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Guzmán Ruiz Garro

Ex consejero en la Asamblea de BBK

Ley de cajas: ¿para qué cajas?


El pleno del Parlamento de Gasteiz ha aprobado la Ley de Cajas de Ahorros vascas,
después de que el dictamen sobre el proyecto lograra el apoyo de PSOE, PP y PNV en
la Comisión de Economía, Hacienda y Presupuestos y que, con fecha de 29 de mayo,
fuera remitido a la Cámara.

14/06/2012

Como previo, señalaré que bastantes de los principales cambios introducidos con
respecto a la Ley 3/1991 no son de aplicación porque ya han sido superados por la
vorágine de las reformas financieras del gobierno central. No tiene ningún sentido
hablar de la representación en el consejo de administración de los cuota partícipes,
dado que esta figura no existirá porque las tres principales cajas de Hego Euskal Herria
son ya una sociedad anónima llamada Kutxabank y que de Caja Navarra no queda ni
un vestigio. Y antes de citar otros ejemplos de la inutilidad de la Ley en ciernes, so
pena de ser repetitivo, recordaré que Kutxabank, S.A.U. , como su nombre indica, no
es un banco público. Tampoco es un banco vasco. En todo caso, será un banco vasco-
cordobés. Y si el PNV y el PP, dueños y señores del consejo de administración de esta
entidad financiera, finalmente ganan la puja por Catalunya banc, será un banco vasco-
catalán-andaluz.
En los cambios introducidos en el título II se contemplan importantes modificaciones
en diversos aspectos, tales como el establecimiento de órganos de gobierno adicionales,
para las cajas de ahorros que desarrollen su actividad directamente. O sea, se referirán a
las que no se hayan convertido en bancos. Cabría preguntarse: ¿cuáles son esas cajas?
Por si a alguien le vienen a la cabeza los nombres de Caja Laboral, Ipar Kutxa o Caja
Rural Navarra, diré que éstas son sociedades cooperativas de crédito.
Se señala también en la Ley que, con el objetivo de profesionalizar el sector, se
contempla que el ejercicio de las funciones de vocal del Consejo de Administración y
de vocal de la Comisión de Control pueda ser retribuido. Todo el mundo sabe que el
papel de estos dos órganos de gobierno de las cajas, en relación al control y dirección
del banco, es testimonial. Para más inri, se indica que se armonizarán las funciones de
la Comisión de Control, cuando la existencia de ésta ha pasado a ser potestativa con la
reforma del pasado febrero.
Para no aburrir al lector con muchos más ejemplos de la atemporalidad de la nueva Ley
vasca de cajas, citaré la inclusión en ella de una regulación “precisa” para la
constitución y funcionamiento de la Comisión de Inversiones. Precisa sí será, pero
absurda también. Las inversiones se deciden en los órganos de dirección del banco
Kutxabank.
La merma de la representación de las instituciones públicas al 40 %, frente al 50 %
anterior, tiene especial gravedad. Es muy significativa la rebaja en la representación de
los ayuntamientos. Para que se visualice, en la actualidad en la BBK, por estas
instituciones, de 100 consejeros generales en la Asamblea de la caja, 30 son de
corporaciones municipales en cuyos términos tiene oficinas y habría que sumar 10
consejeros por el Ayuntamiento de Bilbao como entidad fundadora. Con la reforma de
la Ley los ayuntamientos, las instituciones más cercanas al pueblo, tendrán solamente
el 17%.
Además, las corporaciones municipales que tengan la condición de entidad fundadora
de una caja de ahorros ostentarán en ella su representación como tal entidad fundadora,
no pudiendo estar representadas simultáneamente en el grupo de corporaciones
municipales, salvo que por esta última representación obtuvieran mayor número de
consejeros o consejeras generales, en cuyo caso solo podrá simultanearse el exceso en
la representación correspondiente.
A tener en cuenta también, que, en el supuesto de que los llamados grupos
constituyentes de la Asamblea de las cajas mantengan algún poder sobre Kutxabank, el
banco surgido de BBK, Kutxa y Vital, con la adquisición de nuevas entidades se
deslocalizarán más las decisiones y, por Ley, ganará presencia en los órganos de
gobierno la representación de localidades de la expansión.
La pérdida de peso de las instituciones en las cajas repercutirá, sin lugar a dudas, en el
futuro de Kutxabank. Cuanto menor control público, mayor riesgo de privatización. La
aceptación de la bancarización de las cajas vascas, aunque fuese, por parte de algunos,
de buena fe, como “mal menor”, ha supuesto un gran retroceso en aras de un sistema
financiero propio. Se ha cumplido aquello de “nunquam est fidelis cum potente
socíetas”. A etas alturas, hablar de nuevo de caja pública vasca no tiene sentido,
porque todos los pasos, los dados y los venideros, van en la dirección del control
privado de Kutxabank. Tampoco ayudará el cambio en el criterio para la elección de
los representantes de cada caja en el Consejo de este banco, que en el proyecto original
se regía por un sistema que tenía en cuenta la proporcionalidad de las asambleas de
cada entidad. Ahora, la elección se hará por mayoría, de forma que quien controle el 51
por ciento designará a toda la representación. Y si, en el mejor de los escenarios, por
Gipuzkoa, se consigue copar su mermada representación, entrarían 4 personas al
Consejo de Administración, pero no en la Ejecutiva, donde realmente se toman las
decisiones.
Ligar a Kutxabank con el necesario proceso de construcción de un instrumento
financiero vasco, si no cambian mucho las cosas con una nueva mayoría soberanista en
el futuro Gobierno de Gasteiz, me temo, vistos los derroteros que sigue el banco, va a
ser imposible. Se necesitaría un impulso político de gran calibre y contar con la alianza
de los que, hasta ahora al menos, son fervientes defensores de lo privado frente a lo
público, para impedir que el grupo directivo que está obsesivamente centrado en
operaciones expansionistas y especulativas, diluyendo nuestra solvencia y eficiencia, se
fije en el tejido industrial de Euskal Herria.
En fin, la ley de cajas venidera, no va a servir para que Kutxabank sea un banco ni más
democratizado ni con más control público, sino todo lo contrario. La mayoría de sus
disposiciones serán desatendidas porque han sido rebasadas por lo dictado en los reales
decretos de Madrid. La nueva Ley de cajas solamente servirá como espejismo para
todos los que quieran aferrarse a la idea de que las cajas todavía pintarán algo en
Kutxabank, para los que confíen en que, por medio de ella, se puede sacar algo en
limpio y defender la función social y el control público. Esta Ley cumplirá también la
función de señuelo para perpetuar la confusión, para no hablar claro a los ciudadanos
de lo que ha pasado con nuestras cajas, para que no se delimiten las responsabilidades
que ha tenido cada cual en su desaparición. Si queremos un banco público vasco, ya
podemos ir pensando en otra cosa que no sea Kutxabank. Y si algún ingenuo piensa
que, con la actual relación de fuerzas, participando en el Consejo de Kutxabank, se va a
impedir su privatización, que se olvide y que vaya meditando sobre las consecuencias
de su cooperación. Si ya se hacen alusiones maliciosas en la radio pública vasca
buscando interrelacionar la mala gestión en la Kutxa y las “nuevas autoridades de la
provincia”, a sabiendas de que éstas no están en ningún órgano de gobierno de la caja
guipuzcoana, la que les caería si Kutxabank fuese mal.

Artículos

Guzmán Ruiz Garro


Ex consejero en la Asamblea de BBK
Ley de cajas: ¿para qué cajas?

El pleno del Parlamento de Gasteiz ha aprobado la Ley de Cajas de Ahorros vascas,


después de que el dictamen sobre el proyecto lograra el apoyo de PSOE, PP y PNV en
la Comisión de Economía, Hacienda y Presupuestos y que, con fecha de 29 de mayo,
fuera remitido a la Cámara.

14/06/2012

Como previo, señalaré que bastantes de los principales cambios introducidos con
respecto a la Ley 3/1991 no son de aplicación porque ya han sido superados por la
vorágine de las reformas financieras del gobierno central. No tiene ningún sentido
hablar de la representación en el consejo de administración de los cuota partícipes, dado
que esta figura no existirá porque las tres principales cajas de Hego Euskal Herria son
ya una sociedad anónima llamada Kutxabank y que de Caja Navarra no queda ni un
vestigio. Y antes de citar otros ejemplos de la inutilidad de la Ley en ciernes, so pena de
ser repetitivo, recordaré que Kutxabank, S.A.U. , como su nombre indica, no es un
banco público. Tampoco es un banco vasco. En todo caso, será un banco vasco-
cordobés. Y si el PNV y el PP, dueños y señores del consejo de administración de esta
entidad financiera, finalmente ganan la puja por Catalunya banc, será un banco vasco-
catalán-andaluz.
En los cambios introducidos en el título II se contemplan importantes modificaciones en
diversos aspectos, tales como el establecimiento de órganos de gobierno adicionales,
para las cajas de ahorros que desarrollen su actividad directamente. O sea, se referirán a
las que no se hayan convertido en bancos. Cabría preguntarse: ¿cuáles son esas cajas?
Por si a alguien le vienen a la cabeza los nombres de Caja Laboral, Ipar Kutxa o Caja
Rural Navarra, diré que éstas son sociedades cooperativas de crédito.
Se señala también en la Ley que, con el objetivo de profesionalizar el sector, se
contempla que el ejercicio de las funciones de vocal del Consejo de Administración y de
vocal de la Comisión de Control pueda ser retribuido. Todo el mundo sabe que el papel
de estos dos órganos de gobierno de las cajas, en relación al control y dirección del
banco, es testimonial. Para más inri, se indica que se armonizarán las funciones de la
Comisión de Control, cuando la existencia de ésta ha pasado a ser potestativa con la
reforma del pasado febrero.
Para no aburrir al lector con muchos más ejemplos de la atemporalidad de la nueva Ley
vasca de cajas, citaré la inclusión en ella de una regulación “precisa” para la
constitución y funcionamiento de la Comisión de Inversiones. Precisa sí será, pero
absurda también. Las inversiones se deciden en los órganos de dirección del banco
Kutxabank.
La merma de la representación de las instituciones públicas al 40 %, frente al 50 %
anterior, tiene especial gravedad. Es muy significativa la rebaja en la representación de
los ayuntamientos. Para que se visualice, en la actualidad en la BBK, por estas
instituciones, de 100 consejeros generales en la Asamblea de la caja, 30 son de
corporaciones municipales en cuyos términos tiene oficinas y habría que sumar 10
consejeros por el Ayuntamiento de Bilbao como entidad fundadora. Con la reforma de
la Ley los ayuntamientos, las instituciones más cercanas al pueblo, tendrán solamente el
17%.
Además, las corporaciones municipales que tengan la condición de entidad fundadora
de una caja de ahorros ostentarán en ella su representación como tal entidad fundadora,
no pudiendo estar representadas simultáneamente en el grupo de corporaciones
municipales, salvo que por esta última representación obtuvieran mayor número de
consejeros o consejeras generales, en cuyo caso solo podrá simultanearse el exceso en la
representación correspondiente.
A tener en cuenta también, que, en el supuesto de que los llamados grupos
constituyentes de la Asamblea de las cajas mantengan algún poder sobre Kutxabank, el
banco surgido de BBK, Kutxa y Vital, con la adquisición de nuevas entidades se
deslocalizarán más las decisiones y, por Ley, ganará presencia en los órganos de
gobierno la representación de localidades de la expansión.
La pérdida de peso de las instituciones en las cajas repercutirá, sin lugar a dudas, en el
futuro de Kutxabank. Cuanto menor control público, mayor riesgo de privatización. La
aceptación de la bancarización de las cajas vascas, aunque fuese, por parte de algunos,
de buena fe, como “mal menor”, ha supuesto un gran retroceso en aras de un sistema
financiero propio. Se ha cumplido aquello de “nunquam est fidelis cum potente
socíetas”. A etas alturas, hablar de nuevo de caja pública vasca no tiene sentido, porque
todos los pasos, los dados y los venideros, van en la dirección del control privado de
Kutxabank. Tampoco ayudará el cambio en el criterio para la elección de los
representantes de cada caja en el Consejo de este banco, que en el proyecto original se
regía por un sistema que tenía en cuenta la proporcionalidad de las asambleas de cada
entidad. Ahora, la elección se hará por mayoría, de forma que quien controle el 51 por
ciento designará a toda la representación. Y si, en el mejor de los escenarios, por
Gipuzkoa, se consigue copar su mermada representación, entrarían 4 personas al
Consejo de Administración, pero no en la Ejecutiva, donde realmente se toman las
decisiones.
Ligar a Kutxabank con el necesario proceso de construcción de un instrumento
financiero vasco, si no cambian mucho las cosas con una nueva mayoría soberanista en
el futuro Gobierno de Gasteiz, me temo, vistos los derroteros que sigue el banco, va a
ser imposible. Se necesitaría un impulso político de gran calibre y contar con la alianza
de los que, hasta ahora al menos, son fervientes defensores de lo privado frente a lo
público, para impedir que el grupo directivo que está obsesivamente centrado en
operaciones expansionistas y especulativas, diluyendo nuestra solvencia y eficiencia, se
fije en el tejido industrial de Euskal Herria.
En fin, la ley de cajas venidera, no va a servir para que Kutxabank sea un banco ni más
democratizado ni con más control público, sino todo lo contrario. La mayoría de sus
disposiciones serán desatendidas porque han sido rebasadas por lo dictado en los reales
decretos de Madrid. La nueva Ley de cajas solamente servirá como espejismo para
todos los que quieran aferrarse a la idea de que las cajas todavía pintarán algo en
Kutxabank, para los que confíen en que, por medio de ella, se puede sacar algo en
limpio y defender la función social y el control público. Esta Ley cumplirá también la
función de señuelo para perpetuar la confusión, para no hablar claro a los ciudadanos de
lo que ha pasado con nuestras cajas, para que no se delimiten las responsabilidades que
ha tenido cada cual en su desaparición. Si queremos un banco público vasco, ya
podemos ir pensando en otra cosa que no sea Kutxabank. Y si algún ingenuo piensa
que, con la actual relación de fuerzas, participando en el Consejo de Kutxabank, se va a
impedir su privatización, que se olvide y que vaya meditando sobre las consecuencias
de su cooperación. Si ya se hacen alusiones maliciosas en la radio pública vasca
buscando interrelacionar la mala gestión en la Kutxa y las “nuevas autoridades de la
provincia”, a sabiendas de que éstas no están en ningún órgano de gobierno de la caja
guipuzcoana, la que les caería si Kutxabank fuese mal.