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Autoridad

El camino desde las apariencias hacia la reflexión

Eje temático:

formas políticas

Eva Turun Barrere- UBA

Hablamos de autoridad como una mística establecida en el origen.

Se activa el origen que allí está contenido. Esto comienza o recomienza igualmente con él. Palabras y gestos producen sin duda una interrupción del tiempo y del vivir en la cual empieza, precisamente, el inicio de la acción. Establecen el origen de la realidad específica. Remite a los primeros elementos de un conocimiento, a competencias fundamentales. Hace renacer la autoridad cada vez.

Este trabajo intenta reflexionar acerca de las discusiones que emergen respecto del Gobierno del Presidente de Venezuela, Hugo Chavez y el binomio autoridad/autoritarismo en una mediatización que oscila entre el mito, un sentido férreamente individualista y una métrica política liberal.

El propósito es que comparezcan los significados e interrogantes que provoca su proyección en la escena política.

En una conferencia del año 1997 Jacques Derrida 1 desarrolla conceptos filosóficos sobre el derecho a la justicia, y la subtitula “El fundamento místico de la autoridad”.

Se refiere al acto fundador, el del autor, o auctor, 2 en el cual el discurso inicia su recorrido tomando algo encerrado en ese mismo momento y que Derrida propone como místico. Es el fundamento místico de la autoridad.

LA NOCHE DEL 4 DE FEBRERO DE 1992

Hijo de un humilde maestro de escuela, Hugo Chavez, el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, nació el 28 de julio de 1954 en una casa de piso de tierra de la ciudad de Sabaneta, en el Estado de Barinas, en lo más profundo de la llanura venezolana.

Amante del baseball se inscribió en el ejército que contaba con buenos entrenadores y peloteros, y se sintió cómodo en la vida cuartelaría y en la brigada de paracaidistas a la cual fue asignado.

Una misión a la frontera colombiana para controlar la actividad guerrillera lo motivó hacia la conformación de una organización clandestina: Ejército de Liberación del Pueblo de Venezuela jurando salvar a la patria bajo la sombra

1 Graciela Frigerio. Por las huellas de Derrida. Del Estante Editorial. Buenos Aires. 2004

2 Expresión desarollada por Etienne Tassin en Educar, rasgos filosóficos para una identidad. Santillana. Bs.As. 2000

del Saman de Güere, el árbol bajo el cual, según la leyenda, se sentaba a descansar el mismísimo Bolívar.

Convencido que en la Venezuela de esos tiempos la democracia era una cáscara vacía y que la estrategia de desenmascaramiento era un golpe cívico militar, convocar a una reforma constitucional y sentar las bases de un nuevo orden, es que en la noche del 4 de febrero de 1992 dan los primeros pasos para derrocar al Presidente Carlos Andrés Perez.

Intento fallido Chavez se rinde, y ante las cámaras de televisión improvisa las palabras que cambiarían la historia de Venezuela:

“Primero que nada, quiero dar los buenos días a todo el pueblo de Venezuela, y este mensaje bolivariano va dirigido a los valientes soldados que se encuentran en el Regimiento de Paracaidistas de Aragua y en la Brigada Blindada de Valencia. Compañeros, lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital. Es decir, nosotros, acá en Caracas, no logramos controlar el poder. Ustedes lo hicieron muy bien por allá, pero ya es tiempo de reflexionar y el país tiene que enrumbarse hacia un destino mejor. Así que oigan mi palabra. Oigan al comandante Chavez, quien les lanza este mensaje para que, por favor, reflexionen y depongan las armas, porque ya, en verdad los objetivos que nos hemos trazado a nivel nacional es imposible que los logremos. Compañeros, oigan este mensaje solidario. Les agradezco su lealtad, les agradezco su valentía, su desprendimiento, y yo, ante el país, y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano. Muchas gracias.”

Visto por millones de venezolanos, repetido hasta el cansancio el mensaje provocó impacto. Dos ideas quedaron como huellas profundas: “asumo la responsabilidad” y “por ahora”. En un país descreído de los políticos surgió una afirmación esperanzadora.

Comienzo que habrá de dar la renovación hacia este acontecer que es propiedad de una autoridad constituída y constituyente.

Es que el término autoridad enuncia su relación con el comienzo. La auctoritas es el poder de un auctor, de un destino, de una tradición. Aquí presentes en la formulación dada por Chavez en su enunciación, y en su modalidad de respeto hacia el ideario bolivariano.

Hablar o actuar con autoridad es permanecer en ese punto del origen. potencia de origen que en este caso está dada por la permanente referencia a la historia de Venezuela. La exterioridad que parece traer consigo es, incluso, una de las características de la autoridad, tanto para quien la ejerce como para aquel a quien le es impuesta.

Es desde esta perspectiva que ubicamos el discurso y el accionar de Hugo Chavez, desde este momento casi originario y a lo largo de varios de sus decisiones políticas.

Hay en el contenido de su texto una aproximación a la responsabilidad más que al poder de subordinación que implica la aceptación de una autoridad. Chavez habla desde el poder que le confiere una posición ideológica sólida.

El discurso latinoamericanista, según lo desarrolla Arnoux, o “cronotopos bolivariano” como una forma de entramado entre gobernante y pueblo, y nuevas formas de participación política desde una posición dialógica diferenciadora.

Al recorrer el país en su camioneta, buscando articular las células de su fallido levantamiento y convertirlo en algo parecido a un partido político es que formula esa nueva modalidad dialógica con el corazón mismo de su pueblo. Allí donde se detenían dejaba caer un mensaje que poco a poco se encarnó en la

sociedad hastiada de crisis y corrupción: triunfar en las elecciones

presidenciales de 1998 y convocar a una asamblea constituyente para refundar

Venezuela. Cuestionando al neoliberalismo en una pedagogía popular y una

crítica feroz al statu quo.

Algunos esbozos.

Hablamos de autoridad como una mística establecida en el origen.

Se activa el origen que allí está contenido. Esto comienza o recomienza

igualmente con él. Palabras y gestos producen sin duda una interrupción del

tiempo y del vivir en la cual empieza, precisamente, el inicio de la acción.

Establecen el origen de la realidad específica. Remite a los primeros elementos

de un conocimiento, a competencias fundamentales. Hace renacer la autoridad

cada vez.

En

concepto:

otro de

sus discursos, ya como Presidente es posible verificar este

"Buenas noches, para ustedes allá en sus casas, gozando del reposo familiar, para comentar algunos temas que siempre nos parecen de suma importancia y que deben ser conocidos por ustedes. Temas del acontecer nacional, del acontecer internacional, y como ya ustedes compatriotas lo saben, nosotros hacemos una labor de selección, de algunos temas que nos parecen sumamente importantes y repito, de nuestro criterio según la evaluación que hacemos a diario de los medios de comunicación social, de los canales de información con que cuenta el pueblo

Es decir, recompone el ideario nacionalista creando una identidad compartida y restituye la significación de la potencia productiva en el ser democrático, su demos o pueblo al que

menciona reiterada y enfáticamente. Profiere una palabra que hace real aquello que dice, lo instituye.

ACERCA DEL AUTORITARISMO

Se trata de una potencia productiva de la autoridad que proviene, al parecer, de la más remota antigüedad. El historiador Marcel Detienne en “Los Maestros de la verdad en la Grecia Arcaica” explica que el término autoritario es en principio un término eficaz. Es la palabra del poeta, a quien se confiaba en Grecia la mayor parte de la instrucción. Dice que en Homero o en Hesíodo era posible aprender la genealogía de los dioses 3 , los mitos fundadores, las hazañas de los héroes y de los hombres valerosos, los consejos prudentes y la confianza en el bien. Tal vez competencias técnicas.

Profiere una palabra que hace real aquello que dice, lo instituye.

Detienne 4 reconoce en esta eficacia de la institución el principio mismo de la autoridad en la antigüedad. Según él, ésta actúa de la misma manera cuando los reyes antiguos administran o imparten justicia, o decretan algo para el futuro. Pronuncian palabras y hacen gestos que obran en la realidad como fuerzas reales.

Este enunciado que no pretende dar justificación sino introducir algunos elementos reflexivos en relación con las asignaciones que rodean conductas y modalidades políticas de Chavez, especialmente cuando sus opositores interpretan su estrategia internacional.

Es un hombre creativo, innovador, y por momentos generoso. Lejos de limitarse a tender petropuentes con países necesitados de energía, el activismo se despliega en todas direcciones como parte de una estrategia que le ha

3 Ver también Nicolás Casullo “Itinerarios de la Modernidad” – Oficina de Publicaciones del CBC. UBA - 1996

4 M. Detienne. Los maestros de la verdad en la Grecia arcaica. Taurus. Madrid. 1986

permitido proyectarse más allá del Caribe y de Centroamérica, las tradicionales áreas de influencia de su país. En la relación con Argentina, por ejemplo, la compra de bonos de la deuda externa por más de cinco mil millones de pesos y el rescate de Sancor. Con Ecuador los acuerdos para mejorar la producción de Petroecuador y gestionar el reingreso del país a la OPEP. Con Uruguay el financiamiento de una planta de azúcar refinada, la refinería de La Teja. En Cuba desplazó a España como socio comercial de la isla. En Bolivia acompaño a Morales en la decisión de nacionalizar el gas.

Nuestro Norte es el Sur, dice y lanza con Argentina la señal Telesur para transmitir decisiones y pensamientos latinoamericanos.

Poder y autoridad

La confusión del poder con una forma cualquiera de dominación tiene una historia en la que, a nuestro entender hay momentos decisivos. Por un lado lo que encontramos en el pensamiento platónico sobre la política “de introducir la autoridad en la manipulación de los asuntos públicos de la polis” 5 , con el fin tanto de eliminar la deliberación argumentada, destinada al consenso colectivo en el tratamiento de los asuntos internos, como la apelación a la fuerza de la violencia, en relación con la sumisión de las fuerzas adversas en el tratamiento de los asuntos internos.

Es verdad que no hay autoridad sin obediencia. Pero lo contrario no es cierto. También obedecemos a instancias que, sin embargo, carecen de autoridad. Y si obedecemos incluso a la fuerza, esta obediencia no confiere a aquella autoridad alguna. La obediencia que se le debe a una autoridad remite al

.

ascendiente de un individuo, de una institución, de acuerdo a su identidad, a su potencia. Es por definición incondicional e indiscutida, sin necesidad de coerción ni de consenso, y solo puede atribuirse al respeto que se tiene por esa persona o por el cargo. Posee autoridad aquel que es una autoridad porque él hace la autoridad. Es decir que se ha excluido todo recurso a los medios de coerción y al uso de la violencia. Por eso se opone a toda forma de autoritarismo. Solo aquel que por si mismo no posee autoridad recurre a los medios de coerción. El recurso de la fuerza es la demostración que la autoridad ha fracasado.

A los efectos de trasladarlo a la temática en cuestión es interesante traer aquí un diálogo que José Natanson mantuvo con Teodoro Pettkoff, referente intelectual de la izquierda venezolana, candidato presidencial en dos oportunidades y una de las figuras principales de la oposición: “Chavez confunde, es que él es muchas cosas a la vez. Es un militar, nadie podría negarlo. Es un nacionalista, un showman, pero es sobre todo, un político. Piensa y actúa políticamente, mide costos y beneficios. Sus años de presidencia lo van demostrando.”

En la autoridad hay, entonces, algo de impensable: solo se sostiene por sí misma. No necesita de ningún refuerzo para ser respetable y, por lo tanto obedecida. Pero ocurre que no es tal sino cuando se la reconoce como tal. El respeto es la condición efectiva de una autoridad que es, a causa de su respetabilidad, la única razón de ser de toda obediencia respetuosa.

La idea de autoridad resulta así de una instancia respetable por sí misma a la cual se obedece en la medida en que no se imponga por la fuerza ni por el razonamiento, o incluso la de una relación de obligación no forzosa que, como tal, rechaza el empleo de los medios de coerción.

Algo sobre la responsabilidad.

En este breve despliegue hemos procurado sintetizar estilo de conducción, acciones y modalidades del Presidente Chavez y la confirmación del sentido de autoridad y responsabilidad que lo caracterizan.

En el uso político de esta noción también se suele imaginar una instancia de juicio de las responsabilidades que no es la divinidad, pero que conserva algo de esa trascendencia a lo absoluto, como lo testimonia la expresión “tribunal de la historia” o como lo indica el llamado solemne de la autoridad ante la cual debe responder acerca de sus actos.

El principio revolucionario de una autoridad emancipada de la religión, que confiere su sentido y sus límites al poder, es el principio de la soberanía. Esto puede dar lugar a una reflexión sobre el control democrático de los poderes que, en consecuencia se consideran como confiados, delegados en confianza, una confianza que se rodea de precauciones y se ejerce según las finalidades que garantiza la instancia de la autoridad.

Pero la esfera política aporta algo más sobre la noción de responsabilidad: los antiguos griegos plantearon que el poder en el sentido político es la potencialidad de empezar algo nuevo. La relación con el tiempo no es la misma que en la herencia moral; no se responde sólo por las faltas pasadas sino también por el comienzo y el futuro o, más exactamente por lo que ocurrirá a partir de un acto presente, proyección en el futuro de una responsabilidad nueva. La idea de responsabilidad consiste en ser “padre de sus actos” y reconocer: yo soy aquel o aquella que hizo tal cosa y que podría volver a hacerla, que promete garantizar las consecuencias no sólo para reparar los daños sino sobre todo para preverlos y proteger lo frágil. La responsabilidad es una presencia hacia el futuro. Ser responsable no equivale solamente a la aceptación del pago de una falta, ser responsable es abrir una posibilidad, conducir a su actualización, conectar un pasado con un futuro, es asumir una

historia, activa, irreversible, sorprendente y también frágil, que necesita, para realizarse, ser sostenida en el tiempo.

Por lo tanto la interpretación política de la responsabilidad sigue asociada con la de autoridad.

Es posible interpretar aquí que en la “responsabilidad” el jefe recibe su poder de una autoridad absoluta. Es decir, el pueblo.

Es en ese acto algo de rescatar la responsabilidad colectiva, la deja en suspenso. Le confiere a quien será responsable un sentido que tiene algo de lo sagrado al que aludían los griegos. Que tiene un lugar central puesto que “salva a los otros”, los dispensa de ser ellos los absolutos responsables.

Actúa y responde en lugar de ellos. Es un solo hombre, el responsable, quien construye la historia para los otros, que quedan libres en ese plano para hacer o producir en su actividad.

Esta configuración, en la que se encuentran los rasgos de aquella autoridad que hemos descripto tiene también su otro sentido: el poder ejercido por un representante ha sido confiado por la autoridad, el también deberá responder, rendir cuentas de lo que le ha sido conferido.

Ahora bien, la responsabilidad política se opone tanto a una búsqueda de seguridad sin riesgos como a la desmesura de una responsabilidad sin límites. No se trata de ser responsable por el otro sino de ser responsable con él de un bien común. Tal vez no tanto la categoría de la imputación o de la compasión, como la del coraje, que no es susceptible de cálculo ni de previsión, sino de invención y determinación personal, no tanto de obligación respecto de una ley como de juicio en una situación.

Es asegurar la continuidad de la historia y de un espacio común comprometiendo las acciones, portador y parte de una historia, se interviene para interpretar y modificar a la vez.

Así es posible afirmar que la responsabilidad es la capacidad de tomar en su propio nombre una decisión que compromete el futuro y de tomar a su cargo las consecuencias verdaderas de un acto.

Hacer depender el futuro de la acción de un responsable al que la potencia de origen le acuerda la autoridad, pero que asume también con compromiso responsable.

Están implícitos la vida del otro y la libertad, cuyo futuro toma a su cargo haciéndolo depender de sus acciones, pero también de los actos de resistencia o de coraje.

En síntesis, se trata de pensar la autoridad con criterio de responsabilidad en función del presente y del futuro de la libertad, de la protección de los comienzos ya pasados y de los todavía posibles.

BIBLIOGRAFIA

Etienne Tassin. Educar, rasgos filosóficos para una identidad. Santillana.

Laurence Cornu. Conferencia del Seminario “Educar, Saberes Alterados”. Ftad.

De Derecho. Abril de 2010.

M. Detienne. Los maestros de la verdad en la Grecia arcaica. Taurus. Madrid.

Graciela Frigerio. En las Huellas de Derrida. Del Estante Editorial. Buenos Aires.

Nicole Loreaux. La Ciudad Dividida. Kats. Madrid 1986

Eric Hobsbawn.Papeles Rojos. México 1996

Nicolas Casullo. Itinerarios de la Modernidad. Oficina de Publicaciones del CBC.UBA

José Natanson. La Nueva Izquierda. Debate. Buenos aires. 2009

Sobre la vida de Hugo Chavez. Modesto Emilio Guerrero. 2007

Elvira Arnoux. El discurso latinoamericanista de Hugo Chavez. Buenos Aires.Editorial Biblos. 2008.