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Del Patriarcado a la Paternidad, de la naturalización del hombre a su

problematización.

Juan Apaza

Antropólogo

LA INTRODUCCIÓN

Las reflexiones que se han dado en la masculinidad y el patriarcado, ayudan a

diferenciar dos aspectos:

a. El que hace referencia con la “masculinidad” vista desde el género y como

una construcción cultural e histórica.

b. El patriarcado visto como una forma de dominación del hombre, que crea un

sistema que beneficia a él y no a la mujer.

Sin embargo, el paso del tiempo y la historia demuestra que este hecho ha ido

variando entre sus componentes y actores que lo representan. Así, la

masculinidad y el patriarcado, no deben ser vistos como sinónimos, cada una

tiene su propia definición y fin. La relación de ambos, representa una forma de

discriminación, esta es conocida como el “machismo” y es la que crea

desigualdades dentro de la sociedad.

PATRIARCADO: DE LA DOMINACIÓN A LA CRÍTICA

El patriarcado a lo largo de la historia y en la actualidad ha sido considerado

como una forma de dominación sobre la mujer. En muchos casos esta

dominación se la ha atribuido como un hecho natural (COLTRANE. 1998).

Este sistema ayudo a que el hombre pueda posicionarse sobre la mujer y tener

el control sobre ella. Sin embargo, con el paso del tiempo ha sufrido una serie

de cuestionamientos, debido a que se ha convertido en un instrumento de

discriminación ya no sólo para las mujeres, sino también para los hombres.

Desde los años 70 del siglo pasado, empezaron a surgir los estudios

relacionados con los hombres1, como una respuesta al movimiento feminista y

al mismo tiempo, con la intención de tener una visión del hombre con una

perspectiva de género. En este momento se deja de ver al hombre como un

representante universal de la humanidad, y se empieza el estudio de la

masculinidad y las experiencias de los hombres como formaciones socio- histórico-culturales. (MINELLO. 2002)

Los nuevos roles de las mujeres dentro de la sociedad, gracias al incansable trabajo de los movimientos feministas2, modificaron las condiciones en que el hombre se desenvolvía, es por eso que había que tomar en cuenta el nuevo tipo de relaciones que se daban entre hombres y mujeres. Algunos problemas con los que tropieza el hombre van a ser las nuevas relaciones de poder que se dan dentro de la sociedad. La sociedad ya no tiene como actor relevante sólo al hombre, sino también a la mujer.

Las diferentes características que tanto el hombre y la mujer adquieren ya no son determinadas por lo biológico. Es a partir de este momento por el cual se construye la forma de “ser” hombre o “ser” mujer (LAMAS. 1996), y se dejan de lado las afirmaciones esencialistas.

El género demostró que no nacemos con características pre-configuradas, sino que estas llegan a ser un proceso de construcción condicionado por la cultura y la sociedad. (LAMAS. 1996)

Estos argumentos hacían posible cuestionar al patriarcado, debido a que se encontraba marcado por patrones que asimilaban el “ser” hombre y el “ser” mujer. Este hecho creaba un proceso de exclusión no sólo de las mujeres, sino que también se había convertido en un instrumento político que excluía a los hombres. 1

Muchas veces el género ha sido confundido con el sexo o equiparado con el término mujer, dejando de lado al hombre. De Barbieri mencionaba, que el género debía verse desde una relación de mujer-mujer y mujer-varón, y al mismo tiempo hacía referencia a la relación entre varón-varón (DE BARBIERI.

1993).

Así, en los años 70, surgieron los estudios sobre la/s masculinidad/es. La masculinidad es un conjunto de significados siempre cambiantes, que

construimos a través de nuestras relaciones con nosotros mismos, con los otros, y con nuestro mundo. La virilidad no es ni estática ni atemporal; es histórica; no es la manifestación de una esencia interior; es construida socialmente; no sube a la conciencia; es creada en la cultura. (KIMMEL. 1997) Al respecto existen distintos modelos sobre el estudio de la/s masculinidad/es, algunas de los cuales detallamos a continuación (MINELLO. 2002):

a. El Conservador: en donde la dominación del hombre es tomada como un hecho natural.

b. El Pro-feminista: donde la masculinidad es vista como una creación social y puede cambiarse.

c. El que Busca los Derechos de los Hombres: considera que los hombres son sujetos a una serie de injusticias sociales.

d. El de Enfoques Socialistas: menciona la diferencia dentro de la estructura de clases.

e. El de Referencia de Grupos Específicos: refleja la realidad de otras minorías.

Sin embargo, el modelo de masculinidad que predomina es la “Masculinidad Hegemónica” o “Masculinidad Tradicional”, y se manifiesta a través de:

- Los medios de persuasión (medios de comunicación, escuela, familia y otros).

- La división sexual del trabajo (tareas femeninas y masculinas).

- La participación del Estado (los medios de legislación)

RELACIONES ENTORNO AL PATRIARCADO Y LA MASCULINIDAD Muchas veces se confunde la masculinidad con el “machismo”. En este sentido, trataremos de delimitar ciertos aspectos que hacen al machismo, diferentes de los que hoy en día se ocupa la masculinidad; y al mismo tiempo la relación que pueden tener ambos con el patriarcado.

El machismo, en primera instancia, viene a ser el control o dominio total que tiene un hombre sobre la mujer, este puede ser manifestado de manera violenta, donde prima lo psicológico y físico. Esta forma de dominación ha sido reforzada junto con el patriarcado y se caracteriza por:

- Lógica hombre/dominador - mujer/dominada

- Violencia doméstica contra la mujer

- Comportamiento según patrones marcados

- Imposición del estereotipo femenino

- Control sobre la mujer, hijos e hijas

- Obediencia de la mujer al hombre

- Mayor valor del trabajo masculino

- Visualización prioritaria del hombre

Tomando una perspectiva de género la masculinidad es concebida como una construcción histórica cultural, la cual puede estar sujeta a cambios y que por el contrario no puede estar definida por una situación de “hombría”. Sin embargo muchas veces se presenta un modelo de “ser” hombre, como exclusivo, único, de tal manera que no pueda haber otro en competencia poniéndolo en duda o permitiendo la disidencia.

Este pensamiento único construye estereotipos que no solo argumentan y "demuestran" la superioridad masculina, sino que también imponen a los hombres la manera de comportarse para pertenecer a un grupo de los elegidos, dejando de lado a los otros. Estos dos aspectos deben ser abordados críticamente para poder crear espacios de reflexión donde se pueda explicar la problemática que hoy en día los hombres afrontan frente a la sociedad ¿Será que todo es igual que antes para los hombres?

¿HOMBRES DISPUESTOS A CAMBIAR? La masculinidad que se encuentra representada dentro nuestra sociedad, es todavía bajo una lógica del “hombre / protector” y la “mujer / protegida", por tomar un marco referencial. Sin embargo, los diferentes cambios sociales que se están dando, llevan a que este circuito de dependencia vaya dejándose de lado, siendo necesario tomar en cuento estos cambios y analizar qué significado tiene el ser masculino hoy en día.

Ante esta situación, es preciso reconocer que actualmente los hombres no sólo están en un momento de transición, sino en un verdadero momento de crisis. Más aún, como lo dice K. Thompson: "la masculinidad no está en crisis, sino que la masculinidad podría no existir" (HERNANDEZ. Sa.). Esta afirmación es fundamentada por el hecho de que la masculinidad es como algo monolítico (hombría), que no existe, sólo hay masculinidades, es decir, muchos modos de ser hombre. Estamos en una sociedad patriarcal y homofóbica en que el amplio abanico de la masculinidad se ve reducido a sólo una opción pública (la “correcta”, la “normal” o la “buena”) y a otras clandestinas y/o privadas o solamente aceptadas por minorías o pequeños grupos cerrados. Eso hace muy difícil la elección consciente de pertenecer a un grupo cuyo referente no sea el "correcto" el "normal" o el "bueno".

Los hombres dentro de la sociedad se encuentran bajo constantes temores que deben afrontar, uno de ellos es el poner en duda su masculinidad, es por eso que constantemente cada hombre debe ir demostrando que no es un “afeminado”. Esto muchas veces responde al hecho de no ser visto como homosexual.

El camino para un cambio de la construcción que se hace entorno al hombre, implica trabajar no sólo desde una perspectiva a nivel personal, sino que tendría que ir ligado a un cambio dentro de la ideología que se maneja entorno al ser hombre.

Un aspecto importante el cual se deberá trabajar para este cambio, es el ver como pierden ciertos beneficios los hombres al dejar de lado esa Masculinidad Hegemónica o Tradicional. Estos aspectos tendrían que ser apreciados dentro del ámbito personal, familiar y sobre todo social y cultural, para que así permitan establecer verdaderos espacios de equidad entre hombres y mujeres.

Género y Relación de Poder

El género se refiere a los símbolos de la cultura, conceptos normativos, factores institucionales y representaciones sociales que modelan la subjetividad

de mujeres y hombres, los cuales se construyen en el proceso de socialización y educación a través de las relaciones de poder. Por lo tanto este concepto puede ser:

Relacional: porque no se refiere aisladamente a hombres o a mujeres, sino a la relación que se construye socialmente entre unos y otros.

Jerárquico: ya que identifica diferencias entre hombres y mujeres que no son neutras, sino que se valorizan con mayor importancia las actividades asociadas a lo masculino y a producir relaciones desiguales de poder.

Cambiante: porque al ser aprendidas prácticas y actitudes, los roles y las relaciones pueden ser modificados y susceptibles de cambio por medio de intervenciones.

Institucional y Estructurado: porque se refiere no sólo a las relaciones entre hombres y mujeres en el ámbito privado, sino a un sistema social que se apoya en normas y legislaciones.

Tradicionalmente se ha considerado que la configuración de la identidad personal se encontraba dada por el sexo, era un factor biológico determinante de las diferencias observadas entre varones y mujeres y que era el causante de las diferencias sociales existentes entre las personas sexuadas en masculino o femenino. En la actualidad contrariamente, no se ha encontrado esto como un hecho universal, por lo tanto, los individuos no nacen predeterminados biológicamente con una identidad de género, no nacen hechos psicológicamente como hombres o como mujeres, ni se forman por simple evolución vital, sino que la adopción de una identidad personal es el resultado de un largo proceso, de una construcción, a través de la interacción con el medio familiar y social.

Por otra parte el género ha sido interpretado como un asunto que va siendo asunto de las mujeres y no tanto así de los hombres y su poca participación de éstos. Sin embargo bajo el proceso de globalización, contacto entre culturas y

la gran variabilidad que presentan las culturas, ha podido salir a la luz el papel

del hombre no sólo a partir de su objetividad sino también por su subjetividad.

De esta forma el hombre desde su interioridad como un individuo no sólo tiene género (el género masculino como identidad), llega a transmitir género y logra una construcción variada sobre su identidad dentro de la sociedad y su entorno.

El estudio de las Paternidades Para Olavarria (2001), a partir de la revolución industrial y particularmente en el sector urbano, se produjo una separación de casa y trabajo, del lugar de donde se vive y el espacio de la producción, así se fue conformando la idea entre lo público y lo privado, que evidentemente separa los ámbitos de acción del hombre y la mujer. Así, comenzó a consolidarse la familia nuclear patriarcal, con el padre/patriarca como proveedor, con salario familiar y jefe de la familia y la madre en lo doméstico y la crianza de los hijos, administradora y responsable del hogar y la unidad de la familia.

A pesar de ser un modelo “viejo”, se puede ver que a pesar de los cambios

dentro del sistema social, existen ideas de este tipo (el hombre fuera de casa y

la mujer dentro) muy arraigadas en las representaciones de los hombres. El

modelo de familia nuclear fue idealizada como algo normativo, especialmente

en el siglo XX; es asumida como “normal” y “natural” y se ideologiza su existencia con la teoría de los roles sexuales.

El

estudio de las paternidades y la constitución del ser hombre se ha dado bajo

el

la denominada forma de “mandatos sociales” a los cuales los hombres deben

acogerse y regir ciertas normas que son impuestas de manera cultural y social. Este referentes dentro de la paternidad es una manera de ver como los hijos la interpretan y la adquieren dentro del subjetivo de hombres y mujeres. En este precepto, también se ha notado diferenciación entre los bueno y malo al calificar la paternidad, es decir hay maneras correctas de ser padre como hay maneras malas, pero también se contrapone el hecho de ser tradicionalista o tener una visión más moderna de ver cómo ser padres, al mismo tiempo va siendo replicado de una generación a otra.

Las investigaciones sobre la masculinidad, han mostrado que las paternidades llegan a ser parte de las construcciones culturales y se llegan a reproducir dentro del seno de la familia, de padres a hijos, quienes son los que demarcan lo bueno y malo que se tiene que hacer, pero no se deja de lado el contexto externo como ser: los medios de comunicación, la escuela, la religiosidad, etc.

Esta forma de concepción ha creado un modelo sobre lo que hombres y mujeres deben hacer dentro de la familia. El hombre debe ser trabajador, constituir una familia, proteger a la familia y ser la cabeza de esta. En cambio lo que se espera de las mujeres es que sea de la casa, se encargue de los hijos, que sea protegida y sea mantenida por sus maridos.

Este modelo referente de la masculinidad y la paternidad, propone una "norma", la que implica un proceso al cual debe hacerse "hombres", al que está sometido el varón desde la infancia. "Ser hombre" que se debe lograr, conquistar y merecer. En este contexto, para hacerse "hombre" adultos los varones deben superar ciertas pruebas, como iniciarse en el trabajo, formar un hogar, proveer y tener hijos para ser aceptados como "hombres" por los otros varones que "ya lo son" y ser reconocidos como "hombres" por las mujeres.

Cómo ser padre? Los relatos de los varones de manera general muestran que su experiencia hijos y la paternidad es una de las más satisfactorias, a las cuales deben un cambio en personalidad y la adquisición de nuevas responsabilidades a las cuales deben asumir. Sin embargo este hecho se ve conflictuado cuando que enfrentar sus demandas y obligaciones, es cuando se muestra que el hecho de ser hombres ya no es visto como una forma privilegiada -en relación a las mujeres-, sino por el contrario, se vuelve en una experiencia dificultosa, que implican problemas y desafíos.

El ser padre ha implicado ser el pilar de las familias, es quien ha tomado las decisiones más importantes, pero también de los abuelos (varones) quienes son responsables de dar un referente a cómo actuar como padres en

situaciones de conflicto. Pero este hecho al tomarse de una forma generalizada ha ido cambiando en la actualidad, por ejemplo si bien antes el hombre era quien dirigía a la familia, en la actualidad no se descarta la participación de ambos en la toma de decisiones importantes. Por ejemplo algunos de nuestros testimonios nos relatan:

“Las decisiones las toma mi papa, siempre, pero el antes consulta a mi mama, la mama influye harto pero el papa toma la última palabra”.

“En mi caso mi mama lleva la batuta, pero ella es la que toma las decisiones claro pero conversa con todos, aporta tanto económicamente como sentimentalmente.”

“En este caso es mi papa, pero no está muy alejado de mi mama porque, se puede decir dentro de una posición igualitaria, es decir asuntos familiares y económicos.”

Como se puede apreciar el hecho de que el padre sea visto como el eje principal dentro de la familia no ha implicado necesariamente que los demás miembros sean excluidos. Por un lado se puede ver la mujer es quien puede tomar decisiones dentro de la familia, pero también se encuentra el hecho de que existe un consenso entre los integrante de una familia a la cual se consulta a los hijos junto al padre y la madre.

Si bien las investigaciones muestran que el hombre dentro del papel de la masculinidad actúa como eje principal, eso no implica que la mujer o los hijos sean partícipes dentro de esta dinámica.

Los varones que son padres muestran una figura paterna que les orienta en su propia paternidad y que fue adquirida dentro de la familia. Cada uno tiene un referente del “deber ser”. Existe una variada forma a las cuales se puede acceder y asumir la paternidad y que no necesariamente son compartidos por todos. Las cualidades principales del referente, en muchos casos, son

compartidos por el conjunto, pero la intensidad que adquiere ese atributo varía en cada etapa del ciclo de vida del padre y del hijo.

Los atributos principales del referente de ser padre son compartidos por la generalidad de los varones y están asociados a los afectos, cariños que los padres deben dar a los hijos; una autoridad del padre bajo la figura del respeto, la formación de los hijos y la enseñanza de normas de comportamiento, la dependencia que deben tener los hijos, aunque esta no sea necesariamente de tipo económica, la de proveer y proteger a los hijos. Estos aspectos representan un tipo de paternidad que se encuentra marcado entre un modelo tradicional y moderno, que se rescata elementos de uno y se los adhiere nuevos que son característicos del otro.

El referente de ser padre La infancia es una etapa en donde empieza a ser padre y la paternidad. Es el padre o la figura paterna la que se encuentra dentro del hogar la que internaliza lo que se espera a futuro, pero el mismo hecho se encuentra dado por la madre y/u otros familiares que guían la forma de ser padre a futuro.

El padre es una figura que se encuentra inserta en la subjetividad de los varones, incluso en aquellas personas que no la tiene o que estuvieron ausentes. En torno a esta figura se construye una persona (un personaje) con una identidad con la que se dialoga y compara. De acuerdo con Olavarria (2001) son “Los propios padres, presentes o ausentes, activos o inactivos, van configurando los referentes y modelos más cercanos en el aprendizaje de la paternidad.”

Dentro de esta gama de referente de “ser padre”, queda claro que debe existir un actor inmediato para poder aprender este hecho, que en este caso se trata del propio padre, pero este al mismo tiempo puede extenderse hacia los abuelos o tíos varones, quienes también juegan un rol importante dentro del aprendizaje de ser padres. Pero al tener la ausencia de esta figura paterna dentro del seno de la familia, se llega a aprender por vía externa, es decir fuera de la familia en donde la sociedad es la que se encarga de poder encaminar la

forma(proveedor, protector) y no tanto así la manera(como hacerlo) de asumir una paternidad.

Si bien se menciona de un referente del cómo se debe ser padre, un problema

que tienen los varones es que no han tenido la oportunidad de como aprenderlos, ya que en la mayoría de los casos se los ha impulsado a ser ajenos al hogar y sólo actuar como un pasajero que se encarga de proveer a

los integrantes de manera económica y una protección si se quiere llamar física

y moral. Pero no la manera de cómo actuar al momento de asumir la

paternidad. Esto ha llevado a que la paternidad sea diversa, esto en la medida

a que cada individuo ha visto la mejor forma de asumir su paternidad.

En la actualidad no sería nada nuevo poder ver a los hombres llevando a sus niños en brazos, trabajando con ellos (como por ejemplo en los minibuses), o que estén al cuidado primario, como ser el dar de comer y cambiar de pañales

a los niños, o el otro extremo al cual el hombre solamente ve a los niños en las

noches para dormir. Dentro de nuestra sociedad se pueden apreciar diferentes tópicos en la que los hombres han resuelto la forma de asumir la paternidad. Algunos hombres se han animado a actuar dentro del proceso de crianza de los hijos, con el cuidado atento desde la niñez en adelante, hecho que cada vez es más común dentro de nuestro medio.

El padre como referente de los hijos El rol que el padre desempeña dentro de la familia y sus hijos llega a ser importantes para poder crear una imagen sobre lo que se espera de los hijos. En muchos casos los padres (y madres) llegan a sacrificarse por brindar a los hijos los mejor para su desarrollo, a lo que los padres no pudieran haber tenido en su juventud. A los hijos se les debe brindar educación, protección, economía, cariño, comprensión, dedicación de tiempo.

Todos estos aspectos hacen que los hijos puedan tener una imagen de un padre que ha logrado brindarle todo lo que ha podido y la recompensa esperada por parte de los hijos es poder verlos realizados, sea de manera

profesional, social (con trabajo) y en especial en un mayor grado que los padres no lo hubiesen alcanzado.

Este fenómeno es algo que se replica con los propios padres, es decir que sus padres (el padre del padre), en algún momento de su vida ha deseado la superación de su hijo de una manera superior a la que él pudo haber llegado o aspirado.

Por otro lado, esta realización que se espera de los hijos compete no sólo a los hijos varones, sino que también está reflejado para las hijas mujeres quienes de igual forma toman un referente para llegar a ser superior de lo que el padre llego a serlo.

Una de las tareas principales que realiza el padre es la introducción a los hijos dentro del mundo laboral, sea un padre que tenga un negocio, a futuro el hijo/a será parte de este y luego el hijo/a en algún momento llegará a ser independiente. En este aspecto es de notar que no sólo los hombres interactúan directamente con los padre, también se encuentran casos en donde las mujeres se encuentran ocupando el lugar del varón junto al padre, lo que muestra que la relación de los padres (hombre y mujer) en muchos casos llega a ser diferenciada e igualitaria y no exclusiva para un hijo o hija.

La paternidad como una forma de Equidad de género El interés por la paternidad no ayuda a conocer cómo opera el estatus paterno en la producción de concepciones dominantes sobre masculinidad (en este caso si hablamos y aceptamos la existencia de una masculinidad hegemónica), y al mismo tiempo, es necesario entender las formas bajo las cuales el proceso de socialización entre padre e hijo/a se modifica. Esto presupone, que la paternidad ocupa un lugar importante –e, implícitamente, adquiere una connotación positiva- en la construcción de masculinidades, un hecho que ha sido debidamente documentado en ciertos contextos.

Sin embargo, tal valoración no es necesariamente generalizable para otros contextos, ni siquiera dentro de una misma sociedad. Primero, la diversidad de

tipos de familias, su modificación que se da debido a distintas condiciones estructurales, sean éstas económicas u otras, y la consecuente redefinición de posiciones de género hace que las percepciones sobre paternidad y maternidad estén sujetas a cambios permanentes.

La cuestión de la paternidad, por lo tanto, no puede entenderse sin darse de cuenta de las transformaciones ocurridas en el contexto social más amplio y al papel de las mujeres en la redefinición de las categorías domésticas (es decir a los papeles que hombre y mujeres juegan en este espacio).

De ser así, los relatos sobre las vidas de los hombres pueden presentar un retrato que no pasa de ser obvio: la paternidad vista como un “ciclo vital” de los hombres y no como una práctica relacional cargada de contradicciones (en especial sobre los roles que desempeñan hombres y mujeres en la actualidad).

La representación de acciones o significados, del accionar del hombre es una forma de cómo estos van haciendo la representación del mundo, el contexto el cual se encuentra rodeado, es el que permitirá ver los procesos de cambio y de resistencia al cambio en las concepciones dominantes sobre masculinidad.

En general, las cuestiones de género no han tratado sistemáticamente el tema de lo masculino, el mismo que sigue siendo visto mayoritariamente como no problemático o simplemente de poco interés. Las reflexiones que se dan en cuanto a políticas en materia de equidad de género, se enmarcan mayoritariamente en una visión bipolar (hombres vs. mujeres) que ubica a las mujeres como las principales víctimas y/o protagonistas de las relaciones de género y a los hombres como portadores de un poder avasallador, absoluto y homogéneo. Pocas veces ha sido cuestionada la matriz heterosexual y más bien se ha tendido a reproducir la naturalización de dicho orden. A estos condicionamientos se suma el hecho de que la “cuestión” de género en Bolivia sigue siendo mayoritariamente concebida como un asunto de mujeres, y de mujeres feministas.

BIBLIOGRAFÍA

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