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JUDITH BUTLER

,

EL GRITO DE ANTIGONA

Prefacio

Rosa Valls

JUDITH BUTLER , EL GRITO DE ANTIGONA Prefacio Rosa Valls
JUDITH BUTLER , EL GRITO DE ANTIGONA Prefacio Rosa Valls

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta obra puede ser reproducida o transmitida por cualquier medio sin previo consentimiento de su editor.

por cualquier medio sin previo consentimiento de su editor. Título: EL GRITO DE ANT Í GONA

Título:

EL GRITO DE ANT ÍGONA ©Autora: Judith Butler ©Traductora: Esther Oliver ©Edita: El Rourc Editorial, S.A. San Gabriel, 50 - Esplugues de Llobregat 08950 Barcelona www.elrourc.com

Primera edición: 2001 D.L.: B-39009 ISBN: 84-7976-023-0 Fotocomposición: Augusta Print, S.A. - Esplugues de Llobregat Impresión: I.G.O.L., S.A. - Esplugues de Llobregat Diseño Portada: Erncst Alcoba Gómez

Agradecimientos ÍNDICE 7 Prefacio- Rosa Valls 11 l. El grito deAntígona 13 2. Leyes no

Agradecimientos

ÍNDICE

7

Prefacio- Rosa Valls

11

l.

El grito deAntígona

13

2.

Leyes no escritas, transmisiones aberrantes

45

3.

Obediencia Promiscua

79

S

AGRADECIMIENTOS Estas ponencias se expusieron originariamente com o l as Wel lek Library Lectures en

AGRADECIMIENTOS

Estas ponencias se expusieron originariamente com o l as Wel lek Library Lectures en mayo de 1998 en la Universidad de California, Irvine, como l as Messenger Lectures en septiembre de 1998 en la Uni­

versidad de Comell, y en la Universidad de Princeton en novie mbre de

agradecer primera­

mente a las personas que asistieron a cada uno de estos actos por sus numerosos e interesantes comentarios . También me gustaría hacerlo

con la Fundación G uggenheim, que me proporcionó u na beca para rea­

l izar l as revisiones del manuscrito durante la primavera de 1999. Qui­ siera dar l as gracias profundamente a Liana Theradoutou por su ayuda con el texto griego y a Mark Griffith por haberme ayudado con Jos

m atices de la obra en su

parte de su profu ndo con ocim ie nto sobre

lo expuesto, por descontado, queda ún icamente bajo mi responsab il i­ dad. También quisiera agradecer a M ichael Wood sus entusiastas lectu­ ras, a Mark Poster sus relevantes críticas, a Jonathan Cu l ler su valiosa

implicación en el trabaj o, a Joan W. S cott l as provocaciones que se u nen a una larga amistad, a Drucil la Comell insistir que tratara el paren­ tesco, a Wendy Brown trabajar conm igo sobre l as base s, a Anna Tsing tomar una versión anterior del argumento, y a Bettin a Men cke sus astu­ tos comentarios sobre el proyecto en el Forum Einstein de Berl ín en junio de 1997. Estudiantes del Berkley Summer Institute de 1999 leye­ ron todos los textos de esta obra con entu siasmo y j uicio crítico, y tam­ bién Jo hicieron quie nes estudiaban en el Semin ario de Literatura Com­ parada sobre Antígona en otoño de 1998. Agradezco también a

estu diantes y profes orado del Berkley S u m mer maravill osas interpretaciones del material . Estoy

cida a Stuart M urray, que me ayudó en la preparación final del docu­

mento. Su apo11ación ha sido muy valiosa para mí. Asimismo, doy gra-

Re search Semin ar sus especialmente agrade­

y haber compartido con m igo Antígon a. Cu alquier error en

1998 como

los Christian Gauss Semin ars . Quiero

contexto clásico

l·ias a Annc Wagner por haberme introducido al trabajo de Ana Men­ dicta, y a Jennifer Crewe por su paciencia editorial. Finalmente, dar las g racias a Fran Bartowski, Homi Bhabha, Eduardo Cadava, Micherl l·d1er. Carla Freccero, Janet Halley, Gail Hershatter, Debra Keates, B iddy Martín, Ramona Naddaff, Denise Riley y Kaja Silverman por su apoyo.

Ramona Naddaff, Denise Riley y Kaja Silverman por su apoyo. Nota de Judith Butler sobre las

Nota de Judith Butler sobre las Traducciones

Todas las traducciones al inglés de las obras de Sófocles son de la edición

Hugh Lloyd Jones, publicada en Loeb Library Series (Cambridge:

Harvard

University Press,

1994). En ocasiones, también cito la traducción de David

Grene en Sophocles T: Oepidus the King, Oedipus at Colonus, Antigone, eds.

David Grene and Richard Lattimore (Chicago: University de Chicago Press,

1991 ) . Todas las referencias indicadas después de cada cita de la obra indican

los números de las líneas.

Nota sobre las Traducciones al castellano

Las citas se han traducido del inglés al castellano, manteniendo

los mati­

ces de las diferentes versiones en inglés utilizadas por Judith Butler.

9

PREFACIO

Con la publicación de la última obra en solitario de Judith Butl er, El

R oure com pl eta la publicación de una tril og ía sobre algu nos de los

que están config urando a nivel internacional los fe minis­

mos del siglo XXI.

donde tres au toras de dife rentes pos icion es y lugares abordan un diá­

logo en torno a esos debates: Judith Butl er, El isabeth Beck-Gernsheim

y Lídia Puigvert. Luego vino Las otras mt�jeres, donde Lídia Puigvert

abre espacio para l as mujeres sin estudios un iversitarios, cu yas voces han sido silen ciadas hasta ahora, incl uso en el propio movim iento fe mi­ nista. Final mente, se publ ica El grito de Antígona, donde J udith Butler se pregunta cuestiones como lo diferente que hubiera sido el psicoaná­ l isis si hubiese tomado como punto de partida Antígona en l ugar de Edi po. Esta trilogía l ogra dos buenos comple mentos en dos libros publ icados por Paid ós : El género en disputa, la obra de Butler q ue se conside ra clave para la teoría queer, y El normal caos del amor del que

El isabeth Beck-Gernsheim es coautora.

debates clave

Primero fue Mujeres y transformaciones sociales,

Judith Bu tler es la autora más citada en la actual id ad en los estu dios de géne ro. También es la fe minista más citada en otro tipo de ám bit os, desde la sociología a las exposiciones de arte. Entre su extensa obra,

hay que destacar tres libros, El género en disputa, Boddies that matter y El grito de Antígona, y sus dos capítu los en M�jeres y transformaciones

sociales. El género en disputa aborda un cuestionamiento profundo de las ideal izaciones de las ex presiones de género preponderantes en la teoría feminista y que frecuentemente lo reducen a l as nociones gene­ ralmente aceptadas de masculinidad y feminidad. Plantea que l as prác­ ticas sexuales no normativas ponen en tela de juicio la estabilidad del género como categoría de anál isis. En Bodies that Matter (todavía no tradu cido al castel lan o), la autora revisa alguna de l as concepciones de

1-J gh1ero en disputa (como el l ugar que ocupa la materialidad del L·ucrpo) y responde a diversas críticas . En sus dos capítul os de Mujeres ,. lmnsf'ormaciones sociales, encontramos l as dos últimas contribucio­ m·s de Butler, escritas durante el año 200 1 .

El repl anteamiento profundo de las expresiones de género ha lle­ vado a Butler a cuestionarlas en su presencia actual a través de la vigen­ L·ia de la cultura clásica. Antígona ha sido reivindicada como la m ujer i11surgente ante el poder del estado. S in embargo, esa rebeldía no sirve dL' modelo unívoco a seguir, entre otras cosas, porque terminó l leván­ dola a la m uerte. A la l uz de las actuales reflexiones sobre género, Antí­ gona se nos presenta de forma ambivalente: por un lado, nos nuestra los límites de un parentesco normativo que decide que es posible y no es posib le vivir; por otro lado, nos indica que la rebeldía lleva a la auto­ dL·st rucción . Ese doble sabor de la rebeldía de las m ujeres recuerda al quL' deja la pel ícula Thelma y Louise, aunque en esta obra el tema se (ksarro lla con una profundidad que l leva a replantearnos nuestras con­

L'L'pciones

sobre l os géneros.

Tengo una amiga que frecuente mente dice: ¡ con lo feliz que era yo ;tntL'S!, expresión que refleja l os sinsabores de una liberación que en L·st a sociedad no es ningún camino de rosas para l as m uj eres. Mi cues- 1 iommiento es siempre parecido: pues vuelve a tu vida anterior. Su res­ puesta tambi én tiende a repetirse: ahora ya no sería feliz de aquella 1mnera, ya soy demasiado con sciente de l as limitaciones que tenía. En 1 1 1i opinión (y, en el fondo, también en la suya), n uestra liberación nos Ita l levado por caminos distintos a los de Antígona y a los de Thelma y l .ouise. Reflexionar con este l ibro sobre la ambivalencia de A ntígona puede ayudarnos a inclinarla hacia su lado más positivo en los diferen­ tes aspectos de n uestras vidas.

Rosa Valls Profesora de la Universidad de Barcelona

CAPÍTULO 1

El grito de Antígona

tes aspectos de n uestras vidas. Rosa Valls Profesora de la Universidad de Barcelona CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1

El grito de Antígona

H ace algu nos años empecé a pensar en Antígona al preguntarme

qu é había pasado desafiar al estado.

tra-fi gura fre nte a la tende ncia defendida por algu nas fe minis tas actua­

les que buscan el apoyo y la autoridad del estado para poner en prácti ca

objeti vos po l íti cos fe ministas . El legado del des afío de

dil uía en los esfuerzos contemporáneos por reconstru ir la oposición política como marco legal y bu scar la l egitimidad del estado en la adhe­ sión de l as demandas fem i n i stas. Por ej emplo, encontramos una defensa de Antígona en Luce Irigaray, como referente de la oposici ón fe min is ta

al estati smo y ej emplo de anti -autori tari smo. 1

An tígona se

con aquellos esfuerzos fe minis tas por enfrentarse y Me pareció que Antígona fu nci onaba co mo una con­

Pero, ¿qu1en es esta "Antígona" que yo pretendía u sar co mo

ej emplo de ci ertas tenden cias fe minis t as ? 2 Te nemos, por s u puesto, la obra de Sófocles "Antígona", que es, despu és de todo, una fi cci ón

que no pe rmite ser ut ilizada co mo ej emplo riesgo de caer en la i rrealidad. Esto no ha

a seguir sin correr el i mpedido que m ucha

1 Véase Luce lrigaray, 'The Eterna! Trony of the Community", in Sp eculum of'the Other Wo man. (lthaca, Cornell Univcrsity Press, 1985), ["La eterna ironía de la comunidad" en S¡Jeculum: Espé­ culo de la otra mujer, trad. de Baralides Alberdi Alonso (Madrid: Sal tés, 1978)];'The Uni versal as Mediation" y "The Female Gender", en Sexes and Genealo¡:ies, trad. de Gil lian Gill (New York :

Columbia Uni versity Press, 1993); "An Ethics of Sexual Difference" en An Ethics ofSexual Dif� ference, trad. de Carolyn Burke y G i llian Gill (London: The Athlone Press, 1993).

2 Mi texto no considerará la figura de "Antígona" en el mito griego o en otras tragedias clásicas o

modernas. La figura a la que aquí me refiero está restri ngida a su apariencia textual en las obras de Sófoc les An tí¡:ona, Edipo en Colono y, de forma obl icua, en Edipo re y. Para un tratamiento más exhaustivo de la figura de Antígona véase George Stei ner, Antigones. (reprint, N ew Haven: Yale

University Press,

B ixio ( Barcelona: Ediorial Gedisa, S.A., 1996)1.

1996), [Antí¡:onas: una poética y una filosofía de la lectura, trad. Al berto L.

considere representativa de muchos te mas. Hegel la identi­

fica con una tran sición de la n orma del matriarcado a la del patriar­

cado, pero también con el prin cipio del parentesco. I rigaray, aunque

dude de la fu n ción represen tativa de Antígona, también in siste en

el lo: "Siem pre vale la pena reflexionar sobre su ejemplo com o

fig ura hist órica y como identidad e id entificación para muchas niñas

Y muj eres de hoy. En esta reflexión, debemos abs traer a An tígona de

l os discu rsos seductores y reduccion is tas, y escu char lo que ella

tiene que decir sobre el gobiern o de la polis, su orden y sus l eyes"

(Speculum, 70).

gente la

Pero ¿podemos considerar a Antígona, por sí misma, representante

de un cietto tipo de pol ítica fe mi nista, precisamente cu ando su carácter

re presentativ o está en

siguientes, ella apenas representa los principios normativos del paren­

tesco, ya que está impl icada en rel aciones incestu osas que enturbian su

posición dentro del mismo y represent a un fe minismo que podría, en

págin as

crisis? Como espero demostrar en las

cualq uier caso, estar al margen del mismo poder al cual se opone. De

hecho, no es que, como ficción, el carácter mimético o representativo

de Antígona se ponga en cuestión, sino que, como figura pol ítica.

apunta más allá, no a la pol ítica como cuestión de representación , sino

a esa posibil idad política que surge cuando se muestran los límites de la

re present ación y

la represen tatividad.

Dej adme que os cuente cómo he l legado hasta aquí. No soy

ex perta en este tema, ni tampoco pretendo serlo. Leí Antígona, al

igual que lo hicieron muchos y muchas humanistas, porque la obra

plantea cuestiones acerca del parentesco y del estado que se han repe­

tido en numerosos contextos históricos y culturales. Empecé a leer

Antígona y sus críticas para ver si se podía hacer de ella un m odelo

pol ítico com o figura femenina que desafiaba al est ado a través de

pode rosos actos físicos y l ingü ísticos. Pero encontré algo distin to de

lo que esperaba.

16

Lo primero que me impresion ó fue la manera en la que Hegel y Lacan habían leído Antígona, así como la forma en que Luce lrigaray y

la habían interpretado: no como una figu ra pol ítica con un dis­

curso desafiante de implicaciones pol íticas, sin o como alguien que arti­ cu la una oposición prepol ítica a la pol ítica, representando el parentesco como la e.�f' que condiciona la posibiLidad de una política sin tener que participar nunca en ella. Real mente, qu izás es la interpretación de Hegel la que cobró más fama y la que aún prevalece en teoría literaria y discurso fi losófico ; en ella , Antígona re presenta el parentesco y su diso­

orden ético y una au toridad estatal emerge ntes,

basados en principios de universalidad.

lución, y Creon te, un

otras 3

No obstante, aunque espero volver a hablar de esto al final del capítulo, lo segu nd o q u e más me impresionó fue la forma en que el parentesco aparece en el límite de lo que Hegel llama "el orden ético" 4 , la esfera de la participación pol ítica, pero también de las nor­ mas cu lturales viables, lo que en términ os hegelianos es el ámbito que legit ima el Sittlichkeit (aquel las normas articu ladas que gobie rnan las fronteras de la in tel igibil idad cul tural ). Dentro de la teoría ps icoan alí­ tica con temporánea, basada en presu posiciones estructural istas y qui­ zás im pulsada principalmente por los trabajos de Jacq ues Lacan, esta re l ación se interpreta de un modo aún más dispar. En su V// Semina­ rio\ Lacan ofrece una interpretación de An tígona que la sitúa en los l ímites de los ámbitos de lo imaginario y lo simból ico, in terpretándose

·'Véase Patricia Milis. eu. Feminist lnterpre/alions o{" Hegel (College Park: Pennsylvannia Statc. I<J96). especialmente la propia contribución ue Milis al libro. Véase también Caro! Jacobs, "Dus­ ting Antignne" (MNL 3. no.5 119961: X90-917), un excelente ensayo sobre i\ntígona 4ue tonla interpretaciones ue lrigaray sobre Antígona y demuestra la imposibilidad lic representación mar­ cada por la figura ue Antígona.

lic representación mar­ cada por la figura ue Antígona. 4 G.W.F. Hegel. /he Phenomenolog\' o{'Spirit.

4 G.W.F. Hegel. /he Phenomenolog\' o{'Spirit. trad. A. V. Millcr (Lonuon: Oxroru University Press, 1977). pp.2661l. IG.W.F. Hegel, Fenomnwlogía del es1'íritu, trad. Wcnccslao Roces (México: Fondo de Cultura Económica, 1966)1. Tollas las citas 4uc aparezcan a partir uc aquí corresponden a este texto y al texto alemán: Phiinomenlogie des Geistes Werke (Frankfurt: Suhr­ kamp Vcrlag. 1970).

5 Jac4ues Lacan, The Seminar ofJacques Laum. Book VII: The

o{" Psyc/wanalysis,

IY59-

60, eu. Jacques-Aiain Miller. trad. Dennis Poner (New York: Norton, 1992), pp243-90. IJacqucs

LJcan, F/ seminario: Li/Jru VII. la ética de/psicoanálisis IYSY-1960. trad. Diana S. Rabinovich

(Buenos Aires: Ediciones Paidós SAICF, 1992)1.

17

como una representac ión i naugural del s i mbolis mo, del ámbi to de las

leyes y

normas que gobiernan la adq u i sición del habla y de la capac i ­

dad de

habl ar. Esta regulación tiene lugar al convertir i n stantánea­

me nte c i ertas re laciones de parentesco en norm as si mbólic as. 6 Al ser

simbólicas, estas normas no son prec i samente sociales, por lo que pode mos dec ir que Lac an parte de Hegel al utilizar u na noción ideal i ­

l.ada del pare ntesco bajo la presuposición de una i ntel igibil idad cultu­ ra l. Al mismo tiempo, Lacan continúa el legado hegel i ano separando esta esfera ideal i zada del parentesco, la esfera s i mbólica, de la esfera de lo social. Para Lacan, la idea de parentesco está enrarec ida en la medida en que permi te una estructura lingüística, presupone una i nte­ ligibil idad s i mból ica y, además, se sustrae del dominio de lo social.

Para Hege l, el parentesco es prec i samente

una re lac ión de "sangre"

más que de normas ; o sea, el parentesco todavía no ha penetrado en lo social, ya que lo social se inicia a través de un violento reemplaza­ miento del parentesco.

La separación entre el parentesco y lo social prevalece i ncluso en las

posiciones estructural i stas más anti- hegel ianas. Para Irigaray, el poder insurrecto de Antígona es aquél que permanece fuera de lo pol ítico;

poder de las re laciones

de "sangre", a las que l ri garay no se refería en su sentido literal. Para esta autora, la sangre representa algo corporal mente muy específico y gráfico, que los pri nci pios abstractos de i gualdad pol ítica no só lo no

aprehender, sin o que deben excluir ri gurosamente e,

incl uso, an iqui lar. De este modo, dando significado a la palabra "san­

representa preci samente un v ínculo consangu íneo, parec ido a "un derramamiento de sangre"- algo que

debe subsistir para que los estados autoritarios se ma ntengan. Lo fe me­ nino, por dec irlo de al guna manera, se convierte en esta subsi stencia, y la "sangre" se transforma en la figura gráfica para esta línea recurrente de parentesco, una reconfiguración del símbolo de la línea de sangre

han conseguido

An tígona representa el parentesco y, con ello, el

gre", Antígona no si no más bien algo

y, con ello, el gre", Antígona no si no más bien algo 1' Kaja Silverman se

1' Kaja Silverman se distingue de otras teóricas lacanianas por su insistencia en que la ley del

p;¡rcntcsco y la ley del discurso debieran ser consideradas separables una de la otra. Véase Kaja

Silvcnnan, Male Subjeclil'ily al the Margins (New York: Norton, 1992).

.

IS

que alivia el violento olvido de las pri mari as relaci ones de parentesc o en la i n staurac ión de la autoridad simbólica masc ulina. Para Irigaray, Antígona significa la transición de u na norma legal basada en la mater­ n idad, basada en el parentesco, a una norma legal basada en la paterni ­ dad. Pero, ¿qué es lo que, preci samente, descarta esto último como

parentesco? El l ugar sim ból i c o de la m adre es oc upado por el padre, pero para empezar ¿qué es lo que estableció estos lugares? ¿No se trata, después de todo, de la misma noción de parentesco pero con el énfasis puesto en lugares disti ntos?

El contexto de la lectura de lrigaray es cl aramente el de Hegel, quie n en Th e Phenomenology (�f"Spirit re ivin dica que Antígona es "la eterna i ronía de la comun idad". Ella está fuera de los térmi nos de la

p ol i s, pero, por decirlo de alguna manera, es una extraña sin la que la polis no hubiese pod ido existir. Las i ron ías son, sin duda alguna, m ucho más p rofundas de lo que Hegel las entendió: después de todo, ella habla y lo hace en público, prec i samente cuando hubiera debido estar rec luida en el ámbito pri vado. ;,Qué c lase de di scurso pol íti co es éste que transgrede las m i smas fronteras de lo pol ítico, q ue pone escandalosamente en c uestión l os l ím ites q ue debieran determi nar su

d iscurso? Hegel proclama que Antígona representa la ley de los dioses

del hogar (combi nando los dioses chthonic de la tradición griega con los Penates romanos) y que Creonte representa la ley del estado. Hegel

el los, el parentesco debe ceder el

paso a un estado au tori tari o, como árb i tro fi nal de j usticia. En otras

palabras, Antígona representa el umbral entre el parentesco y el estado, una transición en la Fenomenología que no es prec i samente un Aufhe­ bung, ya que Antígona es sobrepasada sin haber sido nunca protegida

i n siste en que, en el conflic to en tre

cuando surge el orden ético.

La herencia hegel iana de la i nterpretación de Antígona parece asu­ mir la separaci ón del parentesco y el estado, aunque se plantea entre ambos una relación esencial. Así, cada esfuerzo i nterpretativo por atri­

buir un carácter representativo al parentesco o al estado tiende a vacilar

19

y perder coherencia y estabilidad.? Esta vacilación tiene consecuencias

fu nción represe ntativa de cual­

personaje, sino también por el esfue rzo para pl antear la re lac ión

entre parentesco y estado, una rel ación que -espero demostrar- tiene relevanc ia para quienes leemos esta obra en el contexto contemporá­ neo, en el que las políticas del parentesco han trasl adado un clásico dilema occidental a la crisis actual. La obra plantea dos cuestiones: por un lado, si puede existir parentesco - y por parentesco no me refiero a "famil ia" espec íficamente - sin el apoyo y la mediación del estado, y por el otro, si puede existir el estado sin la familia como un sistema de apoyo y de mediación del mismo. Es más, ¿se puede sostener la inde­ pendencia entre ambos términos cuando el parentesco representa una am enaza para la autoridad del estado y éste se alza en una violenta opo­ sición contra el parentesco? Esto supone un prob lema textual de cierta imrortancia cuando Antígona emerge de su crim in alidad para hablar en el nombre de la pol ítica y de la ley: el la adopta el propio lenguaje de l estado con tra el cual se rebe la, y la suya se convierte en una pol ítica no de rureza opositora sino de lo escandalosamente impuro.X

no sólo por el esfuerzo en determinar la

quier

Cuando releí la obra de Sófocles, quedé impresionada de una fo rma

perversa por la ceguera que aquejaban estas interpretaciones. En efecto,

la ceguera en el texto- del centinela, de Tiresias - parece repetirse inva­

riablemente en las interpretac iones del texto parcial mente ciegas. Opo-

las interpretac iones del texto parcial mente ciegas. Opo- 7 Para una interesante discusi<Ín sohrc c<Ímo

7 Para una interesante discusi<Ín sohrc c<Ímo la idcntificaci<Ín del pühlico puede camhiar en fu n­

L·i<in de l a ohra: véase Mark (]rillith. ""lnt rmluction" en Sophocles llnligone (Camhridge: Cam­

lnid�c llniversily Prcss.

1 !)99)

pp.

.'iX-66.

H i\quí se dehc aclarar que estoy sustancialmente de acu erdo con la prctens i <Ín de Pcter Euhen de

que "" las polaridades entre las leyes del hogar y la ci udad. la naturalc1:a y la cultura, lu mujer y el

la ci udad. la naturalc1:a y la cultura, lu mujer y el y lo humano no

y lo humano no son mils persuasiv;L� corno andam io intros­

pcL·tivo desde el punto de vista de la caracteri zación de Antígona que desde el punto de vista de

ho111hrc. eros y la r;uón . lo di vino

( 'rL"<lllle". véase

Pt'ter Fuhcn. "' Antigone and the L1nguages of Politics". en Corrup!in¡.¡ Yowh:

/'olilicll!l�·��uullioll. Oenwcralic Cuilure. and Polilical Theory ( Prineeton: Pri nccton University

l'rcss. 1997). p . l 70. Para profundizar sobre y en contra de esta perspectiva, véase Victor Ehren­ IK-qc. Sop/Jo,·!es aiUI Pe rieles. An tígon<J es cri m ina l sólo en lu medida q ue ocupa un punto de ten­ si•in dentro de un sentido a m biguo de la ley. Jcan-Paul Vernant y Pierre Vidai - Naquet argumentan q11c ""lk las dos actitudes qu.: ;\ntígonu sitúa en contlicto. ni nguna podría ser huena en sí misma .,inL · oncc<kr a la otra lugar. sin recon ocer preci samt:nte lo que la l i mita y pone en duda." Véase "Tcnsionc:.s y am hig ü e dades en la trage dia griega", Milo y /rugedia en la Grecia Allligua, trad.

M;¡mo ;\n niiio (Madrid: Taurus, 19�7- cop. l ), p.36.

241

n iendo Antígena a Creonte como el encuentro entre las fuerzas del parentesco y las del estado, el poder no l ogra tener en cuenta l as formas en que Antígena ya ha surgido del parentesco, siendo ella m isma hija de un víncu lo incestuoso, fiel a un amor imposible e incestuoso por su her­ mano 9 ; tampoco cómo sus acciones llevan a ciertas personas a conside­ rarla "varonil" y, de esta forma, crear dudas sobre el modo en que el parentesco debe garantizar el género; cómo su lenguaje, paradójica­ mente, se aproxima más al lenguaje de autoridad y acción soberana de Creonte; y cómo el mismo Creonte asume su soberanía sólo en virtud del vínculo de parentesco que posibil ita esta sucesión, cómo l lega a debil itarse por el desafío de Antígena y, finalmente, por sus propias acciones, derogando de una sola vez las normas que aseguran su lugar en el parentesco y en la soberanía. En e fecto, el texto de Sófocles deja claro que ambos están metafóricamente implicados la una con el otro, sugiriendo que no existe, de hecho, oposición entre ambos. 10 Además, en la medida en que ambos personajes, Creonte y Antígona, están rela­ cionados qu iás micame nte, no parece que haya una fácil sepa ración entre ellos, y que el poder de Antígona, hasta el punto en que lo sigue ejerciendo por nosotras, está rel acionado no sólo con la forma en que el parentesco hace su reivindicación desde el lenguaje del estado, sino tam bién con la deformación social tanto del parentesco idealizado como de la soberanía po lítica que surge como consecuencia de su acto.

En su comportamiento, ella transgrede tanto las normas de género corno las de parentesco, y aunque la tradición Hegeliana interpreta su destino corno un indicio seguro de que esta transgresión es ine vitable­ mente fa talista y fracasa, también es posible otra le ctura seg ún la cu al ella expone el carácter social mente contingente del parentesco, sólo para convertirse en otra ocasión de la crítica literaria para una reescri­ tura de esa contingencia como necesidad inmutable.

9 Para un artícu lo muy in teresante que esta b lece un marco psicoanal ítico para co nsiderar las un io­ nes in cestuosas de Antígona, véase Patricia J. Johnson, "Woman's Third Facc: A P.sychosocial Reconsideration of Sophocles' Allligune'' en Are1husa 30 ( 1997): 369-39�.

lO Para una lectura estructuralista de la obru

que asume u na oposición constante entre

Creonte y

A ntígona, véase Charles Sega!, lnlerpreling Greek. Tragedy: Mylh, Poe!ry, Texl

Univers ity Press, 1 9�6) [lnlerprelundo la /raf{edia [{riega: elmilo. la poesía y ellexlo].

(lthaca: Cornel l

21

El crimen de Antigona fue, como sabéis, enterrar a su hermano des­

pués de que Creonte, su tío y rey, hiciera público un decreto prohi ­ biend o un entier ro así. Su hermano, Poli n ic es, enca beza el ej érc ito ene­ migo con tra el rég im en de su propio hermano en Te bas con el fin de conseguir lo que considera que es su lugar legítimo como heredero del re ino. Ambos, Pol i n ices y su hermano Eteoc lcs, murieron, después de lo cual Creonte, el tío por parte materna de los her manos fa ll ecidos, al

co nsi derar que Po lin ices ha sido in fi el le ni ega

incl uso quiere exponer su cuerpo desn udo, deshonrado y saqueado.11 ;\n tígona actúa, pero ¿cu ál es su ac tuación? Ella entierra a su hermano

e in clus o lo enti erra dos veces. La segu nda vez los guard ias de nuncia n haberla visto. Cuando ella comparece ante Creon te, actúa otra vez, ahora verbalmente, rehusando negar su im pl icacion directa en el acto . En efecto, lo que ella rechaza es la posibi lidad li ngüíst ica de separarse del hecho, afirmándolo ambiguamente sin delatarse, sin decir, simple­ mente, "yo lo hice".

un funeral aprop iado, e

En re ali dad, el hecho en sí mis mo parece deambu lar a lo largo de la obra. amenazando con su atribución a ciertas personas, apropiado por algunas que nunca hubiesen podido hacerlo, o repudiado por quienes sí hubieran .podido hacerlo. En todos los casos, el acto está mediatizado por actos de habla: el guardia dice que la ha visto; ella dice que lo ha hecho.

El ún ico modo en que la persona autora se re laciona con el acto es

a lravés ele la afi rmación lingüística de la conexión. Ismene declara que dirá que lo h izo si Antígona le autoriza, pero Antígona no le deja. La pri mera vez que el ce ntinela informa a Creonte, al ega, "yo no lo

11 !'roma Zcitlin ofrece una contribución importante al problema del entierro en AniÍRom1 y en

l:difW ('11 Colono. argumentando que en Antígona, Creonte oscurece e fectivamente la línea entre la

vida y la muerte que el acto del entierro debe trazar. ''El rec hazo de Crennte contra el entierro".

se puede interpretar como una

olcnsa contra el tiempo en sí mismo" ( 152). Para Zcitlin, Antígona sobrevalora la muerte y oscu­ rL-cc la distinción entre la vida y la muerte desde otra perspectiva. Argumenta, plena de perspica­

anhelo de Antígona de morir antes de su hora es también una regresión a fuentes ocul­

ci<l. que

cscrihc

.ofende al orden cultural en su totalidad también

pero

el

tas de la familia de la cual procede" ( 153). Véase Frnma Zeitlin , "Thebes: T heatre of Self and

Society:· reimpreso en .lohn J. Winkler and Froma Zeitlin, Nothing todo with Diony.1·os1 Athenian

/Jmnlll in its Social Contexr (Princeton: Princeton U niversity Press, 1990), pp. 150-167.

22

h ic e n i tampoco vi quién lo hizo" ( 25 ), como si haberlo v i to pudiera

signifi c ar habe rlo hecho, o haber sido

ciente de que informando q ue ha vi sto el hecho se i m plica en ello, y

le ruega a Creonte que rec onozca la diferencia en tre su testimonio y

el hecho en sí mismo. Pero la di stinción no es sólo difíc il de estable­ cer por Creontc, sino que perdu ra como una fatal ambigüedad en el texto. El coro especula que ''esta acc ión debe habe r sido p romov ida

por l os Dioses" (29), permanec iendo aparente mente escéptico a que haya sido ej ecu tado por un hum ano. Al fi nal de la obr a, Creonte

su mujer e hijo son sus actos, momento

en el que la respuesta a qué es lo que sig nifica ser re spon sable de un a

acc ión, se vuelve completamente ambigua. Todo el mundo parece ser consciente de que el acto es transferible desde el que lo hace, e

prol i feraci ón retórica de las negac iones, Antí­

gona reconoce que no puede negar que el acto es suyo. Bien, pero ¿puede afirmarlo?

có mplic e en ello. El es co ns ­

exc lama que los suic idios de

incl uso, en medio de la

¿A trav és de qué lenguaje An tígona as ume la autoría de su ac to o bien re húsa negarlo? Recordaréi s que Antígona se nos prese n ta a través del acto en el q ue desafía la sobe ran ía de Creonle, rebat iendo

el poder de un decreto p resentado como un i mperati vo, que tiene el poder de hacer lo que dice, proh i biendo explícitamente a cualqu iera enterrar el cuerpo. De este modo, Antígona muestra el frac aso i locu­

cio nario del man i fie sto de Crcontc, tomando su re spue sta la fo rma ve rbal de una rea fi rmación de soberan ía, re hu sando no asoci ar el

hecho con su persona: "Yo d igo que lo hice y no lo niego" (43), t raducido menos literal mente por G rcne como "Sí, confieso: no negaré mi ac to" [en gri ego Creonte dice, "phes, e katarnei ne dedra­

kenai tade" y An tígona responde: "kai phemi drasai kouk aparnou­

mai to ne" J.

"Si, lo confieso" o "Yo digo que lo h ice" -de este modo ella con­

testa a la p regunta que se le plantea desde otra autoridad, y concede la autoridad que este otro tiene sobre ella. "No voy a negar mi acto"- "no

23

lo n iego" , no voy a verme forzada a negarl o, rechazaré el verme obli­

gada a ello por el l enguaje de otros y lo que no negaré es mi acto -un

acto q u e s e convierte en posesi vo, una posesión gramatical que cobra

sentido sólo en el contexto de la escena en la que ella rehúsa una confe­

sión fo rzada. En otras pal abras, decir "yo no voy a neg ar mi acto" es

rechazar l levar a cabo una negativa, pero no es precisamente rei vindicar

el acto . Decir "Sí, lo hice" es reivindicar el act o pero

tam bién es come­

ter otro acto en la m isma reivindicaci ón, en el acto de hacer públicos los

propios hechos, un nuevo acto criminal que redobla y toma el l ugar del

anterior.

Es bastante interesante el hecho de que los dos actos de An tígona,

el entierro y su desafío verbal, coi ncidan con las ocasiones en que el

coro, Creonte y los mensajeros la llaman "varonil" . 1 2 Efectivamente,

Creonte, escandal izado por su desafío, toma la determinación de que

mientras él viva ''ninguna mujer gobernará" (5 1 ), su giriendo que si

e ll a gobierna, él morirá. Y en un momento determinado le habla enfa­

dado a H emón, que está con Antígona y en contra de él: "¡Un carácter

insoportable, in terior al de una mujer!" (746). An teriormente, hab la

sobre su temor a l l egar a ser debil itado co mpl etamente por el la: si los

poderes que han provocado este acto se quedan sin castigo, "Ahora no

soy hombre, ella es el h ombre [aner]" (528). Así, Antígona parece asu­

mi r la forma de una cierta soberanía masc ulina, u n a viril id ad que no se

puede co mparti r, que req uiere que su otro sea tanto fe menino co mo

inferior. Pero hay una pregunta que persiste: ¿ha asum ido verdadera­

me nte esta virilidad? ¿ha vencido la

soberanía del gén ero?

Esto, por supuesto, nos hace volver a la cuestión de cómo esta figura

desafiante, mascu l ina y verbal l lega a representar los dioses del paren-

l ! N ic·oic Loraux indica que el luto no es únicamente la tarea de la mujer, s i no algo que se lleva a ' :�h" prcrcrcntementc dentro de los límites del hogar. Cuando el luto de la mujer se hace público,

,.¡ "rdL·n cív ico amenaza con una pérdida del yo. Para sus comentarios breves pero profundos

' · ' > In,· ,.¡ entierro de Antígona, véase N i cole Lorau x, Moth.ers in Mouming, Ir. Corinne Pache

1 998), pp 25-27, 62-64. Véase también Nicole Loraux. ·'La

i l ll1.1l·:�: C"rncll Uni vcrsity Prcss,

" ' · "" d" ;\ ntig onc", M,;tis 1 ( 1 9 86): 1 9 94- 1 995.

;\ ntig onc", M,;tis 1 ( 1 9 86): 1 9 94- 1 995. tesco. Este

tesco. Este hecho me l leva a la confusa cuestión de si Antígona repre­

senta al parentesco y, si esto es así, qué especie de parentesco debe ser.

En algún momento el la parece estar obedeciendo a los dioses, y Hegel

puntualiza que se trata de los dioses del hogar: ella declara que, por

supuesto, no obedecerá la orden de Creonte porque no es una ley emitida

por Zeus; por consiguiente, re i vindica que la autoridad de Creonte no es

la misma que la de Zeus (496-50 1) y aparentem ente está most rando su fe

en la ley de lo s dioses. Pero ella no se mantiene siempre fie l a esta te , tal

y como podemos ver en un pasaje no muy conocido en el que reconoce

que no hub iera hecho lo mismo por otros miembros de su fa milia:

Nu nca jamás, ni aunque mis hijas e hijos o mi esposo estuvieran muertos y convertidos en polvo hu biera asu­ mido esta responsabilidad, en contra de los ciudadanos. ¿ En virtud de qué ley digo esto? Si mi esposo h ubiera fallecido podría tener otro, y tener un hijo o una hija con otro hombre, pero con mi padre y mi madre allá abajo en el Hades, nunca podría tener otro hermano. Fue por esta ley que os hice un honor especial, pero parece que según Creonte lo hice mal y mostré una gran imprudencia, oh hermano mío. Y ahora él me lleva así de sus manos, sin matrimonio, sin enlace nu pcial, sin haber participado del matrimonio o de la crian za de los hijos. (900-920)

Antígona apenas representa aqu í a duras penas la santidad del

parentesco, ya que es por su hermano o, como mínimo, en su nombre,

por lo que ella está dispuesta a desafiar la ley, pero no por todos sus

parientes. Y aunque ella reclama actuar en el nombre de una ley que

desde la perspectiva de Creonte es sancionable por su cri mi nalidad, su

l ey no parece tener n inguna posibilidad de aplicación. Su hermano no

es, desde su punto de vista, reprodu cib le, esto quiere decir que las con­

diciones bajo las cuales la ley l lega a ser aplicable no son reproducibles.

É sta es una ley del ej emplo , por lo tan to, una ley que no es general iza­

ble ni tampoco extrapolable, es una ley form ulada precisamente a través

del ej em plo espe cífico de su misma apl icación y, por co nsi guiente, no

es una ley de carácter ordinario, general izab le.

25

Así, ella

no actúa

en nombre

de

del

dios

del parentesco,

transgresión

prohibitiva

y

sino tran s­

que confiere a

normati va

grediendo

las relaciones de

los mandatos

estos dioses,

parentesco una dimensión

mente

utilizado para manifestar este rechazo

nos

mediante

su rechazo

a

respetar

su orden, e

incluso

el lenguaje

muchos térmi­

que sus

tiene asimilados

de la

misma soberanía que

ella rechaza. Creonte espera

pero que

a

la

vez también

desvela su

vulnerabil idad .

Por

su

lado,

palabras gobiernen

las actuaciones de Antígona, y ella

le contesta opo­

H

egel

reivindica que

el acto de Antígona es

opuesto

al

de

Creonte ,

niéndose

a

sus discursos como

soberano

afirmando su

propia sobera­

los dos actos

si el

que

representarse a través de la i mpl icación del uno en

Al hablarle,

n inguno de los dos

se refll�jan,

más que se oponen

el uno al otro, sugiriendo

pueden

el idioma del otro.

y de esta forma

su pos ición dentro del géne ro y aparece

uno representa el parentesco y

ella se hace varonil

mantienen

el otro el

estado, sólo

y Creonte se debilita,

la

alteración del

paren tesco

para desestabil i1.ar el

género a lo largo de

la

obra .

El acto de Antígona es,

acto

No es

sino

que contesta a Creonte su pregunta; enton­

acto propio mediante el

mome nto que

im plica a ella en el exceso de masculinidad l lamado orgu llo .

len­

no es nu nca excl usi va­

aunque ella utiliza el lenguaje para exp licar su acto, para

l l evar

sentido completar el acto,

de

hecho, ambiguo desde el principio.

que

supone

ent errar a

Hacer público el

su hermano,

el

el la empieza

a actuar

Su

actuación

a través del

sólo puede

solamente el

desafian te

tam bién el acto verbal con el

ces esto es un acto lingüístico.

len guaje signj fica en cierto

tam bién

En tonces,

guaje,

le

en

la

medida

en que

también

l llcntc suya,

y

parte de sí mi sma.

afi rmar su mascu lin idad y

a cabo esta actuación

del

v erba les es

lleguen a serlo exactamente.

una autonomía desafiante,

En efecto,

lo

a través de la apropiación de

que da

l as mismas normas

poder a estos actos

personalizan, sin que

poder a las

que

se

opone.

la operación

normativa de poder que

das

i\.n tígona

llega, entonces,

para actuar de fo rmas

son considera­

ley sino también porque se

que

1 1 1ascu linas, no

sólo porque desafía a la

apropia

de

la voz

de la

ley para

cometer

un acto en

contra de

la

ley

misma.

1

:lla

no sólo delinque al rechazar el decreto, sino que también lo

hace al no qu erer negar su responsabilidad, de forma que se apropia de

aparece precisa-

L1

retóri c

a

de

la acción del

mismo Creo nte.

Su acción

etór i c a de la a cción del mismo Creo nte. Su acción n ía.

n ía.

El

hecho

de reivindicar llega a

ser

un

acto que

reitera el

acto, lo

afirma, extendiendo el acto de insubordinación

l levando a cabo

su reco­

nocimiento

se

mente,

l leva a cabo: ella se afirma a sí m isma a través de la voz del

alguien

se resiste, una

apropiación que encuentra en su interior simultáneamente el rechazo y

vés

su autonomía se obtiene a tra­

otro. de ese

paradójica­

a través

un

del

lenguaje.

Este

reconocimiento,

re

quiere

sac rificio

de autonom ía al

mis mo tie mp o que

a quien ella se opone. Entonces,

la apropiación

de la

voz

de

autoritaria

a

la

que ella

la asimilación de esta fuerte autoridad.

l :l

Desafiando al

que

estado, Antígona reitera el acto desafiante de

el desa fío que, al

afi rmar

en

la que puede

her­

su leal tad

l legar a sus­

te rritorializarlo. Ella as ume

un

rivalidad y superioridad hacia

su

mano, lo

hacia su

tituirlo y, en consecuenc ia, reemplazarlo y

la

momento dado su

Polinices:

más gl oria que enterrando a mi

significa que repite

hermano, la si túa en una posición

pero

sólo

masculinidad venciéndola,

ella pregu n ta,

la vence

ideal izándola. En

acto parece afirmar su

"Y aun

así, ¿,cómo hu biera podido adq uirir yo

hermano? "

(502).

No sólo el estado presupone el parentesco y el

en

parentesco presupone

uno o del otro

la distin ción entre

retórico poniendo en juego la estabil idad de

el estado, sino que

son articulados

am bos se confunde a nivel

la distinción conceptual entre ambos.

los "actos" realizados en nombre del

el

idioma del

otro,

de esta fo rma

U Para una discusión excelente sobre el

públicos de Atenas,

sitio y

e

l

estilo del discurso

y

interprelativo en

The Athenian

Princeton

los discursos

y en concreto

los capítulos 3

ami

4

,

véase

Josiah Obcr,

Revolution:

University

Gould, "The Unhappy Per­

Kosovky Sedgwick

Essays

Press,

On

1996).

Ancient

Greek Democracy

Political Th eory

(

P rinceton:

Para un ensayo maravilloso y

Performativity

ami

Routedge,

199 5), pp.

p rofundo, véase Timothy

eds.

formati ve" en

(New York :

Petformance,

19 -44.

Andrcw Parker and E ve

27

A unque trataré l as contribuciones de Hegel y Lacan más en p ro­ f

A unque trataré l as contribuciones de Hegel y Lacan más en p ro­

fundid ad en el próximo capítulo, nos p uede servir de ayuda mirar l as

diferen tes formas en l as que el parentesco, el orden social y el estado

fo rmas variadas y hasta i n versas .

El esta do no aparece en la discusión de Lacan sobre Antígona, ni tam­

poco e n el análisis sobre la cultura de Lévi-Strauss realizado anterior­

mente al de Lacan. El orden social está basado, p referentemente, en

e inte l igibil idad entendida como

simbó l ica. Y aunque para estos dos teóricos lo simbólico no es la natu­

raleza, a pesar de ello institucional izan la estructura del pare ntesco en

fo rma s que no son precisamente maleables. Según Heg el, el paren­

tesco pertenece a la esfera de l as normas cu l turales, pero esta esfera

debe s er anal i zada desde su relación de subordinación respecto al

estado, au n que éste depende para su e xisten cia y man tenimiento de

esta m isma estructura.

están repres entados en sus te x tos de

una estruct u ra de comunicabil idad

Cie rtam ente, Hegel pu ede reconocer la forma en que el estado pre­

supone las r el aciones del patriarcado, pero argu menta q ue el ideal para

la r a milia es preparar a los hombres jóvenes para la guerra, ya q ue

serán q uienes defiendan las fro nteras de la nación, quienes se enfren­

len en tre ellos en la lucha por la vida y la muerte de las naciones, y

q u ie nes idealmente deci di rán estar bajo un régimen legal en el que se

: 1 hs1 rae rán en cierto modo del nacional parl icip ación . 14

Sittlichkeit que estructura su

'·' 1 k:·.- 1 ;� horda la cuestión de Anlígona e n tres discusiones separadas y no siempre mantiene una di'<'"""" c ons i stente del significado de la ohra: en La Fenomeno/o¡;ía del Espírilu, que conforma

,·1 1<>< " de l a dis cusión aquí y en el capítulo 2 de este texto; en la Filosoffa del Derecho. donde "'" que l a fa milia debe existir en una relación recíproca con el estado; y di spersa en varios

Fs l !'lica, pero concretada en el segundo lomo, en la sección fi nal, "111. Poesía Dra-

L'<ljl Í tul o 111. en la suhsección, "Desarrollo de la poesía dramática y sus especies", en el

" l '" l l .u l " "1�1 desen l ;1ce trágico" . En este último texto. Hegel argumenta que amhos,

están hajo el poder de aq uello contra lo cual com-

1�;11<'11 ·· ¡\ d i !Crcncia de la di scusión elíptica de An tígona en la Fenomen ología del espíritu, en la

cu;d ;\ 1 111 ona es suplantada por Crconte, aquí se les posiciona en una relación de tragedia recí-

in n1anente en ambos, Antígona y Creonte, que ellos atacan de alguna manera, de

,·st, · """1" son as idos y destrozados por algo i ntrínseco a su propio ser real." Hegel concluye esta

d1scusu •11 con un elogio extremo para la obra: "Antígona me parece la más magnífica y satisfacto­ ri" ohra de arte de esta clase." Véase la ohra de Hegel, Aesthetics: Lecturcs on Fine Art. Volumc II. I LIIIS. T.M. Kn ox (Oxford: Clarcndon Press, 1 975), pp. 121 7- 1218.

1 " """ "I I<�Y algo

Creonlc y

111.11>< .1

"I I<�Y algo Creonlc y 111.11>< .1 "1 1 11)''" -, de' la ,\ 111

"1

1

11)''"

-, de'

la

,\ 111 1)'"""· consti tuyen figuras trágicas, "

que

En la Fenomenología de Hegel, Antígona aparece como una figura

que será transfigurada y superada en el curso de la descripción de sus

actuaciones. Para Hegel , no obstante, Antígona desaparece como poder

femen ino convirti éndose en el poder de la madre cuy a única tarea, en

l os designios espirituales, es producir un hijo para ofrecerlo a los pro­

pósitos del estado, un h ijo que viv e con la famil ia para llegar a ser un

ciudadano gu errero . Entonces,

la ciudadanía re clama un re chazo par­

cial de las re laciones de parentesco que llevan a definir la existencia

del ciudadano masculino, y sin embargo el parentesco permanece como

lo único que puede producir ciudadanos varones.

Según Hegel, Antígona no encuentra su lugar dentro de la ciudada­

nía porque no es capaz de ofrecer o recibir el reconocimiento dentro del

orden ético. 1 5 El único tipo de reconocimiento que ella puede tener (y

aq uí es importante recordar que el reconocimiento es, por definición de

Hegel, recíproco) es de y por su hermano. El la sólo puede adquirir reco­

nocim iento del hermano (y por consiguiente no acepta dejarle ir) y por­

q ue, según Hegel, aparentemente no hay ningún deseo en esta relación.

Y si lo h ubiere, no habría ninguna posibilidad de ser reconocido. Pero

¿por qué?

Hegel no nos dice e x actamente por qué la aparente fa lta de deseo

entre hermano y hermana los califica para el reconocimiento dentro de

los térm inos del parentesco, pero su visión implica que el incesto cons­

tituiría una imposibilidad de reconocimiento; en otras palabras, que el

esquema de inteligibilidad cultural , de Sittlichkeit, de la esfera en la

14 (Con/. ) En el ensayo. "The Woman in Whitc: On the Reccption of Hcgcl's ' Antigonc'" (The

Owl ofMinervu 2 !, no. / (Fa/! /989): 65-89), M artin Donougho argumenta que la v i sión hegeliana de Anlígona fue la más inl'luycntc del siglo XIX, tal vez contestado más fuertemente por Gocthe. quien mostró su perspectiva escéptica en sus cartas a Eckcrmann. Gocthc puso en cuestión si la tensión entre fa milia y estado era central en la obra y sugi rió que la re lación incestuosa entre Antí­ gona y Polin ices no es el modelo ej emplar de lo "c thical" [ético] (7 1 ).

1 5 Por supuesto, las mujeres no eran ciudadanas en la Atenas clásica. aunque la cultura estaba

de valencias de fe mini dad. Para una discusión muy útil sobre esta paradoja, véase N i cole

i m buida

Loraux, The Children o(AIIzena: A thenian Ideas Ahout Cilizenship ami /he Di visión Be/Ween !he

Sexes tr. Caroline Levine (Princcton : Prinecton Univcrsity Press, 1 9 93).

cual el reconocim iento recíproco es posible, pres upone una estabilidad prepol ítica del parentesco. Implíci tamente, Hegel parece entender que

la prohibición del i ncesto refuerza el parentesco, pero no es esto lo que

dice explícitamente. Al contrario, sostiene que la relación de sangre hace imposible el deseo entre hermana y hermano, y entonces es la

mi sma sangre la que estabi liza el parentesco y su dinám ica interna de

reconocimiento. De este modo, según H egel, Antígona no desea a su hermano, y así la Fenomenología se convierte en el instrumenLo tex tual

de la prohi bición del incesto, que afecta a lo que no se nombra, lo que

subsecuentemente se desmiente a través de los vínculos consanguíneos.

De hecho, lo que resulta particularmente extraño es que en la discu­

sión anterior sobre el reconoci m iento en la Fenomenología, el deseo ( 1 67) l lega a ser un deseo de reconoci mien to, un deseo que busca su

reflejo en la Otra persona, un deseo que busca negar la alteridad de la

Otra, un deseo que se encuentra en la obligación de necesi tar a la Otra,

al g uien que tememos ser o que tememos que nos

tanto, sin esta apasionada unión constitutiva no puede haber reconoci­ mien to alguno. En la discusión anterior, el drama del reconocimiento recíproco empieza cuando una conciencia descubre que se ha perdido en la Otra, que se ha salido de sí misma, que se encuentra a sí misma L· omo Otra o, en real idad , en la Otra. De esta fo rma, el reconoc i m iento L' lllpieza con la idea de que una está perdi da en la Otra, que ha sido :1propiada en y por una alteridad que es y no es sí m isma, y viene moti­ vada por el deseo de encontrarse a una mi sma reflej ada al l í, donde el

pueda capturar; por lo

re flejo no es una expropi ación fi nal. Real mente, la conciencia busca una recuperac i ón de sí mi sma, só lo para reconocer que no hay regreso dL' la alteridad al yo inicial , tan sólo una transfiguración basada en la i 111posibilidad del regreso.

transfiguración basada en la i 111posibilidad del regreso. Así, en "Independencia y sujeción de la

Así, en "Independencia y sujeción de la autoconciencia: Señorío y

serv idu mbre", el reconoci miento está moti vado por el deseo de ser reconoc ido y es, en sí mi smo, u na forma culti vada de deseo; no sólo la s i m p le cre encia o negac ión de la al teridad, sino la comp l ej a di námica

JU

en la que u na persona intenta encontrarse a sí m isma en la Otra sólo

para hal lar que este reflejo es el signo de la expropiación y auto-pérdida

de una misma. De esta manera, en el apartado anterior, acerca del tema de la Fenomenología, no pued e existir reconocimiento sin deseo. Sin embargo para Antígona, según Hegel, el reconocimiento con deseo no es posi ble. De hecho, para ella, en la esfera del parentesco, y con su her­

mano, sólo existe reconocimiento bajo la condición de q ue no haya deseo.

La lectura que hace Lacan de Antígona, a la que volveré en el pró­ ximo capítu lo, también nos sugiere que existe u na cierta s ituación ideal de parentesco, y que a través de Antígona podemos acceder a esta posi­ ción simbólica. Lacan no cree que ella ame el conten ido de lo que es su

hermano, sino su "Ser puro", una idealización del ser que pertenece a la

csrcra de lo si mból i co. Lo simbólico se asegu ra y se mantiene preci sa­ mente mediante una evacuación o negación de la persona; de este

modo, una posición simbólica nunca es conmensurada con el indiv iduo

que la ocu pa; asu me su e status como si mbólico prec isamente en ru n­ ción de su inconmensurabi l ida d.

Así, Lacan presup one que el hermano ex is te a un niv el si mból ico y que es a él a quien rea l mente A ntígona ama. Qu ienes siguen a Lacan tienden a separar de lo social el simbol i smo del parentesco, por eso

dejan l os conven ios social es del parentesco como algo intacto e intrata­ b le, como aq uel lo que la teoría social puede estudiar en un regi stro dife­ re nte y en un momento distinto . Tales vis i ones separan lo q ue es socia l de lo que es si mból ico tan sólo para con servar un sentido i nvariable del parentesco dentro de lo si mbólico. Lo simból ico, que nos da u na idea

del parentesco corno una funci ón del l enguaje, se separa de los conve­

nios sociales del parentesco, presuponiendo que a) el parentesco se i ns­ ti tuye en el momento en que el niño o la niña accede al lenguaje b) el parentesco es una función del le ngu<�e y no una institución social mente

son institucio nes socialmente

al terables, o al menos no fáci l mente alterables.

al

terable, y e) lenguaje y pare ntesco no

31

Antígona, que desde Hegel hasta Lacan ha sido identificada como defensora de un parentesco marcadamente no social, que sigue las normas

que condicionan la i ntel igibilidad de lo social, sin e mbargo representa, por decirlo así, una fatal aberración del parentesco. Lévi-Strauss remarca en qué se basa la i nteriorización de los ro les que definen la fu nción de la familia cuando escribe que "el hecho de ser una norma, completamen te

i ndependiente de sus modal idades, está efecti vamente en la esencia de la prohibición del incesto" (32,37). 16 Entonces, no es simplemente que la

prohi bición sea una norma como tal, sino que esta prohibición conlleva la ideal idad y persistencia de la norma en sí misma. "La norma", escribe, "es por un l ado social, en tanto que es norma, y pre-social, en su universali­ dad y en el tipo de rel aciones en l as que im pone su pauta" ( 1 2, 1 4). Por

último, mantiene que el tabú del i ncesto no es exclusivamente biológico (aunque sí parcialmente), ni exclusivamente cultural, sino que existe pre­

fe rentemente "e n el ámbito de lo cul tur al ", como parte de una serie de

normas que generan la posibi l idad de la cultura y que son disti ntas de la cultura que ellas generan, pero no absol utamente distintas.

cultura que ellas generan, pero no absol utamente distintas. En el capítulo titul ado "El Problema

En el capítulo titul ado "El Problema del I ncesto", Lév i-Strauss expl ica claramente que el conjunto de normas q ue propone son estricta­ mente acordadas, es decir, ni biológicas. ni culturales. Escribe "es ver­

de su uni versal idad, la proh ibición del incesto tiene

dad q ue, a través

que ver con la n a turale za [ touche a la naturel, p. ej . con la biología o la psicología, o con las dos. Pero lo que se puede tomar como cierto [il

n' est pas moins certa in]

norma ya es un fe nó­

meno social, y pertenece al m undo de las normas [ l 'univers des regles],

por lo tanto de la cultura, y de la sociología, cuyo estudio es la cultura" ( 24, 28). Expl icando más adelante las consecuencias para una etnología

viable, Lév i-Strauss defiende que se debe reconocer "la única norma pre-eminente y universal que asegura el alcance de la cultura por

encima de la naturaleza [ la Regle par excel lence, la seule uni verselle et

es el hecho de que ser

16 Cl aude Lé v i -Strauss, The

Harle Bell and .lohn Richard Von Sturmer ( Boston: Beacon Press,

Elementary Stmctures of Kinship, cd. Rodncy Needham, tr. James

1 969 ), 1 Las estructurasjimda­

mentules del ¡mrentesco. tr.

Maric Therese Ce vasco ( B �reelona: Ed ici ones Pa idós

Ibérica, S.A.,

1 9 81) [. Las ci tas en el texto se refieren en francés.

pri mero a la paginación en inglés y luego a la paginación

32

qui assure la prise de la cu lture sur la n<lturel" ( 24,28). Lévi-Strauss

la dificul tad está en determ inar el estatus de

esta prohibición universal como se ve cuando escribe,

defi ne claramente cómo

La prohibición del incesto no tiene un origen ni pura­ mente cultural ni naturaL tampoco es una mezcla de ele­ mentos de la natural eza y la cultura. Este hecho es un paso fu ndamental l l a dém<lrchc fo ndamcntale 1 debido al cual y por el cual, pero por encima de todo, a través del

cual se logra la transición de la nat uraleza a la cult ura. En un sentido pertenece a la naturalel'".a, por lo q ue se presenta como una condición general de cultura. Conse­ cuentemente, no debiéramos sorprendernos que su característic a fo rmal, su un i versa 1 idad. haya si do tomada de la naturaleza l tenir de la naturcJ. No obstante, en otro sentido es cul tura, ej ercie ndo e imp on iendo su reg la mento a fenómenos que ini cial mente no están suje­

tos a el lo.

(24. 28-29)

Aunque Lé vi-Strauss insiste en q ue la proh ibición no es ni lo uno

( n atural ) ni lo otro (cultural), también propone pensar sobre la prohibi­

ción como el "en lace l le l ieu l" en tre la naturaleza y la cultura. Pero si esta re l ac i ón es de mutua exc l usión, es di fíc il en tenderla como un

enlace o, menos aún, como una transici6n. 17 De ahí que parel'".ca que su texto esté navegando entre estas di fc rcntcs pos ici ones, entendiendo la norma como algo parcialmente con stitu ido por la nat uraleza y la cul­

tura. pero no exclusivamente, sino como algo exclusivo de ambas cate­

gorías, como una transición, a veces como casual o como enlace y otras veces como estructural entre naturaleza y cultura.

Las Estructuras Fundamentales del Parentesco fue publ icado en

1 947, y a lo largo de seis años Lacan desarrolló su estudio más siste-

17 Para una crít ica breve pero astuta de la naturale za/d isti nción c u l t ur a l en relación con el tabü del

i ncesto, 4uc demuestra ser a la vez fundamental e impensable, véase "Structure . Sign, and Play" en Writing und Diffe rence. tr. A l an Bass (Ch ieago: Univ er sity of Chi cago Prc ss) particu larmente

["La estructura, el signo y el j uego en el discurso de las ciencias h umanas'' de Jac­

pp. 2S2-284.

ques Derrida La escritura y la dif'erencia, tr. Patricio Peñalver ( Barcelona: Anthropos,

1 989) 1.

33

mático de lo s im bóli CO , aquellas normas q ue convierten la cultura en

posible e i nteligible, que ni p ueden reducirse completamen te a su carácter social, ni esta r di vorciadas de él de fo rma perma nente. U na de

las cuestiones que dis cutiré en los próximos capítulos es si debemos evaluar críticamente e stas normas q ue gobiernan la inteligibil idad cul­ tural pero q ue 110 se p u eden reducir a una cultura dada. Además, ¿cómo

operan estas normas ' ? Por un l ado, explicamos la prohibición del incesto como una no rma universal, pero Lévi-Strauss apunta que no siempre es así. É l no va más al lá, y no se preg unta qué fo rmas toma

esta norma cuando nO se sigue, ni tampoco si al reconocer la prohibi­

ción se debe tener en c uenta en qué casos ésta no existe para l legar a ser

real mente operaciona l.

De fo rma más esp ec í fi ca, nos podemos pregu n tar hasta q ué pu nto

esta norma, entendida como proh ibición, puede operar efect ivamente sin producir o mante ner el espectro de su propia transgresión. Otra cuestión a plantear es si tales normas producen conformidad, o si lo

que hacen es crear u n conj unto de configuraciones sociales que exce­ den y desafían l as no rmas por las que han sido creadas. I nterpreto esta cuestión de acu erdo con lo que Foucault ha señalado como la

dimensión productiva y excesi va de l as normas del estructural ismo. Aceptar la eficacia fi nal de una norma en l as descripciones teóricas

q ue una misma perso na se hace es como vivir b ajo su propio ré gi­

men, aceptar la fu err. a de sus decretos, por deci rlo así. Existe algo interesante y común en l as mú l tiples lecturas de esta obra de Sófo­ cles, y es la idea de que no hay i ncesto si hay amor; uno se puede pre­

guntar si la lectura de la obra se convierte, con estos auspicios, en una ocasión para re forzar que se cu mpla la n orma: no hay i ncesto aq uí y no puede ha be rlo. 1 8 H egel es un claro ej emplo de este hecho,

su insistencia en q ue lo ú nico que hay entre hermano y hermana

dada

es la ausencia de des eo. I ncluso Martha Nussbaum, en sus reflexio­ nes sobre la obra, rem arca q ue Ant í gona no parece tener un fuerte

IX

l'll

Véa se tambi é n la di s cusi

ón

()corgc S tei ner, Am igon es.

b re ve sobre los inc estuosos lazos fraternos desde 1 780 ha sta 1914

pp.

12-15. [G e or g e Stein e r, Ant

Ífionas: una poética y una .f iloso a

tf1• la lectura. tr. A lberto L. Bix i o ( B arce l ona : E di torial Gedisa, S. A. , 1 996)j.

J4

v í ncu lo con su hermano. l9 Y Lacan, por supuesto, sostiene que no es

al hermano en su conten ido a quien ella ama, sino a su ser e n s í -pero ¿dónde nos l leva todo esto? ¿qué cl ase de posi ción o l ugar es éste?

Según Lacan, Ant í gona busca un deseo que tan sólo puede l levarla a

la muerte prec isamente porque pretende desafi ar las normas simból i ­

cas. Pero ¿es ésta la manera correcta de interpretar su deseo? ¿ O e s

que lo simból ico en sí m ismo ha generado una crisis q ue afecta su propia inteligibil idad? ¿ Podemos aceptar que Antígona no se siente confusa sobre quién es su hermano o qui én es su padre , q ue ell a no

por decirlo así, las eq u i vocac iones que e n marañan la

pureza y la universal idad de esas normas estructural istas?

está vivi endo,

Casi todas l as teóricas y teóricos de Lacan insisten en que l as nor­

mas si mbólicas no son l as mi smas que l as soc iales. Lo "simból ico"

l lega a ser un término técn ico para Lacan en 1 953, y termina por ser su propia manera de conceptualizar los usos matemáticos (formal ) y Lévi­ S t rau ssianos del término. Lo "si mból ico" es defin ido como el re i n o de la ley que regula el deseo en el complejo de Ed ipo. 2 0 Este complejo se

expl ica como una derivación de la prohibición simból ica o primaria del

incesto, una prohibición que tiene sentido solamente en térm inos de

relaciones de parentesco en l as q ue hay varias "posic iones" estab lecidas dentro de la fa milia, siguie ndo un man dato exogám ico. En otras pal a­

bras, una madre es alguien con quien su h ijo o h ija no se x uales, y un padre es alguien con quien su h ijo o h ija

nes sexuales, una madre es quien tiene solamente rel aciones sexuales

tiene relaciones no ti ene re lacio­

con el padre, etc. Estas rel aciones de prohi bición están codificadas de acuerdo con la "posición" que ocupa cada m iembro de la fam ili a. Estar

19 Martha C. Nus shaum, "f h.e Fragility 1�(Goodne.1·s: Luck l//1(1 Ethics in Greek Trag edy anJ Philo­

sopliy (Camhridge: Camhridge Uni vcrsity Prcs s) p . 59: j M artha C. Nu ssbaum, La .fi"agilid(/(1 del

bien: júrtuna y ética e11 la tragedia y la .filoso(ía griega. Ir. Antoni o Balleste ros (Madrid: Visor

D istri buciones. S.A., 1 995) j. Para un argumento más fu e rte y anti psicoanalítico contra la inter­ pre tación de la re lación Antígona-Polinices como un lazo incestuoso, véase Jean-Pie rre Ve rnant y Pie rre Vidai-N aquet, "Oedi pus Withou t the Complex." en Myth and Tragedy in Ancient Greece, tr. Janet Lloyd (New York: Zone Books. 1 990) pp. 100- 1 02, ["«Edipo» sin comp lejo"', Mito y trage­ dia en la Grecia antigua tr. Ana l riarte ( Madrid: Taurus Ediciones, S.A . -Grupo Santillana, 1 989 )[.

20 Dylan Evans, An lntmducrory Dictiomwry of Lacanian Psychoanalysis

1 996), p.202.

(London: Routelcdge,

35

en una posición significa además tener un sitio en la encrucijada de re laciones sexuales, como m ínimo de acuerdo con la concepción sim­

bó l i ca

o normati va de lo que esa "posición" es en concreto.

La

tradic ión estructurali sta dentro del pensam iento psicoanal i sta ha

ej erci do una gran in fl uencia en el cine fe minis ta y en la teoría literari a,

lo han hecho en el psi coanál isis a tra­

vés de las diferentes discipl i nas. De hecho, prestamos atención a una

gran cantidad de "posiciones" dentro de la nueva teoría cultural, y no siempre tenemos conciencia de su origen. Esto también abrió camino a

ha tenido, y continúa ten i endo, un os

efectos provechosos que crean desacuerdo dentro de los estudios de

nos preguntamos:

¡,ex iste una vida social para el parentesco, una que pueda dar buena cabida a los cambios den tro de las rel aciones de parentesco? Como sabe cua lqui er persona fa mi l i aril'.ada en lo s estudios contemp oráneos de género y sexual idad, ésta no es una tarea fácil, dada la herencia del tra­ bajo teórico que se deriva de este paradigma estructurali sta y de sus pre­

género

así como los en fo qu es fe minis tas

la cr ít ica queer del fe min ism o q

y de sex ualidad.

u e

Desde esta perspectiva,

cursoras y precurs ó res Hegeli anos.

Mi vi sión es que la disti nción entre lo si mból ico y la ley social no

un

resultado de la sedimentación de las prácticas soci ales, sino porque l os

cambios radicales que se dan en el parentesco prec isan de una rearticu­ lación de los presupuestos estructuralistas del psicoanálisis y, por lo tanto, de la teoría contemporánea sobre el género y la sexualidad.

puede sostenerse, no tan sólo porque lo si mból ico es en sí mismo

Con esta tarea en mente, volvemos a la escena del tabú del i ncesto, de donde emerge la pregunta: ¿Cuál es el estatus de estas prohibiciones

y de es tas po sicio nes? En Las Estructuras Elementales del Parentesco

biología que necesi te del

tabú del i ncesto, que éste es el mecanismo por el que la biología se transforma en cultura, y entonces ni es biológico ni cultural, aunque la cultura precisa e n s í m isma de la biología. Por "cu ltural" Lévi-Strauss

Lév i -Strauss deja claro que no hay nada en

36

no quiere decir "cultural mente variable" o "contingente", sino que con­ ceptual iza en base a las normas "universales" de la cultura. Entonces, para este autor, las normas culturales no son alterables (como argu­ mentó Gayle Rubí n con posterioridad), aunque lo que ocurre es que l as modal i dades en las que éstas aparecen son variables. Además, estas normas son las que transforman l as relaciones biológicas en cultu ra, sin pertenecer a una cultura específica. Ninguna cultura en particul ar puede llegar a serlo sin estas normas, y éstas son i rreducibles a cualquiera de las culturas que el las mismas sostienen. La exi stencia de una norma cul­ tural universal y eterna, que J ul iet Mitchell l lama "la ley universal y pri­ mordiaJ" 2 1 , es la base de la noción Lacaniana de lo simból ico y de los esfuerzos posteriores para separar lo que es si mból ico de l as esferas de lo biológico y lo social.

En Lacan, lo que es cu l tural mente "universal" es entendido como normas simból icas o l i ngüísticas, y estas normas son l as que codifican y expl ican las re laci ones de pare ntesco. La gran posibi lidad de una refe­ re ncia pronomi nal, de un "yo", un ''tú", un "nosotras" y "ellas", depende de esta forma de pare ntesco que ac lúa en y como lenguaje. Este paso de lo cul tural hacia lo lingüístico es el que el m i smo Lévi­ Strauss trata hac ia el fi nal de Las Estructuras EleiiJ.entales del Paren­ tesco. En Lacan, lo simbólico aparece defini do en térm inos de estructu­ ras l i ngüísticas que son i rreducibles a las formas soc i ales que el lenguaje toma y, de acuerdo con los té rm i n os estruct urali stas, se le atri­ buye el establecim iento de las condiciones universales bajo l as cuales la sociabi lidad o la comunicabil idad de cualquier uso del lenguaje se con­ vi erte en posible. Esto facil ita la co nsig uie nte disti nción en tre las vi sio­ nes simból icas y sociales del parentesco.

Por lo tanto, una norma social no es exactamente lo mismo que una "posición simbólica" que, en el sentido l acaniano del término, parece gozar de un carácter cuasi -eterno, a pesar de l as limi taciones ofrec idas

cuasi -eterno, a pesar de l as limi taciones ofrec idas 21 Juliet I J uliet

21 Juliet

I J uliet Mitt.:hcll, Psico�málisis .�.f'elninismo, tr. Horac io Gonzálc1. Trejo ( B arcelona: Editorial Ana­

grama, S.A

M i tchcll.

1 976)j.

Psvcho(lna/\·sis (//Id Feminis111 ( New York:

Random House,

1 974), p. 370:

37

en l a s notas fi na les de varios semi narios de gente experta. Qu ienes están de la parte de Lacan casi siempre insisten en que, por ej em plo, sería un error coger la posición simbólica del padre, que después de todo es una

paradigmáticamente simból ica y errónea, y confundirla con la

posición al terable y constituida socialmente que los padres han ido asu­ miendo a lo l argo del tiempo. La visión lacaniana insiste en que existe una demanda ideal e i nconsciente sobre la vida social que no puede ser reducida a causas y efectos sociales i ntel igi bles. El l ugar simbólico del P?dre no cede a l as demandas de una reorganización social de la pater­ mdad. Lo si mbólico es, preci samente, lo que pone l ímites a todos y cada uno de los esfuerzos utópicos por reconfigurar y revivir las rel aciones

de parentesco a cierta distancia de la escena edipaJ . 22

posición

Cuando el estudio de l parentesco se combinó con el estudio de la lingüística estructural, las posiciones de parentesco fueron elevadas al estatus de un cierto orden de posiciones l ingüísticas sin las cuales nin­ guna significación sería procedente, ninguna inte ligibilidad podría ser posible. ¿Cuáles son l as con secuencias de convertir ciertas concepcio­ nes de paren testo en atemporales y elevarlas al estatus de estructuras elementales de i nteligibil idad? ¿ Es esto mejor o peor que defender que el parentesco es una forma natural?

Si una norma social no es lo mismo que una posición simból ica, entonces una posición simból ica, entendida aq uí como el ideal sedi­ mentado de la norma, parece sal ir de sí misma. La distinción entre ambas no se puede sostener, ya que en cada una de el l as nos referiremos i nevi tablemente a normas soci ales, pero con distintas modalidades. La forma ideal es todavía una n orma contingente, au nque es una forma cuya contingencia se ha considerado necesaria, una forma de cosifica­ ción con graves consecuencias para las rel aciones de género. Quienes

consecuencias para las rel aciones de género. Quienes y un relato polémico sobre las posiciones sim­

y un relato polémico sobre las posiciones sim­

bohcas del sexo dentro de las estructuras contemp oráneas de parentesco, véase M i chel To rt "Arti­

22 Para una hi storia interesante sobre lo simból ico

_

fices du pere," Dialogue: Recherche.1· diniques et sociologiques sur le couple et la f'amille J 04

( 1 9!19)

:

46-60; "Symboliser le Différend," Psychoanalystes 33 ( 1 989): 9- 1 8 ; y "Le N om du pere

tncertam: Rapport pour le ministere de l a j usticc" (no publicado, el autor lo tiene archivado).

38

están en desacuerdo conmigo tienden a clam ar, con cierta exasperación, "Pero ¡ es la ley !", pero ¿qué tipo de estatus tiene tal enunciado? "¡Es la ley !" se convierte en el enunciado que atri buye a la ley performati va­ mente la mi sma fuerza que la propia l ey dice ejercer. "Es la l ey" es un signo de lealtad hacia la l ey, un signo del deseo por hacer q ue la ley sea indisputable, un impulso teleológico de la teoría del psicoanálisis que procura desarticul ar cualquier crítica al padre simbólico, la ley del mismo psicoanál isis. Entonces, el estatus conferido a la ley es precisa­ mente el estatus que se le da al falo, el l ugar si mból ico del padre, lo indisputable e incontestable. La teoría expone su propia defensa tauto­ lógica. La ley que está mas al lá de las leyes fi nalmente pondrá fi n a la ansiedad producida por una relación crít ica hacia la máx ima autoridad, que claramente no sabe cuándo detenerse: un l ímite a lo social, lo sub­ versi vo, a la posi bil idad de agencia y cambio, un l ím ite al que nos afe­ rramos, si ntomát ic amente, como la derrota fi nal de nuestro propio poder. Quienes la defienden reivindican que ¡ estar sin una ley como ésta es puro vol u ntarismo o anarquía radical ! ¿Lo es? ¿Y aceptar esta ley como juez fi nal de la vi da del parentesco? ¿No nos sirve esto para resol ver por medios teleológicos di lemas concretos sobre l os acuerdos

sex uales hu manos que no

tienen formas normativas defin idas?

CieJtamente, podemos reconocer que el deseo está radical me nte con­

dicionado sin tener que sostener que está totalmente determinado, y que existen estructuras que hacen posible el deseo sin defender q ue éstas

y transformadora. Esta

idea del deseo es apenas un retorno al "ego" o a las nociones liberales clásicas de li bertad, pero insiste en el hecho que la norma tiene una tem­ poralidad que abre paso a una subversión desde dentro y a un futuro que no puede ser plenamente anticipado. Y a pesar de todo, Antígona no puede entregarse totalmente a dicha subversión y futuro, porque lo que la lleva a la crisis es la propia función representativa, el m ismo hori zonte de inteli gibilidad en el cual ella actúa y a partir del cual permanece de alguna manera como impensable. Antígona es descendiente de Edipo, lo que nos plantea el siguiente interrogante: ¿qué puede surgir de la heren­ cia de Edipo cuando l as normas que éste ciegamente desafía e institucio-

sean insensi bles a una articulación re iterat iva

39

nal iza ya no contienen la estabilidad q ue les atri buyó Lévi-Strauss y el psicoanálisis estructural ista? En otras palabras, Antígona es alguien para quien las posiciones simbólicas se han convertido en i ncoherentes, con­ fu ndiendo hermano y padre, emergiendo no como una madre sino - en sentido etimológico - "en el lugar de la madre'' 23 . Su nombre es también interpretado como "antigeneración" (goné [ generation 1 )24. Así, ella se encuentra a una distancia de lo que representa, y lo que representa no está ni mucho menos claro. Si la estabilidad del lugar maternal no se puede asegurar, y tampoco la del paternal, ¿qué le pasa a Edipo y a la prohibición que defiende? ¿Qué ha engendrado Edi po?

Planteo esta pregunta, por supuesto, en un momento en el que la fam ilia es ideali zada nostálg icamcntc en diferentes formas cult ural es; una época en la q ue el Vaticano protesta contra la homosexual idad, no

a la famili a sino también a la noci ón

misma de lo humano, donde ser humano, para alguna gente, i mplica partici pación en la familia, en su concepción normativa. Pregu nto esto en un momento en el que los hijos e hijas, debido al divorcio y los segundos matrimonios. debido a las migraciones, el exilio y situaciones de refugio, dcbit'lo a diferentes tipos de movi lidad global, pueden ir de una fam ilia a otra, de una fam ili a a n i nguna fa mil ia, de nin guna fa m i l ia

sólo ac usándola de ser un ataq ue

---

·

·-----

----

�.1 Véase R obe n (lraves_ The G rcd Myths: 2 ( London: Pcnguin. 1 !)(>0), p. :-lXO I Rohcrt Graves_ /.ns lllitos griegos. Ir. Luis Echávarri ( M;¡drid: Al ian1.a Editorial. S.A., 1 999) 1. Estoy agradecido al ;¡rtícu ln de C'aml .f;¡c · oh citado anteriormcnte por esta ültinw rel'crcncia.

!� Véase Scth Bcrnan lcte, "/\ Rcading or Sopho cles's /\ ntigone 1". lmny,r!'lolion: Joumul o(l'oli­

líml !'ftilo.w¡'flr 4. no.3

( 1 97)):

1 )(>.

lkrnardcte cita aquí a Wilamowit/.·Moellcndorr, !l ischrlos

cita a q u í a Wilamowit/.·Moellcndorr, !l ischrlos apoyar su tr;¡ducciún. Stath is Gourgouris orrece

apoyar su tr;¡ducciún. Stath is Gourgouris orrece los si gu i ent e s

co tn ent ari os prov ocat i vos sobre "thc

del nombre de Antígonal:

l .a prepnsiciún ({llfi signi fica a la vez "en oposiciún a" y ·'en compensaci<Ín de'"; gonu pert enec-e a

simultáneamente des­

cendencia. gcncraci<ín, matriz. semilla_ nacin1icnto. Sobre la hase de esta poli fonía et i mológica (la

l ucha por el signiricado en el mk leo del m ismo nombre). podemos argumentar que Antígona encarna tanto una oposi ción entre el parentesco y la ¡)(1/is (en compensaci<Ín por su derrota por las reformas de la demos), como una oposición al parentesco cxpres�da por su ad hesión a su hermano por medio de un deseo pcl j udicial, .fi/iu 111ás al l á del parentesco. !

l'n el capítul o

rica pol i valencia

ln ler¡m•futionen 92. no. J. para

rich po l yval c n ce or An t igo n c 's namc" l l a

u11a l ín ea de deri vados de genos ( fam i l ia, l inaje, descendencia) y sign i fica

Philosophy's

Need for Anl igonc" de Strathis Gourgouris,

Lilerature as Theorv

igonc" de Strathis Gourgouris, Lilerature as Theorv (/i1r 1111 !lmim VIhiml Era) (Swndford : Stanford Uni

(/i1r 1111 !lmim VIhiml Era) (Swndford : Stanford Uni versity Press, forthcoming).

40

a una familia o vivir, psíqu icamente, en el cruce de la famil i a, en multi ­

plic idad de si tuaciones famili ares en l as

m ujer que actúa como madre, más de un hombre que actúa como padre, 0 ningún padre, ni nguna madre, ninguno de los dos, o con medio-her­ manos que a la vez son amigos -éste es un momento en el que la fami­ lia es frágil, porosa y expansiva. Es también un momento en el que fam i l ias heterosexuales y gays a veces se mezclan, o en el que fami l ias gays toman form as n ucleares y no nucleares. ¿Cuál será el legado de Ed ip o para qu ienes se ha n fo rmado en es tas si tuaciones, donde los ro les no están muy c laros, donde el l ugar del padre está disperso, donde el lu gar de la madre está ocupado de múlt iples formas o despl azado,

que puede haber más de una

donde lo simbólico en su estancamiento es insostenible?

De alguna manera, Antígona representa los l ímites de la inteligibili­

paren tesco. Pero lo hace de una fo rma ro mant izar o considerarl a como ej em­

dad e xpuestos en los límites del no muy pura. y que se ría difícil

plo a seguir. Después de todo, Antígona se apropia del posicionam iento y el lenguaje de quien ella se opone. asume la soberanía de Creonte, e inc luso re ivindica la g lori a destinada a su hermano, si ntiendo una extraña lealtad hacia a su padre, unida a él a través de su propia maldi­ ción. Su destino no es tener una vida para vivir, estar condenada a morir antes de ninguna posibil idad de v i da. Esto p lantea la cuestión de cómo el parentesco asegura l as condiciones de inteligibil idad por las que la vida se conv ierte en viv iblc, y por las q ue también se condena y se cie­ rra. La muerte de Antígona es siempre doble a lo l argo de toda la obra:

ella rei v indica no haber v ivido, no haber amado, y no haber ten ido des­ cendenc ia, pero también que ha estado sometida a la maldición que Edipo lanzó sobre sus propios hijos e hij as, "sirviendo a la muerte" para el resto de sus días. Así, la muerte significa la v ida no viv ida, de manera que cuando se va acercando a esa tumba en vida que le ha preparado Creonte, se encuen tra con el que s iempre ha sido su destino. ¿ Es éste quizás el deseo inviv ible con el que vive, el propio incesto, q ue hace de su vida una muerte en v ida, que no tiene espacio en los térmi nos que confieren inteligibilidad sobre la vida? A medida que se acerca a la tumba, donde debe ser enterrada en vida, remarca:

41

"Oh tumba, oh cámara nupc ial, oh subterránea morada que me habrá de guardar siempre, donde me encamino

para reunirme con los m íos [tous emautes]"

(891 -893).

La muerte es represen tada como un tipo de matrimonio con aq uella

gente de su fa mili a que ya ha fa llecido, reafi rmando así la cualidad de

muerte de esos amores para los que no exi ste l ugar viable y vivi ble en la

cultura. I ndudablemente es i mportante, por un lado, rechazar su conclu­

sión de que no tener descendenc ia sea en sí mi smo un destino trágico y,

por otro lado, rechazar la concl usión de que el tabú del i ncesto deba

deshacerse para que el amor pueda florecer libremente por todas partes.

Pero ni la vuelta a la normali dad fam i l iar ni la celebrac ión de prácticas

i ncestuosas son aq uí el objetivo. De todas formas, su disc urso ofrece

una alegoría de la crisis del parentesco: ¿qué acuerdos sociales pueden

ser reconocidos como amor legíti mo, y qué perdidas h umanas pueden

ser explícitamente lloradas como pérdidas reales y consccuenciales?

Antígona rechaza obedecer cualquier ley que no reconozca públ ica­

men te su pérdida, y de esta fo rma di buj a esa si tuación que

conocemos donde exi sten pérdi das -por

que no pueden l lorarsc públicamente. ¿A qué clase de muerte en vida

han sido condenadas estas personas?

tan bie n

ej emplo, a causa del S I DA­

Aunque Antígona muere, su acto permanece en el lenguaje, pero

¿cuál es su acto? Este acto, que es y no es suyo, supone una trasgresión

de las normas de parentesco y de género que pone de manifiesto el

carácter precario"dc esas normas, su imprevista y molesta transferibili­

dad, y su capaci dad para ser reiteradas en contextos y de fo rmas que

nunca podremos anticipar completamente.

Antígona no representa el parentesco en su fo rma ideal , sino más

bien su deformación y desplazamiento, pon iendo en cri sis los regíme­

nes vigentes de representac ión y planteando la cuestión de ¿cuáles

podrían haber sido l as condiciones de i ntel igibil idad que hubi eran

hecho posible su vida, en real idad, qué red sostenible de relaciones

hacen posible n uestras vidas, aquellas personas que confundimos el

42

parentesco en la rearticulación de sus térmi nos? ¿Qué nuevos esquem

de i nte l igibilidad convierten a nuestros am ores en l egítimos y reconoc i­

bles, y a n uestras pérdi das en verdaderas? Esta pregunta reabre la rela­

c ión entre el parentesco y las epi stemologías vigentes de i ntel igibil idad

cu ltural, y ambas hacia la posibilidad de transformación social. Esta

cuestión, que parece tan difícil de plantear a través del parentesco, es

automáticamente suprim ida por aq uel las personas que i ntentan que l as

versiones normativas del parentesco sean esenci ales para el funciona­

m iento de la cultura y la lógica de las cosas, una cuestión a menudo eli­

m inada por quienes, desde el terror, disfrutan de la autoridad última de

Jos tabúcs que estabi l izan la estructura soc ial como verdad eterna, sin

jamás preguntarse ¿qué pasó con los herederos de Edipo?

s

43

CAPÍTULO 2 Leyes No Escritas, Transmisiones aberrantes

CAPÍTULO 2

Leyes No Escritas, Transmisiones aberrantes

CAPÍTULO 2 Leyes No Escritas, Transmisiones aberrantes

CAPÍTULO 2

Leyes No Escritas, Transmisiones

abe rrantes

En el último capítulo he hablado del acto de Antígona, de la re i ­ vi ndicac ión que supone el acto del enti erro, del acto que c u mple la

re ivi nd icación del desafío. Su acto le l l eva a la muerte, pero

la rela­

c i ón en tre el ac to y su desenlace fat al no es prec i samente

causal .

Actúa, desafía a la ley a sabi endas que la muerte es el cast i go, pero ¡, qué es lo que i m pulsa su acción ? ¿ Y qu é i m pulsa su acc ión hacia la

muerte ? Sería más sencillo si pudi éramos decir que C reonte la mató,

pero Creonte solamente la destierra a u na muerte en vida y es dentro de e sa tumba donde ella se qu ita la vida. Sería posi ble decir que ella es autora de su propia muerte, pero ¿cuál es el legado fáctico que se constit uye a través del i n stru mento de su agencia? ¿ Es su fatal idad una ne ces idad? Y si no es así, ¿b aj o qué condici ones no necesarias

l l ega su fa ta lid ad a parecer una

necesid ad?

Ella intenta hab lar den tro de la esfera política con el lenguaje de la soberanía, que es el instrumento del poder pol ítico. Creonte hace pública su proclama y pide a su guardia que se asegure de que todo el mundo sea conocedor de sus palabras. «Éstas son las reglas mediante las que hago grande a nuestra ci udad" ( 1 90), y, au n así, su enunciación no es sufic iente. Tiene que pedir a su guardia que transmita su proclama, oponiéndose uno de sus miembros: Pásalc ese peso a otro hombre más joven !" ( 2 16).

Al empezar la obra nos damos cuenta de que fsmena no ha oído la proclama que Antígona comunica sobre lo que "Creonte ha hecho a toda la ci udad" (7) y, por tanto, el soberano acto de habla de Ct·eonte, p ara que tenga poder, parece depender de la recepción y transmisión por parte de la gen te subordi nada a su poder: puede caer en oídos sor­ dos o que muestren resistencia y, en consecuencia, no logre vincular a

quienes

q uiere que sus pal abras

pol is.

de que se

principio de la obra

"No le hables a nadie de este acto antes de tiempo" ( 84), Antígona res­

conozca su desafío. Cuando I smena le aconseja al

De manera simi lar,

Creonte

va dirigido.

Sin embargo,

An tígona no

lo

que está

claro

es que

sean conocidas

y

cumpl idas

la

por toda la

re nuncia a

posibil idad

ponde " ¡ Ah, díselo a toda la ge nte ! Te od i aré aún más si

silencio y no

onte, Antígona quiere que

vamente público, tan público como el propio ed icto.

permaneces en

que Cre­

comprehen si­

lo proclamas a todo el mundo"

( 86-87).

rad ical

y

Al igual

su acto de hab la sea

Su

lenguaje no es el

están quiásmi camente re laciona­

poder soberano, hablan en esa lengua y

mismo tiempo, habitan el

contra ella, dan

lenguaje de

al poder soberano y es excl uida de sus

es

estado, pero tampoco esa reivindi cación que quiere hacer puede ser as i­

del

Lo que todo esto sugiere

el que ella se opone

a la su perv i vencia.

Sus palabras, entendi das como actos,

das con

Aunque su desafío es oído, el prec io de su discurso es

de una agencia pol ítica que aspire

que

la lengua vernácula del

i mperativos y

los desafían

al

la soberanía en el mismo

momen to en

l ímites.

ella

no puede

hacer su

re ivi ndicación

fu era del

la muerte.

lenguaje

mi lada plenamente por el estado '.

1

A lgu nos

gon;¡

n: prc

comc nlari stas

políl i cos de

J;¡ obra.

como

sc

n la a

la

sociedad

civil.

q ue

su relación

kan lkthkc

con Hcrmín

y el

Eh ls1ai n.

coro.

en

han sugerido que i\nií­

la

panicul ar.

rc prese

n

una

··voz"'

que

no

es

ni

la d

la

fam i l ia

ni

la del

estado.

Existe. c laramcnlc.

un juici

o

comun

ilario

ex

prcsado por

el coro.

pero

sería

erróneo concluir a

partir de ello que la

com unidad

fu nc iona como

una

 

L'Si'cra

scp;r

rada o

scpar;J blc de

la

fa m i l ia o