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LOS JÓVENES CÓRDOBA LIBRE!”

DE LA

M I N A

A L E J ANDRA

NAVARRO

LOS JÓVENES CÓRDOBA LIBRE!”

DE LA

UN PR OYECTO DE R EGENER ACIÓN M OR AL Y CULTUR AL

P R Ó L O G O

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Edicio n es

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PRIMERA EDICIÓN: 2009

ISBN: 978-607-00-1974-6 DR © 2009, NOSTROMO Ediciones México, Distrito Federal

CUIDADO DE LA EDICIÓN Y TIPOGRAFÍA:

Irving Reynoso Jaime

EDITOR:

Horacio Crespo

DISEÑO DE PORTADA:

Irving Reynoso Jaime

Impreso y hecho en México

Este libro no puede ser fotocopiado ni reproducido total o parcialmente por ningún medio o método sin la autorización por escrito de la autora.

A mi abuela María Cruz

ÍNDICE

PRÓLOGO

XI

COMENTARIOS PRELIMINARES

25

1 LA GENERACIÓN DEL ’14

37

Apuntes históricos en torno a la “genealogía” de la generación del ’14

37

El escenario: singularidad histórica de Córdoba, “mediterránea” y “docta”

49

Auto-reconocimiento: los jóvenes de la generación del ’14, protagonistas de la Reforma en 1918

69

Itinerario intelectual y biográfico de Deodoro Roca

81

Los antecedentes más inmediatos del movimiento del ’18

86

2 IDENTIFICACIÓN Y RECONOCIMIENTO DE UN NÚCLEO DE JÓVENES RENOVADORES

101

Las conferencias en la Biblioteca Córdoba y la Asociación Córdoba libre!

105

La primera crítica pública a la “Casa de Trejo”

118

Algunos apuntes sobre la trayectoria intelectual de Arturo Capdevila

127

3 JOSÉ ORTEGA Y GASSET Y LA REFORMA UNIVERSITARIA

137

Ortega y Gasset en Argentina

137

Ortega y Gasset visita Córdoba

141

Rasgos y presencias del pensamiento orteguiano en 1916

143

La presencia de Ortega en el ocaso argentino del positivismo

151

Las conferencias de Ortega en Buenos Aires, en 1916

158

4

SAÚL TABORDA, UN PENSAMIENTO HETERODOXO

169

Un esbozo biográfico

170

Inicio artístico de una trayectoria intelectual

173

El pensamiento de Saúl Taborda interpretado por otros autores

177

Revista Facundo, algunas precisiones de tipo contextual en la historia argentina

191

La concepción etnopolítica

196

Las Reflexiones sobre el ideal político de América

198

La originalidad intelectual de Saúl Taborda en el pensamiento argentino

208

COMENTARIOS FINALES

213

BIBLIOGRAFÍA

221

ANEXO

222

Arturo Orgaz, “La ideas sociales de Echeverría”

f/p

La combinación de lo bello y lo humano tenía un solo resultado: la juventud.

César AIRA, Las noches de Flores, Barcelona, Mondadori, 2004, p. 76.

LOS MUCHACHOS DEL ’14:

HARTOS DE LO QUE SE DEBÍA ESTAR HARTO

Un estudio de historia intelectual

En noviembre de 1993, al presentar la revista Pensamiento Univer- sitario, Pedro Krotsch señalaba la coyuntura de incertidumbre que atravesaba la universidad pública argentina después de diez años

de restauración democrática, 1 sumida en una identidad vacilante y conflictuada. Tales perplejidades no eran gratuitas; devenían del acoso de la supuesta racionalidad emanada del mercado, belicosa

y triunfante, de la que se sentía ajena y, cuando menos, nada em-

pática. Además, las casas de altos estudios bajo el régimen público

manejaban sus propias percepciones como instituciones bajo asedio, por las crecientes demandas de la sociedad que, a su vez, no atinaba a asignarle a través de los instrumentos presupuesta- rios del Estado los recursos necesarios para satisfacerlas. Poderosos intereses particulares articulados en propuestas “globalizadoras” vehiculizadas a través de ruidosos planes de

“modernización” y “eficiencia”, de sesgados procesos evaluatorios, de presiones de organismos internacionales y de la conformación de una opinión crecientemente adversa a la universidad pública, o

al menos a su gestión y situación específica, a partir de la manipulación

mediática de los difíciles escenarios políticos, académicos y de gestión institucional que enfrentaban las casas de altos estudios, configuraban el marco para una progresiva privatización de la enseñanza superior. Se dibujaba, deliberada e insistentemente, un panorama de las universidades públicas como instituciones obsoletas, problemáticas e inciertas, cuya capacidad para cumplir con los fines que se les adjudicaban y por los que eran sostenidas por el erario público –finalidades por supuesto también reducidas a niveles

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1 KROTSCH, Pedro, “Presentación”, Pensamiento Universitario, Buenos Aires, año I, núm. 1, noviembre de 1993, pp. 1-2.

de un pragmatismo tecnocrático ramplón– era tendencialmente nula. Aparecían como rehenes de grupos corporativos, con

reflejos escasos y con un potencial de transformación bloqueado. La otra cara de esa operación era una oferta privada diversificada

y muy agresiva en su forma competitiva, aupada en el contexto

general favorable a los intereses corporativos particulares, y hostil

a la presencia del Estado especialmente en terrenos prometedores

de ganancias y réditos cuantiosos, sin mayor inversión de riesgo. Se asistía a una doble operación: jaque externo permanente y colonización lenta desde el mismo interior de la universidad pública,

desde propuestas que bajo la legítima aspiración de modernización y eficiencia en realidad buscaban asentar la lógica neoliberal también en las entidades y sistemas de investigación públicos, sobre la base del consenso de un sector minoritario pero muy dinámico y en ocasiones prestigioso de los propios actores universitarios y, naturalmente, la acción gubernamental. El diagnóstico de Krotsch se asentaba en un punto estraté- gico: las dificultades de adaptación de la universidad pública al nuevo escenario, motivadas por la fractura de su propia memoria

y la debilidad de los instrumentos conceptuales que disponía para

entender la complejidad de los problemas y las transformaciones que la atravesaban. Frente a esto, Krotsch trazaba un sencillo pero eficaz programa: abrir el debate y reafirmar a la universidad como “el lugar del pensamiento crítico y de la densidad que con- fiere el aventurarse en el horizonte del largo plazo”. 2 Poco más de tres lustros después asistimos a un escenario modificado. Ni la universidad pública colapsó –por el contrario, goza de relativa buena salud en muchos casos–, ni las promesas de la educación privada fueron cumplidas a cabalidad. En este segmento de los estudios superiores en realidad asistimos a reite- radas formas estereotipadas del negocio rápido, redituable y con pocos escrúpulos, junto con las viejas fórmulas del confesiona- lismo casi sin renovación (con muy pocas excepciones) y las estrellas del entonces naciente firmamento neoliberal de los noventa empalideciendo aceleradamente. Podemos asistir a la frustración de lo que hubiese sido una verdadera renovación del panorama de

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2 Ibídem.

XII

la educación superior y la investigación en Argentina. Hablamos de la eventual consolidación de verdaderas corporaciones de enseñanza, bajo un régimen no estatal, públicas en cuanto al control de su manejo y con un sentido social de la ganancia, con inversiones en programas no rentables financieramente pero de alto valor académico, proyectos de investigación asociados con el Estado y con las empresas privadas, becas, extensión cultural, etc., características relativamente presentes en algunas de las grandes corporaciones educativas del mundo anglosajón, por ejemplo. No podemos desconocer los efectos deslegitimadores de la

crisis de 2001 en Argentina y de la actual crisis de alcance mundial sobre las propuestas neoliberales hegemónicas en los años no- venta, con el retorno del Estado no en condiciones óptimas y muchas veces en situación de apagador de incendios y prestamista en última instancia del voraz y corrupto sector financiero, con los fondos de los contribuyentes, pero finalmente presente. Tampoco debe ignorarse la subsistencia de las expectativas neoliberales hasta “una mejor y próxima oportunidad”, siendo éste uno de los principales déficits de los sectores críticos y renovadores en la actual situación; el no retomar una ofensiva en la batalla de las ideas –quizás porque no están enteramente definidas propuestas de largo plazo respecto a un deseable horizonte de reordena- miento social– sigue siendo un propicio escenario para que se retome, pasados los efectos más ominosos de la crisis internacio- nal presente, el suicida baile en la cubierta del Titanic. Pero, retomando el tema de nuestro más directo interés aquí, lo cierto es que la universidad pública se encuentra mucho mejor pertrechada

y más sólidamente asentada que quince años atrás. El programa

diseñado por Krotsch en 1993 de alguna manera se ha cumplido. Se ha recorrido un camino importante y se aprecian experiencias interesantes de renovación y transformación, de un andamiaje de instrumentos trabajosamente elaborados sobre la práctica y la reflexión, que pueden constituir un piso eficaz para avanzar en el diseño de un sector universitario público eficiente, crítico y con proyecto a futuro. No poco ha contribuido para esto el que se hayan formulado preguntas correctas y ejercido un saludable

ejercicio de inteligencia y una práctica que, aunque a veces incierta

y hasta contradictoria, sin embargo ha ido diseñando este nuevo

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escenario que reseñamos. También, y esto es decisivo como lo señalaba –tal como dijo Patricia Funes– el ya extrañado Pedro Krotsch en el ensayo citado, el ejercicio de la autonomía, que más allá de cualquier desvarío o “exceso” es la clave de bóveda de todo proyecto universitario público de futuro. Este proceso no ha sido únicamente argentino; el neoliberalismo que cuestionó el llamado “modelo latinoamericano de universidad”, ha tenido manifestaciones y repercusiones naturalmente diferenciadas pero efectivas en todos los sistemas universitarios del área. Quizás la huelga estudiantil universitaria de la UNAM de 1999 –a pesar de los reparos que su desarrollo pueda suscitar– haya sido el punto de inflexión de su pretendida aplicación integral y generalizada en nuestro continente. Trabajosamente, al igual que en nuestro país, se han ido procesando transformaciones que si bien no han sido espectaculares, permiten tener razonables expectativas de renovación y eficacia en la universidad pública latinoamericana, lo que posibilita pensarla como un factor estratégico de criticidad en nuestras sociedades, como un terreno privilegiado para la elaboración de identidades y procesos culturales de autonomía, como vectores de promoción y dinamismo social, vehículos de integración y agentes eficaces de elaboración de instrumentos transformadores positivos de las sociedades. No sustentamos un optimismo cándido, sino una mirada constructiva y afirmativa sobre las posibilidades que nos brinda la tradición y la realidad de la enseñanza universitaria pública en nuestra región latinoamericana, basada en la manera en que se han ido elaborando las respuestas a los tremendos desafíos de hace dos décadas. Sin embargo, quizás el principal reto provenga desde el interior mismo de las instituciones, especialmente en las de mayor tradición y con un aparentemente sólido sistema institucional: una autosatisfacción acrítica que en realidad encubre pavor a los cam- bios y una enorme pobreza para enfrentar imaginativamente los desafíos actuales y de mediano plazo, junto con la defensa cerrada de privilegios adquiridos. La oligarquización de la universidad pú- blica latinoamericana, en el concepto de Robert Michels, con la consolidación de un sector dominante integrado por administra- dores y caciques académicos clientelares es uno de los riesgos emergentes del proceso democrático, lo que actualizaría paradóji-

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camente en las mismas universidades que son herederas directas o indirectas de la Reforma el acerbo diagnóstico del Manifiesto limi- nar de 1918.

Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los me- diocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y –lo que es peor aún– el lugar en donde todas las formas

de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así el fiel reflejo de estas socie- dades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la Ciencia, frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. Cuando en un rapto fugaz abre sus puertas

a

los altos espíritus es para arrepentirse luego y hacerles imposible

la

vida en su recinto. Por eso es que, dentro de semejante régimen,

las fuerzas naturales llevan a mediocrizar la enseñanza, y el ensan- chamiento vital de los organismos universitarios no es el fruto del desarrollo orgánico, sino el aliento de la periodicidad revolucionaria.

Pueda ser que las complacencias y complicidades con el statu quo sean sólo síntoma y amenaza coyuntural, y no termine coagu- lando como la etapa senil de la universidad pública, tal como decía Deodoro Roca en 1918 para la vieja universidad estamental y escolástica. Pero, a decir verdad, el único antídoto para los ac- tuales males es el sutil pero poderoso del pensamiento crítico y la conciencia intelectual y política vigilante, y tal condición es un elemento no ganado para siempre, sino necesario de reactualizar vez a vez, sin ninguna garantía de pervivencia, salvo la obstinada voluntad de resistencia.

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Un elemento importante de este proceso de recuperación y nue- vos reconocimientos de identidad de la universidad pública tiene que ver con la memoria institucional y política, lo que se enlaza con un replanteamiento de la historia de las universidades argen- tinas, en el marco de una propuesta que se refiere a toda América Latina. El punto de partida necesario es la problematización de

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ese campo de estudios. Esto significa que el abordaje de este tema tiene como presupuesto una consideración crítica de la historio- grafía existente sobre ese objeto de estudio que, en términos generales, se ha edificado sobre los parámetros teóricos y el ejer- cicio efectivo del paradigma historicista-positivista. La revisión necesaria, que ya presenta resultados importantes como este libro que prologamos, propone por el contrario la consideración de la historia de las instituciones de enseñanza superior como un campo problemático, en el que se entrecruzan dinámicamente acto- res internos y externos, en una trama de gran complejidad, en cuyo despliegue se dirimen espacios de poder, hegemonías, con- flictos y asociaciones, y se interrelacionan prácticas de interacción social, confrontación política, construcción institucional y elabo- ración intelectual. Esta orientación puede ser fecunda para el abordaje de cuestiones que se corresponden con los objetivos de una investigación histórica-crítica de los problemas de la educa- ción, tanto desde una perspectiva puramente teórica, como también en distintos niveles de abstracción elaborados desde procesos de montaje de conocimiento empírico. Una observación crucial para este replanteamiento es conside- rar que los intentos y resultados de la concepción epistemológica y metodológica historicista-positivista estuvieron dirigidos fun- damentalmente a constituirse en una de las vías de producción y reconocimiento de identidad y legitimación institucional. Proba- blemente a consecuencia de esta característica marcada por el voluntarismo institucional, la dedicación de investigadores y la historiografía efectivamente ejecutada ha sido escasa en relación a otros temas relevantes de la historia de la cultura y la educación en la región latinoamericana y el Caribe. La pregunta inicial que debe formularse es acerca de la posibi- lidad de reconstitución de un campo de estudios específico referido a la historia de las universidades, y de los elementos que pueden fundamentarlo. Como dijimos, este campo estuvo cons- tituido en función de la historia institucional, planteada ya sea en términos de efectiva construcción de conocimientos o, en mu- chos casos, de variantes apologéticas, o de ambas operando en conjunto. La evaluación de los resultados obtenidos a lo largo de muchas décadas debe efectuarse desde una actualizada propuesta

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historiográfica que se articule doblemente en torno a los actuales problemas de la educación superior en América Latina y a los de la construcción de una historia crítica de las ideas y de la cultura. Como punto de partida, sin embargo, cabe destacar que existe una suerte de conciencia alerta respecto a que se trata de un te- rreno de escasa elaboración teórica y empírica. Un par de opiniones de connotados especialistas en el campo son más consistentes que muchos argumentos. Clara Lida afirma:

La historia de una institución de altos estudios tan singular como La casa de España en México, y su sucesora El Colegio de México, es parte imprescindible de la historia de la cultura en México; una historia que aún queda por hacer. Con estas páginas hemos pretendido empezar a llenar esa laguna, pero el vacío es grande: ¿cuándo tendremos la historia de otras instituciones culturales y científicas también excepcionales, como la Universidad Nacional, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el Instituto Politécnico Nacional, el Instituto Nacional de Cardiología, El Colegio Nacional, el Fondo de Cultura Económica, y tantas otras? La historia de la vitalidad de un país es, en gran medida, la historia de su cultura en sus múltiples manifestaciones y niveles; en ella ocupa un lugar central la historia de las instituciones especializadas de investigación y docencia que crean, trasmiten y estimulan esa cultura. Conocer su pasado nos debe estimular a defender su porvenir. 3

Por su parte, en su historia de la Universidad Nacional de México durante la primera década de la Revolución Mexicana, Javier Garciadiego afirma que no se dispone de ninguna otra monografía acerca del tema, además de la marcada escasez de fuentes secundarias y la no existencia, en absoluto, de otras interpretaciones acerca de los problemas tratados. Es más, respecto de las pocas historias de la Universidad mexicana anteriores a su propio trabajo, Garciadiego señala que “la mayoría son relatos ‘oficiales’ escritos para conmemorar efemérides, y

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3 LIDA, Clara (con la colaboración de José Antonio Matesanz), La casa de España en México, México, El Colegio de México, Jornadas 113, 1988, p. 12. [El subrayado es mío, H.C.].

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carecen de rigor científico”, coincidiendo con nuestra apreciación ya expresada. 4 En un artículo anterior acerca de estos problemas señalé: “¿Cuál debe ser hoy la pregunta clave de la construcción de un diseño del campo de la historiografía universitaria?: el asunto central del desarrollo de la enseñanza superior ha sido y es el del acceso a la modernidad, y las formas históricas específicas de dicho acceso en la Argentina”. 5 La problemática de la modernidad es un punto nodal de la historia política, social y cultural de América Latina. La Universidad en nuestro continente ha sido terreno decisivo para los actores de la implantación de la modernidad. Los avatares, limitaciones, problemas y logros del desarrollo de la modernidad en la región reconocen en la misma historia de la Universidad latinoamericana uno de sus casos testigos más importantes.

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En su resurgir en posiciones directivas y como tendencia política mayoritaria de la universidad argentina a partir de la recuperación democrática de 1983, la Reforma Universitaria se desplazó, desde una postura transformadora y crítica a la defensa del status quo, a un discurso que permanentemente se repliega sobre sí mismo, autolegitimándose, y adquiriendo cada vez más las características de una ideología encubridora de intereses particulares y corporativos definitivamente institucionalizados, con fuerte poder negociador, en el interior de las universidades, pero con escasa o nula capacidad para emprender modificaciones de fondo que respondan a las nuevas contradicciones y desafíos surgidos de los cambios estructurales mencionados. Así, la historia de la Universidad, si se despliega desde esta posición, tiende necesariamente a formar parte de esta ideología justificadora del poder universitario.

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4 GARCIADIEGO, Javier, Rudos contra científicos. La Universidad Nacional durante la Revolución Mexicana, México, El Colegio de México-Universidad Nacional Autónoma de México, 1996, p. 421.

5 CRESPO, Horacio, “Problematizar la historia de la universidad”, Pensa- miento Universitario, Buenos Aires, año 6, núm. 8, noviembre de 1999, p. 110.

XVIII

El excelente libro de Mina Alejandra Navarro, que me ha in- vitado a prologar, se interna decididamente en un camino revisionista de la historia universitaria y de la Reforma, alguno de cuyos elementos señalamos más arriba. Es un estudio que excede la propia historia de la Reforma Universitaria, ya que se despliega en términos de la historia intelectual de un grupo significativo y de una propuesta que fue dirigida a todas luces, a la política y la sociedad. Una apuesta para celebrarse por los resultados, pero más aún por la positiva actitud que implica hacia la necesaria renovación de los estudios acerca de la Reforma Universitaria, y que Navarro comparte con otros estudiosos de una nueva generación de historiadores. Esta posición es decididamente necesaria. Recordamos un debate, luego no recogido totalmente en publicación alguna, 6 convocado por el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad de Córdoba con motivo de la celebración del 80° aniversario del movimiento de 1918. Fue una discusión ardua y compleja, en la que muchos participantes se mostraban extrañados, y un tanto escandalizados, de propuestas y análisis que no contribuían precisamente a exaltar la hagiografía que se pensaba apropiada al fasto celebratorio, ya que estaban dirigidas a generar una revisión de la historiografía a través de indagación crítica y nuevos planteamientos. En su momento, el sociólogo chileno Manuel Antonio Garretón puso especial énfasis polémico en abandonar esa posición reverencial y buscar el camino del análisis crítico y el repensar historiográfico. Han pasado ya más de diez años y ha crecido una corriente que elabora una mirada más libre y menos “comprometida” con la versión canonizada del movimiento de 1918, pero también de los avatares de las sucesivas generaciones reformistas, generalmente producida por los mismos protagonistas. Es el caso de la obra fundamental de Gabriel del Mazo, pero también de la de Bernardo Kleiner. Esta visión renovada es necesaria para lograr una historia de los procesos intelectuales y políticos latinoamericanos menos sujeta a las “filias y fobias” de los mismos actores, para revelar proyectos, trazar nuevas

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6 Se reprodujeron algunas de las ponencias presentadas en Estudios, Córdoba, Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba, núm. 11/12, 1999.

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genealogías y comprender tramados y correspondencias aún no señalados o puestos en valor. El libro de Mina Navarro contribuye sensiblemente a este de- sarrollo de nuevos abordajes y naturalmente –va de suyo– promueve el criticismo de hermenéuticas ya agotadas, y en esto el ejemplar tratamiento que hace de la relación de los jóvenes intelectuales cordobeses con la generación del ’37 a través del trabajo de Orgaz, del hasta ahora poco conocido papel de Capdevila que fue absolutamente relevante, del lugar decisivo ocupado por Taborda y las correspondencias fundamentales entre su producción intelectual y política y la de Deodoro Roca, son todas aportaciones de un vigor y una originalidad notables. Con los instrumentos tomados de las metodologías producidas en el campo de la historia intelectual, nos entrega paso a paso una nueva visión del proyecto político que se fue enhebrando en Córdoba al promediar la dé- cada de los años diez, en el que naturalmente entraba la regeneración de la Universidad, pero que contenía alcances y potencialidades verdaderamente continentales, tal como efecti- vamente el proceso en los años siguientes lo fue mostrando. También las correspondencias múltiples de este proyecto con políticos e intelectuales de Buenos Aires, mostradas a través de las repercusiones de la cruzada liberal originada por la reacción clerical a las actividades revulsivas de los jóvenes, las redes ope- rantes –la de la revista Nosotros adquiere una proporción muy interesante– e, inclusive, la interesante figura de Palacios en un momento decisivo del conflicto. Todo esto Mina Navarro lo hace con frescura y desenfado, inquiriendo desde una deliberada posición de radical ingenuidad –propiciada por una mirada desde ese interesado “afuera” mexicano, que la distancia de las querellas más locales–, preguntas simples pero que encierran un gran desafío y propone interesantes y suti- les líneas de análisis: ¿cómo los protagonistas de la Reforma llegaron a ser tales? ¿qué inquietudes tenían y expresaban? ¿cómo cobraron conciencias de sí mismos, de su propuesta de renova- ción que pasó por su definición generacional, la “generación del ‘14” en palabras del mismo Roca? ¿cómo respondieron a la trágica coyuntura de la Gran Guerra? Luego los interrogantes se van desdoblando, hasta llegar a una cuestión grave, crucial: ¿qué

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influencia tuvo la visita-conferencia de Ortega y Gasset a Córdoba

en el despertar crítico de estos jóvenes intelectuales provincianos que tanto daría que hacer y hablar en las décadas siguientes? La respuesta a esta última materia, afirmativa, tiene fuertes alcances para una lectura renovada acerca de la circulación de las ideas en Argentina, las formas de la construcción de políticas de un radical contenido transformador y las oblicuas pero efectivas “influencias” de los caminos filosóficos y de la sensibilidad artística. No puedo olvidar aquí la entrañable y extrañada figura de Emilio el Moro Terzaga, que en memorables caminatas nocturnas en la Córdoba de fines de los años sesenta subrayaba el papel singular de Ortega

y Gasset en el avatar cordobés, una verdadera exotismo en el

panorama de nuestras lecturas juveniles atravesadas por Sartre y

Marx que yo escuchaba con cierta incredulidad y hasta con un dejo de petulante desdén, conversaciones seguramente mantenidas también entre el Moro y Pancho Aricó. Hoy el trabajo de Navarro demuestra con riqueza y matices aquella admirable intuición,

alimentada en el Moro por su inteligencia, por su conocimiento del ambiente intelectual cordobés y, sin duda, por su cercanía con Carlos Astrada. 7 Otro elemento a subrayar es la ausencia de cualquier tentación teleológica en el trabajo de Navarro. Los “jóvenes” del ’14 no estaban predestinados a llevar adelante la Reforma Universitaria,

ni a nada. Ni en el ’14, ni en el ’16 está la semilla de 1918. Era un

proceso abierto, en curso, en el que el múltiple juego de los acto- res involucrados fue definiendo la forma que adquiría el creciente

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7 Emilio el Moro Terzaga, filósofo, cordobés. Hermano de Alfredo, importante historiador, quien murió en 1974 con una obra fundamental

e inconclusa. Juntos fueron impulsores políticos e intelectuales de la

Izquierda Nacional en Córdoba, organizando en 1958 el Centro de Acción Nacional Latinoamericana. Intelectual brillante, bohemio, con- versador ameno, espíritu generoso. Emilio Terzaga prolongaba en su

genio y figura a los protagonistas de la generación reformista que ocu- pan el lugar central del libro de Mina Navarro. Fue autor de un impor- tante estudio sobre Hegel. Exiliado en España, continuó su trabajo intelectual, su docencia, siguió imperturbable en su estilo, y llegó a ser vicepresidente del Ateneo de Madrid, ciudad donde falleció a los setenta

y cuatro años el 11 de diciembre de 2005.

XXI

conflicto. Y precisamente la forma adoptada fue la del enfrenta- miento entre laicismo modernizador y clericalismo ultramontano,

y la autora demuestra que los episodios de 1916 se inscriben en el

proceso histórico de Córdoba de larga duración, en su historicidad

específica y concreta, en la expresión de los sucesivos enfrenta- mientos ideológicos, políticos, culturales, en la tensión entre modernidad y tradición tal como se fue desplegando desde la misma época jesuita. No se puede comprender la especificidad del momento cordobés de la Reforma Universitaria si no se en- tiende esa matriz esencial que se fue construyendo secularmente en la ciudad mediterránea. Estos jóvenes del ’14, en el afortunado hallazgo de Navarro, se comprometen debidamente en una postura crítica frente a su realidad, actúan en función de un programa que va resultando cada vez más definido, en tanto apuesta a una regeneración polí-

tica y social, teñida de ética, con conciencia del papel generacional

a cumplir, con plena identificación con la misión de la juventud.

Son hombres frente a una crisis, y actúan en consecuencia. Hay correspondencias sugerentes con las actitudes de Gramsci, de Mariátegui, de Haya, de Mella: un común espíritu de época. No es casual la identificación que podemos hacer con las posiciones que se van a ir registrando en paralelo o en los años siguientes de la década de 1920 en México, en Lima, en La Habana, en São Paulo, entre otros centros de irradiación cultural y política. Pero lo sin- gular y más valioso del tratamiento de Navarro es que consigue mostrarnos la especificidad de esos jóvenes de la Córdoba docto-

ral, de sus jóvenes. Rehúye la tentación de la sumatoria fácil, de la síntesis preconcebida, y así recuperamos plenamente a Capdevila,

a Roca, a los Orgaz, a Taborda, sobre cuya influencia amical y rectora

no nos deja dudas, a partir del análisis profundo y muy intuitivo de la importancia de Reflexiones sobre el ideal político de América. También resulta significativo el señalamiento de la mutua in- terpenetración de la cultura laica y la católica, dos caras de una dialéctica fundamental en el trazado del camino de la modernidad cordobesa. Las huellas de José Aricó han calado profundamente en este estudio, en particular su visión de largo plazo de la histo- ria de Córdoba en el contexto argentino, ese significante que es la “frontera”, en el que quizás haya que explayarse aún mucho más

XXII

para entender a cabalidad el papel de Córdoba en la cultura del país, y por cierto de América Latina. No es de extrañar tampoco la presencia de las ideas de Alfredo Terzaga, el más trascendental de los exégetas de la historia de Córdoba. La lección más suge- rente a extraer de este importante estudio de Mina Navarro, está sin embargo más allá de sus virtudes puntuales y de conjunto, de sus aciertos, intuiciones y rescates. Es lo que podemos tejer acerca de lo fundamental del pensamiento crítico y la voluntad transformadora, al anidar en hombres de inteligencia, dignidad y ética. En una pequeña ciudad provinciana, allá por el año de 1916, unos muchachos impulsaron acciones acuñadas en esas marcas que señalaron rumbos y dejaron huellas. No hay actos minúsculos, ni testimonios perdidos. A casi un siglo, recordarlo puede y debe alumbrar nuestros propios pasos.

Horacio Crespo Ciudad de México, 7 de octubre de 2009

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COMENTARIOS PRELIMINARES

Este trabajo quiere ser una contribución al estudio de la gestación de esa efectiva experiencia de reforma intelectual y moral que irrumpió en Córdoba en 1918, a través de la revisión de las tra- yectorias intelectuales de sus principales exponentes en los años previos al estallido del movimiento. La generación del ’14 estuvo conformada por un grupo de jóvenes intelectuales que se auto- reconoció con esta seña de identidad colectiva en 1918. Aunque su actuación en las acciones de la Reforma Universitaria de ese año fue protagónica en tanto ideólogos del movimiento, sin embargo poco se sabe de sus quehaceres como inquietos letrados antes de ese momento decisivo. Este trabajo busca dar cuenta de su activi- dad político-intelectual en la formativa coyuntura de 1916. Desde la perspectiva crítica de la historia y situándose dentro de la historiografía acerca del movimiento de la Reforma Univer- sitaria durante su etapa inicial, 1 este trabajo se relaciona también, además de con el puntual proceso de Córdoba en 1918, con las dimensiones políticas, ideológicas e intelectuales del movimiento, así como con sus proyecciones sobre toda América Latina a lo largo de varias décadas. El movimiento de Reforma Universitaria tuvo efectivamente una resonancia latinoamericana y su epicentro inicial fue Córdoba. Sin embargo, previamente a 1918 se suscitaron manifestaciones públicas que exigían reformar la universidad. Desde los primeros años del siglo XX los estudiantes porteños de la carrera de medi- cina presentaron ante el Congreso de la Nación la necesidad de hacer efectivas algunas reformas a la Universidad de Buenos Ai- res. Tiempo después, en 1917, la supresión del internado en el Hospital Clínicas en la ciudad de Córdoba constituyó una de las causas que desembocó en la revuelta universitaria de 1918.

1 Perspectiva basada centralmente en CRESPO, Horacio, “Problematizar la historia de la universidad”, Pensamiento Universitario, Buenos Aires, año 6, núm. 8, noviembre de 1999, pp. 105-112.

El tema más abordado de la historia de la universidad argen- tina está enunciado en la extensa historiografía interesada en la Reforma Universitaria. 2 Un lúcido ejercicio de mirada crítica res- pecto a este movimiento fue el de Juan Carlos Portantiero, realizado a finales de la década de los setenta. 3 El autor recuperó, desde la óptica de la sociología política, este complejo proceso intelectual, social y político, caracterizado como un “episodio de masas a través del cual las clases medias y sus intelectuales pene- traron en la historia política latinoamericana”, que se expresó a través de las claves ideológicas del humanismo utópico, el socia- lismo liberal y el nacionalismo, constituyendo “la más vasta empresa de reforma ideológica que ha conocido el continente en este siglo”. Este importante reconocimiento no le impidió perca- tarse, a finales de la década de 1970, de que la Reforma Universitaria era “un suceso superado por el tiempo”, en el sen- tido de que “ha caducado la realidad que lo producía y que trataba de expresar”. Aunque la Reforma Universitaria regresó a escena en los mo- mentos en que Argentina recuperó su democracia en 1983, los complejos caminos del pensamiento social y político no podían ser predeterminados por un modelo. Su ideario, sus postulados, ese conjunto de tradiciones que se articularon como un corpus programático que a través de su simplicidad expresa su eficacia, volvió a ser el principal motivador de la Universidad pública ar- gentina, luego de las complejidades y transformaciones aconte- cidas en las tres décadas que precedieron al triunfo electoral de la Unión Cívica Radical y su candidato presidencial Raúl Alfonsín,

2 Cf. GIETZ, E., Bibliografía sobre reforma y autonomía universitaria, Buenos Aires, Instituto Bibliotecológico, Universidad de Buenos Aires, 1956, y su Suplemento, 1956; el clásico: DEL MAZO, Gabriel, La Reforma Universita- ria, La Plata, Ediciones del Centro de Estudiantes de Ingeniería, Universidad de La Plata, 1941, 3 tomos; KLEINER, Bernardo, 20 años de movimiento estudiantil reformista, Buenos Aires, Platina, 1964; La Reforma Universitaria (1918-1930), compilación, prólogo, notas y cronología de Dardo CÚNEO, Caracas, Ayacucho, núm. 39, 1988.

3 PORTANTIERO, Juan Carlos, Estudiantes y política en América Latina. El proceso de la Reforma Universitaria (1918-1938), México, Siglo Veintiuno Editores, 1978.

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en octubre de ese año. Pero esta sobrevivencia –basada en el proceso de su surgimiento, desarrollo y apogeo– ocurrió a costa de un precio no escaso. Hay que reconocer que la recuperación de la universidad pública para la vida democrática se realizó sobre la base de un inmovilismo defensivo de varias reivindicaciones históricas conseguidas –la gratuidad, la autonomía, el régimen de concursos docentes, el ingreso irrestricto, la libertad académica–, ciertamente amenazados por principios competitivos neoliberales. En los hechos, este posicionamiento defensivo significó la impo- sibilidad de reflexionar abiertamente acerca de los cambios estructurales de la sociedad y de sus efectos sobre la universidad, pues al escudarse en sus axiomas “clásicos”, el reformismo uni- versitario no pudo pensar los nuevos problemas que amenazaban su modelo universitario, lo que implicó una inercia incapaz de generar respuestas pertinentes a los grandes problemas plantea- dos, empujándolo a asumir un corporativismo incongruente tanto con la tradición histórica liberal sobre la que supuestamente se sustentaba, como con las demandas sociales actuales respecto de la educación superior. 4 De esta manera, la tradición de la Reforma Universitaria dio un giro, pasando de una posición transformadora y crítica a otra de custodia del orden establecido: modificó su discurso para auto- legitimarse y adoptó una ideología encubridora de intereses institucionalizados (particulares y corporativos) con un amplio poder de negociación al interior de las universidades, pero con muy poca o nula capacidad para implementar reformas sustan- ciales acordes con las nuevas problemáticas y retos surgidos de las transformaciones estructurales antes mencionadas. Planteada desde esa perspectiva, la historia de la Universidad forma parte de dicha ideología apologética del poder universita- rio, que se legitima precisamente en la tradición reformista pensada como el paradigma de todo el proceso. Es decir, se iden- tifica el desarrollo de la universidad argentina con el de la Reforma

4 SAUR, Daniel Guillermo, “Representaciones mediáticas de la universi- dad pública en el contexto de un país en crisis, un análisis en la prensa gráfica (Argentina 2001–2002)”, México, Tesis de Doctorado IPN- CINVESTAV, 2006, pássim.

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Universitaria. Así, se construye –desde una matriz historicista– un corpus de textos sagrados, un Panteón de héroes, un anecdotario y demás elementos de identidad legitimadora. Se precisa elaborar otra matriz de la historia de la Universidad argentina, en la que –como subraya Horacio Crespo– el proceso histórico de la Reforma de

1918:

[…] derive de la posición articuladora central de la inteligibilidad total de esa historia, a [ser] un segmento importante de otra clave interpretativa que la incluya, la explique, le reasigne el sentido de fuerza transformadora en la complejidad del todo social que tuvo durante un prolongado período, pero a la vez permita reflexionar críticamente acerca de los procesos de transformación que sufrió desde su institucionalización y también desde la constitución como discurso del poder hegemónico en la Universidad. Una visión his- tórico-crítica de la Reforma Universitaria es esencial si se quiere recuperar una capacidad autocrítica y transformadora en el interior de la universidad pública argentina. 5

En su versión oficial, la Reforma Universitaria se ha edificado y cristalizado en la representación liberal progresista. La revisión de su historia a partir de otro posicionamiento político, teórico y metodológico puede permitir deslindarnos de las narrativas apo- logéticas y –más importante aún– de la hermenéutica teleológica, para destacar la plena manifestación de los procesos y contextos por sí mismos, de los actores y de sus propias referencias de inte- ligibilidad, ajenos a cualquier presupuesto apriorístico. En este sentido, retomo el esquema interpretativo de la dinámica de tra- mas y redes intelectuales, trazado por José Aricó en la década del ochenta del siglo pasado. Así podemos distanciarnos de las nociones abstractas de la historia de las ideas, de “su marcha imperturbable a través del tiempo” al decir de Carlos Altamirano, 6 y referirnos a la concep- tualización de la historia intelectual desarrollada por la escuela argentina de la Universidad de Quilmes, conducida por Altami-

5 CRESPO, “Problematizar”, p. 109.

6 ALTAMIRANO, Carlos, Para un programa de historia intelectual y otros ensayos, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores Argentina, 2005, p. 11.

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rano y Oscar Terán. En este campo de estudios se inscribe teórica y metodológicamente este trabajo. 7 Desde esa óptica he elaborado esta contribución en torno a los inicios del movimiento de la Re- forma Universitaria a partir de la identificación y análisis de una serie de acontecimientos ocurridos durante el segundo semestre de 1916, protagonizados por la joven intelectualidad cordobesa, que se reconocería a sí misma como la generación del ’14 dos años después a través de la palabra de Deodoro Roca. El punto de partida de esta reconstrucción histórica son las conferencias dictadas en la Biblioteca Córdoba por ese grupo de jóvenes en 1916. Tras los intentos de censura de estas disertacio- nes por parte de la Iglesia, los jóvenes se constituyeron como Asociación Córdoba libre. El carácter contestatario que asumió la Asociación fue decisivo en el proceso intelectual del grupo, dando forma así al surgimiento de una nueva sensibilidad, reflejo de sus quehaceres político-intelectuales y sociales, de sus intereses de lectura, de sus escritos y de su sociabilidad (con sus coetáneos y también con intelectuales de otras generaciones), de su presencia en la ciudad. Un suceso muy significativo en este proceso inte- lectual es el encuentro con el filósofo español José Ortega y Gasset durante su visita a la ciudad mediterránea. De la reconstrucción de estos episodios deriva justamente la nueva aproximación pro-

7 En cuanto al término de historia intelectual, precisa Altamirano, fue empleado entre ellos al parecer por primera vez por Hilda Sábato du- rante la década de los ochenta en un artículo publicado en la revista Punto de Vista. En él se examinó el debate que ya desde la década de los setenta venía representando una gran renovación por el hecho de des- cubrir nuevas perspectivas teóricas y desarrollos de la investigación en la historia intelectual. De este debate Sábato recogía, además de Metahisto- ria de Hayden White y La gran matanza de gatos de Robert Darnton, el volumen de ensayos que en 1982 habían compilado Dominick LaCapra y Steven Kaplan. Esta compilación constituyó el planteamiento de una diversidad de ideas, estudios y orientaciones que bien podían se reagru- padas bajo el signo de la historia intelectual, que Altamirano prefiere considerar más como “campo de estudios” que como “una disciplina o una subdisciplina”. Cf. ALTAMIRANO, Para un programa, p. 10; SÁBATO, Hilda, “La historia intelectual y sus límites”, Punto de Vista, Buenos Ai- res, año IX, núm. 28, noviembre de 1986, pp. 27-33.

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puesta acerca de la gestación del movimiento de la Reforma Uni- versitaria que aquí formulo. En el marco de la historia de las ideas es recurrente el uso del término “influencias”, referido como “la formación de ideas a través de operaciones de trasplante”. 8 Ciertamente la historia es una construcción problemática que carece de la corporeidad de lo “real”; frente a esto, Aricó advirtió que “los hombres encuentran en los textos lo que están buscando, lo que están intuyendo, lo que aún no tiene una expresión verbal o escrita en su mente”. 9 En el contexto de la Reforma Universitaria, desde la lógica gramscia- na, Aricó insistió en el carácter determinante del “proceso de fusión en el llamado a emprender una tarea pedagógica que se les presentaba” a los intelectuales de la Reforma. 10 Esto hacía alusión al tránsito entre el saber y el comprender, 11 es decir la relación

8 José Aricó habla de la liquidación del concepto de influencia al respon- der acerca del influjo soreliano en Mariátegui: “Hay un encuentro de Mariátegui con Sorel y es un encuentro que se deriva del hecho de que Sorel responde a preocupaciones que tiene Mariátegui. Sorel es un hombre que está instalado en el punto de reflexión que versa sobre las condiciones de constitución de un movimiento nacional popular”, ARICÓ, José, Entre- vistas, 1974-1991, edición de Horacio Crespo, Córdoba, Centro de Estudios Avanzados-Universidad Nacional de Córdoba, 1999, p. 136.

9 Ibídem. 10 ARICÓ, José, “Tradición y modernidad en la cultura cordobesa”, Plu- ral, Buenos Aires, año I, núm. 13, marzo, 1989, pp. 10 y 13. 11 En términos de una lectura posible de Roca como “intelectual com- prometido”, que efectuaron a fines de la década de los sesenta los estudiantes radicalizados en Córdoba, resulta sugerente hacer referencia

a las opiniones de Sartre respecto del momento revolucionario del mayo

francés del ’68, en el que definió al intelectual como “alguien que es fiel

a una realidad política y social, pero que no deja de ponerla en duda. Claro

está que puede presentarse una contradicción entre su fidelidad y su duda; pero esto es algo positivo, es una contradicción fructífera. Si hay fidelidad pero no hay duda, la cosa no va bien: se deja de ser un hombre libre”, entrevista a Jean Paul Sartre realizada por Serge Lafaurie, en Le Nouvel Observateur, núm. 188, 19 al 25 de junio de 1968, en Echeverría, Bolívar y Carlos Castro (eds.), Sartre, los intelectuales y la política, México, Siglo Veintiuno Editores, Colección mínima 18, 6º ed., 1980, pp. 54-55.

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dada entre intelecto y vida. 12 Este tránsito caracterizó a los jóvenes del ’14 y se concretó, según Aricó, en una tarea inaplazable que surgió a partir de la conmoción producida por la guerra europea. La guerra de 1914-1918 representó para América el descré- dito, la caída del modelo de civilización occidental. Entre algunos jóvenes cordobeses surgió la “pavorosa responsabilidad” 13 de encontrar inéditos horizontes en el Nuevo Continente que cu- brieran las ausencias y las carencias puestas de manifiesto en el ámbito cultural y moral a partir del estallido bélico. Este com- promiso fue manifestado públicamente en 1918 por Deodoro Roca, en un discurso en el cual reconoció, muy reveladoramente, ser integrante, junto con sus compañeros, de la “generación de 1914”, a la que dio nombre con esa significativa fecha en esa misma intervención. 14 Sin embargo desde años antes, en 1915, Roca se había identi- ficado con “los jóvenes de hoy”, a quienes les “ha tocado nacer en el trance más oscuro de la historia”. 15 A lo largo de ese discurso, Roca aprovechó también para cuestionar la solidez del conocimiento al interior de la Universidad y se mostró a favor del Azar, como el único maestro cierto pero también caprichoso. Debido a la in-

12 ARICÓ, “Tradición”, pp. 10-14. 13 Deodoro Roca hizo referencia a la “pavorosa responsabilidad” al asumir su compromiso frente a la guerra europea, cf. ROCA, Deodoro, “La nueva generación americana” (1918), ROCA, Deodoro, El drama social de la universidad, prólogo y selección de Gregorio Bermann, Cór- doba, Editorial Universitaria de Córdoba, 1968, p. 22.

14 Con respecto a la alusión al tiempo generacional derivada de la necesi- dad de auto-reconocimiento y distinción respecto de otros, es necesaria una advertencia metodológica y conceptual. Si bien tengo conocimiento de los señalamientos sociológicos que Karl Mannheim realizó en torno al concepto y dinámica de las generaciones, el enfoque generacional que está presente en este estudio no se finca en ese horizonte teórico, ni en ningún otro, sino en el reconocimiento que el propio Deodoro Roca asumió al identificarse como integrante de la “generación del ‘14”. Son los protagonistas mismos los que definieron la pauta para recurrir al tema generacional como forma de su ubicación en la historia.

15 ROCA, Deodoro, “Ciencia, maestros y universidad”, Revista de la Uni- versidad Nacional de Córdoba, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, año II, núm. 9, noviembre, 1915, p. 186.

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consistencia de la Universidad en cuanto a la ausencia de maes- tros, él favorecía el ejercicio autodidacta bergsoniano. Los jóvenes de la generación del ’14, protagonistas en su papel de ideólogos orientadores del movimiento de 1918, se caracterizaron por su quehacer intelectual motivado por los efectos de la guerra euro- pea en América. La serie de acontecimientos enunciada en párrafos anteriores da cuenta del ejercicio intelectual que expresó ese compromiso como parte del oficio político cotidiano de sus vidas. En el plano nacional, el ambiente político, social y cultural revelaba un soste- nido paso hacia la modernidad en pleno, expresada en el proceso de conformación del Estado-nación argentino por la sanción de la ley electoral Saénz Peña en 1912 y el arribo del radicalismo a la presidencia en 1916. En este sentido es fundamental destacar la ubicación de esta generación en ese contexto de modernidad en la medida en que la ciudad de Córdoba estaba, como indica Silvia Roitenburd, inmersa en una modernidad sin modernización. 16 La modernidad, según Aricó, es para el caso de Córdoba la condi- ción que “posibilitó la preservación de un equilibrio puesto permanentemente en peligro por las laceraciones de un cuerpo nacional incapaz de alcanzar una síntesis perdurable”. 17 Este trabajo se presenta en cuatro apartados. El primero pre- senta algunos señalamientos de tipo histórico, relativos tanto al

16 La modernidad, según Marshall Berman, es un proceso de larga dura- ción que abarca desde el siglo XVI al XX, y se despliega esencialmente como modernismo en los ámbitos del arte, la cultura y la sensibilidad; y modernización, agrega, se refiere a un fenómeno vinculado a una vorá- gine de transformación material en el siglo XX, relacionada a los descubrimientos científico-tecnológicos, la explosión demográfica, un nuevo tipo de poder corporativo, la lucha de clases, la potencia de los estados nacionales, el crecimiento urbano, el poderoso sistema de co- municación masiva, y por encima de todo, la gigantesca expansión del mercado capitalista mundial, hoy llamada globalización de la economía, cf. CRESPO, Horacio, “Identidades/diferencias/divergencias: Córdoba como ‘ciudad de frontera’ Ensayo acerca de una singularidad histórica”, La Argentina en el siglo XXI, Buenos Aires, Ariel / Universidad de Quilmes, 1999, p. 167. 17 ARICÓ, “Tradición”, pp. 10-14.

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contexto internacional y nacional como al local, necesarios para situar las ideas de los jóvenes de esta generación y contrastar así su pensamiento frente a los integrantes de otra generación –uno de sus más evidentes referentes intelectuales–, los jóvenes porte- ños de 1837. En el segundo apartado abordo dos acontecimientos liminares: el ciclo de exposiciones celebradas en la Biblioteca Córdoba y la conferencia que dictó el político e intelectual socia- lista Alfredo L. Palacios en el Teatro Rivera Indarte. En el tercer capítulo doy cuenta de la visita de Ortega y Gasset a Córdoba y su relación con los universitarios e intelectuales; abordo allí la definición del papel del intelectual en la política y en la sociedad asumida por los jóvenes de la generación del ’14, a partir de las ideas que Ortega y Gasset propagó durante la visita. Aquí, creo, radica una de las aportaciones más originales y sugerentes de esta investigación. El último apartado está dedicado a un esbozo de valoración de la obra de Saúl Alejandro Taborda, quien es recordado principal- mente por sus Investigaciones pedagógicas, escindiendo otros costados heterodoxos de su pensamiento. Taborda se anunció claramente antiliberal y propuso la fórmula histórica de la democracia americana, con un carácter funcional para la transformación política y social. Taborda presume de un costado anarquista que urge ser estu- diado en profundidad, aunado a otros rasgos de un pensamiento heterogéneo –nacionalismo, tradicionalismo, americanismo, nati- vismo–, cuya complejidad ha suscitado apartamientos, recelos e incomprensiones por parte de sus exégetas a lo largo del siglo pasado. Su preocupación central fueron los elementos constitutivos de la argentinidad. La revisión de los escritos que comprenden su obra incita a preguntarnos por qué se le ha ubicado mayormente como un pedagogo, bajo una concepción disciplinaria simplista que ha obstaculizado ver justamente la complejidad filosófica y política de su trabajo. Aunado a esto, consideré necesario añadir en los dos primeros apartados esbozos biográficos de Deodoro Roca y de Arturo Capdevila, respectivamente. Encuentro que ha sido poco traba- jado el pensamiento de los jóvenes del ’14 más allá del episodio reformista. La década de los treinta significó para Deodoro Roca reaparecer en la escena política y retomar el episodio de la Re-

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forma Universitaria. En la trayectoria intelectual de Roca destaco que, a diferencia de sus compañeros, se relacionó con un sinnú- mero de personalidades sin necesidad de salir de su ciudad natal, ni tener que trasladarse a algún lugar del extranjero. El famoso sótano deodórico fue el espacio en el que tuvieron lugar charlas amicales, discusiones intelectuales, intercambios de opinión polí- tica, todo lo cual nos confirma su experimentado oficio de buen conversador e interlocutor. Arturo Capdevila fue el último miembro del grupo en morir, a la edad de 78 años. Su obra es extensa. No se dispone de una biografía de Capdevila que reconstruya, a partir de sus escritos, por lo general caracterizados por el espiritualismo y el costum- brismo, sus pasos por la Córdoba y Buenos Aires de la década de los diez hasta los sesenta; que trasmita el aire político, cultural, literario y social de su entorno. Sin embargo, desde la forma poé- tica y del uso de una retórica muchas veces recargada, su obra representa un aporte sustancial que debería ser trabajada más en profundidad desde la perspectiva metodológica que señalamos, en parte en torno al tema de la autonomía intelectual de Córdoba frente a Buenos Aires. Resulta conveniente hacer aquí la precisión que la Corda Fra- tes que integraron “doce caballeros católicos”, difiere de la Corda Frates Federación Internacional de Estudiantes, que refiere Artu- ro Capdevila en el informe del Congreso FIDE, al que asistió en 1913, en Ithaca, Nueva York. En un artículo posterior profundi- zo acerca de la diferenciación y caracterización entre estas dos referencias de nombre similar pero de naturaleza distinta. 18 Agradezco a las personas responsables de las siguientes insti- tuciones por haberme permitido el acceso y las facilidades en la revisión del material bibliográfico y hemerográfico de este trabajo que dio comienzo en 2005: a los chicos de la Biblioteca Mayor, a Susana Moyano y Analía Novo de la Biblioteca “José M. Aricó”, a Silvia Fois y Luz Chaves de la Sección de Estudios Americanistas

18 Para más detalles acerca de estas distinciones, consultar el artículo:

NAVARRO, Mina Alejandra, “Arturo Capdevila y el anticlericalismo hacia la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba”, Instituto Mora- Universidad de Santiago de Chile, en prensa.

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“Monseñor Pablo Cabrera” de la Biblioteca “Elma K. de Estra- bou”, Facultad de Filosofía y Humanidades, todas de la Universidad Nacional de Córdoba; el Archivo de La Voz del Interior en Cór- doba; la Biblioteca Nacional y la Biblioteca del Congreso de la Nación, en Buenos Aires; a Miguel Ángel Jurado, Roberto Olivos y Pedro Esquivel del Instituto Mora en México. Mi agradecimien- to a queridos interlocutores que leyeron este libro cuidadosamente en los distintos momentos de su elaboración y contribuyeron con apreciables observaciones: Horacio Crespo, Andrés Kozel, Fabio Moraga, Susana García Salord, Ignacio Sosa, José Antonio Mate- sanz. También a Liliana Vanella, Lucio Oliver, Carlos Altamirano, Ana Foglino, Sergio Díaz, César Tcach, Silvia Roitenburd, Ana Carolina Ibarra, Gustavo Parra, Dardo Alzogaray, Javier Moyano, Carolina Carrizo, Luis Moyano, María Caldelari, Horacio Tarcus, Carlos Casali, Matías Rodeiro y Martín Bergel, por sus comenta- rios y apoyos. A Roberto Ferrero por esa primera pista en el esbozo de mi investigación: Asociación Córdoba libre! que des- cubrí en su texto acerca de la Reforma Universitaria. Agradezco a Irving Reynoso Jaime y a Jorge Navarro por el apoyo para la materialización de este texto en el objeto-libro.

Mina Alejandra Navarro Ciudad de México, otoño de 2009

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1

LA GENERACIÓN DEL ‘14

!

Apuntes históricos en torno a la “genealogía” de la generación del ‘14

En el contexto internacional, la Primera Guerra Mundial repre- sentó el derrumbe del modelo de civilización occidental tal como se había redondeado en la belle époque y, junto con ello, de todo su sistema de valores. En Argentina, y disparado por el criticismo generado por la conflagración europea, la mirada ejercida por sectores importantes de las élites juveniles sobre la Revolución Mexicana a partir de 1910 y aún con mayor intensidad sobre la Revolución Rusa de 1917, permitió ir perfilando esperanzados horizontes de renovación como fundamento de proyectos alterna- tivos a los regímenes políticos y a las estructuras culturales hegemónicas. Estas perspectivas de regeneración no se acotaron al país del Plata, multiplicándose en otros centros de irradiación intelectual en diversos puntos de América Latina: además de Buenos Aires y La Plata, podemos mencionar Lima, Santiago, La Habana, México, entre otros muchos. La ciudad de Córdoba, específicamente, constituyó uno de esos espacios de novedad, muy influyente, a partir de una serie de acontecimientos acaecidos en 1916 que desembocaron en el movimiento llamado Reforma Universitaria iniciado en junio de 1918, con alcances continenta- les. Los protagonistas fundamentales de este proceso en la ciudad mediterránea argentina fueron los jóvenes que se auto-reconocieron como la generación del ’14, y ellos son los sujetos fundamentales de este trabajo. El contexto argentino presentaba una situación compleja en diversos órdenes de la vida social, condiciones que se habían ido agudizando durante la primera década del siglo XX. Desde el último tercio de la centuria anterior millones de personas provenientes de Europa emigraron en busca de oportunidades económicas y de

libertades religiosas y políticas, estableciéndose en América del Sur y del Norte, África y Oceanía. Los países del Cono Sur de América fueron cuantiosos receptores de estos inmigrantes, particularmente Argentina, que brindaba entonces posibilidades de asentamiento y trabajo por la ampliación de la frontera agrícola, producto del desalojo violento de los indígenas y del desarrollo de una economía más compleja en algunas ciudades, especialmente la capital. Esto motivó importantes transformaciones sociales y culturales: Argentina pasó de tener un millón 736,923 habitantes en 1869, de acuerdo al Primer Censo Nacional, a tres millones 954,911 en 1895 (el segundo censo realizado), cifra que no responde a un crecimiento natural sino en gran medida a la inmigración de extranjeros. Para 1914, el Tercer Censo reveló la cifra de siete millones 885,237 habitantes, un 34% de incremento anual con respecto al censo anterior. Entre 1870 y 1914 arribaron al país casi seis millones de inmigrantes, principalmente españoles e italianos, representando en 1869 el 12.1% de la población total; el 25.4% en 1895 y el 29.9% en 1914. En los años sucesivos la tendencia se acentuó llegando los extranjeros a ser mayoría por un prolongado período en el grupo de 20 a 40 años de edad. 1 Los jóvenes varones representaban la mayoría de los inmigrantes, factor que influyó notablemente, además de sobre la composición de la población total, en el tipo de conformación de la fuerza laboral. La heterogeneidad despertó ansiedades en cuanto a la definición cultural de la identidad, los conflictos laborales y políticos e, inclusive, incertidumbre creciente en cuanto al futuro del país. Este clima difería profundamente del que había imperado en el período inicial de la modernización argentina. 2 Durante los años previos a la Primera Guerra Mundial, Ar- gentina, con sus casi ocho millones de habitantes, se transformaba en el país más moderno de América Latina. La

1 CORTÉS CONDE, Roberto, “El crecimiento de la economía argentina, c. 1870-1914”, BETHELL, Leslie (ed.), Historia de América Latina, Barce- lona, Crítica, vol. 10, 1992, pp. 20-21.

2 HALPERÍN DONGHI, Tulio, “Canción de otoño en primavera: previsio- nes sobre la crisis de la agricultura cerealera argentina (1894-1930)”, Desarrollo Económico, Buenos Aires, vol. 21, núm. 95, 1984.

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creciente superficie pampeana dedicada al cultivo, el surgimiento de poblaciones en las zonas rurales, la construcción de una ex- tensa red ferroviaria y de infraestructura portuaria fueron tan sólo algunos factores que es preciso tener en cuenta para comprender las características de la modernización argentina. En ese contexto, la consolidación del estado-nación a partir de 1880 representó una cuestión relevante en la cultura política de los jóvenes intelectuales del ’14. En sus debates se destaca una preocupación central: la búsqueda de fundamentos de estabilidad política y cultural, junto con la exigencia de un afianzamiento moral. Si bien la guerra europea había advertido acerca de la ne- cesidad de construcción de un escenario de valores elaborado desde América, en el quehacer nacional urgía la consumación de una propuesta de renovación política, pero sobre todo cultural y moral. Al respecto, José Ortega y Gasset ! haciéndose eco de los planteamientos efectuados en los últimos veinticinco años desde diversos sectores de la sociedad argentina! comentó durante una de sus conferencias en su tercera visita a Buenos Aires en 1939:

“La crisis argentina no es ni económica, ni política, ni social, sino moral e intelectual: faltan normas para vivir e ideas para orientarse”. 3 Acordes con un diagnóstico intuido sobre las causas del ma- lestar reinante desde el mismo inicio del siglo, los jóvenes del ’14 emprendieron la tarea de formular un proyecto de regeneración cultural y ética cuya eventual ejecución contribuiría, justamente, a la estabilización de la situación política, social, cultural y moral del país mediante la instauración de una democracia americana, concepto trabajado por Saúl Taborda en 1918, al que se sumaron entusias- tamente sus compañeros. Para comenzar la indagación en torno a la constitución de este grupo que sería actor principalísimo de los pasos iniciales del movimiento de la Reforma Universitaria en la Córdoba de 1918, creo importante ejercitar una revisión pormenorizada de algunos hechos de su proceso intelectual a partir del planteamiento en un doble nivel referencial: los senderos germinales de sus integrantes

3 HERRERO, Maira e Inés VIÑUALES, Ortega y Gasset en la Cátedra Ameri- cana, Buenos Aires, Nuevohacer / Grupo Editor Latinoamericano, 2004, p. 7.

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y las aproximaciones sucesivas a la definición de una conciencia grupal, en paralelo a la visión que fueron elaborando de su propia genealogía, y que contribuyó a su auto-reconocimiento y a la con- solidación de su identidad diferenciada. Me interesa cimentar el recorrido histórico de la generación del ’14 en términos de genealo- gía !entendida como una propuesta de un pasado inteligible como propio a partir de un posicionamiento presente! 4 para construir los puentes, en una concatenación verosímil, entre la visión específica del pasado argentino que fueron hilvanando y algunos hechos destacados ocurridos en Córdoba en 1916, plenos de sentido político-cultural, que ellos protagonizaron. Esa visión histórica construida por los jóvenes intelectuales cordobeses dife- ría de la vigente, instaurada desde 1880 en el auge positivista !acuñada fundamentalmente en Buenos Aires !, y significaba también la revelación de referentes intelectuales revalorizados, entre los que Esteban Echeverría era el más connotado, sobre los que podría fundarse una nueva tradición. Una referencia ineludible en esta dirección es la conformación del núcleo del romanticismo argentino con la denominada Gene- ración del ’37 a partir del Salón Literario organizado por Marcos Sastre en el Buenos Aires de los primeros tiempos de la dictadura del general Rosas (1835-1852). Este fue un verdadero hito histó- rico, ya que el debate que identificaba las reuniones de este grupo de intelectuales, relacionados a temas culturales y teorías sociales, políticas y filosóficas de autores europeos de diferentes tenden- cias ideológicas, desde el historicismo alemán al sansimonismo francés, marcó el surgimiento del movimiento liberal romántico responsable de la elaboración del proyecto que, convertido en

4 “La genealogía no se opone a la historia como la visión altiva y pro- funda del filósofo ni se opone a la mirada de topo del sabio; se opone, por el contrario, al desplegamiento metahistórico de las significaciones ideales y de las indefinidas teleologías. Se opone a la búsqueda del ‘ori- gen’”, FOUCAULT, Michel, Nietzsche, la genealogía, la historia, Valencia, Pre- Textos, 2004, p. 13. Aquí el filósofo francés está entendiendo el término origen en el sentido de fundamento teleológico que le otorgó el histori- cismo. Esta es la perspectiva en la que nos situamos desde la historia intelectual, y es desde aquí que intentamos verificar el mismo procedi- miento con los jóvenes del ’14.

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hegemónico a partir de 1862, finalmente organizaría el país y dejaría una marca decisiva en su fisonomía identitaria. 5 La creciente politización del grupo y las fuertes críticas al go- bierno hicieron que Rosas disolviera el Salón a poco de su inicio. A pesar de esto, Esteban Echeverría (1805-1851), Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y Juan María Gutiérrez (1809-1878) persistie- ron en su proyecto político-intelectual y organizaron en 1838 la Asociación de la Joven Generación Argentina. 6 Su objetivo fue la recuperación de la tradición liberal de la Revolución de Mayo, la promoción del progreso material y la resolución de la polariza- ción entre federales y unitarios a través de una nueva síntesis política. Para ello, creían que era necesario influir en la clase diri- gente mediante la “asesoría ideológica”, actitud muy presente a lo largo de la vida de Alberdi, quien inicialmente se acercó a Rosas, y luego visualizó al “príncipe” en la figura del general Urquiza, vencedor del dictador en 1852 y responsable del proceso consti- tucional de organización de la república en 1853. Otros integrantes de la generación prefirieron el protagonismo político directo, siendo los dos casos más destacados en este sentido, sin duda, los de Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento. De todos modos, sea cual fuere la peripecia individual, el proceso en su conjunto revela que la vocación política constituyó un ele- mento sustantivo de la definición generacional.

5 ECHEVERRÍA, Esteban, Dogma socialista, edición crítica y documentada, prólogo de Alberto PALCOS, La Plata, Universidad Nacional de La Plata, 1940; WEINBERG, Félix, El Salón Literario de 1837, Textos de Marcos Sastre, J.B. Alberdi, J.M. Gutiérrez y E. Echeverría, Buenos Aires, Hachette, 1958; HALPERÍN DONGHI, Tulio (Selección, prólogo y cro- nología), Proyecto y construcción de una nación (Argentina 1846-1880), Caracas, Ayacucho, núm. 68, 1980.

6 Semejante a la Joven Italia creada por Giuseppe Mazzini en 1831, diri- gida a la independencia y unificación italiana, con credo republicano e ideología provista por el liberalismo político radical, en la que militó Giuseppe Garibaldi, quien estuvo presente en Sudamérica desde la se- gunda mitad de la década de 1830 hasta 1848, enrolado en las luchas de los republicanos de Santa Catarina y Río Grande do Sul, y en la Banda Oriental, en el bando enfrentado a Rosas junto con los exiliados román- ticos argentinos.

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A finales de la década de 1830 los miembros de la Asociación Joven Argentina habían pasado abiertamente a la oposición a Rosas:

muchos emigraron a Montevideo, Chile, Bolivia o se dirigieron a las provincias del interior, donde continuaron con la fundación de filiales de la Asociación y con el quehacer de su propaganda polí- tica. Entre los que se adhirieron se cuentan Domingo F. Sarmiento (1811-1888), Bartolomé Mitre (1821-1906), Mariano Fragueiro (1795-1872), Vicente Fidel López (1815-1903) y José Mármol (1818-1871). La victoria de Monte Caseros ocasionó la caída de Juan Ma- nuel de Rosas después de haber estado al frente de un gobierno conservador y proteccionista durante diecisiete años y, también, abrió la posibilidad de que la coalición de jóvenes liberales ro- mánticos y viejos unitarios ilustrados operaran la organización constitucional de la Argentina, consolidada durante las tres si- guientes décadas. Este capítulo histórico tocante a la organización del estado-nación fue medular en la construcción de una concien- cia política entre los jóvenes de la generación del ’14, que fueron los primeros en considerar críticamente ese proceso después del optimismo desbordante de la generación del ’80 y el más atempe- rado pero estetizante y poco comprometido políticamente de la del Novecientos. 7 A pesar de la oposición de Buenos Aires, –regida desde sep- tiembre de 1852 como un Estado independiente– el general Urquiza, vencedor de Rosas y gobernador de Entre Ríos, organizó el Congreso Constituyente de Santa Fe en 1853 con la participación de las restantes provincias. Ahí se aprobó una Constitución de carácter republicano, representativo y federal atemperado, elaborada de acuerdo al modelo proporcionado por Juan Bautista Alberdi en sus Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, libro publicado en 1852. Urquiza fue elegido presidente de la Confederación Argentina en 1854 bajo la nueva

7 Para los elementos históricos generales he seguido: LYNCH, John, “Las Repúblicas del Río de la Plata”, Leslie BETHELL (ed.), Historia de América Latina, Barcelona, Crítica, vol. 6, 1991, pp. 264-315; GALLO, Ezequiel, “Política y sociedad en Argentina, 1870-1916”, Leslie BETHELL (ed.), Historia de América Latina, Barcelona, Crítica, vol. 10, 2000, pp. 41-66.

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Constitución, mientras que la ciudad y la provincia de Buenos Aires permanecieron separadas bajo la influencia de Bartolomé Mitre. Después de la batalla de Cepeda, en la que fue vencido el ejército de Buenos Aires, y con la firma del Pacto de San José de Flores en 1859, el Estado de Buenos Aires pasó a integrarse en la Confederación. Una nueva guerra civil, dos años más tarde, culminó en la batalla de Pavón con el triunfo de Buenos Aires, y en 1862 Mitre fue elegido como el primer presidente constitucional de la República Argentina unificada, siendo la capital provisional la ciudad de Buenos Aires, finalmente federalizada en 1880, en el transcurso del último gran episodio de la larga construcción de la organización estatal argentina. Durante el mandato de Mitre se concretó la unificación nacio- nal paralela a la efectiva conformación del Estado, imponiéndose la hegemonía de Buenos Aires sobre las autonomías del interior y los restos de la resistencia federal, e implicando también avances laicizantes que se reflejaron en asuntos relacionados con la educa- ción, el matrimonio y los valores, mismos que provocaron bajo gobiernos sucesivos una serie de conflictos entre “católicos” y “liberales”. 8 Además, Mitre involucró a Argentina en la Guerra de la Triple Alianza, uniéndose al Uruguay y al Imperio del Brasil en contra del Paraguay, en lo que acabó siendo una masacre que consolidó la hegemonía liberal en el Cono Sur de América al eli- minar la original experiencia autónoma de los gobiernos de Francia y los López en la nación guaraní. A Mitre le siguieron las presidencias de Domingo Faustino Sarmiento (1868-1874) y Nicolás Avellaneda (1874-1880), que sentaron los cimientos en la construcción de la Argentina mo- derna bajo tres grandes proyectos: unidad nacional, instituciones liberales y modernización con un gran impulso de los proyectos educativos populares. Durante su mandato presidencial, Domingo Faustino Sarmiento realizó el Primer Censo Nacional de Población y promovió la educación masiva, el desarrollo de las comunicaciones en el país y la creación de instituciones. Finalizó la Guerra de la Triple Alianza, iniciada en 1864. Durante la presidencia de

8 ROITENBURD, Silvia, Nacionalismo católico 1862-1943. Educación en los dogmas para un proyecto global restrictivo, Córdoba, Ferreyra Editor, 2000, pp. 16-17.

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Avellaneda se realizó la llamada Campaña al Desierto, empresa a cargo del general Julio Argentino Roca, que buscó incorporar los territorios patagónicos a costa de una crueldad genocida con la que se atacó a los aborígenes. Fue en este periodo en que la ciudad de Buenos Aires fue proclamada Capital Federal y separada de su provincia. Dardo Rocha, siguiente gobernador de Buenos Aires, fundó en 1882 la ciudad de La Plata con el fin de establecer una capital provincial diferenciada, que sería asiento del fundamental Museo de Ciencias Naturales (creado en 1884) y de una importante universidad nacional (1905). El general Julio A. Roca fue elegido presidente de la Nación en 1880, fecha que marca el comienzo de una etapa de gran cre- cimiento económico, institucional y educativo para Argentina, basado en el auge de una naciente economía que rápidamente se colocó como una de las principales exportadoras de materias primas del mundo. La oligarquía terrateniente agrícola y ganadera se consolidó como la clase dirigente de este proceso económico, usufructuando un régimen político excluyente y fundado en la manipulación electoral. A pesar de los adelantos del país y de los tiempos de bonanza, la clase media y los sectores populares que- daron excluidos políticamente durante muchos años, lo que provocó la conformación de una creciente oposición marginada del juego electoral y el estallido de varios levantamientos de di- versa intensidad en 1890, 1893 y 1905. Todos ellos pudieron ser controlados por el gobierno y la institucionalidad formal pudo mantenerse a pesar de las convulsiones. Uno de los logros relevantes de la última etapa de los gobier- nos oligárquicos en materia democrática fue el relacionado a la transformación de las condiciones electorales, hasta entonces manipuladas desde el gobierno, ya que el presidente era elegido por un sector restringido con base en el acuerdo mayoritario de la élite del poder. En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña pro- mulgó una ley (conocida como Ley Sáenz Peña) por la cual el voto pasó a ser obligatorio, secreto y “universal”, comprendiendo a toda la población masculina mayor de 18 años. Bajo el marco de esta nueva ley, en 1916 fue elegido presidente Hipólito Yrigoyen, candidato por la Unión Cívica Radical, representante de una coa- lición amplia centrada en la clase media y con claro apoyo

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popular, y principal animador de la oposición durante las dos décadas anteriores. Durante el gobierno de Yrigoyen, Argentina mantuvo una posición neutral durante la Guerra Mundial, sin sustraerse a la profunda crisis generada por la conflagración; no obstante, la prosperidad económica de la llamada “Argentina opulenta” se mantuvo durante la administración de su sucesor Marcelo Torcuato de Alvear (1922-1928), siendo entonces el país del Plata una de las naciones más ricas del mundo. La revista histórica hecha en los párrafos anteriores debe te- nerse en cuenta en tanto marco en el que se condujeron desde los jóvenes del romanticismo en 1837 hasta los de la estremecedora coyuntura de 1914. Existe un hilo de continuidad entre estas dos generaciones en torno a un proyecto político liberal sustentado en la vigencia del régimen democrático. He podido documentar el significado central de los pensadores románticos en la génesis del grupo cordobés a través del descubrimiento en los fondos de la sección de Estudios Americanistas “Monseñor Pablo Cabrera” de la universidad cordobesa de un hasta ahora desconocido folleto, fechado en julio de 1912, de Arturo Orgaz, uno de sus miembros más activos y destacados. 9 La importancia del escrito de Orgaz radica en el interés, hasta esos años desconocido, por el poeta y pensador romántico Esteban Echeverría y por sus ideas sociales y políticas. Dicho interés resulta altamente significativo dados el peso y la influencia de Orgaz sobre sus compañeros, influencia expresada en que fue presidente, como veremos, de la Asociación Córdoba libre. El propio nombre de la organización que nucleó generacionalmente a los jóvenes cordobeses denota el transparente eco de las ideas echeverristas y de la generación del ’37, constituida bajo su inspiración como Asociación de la Joven Generación Argentina en 1838. 10 Seguidor de su obra, Arturo Orgaz –un estudiante de

9 ORGAZ, Arturo, Las ideas sociales de Echeverría, Córdoba, s.p.i., 1912. La clasificación de este folleto en la mencionada biblioteca es 9312. El documento completo se puede consultar en el Anexo de este libro. 10 PALCOS, Alberto, “Prólogo”, en ECHEVERRÍA, 1940, pp. XXX-ss.; WEINBERG, Félix, Esteban Echeverría, ideólogo de la segunda revolución, Bue- nos Aires, Taurus, Nueva Dimensión Argentina, 2006, pp. 107-ss.

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derecho en la universidad cordobesa en 1912– rindió con su monografía un “sencillo homenaje” a Echeverría: 11

A través de sus escritos de diverso asunto, el fundador de la Aso- ciación de Mayo, se revela como un espíritu analítico y crítico; como un temperamento vigoroso. Actuó en la primera mitad del pasado siglo, época en que la humanidad en su marcha progresiva, había recibido el impulso de nuevos ideales. Al individualismo exa- gerado de la Edad Media, había reemplazado el espíritu de la asociación. El hombre no era ya astro sino que significaba un átomo del componente complejo llamado sociedad. 12

Orgaz se ubicaba como vocero de su obra múltiple:

Como publicista, en el periodismo y en la cátedra del conferencista, tratando de ciencia política, económica y educacional, expuso con precisión su pensamiento y sus teorías. Pero la obra que se había impuesto no debía concluir con él: era una obra múltiple, atrevida, grandiosa; debía ser llevada a la práctica por otras generaciones y tener por voceros otros cerebros privilegiados y otros corazones patriotas. Sus enseñanzas quedaron palpables y sus palabras reso- nando en el ambiente social como cantos de profecía. 13

Según Halperín Donghi, la generación del ’37 “se veía a sí misma como la más reciente concreción de esa élite [la élite le- trada, M.N.], se veía también como la única guía política de la

11 Arturo Orgaz elaboró esta monografía como trabajo práctico que el profesor de sociología Dr. Enrique Martínez Paz encargó a sus alumnos para abordar el tema del pensamiento social en los autores del siglo XIX, cf. MARTÍNEZ PAZ, Enrique, Trabajos de la clase de sociología, Córdoba, La Italia, vol. I, 1912. La cátedra de sociología se creó en 1907 a instancias del Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba, dentro del plan de estudios de la carrera de derecho. Martínez Paz sustituyó a Isi- doro Ruiz Moreno, docente de larga trayectoria en la Facultad de Derecho y una vez confirmada su posición, hizo modificaciones al programa de la materia; recurrió a textos de la Escuela de Chicago de Sociología, como los de Franklin Giddings y Lester Ward, cf. POVIÑA, Alfredo, Nueva historia de la sociología latinoamericana, Córdoba, Assandri, 1959.

12 ORGAZ, Las ideas, p. 4.

13 Ibídem, p. 6.

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nación”. 14 Y en ese sentido el proceso fue revelador. Alberdi, autor de la histórica obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, publicó por primera vez en Valpa- raíso en 1852, escrito sobre el que se inspiró la Constitución de 1853. A este respecto, Arturo Orgaz escribió:

La acción de Echeverría se refleja por entero en las “Bases” para la organización argentina que publicó el doctor Alberdi en Valparaíso en 1852, obra que puede considerarse como un trasunto del dogma [Orgaz se refiere aquí al Dogma Socialista, la obra teórica y política fundamental de Echeverría, M.N.]. “Todas las novedades inteli- gentes –dice el autor citado [J. B. Alberdi, M.N.]– ocurridas en el Plata y en más de un país vecino desde 1830, tienen por principal agente y motor a Echeverría”. I esas ideas informaron el espíritu doctrinario del código político de 1853, que con modificaciones de detalle nos rige hoy. 15

El reconocimiento generacional reside en el proyecto naciona- lista-liberal, representado en la construcción del estado-nación argentino bajo el signo de la modernidad y la civilización funda- mentalmente europea, y en todo caso especialmente para Sarmientoconsiderando también sus derivaciones en Estados Unidos. El curso de acción desde la victoria de Monte Caseros sobre Rosas en 1852, el triunfo de Mitre sobre Urquiza en Pavón en 1861 y la desbandada del proyecto federal de la Confedera- ción, son signos de esa lucha. Para los integrantes de la generación del ’14, si bien se luchaba por “el mismo” proyecto de base democrática moderna, éste debía respaldarse en instituciones e ideales americanos y, sobre todo, articularse en la necesidad de un programa capaz de restituir el vacío de significación del modelo occidental. Mientras que en los jóvenes románticos hay una deliberada acción por consolidar un proyecto político, en los segundos hay una sensación de pér- dida que debe ser regenerada. En cuanto al proyecto político- intelectual, los miembros de la generación del ’37 constituyen un referente primordial para la generación del ’14 porque son identi-

14 HALPERÍN DONGHI, Proyecto, p. XXV. 15 ORGAZ, Las ideas, pp. 6-7.

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ficados como los “precursores” de los propósitos de consolidación

e identidad nacional:

Las ideas expuestas hablan muy alto del genio de Echeverría y le colocan, como dijimos al principio, en el envidiable puesto de los precursores. La Patria sin embargo ha sido con él, injusta: casi di- ríamos que le había olvidado: un mezquino homenaje tributado a su memoria hizo vibrar fugazmente en los corazones argentinos el nombre de Echeverría. Muchos de nuestros compatriotas se pre- guntaron entonces y seguirán preguntándose hoy, amparados por su ignorancia: ¿Quién fue Echeverría? ¿Qué hizo? ¿Qué posiciones ocupó? ¿Cuáles son sus títulos para merecer el respeto y la admira- ción nacionales? Nosotros les diríamos: Leed al poeta, fue el Byron Argentino; leed al autor de ciencia política y social, fue el antece- dente de Alberdi; leed al educacionista, fue el inspirador de Sarmiento, admirad el desinterés, la abnegación, el carácter de ese hermano vuestro, es un ejemplo; leed al crítico satírico, es un trasunto de Larra. 16

La organización de la República Argentina –desde mediados de siglo XIX hasta entrados los años ochenta– fue el proceso po-

lítico en el que se movilizaron los intelectuales de la generación del ’37. Ellos formaron parte de la élite letrada cuya trascendencia estuvo determinada por la falta de interlocutores en el poder en el momento de Rosas, y luego de Urquiza, y cuya vigencia decisiva luego de Pavón fue velada a partir de 1880 y posteriormente. No fue sino hasta 1912 que un integrante de la nueva generación que se plasmaría en la encrucijada de 1914, Arturo Orgaz, en su mo- nografía sobre Esteban Echeverría que nos ocupa, destacó el significativo y poco reconocido papel fundacional de los intelec- tuales románticos frente al compromiso de la unificación del país

y la organización del estado-nación. En las ideas políticas de los integrantes de la generación del ’37 destacan evidentes presencias del pensamiento europeo. Esta mirada política viró de Europa hacia América con las propuestas político-intelectuales de la generación del ’14, como resultado del derrumbe de ese modelo occidental tras la gran guerra en el Viejo Continente. Mientras que la organización política del país había

16 Ibídem, p. 19.

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sido la principal preocupación en los del ’37, en los del ’14 la instauración del régimen democrático aparece como eventual garantía para la continuidad de aquel proyecto político unificador y, a la vez, para la edificación del porvenir americano. La generación del ’14 legitimó históricamente su actuación política intelectual, el emprendimiento de un proyecto americano, con el proyecto surgido en Buenos Aires y elaborado en el destierro por los miembros de la generación del ’37. La monografía que Orgaz realizó en 1912 es muestra de la identificación política que carac- terizó en ambos grupos el compromiso generacional vis-a-vis con la historia política del país.

El escenario: singularidad histórica de Córdoba, “mediterránea” y “docta”

“Ciudad mediterránea”, “llave del interior” –decía Mitre–, “la docta”, son algunas de las elocuciones que identifican a la ciudad de Córdoba. Hablar de Córdoba –como lo señala Horacio Crespo– nos remite a hacerlo desde su misma lógica interna, ini- ciada desde el momento puntual de su fundación, por Jerónimo Luis de Cabrera, en 1573.

Articular esta visión de Córdoba implica una profunda revisión de la historiografía, de las condiciones de su producción y de los pre- supuestos fundantes: es decir, de la historia de la nación como historia de Buenos Aires, como relato consagrado de la construc- ción de la nación en cuanto proyecto de afirmación de la hegemonía de Buenos Aires, acaso con un “complemento” –la historia de las provincias–, tal como lo diseñó Ricardo Levene para la Academia. 17

Sarmiento describió imaginariamente Córdoba en 1845 inte- grada en su dualismo de Civilización y Barbarie. Las constantes citaciones que se han hecho de esta visión corroboran su vigencia.

Esta ciudad docta no ha tenido hasta hoy teatro público, no cono- ció la ópera, no tiene aún diarios, y la imprenta es una industria que

17 CRESPO, “Identidades”, pp. 162-190.

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no ha podido arraigarse allí. El espíritu de Córdoba hasta 1829 es monacal y escolástico; la conversión de los estrados rueda siempre sobre las procesiones, las fiestas de los santos, sobre exámenes universitarios, profesión de monjas, recepción de las borlas de doctor. 18

Para Sarmiento fue de fácil solución incluir Córdoba en la barbarie porque correspondía al retraso que no se suponía en la “culta” Buenos Aires, y en realidad no se comprometió con lo que seguramente era la Córdoba en aquellos tiempos: una ciudad en el centro del paisaje argentino, con un núcleo de doctores y de clérigos, con un cabildo y una universidad…; una sociedad de muy marcadas tradiciones. En este sentido, en esa doble tradición que se respira en la ciudad mediterránea, Raúl Orgaz aludió a la “bifacialidad” cordo- besa. 19 En 1973, como parte de su obra inacabada, Alfredo Terzaga criticó la versión sarmientina de Córdoba y, en una mi- rada mucho más profunda y heterodoxa, resaltó hechos y personajes que a lo largo de la historia de la ciudad no surgieron de la nada ni fueron ajenos al país,

como tantas veces se ha pretendido afirmarlo en transparente in- tención denigratoria, sino que tiene raíces –muy hondas– en el propio pasado del Interior argentino y, más particularmente, en la historia de la vieja ciudad hoy cuatricentenaria, donde la tradición universitaria –esa que Sarmiento calificaba de medieval– era una especie de síntesis o resumen de lo que pensaban y querían las su- cesivas generaciones que, desde todas las zonas del Virreinato, acudían a las aulas cordobesas. 20

18 SARMIENTO, Domingo Faustino, Facundo, prólogo de Noé Jitrik, notas y cronología de Nora Dottori y Silvia Zanetti, Caracas, Ayacucho, núm. 12, 1977, pp. 106-109. 19 Citado en TERZAGA, Alfredo, Claves de la historia de Córdoba, Río Cuarto, Universidad Nacional de Río Cuarto, 1996, p. 193. Este libro fue escrito en 1973 pero la muerte repentina del autor dejó inacabada la obra que estaba pensada en dos tomos en su inicio. La Universidad recuperó los escritos y publicó este material en 1996. 20 Ibídem.

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A fines de los ochenta, José Aricó advirtió en la situación de

“frontera” uno de los aspectos fundamentales de Córdoba, fun- damental para la dilucidación de la trama histórica del país, de la disputa entre el Interior y Buenos Aires:

Como ciudad de frontera, Córdoba estuvo sometida a fuertes con- trastes. El confesionalismo católico, basado en la fuerte presencia de una iglesia de matriz ideológica integrista, debió enfrentarse siempre con el obstáculo que le ofrecía un radicalismo laico persistente. 21

El “fenómeno Córdoba” es el tema al que está consagrado un

conjunto de trabajos de José Aricó, Antonio Marimón, Héctor Schmucler, entre otros –publicado en la revista Plural al finalizar los años ochenta–, quienes indagaban acerca de la pertinencia e importancia de la singularidad histórica de la “ciudad docta” frente al contexto nacional. Algún tiempo después, esta preocu- pación-debate fue retomada por Horacio Crespo. 22 Según él, la visión de provincia reaccionaria, monacal, ultramontana –visión que sirve para describir la ciudad de Córdoba, desde Sarmiento al Manifiesto liminar y a lo largo de toda la obra reformista– proviene de la mirada confusa e intrincada de la “prolongada y aguda tensión entre tradición e innovación, tradición y vanguardia, tradición y modernidad”. 23 El aporte jesuítico con su cauda de racionalismo a lo largo del siglo y medio que condujo la Universidad; la controvertida tesis de Cárcano Sobre los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos, rendida en 1884, y el resistido papel de la Corda Frates, una asociación de militantes católicos, son tan sólo algunas presencias que ejemplifican esas prolongadas y agudas tensiones a las que remite Crespo.

21 ARICÓ, José, “Tradición y modernidad en la cultura cordobesa”, Plu- ral, Buenos Aires, año I, núm. 13, marzo, 1989, p. 11. 22 PLURAL, Revista de la Fundación Plural para la participación democrática, Buenos Aires, año I, núm. 13, marzo, 1989; CRESPO, “Identidades”, pp. 162-190. 23 CRESPO, Horacio, “Córdoba, Pasado y Presente y la obra de José Aricó Una guía de aproximación”, Prismas, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, p. 145.

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Ciertamente, Córdoba se perfiló como centro cultural para los

jóvenes de las provincias del interior, de Perú, Chile y Bolivia, debido a la actividad de su Universidad. Durante el primer cuarto del siglo XVII los jesuitas abrieron en Córdoba el Colegio Máximo (1613), lugar en el que los alumnos, en particular los religiosos de esa orden, recibían clases de filosofía y teología. Este proyecto, articulado intensamente con la actividad misionera en el Paraguay, estuvo sostenido durante casi dos siglos por la significativa labor de la Compañía de Jesús. 24 Sin embargo, en 1767, los jesuitas fueron expulsados del te- rritorio americano por ser conceptuados como una amenaza para la monarquía española; fue así como la institución universitaria pasó a manos de los franciscanos. Los conflictos entre franciscanos

y el clero secular, en disputa por la dirección de la Universidad,

provocaron el re-bautismo del establecimiento, que por Real Cédula del año de 1800 pasó a denominarse Real Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat. Esta cédula fue ejecutada en 1808 con el nombramiento del Deán Dr. Gregorio Funes como rector. A partir de este momento, el clero secular desplazó a los franciscanos de la conducción de la Universidad. El rectorado del Deán Funes, de espíritu progresista y abierto

a los nuevos desarrollos de la ciencia y la técnica, se distinguió

por la proyección de profundas reformas a los estudios y la intro- ducción de nuevas materias (aritmética, álgebra y geometría, entre otras). Con la Revolución de mayo de 1810 Funes se integró a la Junta de Gobierno en Buenos Aires y desempeñó una activa vida política e intelectual hasta su muerte en 1829. Entre 1860 y 1880 se implementaron algunas reformas aca- démicas importantes en el interés de modernizar la Universidad Nacional de Córdoba, impulsadas inicialmente por el rector Ma-

24 En 1621, el Breve Apostólico del Papa Gregorio XV otorgó al Cole- gio Máximo la facultad de conferir grados, ratificado por el monarca Felipe IV a través de la Real Cédula del 2 de febrero de 1622. A media- dos de abril de ese año, el documento llegó a Córdoba y el Provincial de la Compañía, Pedro de Oñate, con el acuerdo de los catedráticos, de- claró inaugurada la Universidad. Cf. Constituciones de la Universidad de Córdoba, Córdoba, Instituto de Estudios Americanistas-Universidad Nacional de Córdoba, núm. VII, 1944, pp. 81-83.

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nuel Lucero. Durante la presidencia de Sarmiento, la ciencia cobró particular impulso debido a la incorporación de profesores extranjeros especializados en ciencias naturales y exactas. De éstos, siete profesores alemanes fueron los responsables de la impartición de los cursos de ciencias físico-matemáticas en la Universidad Nacional de Córdoba. En esta época se crearon la Academia Nacional de Ciencias de Córdoba y la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. La Ley Avellaneda, ley na- cional promulgada el 3 de julio de 1885, normó el funcionamiento de las casas de altos estudios –en ese momento solamente dos, la

de Córdoba y la de Buenos Aires– ejercido hasta este entonces sin ninguna autonomía y controlado por el Poder Ejecutivo nacional. La Ley Avellaneda fijó las bases de ajuste de los estatutos de las universidades nacionales y se refería fundamentalmente a su organización administrativa. Los aspectos restantes eran decisión de cada una de las universidades. En 1886 fueron modificados los estatutos de la Universidad Nacional de Córdoba para adaptarlos

a las prescripciones de esta Ley. Tal era la situación orgánica

institucional en el momento del movimiento reformista de 1918. Hacer una revista histórica pormenorizada de la Casa de Trejo, 25 denominación canónica de la Universidad de Córdoba, no

es menester de esta investigación. 26 Sí lo es señalar su importancia

en la historia de la ciudad y de la región en el marco del debate en torno a su singularidad histórica frente al contexto nacional. La Universidad de Córdoba ha jugado un papel fundamental en la trayectoria histórica de la ciudad. La usual referencia de

25 La denominación proviene del Fray Fernando Trejo y Sanabria, franciscano del Paraguay, elegido por Clemente VIII en 1592, consagrado ese mismo año y con posesión de su diócesis en 1595. Falle- ció en 1614. Fundador de la Universidad de Córdoba, sobre la base del Colegio Máximo de los Jesuitas, de 1610. 26 Una revisión histórica bien trabajada sobre la Universidad Nacional de Córdoba y su importancia como institución pública en el contexto de un país en crisis es la tesis doctoral de Daniel Guillermo SAUR, “Repre- sentaciones mediáticas de la universidad pública en el contexto de un país en crisis, un análisis en la prensa gráfica (Argentina 2001–2002)”, México, IPN-CINVESTAV, 2006.

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Córdoba, la ciudad docta, denota el carácter universitario de la sociedad cordobesa:

en la cumbre social hallábanse los letrados, el clero y los en-

greídos funcionarios procedentes, directa o indirectamente, de la metrópoli. De clara prosapia, depositarios de toda la ciencia de la época, poseedores de los altos cargos y dignidades, los Doctores, Licenciados, Maestros y Bachilleres de la Casa de Trejo constituían una aristocracia libre y universalmente acatada, aparatosa y formu- lista, culta y devota, empapada del honor del título y prevalida de su notoria superioridad sobre el común de las gentes. La aureola de que la rodeaba la Colonia resistió a las niveladoras conmociones de la Independencia. Los rastros de su influencia se perciben sin es- fuerzo en la trama de la vida nacional. Y aún hoy mismo [1905] el doctoral pergamino conserva cierto lustre prestigioso, tras el cual se precipita la juventud a las aulas universitarias. 27

] [

En este sentido, la funcionalidad de la aristocracia doctoral estaba vinculada al paso por la Casa de Trejo. Los jóvenes de la generación del ‘14 egresaron de la Universidad con el título de abogados, sin embargo es importante destacar su significativa inclinación por la filosofía, la sociología y las artes. La obtención del pergamino doctoral les otorgaba un elevado estatus y el prestigio social para conducirse entre las más altas dignidades. 28 Capdevila describe el paseo de los doctores en Córdoba del Recuerdo:

Entretanto iban y venían por las aceras los solemnes doctores de Córdoba, vestidos de negro, de levita y sombrero de copa, luciendo enormes chalecos blancos. Y se reverenciaban los unos a los otros, diciéndose “mi doctor” en unas largas y estiradas salutaciones. Pa- saban también jóvenes josefinos, caminando con cierto aire hierático que no revelaba sino una incontenible predisposición doctoral. 29

27 RÍO, Manuel, cit. en AGULLA, Juan Carlos, Eclipse de una aristocracia, Una investigación sobre las élites dirigentes de la ciudad de Córdoba, Buenos Ai- res, Líbera, 1968, p. 26. Manuel Río fue un importante funcionario de la Universidad Nacional de Córdoba a principios del siglo XX e historiador de la provincia, de allí la relevancia de su juicio.

28 Ibídem, p. 27.

29 CAPDEVILA, Arturo, “Nuevos Tiempos”, Córdoba del Recuerdo, Buenos Aires, Espasa Calpe Argentina, 5ta. ed., 1944 [1939], p. 116.

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Hemos señalado el impacto de la guerra europea en el pro- yecto americano que emprendieron los jóvenes de la generación del ’14, y destacado la fundamentación de su connotación letrada –aristocrática y doctoral– debido al papel que jugaba la universi- dad en la sociedad cordobesa. El caso de Saúl Taborda no se explica a través de ese rol aristocrático debido a que provenía de un pueblo del interior de la provincia de Córdoba y su familia no pertenecía a ese sector social elevado, a diferencia de un Roca o de un Orgaz. Más adelante se abordará con detalle algunos rasgos que hacen a la trayectoria de Taborda y a la riqueza de su pensamiento. Existe un tercer elemento básico en el discernimiento del idea- rio de los jóvenes de la generación del ’14, y que además marca otra diferencia con los intelectuales del ’37. Tiene que ver con el proceso de modernización que vivía Buenos Aires desde la dé- cada de los ochenta del siglo XIX y que se extendía al resto de las provincias. Buenos Aires, la capital federal, desarrollaba –en el entendido de Lynch– un crecimiento a través de las exportaciones del sector agrario, de las inversiones en la nueva infraestructura y de la inmigración. 30 En Córdoba, en cambio, se hace referencia a un proceso de modernidad sin modernización en el que convivie- ron “la memoria y el cambio, la tradición y revolución en este intento de armonizar elementos de la cultura local y universal”. 31

Digo, pues, que la muralla de las lomas iba siendo franqueada por el progreso. La siesta conventual acabaría pronto. El diablo de la mecánica había tomado definitiva posesión del mundo. La gente se disponía a caminar más a prisa. Así, un día se vió por aquellas angostas calles una insidiosa bicicleta anunciadora. Aquella bicicleta era instrumento de propaganda co- mercial; pero también, sin proponérselo, éralo de propaganda moral. Pedaleaba sobre ella un jacarandoso ciclista con disfraz de mono sabio que debió parecer una chocante imagen de las doctri- nas “disolventes” de Darwin. Seguíalo una nube de chiquillos, corriendo hacia el porvenir. Ello es que entre burlas y veras el libre

30 LYNCH, John, “Las Repúblicas del Río de la Plata”, BETHELL, Leslie (ed.), Historia de América Latina, Barcelona, Crítica, vol. 6, 1991, p. 298. 31 ROITENBURD, Nacionalismo, p. 172.

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pensamiento se entraba en bicicleta por aquellos empedrados de la tradición […]. 32

Ciertamente Córdoba formó parte del proyecto hegemónico liberal, pero en él convergieron, tensándolo, focos de resistencia propios de la presencia secular de la Compañía de Jesús y de la fórmula discursiva inscrita en el nacionalismo católico, dando como resultado un conjunto de pautas políticas, sociales y cultu- rales distintas a las preexistentes en Buenos Aires, ciudad en la que el catolicismo era casi nulo en el sentido de una real influen- cia política, al menos hasta la década de 1930. Los efectos políticos del debate entre la tradición y la modernidad apuntan a un proyecto de nación divergente del programa liberal encabe- zado por Buenos Aires. La Córdoba católica se oponía a los intentos liberales, que en términos laicizantes pugnaba por lograr la inserción de Argentina en la modernización. Esa Córdoba, anatemizada por Sarmiento en el Facundo, demandaba, sin nin- guna intención separatista, un proyecto de nación distinto, fundado en parte, en la ortodoxia integrista del clericalismo cató- lico y, en parte, en diseños liberales con matices propios. El impacto del aporte jesuítico en Córdoba se revela clara- mente en cuestiones vinculadas con la identidad y la cultura. 33 En 1765 los jesuitas introdujeron la primera imprenta para uso de la Universidad. Tras la expulsión de éstos, la misma quedó en total abandono. El gobernador Juan B. Bustos, con la creación de un fondo a través de la Junta Protectora de Escuelas, promovió la compra y entrega de una nueva imprenta a la Universidad en la década de 1820. No es casual que entre los diarios cordobeses de mitad del siglo XIX hasta la década de los setenta (siglo XX) figure una secuencia de títulos que actuaron, según Roitenburd, en aten- ción al eje de una compleja práctica política y de difusión ideológica, sustentado en la causa católica: El Eco de Córdoba (1862-1886),

32 CAPDEVILA, Córdoba, pp. 114-115. 33 Para este tema, en particular para Córdoba, consultar la extensa obra de Pedro Grenón S. J., y también la de Guillermo Furlong S. J. para el contexto más general de la historia de la Compañía en Argentina.

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sustituido por El Porvenir (1886-1892), y en adelante, Los Principios, hasta 1977. 34 En otro plano de ideas, desde el enfoque liberal, Ramón J. Cárcano –futuro gobernador de Córdoba en 1913 y 1925– 35 rin- dió su tesis doctoral en 1884: Sobre los hijos adulterinos, incestuosos y sacrílegos en la Universidad Nacional de Córdoba; con ello tomó la delantera no sólo en el tema del matrimonio, pues trastoca la indisolubilidad de este vínculo, sino también en la discusión de la patria potestad de los hijos y de los derechos de la mujer, pro- pugnando en sí una explícita separación del Estado y la Iglesia. Esta tesis, sostiene el mismo Cárcano en sus memorias, fue la primera que se presentó por escrito en la Universidad, acompa- ñada de la defensa de doce proposiciones sobre temas de la disciplina. 36 El punto fundamental que cuestionaba Cárcano era el

34 ROITENBURD, Nacionalismo, p. 37. La investigación en torno al nacionalismo católico cordobés reúne, entre otras cuestiones, los “desafíos a la ofensiva eclesiástica”. Este material es uno de los pocos trabajos que avanza en el análisis de los rasgos de la contraofensiva de un núcleo de matriz eclesiástica local y de las relaciones que va estable- ciendo con las distintas fracciones de las élites “liberales” que toman los resortes del estado, provincial y nacional.

35 En 1912, el Partido Constitucional y parte de la Unión Nacional formaron la Concentración Popular, con Ramón J. Cárcano y Félix Garzón Maceda como candidatos a gobernador y vice; se impusieron sobre los de la Unión Cívica Radical. Un año después, en 1913, se fundó en Córdoba el Partido Demócrata, coalición de dirigentes que pertene- cían a las viejas fuerzas políticas reunidas en la Concentración Popular. Este partido reunía un importante caudal electoral y redes políticas especialmente del noroeste de la provincia y, poco frecuente en esos tiempos, fue capaz de conciliar –al menos formalmente, precisa Garde- nia Vidal– los enfrentamientos entre católicos y liberales al unir a ex juaristas como Ramón J. Cárcano y católicos militantes como Juan F. Cafferata, cf. VIDAL, Gardenia: Radicalismo en Córdoba, 1912-1930, Los grupos internos: alianzas, conflictos, ideas, actores, Córdoba, Universidad Na- cional de Córdoba, 1995, p. 30.

36 En 1878 se suprimió la ignaciana de la época jesuítica, por la cual el candidato al doctorado debía defender doce conclusiones durante cuatro horas, y una oposición de una hora, ante las autoridades de la Facultad,

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retraso de la legislación argentina. Este hecho fue una franca y abierta manifestación de liberalismo; un estudio que resultó de lecturas, conversaciones y encuentros entre liberales, que cierta- mente los había en Córdoba. Casi veinte años atrás, en 1867, el Gobernador de Santa Fe, Nicasio Oroño, había presentado el proyecto y promulgado la ley provincial de matrimonio civil. 37

Ubiquemos este hecho como un antecedente fundamental en la exposición de la tesis de Cárcano. Estas expresiones universitarias

y jurídicas formaron parte del proyecto liberal en el último trans- currir del siglo XIX. La propuesta radical yrigoyenista, en los inicios del siglo XX, corrobora la entrada a la modernidad. Este paso se normativizó en el ámbito de la política con la aprobación de la Ley Sáenz Peña. La abstención, la revolución y la formación de un amplio movimiento político dispuesto en torno a una figura carismática, como lo era Yrigoyen, fue resistido por diferentes grupos en el interior de la Unión Cívica Radical (en adelante UCR) a nivel na- cional. Esto dio pie al surgimiento de nuevos proyectos conservadores. Otros radicales se mantuvieron aliados a la UCR pero sin apoyar el yrigoyenismo y fue así como se conformó el llamado Grupo Azul en Córdoba, lo que confirma la presencia también aquí de ese patrón generalizado en todo el radicalismo y

que persistiría durante décadas, inclusive después de la muerte del caudillo en 1933. 38 En el discurso del nacional catolicismo, el sufragio universal, la extensión de los ferrocarriles, la inserción al mercado mundial,

el ingreso de capitales extranjeros, la inmigración, la diversidad de

prácticas religiosas, figuraban como fuerzas adversas a la tradición católica de Córdoba, de añejo enraizamiento, protagonizada por todo un sector de la vieja aristocracia local con ambiciones ideo-

cf. CÁRCANO, Ramón J., Mis primeros ochenta años, Buenos Aires, Sudame- ricana, 1943, citado por ROITENBURD, Nacionalismo, p. 244. 37 Esta iniciativa respondía tanto a una demanda local, pero también general. Santa Fe, según Silvia Roitenburd, era una de las provincias que promovía la inmigración con mayor intensidad; ROITENBURD, Naciona- lismo, p. 87. 38 VIDAL, Radicalismo, pp. 19-20.

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lógicas y políticas mucho más amplias que las relativas al ámbito puramente provincial, como precisa Crespo. 39 Para ahondar en el caso de Córdoba, en particular, en la pre- sencia de la iglesia con una matriz ideológica integrista, me remitiré a la Corda Frates por su equivalencia a una clara proyec- ción política y cultural del confesionalismo católico en la sociedad cordobesa. Gardenia Vidal trabajó en el tema de esta misteriosa congregación, de la que poco se conoce y mucho queda aún que revelar. Se trata de una “asociación” de militantes católicos que actuaban en función de un único objetivo: la preservación del control del poder político en la provincia. 40 El análisis y revisión de este asunto contribuirá a comprender las divergencias y dife- rencias de Córdoba en el contexto nacional. La Corda Frates estuvo integrada por “doce caballeros católi- cos”, según una nota del diario La Nación publicada en 1917 y referida recurrentemente por los especialistas en el tema. Lo que resulta revelador es la participación de Arturo M. Bas como ca- beza del grupo, así como también la presencia de muchos miembros de la aristocracia cordobesa en sus filas. 41

39 CRESPO, Horacio, “Identidades”, 1999. A este respecto, este autor advierte sobre la necesidad, aún poco trabajada, de evaluar el papel de la aristocracia cordobesa por la historiografía nacional. Existe una acertada visión sociológica de este grupo social trabajada por AGULLA, Eclipse, 1968.

40 Consultar la minuciosa y prolija investigación de Gardenia Vidal en torno al radicalismo de Córdoba en el período 1912-1930, que es la edición de su tesis doctoral, VIDAL, Radicalismo, pp. 52-57.

41 Arturo M. Bas fue antirreformista, un hombre vinculado a las empre- sas extranjeras (fue abogado de la compañía de tranvías); perteneciente al sector vinculado al clero más conservador de Córdoba, cf. MARCÓ DEL PONT, Luis, Historia del movimiento estudiantil reformista, Córdoba, Universitas Editorial Científica Universitaria de Córdoba, Historia Co- lección Temática, 2005, p. 31. Con relación a su trayectoria política, Bas figuró protagónicamente en el grupo de los católicos. Los dirigentes católicos, entre ellos Bas, convinieron constituir un partido a nivel na- cional –el Partido Constitucional– que integraría a todos aquellos militantes católicos que hubieran quedado al margen de los partidos políticos mayoritarios. En las elecciones de 1912, añade Gardenia Vidal, es posible que el Partido Constitucional se haya presentado liderado por Arturo M. Bas. Otros integrantes de este partido, hombres claramente

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No es un partido, ni club, ni una sociedad, ni nada que se le pa- rezca. Es una tertulia de doce caballeros, católicos –este es su más fuerte vínculo espiritual– y de edades aproximadas, muy unidos entre sí por lazos de amistad y aun de parentesco, que se reúnen en comidas y almuerzos periódicos, ya en un hotel, ya en casa parti- cular de alguno de ellos. Universitarios en su mayoría, políticos casi todos, funcionarios y ex funcionarios, legisladores y ex legisladores, los asuntos públicos los ocupan desde luego, y aun cuando con frecuencia sus señoras les acompañan en los ágapes, no dejan éstos de presentar cierto aspecto de consejos de estado. La unidad de la fe completa la semejanza con una agrupación de militantes, pero lo cierto es que allí hay independientes, radicales azules, algún simpa- tizante con los rojos, algún platónico amigo de los demócratas. El doctor Arturo M. Bas, uno de los hombres más reputadamente inteligentes e ilustrados de Córdoba es, al decir de muchos, cabeza del famoso grupo, en el cual figuran el gobernador de la provincia, dos de sus ministros, el intendente municipal, el doctor Antonio Nores, profesores de las facultades, etc. Tienen gentes de todos los partidos, tienen diputados de todos los rumbos. Así, caiga el que caiga, triunfe el que triunfe, la ‘Corda’ sale siempre parada. 42

La relevancia de este agrupación se corrobora cuando sabe- mos de su participación en el episodio de las elecciones de rector en 1918, causa por la que estalló el movimiento de Reforma Uni- versitaria. Años atrás, Arturo Capdevila había publicado una severa crítica contra la Corda en la Revue Argentine. Advertía allí sobre su carácter internacional y demarcaba la ubicación de una de sus representaciones precisamente en la Universidad de aquella ciudad “monacal”. El episodio, singular para determinar el origen y la ubicación de un aspecto medular de la disputa cordobesa de esos años, se desarrolló así. En 1913, Arturo Capdevila asistió a la reunión

alineados con la Iglesia, fueron: Antonio Nores, Juan F. Cafferata, Gui- llermo Lascano, Manuel S. Ordoñez. En 1918, nuevamente el Partido presentó candidatos en los comicios municipales de ese distrito y logró imponer dos concejales, sin embargo la agrupación se disolvió al poco tiempo debido a conflictos internos, VIDAL, Radicalismo, p. 27. 42 La Nación, 16/6/1917, en SANGUINETTI, Horacio y Alberto CIRIA, La Reforma Universitaria, Buenos Aires, CEAL, Biblioteca Política, núm. 38, 1983, p. 25. Las cursivas son mías, M.N.

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estudiantil en la Universidad de Cornell –en Ithaca, en el estado de Nueva York– como representante de la Confederación Uni- versitaria de Córdoba. Durante el trayecto a bordo del “Cap Vilano”, el joven de tan sólo 24 años disfrutó de algunas conver- saciones con su conocido, el ya consagrado poeta Leopoldo Lugones. 43 En aquellos tiempos, ellos gozaban de una reciente y lozana amistad aunada al evidente reconocimiento intelectual de Capdevila hacia el celebrado escritor. 44 Vale la pena hacer la aclaración de que el lazo entre Deodoro Roca y Lugones no prosperó a la larga, como sí sucedió entre el poeta y Capdevila. 45

43 CAPDEVILA, Arturo, Lugones, Buenos Aires, Ensayistas Hispánicos / Aguilar, 1ª ed., 1973, p. 247.

44 Este reconocimiento permaneció inalterable durante toda su vida:

Capdevila caracteriza su biografía del autor de Romances del Río Seco, publicada póstumamente, como “la interpretación de un destino y un testimonio sobre la extraña grandeza de una vida excepcional”. En su biografía, basada muchas veces en recuerdos directos y con tono auto- biográfico, Capdevila narra las circunstancias en que conoció al poeta. Durante uno de sus viajes a Buenos Aires, precisamente en el momento en que Lugones publicó El lunario sentimental (1909), Capdevila y su acompañante Raúl Orgaz decidieron saludar al “comprovinciano ilus- tre”: “No nos fue difícil. Nos dirigimos a El Diario… y nos anunciamos sin ningún protocolo. […] Se volvió hacia nosotros con el aire simpático y campechano de un indiscutible cordobés de la sierra. […] Lugones parecía no por cierto un poeta sino, antes bien, un campeón listo para el puñetazo. Supo lo que deseábamos –simplemente saludarlo– y a esto sonrió benévolo. […] Nos dispusimos a dejarlo. —Bueno –dijo–. Pero este saludo no basta. Visítenme”. Para Capdevila, “Eso era ya la amistad”. Esta relación se reanudó un año después, cuando Capdevila se mudó a Buenos Aires, “y fue ello para toda la vida”, cf. CAPDEVILA, Lugones, pp. 224-225.

45 La amistad entre Roca y Lugones se violentó explícitamente en un intercambio epistolar en el que Roca puso en evidencia una cierta trai- ción de Lugones en su lucha por la causa reformista. La correspondencia en torno a la ruptura intelectual entre Leopoldo Lugones y Deodoro Roca –quien llamó a su contrincante, en una exhibición maestra de esgrima polémica (Lugones era practicante de la otra, la deportiva, en el oligárquico Círculo de Armas de Buenos Aires) “león de alfombra”– puede ser consultada en KOHAN, Néstor (selección y estudio preliminar), Deodoro Roca, el hereje, Buenos Aires, Biblos, 1999, pp. 211-225.

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Para alivio nuestro, viajaba en el “Cap Vilano” el grande y exce- lente Leopoldo Lugones. Era irse con patria y todo. A veces nos declamaba versos de Martín Fierro; y alguna tarde, recostados en la proa, recordó algún maravilloso soneto de su musa. Pláticas inolvi- dables fueron aquéllas en que aprendimos mucho bueno de los labios sapientísimos de ese hombre excepcional. 46

Acerca de la Revue Argentine, que acogió la crítica de Capdevila a la Corda, Lugones figuró como su director. La atención de la Revue estuvo colocada sobre los grandes problemas políticos, económicos y sociales, de orden nacional y universal, pero siem- pre reiterando un primer plano para lo que ocurriera en la América del Sur. Se publicaron tan sólo siete números debido al estallido de la guerra europea, con una periodicidad mensual y en francés. El último número apareció en septiembre de 1914. 47 Hay cierta imprecisión sobre el nombre de este impreso. La designación inicial que refieren Capdevila y Lugones, en 1913, durante su conversación, es Revue Argentine. Sin embargo, esta revista sólo existió efectivamente mucho después, entre 1934 y 1939, y no tiene ninguna relación con la Revue Sud-Américaine, nombre que finalmente adoptó la publicación de Lugones. Ac- tualmente sigue apareciendo la Nouvelle Revue Argentine. 48 En la biografía que Capdevila hizo de su admirado amigo, en el capítulo “Con Lugones en el mar”, Capdevila menciona la Revue Sud-Amé- ricaine: “Se iba a Francia [refiriéndose a Lugones] para quedarse de asiento en París, donde fundaría la Revue Sud-Américaine. Yo iba a los Estados Unidos”. 49 En el mismo tema, Alberto Conil Paz detalla: “de nuevo en París, [Lugones] trabajó denodadamente, junto a Jules Huret y a Henry Javray en la edición de su ambiciosa Revue Sud-Americaine, cuyo primer número apareció en enero de 1914”. Andrés Kozel, citando al mismo Conil Paz, agrega que:

46 CAPDEVILA, Arturo, La dulce patria, Buenos Aires, Sociedad Coopera- tiva “Nosotros”, 1917, p. 68.

47 CARILLA, Emilio, “La revista de Lugones, la Revue Sud-Américaine”, en cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/29/ (acceso mayo 2009).

48 www.nouvellerevueargentine.com

49 CAPDEVILA, Lugones, p. 247.

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la lista de quienes colaboraron en la página en verdad impresiona:

Georges Clemenceau, Camille Pelletan, Pierre Baudin; los poetas Paul Fort, Emile Verhaeren, Enrique Banchs; los españoles Rafael de Altamira y Ramón del Valle Inclán; el mexicano Carlos Pereyra, etc. 50

A su vez, Capdevila asistió entusiasta a la reunión estudiantil con las expectativas de que fuera fructífera:

A Ithaca iba yo predispuesto al optimismo, como quien sabe que

en la tierra mojada ondula ya el surco, y que sólo falta arrojar la

semilla. Esperaba una óptima reunión de universitarios, lo que ya quiere decir discursos meditados, pensamientos en sazón, contro- versias provechosas. 51

Sin embargo el resultado fue imprevista y en esto tuvo que ver la inesperada actitud de la Corda Frates a lo largo del encuentro estudiantil:

Pero en Ithaca –continúa mi artículo– no ha ocurrido nada de esto.

Se ha buscado apenas el pretexto de la “Corda Frates”, cuerpo de

dudosa existencia, para llamar a los estudiantes del mundo a pre-

senciar una serie de actos sin sentido, vacíos de ideal, carentes en absoluto de cualquier interés intelectual. Baste saber que el exclu- sivo objeto de la reunión radicaba en la simpleza de discutir la reorganización de la “Corda Frates”; asunto fácil de arreglar por notas lacónicas; motivo superfluo que no requería por cierto toda

la máquina aparatosa de un congreso internacional. 52

Fue en esta ocasión que la Federación Universitaria de Cór- doba se adhirió a la Corda Frates. Aún y sin tener conocimiento de lo que esta adhesión implicaba, Capdevila simplemente asintió

50 Alberto CONIL PAZ citado en KOZEL, Andrés, La Argentina como desilusión, México, Nostromo Ediciones / UNAM-Posgrado en Estudios Latinoamericanos, 2008, pp. 64, 107-108.

51 CAPDEVILA, Arturo, “Informe presentado a la Federación Universita- ria de Córdoba”, Revista del “Círculo Médico Argentino y Centro de Estudiantes de Medicina”, Buenos Aires, octubre, 1913, p. 10. También en CAP- DEVILA, Patria, p. 86.

52 CAPDEVILA, “Informe”, p. 10.

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porque, a su parecer, y de acuerdo a lo expuesto en las sesiones, el grupúsculo no mostraba ninguna intención de plan ni programa.

No se discutió nada, no se declaró nada. Nos habíamos congre- gado porque sí, sin plan, sin programa, sin iniciativa. Las sesiones se redujeron a las largas lecturas en que los diversos delegados in- formaban a la presidencia acerca del progreso de la “Corda Frates” en sus respectivos países. Yo mismo, viendo que eso era todo, leí un discurso de salutación en que concluí ofreciendo nuestra ad- hesión al Comité Central. […] Como se ha visto, solicité nuestra incorporación a la “Corda Fra- tes” ad referéndum, naturalmente, de la Federación Universitaria de Córdoba. Era indispensable. No hacerlo, hubiera sido poco diplo- mático; tanto más, cuanto que las otras federaciones argentinas están incorporadas desde hace muchos años. Sin embargo, por las razones que abajo anotaré, opino que la Federación Universitaria de Córdoba debe retirar su adhesión o tenerla simplemente por no dada. 53

Sobre las intenciones de la Corda Frates, Capdevila refirió lo siguiente:

La “Corda Frates” no aporta, por lo demás, ninguna ventaja a sus asociados, salvo sus miembros dirigentes, a quienes asegura pitanza duradera la ingenuidad de los otros. Asunto de comandita debe ser éste, sin sombra de duda. Aquí tengo, precisamente, una memoria de los siete Congresos anteriores; ojeo sus fotografías y veo en to- das ellas siempre las mismas caras. Aquí están, en La Haya, en Roma o en Turín, todos mis recientes colegas de Ithaca. Aquí está –lo reconozco– aquel buen norteamericano, alto y seco, que presi- día nuestras sesiones en mangas de camisa… Aquí distingo el rostro familiar de aquel chino de banana, a quien le oí hablar un mal francés chisporroteante y esdrújulo. Aquí están aquel japonés de crisantemo y aquel filipino de cuero de Rusia –lo que no quita que fueran muy amables– que pronunciaban largos discursos en un inglés saltarín y malabar. Aquí está aquel italiano dulzón cuyas eles me hacían recordar –¡tan pastoriles eran!– cierta campanita de aldea cordobesa. Aquí está, lo diré de una vez, la prueba tangible de que la “Corda Frates” es una mera sociedad anónima, cuyo directorio

53 Ibídem, pp. 10-11. También en CAPDEVILA, Patria, pp. 87-88.

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tiene su sede en Ithaca. No hay ideas, sino hombres. Entonces no hay ideal, sino negocio. 54

Una vez finalizada la reunión estudiantil, Capdevila viajó a Pa- rís, lugar en el que nuevamente se encontró con Lugones, quien lo invitó a colaborar en la Revue Sud-Américaine. 55 Dato interesante es que el joven cordobés eligió hacer una severa crítica a la “Corda Fratres”, punto que, como se puede corroborar en la lectura de los párrafos anteriores, era áspero y complejo. Dicho lo anterior es necesario precisar lo siguiente. En los ín- dices de la revista, el artículo que Capdevila envió, dando como un hecho su publicación, no aparece. 56 En el informe al que he estado haciendo referencia, Capdevila escribió: “En mi artículo de ‘La Revue Argentine’ digo lo siguiente: La ‘Corda Frates’ no aporta, por lo demás, ninguna ventaja a sus asociados, salvo sus miembros dirigentes […]”. 57 Probablemente Lugones no consi- deró pertinente el tema del artículo con el resto de textos que conformaron el primer número. Otra posibilidad es que en un gesto amical, Lugones hubiera extendido la invitación de colabo- ración a Capdevila, que éste le hiciera llegar su artículo pero que, a la hora de concretar la participación, simplemente Lugones deci- diera no publicarlo. En la bibliografía relacionada al tema de la Reforma Universi- taria, normalmente se hacen referencias al papel e influencia de la Corda Frates para ilustrar la reacción de la Iglesia frente al movi- miento. En esta línea, Luis Marcó del Pont advirtió que “para completar el cuadro de lo que sucedía en Córdoba, habrá que explicar la existencia de una logia clerical llamada ‘Corda Frate’ [sic], que representaba a la vieja Universidad contra la que luchan los muchachos y serán los más reacios al nuevo cambio”. Ense-

54 CAPDEVILA, “Informe”, pp. 11-12. También en CAPDEVILA, Patria, pp. 89-90.

55 CAPDEVILA, Patria, pp. 85-86.

56 Los índices de los siete números y otros detalles acerca de la Revue Sud-Américaine se pueden consultar en CARILLA, “Revista”, en

http://cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/29/TH_29_003_0pdf

57 CAPDEVILA, “Informe”, p. 11.

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guida citó la nota del diario La Nación, ya mencionada en párrafos anteriores, del año 1917. 58 En 1983, Horacio Sanguinetti y Alberto Ciria hacen mención de la Corda para describir la condición prácticamente “inmutable y teñida de clericalismo” de la Universidad de Córdoba; hacen alu- sión al escudo de la Universidad, que portaba el nombre de Jesús rememorando la tradicional enseña jesuita, se apoyan documen- talmente en la referencia del diario La Nación (1917). 59 A finales de los noventa, Roberto Ferrero escribe sobre la Corda Frates para ilustrar la cuna y epicentro del movimiento estudiantil re- formista, Córdoba. Ferrero describe a Córdoba como la ciudad de larga tradición cultural y universitaria, con brotes liberales, pero resistidos y matizados por un catolicismo intolerante bajo la dirección, por un lado, de la Corda Frates, una hermandad cató- lica semisecreta de profesores universitarios, funcionarios y políticos que extendían sus tentáculos por todos los partidos; por el otro, del arzobispado, supremo guardián de la beatería y las costumbres piadosas. 60 La Corda Frates estuvo involucrada en el movimiento de la Reforma Universitaria a través de la postulación del Dr. Antonio Nores, candidato de esta congregación, en las elecciones de rector en junio de 1918. El inesperado triunfo de Nores provocó el desconcierto entre los estudiantes y la publicación del Manifiesto liminar fue la medida, junto con la declaración de huelga, que

58 MARCÓ DEL PONT, Historia, 2005. Este ensayo fue publicado “humil- demente en mimeógrafo y en forma de folleto” –aclara el autor– en 1968. Treinta años más tarde, la Universidad Nacional de Córdoba, en 1986, lo reeditó a través de la Dirección General de Publicaciones. Hace tres años, en 2005, Universitas, editorial científica universitaria de Cór- doba, dentro de la colección temática, nuevamente editó este libro, versión en la que el autor reestructuró los apartados de la edición del ’86. MARCÓ, Historia, 2005. 59 SANGUINETTI, Horacio y Alberto CIRIA, La Reforma Universitaria, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina (CEAL), Biblioteca Política, núm. 38, 1983, pp. 27-28. 60 FERRERO, Roberto, Historia Crítica del Movimiento Estudiantil en Córdoba, Córdoba, Alción Editora, tomo I (1918-1943), 1999, pp. 11-12.

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estudiantes y profesores implementaron para obstaculizar la con- sumación electoral.

La nueva Asamblea Universitaria constituida por la totalidad de profesores titulares y suplentes fue convocada para el 31 de mayo. Durante ese mes se eligieron democráticamente los decanos de las tres facultades que entonces existían (Derecho, Medicina y Ciencias Exactas). […] Belisario Caraffa fue proclamado vicerrector y se trasladó para el 15 de junio la elección del rector. Estos antece- dentes indicaban que ese día el Dr. Enrique Martínez Paz, abanderado de la reforma, sería consagrado rector. Sorpresiva- mente y olvidando el compromiso adquirido ante los estudiantes, la Asamblea de Consejeros elige rector al Dr. Antonio Nores, candi- dato de la asociación clerical "Corda Frates", congregación de caballeros católicos, muy unidos por lazos de amistad y parentesco. Los estudiantes, envueltos por un sentimiento de traición, irrum- pieron en el salón, lo desalojaron e impidieron la consumación del acto. Sobre el mismo pupitre rectoral redactaron la declaración de una nueva huelga. Surgieron entonces dos entidades de programas opuestos: la Federación Universitaria presidida por Enrique Barros, y el Comité Pro Defensa encabezado por Carlos Artaza Rodríguez. El 17 de junio, Nores asume el rectorado. Se registran otros hechos de violencia. La FUC reclama su renuncia al tiempo que difunde el Manifiesto a los Hombres Libres de Sud América, redactado por Deodoro Roca, al que suscriben varios reformistas. Los estudiantes de todo el país y los obreros se pliegan a la huelga. 61

Como se aprecia de lo desarrollado en las páginas previas, hablar de la historia de Córdoba se vuelve algo complejo; resulta insuficiente considerar el aporte jesuítico, el confesionalismo católico, la matriz de una iglesia integrista, los brotes liberales en el seno de la Universidad desde finales del siglo XIX como espacios cerrados, sin considerar su mutua interpenetración, su diálogo soterrado, sus filias y sus fobias animándose mutuamente. Hay una tradición modernista en Córdoba, que debe ponerse en contacto necesariamente con el mundo ultramontano del mo- delo sarmientino. ¿De qué forma entendemos el rectorado del

61 Cf. www.unc.edu.ar/modules/seccion_portal/index.php?a=1&id= 218&idsec=1 (Acceso octubre 2007).

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Deán Funes en 1808, de espíritu progresista y abierto a los nue- vos desarrollos de la ciencia y la técnica, distinguido por la proyección de profundas reformas a los estudios y la introducción de nuevas materias (aritmética, álgebra y geometría, entre otras)?; ¿cómo hemos de pensar que, en 1857, la Universidad comprendía los Estudios Preparatorios y las Facultades de Teología y Dere- cho pero donde, en 1864, se suprimieron los estudios teológicos?; ¿cómo es que, en consonancia con los cambios impulsados por el entonces presidente Sarmiento, se incorporaron profesores ex- tranjeros especializados en ciencias naturales y exactas a la Universidad de Córdoba?; ¿cómo que, en 1873, abrió sus puertas la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas, posteriormente lla- mada Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales?…; por esos años nacía la Academia de Ciencias Exactas y el Observato- rio Astronómico y en 1877 se fundaba la Facultad de Medicina. ¿Cómo se concibe que, para mediados del siglo XIX, el país con- tara con dos universidades provinciales únicamente, la de Buenos Aires y la de Córdoba, con una diferencia significativa de casi de dos siglos en las fechas de fundación, creación, 1821 y 1613-1622, respectivamente? La Universidad de Córdoba se nacionalizó en 1856 y la de Buenos Aires, en 1881. Hay, entonces, una historia de irradiación de la ciudad mediterránea como centro cultural decisivo en la conformación argentina. En su número dedicado al tema, la revista porteña Plural, inte- resada en debatir sobre el centralismo, se refería a Córdoba como “una provincia rica, difícil, gravitante, imprescindible a la hora de pensar el pasado, el presente y el futuro necesario de los argenti- nos”. 62 En ese espacio, José Aricó propone la situación de “ciudad frontera” para involucrarse con la singularidad histórica de Córdoba en el plano nacional. Voy a hacer uso de sus palabras al advertir que todos los rasgos laicos y religiosos enumerados en los párrafos anteriores de este apartado son como “las nervaduras de un mismo tejido cultural”. Sin embargo, la historiografía de la Reforma Universitaria ha resuelto mayormente la interpretación de este movimiento de forma opuesta, al ubicar en mundos ce-

62 Plural, Revista de la Fundación Plural para la participación democrá- tica, Buenos Aires, año I, núm. 13, Marzo, 1989.

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rrados y distantes a los laicos respecto de los católicos, en el marco del liberalismo como manifestación del proceso de mo- dernización en Argentina, y proponiéndose a sí misma como el punto inaugural de la modernidad cordobesa. Como resultado de un estudio efectuado desde la perspectiva de la historia intelec- tual, la singularidad histórica de Córdoba debe abordarse entonces a través de la relación entre intelectuales y sociedad, en la que se puedan advertirse las tramas vivas que caracterizan esa singularidad histórica, claramente referida en la formación de élites intelectuales, como es el caso de los jóvenes de la genera- ción del ’14. Aricó escribió:

En realidad, si hubo una función que Córdoba desempeñó a lo largo de su historia fue la preservación de un equilibrio puesto permanentemente en peligro por las laceraciones de un cuerpo na-

cional incapaz de alcanzar una síntesis perdurable [

confines geográficos de las áreas de modernización, la ciudad tuvo un ojo dirigido al centro, a una Europa de la que cuestionó sus pretensiones de universalidad. Pero el otro dilataba sus pupilas hacia una periferia latinoamericana de la que en cierto modo se sentía parte. De espaldas a un espacio rural que la inmigración transformaba vertiginosamente, Córdoba la Docta formaba las élites intelectuales de un vasto territorio que la convirtió en su centro. Punto de cruce entre tantas tradiciones y realidades distintas y autónomas, Córdoba creció y se desarrolló en el tiempo americano como un

centro de cultura proclive a conquistar una hegemonía propia. 63

]

En los

Auto-reconocimiento: los jóvenes de la generación del ’14, protagonistas de la Reforma en 1918

En el discurso de colación de grados correspondiente a 1915, Deodoro Roca advirtió los efectos de la guerra europea en América.

A los jóvenes de hoy nos ha tocado nacer en el trance más oscuro de la historia. Amigos: la tragedia de Europa es algo más que una guerra; allí está ardiendo una civilización. El humo denso, cargado de miasma, llegará hasta aquí. Preparemos entonces los ojos para

63 ARICÓ, “Tradición”, p. 10.

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distinguirnos en la sombra. Preparemos el espíritu para compren- der el sentido de lo que vendrá. Preparemos el oído para distinguir las voces amigas entre el ronco grito de los descontentos. En ade- lante, todo ha de gravitar sobre América. Aquí han de tener final los viejos pleitos humanos. Será éste el campo de vasta experiencia. Mientras tanto estudiemos! Estudiemos sin descanso y sin fatiga; no nos sorprenda la tempestad en lo más apartado del bosque, ocupados en pasatiempo inocente! 64

Para ese año, Roca (1890-1942) y Arturo Orgaz (1890-1955), los menores del grupo, tenían veinticinco años; Arturo Capdevila, uno más (1889-1967), en tanto que Taborda ya había cumplido los treinta (1885-1944). Todos ellos eran cordobeses, los tres primeros de la ciudad y el último, de un pueblo –Chañar La- deado– ubicado en el noreste provincial. Roca, Orgaz y Capdevila egresaron de la Casa de Trejo, mientras que Taborda realizó sus estudios en la Universidad de La Plata y su doctorado en la del Litoral. Todos –reitero– se graduaron en leyes. 65 Entre los que también participaron en el movimiento refor- mista está Raúl Orgaz, sucesor de Enrique Martínez Paz como titular del curso de sociología en la Universidad de Córdoba. De él se publicó una nota acerca de la guerra europea en Nosotros, la revista porteña de literatura, filosofía y ciencias sociales. 66 Orgaz

64 ROCA, Deodoro, “Ciencia, maestros y universidad”, Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, año II, 9, noviembre, 1915, p. 186.

65 Arturo Capdevila y Arturo Orgaz se graduaron de leyes en 1913; mientras que Deodoro Roca lo hizo en 1915. Tanto Capdevila, como Orgaz y Roca fueron docentes de la Universidad de Córdoba después del estallido del movimiento reformista en 1918. Saúl Taborda fue de- signado profesor de Sociología en la Universidad del Litoral. De allí pasó a ocupar el rectorado del Colegio Nacional de la Universidad de la Plata en 1921, cargo que desempeñó simultáneamente con el de Conse- jero de la Facultad de Derecho de Córdoba.

66 Nosotros, publicación porteña, estuvo dirigida por Alfredo A. Bianchi y Roberto F. Giusti por dos periodos, el primero entre 1907 y 1934 y el segundo entre 1936 y 1943; constituyó la voz de toda una época. Una de sus preocupaciones fue comentar, debatir y apoyar algunos de los mo- mentos definitorios de la vida política de la Argentina: “el sufragio universal, el viejo conflicto entre la capital europeizante y las provincias

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habla allí del choque de los dos imperialismos y del relieve que había de adquirir América:

Arribada al fastigio de su civilización, la Europa contemporánea experimenta ahora las conmociones que trae el choque de dos im- perialismos: el imperialismo británico y el germánico. […] Atenuados de fervores de la gratitud y de la veneración, la Eu- ropa, adquiriendo conciencia de sus desventuras y de la inanidad de sus conquistas ético-jurídicas sufrirá una honda desilusión. […] El triunfo del arbitraje en Sud América ha de adquirir entonces relieve extraordinario. Entre tanto, nuevos desgarramientos y disgregacio- nes traerán nuevas pugnas militares, y la Europa parecerá un astro que agoniza lentamente. […] Factores del primer resultado serán las penurias económicas que hoy se experimentan y las que vendrán más tarde, pues es lo cierto que toda liberación presupone un dolor. 67

En el tema de las publicaciones periódicas, Córdoba gozaba de revistas –hasta agosto de 1914– de “notoria autoridad”. Entre ellas se encontraban el Boletín científico de la Academia Nacional de Ciencias (publicado desde 1873), institución fundada por Sar- miento y dedicada hasta hoy al estudio y conocimiento de la gea, flora y fauna argentinas; el Círculo Médico de Córdoba de la Facultad de Ciencias Médicas (publicada desde varios años antes a 1914), consagrada a las especialidades científicas y profesionales de la Medicina, y los Anales de la Facultad de Derecho. Los círculos

criollas, la ley Sáenz Peña, las múltiples protestas de Yrigoyen y su even- tual triunfo presidencial, la guerra europea, la revolución bolchevique […]”. La Reforma Universitaria no estuvo ajena a sus temas, y en alguna oportunidad Nosotros fue vehículo de documentos muy apreciables res- pecto a ese movimiento cultural y político central de esos tiempos. Por ejemplo: GONZÁLEZ, Julio V., “La Universidad”, Nosotros, Buenos Aires, agosto-septiembre 1927, pp. 219-220. Este es el importante número del XX° aniversario de la revista, donde se efectuó un balance del país y su actividad intelectual durante esas dos décadas. 67 ORGAZ, Raúl, “Del doctor Raúl A. Orgaz”, Nosotros, Buenos Aires, año IX, mayo 1915, núm. 73, pp. 133-134. Raúl Orgaz participó en el movimiento de Reforma y fue profesor titular de Sociología en la Universidad Nacional de Córdoba durante diez años (1938-1948).

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estudiantiles de la Universidad, en las facultades de Derecho, Medicina y Ciencias, publicaron también sus respectivas revistas, dedicadas particularmente a los intereses y problemas de la vida estudiantil. En 1914 se creó uno de los proyectos editoriales más impor- tantes de Enrique Martínez Paz, la Revista de la Universidad Nacional de Córdoba. 68 Su función como director y editor de la misma duró hasta 1918, logrando ubicar su figura en el ámbito nacional; 69 en este año fue postulado como candidato a rector por los estudian- tes. Martínez Paz, al frente de la revista, asumió el compromiso frente a la lucha europea:

Una tribuna levantada para la dilucidación de los grandes proble- mas actuales e históricos de nuestra vida. […] Los acontecimientos actuales nos dan una vez más la razón. La lucha europea ha repercutido en las finanzas, en la política y en toda la vida del país; la solución de tanto problema no puede espe- rarse de las improvisaciones bien intencionadas, sino del estudio científico y profesional de los fenómenos. 70

En el mismo tenor de la expresión de ideas en torno a la gue- rra, en 1918, Saúl Taborda dio a conocer su primer ensayo político-filosófico, en el que no solamente mostraba su parecer frente al hecho sino además exponía su propuesta basada en la implementación de la democracia americana. La presentación de este ensayo, Reflexiones sobre el ideal político de América, se llevó a cabo durante el Primer Congreso Nacional de Estudiantes el 21 de julio, en la ciudad de Córdoba. 71 Taborda escribió:

Europa ha fracasado. Ya no ha de guiar al mundo. América que conoce su proceso evolutivo y así también las causas de su derrota, puede y debe encender el fuego sagrado de la civilización con las enseñanzas de la historia.

68 MARTÍNEZ PAZ, Enrique, “Revista de la Universidad Nacional de Córdoba”, Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, año I, núm. 1, mayo, 1914, p. 4.

69 Fue sustituido por Félix Garzón Maceda. 70 MARTÍNEZ PAZ, “Revista”, pp. 5, 7. 71 MARCÓ, Historia, p. 160.

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¿Cómo? Revisando, corrigiendo, depurando y trasmutando los va- lores antiguos, en una palabra, rectificando a Europa. 72

En el encuentro de colación de grados de 1915 que hemos mencionado, Deodoro Roca pronunció el discurso de clausura, y ahí expresó su parecer sobre la guerra. Aunado a esto, en 1918 vinculó esa posición frente a la guerra con la proclama de su per- tenencia a la que llamó, precisamente, “generación del ‘14". Roca comprendía el mecanismo mediante el cual operaba este con- cepto en el sentido de la limitación de la vida y la sucesión de las generaciones en el curso de la historia.

Pertenecemos a esta misma generación que podríamos llamar “la de 1914”, y cuya pavorosa responsabilidad alumbra el incendio de Europa. La anterior, se adoctrinó en el ansia poco escrupulosa de la riqueza, en la codicia miope, en la superficialidad cargada de hombros, en la vulgaridad plebeya, en el desdén por la obra desin- teresada, en las direcciones del agropecuarismo cerrado o de la burocracia apacible y mediocrizante. 73

Él establecía una distancia cargada de cierta hostilidad res- pecto de las generaciones precedentes; un auténtico parricidio como el que practicaría años después el escritor aprista Luis Al- berto Sánchez con el novecentismo. 74

Las penúltimas generaciones estaban espesas de retórica, de falacia verbal, que trascendía a las otras falacias, pues lo que en el campo literario era grandilocuencia inútil, en el campo político era gesti-

72 TABORDA, Saúl, Reflexiones sobre el ideal político de América, Córdoba, La Elzeveriana, 1918, p. 149.

73 ROCA, Deodoro, “La nueva generación americana” (1918), El drama social de la universidad, prólogo y selección de Gregorio BERMANN, Córdoba, Editorial Universitaria, 1968, p. 22.

74 SÁNCHEZ, Luis Alberto, Balance y liquidación del Novecientos, Ercilla, Santiago de Chile, 1940; para un comentario incisivo acerca del parricidio de Sánchez: MELGAR, Ricardo, “Notas para leer un proceso a la inte- lectualidad oligárquica: Balance y liquidación del Novecientos de Luis Alberto Sánchez”, Nostromo. Revista crítica latinoamericana, México, núm. 1, in- vierno de 2007, pp. 18-28.

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culación pura, en el campo religioso rito puro, en el campo docente simulación clínica o pedantería hueca, en la vida comercial fraude o escamoteo, en el campo de la sociabilidad ostentación brutal, vani- dad cierta, ausencia de real simpatía, en la vida familiar duplicidad de enseñanza, y en el primado moral enajenación de rancias virtu- des a favor de vicios ornamentales. 75

Sin embargo, establecía vínculos con los miembros de la gene- ración del Centenario. Así puede apreciarse en ese otro discurso suyo que hemos citado, de 1918, en el que evocó a Ricardo Rojas:

Entonces, se alzaron altas las voces. Recuerdo la de Rojas: lamen- tación formidable, grave reclamo para dar contenido americano y para infundirle carácter, espíritu, fuerza interior y propia al alma nacional; para darnos conciencia orgánica de pueblo. 76

Al mismo tiempo que Roca identificaba su pertenencia a la generación de 1914, distinguía el carácter americanista:

Las nuevas generaciones empiezan a vivir en América, a preocu- parse por nuestros problemas, a interesarse por el conocimiento menudo de todas las fuerzas que nos agitan y nos limitan, a renegar de literaturas exóticas, a medir su propio dolor, a suprimir los obs- táculos que se oponen a la expansión de la vida en esta tierra, a poner alegría en la casa, con la salud y con la gloria de su propio corazón. 77

Sin embargo desde 1915, Roca se identificaba como americano:

Nosotros –los americanos– no pertenecemos en realidad al viejo tronco latino sino en escasa medida; somos latinos por la tradición que de ellos recogimos, más que por la raza. España es un pueblo afro-europeo que recibió una tradición latina prolongándola en sus

colonias de ultramar [

Uno de los más graves males que

patriciado de la Burocracia. [

Formamos entonces en estos pueblos el

]

]

padecen las democracias americanas es el desarrollo de la burocracia. 78

75 ROCA, “Generación”, p. 23.

76 Ibídem, pp. 23-24.

77 Ibídem, p. 25.

78 ROCA, “Ciencia”, p. 183.

74

Formulaba entonces una serie de tareas encaminadas sobre la vía intelectual y las trasmitía a sus compañeros con estas palabras:

Preparemos entonces los ojos para distinguirnos en la sombra. Preparemos el espíritu para comprender el sentido de lo que ven- drá. Preparemos el oído para distinguir las voces amigas entre el ronco grito de los descontentos. En adelante, todo ha de gravitar sobre América. Aquí ha de tener final los viejos pleitos humanos. Será éste el campo de una vasta experiencia. Mientras tanto estu- diemos! Estudiemos sin descanso y sin fatiga; no nos sorprenda la tempestad en lo más apartado del bosque, ocupados en pasatiempo inocente! Tampoco nos arredre el futuro dolor, que el sacrificio es bello cuando cuaja en una verdad o en un bien. 79

Tres años más tarde, en 1918, Roca daba a conocer la tarea pedagógica de esa hora americana:

¡Crear hombres y hombres americanos, es la más recia imposición

de esta hora!

Significa sólo que debemos abrirnos a la com-

prensión de lo nuestro. 80

[

]

Esta serie de representaciones muestran la preocupación en torno a un hecho que aunado al fin de época, y a un positivismo ya obsoleto como pilar ideológico del proceso de modernización, ponderan una crisis ideológica, moral y cultural. La delimitación generacional viene a ser la forma como Deo- doro Roca se planteó, en términos de ubicación histórica, asumir la responsabilidad frente a la crisis desatada por la tragedia europea. Queda por explorar la génesis del concepto generacional en Deodoro Roca. Sin duda alguna, la idea arielista de José Enrique Rodó se distingue en esta construcción generacional. En 1900 Rodó publicó su texto dedicado a la juventud de América, el Ariel. Deodoro Roca hizo alusión a este texto en un par de ocasiones, en momentos en que pareció ser importante en la definición ideológica y en la precisión de la función de los jóvenes de la generación del ’14.

79 Ibídem, p. 186. 80 ROCA, “Generación”, p. 25.

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Recordemos la hermosa parábola de Rodó: la de aquel niño que paseaba ufano su gozo por el jardín golpeando acompasada- mente con un junco su copa de cristal, hasta que en un arranque de volubilidad cambió el motivo de su juego y llenó la copa hasta los bordes con arena del sendero. Ya la nota del herido cristal no vibraba en el aire. Ante el fracaso de su lira los ojos húmedos del niño se detuvieron ante una flor muy blanca del cantero inme- diato. Cortándola la sujetó en la propia arena del vaso enmudecido y continuó paseando por el jardín su ingenuo goce nuevo. 81

En 1918, Roca hizo alusión al libro del pensador uruguayo como el “que traía la fórmula del universo y la única luz que nuestros ojos podían recoger . 82 La guerra hispano-estadouni- dense fue un decantador que tamizó en el plano de las ideas una evidente oposición entre la América Latina y la América sajona. El Ariel es clara manifestación cultural de un pensamiento de resistencia que se revela en una prosa cabalmente modernista. Ariel, un personaje conceptual, representa la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia. En él se personi- fica el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad, en contraposición al personaje llamado Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza. 83 El paradigma arielista es una forma de pensar y definir Amé- rica Latina; fue un manifiesto de asunción de identidad a través del cual se definió la posición no-beligerante, pero diferenciada, entre América Latina y los países sajones. Este texto se caracte- rizó por un enfatizado componente espiritualista, y también por

81 ROCA, “Ciencia”, p. 179.

82 ROCA, “Generación”, p. 22.

83 Carlos JAUREGUI aclara acerca del uso de “Calibán”: “Dos años antes que Rodó lo hiciera, Darío –un Darío de 1898, visto tradicionalmente como el escapista y esteta de la "torre de marfil"– usaba con una retórica frontal la oposición Ariel / Calibán en su condena a los Estados Unidos, a propósito de la guerra de Cuba. Rodó, empero, establece una genealo- gía francesa (Ernest Renan) en la que no se halla Darío, ni tampoco el franco-argentino Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional, de quien –se dice– él y Darío habrían tomado la idea”, Cf. Carlos JÁUREGUI, “Calibán: icono del 98. A propósito de un artículo de Rubén Darío”, www.ensayistas.org/filosofos/nicaragua/dario/Jauregui.htm.

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la expresión identitaria que encarnó el hispanismo y la latinidad en sus componentes morales, raciales y lingüísticos, para distan- ciarse de las fórmulas utilitaristas emprendidas por Calibán, el emblema materialista del Norte. Rodó afirmaba que la humanidad renueva de generación en gene- ración su activa esperanza y su ansiosa fe en un ideal. El autor uruguayo refiere a Goethe respecto de la relación entre la escuela de la voluntad individual y la generación colectiva.

[…] sólo es digno de la libertad y la vida quien es capaz de con- quistarlas día a día para sí, con tanta más razón podría decirse que el honor de cada generación humana exige que ella se conquiste, por la perseverante actividad de su pensamiento, por el esfuerzo propio, su fe en determinada manifestación del ideal y su puesto en la evolución de las ideas.

Por consiguiente, agrega Rodó:

[…] ningún otro espectáculo puede imaginarse más propio para cautivar a un tiempo el interés del pensador y el entusiasmo del ar- tista, que el que presenta una generación humana que marcha al encuentro del futuro, vibrante con la impaciencia de la acción, alta la frente, en la sonrisa un altanero desdén del desengaño, colmada el alma por dulces y remotos mirajes que derraman en ella miste- riosos estímulos […]. 84

Otro elemento que se distingue en el concepto de generación manejado por Roca proviene de la teoría generacional del español José Ortega y Gasset. Esto es posible si se considera la visita del filósofo español a la ciudad de Córdoba en octubre de 1916. La teoría de las generaciones de Ortega, aún y cuando en su forma más acabada fue publicada en 1923 en El tema de nuestro tiempo, venía siendo trabajada desde todo un periodo anterior. Una de las advertencias del autor de El tema… es que la primera parte del texto, titulada precisamente La idea de las generaciones, “contiene la redacción, un poco ampliada, de la lección universi-

84 Goethe en RODÓ, Enrique, Ariel, Introducción de Lorenzo Rafael ÁVILA, México, Fondo de Cultura Económica, Colección Biblioteca Joven, 1984 [1900], p. 25.

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taria con que inauguré mi curso habitual en el ejercicio de 1921- 1922”. 85 No obstante esta afirmación, Ortega y Gasset ya venía refiriéndose a una dinámica generacional desde 1914, cuando en nombre de la Liga de Educación Política Española anunció el papel de la generación en el devenir histórico:

En épocas críticas puede una generación condenarse a histórica esterilidad por no haber tenido el valor de licenciar las palabras re- cibidas, los credos agónicos, y hacer en su lugar la enérgica afirmación de sus propios, nuevos sentimientos. Como cada indi- viduo, cada generación, si quiere ser útil a la Humanidad, ha de comenzar por ser fiel a sí misma. Por esto es menester que nuestra generación se preocupe con toda conciencia premeditadamente, orgánicamente, del porvenir nacio- nal […] hacer un llamado enérgico a nuestra generación, y si no la llama quien tenga positivos títulos para llamarla, es forzoso que la llame cualquiera, por ejemplo, yo. 86

Ortega y Gasset se asume como parte de una generación, dis- tinguida por la expresión de una “sensibilidad yacente”:

Porque, en verdad, no se trata de mí ni de unas ideas mías. Yo vengo a hablaros en nombre de la Liga de Educación Política Es- pañola, una Asociación hace poco nacida, compuesta de hombres que, como yo y buena parte de los que me escucháis, se hallan en medio del camino de su vida. No se trata, por consiguiente, de ideas originales que puedan haber sobrevenido al que está hablando en una buena tarde; se trata de todo lo contrario: de ideas, de sentimientos, de energías, de resoluciones comunes, por fuerza, á todos los que hemos vividos sometidos a un mismo régimen de amarguras históricas, de toda una ideología y toda una sensibilidad yacente, de seguro, en el alma colectiva de una generación que se caracteriza por no haber manifestado apresuramientos personales. 87

85 ORTEGA Y GASSET, José, El tema de nuestro tiempo, el caso de las revolucio- nes, el sentido histórico de la teoría de Einstein, Buenos Aires, Espasa-Calpe Argentina, Colección Austral, 1938 [1923], p. 9.

86 ORTEGA Y GASSET, José, Vieja y nueva política: conferencia dada por…, en el Teatro de la Comedia el 23 de marzo de 1914: Prospecto de la Liga de Educa- ción Política Española, Madrid, Renacimiento, 1914, pp. 8-9.

87 ORTEGA Y GASSET, Política, pp. 4-5.

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Ahora bien, siguiendo la misma teoría generacional orteguiana, la historia representa la forma de comprender las variaciones que sobrevienen en el espíritu humano. Sin embargo, advierte el filó- sofo español:

Ciertos fenómenos históricos dependen de otros más profundos, que, por su parte, son independientes de aquéllos. La idea de que todo influye en todo, de que todo depende de todo, es una vaga ponderación mística que debe repugnar a quien desee resuelta- mente ver claro. No, el cuerpo de la realidad histórica posee una anatomía perfectamente jerarquizada, un orden de subordinación, de dependencia entre las diversas clases de hechos. Así las trans- formaciones de orden industrial o político son poco profundas:

dependen de las ideas, de las preferencias morales y estéticas que tengan los contemporáneos. Pero a su vez, ideología, gusto y mo- ralidad no son más que consecuencias o especificaciones de la sensación radical ante la vida, de cómo se sienta la existencia en su integridad indiferenciada. Esto que llamaremos “sensibilidad vital” es el fenómeno primario en historia y lo primero que habríamos de definir para comprender una época. 88

Las acciones que emprendieron los jóvenes intelectuales fue- ron orientadas a la comprensión de su tiempo y, así, afrontar la crisis espiritual. Esta comprensión representa justamente la “sen- sibilidad vital” que propone Ortega y Gasset en el método histórico de las generaciones. Roca, junto con sus “hermanos”, como él los denominó, se reconocieron pertenecientes a una generación en la que destacaba una situación histórica, la guerra europea, que los distinguió de las otras. Ante esto, Roca asumió el compromiso que implicaba una “pavorosa responsabilidad”. 89 A pesar de la posición neutral que Argentina adoptó frente al conflicto bélico, ¿qué alcances tuvo ese compromiso?; ¿qué inquietudes representó aquella “pavorosa responsabilidad”? La “pavorosa responsabilidad” en los términos de un com- promiso generacional se refería a la ruptura en la continuidad de la experiencia de la generación antecesora y en este sentido, los

88 ORTEGA Y GASSET, Tema, p. 13. 89 ROCA, “Generación”, p. 22.

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jóvenes de la generación del ’14 se daban a la tarea de encontrar nuevos saberes y creencias. Con relación a las jóvenes generacio- nes, Beatriz Sarlo señala:

Lo que hacía familiar al mundo ha desaparecido. El pasado y la ex-

periencia de los viejos ya no sirven como referencia para orientarse en el mundo moderno e iluminar el futuro de las jóvenes genera-

los jóvenes

ciones. Se ha roto la continuidad de la experiencia. [

pertenecen a una dimensión del presente donde los saberes y las

creencias de sus padres se revelan inútiles. 90

]

En 1915, Roca ya provocaba el surgimiento de nuevas miradas referenciales que evitaran el “europeísmo como una de sus cla- ves” a partir de la “bancarrota” que significó la guerra europea:

La “bancarrota” más seria de la edad contemporánea es la banca- rrota de la moral. La guerra actual dá [sic] la evidencia de todos los fracasos. Si las inteligencias se han desprendido de los dogmas, el entusiasmo propio de las religiones debe entonces desplazarse en las doctrinas científicas y sobre todo morales y sociales. 91

La generación del ’14 asimiló los efectos de lo sucedido en Europa. En esta lógica se ubica el emprendimiento de un pro- yecto de regeneración cultural enraizado en un pensamiento americanista. “Por primera vez luego de un siglo”, precisa Aricó, “se sintieron americanos”:

Expresando una nueva sensibilidad que emanaba de la conciencia de formar parte de una generación de ruptura con la anterior intro- dujeron una verdadera divisoria de aguas respecto de su relación con Europa. Acaso por primera vez luego de un siglo se sintieron americanos. 92

90 Jacques LE GOFF citado en Beatriz SARLO, Tiempo pasado cultura de la memoria y giro subjetivo. Una discusión, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Edito- res, 2005, pp. 35-36.

91 ROCA, “Ciencia”, p. 178.

92 ARICÓ, “Tradición”, p. 12.

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La generación del ’14 mantuvo su posición neutral frente a la guerra hasta 1917. Los jóvenes cordobeses y el filósofo español José Ortega y Gasset compartieron la neutralidad de sus respecti- vos países frente a la guerra en el año que el español visitó Córdoba. Esta situación cambio para los jóvenes del ’14 cuando encabezaron una gran manifestación –en 1917– a favor de la ruptura de relaciones con Alemania: “Era el espíritu nuevo, que se manifestaba por la causa del derecho, la de los aliados”, señaló Julio V. González. 93 También se apartaban de la política internacional del gobierno de Yrigoyen, y esto debe subrayarse, en términos de las posiciones antiyrigoyenistas posteriormente asumidas por varios de ellos en la coyuntura de fines de la década de 1920, cercana al derrocamiento del caudillo radical por el reac- cionario golpe militar de 1930. La propuesta intelectual tuvo como punto de partida las au- sencias, carencias y huecos, la constante búsqueda que centrada en el ejercicio autodidacta, fue hallando nuevos horizontes teóri- cos y prácticos. Un tiempo espiritual que –describió Roca– fue “el campo fecundo de la futura siembra moral”. 94

Itinerario intelectual y biográfico de Deodoro Roca

Deodoro Roca (1890-1942) nació y murió en Córdoba. Su familia perteneció a los círculos tradicionales de la ciudad mediterránea; sin embargo, hay que tomar en cuenta, con Gregorio Bermann, el hecho de que Roca hubiera abandonado “los privilegios de su casta para situarse al lado de su pueblo”. 95 En la trayectoria profesional de Roca no brilla su paso por las instituciones, es más, el mismo fue casi nulo. Fue director del

93 AGOSTI, Héctor P., “Crítica de la Reforma Universitaria III”, Cursos y Conferencias (Revista del Colegio Libre de Estudios Superiores), Buenos Aires, año III, núm. 7, enero 1934, pp. 714-715.

94 ROCA, “Ciencia”, p. 179.

95 BERMANN, Gregorio, “El difícil tiempo nuevo a través de Deodoro Roca”, Cuadernos Americanos, México, núm. 1, enero-febrero, año XVI, vol. XCI, 1957, p. 26.

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Museo Histórico Provincial Sobremonte –que aún hoy sigue fun- cionando en la casona de este gobernante ilustrado del siglo XVIII–, hasta que se sumó a la lucha estudiantil de 1918. Situación similar sufrió su cátedra de Filosofía General en la Facultad de Derecho. 96 Su apuesta estuvo, como lo describe Bermann, en la confabulación de fundaciones, comités de lucha, organizaciones populares, “a las que el pueblo acudía sintiéndose interpretado en sus aspiraciones”. 97 Tales son los casos del Comité pro Paz y Libertad de América; su participación en la Unión Latinoameri- cana (fundada por José Ingenieros); la fundación del Comité pro Exiliados y Presos Políticos y Sociales de América; la integración del Comité contra el Racismo y el Antisemitismo, de la Unión Democrática Española, del Comité de Ayuda a la España Repu- blicana, y de tantos otros organismos. 98 ¿Qué hace a Deodoro Roca, uno de los jóvenes protagonistas del movimiento, objeto de estudio para seguir trabajándolo hoy en día? Su condición de origen, de hombre del interior, aunada a una actitud transgresora, responde a dos de las principales carac- terísticas que operaron en la configuración de su pensamiento. Roca no realizó viajes a Europa, ni siquiera en el continente o en su país como la mayoría de sus compañeros sí efectuaron. Sin embargo, ninguno de ellos fue tan visitado como Roca en su tan citado sótano. La peculiaridad de este escenario casi mítico cons- tituyó la sola razón para que un sinnúmero de reconocidos y no reconocidos personajes transitaran por él en el periodo de entre- guerras, propiciando el intercambio de ideas logrado por otros con los viajes. Deodoro Roca tenía en su casa, ubicada en pleno centro de Córdoba, un sótano que usaba como estudio y espacio de reunión, en el que se dieron cita personalidades no sólo de Argentina, sino de Europa y América Latina, entre ellos:

José Ortega y Gasset y Waldo Frank, Stefan Zweig y Jiménez de Asúa, Jacinto Grau y Eugenio D’Ors, Haya de la Torre y Arcinie- gas, Caruso y la Xirau, Foujita y Bragaglia, Adolfo Posada y el

96 KOHAN, Néstor (selección y estudio preliminar), Deodoro Roca, el hereje, Buenos Aires, Biblos, 1999, p. 15.

97 BERMANN, “Difícil tiempo”, p. 26.

98 Ibídem.

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conde Keyserling, Rafael Alberti y el torero El Gallo

lectualidad argentina: desde Ingenieros a Lugones, desde Agosti a

Finochieto, desde Atahualpa Yupanqui hasta Mecha Ortiz; y el clan cordobés: Fernández Ordóñez, Filloy, Montserrat, Castello, Bor- dones, los Orgaz, los Allende. 99

De la inte-

Recuerda Humberto Castello 100 que de allí “salen sin interrup- ción, durante meses y años, mensajes y manifiestos que si muchas veces no llegan a su destino, realizan la función de expresar el sentimiento universal de la política, manteniendo vivo el mensaje de la solidaridad humana”. 101 Las agudas dotes polémicas de Roca se expresaron en confe- rencias, manifiestos y en el periodismo militante. Los motivos y los temas que lo acuciaban –los de la vida del hombre, de la na- ción, del mundo– los expresó tanto en su célebre Manifiesto liminar de 1918, como en sus revistas, Flecha y Las comunas. 102 Además escribió en los periódicos provinciales La Voz del Interior y El País. En la obra de Roca no existen tomos gruesos y volúmenes pesa- dos, al contrario, sus ideas se plasmaron en manifiestos, panfletos, escritos cortos y sobre todo, discursos. La responsabilidad que se adjudicó Roca frente a la guerra euro- pea se respaldaba por las consignas intelectuales de un joven a favor de la figura del autodidacta bergsoniano, condición que apela a la ausencia de maestros.

Vivimos en perpetua improvisación de hombres y cosas. Por cada uno que se logra, noventa y nueve muerden el polvo del fracaso. El único maestro cierto que existe, es, por otra parte, caprichoso: se

99 SANGUINETTI, Horacio y Alberto CIRIA, “Los Reformistas”, Los Argentinos, tomo VI, Buenos Aires, Jorge Álvarez, 1968, p. 246.

100 Deodoro Roca, Humberto Castello y Francisco Deffis fueron miem- bros del Comité Directivo de la revista Las Comunas. Cf. SANGUINETTI, Horacio, La trayectoria de una flecha, Las obras y los días de Deodoro Roca, Buenos Aires, Librería Histórica, Colección Histórica, 2003, p. 56.

101 BERMANN, “Difícil tiempo”, p. 27.

102 Flecha apareció diecisiete números entre noviembre de 1935 y agosto de 1936; Las Comunas, cuatro números en 1939.

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llama Azar. Entre nuestros mismos escritores las pocas individuali- dades originales son, ciertamente, autodidactas. 103

En este sentido, Roca evocaba el pensamiento bergsoniano. Para el filósofo francés instruirse no es almacenar nociones, sino ante todo “aprender a aprender”:

La finalidad de la enseñanza es fortalecer y hacer flexibles los espí- ritus para prepararlos a las tareas y encuentros imprevisibles que les esperan –legándoles la herencia cultural del pasado: aprendizaje del sentido común, verdadera propedéutica a la intuición; preparación también para la vocación social de cada uno. La pedagogía bergso- niana repudia la facilidad y valora por encima de todo el esfuerzo. 104

Para 1920, Deodoro Roca cambia el tono fatalista de su dis- curso. Ya no anunciaba la tragedia y la hora obscura como en 1915. Se aprecia un orador adueñado del momento, ubicado un paso adelante del impacto provocado por la guerra. Se trata de un tiempo en que los jóvenes del ’14, inmiscuidos en las discusiones de una nueva y distinta batalla de ideas, expresan ya una nueva sensibilidad. El epígrafe de Trotsky ratifica el ánimo optimista entre un abundante quehacer: “Qué dicha la de vivir en tiempos tan trascendentales”

Vivimos una hora solemne. El mundo está preñado de aconteci- mientos. El grandioso proceso de renovación se adueña de las ideas, de los seres y de las cosas. Está anunciado el advenimiento del hombre. Una “sed de totalidad” abraza las almas, y por el aire cruzan cantos de revolución. Junto a los graves ecos de la tragedia se sienten ráfagas de la contenida alegría del mundo, que pugna por volver. Es el libre juego de las fuerzas vitales que vienen creando. Es la mutilada cosa humana que deviene persona. Es el grito y el amor del hombre que se redime. Es el hermano que liberta libertándose. 105

103 ROCA, Deodoro, “Generación”, p. 182. 104 MOISSÉ-BASTIDE en Michel BARLOW, El pensamiento de Bergson, México, Fondo de Cultura Económica, 1968, p. 103. 105 ROCA, Deodoro, “La Universidad y espíritu libre”, Revista de la Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, año VII, núm. 5-6, julio y agosto, 1920, p. 377.

84

Referente al tema universitario, para Roca la problemática de la Universidad atiende a un problema mayor, de índole moral, política y social; sin que esto desvíe las condiciones también espe- cíficas de Córdoba. Existe un tema que constituye toda una crítica al papel de la universidad inserta en el proceso de la moderniza- ción, que tiene que ver con el profesionalismo. Roca ejerce una crítica hacia la división de clases, con la que la Universidad estaba muy ligada en su papel de “fábrica de títulos”:

El problema es muy otro ya. Mientras subsista la odiosa división de clases, mientras la escuela actual –que sirve cumplidamente a esa división– no cambie totalmente sus bases, mientras se mantenga la sociedad moderna constituida en república de esfuerzos que, como dice “Xenius”, tienen por ley común la material producción, el lu- cro por recompensa, las universidades –a despecho de unos pocos ilusos– seguirán siendo lo que son, lo que tantas veces se ha dicho de ellas: “fábricas de títulos”. O vasta cripta, en donde se sepulta a los hombres que no pueden llegar a Hombre. Por un lado: la Cien- cia hecha, lo de segunda mano, lo rutinario, lo mediocre. Por el otro, la urgencia de macerarse cuanto antes para obtener el anhelado título. Y, como siempre ha acontecido, la inteligencia libre y pura estará ausente, la ciencia que se supera oficiará ante otros altares. 106

En su lugar proponía:

Lo que debemos encontrar son gestos amplios señalando las gran- des rutas del pensamiento, el punto de donde parten todos los caminos. Ese punto está en nosotros mismos, en la porción de ori- ginalidad que cada hombre sincero puede dar, en el desarrollo espontáneo de la aptitud dormida. El maestro no debe aspirar sino a que nos descubramos a nosotros mismos. Ahí está lo fecundo en la confluencia de maestros y discípulos. Nada de pedantismo, nada de solemne aparatosidad, nada de recetas! Debe aspirarse antes que todo a desarrollar el espíritu de investigación, el espíritu filosófico, muerto y amortajado en las universidades y en todos los institutos oficiales de cultura! Recordemos con Taine, que la filosofía nació en Grecia, no como entre nosotros, en un gabinete y entre papeles, sino al aire libre, al sol, cuando fatigados por los ejercicios de la

106 Ibídem, p. 382.

85

palestra y apoyados en una columna del gimnasio, lo jóvenes con- versan con Sócrates sobre el bien y la verdad. 107

De lo anterior, Roca hacía una doble referencia en torno a la figura del mediocre. Por un lado, la mediocridad bergsoniana que consistía en el profesionalismo, una resultante de la especializa- ción y el gran adversario de la vida del espíritu. Por el otro, el mediocre que derivaba de la actitud elitista posicionada en el po- der y haciendo de la política tan sólo un trámite administrativo y burocrático. La figura del mediocre fue continuamente recurrida por Roca en sus escritos para referirse a la condición social, polí- tica, universitaria e inclusive para describir a la generación del ‘80. Es necesario también advertir la presencia del hombre mediocre de Ingenieros en su libro aparecido en 1913. En el Manifiesto liminar se critica el sistema de enseñanza que solamente está burocrati- zando la educación.

Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los me-

diocres, la renta de los ignorantes [

llegado ha [sic] ser así el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil. Por eso es que la ciencia frente a estas casas mudas y cerradas, pasa silenciosa o entra mutilada y grotesca al servicio burocrático. 108

Las Universidades han

]

Los antecedentes más inmediatos del movimiento del ‘18

La Reforma Universitaria fue un movimiento estudiantil expre- sado por una generación conmovida e insatisfecha. El estallido del movimiento de Reforma ocurrió en Córdoba y no en Buenos Aires, la capital. Citamos a continuación una clara acotación que Juan Carlos Portantiero escribió en su aporte sociológico relacio- nado al tema de estudiantes y política en América Latina. El autor hizo hincapié en la sesgada visión monacal y clerical de Córdoba, aspecto ya discutido en este capítulo:

107 ROCA, “Ciencia”, p. 185. 108 En el texto del Manifiesto liminar (1918).

86

Hace sesenta años, los estudiantes de América Latina extendían por todo el continente la insurgencia de la reforma universitaria. Esa llama se encendió a comienzos de 1918 en la Argentina, pero no en Buenos Aires sino en Córdoba, una ciudad atrapada enton- ces por el espíritu colonial, casi sin industrias, carente de una poderosa clase media moderna, adormecida desde hacía siglos por un pesado sopor hispánico y clerical. 109

Reitero la importancia en comprender la confrontación ideo- lógica en Córdoba, diferente a la porteña. Mientras que en Buenos Aires fue representada por la oposición entre liberales y conservadores; en Córdoba lo fue entre laicos y clericales. El nacionalismo católico en la docta ciudad representó la fuerza de resistencia de cara a las fuerzas liberales, dando como resultado fórmulas políticas, sociales y culturales diferentes a las suscitadas en Buenos Aires, ciudad en la que –como ya mencioné– el catoli- cismo era casi nulo. La gestación del movimiento reformista fue en la base de una confrontación ideológica entre el clericalismo y el laicismo. De esta forma, tomando en consideración el matiz liberal, podemos acceder a nuevas dilucidaciones que den cuenta del hecho. En cuanto a la resonancia continental del movimiento iniciado en Córdoba, obviamente las especificidades históricas son evidentes, los estudios dedicados a cada uno de los movimientos en los diferentes países manifiestan esa particularidad. En el caso del Perú, un movimiento de reforma donde devino partido político a través del APRA. En México representó un episodio dentro de una revolución nacional y popular. En Cuba, permaneció a través del tiempo como una fuerza revolucionaria latente que se expresó, más tarde, en la organización del movimiento 26 de julio. 110 El Manifiesto liminar es uno de los primeros manifiestos de la reforma, sin ser este movimiento el primero que promoviera una reforma universitaria. Se han seleccionado una serie de docu- mentos, que denominaremos literatura de ideas, como el conjunto

109 PORTANTIERO, Juan Carlos, Estudiantes y política en América Latina: El proceso de la reforma universitaria 1918-1938, México, Siglo Veintiuno Edito- res, 2º edición, núm. 17, 1987 [1978], p. 13. 110 Cf. PORTANTIERO, Estudiantes, pp. 13-14.

87

de tipos textuales, tales como proclamas y manifiestos políticos. 111 La serie de documentos han sido denominados por Gabriel del Mazo como los “Antecedentes más inmediatos del movimiento del ’18”. El primer documento se refiere a las inconformidades de los estudiantes de medicina por los manejos turbios en la Universi- dad de Buenos Aires (1906); el segundo expone las orientaciones

y propósitos del Ateneo Universitario al momento de su fundación

(Buenos Aires, 1914); el tercero es el fragmento de una página que “manifiesta los primeros síntomas de un gran movimiento

que tiene que venir fatalmente”, redactado por el estudiantado de derecho de la Universidad de Córdoba en 1917. A continuación hacemos revisión de cada uno de ellos, extra- yendo algunos fragmentos que nos permitirán comprender con más detalle las condiciones de esas primeras manifestaciones de reforma universitaria en Buenos Aires y en Córdoba, anteriores a

la del ’18.

I

PETITORIO AL CONGRESO SOBRE REFORMA A LA LEY DE UNIVERSIDADES

El 18 de junio de 1906, los estudiantes, durante el movimiento en la Facultad de Medicina de Buenos Aires (1905-1907), presenta- ron un Petitorio al Congreso de la Nación sobre Reforma a la Ley de las Universidades. 112

Venimos hoy a robustecer esta denuncia exponiendo: que en el de- partamento de salubridad de la provincia de Buenos Aires han sido

visados certificados de estudio refrendados por la facultad de me-

que

dicina de esta capital que no estaban en forma correcta [

existen actas de examen adulteradas y falsificadas; que en el libro

de calificaciones de secretaría existen asimismo innumerables

];

111 ALTAMIRANO, Carlos, Para un programa de historia intelectual y otros ensa- yos, Buenos Aires, Siglo Veintiuno Editores, 2005, p. 16. 112 Para la lectura del documento completo, DEL MAZO, Gabriel, La Reforma Universitaria, “El movimiento argentino (1918-1940)”, La Plata, Ediciones del Centro Estudiantes de Ingeniería, Universidad de la Plata, tomo I, 1941, pp. 462-465.

88

adulteraciones y falsificaciones; que los documentos de más vital importancia, así como el sello de la facultad, permanecían cons- tantemente a merced de empleados subalternos sin responsabilidad alguna, y aun de personas extrañas a la facultad, que han podido hacer uso de ellos satisfaciendo sus intereses o sus pasiones; que todas estas y otras muchas irregularidades han sido cuidadosa- mente ocultadas a pesar de tener conocimiento de ellas, el actual rector de la universidad, el decano, los académicos, muchos profe- sores, el personal superior y subalterno de secretaría y otras personas de dentro y fuera de la casa. 113

Como primer punto se destaca el acto de movilización que or- ganizó el estudiantado para la expresión de sus inconformidades, de manera pacífica e institucional y, al no tener respuesta de las

autoridades universitarias (a pesar de tener conocimiento de ellas), es entonces que robustecieron su denuncia ante el Congreso de la Nación. Los estudiantes de medicina, representantes del estudiantado universitario de la capital y de la provincia de Buenos Aires, en la observancia de los intereses intelectuales de la república se mani- festaron en contra, no sólo del “grave defecto orgánico del

académico

, dades, de transgresiones, acaso de índole más definida, más perjudicial y desdorosa”:

sino de la mácula indeleble de intolerables inmorali-

Ya no es sólo el grave defecto orgánico del académico elegido

por sí mismo y ad vitam; ya no es la pretensión lamentablemente di- fundida de adjudicaciones honoríficas a fuerza de procedimientos oblicuos; ya no son los notorios excesos de la camaradería que se cierra herméticamente para no dejar paso a los grandes méritos; ya no es el profesor destituido, el servidor de foja larga y respetable por su ilustración y su conciencia científica, tratado sin considera- ciones, con una rigidez para la que no se encontraría precedente alguno ni en las universidades más autoritarias del mundo; ya no es la odiosa preferencia que hace desfallecer al laborioso, alentando la mediocridad y sembrando desilusiones en el campo tranquilo del trabajo de la vocación y del talento, cegándose así la fuente de to- dos los estímulos y las vías de todo progreso moral, institucional y científico. Ahora es, como veis en las ampliaciones que os traemos,

] [

113 Ibídem, p. 463.

89

la mácula indeleble de intolerables inmoralidades, de transgresio- nes, acaso de índole más definida, más perjudicial y desdorosa. 114

Los estudiantes hicieron un llamado a la memoria histórica de la universidad argentina y resaltaron el papel de la universidad en el porvenir nacional; es éste, el sentido que tiene la universidad para ellos: un espacio propicio para el pensamiento colectivo. Sin embargo, el petitorio constituye un llamado para que el gobierno no desatendiera el papel de la universidad en los nuevos tiempos, en el que las actividades merecedoras de atención eran las eco- nómicas. Argentina se encontraba desde 1880 entregada a las tareas de la modernización. No olvidemos que la última reforma universitaria que se hizo a las universidades en el país fue la Ley Avellaneda en 1885.

Leedlas y decid al país si eso es compatible con el concepto de la universidad tal como la soñaron sus fundadores, la presintieron sus mejores sabios, la desearon los que dictaron la ley de 1885 y la qui- sieron y la quieren los que, como vosotros, saben ver el porvenir nacional no solo a través de las corrientes económicas de nuestra producción de granos y animales, sino a través de las puras grande- zas del pensamiento colectivo. 115

El carácter del pensamiento nacional al que se hace referencia en el párrafo siguiente presume estar sustentado en los pilares del liberalismo económico, en el que Buenos Aires se había estado encaminando desde la década de los ochentas del siglo XIX.

Querellándonos de agravios que han bastardeado y subvertido el régimen de la universidad argentina, mal podríamos comenzar por agraviar. Tenemos fe profunda en el triunfo final de nuestra causa, liberada por nosotros desde su primera hora, a los prestigios in- contrastables de la verdad y de la sinceridad. Sabemos que nos acompaña el pensamiento nacional, todos los anhelos reflexivos de progreso, el amor institucional más acendrado y, por eso, el senti- miento común del patriotismo. 116

114 Ibídem.

115 Ibídem.

116 Ibídem, p. 462.

90

La propuesta de los estudiantes, contenida en cinco puntos, se refiere a la libre docencia; examen de estado como complemento de la docencia libre; separación de la gestión administrativa y científica; renovación periódica de los cuerpos dirigentes. Sin embargo llama la atención, como se puede ver en el siguiente fragmento, la confianza y respeto del estudiantado hacia las ins- tituciones, ajenos al dudoso origen representativo del gobierno de Roca. Los estudiantes dirigieron su denuncia al Congreso en es- pera de una solución.

Hemos formulado así, en síntesis, nuestras aspiraciones sin más pretensión, como fácilmente se concibe, que la de ponerlas en co- nocimiento del honorable congreso para que se digne tomarlas en cuenta en cuanto se las considere pertinente. 117

En razón de lo anterior, podemos observar que el carácter de la denuncia es de índole universitario; la solución que el estu- diantado propuso lo confirma. Llama la atención la justificación que deciden darle a esta denuncia –la de correr una hora universita- ria–, expresión que nos habla de la condición de sus autores. Se trata de jóvenes universitarios que se veían a sí mismos preocu- pados por la institución universitaria y el ejercicio del rol de estudiantes ejercido al interior de la universidad. No se especifica la condición de los estudiantes fuera del espacio universitario. Esta situación cambia en los escritos del movimiento reformista en 1918. Los jóvenes cordobeses –esa generación del ’14–, avan- zan y se proyectan más allá de la universidad porque precisamente saben que el problema no es meramente universitario. En la Re- forma de 1918 se ha superado una clara y definida vocación del estudiante con relación a la sociedad y a los espacios extra univer- sitarios. En el texto del Manifiesto liminar se hace mención de una hora americana, a diferencia de la hora universitaria: sus autores se ven como universitarios pero también como intelectuales que pretenden una resonancia y una proyección, histórica y regional, capaz de traspasar la estructura universitaria:

117 Ibídem, p. 464.

91

Salvamos, honorable señor, por insinuaciones indeclinables de conciencia, todos los respectos que individualmente nos merece(n) los ilustres o los buenos maestros a quienes ha tocado en lote, sin poderlo acaso remediar, los infortunios de la hora universitaria que corremos. 118

II

ATENEO UNIVERSITARIO.- DECLARACIÓN DE ORIENTACIONES Y PROPÓSITOS

El Ateneo Universitario fue fundado en la ciudad de Buenos Aires en el mes de abril de 1914 por un grupo heterogéneo de jóvenes, “movidos únicamente por inquietudes de orden intelectual”. El documento que a continuación transcribimos forma parte de la Declaración de orientaciones y propósitos.

Fundado en abril de 1914 por un grupo heterogéneo de jóvenes, movidos únicamente por inquietudes de orden intelectual, ha ido adquiriendo en su desarrollo ulterior una tendencia que presenta hoy caracteres precisos y terminantes. 119

Vemos el interés de un grupo de jóvenes que, si bien son hete- rogéneos, parten de una matriz común, el de caracteres precisos y terminantes en torno a problemáticas de índole política, económica

y social. La política se mueven en el debate de un gobierno

democrático exento de las formas imperialistas, clericales y milita-

ristas. En lo referente al aspecto político social, en el marco de un carácter antiimperialista manifestado en este instituto de estudios,

se desprenden las preocupaciones por la lucha de clases y la ex-

plotación de la clase obrera. Y en lo social, se abre una veta en la que se constituye a la universidad como el espacio que propicie vínculos entre el pueblo y los universitarios. El Ateneo claramente se reconoció en el ejercicio de una polí- tica ajena a los quehaceres de la Iglesia, a los que calificaban de “funestos” para la sociedad. Ellos rechazaban el clericalismo, el militarismo y la burguesía, y se solidarizaban con la clase obrera:

118 Ibídem, p. 463. Cursivas mías, M.N. 119 Ibídem, p. 468. Documento completo, pp. 468-469.

92

Es partidario de la enseñanza laica, y de la separación de la iglesia del estado; respeta todo sentimiento religioso, pero condena toda política que se disfraz de religión, así como toda religión que se dis- fraza de política. […] Está, decididamente, de parte de las clases productoras en la lucha entre el capital y el trabajo que hoy divide el linaje humano. 120

El debate en torno a la democracia estaba a la orden del día por la recién promulgada Ley Sáenz Peña, en 1912, y este docu- mento no es la excepción.

Conceptúa que la democracia no consiste –al decir de un escritor nuestro– “en esas tómbolas del sufragio, ni en esas algazaras del parlamento”, sino “en la realización de la libertad de cada uno por la justicia de todos”. Por eso estima necesaria y fecunda la libertad económica: por eso juzga conveniente la igualdad económica como punto de partida para la labor de semejante de todos los mortales. Sólo con aquella libertad y con esta igualdad puede darse base se- gura y firme a las forzosas desigualdades –perfectamente morales– que la vida impone en las esferas de la sensibilidad, de la inteligen- cia y de la actividad de cada hombre. 121

El núcleo de jóvenes que formaba el Ateneo se situaban en la hora que estaba corriendo, terminada la tragedia europea. Vemos tam- bién la presencia de un compromiso que un grupo de jóvenes asumió para enfrentar esa oprobiosa contienda.

En la hora actual –terminada la tragedia europea- dedicarse exclu- sivamente a la dilucidación de problemas científicos, literarios y artísticos, cerrando las puertas al rumor de las luchas que libran los oprimidos y opresores, sería el más inicuo de los egoísmos. En esta inteligencia, el núcleo que forma el “Ateneo” ha trabajado inten- samente por señalarle una orientación definida. Libre ahora la institución de elementos reaccionarios, tiene un rumbo fijo, sabe qué quiere y a dónde va, y puede determinar su actitud ante las cuestiones universitarias, religiosas, políticas y sociales que están planeadas. 122

120 Ibídem, pp. 468-469.

121 Ibídem, p. 469.

122 Ibídem, p. 468.

93

Una vez más aparece el concepto del tiempo, del que se apro- pian los autores para legitimar sus voluntades y proyecciones. En esta ocasión observamos que se refieren a la hora actual. La “hora universitaria”, escrita en el primer documento, y la “hora actual”, muestran una diferencia de pertenencia, siendo más laxa la se- gunda. La “hora actual” involucraba tanto a los universitarios como al pueblo, pero sobre todo los intelectuales como orienta- dores del quehacer en el tiempo. En el siguiente fragmento se habla de un acercamiento entre el pueblo y la Universidad:

Sostiene la absoluta autonomía de la enseñanza superior; procura un acercamiento entre el pueblo y la Universidad, combatiendo a los que la quieren convertir en matriz de una nueva casta no menos odiosa que las existentes, aspira a que los hombres de pensamiento y de acción se influyan mutuamente desarrollando una acción fra- terna y armonía que favorezca el mejoramiento común. 123

Aunado a esto, el Ateneo destaca la argentinidad, al socaire de los problemas asociados a la migración europea y por ende, las dificultadas para fijar un nacionalismo cultural.

Trata de robustecer un sentimiento sano y amplio de argentinidad, para que de él surjan, por extensión, generosos impulsos de solida- ridad universal. Repudian a aquellos que medran a la sombra de la bandera y no admite, de ningún modo, que, dentro del país, se es- tablezcan odiosas diferencias de nacionalidad. 124

La exposición de las declaraciones y propuestas permitía al núcleo de jóvenes promover la participación de los jóvenes como socios del centro de cultura. Planteaba la oposición a ser simples espectadores frente a la presencia de fuerzas nuevas con miras a moldear una sociedad más justa y perfecta.

Así el “Ateneo Universitario”, sin abandonar su primera condición de centro de cultura, y prestando siempre preferente atención a las altas especulaciones del espíritu, no permanece indiferente ante las fuerzas nuevas que quieren moldear una sociedad más justa y más perfecta.

123 Ibídem. 124 Ibídem, pp. 468-469.

94

Si usted está de acuerdo con nuestro modo de pensar, no se resigne al simple papel de espectador: hágase socio del “Ateneo”. Esta corporación necesita, para intensificar su obra, más prestigio moral y mayor capacidad económica. 125

Entre los firmantes, además de los nombres que pueden re- sultarnos familiares, se encontraban el de dos mujeres: Lili Kelly y Lidia Peradotto. 126 Entre los nombres: José M. Monner Sans, Gabriel del Mazo, Carlos María Scotti, Tomás D. Casares, Er- nesto J. Tissone, Francisco de Aparicio, Hilarión Hernández Larguia, Arturo de la Mota, Alberto Britos Muñoz, José Oria, Jorge Max Rohde, Gonzalo Muñoz Montoo, Lidia Peradotto, Hiram Pozzo, 127 Agustín de Vedia, Luis Veneroni, Adolfo Casa- blanca, Horacio J. Pozzo, Adolfo Korn Villafañe, Leopoldo Hurtado, Alberto Palcos, Remigio Rigal, Valentín Méndez Cal- zada, Lili Kelly, Florentino V. Sanguinetti, Alberto J. Rodríguez, Hugo Garbarini, Jorge Stirling Haedo, Aurelio Rizza, Osvaldo Loudet, 128 Amilcar Razori, Carmelo M. Bonet, José C. Belbey.

125 Ibídem, p. 469.

126 Lidia Peradotto nació en Italia, en 1892 pero tuvo una larga actuación en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, sucedió en la cátedra al doctor Alfredo Francheschi. Esto significó con- vertirse en la primera mujer que fue profesora titular de esta casa de estudios. Fue autora del libro La Logística, publicado en 1925 en Buenos Aires por la Imprenta de la Universidad, derivado de su tesis con la que obtuvo el grado y el premio Madariaga en 1924. Este libro fue pionero y ahí la importancia de la autora como introductora de la lógica contem- poránea en Argentina. Falleció en Buenos Aires en 1951, Diccionario Biográfico Italo-Argentino, www.dante.edu.ar/ web/dic/p.pdf (acceso mayo 2009); SOSA DE NEWTON, Lily, Diccionario biográfico de mujeres argentinas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1986.

127 Hiram Pozzo participó en 1916 en el ciclo de conferencias organiza- das en la Biblioteca Córdoba. Su conferencia llevó el título de “Plática cordobesa, refiriéndose a Martín Gil, el Doctor Martínez Paz y Arturo Capdevila”. 128 Osvaldo Loudet presidió la Federación Universitaria Argentina (FUA), fundada el 11 de abril de 1918. Para una mejor idea sobre la signi- ficación de la FUA, Sergio Bagú describe su fundación:

95

La revisión detallada en el listado de los firmantes ofrece nu- merosas posibilidades para trabajos ulteriores porque justamente estos nombres volverán a surgir cuatro años después, en 1918. Estos jóvenes estuvieron, desde Buenos Aires, cercanos a la reforma universitaria de Córdoba. Uno de estos casos es el de José María Monner Sans, director de la revista estudiantil porteña –Ideas (1915 al 1917)–, órgano de la sección estudiantes universitarios del Ateneo Hispano Americano.

“En 1918, el acontecimiento más importante, previo a la toma de la Universidad de Córdoba, fue la fundación de la Federación Universitaria Argentina, que tuvo lugar en Buenos Aires, el 11 de abril.

Es necesario hacer notar que la organización estudiantil argentina, con la

misma estructura que hoy tiene, existió desde antes del 15 de junio de

1918. Es el argumento que habla con mayor elocuencia de la importan-

cia de la Pre-Reforma.

A la reacción de Buenos Aires, concurrieron delegados de las cinco

Federaciones Universitarias, que son las mismas que hoy integran nues-

tra entidad máxima.

Los acontecimientos cordobeses permitían concretar esta aspiración de unidad estudiantil, que había sido exteriorizada muchas veces. En 1912, fue expuesta en Santa Fe por Alejandro Grüning Rosas, en un mitin en

favor de la nacionalización de la Universidad. Obdulio F. Siri la sostuvo en

la Federación Universitaria de Buenos Aires, en 1913, y Osvaldo Loudet,

siendo presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, la retomó en

1915. Constituida la entidad central, Loudet fue su primer presidente.

Desde que la Federación Universitaria Argentina estuvo en pie, tuvo el

estudiantado un punto de unión. Ella fue la cabeza que dirige y coordina;

la

evidencia de la capacidad organizadora de la juventud. La historia de

la

Reforma se refleja en su historia. Tribunal de apelación, en fin, hasta

ella llegáronle los muchachos de Córdoba en aquella hora inicial,

reclamando solidaridad con un cable lacónico y fuerte, que sintetizaba el programa de la Reforma, recién venida a la vida: “Hemos sido víctimas de

la

traición y la felonía –comunicaban. Ante la afrenta, hemos decretado

la

revolución universitaria. Hemos hecho más: hemos proclamado una

cosa estupenda en esta ciudad del medioevo: el año 1918.” La Federación

de

estudiantes de Buenos Aires (FUBA) fue creada años antes, en el año

de

1908, convirtiéndose después en uno de los principales miembros de la

FUA. Cf. BAGÚ, Sergio, en DEL MAZO, Gabriel, La Reforma Universitaria, “El movimiento argentino (1918-1940)”, La Plata, Ediciones del Centro Estudiantes

de Ingeniería, Universidad de la Plata, tomo I, 1941, pp. 471-474.

96

III

FRAGMENTO DE UNA REVISTA DE CULTURA DE LOS ESTUDIANTES DE DERECHO EN CÓRDOBA

El tercer antecedente es el fragmento de una página de la revista Cultura de los estudiantes de derecho en Córdoba (1917). 129 Ésta mostraba los “ánimos” estudiantiles en torno a la inconformidad universitaria, a tan sólo un año antes del estallido del movimiento de la reforma universitaria. A partir de la lectura de este fragmento, uno puede intuir que los estudiantes de derecho de la Universidad de Córdoba tenían conocimiento de las inconformidades en otras universidades ar- gentinas, coligiendo de ello que el movimiento se avecinaba fatalmente, tal como lo describiría Roca en “La Universidad y espíritu libre” en 1920. 130 Los estudiantes de derecho escribieron en 1917:

Ya empiezan a manifestarse los primeros síntomas de un gran mo- vimiento que tiene que venir fatalmente. La juventud no está enferma, no puede estarlo: tengamos fe en ella; hoy, ha sido un alumno, tal vez un silencioso y un desconocido, que ha levantado su voz en medio del aula y ha increpado al profesor porque se sen- tía sobrado alumno ante tan exiguo maestro, sin que su actitud –y aquí está el síntoma–, sorprendiera ni escandalizara a ninguno de sus compañeros de clase; mañana, tenemos derecho a esperarlo, será la juventud en mas que se rebelará heroicamente contra la in- justicia y la mentira. 131

En el texto del Manifiesto liminar se habla del papel de la ju- ventud; de forma anticipada ya lo escribían desde 1917:

Se nos acusa ahora de insurrectos en nombre de una orden que no discutimos, pero que nada tiene que hacer con nosotros. Si ello es así, si en nombre del orden se nos quiere seguir burlando y em- bruteciendo, proclamamos bien alto el derecho sagrado a la insurrección. Entonces la única puerta que nos queda abierta a la esperanza es el destino heroico de la juventud. 132

129 Para la lectura del documento completo, ver DEL MAZO, Reforma, p. 468.

130 ROCA, “Universidad”, p. 381.

131 DEL MAZO, Reforma, p. 468.

132 Ibídem.

97

Sale a relucir, en el sentido anticipatorio, la llegada de una voz que está en proceso de consolidarse. Los síntomas se definían en los malestares que sanar. El turno era de los jóvenes; la esperanza y la razón estaban de su lado. En 1917, los estudiantes expresaron:

Ya empieza a sentirse, pues, la voz tan deseada, del aliento y de la esperanza, que todos cobijamos en lo más hondo de nuestros cora- zones. Esperemos con amor en esa juventud que hasta ayer callaba y la vida misma ha de darnos razón de su silencio. 133

En el Manifiesto liminar, unos meses después, leeríamos:

Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una ver- güenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

La publicación del Manifiesto liminar representa uno de los epi- sodios más representativos del movimiento reformista. El 21 de junio de 1918 (seis días después del estallido del movimiento) fue publicado este manifiesto en una edición extraordinaria de La Gaceta Universitaria, órgano de los estudiantes, dirigido como lo expresa su dedicatoria “A los hombres libres de Sudamérica”. 134

133 Ibídem. 134 Ibídem, p. 1. En la revisión del material relacionado al movimiento reformista de 1918 hemos podido observar que se toma el 21 de junio de 1918 como fecha de publicación del Manifiesto liminar. Sin embargo en uno de los apartados del tomo VI de la Nueva Historia Argentina (2000), ”La Reforma Universitaria” de Adriana Chiroleu, ella escribe: “Lo cierto es que el 21 de abril se dio a conocer el denominado Manifiesto Liminar, redactado por Deodoro Roca, que plasmaba el ideario de los estudiantes universitarios” (p.380). Chiroleu se está refiriendo a una fecha en que “se da a conocer el denominado Manifiesto Liminar”, esto probable- mente se esté refiriendo a su difusión entre el grupo de compañeros allegados, pero no se especifica y tampoco refiere la fuente. El 21 de abril de 1918 no es definitivamente la fecha de publicación pues el Ma- nifiesto se ubica una vez celebradas las fraudulentas elecciones de rector del 15 de junio de 1918. El Manifiesto liminar dice: “Los sucesos acaeci- dos recientemente en la Universidad de Córdoba, con motivo de la

98

El 22 de junio del mismo año, un día después, ocupaba la primera plana del diario La Voz del Interior. En este espacio se destacó el “profundo anhelo de renovación” como la fuerza pro- pulsora de esta “cruzada”.

[…] jóvenes inquietos de hondas y lejanas inquietudes, sintieron un asco invencible. Abrieron las puertas y tomaron lo suyo, sin pedír- selo a nadie. Anidaba su mente un profundo anhelo de renovación.

El pueblo comprendió el significado de aquélla cruzada

su conte-

nido ético y social y los jóvenes tomaron las Universidades proclaman el derecho a darse sus propios maestros. 135

El Manifiesto llevaba las firmas de los integrantes de la mesa directiva de la Federación Universitaria de Córdoba (FUC). 136 Sin embargo no aparece la firma de su autor, Deodoro Roca, ni tam-

elección rectoral, aclara singularmente nuestra razón en la manera de apreciar el conflicto universitario. La federación universitaria de Cór- doba cree que debe hacer conocer al país y a América las circunstancias

de orden moral y jurídico que invalidan el acto electoral verificado el 15

“En efecto, los estatutos reformados disponen que la

elección de rector terminará en una sola sesión, proclamándose inme- diatamente el resultado, previa lectura de cada una de las boletas y aprobación de acta respectiva. Afirmamos, sin temor de ser rectificados, que las boletas no fueron leídas, que el acta no fue aprobada, que el rector no fue proclamado, y que, por consiguiente, para la ley, aún no existe rector de esta universidad” (p.11). Cf. Manifiesto liminar de la Re- forma Universitaria de 1918, Edición homenaje al 80º aniversario de la reforma 1918-1998, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba, 1998. 135 ROCA, Deodoro, La Reforma Universitaria 1918-1958, Edición de la Municipalidad de Córdoba, 158, p.87, citado en MARCÓ, Historia, p. 146. 136 El mismo 11 de abril de 1918 en que se decretaba la intervención a la Universidad de Córdoba se constituía en Buenos Aires la Federación Universitaria Argentina (FUA) con delegados de las Universidades de Buenos Aires, Córdoba, La Plata, Santa Fe y Tucumán. El 22 de abril del mismo año, se constituyó la Federación Universitaria de Córdoba (FUC). La intervención a la Universidad fue resuelta por el presidente argentino Hipólito Yrigoyen, designando interventor al Dr. José Nicolás Matienzo (MARCÓ, Historia, pp. 120 y 129).

de Junio” (p.9) [

]

99

poco de ningún otro de sus compañeros. 137 Para ese entonces, él ya no era estudiante; ciertamente procedió como uno de los ideólogos del movimiento, a lado de Saúl Taborda.

137 Los nombres que aparecen son: Enrique F. Barros, Horacio Valdéz, Ismael C. Bordabehere (presidente), Gumersindo Sayago, Alfredo Cas- tellanos, Luis M. Méndez, Jorge L. Bazante, Ceferino Garzón Maceda, Julio Molina, Carlos Suárez Pinto, Emilio R. Biagoschi, Angel J. Nigro, Natalio J. Saíbene, Antonio Medina Allende, Ernesto Garzón, cf. Mani- fiesto liminar de la Reforma Universitaria de 1918, ed. cit., p. 14.

100

2

IDENTIFICACIÓN Y RECONOCIMIENTO DE UN NÚCLEO DE JÓVENES RENOVADORES

!

En 1916, dos años antes del movimiento de Reforma Universita- ria, se llevó a cabo un ciclo de conferencias en la Biblioteca Córdoba. 1 La iglesia pretendió censurar estos encuentros y pro- vocó que los jóvenes conferencistas constituyeran la Asociación Córdoba libre. Entre sus integrantes se encontraban Deodoro Roca, Saúl Taborda, Arturo Orgaz, Arturo Capdevila. Para 1918, estos nombres figurarán entre los protagonistas del movimiento reformista como miembros integrantes de la Asociación Córdoba libre. En la orden del día del mitin realizado en Córdoba el 25 de agosto de 1918 se lee: “Las nuevas generaciones de Córdoba, reunidas en magno plebiscito, por iniciativa de la Asociación Córdoba libre y de la Federación universitaria, acuerdan…”. 2 Actualmente

1 La Biblioteca Córdoba había sido creada recientemente por iniciativa del diputado provincial Dr. Ángel F. Ávalos en 1910, tras años de insistencias parlamentarias. En el discurso pronunciado en la cámara en 1908, expuso claramente los fundamentos en que se sustentaba su pensamiento respecto a la existencia de una biblioteca provincial: “…] las bibliotecas públicas –decía– son una institución utilísima y benéfica, porque sirven eficazmente a la difusión de los conocimientos en el alma de las sociedades. Ellas son el complemento de los estudios universita- rios por cuanto ofrecen al alcance de todos, las obras en su completa variedad, desde la especulación científica, hasta las de mero deleite, desde la aplicación técnico-científica, industrial o artística, hasta las de carácter artístico”. Esta información fue proporcionada por la actual directora de la Biblioteca Córdoba, Maricarmen Ladrón de Guevara (noviembre 2005). 2 Inserto en la compilación de Gabriel del MAZO, La Reforma Universita- ria, Buenos Aires, Ediciones CEM, tomo II, 1927, citado en AGOSTI, Héctor P., “Crítica de la Reforma Universitaria I. El surgimiento de la

la Biblioteca Córdoba se ubica en un edificio diferente que en 1916, y una de sus salas lleva el nombre de “Arturo Capdevila”. Por cierto, aquel año de 1916 no significó el inicio de las rela- ciones amistosas entre esos jóvenes: había quienes compartían la amistad desde mucho tiempo atrás. Arturo Capdevila escribió en uno de sus textos (1939), las andanzas con Deodoro Roca en los tiempos de la infancia:

Estamos todos acodados sobre la baranda del puente. Somos seis niños acodados en medio de la multitud. ¿Te acuerdas, Raúl Allende? ¿Y tú, Deodoro Roca? El río que pasa bramando hace temblar bajo nuestros pies los postes de aquel puente humilde. 3

El ciclo de conferencias en la Biblioteca Córdoba y la consti- tución de la Asociación Córdoba libre, una medida evidentemente anticlerical, son antecedentes intelectuales relevantes de la re- forma universitaria. Sus protagonistas pertenecieron a la generación del ’14. Esto en conjunto esclarece la conformación del proyecto de regeneración cultural como el compromiso para afrontar la guerra europea y sus potenciales consecuencias. No será parte de este estudio el análisis de las conferencias debido a que es casi segura su inexistencia por escrito; ni siquiera existen reseñas publicadas en algún diario de la época, como La Voz del Interior. Sí me enfocaré sobre la relación entre los actores protagonistas de este tiempo y sus prácticas. Efectivamente, la organización de estas conferencias, las temáticas abordadas y sus consecuencias políticas y sociales son elementos suficientes para enhebrar una nueva mirada del ideario de la generación del ’14. La Asociación Córdoba libre resultó del agitado ciclo de confe- rencias populares organizadas con propósitos “francamente agitadores” por el entonces director de la Biblioteca Córdoba, Juan Zacarías Agüero Vera. 4 Antes de dar paso al episodio de las

Reforma”, Cursos y Conferencias (Revista del Colegio Libre de Estudios Superiores), Buenos Aires, año III, núm. 5, noviembre 1933, p. 508. 3 CAPDEVILA, Arturo, “Ciudad trágica”, Córdoba del Recuerdo, Buenos Aires, Espasa Calpe Argentina, 5º ed., 1944 [1939], p. 96. 4 Forma como se refirió a las conferencias en la Biblioteca Córdoba Gabriel del Mazo en el relato de los acontecimientos de 1916, apartado

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conferencias celebradas en la Biblioteca Córdoba, dedicaré un espacio a trazar un perfil del entonces director del recinto: un abogado, periodista, maestro normal, escritor, historiador, reco- pilador de leyendas y tradiciones riojanas, del que poco se conoce y de cuya trayectoria intelectual todavía mucho resta por revisar. La información acerca de este personaje es casi nula. En últi- mas fechas se lo ha traído del olvido y se ha comenzado a reconocer por su contribución a los estudios folklóricos de ini- cios del siglo XX. La polifacética trayectoria intelectual de Agüero Vera, su pertenencia a la corriente nativista impulsada por su comprovinciano Joaquín V. González, su afiliación al yrigoye- nismo y un sinnúmero de trabajos inéditos de interés instan a revalorar su obra junto a la de otros intelectuales preocupados por la génesis de la argentinidad con una mirada desplegada desde el Interior, y ligada a una fundamentación histórica hispanista. Agüero Vera (1886-1943) nació en Ontiveros, en los Llanos de La Rioja, y falleció en Buenos Aires. Sus estudios primarios los cursó en el Seminario Conciliar de Córdoba; se graduó de maestro normal en la Escuela Regional de Catamarca; de bachiller en el Colegio Nacional de Monserrat en Córdoba, y de Doctor en Derecho y Ciencias Sociales en la Universidad de Córdoba. 5 Su obra, extensa pero casi en su totalidad inédita, se compone de no menos de treinta volúmenes. Publicó en vida tan sólo un poemario, Las voces del camino. 6 No fue sino hasta 1965 que el gobierno de la provincia riojana publicó póstumamente su reco- pilación de narraciones, denominada por su autor Cuentos Populares de La Rioja. 7 En 1972, se llevó a cabo la primera edición

ubicado en el primer tomo del libro acerca de la Reforma Universitaria:

DEL MAZO, La Reforma Universitaria, “El movimiento argentino (1918- 1940)”, La Plata, Ediciones del Centro Estudiantes de Ingeniería, Uni- versidad de la Plata, tomo I, 1941, p. 465.

5 Carlos Alberto Lanzillotto, en Cuentos Populares de La Rioja, La Rioja, Gobierno Provincial, 1965.

6 Existe un ejemplar de este poemario en la Fundación Archivo y Biblioteca “Jorge M. Furt”, situado en la Estancia “Los Talas”, Luján, Provincia de Buenos Aires, de la Universidad Nacional de San Martín.

7 AGÜERO VERA, Juan Zacarías, Cuentos Populares de La Rioja, Gobierno Provincial de La Rioja, 1965. Contiene unas notas preliminares de

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de su trabajo arqueológico, Divinidades Diaguitas, por la Universi- dad Nacional de Tucumán; el mismo fue reeditado en 1993 por Canguro (La Rioja) y en 2006 por la Biblioteca Mariano Moreno, de igual forma en La Rioja. Durante sus tiempos de estudiante estuvo muy involucrado con la creación de revistas, La Nueva Generación (Catamarca); de periódicos, La Libertad y El Heraldo (Córdoba); más tarde colaboró en La voz del Interior (Córdoba), La Prensa, La Nación, Caras y Caretas, Mundo Argentino, El Hogar, todas publicaciones de Buenos Aires. A diferencia de sus compañeros, Agüero Vera se distinguió por una larga carrera en cargos públicos que desempeñó tanto en la provincia como en el gobierno nacional: diputado de la Pro- vincia de Córdoba; Secretario del Ministerio del Interior en la Presidencia de Yrigoyen (1917); Ministro de Gobierno y poste- riormente Interventor Nacional en la provincia de Corrientes (1917-1918); Diputado Nacional por La Rioja (1920-1922); Pro- curador Fiscal Federal de la Capital Federal (1922); Procurador General de la Nación, interino; camarista en el fuero federal y fiscal hasta 1926; camarista en Dolores, provincia de Buenos Aires, a partir de ese año, y en su provincia natal en 1942. Fue gobernador de su provincia de 1929 a 1930. En cuanto a la educación, ejerció la docencia por algunos años, participó en el movimiento de la reforma universitaria de 1918 y tuvo que ver en el episodio de las conferencias de la Bi- blioteca Córdoba, en aquel entonces como director de la institución. El 23 de mayo de 1916 asumió el cargo y tan sólo un mes después dio inicio el ciclo de conferencias que sacudiría el ambiente de la ciudad provinciana, muy influido por el clero católico y su prédica a través de la prensa del obispado y el diario Los Principios. 8

Augusto Raúl Cortazar, “El método histórico geográfico y el estudio de los cuentos populares”, y una reseña biográfica realizada por Carlos Alberto Lanzillotto, de 1955. La recopilación tiene un prólogo del autor, fechado el 6 de mayo de 1923. 8 La Voz del Interior, 24/5/16. El obispo en ese entonces era el franciscano Zenón Bustos y Ferreyra, nombrado por Pío X el 4 de octubre de 1904 y consagrado obispo el 25 de abril de 1905. Tomó posesión el 28 de

104

Las conferencias en la Biblioteca Córdoba y la Asociación Córdoba libre!

El 10 de septiembre de 1916, “después de una serie de reuniones secretas celebradas en las habitaciones que ocupaba en el hotel del Plata, el Dr. Arturo Orgaz, a las que concurrían: Deodoro Roca, Arturo Capdevila, Amado J. Roldán, Julio H. Brandán, Rafael Bonet, Luis León, Octavio y José Pinto (hijo), Félix Etchegaray, Saúl Alejandro Taborda, José y Benjamín Palacio, etc., quedó

constituido el Comité ‘Córdoba Libre

libre”? En su libro En guerra con los ídolos, Arturo Orgaz escribió:

9 ¿Qué es el “Comité Córdoba

”.

Córdoba libre! más que una asociación de hombres libertarios fue un grito de guerra contra el ídolo sacristanesco. En 1916 resonó por vez primera; en 1918 fue el santo y seña de la revolución uni- versitaria y ya ese grito ha sido aprendido por las juventudes y proletarios de toda la República. 10

Este Comité derivó de la censura que la Iglesia intentó llevar a cabo en contra de las conferencias que se estaban llevando a cabo en la Biblioteca Córdoba. Estas conferencias fueron públi- cas y de entrada libre. En el diario cordobés La Voz del Interior fueron anunciadas desde 27 de julio hasta el 15 de octubre de 1916, celebradas normalmente los días domingos. La Voz del Interior es una empresa periodística cordobesa ya centenaria; fundada en 1904, de corte liberal y de orientación favorable a la Unión Cívica Radical. Apoyó la Reforma Universitaria. Su fun- dador, Silvestre Remonda, estuvo interesado en mantener el espacio abierto a los jóvenes. 11 Remonda estuvo involucrado en la organización estudiantil, ocupó la presidencia del Centro de Estudiantes de Derecho y de la Federación Universitaria de

abril de 1905 y falleció el 13 de abril de 1925, autor de una historia de la Universidad de Córdoba e impulsor de actividades intelectuales católicas. 9 DEL MAZO, Reforma, p. 466. 10 ORGAZ, Arturo, En guerra con los ídolos, Córdoba, Bautista Cubas, 1919, p. 10. 11 Cf. SANGUINETTI, Horacio, La trayectoria de una flecha, Las obras y los días de Deodoro Roca, Buenos Aires, Librería Histórica, Colección Histó- rica, 2003, p. 55.

105

Córdoba. El gran antagonista de La Voz del Interior era el diario Los Principios, perteneciente a la curia y cerradamente conserva- dor y, obviamente, clerical. 12 Entre los conferencistas se contaron Arturo Capdevila, Deo- doro Roca, Arturo Orgaz. Los temas de las conferencias fueron diversos pero tuvieron una preocupación en común: la búsqueda de América, ya que muchas de las trataron problemáticas americanas. 13

12 La Voz del Interior fue concebido estrictamente como periódico comercial, esto es, destinado al gran público, interesado en la gran publicidad; daría relevancia a la información y, en especial, a la noticia policial generando en los diez primeros años de su vida múltiples inno- vaciones hasta imponerse definitivamente, mientras iban desapareciendo sus más importantes competidores. Se le nombró en un inicio Diario Independiente de la Mañana debido a que existía un Diario Independiente de la Tarde (La Libertad), ambos declarados “voceros” y dependientes económicamente de la publicidad y de la venta de ejemplares. En el caso de La Voz, siempre se trató de un proyecto empresario. Los Principios, agrega Paulina Brunetti a diferencia de los dos anteriores, si bien ha sido un diario que también ha dado su importancia a la información, ha estado siempre atento a su público cautivo: la sociedad católica cordobesa. Este diario sostenía que “el periódico no debía servir para ‘divertir o pervertir’ sino para ‘enseñar o regenerar’”, cf. BRUNETTI, Paulina: “Sensacionalismo y renovación en la prensa gráfica cordobesa (1897-1914)”, en Ensayos sobre la prensa, Primer concurso de investigación en periódicos argentinos en homenaje al Prof. Jorge B. Rivera, Buenos Aires, Biblioteca Nacional, 2007, pp. 46-47. El diario Los Principios fue creado en 1894 por un grupo católico que integraban el presbítero Agapito Nogueira como director y el ingeniero Manuel E. Río como secretario de redacción. Cf. TERZAGA, Alfredo, Claves de la historia de Córdoba, Río Cuarto, Universidad Nacional de Río Cuarto, 1996, p. 222 (texto escrito en 1973). La denominación de “voceros” respondía seguramente a la especial atención que los grupos radicales daban a la publicación y defensa de sus ideas. Cada grupo, sostiene Gardenia Vidal, “se identificaba con un diario que apoyaba y defendía sus propuestas, sus dirigentes, sus estra- tegias, etc.”, cf. VIDAL, Gardenia, Radicalismo en Córdoba, 1912-1930, Los grupos internos: alianzas, conflictos, ideas, actores, Córdoba, Universidad Nacional de Córdoba 1995, pp. 11-12. 13 Las conferencias constituyen una forma privilegiada de transmisión de las ideas. Desde finales del siglo XIX, en 1899 se celebraron reunio-

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1ER CICLO DE CONFERENCIAS, BIBLIOTECA CÓRDOBA, 1916

Arturo Capdevila Los incas

Arturo Orgaz

Deodoro Roca El modernismo en la literatura

La obra cultural de Rivadavia

de América

Julio Carri Pérez Los caudillos en la historia

argentina

30 de julio 20 de agosto 3 de sept., 15:30

10 de sept., 15:00

J. Hiram Pozzo

Plática cordobesa, refiriéndose

enseguida de Julio

(hijo)

a

Martín Gil, el Dr. Martínez

Carri

Luis Onetti Lima

Paz y Arturo Capdevila 14 Poema lírico “Eva”

8 de octubre, 16:00

Ataliva Herrera Poema dramático en tres actos

miércoles, 11 de

 

y

verso “Las vírgenes del sol”

octubre, 21:00

Octavio Pinto El paisaje de la pintura

argentina

15 de octubre,

16:30

FUENTE: La Voz del Interior, 27/07/1916 al 15/10/1916. NOTAS: Todas las conferencias se celebraron el domingo, excepto la de Ataliva Herrera que fue en miércoles.

nes que fueron organizadas por el entonces rector de la Universidad,

José A. Ortiz y Herrera, mismas que él denominó “Noches de la Bi- blioteca.” Él estuvo al servicio de la Universidad de Córdoba de 1897 a 1907. Ante la precariedad de los recursos y la falta de comodidades en

el edificio colonial de la Biblioteca Mayor se incorporó la iluminación a

base de electricidad que reemplazaba al gas y posibilitó así el uso del

salón de lectura por las noches.

La denominación de las “noches de la Biblioteca” se refería sobre todo

a la inauguración del servicio nocturno en la Biblioteca Mayor. Estas

conferencias también fueron consideradas prácticas de extensión uni- versitaria, en las que claramente se pretendía establecer una relación entre la Universidad y la sociedad. Inclusive, las propias autoridades hicieron suyo el apelativo y así aparecen mencionadas en todos los

documentos oficiales. Hoy es posible consultar en la Biblioteca Mayor de la Universidad Nacional de Córdoba los cuadernillos de algunos conferencistas de los “Miércoles de la Biblioteca”, tales como Ramón J. Cárcano, Guillermo Bodenbender, Zenón Bustos, Isidoro Ruiz Moreno

y Luis Harperath.

14 Hiram del Pozzo tomó parte en la fundación del Ateneo Universita- rio en Buenos Aires (abril de 1914). Este vínculo es muestra de la relación intelectual y universitaria entre los jóvenes universitarios de Buenos Aires y Córdoba. El tema de la fundación del Ateneo está

narrado en el primer capítulo de este trabajo.

107

Los temas de las conferencias denotan la presencia de un americanismo en distintas aristas. La más obvia es la conferencia de Roca en torno al modernismo, expresión por excelencia lati- noamericanista que apelaba a Rubén Darío y evidentemente, a José Enrique Rodó. Segundo, la referencia al indígena en tanto baluarte cultural tiene lugar en dos de las conferencias a través de la alusión a la cultura incaica. 15 Es importante señalar que no se hace mención al indio pampeano ni mucho menos, se dejó de lado la crítica a la relativamente reciente “campaña del desierto” y se mostró gran interés en el rescate de un pasado indígena. Tercero, se ve el interés por recuperar aspectos de la historia argentina; el primer caso es en torno a la pintura argentina, y en segundo, llama la atención la cuestión de la argentinidad volcada hacia el Interior:

me refiero a la reivindicación del caudillo. Julio Carri Pérez, escritor de obras de teatro, se preocupó por abordar en sus escritos la aguda tensión entre tradición y modernidad. Seguramente en su conferencia salieron a relucir los nombres de Facundo Quiroga – “el tigre de los llanos”– o Vicente Peñaloza –“El Chacho”. Sobre el tema de la primera conferencia de este ciclo, a cargo de Arturo Capdevila, existen ciertas ambigüedades en las fuentes bibliográficas concernientes. La Voz del Interior anunció que “el tema de la disertación es interesantísimo: ‘Los Incas’”. 16 Simultá- neo a esta invitación en el diario de carácter liberal, Los Principios, perteneciente a la curia, cerradamente conservador y obviamente clerical, postergaba intencionadamente, para crear confusión, la fecha de realización de esa misma conferencia. El mismo día de la disertación, el 30 de julio, decía la nota en Los Principios: “A causa de una grave enfermedad de un miembro de su familia, no dará hoy su anunciada conferencia sobre Los Incas…”, movién-

15 La primera, a cargo de Arturo Capdevila, trató de la religión incaica y su comparación con los ritos cristianos. La segunda, como lo señala la nota publicada en el diario (La Voz del Interior, 11/10/1916), era un poema dramático de tres actos, cuya acción acontecía durante los últi- mos días del Imperio Inca. Inti, la divinidad popular más importante en la cultura incaica, era adorado por las Vírgenes del Sol con ofrendas de oro, plata y ganado. 16 La Voz del Interior, 27/7/1916.

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dola al siguiente domingo. 17 Una nota de la picaresca periodística, digna de Roberto J. Payró. Llama la atención que en el diario católico, al igual que en La Voz,, no hubiera confusión con respecto al dictado en dicha conferencia. Sin embargo, Arturo Orgaz, segundo conferencista del ciclo, en las primeras páginas de su libro En guerra con los ídolos, publi- cado en 1919, escribió: “Capdevila fue el primero en subyugar la atención del anheloso auditorio con un estudio sobre derecho hindú”. 18 Años más tarde, “el gestor argentino y animador lati- noamericano de la Reforma” Gabriel del Mazo, refirió la primera conferencia de Arturo Capdevila “que trató de derecho hindú y, con tal ocasión, hizo una un estudio de contraste entre principios y dogmas católicos y budistas”. 19

17 Los Principios, 30/07/1916. 18 ORGAZ, Guerra, p. 11. 19 Dardo Cúneo se refiere de esta forma a Gabriel del Mazo en su antología sobre la Reforma Universitaria (Cf. CÚNEO, Dardo, La Re- forma Universitaria, Caracas, Ayacucho, núm. 39, 1980, p. XXIII). Esta denominación resulta una designación adecuada para referirnos a del Mazo con respecto a su participación en el movimiento reformista. Su actuación política durante la década de los cincuenta fue muy diferente. Tras ser derrocado Perón en 1955, la Unión Cívica Radical (UCR) sufrió en su interior fuertes pugnas en el intento de definir, al igual que el resto de los partidos políticos, su posición frente al peronismo. A fina- les de 1956, la UCR se dividió, derivando en la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), dirigida por Arturo Frondizi y la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) cuyo referente principal era Ricardo Balbín. Gabriel del Mazo fue diputado nacional por la UCR en 1946 y en su momento, se adhirió a los intransigentes, quienes llegaron a la presi- dencia con Arturo Frondizi en 1958. Durante su gobierno, una de las acciones emprendidas en materia educativa fue la autorización de uni- versidades privadas. Gabriel del Mazo ocupó el cargo de ministro de Defensa (1958). Su adhesión al frondicismo ha sido criticada duramente por la contraposición ideológica que representó con respecto al ideario del movimiento reformista y su movimiento estudiantil, en el cual del Mazo había jugado un papel de dirigente destacado e ideólogo signifi- cativo. DEL MAZO, Reforma, p. 465.

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En uno de los textos de Capdevila, La Dulce Patria (1917), en uno de sus apartados –“Por la libertad de palabra”– se despeja esta ambigüedad. Capdevila escribió:

La carta que se va a leer tiene historia. Invitado en julio del último año por el Dr. J. Z. Agüero Vera, director entonces de la Biblioteca Córdoba, a dar una conferencia en aquella tribuna, hube de acce- der a su pedido y leí ante público numeroso un trabajo sobre los antiguos incas, donde tratando acerca de su religión, comparé de paso las liturgias de aquellos astrólatras con los ritos cristianos. 20

Las opiniones acerca de la conferencia fueron disímiles. Por un lado, a la semana de haberse dictado, un “amplio y selectivo criterio” elogió y reconoció intelectualmente el suceso:

Los altos y justificados prestigios mentales del disertante, atrajeron selecta y escogida concurrencia en la que se contaban los elemen- tos más relevantes de nuestro mundo intelectual. Durante una hora el Dr. Capdevila habló sobre la civilización in- caica, en medio de la atención creciente del auditorio, que aplaudió con insistencia muchos de sus párrafos y lo hizo objeto, al final, de una calurosa ovación. En vano sería que ensayáramos el elogio de la prosa armoniosa y robusta del talentoso escritor; de más estaría hacer constar que dijo cosas interesantes y novedosas sobre los incas remotos. Basta, pues, condensar el aplauso en una afirmación, que es ésta: ha sido una conferencia digna de Capdevila. 21

Por el otro, el ala clerical lo asimiló como una grave lesión a su “orden” por haber comparado “las liturgias de los astrólatras incaicos con los ritos cristianos”. En el diario Los Principios se emitió un llamado a “respetar y hacer respetar la religión del Estado”:

En esta virtud debemos llamar su atención para que tome las me- didas pertinentes, sobre lo que ocurrió en un establecimiento público costeado con los dineros de la provincia.

20 CAPDEVILA, Arturo, La dulce patria, Buenos Aires, Sociedad Coopera- tiva “Nosotros”, 1917, p. 175. 21 La Voz del Interior, 8/8/16.

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Es el caso que en la Biblioteca Córdoba se ha iniciado una propa- ganda sectaria y de desprestigio en contra de la religión católica que es la de Córdoba. Se acaba de dar allí una conferencia que es todo un atentado co- ntra nuestra religión, fundamentada en falsedades y sofismas, de las que son tan pródigos los intemperantes apóstoles del secta- rismo. […]Por lo demás , hablar del cristianismo en la forma con que se ha hecho en la Biblioteca de Córdoba revela atraso de información científica y escasez de intelecto. 22

Desafortunadamente no tenemos a la mano la fuente original,

el diario Los Principios, para seguir el conjunto de su campaña lo

largo de esos días. Transcribimos esta reacción, según la evoca-

ción de Gabriel del Mazo:

Estalló una tempestad de iras de los elementos anti-liberales que volcaban su furia en “Los Principios”, diario del centro “Juventud Católica”. Empezaron a atacar al director de la biblioteca y a inci- tar al gobierno a que impidiera la prosecución del programa cultural. Se agitó la opinión y la gente liberal se aprestó a la lucha, encendiéndose el entusiasmo estudiantil y popular. 23