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Carlos Prosperi

Dr. Biología – Lic. Filosofía

Universidad Blas pascal


New York Academy of Sciences
ENDUC – San Juan - 2013
La llamada “Novísima Sociología de la Ciencia” promueve el
constructivismo entre otras corrientes que le son afines. Como lo
indica su nombre, se trata de sociólogos que estudian a los
investigadores científicos como una comunidad sociológica, y
analizan cómo ellos elaboran las teorías y leyes. Sin embargo no
son epistemólogos en sentido estricto, en tanto y en cuanto su
objeto de estudio no son las ciencias sino los científicos.
Kuhn considera que todas las ciencias utilizan “paradigmas”, los
cuales pueden ser verdaderos o no. Sólo importa su utilidad, de
modo que no existe el progreso en las ciencias.
Este modo de ver como paradigmas a las leyes y teorías
científicas no es del todo inverosímil, ya que efectivamente
las diversas disciplinas utilizan modos de estudio o de
percepción de la realidad que bien podrían considerarse
como “paradigmas” o “modelos de investigación”.
Surge sin embargo un grave inconveniente, y es que este
concepto es tan amplio e indefinido que puede perfectamente
aplicarse también a disciplinas que indudablemente no son
científicas, o son pseudocientíficas e incluso anticientíficas,
ya que todas utilizan modelos de investigación o
paradigmas, al menos según tales conceptos son definidos
por esta corriente.
En efecto, las leyes y
teorías científicas son una
elaboración de los
investigadores, pero no
deben confundirse con los
hechos naturales o
fenómenos observables,
que son objetivos. Para el
estructuralismo la verdad
es sólo relativa.
Respecto a los orígenes
del propio conocimiento,
afirman tanto Aristóteles
como Santo Tomás la
doctrina de la llamada
“tabula rasa”, o “tabla
lisa”, referida a que no
hay nada previo en
nuestras mentes, como en
una tableta de escritura
en la que no se ha
impreso ningún carácter.
La labor de un investigador
científico es estudiar la
naturaleza por medio de su
instrumental de laboratorio o
de campo, hacer diversas
observaciones, experimentos,
y luego elaborar con todos
esos datos una nueva idea o
concepto de la realidad. Esto
es lo que se llama el método
inductivo, en tanto y en
cuanto el estudio de objetos
o casos particulares permite
posteriormente hacer una
generalización en una ley o
teoría científica.
Mientras en el constructivismo no existe una verdad objetiva, la
mencionada adaptación de la mente es la que permite la definición
de verdad como “adequatio intelectus et rei”, aceptando a la
realidad como existente por sí misma y a la ciencia como una
búsqueda constante de la verdad, elaborando leyes y teorías que
sean cada vez más “adecuadas” a la existencia objetiva.

Esta adecuación puede entenderse de dos maneras: primero como


verdad en la mente humana que conoce todos los objetos, pero
que por supuesto está sujeta a error y perfeccionamiento, y
segundo como verdad en la mente de Dios, Creador de todos los
entes y todo lo que existe, donde en cambio ya no hay posibilidad
de error ni de perfección mayor.
La Verdad, para
los católicos,
es más que
una definición
abstracta
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