MANIFIESTO AZUL

fanzine de literatura e inquietudes varias
verano 2012 número 12

Depósito legal: MU-3094-2008

©“EL EScritor“ de

Javier García Herrero

Tiras la piedra para jugar a rayuela y, casi sin darte cuenta, llegas a esta primera casilla. Impuntuales, como de costumbre, y su Manifiesto Azul doce acuden a esta cita veraniega con la literatura y la cultura; al rescate de aquellas mentes inquietas que hayan logrado sobrevivir al zarandeo propinado por una prima lejana. Tienes servido sobre este papel azul más de una veintena de poesías, algunas atienden a mandamientos perversos, otras te servirán para viajar a Marte o caminar hasta Ítaca. También una docena de relatos con los que, a buen seguro, te entrará el calor propio de un 15 de Agosto o de un día en Nueva Zelanda. Combínalos como quieras, pero te aconsejamos que esta vez los adereces echándote algo fresco a las orejas; tal vez si acudes a

Editorial
nuestra Despensa te dejes seducir por la música de Vinicio Capossela. Si lo tuyo es más bien ver a través de la lectura no puedes perderte nuestro recorrido por el celuloide y sus personalidades que, esta vez, nos trae Telefunken. Pero si al fijar tu iris y tu pupila sobres estas fotocopias te dañaras la vista, siempre podrás recuperarte descansando un pequeño intervalo de tiempo. Cuidado, eso sí, no se te vaya la pinza al ser consciente de tu impotencia. Salpica toda tu lectura con las deliciosas ilustraciones que, a lo largo del trayecto fanzineroso, nos dejan Javier García Herrero y César Sebastián; y ya por último, con el espíritu azulado encendido, dedica unos minutos a nuestras recomendaziones que, como acostumbran, te llevarán por lugares muy poco comunes. Si aún leyendo sientes la tentación de abrirte hueco entre las casillas de esta rayuela y tirar la piedra, nos puedes encontrar donde siempre:

colectivoiletrados.blogspot.com

poesía

soliloquio nocturno

….separé el blanco de tu piel, la ingravidez por la almohada me recordó los ecos de tu nuca, la columna endienta en mi mano. Ahora sólo encuentro los ácaros de tu piel huérfanos en el colchón.

y vuelva elástico de esperanza; pues ese día, entraré con ojos ligeros, y las fotografías, se agitarán invisibles en las huellas del vacío y en el blanco de la sábana…

Pero ahora yo no lo sé, ni tú tampoco, si todos estos versos Siento mi corazón bombear se quedarán convexos con la realidad aire frío, o se endurecerán sus sílabas en llenarme de infartos nuestros ojos; con una soledad tan seca en porque nada ha ocurrido la boca, porque todo ha sido un sueño que cada gesto porque duermes conmigo me cuesta una vida nueva. bueno, Como nueva me dejaste tú duermes la habitación, yo te miro tan nueva, con el pensamiento a mi lado que sólo veo penumbras y espaldas y los minutos tristes al otro, y mi silencio mascando gatos. intentando decidir… Separé el blanco de tu piel por el blanco de la sábana, y me quedé triste y asustado como una brújula en el infinito. Ahora vivo componiendo tu cuerpo como un Mozart exhausto: Esperando el día que abra la puerta (de mi nueva habitación) y me agite el destino: salga errático como un remo si dormirme en la realidad o despertar en el sueño.

Raúl Campoy Guillén

hubo un tiempo
Hubo un tiempo De borracheras de palabras Y vomitonas poéticas, Fiebres de 39 grados de versos Y hojas y boli, anexos a mí. Hubo un tiempo De batallas entre metáforas, Hipérboles de altos vuelos, Sinestesias que asomaban Entre los arañazos del amor. Hubo un tiempo De apropiación indebida Del leitmotiv de los grandes poetas, De imágenes tan gráficas Que dolía leer hasta en silencio. Todo era POESÍA, Hoy, ¿lo sigue siendo?

viaje a Marte

EME Para Jesús Montoya, in memoriam

Tenemos la sensación de ir dejando la Tierra poco a poco. Como en un viaje a Marte. Es raro. O más que eso. El planeta rojo no se ve, oculto, tal vez detrás de la cara vista de una luna que se ríe sin mirarnos. El planeta rojo es invisible. Sólo queda el espacio flotando a nuestro lado. Silencios siderales de estrellas diminutas, parpadeando, y nuestras voces en algodón y cloroformo, amordazadas, sin eco.

poesía

Luego se puede ver la Tierra, ahí abajo, tan redonda, o ahuevada, o como sea nuestra hermosa Tierra sin países, una bola amorfa y querida yéndose (o quedándose), despacio.

Nada ata nuestros pies en la ingravidez del espacio, pero, por alguna razón, las miradas se detienen en aquello que se pierde, esa Tierra nuestra, a la que, por vez primera caemos en la cuenta, nunca regresaremos. Nuestro destino es Marte. Con sus cráteres. Sólo eso. La Tierra será una mota de polvo, migaja de carbono, lentilla de hidrógeno y oxígeno casi transparente. Nosotros estaremos en un viaje a Marte, sin retorno. Nuestras vidas, proyectiles de una catapulta silenciosa, son extraños en el viaje a Marte.

Tras haber despegado, ahora, en la inmensa soledad de este océano vacío, comprobamos con horror fascinante que nada hay útil en este movimiento, que todo habrá de ser reaprendido de nuevo, inventado de nuevo. No sé de quién fue la idea. Probablemente fue él quien la tuvo. Nada importa: Marte nos espera. El espacio. Sólo eso. Quería deciros que ya estamos viajando. No os extrañe si no nos encontráis donde siempre. Lo sentimos: no podíamos quedarnos. Ahora estamos aquí, despiertos, oyéndolo roncar, suavemente, en el centro del universo.

Granada, una noche insomne de mayo de 2007.

Jesús Montoya Juárez

poesía

meditación de Ulises camino a Itaca
Aún tengo el olor a sangre en mis manos. A muerte latente. Y ya hace muchos años que acabó Troya.
Erian Peña Pupo

algo de estruendo

poesía

Sí, por qué negarlo. Buscamos a veces los labios vacíos de amor, algo que no tenga trascendencia. Y nos basta, sí, eso nos basta: el machaque de gusto, el colarnos entre las piernas de un muchacho y bebérnoslo por puro pasatiempo. Y que nos dé igual el “luego”. Luego, ¿qué? No importa. Comer por comer, por el puro placer del comer, casi como un capricho para el cuerpo, que seas tan puta como el otro que está en tu cama, o en tu coche, o en un portal. Que te duela el alma o la entrepierna, que no puedas sostenerte más tiempo a cuatro patas ni tu piel pueda ya rezumar más sudor. A veces sí, se necesita: nada de amor y algo de estruendo.

Noelia Illán Conesa

Renacimiento del verbo
Dime, buen amigo, los murmullos y gorjeos ¿murieron ya

de todos aquellos medios seres de tinta escarchada que crearon esteril vida con mi vida? Dime, ¿acaso los fatigados campos hartos de costumbre y saciados de caducidad volvieron a engendrar sustento entre el lanugo polvoriento y cano del rocío invernal? Dime, ¿cesaron ya los herméticos abrazos del manto primero y escarpado del invierno a la tierra como la palabra a su designio? Dime, ¿quizás volvieron ya a florecer los almendros de manera anticipada y premonitoria anhelando su suicidio? Dime, ¿entendieron de una vez, por para siempre, aquellas descreadas gentes que no existe imagen más cíclica, poética y reveladora que la de un cementerio americano?

Miguel Ángel Rubio Sánchez

poesía

latidos

Late a destiempo la arena que me colma de horas la muñeca. El corazón dolorido, carnalmente intacto reclama mi atención pinchando; y miles de insectos de barro me recorren el aliento, la espina dorsal, las manos… Late a destiempo si te pienso si me pienso, si “nos mato”. Y mueren de inanición nuestros labios por separado, como cómplices absurdos de lo estéril. Laten silábicos los tiempos y se desacompasan las agujas afiladas las manzanas, los metales las llamadas a las 3 de la mañana, los desperfectos, las retiradas…

Laten con las manos los recuerdos viejos, verdes, maduros o anaranjados. Y vuelve el pecho a llenarse de diminutos pedazos de relojes como pellizcos que la pleura esconde. Y lato, lato armónicamente como el soplo que sin aire se arremolina en mis vasos con gin-tonic, sin sangre. Lato, poco a poco esperando el desarme inerme aplaco los calambres con sonrisas que empañen tus acuarios. Y si al dormirme quieres comprobarlo y te acercas de puntillas, respirando, oirás como lato.
Tama Imrani Ruiz

poesía

poesía

lejos

Dentro de las manos el tacto de tu piel sólo sabe morir. *** Nada casi un ruido una palabra derramando silencio mientras te vas.
Beatriz Miralles

No es de flores ni de risas de lo que te visto, amor, ni de un manto protector con mi palabra. No acierto a traspasarte con mis ojos, ni a nadar entre tu sangre,

que como tus lágrimas fluye en cascada desde tu horizonte. Lo intento, mas no es fácil alcanzarte desde donde me encuentro, perdida, en el centro de mi “no”.

Ya quisiera desatarte, ya, soltar las amarras que te atan a tu puerto, a tu silencio, y no puedo. Quizás podría arrancarte del gris que cubre tu cuerpo, de tu ceniza de miedo, mas no veo. Sólo puedo imaginarnos como funámbulos en dos cuerdas paralelas, flojas, con las manos ardiendo de querer tocarnos. Lejos.
Violeta Gil

victoria sin

batalla

Ya se acaban las guerras, largas luchas de dos almas, a un lado, en trono, miedo, al otro, llana, esperanza. Iba ganando el primero, aliento de este mal juego, pandemia de toda casta, flautista que sólo enjaula; no es lo que tienes, si siempre falta, y cuidado, quizá te matan. Mas cuando optaba a rey eterno, con su corona de altanero, la verdad se hace palabra, sin plantar la menor batalla. Ahí llega el fin del mundo, que decían los de maya. No es que el planeta estalla, es que la tontuna se acaba.

poesía

Rogelio Mayo

la verdad sobre las palabras

En el principio era el verbo, ¿Acaso no lo será también al final? Oliver Hornillos

La literatura y las palabras mienten. Por eso hemos de creerlas. Todas las palabras que se pronuncian ya no nos pertenecen. Acaso sólo ‘miedo’ o ‘vértigo’. Después de enunciadas son ya del viento, o de todos o de nadie. Todos los poemas de amor han sido ciertos alguna vez. Todos los libros viajan por el tiempo, y en las intersecciones de una noche en vela o de un largo viaje en tren, nos han poseído de algún modo. El escritor no acaba en el libro. Trabaja para la Eternidad. Su voz es infinita y nunca sabe a dónde llegará, ni hasta cuándo ni a quién alcanzará. Las palabras son los únicos seres de este mundo que no envejecen. Las palabras son metáforas de nuestras propias almas. Las palabras nos construyen y con sus verbos y su música nos insuflan el aliento de la vida eterna. Por eso tenemos nombres. Si hay algo de eterno en nosotros es el nombre. Porque al dejar este mundo, la persona que nos amó seguirá escuchando las letras que lo forman en su ser. Las palabras están tejidas con el viento. Se respiran; y navegan hacia el aliento de las personas y las cosas a la que amamos. Cuando confundamos el Amor con la palabra ‘amor’ y la Vida con la palabra ‘vida’ y la Eternidad con la palabra ‘eternidad’ comprenderemos el significado de la palabra ‘literatura’. Si heredamos y legamos algo verdaderamente valioso: una leyenda, recuerdos, amor… siempre va envestido de palabras. Las palabras inspiran más palabras, cariño, poemas, razones para vivir, historias, sueños, amaneceres, colmillos, umbrales, espejos, zaguanes, orillas. Nuestra realidad es un páramo que pueblan las palabras. Por eso los sueños no tienen explicación: porque ahí las palabras se transforman en símbolos. Riega tu propio jardín de poesías. Cada día verás que el resto de tu hogar ha crecido y es más frondoso y más bello. Ahora, cuando acabes de leer, en la soledad de tu silencio, seguirás escuchando palabras.
Pedro Pujante

poesía

bocabajo

poesía

que nos sabe a manjar con un vino que raspa Trasnochar con la ternura de Together y nos tinta la boca. y luego darle vueltas a la cama Entusiasmarnos con pisos comiéndome los números más rojos del reloj. grandes y terrazas Me inquieto con cuidado para que nunca podríamos pagar. no despertarte, Tomar cerveza, me respiro los nervios como un caracol, visitar a mi hermana, haciendo y deshaciendo la almohada, mirar la cartelera, sacando los pies por la azotea, darnos la piel subiendo con sigilo hasta la lámpara como si todo fuesen vacaciones y cayendo después en el sueño poblado del en un país extranjero, Lorazepan. como si todo fuesen tulipanes, Madrugar. como si fuésemos capaces de Caminar por los mismos adoquines de antes cambiar este mundo al son del ritmo silencioso de tacones aprendiendo a vivir de otra de goma, manera. como si por allí nunca hubiera pasado, haciéndome la nueva, haciéndome la fresca. Llegar al sitio que me espera con su eco caliente de papeles y máquinas dormidas. Enterarme de noticias grandiosas, informaciones trascendentes Inma Luna como que hoy mi padre saldrá y verá la calle por vez primera en lo que va de año y que ya cuenta chistes aunque aún no se acuerde de qué ha comido hoy. Llegar a casa, que me estés esperando con la puerta entreabierta y unos besos de viernes bienvenido. Cortarme el dedo mientras cocino pollo congelado,

hijo, cuando te lances a la vida....

una grata compañía

poesía

Sé un buen chico los domingos Y no le hagas ascos a la sopa. Recibe alguna hostia, Lávate los dientes y si te aburres, Lee un libro o hazte una paja. Ten sueño los lunes Y ansiedad los martes. Acaricia la prosperidad de las cosas Pero no las hagas tuyas todavía. Baja alguna vez a los infiernos Y masca bien las brasas que te dejen. Solidarízate con el dolor: Compra algún geranio Y empuja con gracia el carrito por el super. Vuelve luego a casa y pégate una ducha. Pero pase lo que pase, no olvides nunca Atravesar esa puerta y defraudarlos a todos, Defráudalos tanto como puedas, Hasta borrar cualquier imagen que tengan de ti Y tú mismo dudes te tu existencia.

Veo naufragar en el barro poemas que no he escrito. Los veo ahogarse en esas noches oscuras que dejan de serlo porque Selene, asustada, abre su boca en forma de O. Veo precipitarse a su fin el abecedario entero, escucho a lo lejos los lamentos de la A y la Y y sólo con la postrera de las veintisiete letras vislumbro, al menos así, la esperanZa.

Antonio Pérez Abril

Veo las letras ahogarse y pierdo, de pronto, el miedo. Las veo caer poco a poco y pierdo, por fin, el miedo. Me agarro a la letra Gancho, me despido de la tristeza, bailo con la certeza y me tiro de cabeza con ellas, para siempre, hasta el fondo del A B I S Berta Guerrero M O

todas las mujeres de mi vida se mueren por ser tú en este momento
Todas las mujeres de mi vida se mueren por ser tú en este momento. Un día fui yo el que me moría por ellas porque todas fueron tú durante un instante. Sin embargo, no puedo concebir ahora la vida sin las cosas que me has ido pegando y limando sobre mi piel. Todos los corazones que me he ido comiendo han hecho del mío un órgano a la medida de tu mano. Por eso me gustas tanto cuando sin piedad me lo arrancas y amagas con comértelo sicalíptica y pudorosa al mismo tiempo. Yo me siento seguro cuando lo tienes en tu mano como un trofeo conquistado, mientras mis venas se enroscan en tu brazo hasta encontrar una arteria fatal en la que clavarse y llevarte al orgasmo sin necesidad de utilizar ningún músculo de mi cuerpo. Sin el vértigo de la pérdida el valor sólo sería una palabra más para algún poema y tú serías como las otras que desean ser tú en este momento. Sin embargo, a veces me gusta ser egoísta

poesía

poesía

y ver ese abismo de niebla en tus ojos, ver como dices con una mirada lo que una mujer no debe decir nunca para quedarse sin ese as en la manga y yo me lo crea demasiado. Todas las mujeres de mi vida se mueren por ser tú en este ahora, por eso yo, lo confieso, disfruto como Jack el Destripador matándolas con una mirada justo cuando esbozan sus sonrisas y están a punto de decirme lo orgullosas que están de mí. Me gusta que se mueran desangradas en cualquier acera mientras les lanzo un último beso y continúo mi camino con esa canción de Los Secretos revoloteando en mi mente... Tuviste una oportunidad y la dejaste escapar.
Alberto Caride Brocal

En aquel momento preciso,( ni antes, ni después) En ese preciso momento, tienes que arquear la espalda Que los codos soporten el peso Que tu gravedad sea igual a cero Y un ramal de fibras compactadas con corazón de madera te proyecten a la vida eterna.

curso

de

sur

la barrosa

Tienes miedo, algo lo está oliendo, Tienes lo que hay que tener para ello, No respetas lo trámites y sigues intentando sacar el cuello, No te canses, cruzar la línea es fácil, Tienes lo que hay que tener para que las algas y la sal te hagan estatua. Sigue nadando hacia la orilla No te canses, tienes lo que hay que tener para ello, respira otra vez la espuma no luches más, hazte el muerto.
Juan Manuel Sánchez Meroño

bolañiana

poesía

Con tono de sarcasmo me preguntan si intento transformar el mundo con poemas. Casi nunca respondo o lo hago con metáforas de feroces Quimeras que es hermoso confrontar pero que siempre te tragan. Mas yo sé que cada vez que algún adolescente se sienta enamorado y elige la poesía y afila su navaja para hundirla en la coraza de piedra del Enigma, somos más contando de este lado, y sois menos del vuestro, y aunque bien es verdad que este país no es soleado ni dispone de ejército ni las aguas son puras, nuestras palabras no son inocuas. Y pesamos.
José Daniel Espejo

vintage

poesía

A lo mejor resulta que las cosas envejecen también y que la misma lealtad a lo que una vez mostraron les procura esa sensación, que es marca de la casa, de andar algo perdidas. Recuerda, por ejemplo, aquellos discos de Dylan que tu padre te dio, cuántas veces los escuchaste convencido de tener un tesoro, y sin embargo ahora ya no sabes en qué caja los metiste o, lo que es peor, siquiera eres capaz de oírlos con agrado. Mira, si no, estos cuadros de familia, o incluso las primeras ediciones de Valle o de Baroja, date cuenta qué poco dicen hoy a quien se muere por salir de la jaula de sí mismo. Y sin embargo, ¿no es esto una excusa? Porque en realidad, después de todo, sucede que las cosas van ganando galones casi tan rápidamente como tú vas perdiendo facultades, y que aunque tú no seas ya capaz de amarlas, ellas tienen confirmada la eternidad y un día en el amor que los otros, sin duda, han de otorgarles. Y eso es una verdad como un templo. Y otra verdad es, nunca has de olvidarlo, que ahora, a estas alturas de tu vida, matarías por ser igual que ellas.

David López Sandoval

NUEVA ZELANDA

narrativas

Arranqué pedazos de mi alma, los cocí e hice ladrillos con ellos. Muchos ladrillos: había material de sobra. Con los ladrillos hice un muro, un muro no: otra cosa, no sé qué, ocupé con ella la plaza de mi pueblo y seguí construyendo para hacer más grande eso, lo que fuese eso: cada vez más y más grande. No sabía qué podía ser, salvo que era grande, podía subirme encima y me subí: seguía mi labor desde allí, no paré hasta ver pequeños los pájaros, la gente, las nubes, los aviones, las azafatas de los aviones me saludaban al pasar, al parecer me había convertido en una celebridad, no, eso no, deliro: pero es que una me enseñó las pechos. Salí del país, del continente, vi la tierra y el mar, se separaban debajo y yo era un Moisés geoestacionario, no por nada, es que los satélites geoestacionarios circulaban como locos a mi alrededor, arremolinándose como moscas en el frío verano de las playas del espacio exterior, la línea de costa del cosmos, pero no había dúplex ni resorts, menos mal, ¿menos mal? La Tierra y el Sol, con mayúsculas, por ejemplo: una vez vi una escena parecida en Superman, pero yo prefería pensar en satélites, todo menos heroico y más mecánico: podía haber sido uno de ellos, pulular como una mosca programada por ahí arriba y emitir zumbidos hacia abajo, burlarme de mis receptores, ronronear en el regazo de sus máquinas, también hacia el sol, a ratos, pero decidí seguir mi camino, seguir con mis ladrillos, no podía parar, ¿por qué iba a hacerlo, si tenía la opción de seguir subiendo incluso hasta ese punto en el que subir o bajar son la misma cosa, dos correas para el mismo perro, los dos pechos de la misma azafata, pechos que brincan a mi paso, que vibran a cámara lenta en mis noches más calientes? A un lado o al otro ya no era más que continuar o dejarlo y dejarlo era de idiotas, así que seguí añadiendo ladrillos, cociendo más y más

narrativas
© „El Hombre elefante“ de José Óscar López

pedazos de mi alma para hacer ladrillos con ellos, tenía alma para rato, no acababa de sacar pedazos nunca, una suerte de reino de Jauja, maná moral cayendo del cielo de mí mismo, y hablando del cielo: pasé Marte y Júpiter y después Plutón, ese pobre, estúpido ex-planeta. Ahorraré detalles: llegué al fin del universo y vi el rostro de Dios padre. No, no el rostro de Dios. Vi el final. No hay final. Quiero decir que empecé otra vez de cero. ¿Hola? ¿Alguien ahí? En mi pueblo me miran raro, mientras cuezo ladrillos, después de saludar: me queda alma para rato. Empiezo la ascensión aunque esta vez quizás me quedé a esta parte de la órbita geoestacionaria, orbitando aquellos fulgurantes senos que entreví una vez, dedicados para mí, que la azafata guardará esta vez para sí misma, acaso ya en la otra parte del planeta, en las mismas antípodas. Por lo que tengo una idea: sigo excavando, pero también ahora en la tierra. Construyo un túnel, no, un túnel no. ¿Aparecería en Nueva Zelanda, vería algún día el rostro verdadero de mi alma? Ya fuera de bromas, ¿existe Nueva Zelanda?

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José Óscar López

narrativas

R A S C A C I E L O S ?

Recientemente instalaron un nuevo ascensor en el edificio; el anterior se atascaba cada dos por tres y subir hasta el octavo piso suponía un gran esfuerzo. El día que lo estrené, descendiendo hasta la planta calle, sucedió que primero me creció el pelo (cuando ya era calvo hacía un par de años), luego noté en la cara acné juvenil y finalmente, justo cuando el ascensor se detuvo, me encontré babeando, a cuatro patas y con pañales. Desconcertado, alcé la cabeza hacia arriba y los botones quedaban altísimos. Ante la ausencia de vecinos, tan sólo pude gatear escaleras arriba con la suerte de que ya en el primer piso, me crecieron los dientes y en el segundo, aunque inestable, mi cuerpo se enderezó. Ahora voy por el piso setenta, ayudado por un bastón.

David Moreno Sanz

Millás no escribe nada bueno

Hacía tiempo ya que me sentía mal. Al principio fueron síntomas sin importancia: dolores de cabeza, tos, molestias en el cuello. Luego empecé a encontrarme peor: me dolían las tripas, vomitaba, me temblaban las piernas y veía el cielo gris todas las tardes. Y los domingos se me caían las cosas de las manos. Después vinieron las pesadillas y el insomnio, las supuraciones, la hipertensión y hasta la halitosis; empecé a perder pelo y las uñas dejaron de crecerme. Entonces decidí leer a Millás, pensando que me ayudaría. Sabía que él habitaba un mundo donde nada es lo que parece, lleno de fantasmas y de dolores lumbares, de vértebras desencajadas tras el primer sueño, de suegras muertas que se aparecían… No me fue bien y, además, me aficioné al gintonic. En sus textos hablaba de psicoanalistas y psiquiatras. Ahí debe de estar la solución, pensé. Escribí a su editorial y pregunté cuál era el suyo. Dirección, teléfono y tarifa, dije. Me lo contaron todo. Fui un miércoles por la mañana. Me recibió una señorita con orejas grandes y desnuda de cintura para abajo, con un cartel colgado de la blusa: no creas siempre lo que tus ojos digan. Nada es lo que parece, y más abajo doctora Lucía Martín. Me acomodé en el diván. Vengo de parte de Millás, le dije al otro médico; y luego les conté el problema.

narrativas

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Todo empezó hace unos doce años, dije. Dolores de cabeza, molestias en el cuello. Y así hasta hoy, los nervios, la hipertensión, la caída del cabello, los vómitos o la halitosis. Su problema es que se empeña usted en ver la realidad, me dijo. Cierre los ojos. Imagine que su mujer le quiere. Que su trabajo le hace feliz. Que sus hijas le consideran un buen padre. Imagine que España es una república con políticos capaces, que la justicia cumple, que la vergüenza existe, que la escuela pública es reconocida como se merece, que la iglesia hace lo que debe y que el mundo gira cada día seguro de sí mismo, camino de un futuro mejor. Ya lo veo, dije. Entonces conserve esa imagen y no abra los ojos mientras se los sacamos. Entró a la sala la misma señorita que me había recibido (lo supe por el olor) y me arrancó los ojos mientras me susurraba cosas bonitas al oído. Ahora verá sólo lo que quiera, dijo. Se sentirá mejor. La próxima semana le extirparemos los oídos. Y a la otra le prohibiremos la lectura. A partir de entonces, dijo mientras cogía mi dinero, será, sin duda, el hombre más feliz del mundo. Debí haber escuchado los consejos de mi padre. No leas a Millás, me dijo. No escribe nada bueno.

Natxo Vidal

SANTI MORDAZ
Santi Mordaz fue el tipo más cabrón que pisó la faz de la Tierra. No exagero. Soy justa en mis palabras. Encontrar en El Mordaz un resquicio de bondad, era como buscarle pelo a las ranas; una tarea con vocación de fracaso. Llegó al mundo dos meses antes de lo esperado, luchando contra no se sabe qué y arrancándole las lágrimas que le quedaban por llorar en vida a su joven madre. Tan desmedida era su ansía por destruir que a los pocos días del precipitado alumbramiento, fue imposible darle de mamar. La voracidad con que lo hacía destrozó los pechos de su madre. No fue lo único que le consiguió arrebatar. El niño pasaba las noches desafiando a Morfeo, gritando a pleno pulmón contra la oscuridad que le robaba el día. Una guerra que agotó las fuerzas de una madre presa por existir las veinticuatro horas que él deseaba poseer. Ni médicos ni hierbas milagrosas consiguieron apaciguar el alma inquieta de Santi Mordaz. Sólo le divertía dar patadas a diestro y siniestro, romper los objetos de la casa y hurgar bajo las faldas de sus hermanas. No jugaba con nadie porque no había niño en el mundo capaz de soportar su mezquindad. Tampoco le quitaba el sueño.

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(EL HOMBRE MAS CABRON QUE PISO LA FAZ DE LA TIERRA)

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El tiempo pasó y la crueldad de Santiago creció. Robaba a los ancianos, abusaba de las niñas, empujaba a las viejecitas cuando paseaban por el parque, pegaba a niños más pequeños en el recreo y apaleaba a los perros. Su cabecita ingeniaba sin descanso una barbaridad detrás de otra. Le era más fácil maquinar, que respirar. Como todos los hombres de mala voluntad, consiguió con poco esfuerzo llegar dónde se propuso. Comenzó comprando las tierras de los lugareños que tenían dificultades para salir adelante y necesitaban, desesperadamente, el dinero. Las largas sequías facilitaron su desenfrenado empeño. Poco a poco los vecinos fueron vendiendo sus propiedades hasta que Santi Mordaz se hizo dueño y señor de todo el pueblo. Un poder que le permitió manejar y humillar a su antojo. No había vecino que no le debiera un favor, dinero o sudor. Su codicia no conocía sosiego ni fin. Jamás despreció la oportunidad de enriquecerse con las desgracias ajenas. La fama que le precedía no abarcaba -ni por asomo- la maldad de su alma. Incapaz de amar a ninguna mujer, contaba sus bastardos por docenas. La vejez fue mermando las fuerzas de Santiago y acrecentando la negrura de su alma hasta que un día la enfermedad le abrazó. Aunque viejo y malhumorado, siguió hundiendo y vejando a sus anchas. Nadie quería hacerse cargo de él pero las innumerables

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deudas contraídas por sus vecinos, solucionaron el problema. Un día le cuidaba uno, otro noche otro y así hasta que los favores se pagaron. Entonces, sólo el médico del pueblo trataba con Santiago. Pero un día se produjo la gran noticia: Santi Mordaz tiene un pie en el otro barrio. La alegría corrió en forma de botellas de vino por las calles del pueblo hasta bien entrada la madrugada. Todos querían comprobar que –efectivamente- Satanás reclutaba en su ejército a aquel maldito cabrón. La habitación del moribundo se fue llenando de gente asustada que contenía su alegría esperando desatarla en el momento que se anunciara la ansiada defunción. Santiago se fue de este mundo escupiendo y maldiciendo a todo bicho viviente. La vida le acompañó hasta que ninguno de los presentes en aquella habitación, pudo sonreír sin sentir la presión de la culpa estrangulándole las entrañas. Como haría un verdadero cabrón. Estaban seguros de que Santi Mordaz habría ido derechito al Infierno; o algún sitio peor. Nadie tenía ganas de encontrarse con él de nuevo. Los vecinos comenzaron a enmendar sus desavenencias, a ayudarse sin interés alguno en ser recompensados y en definitiva a hacer el bien a destajo. La Iglesia del pueblo se llenaba hasta en los días de diario y el amor y el respeto acompañaban las vidas de todos los que le conocieron. Ninguno quería tener un solo ápice de maldad e ir por ello al Infierno. Así que allá donde estés Santi Mordaz, te digo que tu mal de nada sirvió y sólo bien causó. Una verdadera faena para alguien que empeñó su vida en ser recordado por un mérito que jamás fraguó. Orgulloso de ser el hombre más cabrón de la Tierra viajó al Infierno dejando la estela de amor más maravillosa del Planeta.

Vega Cerezo

© Rocío Segado del Olmo

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AUTODEFINIDO

1984. The Doors. Izquierda Unida. Eduardo Lago. Confederación General del Trabajo. 1.100 euros al mes. Periodista. Cerveza fría. Soltero. El show de Truman. El Principito. Ateo. No me gustan las etiquetas.

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En apenas 10 minutos y después de varios golpes de teclado borró su identidad para siempre. Había decidido eliminar su correo de hotmail, su cuenta en badoo, su perfil de twitter y facebook. Vacío de contenido, vacío de vida 2.0 y de esperanza, aquella mañana se arrojó naturalmente desnudo al mundo. Había decidido retomar su vida. Fue más fácil de lo esperado. ÁLVARO PINTADO GONZÁLEZ

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DESHEREDADOS

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Míralos. Ahí están otra vez. Agitando sus pancartas y gritando sus proclamas. Papá dice que no hay que hacerles caso. Que debemos ignorarlos, hacer como que no existen. Papá también dice que no sabemos la suerte que tenemos de ser hijos de quien somos. Desde hace un tiempo, he empezado a interesarme por ellos. Muchos han estado en la cárcel. Papá dice que son peligrosos. Otros llevan meses durmiendo en tiendas de campaña, en la calle, y algunos ciudadanos les llevan conservas y fruta, o los restos de la comida de ese día porque les tienen lástima. Otros ciudadanos no son tan buenos con ellos. Les tiran monedas antiguas y les gritan que las recojan. Se burlan de ellos y les dicen que ahí tienen su dinero. A mí me dan pena. A papá no. Él lo llama justicia poética.

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Se supone que ellos gobernaron antes que nosotros. Eso es lo que cuenta papá, aunque a mí me extraña que esas personas hayan mandado alguna vez sobre nada. Son pobres. Visten harapos. Huelen mal. Siempre están de mal humor o gritando o llorando a lágrima tendida en la tele, mientras la policía los echa de sus casas. Papá los llama banqueros y también cerdos, además de otro montón de palabras feas más, que me da vergüenza repetir aquí. Papá dice que son cosas de mayores, que ya lo entenderé. Según el profe de historia, no fue fácil quitarles el poder. Tenían leyes que los hacían intocables, como los superhéroes de los dibujos. Vestían trajes y corbatas de seda y viajaban en limusinas, mientras el resto del mundo los miraba pasar con envidia. Ahora viven en la calle y no se les deja entrar en ningún sitio. Personas non gratas, los llama papá. La mayoría de ciudadanos pasan por su lado sin prestarles la más mínima atención. A papá le preocupa que ahora se estén organizando, que agiten pancartas y griten que les devuelvan lo que era suyo. Papá dice que, simplemente, no hay que hacerles caso. Que debemos ignorarlos, hacer como que no existen.

Eric Luna

15 de Agosto
Por esos misterios de la ginecología, algunos partos se adelantan días, o incluso semanas. Otros, sin embargo, se atrasan, alargando los nueve meses de gestación hasta duraciones que ninguna mujer en su sano juicio desearía. Este último fue mi caso, provocando un enfado mayúsculo en mi padre que mi madre tuvo que aguantar. Mi padre, como la mayoría de los trabajadores de principios de los años ochenta, tenía apenas dos semanas de vacaciones, que apuraba al máximo tostándose panza arriba, panza abajo, en alguna playa del Mar Menor. En 1982, a pesar de que el embarazo de mi madre se acercaba a los 10 meses, decidió alquilar un apartamento para la segunda quincena de Agosto. Así que, una vez cargado el utilitario familiar de todo lo necesario y lo innecesario, mi familia (formada por mis padres, mis dos hermanas y la barriga de mi madre) llegó a la casa de la playa en la mañana del Domingo 15 de Agosto. Por esos misterios de la ginecología, mi madre se puso de parto justo al entrar en las caldeadas aguas de la laguna litoral. Mi padre montó en cólera por su mala suerte y ordenó a mi madre que pariera allí mismo, que él no cogía el coche hasta el atasco del día 31. Ella, disciplinada y con pocas ganas de volver a la ciudad, optó por la opción de parir en el agua, siguiendo el método que había leído en un libro sobre el embarazo que le prestaron en la parroquia (curas progres haciendo de las suyas).

narrativas

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Así que nací pez aquella mañana soleada del 15 de Agosto. Mis pequeños pulmones no notaron apenas la diferencia entre el líquido amniótico maternal y la oleaginosa materia en la que flotaba minutos después. Aquellos primeros instantes lloré agua salada y mis pequeños ojos se fueron acostumbrando poco a poco a la luz que la superficie acrisolaba. Tras el parto, mi madre se fue a descansar a la orilla, donde mi padre apenas se movió de su esterilla para preguntar si había sido niño o niña. Mis hermanas mayores se ocuparon el resto del día de mi cuidado, mientras jugaban con su pelota Nivea o se comían el bocadillo de tortilla de patatas. Yo, mientras, nadaba temeroso entre sus piernas y me alejaba de los amenazantes domingueros, cuyos gritos estridentes asustaban mis primeras horas de vida. El día de mi nacimiento fue, poco a poco, terminando y hasta mi padre, cuyo color rojo era la envidia del resto de veraneantes quincenales, aceptó que teníamos que abandonar la playa. Cabizbajos como un ejército derrotado, dejamos

©‘Planet‘ de Marc Quinn

aquel paraíso ardiente y lleno de algas en dirección al lecho arrendado. Mi madre, que me vio muy adaptado al medio marino, me metió dentro del cubo de plástico de mis hermanas, donde compartí espacio y agua salina con los caballitos de mar que ellas habían pescado. Al día siguiente, tras el copioso desayuno a base de churros, mi familia volvió a atrincherarse en la primera línea de playa, y yo nadé libre del cubículo de plástico donde había pasado mi primera noche. Día a día fui cogiendo confianza en aquella bañera de agua salina y mis hermanas compartían su merienda conmigo cuando mi madre no recordaba darme de mamar. Los otros veraneantes también se acercaban y acariciaban mi cabeza pelona bajo el agua. Yo, al principio desconfiado, aprendí de los caballitos de mar a jugar entre sus piernas y de las medusas a irritar sus tobillos. Las algas eran la almohada donde dormía la siesta y los pocos peces que se acercaban a la orilla me hacían reír al rozar mi espalda. Incluso mi padre, que refrescaba sus quemaduras de tercer grado en el agua estancada, se sumergía durante segundos para hacerme gracias. Aquella era toda la vida que yo conocía cuando el día 31 atardeció y tuvimos que abandonar nuestro campamento marmenorense. Mi madre, que había retrasado el momento hasta ese día, me sacó por fin del agua y tosí aire por primera vez en mi corta vida.

narrativas

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El llanto que aquella nueva y seca realidad me arrancó no cesó hasta llegar a Murcia, que nos esperaba hosca y candente como una ciudad arrasada por las bombas. Mientras mi padre enfilaba con nuestro SEAT 127 las últimas curvas del Puerto de la Cadena, mi tierna mente no podía dejar de pensar en ese sabor a sal marina que desde entonces he asociado a los primeros días de mi existencia.

BASILIO PUJANTE CASCALES

INT ER VALO S
Solo Amigos

transiciones

Aunque tenían muchas cosas en común les faltaba ese algo para ser pareja.

transiciones

La impotencia del francotirador

Aunque seguían apuntándonos, ya no tenían dinero ni para balas.

Manuel Rebollar

PAU SIF

Viatger que s ´extravia

perversiones

perversiones

El poeta valenciano Pau Sif (La Pobla de Farnals, 1978) es profesor de literatura catalana en la Universidad de Zadar (Croacia) y ha publicado cuatro libros de poemas en catalán: Ferralla (1997), Tríptic d’un carrer (2005), Viatger que s’extravia (2010) y Breakfast at Saint Anthony’s Market (2011). También ha traducido poesía italiana, serbia y croata. Publica el blog Viatger que s’extravia (http://pausif.blogspot.com/)

Jardí vora L’Adriátic
A Nikola Vuletić
Se rompía la paz blanca de las nubes
MARIA BENEYTO

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En banyador caminem lentament per un jardí d’oliveres i d’illes. Encara amb els cabells humits, els peus nus sobre les pedres i els pits al sol. Parles, potser, del nom del lledoner o d’algun peix en el parlar eslau empeltat del llatí que escampa el vent, mentre mengem grans de raïm sucosos com ja van fer els teus avantpassats nascuts súbdits d’aquell emperador. Mire el canal. Ara el sol daura l’illa, suren llaüts d’antenes despullades, palangres vells de garfis rovellats, i ferris blancs d’adusta parsimònia. Al jardí hi ha gesmils i buguenvíl•lees, llimeres, tarongers i un magraner, i molts rosers de colors que plantàveu la teua mare i tu, mentre del cel, em dius com si res no haguera passat, no plogué el rec, sinó llavors de foc.

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Jardín junto al Adriático
Se rompía la paz blanca de las nubes
MARIA BENEYTO

A Nikola Vuletić

En bañador caminamos, pausados, a través de un jardín de olivos e islas. El pelo aún mojado, los pies desnudos sobre los guijarros y el pecho al sol. Hablas, quizás, del nombre que el almez, o algunos peces, tienen en tu habla eslava con brotes del latín que esparce el viento, mientras comemos uvas jugosas como ya hicieron tus antepasados nacidos bajo aquel emperador. Miro el canal. El sol broncea la isla, flotan laúdes de entenas desnudas, viejos palangres, garfios herrumbrosos, ferrys blancos de adusta parsimonia. En el jardín, jazmines, buganvillas, limoneros, naranjos y un granado, y tantos rosales que con tu madre plantabais, mientras del cielo, me dices como si nada hubiera sucedido, no cayó agua, sino semillas de fuego.

Mandaments
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa JUAN GELMAN

perversiones

(no) impostaràs la veu de l’exili. (no) falsaràs l’amor de lluny. (no) invocaràs temples grecs que ignores. (no) furgaràs en les penes de frontera. (no) ignoraràs que tens vols més o menys directes. (no) fliparàs alienat quan es ponga el sol per on no toca. (no) increparàs el país inexistent que t’expulsa. (no) farciràs de cites els poemes. (no) intricaràs el camí de tornada. (no) fendiràs amb sagetes les veles del navili.

perversiones

Mandamientos
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa JUAN GELMAN

(no) impostarás la voz del exilio. (no) falsearás el amor de lejos. (no) invocarás templos griegos que ignoras. (no) hurgarás en las penas de frontera. (no) ignorarás que tienes vuelos más o menos directos. (no) fliparás trastornado cuando se ponga el sol por donde no toca. (no) increparás al país inexistente que te expulsa. (no) llenarás de citas los poemas. (no) intrincarás el camino de regreso. (no) hendirás con saetas las velas del navío.

Trajecte Enésim
Calcules una altra vegada la distància, mil sis-cents setanta set quilòmetres. No hi ha vols directes. I ve el dia que el camí es fa rutina, i s’acumulen aeroports com qui ajunta boques de metro. El paisatge mediterrani, apenínic, alpí, càrstic, mediterrani i viceversa, és una nebulosa entre becades, lectures, hostesses i mp3 en random. Quan arribes estàs content de ser en un dels dos punts del trajecte i enyorat de no ser en l’altre i ajoques el cap com la mula que roda la sénia al cercle etern i poues de l’ullal un broll de versos i copses la magnitud del drama del pèndol.

perversiones

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Enésimo Trayecto
Calculas de nuevo la distancia, mil seiscientos setenta y siete kilómetros. No hay vuelos directos. Y llega el día que el camino se torna rutina, y se acumulan aeropuertos como quien colecciona bocas de metro. El paisaje mediterráneo, apenínico, alpino, cárstico, mediterráneo y viceversa, es una nebulosa entre sesteos, lecturas, azafatas y mp3 en random. Cuando llegas estás contento de estar en uno de los puntos del mapa y añoras no estar en el otro y agachas la cabeza como la mula que gira en la noria, en el círculo eterno, y sacas del manantial un chorro de versos y percibes la magnitud del drama del péndulo.

dímelo en la calle

„YOESTUVE AQUÍ GRAFFITI BROADCAST ITSELF“ Calle Mariano Padilla. MURCIA

© by Álvaro

„LOS LOCOS SE RÍEN DE LOS SABIOS“ Calle Bermeo, 2. VIZCAYA

© by Álvaro

dímelo en la calle

Avenida Juan Carlos I. MURCIA

„REPITE EN VOZ ALTA: EL HAMBRE NO ES CULPA MÍA“ Calzada de San Pedro. SANTIAGO DE COMPOSTELA

© by Basi „AQUÍ ME HICE UN HOMBRE“

© by Álvaro

Wislawa Szymborska: Fin & Principio (In memoriam)
a Uds. Eres y por eso pasas. Pasas, por eso eres bella.

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Descubrir un poema tarareado: Nada sucede 2 veces... ni va a suceder. Encontrar que hace mucho, otros ya hablaban de la posibilidad: Imaginan que como antes no se conocian/no habia sucedido nada entre ellos. Y lo hacen, una vez más, cuando ya todo es imposible: La Muerte... Lo ya vivido no se lo puede llevar. Para volver a perderse en el marasmo, a veces, necesario: En dónde me metí, en dónde me enterré, en verdad no es un mal truco perderse a una misma de vista. Permanecer, entonces o renacer, por “ejemplo”: La tormenta arrancó anoche todas las hojas del árbol, menos una de ellas, dejada para que se columpiara sola en la rama desnuda. En este ejemplo la violencia demuestra que sí, que en ocasiones le gusta bromear. Concebir la casualidad o no de todo esto y saber que pudimos ser otros: casualidad inconcebible como todas las casualidades. //Pude haber sido alguien mucho menos personal. Tener tiempo, aún, de una última enseñanza en forma de parábola: Ni demasiado tarde ni demasiado lejos... “Aqui” está en todos lados. Descansar todo en paz en la plácida luz de la mañana: No le faltan encantos a este hermoso mundo ni tampoco amaneceres para los que merece la pena despertar. Al final, todo es “fin y principio”: En la hierba que cubra/ causas y consecuencias/seguro que habrá alguien tumbado,/con una espiga entre los dientes,/mirando las nubes.

Y sabernos así, como una senda abierta, encontrada entre estas palabras: Ni siquiera imaginan/cuánto hay en sus manos vacías. O entre los restos del naufragio: Todo principio no es mas que una continuación,/ y el libro de los acontecimientos/se encuentra siempre abierto a la mitad. PD: y sentir su alma en la voz alzada: La alegria de escribir/La posibilidad de eternizar/La venganza de una mano mortal.

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© César Sebastián

NOTA: la cursiva pertenece a versos de diferentes poemas de Wislawa Szymborska (2-VII-1923/1-II-2012): poetisa, ensayista y traductora polaca, Premio Nobel de Literatura 1996. Compartidos, de alguna manera, (blogs, publicaciones, mensajes, recitales... etc.) con varias “Wislawas” (¿casualidad?) tras saber de su muerte. Dziękuję! por hacer posible y hacer crecer este “Ensayo sobre la ceguera”, este “Fin”...

FERNANDO H.

LA HORA DE LOS PERDEDORES U

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n hombre finge asfixiarse en los restaurantes para conseguir el dinero con el que pagar la estancia de su madre en un psiquiátrico. Otro excéntrico y repugnante treintañero vive a costa de su progenitora, padece problemas intestinales y cree luchar contra el mundo escribiendo desde su habitación. Dos hermanos, de clase acomodada, el uno investigador sin demasiada vida social y el otro, obseso pornógrafo, con una vida anodina y con absoluta incapacidad para amar, se reencuentran en plena madurez. ¿Qué pueden tener en común estos cuatro personajes? Pues seguramente que si fueran personas reales, tus vecinos, tus compañeros de trabajo o parte de tu familia, los odiarías profundamente. De hecho, cuando cierras los libros de los que son protagonistas, echas la llave a las palabras que dibujan su mundo y vuelves a tu realidad, sientes algo de alivio: durante páginas y páginas, la repugnancia, el sentido del ridículo y el odio hacia ellos, han ido de la mano de la obsesión por saber cuál será el final destinado para ellos. Víctor Mancini es el protagonista de Asfixia, novela de Chuck Palaniuk, al que quizá recuerden por ser el autor de El club de la lucha. Se trata del retrato de un personaje que alcanza la más absoluta humillación en busca de algo que dé sentido a sus vida. Hijo de una madre fugitiva que hizo de su infancia una anarquía de huidas y despropósitos, Víctor se ha convertido en un adicto al sexo que

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trabaja en un parque temático del siglo XVIII. Fracasado como médico y como persona, consigue el dinero que le cuesta la estancia de su anciana madre en un psiquiátrico fingiendo atragantarse con la comida en restaurantes de lujo. Su vida gira en torno a las visitas que realiza a su madre intentando averiguar su origen, las relaciones sexuales que mantiene con las asistentes a terapias para adictos al sexo, las conversaciones con Denny, su único amigo (un masturbador crónico que sólo encuentra el sentido de su vida llevando piedras a casa) y la relación que establece con Paige Marshall, la doctora de su madre. Narrado con un punto de locura y excentricismo, con un tono ácido y directo, Víctor Mancini y el resto de personajes que le rodean, son personas solitarias, nerds en un mundo caótico que no es más que un psiquiátrico en el que todos intentan encontrar su sitio. Por su parte, los protagonistas de Las partículas elementales, novela del siempre excéntrico Michel Houllebecq, son Michael y Bruno, dos hermanos abandonados por su madre que desarrollan vidas completamente diferentes: investigador científico uno, pervertido sexual el otro. Todo les

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© César Sebastián

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cambia cuando ambos encuentran el amor y aunque la vida parezca empezar a sonreírles, el destino todavía les guardará una mala pasada, que no vamos a desvelar aquí. Narradas sus historias de forma paralela, las dos presentan el rasgo común de pertenecer a ese grupo de personajes que se conforman con dejar la vida pasar en busca de no se sabe qué. La libertad sexual, la frustración, la soledad, Jimi Hendrix, la llegada del hombre a la luna, las relaciones humanas…es decir, todo un fresco de la sociedad de los 60, época en la que todavía creíamos que el hombre podría cambiar las cosas; sin embargo, el mensaje de Houllebeq es tan desencantado como las vidas de sus personajes: el ser humano está abocado al fracaso. El último de esta lista de perdedores es Ignatius J. Reilly el más repugnante de todos pero, también por ello, el más interesante: el protagonista de La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, es un excéntrico y despreciable hombre convencido de ser un sabio ignorado y vilipendiado por el mundo: “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él” es la cita de Jonathan Swift de la que parte J. K. Toole para configurar a este personaje, una mezcla entre don Quijote, Tomás de Aquino y Homer Simpson, obeso y esperpéntico, en un mundo, la Nueva Orleans de los años 60, que aparece en su versión más grotesca y satírica. La genial novela, ácida, divertida, inteligente y triste a la vez, es una crítica feroz y burla despiadada a la sociedad americana de su tiempo, algo que no resultaría original si no fuera por la hilarante figura de Ignatius, el antihéroe convencido de poder salvar al mundo pero que no puede evitar ser totalmente despreciado, incluso por el lector. Cuatro personajes de tres novelas diferentes que nos presentan una visión de la vida y del ser humano esperpéntica y burlesca. No estamos ante ninguna novedad en la historia de la literatura, desde el Satiricón de Petronio, pasando por la novela picaresca sin olvidar al

Caballero de la Triste Figura, son los fracasados quienes, a través del humor, la burla y la sátira, han creado las grandes historias de la literatura, aquellas que nos hacen reír y llorar, por nosotros y por el mundo que nos rodea.

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Y este siglo XXI, tan acostumbrado a la blancura inmaculada de lo políticamente correcto, tan a la búsqueda de novelas que recreen el tópico del didactismo y la falsa ética de una sociedad en busca de la perfección moral, no está de más que nos detengamos, por un momento, en mirar a estos personajes, leer sus aventuras y sentir que el hombre, por esencia, hace demasiadas veces el ridículo. A veces, también a los perdedores les llega su hora.

Mari Cruz Gallego Ruiz

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© Javier García Herrero

Persona lidades a tra ves del celuloide Actua lidad del biopic
antiguo, tanto artistas como escritores han tratado de dar forma a la vida de héroes, próceres y otras celebridades, pues, se entendía, la historia es Magister Vitae y sus figuras sobresalientes, ejemplos a seguir (o no). Al ejercicio cinematográfico equivalente se le conoce con el anglicismo de biopic. Consiste en llevar a la pantalla la vida de un personaje destacado y ha existido-imagino-desde que el cine es cine, aunque se adapta muy bien al formato del telefilm. ero tengo la impresión de que, en los últimos tiempos, este producto está ocupando un mayor espacio de las carteleras. Pienso en J. Edgar, de Clint Eastwood; The Iron Lady, de Phyllida Lloyd; en la ya no tan reciente, Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant; o en la que se prepara sobre Alfred Hitchcock. Existen, además, películas que, si bien no se ajustan a la reconstrucción biográfica del biopic, comparten un mismo interés por acercar al espectador a la intimidad de la historia, como sendas dobles entregas dedicadas, respectivamente, al Che, por Oliver Stone, y a Jacques Mesrine (el conocido bandido de la Francia de los setenta), por Jean-François Richet. Es este mismo aspecto intimista el que reencontramos en las recreaciones de momentos trascedentes de la historia, como en El hundimiento, de Oliver

Desde

telefunken

P

telefunken

Hirschbiegel, en Un método peligroso, de David Cronenberg, y también, pues no menos trascendente ha sido lo que ahí se cuenta, en La red social, de David Fincher.

mo megalómano, al intento por “reencarnar” el mito, sea el gran político o el gran héroe, y, por ello, a contarnos su epopeya; relatarnos su ascenso y su caída, con no poco riesgo de caer en la hagiografía. Además, como se me ha hecho notar, esta megalomanía no es ajena a la elección del “reencarnante”, a saber: la starlet de turno encargada de revivir al mito (en el caso de Bruno Ganz, al monstruo), sea Meryl Streep, Viggo Mortensen, Sean Penn o Leonardo di Caprio. Pero, como decimos, quizá esta proliferación nazca de un interés por conocer las bambalinas de la historia o por recontarla desde ese ángulo.

Todas estas producciones no son ajenas a cierto áni-

© César Sebastián

sí, vemos las contradicciones de Jung y el enredo psicopático de su amistad con Freud; las miserias cotidianas de los últimos días de Hitler, pero también repasamos la historia, muy complaciente a mi juicio, de Margaret Thatcher desde su intimidad crepuscular y demente, o los secretos del dueño de todos los secretos de la América contemporánea. El

A

anecdotario, la recreación de la épica del personaje (del que lo merezca) suelen devorar la narración, por eso, la mayor parte de las veces, aprecio como espectador el aspecto documental, pero, a su vez, lamento el peaje que el guion paga a la Historia.

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i experiencia con La red social fue, sin embargo, muy distinta. La película nos confirma que Facebook se gestó en las malolientes habitaciones de unos universitarios, que Zuckerberg probablemente nos caería antipático, y que se aprovechó (o traicionó) a propios y extraños aunque fue más lúcido que ninguno. Pero la magia de este film es haber hecho de todo este material, propio de American Pie o de Scary Movie, un thriller excelentemente narrado a través de los sucesivos juicios a los que se enfrentó el “creador”

M

telefunken
© César Sebastián

de Facebook. De este personaje, Fincher hace algo más que el friki informático y sociópata: vemos que esta invención revolucionaria representa el triunfo de unos muchachos inmaduros a cuyo infantilismo han acabado en cierta manera por someter el mundo, pero también-y esto es lo que ilustran los últimos fotogramas de la película, con un Zuckerberg ac-

tualizando vanamente la pantalla- el vacío a la que ha conducido el prodigio que ha revolucionado la comunicación. Y así Fincher en lugar del mero biopic de Zuckerberg nos construye un emblema de nuestro tiempo.

TONI RIVAS

despensa melódica

Marineros, ballenas, profetas y… Vinicio Capossela
por JULIO RÓDENAS Un coro estremecedor e hipnótico anuncia el comienzo de un prometedor recital. La luz tenue del escenario de los madrileños Teatros del Canal deja vislumbrar el armazón óseo del vientre de una ballena, y dentro, como si el monstruoso cetáceo la hubiera engullido, una elegante orquesta, ataviada con las vestimentas de una tripulación inglesa del siglo XVIII. Descubrimos un contrabajo, batería y percusiones, trombón, caracolas, guitarra, harmonium, marimba, theremin y otros artilugios fantásticos. Y en el centro, un piano timoneado por el capitán de la dotación, Vinicio Capossela, el marinero errante de los océanos sonoros. Esta vez, el italiano se ha embarcado en una arriesgada aventura en forma de disco doble para albergar sus inquietudes musicales y literarias. El resultado es una especie de ópera, un espectáculo teatral bautizado como Marinai, profeti e balene, por donde desfilan personajes mitológicos homéricos, el leviatán que se tragó a Jonás y el metafóricamente político de Thomas Hobbes, sirenas, pulpos amorosos y las historias marinas de Joseph Conrad y Herman Melville. Pero el tropel de referencias no se nos atraganta. Como si fuéramos el famoso leviatán Moby Dick, los espectadores vamos engulliendo y digiriendo poco a poco las historias y símbolos que Capossela traslada al escenario en forma de canciones de piratas, swing, bolero, calipso, hermosas piezas construidas sobre piano y cuerdas, y, por supuesto, reminiscencias a su admirado Tom Waits;

despensa melódica

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de hecho, no faltaron momentos en el escenario en los que el italiano recordaba con sus movimientos al compositor de Rain Dogs. Sin embargo, en honor a la verdad y al margen de influencias, Vincio demuestra una personalidad propia arrolladora, lo que nos lleva a formular la siguiente pregunta: ¿quién es realmente Vincio Capossela? Los adjetivos para describir a este músico oriundo de Alemania pero de padres italianos –no importa lo que ponga en su carné, la identidad de Vinicio está totalmente vinculada al país con forma de bota- son interminables: poético, cinematográfico, teatral, ecléctico, mediterráneo, soberbio arreglista… pero, por encima de todo, arriesgado y personal. Ya en su debut en 1990 con el álbum All’una e trentacinque circa, demostró su interés por la cultura beat americana, pero también por las raíces de los sonidos que pueblan las costas mediterráneas y los grandes nombres propios italianos, como Renato Carossone y Louis Prima, prestando especial atención al vínculo entre la música y otras manifestaciones culturales como la pintura y la literatura. Con el paso de los años, las fuentes literarias van cobrando mayor protagonismo en las canciones de Capossela, cada vez más obsesionado con la mitología clásica –en algún momento el músico llegó a decir que más que el folclore de los países, le interesaba el mito-; el italiano empieza a aparecer en los escenarios ocultando su rostro con máscaras de toro, de Medusa o rodeado de otros monstruos mitológicos. A lo largo de los años noventa y con la llegada del nuevo siglo publica varios discos con los que el italiano logra alzarse como una de las voces más audaces de la música popular europea: Camera a sud –que incluye el tema más solicitado en sus conciertos, ‘Che coss’è l’amor’-, Il ballo de San Vito –álbum en el que Capossela cumple una especia de sueño al contar con el guitarrista Marc Ribot, colaborador habitual de Tom Waits-, Canzone a manovella y Ovunque proteggi.

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En estos trabajos Capossela echa mano de deliciosas mieles musicales: jazz, son cubano, bolero, sabores griegos, árabes y balcánicos, swing, blues… Todos esos sonidos que han dado forma a su obra vuelven a aparecer en el concierto madrileño de Capossela, que después de evocar a las sirenas con una delicada pieza al piano, se despide a bordo de un pequeño barquito de proa floreada, en el silencio de la oscuridad, alejándose lentamente de la costa, su público, para adentrase en alta mar, en cuyas profundidades volverá a bucear para encontrar un nuevo disco, un nuevo tesoro.

Diez canciones imprescindibles de Vinicio Capossela: 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. Che coss’è l’amor (Camera a sud, 1994) Medusa cha cha cha (Ovunque proteggi, 2006) Marajà (Canzoni a manovella, 2000) Il ballo di San Vito (Il ballo di S. Vito, 1996) Una giornata senza pretese (All’una e trentacinque circa, 1990) Tanco del murazzo (Il ballo di S. Vito, 1996) Con una rosa (Canzoni a manovella, 2000) Pryntyl (Marinai, profeti e balene, 2012) Zampanò (Camera a sud, 1994)

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10. Billy Budd (Marinai, profeti e balene, 2012)

ilustrados©Javier García Herrero

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©César Sebastián

ilustrados

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Sebastián

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