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HISTORIA DE LA BANCA

LICDA CLAUDIA ALAS MORASKI


ORIGEN DE LA BANCA EN EL MUNDO
La historia de la banca comienza con el primer prototipo de banco de comerciantes de la
Mesopotamia, que hacía préstamos de granos a los agricultores y negociantes que
transportaban bienes entre las ciudades desde aproximadamente 2000 a. C. en
Fenicia, Asiria y Babilonia. Posteriormente, en la Antigua Grecia y durante el Imperio romano,
los prestamistas hacían empréstitos y se añadieron dos innovaciones importantes: aceptaban
depósitos y cambiaban dinero. Existe evidencia arqueológica para este período en la Antigua
China y la India de préstamos monetarios.

En el sentido moderno del término, la banca tuvo sus inicios en Italia, en las ricas ciudades del
norte de Italia, como Florencia, Venecia y Génova, a finales del periodo medieval y principios
del Renacimiento. Las familias Bardi y Peruzzi dominaron la banca en la Florencia del siglo
XIV y establecieron sucursales en muchas otras partes de Europa. Quizás el banco italiano más
famoso fue el Medici, fundado por Juan de Médici.
El desarrollo de la banca se propagó del norte de Italia a toda Europa y tuvieron
lugar varias innovaciones importantes en Ámsterdam durante la República de los
Países Bajos en el siglo XVI, así como en Londres en el siglo XVII. Durante el siglo XX, el
desarrollo en telecomunicaciones e informática llevaron a cambios fundamentales en
las operaciones bancarias y permitieron que los bancos crecieran dramáticamente en
tamaño y alcance geográfico. La crisis financiera de fines de los años 2000 ocasionó
muchas quiebras bancarias, incluyendo a algunos de los bancos más grandes del
mundo, y generó mucho debate sobre la regulación bancaria existente.

EL TRUEQUE

La historia de la banca depende de la historia del dinero: del grano-dinero y


ganado-dinero utilizados desde al menos 9000 a. C., dos de las primeras cosas
entendidas como trueque, aunque claramente con la intervención del dinero.
Las Obsidianas de Anatolia, empleadas como materia prima para las
herramientas de la Edad de Piedra, eran distribuidas ya en 12500 a. C., con
un comercio organizado en el IX milenio a. C. En Cerdeña, uno de los cuatro
sitios principales con depósitos de obsidianas en el Mediterráneo, este comercio
fue reemplazado en el III milenio a. C. por el comercio de cobre y plata.
Los primeros indicios de actividades de préstamos datan de tiempos tan antiguos como la
época de Abraham, ya que los sumerios desarrollaron un sistema de manejo de deuda entre
bienes intercambiables (para ese entonces el dinero como tal no existía). Con el paso del
tiempo, y principalmente en eventos de ferias e intercambios se realizaron diversas actividades
de tipo bancario, préstamos y letras de cambio.

Fue un acto de guerra que dio lugar al establecimiento de los criterios y normas para la
creación de las primeras nociones o conceptos del primer banco primitivo. Y esta fue lo que
llamo, la primera gran coalición de guerra en el mundo: Las Cruzadas. Y en ese tenor, los
primeros exponentes de establecer algún tipo de régimen bancario fue La Orden de los Pobres
Caballeros de Cristo (en latín, Pauperes Commilitones Christi Templique Solomonici), mejor
conocida como los Caballeros Templarios. Esta orden fue una de las más famosas órdenes
militares cristianas. Fue fundada en 1118 o 1119 por nueve caballeros franceses liderados por
Hugo de Payens tras la Primera Cruzada y se mantuvo vigente por lo menos dos siglos.
Uno de los aspectos en los que la orden se destacó de una manera extremadamente rápida y
sobresaliente fue a la hora de afianzar todo un sistema socio-económico sin precedentes en la
historia, con el objetivo de recolectar los fondos necesarios, así como, la de administrar un buen
número de posesiones en Europa, para la dura tarea de crear un frente en ultramar que les
hizo proveerse de una increíble flota y que permitiera subsistir al ejército defensor en Tierra
Santa".

La Orden de los Templarios recibió muchas posesiones, donaciones, bienes muebles e inmuebles,
incluso muchos nobles confiaron en ellos como guardianes de sus riquezas. Pero para asegurar
el manejo de todos esos bienes, se estableció en Francia una serie de redes de encomiendas
que se esparcían por prácticamente toda la geografía francesa y que no distaban unas de
otras más que un día de viaje. Con esta idea se aseguraban de que los comerciantes durmieran
siempre a resguardo bajo techo y poder así garantizar siempre la seguridad de sus caminos.
Más adelante en el tiempo, otro evento sustentado en la guerra, conjuntamente con circunstancias históricas
xenofóbicas fueron las que dieron origen a los primeros bancos con intereses. Esto comenzó con el hecho de que
los judíos fueron expulsados de España en 1492, y muchos de ellos se refugiaron en Constantinopla y otras
ciudades y puertos del Imperio Otomano. Desde esos puntos comenzaron a tener intercambios comerciales con la
ciudad más próspera de esos tiempos: Venecia, y un gran número de ellos emigraron a esa ciudad. Sin
embargo, otro evento trágico estaba por comenzar. Para el año 1506 tuvo lugar la Guerra de Cambrai, o
también llamada la Guerra de la Liga Santa, esto hizo que muchos judíos buscaran refugio en Venecia. Al
principio, estos no fueron recibidos con agrado, pero luego se encontró que los judíos tenían un bien muy
importante para los gastos de la guerra: dinero para prestar. Pero además, se estableció que esas operaciones
debían estar sujetas al pago de impuestos. Lo que decidió el gobierno de entonces, para evitar los problemas
de rechazo de los cristianos de la ciudad, fue aislar en un mismo lugar a todos los judíos y desde allí pudieran
realizar todas sus "obligaciones y compromisos con su religión". Los judíos fueron confinados en una antigua y
abandonada fundición de metales. En el italiano de esa época, la palabra fundición se escribía gheto. Por esta
razón a la vieja fundición se le comenzó a llamar el "ghetto nuovo". (De ahí es que se estigmatiza la palabra
ghetto con los judíos). En ese hábitat debían permanecer durante las noches, y todo el día durante las
festividades cristianas, a las cuales se les tenía prohibido su presencia.
Cuando estalló la guerra entre Venecia y el Imperio Otomano, las autoridades venecianas
decidieron confiscar los bienes de los "judíos turcos'' y solo años después que terminara la guerra,
lograron un acuerdo en el cual se les devolvían sus antiguas pertenencias, aunque se les limitó a que
no podían participar en el comercio al detalle, sin embargo, sí podían participar en las
importaciones mayores sobre todo del oriente medio. Pero su mayor logro fue que les permitieron
que se ocuparan de los servicios financieros. ¿Por qué a los judíos sí, y no a los cristianos? Por
decisiones católicas terrenales concebidas por cánones religiosos. En el III Concilio de Letrán en
1179, se estableció que se consideraba pecado y que serían excomulgados los cristianos que
prestaran dinero con interés. Pero además, solamente cuestionar que la usura no era pecado era
considerado una herejía, lo cual fue decretado por el Concilio de Viena en 1312.

Hasta en las bellas artes se quiso dejar constancia de ello. En el fresco del Duomo de Florencia, se
hace referencia al infierno basado en la obra La Divina Comedia, de Dante Alighieri, en esa pintura
se puede visualizar que en el séptimo círculo del infierno se tiene reservado un espacio para los
usureros. Si un usurero quería ser enterrado con la bendición de la Iglesia, debía pagarle a ésta una
indemnización.
Por su parte los judíos encontraron cómo burlarse de los jerarcas cristianos y
encontraron su tabla de salvación en el Antiguo Testamento y con ello poder ejercer la
usura. Fue la interpretación que apreciaron en el libro del Deuteronomio, 23, 20 "Del
extraño podrás exigir interés, mas de tu hermano no lo exigirás". O sea, que los judíos
sí podían cobrar intereses a los cristianos, pero no a otros judíos.

Los judíos realizaban sus transacciones de préstamos en una mesa con un mantel verde
con sillas. El nombre "banco" deriva de la palabra italiana banco, que significa
"escritorio". Cuando se armaba "la de Troya" por el cobro abusivo de los intereses,
algunos deudores inconformes, de rabia rompían los bancos. Entonces se decía que ese
judío estaba en "bancarrota" (banca-rota), de ahí el origen de esa palabra tan
pesarosa y traumática.
El más famoso de los prestamistas judíos se llamó Shylock. En realidad es un personaje
ficticio de la obra literaria El mercader de Venecia, de W. Shakespeare. Esta obra se
basa en los cuentos y anécdotas de la época y sobre los préstamos judíos los cuales
fueron recopilados por Giovanni Fiorentino, a finales del siglo XIV en su libro Il
Pecorone (El Zopenco). La obra de Shakespeare narra la historia del deseo de un
cristiano (Antonio) para que el judío (Shylock) otorgue un préstamo a su amigo
(Bassanio), quien urgía de tres mil ducados. Shylock accede a otorgarle el préstamo,
pero con la condición de que Antonio ponga una libra de su propia carne como
garantía en caso de que Bassanio no llegara a pagar el préstamo. Aunque es una
obra de ficción, no deja de analizar asuntos económicos y de los problemas del
antisemitismo de la realidad de la época veneciana.
Pero para el gran desarrollo comercial y con ello de préstamos que estaba
experimentando la Edad Media, había un problema. Cómo calcular los intereses. Para
esa época todavía se utilizaba el sistema numérico del grandioso Imperio Romano ( I,
II, III, IV, V....) el cual no servía para realizar cálculos matemáticos complejos, ni para
las conversiones de diversas monedas. Entonces un joven italiano de Pisa, llamado
Leonardo de Pisa, aunque más adelante se le conoció como Fibonacci, creó un sistema
para resolver todos los problemas de intereses y cambio de monedas. Este sistema se
conoce como la "sucesión de Fibonacci". La esencia de este sistema es que cada
número es la suma de los dos anteriores (0,1,1,2,3,5,8,13,21,34...) y el cociente entre
un número y su inmediato anterior es de aproximadamente 1,618, o denominado
"número áureo". Esto permitió el cálculo matemático para las importaciones que se
concentraban en Pisa, para las conversiones de las distintas monedas, para la
contabilidad comercial y sobre todo para el cálculo de los intereses de los préstamos.
Los primeros bancos aparecieron en la época del renacimiento en ciudades como Venecia, Pisa,
Florencia y Génova. Las más poderosas eran las casas florentinas, entre ellas las de Bardi, Peruzzi y
Acciaiuoli. Pero las tres quebraron por la falta de pago de sus dos principales clientes: el rey
Eduardo III y el rey Roberto de Nápoles. Como se nota, las casas de préstamos italianas tenían sus
altas y sus bajas dependiendo del cumplimiento del rey de turno. (Algo parecido en nuestros tiempos
modernos)

La vida comercial en Venecia, Pisa y Florencia continuó con un gran dinamismo y entre las mayores
de Europa. Más adelante en el tiempo, surgió una familia cuya incidencia en la banca, la política y
el clero tuvo una ramificación trascendental en el desarrollo del Renacimiento: los Medici. Para que
se tenga una "pequeña" idea del poder que esta familia logró consolidar, basta señalar que: Dos
Medici fueron papas (León X y Clemente VII); de la rama femenina, dos fueron reinas de Francia
(Catalina y María); y tres fueron duques (Florencia, Nemours y Toscana). Los Medici dejaron un
legado tan impresionante en Florencia en las artes y en la arquitectura, que todavía hoy los turistas
pueden apreciar estas maravillas. Entre las que podemos mencionar, el monasterio de San Marcos y
la basílica de San Lorenzo, y el apoyo que recibieron Miguel Ángel y Galileo para el desarrollo de
sus obras. Entre sus "asesores" tuvieron al más brillante pensador político del Renacimiento: Nicolás
Maquiavelo, quien luego dedicó a uno de ellos su famoso libro El Príncipe.
Entre las diversas actividades lucrativas, los Medici crearon el banco Medici e incursionaron en
las primeras letras de cambio modernas que se concibieron. Como inicialmente no podían
cobrar intereses, ellos establecieron que el beneficiario de la letra de cambio les asignara una
cantidad de sus beneficios por haber puesto (el banco) su dinero en riesgo. Otra característica
del banco fue la meticulosidad con que llevaron sus cuentas y su capacidad para abrir otras
sucursales en Europa. Los Medici establecieron el primer concepto de diversificar las
operaciones bancarias, ya no solamente en préstamos, sino también, en operaciones de divisas.

De acuerdo a los historiadores, el primer banco moderno fue el Banco di San Giorgio, fundado
en Génova, Italia, en el año 1406. La originalidad de las operaciones bancarias de los
italianos fue rápidamente copiada por los países del norte de Europa, principalmente los
holandeses, los ingleses y los suecos.
En el siglo XVII se fundó en Holanda el Amsterdamche Wisselbank (Banco de Cambio
de Ámsterdam). Aparte de resolver el problema de cambio de divisas por múltiples
monedas en las provincias, fue pionero en abrir cuentas a los comerciantes para
guardar su dinero y con esto se creó el primer sistema de cheques, y también, el de
poder hacer transferencias bancarias que para ese entonces se consideraba muy
favorable. Por ese tiempo, era norma de las entidades bancarias mantener en sus
"bóvedas" casi la misma cantidad de dinero que adeudaban a sus clientes. O sea, que
en cualquier momento podían devolver el dinero a todos sus clientes.

Para esa época, se fundó en Suecia, el Banco de Estocolmo, este banco aparte de
realizar las operaciones ya establecidas, introdujo la práctica de prestar dinero, y con
ello, el de operar con los fondos de los depositantes, manteniendo una reserva parcial
para hacer frente a los retiros de los depositantes, ya que, por primera vez, se había
determinado que no todos lo iban a hacer al mismo tiempo.
Mientras tanto, en la Inglaterra Victoriana, se fundaba en 1694 el Banco de Inglaterra. Fue
creado para ayudar a financiar las operaciones de guerra. Ya para 1709 se convirtió en el
primer banco británico que se le permitió emitir acciones, y así fue por muchos años. Más
adelante se le otorgó el privilegio 1) intercambiar deuda pública por acciones del banco y 2)
un monopolio para la emisión parcial de billetes de banco.

Un punto extraño es que mientras Italia desarrollaba todos los mecanismos bancarios junto con
los otros países del norte de Europa, España no comprendió el "nuevo negocio bancario". Para
realizar sus operaciones bancarias utilizaban la ciudad de Amberes. España estaba imbuida en
su gran riqueza de oro y plata del nuevo mundo. Pero aprendería más tarde, y de manera
dolorosa, que el dinero no estaba en los metales, sino en el crédito del negocio bancario.
ORIGEN DE LA BANCA EN GUATEMALA
Reseña histórica Inmediatamente después de la Independencia de
Centroamérica (1821) inició un proceso de transición hacia un sistema monetario
federal o nacional, que pretendía desligarse de las regulaciones, signos e
influencias de la metrópoli española. En este sentido, la Casa de Moneda de
Guatemala jugó un papel primordial en la circulación monetaria recurriendo al
oro y la plata como principales materiales para la acuñación. Al disolverse la
Federación Centroamericana, nuestro país no estableció de inmediato un
sistema monetario. A lo largo de bastantes años, circularon simultáneamente
moneda federal y diversas monedas extranjera
El 1853 surgió el acuerdo de acuñar la moneda propia del país, pero por limitación de recursos
solamente se acuño una pequeña cantidad. En 1864 se autorizó la fundación de un banco
privado, que sería el único emisor de billetes; sin embargo, los prestamistas impidieron que el
proyecto prosperara. Igual fracaso —y por la misma causa— sufrió el banco que en 1867
fundó un grupo de ciudadanos guatemaltecos.
En 1869, es decir, poco antes del derrumbe de régimen conservador, comenzó una reforma
monetaria basada en el peso, dividido en unidades decimales. En 1870 fue decretada la
paridad del peso con el dólar estadounidense. El proceso de esta reforma se vio interrumpido
por la victoria de las tropas liberales, el 30 de junio de 1871.
La Revolución Liberal retomó aquella reforma y la profundizó. En 1881 estableció el
bimetalismo como base del sistema monetario, y definió al peso como unidad monetaria; las
monedas tenían poder liberatorio ilimitado y el Estado se veía obligado a acuñar todo el oro y
la plata que los particulares quisieran grabar. Por esa época, el oro casi había dejado de
circular, en razón de la ley de Gresham; además, el público rehusó emplear el sistema decimal,
prefiriendo las subdivisiones vigentes durante la Colonia: tostones, pesetas, reales, medios
reales y cuartillos.
Dentro de este esquema monetario surgieron los bancos particulares de emisión,
depósito y descuento. Al inicio del siglo XX funcionaban seis bancos de este género:
Agrícola Hipotecario, Colombiano, Americano, de Guatemala, Internacional y de
Occidente.
Entre 1924 y 1926 sucedieron circunstancias propicias para llevar a cabo la Primera
Reforma Monetaria y Bancaria trascendental del siglo XX, que puso fin a un largo
período de desajustes en el valor de cambio de la moneda nacional, causados por la
emisión incontrolada de signos monetarios carentes de respaldo. El 24 de noviembre
de 1924 fue creado el quetzal como nueva unidad monetaria (ligada al patrón oro y
en paridad unitaria con el dólar estadounidense). Además, el 30 de junio de 1926 es
creada una entidad con funciones de Banca Central, respaldada por capital mixto
(estatal y privado): el Banco Central de Guatemala, con atribuciones de único emisor.
Guatemala consumó, en 1945 y 1946, la Segunda gran Reforma Monetaria y Bancaria del siglo
XX, gracias a la cual se creó el Banco de Guatemala, de capital totalmente estatal y que, en
sustitución del anterior Banco Central de Guatemala, surgió a la vida económico-financiera el 1 de
julio de 1946. Fruto de esta reforma cobra vida una legislación avanzada, contenida en la Ley de
Bancos, la Ley Monetaria y la Ley Orgánica del Banco de Guatemala. Este cúmulo legal y normativo,
con las reformas innovadoras que los cambios nacionales e internacionales demandaron en su
momento, rigió hasta 2002 porque el 1 de junio de ese mismo año nace la Tercera Reforma
Monetaria que rige al actual sistema bancario y financiero del país.
Como se desprende de lo expuesto, el Banco de Guatemala nació con un concepto moderno de
Banca Central, y con la responsabilidad fundamental de mantener la estabilidad interna y externa
de la moneda, dentro de las condiciones que promuevan el desarrollo económico del país. Así lo
expresa su Ley Orgánica, y con este espíritu han sido y son orientadas sus actividades.
Antes de tratar sobre la historia de la moneda en Guatemala, es importante
mencionar —a manera de referencia— la razón o la necesidad que hubo de
darle valor de cambio o transaccional a un objeto determinado.
Cuando el ser humano primitivo se fue organizando en comunidades y dejó de
ser nómada, hubo en ese paso transicional una cierta división del trabajo: pues
algunos se dedicaron a la caza, otros a la pesca y otros a la recolección de
alimentos de tipo vegetal. En ese momento también nació la necesidad de la
administración de las comunidades y ésta, en un principio, fue ejercida por los
ancianos, aspecto que se llamó gerontocracia
En esta división de las actividades hubo necesidad de intercambiar excedentes o
simplemente adquirir aquéllos productos que determinado grupo no tenía. En este
proceso inicial, se da el trueque de unos productos por otros; sin embargo, en la
medida que los excedentes van aumentando, surge la necesidad de buscar algún
instrumento que sirva de intermediario en el abastecimiento, y de allí nacieron objetos
a los cuales se les va dando determinado valor, según sea su escasez o importancia
estética. De esta cuenta, en las investigaciones arqueológicas hechas en Europa, Asia y
África (sitios donde se asentaron las primeras poblaciones de seres humanos), se
encontraron vestigios de objetos que, por la forma como han sido encontrados, las
hipótesis más cercanas a la verdad los señalan como instrumentos de intercambio o de
pago para la adquisición de otros productos. En otras palabras, fueron utilizados como
monedas.
A la venida de los españoles a Guatemala en el siglo XVI, los conquistadores
venían de sitios donde el truque ya había sido desechado como medio de
intercambio de objetos; la moneda ya estaba establecida y era fabricada con
los llamados metales preciosos: el otro y la plata. Por eso la Conquista era
precisamente para buscar oro. Sin embargo, los conquistadores también
descubrieron que en estos lugares —México, Centroamérica y Perú, por
ejemplo— las comunidades utilizaban ciertos objetos, a los cuales se les había
dado determinado valor de importancia para la obtención de artículos. Estos
objetos eran semillas de cacao, plumas de quetzal o de otras aves exóticas,
huesos labrados y conchas, para mencionar algunos
La consolidación de la Conquista vino a introducir los usos y costumbres de los
conquistadores. Al principio, ellos simplemente obtenían lo que querían, pero en la
medida que fueron obteniendo excedentes de sus producciones, las que mandaban a
España o intercambiaban, tuvieron necesidad de emplear instrumentos de intercambio;
debido a que ya tenían la costumbre de uso de la moneda metálica, los gobernadores
estuvieron debieron importar monedas para el intercambio. Primero las trajeron de
España; conforme la necesidad fue creciendo y existía la materia prima para su
fabricación, o sea los metales utilizados en esa época —oro y plata— España fue
autorizando la instalación de las Casas de Moneda. Primero fue México, luego Lima;
después, Potosí (hoy Bolivia) y Guatemala en 1731, cuando el rey Felipe IV autorizó la
creación de una casa de moneda. Ésta empezó a operar en 1734.
Las primeras monedas que circularon en Guatemala fueron traídas de México y Perú. Cuando,
a partir de 1734, empezó a fabricar moneda la Real Casa de Moneda, sus primeras monedas
fueron de ocho reales, de las denominadas irregulares o macacos, pues no tenían forma
circular. Posteriormente se fueron acuñando monedas de cuatro, dos, uno y medio real, y fue
hasta 1750 cuando salieron las primeras monedas circulares, y en 1794-1795 fue acuñada la
diminuta moneda de un cuarto de real.
Según el historiador Ignacio Solís, la fabricación de esta moneda fue objeto de una gran
discusión, pues para las transacciones menores —sobre todo las del mercado— los habitantes
se quejaban de que esta moneda de baja denominación les causaba malestar y pérdida, pues
muchas veces los comerciantes usaban pedazos de madera llamados tarjas para anotar, como
una forma de vuelto, el monto que le quedaban adeudando a una persona. Sin embargo, estos
comerciantes desaparecían o simplemente no reconocían después la obligación. Se pensó en
acuñar una moneda de cobre como el maravedí, que circulaba en España, pero el indígena no
aceptaba una moneda que no fuera de oro o de plata.
En Guatemala se acuñó moneda colonial hasta 1821. Después de la
Independencia, y por un período muy pequeño, se introdujo moneda mexicana
con el cuño del emperador Agustín de Iturbide. Sin embargo, de estas monedas
no quedan rastros, más que una moneda de proclama acuñada por el Estado
de los Altos (Quetzaltenango), en la cual proclaman al emperador Agustín I. De
1824 hasta 1847 se acuñaron las monedas de la Federación Centroamericana
o de la llamada República Federal de Centroamérica. Estas monedas también
fueron acuñadas en Costa Rica y Honduras; sus denominaciones son de un
cuarto, medio, uno dos y ocho reales en plata. Las acuñadas en oro son de
medio, uno, dos cuatro y ocho escudos. Con la disolución de la Federación, cada
país acuñó su moneda, y Guatemala —ya dentro del régimen republicano
establecido por Rafael Carrera— acuñó su propia moneda a partir de 1859.
La moneda de Carrera, como se le llama, fue acuñada de 1859 a 1869 y —con la excepción
de la moneda de un cuarto de real— lleva grabado el busto de Carrera. En este lapso se
acuñaron monedas de plata y de oro: las de plata, en las denominaciones de un cuarto de real
a cuatro reales; y a la de ocho reales se le cambió la denominación de un cuarto de reales por
un peso. De 1860 a 1864, se acuñaron unas monedas diminutas de oro, de cuatro reales; y en
1859 y 1860 fueron elaboradas monedas de un peso oro. Durante este período se combinaron
los sistemas binario español y decimal, ya que se acuñaron, en oro, monedas de cuatro reales,
un peso, dos, cuatro, cinco, ocho, diez, dieciséis y veinte pesos.
En las postrimerías del régimen conservador, y ya en el Gobierno del presidente Vicente
Cerna, se oficializa el sistema métrico decimal; sin embargo, éste es abolido en el inicio del
régimen liberal de Justo Rufino Barrios. Durante el Gobierno liberal, el sistema monetario siguió
basándose en la acuñación de monedas de oro y plata, habiéndose también acuñado monedas
en el sistema decimal, que fueron de cinco, diez, veinticinco y cincuenta centavos. De las
monedas de cinco y diez centavos, sólo se acuñaron en 1881, y la de cincuenta centavos, en
1870. La de veinticinco centavos circuló de 1869 a 1893, con algunos años de interrupción. En
este lapso, y específicamente en 1871 y 1881, se acuñó la moneda de un centavo en cobre.
Durante el régimen liberal, se introduce el uso del papel moneda con el
producto de las expropiaciones a la Iglesia. El régimen de Barrios crea el
Banco Nacional, y en 1873 se emiten los primeros billetes de Guatemala, en la
denominación de un peso. Estos billetes llevan las efigies de Barrios y de José
María Samayoa, para ese entonces ministro de Hacienda del régimen. La
circulación de dichos billetes duró hasta 1876, cuando perdieron la garantía
del Estado y su poder liberatorio, pues en noviembre de 1876 el Banco fue
liquidado.
A la muerte de Barrios, le sucedió el general Manuel Lisandro Barillas. Durante
su gestión, en 1887, a través de la Tesorería Nacional se emitieron billetes de
uno, cinco y diez pesos, billetes que no fueron aceptados por el público, por la
poca capacidad del Gobierno para redimirlos
El desorden económico creado por el Gobierno con las diferentes campañas de guerra
centroamericana llevadas a cabo por Barrios, su muerte en la Batalla de Chalchuapa,
la poca capacidad de Barillas y, luego, el Gobierno dilapidador del general José
María Reyna Barrios, dio lugar a las emisiones masivas de billetes por parte de los
bancos. La moneda metálica desapareció, el Gobierno era incapaz de ordenar la
economía y, como medida sustitutiva, permitió las emisiones de billetes sin ningún
respaldo. Por su parte, los productores de café, en su mayoría alemanes, dejaron de
repatriar el producto de sus ventas y se limitaron a ingresar únicamente el valor de sus
costos locales, importando para el efecto moneda de plata peruana y chilena. Con
propósitos de nacionalizar esta moneda y evitar su exportación, el Gobierno ordenó a
la Casa de Moneda contramarcar la moneda extranjera que circulaba en el país que
era principalmente peruana y chilena
Como Guatemala ha sido víctima de la sucesión de dictadores que casi se
constituyeron en dinastía, a la muerte trágica de Reyna Barrios, lo sucedió el
abogado Manuel Estrada Cabrera, quien gobernó al país durante escasos
veintidós años. Durante su Gobierno, continuó la emisión masiva de billetes por
parte de los bancos privados; el Gobierno escasamente acuñó, entre 1900 y
1911, monedas de níquel de un cuarto de real, medio y un real.
Posteriormente, en 1915, fueron acuñadas dos monedas provisionales de cobre
de doce centavos, y de medio y veinticinco centavos. En 1922 se acuñó una de
cincuenta centavos, siempre en el mismo metal, y para 1923 se acuñaron dos
monedas de un peso y de cinco pesos, con las efigies de Miguel García
Granados y Justo Rufino Barrios.
El desorden monetario y económico del país fue corregido con la Reforma Monetaria de 1925, cuando el
Gobierno del general José María Orellana, impulsado por varios estudios y por sus propios ministros de
Hacienda y Economía, aprueba la Reforma Monetaria, por medio de la cual es creado el quetzal como signo
monetario y se ordena redimir los billetes pesos que circulaban, a un cambio de sesenta pesos por quetzal. Al
inicio de esta medida no se emitieron billetes, sino únicamente monedas de oro y plata. Las primeras fueron de
cinco, diez y veinte quetzales; y las segundas, de un medio, medio, un cuarto, diez y cinco centavos; en cobre, las
de un centavo. A partir de 1927, de nuevo se emite papel moneda en las denominaciones de uno, dos, cinco,
diez y veinte quetzales: también fue emitido un billete de cien quetzales, pero nunca se puso a circulación. Estos
primeros billetes llevan la efigie del general Orellana. Sin embargo, a su caída y cuando llegó al Gobierno el
general Jorge ubico, estos billetes fueron sustituidos por otros en los que ya no apareció la efigie de Orellana.
En esta nueva serie de billetes se agregó el de cincuenta centavos. En 1932 y 1946, fue acuñada una moneda
de medio centavo; y en los años 1932, 1943 y 1944, son acuñadas monedas de dos centavos; tanto la de
medio centavo como las de dos fueron hechas de cobre.
Es importante mencionar que tanto en los billetes de pesos —como en los primeros de quetzal, además de
aquéllos en los que se incluye a los presidentes— los motivos predominantes en el diseño son las alegorías de
carácter clásico y los relacionados con la agricultura y el transporte
Llegado el momento histórico de la Revolución de Octubre de 1944, se impulsa
una Reforma Monetaria en la cual desparece el Banco Central de Guatemala,
que era el Banco emisor creado con la Reforma de 1925, pero con las
características de un banco mixto con capital privado y del Gobierno. Con la
Reforma de 1946, además de la emisión de la Ley de Bancos y la Ley
Monetaria, se promulga la Ley Orgánica del Banco de Guatemala, que lo
constituye como único banco emisor. La emisión monetaria básicamente sigue
igual en lo que a moneda se refiere, son introducidos otros diseños y en lo que
respecta al papel moneda, el Banco de Guatemala emite sus propios billetes y
se sustituyen todos los diseños
Para finalizar este recorrido sobre la historia de nuestra moneda, deben mencionarse dos aspectos
relevantes, uno de carácter cultural; y el otro, social y económico. El primero se refiere al valor
artístico de nuestras monedas metálicas, pues en ellas ha quedado, de manera imperecedera, el
arte de nuestros grabadores, tanto los de la Época Colonial como los de la Época Republicana. El
segundo aspecto es el del aprovechamiento habido con las crisis económicas por las que el país
atravesó desde los finales del siglo pasado, hasta casi mediados del presente cuando, por la
escasez de moneda, los finqueros se dieron a la tarea de acuñar sus propias monedas para pagar
los jornales. Estas monedas no fueron más que un medio de explotación a los trabajadores, pues
tales fichas, como verdaderamente se llaman, únicamente tenían valor en las tiendas de las fincas
donde los campesinos trabajaban: no tenían ningún valor de intercambio, pues si el trabajador se
iba de la finca no las podía utilizar en otra. Tampoco podían ser objeto de ahorro y se coartaba la
libertad de búsqueda de mejores condiciones de trabajo en otros lugares, pues los trabajadores
eran fijados mediante la entrega de anticipos de especie, que eran cancelados con las mencionadas
fichas. Es interesante saber que todavía en la Reforma de 1946, persiste el uso, pues la misma ley
prohíbe la acuñación de tales fichas, pero no les reconoció ningún valor, con el cual los trabajadores
hubieran podido resarcirse de haber acumulado esta clase de forma de pago, que hoy es riqueza
para los aficionados a la numismática.

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