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LOS DESPOBLADOS MEDIEVALES DEL CONDADO DE TREVIÑO* TREBIÑUKO KONDERRIKO ERDI AROKO HERRI HUSTUAK

Roberto González de Viñaspre
Real Academia de la Lengua Vasca- Euskaltzaindia.

Pedro Uribarrena
Archivero. Ondare Babesa S.L.

El presente documento forma parte de la publicación Viaje a Íbita. Estudios históricos del Condado de Treviño., González de Viñaspre Gonzalo, R. y Garay Osma, R. (ed), Ed. Ayuntamiento de Condado de Treviño, Condado de Treviño, 2012. ISBN 978-84-615-8885-5.

RESUMEN
Este trabajo viene a ampliar el conocimiento de los despoblados que en época medieval fueron parte de la red de aldeas del Condado de Treviño. El análisis se realiza desde un planteamiento interdisciplinar, abierto especialmente a las aportaciones histórico-arqueológicas y lingüísticas. Para ello, se parte de las referencias documentales más antiguas y, en la medida de lo posible, se propone una cronología para el abandono de esos núcleos. También se apuntan los factores que hayan podido interactuar en la despoblación. El trabajo incluye igualmente la localización espacial de los despoblados y se presentan propuestas para aquellos cuya situación concreta es aún desconocida. PALABRAS CLAVE: Despoblados, expansión agraria, desarrollo demográfico, toponimia, villa de Treviño

LABURPENA
Erdi Aroan Trebiñuko Konderriko herrien sarearen zati izandako herri hustuen ezagutza zabaltzera dator ikerlan hau. Analisia disziplina arteko planteamendu batetik egiten da, bereziki ekarpen historiko-arkeologikoei eta linguistikoei irekia. Horretarako, erreferentzia dokumental zaharrenak ditu abiapuntu eta, ahal delarik, herri hustuen kronologia proposatzen da. Despopulazioan elkar eragitea izan duten faktoreak ere aipatzen dira. Era berean, herri hustuen kokapen espaziala du aztergai, eta proposamenak aurkezten dira oraindik kokapen zehatzik ez duten herri hustuen kasuan. GAKO-HITZAK: Herri hustuak, nekazal zabalkundea, garapen demografikoa, toponimia, Trebiñuko hiribildua

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1. A MODO DE INTRODUCCIÓN.
El primero en ocuparse sistemáticamente de los despoblados del Condado de Treviño fue Gerardo López de Guereñu en 19581. Aquel trabajo consistía en un repertorio de despoblados ordenados alfabéticamente donde el investigador vitoriano reunió numerosos testimonios documentales, a menudo recogidos por él mismo en los archivos. Después, han prestado atención al tema Micaela Portilla y José Eguía2, desde una perspectiva histórica del arte religioso, y María Nieves Sánchez3, atendiendo a la vertiente lingüística-histórica4. Nosotros estudiamos aquí los despoblados del Condado de Treviño, es decir, aquellos núcleos de población desaparecidos que, junto a otros que han pervivido, conformaron en época medieval la red de aldeas de este territorio. Se trata de un estudio construido con un planteamiento interdisciplinar – abierto especialmente a las aportaciones histórico-arqueológicas y lingüísticas – que pretende ampliar y matizar el conocimiento del tema. Una cuestión preliminar es establecer el concepto de despoblado, pues no hay unanimidad entre los autores y acoge matices diferentes. Según Wilhelm Abel5, un lugar puede considerarse totalmente abandonado cuando, además del núcleo de población, también han sido abandonadas las tierras de labor. Nosotros, en cambio, lo aplicamos al lugar que deja de tener población estable, aunque sus tierras sigan siendo cultivadas por vecinos de otros pueblos. Ese parece ser el caso general en el Condado de Treviño. Además, las despoblaciones pueden ser transitorias, pero nuestro objeto de estudio son las definitivas. Por otro lado, el despoblado puede ser por ruina de una aldea – precedente casi general en nuestro entorno –, pero también puede deberse al abandono de una granja preexistente. A su vez, puede suceder que la distinción de aldea y granja no siempre sea nítida y que una antigua aldea pase a convertirse en granja. En esa diferenciación seguimos el criterio cualitativo de Carlos Reglero, referido a la estabilidad de los habitantes, según el cual serían pueblos “los lugares en que residían familias de forma permanente, generación tras generación, organizadas en un concejo; condiciones a las que se puede añadir el contar con parroquia propia. Sus habitantes serían los vecinos del lugar, mientras que en las granjas sólo habría moradores, ya fuesen criados o renteros”6. Creemos que en el Condado de Treviño pudo existir una granja de señorío monástico en la jurisdicción de Golernio, tocante con Meana, en el término llamado Gueruca. Tuvo iglesia dependiente del priorato de San Miguel de Ribas, y éste a su vez del monasterio de Leire. Eso fue así hasta el año 1636 cuando se realizó la venta del priorato y sus dependencias. Una de ellas era la iglesia de San Martín de Gueruca que, según un apeo de 1551, tenía un nogal y tres piezas de quince yugadas en total7. No figura Gueruca entre las poblaciones del obispado de Calahorra de 12578 y tampoco consta documentalmente antes. No obstante, llama la atención que el topónimo Gueruca se documente con uso onomástico. Como apellido, en 1110, en dompna Vrraca Gueruca9 y, en 1285, en don Johan Lopez de Gueruca10, lo que indica la procedencia geográfica del portador del apellido. Son evidentes indicios de que hubo de ser pueblo, ya que esos apellidos acostumbran a formarse con nombres de núcleos de población, no con meros topónimos. La ausencia de Gueruca en la Reja de San Millán de la Cogolla (1025)11 – si fue pueblo entonces – se explicaría por estar situada en el área occidental del Condado de Treviño, espacio que falta en dicho documento.

Hoy se mantiene el topónimo Gueruca en Golernio, pero no se recuerda que haya habido ermita en ese lugar. La ermita del pueblo era San Mamés, en el término llamado Santistimina12, y ya estaba derruida en la visita pastoral de 173313. Según López de Guereñu, en Meana “al sur y a unos 300 ms. […] existe el término de San Vicente, en el que aparecen huesos humanos y restos de edificios, asegurando la voz popular que se trata de un antiguo poblado”14. Ese término es colindante con Golernio y tocante a Gueruca.

2. POBLAMIENTO DEL CONDADO DE TREVIÑO A PRINCIPIOS DEL SIGLO XI.
La arqueología de las aldeas altomedievales del País Vasco está obteniendo avances notables en los últimos años, en especial en el territorio alavés. Fruto de esa actividad investigadora es la constatación de que “hacia el año 700 se configura una densa red de aldeas y se hace patente una reconfiguración social de los paisajes”15. Los núcleos creados entre los siglos VIII-X son de dimensiones reducidas y formaban una malla de poblamiento que ha perdurado prácticamente hasta nuestros días. A falta de prospecciones arqueológicas en despoblados treviñeses – pero a la vista de la realidad que muestra la Reja (1025) – no descartamos, como hipótesis, que similar cronología y características puedan ser válidas para el Condado de Treviño. Todo ello, por supuesto, con la debida prudencia pues no es aconsejable extrapolar miméticamente las conclusiones de un área geográfica a otra. No obstante, el documento de la Reja, testimonio excepcional para conocer el poblamiento del siglo XI, abarca asimismo el curso medio y alto del río Ayuda y muestra un espacio con una tupida red de aldeas, a corta distancia unas de otras, que pagaban una reja de hierro al monasterio emilianense.16 Con todo, la imagen que proporciona la Reja es espacialmente incompleta. Faltan las poblaciones al occidente del eje Ochate-Uzquiano-Franco. En opinión de Micaela Portilla, esa ausencia indicaría un vacío poblacional por ser terreno abierto a las aceifas musulmanas de los siglos VIII y IX, y la aldea de Busto sería una excepción en ese supuesto desierto poblacional17. Pero esa afirmación es una confusión. El Bustia mencionado en 1025 entre Guzkiano de suso (Uzquiano de suso) y Gogate (Ochate), es un lugar diferente18. No es Busto, aunque esa haya sido la opinión común de los estudiosos. Alberto Gárate y Henrike Knörr también identificaban Bustia con Busto, a pesar de que eso dificultaba su propuesta de que “el orden en que aparecen los pueblos en la Reja de San Millán refleja el orden mismo en que el recaudador hacía su trayecto”19. En realidad, Bustia es un antiguo despoblado situado a poco más de un kilómetro al sureste de Imíruri, en el término actual de Bostuya20. Su desaparición tuvo que ser temprana, pues no está en la lista calagurritana de 1257. En la documentación histórica aparece, además, con las variantes Bustia y Busturia, quizá esta última por falsa etimología. Por ejemplo, en las cuentas de 1562 de la villa de Treviño figura el cargo de “quatro anegas y media de trigo que se deben del dho año de los termy[no]s de Busturia y lo deben el conçejo y v[ecin]os de Ymyruri”21. Las heredades de los despoblados solían ser cultivadas por los vecinos de los pueblos circundantes, pagando a la villa por tal concepto. Este sería, por tanto, un caso similar a otros que veremos más adelante. Una vez despoblada y arruinada la aldea, el último vestigio en desaparecer será su iglesia, convertida en ermita. La referencia se halla en un pleito de 1569 que enfrenta a Imíruri y Pedruzo por-

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que se habían movido mojones en Bustia (única cita del texto con esa denominación). Los vecinos de Pedruzo defienden que el término es suyo y lo llaman Bostuya. A tenor de algunas declaraciones, se diría que la iglesia aún permanecía en pie: “desde una senda que baja de Aguillo facia aquello que llaman Olabarricusas[i] desde la dha senda avajo facia la yglesia de Bostuya” […] “e de la dha fuente sale un camyno que van los de Pedruzo a la yglesia de Bostuya” 22. Sin embargo, por otro testigo consta que la iglesia ya estaba derruida: “...los dhos mojones queste t[ermino] ban dho adentro acia donde estava la yglesia de Bostuya”. En definitiva, Busto no es una excepción al occidente del eje Ochate-Uzquiano-Franco. Sin embargo, eso no corrobora la existencia de un desierto demográfico en esa zona. Un testimonio del año 871 muestra que entonces estaban habitados al menos Estavillo y Arganzón; es decir, núcleos más occidentales, próximos al río Zadorra 23. Además, en un documento del cartulario emilianense fechado en 1083 aparece la población de Añastro24. J. A. García de Cortázar25 ya sugirió que algunas ausencias de la Reja se explicarían porque esas aldeas, posiblemente, estaban situadas en territorio de realengo, con lo que quedaban fuera de la jurisdicción monasterial. En consecuencia, no es posible afirmar que la parte occidental del Condado de Treviño fuera un vacío poblacional a comienzos del XI. Además de Bustia, hay tres aldeas más en la Reja (1025) que no figuran en la documentación posterior, por lo que su abandono parece ser temprano. Una es Atazaual, mencionada entre Armentia y Pedruzo. Se desconoce su ubicación y no hemos hallado rastro en la toponimia histórica. La etimología es diáfana, a partir de la voz vasca ate ‘paso’ o ‘portillo’, ata- en composición, y el sustantivo zabal ‘llano’. El significado es, por tanto, ‘el llano del paso’ y constituye un valioso dato descriptivo para su localización. Cabe destacar la existencia de un terreno comunal compartido por Armentia, Pedruzo y Argote26 en la ladera norte del alto de Saúturri – y no Sesturri, como se ha extendido por error en la cartografía –, que acaso se podría corresponder con la extinta jurisdicción de Atazaual. Ligado al significado del topónimo, es relevante la existencia dentro del comunal de un llano – ocupado por unas piezas de labranza – cerca del paso entre montes que hoy atraviesa la carretera de Treviño a Peñacerrada. Sería necesario hacer un análisis arqueológico del lugar para confirmar o desestimar si se levantó allí aquella aldea. Otra de las aldeas que aparece únicamente en la Reja (1025) es Orzalzan, mencionada entre los pueblos de Sáseta y Urarte. La toponimia histórica ayuda a localizar aquella antigua aldea. En la jurisdicción de Pariza – y con menor extensión en la de Albaina – existe hoy el topónimo Las Parras27. Es un alto largo y de no mucha elevación documentado como Las Parras de Ormazcan (1690): “…en el ttermino llamado uajo las parras de Ormazcan”28. Asimismo, figura como Ormazcan (1695, 1701, 1740, 1753 y 1792), y con variaciones del tipo Ormazca (1694 y 1715). El testimonio más tardío es la deformación Umazcar (1839)29. A la luz de los datos, parece probable que la forma Orzalzan (1025) sea un error más del Becerro Galicano emilianense. Es sabido que en sus distintas versiones presenta problemas de transcripción. Entre los topónimos mal transcritos que recoge David Peterson30, se deberían a errores contenidos en el Becerro Galicano, entre otros, Anuzq[i]ta (actual Anúcita / Anuntzeta)31 y Arbuslu

(actual Arbulo / Arbulu). Entendemos que Orzalzan podría pasar a engrosar esa lista. El último elemento del nombre es la voz vasca –gan ‘alto’, con ensordecimiento ante sibilante, siguiendo las reglas de la fonética vasca. Es traducible como ‘alto de Ormaz’, denominación que tiene buen acomodo con la orografía del lugar propuesto. A nuestro juicio, la situación concreta del despoblado debe buscarse, por tanto, en el actual término Las Parras, más cerca de Albaina que de Pariza. En efecto, en 1025 existía Pariza (Barizahaza), pero al parecer no Albaina, que surgiría más tarde, en un momento impreciso anterior a 1257. Difícilmente podrían haber coexistido las aldeas de Ormazcan (Orzalzan) y Pariza (Barizahaza) a tan corta distancia entre sí. El tercer despoblado que aparece en la Reja (1025) y no se encuentra en la documentación posterior es Galbarin. Poco se sabe de él, pero su recuerdo ha pervivido en la memoria popular. De hecho, a mediados del siglo XIX, Pascual Madoz recogió la noticia de que en el término de San Martín de Galbarín “á dist[ancia] de dos tiros de bala, existió el pueblo de Galbarin que fue destruido por una epidemia”32. El antiguo templo parroquial fue la ermita de San Martín, cuyo estado de deterioro y abandono se menciona en varias visitas pastorales desde el año 1758 hasta 177433. No aparece en la visita de 1792 y posteriores, por lo que cabe pensar que para entonces ya estaba derruida. Aún son visibles algunos vestigios. Al suroeste del actual San Martín de Galvarín, en un alto casi todo él cultivado, hay fragmentos de teja a la vista en los cortes del terreno.

3. EXPANSIÓN AGRARIA Y DESARROLLO DEMOGRÁFICO ENTRE LOS SIGLOS XI-XIII.
Es opinión generalmente aceptada que Europa conoció desde el siglo XI un notable crecimiento de la población y que duró hasta fines del siglo XIII o primera mitad del XIV en la coyuntura demográfica vasca y castellana. Por ejemplo, la Llanada alavesa oriental pasó de 68 núcleos habitados en 1025 a 81 en 1257, lo que muestra una densa ocupación del espacio y, por tanto, una intensa explotación agropecuaria34. En ese contexto de prosperidad se funda la villa de Treviño en 1161 y recibe el privilegio castellano de 1254. Testimonio del desarrollo demográfico en el Condado de Treviño es la carta del obispo de Calahorra (1257). En ella figura, de un lado, el espacio demográfico que faltaba en la Reja (1025) al occidente del eje Ochate-Uzquiano-Franco. De otro lado, en la parte oriental se mencionan aldeas no presentes en el documento de 1025, por lo que cabe pensar que son de creación posterior. Tal es el caso de Albaina, Imíruri, Marauri, Ogueta, San Vicentejo y Saraso, además de los hoy despoblados Arna, Granado, Gurbandiz y Uribarri. Asimismo, faltan otros núcleos preexistentes (Atazaual, Galbari y Orzalzan) y sólo se cita un Uzquiano (Fusquiano), probablemente Uzquiano de Yuso. Por tanto, es éste un periodo de expansión agraria que se manifiesta en la creación de nuevas aldeas35. Desde esos núcleos se continuó con las roturaciones del terreno, labores costosas que se vieron favorecidas por innovaciones técnicas en la tracción animal y, sobre todo, por la generalización del utillaje de hierro a partir del siglo XII36. De esa manera, se amplió el área cultivada y la agricultura, como actividad económica predominante, se impuso definitivamente sobre la ganadería. En la tarea roturadora los campesinos fueron conquistando las mejores tierras y las más cercanas a las aldeas. Como indica Díaz de Durana, “a medida que la presión demográfica era más fuerte, a medida que nuevas y alejadas tierras del núcleo originario eran puestas en explotación, de aquellas aldeas salieron gentes que fundaron otras nuevas para continuar el proceso”37. El auge demográfico y la creciente necesidad de suelo cultivable les llevaría a ocupar tierras cada vez más mediocres y a crear aldeas a mayor altitud, aprovechando el incremento de temperatura que se

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registró en aquel periodo. Precisamente, esas precarias condiciones pudieron influir más tarde en su posterior abandono. Las aldeas del Condado de Treviño que aparentemente son de nueva creación y posteriormente quedaron despobladas son las siguientes: Arna se hallaba al noreste de Ajarte, a un kilómetro escaso de distancia, en el término que hoy se conoce con ese nombre38. La memoria popular recuerda que allí hubo un pueblo y aún son visibles los restos de los muros de la iglesia, además de los que delimitaban las eras de las casas. Su desaparición fue posterior al siglo XVI, pues Arna se incluye en el censo de 1591-159439, y en un documento de 1611 se menciona a “…Nicolás de Apellániz, vecino de el lugar de Arna”40. Su ruina y abandono debió de producirse, por lo tanto, en el siglo XVII porque en 1733 ya estaba derruida la ermita de Santa María de Arna, su antigua iglesia parroquial: “y en la (hermita) de [...] Santa María de Arna que fue pueblo y esta cayda se ponga una cruz en su sitio”41. Aparece Arna como apellido en don Semen de Arna, fideiussor en la donación de un solar en Caicedo de Yuso (municipio de Lantarón) en 1183. También figura en Nuni de Arna, testigo en un documento de 119342. En consecuencia, aunque la aldea de Arna no está en la Reja (1025) y la primera referencia documental es la carta del obispo de Calahorra (1257)43, la aldea existiría al menos para finales del XII, puesto que el topónimo se documenta como apellido de origen o procedencia. Otra aldea no documentada hasta 1257 es Granado. Al arruinarse, sus términos se repartieron entre Albaina y Fuidio44. Las heredades del despoblado fueron motivo de disputa entre ambos pueblos, según un documento de 1569: “otro si atento que me consta q[ue] en parte de los dhos conçejos de Albaina e Fuidio se a procurado y descubierto la ygl[e]s[i]a del dho mi lugar despoblado de Granado dexando como an dexado caher las puertas e texado y permetido que se hiziese cabana e maxada y corral de pastores y ganados en deserbiçio de Dios nro Señor por esta mi sentençia los condeno a que rroduzgan (sic) la dha ygl[esi]a en el estado que antes estaba cubriendo el texado y poniendo le puertas con buena cerradura a su costa dentro de seis meses primeros seguientes ....”45. Por tanto, a mediados del siglo XVI Granado era un despoblado y la que fuera su iglesia parroquial estaba en estado de abandono. Se desconoce cuándo desapareció la aldea, pero tuvo que ser bastante antes. En 1415 se menciona el lugar de Granado46, pero sin especificar el número de vecinos, a diferencia de otros lugares, por lo que no es posible precisar si para entonces estaba despoblado, aunque es probable. El recuerdo de la aldea de Granado ha perdurado hasta hoy y se conserva la antigua iglesia románica. En 1733, en la visita pastoral hecha a las ermitas de Albaina, se dice que la ermita de Granado y la de San Pedro de Berguijona [sic] “fueron pueblos distintos q[ue] auia en sus sitios”47. En Albaina cuentan que Granado desapareció por la peste. Los de Laño dicen que al desaparecer Granado los de Albaina se quedaron con las tierras y ellos con las campanas de la iglesia48. El significado del topónimo Granado se explica por la antroponimia. Es un nombre masculino que, a juicio de Alfonso Irigoien49, tendría como base el nombre de color granado (< lat. granatum, -i), utilizado en origen como sobrenombre. La versión femenina es Granada, nombre de persona bien documentado. Por ejemplo, dona Granada (1218)50. El uso de antropónimos sin sufijación

añadida para dar nombre a las aldeas no es práctica ajena al área vascófona, aunque no sea, con mucho, la más extendida. Un ejemplo cercano es el despoblado de Aima. En la Reja figura como Alma, incluido en Riuo de Iuita, entre Loza y Paldu (Faido), ambos erróneamente transcritos por Aima y Paidu. En concreto, Aima es nombre femenino bien documentado en el ámbito medieval navarro y aragonés51. En 1257 figura asimismo la aldea de Gurvandiz52, entre Ascarza y San Vicentejo. Es un nuevo núcleo ausente en la Reja (1025). Se ignora la fecha de su desaparición, pero ha de ser temprana, pues no está en el pleito de 1415. En San Vicentejo se ha transmitido por tradición oral que “en las cercanías del pueblo se levantó el lugar de San Martín”53. Es cierto que en su jurisdicción se mantiene el término de San Martín, a unos 300 metros del pueblo, y que, en efecto, hubo allí una ermita hoy desaparecida. De hecho, en 1681 estaba en pie, según consta en el arrendamiento de unas heredades de la iglesia: “a surco por una parte con la senda que se va a la hermita de San Martín”54. Sin embargo, no hay constancia documental de que en aquel lugar tan cercano, casi pegante a San Vicentejo, se levantara un pueblo. En realidad, se trata de una noticia oral que ha llegado distorsionada. Conserva el eco de que hubo un pueblo arruinado en la jurisdicción, pero situándolo en un lugar equivocado. La ubicación correcta debe buscarse dos kilómetros al norte, en la proximidad de los términos que hoy se llaman Santa Coloma y Barranco Campos Muertos55. Eso se corrobora en el pleito que enfrentó, entre 1773 y 1778, a la villa de Treviño y al lugar de San Vicentejo por el monte de Santa Coloma: “auiendose berificado que hubo anttiguamente mui immediatto o zercano a San Vizenttejo otro pueblo llamado Gurmandiz a quien perttenezia con dominio y propiedad priuattiba el cittado termino littijioso [de Santa Coloma]”56. El origen del pleito está en la venta hecha en 1657 al pueblo de San Vicentejo por la villa de Treviño, con el fin de saldar sus deudas. Hasta entonces, el monte de Santa Coloma había pertenecido a la villa de Treviño – seguramente desde la despoblación de Gurmandiz – y su aprovechamiento estaba limitado a los vecinos de ella, como consta en las Ordenanzas de Treviño de 157757. En la segunda mitad del XVIII, época de bonanza económica, la villa de Treviño intentó la nulidad de la venta, a fin de recuperar el monte, pero la Real Chancillería dio la razón a San Vicentejo en 1778. Ese es el motivo de que dicho término permanezca al presente en la jurisdicción de ese concejo, y no en la de Treviño. El monte de Santa Coloma recibe el nombre de la ermita que allí existió. En el mencionado pleito se dice en un amojonamiento de 1616 (según traslado de 1686) que “… se lebantto la dicha visitta y mojonera y se fue a la hermitta de Santta Coloma”58. En cambio, para 1776 ya estaba derruida: “principio en un mojon anttiguo sittuado en donde llaman debajo de la Lastra disttantte como seis pasadas de un arroyo corrientte que baja desde el montte por las ymediaciones de una hermitta anttigua y derriuada unos bestijios aun se rexisttran nombrada Santta Coloma”59. La documentación del pleito se refiere a ella como “la yglesia e hermita de Santta Coloma”60. El nombre Gurmandiz se halla asimismo en un inventario de heredades de la iglesia de San Vicentejo realizado en 1762: “ytten otra heredad en termino llamado Gurmandiz de media yugada larga”61. Además, se menciona la iglesia del lugar de Gurmandiz en un reconocimiento de propiedad de

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1687 cuyo traslado se incluye en un pleito de 1802 que enfrentó a Uzquiano y San Vicentejo con la villa de Treviño por el monte Valdeurrutia: “… mirando acia el norte sobre una altura que estta [?] encima del camino que van los de Uzquiano a Vitoria y enfrente de una peña grande que esta a partes de abajo de la yglesia de dicho tras [lugar]? destruido de Gurmandiz se enconttro un mojon anttiguo”62. En los años 60 del siglo XX, la Unión Cerrajera de Arrasate-Mondragón labró esos terrenos para producción de patata destinada a su cooperativa de alimentación. El nombre Gurmandiz parece un compuesto con sufijo –i(t)z, frecuente en toponimia, que suele ir añadido a un nombre de persona63. En este caso, no se ha identificado el antropónimo. Otro despoblado es Ulibarri. Se documenta por primera vez en 1257 como Huribarri. Es una nueva aldea, como indica su nombre formado en lengua vasca: huri ‘pueblo’ (variante occidental de hiri) y barri ‘nuevo’ (forma occidental de berri). Estaba entre Aguillo y Marauri. Se conserva su antiguo templo románico en una altura, junto a la carretera. Es la actual ermita de San Pedro, como sugirió Micaela Portilla64. Se ignora la fecha de su ruina y desaparición. Debió de ser temprana, ya que no aparece en el pleito de 1415. Están registrados los pagos de los concejos de Aguillo y Marauri por la renta de las piezas de San Pedro de Ulibarri (variante de Huribarri). Así, en 1562: “mas se le aze cargo de dos fanegas y media de trigo q[ue] deben los vezinos de Aguillo y Marauri de la rrenta de las pieças que esta villa tiene en San Pedro de Ulibarri t[e]r[mi]no despoblado desta villa”65. En 1619 Aguillo y Marauri pagaban dos fanegas y medio por “Sant Pedro de los muertos”66. Es un indicio de que en su despoblación pudo intervenir, como factor determinante, alguna de las epidemias de peste que asolaron Europa a partir de 1348. Por otro lado, en la lista de 1257 está ausente uno de los dos Uzquianos de 1025 y únicamente aparece el núcleo actual. En opinión de Micaela Portilla67, la ermita de San Juan, que ya no existe, pudo ser la antigua parroquia de Guzkiano de Suso. Sin embargo, el término de San Juan está pegante al pueblo de Uzquiano y esa identificación no es posible. Uzquiano de Suso debe buscarse más arriba del actual Uzquiano, como revela su propio nombre (lat. sursum > suso). Para ello, es de interés un pleito de 1778 que enfrenta al concejo de Uzquiano con la villa de Treviño por la Sierra de Ulanzo. Uzquiano asegura que de siempre ha tenido aprovechamiento en toda la sierra. La villa de Treviño, en cambio, afirma que es suyo propio desde 1616, e incluso antes. Se da la sentencia de vista en Valladolid amparando la posesión a Uzquiano. En consecuencia, Treviño tiene hoy en su jurisdicción una parte de la Sierra de Ulanzo y Uzquiano otra. Cabe pensar que Uzquiano de Suso se levantaba en ese entorno y que al arruinarse su jurisdicción se habría repartido entre la villa de Treviño y Uzquiano de Yuso. Eso explicaría la larga lengua jurisdiccional que Treviño mantiene al este, en Ulanzo. En concreto, convendría realizar un análisis arqueológico en el término llamado El Hoyo las Casas68, aproximadamente a un kilómetro del actual Uzquiano, ya que acaso sea ésta la ubicación de la aldea desaparecida.

4. LA VILLA DE TREVIÑO: NÚCLEOS EXTRAMUROS Y DESPOBLADOS CIRCUNDANTES
La fundación de la villa de Treviño en 1161 y el privilegio de 1254 tuvieron previsiblemente un doble efecto poblacional. De una parte, la villa sería un foco de atracción para los excedentes demográficos de las aldeas del entorno y esa inmigración propiciaría la creación de barrios extramuros. Por otra parte, las aldeas más cercanas, con comunidad de términos, pudieron ser debilitadas y absorbidas paulatinamente por la villa originando a su alrededor una orla de despoblados. De hecho, son fenómenos que se manifiestan en otras villas medievales de nuestro entorno. Por ejemplo, en esa misma época la villa de Vitoria absorbió gran parte del excedente demográfico de su término “donde son escasas las aldeas que desaparecen”69. Asimismo, aparecen en Vitoria nuevos barrios, como se observa en los ensanches de 1200 y 1256, “así como los barrios extramuros que surgen fuera de la misma”70. Por tanto, a modo de hipótesis, cabe suponer que la promulgación del fuero castellano a la villa de Treviño, a mediados del siglo XIII, también tuviera consecuencias similares. Los libros de fuegos dividen la villa en cinco parroquias: Santa María, San Miguel, San Juan, San Pedro y Santo Tomás, esta última siempre con pocos vecinos. Además, en 1498 se mencionan dos parroquias más: San Esteban, extramuros de la villa, y San Nicolás. A esta última le asignan una cantidad de trigo, añadiendo: “quando oviere en ella parroquianos que al presente non tiene”71. Como dice Díaz de Durana, esas dos últimas parroquias existieron anteriormente pues los canónigos realizaban el inventario en base a documentación anterior. En efecto, en el pleito de 1415 consta que había “en Sanicolas tres moradores”. Su parroquia aparece reducida a ermita en la visita del licenciado Martín Gil (1556)72. La orla de despoblados absorbidos por la villa de Treviño es evidente en tres casos: Arceña, Franco de Yuso y Villavieja. En 1415 todavía eran aldeas, aunque demográficamente muy debilitadas. Acaso desaparecieron en las primeras décadas del XV porque después la tendencia demográfica y económica general mejorará. Arceña estaba entre Treviño y Arrieta, a unos tres kilómetros del segundo. Actualmente se mantiene en la toponimia el término Arceña. En 1415 tenía cuatro moradores y al menos para mediados del XVI la aldea estaba despoblada. En 1577 el monte y la dehesa de Arceña se mencionan como propias de la villa de Treviño: “ordenamos que en los montes y dehesas que la dicha Villa de Treviño tiene propios suyos q[u]e llaman el uno de Arceña…”73. Su parroquia pervivió como la ermita de Nuestra Señora de Arceña hasta el XVIII, en opinión de Micaela Portilla74. En ella celebraban las juntas los pueblos de la Cuadrilla de Lauri. El nombre Arceña se documenta como apellido. Frai Pedro Arcenna (y Arceña) fue monje de Santa María de Bujedo que intervino en varias donaciones en 1184 y 1190. Asimismo, aparece Sancio de Arcenna, fideiussor en una donación de 118875. Por tanto, aunque la primera referencia de la aldea se halla en la carta del obispo de Calahorra (1257), ésta ya existiría al menos para finales del XII, pues se documenta como apellido. Franco de Suso y Franco de Yuso se documentan por primera vez en la Reja (1025): Prango et Prango duas regas. En 1257 también se nombran ambas aldeas. Aún estaban habitadas las dos en 1415: “en Franco hun morador” y “en Franco cinco moradores”. El núcleo que ha pervivido es Franco de Suso. Acaso el que en 1415 tenía un morador era Franco de Yuso. Micaela Portilla pien-

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sa que el despoblado se encontraba curso abajo del río Ayuda, en dirección a la villa de Treviño, y cree que su parroquia estaría bajo la advocación de San Andrés76: “en el citado auto de visita de 1556 se registra una ermita con una fanega de trigo de renta. Acaso se trata de la que debió estar dedicada a San Andrés, posiblemente parroquia de Franco Yuso”. Pero la advocación es una mera suposición, ya que en la visita de 1556 no se especifica cuál correspondía a la ermita. La suposición ha sido recogida por Gerardo López de Guereñu77, aunque no aporta testimonio documental y se limita a transcribir lo escrito por Micaela Portilla. A la luz de la documentación histórica, se descubre como errónea la advocación de San Andrés. En realidad, la antigua parroquia de Franco de Yuso estaba bajo la advocación de San Esteban – al igual que la parroquia de Franco de Suso –, como consta en la visita pastoral de 1733: “…que las hermitas caidas de S[a]n Mames, S[a]n Ant[oni]o y S[a]n Esteban de Franco de iusso q[ue] fue lugar distinto se ponga en cada sitio de ellas una cruz”78. No se conserva el nombre San Esteban en la toponimia actual del entorno, por lo que el dato no ayuda a localizar exactamente el despoblado. No obstante, aporta más datos un inventario de bienes de la iglesia realizado en 1533 que está cosido al libro de fábrica de Franco: “Ansemesmo se apearon las pieças que la hermyta de Sant Mames hermyta del dho lugar de Franco tiene las quales son las siguientes […] Vna pieça alrededor de la dicha hermyta a sulco por la vna parte el monte de Franco i por la otra el camyno rreal […] Otra pieça en el mesmo termy[n]o a sulco de pieça de Sant Esteuan …”79. Por tanto, la iglesia de San Esteban – y consiguientemente el despoblado de Franco de Yuso – se hallaría entre el monte de Franco y el antiguo camino real, en dirección a Treviño. Al despoblarse la aldea, su jurisdicción quedaría integrada en todo o en parte en la de la villa de Treviño. Por eso se menciona el monte de Franco de Yuso como propio de la villa en las ordenanzas de 1577 de la villa: “Ordenamos que en los montes y dehesas que la dicha Villa de Treviño tiene propios suyos q(u)e llaman el uno de Arceña, y el otro de Franco de yuso ninguna persona pueda cortar, ni corte en ellos leña, madera, ni otra cosa alguna”80. El nombre Franco procede de un antropónimo medieval. Así, en el cartulario emilianense, en 1163, “Ego Francus operarius ecclessie”81. La forma Prangu de la Reja (1025) presenta sonorización tras nasal característica de la lengua vasca. Seiscientos años después, en 1627, aún aparece esa variante fosilizada en el topónimo Franguarbin de Dordóniz (siete veces), con paso P- > F- 82. Hoy el nombre se mantiene, si bien deformado, en Juanbarbín83. Es el barranco donde está la carretera que conduce desde Dordóniz a la jurisdicción de Treviño, hasta el puente sobre el Ayuda, donde estaría el despoblado de Franco de Yuso. Por tanto, el topónimo Franguarbin se referiría a ese Franco, y no a Franco de Suso. Otra aldea arruinada cuya jurisdicción fue absorbida por la villa de Treviño en el siglo XV es Villavieja. Se situaba al suroeste, aproximadamente a un kilómetro, en el término que todavía se llama Villavieja84. No está en la lista de 1257, a pesar de que cabría esperar mayor antigüedad atendiendo a su nombre. Figura en el pleito de 1415: “en Villavieia dos moradores”. Como topónimo, aparece en las ordenanzas de 1577: “en lo que toca a la rivera de la otra parte y junto de la puente nueva q(u)e es a la parte de Villavieja, las heredades tengan servidumbre fasta llegar a la señal que esta hecha y se hizo del calze que se abrio para cortar el agua del rio, quando se hizo la otra puente nueva”85.

5. OTRAS ALDEAS DEL CONDADO DE TREVIÑO DESPOBLADAS EN LA EDAD MEDIA.
La aldea de Berbijona existió en la actual jurisdicción de Albaina. Aparece en la Reja (1025) – a diferencia de Albaina – y también en 1257 con la forma Verguiiona86. No figura en el pleito de 1415. En las ordenanzas del monte comunero de Busturia hay referencias a su antigua iglesia convertida en ermita. Así, en 1686, “el dia de S[a]n Juan de Nauidad que son juntos los vezinos en la hermita de San Pedro de Berbijona que al presente se llama de Santa Luzia”87 y, en 1730, “en la ermita de Sª Luzia que llaman S[a]n Pedro de Berbijona”88. No obstante, ya debía de estar derruida porque en la visita pastoral de 1733 se manda poner una cruz y dice “que se cayo tiempo ha”. Había recuerdo entonces de la aldea de Berbijona, pues el visitador dice que ésta y la de Granado “fueron pueblos distintos que había en sus sitios”89. No obstante, todavía en 1879 sería visible la planta del edificio parroquial de Berbijona: “una ermita, Santa Lucía, pisos, uno. Capacidad nuevecientos [sic] pies cuadrados”90 El término de Santa Lucía pervive en Albaina, pero no está tocante al pueblo, como recoge González Salazar91. En realidad, está a unos 500 metros, junto a la caseta de suministro de agua. Las piedras de sillería que formaron parte del edificio religioso son claramente visibles en el lugar. Allí es donde se levantaba la aldea desaparecida. Dueso estaba entre las localidades de Dordóniz y Taravero. Figura en 1257 con la forma Dosso, sin la diptongación propia del castellano92. Se menciona en el pleito de 1415, sin moradores, “non uque ninguno de presente”, por lo que su despoblamiento no sería entonces lejano. La ermita de San Andrés de Dueso es su antigua iglesia. El despoblado de Faido se hallaba entre Añastro y Muergas. No debe confundirse con el pueblo homónimo que existe cerca de Mesanza, en el Ayuntamiento de Peñacerrada. Se documenta por primera vez en 124093 y luego en la relación de 1257. Se ignora cuándo se arruinó. No se menciona en el pleito de 1415, pero en él faltan también otros pueblos del entorno, como Añastro y Muergas, por lo que no cabe concluir necesariamente que entonces estuviera despoblado. Tampoco aparece en el censo de 1591-1594. Su antigua parroquia fue la ermita de San Juan, que estuvo en pie hasta comienzos del XIX. En ella celebraba sus juntas la Cuadrilla de Abajo. En 1828 se vendieron los materiales al arruinarse el edificio y, en 1834, los dos pueblos comuneros se repartieron las heredades del lugar94. El sitio se sigue conociendo como San Juan y está en la jurisdicción de Añastro. La forma en lengua vasca es Faidu. Así se comprueba en el Catastro del marqués de la Ensenada (1752) donde se documenta varias veces la heredad llamada Faidubede (y Faydubede)95. Se trata de un odónimo compuesto de Faidu más bide (> bede) ‘camino’. Otro despoblado es el de Núnuri. Se encontraba, en palabras de López de Guereñu, “a la derecha del camino de Arrieta […] a Ascarza […], al oeste y en un alto y km. y medio de este último pueblo, término que hoy se conoce por Nuni”96. Se documenta por primera vez en 1257 escrito Nunuy. En el pleito de 1415 contaba con “hun morador” y ya no está en el censo de 1591-1594, por lo que su abandono se produciría en ese intervalo. En la documentación histórica aparece a menudo transcrito Núnuri. Por ejemplo, en un apeo de1690: “ottra [heredad] en ttermino que dizen el zer[r]o de Nunuri de un quartto de yugada”97. La pronunciación relajada Nuni y la completa Núnuri conviven incluso en un mismo documento: “yten otra heredad en termino de Nuni
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o Nunuri de un cuarto de yugada”98. Tras desaparecer la aldea, perduró su parroquia de San Juan convertida en ermita. En la visita pastoral de 1695 se dice que “la hermita de S[a]n Juan que esta entre los terminos deste dho lugar [Ascarza] y el de Arrieta, esta indecente y maltratada y que en dha se recogen algunos ganados”. Se ordena que se repare y adecente en el plazo de seis meses, y que mientras tanto “se cierre la puerta con llaue para que la casa de Dios no sirua de albergue y recogimiento de los brutos”99. En la visita de 1733 se dice que se cuide de la ermita “de San Juan de Nunuri q[ue] fue pueblo”100 En1758 “se hallo muy indecente y ruinosa” y se mandó su demolición “dejando sus paredes iguales con el suelo”101. Sin embargo, no se ejecutó la orden, ya que en 1763 el visitador manda “al dho cura que en el preciso termino de dos meses cumpla con el referido mandato, poniendo una cruz en su lugar para demostrar haber sido lugar sagrado”102. Parece que entonces tuvo efecto la orden puesto que la ermita ya no se menciona en la visita de 1792. Núnuri es un nombre formado en lengua vasca, a partir del nombre de persona Nunu (castellano Nuño) y –huri ‘pueblo’, variedad occidental de hiri. El significado es ‘pueblo de Nuño’. La aldea de Pedraita estaba en la actual jurisdicción de Villanueva de Tobera, “en un altozano situado a un kilómetro al Este de Villanueva, en el camino de Mijancas a Moraza”103. Se menciona en 1257 escrito Tarayta, forma que jamás vuelve a documentarse. En adelante, sólo aparece Pedrayta, por lo que Tarayta es, sin duda, un error de transcripción. En el pleito de 1415 se menciona Pedrayta con “hun morador”. Se ignora la fecha de su desaparición, pero hubo de ser en el siglo XV porque en 1561 ya estaba despoblada y los vecinos y concejo de Villanueva de Tobera pagaban renta por el aprovechamiento de sus términos: “Mas se le aze de cargo de tres f[aneg]as y cinco c[elemine]s de trigo q[ue] los bezinos del lugar de Villanueba dan de la rrenta del t[e]r[mi]no de Pedraita t[e]r[mi]no despoblado que esta villa tiene”104. El templo parroquial de Pedraita pervivió como ermita, al menos hasta la segunda mitad del siglo XVIII. Se menciona en la visita pastoral de 1733 y se recuerda que fue pueblo: “que se ponga portico sobre dos pies de madera a la hermita de S[a]n Juan de Piedraita, q[ue] era lugar poco ha…” 105. En las visitas pastorales posteriores se llama la atención sobre su estado de abandono: “… y se hallo indecente para celebrar en ella el s[an]to sacrificio de la Misa” 106 El topónimo Piedraita se mantiene vivo en Villanueva de Tobera107. Además, hay memoria de que allí hubo un pueblo “de cuya derruida iglesia trajeron un santo y un esquilón”108. El nombre está formado con la voz piedra y el adjetivo fita o hita, ‘clavada’, ‘hincada’, del latín vulgar fictus. El significado es ‘mojón’. ¿De qué antiguo límite es testigo ese Pedraita? A falta de un rastreo en la documentación histórica, no es un topónimo aislado en la zona. En la toponimia actual perviven sendos Pedraita en Pangua y en San Martín Zar109. Constituyen hitos de una demarcación territorial antigua, quizá de época altomedieval o incluso anterior, cuyo origen y extensión nos es desconocida. Sebastián se levantaba en la jurisdicción de Pariza, aproximadamente a un kilómetro del pueblo, en el término que aún recibe el nombre de San Sebastián110. Aparece en la Reja (1025) con la forma Savastian. Asimismo se documenta en 1094: “et in Ivita in villa Sabastiane meas terras, et cum pascuis…”111 y en 1257. Debió de abandonarse en el siglo XIV porque no está en el pleito de 1415.

Sin embargo, la memoria del despoblado se ha mantenido secularmente. En 1733, se recoge en el libro de fábrica de Pariza: “que se cuide de las hermitas, y de la de S[a]n Sebastian q[ue] fue pueblo…”112. Actualmente la ermita de San Sebastián sigue en pie, pero no en el sitio originario, sino junto a la carretera, cerca del pueblo. Según la tradición oral113, los materiales se acarrearon desde el término de San Sebastián, donde estuvo el pueblo, y con ellos se edificó donde hoy se levanta. Ese testimonio se ve corroborado en los Libros de Fábrica de Pariza. En efecto, en 1763 estaba derruida la ermita originaria: “mediante haberse demolido la hermita de S[a]n Sebastian mando su m[e]r[ce]d que en su lugar se ponga una cruz para demostrar q[u]e ha sido lugar sagrado”114. Sin embargo, en 1792 existía la nueva ermita: “se visito la hermita de San Sebastian que se hallo decente pero se noto que en el altar falta el crucifijo, que el retablo es nuebo...”115. Donato Sáenz de Argandoña, vecino de Pariza, nos ha contado que en los años 50 del siglo pasado él sacó un sepulcro con difunto en su interior mientras araba una pieza en San Sebastián y que lo llevaron al cementerio.

6. ALGUNOS FACTORES DEL DESPOBLAMIENTO DE LAS ALDEAS.
Son varios los factores que han podido intervenir en el debilitamiento demográfico de las aldeas, máxime cuando, como en el caso de Treviño, éstas son de corta población y de jurisdicción pequeña, lo que les hace más vulnerables en los momentos de crisis y penuria. A la hora de buscar las causas de las despoblaciones, el abandono se debe generalmente a la suma de diferentes factores. Al igual que en otros lugares, cabe pensar que en el Condado de Treviño la mayor parte de las despoblaciones fueron progresivas y que intervinieron condicionantes demográficos y económicos (pequeño volumen de población, reducido tamaño del término y escasa calidad de sus tierras de cultivo…)116. Esos condicionantes no determinan por sí solos las despoblaciones, pero acentuarían la vulnerabilidad de las aldeas, por ejemplo, ante catástrofes (epidemias, guerras…), una coyuntura económica depresiva o la jerarquización del poblamiento y la concentración de la población en la villa de Treviño. En todo caso, no suele haber un factor único para el abandono de una aldea, aunque algunos autores hayan magnificado la peste del siglo XIV como factor despoblador último. No hay datos concretos sobre esa epidemia mortífera en Álava, pero se conoce su incidencia en la zona media de Navarra y en la Montaña de Burgos. Al ser Álava cruce de caminos entre el interior castellano y la costa vasca, cabe concluir que la peste también infectara estas tierras117. De hecho, pudo ser la causa última en casos como el despoblado de Huribarri que también se documenta como San Pedro de los muertos118. Con todo, últimas investigaciones muestran que la mortandad de la peste de 1348, sin negar sus graves repercusiones, fue inferior a lo que se creía119. Otro factor de debilitamiento de las aldeas suele ser la presión señorial. Es sabido que Treviño y sus aldeas fueron señorializadas en 1366 por Enrique IV, a pocos días de hacerse coronar rey, en el contexto de la guerra que le enfrentaba con su hermanastro, el rey Pedro I. El linaje que recibió tal merced fue el de los Manrique, que posteriormente obtuvo el Condado de Treviño (1453) y el Ducado de Nájera (1482). Esa dependencia señorial era una carga que gravaba aún más la economía de los vasallos. Y es que, además de contribuir a las arcas reales, también habían de tributar a los señores, y eso podía llegar a hacerse insostenible. Un ejemplo es cuando en 1458 el conde, por temor a que Treviño y sus aldeas se despoblasen, accedió a que éstas le pagasen 30.000 maravedís como ‘censo perpetuo’, rebajando los 460.000 maravedís exigidos en concepto del tributo
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de los moyos de pan y cerraduras120. Esa no fue una excepción. Las relaciones de los Manrique con la población de sus señoríos fueron a menudo“tensas y complejas por culpa de sus excesos y arbitrariedades, y de la violencia y fuerza que emplearon siempre que no podían lograr sus propósitos”121. Los abusos señoriales se manifestaban, entre otras cosas, en arbitrariedades fiscales y usurpaciones que ahogaban económicamente a la población. Llegó a haber incluso episodios de resistencia antiseñorial. En 1493 algunos vasallos “vesynos de la villa e condado de Treviño” provocaron un levantamiento de alcance y causas desconocidas. El conde Pedro Manrique condenó a los culpables “a pena de muerte como traydores que cometieron trayçion contra su señor natural” y solicitó a los reyes la confirmación de la sentencia122. Otro factor de despoblamiento – si bien tampoco explica por sí solo el abandono duradero de una aldea – son las guerras y el saqueo de las tropas. Durante la guerra civil que enfrentó a Pedro I y Enrique de Trastamara, este último ocupó el castillo de Zaldiaran. En el entorno de Vitoria tuvieron algunas escaramuzas bélicas y, aunque no hubo batalla, fue notable la presencia de tropas a cuya manutención tuvieron que contribuir las aldeas. Díaz de Durana indica que su impacto negativo no debe minimizarse “pues quizá resultó mas grave en sus consecuencias que las del propio escenario de la batalla”123. Añade que la permanencia de los ejércitos provocaría incluso el abandono transitorio de algunas aldeas y que Vitoria pudo convertirse en un centro-refugio de los campesinos. ¿De qué forma pudieron influir los conflictos bélicos o el paso de tropas en el debilitamiento y abandono de las aldeas del Condado de Treviño? Carecemos de datos concretos. Tan solo se encuentra un eco lejano en el testimonio aportado por Micaela Portilla sobre la batalla que, al parecer, se libró en un momento indeterminado en el campo de Franco: “En Franco tenía lugar el día de San Juan un festejo solemne que hallamos descrito en las actas del Ayuntamiento: ‘el día de San Juan de Junio de cada un año se va desde esta villa al lugar de Franco con bandera, la cual lleva el procurador general desta villa y condado […] y se acostumbra a les dar quatro d[ucad]os para gasto de la polbora, municion y un refresco a la gente q[ue] acompaña la bandera’124. Parte de esos cuatro ducados se empleaban en limpiar los arcabuces con que se hacían las salvas ‘en memoria de la batalla que ubo en el campo de Franco’. No sabemos cuándo ni contra quiénes se daría tal batalla cuyo recuerdo conservan los vecinos del pueblo. Acaso alude a ella el relieve del siglo XIII que en el muro del pórtico recuerda un pacto o una lucha”125 7. Nota final: aldeas desaparecidas tardiamente en los siglos XIX y XX. Concluimos con tres despoblados de los siglos XIX y XX. Aunque están fuera del periodo cronológico que es objeto de estudio de este trabajo nos referiremos a ellos brevemente, a fin de incluir todos los despoblados del Condado de Treviño de los que tenemos constancia histórica. Lezana no aparece en la Reja de San Millán (1025). La primera referencia documental es de 1257, escrito Laçana126. Pertenece hoy a la jurisdicción de Zurbitu. Estaba al noreste de este pueblo, como a un kilómetro. A mediados del siglo XIX127 contaba con dos vecinos y, a pesar de tener “una escuela de primeras letras dotada con 26 fan[egas] de trigo”, ya daba muestras de decadencia. La iglesia estaba “inutilizada” y el pueblo estaba “en cuanto a lo parroquial […] anejo al de Zurbitu”. La tierra de labor era de “tercera calidad” y tenía un monte encinal “bastante deteriorado”. Su abandono se produjo en la segunda mitad del XIX. Ochate se menciona en la Reja (1025) con la grafía Gogate y en 1257 transcrito Chochat. Es un compuesto en lengua vasca de otso ‘lobo’, en composición otsa-, y ate ‘portillo’, ‘paso’. Significa, por tanto, ‘paso o portillo de lobos’. Pascual Madoz (1846) le asigna siete vecinos y veintiséis habitan-

tes. Se despobló a principios del XX. En Imíruri recuerdan que estuvo habitado hasta aproximadamente 1920. Caricedo no aparece en la Reja (1025), pero sí en 1257 como Caycedo. En 1415 es nombrado Carricedo. Oficializado en castellano como Caricedo, si bien ha coexistido con la variante Caicedo hasta la actualidad128. A últimos del siglo XVIII J.J. de Landázuri lo incluyó escrito Caizedo en su lista de pueblos treviñeses129. Según Pascual Madoz (1846), tenía seis casas, pero sólo cuatro vecinos y catorce almas. Se abandonó a mediados del siglo XX. Según el testimonio que hemos recogido de Javier Roa, vecino de Treviño, todavía en los años 50 del siglo XX vivía en Caricedo una persona que vendía leche en Treviño.

* Somos conscientes de que el término Condado de Treviño es anacrónico para época altomedieval y que también lo es parcialmente en referencia a la Baja Edad Media, ya que éste no se crea hasta el año 1453, por concesión real a Diego Manrique, primer conde de Treviño. Sin embargo, tampoco sería satisfactorio sustituirlo por un término geográfico como la cuenca del río Ayuda, pues ésta incluye poblaciones que quedaron fuera del Condado de Treviño. Utilizamos, por tanto, ese término sabedores de su limitación.

1 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, “Mortuorios o despoblados” en Boletín de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País,1958, :“Antes de comenzar esta relación, debo indicar que en ella van los pueblos desaparecidos del Condado de Treviño, por considerarlos geográficamente alaveses, aunque en lo administrativo formen parte de la provincia de Burgos”. 2 PORTILLA, Micaela & EGUÍA, José, Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. Arciprestazgos de Treviño y Campezo.1968. 3 SÁNCHEZ, María Nieves, El habla y la toponimia de Lapuebla de Arganzón y el Condado de Treviño, 1985. 4 Utilizamos el término despoblado y no mortuorio, aunque el segundo haya logrado cierto curso como supuesto sinónimo del primero. En efecto, el DRAE incluye desde 1925 en la voz mortuorio la acepción de “lugar en el cual hubo una población que ha desaparecido por completo”, y la da como usual en Álava, a pesar de que no parece que realmente haya sido así. De hecho, no la incluyó Gerardo López de Guereñu en su obra Voces Alavesas (1958). Fue Federico Baraibar el que en 1903 recogió esa voz en su Vocabulario de palabras usadas en Álava y no incluidas en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y citaba su uso en sendas obras de Joaquín de Landázuri

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(1798) y Francisco Martínez Marina (1802). Sin embargo, como indica Pedro Mari Ojanguren (1999) en su artículo “Mortueros” (Euskonews & Media, nº 52), el verdadero significado de la voz mortuorio (y de sus variantes mortuero, morturo, mortorio, etc) no sería de tipo demográfico o vinculado a la ocupación humana del espacio, sino un concepto del derecho equiparable a la mañería. Así, mortuorio sería propiamente el solar que quedaba para los reyes o señores cuando el difunto moría sin descendencia y carecían de derecho a heredar los familiares colaterales. 5 ABEL, Wilhelm, Crises agraires en Europe (XIII-XX siècle), 1974. 6 REGLERO, Carlos, “Los despoblados bajomedievales en los Montes de Torozos: jerarquización del poblamiento y coyuntura económica” EM, 1998, p. 185. 7 FORTÚN, Luis Javier, Leyre, un señorío monástico en Navarra (siglos IX-XIX), pp. 776-777. Ibidem: (pág. 453): “En la donación protagonizada en 1110 por Andregoto o Goto de Berantevilla, nieta de don Marcelo, puso a disposición de Leyre varios monasterios, entre ellos el de Gueruca”. 8 RODRÍGUEZ, Ildefonso, Colección Diplomática Medieval de la Rioja, 1989, vol IV, doc. 235. Dentro del arcedianato de Álava se incluyen once arciprestazgos (“In Archidiaconatu de Alava sunt XI archipresbiteratus”). Uno de ellos es el de Treviño (“In archipresbyteratu de Trevenno”). 9 MARTÍN DUQUE, Ángel, Documentación medieval de Leyre (siglos IX a XII), 1983, doc. 239: “Monasterio de Verantiuila dona Goto sua anima, pro anima dompna Vrraca Gueruca…” 10 LÓPEZ, Santiago, “El monasterio de Santa María de Herrera: colección diplomática”, Cistercium, nº 168, 1985, pp. 181-240 doc. 25: “D´esto son testes presentes en el logar e rogados damas las partes: don Johan Lopez de Gueruca …” 11 UBIETO, Antonio, Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076), 1976, doc. 180. Dentro del epígrafe De ferro de Alava se incluye Ribo de Ibita, y en él las poblaciones del Condado de Treviño al este del eje OchateUzquiano-Franco. 12 Testimonio aportado por José Antonio Portilla, vecino de Golernio, en abril de 2011. 13 Archivo Histórico de la Diócesis de Vitoria, Libro de fábrica, signatura 1027-1, año 1733, f. 18v.: “Y a la hermita caida de S[a]n Mames se ponga en su sitio una cruz”. 14 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo,1958, Op. cit. 15 QUIRÓS, Juan Antonio, “Arqueología del campesinado altomedieval: las aldeas y las granjas del País Vasco”, en J. A. Quirós Castillo (ed.), The archaeology of early medieval villages, 2009, pp. 385-403. 16 Esa unidad contributiva ha sido interpretada tradicionalmente como equivalente a una población de diez casas, siguiendo para ello los denominados falsos votos de Fernán González, falsificación realizada entre 1140 y 1143: “… ferrum per omnes uillas inter domus decem una reia…”. Julio Caro Baroja (1983, “Álava en la llamada Reja de San Millán” en Historia General del País Vasco) opinaba que los falsos votos de Fernán González “en esto no deben de ser despreciados”. Sin embargo, recientemente Ernesto Pastor (2006, “La Llanada oriental hace mil años. ¿Qué hay del crecimiento agrario altomedieval? Hábitat y paisajes agrarios (entre la imaginación y la lógica)”, en Agurain 12562006. Congreso 750 aniversario de la fundación de la villa de Salvatierra, p. 59) ha puesto en duda el valor demográ-

fico del documento de la Reja, incluso como mera estimación: “En el propio documento se indica, para el caso de una serie de lugares, cuál es el motivo en el que descansa la entrega de duas reggas: … ‘in his uillis predictis ubi bacca occiderint duas reggas donant…’ Es evidente que la dimensión geográfica se desvanece”. En cualquier caso, este autor no duda que el espacio que comprende la Reja estaba densamente ocupado, con pequeñas aldeas de reducidas dimensiones. 17 PORTILLA, Micaela, Op. cit. : “sólo Busto, situado a media ladera, se adentraba tímidamente hacia el curso bajo del Ayuda”. 18 A esa misma conclusión llega David Peterson de forma independiente en su ponencia publicada en este mismo volumen. 19 GÁRATE, Alberto & KNÖRR, Henrike, “El itinerario de los recaudadores de San Millán. Problemas, deducciones, hipótesis” en Vitoria en la Edad Media, 1982, pp. 533-558. 20 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Cuadernos de toponimia. Toponimia menor de Treviño, 1985, pp. 3031. 21 Archivo Municipal del Condado de Treviño. Signatura. Cuentas donadas años 1561-1567, año 1562, f. 2. 22 Archivo Real Chancillería, caja 1167-47, año 1569, foto 7. 23 UBIETO, Antonio, Cartulario de San Millán de la Cogolla (759-1076), 1976, doc. 10: “… et tibi abba domno Petro ecclesias Sancta Gratia et Sancti Martini, in villa Stabellu… Similiter in regula sancta de Ocoista dedimus Sancta Maria de Foze de Arganzone…” 24 LEDESMA, María Luisa, 1989, Cartulario de San Millán de la Cogolla (1076-1200), doc. 60: “Et in Villa Angastro uno collazo cum suas casas, Munnio Blascoz nomine, et meam hereditatem quod habeo in ipsa Villa Angastro”. 25 GARCÍA DE CORTÁZAR, J. A., “La sociedad alavesa medieval antes de la concesión del fuero de Vitoria” en Vitoria en la Edad Media, 1982, p. 108. Tal es el caso del vacío documental de la Reja para la franja que va de Ozaeta a Ullíbarri-Jáuregui, en la Llanada oriental alavesa. Ahí tampoco significaría la inexistencia de núcleos de población. 26 Agradecemos la información del comunal a Ramón Aguillo, vecino de Pedruzo. 27 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 66-67 y 92-93. 28 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, Libro Aniversarios de Pariza 21, f. 5. 29 Archivo Histórico Provincial de Álava, 8352, f. 272. 30 PETERSON, David, 2007, “Toponimia vasca medieval: novedades del becerro galicano de San Millán de la Cogolla”, ASJU, XLI-1, pp. 289-322. 31 GONZÁLEZ DE VIÑASPRE, Roberto, “El entorno de La Puebla de Arganzón: notas históricas y lingüísticas”, Euskera, 52, 2007, pp. 1143-1155.

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32 MADOZ, Pascual, 1846-1850, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de Españay sus posesiones de ultramar. 33 Archivo Histórico de la Diócesis de Vitoria, Libro de fábrica , signatura 2516-5, 1758, f. 76v y ss.: “Hasi mismo se visito la hermita de San Martin sita en la jurisdiccion de dho lugar y se hallo mui indecente…” 34 PASTOR, Ernesto, Salvatierra y la Llanada oriental alavesa (Siglos XIII-XV), 1986, p. 57 35 DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Álava en la Baja Edad Media. Crisis, recuperación y transformaciones socioeconómicas (c. 1250-1525), 1986, p. 78. 36 CANTERA, Enrique, Instrumentos y técnicas de cultivo en la plena Edad Media europea (siglos X-XIII), Cuadernos de Historia Medieval, 8, 1987: “Estas innovaciones son, fundamentalmente, el yugo frontal para los bueyes, el collarón rígido de espaldilla para los caballos, el herraje de los animales de labor, y el arado de vertedera, que, en conjunto, harán el trabajo del campesino menos penoso y más eficaz …” (p. 19) 37 DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Ibidem. 38 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Cuadernos de Toponimia. Toponimia menor de Treviño, 1985, pp. 3233 39 MARTÍNEZ DÍEZ, Gonzalo, Génesis histórica de la provincia de Burgos y sus divisiones administrativas, 1983, p. 33 40 Archivo Histórico de Marauri, 1732, leg. 2.2, f. 14/Traslado de 1611. Escribano José Salazar de Gurendes. 41 Archivo Histórico de la Diócesis de Vitoria, 1733, Libro de fábrica 3, f. 132v. 42 RUIZ DE LÓIZAGA, Saturnino, El libro becerro de Santa María de Bujedo de Candepajares (1168-1240), 2000. 43 RODRÍGUEZ, Ildefonso, Ibidem, doc. 235. Figura transcrito erróneamente como Arana, relacionado entre Fachart [Ajarte] y Sagasseta [Sáseta], quizá por confusión con el pueblo treviñés de Arana. 44 Archivo Histórico de Albaina. Pleito por Granado. Año 1575 C 4 nº 1, f. 147. Escribano Juan López de Larrinzar. En ese pleito se refiere la mojonera de los términos de Granado: “Sarrabiçha […] çerro alto de Çharratu […] prado largo de Maduluçea […] la cunbre de Goicogaña […] alto del Gurpide […] el Harrenal y fuente del Eçhaçar […] Cruçia […] Çhaçaran […] la cuesta de la Ançinilla […] mojon de la piedra larga del balle de a la Morearan […] çerro de Yguillor […] Sarrabiçha”. 45 Archivo Histórico de Albaina. Pleito por Granado. Año 1569 C 1 nº 2, f. 23. Escribano Juan de san Esteban 46 RUIZ DE LOIZAGA, Saturnino, Documentación Medieval de la Diócesis de Vitoria en el Archivo Vaticano, 1997, doc. 29. Pleito que enfrentaba al obispo de Calahorra-La Calzada con los clérigos y curas de las aldeas de Treviño.

47 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica 1695-1847. Visita año 1733. Signatura 254-2, f. 85v. 48 AGUIRRE, Antxon et alii, Etnografía del enclave de Treviño I, Colección Lankidetzan 29, 2004, p. 154. 49 IRIGOIEN, Alfonso, Pertsona-izenak euskaraz nola eman, 1994, p. 227. 50 LACARRA, José María, Colección Diplomática de Irache, vol. 1 (958-1222), 1965, doc. 307. 51 En 1135, doña Aima y su marido don Bodino de Estella entregan al abad de Irache una tienda y un horno: “Ego dompnus Bodinus de Stella et uxor mea domna Aima…” (LACARRA, José María, Colección Diplomática de Irache, vol. I, 1965, doc. 126) y en 1025 una tal Aima participa en la venta de una tierra en la villa de Benasque: “Ego Arnallus et Barone et Aima vobis emtores nostros Apone et uxor tua Sanga” (MARTÍN DUQUE, Ángel J., Colección Diplomática de Obarra, 1965, doc. 106) 52 Gerardo López de Guereñu lo transcribe erróneamente como Gurrandiz en “Mortuorios o despoblados”. 53 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, 1958, Ibidem. 54 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, 1681, Signatura 2525, f. 3 Escribano Vecinos. 55 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 28-29. 56 Real Chancillería de Valladolid, año 1777, Signatura 3433-20 foto nº 26. Escribano Nicolás Francisco de Zieza. 57 Archivo Histórico de la villa de Treviño, Ordenanzas de 1577, f. 20: “Yttem que ninguna persona de fuera desta Villa ni corte, ni saque leña, ni madera alguna, ni otra cosa en los montes que esta Villa tiene que llaman de Santa Coloma asi de ayedo, como de robre, y carrascales a unas partes e a otras de los Arroyos”. A esa leña también tenían acceso los horneros de la villa para alimentar sus hornos que, según el libro de cuentas de 1581, eran cuatro: “el horno de la carçel bieja”, “el horno de debaxo de la carneçeria”, “el horno del mercado” y “el horno de sobre Santo Thomas”. 58 Real Chancillería de Valladolid. C 3433-20 , f. 14 Escribano Nicolás Francisco Zieza. 59 Real Chancillería de Valladolid. 1776, C 3433-20, f. 17. Escribano Nicolas Francisco Zieza 60 Ibidem 61 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, 1762, Signatura 2525-3 Escribano Vecinos de San Vicentejo. 62 Real Chancillería de Valladolid, 1687 (traslado de 1802), C 3743-1 Snº 14 63 IRIGOIEN, Alfonso, “Algunas consideraciones sobre onomástica personal vasca”, en Euskera XII, 1977, pp. 561623: “Los sufijos patronímicos […] vendrían, pues, de la evolución de tal tipo de genitivo entre hablantes vascos y que fue utilizado para declinar el nombre del padre referido a filius, de cuya última forma más tarde se prescindió. Así las marcas –nis > (-nes) > -ns entre hablantes vascos pasaron a ser –(i)z, pronunciadas como –(i)tz […] Estos sufijos […] funcionaron con autonomía. En época medieval se aplicaban a cualquier nombre […] incluso tras consonante”.

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64 PORTILLA, Micaela. Ibidem: “Acaso el despoblado Huribarri estuvo ubicado en torno a la actual ermita de San Pedro, advocación idéntica a la de la parroquia de Aguillo, cosa extraña si se tratase de una ermita construida a escasa distancia de la parroquia y en el mismo término del pueblo y explicable si hubiera sido en tiempos antiguos el templo parroquial de otra aldea”. 65 Archivo Histórico del Condado de Treviño, 1562, Cuentas de Treviño 1561-1567 2. 66 Archivo Histórico del Condado de Treviño, 1619, leg. 2774, f. 145. Escribano Juan Alvar de Ulate. 67 PORTILLA, Micaela, Op. cit., p. 226. 68 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 50-51 y 52-53. En el apeo de 1616 ya figura el término El Hoyo las Casas. 69 DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Ibidem, p. 101. 70 DÍAZ DE DURANA, José Ramón Ibidem, p. 102. 71 Archivo del Cabildo de Vitoria, s/s 1498. Dato tomado de DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Ibidem, p. 112 72 DÍAZ, Pablo, 1998, Libro de visita del licenciado Martín Gil. 73 Ordenanzas de Treviño, 1577, artículo 78. 74 PORTILLA, Micaela Ibidem “Acaso provienen de su retablo los relieves del siglo XVI que, muy repintados, se colocaron en los retablos del Rosario y Santa Ana de la parroquia de Arrieta. Y acaso la imagen de Nuestra Señora de Arceña era la escultura de la Virgen amamantando al Niño que conservaba la parroquia y reseña López de Guereñu”. 75 RUIZ DE LÓIZAGA, Saturnino, El libro becerro de Santa María de Bujedo de Candepajares (1168-1240) ,2000, docs. 42, 54-b, 59 y 60. 76 PORTILLA, Micaela & EGUÍA, José. Ibidem, p. 98: “Acaso se trata de la [ermita] que debió estar dedicada a San Andrés, posiblemente parroquia de Franco Yuso, situada con probabilidad junto al puente sobre el Ayuda que tal vez unía los dos Francos”. 77 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, “Nuevas aportaciones a Solar de Arte y de Fe”, en Boletín de la Institución Sancho el Sabio, t. 18, 1974, p. 436. 78 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica 1659-1757, signatura 1012-1, f. 110v. 79 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica 1659-1757, signatura 1012-1 80 Archivo Histórico de Treviño, 1577, Ordenanzas f. 19. 81 LEDESMA, Mª Luisa, Cartulario de San Millán de la Cogolla (1076-1200), 1989, doc. 402.

82 Archivo del Concejo de Treviño, 1627, Memoria de las heredades q[u]e posehen los vecinos de este con[da]do, diuididas en las quatro quadrillas empez[an]do p[o]r la de auajo. Sig. 801. El documento recoge lo que correspondía pagar en concepto de los tributos de vareamiento y la sexta parte. El año de redacción es 1627. Es errónea la datación “sin fecha. XVIII” que le asignan los autores del inventario del archivo. 83 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 80-81. 84 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 50-51. 85 Ordenanzas de Treviño, 1577, art. 43, f. 12 86 La etimología se explica probablemente mediante el sufijo –ona añadido a un antropónimo que no hemos podido identificar. Cfr. JIMENO JURÍO & SALABERRI, Patxi, 1998, Artajona. Toponimia vasca, p. 57, en relación al nombre Artajona: “… siguiendo las propuestas de IRIGOIEN y NIETO BALLESTER […] creemos que corresponde a una readaptación propia del latín tardío de la declinación clásica de nombres en –o, -onis, cuyo acusativo en –one(m) pasa a –ona, de donde Artaxona […] Creemos que, dado que se trata de un topónimo terminado en –ona / -oa, no se puede descartar totalmente la idea de que estemos ante un nombre de lugar basado en un antropónimo”. 87 AFVilla C 1 nº1-1 f. 2v Escribano Gregorio Vallejo. 88 AFVilla C 1 nº1-1 f. 29v Escribano Vecinos. 89 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica 1695-1847. Signatura 254-2, f. 85v. Visita año 1733. 90 1879-05-19, Archivo Histórico del Ayuntamiento de Condado de Treviño, sig. 4472 Fincas urbanas, f. 845. 91 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 92-93. 92 Dueso procede del latín dorsum y está presente, entre otros, en Dueso (Cantabria), Duesos (Asturias) y Doso (La Coruña). Cfr. ROHLFS, Gerard, “Aspectos de toponimia española” en Boletim de Filología, XII., 1951. Estaba en área históricamente vascoparlante. Gran parte de los topónimos de Dordóniz, Taravero y otros pueblos de la zona aún hoy están formados en lengua vasca. 93 RODRÍGUEZ, Ildefonso, Ibidem, doc. 135: “… toda la mi parte que auia de los quartos de las decimas en la eglesia de Pangua e de Sant Esteban, de Annastro e de Faydo e de Morgas e de Lizereuilla e de Stauiello e de Burueta e de Amifollas si se poblare”. 94 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, Ibidem. El autor aporta esos datos de los libros de fábrica de Añastro: “en 1828 (folios 19v y 20), venden algunos materiales de la ‘derruida Hermita de S. Juan de Faido’, y en 1834 (folio 40v), se dan ‘nueve rs. por refresco a los peritos que dividieron las heredades de San Juan que estaban proindiviso entre Añastro y Muergas”. 95 Archivo Histórico de Añastro, C 5 nº 1, f. 65bis, 202v y 474. Escribano Andrés de Urbina. 96 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, Ibidem.

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97 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de aniversarios de Ascarza 1693-1909 nº 634-5 Escribano Francisco de Lasa. 98 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de aniversarios de Ascarza 1693-1909 nº 634-5, f. 59v Escribano Eduardo Plaza, cura de Ascarza. 99 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica de Ascarza, nº 8. 626-3, f. 84 y 84v. 100 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica de Ascarza, nº 8. 626-3, f. 132 y ss. 101 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica de Ascarza, nº 8. 626-3, f. 176 y ss. 102 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria. Libro de fábrica de Ascarza, nº 8. 626-3, f. 191. 103 PORTILLA, Micaela, Ibidem 104 Archivo Histórico del Condado de Treviño. Cuentas de 1561-1567 f. 2. 105 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, Libro de fábrica, signatura 2803-1, f. 250v y 251. 106 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, Libro de fábrica, signatura 2803-1, f. 291. 107 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 96-97. 108 LÓPEZ DE GUEREÑU, Gerardo, Ibidem. 109 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 38-39 y 100-101 110 GONZÁLEZ SALAZAR, José Antonio, Ibidem, pp. 66-67. 111 LEDESMA, Mª Luisa, Cartulario de San Millán de la Cogolla, 1989, doc. 229. 112 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria C-2084 nº11 (2º de fábrica). 113 Testimonio de Donato Sáenz de Argandoña, vecino de Pariza. 114 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, C – 2084 Libro de Fábrica nº 11 (2º de fábrica). 115 Archivo Histórico Diocesano de Vitoria, C – 2084 Libro de Fábrica nº 12 (3º de fábrica), f. 18v. 116 REGLERO, Carlos Ibidem, p. 216. 117 DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Ibidem, p. 105. 118 Archivo Histórico del Condado de Treviño, 1619, leg. 2774, f. 145, escribano Juan Alvar de Ulate: “Marauri y Aguillo por Sant Pedro de los muertos, dos fanegas y media”.

119 CASTÁN, Guillermo & DUEÑAS, Salvador, “Revisión de la incidencia de la Peste Negra (1348) en Navarra a través de un modelo matemático de población”, Stud. hist., Hª mediev., 24, 2006, p. 305: “No se pueden aceptar los datos de incidencia de la epidemia de 1348-1350 que se han dado concernientes al reino de Navarra. No sabemos qué es lo que realmente ocurrió, pero sí podemos deducir razonadamente que no pudo ocurrir una catástrofe del tenor que los estudios citados afirman y que cifran entre el 39 y el 63 por ciento de pérdidas, según las zonas. Siendo importantes, las pérdidas ocasionadas por la gran epidemia de 1348 son necesariamente bastante inferiores”. 120 MONTERO, Rosa Mª, “Los señoríos de los Manrique en la baja Edad Media”, en Espacio, Tiempo y Forma, Serie III, Hª Medieval, t. 7, 1994, pp. 205-258. El conde de Treviño había comprado al señor de Salinas y Repostero Mayor del Rey el tributo de los moyos de pan y cerraduras sobre la villa de Treviño y sus aldeas, lo que suponía 1.400 fanegas de pan equivalentes a 460.000 maravedís. El concejo de Treviño suplicó una rebaja del tributo porque la tierra era pobre y la carga del impuesto se hacía insostenible. 121 MONTERO, Rosa Mª, “Violencia y abusos en los señoríos del linaje Manrique a fines de la Edad Media”, en la España medieval, vol. 20, 1997, pp. 339-377. Como muestra de esos abusos, por ejemplo: “El I Conde de Treviño Diego Manrique solicitaba en sus últimas voluntades que se devolviesen los ganados y otras cosas que él y los suyos habían robado o que se pagase expresamente a sus dueños el valor de los mismos […] La arbitrariedad judicial también fue referida por algunos hombres del linaje Manrique en el momento de otorgar testamento. El I Conde de Treviño Diego Manrique, por ejemplo, pedía perdón y ordenaba que se satisfaciese a Gil Garci de Ubago, a Pedro Martínez y a Diego de Nájera por el daño que yo les fice cuando les mandé prender, porque lo fice más con ira que con justicia”. 122 MONTERO, Rosa Mª, 1997, Ibidem. 123 DÍAZ DE DURANA, José Ramón, Ibidem 124 Archivo Histórico del Ayuntamiento de Condado de Treviño. Acuerdos de 10 de agosto de 1619, de 9 de abril de 1630 y otras. 125 PORTILLA, Micaela & EGUÍA, José. Op.cit, p. 98 126 En el valle de Mena (Burgos) hay otro Lezana, documentado el año 816 con la forma Letezana, lo que hace suponer a J.M. Piel que se trate de un compuesto del nombre de persona *Laetitius más el sufijo –ana que indicaría una villa romana unida a una explotación agrícola. Mª Nieves Sánchez cree que, “aunque el Lezana treviñés no aparezca documentado antes del XIII puede corresponder perfectamente a la misma estructura lingüística”. 127 MADOZ, Pascual, 1846, Ibidem. 128 SÁNCHEZ, Mª Nieves, Ibidem: “En los mapas actuales es Caricedo pero muchos habitantes del Condado emplean la forma Caicedo”. 129 LANDÁZURI, J. Joaquín, Treviño ilustrado, 1921, p. 13.

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