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Cicerón - Tópicos

•El sistema dialéctico está compuesto por


dos partes: la invención (tópica) y el
juicio (dialéctica).
•Los estoicos desarrollaron la dialéctica
•Aristóteles trabajó también la tópica.
Tópica
•Arte de la invención: punto de partida
para encontrar los argumentos.
•Lugares comunes (tópoi- loci): sitio o
fuente del argumento.
•Argumento: razón que prueba lo
dudoso.
Los lugares pueden ser inherentes o intrínsecos al
mismo asunto (están adheridos a lo mismo):
A) Del todo:
1) Definición:
• de las cosas que son (lo real)
• de las cosas que se entienden (lo inteligible): unas son
particiones, otras divisiones de género o forma, hay otros
géneros, o mediante la traslación.
2) Enumeración de las partes
3) La notación (por etimología)
B) De cosas enlazadas o relacionadas:
• por semejanza de las palabras mismas (es parecida a la notación)
• a partir del género
• a partir de la especie
• a partir de la forma
• a partir de la similitud: por comparación, por confrontación (ejemplos, ejemplos
fingidos)
• a partir de la diferencia
• a partir de lo contrario: adversos, privantes, comparados con algo, negantes
• a partir de añadidos o adjuntos: antes de la cosa, con la cosa, después de la cosa
• a partir de antecedentes
• a partir de consecuentes
• a partir de los opuestos
• a partir de las causas: que se efectúan por su fuerza, sin las cuales nada podría
efectuarse, disimilitud de las causas
• a partir de los efectos
• a partir de la comparación: de lo mayor, de lo menor o de lo par (igual)
O pueden ser extrínsecos:
• Se traen de muy lejos y guardan poca analogía
con el asunto.
• Surgen a partir del testimonio.
• A partir de la naturaleza: de los dioses, de los hombres.
• A partir del tiempo: ingenio, riquezas, edad, fortuna,
arte, uso, necesidad (de los cuerpos, de los ánimos),
encuentro de cosas fortuitas.
Apuleyo El asno de Oro
Al oír esta exclamación y, además, sediento de novedades, interrumpo:
«Ponedme al tanto de vuestra conversación; no soy un entrometido, pero
me gustaría saberlo todo o, al menos, todo lo posible; al propio tiempo, la
ruda pendiente que iniciamos se aliviará con la amenidad de una bonita
historia».
3. El primer interlocutor: “¡Sí, mentira todo eso! -dice-; tan verídico como si
alguien pretendiera afirmar: basta un mágico murmullo ... y los ríos vuelven
rápidamente hacia atrás, es posible encadenar e inmovilizar a los mares,
adormecer el soplo de los vientos, detener la marcha del sol, atraer el rocío
de la luna, arrancar del cielo las estrellas, suprimir el día y alargar la noche”.
Yo, entonces, tomo la palabra con mayor libertad: «Oye, amigo, tú que
habías iniciado la historia, no te acobardes; por favor, complétala». Y,
dirigiéndome al otro: «¿No estás acaso rechazando con tus oídos sordos, tu
entendimiento obtuso, lo que puede ser exacta realidad? [pregunta retórica]
»Por Hércules, no pecas de listo: los peores prejuicios hacen ver mentiras
en lo que uno nunca ha visto u oído simplemente porque ello sobrepasa el
alcance de nuestra inteligencia [sentencia]; un examen algo detenido te
convencerá de que tales hechos son no sólo evidentemente ciertos, sino hasta
de fácil ejecución.
4. »Así yo, ayer por la tarde, desafiando a mis comensales, me afanaba por
engullir un trozo demasiado grande de torta con queso, cuando la pasta blanda
y pegajosa me quedó adherida a las paredes inferiores de la garganta
interceptándome las vías respiratorias de tal modo que nada me faltó para
morir. [Comparación]
Y, no obstante, últimamente en Atenas y ante el pórtico del Pecilo, con
este par de ojos que tengo, vi a un malabarista tragarse un sable de
caballería horriblemente afilado. Después, animado por alguna exigua
moneda, se hundió hasta el fondo de las entrañas y por la parte mortífera
una lanza de cazador. Más todavía: sobre el mango herrado del arma, que
sobresalía por encima de la cabeza, un chiquillo de graciosas y suaves
formas comienza a trepar y a exhibirse en acrobáticas volteretas como si
no fuera de carne y hueso, ante la admiración unánime de los asistentes;
parecía la hermosa serpiente que con móviles articulaciones abraza el
caduceo del dios-médico al enroscarse entre sus nudos y ramas mal
cortadas. Pero, bueno, tú prosigue ya, por favor, la historia iniciada. Yo te
creeré por este otro y por mí; y en la primera taberna en que podamos
parar, repartiré contigo mi merienda. He aquí el premio que te espera»
[Libro I, pr. 2-4]. [Comparación por species- adýnata o impossibilia]
• el género judicial es el que corresponde a las exposiciones
realizadas ante un juez con el objetivo de acusar o
defender algo o a alguien respecto de un asunto pasado.
Se plantea una causa para demostrar su justicia o su
injusticia. En este género la disputa es esencial, hay una
acusación y una defensa ante un juez o tribunal que debe
decidir, según las argumentaciones en cada caso, sobre
unos mismos hechos y llegar a una conclusión o dictar una
sentencia. “Este es el género más caracterizado
dialécticamente, puesto que se enfrentan dos partes que
proponen decisiones opuestas y que intentan influir en el
destinatario a favor de sus respectivas posiciones”
(Albaladejo, 1991: 56).
•en el genus iudiciale no basta con que el
orador defienda su tesis, sino que debe
ocuparse de destruir la postura defendida por
el contrario, con lo cual tiene que sumar a la
justificación de los argumentos válidos en su
defensa, otros que demuestren la invalidez de
los usados por el orador contrario. Los
razonamientos de la argumentación deben ser
más rigurosos.
• ha utilizado los llamados tria oratoris oficia: probare,
conciliare, mouere. Estos deberes o tareas del orador
constituyen diferentes modos de afrontar la finalidad última
de todo discurso, que es la persuasión. La primera de ellas
(probare) alude a la argumentación lógica, al silogismo
retórico que busca lo probable y verosímil, y no la estricta
verdad necesaria. Mientras que con el conciliare y el mouere
se alude al ethos y al pathos: mediante el ethos el orador se
presenta ante el juez de la manera más favorable, mientras
que a través del pathos busca provocar un cambio de
sentimientos en el juez o en el público (Aristóteles, El arte de
la Retórica, L.1, 1356 a).

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