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VIOLENCIA Y

MEDIOS DE
COMUNICACIÓN

La experiencia
peruana

© Santiago Stucchi Portocarrero


Médico Psiquiatra
Octubre 2007
El periodismo según se ejerza, puede ser la más noble
de las profesiones o el más vil de los oficios

Luis Miró Quesada de la Guerra, 1939


1980: Después de 12 años, en el Perú llegaba a
su fin el “Gobierno Revolucionario de las Fuerzas
Armadas”, iniciado con el golpe militar del Gral.
Juan Velasco en 1968 y continuado por el Gral.
Francisco Morales Bermúdez. En las elecciones
presidenciales de ese mismo año resultó elegido
el Arq. Fernando Belaúnde.

Poco antes de las elecciones, el 17 de mayo, un


grupo de integrantes del denominado Partido
Comunista del Perú – Sendero Luminoso (PCP-SL)
quemó las ánforas y las cédulas de votación en el
pueblo de Chuschi, en el departamento de
Ayacucho. Fue el primer acto de guerra llevado a
cabo por dicha agrupación. Sin embargo, los
autores del hecho fueron capturados
rápidamente, las elecciones se llevaron a cabo
sin mayor incidente y éste recibió muy poca
atención en la prensa peruana.
Con el transcurso de los años, las acciones de
violencia del PCP-SL se extendieron. El asesinato de
autoridades civiles, policías, propietarios de tierras y
de todos aquellos considerados como “enemigos de
la revolución marxista-leninista-maoísta”, se hizo
cada vez más frecuente. En abril de 1982,
militantes armados del PCP-SL atacaron la cárcel de
Ayacucho, lberando más de 100 terroristas
apresados y asesinando a algunos efectivos
policiales. En respuesta, miembros de la Policía
Nacional del Perú ingresaron al hospital de dicha
ciudad y asesinaron a presuntos miembros del PCP-
SL. El gobierno de Fernando Belaúnde decretó el
estado de emergencia en Ayacucho, otorgando el
control de dicha zona a las Fuerzas Armadas.

La reacción inicial de la prensa peruana fue de


imprecisión y desconcierto, variando desde la
minimización del fenómeno hasta planteamientos
variopintos de conjuras comunistas internacionales
o supuestas reacciones de la ultraderecha anhelante
de una dictadura conservadora.
En enero de 1983, 8 periodistas fueron asesinados por
campesinos de la comunidad de Uchuraccay, al ser
confundidos con senderistas.

En abril de 1983, pobladores de la comunidad de


Lucanamarca se rebelaron contra la presencia del PCP-SL,
asesinando a algunos de sus dirigentes. Como revancha, los
senderistas masacraron con machetes a 69 hombres,
mujeres y niños de la comunidad. El líder de la agrupación
subversiva, Abimael Guzmán (“Presidente Gonzalo”),
reivindicó el hecho y lo justificó como un “escarmiento”.

En agosto de 1984, se descubrieron fosas con más de 50


cadáveres en la comunidad de Pucayacu. Las investigaciones
señalaron como responsables a destacamentos de la marina
al mando del Capitán Álvaro Artaza (“Camión”).

Los asesinatos selectivos, los “juicios populares”, las


masacres, las desapariciones y los hallazgos de fosas
comunes, serían situaciones frecuentes en la zona de
emergencia durante los primeros años de la década de 1980.
En julio de 1985 asumió la presidencia el Dr. Alan García.
Poco antes, el entonces ministro del interior había
declarado que Lima estaba segura “en un 99%”; 3 días
después, un coche-bomba con 50 cartuchos de dinamita
explotó en el corazón de Lima. En los próximos años, los
coches-bomba y las voladuras de torres de energía
eléctrica serían hechos cotidianos. La represión militar
indiscriminada había reducido el accionar terrorista en la
zona de emergencia, pero éste se había trasladado a la
capital. En ese mismo año, ingresó a la escena subversiva
el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA).

En junio de 1986, las Fuerzas Armadas ingresaron a 3


penales de Lima que habían sido tomados por reclusos
miembros del PCP-SL, resultando más de 300 muertos,
muchos de ellos ajusticiados luego de rendidos.

En mayo de 1988, luego de un ataque terrorista, 31


pobladores de la comunidad de Cayara fueron asesinados
por miembros del ejército al mando del Gral. José
Valdivia. El gobierno negó los hechos.
A mediados de la década de 1980, la prensa peruana había
desarrollado 3 tipos de discurso frente a la violencia política.
Los medios más conservadores (“El Comercio”, “Expreso” y
“La Prensa”) entendían al PCP-SL como producto casi
exclusivo de una ideologia fanática y foránea, contra el cual
sólo cabía la represión militar; las violaciones de derechos
humanos realizadas por los militares eran consideradas
como lamentables pero inevitables excesos. Los medios de
orientación más izquierdista (“La República”) contemplaban
otros factores sociales y económicos en la génesis de la
subversión, y demandaban el fin de la guerra sucia y
sanción a los culpables. Finalmente, la prensa ligada al PCP-
SL (“El Diario de Marka”) justificaba en cierta forma la
subversión como producto de una violencia ancestral
perpetrada por el estado.

Por lo general, el tratamiento de las noticias no era


equitativo y dependía del grupo social de las víctimas; si
éstas eran autoridades, oficiales o empresarios, la condena
solía ser contundente y demandaba una investigación
exhaustiva; por el contrario, las masacres de comunidades
campesinas recibían coberturas mínimas y cuestionamientos
tenues o inexistentes.
La influencia de los medios masivos de
comunicación sobre la sociedad, y en
particular sobre la génesis de la violencia,
ha sido desde hace varias décadas, tema de
numerosas teorías e investigaciones, con
propuestas diversas y a veces
contradictorias, que van desde la
culpabilización absoluta hacia los medios
(particularmente la TV) por la violencia
social, hasta la visión de los mismos como
“catárticos” y por lo tanto, atenuantes de la
violencia latente de la teleaudiencia. Por
otro lado, las metodologías empleadas no
siempre permiten establecer claramente una
relación de causa-efecto entre la exposición
a contenidos mediáticos violentos y las
conductas violentas, pues podrían existir
factores previos que promuevan tanto las
conductas violentas como la preferencia por
la visualización de escenas de violencia.
Las investigaciones en torno a la relación
entre la violencia mediática y la violencia
en el público, han seguido tres líneas
principales: efectos sobre la conducta,
efecto sobre las emociones y efectos
cognitivos.

En la línea de los efectos sobre la


conducta, se han planteado principalmente
las siguientes teorías: reforzamiento,
catarsis, estimulación elemental y
modelaje. La línea de los efectos
emocionales incluye las teorías de la
sensibilización, de la desensibilización y del
habituamiento. Finalmente, la línea de los
efectos cognitivos comprende básicamente
las teorías siguientes: de los guiones
cognitivos, y de la enseñanza cognitiva.
En julio de 1990 asumió la presidencia el Ing.
Alberto Fujimori, tras derrotar sorpresivamente al
escritor Mario Vargas Llosa. Dos años después, en
abril de 1992, clausuró el Congreso y abolió la
Constitución.

En noviembre de 1991, 15 personas (incluyendo


un niño de 8 años) fueron asesinadas por
miembros de un escuadrón paramilitar
denominado “Colina”, en Barrios Altos, Lima. En
julio de 1992, 9 estudiantes y 1 profesor de la
Universidad La Cantuta, en las afueras de Lima,
fueron secuestrados y ejecutados por el mismo
escuadrón. Las investigaciones fueron
obstaculizadas por el gobierno y la mayoría
oficialista en el nuevo Congreso; una de las
congresistas afirmó que los desaparecidos se
habían “autosecuestrado”. Cuando la comisión
investigadora citó al Comandante General de la
Fuerzas Armadas, los tanques del ejército salieron
a las calles de la capital.
En julio de 1992, un coche-bomba con 500
kg. de dinamita, colocado por miembros del
PCP-SL, hizo explosión en la calle Tarata, en
Miraflores, una de las zonas más transitadas
de Lima, muriendo 23 personas.

En septiembre del mismo año, fue capturado


Abimael Guzmán en una residencia del
distrito de Surco, en Lima, junto con otros
cabecillas del PCP-SL.

En junio de 1995, el Congreso promulgó la


Ley de Amnistía para todos los militares
acusados de violaciones a los derechos
humanos, incluyendo a los miembros del
grupo Colina, que habían pasado por un
juicio bastante benévolo en el fuero militar.
Poco después, en las elecciones
presidenciales, Fujimori fue reelegido.
La prensa peruana fue unánime en
condenar los actos terroristas del PCP-SL.
En el caso de la Cantuta, solamente el diario
“La República” fue enfático desde el
principio; sin embargo, al descubrirse los
cadáveres de los estudiantes y el profesor,
todos los medios exigieron una investigación
y sanción de los responsables, unos con
más énfasis que otros. Asimismo, la Ley de
Amnistía no fue bien recibida por “La
República” ni por “El Comercio”; “Expreso”
publicó una crítica tibia.

La TV por su parte, no ocultaba sus


simpatías por el régimen. Los principales
canales de TV, “Frecuencia Latina”,
“Panamericana” y “América”, propagaban
reportajes y entrevistas que favorecían las
versiones oficiales en desmedro de las
opiniones críticas.
Efectos sobre la conducta:

Según la teoría del reforzamiento (Klapper


1960), la violencia televisiva operaría como
refuerzo de
tendencias agresivas preexistentes en los
espectadores, y no como generadora primaria de
estas conductas. Cuanto más atractivo resulte el
contexto mediático en el cual se desarrolla la
violencia, o cuanto más identificación sienta el
espectador por el mismo, mayor sería su poder
reforzador de la violencia.

La teoría de la catarsis (Feshback y Singer 1971)


plantea que la percepción de contenidos
violentos en los medios de comunicación,
permitiría al público aliviar inofensivamente sus
propios sentimientos de hostilidad. La violencia
mediática cumpliría así un rol positivo de servicio
público, como catarsis de agresividades
potenciales. Estudios posteriores, sin embargo,
no han avalado estas ideas.
La teoría de la estimulación elemental
(Tannenbaum y Zillmann 1975), plantea que
lo verdaderamente determinante en la
agresividad del espectador sería el grado de
estimulación psicológica y fisiológica que
provoca el programa televisivo en el sujeto,
independientemente del contenido de dicho
programa. De este modo, no solamente los
contenidos violentos podrían estimular la
violencia, si no también otro tipo de
contenidos, como podría ser el erótico,
dependiendo de la predisposición del
receptor.
Según la teoría del modelaje o aprendizaje por
observación, (Bandura 1977), los sujetos expuestos a
la violencia de la televisión actuarían, después de
esta exposición, de manera más violenta de lo que
normalmente lo harían de no haber visto este tipo de
programas. Este modelaje dependería de varios
factores: 1) Las características del modelo. La
probabilidad de imitar la conducta es proporcional al
grado de identificación con el personaje violento; en
tal sentido, la violencia de los “buenos” resultaría
más nociva que la de los villanos. 2) Las
consecuencias de la violencia. La violencia que
proporciona recompensas a sus perpetradores es
más pausible de ser imitada que aquella que recibe
castigo. 3) Grado de realismo. Cuanto mayor es el
realismo percibido, mayor el efecto; en este sentido,
los niños serían los más vulnerables. 4)
Susceptibilidad individual. Los individuos con
problemas emocionales son más vulnerables al
modelaje. 5) La interpretación cognitiva particular del
espectador hacia la violencia.
A partir de 1997, comenzaron
a proliferar los denominados
“diarios chicha”, tabloides
sensacionalistas de precio muy
bajo, con imágenes de sexo y
violencia en sus portadas, y
lenguaje de replana. Con el
paso del tiempo, la mayor
parte de estos diarios (“El Tío”,
“El Chino”, “La Chuchi”, “El
Bocón”, etc.) se dedicó a
atacar a los opositores del
gobierno y a exaltar los
supuestos éxitos de éste. Las
campañas de difamación y
calumnias alcanzaron su punto
máximo durante la campaña
de Fujimori para su segunda
reelección, entre 1999 y el
2000.
Los “diarios chicha” aludían frecuentemente
al fantasma del terrorismo para azuzar los
miedos de la población y vender la imagen de
Fujimori y su cúpula militar como la única
opción viable para el Perú. Los tabloides, que
como luego se demostró, recibían
financiamiento del estado, no dudaban en
acusar de “terroristas”, “traidores” o
“antipatriotas” a los críticos al gobierno y
defensores de derechos humanos, inventando
toda clase de calumnias, en medio de la más
absoluta impunidad.

Como ejemplo del bajísimo nivel al que


llegaron estos medios, “El Tío” le dedicó los
siguientes titulares a uno de los principales
periodistas opositores, entre abril y julio de
1999: “NN es alcahuete de la oposición”,
“Comunista NN quiere liberar a terrucos
presos”, “Comunista NN pide noche con
terruco Feliciano”, “NN en la jaula de las
locas”, “A NN no se le para”, “NN se entregó
al zambo”, “NN no es macho”.
Técnicas empleadas por la prensa parametrada (Brown 1986):

- Empleo de estereotipos: se presenta al opositor al régimen como


“enemigo de la patria” o “amigo del terrorismo”, culpable de todas las
desgracias que asolan al país, en contraposición al gobierno “patriota”
y “defensor del pueblo”.

- Selección: se sobredimensiona todo aquello que favorece al gobierno,


en tanto que se minimiza u oculta lo desfavorable a su imagen.

- Mentira abierta: se acusa a los críticos del gobierno de asuntos


dudosos, no probados o simplemente inventados.

- Repetición: se presenta la información en forma incesante y


abrumadora, sin importar su veracidad, de modo que “algo queda”
(siguiendo a Goebbels).

- Afirmación: se presenta la versión oficial de un hecho sin


cuestionamiento alguno, como verdad absoluta.
Efectos emocionales:

La teoría de la sensibilización (Zillman 1980; Tamborini, Stiff y


Heidel 1990) plantea que la visualización frecuente de escenas
violentas resultaría tan traumatizante para algunos
espectadores, que éstos terminarían por evitar este tipo de
actos en la vida real. Esta situación se daría ante imágenes de
violencia extrema o muy realista, y en individuos
particularmente empáticos, con tendencia a identificarse con
las víctimas.

La teoría de la desensibilización (Bjorkqvst y Didrikkson 1985),


por el contrario, propone que la exposición continua a la
violencia mediática, más aún en un contexto generalmente de
relax como es el de ver televisión, llevaría al espectador a una
falta progresiva de sensibilidad ante situaciones de violencia.
Se produciría así una tolerancia ante la violencia.

Similar a la anterior, la teoría del habituamiento (Van der Voort


1986; Linz, Donnerstein y Penrod 1984) plantea que la
exposición a la violencia llevaría al espectador a considerar
aquélla como normal, dificultándole identificar los actos
violentos como tales.
Efectos cognitivos:

Según la teoría de los guiones cognitivos


(Abelson 1976), la exposición frecuente a la
violencia mediática generaría en el
espectador un aprendizaje de guías para la
conducta (guiones), que serían
almacenados para ser recuperados en
circunstancias análogas de la vida real.

Según la teoría de la enseñanza cognitiva


(Srull y Wyer 1979; Berkowitz 1984), los
pensamientos relacionados con actos
agresivos que son provocados por
contenidos mediáticos violentos pueden
provocar, a su vez, otros pensamientos que
están semánticamente relacionados, viendo
aumentadas así las posibilidades de que los
receptores tengan otras ideas agresivas en
ese mismo período.
En la TV, la casi totalidad de
canales de señal abierta apoyaban
la campaña reeleccionista de
Fujimori, a través de programas
políticos, noticieros, talk-shows
(como el de Laura Bozzo) y hasta
programas cómicos, sin dejar de
lado una habitual dosis de
violencia.

La internet no fue ajena a la


campaña de demolición contra los
opositores. En una página web
denominada irónicamente
“Asociación Pro-Defensa de la
Verdad”, se difamó a diestra y
siniestra.
En septiembre del 2000 fue difundido
a través de Canal N (el único canal de
TV crítico al gobierno) un video
mostrando al asesor presidencial
Vladimiro Montesinos entregando un
soborno al congresista Alberto Kouri.
Fue el primero de una serie de
“vladivideos” que revelaban uno de los
lados más oscuros del régimen. Ante
la incontenible ola de protestas,
Fujimori huyó al Japón en noviembre,
renunciando a la presidencia desde
Tokio por fax.

El nuevo gobierno, presidido por el Dr.


Valentín Paniagua, designó en junio
del 2001 a la denominada Comisión de
la Verdad para investigar todos los
casos de abusos contra los derechos
humanos durante el periodo 1980-
2000.
El Informe Final de la Comisión de la
Verdad y Reconciliación, presentado en
agosto del 2003, reveló cifras
escalofriantes: más de 69 mil muertos y
desaparecidos, víctimas del terrorismo
subversivo y de la represión de las
fuerzas del orden.

El Informe generó las iras de los medios


más conservadores, ligados a las
Fuerzas Armadas (“Expreso”, “Correo” y
“La Razón”), que atacaron ferozmente a
los comisionados, acusándolos de
“proterroristas”, “traidores a la patria” y
otros adjetivos sin fundamento. Un
columnista de “Correo” publicó lo
siguiente: "Más sencillo con los
integrantes de la Comisión de la Verdad:
se les fusila donde se les encuentre para
que sus cadáveres sirvan de alimento en
las chancherías de la localidad". La
búsqueda de la impunidad era obvia.
National Television Violence Study (EE.UU.
1996-1997):

En Estados Unidos, la presencia de la


televisión en los hogares ha pasado desde
4.5 horas TV por hogar en 1950, a más
de 7 en el 2000.
El 75% de los actos de violencia en la TV,
queda sin castigo.
El 40% de los actos violentos los cometen
los “buenos”.
El 60% de los programas contiene
violencia y sólo un 4% de ellos contiene
algún tipo de tema antiviolento.
Sólo un 27% de los perpetradores de
violencia muestra remordimiento por sus
actos.
El 55% de las víctimas de la violencia no
muestra dolor ni sufrimiento.
Índice de Violencia de la Televisión
Argentina (2005):

Se presenta 1 acto de violencia cada 16


minutos y 23 segundos.
Los protagonistas principales de la trama
participan en el 79.4% de actos de
violencia, ya sea como víctimas o como
victimarios.
El 91% de los noticieros de TV difunden
usualmente noticias violentas
Los noticieros de la TV difunden 1
noticia con violencia cada 15 minutos.
Conclusiones:

- Los medios de comunicación jugaron un rol principal durante los años de la


violencia política en el Perú (1980-2000).

- La información divulgada no era siempre objetiva, y respondía por lo general a la


línea política y a los intereses de los propietarios; en el caso de los medios
conservadores, la violencia subversiva era percibida únicamente como ideológica
y ajena a nuestra realidad, combatible solamente con la represión militar; otros
medios tuvieron una visión más amplia del fenómeno y demandaron un respeto
irrestricto a los derechos humanos.

- El tratamiento de la información de actos de violencia no era equitativo, y


dependía del grupo social y procedencia de las víctimas; contundente si éstas
eran autoridades, oficiales o empresarios de Lima y otras ciudades costeñas, y
tímida si eran campesinos de las zonas andinas.

- Durante los últimos años de la década de 1990, fue cobrando paulatinamente


mayor importancia el respeto a los derechos humanos, y ésto se vio reflejado en
el sector de la prensa crítico a la dictadura de Fujimori. Por el contrario, la
mayoritaria prensa adicta al régimen utilizó el fantasma del terrorismo para
atacar a la oposición y proteger a los uniformados acusados de violaciones a los
derechos humanos.
Conclusiones (continuación):

- Desde 1997, los denominados “diarios-chicha” se constituyeron en un arma del


gobierno para atacar incesante e impunemente a la oposición política,
convirtiendo al periodismo “en el más vil de los oficios”.

- Los medios de comunicación oficialistas, a través de la prensa escrita, la TV y la


internet, influyeron poderosamente en la opinión pública, manipulando la imagen
pública del presidente y la aceptación de sus reelecciones sucesivas. Sin
embargo, la manipulación tiene sus límites, y ante la evidencia del fraude y la
corrupción, difundida también por un medio de prensa, la población rechazó
mayoritariamente al régimen.

- La manipulación de la información ejercida por la prensa adicta al régimen de


Fujimori pone sobre el tapete el tema de la enorme responsabilidad social de los
medios de prensa y lo inconveniente que resulta la visión de los mismos
únicamente desde la óptica mercantilista.
REFERENCIAS

Acevedo Rojas J. Prensa y violencia política (1980-1995). Aproximación a las


visiones de los Derechos Humanos en el Perú. Lima: Asociación de
Comunicadores Sociales Calandria, 2002.

Brown JAC. Técnicas de persuación. De la propaganda al lavado de cerebro.


Madrid: Alianza Editorial 1986.

Caretas. La verdad sobre el espanto. El Perú en los tiempos del terror. Lima:
Empresa Editora Multimedia SAC, 2003.

Comisión de la Verdad y Reconciliación. Yuyanapaq. Para recordar. Lima:


Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.

Comisión de la Verdad y Reconciliación. Hatun Willakuy. Versión abreviada del


Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lima, 2004.

Cornblit O. Violencia social, genocidio y terrorismo. México: Fondo de Cultura


Económica, 2001.
REFERENCIAS (continuación)

Dirección de Fiscalización y Evaluación del Comité Federal de Radiodifusión.


Índice de Violencia de la Televisión Argentina. Informe preliminar. Buenos
Aires, 2005. http://www.comfer.gov.ar/documentos/pdf/InformeViolencia.pdf.

Fundación Infancia Aprendizaje. Informe Pigmalión.


http://ares.cnice.mec.es/informes/03/documentos/indice.htm.

García Galera, MC. Los efectos de la violencia televisiva en la audiencia. En:


Televisión, violencia e infancia. El impacto de los medios. Barcelona: Gedisa,
2000. http://www.nombrefalso.com.ar/index.php?pag=108.

Rospigliosi F. El arte del engaño. Las relaciones entre los militares y la prensa.
Lima: Asociación Pro Derechos Humanos, 2000.

Sodré M. Sociedad, cultura y violencia. Buenos Aires: Enciclopedia


Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación, 2001.

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