Historia de los antiguos mapuches del sur. Desde la llegada de los españoles hasta las paces de Quilín.

Siglos XVI y XVII.1 José Bengoa. CAPITULO 1: LA GENTE DE LOS RÍOS.2
Al sur del río Bío Bío la experiencia del agua es fundamental en la vida de los seres humanos. La lluvia es inseparable del sur de Chile. Llueve en invierno y en verano. El territorio está cruzado por ríos y a cada cierta distancia se encuentran lagunas y lagos. Desde muy antiguo los habitantes de estos parajes instalaron sus viviendas en los bordes de estos caudales, y formaron una 'sociedad ribereña'. La separación de las aguas de la tierra está en el origen mítico de la cultura mapuche. No se refiere, sin embargo, a un pasado olvidado y preexistente, sino a una experiencia cotidiana reiterada por la historia. Cada invierno, se podría decir, los habitantes del sur pueden observar la lucha mítica entre las culebras Caí Caí y Tren Tren. El cielo se llena de aguas que caen implacables sobre la tierra. Las vegas o tierras bajas se inundan y sólo quedan al aire las copas de los árboles o las puntas de los palos de los cercos. Los ríos se transforman en torrentes y nadie osa cruzarlos. Cada año Caí Caí trata de apropiarse del territorio y la salvífica, Tren Tren, logra que esto no ocurra. Las sociedades humanas construyen sus paisajes y los seres humanos que los habitan son influenciados por sus características y clima. No es comprensible la cultura mapuche sin la lluvia, largas tardes invernales junto al fuego, mientras el agua cae y el hombre espera. No por casualidad los mapuches hicieron del poncho su vestimenta característica, la que, por obvia necesidad, adoptó el criollo. La Historia de los Antiguos Mapuches no podría haber ocurrido en un lugar diferente. Está marcada por el ciclo vital de la naturaleza, de las montañas y el mar, por los desastres naturales y los terremotos, por el agua que por todas partes circunda la vida humana, por los ríos que cruzan el territorio en todas las direcciones. [43] 1. LOS HIJOS DEL SUMPALL

"Todos los historiadores nos describen a los indígenas de Chile como una nación de agricultores que vivían en caseríos reunidos a las orillas de los ríos con preferencia en las vegas dedicados al cultivo de sus tierras y al cuidado de sus ganados." Fray Jerónimo de Alberga Los mapuches no sólo fueron gente de la tierra, sino principalmente "gente de los ríos", leufuche, leufu, 'río'; che, 'gente', familias que vivían alrededor de los ríos3. Es la primera característica que resalta al estudiar esta sociedad antes de la llegada de los españoles, previa a la adopción del caballo, período extenso en el que se consolidó una sociedad agrícola en esta parte de Chile. Los ríos organizaron el territorio mapuche, lo trazaron, lo dividieron y también lo llenaron de vida y movimiento. Por los ríos surgieron las comunicaciones y sus aguas llenas de peces y seres maravillosos han permitido al ser humano alimentarse por siglos y siglos. En ese hábitat aprendieron a ser pescadores antes que agricultores. Comprender, sin embargo, el paisaje fluvial anterior a la Conquista no es fácil. Requiere de un gran esfuerzo de reconstrucción. Lo que hoy día son débiles arroyos fueron, hasta no hace mucho, ríos caudalosos. La Araucanía, al sur del Bío Bio, era un entramado intrincado de esteros, ríos y lagunas. A sus orillas se asentaron viviendas, en su entorno se organizó la geografía humana. Posiblemente el primer asentamiento humano en todas partes del mundo se produjo a orillas de ríos y lagunas. No es demasiado difícil imaginar las razones: necesidad de agua corriente, obtención de recursos, como los peces; la limpieza, la moderación de temperaturas que se da en los valles protegidos y la hermosura de los lugares. Ha habido culturas que han subido a los cerros y preferido las alturas. Muchas son las razones dadas por historiadores y antropólogos. Una muy sencilla y cierta es que la mayoría de las veces esos lugares altos han sido más sanos, menos proclives a pestes, a la existencia de alimañas, mosquitos, enfermedades de
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2003, Catalonia: Santiago. Pp. 43-62. 3 Inalaf es quien vive a orillas de un lago o el mar, siendo "inalafquen" o "inaleufu", la playa, la orilla, la ribera.

todo tipo, presentes en zonas calientes. Tampoco es menos importante el hecho de que las montañas han seducido espiritualmente al ser humano: subirlas siempre ha significado un acercamiento a lo divino. En el sur de Chile, la latitud y características del clima hacen que la vida alrededor de los ríos no ofrezca los problemas, enfermedades y dificultades propias de áreas más tropicales. Es por ello que el asentamiento lacustre y ribereño fue y es el lugar privilegiado de habitación humana4. [44] Los mapuches establecieron con las aguas una relación de reciprocidad. Ellas subían en invierno y bajaban en verano, permitiendo la utilización de vegas y llanuras para la agricultura. El largo periodo de inundación les otorgaba humedad adecuada cuando hacía calor, lo que permitía -y permite hasta hoy- gran fertilidad. Se estableció así esta particular relación entre la tierra, el agua y el hombre, que fue fundando la cultura del sur de Chile. El ser humano estableció relaciones con esa naturaleza viviente. En los ríos y lagunas, seres animados expresaron esta hermosa relación. El mito del Sumpall5, tan antiguo como Kai Kai Tren Tren, lo conocen todos los mapuches que viven en el campo. Me lo relató la primera vez, en Lanalhue, hace muchos años Don Juan Millabur de la comunidad de Elicura, un sabio conocedor de la cultura de los antiguos mapuches. "Usted sabe que aquí en el Lago vive un personaje muy importante, los mapuches le tenemos mucho respeto, Compadre Chumpalhue, le decimos, viene a veces por las niñas, se las lleva para adentro del Lago. Hace años atrás ocurrió, vino una niña de Elicura a pasearse por el Lago, en eso apareció un mozo y ella quedó encantada. Sus padres lloraban hasta que un día apareció, venía con una canasta de pescados, de pejerreyes de esos grandes del Lago, se los entregó a sus padres y les dijo, que no lloraran." El mundo de las aguas, ríos y mares está tan poblado de seres como el mundo de la tierra, de lo sólido del mapu; también el wenu mapu, el mundo de los aires, de los espíritus para decirlo en el lenguaje que conocemos. En esas aguas viven aves, animales, peces, plantas y mariscos de todos los tamaños y formas y seres maravillosos, tanto benéficos como peligrosos, con los que se está en permanente contacto. El territorio mapuche es un mundo animado, lleno de ríos que tienen vida, de piedras que recuerdan a personas que murieron en tiempos de las grandes inundaciones, de animales, pájaros y seres de toda naturaleza que expresan sentidos, comunican sentimientos. Esa maravillosa vitalidad de este lugar es lo que está en el origen y en la base de la cultura mapuche. No tomar en serio esta dimensión espiritual del territorio significaría no comprender nada de la historia de la sociedad [45] de los antiguos mapuches, nada del porqué de esta defensa impaciente de donde han vivido. 2. VlVIR EN LAS ORILLAS DE LOS RÍOS

En estos tiempos la vida se desarrolla en las orillas de los ríos. Las niñas van al agua todos los días a bañarse y a lavar sus ropas. Pasan horas lavándose el pelo con quillay. Nadando. No están ausentes las tragedias, y se sabe de personas ahogadas porque escucharon sonidos y voces maravillosas que las llamaban desde el fondo de las aguas6.
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La visita de las excavaciones de San Vicente de Tagua Tagua, invitado por el arqueólogo Lautaro Núñez y el paleontólogo Rodolfo Casamiquella, nos permite comprender de manera muy significativa lo que aquí estamos afirmando. En las riberas de esa laguna, hoy disecada, se encontraron enormes huesos de mastodontes junto a puntas de flechas, fogones e indudables vestigios de vida humana de hace más de diez mil años. La arqueología de la zona araucana también muestra que el asentamiento indígena era ribereño, como se verá mas adelante. 5 Utilizo la forma de escribir Sumpall que ha establecido el profesor Hugo Carrasco de la Universidad de la Frontera y no otras utilizadas habitualmente, tales como Chunpa, Chumpalhue, Chompahue o las mismas escritas con ese. Hugo Carrasco, "El mito del Sumpall en la cultura mapuche o araucana de Chile". Revista Chilena de Humanidades. Universidad de Chile. N° 8, 1986, pp. 46 a 68. El profesor Carrasco tiene numerosos trabajos sobre este mito que aparecen en las notas siguientes.

El joven Pineda y Bascuñán cuando cae prisionero, comenzando el siglo XVII, se admira del uso del agua por parte de los indígenas. Venía este hijo de castellanos de una cultura de desierto. Nada más seco que los reinos de Castilla y León. El agua alcanzaba apenas para beber. Los ibéricos no tenían una cultura del agua en abundancia como los indígenas del sur de Chile. No se bañaban nunca. Más aún, creían que hacerlo muy seguido hacía mal a la salud. Al joven prisionero le llamó la atención las niñas que apenas rompía el alba se iban a bañar al río más cercano. Habían terminado aquella noche una fiesta y dice: "Salió en esta ocasión mi amigo como si no hubiese bebido ni desveládose; tan entero en su juicio que me admiré de verle; saludóme con mucho amor y díjome que fuésemos a bañarnos al estero, que es costumbre el hacerlo de mañana, como lo habían hecho algunas indias, que volvían frescas del abundante arroyo que a vista de los ranchos se esparcía. Para el nos encaminamos el soldado (español), mi compañero y yo, el indio mi amigo y otros dos muchachos hijos suyos, y apenas llegamos a sus orillas, cuando se arrojaron al agua los dos muchachos y tras ellos su padre y aunque a mi compañero y a mi nos persuadían a que hiciésemos lo propio, no nos ajustamos al consejo, ni nos atrevimos a imitarlos, contestándonos sólo con lavarnos las manos y los rostros."7. [46] Todos los testigos conocedores del mundo indígena del sur señalan esta relación permanente con el agua de los ríos y lagunas. Desde muy pequeños se les enseñaba a nadar a hombres y mujeres, a cruzar ríos a nado, a mantenerse siempre en un estado estricto de limpieza corporal8. Juan Ignacio Molina relaciona el asentamiento ribereño mapuche con sus métodos higiénicos señalando que para ellos el permanecer limpios era una necesidad fundamental. "Es singular la atención que estas mujeres tienen en el aseo de sus casas y sus patios, las barren muchas veces al día. Apenas han usado cualquier alhaja, al instante la limpian y lavan por lo cual gustan de tener abundante agua corriente en sus casas. La misma limpieza acostumbraban consigo mismas. Se peinan dos veces al día y todas las semanas se lavan la cabeza con una jabonada hecha de la corteza del quillay (quillay saponaria) la cual les mantiene limpios sus cabellos. El baño es comunísimo entre aquellas gentes y así para poder hacerlo a su comodidad procuran establecerse en las riberas de los ríos. En las estaciones cálidas se bañan muchas veces al día. En tiempos de invierno es raro aquél que deja de bañarse a lo menos una vez; mediante este ejercicio se hacen excelentes nadadores... nadan ya con la cara hacia abajo como se practica comúnmente, ya sobre uno
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Huellelhue se le dice en el campo a los lugares de los ríos que son aptos para nadar. Hueyeln es nadar y hueyelfe es un nadador. 7 Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñán. El Cautiverio Feliz. Colección de Historiadores de Chile. P. 58. Esta cita proviene de la edición preparada por don Diego Barros Arana. La citaremos como "Pineda y Bascuñán, El Cautiverio Feliz". Tenemos mucho respeto por esta edición y por el uso y transformación ortográfica que realizó este sabio autor. Gozamos del privilegio de poseer una copia fotográfica de la edición original que gentilmente nos fue regalada por la Directora del Archivo Nacional, que nos ha permitido contrastar la edición de Barros Arana. Recientemente, ha sido publicada una edición crítica por los profesores Mario Ferreccio Podestá y Raissa Kordic Riquelme, que reúne en dos tomos el ‘Sumario’, que había sido publicado por José Anabalón y transcrito por Roben McNeil y publicado como Suma y Epílogo por las Ediciones de la Universidad Católica y la obra central publicada por Barros Arana. El Sumario, o Suma como dice la palabra, resume la obra principal. Es un trabajo escrito diez años antes de lo que conocemos como El cautiverio Feliz. Para la edición critica recientemente aparecida citaremos "Cautiverio feliz, Edición Critica". Ver Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, Cautiverio Feliz. Edición critica de Mario Ferreccio Podestá y Raissa Kordic Riquelme. Dos Tomos. Universidad de Chile. Seminario de Filología Hispánica. Facultad de Filosofía y Humanidades. Ril Editores. Noviembre del 2001. Ver también: Francisco Nuñez de Pineda y Bascuñán, Suma y Epilogo de lo más esencial que condene el libro intitulado Cautiverio feliz y guerras dilatadas del Reino de Chile, Estudio preliminar de José Anabalón, Prólogo y transcripción de Robert McNeil. Sociedad Chilena de Historia y Geografía y Ediciones Universidad Católica de Chile. Existen varias ediciones resumidas de esta obra, siendo la más popular la que publicaron en la Editorial Universitaria Don Alejandro Liptzshutz y Don Álvaro Jara y que ha tenido numerosas ediciones. Se trata de una selección de textos, muy bien realizada por estos dos respetados sabios, y que puede ser utilizada por quienes no son especialistas. 8 El Padre Martín Gusinde, uno de los más importantes antropólogos que ha trabajado en Chile, quedó impresionado por el nivel de la 'higiene' de los indígenas, escribiendo una etnografía clásica en esta materia, "Medicina e higiene en los antiguos araucanos", publicada por la Revista Chilena de Historia y Geografía. N° 26. 1917. pp. 382 a 415 y N° 27, 1917 pp. 139a 194.

u otro lado, ya de espaldas y ya con el cuerpo derecho y con las manos extendidas fuera del agua, como si caminasen por la tierra. Nadan también entre dos aguas, pasando así los ríos más anchos, de cuyo ejercicio resultan valientes buzos."9. Las primeras noticias de los mapuches ya hablan de que eran grandes nadadores. Actualmente se han ido perdiendo esos recuerdos, por lo que es necesario recurrir a otro tipo de fuentes no orales. Nájera, al igual que muchos otros, dice: "Mujeres y hombres son grandes nadadores; nadan de invierno y verano y ellos pasan cualquier profundo y ancho río con la lanza en la mano o [47] boca, especialmente para burlar caballos a los nuestros. En naciendo los niños los lavan las madres en las aguas de los ríos o en el mar y ellas se bañan con ellos y los muchachos desde muy pequeños usan de andar como patos en el agua"10. La costumbre siguió hasta no hace mucho. Un joven oficial de la Marina de Chile es enviado en 1877 a explorar el Río Bueno y el lago Ranco. Junto a otros jóvenes guardiamarinas ha llegado a las casas de un cacique que lo ha atendido muy bien a la usanza antigua. Visitan el lago Ranco y luego escribe este relato: "Mientras nuestra gente beneficiaba un novillo comprado en la mañana, recorrimos algunos puntos del lago Ranco, cazando patos que son muí abundantes. Hacia el medio día, sin esperarlo i sin intención ninguna de nuestra parte, tuvimos el sentimiento de sorprender a numerosas "indias" que en plácida confianza hacían su habitual policía; retazándose unas en las frescas aguas del lago i otras sobre el verde pasto arrancaban el vello a su cuerpo, que a tanto creen llevar las jóvenes araucanas el aseo que siempre apetecen i que merecen con justicia. Lucían sus mórbidas formas sin velo alguno, i en verdad que muchas de esas ninfas de Ranco afirmaban la fama de su belleza un tanto más que relativa11". La relación con el agua es de confianza y temor. Se vive cerca de ella, pero también se la terne. Cuando una niña se ahoga es porque se la ha llevado el Sumpall. El lugar donde vive este ser maravilloso se llama el Sunpallhue, y está situado en el fondo de los ríos y lagunas. En la zona de Arauco, en la costa, de donde es el primer relato, hay muchas lagunas. Ojos de agua, les dicen también a las pequeñas. Hay ríos que bajan de la Cordillera de Nahuelbuta. El jesuita Campos Menchaca, ubicado en Sara de Lebu, dice en uno de sus libros: "...en la zona de Arauco todas las lagunas tienen una leyenda. Dueño de ellas es el shompalhue quien cuando a veces se robaba una niña, se la llevaba consigo a su ruca en las profundidades frías y silenciosas de las aguas. Así cuchicheaban, dice, los mapuches contristados cuando se ahogaba una niña. Se consolaban de su muerte porque estaban seguros que el shompalhue, como persona correcta, cumpliría a conciencia con las leyes [48] matrimoniales mapuches: pagaría por la niña que se había robado. La primera pesca abundante que tuvieran era considerada paga por ella y ya no se hablaba más del asunto."

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Molina, p. 191. 'Nadar entre dos aguas' es nadar silenciosamente por debajo del agua sin respirar.

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Alonso González de Nájera. Desengaño y reparo de la guerra en Chile. Edición facsimilar de la Colección de Historiadores de Chile. Editorial Andrés Bello. 1971. p. 48. En adelante se citará como Nájera y la página. Molina, un siglo después que Nájera, afirma que "el día mismo que paren un hijo lo conducen al río, lo lavan, se lavan ellas también y dentro de poco tiempo vuelven a las acostumbradas ocupaciones domésticas sin sentir alguna incomodidad tan cierto que la naturaleza humana no es delicada por sí misma, sino porque se acostumbra a serlo". Molina, p. 191. 11 Exploración del Río Bueno y Ranco, realizada en 1877 y publicada en el Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile. La opinión del joven guardiamarina de la Armada chilena proviene de una cultura tan distante, que por ello la consignamos, ya que es reiterada por los observadores a lo largo de siglos.

Agrega el Padre Menchaca un detalle que no hemos escuchado en otras versiones, pero que expresa la relación del ser humano con el medio natural: "Entre tanto la niña se convertía en ave acuática o en el huala que es una especie de pato, que ni anda ni vuela bien, en cambio nada muy bien o sea que shompalhue la retiene en su lago, del cual ella no puede huir. Por eso el grito de las hualas es siempre como un gemido doloroso de cautivo. Cuando lo oye el mapuche, dice con rostro triste numai huala, está llorando la huala y añade muy apenado y convencido Lai ni peñen, se le ha muerto la cria..."12. Las niñas, al parecer, eran las más proclives a perderse en las aguas de los ríos y del mar. Se convierten en hermosos pájaros. Los relatos de Shumpalles están en todas partes de la Araucanía, ya sea en los ríos, lagunas o en el borde del mar13. Se puede decir que, en lo fundamental, refieren la necesidad de los equilibrios entre la naturaleza y las personas. Lo que se le quita a la naturaleza, a los mares, a los ríos, debe ser devuelto. Cuando la naturaleza nos despoja de algo, por ejemplo cuando se ahoga una niña, nos lo restituye en comidas, en peces. Es un sistema de reciprocidad entre los seres humanos y el mundo que los rodea. En el mundo cultural mapuche tradicional no existía la idea de 'extracción' sin devolución. La gente del mar, los mapuche, que viven cerca de sus orillas, hasta hoy poseen ritos sencillos en los que se establece un dar, regalar, o entregar, para tener derecho a pescar, mariscar, esto es, quitar, recibir y alimentarse. Los relatos cambian de nombre según sean más al sur o más al norte, pero se mantiene idéntico sentido y relación del ser humano con la naturaleza14. Es preciso comprender también que el mar está presente en forma permanente en esta cultura. El sur de Chile es de cierta manera una gran costa entre la cordillera y el mar. Un hermoso relato marítimo muestra la relación del mapuche con el agua y en general con los elementos. Se repite la idea del Sumpall: [49] Así conversó mi primera niña que se convirtió en Sumpall. Cuando volvió del mar, su madre y su padre la conocieron. Mi hija es la que viene. ¿Dónde estaba mi hija? Ahora llegó, pero es ella la que viene pues estaba perdida y llegó otra vez. Al llegar dijo: buenos días ¿no eres tú? Si soy yo mamá, ¿dónde has estado? Estoy casada ahora. Me tomó el hombre del mar y ahora tengo siete hijos, puros hombres, vengo a avisar que les van a pagar a ustedes. Hagan mudai, maten cordero y chancho, tendrán un pago. Todo esto colóquenlo en hileras en la playa sus ollas con comida, con caldo, el mudai, los asados, todo. Déjenlo de esa manera en hileras. Entonces vendrá una gran ola, si sale un poco no teman, pues sólo saldrá un poco, vendrá a buscar toda vuestra comida que estará allí, toda se la llevará y comerá el sumpall con todos sus descendientes. Así como vendrá a buscar la comida también volverá a salir y dejará en hileras sus ollas, asadores, y cántaros de mudai. Entonces una ola saldrá y traerá hartos animales para ustedes en la ceremonia matrimonial. Para que tengan pago por el matrimonio. No teman, les dijo. Entonces salió una gran ola con muchos peces, salieron por montones, sólo la mitad se comieron, de todos los que salieron como pago15. En este relato se produce asimismo un equilibrio entre el mundo de abajo de las aguas y el de arriba, de lo seco, de la tierra. Unos le envían alimento de la superficie y los otros le devuelven animales de las profundidades. Años atrás en Tirúa observamos cómo una familia se acercaba al mar y ponía frente a la playa diversos objetos. Luego se sentaron en la parte seca de la playa esperando que la marea subiera y se llevara las
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Padre Menchaca. Por Senderos Araucanos. Editorial Francisco de Aguirre, Santiago. 1955. p. 56.

El más completo estudio sobre este tema lo ha realizado el profesor Hugo Carrasco. El mito del Sumpall en la cultura mapuche, obra citada, y en la Tesis de Magister El Mito del Sumpall en relatos orales mapuches. Universidad Austral de Chile, 1981. 14 En la región de San Juan de la Costa se habla del "abuelito Huenteao" y se lo personifica en la playa de Pucatrihue viviendo en unos grandes roqueríos. Las familias van a dejar comida al Huenteao para ser favorecidos en la pesca. Ver el estudio de Rolf Foerster, Vida religiosa de los Huilliches de San Juan de la Costa. Ediciones Rehue. Santiago de Chile, 1985. 15 Hugo Carrasco, op. cit., p. 57. El relato original es del Sr. José Catripi de Deuco, relatado el 7 de junio de 1982 y ha sido transcrito al castellano por el profesor Carrasco.

ofrendas entregadas al mar. Habían desaparecido muchos años atrás algunos pescadores de la familia y nos relataron que cada cierto tiempo le iban a hacer ese recuerdo a la orilla del mar. La muerte es siempre una donación, un regalo de una comunidad a otra, de la comunidad de los seres vivos a la de los seres "muertos". En los funerales mapuches se colocan también las ollas de comida en hileras 16, cántaros enormes de comida y bebida, recordando hasta [50] hoy lo que ocurría en los tiempos de los antiguos mapuches. Es una ceremonia que expresa una gran solidaridad entre los miembros de las comunidades vecinas y los parientes, y que a la vez prepara los equilibrios entre la gente que se queda del lado de acá de la vida y la que se ha ido al lado de allá. Los mapuches traen ollas de comida al funeral. Cada familia las va poniendo, contienen cazuela, locros, sopaipillas, en fin, diferentes comidas. Se va formando una fila que empieza en el ataúd del hombre o de la mujer que ha muerto. El werkén17, situado a la entrada de la ruca, o lugar del velatorio, va contando, en lengua mapuche, las ollas que llegan profiriendo grandes gritos de admiración sobre todo si son muchas y la hilera se agranda hasta salir del recinto. La serie de ollas es presentada a la gente que ha pasado a la otra orilla y es observada en silencio también por quienes están "de este lado". Luego se destapan y comienza el "banquete funerario" que puede durar varios días. Los relatos de cronistas son coincidentes con estas costumbres que aún perduran en las actuales comunidades mapuches. En otro relato se celebra el matrimonio del sumpall al lado de un río: Y la costumbre es que en todo casamiento, cuando se está de acuerdo18 se atendía ya sea con el mote, la sopaipilla, no fallaba la carne, y todas esas cosas. Hicieron a la manera de entregar, como siempre se hacían las cosas. Y se dejaba en hilera todo, había una viejita que estaba sentada y ahí le dejan toda una hilera. No se sabía cuál era de uno cual plato era de otro. Entonces dicen que allá dejaron todo esto la hilera a orilla del río y entonces hicieron una entrega porque ahí estaba. Pero no había niña no había nada. Entonces llevaron esas cosas y vino una ola y se llevó todo. Puesta entonces otra hilera. Que era el marisco que había salido del río19. Pareciera ser que el origen de esta historia es marítimo, aunque fue recopilado en Chacaico, al interior de Malleco, ya que aparecen olas llevándose la comida. Otras veces es la niña la que va saliendo del agua del río con un canasto de peces y no la ola y los mariscos, imagen más propia de los sectores cercanos al mar. Hace mucho tiempo una joven se perdió. Ella siempre decía que cuando iba al río veía a un joven que la llamaba. Por más que la buscaron, no apareció. Pero en la noche se le apareció en el sueño este joven rubio, al [51]
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No conocemos descripciones etnográficas de funerales mapuches. Las que aquí relatamos las hemos visto de igual forma en Arauco, Cautín y Purén. Esta "ceremonia de las ollas" que así se podría denominar, es una hipótesis, es producto también de la dificultad actual de matar muchos animales para la comida de la gente y por tanto se hacen platos de comida más sencillos y al alcance de las familias, como cazuelas o locros. También se sacrifican animales, en especial corderos cuando la familia tiene recursos para hacerlo. La idea común es poner toda la comida disponible en hileras a disposición de todos los que participan del funeral. Generalmente hemos visto que esta ceremonia se hace o el primer día del funeral si es de varios días o al final, el día que se enterrará al difunto. Hay una evidente relación entre la cantidad de comida y el prestigio del "finado o finada". La "hilera" de comida desplegada separa de una parte a los familiares que provienen del lado del padre y los que lo hacen de la comunidad o linaje de la madre. Pero también, hipotéticamente, es una invitación a poner de un lado a los que se han ido y a los que quedan. Es una frontera que invita a compartir. 17 Werkén es una voz que se refiere a mensajero, embajador lo traducen los españoles, o persona que habla en nombre de otra. En el caso que comentamos es quien está a cargo de dar las órdenes a nombre del dueño de casa que en esa ocasión está de duelo. Los werkenes son hijos o parientes cercanos del cacique, por lo general, como se verá en este libro. 18 El matrimonio mapuche es muy complejo como se verá más adelante. "Cuando se está de acuerdo" significa cuando las dos familias o linajes han llegado a pleno acuerdo en torno al intercambio. Es el MISMO PRINCIPIO DE RECIPROCIDAD. 19 Hugo Carrasco. Tesis de Magister citada, p. 135. El mito se denomina La Sirena y ha sido relatado por Martia Calbún de Chacaico, Angol, en 1979. Esta versión ha sido abreviada.

papá de la niña. Le dijo que no la buscara más. Que el se había casado con ella y que ahora ella era del río. Y que en pago por ella fuera al otro día al río a pescar. Cuando el padre de la niña fue al río encontró tantos pescados que se podían tomar con la mano. La pesca fue abundante. El joven del sueño había pagado con muchos pescados a la niña. La "niña era del río", es la sentencia que el padre escucha en el sueño, en el peuma, el momento de mayor sabiduría del ser humano, cuando está en contacto con los espíritus benéficos que hablan y sugieren. Los ríos tienen personalidad como los seres humanos, se apropian de la existencia, la requieren para generar nueva vida. Es un movimiento perpetuo entre las cosas animadas y las inanimadas, así llamadas por nosotros, los occidentales. Posiblemente estos relatos se hayan abultado a lo largo de los años, con historias traídas por los españoles. No obstante, parecieran remitirnos al tiempo anterior cuando los antiguos mapuches vivían a lo largo de las riberas de los ríos de la Araucanía. Tomás Guevara, uno de los mejores investigadores de la sociedad e historia mapuche, levantó la hipótesis de que los mapuches habían descendido de los grupos 'changos' que se desplazaban desde el norte al sur a través de las numerosas caletas que se despliegan en la costa del Pacífico. Esos changos o indígenas pescadores se habrían ido internando a través de los ríos e instalado en sus orillas. De estos asentamientos habría resultado el mapuche propiamente tal. No es fácil ni sostener ni rechazar esta hipótesis acerca del poblamiento indígena del sur. Lo que Guevara percibió era la evidente centralidad del mundo acuático en la cultura mapuche que nosotros hemos tratado de mostrar en estas páginas 20. De lo que no cabe duda es que los primeros mapuches, no sólo eran gente de la tierra, sino también hijos del Sumpall, gente del agua. 3. El ASENTAMIENTO RIBEREÑO

Los ríos organizaron la sociedad mapuche. Las principales agrupaciones mapuches que existían al llegar los españoles coinciden con cuencas, espacios ribereños de lagos y mares. Tanto es así que los primeros cronistas nombran a los indígenas y a los ríos con el mismo apelativo. Los araucanos, se dice, habrían sido así llamados por habitar alrededor [52] de un río denominado Ragco en lo que es la costa hoy denominada 'Arauco', deformación de Aragco. No es fácil saber si el río llevaba en cada caso el nombre del cacique o jefe del pueblo que vivía en sus riberas o por el contrario el jefe adoptaba el nombre del río. Lo que no cabe duda es que a ríos y a humanos que allí habitaban se los denominaba habitualmente de la misma manera21.
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Tomas Guevara, Chile Prehispano. Historia de Chile. Universidad de Chile. Balcells y Co. Santiago de Chile. 1925. Cap.V. Guevara anota como mitos derivados del mundo acuático de los changos, el del "cuero" llamado en mapudungun trelquehuecufe, que suele ser un animal que grita bajo los puentes y en acequias, el chonchón y las candelillas, anchimallén, que según este autor provendrían de la cultura marítima, lo que no es necesariamente seguro. La anchimallén o monstruo indígena es más complejo que un reflejo del mar. Guevara no nombra el Sumpall. Citaremos en adelante Guevara, Chile Prehispano y la página correspondiente. 21 La cuestión de la denominación de los indígenas de Chile es un asunto complejo y que no pretendo resolver en este libro. El apelativo de "mapuches" es muy tardío y los primeros cronistas no lo consignan. Por ello al no saber cómo denominar a la totalidad de los habitantes les colocaron el nombre de Araucanos. Ese apelativo se expandió, gracias al poema La Araucana de Alonso de Ercilla, a todos los indígenas del sur. Los españoles, observadores curiosos de lo que veían, habrían conocido y sabido de un nombre genérico sí éste hubiese existido. Nuestra hipótesis es que al no existir otra gente —"che"- que ellos, y al no existir Estado, ni organización territorial externa y estable que los aunara, cada agrupación se denominaba y era conocida con los nombres propios de sus linajes, de las localidades o de los ríos, que posiblemente como ya se ha dicho eran lo mismo: Maquehuanos, Boroanos, Pureninos, Paicavíes,Tucapelinos, Itatas, Elicuras, y tantas otras denominaciones. La demostración de que esos nombres tenían alguna realidad, y no fueron pura invención, es que fueron utilizados eficientemente por los españoles. Les permitió conocer a la sociedad indígena, repartirla en encomiendas, hacer alianzas con unos y guerrear con otros. El Abate Molina, con su sabiduría prodigiosa, nos señala que se autodenominaban los indígenas de Chile con adjetivos que anteponían al genérico gentilicio "che", que traducimos habitualmente, sin demasiado temor, como "gente", o como "del lugar" u "oriundo". En este libro vamos a seguir por lo general este tipo de nombres, ligados a las localidades, ríos y jefaturas. A la llegada de los españoles la única localidad que se conocía como Mapuche propiamente tal era la del Valle de los Mapochos, Mapochoes, o directamente Mapuches, frontera con los valles del norte. Ahí, junto con Aconcagua, llamado

[53] La vida en los bordes de los ríos fue quizá el primer elemento de organización indígena. Las familias agrupadas alrededor de un río o de una cuenca, conjunto de ríos que surten a uno más grande, establecieron diversas relaciones entre sí. Para ellas los ríos fueron sistemas de comunicación. Posteriormente, cuando llegan los españoles con sus caballos, los ríos se vuelven obstáculos, fronteras. Los estudios arqueológicos muestran lo que pareciera evidente. La vida y la muerte transcurrían alrededor de los ríos. "Un estudio de los diferentes lugares donde se han encontrado los 71 enterramientos mapuches, ha revelado que de todas las urnas de las cuales tenemos datos precisos solamente una de ellas estaba a más de 100 metros de algún estero o río. Siempre son halladas en lugares con una altura suficiente donde no haya peligro que normalmente llegue el agua"22. Hay una diferencia sustantiva entre los ríos del sur del Bío Bío y los de más al norte. Los del norte y centro corren de cordillera a mar en el sentido de oriente a poniente. Bajan de la Cordillera de los Andes, en la mayoría de los casos. Son por tanto tempestuosos cuando traen el agua de las lluvias o la de los deshielos 23.
Valle de Chile, comenzaba la "gente de la tierra" y quizá fueron los quechuas quienes así denominaron el valle que hasta hoy surcan las escuálidas aguas del río Mapocho o mapuche. Los nombres han ido cambiando en la historia. Es lo que ocurre con las apelaciones Pikunches, o gente del norte, Huilliches, gente del sur, Puelches, gente de las Pampas, etc. Son denominaciones relativas a quien las hace. Picones o Pikunches era incluso un grupo así reconocido en las cercanías de Quillota. En general a las agrupaciones que vivían en el Bío Bío se las fue conociendo en el tiempo de la Conquista como "del norte", en relación al resto de la población indígena de la Araucanía. Como los veremos capítulos más adelante, atacar en conjunto el fuerte de Penco, diremos que pericones, andalienes, ítatas, angolinos, talcamávidas y muchos otros, podrían ser denominados "pikunches del Bío Bío". En cambio, pureninos, elicuras, tucapelinos, araucanos, catirayes formaban una agrupación estable. De hecho, la idea de ayllaregues viene del hecho que Tucapel y Arauco estaba formada por nueve "rehues" cada uno. Purén incluía a Tirúa en el suyo, Por esa razón no tenemos demasiado temor de hablar de "costinos" o simplemente del "país de los lafquemches", o gente del mar. En la medida que la primera conquista se centró en esa parte del territorio, los mapas señalan a quienes vivían en la cuenca del río Cautín como Guilliches o gente de más al sur. Hemos mantenido esa denominación, que se perderá en la medida que la población pikunche es diezmada. Los del Cautín se apropiaron con el tiempo de la palabra "mapuche", y lograron -quizá en pleno fin del siglo veinte- señalar a los que quedaban al sur del Toltén como huilliches, gente del sur. Durante el primer período a los de Osorno y Río Bueno se les denomina "cuncos" y así mantenemos su nombre en este libro. A los del río Valdivia se les va a decir "valdivianos", pero como se trata de un nombre postcolonial hemos optado por denominarlos de acuerdo al río Guadalafquén que al parecer así se llamaba el hoy conocido río Calle Calle y Valdivia. El apelativo "puelche" inicialmente se refiere a los indígenas étnicamente mapuches que habitaban en los lagos altos de la cordillera del sur, frente a Valdivia. Se los distingue claramente como se verá de los "poyas" que habitaban en las Pampas y Patagonia y que no eran étnicamente, lingüística ni culturalmente semejantes a los mapuches. Desde muy temprano aparecen los "peguenches" ubicados en la cordillera centro sur. En el texto desarrollamos el concepto de "linajes segmentados" que permite comprender desde el punto de vista de la antropología, con mayor profundidad, la complejidad, flexibilidad, y cambio permanente de las denominaciones indígenas. Usamos normalmente en este libro el apelativo "mapuche", que es moderno, pero que es el actualmente utilizado. De hecho, los propios mapuches en la primera mitad del siglo veinte se autodenominaban "araucanos" y colocaron a sus asociaciones Corporación Araucana, Sociedad Araucana, Federación Araucana, etc... Los apelativos de "nagche" ("abajinos"), "wenteche” (arribanos), etc... provienen de la sociedad ganadera y de sus alianzas en el siglo dieciocho y diecinueve, y no los utilizamos en este libro que se refiere a otro periodo histórico. Mapuche es aún un apelativo en construcción y lo utilizamos por respeto al proceso de etnogénesis y recuperación cultural que significa. Consideramos un fuerte "nominalismo" pensar que por la ausencia de una denominación común, no existía sentido de pertenencia. Los hechos, entre ellos la capacidad de aliarse y matar nada más ni nada menos que al propio Conquistador, son una prueba demasiado fuerte para dudar de la capacidad de identidad y organización que poseían los antiguos indígenas de Chile, la "gente sin nombre". 22 Dillman Bullock, La cultura kofqueche. Museo Dillman Bullock. Publicación n° 15,1970. Angol. Utilizamos los datos de Bullock, que los hemos revisado en varias visitas al Museo El Vergel de Angol y no sus interpretaciones acerca de la existencia de una cultura pre mapuche, la kofqueche, que ya hemos comentado. 23 El único rio que "se reposa en el valle", como se decía, es el Maule, que por ello fue navegable hasta entrado el s. XX. Ver sobre la navegación del rio Maule, el sistema de lanchas y su importancia en la producción y exportación triguera, nuestro libro Historia Social de la Agricultura Chilena, Ediciones Sur, Segundo Tomo, Cap. V, La Agricultura del Maule. Santiago. 1989.

González de Nájera, militar y experto geógrafo, describe los ríos de Chile al comenzar el siglo XVII con este hermoso texto: "Considero que el reino de Chile es prolongado y angosto, como tengo mostrado en el principio de esta su descripción, guarnecido de la parte del Este de largo a largo de la gran Cordillera Nevada, y por la parte del Oeste del extendido mar del Sur. Mucho de notar el ver que a distancias casi iguales nacen y salen de la misma sierra con apresuradas corrientes diversos ríos, que atraviesan con más sosegado curso el llano distrito de [54] anchura de aquel reino, hasta llegar a incorporar sus aguas con las del vecino mar; por manera que con su tan compartida distribución riegan o fertilizan igualmente por toda la tierra hermoseándola con sus alegres riberas. Estos son los ríos caudalosos de los cuales algunos son navegables, en cuyos intermedios, por tortuosos caminos, corren otros apacibles ríos de menores corrientes, que llaman esteros, y otros amenos arroyos que conservan siempre verdes los deleitosos valles y alegres praderas por donde se reparten, donde crían sus húmedas riberas variedad de árboles, que por muchas partes se inclinan, abrazan y juntan por sus extremidades de manera que los de la una con los de la otra parte, que en muy largas distancias corren sus frescas aguas, sin poder ser tocadas de sol. Son pues, los ríos principales de aquél reino, comenzando por el mayor, los que siguen: Bío Bío, Valdivia, Toltén, Itata, Cachapoal, Colchagua, Rancagua, Maipo. Cuyos brazos, más que los de los otros ríos, han luchado con no pocos españoles, que en ellos han perdido la vida pretendiendo vadearlos. Otros ríos hay famosos, de cuyos nombres no se puede tener noticia por estar más al Sur, y en las tierras de guerra y otros despoblados24". Muy diferente al de hoy ha sido el territorio surcado por los ríos del sur de Chile. Cuando el Padre Alonso de Ovalle, jesuita del siglo XVII, trató de explicar cómo era el territorio del Reino de Chile en 1636, lo dibuja como una gran cantidad de ríos que parten de la cordillera y "van a dar al mar". El mapa se llama Tabula Geographica Regni Chile y tiene en la parte superior al Oriente (Oriens) y abajo al Occidens u Occidente. A la derecha el Septentrio y a la izquierda la Tierra del Fuego y más arriba la Tierra Incógnita. La costilla de la Cordillera cruza el mapa en forma horizontal y los ríos van cayendo como cascadas al mar. En cada desembocadura establece el nombre de cada uno de los ríos de Chile. ¿Cuál es la razón de esta manera de mirar el territorio? Para el [55] conocedor, lo más resaltante del paisaje eran los ríos. Por ello en su mapa aparecen casi solamente estos, uno al lado del otro, uno tras otro, rompiendo la homogeneidad de la tierra25.
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Alonso González de Nájera, p. 34. Esta descripción será común en todos los cronistas coloniales. Se señala que los ríos son caudalosos en la montaña y luego remansan en el valle. Gómez de Vidaurre señala: "Todos estos ríos provenientes de la cordillera son muy rápidos desde su nacimiento hasta las montañas marítimas pero con el decurso de su carrera hacen varias circulaciones éstas al fin retardan su velocidad y así sucede que a los seis o siete leguas, antes de entrar en el mar, es notablemente menor la rapidez en todos". Felipe Gómez de Vidaurre Historia geográfica, natural y civil del Reino de Chile publicada con una Introducción Bibliográfica y notas por José Toribio Medina. T. 1. Santiago de Chile, Imprenta Ercilla, 1889. Colección de Historiadores de Chile, p. 26. En adelante Gómez de Vidaurre. Recordemos que una legua española equivalía a 5.5 kilómetros aproximadamente. El autor señala la diferencia entre los ríos del norte y el sur; dice que el Bío Bio "tiene su origen en el imponente Antoco (Antuco), corre por muchos zarzales por lo que sus aguas se creen muy saludables. Más verosímil es que los minerales por donde pasa le comuniquen los buenos efectos que se experimentan en los que la beben... El Cautín que existiendo la ciudad de la Imperial le sirvió de puerto hasta sus murallas... Se dice que presentemente (s. XVIII) no pueden entrar embarcaciones porque los indios habiendo destruido la ciudad llenaron su boca con peñascos... El del Toltén... de tanta profundidad que hasta su origen, que es la famosa laguna de Lonquén (Villarrica) es navegable... Sobre todos estos es el de Valdivia... tiene en su boca una isla llamada ahora Maucera (Mancera) pero que no impide la entrada de los navios; por él entran hasta la ciudad y por su fondo pueden aún internarse unas leguas más adentro... El Río Bueno, sin duda de este nombre por su buen fondo y mansa corriente, nace de un monte anónimo y recoge las aguas de no pocos, para después entrar más orgulloso en el mar...". Gómez de Vidaurre, p. 26. 25 El Padre Ovalle dibuja una suerte de geografía espiritual de Chile. La tierra está entre el cielo y el mar. El mar debajo de Chile recibiendo las aguas que vienen de lo alto, que caen a la Cordillera y cruzan los valles a través de los ríos. Es una visión mucho más real que la que nos entregan los mapas actuales. Porque así ha sido y en parte aún es de ese modo cada

Esta relación con el medio acuático la entendieron desde muy antiguo los mapuches, quienes en sus Nguillatunes alzan la voz al Wenu mapu para que les envíe las aguas y vuelva a retomar fuerza el ciclo vital26. Los ríos de Chile son violentos27. De sus crecidas dependía la vida y las comunicaciones. El paisaje del sur poseía y posee cuatro niveles de terrenos para el asentamiento ribereño. Las orillas de los ríos propiamente tales. Los espacios planos y de baja altura, denominados hasta el día de hoy "vegas", y que normalmente se inundan en invierno. Los lomajes suaves situados alrededor de las cuencas de los ríos, y donde no hay peligro de inundación y por lo tanto donde se instalan las casas, los corrales de los animales y también cultivos. Finalmente, el monte, las mahuidas mapuches, espacios boscosos, cordilleras y valles de altura. La ocupación ribereña aprovechó estos cuatro espacios. Las casas se instalaban en lugares protegidos de los vientos, las lluvias y crecidas de los ríos. Las vegas eran de gran productividad hortícola y probablemente allí nació la agricultura del sur hace cientos de años. En los montes los bosques daban la madera, leña, plantas medicinales y una enorme diversidad de productos de recolección. 4. LAS GRANDES CUENCAS DE LA SOCIEDAD RIBEREÑA

Los ríos constituyeron los espacios territoriales principales en el sur de Chile, lo que dio lugar a grandes espacios humanos de lo que posteriormente se llamó la Araucanía. Pareciera que los españoles cuando fueron guiados hacia el sur fueron llevados directamente por quienes conocían la tierra, hacia los lugares donde se concentraba la población y donde normalmente había reuniones, esto es, a los centros de cada uno [56] de estos lugares28.Todos esos centros estaban ubicados en confluencias de ríos donde podían llegar las personas, a pie y en canoas, desde diferentes lugares. Recordemos que no existía el caballo ni otro elemento de movilización. Los españoles, recién llegados, distinguieron muy claramente espacios sociales con características comunes y agrupaciones indígenas organizadas en torno a las grandes cuencas de los ríos. En primer lugar los de la cuenca del Bío Bío, con todos sus afluentes; en segundo, los de la gran cuenca del Cautín y, finalmente, los del Toltén y al sur de éste, el Guadalafquen, que va a ser denominado río Valdivia, y más allá el Río Huenu (Wenu), conocido como Bueno, y el Rahue o de las Canoas en Osorno. A estas tres grandes agrupaciones de población indígena, que corresponden a las tres grandes cuencas y ríos principales del sur de Chile, debemos agregar la población que denominarán los españoles como 'araucanos' y 'tucapelinos', ubicadas en los ríos y lagos de la costa entre la Cordillera de Nahuelbuta y el mar, al sur de Concepción, al parecer los lugares más densamente poblados y quienes vivían en las cordilleras, conocidos como peguenches. El Bío Bío es el río emblemático del sur de Chile. Es el más largo y ancho del país. Nace en la Cordillera en las Lagunas de Galletué e Icalma, y cruza varios cordones montañosos de sur a norte, para luego bajar al valle y desembocar al mar en lo que hoy día es la ciudad de Concepción. "Desde que nace el Bío Bío sigue su curso hacia al Norte recibiendo numerosos tributarios; pero una vez que abandona el cajón de Los Andes toma su rumbo NO i lo incrementan algunos afluentes. El ancho medio del río mientras corre entre las cordilleras alcanza a 130 metros, disminuyendo a 80 metros en el punto denominado La Angostura. Cuando el Bío Bío penetra en el valle central, el curso se hace caprichoso e indeterminado, sin ofrecer cerros que encajonen sus aguas
invierno... Chile, su territorio, siempre apareció posteriormente parado y no tendido. Como una larga faja de tierra que partía del norte hacia el sur, donde terminaba el mundo, determinando quizá la imaginación y apreciación que los habitantes tienen de su tierra, Finís Terrae. Ovalle, en cambio, lo dibuja como una tierra acostada sobre el mar, con una Cordillera que llega al cielo. 26 En el mundo andino se acostumbra a challar con agua de mar a los Malku, a los cerros altos. El ser humano que ha vivido más antiguamente en este continente sabe muy bien cómo es el ciclo de la vida, y si puede hacerlo, le ayuda simbólicamente a la naturaleza en su tarea. 27 Los ríos de más al norte en cambio con los deshielos del verano se vuelven más violentos incluso que en el invierno.
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Una creencia ingenua es pensar que los españoles "iban a ninguna parte". Veremos que cuando salen al sur van con paso muy determinado hacia algunos lugares específicos que a falta de ciudades, eran los centros de reunión donde la población era de mayor densidad.

i estas se desbordan por una i otra ribera hasta tener por álveo en algunas partes 1.200 metros, lo que hace que el río ofrezca en su lecho numerosas islas y farellones. La velocidad de las aguas del río mientras corre por el valle disminuye paulatinamente al paso que se retira de Los Andes. Antes del pueblo de Santa Bárbara arrastra a razón de 12 millas por hora, frente a Negrete la velocidad es de 7 i desde Nacimiento hacia abajo la velocidad de las aguas apenas llega a 3 millas por hora... En Tricauco y Quilacoya es donde el Bío Bío ofrece una mayor anchura que no baja de 2.300 metros... El Bío Bío como se ha dicho es el mayor río de Chile: mide un curso de 356 kilómetros desde su origen a su desembocadura29." [57] La cuenca del Bío Bío se hunde en el sur del territorio hasta lo que es el río Malleco, que cruza por una profunda quebrada, la que lo separa de la cuenca del río Imperial, que une con su multitud de afluentes el centro mismo de la Araucanía. El río Cautín, a diferencia del Bío Bío, que viaja de sur a norte, se desprende de la misma cordillera hacia el sur. Los dos ríos nacen de los nevados de Lonquimay, bajando el Cabtén, como aparece denominado en las primeras crónicas, por Curacautín hasta llegar al valle donde se desplaza limpiamente hacia el sur llegando a Temuco y Padre las Casas en el punto que quiebra hacia el mar. En sus orillas se encuentra, hasta el día de hoy, la mayor concentración de población indígena de Chile. Entre el río Cautín y el Quepe prácticamente existe población sedentaria indígena desde muchos siglos. Se juntan ambos ríos al llegar al antiguo emplazamiento de la ciudad de La Imperial, destruida por los mapuches en la gran rebelión de fines del siglo XVI, y avanzan anchos y tranquilos hasta el mar. Desde el Lago Villarrica surge el río Toltén cruzando los territorios indígenas más poblados y también más ricos hasta el día de hoy. No demasiado lejos, hacia el sur, corre el río Calle Calle que se convierte en el Valdivia. No es casualidad que Valdivia, el Conquistador, fundara las ciudades más importantes ligadas a estas cuencas. Concepción en la desembocadura norte del río Bío Bío, Los Confines, más tarde Angol, en la bajada del río Malleco, Imperial en el curso medio del río Cautín y la propia Valdivia en el río Calle Calle. Más adelante se puebla Osorno en la última cuenca de importancia del sur y relacionada con Valdivia. Como es bien sabido, la primera parte de la Conquista ocurre casi exclusivamente en la primera de estas agrupaciones: la cuenca del Bío Bío. Ellos y los costinos de la vertiente occidental de la Cordillera de NahueIbuta, Araucanos y Tucapelinos, hoy Cañete y Arauco, llevaron la parte más dura de la guerra y sus poblaciones quedaron diezmadas o simplemente dejaron de existir. "... adonde ya llegan muchos ríos que pueden pasar por navegables. El grande Bío Bío que es el mayor de Chile; júntasele el de Vergara que es de notable profundidad y el del Laja de mucha anchura. El río de Lebu bastante caudaloso, y el de Paicaví nada menos, y Tirúa y el hermoso río de Imperial, Chilli y Toltén, tan rápido como caudaloso y sin vado desde la cordillera al mar. El río Valdivia es capaz de embarcación de cualquier porte y algo menos caudaloso es el río Bueno y el de las Canoas, que corre de inmediato a la arruinada ciudad de Osorno30. [58] Los ríos eran totalmente diferentes a como los conocemos hoy en día. Una canoa podía salir desde lo que hoy es el pueblo de Lumaco, navegar cuarenta kilómetros en dirección al norte, bajar por el río Imperial y llegar al mar. Le era posible subir por el Cautín y arribar hasta lo que hoy es Lautaro y continuar por el río Muco, afluente en ese entonces de "buen fondo", y llegar, más arriba del actual pueblo de Vilcún, esto es, a las comunidades de la cordillera. A partir de ahí la navegabilidad en las canoas se hacía más difícil. Nuestro canoero imaginado ha viajado más de cien kilómetros en su canoa. En un relato en pleno siglo XVII del sector de Purén se señala que:
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Francisco Vidal Gormaz, Geografía Náutica de la República de Chile. Anuario Jeográfico De Chile, Tomo VI., 1886. Imprenta Nacional, p. 213. 30 Historia de Chile por el Maestre de Campo Don Pedro de Córdoba y Figueroa, en la Colección de Historiadores de Chile y otros documentos para la historia nacional. Tomo II, p. 48. Este cronista habría nacido en Concepción el año 1692 según Medina. Escribe una Historia de Chile de carácter militar. Tiene el valor de haber asistido personalmente a tres parlamentos. Entre muchas otras cosas este escritor e historiador fundó la ciudad de Los Angeles. Fue escrita entre 1740y 1745.

"El río Purén que de las montañas costeñas sale, se "laguna" y los muchos arroyos que rápidos corren por aquel agradable valle, la recrecen. Circúndanla varios montes y trajinable sólo en canoas sus islotes, como tenemos dicho, y luego prosigue su curso como el Mincio en Mantua: este fue en aquel tiempo y aún en presente lo ha sido el asilo de esos bárbaros31”. Hoy por hoy esos llanos de Purén, como se denominaron posteriormente, o de Hipínco, por los muchos pájaros que allí había a causa del agua, están totalmente secos. El río Purén cursa una "migaja de agua" y es muy difícil imaginar el paisaje de hace varios siglos. Hasta el siglo XVII Purén y Lumaco eran conocidos como lugares de pantanos. Lo que hoy son valles -cada día más áridos- eran lagunas de baja profundidad donde crecían plantas acuáticas y grandes cañaverales o pajonales. Los relatos orales dan cuenta de las casas que allí se instalaban en los promontorios o en las orillas de los cerros de la cordillera de la costa, fuera del pantano. El fuerte de Purén se levantó en una pequeña colina que había servido de isla. Hay numerosas áreas de la Araucanía con características similares, cruzadas por arroyos que formaban grandes pantanos. Cerca de lo que hoy es Temuco el sector de Maquehue o Maquegua tenia estas características: abundante agua, pantanos e islas donde vivía la población32. El uso de las canoas en este intrincado y enmarañado sistema fluvial permitía una gran movilidad. Cientos de kilómetros podían ser recorridos a través de los ríos posibilitando el entramado de las relaciones humanas, pero como esta afirmación no es evidente hoy nos proponemos demostrarla. [59] 5. NAVEGACIÓN CON LOS PIKUNCHES DEL BÍO BÍO.

Las noticias y antecedentes de los estudios hidrográficos son del mayor interés para entender la navegación fluvial en el sur de Chile, antes de la ocupación de la Araucanía. Tenemos una información cuantiosa de las crónicas españolas y también de los estudios realizados en el siglo XIX por la marina chilena, que sorprenden a quien no está habituado a estos temas. Pareciera evidente decir que en Chile los ríos eran tan violentos que no se podían navegar, y que, por tanto, no existió o no fue posible una cultura ribereña. La realidad era sin embargo muy diferente. Del Bío Bío se decía lo siguiente en el siglo XIX: "El río es navegable por mucho trecho. Vapores planos lo surcan hasta el pueblo de Nacimiento que dista 100 kilómetros de Concepción i también hay cien lanchas de carga que igualmente planas, pero la navegación es muy contingente a causa de lo desparramadas que corren las aguas en la parte inferior del río". Desde la ciudad de Nacimiento se podía navegar con lanchas y botes el río Vergara por 52 kilómetros hasta la ciudad de Angol. Hasta hace pocos años había numerosas embarcaciones en ese hermoso río, que hoy casi no tiene agua. El Renaico podía ser navegado en 30 kilómetros más. Lo mismo ocurría con veinte kilómetros del Tabolebu que se interna en la Cordillera de Nahuelbuta y "podía ser navegado hasta el lugar de Coroico". Todo esto ocurría en la segunda mitad del siglo pasado y se refiere a lanchas relativamente grandes y de carácter comercial. Tratándose de botes y canoas pequeñas, como veremos más adelante, la navegación de los ríos se hacía mucho más posible. Pineda y Bascuñán va a ser liberado de su feliz cautiverio en el fuerte Vergara. Se trata de una escena muy bien contada y muy vivida. Están en el fuerte junto a varios caciques que lo han acompañado esperando el barco que lo viene a recoger.
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El autor, Córdova y Figueroa, está relatando la pelea con el cacique Cadeguala de Purén el año 1659 al instalar en ese lugar el fuerte los españoles. La existencia de esos ríos navegables en canoas se les transforma a los españoles en un intrincado espacio de escondrijos. Córdova se refiere a los clásicos latinos para hacer sus comparaciones con lo que ocurría en Chile. Al comparar que el río Purén continúa como el Mantua, señalaría su "amplitud y sosiego" como dice en otra parte. Córdova y Figueroa. Op. cit. p. 155. 32 En el idioma mapuche se dice lol a un río pequeño o canal de esas áreas pantanosas, de vegas bajas y que se inundan en invierno. Hay muchos lugares con este prefijo, lolco (canales de agua o lugar de agua), lolenco, lolohue, etc. En sentido genérico puede ser un hoyo, quebrada o zanja.

"Cuando llegamos a descubrir, volvió a decir el que estaba de posta en la garita que asomaba el barco33 por la punta del cerro y a poco espacio le divisamos todos y como el viento le era favorable dentro de una hora dio fondo en el estero de Vergara, abajo de una loma o eminencia en que fundaba estaba nuestra fortaleza; que puesta encima nuestra mosquetería de mampuesto, se aseguraba la conducción del, como lo dispuso el cabo, en el entretanto que se desembarcó todo lo que traía y se subió arriba a los almacenes y el barco quedó en el río con sus marineros 34, que con sus anclas dando fondo en medio del río quedaba del enemigo asegurado. Porque por [60] aquella parte es tan hondable y peligroso, que desde que entran hasta que salen nadan los caballos y con gran riesgo de ahogarse, como ha acontecido a muchos, a causa de que dicen viene un remanso y debajo con cantidad de raices y correosas y largas en que acontece enredarse los caballos"35. Se trataba de un río de gran tamaño, el Vergara, ya que al fondear en medio de él, el barco quedaba asegurado de los ataques desde las orillas. A la mañana siguiente escuchan Misa cantada y se aprestan a partir. Salen del fuerte siete personas más los "indios marineros". "Con esto fuimos a embarcar en compañía de algunos reformados que envió el cabo con sus armas, quedando la mosquetería de mampuesto y los demás soldados hasta que nos embarcásemos y volviesen los reformados a su fuerte; entramos en el barco los que habíamos de hacer nuestro viaje y al salir del puerto o surgidero nos dieron el buen viaje los de arriba, y los de abajo, imitando sus voces, respondían, y a la tercera vez con los sombreros en las manos los unos y los otros; y el barco a punto de navegar nos hicieron la salva los de arriba con una buena carga de mosquetería y arcabusería y con los sombreros hicimos las cortesías debidas al capitán y cabo que desde el alto de su fuerte estaba con el sombrero correspondiendo a nuestras acciones; con que río abajo, dimos principio a nuestra navegación"36. Dice nuestro autor que iniciaron a las diez de la mañana la navegación y que esta fue muy tranquila. "Fuimos surcando el agua con toda comodidad y gusto". Y a las tres o cuatro de la tarde dieron con el Fuerte San Rosendo, donde lo estaban esperando un piquete de soldados de escolta que le habían enviado. Este fuerte quedaba en el Bío Bío, en la playa de la ribera norte, y el río Vergara y fuerte del mismo nombre era y es un afluente de aquél por su ribera sur. En seis horas de navegación se llegaba, en un barco relativamente grande, desde el Vergara hasta San Rosendo. Podemos calcular que otras tantas horas demoraría el viaje hasta Concepción, aguas abajo. Gabriel del Castillo, uno de los pioneros de la Conquista, en una breve relación de los "sucesos de la Guerra de Chile" señala que las provincias de la ribera del Bío Bío serían Gualqui, actual comuna que aún conserva este nombre, Quilacoya, donde estaban los mayores y más ricos lavaderos de oro de entonces y un afluente del Millahue, 'lugar del oro', Catiray, donde al parecer había una alta concentración indígena 37, Mareguano, Talcamávída y un lugar que se llamaba Llanos o los Llanos que no identificamos38.
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Pineda agrega en el margen del manuscrito "barco o chatón, llegó en la mayor necesidad y aprieto". Le llamaban "chatón" por no poseer quilla de modo de sortear los bancos de arena. 34 En la página 948 nos informa Bascuñán que eran "indios marineros" los que conducían el barco o chata, lo que muestra el conocimiento que tenían los indígenas del proceloso río. 35 Cautiverio Feliz. Edición critica, p. 944
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Cautiverio Feliz, Edición critica, pp. 948,949

Dedicamos un capitulo más adelante a Catiray donde se llevó a efecto la experiencia misionera de los jesuitas en el sur de Chile, en los inicios del s. XVII. Cap., "Las Reguas de Catiray". 38 El Sr. Guillermo Krumm Saavedra en su erudito trabajo "División territorial de la Araucanía" intenta recomponer los Aillarehues y Levos indígenas de acuerdo a la información de los cronistas. Es una guía útil para delimitar territorios y ubicar las diversas "parcialidades". Sin embargo discrepamos de algunas ubicaciones como poner a Catirai dependiendo de Cautín. Creo que la diferencia general es que Krumm considera los ríos como fronteras y no como vecindad. Por ejemplo, considera los indígenas entre el Itata y el Bío Bío cuando lo que habría que hacer es considerar a los del Bío Bío y de todos sus afluentes, por el lado norte y por el lado sur, en una misma agrupación. Los ríos no separaban sino que comunicaban. Ver Guillermo Krumm Saavedra "División territorial de la Araucanía", en Revista Chilena de Historia y Geografía, Año 1972, N°s. 139 y 140, pp. 80 a 104 y 50 a 72.

[61] El Bío Bío fue seguramente el más poblado por los indígenas antes de la llegada española, junto con la costa y las cuencas del Cautín y del Valdivia. Sus afluentes estaban también densamente habitados y comunicados. Juan de Matienzo, uno de los primeros soldados de la Conquista, en una relación señala, hablando de Concepción, que "... los indios de guerra corren y saltean hasta dos leguas de esta ciudad donde han salteado muchos que pasaban de camino tomándoles muchos caballos y haciendas y heridos muchos, y aún el río junto a la ciudad, que se navega con canoas, hay ya ocupado, de suerte que si no es con arma da, no se puede tampoco navegar"39. Podemos imaginar sin demasiada dificultad que los indígenas cursaban el río en sus hábiles canoas, algunas de ellas muy grandes, como veremos más adelante. El Bío Bío y sus afluentes permitían establecer una comunicación fluida a cientos de kilómetros. La llegada de los españoles a sus orillas fue conocida rápidamente gracias a esta movilidad que daban estos ríos, todos navegables para este tipo de embarcaciones. Esto les permitió agruparse para hacer frente a los enemigos que venían del norte. Al comienzo de la Conquista esperan a los extremeños en su frontera natural, el río Itata, que corre de sur a norte y se reúne con el río Nuble, a la altura de Chillan. Es el límite norte de esta cuenca. Aunque suene reiterativo, los ríos, en ese tiempo, comunicaban, no separaban. Con los años, sin embargo, el Bío Bío va a adquirir la categoría de frontera, de separación, de límite. [62]

CAPITULO 2: LA GENTE DE LAS CANOAS.40
Probablemente no es la idea común que existe de la antigua sociedad mapuche. Gente navegando en canoas por los ríos. Wampunche, se debieran llamar, gente de las canoas 41. No ha sido la imagen que nos han entregado los relatos escolares de la Guerra de Arauco. Es posible que con el ingreso del caballo la comunicación a través de los ríos quedara limitada a ciertas áreas de población indígena y contactos o relaciones de menor importancia. Necesitamos, sin embargo, investigar acerca del uso de las canoas en los ríos, una vez demostrada la navegabilidad de los ríos y que los mapuches, en su gran mayoría, vivían en las riberas de los mismos. La hipótesis que presentamos sostiene que los indígenas utilizaban canoas en los ríos y que éstas les permitían grandes y eficaces desplazamientos, rápidos y seguros. Principalmente, sostenemos que las mujeres se desplazaban con facilidad desde las viviendas de sus padres hasta las de sus maridos. Los iban a visitar, les llevaban alimentos, conversaban, intercambiaban informaciones, noticias, comentarios alegres, recuerdos, junto con los productos. Nada de esto sería posible de sostener si no tuviéramos información acerca del uso de estas embarcaciones y su presencia significativa en la Araucanía. Así como ya hemos analizado la gran cuenca del Bío Bío, nos adentraremos en lo que era la cuenca del Cautín, como se denomina hoy al Cagtén o Cautén. 1. LA GRAN CUENCA DEL CAUTÍN EN EL CENTRO DE LA ARAUCANÍA.

"Pasé eL gran río de Biu Biu y llegué hasta treinta leguas adelante desta ciudad de la Concepción hacia el Estrecho de Magallanes a otro poderoso río llamado en lengua de esta tierra Cabtén que es como [65]

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Relación enviada al virrey del Perú por Juan de Matienzo, vecino de Valdivia, del alzamiento y rebelión de los indios araucanos. Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional. T. II. Documentos, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1862, p. 267. 40 Se considera Pp. 63-86 (original hasta el 98). 41 Durante el año 1996 tuvimos un apoyo de la Conicyt para investigar este tema, específicamente los y la navegación indígena por los ríos del sur.

Guadalquivir y harto más apacible y de una agua como de cristal y corre por una vega fértilísima42. El río Imperial reúne al llegar al mar una gran cantidad de ríos que forman una red o cuenca situada en el centro mismo de la Araucanía, la Cuenca del Cautín. Se instaló la ciudad de la Imperial justamente en la desembocadura del río Damas que engruesa el curso del Quepe y del Cautín. Los españoles manejaban la navegación como posibilidad de retirada rápida frente a ataques indígenas, lo que ocurrió muchas veces. Numerosos ríos tributarios del Imperial eran navegables hasta el siglo pasado. Por ejemplo el Chol Chol, que cruza de norte a sur el centro de la Araucanía, era navegable desde la Nueva Imperial, esto es desde el Cautín, cruzando por el ahora pueblo de Chol Chol y llegando a la altura de la actual localidad de Galvarino. El Coronel Gregorio Urrutia, a fines del siglo XIX, puso en funcionamiento una 'cañonera', que recorría diariamente el río cruzando entre medio de las comunidades indígenas. Nadie hoy podría imaginar algo parecido, ya que se trata de un arroyo bastante mermado y a veces seco. Las embarcaciones menores podían incluso continuar por los cursos de los ríos Colpi, Quino y Traiguén43. Un estudio de los ríos a fines del siglo diecinueve señalaba: "La región bañada por el Cholchol es abundante en trigo i los vaporcitos i las lanchas que bajan el Imperial navegan también el Cholchol hasta unos 60 kilómetros, transportando sus abundantes productos directamente hasta Carahue i dan vida a las poblaciones de cierta importancia como Cholchol y Galvarino". Y estas informaciones no tan antiguas señalan que: "El río Moncul, uno de los afluentes más notables del río Imperial, se une a este cinco millas y media al norte del morro Truyué. Es considerado como el más hermoso de la provincia, tanto por los paisajes de la orilla como por ser de aguas profundas hasta su origen, que es la laguna denominada de Trovolhue. Su curso es de 17 millas... y se llega al puertecito fluvial de Trovolhue, donde se reúnen todas las producciones agrícolas de estas comarcas i sobre todo las maderas, que son muy abundantes especialmente el roble pellín44". [66] El mapa de los ríos de la Araucanía propiamente tal era muy tupido, tanto por los grandes ríos que hasta hoy corren caudalosos como, y especialmente, por los pequeños afluentes y esteros que bañaban el territorio. En torno a este complejo ribereño se organizó la segunda gran agrupación indígena. 2. EL RÍO CAUTÍN CRUZADO POR CANOAS.

Cuando Valdivia llega por primera vez al río Cautín, conocido también como Cauten o Cabtén, diversas denominaciones del mismo nombre mapuche, se encuentra con cientos de mapuches que lo esperan para darle guerra. La presencia de canoas es lo primero que llama la atención del soldado español. Como es bien sabido aún los mapuches no usaban el caballo45. Olivares describe el río donde los españoles van a fundar la ciudad de La Imperial. Es una hermosa descripción. Comienza señalando por dónde supuestamente avanzó Valdivia desde la ciudad de Concepción.
42

Jerónimo de Alderete, citado por Francisco Vidal Gormaz, trabajo hidrográfico citado, p. 257. La comparación con el río Guadalquivir no es menor para nuestros propósitos ya que como es bien sabido los barcos y navegaciones llegaban hasta la misma ciudad de Sevilla en aquellos años. 43 En un documento de 1886 se reproduce el ruego de un grupo de caciques al fuerte establecido en Lumaco, para que suspenda el recorrido del 'vapor' ya que asustaba a la gente y los animales con su bullicio y su silbato. No sabemos el tamaño de este barco pero no debe haber sido un bote ya que producía todo este perjuicio. Recordemos que este rio se desplaza de norte a sur. 44 Anuario Hidrográfico de Chile, ya citado p, 147. Este río Moncul desemboca cerca de Puerto Saavedra y se interna hacia el norte paralelo a la costa hasta un balseo que hay en la localidad de Lobería y luego por una quebrada sube a la Cordillera de la Costa donde tiene su nacimiento. 45 El río Cautín nace en la alta cordillera muy al norte. Se le denominaba con el mismo nombre hasta la ciudad de Imperial donde en su último tramo se reúne con varios otros afluentes y se le ha dado el nombre de río Imperial.

"...desde la Laja paso por Tarpellanca y a Bío Bío por Negrete, y caminando el rumbo de norte a sur, llegó a las orillas de Cagtún, río de crecido caudal y de crecidísima corriente. Entre ese río que cae al sur y el río Las Damas, que esta al norte, hai una espaciosa llanada que para loma es humilde y para vega levantada: más que por lo fértil y enjuta, participa de las buenas calidades de la una y de la otra, libre de los azares de los parajes húmedos y de la esterilidad de los secos y cerrada en la mayor parte por los ríos que se enriquecen, comunicándose uno a otro sus caudales. Así mezcladas sus corrientes y perdiendo su propio nombre que truecan por el de río Imperial (...) en todo este trecho que llega a siete leguas, es el río de fondo para embarcaciones de mayor porte que se dice llegaban hasta la ciudad (...) el tiempo y el presente lo desusado de navegarlo han dado lugar para que se asienten en la boca bancos de arena de la que el mar impele con la violencia de su flujo. Todas las tierras que caen a una y a otra marjen del río son de sumo recreo para la vista por su frescor y verdura...46" El propio Valdivia en su "relación de méritos" señala el carácter navegable como la principal razón por la que ha fundado La Imperial, dice: "E vino conquistando y pacificando los naturales hasta llegar donde ahora está fundada la ciudad Imperial, e habiendo conquistado la jente que halló, en el mejor sitio pobló esta ciudad: está fundada entre dos ríos, quel [67] uno dellos es muí caudaloso y hondable, en que se hace un puerto de mar: está dos leguas della: es muí buena comarca de tierra e bien poblada. Pusosele este nombre, porque en aquella provincia y esta en la mayor parte de las casas de los naturales, se hallaron de madera hechas águilas de dos cabezas47". Los diversos testimonios48 reconocen que la fundación de esa ciudad se pensó por estar situada en la zona más poblada del país y por permitir el río la navegación desde el mar. Valdivia pensó que ese lugar debía ser la capital de Chile y por esa razón se le dio el carácter posterior de Obispado. La reacción de los indígenas no se hizo esperar al llegar el conquistador: "Salió el Gobernador a ellos con cuarenta de a caballo y se echó a nado en el río. Y fue Dios servido que pasamos a la otra banda sin riesgo49, puesto
46 47

Olivares, pp. 126 a 128.

Relación de los méritos y servicios hechos por Pedro de Valdivia en la gobernación del Reyno de Chile, enviada al Gobernador Carlos V por los rejidores y ayuntamiento de la ciudad de Valdivia a 20 de Junio de 1552. Publicada en la Colección de Historiadores de Chile, T. II, p. 238. Hay versiones modernas sobre el episodio de las águilas que habrían estado dibujadas en las casas indígenas de Imperial; ver lo que dicen Góngora Marmolejo y Gerónimo de Quiroga en nota más adelante. 48 En cuanto a la crítica de las fuentes con que trabajamos tenemos en cuenta lo que los estudios modernos han analizado acerca de las crónicas. Una reciente tesis dirigida por Rolena Adorno revisa en detalle y comparativamente las informaciones de Valdivia y Vivar, acerca de las primeras miradas a la sociedad ribereña del sur de Chile. Ver: María Jesús Cordero. The transformations of Araucanía from Valdivias's letters to Vivar's chronicle. Peter Lang, New York, 2001. 49 Jerónimo de Vivar está hablando en primera persona, lo que, aunque utilizado comúnmente en las Crónicas como un recurso literario, posiblemente en este caso es correcto ya que según otros informes y sus propias afirmaciones habría estado Allí presente. Jerónimo de Vivar. Crónica de los Reinos de Chile. Edición de Ángel Barral Gómez, 1988. Salvo que se diga lo contrario hemos usado esta edición que nos parece de lenguaje más llano y de mejor critica. En este libro seguiremos muy de cerca las informaciones de la crónica de Vivar por haber sido un contemporáneo de Pedro de Valdivia y junto a Góngora Marmolejo y Mariño de Lobera, los primeros testigos de lo que ocurría en el sur de Chile. Se ha discutido la autenticidad de esta crónica ya que recién se la redescubrió en los años 60' y publicó en 1969. Hay sin embargo numerosas informaciones sobre este personaje. Un estudio de Giorgio Antei señala: "León Pinelo -nombra a Gerónimo de Vivar (según la grafía, "Bivar") en las Confirmaciones Reales. Lo menciona en el cap. VII de la Parte I (pp. 34v y 36v), en su calidad de secretario no del "General" sino del "Governador i Capitán General" Pedro de Valdivia. De cualquier modo, he aquí la transcripción de dicho pasaje:« Pressidente de Chile, Governador i Capitán General. Aquel

[68] que era muy hondo y tan ancho como un tiro de ballesta. Y pasado y salidos a lo llano a do los indios estaban, dimos en ellos, y como nos vieron pasar y pasados, acordaron ellos pasarse de una banda del otro río50. No dieron tan presto ni dieron tan buena maña que la nuestra no fue tan presta y más breve, porque fueron alcanzados en el compás de tierra que hay entre el un río y el otro. Y perdieron algunos la vida, porque no supieron ni pudieron defenderse". "Hecho esto y viendo el gobernador que los indios TENÍAN ALLÍ AQUELLO DOS RÍOS Y MUCHAS CANOAS Y QUE TENÍAN EN TENER ESTO POR GUARIDA y que no se les podía aprovechar de ellos acordó irse el río arriba con todo su campo, y fue hasta un sitio y como vio tan buen lugar y que era apacible y riberas del río Cautén, asentó su real51". Valdivia ha llegado hasta el río Cautín y la gente, desde las orillas, le gritan de una manera ensordecedora, según dice el cronista. "Antes tenían por exercicio y ardid de guerra darnos muy grandes voces y gritan cada día y cada noche, ansí indios como indias, chicos y grandes"52. El [69]
Reyno fue descubierto por Don Diego de Almagro: i aviendo dexado su participación, la dio el Marques Pizarro a su Maesse de Campo Pedro de Valdivia, con titulo de su Teniente i Capitán General, i con facultad para encomendar, de la cual usó en la fundación de las ciudades de Santiago, la Serena, la Concepción, la imperial, i Valdivia. Bolvíendo después al Perú, en favor del Presidente Gasca; i aviendo regido el campo de los leales en la batalla de Xaquíxaguana, le dio titulo de Governador í Capitán General de aquel descubrimiento, con la facultad ordinaria: como lo refiere su Secretario Gerónimo de Bivar en la historia de aquel Reyno, que tengo manuscrita. Aparecen dos notas marginales que dicen: b, Gerónimo de Bibar, cap. 3. 51. 57. 68. 102. c, Bivar cap.78. En la página 34v puede leerse la siguiente anotación: Governador de Tucumán. El descubrimiento desta Provincia hizo el Capitán Francisco de Villagra, por orden que le dio el Governador de Chile Pedro de Valdivia, i por particular comissión, que tuvo del Presidente Gasca, c, Gerónimo de Bivar, Historia de Chile manuscrita. Cap. 110. La referencia a Gerónimo de Vivar es retomada por el abate Molina, (Giorgio Antei, La Invención del Reino de Chile. Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1989). El Sr. Guillermo Feliú Cruz escribió la historia de este manuscrito del cual iba a realizar una presentación que al parecer nunca se publicó. Dice: "Durante muchos años, por espacio de casi más de un siglo, supúsose perdida definitivamente esta crónica que tuvo en su biblioteca, según parece, León Pinelo, o bien le fue dado consultar en alguna de las que visitaba para sus estudios. Conservaba el manuscrito en España, en Valencia, el historiador y arqueólogo José Chocomeli Galán, quien lo habia adquirido de lance en la compra de una partida de libros antiguos, entre los cuales se encontraba el códice de Bivar. Al trasladarse a Francia, cuando los republicanos durante la guerra civil ocuparon la región levantina, lo depositó en un banco de Perpignan. Fallecido el Profesor Chocomeli Galán se ofreció en venta el manuscrito en un catálogo de remate, publicado por la firma Nicolás Rauch, 2 Place du Port, Ginebra, Suiza, y el entonces bibliotecario de la Newberry Library de Chicago, Estados Unidos, Mr. Stanley Pergellis, quiso adquirirlo para su establecimiento, pero la firma de Kermeth Nebenzahl comisionada para 1a compra, no pudo hacerlo por haberse excedido en mucho al valor señalado por la Newberry Library. El señor Nebenzahl lo compró por su propia cuenta y al regresar a Chicago lo vendió a esa biblioteca. El Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina se interesó en 1962 en la publicación de esta obra de Bívar, cuya transcripción paleográfica ha hecho el Profesor Irving A. Leonard de la Universidad de Michigan. La Crónica de Bivar se encuentra a la fecha, en prensa. Se ha trabajado en ella desde 1962. De este modo, se pondrá término a una vieja discusión acerca de sí existió esta Crónica y si su autor fue un personaje y no el Secretario de Cartas de Pedro de Valdivia, Juan de Cárdenas, Juan de Cárdena, u otra persona inmediata a éste", G. Feliú Cruz, Historia de las fuentes, Biblioteca Nacional de Chile, T. I, p. -11. Feliú hace alusión a una discusión que ha habido entre los especialistas si el escritor de esta crónica era Bivar o Juan de Cárdenas, secretario también de Valdivia. Lo que a nosotros nos importa es que se trata de un testigo fidedigno de la primera entrada de los españoles al sur de Chile y que debe utilizarse con todos los resguardos y critica de fuentes propios de las crónicas, cronistas y documentos de los españoles en la Conquista. 50 El episodio de la muerte de un soldado "llamado Higueras" que se metió en el río y se lo llevó porque era muy hondo, Vivar lo pone en el Cautín y Góngora Marmolejo en el río Tirúa, que es el primer lugar donde quiso construir una ciudad Pedro de Valdivia. "Higueras, hombre gran nadador con una buena yegua que tenía valiente y de buena determinación se metió por el río, buscando vado confiado en su nielar y en el caballo que llevaba, cayó en un raudal desechándole la yegua de si. No apareció más." Góngora Marmolejo, p. 25 Edición de la Colección de Historiadores de Chile y Documentos relativos a la Historia Nacional T. II, Santiago de Chile, Imprenta del Ferrocarril, 1862. 51 Es el Capítulo C de Vivar titulado "Que trata cómo el Gobernador don Pedro de Valdivia salió de la ciudad de la Concepción y fue a juntarse con el General Jerónimo de Alderete". Vivar, pp. 256 y 257. 52 Esto se denomina en mapudungun kefafan y es un griterío, con palmoteos y sonidos que se hace en señal de rechazo, alegría o simplemente aplauso. Hay otro grito colectivo que se denomina yape y de allí que yapen es el verbo utilizado para gritar. Este último tiene un sentido más religioso.

lugar no es fácil de precisar, aunque estaba más abajo del actual pueblo de Carahue donde fundó la ciudad de Imperial, que fue una de las capitales de ese período de la Conquista53. Salen en canoas, por lo visto, todas las personas. Grandes, chicos, mujeres y hombres. ¿Qué significan esos gritos que Vivar entiende como un ardid de guerra? Obviamente no están en guerra, estan cantando, rezando, bailando, posiblemente, en una ceremonia que no sabemos de qué carácter sería. Han llegado en canoas. Al día siguiente ocurre de nuevo el rito. Los indios, como los llama Vivar, seguían gritando al otro lado del río. "El Gobernador se puso en la orilla del río y de allí les hablaba. Y viendo que no aprovechaba, mandó se embarcasen en unas canoas ciertos españoles y se acercasen a la otra orilla y que sin desembarcar les tirasen con los arcabuces". "Idos los españoles en las canoas, saltaron en una isla que cerca de los indios estaba. Y vistos por los indios que los españoles estaban en tierra, se embarcaron en sus canoas y saltaron en una isla y pelearon los españoles de manera que les daban en que entender. Y viendo un soldado que le decían Alonso Sánchez en la necesidad en que estaban aquellos españoles que no había quien los socorriese, hirió a su caballo y entró en el río y fue a nado hasta la isla. E viendo los indios al caballo, se tornaron a embarcar y se pasaron a la otra banda54." No debe haber sido pequeño el tamaño de esas canoas, para sostener a los arcabuceros, que solían pesar un tanto. En todo caso el uso de las canoas pareciera que era frecuente en esos parajes 55 que es el asunto principal que nos ha llevado a las orillas del Cautín y que más adelante se denominará Imperial. [70] En el río Cautín podemos imaginar que una canoa que saliera desde lo que hoy es Puerto Saavedra, en la costa, podría navegar varios días; subir hasta Trovolhue unos cincuenta o sesenta kilómetros. Luego bajar y navegar por el Imperial, cruzar el Cholchol y continuar hasta la altura de lo que hoy es el pueblo de Galvarino, e incluso seguir hasta Lumaco, donde por los canales de los pantanos podía merodear por la laguna. Más de cien kilómetros de recorrido. Pero más aún, podría continuar camino hasta Maquehua, a la altura de la ciudad de Temuco, donde se encontraría con una infinidad de canales, que formaban un delta de islas. Raguintuleufú se denomina la zona entre el río Cautín y el Quepe. En lengua mapuche significa 'entre dos ríos'. Esos dos ríos forman hasta el día de hoy un especie de triángulo y en esos años formaban una suerte de 'zona pantanosa que se cubría de agua no solo en los inviernos sino que seguía teniendo canales también durante el verano. Esta característica 'veneciana' posibilitó que en esa zona se concentrara una gran cantidad
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No es fácil localizar el asunto, ya que más atrás Vivar entrega una información muy precisa, que dice "... Y como era mucha gente y el compás del "valleno" era grande, y como la mar estaba cerca y batía, y la costa brava, era tanto el ruido que no nos oíamos, ni aún nos entendíamos y casi atónitos". Esto significaría que Valdivia entró por la playa cercana a lo que hoy es Puerco Saavedra, y de allí subió el río Cautín. Sin embargo en ese lugar no hay dos ríos como describe después el propio cronista con detalle. Hemos pensado siempre que esos dos ríos eran el Cautín y el Quepe y que los hechos ocurrieron varios kilómetros más arriba. 54 Vivar, p. 258.
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Góngora Marmolejo, otro de los testigos posiblemente presenciales de estos hechos, señala lo mismo pero sin dar detalles como los de Vivar. Dice que Valdivia fue "por el camino de la costa hasta que llegó al río Tirúa... Allí quiso poblar. Desde a dos días llegó al río Cayten, que corre por tierra fertilísima y de mucha gente. Junto a ese río pobló una ciudad en una punta que hacia donde se juntaba con otro río menor, y le puso por nombre Imperial, porque en las casas que los indios tenían, había en unos palos grandes que subían desde el suelo a lo alto de las casas una braza y más, en el remate de la misma madera, en cada uno un águila con dos cabezas. Tornándola con buen propósito de Imperio, le puso aquel nombre de Imperial", Góngora Marmolejo. El título completo es: Historia de todas las cosas que han acecido en el Reino de Chile y de los que lo han ganado. Vicios y virtudes que han tenido desde el año de 1536 que lo gobierna el doctor Saravia, compuesta por el capitán Alonso de Góngora Marmolejo, natural de la villa de Carmona, dirigida al ilustrisimo señor licenciado don Juan de Ovando, presidente del Real Consejo de las Indias por su majestad el Rey don Felipe nuestro señor. Fue publicada por vez primera en 1852, al cuidado de Pascual de Gayangos, en el Memorial histórico español, Madrid, T. IV. Nosotros seguimos le edición de Colección de Historiadores de Chile y documentos relativos a la Historia Nacional. Tomo II, Santiago, Imprenta del Ferrocarril, 1862. Se señala que la copia se encontraba manuscrita en la Biblioteca Nacional de Lima de donde el año 1861 se sacó una copia por orden del Gobierno de Chile y bajo la dirección de don Francisco Astaburuaga. Citaremos en adelante Góngora Marmolejo, p. 26.

de población. Las aguas inundaban las vegas durante el invierno y dejaban canales que naturalmente permitían la irrigación durante el verano. La fertilidad de esas tierras no tuvo competencia. Los indígenas vivían allí produciendo todo tipo de hortalizas, siembras y alimentos. Veremos más adelante que desde lejos parecía un poblado densamente ocupado. Las casas se encontraban ubicadas en los pequeños lomajes o lugares adonde el agua no llegaría56. El Cautín no era navegable para grandes embarcaciones desde el valle de Maquehua hacia la cordillera, pero sí podían cruzarlo las canoas sin dificultad, pasando por la actual ciudad de Lautaro y llegando hasta Curacautín. Numerosos cauces subsidiarios, como el Muco, que cruza todo el valle de Lautaro, eran, y son, lentos y suaves, permitiendo el paso de las pequeñas embarcaciones. El paisaje del sur ha cambiado de tal suerte que es difícil imaginar, por ejemplo, una canoa saliendo de Curacautín, llegar a Puerto Saavedra, casi doscientos cincuenta kilómetros de distancia, cargada de piñones, para intercambiar por pescado seco, piures secos y ahumados y otros productos propios de la costa, [71] y necesarios para la alimentación de las poblaciones que vivían en la cordillera, permutas o trueques que están relatados en los testimonios de las historias de los antiguos mapuches. 3. INVESTIGACIÓN ACERCA DE LOS TIPOS DE CANOAS INDÍGENAS DE CHILE. QUE UTILIZABAN LOS

Para quien no se imagina el tamaño de las canoas indígenas, traigamos a colación un testimonio reciente, "Las canoas de que se sirven los indios, son de una sola pieza i toscamente trabajadas al hacha. Las hai de inmensas proporciones. Tuvimos ocasión de ver una donde cabían cómodamente tres o cuatro animales vacunos y seis a ocho personas57." Frente a un despliegue acuático como el que venimos describiendo, es evidente que existían diversos tipos de embarcaciones indígenas, apropiadas cada cual al tipo de ríos, lagunas y mares donde navegaban. Al parecer había cuatro grandes tipos de embarcaciones en el Chile precolombino: las balsas, construidas sobre cueros de lobos inflados, utilizadas en el norte y centro del país por los indígenas costeros, según algunos denominados Changos58. No hay informaciones acerca de este tipo de embarcaciones más al sur del Bío Bío. Existía otra clase de balsas comunes, fabricadas con diversos materiales útiles para cruzar los ríos. Estas se encontraban en todo el territorio. Al sur del Bío Bío la balsa marina soportada sobre cueros de lobos de mar inflados era reemplazada por otra variante sustentada en grandes troncos de árbol. El tercer medio era la piragua o canoa, en lengua mapuche wampu, que designaba al bote hecho de un solo tronco que servia tanto para el mar como para los ríos y lagos. Finalmente, al llegar a la región sur de Chiloé, se encontraba la embarcación más sofisticada: la 'dalca', confeccionada con tablones, amarrada y 'calafateada'. Los chilotes, los antiguos mapuches de las islas, habían desarrollado probablemente el uso de la vela antes de la llegada de los españoles59. [72]
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Los españoles consideraron siempre que ese era el centro poblacional y simbólico de la Araucanía y por esa razón trataron, infructuosamente, de asentar un fuerte en lo que conocieron como Boroa. Boroa se encuentra entre estos dos ríos y es el centro de un territorio muy grande donde probablemente se encuentre la población de mayor sedentarismo y más antiguo asentamiento agrícola de la Araucanía. Las características pantanosas de esta parte del territorio, al igual que Purén y Lumaco, impedían la utilización de la caballería, por lo que transformó a estos lugares en inexpugnables. Ver: Jerónimo de Amberga. “Historia de Boroa”. en la Revista chilena de Historia y Geografía. Año 1912. 57 Señoret. Exploración del río Bueno i el lago Ranco. Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile. Tomo XXCII. Talleres Tipográficos de la Armada. Valparaíso, 1912. Como se recuerda este reconocimiento es de 1877. 58 En esto seguimos el estudio de Gualterio Looser. Las balsas de cueros de lobo de la costa de Chile. Extracto de la Revista de Historia Natural. Año XLII (1938) pp. 232 a 266. Hemos consultado S.K. Lothrop, "Aboriginal navigation off the Coast of South America" Journal of the Royal Anthropological Institute of Great Britain and Ireland, London, t. LXII, 1932, p. 229 y ss. Sobre otras culturas canoeras, se destaca el trabajo de Aureliano Oyarzún "La canoa de los yaganes, el bote monoxilo y el de tablones", Boletín de la Academia de la Historia, N° 25. En este trabajo describe las formas de construcción de embarcaciones en el extremo sur.

Medina, siguiendo las informaciones de los cronistas, nos ha entregado una buena descripción de las embarcaciones indígenas, y de su fabricación. "Para pescar se valían nuestros aborígenes de varias clases de embarcaciones. Pedro Cieza de León que escribía a mediados del siglo XVI, refiere ya que los changos de la costa de Atacama usaban salir al mar para sus pesquerías 'con haces de avena y cueros de lobo inflados'. (...) La principal y más usual embarcación de los indios de la parte central eran las balsas que llamaban THAGI. Se componen de diferentes especies de paja, como es enea, totora, juncos y cortadera (...) Con estas balsas pasan fácilmente los ríos, hacen su facción de guerra, ... y son prestos y diligentes estos indios en pasar los ríos, que sí acontece seguirlos el enemigo y no tienen lugar de hacer balsa de paja, las hacen de las lanzas, y atando muchas astas juntas, sirviéndoles de remo para estas y las demás balsas, una pala con que gobierna, vino puesto en la popa... Las balsas que hacen de maguey (Chagual) son las más ligeras y las más durables, y así muchos maguelles hacen una balsa ligerísima que camina sobre la espuma del agua..." Los troncos de estas balsas son en extremo livianos, añade González de Nájera, "...de los cuales juntos y entretejidos hacen barcos los indios, en que los he visto ir desde Arauco por mar cinco leguas a la Isla Santa María... Para pasar a las islas añade Pérez García, tenían también cierta especie de canoa que, llaman HUAMPU". Los indios de las Islas Mocha y Santa María con estas ligeras embarcaciones atraviesan el mar y van y vienen a tierra firme CON SUS CASAS Y BASTIMENTOS... sin hacer caso de las ondas del mar..." Siguiendo al Padre Rosales60 continúa Medina: "La otra embarcación muy usada en este reino es de canoas: derriban un árbol grueso y alto, debastan el tronco o plan que ha de servir de quilla; cavan el corazón hasta dejar el plan de cuatro dedos de grueso y los costados poco más de dos, y acomoda el hueco para buque, la extremidad más delgada para proa y la más gruesa para popa, donde se asienta el que gobierna con una pala que llaman canalete, y cuando es grande sirven otros dos remeros a los lados, y reman en pie sin estribar el borde de la canoa, con que la traen tan ligera que apenas toca el agua; pero como son [73] redondas, son celosas y suelen trastornarse. Son moderadas y la mayor que he visto fue en Toltén, CAPAZ DE TREINTA PERSONAS61.
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Francisco Vidal Gormaz señala que "En el siglo pasado cuando los indijenas eran mui numerosos i los campos más cultivados, los naturales de Tirúa se hacían a la mar con sus frágiles Dallcas o huampus para pescar i comunicar con los habitantes de la Isla Mocha" y agrega, "Dallca era la balsa de los indíjenas construida de totora o de pellejos de lobo, Huampu cualquiera embarcación. Las balsas o canoas que usaban los araucanos para cruzar los ríos las apellidaban thagi o tagi”. Anuario Hidrográfico de Chile. Jeografia náutica de la República de Chile, op. cit., p. 218. 60 El Padre Rosales conoció muy de cerca la vida de las canoas en la costa ya que muchas veces incluso cruzó a la Isla Santa María en esas embarcaciones. 61 Toda esta larga cita se debe a Medina quien a su vez señala estar citando al padre Rosales en su Historia del Reyno de Chile y otras informaciones. José Toribio Medina, Aborígenes de Chile. edición citada, pp. 195 y 196 y Rosales pp. 164 y 165 de la edición de Vicuña Mackenna. El titulo completo de esta obra, una de las más importante para el estudio de la colonia y la vida de los indígenas de Chile, es el siguiente: Padre Diego Rosales, Historia general del Reyno de Chile y Nueva Extremadura. En que se trata de las rebeliones de los indios, la guerra sangrienta que hicieron a los españoles, la porfía con la que la han sustentado, ciudades que destruyeron y el valor con que los gobernadores han peleado contra ellos, Valparaíso, 1877 (en tres tomos). La obra de Rosales (1603-1677) relata los hechos comprendidos entre 1536 y 1655, y debió ser ultimada hacia 1674. Es más conocida como Historia general del Reyno de Chile, Flandes Indiano. Publicada por don Benjamín Vicuña Mackena, Ver también "Juicio critico de la 'Historia general de Chile', obra inédita del jesuita Diego de Rosales", en Anales de la Universidad de Chile, Santiago, 1872, T. XLI, pp. 5-29. Usamos la edición facsimilar publicada por la Editorial Andrés Bello bajo la supervisión del profesor Mario Góngora. Editorial Andrés Bello, Santiago, dos tomos, 1987. En adelante citado como «Rosales». Tenemos dibujos de estas canoas de testigos que las

El uso de estabilizadores no se empleó en el sur de Chile, al parecer, como en otras culturas. Son bien famosos los estabilizadores polinésicos que unían mediante palos largos los flotadores a ambos lados de las canoas y les permitían entrarse en el mar en largos viajes. Posiblemente la ausencia de islas en el litoral chileno hizo inútil la invención de embarcaciones destinadas a grandes travesías. Con excepción de la isla Mocha, que era bien conocida, el resto del territorio requería de embarcaciones de ríos y lagos. En el sur, en cambio, donde la existencia de un sistema de islas y de mar interior permitía un permanente navegar, se desarrollaron embarcaciones mucho más sofisticadas. Los contactos entre los grupos indígenas precolombinos eran muy grandes y los prestamos culturales bien conocidos. Por tanto la diferencia entre un tipo de huampo o wampo y las dalcas de Chiloé se debía a la facilidad con que se podían fabricar canoas de troncos en la región de la Araucanía, su uso en los ríos y lagos, y a las necesidades marítimas de los chilotes de más al sur. Lamentablemente, por las condiciones húmedas y la putrefacción de las maderas, no conocemos de remos, palas y todos los instrumentos de navegación que sin duda poseían los mapuches y que podemos imaginar en base a huellas consignadas en los documentos.

4. NAVEGAR POR LOS RÍOS TORRENTOSOS.
Es evidente y fácil imaginar la navegación en los ríos anchos y tranquilos de los valles, no así en los que se empinan hasta los lagos de la cordillera. Sin embargo como vamos viendo en estos relatos los mapuches cruzaban el territorio en sus wampos con relativa facilidad. Los ríos de más al norte presentan dificultades para imaginar sus antiguos caudales pero no existe duda ni sorpresa respecto de la [74] navegabilidad de los ríos Calle Calle, Valdivia y Bueno. Hasta hoy lo son en sus cursos bajos. El río Rahue es aún llamado río de las Canoas, por la cantidad de esas embarcaciones que lo cruzaban. Se lo ubica atravesando la ciudad de Osorno. Para mostrar la navegabilidad indígena, tenemos un testimonio relativamente reciente que es de interés y nos la explica. El teniente segundo Manuel Señoret, junto a dos guardiamarinas en 1876, bajó desde el lago Ranco en una chalupa hasta la desembocadura del río Bueno, lo cual implica cruzar todo el territorio desde la Cordillera al mar. Salvo la primera parte cercana al lago, el resto del viaje no planteaba mayores problemas. Comenta las dificultades que tienen las pequeñas canoas con los remolinos que hay en el curso superior del río. “Pocos metros antes de ese punto el río da una vuelta al SO i la corriente forma un remolino terror de las canoas indígenas. El remolino apenas lo notamos nosotros. Pero los bongos indígenas, con mal gobierno y peor dirigidos son fácilmente echados por la corriente contra el escarpe de la ribera i donde por su poca estabilidad, zozobran fácilmente. No hai duda que en invierno en que el caudal se dobla debe aumentar mucho la fuerza del remolino62.” El lago Ranco es uno de los más grandes el sur, el segundo después del Llanquihue. Hasta el día de hoy es habitado, tanto en sus orillas como en sus islas, por los indígenas 63. Hasta hace unos años se podía conocer el mundo que estamos describiendo ya que el único medio de llegar a las islas era en los botes indígenas. Según diversos testimonios, en los años treinta de este siglo se habrían mandado a quemar más de trescientas canoas al ponerse en funciones el sistema de vapores en el lago. El motivo aducido era el peligro que implicaba el uso de estas precarias embarcaciones ya que muchas personas perdían la vida cuando el lago se "picaba". Estas barcas no podían cruzar el lago los días de temporales porque se suelen agitar mucho las aguas. Sin embargo, eran capaces de desplazarse sin grandes dificultades a través de kilómetros desde la
vieron utilizar y recientemente se ha encontrado una de enormes dimensiones en el fondo de la laguna de Lanalhue, la que se encuentra en el museo de Cañete. 62 "Exploración del río Bueno i lago Ranco por el teniente Manuel Señoret i los guardiamarinas Aguayo i García" A.H.M.CH. T. XXVIII. Valparaíso, 1912, pp. 25 ss. El autor señala que los barcos que en ese tiempo unían Carahue con Valparaíso (sic) podrían llegar hasta Trovolhue si es que se dragara la boca del río Moncul la que se embancaba por las arenas que ya en ese momento comenzaban a perjudicar la navegación de los ríos del sur. "Dragado ese banco los vapores podrán recorrer el río en toda su lonjitud hasta el lago Trovolhue". 63 A la mayor de las Islas se le denomina Isla Huapi. Como es sabido, huapi en mapuche es juntamente 'isla'. La información del texto se basa en entrevistas realizadas por el autor.

Cordillera, a cuyos pies está el lago, hasta el mar. La demostración de este asunto pareciera fundamental para comprender los intercambios prehispánicos -y también posteriores- entre los diversos grupos humanos que poblaban densamente estas tierras64. [75] El mismo guardiamarina Señoret, al año siguiente de haber subido al lago Ranco, describe la navegación por el río Rahue que nace del Rupanco y es el "... de más consideración por el caudal de sus aguas i por la importancia i población de los terrenos que atraviesa durante su curso65". Salió de Osorno con una chalupa y ascendió hasta llegar al lago Rupanco66. Relata la forma tradicional de la zona, ocupada por los indígenas para subir los ríos cuando tienen mucha corriente: "Se valen para facilitar la operación de ciertas piezas de madera de luma, endurecidas al fuego, que llaman 'choques y horquetas', con las cuales se agarran de las ramas de los árboles de las riberas. Al efecto los tripulantes se reparten convenientemente: dos individuos colocados en la proa manejan los 'choques' como si fueran bicheros 67 i otros con las horquetas68 empujan desde la popa. A primera vista parece sencillo este método de subir los ríos, pero si se tiene presente la corriente y las palizadas hincadas en el lecho del río, que obligan muchas veces a atravesar el bote a la dirección de las aguas, se comprenderá que sólo con gente avezada a este sistema de navegación se pueda remontar sin peligro." El descenso del lago por el río Rahue era evidentemente más fácil y permitía en un día de chalupa bajar 40 kilómetros. La prueba de esta navegación la da con entusiasmo el autor diciendo: "Embarcados hemos remontado el río hasta su nacimiento y embarcado lo descendimos." El río Rahue, a partir de Osorno, recibe numerosos afluentes que lo hacían navegable incluso por vapores amplios, hasta reunirse con el Bueno en el lugar hasta hoy conocido como Trumao 69. En esa confluencia de ríos se edificó en 1805 la Misión de Quilacahuín, existente hasta el día de hoy. La canoa usada en los ríos, como vemos, tenia a lo menos cuatro operadores, dos en la proa y dos en la popa. Estos últimos trabajaban con horquetas cuando el fondo era bajo y con remos cuando era hondo. [76] No tenemos información del tipo de remos que se usaban, ya que no se han conservado. Las noticias que tenemos del lago Llanquihue y el río Maullín son también muy amplias y evidentes. Prácticamente todos los ríos de la región, en lo que hoy se llama Llanquihue, eran navegables. En este punto se producía el encuentro con la cultura marítima de Chiloé y con botes y barcazas, las dalcas chilotas, de mayor tamaño y complejidad constructiva70. Es evidente que los remos, timones y otros aparejos que los 'mapuches' de Llanquihue, Carelmapu y Chilhué utilizaban podían haber sido traspasados a los de más al norte. Recordemos además que hablaban la misma lengua, según nos testimonian todos los primeros
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Como se ha reiterado todos los testimonios muestran que había comunicación fluida entre los habitantes de Valdivia y los del lago Ranco y la Cordillera. Al no existir caballos el sistema más rápido es el que aquí estamos describiendo. 65 Señoret corrige la información de Claudio Gay que creyó que el río Rahue y el río Maullin salían del lago Llanquihue. El mismo error lo traía en el siglo pasado la Geografía Física de Pissis, que para otros fines hemos usado mucho en este trabajo. Esta confusión de lagos y ríos por parte de los especialistas chilenos del s. XIX nos muestra el tardío conocimiento que se tuvo de estos territorios. Qué duda cabe que los indígenas conocían cada detalle del terreno y cada lago y río poseía su nombre propio. 66 Se trataba de una chalupa de la Armada de Chile con ocho remos y capacidad para doce personas.
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El fichero es un instrumento marino consistente en una pértiga de madera con un gancho de fierro en su punta, lo que permite a los tripulantes agarrarse de las orillas de los barcos o muelles 68 La horqueta es una pértiga con una pieza final de dos puntas. "Exploración del rio Rahue y del lago Rupanco". Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile, p. 198. 69 Ibid. anterior, Señoret, p. 207.
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Francisco Vidal Gormaz, op. cit., p. 182 y ss., señala que el río lo surcan balandras que calan 2 metros i más lo usan también sin tropiezo". No insistimos sobre la navegabilidad de esta parte del territorio porque es evidente hasta el día de hoy.

cronistas. Por cierto deben de haber usado iguales o parecidos instrumentos para hacer frente a sus necesidades. 5. LAS CANOAS Y LA VIDA COTIDIANA

Este mundo fluvial que va apareciendo a nuestros ojos en el sur de Chile era posible, entre otras muchas cosas, por la facilidad con que se hacían las embarcaciones. Los mapuches vivían en el agua, nadaban, cruzaban los ríos, pescaban y para formar un bote cortaban uno de los gigantescos árboles que llenaban el sur de Chile, por lo que no necesitaban de una tecnología más compleja. Rosales relata la fabricación de canoas en el sur de Chile: "Y cavan un árbol muy grueso con fuego y con unas conchas del mar le van rayendo, aplicando el fuego moderadamente alrededor del árbol... y con el mismo trabajo y perfección abren el buque quemando a pausas el corazón del árbol y raspando con las conchas lo que labra el fuego; y aunque tarde y espaciosamente vienen a sacar su embarcación tan bien labrada como si tuvieran los instrumentos necesarios. Con estas, aunque débiles canoas, se arrojan al mar a pescar, como lo hacen los de la Imperial en la pesca de la corvina, que es muy copiosa y también a dar asalto a sus enemigos71”. La construcción de embarcaciones fue una técnica manejada por los mapuches del sur de Chile. Es evidente que los testimonios muestran que al llegar al canal de Chacao y acercarse a Chiloé comienza a haber una variedad mayor de embarcaciones. Las informaciones son abundantes. Ercilla dice que en el canal de Chacao había numerosas embarcaciones mostrando que el carácter marinero de los chilotes se remonta a tiempos prehispánicos. [77] "Cruzando por el uno y otro lado /Góndolas y piraguas presurosas /Llegó una como góndola ligera /De doce largos remos impelida". Rosales dice que "... de estas piraguas usan también los indios que habitan junto a la famosa laguna de Nahuelhuapi y otras que confinan con Chiloé, mas los de Villarrica navegan la laguna de Epulabquen, que significa dos mares, en balsas y canoas." Es evidente que con la cantidad de ríos y lagunas se requería permanentemente contar con embarcaciones. Gerónimo de Quiroga señala: "Los 'indios amigos' entro otras cosas son fundamentales para el ejército español porque les permiten pasar los ríos, hacer las balsas y embarcaciones (...) "...porque en la guerra son los primeros en auxiliar nuestras armas, son los que reparan los primeros golpes, como las murallas o trincheras nuestras, son los que abren y cierran los caminos, son los que fabrican les puentes y las balsas y embarcaciones para pasar los ríos, son los que manejan las balsas en las que pasa el ejército los ríos caudalosos, los que traen hierbas para los caballos, los que hacen las estacadas cuando alojamos campeando y los que pasan los caballos y ganamos nadando por los ríos y pierden sus caballos nadando, y las vidas muchos." Algunos autores señalan la existencia de una ceremonia que se realizaba cuando se elegía un árbol para fabricar una canoa. Al parecer se reunían un grupo de gente, lo que era necesario para la faena, y se decían algunas oraciones. Nada sabemos muy preciso de ello como de muchas cosas propias de la vida cotidiana de los indígenas. Sólo nos han llegado pequeñas noticias, 'rumores' de cómo puede haber sido la vida cotidiana de la sociedad de los mapuches antes de la llegada de los "españoles. La posterior adopción del caballo y del ganado vacuno contribuyó aún más a esconder en el olvido este mundo antiguo. Como hemos señalado la sociedad ganadera y ecuestre de los mapuches del siglo XVI en adelante vino a dejar en el olvido a esta otra sociedad preecuestre, sociedad que usaba para sus comunicaciones los ríos, la que llamamos 'sociedad ribereña'.
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Padre Rosales. Historia del Reyno de Chile. Flandes Indiano, T 1, pp. 173 y 174.

Sin embargo, a través de los relatos maravillosos, a través de los mitos de seres fantásticos se puede vislumbrar algo de lo que fue esa sociedad. Esta historia se cuenta en Maquehua, muy cerca de Temuco, y permite mejor imaginar esta vida. "En un raudal siempre se daban vuelta las canoas cuando pasaban. Moría alguno de los que iba. Había un hombre que era muy bueno para nadar. Una vez iba con otros en una canoa. Al hombre que sabía nadar lo tomó un animal con la cola, lo apretó lo clavó. El hombre andaba siempre con cuchillo. Sacó el cuchillo y le cortó la cola al animal. La cola tenía como dos varas, era como un serrucho. Por eso ninguno escapaba. Desde entonces no se dio vuelta ninguna canoa72." [78] Los remolinos en los ríos eran sin duda el mayor peligro de las canoas en su navegar, por ello están asociados a seres fantásticos. Los recodos del río tienen nombres alusivos a situaciones que ocurrieron alguna vez. "En el río Quepe hai un remanso. Un mapuche fue a bañarse ahí se tiró al agua. Inmediatamente se sumergió. No salió más. Cuatro días lo buscaron. Imposible hallarlo. Hallan pronto a otros ahogados. Entonces dijeron: "hay Trelquehuecufe". Nadie se ha bañado más en esa laguna73. Los remolinos chupan a las personas al fondo del río y los mapuches sugieren que es un poder especial. Hay que tener cuidado. Las historias se repiten en todas partes del sur con nombres diferentes. La vida al borde de los ríos nos lleva a tratar de comprender la cotidianidad de la sociedad indígena prehispánica. No es sencillo ya que se han borrado casi todos los testimonios. Como en casi todas las culturas la vida cotidiana no es consignada por la historia74. Para la posteridad sobreviven los grandes monumentos construidos por el Estado, los templos de las religiones estatales, las batallas y acciones gloriosas, Es difícil que quede el recuerdo de la navegación silenciosa de mujeres por los ríos del sur de Chile. Sin embargo, en esas embarcaciones frágiles se fue tejiendo la primera sociedad que habitó el territorio. Se estructuró una sociedad de personas libres y amantes de su libertad; una sociedad que no requirió de la formación de un Estado omnipotente y esclavizador, una sociedad que si bien por su número y densidad podría haberse transformado en un sistema jerarquizado, lo rechazó e hizo de la independencia de sus linajes familiares una cultura.

6. NAVEGAR POR LA VIDA: MATRIMONIOS Y EL ORIGEN DEL SISTEMA DE
INTERCAMBIOS. "Para que yo vea que tan poderoso es ese vuestro Rey decidme que tantas mujeres tiene y respondiéndole el español que una comenzó a reírse de todo cuanto lo había de todo cuanto lo había dicho75”. La sociedad mapuche del sur de Chile se fue poco a poco estableciendo a la orilla de los ríos. Fue un proceso de sedentarización temprana el [79] que se dio en la Araucanía. En otras sociedades esta instalación permanente fue concomitante con el desarrollo de la agricultura y el establecimiento de pueblos, villas o ciudades. En el sur de Chile se dieron condiciones naturales para permitir una combinación de elementos que no siempre han ido de la mano en el desarrollo económico de los pueblos. La existencia de los ríos permitió un buen nivel de alimentación y sobre todo de intercambios. La cercanía del mar posibilitó también la obtención de alimentos en gran escala, como
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Tomás Guevara. Chile prehispano, p. 22. Guevara, id. p. 24. Se dice comúnmente que en el Corán no se menciona al camello.

El texto completo es así: «Diré un gracioso dicho de un cacique al cual estando procurando un soldado con mil argumentos y razones, finalmente le preguntó: Para que yo vea que tan poderoso es ese vuestro rey, decidme que tantas mujeres tiene. Y respondiéndole el español que una, comenzó a reírse de todo cuanto le había dicho, diciendo ¿qué grandeza puede ser la de vuestro rey, pues no tiene mas que una mujer? Nájera, p. 89.

se puede ver en algunos relatos traídos por cronistas y que más adelante se presentan, en que se veía a miles de indígenas, a la llegada de los españoles, mariscando en el Golfo de Arauco. La simple observación de gigantescos conchales de la costa habla de generaciones de indígenas que se alimentaron con estos productos. El conocimiento de la conservación de alimentos por el sistema de secado y ahumado posibilitó una densidad poblacional muy alta. El intercambio de productos entre la cordillera y el mar al parecer existía desde hacía mucho tiempo. En el lenguaje mapuche de la costa existe un nombre propio para denominar la sal de la cordillera, lilcochiadi, la que se diferencia de la sal de mar o sal común o chiadi. Como es bien sabido, la sal es uno de los primeros productos que condujo a la realización de intercambios ya que el ser humano la requiere para adicionarla a sus alimentos76. En la Cordillera de los Andes se encontraban rocas de sal fósil que tenían gran valor para el intercambio con otras agrupaciones que carecían de ella y que no podían sobrevivir sin este producto77. La reconstrucción hidrográfica que hemos realizado y que se puede observar en todos los planos antiguos, muestra una Araucanía muy diferente a la que imaginamos. Grandes ríos la cruzan en todas direcciones y permiten que la comunicación sea relativamente fácil a través de canoas. Fueron intercambiando entre sí relaciones, amistades, productos. En el centro de todos estos intercambios está el matrimonio. [80]

a) Matrimonio, lenguaje y memoria.
Todos los cronistas son testigos de que la mujer al contraer matrimonio dejaba la casa paterna. La costumbre se ha mantenido a lo largo de siglos. El hombre, dicho de otro modo, busca matrimonio en una familia o linaje diferente al suyo78. Las mujeres de su propio linaje, aunque no fuesen hermanas de padre y madre, estaban prohibidas para el matrimonio79. Por tanto se producía un movimiento de mujeres. Ellas eran quienes dejaban la casa paterna. Lo dicen los primeros observadores. Los nuevos maridos le retribuían a la otra familia productos a cambio de la mujer elegida. Entregaban carneros, mantas, joyas, y posteriormente animales vacunos y caballos. Retribución y reciprocidad entre familias. La una entrega la joven esposa, la otra lo retribuye con regalos, con un sentido de amistad. Se hacen alianzas muy fuertes entre las familias que quedan emparentadas por las mujeres. Estas mujeres se trasladan con sus pertenencias y sus historias, se las cuentan a sus hijos 80. Se produce así un doble proceso. Por una parte se intercambian recursos y por la otra parte conocimientos, alianzas, mundos simbólicos. Éste doble tráfico es el que posibilitó en el sur de Chile que, por ejemplo, todos los indígenas hablasen la misma lengua, el chilidungun o mapudungun, lengua de Chile como señalan los cronistas tempranos y lengua de la tierra como interpretan los actuales mapuches. Hay muchas sociedades en América, como en otras partes, donde este fenómeno no ocurrió de la misma manera. Más aún, hay lugares donde la segmentación lingüística es muy aguda, existiendo comunidades aledañas que hablan lenguas o dialectos diferentes. En Chile, a la llegada de los españoles, se hablaba una sola lengua. El origen de esta
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Carlos Marx la denomina "el primer equivalente", situándola en todas partes del mundo en el origen del Comercio. Ver El Capital .T. I, Cap. I, "La Mercancía". Fondo de Cultura Económica, 1967, México, p. 82. 77 No es preciso cansar al lector con detalles mayores a los que este detallado texto trata de expresar. Señalemos sin embargo que no hay noticias de la existencia de "bocio" en las mujeres mapuches del interior o de la precordillera, por parte de los cronistas. Y si hubiera habido lo habrían consignado. El bocio se produce ante la ausencia de yodo. Se inflaman las glándulas parótidas y el cuello se hincha. La costumbre que hasta hoy existe entre los mapuches de hacer trueque entre los cochayuyeros de la costa y los agricultores del interior, probablemente es más antigua de lo que pensamos o suponemos. El intercambio de trenzas de mariscos ahumados -como los que se ven en los mercados de Chiloé —y cochayuyo, por pilhuas -canastos- de piñones, sal y lana de hueques probablemente es tan antiguo como la existencia de sociedad humana en el sur de Chile. La necesidad de comer pescados y productos del mar para la salud humana era plenamente conocida por los quechuas del Cuzco. Cuando las civilizaciones «subieron» a los cerros, supieron los antiguos que era necesario mantener el intercambio con la costa. John Murra ha explicado con claridad este fenómeno en el caso del mundo andino. Esos conocimientos se trasmitían y no tenemos por qué suponer que los mapuches del sur no lo conocían. Los intercambios médicos y medicinales son tan antiguos como la enfermedad del ser humano. 78 En antropología se lo conoce como "exogamia". Ver nota más adelante.
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La prohibición matrimonial no parece haber sido también una prohibición sexual, incesto. Los testigos señalan que las jóvenes y jóvenes masculinos eran muy libres en sus relaciones sexuales hasta el momento de contraer matrimonio. 80 Es evidente que este es uno de los fenómenos humano-sociales de carácter primordial. La donación de mujeres entre grupos humanos ha ido de la mano del comercio. El tema del "don" es un clásico de la antropología. Ver Marcel Mauss., Ensayo sobre el don en "Antropología y Sociología". Paidós, Buenos Aires, 1988.

unidad lingüística no es otro que la existencia de un sistema generalizado de intercambios matrimoniales y alianzas políticas basados en ellos81. La lengua mapuche no se impuso, como en muchas sociedades, por la fuerza de quienes conquistaron, por ser la lengua del Estado. La fue imponiendo la costumbre a través de las mujeres. Un proceso al parecer extremadamente largo. Se requirieron siglos para que se [81] consolidara un lenguaje común que, a la llegada de los españoles, abarcaba desde los valles al norte de Santiago hasta Chiloé. De una misma lengua hablan todos los cronistas, reconociendo la enorme unidad lingüística existente en el territorio82. Las líneas de los ríos los fueron uniendo a unos y a otros, fueron formando una sociedad en la que las mujeres esparcían los conocimientos comunes, se comunicaban a través del paso de las canoas. Una vez que viajaban a su nueva casa volvían a visitar a sus padres, les llevaban regalos, productos, comidas y diversos recuerdos. Las VISITAS en la sociedad mapuche tradicional constituían, y aún en algunas partes sigue siendo igual, una de las ceremonias más importantes ya que iban formando el entramado necesario de una sociedad sin Estado. Existe un ritual para cada tipo de visita, con nominaciones especiales según sea el motivo o tema de la misma. Es propio de un mundo que vivía disperso, familias dispersas, y en el que la dispersión era algo positivo. En cambio el vivir apiñados en "villas" era mal visto, como un asunto peligroso, donde se producían problemas de convivencia humana, ya fuera por envidia, o simplemente por aquello que aprendieron desde siempre: “pueblo chico infierno grande”. Los mapuches vivían dispersos pero amaban visitarse. Esos intercambios fueron el germen de la memoria colectiva. Largas visitas, de semanas, donde se conversaba en forma tranquila y al sonido de las lluvias y junto al fuego de las rucas siempre encendido. En esos espacios se produjo el traspaso de historias que provenían de uno a otro lov, de una familia a la otra, y que se iba expandiendo con las alianzas matrimoniales. De este modo, el lenguaje, la memoria común, base de la cultura de la antigua sociedad mapuche, están íntimamente ligados al sistema matrimonial. b) Comercio y matrimonio. Quienes han estudiado a la sociedad mapuche se han preguntado numerosas veces por el origen del sistema de parentesco. También se han preguntado muchas veces si existía en esta sociedad, entre las familias y en términos generales, un sistema de intercambios, de comercio. Existe una idea muy difundida de que el mundo llamado "primitivo" carecía de intercambios, que las personas comían lo que encontraban cerca y que las familias eran "autosuficientes". Nada de eso pareciera ser así. En los enterramientos indígenas se encuentran a menudo materiales [82] provenientes de lugares muy lejanos que nos dan cuenta de largos viajes, de canjes de productos entre regiones muy alejadas. Y eso que los hallazgos arqueológicos solamente nos muestran un fragmento mínimo de la realidad, ya que sólo se pueden conservar artículos de piedra o metal, habiéndose perdido cientos de otros bienes perecibles que seguramente se permutaban4383. En el origen del comercio está el sistema familiar poligámico y exogámico en el que las mujeres salían de la casa de sus padres al casarse e iban a vivir en la familia de sus maridos, con la nueva familia allí adquirida. Comercio y sistemas de familias aparecen como dos fenómenos que se dan juntos, haciendo posible pensar que el primero se originara en el segundo.
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Nada sabemos de la antigüedad de la unidad lingüística. En el Capítulo Décimo sobre los lafquemches de Elicura consignamos un testimonio de que usaban en sus ceremonias un lenguaje diferente al mapudungun, lo que podría suponer que esta unificación de la lengua no era necesariamente demasiado antigua. 82 El sistema de parentesco de carácter exogámico abierto y además poligámico permite establecer sistemas complejísimos de relaciones familiares. En el fondo se llega a una red muy amplia de parientes, en primer, segundo o diferente grado. Piénsese en un hombre que tiene seis mujeres, cada una de ellas de un núcleo familiar o linaje diferente, el que a su vez tiene otros tantos linajes relacionados y así hasta el infinito, formándose una red societal muy fuerte y entramada. 83 La humedad del sur de Chile transforma la arqueología araucana en un asunto muy complejo ya que la descomposición de los objetos es total. El valor de los enterramientos en vasijas de barro cocido es muy grande ya que en su interior se han podido obtener piezas más diversas.

La ceremonia del pago de la novia se denomina el mavun y consistía en una visita realizada por la familia del novio a casa del padre de la novia. El Padre Rosales, observador fino de estos ceremoniales, como misionero que era, dice que toda la gente iba con sus tenidas de gala y las mujeres con sus "llancas y piedras preciosas". Dice que asistían los parientes "con carneros, aves, pescados y otras cosas para la fiesta". Agrega que "concurrían los parientes de la novia con mucho adorno i grande repostería de botijas y tinajas de chicha4484;" y agrega: "El marido da a los padres de la novia i parientes todos los carneros; ovejas de la tierra que él i los parientes han traído, i muchas mantas i camisetas, que todo se cuenta por dote i por paga de la mujer, i a la novia i a su madre las cubren de mantas que es la paga i el dote que se da a la madre de la novia por la crianza de la hija, todo lo cual reparten la madre i la hija entre sus parientes85." La mujer adquiere una función determinante en la estructura social, donde la sociedad descansa sobre una red de relaciones y no sobre el poder externo del Estado. Son las mujeres quienes constituyen las alianzas familiares. Ellas son la prenda de la alianza, del pacto de amistad y no agresión entre dos familias. Ellas, por otro lado, serán las encargaban de "alimentar" esas alianzas con visitas permanentes, e intercambios múltiples. Pareciera seguro que no hubo una forma de moneda para la realización de estos intercambios, pero sí existía una clara concepción del [83] valor de cada bien y la necesidad de intercambiarlos86. Quienes tenían pescados secos los llevaban a la casa de un pariente que tenía animales y producía el canje necesario para que los productos circularan. Poco sabemos de los sistemas de trueque, pero lo que si sabemos es del sistema ritual y tradicional de las visitas, en el que se traspasan numerosos bienes que, al parecer antiguamente, eran muchos más. La visita así mirada, era más bien una actividad comercial, una forma básica de entregar bienes y de devolver bienes necesarios y de lo que carecían en ese momento87. La poligamia surge, a nuestro modo de ver, de esta necesidad de organizar una sociedad con gran entramado interno88. Las mujeres salen de la casa paterna y se reparten en una vasta región, enlazando a
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No debe haber sido sencillo trasladar esas enormes tinajas de chicha, algunas de más de un metro de alto y muy anchas como las que se describen interminablemente en las crónicas y cuyos ejemplos podemos ver en los museos. Sobre el mavun ver los trabajos de Martín Alonqueo, El hablar de mí tierra. Ediciones Padre las Casas. Padre las Casas, 1981. 85 Padre Diego de Rosales. Historia del Reyno de Chile. Flandes Indiano. Edición facsimilar preparada por B. Vicuña Mackenna. Ed. Andrés Bello, p. 143. 86 Algunos autores (Alejandro Cañas Pinochet) han creído ver en la cantidad de piedras horadadas un sistema de intercambio o una suerte de moneda. Es una hipótesis sobre la cual no es posible pronunciarse, ya que el uso en la pesca, en el tejido, y otras actividades, es evidente también. 87 Molina señala que: “El comercio interno y externo entre ellos es mui limitado. Aún no se ha introducido el uso de la moneda. Todo suele hacerse por la vía del cambio; este es reglado por una especie de tarifa convencional, según la cual todas las cosas del comercio son apreciadas con el nombre de cullín o paga, como se usaba en los tiempos de Homero. Así un caballo o un freno, forma una paga; un buey, dos, etc… Siempre ha sido aplaudida la buena fe de aquellos pueblos en esta especie de contratos”; agrega en una nota que en estos trueques “jamás ha habido ejemplo de la menor infidelidad”, Compendio de la historia Civil del Reyno de Chile, escrito en italiano por el abate don Juan Ignacio Molina, traducido al español y aumentado con varias notas por don Nicolás de la Cruz y Bahamonde. Colección de historiadores de Chile y Documentos relativos a la historia nacional publicados por José Toribio Medina. Santiago de Chile. Imprenta Elzeviriana, 1901, p. 184. en adelante “Molina”. 88 Los sistemas de parentesco se dividen en términos generales en dos grandes grupos, los endogámicos y los exogámicos. Losa endogámicos son aquellos en que la mujer se casa con miembros de su propio grupo social, aunque no necesariamente de su familia consanguínea. La exogamia implica la migración de la mujer que se casa al grupo social del nuevo marido. Llega a donde su nuevo esposo y debe compartir el resto de su vida con la familia del marido. La otra característica del sistema de parentesco mapuche es que es “patrilocal” y “patrilineal”, esto es que el hijo que forma matrimonio lo construye en la localidad paterna y que la herencia que recibe viene también por línea paterna. Se ha discutido mucho este último punto en la literatura especializada, ya que las mujeres mapuches reciben herencias por los padres, patrilinealismo, pero también por la madre, matrilinealismo. A estas caracteristicas de las familias se les debe agregar su carácter “complejo”, esto es, que un mismo hombre tiene varias mujeres, lo que se conoce en general como poligamia. (Poliandria sería la existencia de muchos hombres con una mujer) si se hiciera un diagrama de lo que podría llegar a ser una familia mapuche ampliada se puede ver que podía establecer relaciones con cientos de otras familias. Piénsese un tronco familiar con diez mujeres y que cada mujer haya tenido tres hijos hombres y tres hijas mujeres. Esto implicaría que en el propio lugar de vivienda de la familia podría haber 30 matrimonios de los hijos hombres con a lo

[84] numerosas familias con la de su tronco original. Las hermanas van y vienen entre familias dispersas pero unidas por una gran red parental. Esta realidad llevó a Molina a realizar la siguiente conjetura: “Parece que en los en los primeros tiempos no se hubiese establecido en Chile más que una sola nación; todas las tribus indígenas que habitan allí, aunque independientes las unas de las otras, hablan el mismo lenguaje y tienen la misma fisonomía. Los que habitan las llanuras son de buena estatura, pero los que se crían en los valles de la cordillera sobrepasan en la mayor parte la estatura común. Quizá el aire más sutil y puro que se respira allí, o el continuo ejercicio de subir y bajar por aquellos fragosos peñascos, comunica mayor vigor a sus corporaturas. Los aspectos de los unos y de los otros son regulares, y nunca han tenido la loca fantasía, seguida de otros salvajes, así del nuevo como del viejo continente, de querer corregir la naturaleza poniéndose disformes los semblantes, para hacerse más bellos o formidables89.” Ciertamente no tiene por qué haber sido originalmente “una sola nación”, pudieron incluso ser varias, nadie lo sabe. Lo que sí podemos saber es que a través del sistema de intercambio familiar generalizado se fueron transformando con los años y los siglos en "una sola nación" para usar el lenguaje del sabio Juan Ignacio Molina. Las mujeres produjeron con sus traslados exogámicos un “intercambio genético ampliado” que condujo prácticamente a la inexistencia de diferencias biológicas entre las diversas agrupaciones y sectores indígenas. Las mujeres produjeron también una reciprocidad lingüística generalizada, produciéndose el hecho de que la lengua indígena fuese hablada, con muy pocas variaciones, a lo largo de un territorio tan largo como el chileno. Las mujeres fueron las encargadas de los intercambios, las especialistas de estos intercambios en el comercio. En buena medida ocurre hasta el día de hoy. En los mercados del sur de Chile las mujeres venden sus productos mientras los hombres observan o conversan de otros temas. El comercio en la sociedad mapuche fue monopolio femenino. Por ello quizá ha sido silenciado en la Historia e incluso se suele negar que existiera algún tipo de actividad mercantil o de intercambio. En los testimonios antiguos aparecen las mujeres con sus productos para vender. Es una constante desde el siglo XVI al XIX, el testimonio de los barcos que llegaban a los ríos de la Araucanía, que observaban las canoas de mujeres que se acercaban con carneros, gallinas, huevos, hortalizas y productos de la tierra en busca de productos extranjeros, telas, tinturas, chaquiras, espejos y curiosidades. Conocen, desde siempre, el valor del intercambio, de la actividad comercial. En estos testimonios los hombres aparecen en las orillas, en una actitud de guerreros guardianes estatuarios del territorio. [85] “Deseoso de llegar con el buque hasta las ruinas de la antigua Imperial que supongo ya mui cerca, mando dos botes bien armados que remonten el río hasta donde les sea posible. Esos botes después de andadas unas tres millas han avistado las ruinas de la Imperial i no han podido bajar a ellas porque estaban defendidas por un gran número de indios armados de lanzas y hondas. La marjen opuesta se hallaba también coronada de jente armada, entre la que se distinguía un batallón de mujeres que daba grandes alaridos. Los botes, sin embargo, han seguido al medio del río, sin ser molestados de otra manera que con injurias…”

menos treinta mujeres de diferentes LOBCHES. Las treinta hijas podrían establecer otras treinta relaciones con igual número de familias. Tenemos al menos que esa familia ha podido hacer alianzas matrimoniales, políticas y comerciales con otras 60 familias, probablemente repitiéndose muchas de ellas. Pero si a su vez agregamos que las treinta familias patrilocales pueden a su vez tener más de una mujer, la multiplicación es evidente. Este sistema de parentesco produce una red múltiple y compleja que es la base de la sociedad mapuche tradicional, donde “todos somos parientes”. No por casualidad que el poeta dijo que “la gente es tan granada”, esto es, tan numerosa, porque evidentemente este sistema de parentesco permitía una enorme capacidad de desarrollo de la población. Pero a la vez era la base de un sistema muy fluido de intercambios. Sobre los sistemas o grupos segmentarios, como se denominan estos sistemas, se puede ver el estudio de George Balandier, Antropología Política. Presses Universitaires de France. Edición de 1999. pp. 86 y ss, Parentesco y poder: los grupos segmentarios. 89 Molina, pp. 108 y 109.

“Desde el “Maule”, que es el barco desde surge este relato, por cierto muy tardío, se divisa durante el resto del día un espectáculo extraño, dice su capitán. “Los cerros que dominan las antiguas ruinas están cubiertos de un lado i otro del río, de indios a pie i caballo, armados e inmóviles en sus puestos, mientras que en las orillas que enfrentan el buque, una muchedumbre de hombres y mujeres y niños cambian pacíficamente con la jente de nuestros botes, gallinas y huevos…” Ciertamente ha pasado mucho tiempo pero el paisaje humano se mantiene. Cuando llega Valdivia, a ese mismo lugar, hoy Carahue, lo recibe la gente con grandes cantos subida arriba de los barrancos del río. Trescientos años después el barco de la Armada de Chile es recibido de la misma forma. Al igual que en ese tiempo antiguo los visitantes perciben que no se trata de gente desprovista ni muerta de hambre y buscan obtener los productos por medio del intercambio y no por la fuerza. No pareciera posible explicar la defensa territorial que los mapuches realizaron durante tantos siglos si no comprendemos que se trataba de una sociedad establecida e intercomunicada. Ese es el objeto final de este relato sobre los ríos. La comunicación horizontal producida por las canoas de mujeres desplazándose en visitas de familia en familia, los intercambios permanentes de personas y productos constituyeron una sociedad unida en su base estructural. Esa sociedad sin Estado tuvo la capacidad suficiente como para defenderse. [86]

CAPITULO VI: LA SOCIEDAD AGRARIA DEL SUR.90
Los antiguos mapuches antes de la llegada de los españoles eran una sociedad de sembradores, agricultores, horticultores, muy densamente poblada, con un nivel de caza y recolección en "gran escala". En este capítulo nos proponemos demostrar que la "sociedad ribereña" era una "economía de la abundancia", que posibilitaba alimentar a más de un millón de habitantes sin la existencia de un Estado que organizara el proceso productivo y, sobre todo, con largos periodos de tiempo libre para el ejercicio de una gran sociabilidad. De la mano de la geografía histórica mostraremos que las tierras del sur de Chile estaban libres de bosques y abiertas para la agricultura; limpias y despejadas, lo que nos permitirá dejar en evidencia que lo señalado en los capítulos anteriores, acerca de la sociedad ribereña, era una realidad. 1. COMBINACIONES DE SISTEMAS PRODUCTIVOS.

Los grupos cazadores recolectores, en la literatura antropológica, se los señala ligados a territorios91. El concepto económico de "tenencia de tierra", en cambio, se suele asimilar a grupos sedentarizados de carácter primordialmente agrícola. Sin embargo, se ha ido poniendo en discusión esta tipología demasiado estricta y muchas veces poco útil. Es así que han ido apareciendo en las actividades productivas numerosos casos intermedios o combinados, que muestran que los propios cazadores recolectores poseen formas mucho más complejas de propiedad, así como horticultores que combinan diversas formas de producción, rasgos estos característicos de amplias poblaciones americanas. [173] "Los horticultores se distinguen de los nómades por su dependencia de plantas domesticadas como parte mayoritaria de su energía alimenticia... La frontera que divide a los horticultores de los agricultores campesinos es, si la hay, más difícil de definir... En general, (los agricultores) practican un uso muy intensivo de la tierra que implica rotación de cultivos, cosecha anual permanente o

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Pp. 171-210. Se lo entiende como un concepto de carácter ecológico, esto es, ligado al concepto de ecosistemas. Incluso hoy día el convenio 169 sobre "Pueblos indígenas y tribales" de la Organización Internacional del Trabajo asume esta posición. Territorios o espacios territoriales -y por consiguiente derechos territoriales- serian grandes superficies necesarias para la supervivencia de grupos cuya fuente de subsistencia sea principalmente la caza y la recolección.
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incluso cosechas múltiples durante un mismo año, los barbechos son cortos o simplemente no existen, en contraste con los prolongados barbechos que caracterizan a los horticultores."92 De acuerdo a este autor, los horticultores vivirían en lugares de menor densidad poblacional, con una relativa abundancia de tierra apta obviamente para la horticultura y "con una extensión de selva en la que pueden allegarse peces, animales de caza, insectos y nueces silvestres, frutas y raíces, así como otros vegetales comestibles. Tales pueblos son medianamente territoriales y comparativamente libres para mudar sus aldeas, el liderazgo es mínimo y aparte de la necesidad de alianzas defensivas en lugares donde la guerra es común, cada hogar es autónomo y autosuficiente." La descripción, sin duda, es de utilidad para la comprensión del mundo mapuche prehispánico e incluso posteriormente prerreduccional93, aunque allí cambiarán los cultivos. Posteriormente, se desarrollará la producción ganadera, de carácter mercantil, como lo hemos explicitado en otros trabajos94. La fértil producción de las huertas y la obtención de productos vegetales en los bosques: digüeñes, piñones, changles del pellín, avellanas, etc., y la caza de aves, perdices, por ejemplo, y otro tipo de animales; la pesca en ríos, lagos y mares, constituía una combinación compleja y conveniente para el sustento de la gran cantidad de población de que hemos dado cuenta. Las huertas se trabajaban en vegas, especialmente en el caso de las hortalizas, claros de bosque, huapi, de gran fertilidad natural, y otros terrenos amplios y planos; colinas suaves para las siembras de cereales, tales como maíz y tubérculos como las papas, que hasta hoy se cultivan en terrenos ondulados muy apropiados para ello. El uso del fuego como herramienta principal en el sistema agrícola es una de las características de lo que acá hemos denominado sistema de horticultores para diferenciarlo de las agriculturas intensivas en sociedades de altísima densidad y donde no existe la posibilidad de [174] realizar rotaciones. En el mundo mapuche, el uso del fuego para hacer "roces", limpiar los campos, fertilizarlos y luego dejarlos "descansar" estaba y está en la base de su sistema de manejo tecnológico. Los estudios arqueológicos han conducido a resultados semejantes. Tom Dillehay señala: "... después de haber penetrado en la región, los cronistas describieron a la población indígena esencialmente como campesinos sedentarios que subsistían secundariamente de la pesca, la caza y la recolección de mariscos. Las principales plantas cultivadas fueron el maíz, y las papas. Las habas, calabazas, madi, ají, quínoa, oca, mango, teca, frutilla, y huequén (una semilla parecida a la cebada) fueron importantes complemento de la dieta indígena."95 Continúa diciendo este arqueólogo que "... la subsistencia agrícola se basaba en el cultivo de semillas, en las áreas abiertas y en la técnica de tala y roce en las áreas boscosas. Para épocas más recientes, Bullock96 establece que los terrenos de siembra se dejaban en barbecho por tres o más años, después del período de cultivo. Los hombres talaban el bosque y lo quemaban, mientras que el plantar, desmalezar y
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Allen Johnson. "Horticultores. El comportamiento económico de las tribus" en: Antropología Económica. Edit. Alianza. México, 1991, p. 56. 93 Lamamos periodo prerreduccional al que va hasta la "reducción" por parte del Estado chileno a "reservaciones", "comunidades" o llamadas también "reducciones indígenas", lo que ocurrió entre 1884, finalizada la ocupación militar de la Araucanía, y 1927 en que se dictan nuevas leyes que ponen fin al denominado "proceso de radicación". 94 Historia del Pueblo Mapuche, op. cit. 95 Dillehay realiza esta afirmación citando a Juan Ignacio Molina, op. cit., edición de 1878, Ricardo Latcham, La agricultura precolombina en Chile y en los países vecinos. Ediciones de la Universidad de Chile, 1936. Cooper, en el artículo “The Araucanians” en el Handbook from South American Indians, Unión Panamericana. 1946, y Horacio Zapater, varias veces citado, de 1973. Es interesante señalar una vez más que si bien todos los estudios serios han llegado a la misma conclusión, se sigue repitiendo una imagen de los indígenas del sur de carácter preagrícola, nómade y cercana a las hordas cazadoras recolectoras. Tom Dillehay, Araucanía, presente y pasado. Editorial Universitaria. 1988, p. 40. 96 Se refiere al arqueólogo Dillman Bullock en su libro “La agricultura de los mapuches en tiempos prehistóricos” año 1958, pp. 31-32, que citamos largamente en este capítulo.

cosechar la huerta fueron primariamente tareas de mujeres. El roturado, la siembra y la cosecha han sido mencionados entre las actividades comunitarias97." Desconocemos en qué proporción la población practicó horticultura o agricultura. Sin embargo, puede suponerse que tales actividades pudieron haber sido mucho más extensas o intensivas en el valle, donde las condiciones ecológicas son mucho más adecuadas para el cultivo de semillas, a diferencia de las regiones altas o costeras. Lo que parece cierto es que las tecnologías agrícolas, bajo la presión demográfica y la influencia de tecnologías extranjeras, se encontraban también en "una fase de transición": la simple horticultura de claro de bosques y zonas húmedas propia de los horticultores y la agricultura cerealera propiamente tal, privativa de los campesinos. Dominaba una amplia rotación de cultivos, característica de los horticultores y no se había llegado aún a niveles de alta intensidad en el uso del suelo agrícola98. Tampoco [175] había sido necesario implementar los sistemas intensivos del Perú. Había tierra suficiente para desarrollar una agricultura más extensiva de largas rotaciones, el desbroce o despeje de la tierra con fuego, si bien es usado en toda América, entre los indígenas chilenos, al parecer, era muy corriente. Hasta el día de hoy se puede conocer el método de rozar el bosque en Chiloé y otros lugares de selva húmeda. Sobre las cenizas se ara y planta, utilizando el desecho del bosque como abono. Probablemente esa costumbre proviene de tiempos prehispánicos y era el método más recurrido para las siembras. Es apropiado al clima, tipo de bosques de muy rápido crecimiento, y a una población que, siendo importante, no es tan densa como para tener que sobreexplotar pequeños trozos de terreno. Los estudios arqueológicos modernos han conducido a establecer que las primeras formas de agricultura u horticultura eran aquellas "instaladas en una suerte de jardines próximos a las viviendas, normalmente en terrenos frescos fertilizados por las crecidas de los ríos". Es quizá el primer tipo de asentamiento de los antiguos mapuches. Pero, "como estas zonas privilegiadas eran por naturaleza estrechas, cuando las actividades de la agricultura y la ganadería se han ampliado, ellas se han extendido necesariamente a las formaciones boscosas vecinas99". Podríamos suponer, en base a lo ocurrido en casi todas las sociedades semejantes que han vivido en sectores en los que se combinan las tierras húmedas al borde de los ríos con los bosques, que la agricultura mapuche tomo el mismo rumbo. Primero se desarrolló en las vegas y tierras húmedas, islas dentro de los bosques, y luego, mediante el fuego, fue abriendo el campo para los cultivos. En todos los casos semejantes en que los agricultores no poseían herramientas de gran capacidad para mover las tierras, prefirieron las zonas boscosas a las estepas, planicies o espacios abiertos. El suelo del bosque, después de ser quemado es más blando y apto para ser roturado con los chuzos y palas de que dispondrían. Es por ello que también la deforestación siempre es parcial. La técnica del roce consiste en cortar los árboles y arbustos y luego quemarlos, despejando de ese modo el monte. Los grandes árboles se dejan, ya que permiten, entre otras cosas, que en el verano no golpee tan fuerte el Sol sobre las siembras y, por otra parte, se mantenga la humedad del terreno100. Esto último es [176] fundamental, ya que una vez realizada la cosecha agrícola, el campo se deja por un tiempo sin trabajar y se vuelve a cubrir de malezas y diversos tipos de arbustos. Al cabo de un tiempo, dependiendo del lugar y tipo de terreno, se vuelven a quemar los arbustos que han surgido y se vuelve a sembrar. Por tanto, podemos afirmar que los antiguos mapuches realizaban la agricultura de vegas y espacios húmedos, los jardines o huertas cercanas a sus casas, y la creciente densidad de la población los habría
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Dillehay, op. cit. No tenemos información de si existían cercos en los campos, aunque dicen claramente que “las ovejas de la tierra las guardaban en sus casas porque es el mayor tesoro que poseen”, lo cual no nos es fácil de determinar si es al interior de las enormes casas o en un corral al lado de ellas. No sería extraño que hubiesen sido guardadas al interior de las casas incluso como sistema de calefacción, modalidad utilizada en Holanda y Suiza, por ejemplo. 99 Marcel Mazoyer y Laurence Roudart. Histoire des agricultures du monde. Du neolithique á la crise contemporaine. Editions du Seuil. 2002. En particular capitulo tercero "Los sistemas de agricultura de roce y quema en los medios boscosos. La deforestación y la formación de los sistemas agrarios post forestales", pp. 137 y ss. 100 "Ellos realizan un claro parcial en el bosque, no botan más que el sotobosque (subbosque) y los árboles que pueden botar fácilmente". Este tipo de agricultura se denomina en la literatura especializada "agricultura de parques", ya que el terreno está limpio pero con algunos árboles. La mayor parte del territorio de la Araucanía era de esta naturaleza, gracias al método de la roza, tumba, quema, que utilizaban los antiguos mapuches para hacer sus siembras. Id. anterior, p. 141.
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conducido a presionar sobre las áreas boscosas, quemando, limpiando y realizando una agricultura de largas rotaciones de cultivos en colinas y espacios anteriormente cubiertos de vegetación101. 2. TIERRAS DESPEJADAS Y ZONAS BOSCOSAS.

La agricultura de los antiguos mapuches se basaba en una relación particular entre bosques y áreas despejadas. A partir del Bío Bío al sur, la mahuida o bosque en lengua mapuche tiene la particularidad de crecer con gran rapidez. El ser humano para mantener zonas despejadas donde cultivar debe estar en constante combate con la floresta que se le viene encima102. Por lo tanto en este capítulo debemos analizar el paisaje y preguntarnos cuan despejado estaba, esto es, cuál era la relación, a la llegada de los españoles, entre zonas despejadas para la agricultura y zonas boscosas. Jerónimo de Quiroga, tal como hemos señalado, un observador temprano de la Araucanía, reflexiona sobre la separación de las casas de los indígenas y el porqué no habitan, como lo hacían los españoles, en pueblos o ciudades. Este es un texto clave para comprender el asentamiento de los antiguos mapuches, lo que ocurrió con la conquista y entender las diferentes miradas antes o al momento de la llegada de los españoles y pocos años después de que éstos arribaran y provocaran el descalabro de la sociedad ribereña103. [177] “Al modo que las fieras104 viven en sus cuevas cada uno de por sí con sus hijos, viven estos indios derramados por montes y valles, retirados los unos de los otros, y este modo de vivir es proporcionado al modo de mantenerse, así como nosotros tenemos nuestras casas de campo y ciudades distintas las unas de las otras, para con mayor distancia poder enviar y criar ganados; y como nunca tuvieron pueblos, así nunca se han reducido a ellos hasta hoy, ni es fácil reducirlos y reformar esta costumbre antigua, pues ninguna razón de conveniencia podrá persuadirlos a mudar la forma del gobierno en que nacieron y se enseñaron. En la antigüedad vivían derramados en grandes vegas y dilatados valles, y aún en los montes, según demuestran las faldas y las cumbres labradas para los sembrados; y estaban más juntos y unidos que en el tiempo presente, porque había cien mil familias en muchas partes donde hoy no se hallan cien familias; y así como en tierra desocupada, están muchas leguas apartadas unas parcialidades de otras, asimismo los indios de ellas, cada uno en su rincón o quebrada; y esto les sirve de estar más espaciosos, y asimismo de estar más defendidos de las invasiones de nuestras armas, pues no es fácil acometer a muchos juntos ni apresar a los que están separados, porque cada cual tiene en su rancho la huida puesta para el bosque, de calidad que al menor rumor se ocultan como los animales en sus cuevas”.105 Es preciso leer con cuidado las observaciones precedentes: en primer lugar, la razón por la que tienen sus casas separadas es para "con mayor distancia criar ganados", lo cual nos señala la existencia de una combinación de agricultura con ganadería de auquénidos; en segundo lugar, se dice que vivían derramados en grandes vegas y valles, lo que muestra las características del asentamiento de esa población como han venido
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Es evidente que una población de un millón de personas aproximadamente como venimos afirmando no puede haber sobrevivido exclusivamente a base de una horticultura de jardín y es por ello que debemos demostrar que habían ampliado su territorio ocupando más allá de las orillas de 1os ríos. Es, como comprenderá el lector, la prueba "científica" de la tesis que planteamos en este libro y a ella le dedicamos el punto siguiente. 102 No sabemos si en el curso de los siglos y con los cambios naturales y de paisaje ha habido cambios en la pluviometría del sur de Chile. He consultado con especialistas y señalan que probablemente llovía más que hoy producto de la existencia de mayores densidades boscosas, sobre todo en las cordilleras. 103 Este es un texto muy conocido pero permanentemente interpretado por los historiadores que lo han usado en el sentido de primitivismo de los indígenas, ya que comienza diciendo que "viven en sus cuevas como las fieras". Por supuesto que el cronista trata de señalar que el asentamiento indígena se ubica en quebradas y lugares protegidos. Hasta el día de hoy las casas de los mapuches, de los chilotes y de cualquiera que viva en el sur (y no vaya solamente de veraneo) deben ponerse en lugares protegidos de los vientos, de la caída y arrastre de las aguas. Esa primera frase impidió "leer" el resto de la información que es muy significativa. 104 En varias notas de este libro señalamos que el hecho de poseer exclusivamente fuentes españolas nos obliga a transcribir sus dichos y apreciaciones sobre los indígenas, que obviamente no compartimos. Nos parece impropio y poco serio corregir, cortar o cambiar las citas. 105 Jerónimo de Quiroga. Memoria de los sucesos de las guerras de Chile, ya citado.

describiendo numerosos testigos; en tercer lugar, y quizá lo más importante, se informa que "... laboraban las faldas de los cerros y hasta las cumbres labradas para los sembrados", esto es, que la presión demográfica había conducido a hacer retroceder el bosque mucho más allá de los fondos planos de los valles; en cuarto lugar, que el vivir de esa manera, cada cual en su rincón o quebrada, les permite "estar más espaciosos" y, por último, lo que no es menor, están a la orilla de los bosques donde se esconden al primer peligro106. [178] Faron ha señalado que "los primeros informes históricos evidencian que los mapuches eran horticultores y que poseían muchas llamas. Parece que su economía era autosuficiente"107. Tiene razón el eminente antropólogo al decir que los primeros informes difieren de aquellos que entregan los testigos del período posterior a la "depresión demográfica", esto es, a la mortandad generalizada y brutal que siguió a la conquista. Quiroga lo dice claramente: donde habían mil hay ciento. La merma de la presión poblacional cambió radicalmente la agricultura mapuche. El mismo Quiroga reconoce que las mujeres eran las encargadas de los trabajos hortícolas. Este relato es sintomático de la forma de vida de las familias mapuches. "Esta separación imposibilita la educación y predicación del evangelio, porque para instruir a un bárbaro es necesario a la puerta de su rancho un misionero, y que éste sea un apóstol, porque sólo lo ardiente del espíritu de un santo grande podrá persuadir a un indio que deje veinte mujeres que cada uno tiene, las cuales son madres de sus hijos; son los gañanes que cultivan el campo, las que tejen la ropa para vestirse y vestir al marido, las que hacen las bebidas con las que continuamente se emborrachan, y las que paren hijas para venderlas por mujeres a otros indios, con cuya venta se pone en cada yerno un censo perpetuo que contribuye en todas las ocasiones a su usanza"108. La división del trabajo es clara y los testigos son muchos para ponerlo en duda. Los cultivos hortícolas de los jardines y huertas cerca de la casa son realizados por las mujeres, "son los gañanes que cultivan el campo". Sin embargo, como veremos más adelante, el uso del arado manual mapuche era un asunto masculino, por la fuerza que implicaba su utilización y el peso que tenía. Lo manejaban varios hombres jóvenes y las mujeres venían tras ellos rompiendo los terrones. En cambio, en las huertas donde se cultivaban las hortalizas y legumbres se utilizaban herramientas manuales apropiadas a esos cultivos. Es importante la afirmación de Quiroga de que cuando los indígenas eran muchos más en población, desarrollaban una suerte de agricultura bastante mayor que la que se conoció posteriormente cuando la población disminuyó. La prueba de ello para el conquistador eran las marcas de cultivos que había en los cerros y que se habían dejado sin labrar. Es evidente que la guerra llevó a los mapuches a cultivar cada vez menos y fue el principal incentivo para que se transformasen en sociedad ganadera. Las sementeras, como se les denominaba, podían ser fácilmente quemadas y todo el trabajo perdido, en cambio los animales podían ser arreados y escondidos. [179] Vivar, en su descripción del viaje de Valdivia al sur, retrata el paisaje que encontró en la región del río Bueno, la cual podríamos suponer cubierta de árboles, ya que es donde el bosque valdiviano crece con mayor rapidez y fuerza. "Y andada siete leguas de esta ciudad, dimos con un río muy hondable y caudaloso y en tierra muy poblada y sin monte, porque en las siete leguas cesa la montaña. Y esa tierra que he dicho que está sin monte no hay árbol sino es puesto a mano. Y es tres leguas de latitud y diez o doce de
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Pineda y Bascuñan nos describe la "casa" que uno de sus caciques tiene en la montaña para esconderse en caso de peligro. Al parecer todos los mapuches tenían una residencia en el bosque, ya sea para cazar, lo que es lógico, recolectar piñones, en el caso de la Cordillera de Nahuelbuta, o esconderse de sus enemigos. Hay un episodio en que los españoles buscan a Caupolicán en Elicura y las noticias señalan que se ha escondido en la Cordillera. Desde Elicura, un cerrado valle frente al Lago Lanalhue, subir a la intrincada Cordillera de Nahuelbuta es cosa de minutos. 107 Louis Faron. Estructura Social Mapuche. Instituto Indigenista Interamericano. 1961, p. 19.
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Jerónimo de Quiroga, op. cit., "Cada yerno es un censo perpetuo que contribuyen todas las ocasiones", esto se debería interpretar como que el yerno pasa a formar parte de los guerreros con que cuenta el cacique. Se ha hecho una alianza perpetua al dar en matrimonio a su hija.

longitud. Este compás que está sin monte es tierra fértil de maíz y frizoles y papas. Luego dimos en otro río pequeño que pusimos por nombre el de Las canoas y el otro que digo se llama Rio Hueño. Y de ese rio de Las Canoas vuelve el monte en partes muy espeso y en partes claro"109. El texto debe ser leído con cuidado para imaginar el paisaje que nos describe el primer cronista de la conquista. Estamos hablando de un valle fertilísimo donde hoy están las ricas producciones de leche y las ganaderías de La Unión y Osorno110. El narrador calcula que está despejado un valle de dieciocho kilómetros de ancho por casi sesenta kilómetros de largo, esto es, el valle completo. Allí solo había árboles plantados por el ser humano. Es muy claro al señalar que después de lo que sería Osorno, el río Rahue o de las Canoas, comienza nuevamente el bosque tupido. Todo ese valle era un huerto de maíces, papas y frijoles o porotos, lo cual cualquiera que sabe algo de agricultura puede suponer que exigía de una gran cantidad de mano de obra y, por otro lado, implicaba una enorme capacidad de proveer de alimentación, por poca que podamos suponer que fuera la productividad. Estamos describiendo por lo tanto un espacio absolutamente cultivado donde pueden haber vivido miles de miles de personas111. El cronista sigue contando su viaje hasta el Lago Ranco, al que posiblemente denominaron "Lago de Valdivia" y continúa diciendo que se trata de tierras despejadas, "...tierra muy poblada..." y agrega, "...es tierra de mucho ganado, aunque no anda suelto...", detalle curioso y preciso viniendo de la pluma de un "natural de Burgos" que sabe muy bien lo que es tener el ganado suelto en el campo o encerrado en corrales cerca de la casa. [180] Los primeros europeos que entraron a la Araucanía y de quienes tenemos testimonios escritos nos han ido mostrando amplias zonas despejadas, cultivadas, paisajes ordenados y sin bosques. Prácticamente toda la zona de Arauco y Tucapel en la costa estaba frenando el bosque a la Cordillera de Nahuelbuta; el valle del Malleco estaba completamente cultivado y de ahí todo el Valle del Imperial en el que los cultivos subían hasta los lomajes más altos. Ya hemos dicho que las comarcas de Maquehua y Boroa estaban tan densamente pobladas que parecían caseríos a la vista de los primeros observadores. Continuaba totalmente despejado el valle del río Toltén y tenemos noticias muy detalladas sobre el valle de la Mariquina y Valdivia, a las que se agrega esta última información sobre lo que después vinieron a llamarse "los llanos de Osorno". La literatura escolar y el imaginario criollo han señalado que los antiguos mapuches vivían en medio de las "selvas araucanas" y se piensa que el bosque cubría todo el territorio y que su destrucción fue a causa de la "colonización". Pareciera que no es así. El geógrafo alemán Otto Berninger realizó un estudio de una enorme erudición para comprender sí los bosques del sur de Chile eran ancestrales o recientes, esto es, posteriores a la llegada de los españoles. Su metodología ha sido empleada en el estudio histórico de los paisajes en Europa112. Sigamos la argumentación del geógrafo. En primer lugar señala que "el período que se consideró más conveniente para las investigaciones que siguen, una vez examinadas las fuentes, es el de 1550 a 1600, ese lapso será en lo esencial el centro de las
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Vivar, p. 284 de la Edición de Angel Barral Gómez.

Los testimonios contemporáneos son todos coincidentes. Mariño de Lovera dice: "Lo primero que halló fueron unos llanos de ocho leguas de largo y cinco de ancho, los cuales se llaman de Lirquino, tierra fertilísima a maravilla, de todo lo que se pueda desear para el humano sustento; y así estaba muy poblada de indios, que tenían allí todo lo necesario para sus personas que eran en un gran número". Y el Gobernador Mendoza el 20 de abril de 1558 dice: "Poblé a quince leguas de dicho lago la ciudad de Osorno en un asiento mui fértil que hay allí y con el favor de Nuestro Señor será una de las mejores de estas provincias por los muchos indios y otras buenas calidades que tiene". 111 En este caso vamos a tener numerosos testimonios posteriores que van apareciendo a lo largo de este trabajo sobre la presencia de gran cantidad de población en esta región. Ver al final de este libro el censo de población que presentamos. 112 Otto Berninger. Bosque y tierra despejada en el sur de Chile, desde la Conquista española. Traducción y comentarios de Isolde Navarro Turke. Memoria de Prueba para optar al titulo de profesor de Estado en las asignaturas de Historia, Geografía y Educación Cívica. Universidad de Chile. Facultad de Filosofía y Educación. Santiago de Chile. 1966. La tesista tradujo el libro de casi trescientas páginas que el sabio alemán escribió en los años veinte después de una visita de un año a Chile y donde se entrevistó con muchos eruditos como el Dr. Fonck y otros que estuvieron de acuerdo en su tesis de que se trataba de un bosque reciente. Para quienes pueden dudar de estas tesis recordemos que las ruinas de la ciudad de Villarrica destruida en el 1602 fueron descubiertas en medio de un bosque de árboles gigantescos en 1884, doscientos años después. A ello se refiere lo reciente o no reciente de los bosques del sur.

observaciones". Es evidente que las informaciones de este período nos conducen aproximadamente al conocimiento de cómo era el paisaje anterior a la llegada de los españoles113. El autor va señalando con lujo de detalles las áreas despejadas y las que estaban cubiertas de bosques. Después de pasar revista al valle donde se instaló la ciudad de Concepción, quince leguas despejadas, a los bordes de Arauco como se ha dicho, señala: "A orillas del Cautín las tierras despejadas se extendían aguas arriba hasta la confluencia del río Damas...también aguas arriba del río Damas se [181] encontraba un trecho de esta tierra despejada. Probablemente ocupaba en todas partes las anchas terrazas fluviales...Un poco más arriba de Imperial, en la parte en que acompañan al río terrazas especialmente extensas, se presentaba el paisaje igualmente abierto de Boroa. Hacia el sur parece que se continuaba este paisaje sin límite boscoso en los sectores abiertos de Pitrufquén, a orillas del río Toltén. Al sur de Pitrufquén comenzaba el espeso bosque..."114 Los españoles siempre indican con claridad cuando la tierra es "llana" y cuando no lo es. Por ejemplo, es claro cuando se dice "ser la tierra tan áspera y montuosa y de tan grandes quebradas y malos pasos, que no se puede andar a caballo". Para ellos la tierra llana era aquella donde podían andar con sus enormes cabalgaduras y donde por tanto no existían bosques, como los del sur. El geógrafo llega a las siguientes conclusiones: "Esta congruencia de los grandes rasgos esenciales de la distribución del paisaje nos faculta para rechazar tanto la opinión de que Chile Meridional fue un país antaño cubierto casi totalmente de selvas, como también la idea de que al iniciarse la Conquista la extensión de las tierras despejadas era notablemente mayor y que hasta el comienzo de la colonización alemana aumentó considerablemente la cubierta de bosques....Los indios consiguieron ralear los bosques continentales de verano allí existentes hasta transformarlos en el paisaje de parques... Estas partes despejadas han desaparecido..."115 La metodología geográfica parte de un punto de vista opuesto al nuestro para llegar a las mismas conclusiones. La densidad de población conducía a presionar sobre el bosque y mantenerlo en sus límites cordilleranos. Al bosque de los valles se lo limpiaba de tal modo que el geógrafo lo denomina "paisaje de parque", esto es, árboles agrupados en un campo despejado que es utilizado tanto para la ganadería como la agricultura116.
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El autor no conoció en sus investigaciones las crónicas que nosotros hemos citado: la de Vivar descubierta como se ha dicho en la década del 60 y la de Quiroga, que por ello la hemos citado anteriormente y que corrobora o aun más amplia la tesis del geógrafo alemán. 114 Otto Berninger. pp. 211 y 212. 115 No cansaré al lector señalando los diversos tipos de bosques y paisajes que detalla el geógrafo. Los bosques continentales tienen mayor estabilidad. En cambio, hay otros tipos de bosques que se expanden con mayor rapidez si la acción del ser humano no está presente. Señala que las ruinas de Tucapel se encontraron siglos después en medio de un gran bosque y que eso se debería a que los indígenas no presionaron a ese bosque, no lo quemaron ni lo trabajaron. Lo mismo se señala de Villarrica que era una zona despejada al llegar los españoles y que, como se ha dicho, doscientos años después era bosque. Lo mismo se puede decir de la zona de Llanquihue que era despejada a la llegada de los españoles, todo el borde del lago a lo menos y alrededor del río Maullin y que cuando llega la colonización alemana es un tupido bosque que es preciso derribar con el apoyo del hacha y el fuego. El autor señala que en esta zona, que él visitó y que quizá promovió su presencia en Chile, fue donde se dio con mayor claridad la relación poblamiento zonas despejadas, despoblamiento ingreso masivo del bosque, que denomina "bosque pluvial oceánico". 116 El autor realiza una interesante comparación entre la permanencia de estos bosques en Europa por miles de años y la situación en el sur de Chile. Dice que los bosques chilenos se mostraron muy poco resistentes a la presión humana, en cambio los bosques de encinas europeos condujeron a la penetración de la población en esos bosques que se transformaron en el sustento para los animales especialmente los cerdos. Es por ello dice que en el caso europeo hay bosques que provienen desde "la Edad de Bronce" y en el caso chileno son mucho más recientes. El concepto de "reciente" se refiere a que son árboles que han crecido en períodos históricos controlables. Por ejemplo, cuando después de cincuenta años de destruida Valdivia llegan a refundarla, tenemos detallados relatos de que los árboles habían cubierto prácticamente todo, menos la Plaza de San Francisco. Habían destruido las murallas, corno saliendo desde dentro de ellas,

[182] La disminución de la población, violenta como se verá, producto de la conquista, transformó el paisaje en ciertas partes y en otras lo mantuvo, cerrándose el bosque denominado de "parque", y cubriéndose de matorrales, quilas y diferentes tipos de arbustos y, en otros casos, creciendo el "renoval" o "renuevos" y transformándose al poco tiempo en bosque cerrado. Es lo que se puede percibir en el sur del país cuando una familia campesina abandona el campo, a los pocos años se ha cubierto lo que antes estaba despejado. El geógrafo estudia los bosques y llega a la conclusión de que no provienen de antes de la conquista y que, por tanto, son avances del bosque en zonas anteriormente despejadas. Los llanos, lomajes y lugares despejados donde cultivaban las familias numerosas de los antiguos mapuches fueron invadidos por el bosque. Como veremos en capítulos posteriores, los soldados españoles del ejército de la frontera señalan a mediados del siglo XVII que no se puede pasar en caballo desde el río Imperial y Toltén hasta Valdivia por lo boscoso del lugar y en el Parlamento uno de los asuntos que solicitan a los mapuches es que los ayuden a construir caminos, cortando y quemando el bosque. Cien años antes, cuando Pedro de Valdivia marcha hacia el sur, no necesita nunca desmontarse. Va entre casas y lugares despejados y en algunas partes, como se ha visto, cabalga por caminos bien trazados y con árboles plantados en sus orillas. Los sabios alemanes, Dr. Francisco Fonck y Rodulfo Amando Philippi, muy buenos conocedores del sur de Chile a mediados y fines del siglo XIX, llegan a las mismas conclusiones que Otto Berninguer, "He hallado, hace años, a espaldas de la ciudad de Puerto Montt y en algunas hijuelas de la Colonia del lago Llanquihue en medio del bosque virgen, pequeños retazos de terreno desprovisto de árboles, que parecían datar de una época anterior de cultivo, tal vez de los antiguos Guañaucanos aludidos arriba. Estos claros de terreno abierto están caracterizados por algunas plantas que no se hallan en el bosque general de Llanquihue, son: Senecio cymosus (¿Palpellen?), Sphacele campanulata? y una especie de Tupa con flor carmesí. Conjeturo que estas plantas, que crecen sólo en terreno [183] abierto, se han conservado en esos puntos desde el tiempo que esta comarca fue abandonada por sus habitantes, o sea hace uno y medio a dos siglos. Es digno de notarse que no lejos de los puntos mencionados, a inmediaciones de la Punta de los Bajos, se hallan otros claros de terreno, bien circunscritos y de corta extensión, en que tumbas indígenas revelan, de una manera análoga pero más positiva que las plantas en cuestión, la residencia de pobladores primitivos. He comunicado en 1896 al Dr. Carlos Reiche algunas reflexiones más sobre este particular"117. Y Philippi participa plenamente de la tesis que estamos desarrollando acerca de que esas tierras deben de haber estado densamente pobladas, abiertas a los cultivos y con el bosque controlado. "Puedo concluir aquí con la relación de esta excursión, pues en la vuelta no tuve nada de particular que observar; pero debo tocar un hecho que ha llamado mucho mi atención y que merece tal vez fijar la atención del Gobierno, y es que el monte invade más y más la provincia de Valdivia. No puede caber la menor duda que esta parte de la República era sumamente poblada cuando los españoles la descubrieron. (Exceptúo la cordillera de la Costa que, por su aspereza y la esterilidad comparativa de su terreno, será solamente habitada en consecuencia de circunstancias particulares, como el descubrimiento de una nueva mina, o cuando ya no haya otro lugar). Don Pedro de Valdivia y sus sucesores encontraron ejércitos numerosos, y había miles de indios sitiando al mismo tiempo las ciudades de Valdivia y Osorno. Éstos se alimentaban entonces únicamente de vegetales, pues no conocían ningún animal doméstico, y las vacas, ovejas, caballo no habían tenido tiempo de multiplicarse y de llegar a ser un alimento de los más pobres. Esta circunstancia sola es una prueba
dice el testigo. Las ruinas de Tucapel, cerca de Cañete, se cubrieron totalmente de bosques en menos de cien años. Y cuando el Marqués de Baydes va a la antigua ciudad de la Imperial, en lo que es Carahue hoy día, después del Parlamento de Quilín, se encuentra también con ruinas cubiertas de grandes bosques. Un observador desconocedor de la antigüedad de los bosques creerá que todos esos árboles son "ancestrales", lo que nos ha mostrado este sabio geógrafo alemán es que no es así. Lo reciente y lo ancestral dependen de la dimensión de tiempo que se elija. 117 Francisco Fonck. "Viajes de Fray Francisco Menéndez al Nahuelhuapi". Valparaíso : Imprenta Niemeyer, 1900, 528 páginas

evidente de que debían cultivar una extensión mucho más considerable de terreno del que se cultiva en el día. A más, ninguno de los historiadores habla de mucho monte y menos de montes impenetrables en la parte central de la provincia118. Y agrega una observación que viene a corroborar lo hasta aquí señalado, y el método de comprender la densidad por la relación existente entre áreas despejadas y áreas boscosas. Cuando el ser humano se descuida el bosque invade las zonas despejadas. Para Philippi es también el argumento de la anterior abundancia de población. [184] "Una de las consecuencias fatales de esta circunstancia es el aumento del monte y su invasión sobre las pampas. La vegetación de esa provincia es tan vigorosa y lozana, que una pampa abandonada a si misma, en pocos años se vuelve monte. Es lo que palpo todos los años en mi fundo. Muchos lugares que eran campos y cultivos al principio de este siglo, ahora están cubiertos de árboles grandes e impenetrables por la quila y otros arbustos; se conocen distintamente caminos antiguos en el monte ahora enteramente cerrados e intransitables, y aun en los ocho años que poseo este fundo varias pequeñas pampitas se han cubierto de monte nuevo. El hombre puede oponer tres medios de resistencia a la invasión del monte: quemar el monte, echar en él ganado vacuno, o cultivar el suelo. En los veranos secos y calientes, principalmente cuando se ha secado la quila, es fácil prender fuego a los bosques, y si el viento favorece la operación, trechos muy grandes arden y quedan abiertos, como sucedió en el verano de 1851, cuando una inmensa quemazón destruyó los "montes impenetrables por la quila" que figuran al este de Osorno en el mapa de mi hermano. Sin embargo, es de notar que arden solamente los arbustos, palos y ramas secas caídas, los grandes troncos quedan parados aunque mueran por el calor, y destruyéndose poco a poco en años posteriores causan a veces accidentes fatales, cayendo por el viento ganchos grandes o troncos enteros y matando el ganado. Es digno de observar el cambio que produce una quema en la vegetación. ¿Quién no creería que volverían a nacer las mismas clases de árboles que formaban el monte incendiado?119 La experiencia es muy clara. Los bosques de las colinas y planicies del sur, en esos años impenetrables, no eran tan antiguos y, más aún, bajo ellos se encontraban los rastros de la sociedad pasada. Al analizarse los terrenos para la colonización alemana, don Guillermo Doll se da cuenta que bajo los bosques que rodean el Lago Llanquihue había existido anteriormente una ocupación humana. "Al rodear así paso a paso la laguna, encontré en dos puntos, extensas capas de greda (arcilla) fina, de un color amarillento que estaba aun visible debajo del agua en gran distancia de la orilla; entre los peñascos y rodados de la playa, hay muchas piedras útiles para molinos, principalmente una piedra volcánica porosa, muy parecida a las piedras de molino del Rin. EN MEDIO DE LA QUEMA HALLÖ UN INDIO UNA PIEDRA LABRADA (PARA MOLER A BRAZO) DE ESTA CLASE: PRUEBA QUE ANTES ESTABAN POBLADOS ESTOS LUGARES SOLITARIOS. Descubrí también un rodado salpicado de un metal blanquizco (probablemente una composición de arsénico) del que pasé una muestra al señor director del Museo"120. [185] Los llanos de Osorno ya no eran tales. En 1789 Figueroa golpea duramente a los cuncos que se habían rebelado a las autoridades valdivianas. En esa campaña se destaca lo accidentado del terreno, los
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Rudolph Amand Philippi "Excursión a la laguna de Ranco, hecha en enero de 1860", en los Anales de la Universidad de Chile, vol. XVIII, Santiago de Chile, enero 1861, p. 10-27. Comunicación a la Facultad de Ciencias Físicas, en su sesión de 5 septiembre 1860. Este texto de Philippi, como el de Fonck y Doll, me han sido facilitados por Claudio Cratchley, a quien le agradezco, cuando ya tenia escrito el capítulo y desarrollada la hipótesis de las tierras despejadas. Vienen a ser una prueba más y contundente de lo que estamos señalando acerca de la población y desarrollo agrícola de la sociedad ribereña. El texto de Philippi es muy rico en descripciones. 119 Id. anterior.
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Guillermo Doll. "Exploración del territorio de Osorno para el segundo centro de colonización actual", en Anales de la Universidad de Chile. Volumen XV. Santiago. Julio-septiembre de 1558. p. 81. Escrito en Valdivia el 28 de febrero de 1858. Debo este y el articulo del Dr. Fonck a la gentileza de Claudio Cratchley.

enormes bosques que allí existían. Los últimos habitantes fueron perseguidos en esos años previos a la refundación de Osorno121. El método de análisis geográfico que acá hemos traído como argumento de demostración nos permite sostener que las miradas de los primeros cronistas no están equivocadas y que no obedecen al deseo de dibujar un vergel donde no lo había. Tampoco estaban errados quienes dicen que estaban cultivados hasta los cerros, ni están exagerando los que afirman que eran llanos y bosques abiertos y cultivados (parques). La tesis de que los bosques de los valles del sur "son bosques recientes", esto es, que han crecido después de la llegada de los españoles, permite afirmar que el espacio agrícola ocupado por la sociedad de los antiguos mapuches era muy grande, que practicaban la agricultura y que su población era también muy abundante122. Una necesaria corrección de nuestra imagen del paisaje debería hacerse a partir de estos datos.

3. EL CALENDARIO AGRÍCOLA.
La Luna marca los tiempos y calendarios de casi todos los pueblos antiguos. Los mapuches fueron marcando las estaciones, los tiempos de trabajo y sus diversos deberes con los pasos de la Luna. La Luna, Cuyen o Quiyen, también escrita como Quillem, era la base de su calendario, las variaciones de la misma servían a los mapuches para establecer los tiempos del año. La Luna llena es la enteramente pintada. Erize señala que "los antiguos mapuches explicaban las fases lunares por su visibilidad, que se hacía efectiva porque estaba más o menos teñida o desteñida." Luna nueva: Chomcüyen, de chom: 'apagado' y cuyen: 'Luna', y también nombrada Hue cuyen o Wecuyen, esto es, directamente Luna nueva, lo que puede ser una traducción del español y ser más antigua la otra versión. La Luna creciente es la que se va pintando, dibujando o tiñendo como las mujeres tiñen las lanas que van a formar los ponchos coloridos. Purncüyen utiliza el mismo verbo püm que significa teñirse y cuyen, Luna. Luna que se va tiñendo y destiñendo o menguante, Nagmencuyen. [186] Según Cañas Pinochet, "el año araucano, 'el tripantu', consta de doce lunaciones". El mes, dice este autor, de tres semanas de diez días, abarca el tiempo comprendido entre Luna y Luna. Los cronistas no dan muchas informaciones pero hay algunas noticias de que se reunían en determinados momentos como para la Luna llena o Luna nueva, ocasiones que establecían las fechas. Lo que está claro en lengua mapuche es la existencia de los meses lunares y en cada uno de ellos las actividades agrícolas determinadas y que era necesario realizar. El año mapuche comenzaba en pleno invierno, en lo que es el día más corto del año en el hemisferio sur, el solsticio de invierno, el día 21 de junio, que coincide generalmente con el día de San Juan en el calendario católico. El año, tripantu, nuevo, we, coincidía con el momento en que la tierra se apagaba y comenzaba nuevamente a surgir, al igual como lo pensaron prácticamente todas las culturas. El Antu o Sol estaba en su punto más alejado y parecía que quería abandonar al ser humano. Por eso ese día del solsticio de invierno en casi todas las culturas se celebra con oraciones123. El Padre Housse relata que una de las solemnidades principales de los mapuches es festejar el año nuevo. A media noche, o a más tardar al alba,
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Ver el capitulo XVII de la Parte Quinta de la Historia de Chile de Don Diego Barros Arana en que describe en detalle lo que fue esa campaña y las características que tuvo. 122 Aunque no sea necesario siquiera decirlo, pero no se refiere nuestro autor ni a esta tesis, a los bosques antiguos de araucarias y alerces, que nunca fueron cortados y que están ubicados en lugares de altura y cordilleranos donde no son competitivos con la agricultura. Por otra parte en la medida que e1 bosque de araucarias produce alimentación tampoco tenia sentido alguno cortarlo. 123 El lector deberá recordar que la Pascua judeocristiana proviene de un rito de muerte y resurrección solar del mismo tipo del que acá estamos hablando y como es obvio ocurre justamente al revés que en América ya que se trata del hemisferio norte. La Pascua al igual que el Wetripantu coincide con el día más corto del año, en que comienza el renacer del Sol. Según Mircea Eliade la Luna es "por excelencia el astro de los ritmos de la vida": la antigua raíz indoeuropea "me" que designa la Luna es también la de toda "medida". "El tiempo controlado y mensurado sobre las fases de la Luna es un tiempo---vivo---, se refiere siempre a una realidad biocósmica, lluvia o marcas, siembra o ciclo menstrual", Agrega este autor que el cristianismo no es muy favorable a la Luna. La mujer apocalíptica asimilada a la Virgen María en la iconografía medieval coloca el pie sobre un cuerno de la Luna que simboliza la precariedad de las cosas humanas, y el loco es llamado lunático.

todo el mundo está en pie y se va a bañar a la orilla más cercana, "porque tiene como artículo de fe que en esta hora matutina posee el agua virtud particular comunicada por el Gran Espíritu en favor de los mapuches diligentes. Ancianos, adultos y niños, hombres, mujeres bajan a bañarse a los ríos". Unen eliror cüyen, le denominaban los antiguos mapuches a ese primer mes, la primera Luna de las brumas, traducen algunos, y Erize habla de espumas, lo que puede haber sido una transformación pampeana. Es un tiempo oscuro y brumoso en el que las familias se deben quedar guardadas en sus casas al abrigo del fuego. La segunda Luna de sombras y lluvias, inan chror cúyen, expresa la fuerza de los elementos del mes de julio en el sur de Chile. A partir de allí vienen dos Lunas que también son malas y que expresan una enseñanza aprendida por generaciones, es el tiempo en que mueren las personas de edad. En Chile se dice desde siempre cuando muere un anciano, "no pasó el invierno". Parece que esa expresión está ligada a los dos meses que vienen, los de "las cosechas de ancianos", [187] unen cuye cüyen, Luna de la cosecha de viejos, por la gran mortandad de gente mayor, y unen huin cüyen, la Luna que le sigue. Hemos apenas llegado a mediados de septiembre en que el tiempo aún no se estabiliza en el sur de América y recién aparece en el calendario indígena, la unen huenul cuyen, la primera Luna buena, la de la primavera. Continúa la ínan hueul efiven, o segunda Luna buena. Vienen a continuación dos Lunas que se han confundido en el lenguaje mapuche actual, ya que hablan de la última Luna y de la primera, esto es, adaptándola al calendario español y asimilándolos a diciembre y enero, último y primer mes del año, inalen cüyen, última Luna, y unen cuyen, primera Luna. A partir de allí viene la Luna de la cosecha, inan congui cüyen, y la Luna de la cosecha de maíz, inan huanguen cüyen, la que coincide con los meses de verano, febrero y marzo aproximadamente, periodo de las cosechas en el sur. Luego viene el mes de unan rima cüyen, primera Luna de 'la flor amarilla de la perdiz', y la inan rimú cüyen, segunda Luna de la flor amarilla de la perdiz, nombre difícil de interpretar por su carácter poético, con el que se denominan los dos meses del otoño. La flor de la perdiz en el sur es una hermosa flor muy común en los campos. Este tiempo es el de mayor abundancia y tranquilidad. Las cosechas han terminado, las bodegas están llenas de productos, aún no sobreviene el invierno en toda su crudeza y por tanto es un período placentero del año para los agricultores hasta el día de hoy. Los trabajos y los días escribió Hesíodo, primer calendario o manual de agricultura que se conoce. Ambos, el trabajo de la tierra y la contemplación de los astros, van unidos a la historia de los pueblos sedentarios. La existencia de estos elementos es una de las demostraciones del tipo de sociedad que había en el sur de América. Los mapuches, al igual que los demás pueblos antiguos, conocían los ritmos lunares: se planta y siembra en días de Luna creciente, también las jóvenes se cortan el pelo mirando el momento en que se encuentra la Luna. En el sur las mareas son muy pronunciadas y los mapuches se han acostumbrado a observarlas desde siempre. El conocimiento de la "mar llena" y los momentos en que el "mar se vacía" están relacionados con la Luna. Hay estaciones del año en que el mar no se llena completamente y otros en que se vacía más de lo común. La pesca depende de esos conocimientos. Las Lunas además vienen con agua y sin agua dependiendo de la postura de la Luna nueva que nace. Todos estos conocimientos se traspasaron a la población criolla y hoy forman parte del conocimiento popular, quizá sean observaciones universales que los humanos antiguos fueron comprendiendo sin necesidad siquiera de comunicárselos entre si. La lengua, que se ha mantenido por siglos casi inalterada, nos expresa con mucha claridad y es quizá la mejor ventana para "espiar" en el pasado de los antiguos mapuches. Por ejemplo, en un mundo lluvioso como el que habitaban y habitan los mapuches del sur de Chile el [188] lenguaje se vuelve preciso y detallado. Así como se dice que los esquimales no tienen una sola voz para denominar la nieve ya que saben distinguir los más diversos tipos, asimismo la palabra lluvia es un genérico inútil para un agricultor mapuche. Decir va a llover o está lloviendo, no describe más que una generalidad en esta parte de Chile. El puté es un tipo de lluvia finita y el vainu sería la garúa que moja mucho sin notarse, pero que impide trabajar el campo. La lluvia del sur, esa que cae a torrentes, se denomina futa maún y la corriente o común es el maun. Pero el temporal, esto es, la lluvia con viento es un cunguma o diversas voces que se componen del sufijo maún que significa en términos genéricos llover o lluvia. Juan Ignacio Molina, estudioso de la lengua mapuche, reflexiona sobre las contradicciones entre lengua y cultura. Su análisis apunta a una realidad que no pudo desentrañar. Dijo Molina:

"Siempre que se reflexione sobre la armoniosa estructura y riqueza de la lengua propia de este país, parece que la nación chilena haya sido en otro tiempo más culta de lo que es al presente, o al menos que ella sea un residuo de algún pueblo ilustrado, el cual debió caer por alguna de aquellas revoluciones físicas o -morales... La perfección de las lenguas sigue constantemente la de la civilización; ni se puede comprender cómo una nación siempre salvaje, que jamás ha sido limada ni por las sabias leyes, ni por el comercio, ni por las artes, pueda hablar un idioma culto, expresivo y abundante. La copia de las palabras de un lenguaje presupone un número correspondiente de ideas claras en el complejo de los individuos que las hablan, las cuales en un pueblo rústico son, y deben ser necesariamente, muy limitadas"124. Por cierto que Molina no podía menos que ver la contradicción entre la lengua y la realidad de los indígenas chilenos en el siglo XVIII. No pensó Molina -o si lo hizo, no lo señaló más que como una hipótesis: "... parece que haya sido en otro tiempo más culto...", que la lengua mapuche se había criado durante el período prehispánico, en un [189] contexto de una sociedad agraria compleja como la que estamos describiendo en estas páginas125. En la lengua mapuche le llamó la atención la cantidad de voces para nombrar las relaciones entre amigos y parientes. La capacidad de la lengua en transformar los sustantivos en verbos y la riqueza y precisión del lenguaje. Ciertamente ese lenguaje provenía de las necesidades de una sociedad compleja126.

4. LAS HERRAMIENTAS Y EL TRABAJO AGRÍCOLA.
La gran cantidad de tierras despejadas en el sur dedicadas a la agricultura nos plantea un nuevo problema: ¿cuáles eran las herramientas con que las trabajaban? Porque es evidente que esas explotaciones no sólo requerían de muchos brazos sino de instrumentos adecuados para limpiar, mover tierra, sembrar y recoger las cosechas. A analizar este asunto dedicaremos las próximas páginas. Latcham señala que desde Panamá hasta Chiloé los agricultores "empleaban casi idénticos sistemas agrícolas y la misma clase de herramientas"127. Agrega que los únicos instrumentos que se conocían eran de palo, de piedra o, en algunos casos excepcionales, de cobre o bronce. Como es bien sabido, el hierro no era conocido en América.

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Molina, p. 109 y 110. El abate critica con pasión un artículo aparecido nada menos que en la versión de 1789 de la famosa Enciclopedia Francesa, la producción intelectual más moderna de la época y la que quizá inaugura la modernidad, donde se sostenía que las lenguas americanas y en particular la chilena se podrían concentrar en una sola página, por lo pobre que era. En defensa de la lengua mapuche escribe en italiano, en la Universidad de Bolonia donde enseñaba Ciencias Naturales, uno de los mejores estudios filológicos del mapudungu que hasta ahora existe. Señala que la capacidad verbal del mapuche supera al inglés y al alemán que no tienen pretérito simple, futuro del indicativo y los tiempos simples del subjuntivo. "Yo no pretendo -dice- por esto anteponer el lenguaje chileno a las susodichas lenguas, ni menos igualarlo..." (p. 341). "La lengua de Chile es de tal modo copiosa, que a juicio de todos aquellos que la han poseído con alguna perfección, se necesitaría más de un grueso volumen para hacer de ella un complejo diccionario, pues que a más de las voces radicales, que son muchísimas, el uso de las composiciones es allí tan frecuente que en cierta manera puede decirse que en esto consista la esencia de aquella lengua. Cada verbo, o por derivación o por unión, se hace raiz de otros innumerables verbos y nombres, así adjetivos como substantivos, los cuales reproducen otros secundarios, modificándose en cien maneras diferentes." 125 Ciertamente se ha mostrado en la antropología moderna lo que Molina captaba hace siglos. La relación existente entre el lenguaje y la cultura es estrecha. Véase H. Mead. Lenguaje y cultura. Paidós. Buenos Aires. 1991. Mead fue un especialista en antropología y lingüística de la Universidad de Chicago en los años treinta y hoy día muy estudiado -reeditado y traducido-por su tesis acerca de que el lenguaje encierra la totalidad de la cultura. 126 Los jesuitas denominaron indistintamente el idioma local como chillidungu, esto es, lengua de Chile (Havestadt), o lengua de la tierra mapudungu, que se ha perpetuado y se usa hoy en día. 127 Ricardo Latcham. La agricultura precolombina, op. cit. p. 304.

"Hoy parecería imposible cultivar grandes extensiones de terreno y recolectar sus productos sin mayores medios que los que disponían los indios de aquella época; y sin embargo, la agricultura, se practicaba en forma extensiva e intensiva, de manera tal que daba abundancia de mantenimientos a la población, que dependía casi exclusivamente de ella para su sustento"128. Ciertamente se piensa generalmente que sólo es posible sembrar grandes extensiones utilizando el arado. Las herramientas indígenas, aunque ligeras, eran útiles para abrir la tierra, sembrar y cosechar. Agrega Latcham algo que por obvio parece olvidarse: "Entre los indígenas la falta de medios mecánicos se suplía con el número de brazos, por lo tanto casi toda la población se dedicaba a la agricultura y esto explica su diseminación en pequeños grupos aislados por las riberas [190] de los ríos y otros parajes, donde encontraban tierra cultivable y la poca concentración en pueblos de algún tamaño." Habría que recordar en este sentido que las dos mayores concentraciones mapuches, Maquehua y Boroa, se encontraban y encuentran "entre dos ríos, en una suerte de "Mesopotamia". Fueron los dos lugares de mayor densidad y concentración indígena en el sur y por ello, como hemos visto, fueron las encomiendas más requeridas. Los suelos planos y fértiles son bañados por el río Cautín y el Quepe y por numerosos pequeños arroyos y afluentes que los cruzan. Muchos terrenos se inundan -hasta hoy- en el invierno, manteniéndose húmedos durante el verano. Ese sector mesopotámico que va entre los ríos Cautín y Toltén constituye el de mayor estabilidad de población indígena agrícola, posiblemente, en el sur del país. Las faenas se comenzaban con algún "chuzo" o "barreta", palo de madera dura y punta afilada. Con esto se rompía el suelo. Detrás de los barreteros iban hombres armados de palas, con que daban vuelta los terrones y removían el suelo, enseguida iban otros, a menudo mujeres, con mazas o cuchillones con que desmenuzaban los terrones. Luego se hacían los camellones mediante azadones. La existencia del árbol denominado "luma" que produce una madera muy pesada y dura y que trabajada al fuego se transforma en un elemento de gran firmeza, casi como el hierro, les otorgó a los antiguos mapuches la posibilidad de fabricar excelentes herramientas129. Dillman Bullock explica detalladamente las herramientas, trozos de las cuales encontró en diversos sitios funerarios de la Araucanía, especialmente Angol. Cada herramienta posee su nombre en lengua mapuche, lo que da fe de la antigüedad y originalidad de ellas. "La barreta o chuzo con que se rompía el suelo era de una madera dura como la luma o el temu, o alguna otra madera, siempre que fuera dura y pesada. Estas barretas variaban en su largo según la estatura y fuerza de la persona que las empleaba. A veces tenía la punta simplemente aguzada pero más a menudo la tenía en forma de cincel. Esta última forma era más apropiada y eficiente para el trabajo al cual era destinada. Es muy posible que muchas de estas barretas tuvieran piedras horadadas en su parte superior"130.

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Latcham, op. cit. p. 305. En Chile se conoce como 'luma' al palo que utilizan para golpear los policías, ya que al parecer se hacía de esa madera. Tiene fama de pesado y duro. 130 Dillman Bullock. La Agricultura Araucana.
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Las piedras horadadas, de las que se conservan miles en los campos, cumplían un papel fundamental en las herramientas de madera. Le daban el peso necesario 131. Según donde se pusiera la piedra hacía de la herramienta un instrumento diferente. [191] La variedad de estas piedras nos habla de una cantidad enorme de usos en las herramientas de los antiguos mapuches. Su confección debe haber llegado a una enorme perfección ya que las hay con variadas formas, pulidas, figuras a su alrededor, tipos diferentes de huecos de modo de encajar en diversas clases de mangos, chuzos, palos. Recordemos siempre que los tiempos de trabajo en las sociedades antiguas eran absolutamente diferentes a los nuestros. Probablemente un artesano podía pasar meses o hasta años trabajando sus piedras, mediante herramientas de pulir hechas con piedras más duras aún132. Sin embargo, se usaba mucho la escoria volcánica que en el sur es muy fácil de encontrar por razones bien conocidas. Esta es relativamente fácil de manipular mediante piedras más duras como el granito133. Un tridente u horquilla de mucha eficiencia se encontraba en uso, y lo describe Pineda y Bascuñán, cuando cayó prisionero. Fue invitado al trabajo del campo por el jefe de familia y allí se usaban este tipo de herramientas. "...los tridentes son a modo de tenedor de una madera pesada y fuerte, y en el cabo arriba le ponen una piedra agujereada al propósito, para que tenga más peso, y con éste van levantando la tierra para arriba, hincando fuertemente aquellas puntas en el suelo, y arando a una parte las menos y el cuerpo, arrancan pedazos de tierra muy grandes, con raíces y yerbas y tras de éstos entran las palas que ellos llaman hueullos"134. Los hombres usaban estas "herramientas pesadas" mostrando que no era solamente oficio de mujeres la agricultura prehispánica. [192] Posiblemente -como hemos insinuado- la división sexual del trabajo cambió con la crisis poblacional en que no fue necesario sembrar mayores extensiones. Latcham y Bullock creen que la faena de romper la tierra era realizada por hombres, quizá por el tamaño y peso de las herramientas utilizadas. "En todos los países occidentales de la América del Sur, después de haber roto la tierra con la barreta, la daban vuelta con una especie de pala de madera o de piedra. La pala tenía una forma general que no cambiaba mucho de un lugar a otro. El tipo usado en Chile se halla bien descrito por Núñez de Pineda y Bascuñán..." "entre las palas que ellos llaman Hueullos... son a la semejanza de
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El origen de las piedras horadadas es muy discutido. Lo concreto es que en todo Chile hay miles y miles de esas piedras. En las casas de campo se las encuentra a menudo como pisapapeles o las de mayor tamaño afirmando algún palo o soporte de puerta. Por cierto que algunas hay en los museos, pero no existe una colección que dé cuenta de la variedad. Son una demostración de la difusión por el territorio de los métodos de labranza. Para una discusión del tema, ver al profesor de la Escuela de Antropología de la Universidad de Chile y ya fallecido don Alberto Medina, "El misterio de las piedras horadadas" (Separata, sin referencia) que dedicó numerosas investigaciones a este misterioso asunto. Bullock publicó un folleto titulado "Mil piedras horadadas" Apartado del Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción. 1963. Las interpretaciones en este libro y otros de este autor, ya lo hemos dicho, son enteramente discutibles, no así las colecciones que obtuvo, la clasificación y los datos de procedencia que minuciosamente anotó. 132 El profesor Alberto Medina señalaba este fenómeno como el elemento explicativo central. Lo que aparece imposible realizar en nuestros tiempos, horas de trabajo, no lo era para quien se enfrentaba a una tarea por un periodo con otra concepción del tiempo. Medina y Bullock sostenían que se había producido una suerte de "acumulación secular" de piedras horadadas de tiempos inmemoriales y que los actuales mapuches no las fabricaban sino las recogían en los campos. El misionero metodista, muy buen observador, encontró algunas piedras a las que el artesano no había concluido de hacer el hueco al medio, por encontrarse alguna veta o por haberse trizado. Señala que primero redondeaban o le daban forma a la piedra y luego le iban haciendo el hoyo del medio. Supone que utilizaban arena de cuarzo para pulir e incluso algún tipo de instrumento de piedra o madera que rotaba. 133 De las mil piedras que analiza Bullock, 517 son de escoria volcánica. Estas habrían servido como mazas y pesos y no como martillos o cinceles. Para estas otras herramientas era necesario obtener piedras de mayor dureza y filo, que también las había. 134 Citado por Dillman Bullock, op. cit.; R. Latcham, op. cit., p. 308. Ambos autores coinciden en estas descripciones.

unas palas de horno de dos varas de largo, tan anchas de arriba como de abajo, y en remate de parte superior, como una cosa de tercia, disminuido y redondo para poder abarcarle con una mano y con la otra de el asa que en medio tenía para tal efecto... de aquella suerte se cava la tierra muñida y hacen los camellones en que las mujeres van sembrando". Podemos ver que en una primera línea iban los muchachones fuertes rompiendo la tierra con los chuzos o arados americanos, en algunos casos tratándose de esos grandes tridentes eran usados por varios mocetones. Después venían otros con grandes mazas rompiendo los terrones que habían quedado y finalmente las palas aplanando la tierra y construyendo los camellones o montículos donde se sembraría. Datos etnológicos de interés se encuentran en el estudio de los "cuchillones" y su uso en la preparación de la tierra: "Detrás de los hombres que daban vuelta la tierra con sus palas venían los que desmenuzaban los terrones dejados por aquellos. Con mucha frecuencia esta tarea era desempeñada por mujeres o aún niños. La herramienta más frecuente para esta faena era un cuchillón de madera firme, cuyo mango generalmente formaba ángulo obtuso con la hoja o parte contundente. La madera más usada para esto en el sur de Chile, era la luma. El tamaño del cuchillón variaba con la edad y las fuerzas de la persona que la usaba; pero lo común media 40 a 50 centímetros de largo y era pesado hacia la punta. El mango era redondeado para poder tomar bien en la mano con un botón o borde levantado en la extremidad para evitar que se resbalara. La hoja era más delgada pero a la vez más ancha, tenia la forma de un cuchillo carnicero y un filo algo cortante." "El cuchillón de palo se usaba en Llanquihue y Chiloé hasta hace pocos años, y todavía su uso no ha desaparecido totalmente. En aquellas regiones se llamaba hualato y muchos escritores han hablado de él. Claudio Gay, al describirlo, dice que los hombres rompen la tierra con sus lumas y "las mujeres o los chicos reducen (los terrones) a pequeños fragmentos con la hualaia, instrumento terminado por una parte ancha plana en forma de media luna, que se saca también de la luma o de otro mirto llamado meli"135. [193] Maldonado en sus estudios sobre Chiloé hablando sobre los cuchillones dice "... era una especie de azadón de madera dura, usada para destrozar terrones y para trazar surcos..."136 "En general los cuchillones hallados en las sepulturas chilenas tienen una forma tamaño semejantes a los hallados en las de los países de más al norte", señala Bullock. Agrega que "algunos más pequeños, que se han encontrado por todas partes donde se ha usado este instrumento, deben haber sido empleados por los niños, porque sabemos que ellos también se ocupaban en la faena de romper los terrones. Siendo un objeto bastante manual no cabe duda que con ocasión se usaba para otros fines, pero es indudable que su principal papel era para la tarea que hemos indicado." Finalmente se utilizaban en la agricultura mazas de piedra que servían tanto para romper los terrones como para alisar el suelo. Bullock señala que con frecuencia la "piedra usada para estos instrumentos era perforada, otras veces se empleaba una piedra redondeada que se fijaba a un asta con correas. Esta última clase era más común que la primera". Latcham agrega que "las piedras horadadas se encuentran en todas las regiones agrícolas del centro y sur de Chile; pero no hay constancia de los usos que pueden haber tenido si exceptuamos el empleo de peso para sus tridentes de que nos habla Bascuñán y a que hemos referido más atrás. Soy de la opinión de que estas piedras, tan abundantes en muchas partes, eran instrumentos agrícolas de uso casi universal para reducir a polvo los terrones. Son artefactos de sumo interés, especialmente por los usos que pueden haber tenido." Habría que señalar que cada una de estas herramientas y los procedimientos y tecnologías agrícola poseen palabras precisas en la lengua mapuche, con lo que se comprueba su carácter precolombino. Las papas
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Latcham trae una descripción muy completa del uso del hualato. Dice que este instrumento llegaba al final del proceso para moler los terrones, es una suerte de azadón. 136 Los testimonios del uso de "la luma, el hualato y el throncué" en la agricultura de Chiloé son muchos. Ver Latcham en p. 310 y citas de Cavada y Barrientos.

se sembraban en camellones como hasta hoy y se aporcaban. Lo mismo ocurría con el maíz cuyas tecnologías de producción eran muy avanzadas. Los métodos de siembra estaban desarrollados y eran eficientes. Gay señala que "algunas colinas fueron cultivadas según un método que se sigue todavía en el norte para los fréjoles y en Chiloé para las papas. Este método conocido con el nombre de Pitón consiste en clavar en la tierra un bastón puntiagudo y echar en el agujero algunos fréjoles que se cubren de tierra y dejar reposar muchos años esta tierra..."137. Se le denominaba al palo pillohue y al método de trabajo en las chacras, guduvn. Había palabras mapuches para denominar el equivalente a barbecho y conocimientos tecnológicos semejantes a los de otras partes de América. [194] Había todo tipo de azadones, herramienta fundamental para la horticultura. Estos eran, en general, de tres tipos. El primero era hecho de un palo duro encorvado en su punta ancha, a manera de un ángulo recto formado con el asta o mango. Se dejaba la punta ancha con un filo cortante para que pudiera penetrar en el suelo. De otro tipo era el que se usaba cuando no era posible encontrar madera de la forma necesaria para hacer el primero. Entonces se empleaba una punta postiza de madera dura. Usaban puntas hechas de chonta, 'chuzo', en las regiones donde era obtenible y por este motivo se dice el nombre de chonta a la punta138. Otro tipo de azadón utilizado tenía en la cabeza una piedra esquistosa. "La cabeza de piedra laminada tenía un ancho que fluctuaba entre 20 y 25 centímetros y generalmente mucho menos". Latcham dice que había examinado varias de diferentes partes de Chile y que todas tenían en su parte superior una lengüeta de 5 a 6 centímetros de ancho por 8 a 10 de alto. No quisiera cansar al lector con un listado erudito de todos los tipos de herramientas que eran utilizados en la agricultura. Lo que resulta evidente e imposible de ignorar es la existencia de un conjunto de instrumentos de labranza, algunos de ellos bastante complejos, variados, aptos para sembrar huertas y también grandes sementeras. La organización del trabajo agrícola es fácil de comprender y se sostiene sobre sistemas de cooperación entre las diversas familias. Tal como relata Pineda y Bascuñan, grupos de trabajadores, hombres y mujeres, se unían bajo la invitación de un agricultor. Se invitaba a una minga o mingaco, nombre de origen quechua que significa trabajo colectivo y que se usó entre los mapuches y se mantiene hasta el día de hoy 139. Los grupos organizados comenzaban a construir los camellones donde se sembraría. Se ponían jarros de chicha, dice, fresca en los extremos de las hileras que se iban trabajando en grupos. Al llegar al final se bebía para calmar la sed. Muchos cantos mapuches recuerdan estos trabajos. Probablemente como en casi toda América se llevaba el ritmo del trabajo mediante cantos salmódicos 140. Al finalizar la faena el dueño de casa, como hasta el día de hoy en los mingacos, ofrecía comida y bebida y se bailaba y festejaba celebrando el trabajo realizado. La idea de "trabajo festivo", ausente en nuestra cultura, está marcada por la maldición bíblica: te ganarás el pan "con el sudor de tu frente". Las sociedades antiguas, como la mapuche, hacían de todas las actividades sociales y productivas un momento festivo. John Murra, [195] afamado antropólogo, relata la manera alegre cómo los comuneros quechuas asistían a las mingas, con sus mejores vestidos, cantando en grupos, esto es, felices de ser invitados a trabajar. Esta forma de organizar la faena agrícola no era desconocida ni diferente en el sur de Chile y permitía con herramientas simples pero eficaces limpiar los terrenos, prepararlos y sembrarlos. Las cosechas eran otro motivo de fiesta y la gente se reunía masivamente a levantar los productos como lo hacen hasta hoy los campesinos de todo el mundo y lo siguen haciendo los mapuches contemporáneos.
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Claudio Gay, citado por Latcham, op. cit., p. 328.

La madera de chonta es muy dura y posee estrías como que fuese carbonizada. Es un palo especial para hacer bastones y elementos de gran firmeza. Casi esta desaparecida en Chile. 139 La existencia de la minga entre los mapuches y el uso que se le da a esta palabra quechua puede mostrar una vez más el origen andino de la agricultura del sur y el periodo transicional en que se encontraba la sociedad mapuche transitando de una situación de horticultura a una de agricultura propiamente tal. 140 Ver el canto de cosecha que transcribimos en Historia del Pueblo Mapuche. Lom Ediciones. Santiago. 2000. Sexta Edición.

5. LA VARIEDAD DE PLANTAS CULTIVADAS.
Las siembras, como se ha venido explicando en este trabajo, comenzaron a hacerse principalmente en las orillas de los ríos. En el valle del Malleco y sus afluentes se desarrolló una cultura alfarera que nos ha dejado muchos vestigios de las semillas que controlaban los antiguos araucanos. En esta zona se fabricaban grandes vasijas que servían entre otras cosas para enterrar a los muertos. Se trata de cántaros de gran tamaño en los que cabe una persona puesta en posición encuclillada. Esas vasijas contienen, la mayor parte de las veces, utensilios y semillas colocadas para acompañar al difunto en su viaje al más allá, el wenu mapu. Por cierto que esa vasijeria gigantesca era utilizada para guardar alimentos, fabricar chicha y otros tipos de uso agrícola141. Por su parte, los españoles cuando llegan a América dan cuenta de un repertorio muy amplio de plantas cultivadas, las que no sólo son adoptadas sino muchas veces enviadas a Europa, como es el afamado caso de la papa. El naturalista Juan Ignacio Molina es sin duda aún una de las mayores autoridades sobre esta materia. Resumiendo sus detalladas descripciones señala: "Estas plantas, las cuales ya hemos descrito en el Compendio de la Historia Natural, fueron el maíz, el magu, especie de centeno, el guegen, y la tuca, suerte de cebada, la quinoa, los frijoles de diferentes clases, las papas, el oxalis tuberosa, la calabaza común y la amarilla, el pimiento de Guinea, el [196] madi, planta oleosa, y la gran fresa chilena. A estas provisiones no despreciables añadieron el pequeño conejo, el chilihueque, o sea el camello araucano, que les suministraba buena carne para comer y lana para vestir142. El maíz se había transformado a la llegada de los españoles en el principal cereal y junto con la papa en la principal fuente alimenticia. Posiblemente el hua mapuche vino del contacto con los pueblos maiceros del norte de América. Pero lo que no cabe duda es que el maíz fue el alimento americano por excelencia y también lo fue de los mapuches, combinándolo, como en toda América, con el ají 143. Del maíz había muchas variedades cuyo recuerdo se encuentra en la lengua mapuche144. Dice Bullock: "En los valles de la cordillera, en lugares aislados, hasta el día de hoy se puede hallar maíz cultivado en pequeña escala para el consumo de la familia. Hace varios años en la región de Curacautín, pero más adentro en la cordillera, en compañía de unos técnicos del Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos, hallamos maíz al lado del río y cosechado ya en el mes de Marzo. Alejándose 300 metros del río, a las tierras poco más altas, caían heladas todos los meses del año. Tenían variedades especiales del valle y creo que son restos que esta gente ha conservado desde
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En el Museo El Vergel de Angol se conservan más de 60 de esas vasijas, la mayor parte de ellas en perfecto estado. Dillman Bullock describe una por una las urnas que conoció en su libro "La cultura Kofkeche". Angol. 1970. Reiteremos que no valoramos hoy día la interpretación acerca del carácter supuestamente kofqueche de estas cerámicas que son mapuches simplemente. Los detalles que entrega el autor son de mucho interés. Hay cántaros que fueron puestos al fuego durante mucho tiempo, seguramente para fabricar chicha. No todos los cántaros y solo una mitad de ellos poseían huesos o restos en su interior, que se pudiesen considerar como provenientes de enterramientos. En algunos casos, luego de observarlas durante muchas visitas a El Vergel y analizar su procedencia y lugar donde fueron encontradas, pensamos que no todas fueron necesariamente urnas sino quizá también elementos de acompañamiento para el viaje mortuorio, por ejemplo, un gran cántaro de chicha para que pudiera beber en el trance final. Avala nuestra hipótesis la existencia de granos de maíz u otros cereales que han quedado en el fondo una vez que el líquido se evaporó. 142 Molina, p. 119. 143 Trapi en mapudungun. 144 Hasta hoy el maíz duro se llama en Chile curahua o curagua o curagüilla, esto es, maíz de piedra o duro en lengua mapuche. Curra es piedra y wa o hua, maíz. Este maíz bien calentado como es bien sabido se abre produciendo las famosas "palomitas de maíz", o pop corn; las papas y los porotos parece que eran los productos que se daban con mayor facilidad, como hasta el día de hoy.

tiempos muy antiguos. Además de esto, casi cada valle tenía sus propias variedades, las que son algo diferentes en algunos caracteres de otros valles145." Varios otros cereales eran cultivados en Chile y les permitían hacer harinas, tortillas y panes. Desde el norte también había llegado la quinoa que los mapuches denominaban y aún nombran como quingua o quinhue, maíz de quinoa, lo que podía suponer su ingreso más tardío que el hua, o simplemente maíz adaptado o criado siglos antes. La quinoa se la ha denominado también dahue (Chenepodium quinoa), y tal vez después era la planta más cultivada en la América del Sur. La semilla es chica y era usada siempre cocida y hecha mote. En los últimos cincuenta años el uso de esta planta ha disminuido mucho, pero en la alta cordillera es una siembra aún usada por los mapuches. En la costa también nos ha tocado ver de esas plantas que parecen plumeros de colores. Otras tres especies cultivadas por los mapuches, según los historiadores, eran el madi, el mango y la teca. Hoy día ninguna de ellas es conocida. El madi (Madia sativa, Mol) es la planta que llamamos [197] 'melosa' y es común en muchas partes en los potreros para talaje. Fue cultivada principalmente por el aceite que producía. Hoy día no se usa. El mango era un cereal llamado por algunos centeno y por otros avena. Gay en su Historia de Chile la llama bromus mango, pero hoy día no sabemos con seguridad a qué se refiere. La teca es otra planta cultivada por los mapuches que ha quedado en el misterio, sin que hasta hoy haya sido posible identificarla. Latcham ha descrito largamente estas plantas. En la medida que los indígenas conocían el cultivo de otros tipos de cereales no les costó gran cosa cambiarse a la avena española y, en particular, al trigo. La semilla y su cultivo eran parecidos y el rendimiento y fortaleza de la planta muy superiores146. En otras partes de América, en que el maíz era el único cereal, no se produjo esta transformación ya que el trigo no ofrecía ventajas evidentes. En el sur de Chile, en que el maíz tiene problemas adaptativos por la humedad y la falta de sol, la llegada del trigo condujo a reemplazar los granos tradicionales. Facilitó este cambio la experiencia que los indígenas del sur tenían en la fabricación de harinas. Éstas eran manejadas desde antes de la llegada de los españoles según nos relata Molina: "Es opinión generalmente adoptada que los primeros hombres comiesen los granos crudos luego que empezaron a servirse de ellos para su alimento. Pero esta comida, saliéndoles insípida y difícil de masticarse, tomaron el partido de tostarla o de cocerla, machacando fácilmente entre las manos el grano tostado, tuvieron la idea de la harina, y luego por grados vinieron a hacer la poleada, las tortitas, y después el pan. A la época de que tratamos ya no comían los chilenos los granos crudos; los cocían en ollas aparentes, o los tostaban en la arena caldeada, operación que les pone menos viscosos y más ligeros. Pero no contentos de aderezarlos de este modo, que fue siempre el uso más común entre las naciones acabadas de salir de la vida selvática, llegaron a hacer dos suertes de harina, esto es, la tostada, a la cual dieron el nombre de murque, y la cruda, que llamaron rugo. Con la primera hacían poleadas y cierta bebida que usan también por almuerzo, en lugar de chocolate. Con la segunda se preparaban las tortitas, y aún el pan, dicho entre ellos el cofque, el cual cocían en hoyos excavados en forma de hornos, en las faldas de los montes o en los barrancos de los ríos, un gran número de los cuales se conserva hasta ahora en todo aquel país". [198] Se admira Molina también cómo ellos llegasen a inventar "una especie de cedazo, nombrado chiñigue, para separar del salvado, que llaman anchi, la flor de la harina, dicha achiul". Todos estos nombres de las harinas y métodos de usar las semillas de plantas cultivadas son anteriores a los españoles. Cuando
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D. Bullock. Agricultura Araucana, op. cit.

Según algunos botánicos el trigo habría venido a reemplazar la semilla que se denominaba o se conoce como mango. Se dice que el alimento llamado catuto o pan de piedra era confeccionado con esta semilla y que luego, hasta hoy, se hace con trigo. El mango (Bromus mango) era una gramínea hoy desaparecida, Alcibiades Santa Cruz, del Instituto de Botánica de la Universidad de Concepción. La alimentación de los mapuches antes de la Conquista. Reimpresión del Boletín de la Sociedad de Biología de Concepción. T. XVI Año 1942. Litografía Concepción. El Padre Amberga dice que Gay recogió esta semilla en el sur de Chiloé, que la usaban para alimentar animales y que el Dr. Johow, profesor del Instituto Pedagógico, habría sembrado nuevamente el cereal y que servia para alimento de aves. No tenemos noticia de su existencia actual.

adoptaron una semilla o producto español "mapuchizaron" el nombre hispano, así como cauello por caballo, waca por vaca, oviccia por oveja y así muchos otros. Pero, agrega el Abate Molina, “lo que puede parecer más singular es que hiciesen uso también de la levadura; porque a tal descubrimiento no se puede llegar sino insensiblemente, mediante el raciocinio o la observación, si es que es un feliz accidente no haya concurrido a ello, como es muy probable que sucediese cuando se empezó a emplearla en el uso del pan”147. No fue por tanto demasiado difícil en los primeros años de contacto con los españoles que los indígenas cambiaran sus panes de maíz, teca, madi o mango, por los de trigo, los que se instalaron quizá por siempre en la cultura mapuche148. La harina tostada, alimento central del mapuche, pasó de ser de maíz o de los otros granos, de trigo; se utilizaron los mismos métodos de fabricación, las mismas callanas del tostado. El cultivo del maíz nos conduce a pensar en siembras muy amplias y en una importante capacidad de desarrollo agrícola prehispánico en el sur de Chile. Todos quienes han estudiado el asunto han llegado a la misma conclusión. Miremos lo que dice Amberga a comienzo de siglo: "El cereal principal cultivado en grande escala era el maíz. Pedro de Valdivia pudo cargar en Arauco una escuadra con este cereal para exportarlo al norte, lo que prueba que era un cultivo intensivo. Hacían de él varios usos: cocido, tostado, en harina para pan, y también les servía para hacer su licor favorito, su champaña. El cronista Ovalle nos cuenta: "Este maíz ha sido siempre y es el sustento más universal de los indios, porque no sólo les sirve comida, sino también de bebida, la cual hacen de harina tostada o desatada simplemente en agua o cociéndola y haciéndola chicha que es su vino ordinario". Interesante es la manera como preparan esta champaña, porque encontramos este secreto de fabricación conocido en toda América del Sur, y aún en varias tribus africanas: mujeres y niñas se sientan alrededor de la olla con maíz sancochado, sacan la mano con un puñado, y lo meten en la boca y lo mascan bien hasta que queda bien penetrado con saliva, lo depositan en otra olla, echan agua caliente y lo dejan bien tapado; la masa comienza a fermentar, o la espuman, poco a poco se clarifica y la champaña puede servirse"149. [199] La papa era y sigue siendo el alimento principal, sobre todo en la parte sur del territorio y en la costa en que los maíces no alcanzan a madurar. Se sostiene que de las islas de Chiloé seria original este tubérculo de propiedades prodigiosas y que ha permitido la alimentación del mundo europeo primero y hoy de muchas partes del planeta. Es notable que en las crónicas españolas el tema del uso de la papa no tenga la relevancia de los maíces. Al parecer a los primeros españoles que llegaron al sur no les gustó ni el sabor, ni el aspecto de las papas. Como se sabe costó bastante que este tubérculo se propagara por Europa. A esto se puede agregar que para los mapuches el consumo de papas fermentadas era su mayor delicia, lo que a los españoles no les pareció agradable. Lo que no cabe la menor duda es que con la enorme productividad de este tubérculo, toneladas por hectárea, significaban el principal alimento. Los actuales chapaleles y milcaos de Chiloé no son más que recuerdos de los múltiples usos que se le daba a este producto en la antigüedad. Según Latcham, había un sinnúmero de variedades de cada una con nombre distinto. Gay da los nombres de cinco; Maldonado, agrega treinta y uno diferentes y Cañas Pinochet, trae cinco nombres más. Muchos son los apelativos locales que ahora han desaparecido, y muchos, sin duda son sinónimos. Quiere decir que habría un sinnúmero de variedades, lo que es una de las pruebas más evidentes de la antigüedad de su cultivo en la región150. Las había de todos colores, formas y tamaños. Hasta el día de hoy tenemos algunas variedades que conservan nombres completamente indígenas. Dos de ellos son la papa pehuenche y la papa quila. Habría que agregar la afamada corahila, de color rojo, quizá la más apreciada en el país. Latcham dice: "Los araucanos conservaban sus papas en hoyos cavados en el suelo y el depósito se cubría con un techo de juncos para que no penetrara la humedad. En las regiones cordilleranas también las dejaban expuestas a las heladas antes de guardarlas. En esta forma las llamaban Chid y después de
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Molina, p. 120 Ver Cap. "La gente del trigo" en Historia de un Conflicto, El Estado y los mapuches en el siglo veinte. Editorial Planeta, 1999. 149 Padre Jerónimo de Amberga. "Agricultura Araucana" en Revista Chilena de Historia y Geografía.
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El Centro de Educación y Tecnología de Chiloé desarrolla un programa de recuperación de especies autóctonas de papas llegando a decenas de especies diferentes de gran raigambre en el sur.

secarlas Ivul. El nombre mapuche de la papa es Poñí. No les importaba mayormente de que en los depósitos se comenzara a fermentar o aún podrirse porque en esta forma las comían también llamándolas Vuñapoñi151. Es evidente que el manejo de este tubérculo permitió alimentar esas masas humanas de las que aquí hemos tratado de dar cuenta. Como se sabe, una hectárea de papas sembrada en una vega húmeda puede producir varias toneladas (sic) y alimentar a una familia por todo el año. La facilidad de guardar el alimento y la sencillez para prepararlo [200] son elementos que permiten explicar también la densidad de la población mapuche en ese tiempo. Otra siembra que no deja de ser importante era la de porotos o fréjoles. Phaselosus vulgaris era la especie más divulgada y más común. Sin embargo, el Pallar (Phaselosus pallar) fue muy usado especialmente entre las gentes de mayores comodidades. Hay que decir que el poroto se da casi como maleza y su facilidad de crecimiento es muy notable. Hasta hoy en las vegas de Carahue se producen las mejores lentejas y porotos de Chile. El río Cautín cubre las vegas en el invierno y las seca en primavera. Allí se siembran las chacras y crecen con el abono que les ha regalado el río trayendo sedimentos desde la cordillera. Esas vegas han sido cultivadas quizá desde hace varios miles de años. El Padre Cobo hablando del vegetal dice que los mayores y mejores porotos eran los "pallares"152 que se guardaban secos y se comían verdes. "Los porotos (purutus) son tenidos por los más groseros y de ordinario no los comen, sino los indios y gente de servicio." Purutu es una palabra de origen quechua que se transformó en "poroto" hasta el día de hoy. Muchas otras plantas eran cultivadas y han sido descritas detalladamente por los especialistas. Calabazas de todo tipo, zapallos, ajíes, de diferentes tamaños, sabores y picantes. Hasta el día de hoy se pueden ver en las casas mapuches las enormes cuelgas de rojos ajíes colgados y secándose para hacer el merquen, la pimienta de la cocina mapuche, combinación de sal y ají, más otras especias olorosas que le dan un gusto de gran calidad a sus comidas153. Mucha variedad de frutos del bosque, bayas y hongos completaban la dieta alimenticia vegetal. La lista es larga: el maqui o de color negro, del que se hacía chicha, el avellano o guevin en el idioma mapuche que ofrece sus ricas nueces, el lleuque de cuyo fruto se hacía chicha, el peumo que entrega un fruto parecido a la aceituna, el caucahue de la luma, el michai, el chupón que hasta hoy se vende en los mercados del sur, y la uñí o murtilla de cuya fruta hoy se hacen mermeladas y los araucanos hacían chicha. Por cierto que el de mayor importancia era el piñón o pehuén de las araucarias o pehuenes mapuches. Domeyko en el siglo XIX al viajar al sur le denomina el "pan de los araucanos". A estos frutos silvestres habría que agregar los dihueñes, changles y hongos de diversos árboles y que son muy apreciados. El del roble es propiamente el dihueñe, el llau llau es el que brota del coigüe, y las callampas, de la voz quechua, ka'llampa, de las que hay un surtido enorme. [201] Como puede ser percibido en esta breve enumeración la variedad comestible vegetal era sin duda muy grande y permitía la alimentación de una población muy densa. Este tipo de agricultura, por otra parte, permitía la existencia de mucho tiempo libre. A diferencia de otros pueblos que debían estar cotidianamente dedicados al cuidado de sus sementeras, regarlas, etc. Los antiguos mapuches tenían dos, en algunos casos tres, momentos de trabajo intensivo. El primero era el que ya hemos descrito, el de las siembras. Durante un corto período, organizados en grupos, se arreglaban los terrenos y se dejaba la siembra lista. En el caso de las papas y hortalizas probablemente había un segundo momento de cuidado, aporcas que se conocían, limpieza de los camellones ya que se los describe siempre como muy bien tenidos, y finalmente el momento de la cosecha, que se hacía rápidamente entre grupos convocados a la minga.
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Citado por Dillman Bullock, op. cit., p. 152. Es un poroto blanco de tamaño grande y aplanado, muy alimenticio.

La lengua mapuche mantiene la diferencia entre el trapi o ají verde o seco, el merquen que es el polvo de ají 'cacho de cabra' mezclado con sal, lladi, y numerosos tipos de salsas picantes, muchas de las cuales han transitado a la cocina chilena popular, como los diferentes tipos de pebres, que según los primeros relatos ya eran la delicia de los antiguos mapuches. Las piedras de moler son un testimonio de esos sabrosos preparados de hortalizas.

6.

GANADERÍA, PESCA Y CAZA.

La ganadería indígena es otro misterio, en la medida que el principal de los animales domésticos, como hemos visto en los testimonios, desapareció completamente. Sabemos que no eran pocos por los cronistas. Las "ovejas o carneros de la tierra" como les llamaron los españoles o hueques o chilihueques154, eran muy semejantes a las llamas y hay quienes consideran que son de la misma especie y solamente sus diferencias se debían a formas adaptativas. Estos animales se criaban en forma natural, como los rebaños de guanacos, ya que algunos viajeros los vieron viviendo en estado salvaje, y a la vez, al parecer también había grandes rebaños domesticados155. Sobre ese punto no hay duda. Sobre el tema en que hay una sombra muy grande es sobre su uso como animales de carga. En el texto histórico que continúa en los capítulos siguientes veremos varios testimonios de españoles que señalan que se trata efectivamente de un animal de carga. No sabemos mucho si existían caravanas como más al norte. Bullock dice que posiblemente fueron utilizados como animales de carga para bajar los piñones de las cordilleras. Es una hipótesis interesante que no se ha seguido detenidamente. Lo que está establecido es que los piñones de las araucarias no eran solamente consumidos por los pehuenches o habitantes de la [202] Cordillera de Nahuelbuta, sino que servían a las familias mapuches para hacer una masa parecida al pan que todavía se puede comer en la cordillera. Debe haber habido un movimiento importante de estas semillas desde la Cordillera de Nahuelbuta156 y de los Andes hasta los valles. Posiblemente habría habido algún tipo de intercambio por pescado seco, por ejemplo. Pero de ello no sabemos nada o casi nada. El traslado de las enormes botijas de chicha, esos cántaros grandes de los que tenemos una gran cantidad en las colecciones y testimonios, debe haberse hecho también a lomo de llama. Así como se difundieron tantos sistemas de conocimientos quechua-aymaras, es posible pensar que también se expandió el uso de la llama como animal de carga157. Es por tanto absolutamente posible que hubiese existido intercambios entre cordillera y mar sobre todo señalando el conocimiento de la conservación de pescados por el ahumado y secado. Como es bien sabido, hasta el día de hoy los indígenas del extremo sur usan estos métodos para la conservación de los productos del mar y se pueden encontrar en los mercados de Chiloé. Esto permite pensar que existían esas tecnologías y un mercado de intercambio, del que ya hemos hablado. El arte del tejido es la demostración mayor del grado de domesticación al que se había llegado. No existe ningún testimonio acerca de la desnudez indígena, por el contrario, los españoles se admiran de sus atuendos. "Con la lana de los chilihueques formaban telas para vestirse. Para esto inventaron el huso, la rueca y dos suertes de telares, el primero de los cuales, sicho guregue, no es desemejante al común
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El Padre Rosales dice: "Los indios los crian con gran regalía por la lana y miran mucho por ellos, guardándolos dentro de sus casas, porque es la mejor hacienda que tienen para comprar mujeres". El Padre Jerónimo de Amberga agrega que"... la riqueza principal de los araucanos eran los guanacos; los criaban en grandes rebaños de hasta cuatrocientas o quinientas cabezas y sacaban de ellos su alimento y su vestido; sabían muy bien elaborar su lana y hacían muy buenos tejidos". Jerónimo de Amberga. "Agricultura Araucana", en Revista Chilena de Historia y Geografía, sin fecha. 155 El testimonio de Pedro de Valdivia llegando al río Itata que envía a un destacamento español y vuelven arreando varios cientos de hueques, es una demostración de que eran domesticados. De lo contrario no los hubieran encontrado juntos ni los habrían traído arreando. 156 No está de más recordar que la Cordillera de la Costa, estaba en sus cumbres cubierta de pinalerías, como las que se pueden ver hasta ahora, afortunadamente en el Parque Nacional Nahuelbuta, cerca de Angol, casi único testimonio de las araucarias de la costa. Esas pehueneras estaban muy cerca de los valles, por ejemplo de Angol, y era cosa de una marcha de un día para llegar a ellas y cosechar los piñones. Hay que notar que los llamados posteriormente pehuenches no eran los únicos que consumían el piñón, como podría suponerse. 157 Es bien sabido que la difusión de los números, por ejemplo, provino del norte, ya que los mapuches utilizan el término de waranka al igual que los quechua y aymarás para nombrar el número mil. Se ha pensado que el conocimiento de la domesticación de la llama como animal de carga permitió fácilmente llegar a la conclusión de que el caballo era un animal de monta. No por casualidad los quechuas, incas y los mapuches compararon a los caballos con llamas gigantes.

europeo, sino que en lugar de peine, se sirven de una costilla de ballena o de cualquier leño duro aplanado para oprimir la trama. El otro es casi vertical, de donde le viene el nombre úthalge, del verbo uthalen, que significa estar en píe. Tienen en su lengua vocablos propios para indicar todas las partes que componen los susodichos telares y las demás cosas conducentes a la labor de las lanas. Tenían entre sí una especie de aguja para coser sus vestidos, como se colige del verbo nuduven (coser); pero no sabemos de qué materia fuese ella. El bordado, al cual dan el nombre de dúmican, no era tampoco desconocido entre ellos." [203] El testimonio erudito de Juan Ignacio Molina es contundente. Había una industria textil casera que proveía de telas, ponchos, frazadas y todo tipo de abrigo teniendo en cuenta el clima frío del sur de Chile. Los rebaños de auquénidos deben haber sido grandes para posibilitar esta industria158. Junto a estos animales, que les proveían lana y carne, había otros animales domésticos en que la gallina era la de mayor importancia. La gallina araucana, que hasta hoy se encuentra, al parecer era muy abundante, en la medida que los españoles apreciaban los huevos y su carne. Introdujeron éstos un tipo de ave de mayor tamaño que hasta el día de hoy se la denomina gallina "castellana" por el origen que tuvo. El pinquefi o ganso salvaje al parecer era también fácil de domesticar, no así el pidefi, conocido como "gallareta", que era cazado y se lo comía, a ambos, asado según nos describe profusamente Pineda. Este último tenía la fama de servir para aumentar la leche de las madres que amamantaban. La caza y la pesca permitían ampliar la dieta de carnes y aumentar la variedad de alimentos. "Su destreza en lanzar las piedras lejos y con buena puntería, su habilidad en el manejo de la honda y de la flecha, así como sus artes para la confección de trampas (guachis), les aseguraban la caza de numerosas aves comestibles, sedentarias o migratorias, de nuestra rica fauna ornitológica; la pesca en nuestro poblado mar aseguraba amplia provisión; como lo prueban los conchales ya estudiados y los que se sigue descubriendo, hacen ver que el pescado formaba parte de su alimentación, contra la opinión de algunos narradores de la época de la Conquista. Aún en los ríos efectuaban la pesca atontando a los peces con el jugo de algunas plantas machacadas, de las que por lo menos, conocemos el Pillopillo (ovidia pillopillo, timeleácea)", nos señala Santa Cruz159. Y no solamente efectuaban la pesca para su comida diaria, sino que peces y mariscos, asados sobre piedras calientes, 'curantun', y curados al humo, servían para guardar en previsión del invierno o para negociar con las agrupaciones de la cordillera cambiando estos peces, cochayuyo, collofe en mapuche, la voz cochayuyo es quechua160, D'Urvilea utilis, por lana, seguramente de guanaco, los frutos de Araucaria imbicata, el pehuén, que los españoles llamaron piñones, y por sal. En efecto, los pehuenches, gente del pehuén, obtenían sal muy pura de los depósitos formados por la evaporación del agua del río Salado, que va a [204] la República de Argentina. Hasta ahora la sal pehuenche entra en la confección de muchas medicinas de los machis o médicos mapuches161. La abundancia de peces en los ríos está documentada de manera plena en todos los testimonios. Los ríos sirvieron de principal alimentación a los antiguos mapuches como se ha visto en los mitos reproducidos en la primera parte de este libro. Así como los conchales son el testimonio de que los seres humanos que vivieron a orillas del mar se alimentaron por siglos y siglos de mariscos, así la cantidad de tipos de anzuelos e instrumentos de pesca muestra que los mapuches eran una cultura de grandes conocimientos de pesquería162. Tanto en el mar como en los ríos y lagunas. El testimonio de Alonso González de Nájera, señala:
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Para comprender la calidad de los textiles de los antiguos mapuches, se puede ver un catálogo confeccionado a base de ponchos, cerámicas, cestería y diversos objetos y preparado por Don Ricardo Latcham y Aureliano Oyarzún para la Feria Universal de Sevilla del año 1930. Es un libro de una calidad impresionante sobre todo en los tejidos araucanos. Aureliano Oyarzún y Ricardo Latcham. Álbum de tejidos y alfarería araucaria. Museo de Etnología. Santiago 1929. 159 Alcibiades Santa Cruz, articulo citado.
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El comercio de cochayuyo debe ser muy antiguo, ver el libro de Alonso Azocar y Jorge Bravo, Rukakura y los hombres del cochayuyo. Ediciones de la Universidad de la Frontera. 1996. 161 Estas afirmaciones concuerdan con todos los autores citados.

"Hay copiosa pesquería en muchas partes de aquella costa, de róbalos y lisas y mucho más de sollos, de los cuales se sacan lances con redes de tan excesivo número, que no me atreveré a referirlo. Este pescado, después de haber curado163, se lleva a muchas partes del Pirú, de que en tiempos de paz había grande granjeria. Sardina y anchovas dan a sus tiempos infinitas a la costa; pero el pescado que es tenido aún en más estimación que la trucha, como lo dice su nombre, es uno a que llaman pejerrey, cuya común grandeza es de tres o cuatro libras. No tiene espinas fuera de la principal, y si algunas más tiene son pocas y muy manifiestas. Hallánse estos pescados en la mar, ríos y lagos apartados della, todos de una misma bondad. En el gran río Bio Bío, tenido por estéril de pescado, he visto a un indio tomar con caña muy buenas truchas y pejes reyes. Anguilas no vi ni oí decir que se hallan en mar, lagos y ríos en toda aquella tierra, no gibias ni otros muchos pescado que acá nos son comunes; pero hay otros muchos géneros dellos propios de aquellos mares, de que por lo ya dicho no pude tener entera noticia"164. Otros testigos señalan métodos más sofisticados de pesca entre los que sobresale uno ya perdido que consistía en derramar en el agua [205] cierto líquido producto de unas yerbas y cortezas, con lo que los pescados se adormecían y los sacaban prácticamente con las manos. La cestería indígena es bien conocida y permite pensar en complejos sistemas de traslado y acopio de productos. Los indígenas, consta, que tejían la lana de los chilíhueques con la que también hacían todo tipo de bolsos, sacos y sistemas para trasladar sus productos. Se alimentaban del piñón del que dice Domeyko es el "pan de los mapuches"165, de los frutos del avellano, guevin, también muy rico en aceite y proteínas, del madi o melosa sacaban aceite, y de las murtillas, uñí, frutillas, guelguen, de las que producían dulces y chichas166. Además utilizaban y utilizan hasta hoy numerosos tipos de fibras para la confección de canastos, algunos de ellos muy tupidos como los de ñocha (Bromslia Landbecki), otros muy fuertes como los de maqui, y unos muy finos como los de raíz de copihue. Hasta el día de hoy se trasladan los recolectores de cochayuyo desde la costa de Tirúa hasta las comunidades de la cordillera, en sus carretas "conchavando" productos. Esto significa que las comunidades cordilleranas conocen la necesidad del yodo en la alimentación, de modo de prevenir el "bocio", hinchazón de las glándulas del cuello por ausencia de ese elemento. Esto lo sabían muy bien los quechuas incas de modo que intercambiaban pescado entre la costa y el altiplano. Los mapuches del
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Ver J. Cooper en el Handbook from South American Indians, en que señala la existencia de diversos tipos de anzuelos y trampas para pescar. Hasta hoy existen sistemas como la pesca de pértiga, en que se castiga el agua con un palo largo y al frente se ha colocado una pequeña red. Los peces huyen frente a los latigazos de la pértiga y se enredan donde son atrapados. El conocimiento indígena acerca de las "carnadas" adecuadas para pescar cada tipo de pez es enorme y generalmente ocurre que mientras los pescadores deportivos hacen grandes esfuerzos por atrapar un salmón o trucha, unos pasos más allá un niño indígena los pesca con una humilde lienza. 163 Curado es salado. 164 Nájera, p. 33. Los mariscos presumo que exceden en bondad y en grandeza a los de otra cualquiera costa. Hay de los que en las nuestra se hallan, como son erizos, mosellos o almejas, que cada uno es mayor que diez de los de España, de excelente comida, especialmente los mocellones, a que allá llaman choros, que son de mucha sustancia, y poco dañosos. Dan muchos a la costa cuando después de haber reforzado el viento norte sopla el sur. Pero el marisco de mayor estima entiendo no se halla en nuestros mares, es uno a que llaman allá pico de papagayo, porque descubre por un agujero de la concha do está encerrado, un cierto pico. También se hallan en otras partes, como donde llaman La Ligua, ostras o estrejas o ostiones, que por todas las diferencias los nombran en diferentes partes de España. Y asimismo hay otros géneros de comunes mariscos como cangrejos, pero los dichos son los más estimados de aquella. 165 El popular ulpo proviene, según todas las fuentes, de la sopa de pehuén tostado, molido y caliente, el que después se reemplazó por trigo tostado y molido, harina tostada, alimento aún esencial en la dieta mapuche del campo y en buena medida centro imaginario de la cocina familiar mapuche. 166 El conocimiento en la producción de alcohol era generalizado. El Mudai o chicha mapuche se confeccionaba de una serie de maneras y proveniencias. El de maiz debe haber sido el más utilizado, al igual que en el mundo andino. Se tenían muchos tipos de maices que permitían diversos tipos de fermentaciones. Las chichas de pehuén también se hacen hasta hoy en la cordillera y es poco alcohólica. Las de frutillas por ser más dulces son más alcohólicas. Al parecer no poseían sistemas muy perfeccionados de guardar alcohol, y debían ser tomados antes de que se avinagraran. Según algunos autores el interés temprano por el vino y el aguardiente procedía su estabilidad como alcohol que no se degeneraba inmediatamente en vinagre.

interior saben que es necesario condimentar con este tipo de sales que están en el mar o con la sal de la cordillera. El merkén, mezcla de trapi, ají con sal gruesa de la cordillera ha sido siempre un condimento tradicional indígena, lo que implicaría la existencia de intercambios muy antiguos. Hay muchos métodos de guardar pescados y mariscos que eran bien conocidos y posiblemente en esas bolsas de ñocha, las pilguas mapuches, los trasladaban a través de largas caravanas, ya sea bajando los ríos, en las canoas, o simplemente cargado en los hombros, ya que no sabemos a ciencia cierta el uso de las llamas de carga. Obviamente un punto aparte era la "industria alcohólica" que, al parecer, ocupaba buena parte del tiempo de trabajo, por el placer que la chicha provocaba y su generalizado uso. Para una gente sociable como la que hemos descrito, o que estamos describiendo, la bebida era un signo de amabilidad. Rosales dice que la chicha es como la cerveza, y [206] quien ha bebido un buen mudai, especialmente de maíz, no puede menos que estar de acuerdo en que es parecido a la cerveza. "La chicha es como la cerveza, o como nuestro vino, es la alegría de todos los convites, y fiestas"167. Estas bebidas y comidas requerían por cierto de una industria alfarera importante. Los restos arqueológicos nos muestran una cerámica muy fina en tiempos prehispánicos, la que, posteriormente, después de la conquista, se va haciendo cada vez más tosca. El tamaño de los cántaros también disminuye, siendo más grandes los antiguos, ya que la guerra como vamos viendo desedentarizó a la sociedad indígena y, con el tiempo, la volvió a nomadizar. Juan Ignacio Molina, una vez más, indica con claridad el nivel alfarero al que se había llegado y el uso de los metales, señalando -a través del lenguaje- que se había conocido el hierro y la metalurgia, cuestión sobre la que no sabemos mayor cosa168. "De estas artes de primera necesidad pasaron a algunas de aquellas que exigen las necesidades secundarias de una sociedad. Con la excelente arcilla que se encuentra en su país hacían ollas, platos, tazas y aún vasos grandes para tener los licores fermentados. Todos estos vasos los cocían en ciertos hornos, o más bien ciertos hoyos que hacían en las pendientes de las colinas. Habían también descubierto una suerte de barniz para sus vasijas con una tierra mineral que llaman colo"169. Y sobre el uso de los metales, señala Molina un conjunto de conocimientos que no podemos determinar con claridad si eran precolombinos o los conoció después el Abate y ya eran prestaciones culturales intercambiadas con los españoles. "Extraían el oro, la plata, el cobre, el estaño y el plomo de las entrañas de la tierra, y después de haberlos purificado se servían de estos metales para varias labores útiles y curiosas; pero en particular del cobre campanil o sea [207] mineralizado, con el cual por ser muy duro, hacían hachuelas, hachas y otros instrumentos cortantes, aunque en poca cantidad, porque se encuentran raramente en los sepulcros; al contrario, las hachuelas hechas con una especie de basalto colunario son allí muy comunes. Causa maravilla que el
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Rosales, op. cit, p. 999. No hemos avanzado mucho en nuestra investigación sobre metalurgia indígena en el sur de Chile. Existía y se conservan aros y adornos de cobre principalmente. Hay testimonios de que usaban joyas de oro. Los primeros cronistas señalan que en las lanzas iban engastadas puntas de cobre. Habría que hacer una investigación más profunda que la nuestra en este aspecto. Hemos revisado un estudio muy detallado sobre metalurgia prehispánica y andina, pero que no da demasiadas luces sobre el problema acá planteado. Eugen Friedrích Mayer. Armas y herramientas de metal antes de la llegada de los Españoles. 1986. Se trata de un libro en alemán, bilingüe parcialmente, con una cantidad de piezas fotografiadas de mucha calidad, en particular del norte de Chile y Argentina, áreas de influencia incaica. Se han fotografiado hachas, cetros, masas (varias de San Pedro de Atacama), cinceles, cuchillos, anzuelos, arpones, etc. El libro catálogo de Schindler, uno de los más completos que se han publicado, de piezas de la cultura material mapuche puede ser de utilidad para profundizar este asunto. Ver. Helmut Schindler. Bauern und reíterkrieguer: die mapuche indiamer im sudemamerikas. Munchen. Hirmer. 1990. La cita de Molina es una hipótesis para trabajar esta temática. 169 Se llama hasta hoy colo, el barniz natural con que se reviste la cerámica tanto en Pomaire como en Quinchamalí.
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fierro, universalmente creído incógnito en aquellos pueblos, tenga un nombre peculiar en el idioma chileno. Este se llama panilgue, y las armas que de él se fabrican chiuquel, a diferencia de las otras fabricadas con diversos materiales, que están comprendidas bajo el nombre general, nulin. El herrero se llama ruthave, del verbo ruthan, que significa labrar el fierro. De todo eso se podría conjeturar que ellos no sólo tuviesen noticia de este útil metal, pero que supiesen también hacer algún uso de él. Pero estos indicios, atendido el silencio sobre este punto de los primitivo escritores de la América, serán siempre inconcluyentes hasta que no se encuentren allí algunas piezas de fierro de incostrastable antigüedad"170. En definitiva tenemos un sistema productivo que combinaba varios subsistemas en forma simultánea. Uno,"cázador recolector a gran escala", otro, “sistema horticultor”, con una amplia variedad de plantas cultivadas en pequeños jardines húmedos, y además, un "sistema agrícola", al parecer bastante eficiente y del que han quedado muy pocos rastros ya que fue barrido por la primera oleada de la conquista. La transformación rápida a la ganadería de vacunos y caballares, la guerra, la mortandad y depresión demográfica, condujeron a pensar que los antiguos mapuches no poseían agricultura, sin embargo, ha quedado comprobada su existencia en el lenguaje y en los diversos rastros que aquí hemos detallado. En resumen, la actividad económica se componía de una variedad de actividades, tales como pesca en mares, lagos y ríos con múltiples sistemas masivos de obtención de productos, como el de "marear" a los pescados171, de "cebarlos" con diferentes carnadas y luego sacarlos, de "pertigarlos", como se usa hasta el día de hoy en Chiloé172, y todas las formas de pesca con caña que hasta hoy son conocidas173. Las [208] colecciones de anzuelos que se encuentran en sitios arqueológicos muestran también la capacidad pescadora de los antiguos mapuches174. Los testimonios de pesca en el mar son también evidentes y muestran que había un sistema masificado que proveía grandes cantidades de alimentos de una manera bastante fácil. Al mismo tiempo, como en todas las sociedades campesinas, se ejercitaba la caza de animales y aves, que aunque no muy abundantes no eran menores en la dieta indígena. La cantidad de guachis175, trampas, que poseía la cultura técnica mapuche muestran un pasado abundante en las faenas de la caza. La perdiz era un alimento cotidiano como lo muestra en su relato Pineda. Cada vez que llegaba a una casa lo invitaban con perdices asándose al palo. Los animales domesticados, como el chilihueque, y las gallinas araucanas, ascendientes de las que aún quedan en los campos, denominadas tríntres por tener poco plumaje176, eran otra fuente de alimentación, y no menor, como se ha visto. La recolección de piñones, avellanas, y la variedad más amplia de frutos que da la selva valdiviana del sur de Chile, completaba la dieta.
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Molina, p. 123. Hasta ahora la hipótesis de Molina sigue pendiente. Los cronistas señalan que los indígenas tenían métodos de "envenenar" las aguas, de modo que el pez se "mareara", esto es, se adormeciera y los sacaban luego con una red o incluso con la mano. Son especialmente apropiados los lugares de río donde hay alguna cascada o salto de agua y en el pozan se concentra gran cantidad de truchas y pescados que remontan el río. Hemos visto niños mapuches sacando pescados con la mano y muchos cazándolos con un palo en forma de arpón, lanzado desde una roca. 172 La pesca con pértiga consiste en una pequeña red o corral que se pone fuera de la playa, silenciosamente. Mide un metro de alto y puede ser larga, de unos 10 metros, o según la técnica de cada cazador. Igualmente depende el tamaño de las aberturas el tipo de pescado que se quiere apresar. Se usa mucho para los pejerreyes que están cerca de la playa o las rocas. Luego se golpea el agua con un largo palo o pértiga. Los peces arrancan despavoridos y se enredan en la red. La red se recoge con los peces atrapados. Las redes de fibras vegetales se emplearon hasta muy poco en la costa del sur. 173 Los diferentes tipos de gusanos aptos para carnadas llevan por cierto los nombres mapuches, que demuestran el conocimiento que existía en estas materias. El famoso "gusano de tebo" que sigue siendo hasta hoy en Chile el rey de las carnadas para pescados de río y lagunas, que por ser de color rojo atrae particularmente a los pecados. 174 Cooper, en su trabajo "The Araucanians", Ha mostrado con detalle los diversos tipos de instrumentos y anzuelos utilizados. Ver: Hanbook of the indians of South América. 175 En todo Chile se sigue utilizando el guachi en la forma de una estaca a la que se amarra una soga generalmente ahora de alambre, en la que se enredan liebres y conejos. 176 Hay numerosos nombres para las gallinas en mapuche, lo que muestra que era un ave domesticada y generalizada en las casas. La gallina achahual, sin cola, se la denomina callonca o tapucha, y la de cogote pelado trintre. Es famosa la que da huevos azules. Para diferenciarla de la gallina indígena, la traída por los españoles recibió el nombre tradicional, hasta hoy, de "gallina castellana", conocida por ser gris jaspeada y más corpulenta que las autóctonas.
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Este conjunto de actividades agrícolas, hortícolas, y "cazadoras y recolectoras" en gran escala permitió alimentar a una población de casi un millón de habitantes en el sur de Chile sin necesidad de establecer una organización estatal superior a las familias autónomas. Era una sociedad de subsistencia, sin producción de excedentes, salvo aquellos destinados a la propia sociabilidad, al gasto ceremonial, al rito festivo de reproducir la vida social. En definitiva, vemos a una sociedad consolidada en el sur de Chile. ¿Es posible pensar que esta sociedad estaba en un "estado de guerra" permanente cómo tanta literatura sostiene? No es fácil responder a esta pregunta. Sabemos bien que sí estaban preparados para las guerras porque así las hicieron a los quechuas del norte y a los españoles apenas llegaron al río Bío Bío. Pero, ¿eso significa que los mapuches vivían en un estado de guerras intertribales? No podemos responder fehacientemente estas preguntas, pero no cabe mucha duda de que no habría existido esta sociedad, con tanta gente y tanta producción, si se hubiesen pasado la vida en guerras intestinas. No pareciera que la guerra fuese el [209] estado natural de los indígenas del sur de Chile, más aún los sistemas de alianzas entre las familias plantean más bien la hipótesis de una sociedad pacífica. Es por eso que decimos que la guerra que darán al inicio de la conquista a los españoles, será centralmente una Guerra Ritual. Es el tema que abordaremos a continuación. [210]

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