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FUNDAMENTO DOCTRINAL

Punto de fe 2.
Dios
Declaración
Dios es el creador de todas las cosas.
Es el único ser digno de adoración, habita
en las alturas, es cercano a sus criaturas
y ama eternamente. Se ha dado a conocer
expresando su amor y gracia: de manera
general en la creación, de forma especial
mediante su palabra escrita y su más
grande revelación ha sido a través de su
Hijo. La importancia de revelarse está en
darnos a conocer su voluntad.
Dios es el creador de
todas las cosas
El mundo es el resultado de una
decisión soberana de Dios. Su
creación fue sin competencia frente a
un principio o poder malo. En su
libertad y amor estableció el orden
sobre el caos y la nada. El mundo no
es de su misma naturaleza, pero es su
obra buena en la cual se regocija. El
Creador está comprometido con su
mundo: lo creó, lo sustenta y lo hará
nuevo en el futuro
Dios es el único ser
digno de adoración:
Es Santo
Dios es Santo en sentido perfecto,
porque Él es El Creador y no un ser
creado que tenga principio y fin. Está
aparte de toda la creación y todas las
criaturas. Esta separación también se
muestra en las acciones que realiza,
pues en todo lo que hace no hay
inmundicia y resalta de manera
especial su trato comprensivo a los
arrepentidos.
Debido a su Santidad, solo Él es digno
de ser adorado, pues adorar significa:
El reconocimiento de que la vida sólo
procede de Él, la convicción de estar
en sus manos, y la rendición total a su
señorío. Esta es la verdad más
importante sobre el ser de Dios.
También la Santidad de Dios incluye
características que ningún otro ser tiene
o pueda tener: Dios es único. Es
Todopoderoso para hacer su voluntad
sin cometer ningún tipo de injusticia. Es
Sabio sin comparación. Y de una
manera incompresible para nosotros, Él
está presente en todos lados y en cada
uno, con todo su ser”. Es celoso, es
decir, exige del hombre una conducta
digna de la atención que Él le concede.
Dios está en lo alto:
Es Espíritu
Cuando Jesús, en el evangelio de
Juan, afirma que Dios es Espíritu, nos
revela que Dios habita en una
dimensión inalcanzable para los seres
humanos, también que sus valores y
conducta son de lo alto, en contraste
con la habitación, valores y conducta
de los seres humanos que pertenecen
a la dimensión de abajo, es decir,
terrena.
También la afirmación: Dios es Espíritu,
nos revela que Él no tiene las limitantes
que tiene nuestro ser, en especial las de
nuestros cuerpos. La mente humana no
está en posibilidades de comprender y
mucho menos de describir su ser
personal. Dios no es una idea, o
abstracción, no es energía pura, ni
ningún otro sentido material o inmaterial
pero se puede deducir que es espiritual
en un sentido semejante al que Pablo
plantea en 1 Corintios 15:44.
Junto a la realidad de que Dios es
espíritu, esta la realidad de que Dios es
luz; esto significa que en su ser y en su
manera de actuar no hay maldad
alguna; y que desde el principio de la
creación ha estado y está por encima
de ella.
Dios está cercano
a sus criaturas
Dios está en una dimensión
inaccesible, pero al mismo tiempo, está
muy cercano a sus criaturas dándoles
la posibilidad de adorarlo y de ser el
centro de su vida, pero sin ser
controlado por medio de un lugar o de
un rito. La Biblia describe a Dios
“caminando” junto a su pueblo,
prometiendo acompañar a los que
envía en la misión e interesado
permanentemente en los suyos.
Dios es amor.
Ama antes de que lo
amen
Dios ama a los seres humanos desde
antes de que estos lo conozcan; toma
la iniciativa para salvarlos y se
compromete a hacerlos sus hijos
brindándoles un trato cálido y fiel,
dirigiéndose a sus corazones, porque
es ahí, según el texto bíblico, donde
está la capacidad para decidir. Es ahí,
en el corazón, donde se elige a quién y
cómo amar.
El amor de Dios es más que un
sentimiento, es un apego fundamentado
en una decisión que se mantiene en
todo tiempo, aún cuando los
sentimientos y las circunstancias de sus
criaturas cambian. Un amor que perdura,
incluso cuando los creyentes mueren,
pues Él afirma que sigue siendo su Dios
y que habrá de resucitarlos para que
disfruten eternamente su presencia.
Dios se relaciona con
nosotros:
La Gracia
Desde los antepasados en la fe, pasando por
su intervención en la vida de cada creyente y
abarcando lo que hará por todos sus hijos,
Dios obra a favor de los seres humanos sin
que lo merezcan, cuando lo necesitan y a
través de su Hijo. La gracia establece con el
creyente una relación de confianza y gratitud
que demanda nuestro mayor esfuerzo para
vivir a la altura del favor recibido, eliminando
con esto toda jactancia personal que resulta
de la búsqueda de méritos. Pues la grandeza
de Dios se manifiesta especialmente en su
manera de tratar a los que le dan la espalda.
Dios se ha revelado.
La creación muestra al
creador
Dios se manifiesta a los seres humanos en la
creación. Aunque por medio de los sentidos se
puede apreciar la grandeza de la creación,
sólo por la mirada de fe se puede reconocer la
grandeza del Creador, pues su existencia es
una realidad inalcanzable por los medios y
recursos terrenos. Sólo la fe es el recurso que
tiene el creyente para reconocer que el
mundo, el lugar que hace posible la vida, fue
hecho por Dios y es de Dios. Su amor y
justicia se muestran en la manera que la
creación permite la vida para todos: buenos y
malos.
Dios se ha revelado de
manera especial
en su palabra
Dios ha querido revelarse de manera
especial por medio de la Escritura, ella da
testimonio fiel de su voluntad, carácter y
propósito. Ningún otro documento posee
esta categoría.
Dios se ha revelado
de manera
perfecta en su Hijo
Dios, se ha revelado de manera perfecta
en la persona de nuestro Señor
Jesucristo; Él es la culminación del
proceso de revelación de la voluntad,
carácter y propósito de Dios en la
historia, que ha pasado por lo general y
especial a lo pleno y definitivo.
Dios revela su voluntad
Dios supera el abismo que lo separa de los
seres humanos, haciendo posible que ellos lo
conozcan, no en su plenitud, pero sí lo
necesario para que, por medio de la Biblia,
comprendan su voluntad y la pongan por
obra. Para que la lectura de la Biblia tenga
impacto en la vida, es requisito indispensable
que el lector no sólo la lea, sino que la
escuche, es decir, que crea en lo que está
escrito, de no hacerlo así, el lector, no
obstante que la escudriñe profundamente,
puede no llegar a tener fe y rechazar la
revelación de Dios.