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METODO WALDORF

Desde el nacimiento hasta los siete años de vida, el niño aprehende el


mundo a través de la experiencia sensorial, no a través del intelecto. De
manera muy natural está unido con su entorno. Steiner descubrió que
el ser humano aprende con las mismas fuerzas vitales con las que
“edifica” su cuerpo.
Aproximadamente, entre los 3 y 4 años de edad, afloran en el niño
preescolar también las capacidades de imaginación y fantasía. Estas se
desarrollarán plenamente a través del juego, que se intensificará a
partir de ese momento. Del respeto hacia el juego infantil depende el
fomento de esas capacidades, tan importantes en el adulto futuro.
El juego es el “trabajo” del niño.
Favorecer esta etapa de juego del niño es la meta El Método Waldorf
tiene como principal enfoque educar la totalidad del niño y, por tanto,
desarrollar individuos capaces de dar significado a sus vidas y no solo a
su intelecto. Así, el propósito de la enseñanza es crear seres humanos
que aprenden a aprender con creatividad, para ir más allá de las
tradiciones y el conocimiento convencional; seres interesados en el
entorno y sensibles al sufrimiento de sus semejantes, confiados en sí
mismos, libres y solidarios internamente.
El método promueve además el ejercicio físico, la música, el canto, dos
idiomas extranjeros, teatro; se aprende a cultivar trigo y a hacer su
propio pan, así como su vestimenta. Entre todos realizan una
construcción (vivienda) y dedican gran tiempo a las manualidades, la
danza, la poesía. Se cultiva el amor a la naturaleza, al arte, el ser
humano y lo divino. más preciada, por eso los materiales educativos
son los juguetes más sencillos y estéticos. El resguardar las diferentes
etapas de la infancia de tanta sobreestimulación del entorno fomenta,
además, la atención y la concentración prolongada, dos capacidades
tan menguadas actualmente.