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CAPÍTULO XI

LOS
SACRAMENTALES
A.- Definiciones

La palabra "sacramental" es relativamente nueva, pues no se


encuentra en la Sagrada Escritura ni en la literatura del período
patrístico, aparece por primera vez en el siglo XII en los escritos
de Pedro Lombardo, en los que dijo que determinados ritos, como
son la catequesis y los exorcismos de los catecúmenos, no se les
debería llamar sacramentos sino sacramentales. Santo Tomás de
Aquino se refirió a los sacramentales como 'consagraciones',
diciendo que por no ser sacramentos no causan la Gracia, aunque
facilitan recibirla, y disponen los elementos necesarios para el
culto divino.
El teólogo parisiense Guillermo de Auvernia en su libro De Sacramentis, al
establecer la distinción entre sacramentos y sacramentales, dice que estos
últimos ayudan, perfeccionan y santifican las cosas necesarias para el culto
divino; tienen la función subsidiaria de preparar los elementos del culto. Para
el teólogo alemán A. Franz los sacramentales son signos visibles religiosos
instituidos por la Iglesia para servir al culto, para tutelar contra los influjos del
demonio, y para el incremento del bien espiritual y material de los fieles.
Finalmente, el nuevo Catecismo de la Iglesia dice de ellos que "La Santa
Madre Iglesia instituyó, además, los sacramentales. Estos son signos sagrados
con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos,
sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los
hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se
santifican las diversas circunstancias de la vida" (1667).
B.- Antecedentes históricos
Aunque la palabra sacramental sea nueva, el concepto que significa
es muy antiguo. Para rastrear el origen del concepto de los
sacramentales hay que remontarse a los tiempos evangélicos y
constatar que Jesucristo, en el ejercicio de su ministerio, utilizó
determinados elementos y realizó ciertos gestos con fines
sobrenaturales, pero sin elevarlos a la categoría de sacramentos; por
ejemplo empleó el barro para curar a un ciego, bendijo a los niños
imponiéndoles las manos, bendijo también a los apóstoles con las
manos extendidas, utilizó el agua para lavar los pies de sus
discípulos, etc.; podemos asegurar que Jesucristo hizo uso de cosas y
gestos naturales para significar realidades sobrenaturales.
La época patrística recogió estas acciones de Cristo y las utilizó
para dar estructura litúrgica a diversas ofrendas y bendiciones de
elementos materiales. Tertuliano nos dejó constancia de una práctica
religiosa que no es sacramento y que aún subsiste: los cristianos, al
ponerse en camino, al salir o entrar de una casa, al ponerse a la
mesa, al irse a dormir, y en muchas otras ocasiones, se signaban la
frente con la señal de la cruz. Podemos ver en los escritos de estos
dos autores que aunque la expresión 'sacramental' no existía en la
época patrística, el uso de los sacramentales era ya una práctica
admitida por la Iglesia.
C.- Características de los sacramentales

Básicamente los sacramentales consisten en un signo y una oración, y


en esto no se distinguen de los sacramentos, sin embargo existen
grandes diferencias entre ambos: la primera es que los sacramentos
fueron instituidos por Jesucristo, en tanto que los sacramentales han
sido establecidos por la Iglesia; otra diferencia fundamental es que
todos los sacramentos causan la Gracia, la santificante y la
sacramental, en tanto que los sacramentales no son causa de la Gracia
que viene del Espíritu Santo, sino que solamente disponen para
recibirla mediante gracias menores que conceden.
En los sacramentales no se da la eficacia en razón de la cosa
hecha, no existe el ex opere operato, sino que quien causa el
efecto de los sacramentales es únicamente la intercesión
suplicante de la Iglesia; en otras palabras, su eficacia no
depende del signo ni de quien lo recibe, sino de la Iglesia que
ora, y con su oración intercede; al respecto Pío XII escribió
en la encíclica Mediator Dei que los sacramentales consiguen
su efecto en virtud de lo obrado por la Iglesia: ex opere
operantis Ecclesiae.
El ministro naturalmente facultado para administrar los sacramentales
es quien haya recibido el sacramento del Orden, sea Diácono,
Presbítero u Obispo, sin embargo en circunstancias especiales existe
la posibilidad de que los administre un seglar que haya sido
debidamente capacitado para ello; y esa posibilidad la avala el nuevo
Catecismo de la Iglesia cuando dice: "los sacramentales proceden del
sacerdocio bautismal: todo bautizado es llamado a ser bendición y a
bendecir. Por eso los laicos pueden presidir ciertas bendiciones (Cf.
1168); la presidencia de una bendición se reserva al ministro
ordenado, en la medida en que dicha bendición afecte más a la vida
eclesial y sacramental" (1669).
¿Cuantos sacramentales hay? Los teólogos no se han puesto de acuerdo
sobre su número, sin embargo el Catecismo habla de dos grandes grupos: las
bendiciones y los exorcismos, y las bendiciones las subdivide en dos: aquellas
cuyo efecto debe durar toda la vida, a las que se da el nombre de
'consagraciones', y las bendiciones de carácter temporal; ambas, la permanente
y la temporal, pueden aplicarse a personas o a cosas; se pueden consagrar, por
ejemplo, el edificio de una iglesia, el altar, los ornamentos, o se puede
consagrar la profesión de un religioso. Los exorcismos son peticiones que la
Iglesia hace públicamente y con autoridad, para que en nombre de Jesucristo
sea protegido de las asechanzas del demonio quien recibe el sacramental. Jesús
realizó exorcismos, y ahora la Iglesia los hace en su nombre durante el ritual
del Bautismo, y muy rara vez, sólo con autorización expresa del obispo, en
otras ocasiones.