo mismo. Y para todos, cuando las moscas morían, los conducía en vuelo
arrebatado hasta el paraíso. Y el paraíso era un trozo de carroña, hediondo y putrefacto,
que las almas de las moscas muertas devoraban por toda la eternidad y que no se
consumía nunca, pues aquella celestial bazofia continuamente renacía y se renovaba bajo
el enjambre de las moscas. De las buenas. Porque también había moscas malas y para
éstas había un infierno. El infierno de las moscas condenadas era un sitio sin
excrementos, sin desperdicios, sin basura, sin hedor, sin nada de nada, un sitio limpio y
reluciente y para colmo iluminado por una luz deslumbradora, es decir, un lugar
abominable.
PREÁMBULO A LAS INSTRUCCIONES
PARA DAR CUERDA AL RELOJ
JULIO CORTÁZAR
Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido,
una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los
cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo
con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te
atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que
no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que
es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un
bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle
cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj;
te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías,
en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de
perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su
marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la
tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú
eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
EL SENTIMIENTO DE LO
FANTÁSTICO
JULIO CORTÁZAR
Ese sentimiento, que creo que se refleja en la mayoría de mis cuentos, podríamos
calificarlo de extrañamiento; en cualquier momento les puede suceder a
ustedes, les habrá sucedido, a mí me sucede todo el tiempo, en cualquier momento que
podemos calificar de prosaico, en la cama, en el ómnibus, bajo la ducha, hablando,
caminando o leyendo, hay como pequeños paréntesis en esa realidad y es por ahí,
donde una sensibilidad preparada a ese tipo de experiencias siente la presencia de algo
diferente, siente, en otras palabras, lo que podemos llamar lo fantástico.
Un gran poeta francés de comienzos de este siglo, Alfred Jarry, el autor de tantas
novelas y poemas muy hermosos, dijo una vez, que lo que a él le interesaba
verdaderamente no eran las leyes, sino las excepciones de las leyes; cuando había una
excepción, para él había una realidad misteriosa y fantástica que valía la pena explorar,
y toda su obra, toda su poesía, todo su trabajo interior, estuvo siempre encaminado a
buscar, no las tres cosas legisladas por la lógica aristotélica, sino las
excepciones por las cuales podía pasar, podía colarse lo misterioso, lo fantástico,
y todo eso no crean ustedes que tiene nada de sobrenatural, de mágico o de esotérico
¿TODO CUENTO ES UN CUENTO
CHINO?
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento
Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le
ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la
magia de lo que leyó.
Hay otro de Las Mil y una Noches, cuyo texto no tengo a la mano, y que me
produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado
un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a
cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo
le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.
El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso,
reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: "Cuando despertó, el dinosaurio
todavía estaba allí"
Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud
del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo.
EL SENTIMIENTO DE LO
FANTÁSTICO
JULIO CORTÁZAR
Elijo para demostrar lo fantástico uno de mis cuentos, “La noche boca arriba”, y cuya historia, resumida muy sintéticamente, es
la de un hombre que sale de su casa en la ciudad de París, una mañana, en una motocicleta y va a su trabajo, observando,
mientras conduce su moto, los altos edificios de concreto, las casas, los semáforos y en un momento dado equivoca una luz de
semáforo y tiene un accidente y se destroza un brazo, pierde el sentido y al salir del desmayo, lo han llevado al hospital, lo han
vendado y está en una cama, ese hombre tiene fiebre y tiene tiempo, tendrá mucho tiempo, muchas semanas para pensar, está
en un estado de sopor, como consecuencia del accidente y de los medicamentos que le han dado; entonces se adormece y tiene
un sueño; sueña curiosamente que es un indio mexicano de la época de los aztecas, que está perdido entre las ciénagas y se
siente perseguido por una tribu enemiga, justamente los aztecas que practicaban aquello que se llamaba la guerra florida y que
consistía en capturar enemigos para sacrificarlos en el altar de los dioses.

Todos hemos tenido y tenemos pesadillas así. Siente que los enemigos se acercan en la noche y en el momento de la máxima
angustia se despierta y se encuentra en su cama de hospital y respira entonces aliviado, porque comprende que ha estado
soñando, pero en el momento en que se duerme la pesadilla continúa, como pasa a veces y entonces, aunque él huye y lucha es
finalmente capturado por sus enemigos, que lo atan y lo arrastran hacia la gran pirámide, en lo alto de la cual están ardiendo las
hogueras del sacrificio y lo está esperando el sacerdote con el puñal de piedra para abrirle el pecho y quitarle el corazón.
Mientras lo suben por la escalera, en esa última desesperación, el hombre hace un esfuerzo por evitar la pesadilla, por
despertarse y lo consigue; vuelve a despertarse otra vez en su cama de hospital, pero la impresión de la pesadilla ha sido tan
intensa, tan fuerte y el sopor que lo envuelve es tan grande, que poco a poco, a pesar de que él quisiera quedarse del lado de la
vigilia, del lado de la seguridad, se hunde nuevamente en la pesadilla y siente que nada ha cambiado. En el minuto final tiene la
revelación. Eso no era una pesadilla, eso era la realidad; el verdadero sueño era el otro. Él era un pobre indio, que soñó con una
extraña, impensable ciudad de edificios de concreto, de luces que no eran antorchas, y de un extraño vehículo, misterioso, en el
cual se desplazaba, por una calle.

Si les he contado muy mal este cuento es porque me parece que refleja suficientemente la inversión de valores, la polarización