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¡CUAN SOLEMNE Y DULCE


AQUEL LUGAR! – TH 271
¡Cuán solemne y dulce aquel lugar
donde mora Cristo, el Señor!
Allí de sus manjares El despliega lo
mejor.
¡Banquete rico! El corazón,
admirado, clama así:
“¿Por qué, Señor? ¿Por qué seré
que me invitaste a mí?”
“¿Por qué, me hiciste oír tu voz, y
entrar y ver tu bondad?
Pues miles de hambre mueren ya
rehusando tu verdad.”
Pues el mismo amor que el manjar
sirvió;
Dulcemente a entrar me llamo;
Si no, en mi pecado aún habría
estado yo.
Sobre las naciones, ¡piedad, Señor!
Constríñelas a llegar;
Envía tu Palabra allí y tráelas a tu
hogar.
Tus iglesias llenas nos urge ver
para que, con un corazón,
La raza escogida de tu gracia eleve
el son. Amén.