Con semilla o sin ella, el mal es pura inocencia Escribe Juan Fco.

Álvarez

En la filmografía del mal podemos encontrar acompañamientos musicales siguiendo distintas líneas expresivas. Las hay perversas, malignas, terroríficas, estridentes, chirriantes, psicodélicas, atmosféricas, etc. donde el mal está perfectamente definido y ambientado. Pero una corriente con gran éxito, aunque también un poco incomprendida por muchos, es aquella que recurre a la contraposición, a la música anempática de contrapunto. La música anempática es aquella que no tiene nada que ver con las imágenes que acompaña, que no se implica o bien que busca la implicación contraria, el contrapunto. Es decir, en el caso que nos ocupa, se trata de acompañar escenas, personajes malignos o ambientaciones terroríficas con músicas celestiales, tiernas, vaporosas, angelicales. Muchas veces en estas bandas sonoras se recurre a este tipo de músicas porque en la historia está presente uno o varios niños, pero no necesariamente deben estar éstos para que esta inocente música juegue bien su papel de ser un protagonista más en una historia maligna, incluso por contraposición crear más terror, más angustia y pavor que la música más estridente. Es decir, la contraposición es tan sólo aparente, pues en definitiva se consigue crear el efecto deseado. Así pues, en esta ocasión vamos a hablar de algunos ejemplos en los que los compositores (bien por propia iniciativa o por sugerencia del director) recrean sus bandas sonoras en músicas contrapuestas.

Aquí. la dulce melodía y los cantos angelicales de los niños. esta vez sin niños. pues la banda sonora también contiene pasajes propios del género. La sola presencia de esta bella melodía consigue crear una sensación de pánico y terror única en la película cuando las voces y risas de los niños la introducen. aunque no en toda su extensión. película italiana de culto en el género del terror que cuenta con una partitura muy brillante del maestro Riz Ortolani. Otro ejemplo notable. En esta película se narra la incursión en la selva amazónica de un grupo de cuatro jóvenes reporteros que buscan rodar un documental sobre ciertas tribus caníbales de las que han tenido conocimiento. es Holocausto caníbal (1980) de Ruggero Deodato. Ambos ya habían trabajado en La residencia (1969). cosechando un éxito sin par. La .Un primer ejemplo. Una contraposición efectiva. el compositor dota a la música de una canción pop muy melódica y retentiva (Evelyn) que se introduce con unas dulces notas tarareadas por niños a modo de nana. en este caso con niños de por medio. con música del malogrado compositor hispano-argentino Waldo de los Ríos. Se convierte así en una presencia turbadora. es y debe ser de cita obligada: ¿Quién puede matar a un niño? (1976) de Narciso Ibáñez Serrador. el mal evocado desde la belleza.

extorsiones. la música de Rota es refinada. como venerando a sus realizadores. pues Rota quiso dotar a estos personajes de la majestuosidad. estuvo prohibida en diversos países. pues al fin y al cabo son la familia Corleone. asesinatos y siembran miedo y terror a su paso. Aunque parezca una contradicción. Los asesinatos se acompañan de música religiosa. pero que no hace otra cosa que reafirmar la realidad. Ortolani. refleja de una forma extremista y radical. la cruel naturaleza humana. por el contrario. cometen crímenes. con su clase y hermosura envuelve en un halo deístico a los personajes. . Y el vals. Sin embargo. en definitiva. pero más elegante. pero con clase.película. los extremos a los que pueden llegar los humanos. exquisita y de gran belleza. estamos nuevamente ante una falsa anempatía. Música muy natural y cercana que aparentemente se opone a la crudeza de las imágenes. Menos evidente. aunque melancólico. Los personajes de la película son asesinos. de la presencia de Don Vito Corleone y familia. dado su alto contenido de violencia y de gore en sus imágenes. es el uso de la música anempática hecho por Nino Rota en El Padrino (1972) de Francis Ford Coppola. del señorío. Es el mal. con pedigrí y esa elegancia está presente en cada nota compuesta por el gran Nino Rota. unos matones mafiosos. casi espiritual. compuso un tema principal pausado pero con una marcada y melancólica melodía.

dulce y tierna melodía central que adquiere un aire infantil-juvenil al estilo de otra de sus composiciones con niños. Una audición de la banda sonora sin haber visionado la película no nos haría pensar nunca en unos acontecimientos terroríficos. el pecado. pero con la inocencia de las notas de Delerue. y otros sentimientos que luchan frente a la estricta educación que recibieron de su madre. aunque hermosa por su factura. ni tan siquiera dramáticos. En A las nueve. Otra película de estas características es El pueblo de los malditos (1960) de Wolf Rilla. o incluso su posterior versión (1995) de John Carpenter. . los temores a estar haciendo el mal. mientras que la de Carpenter cuenta con el propio director y Dave Davies. aunque hay quien en esta película no ve más allá que un simple drama. El pequeño romance. nos infunde miedo y pavor. siete hermanos pequeños deciden ocultar el cuerpo de su madre muerta enterrándolo en el jardín para no tener que ser llevados a diferentes orfanatos y así separarlos. cada noche (1967) de Jack Clayton. el compositor de este filme. éste nos está transportando a la situación que les toca vivir a los siete hermanos y su música. resuelve con una hermosa.Y es que el mal no siempre se muestra de una manera tan fácil. hay otros que hablan de una película de terror. Así pues. La primera cuenta con música de Ron Goodwin. un terror psicológico que Georges Delerue. Empiezan todos los días con sesiones de espiritismo para comunicarse con ella y en el quehacer diario de los chicos aparecerán los miedos. Retomemos el tema de los niños malvados en el cine.

Pero analicemos algunos de los ejemplos más notables. Cromosoma 3 (1979) de David Cronenberg. Dark Water (2002) de Hideo Nakata. pero con el mal por en medio y con una música que no necesariamente refleje esta condición de inocencia que le pueda conferir la presencia de niños en el filme o incluso sin la necesidad de ser música anempática. Los sin nombre (1999) de Jaume Balagueró. La señal (2002) de Gore Verbinski. podríamos hablar de El resplandor (1980) de Stanley Kubrick (música clásica y tema principal de Wendy Carlos). con música de Kenji Kawai. con música de Stelvio Cipriani. La morada del miedo (2005) de Andrew Douglas. Así. con música de Carles Cases. con música de Stephen Lawrence. con música de Howard Shore. y un largo etcétera con el que no terminaríamos nunca. El exorcista (1973) de William Friedkin. Dos hermanas (2003) de Kim Ji-woon. El rostro de la muerte (1976) de Alfred Sole. con música de Steve Jablonsky. con música de Lee Byung-woo. con música de Jack Nitzsche. con música del propio director. con música de Georges Auric. con música de Hans Zimmer.También es de obligado cumplimento el que hablemos de otras películas con niños malvados o no malvados. Los otros (2001) de Alejandro Amenabar. Suspense (1961) de Jack Clayton. El medallón ensangrentado (1975) de Massimo Dallamano. Las dos vidas de Audrey Rose (1977) de Robert Wise con música de Michael Small. .

ya se ha creado suficiente tensión en las escenas anteriores y el director y compositor prefieren . es decir cumple con su cometido. música tenebrosa y siniestra para el personaje de Robert Mitchum y sus planes. Sin embargo. sino empática. con música de Jonathan Elias. sin ninguna concesión a la inocencia de los chicos como había hecho su predecesor en la saga. hay niños. no hay música. La película se ha convertido a la postre en una saga que de momento lleva siete partes. Aún así.Los chicos del maíz (1984) de Fritz Kiersch. se trata de música de gran calidad. posee un tema principal con un intrigante coro de voces de niños un tanto atmosférico y el resto de la banda sonora está en consecuencia con la música que se espera del género. Walter Schumann. Con ello se deja a cada cual en su lugar. por ello no se la puede considerar anempática del todo. el compositor se mueve entre dos corrientes. hay mal. pero nos quedaremos con la primera y algo de la segunda. pura y angelical para los dos niños. En La noche del cazador. pues en ésta cuenta con música de Daniel Litch que construye una banda sonora bastante aterradora. En las escenas más recordadas de la misma. pero la música no es anempática. es curioso cómo está encajada la música en esta película. el mal está bien representado y así mismo lo está el bien. y música inocente.

cantos satánicos. búho. Y en el filme. tortuga. corderos). o la tela de araña que se teje y de fondo el bote con los dos hermanos. cuentan con un poema musical de más de diez minutos ininterrumpidos de música. ha habido tensión y también inocencia y la música es un continuo que acompaña los magníficos planos picados del bote. en forma del excelente tema instrumental Happy days. Y en otras ocurre totalmente el extremo contrario. Así. . en el río. Roman Polanski juega a sugerir más que a mostrar y con ello consigue crear un excelente muestra de cine de terror. Son días felices donde todo parece sonreírles.hacer uso del silencio en los momentos clave. incluso pop. cantada por la propia Mia Farrow y que se convierte a la postre en el tema principal de la película. Con La semilla del diablo (1968). música opresiva. por no hablar de toda la flora y fauna presente en la escena: sapo. cuando Cassavetes y Farrow recién casados planean cambiarse de piso con la idea de tener un hijo. por ejemplo. Previamente. ocurre en la escena de la huida de los niños con el bote por el río hasta llegar a dormir en un pajar y ser despertados por la canción Leaning que canta un Robert Mitchum a caballo y cuya silueta se vislumbra en el horizonte. pero que ya presagia un complicado nudo argumental. Ya en los títulos de crédito iniciales nos aventura a sugerir que nada bueno va a pasar. ambiente y sugiere. al igual que hace su paisano Christopher (Krzysztof) Komeda con la música. pero la verdadera protagonista es la nana Lullaby. Hay música de jazz. Polanski crea atmósfera.

Mala semilla (1956) de Mervin LeRoy contó con música del siempre inteligente Alex North. como el de ejercicios del que empieza a aprender a tocar dicho instrumento a una edad temprana. pero que siempre acaba variando a una música más difícil. y que acaban por desvariar como indicándonos ese desequilibrio de la niña. orquestal con amplio dominio de cuerdas. quien lejos de profundizar en el terror que impone la historia de una niña que asesina a todo aquel que se interpone en sus fines. hurgando en la personalidad de la niña. .Siguiendo con la semilla del mal. pero que no entendemos cómo se consintió darle un final como el que se le da a la película en este caso. con esa sonoridad clásica y brillante que sólo North sabía imprimir. haciendo de ésta una música psicológica para no perder de vista el autentico problema. sino que la considera una enferma a la que hay que tratar. pero sin demasiadas concesiones a su condición infantil. Es como si la música viese el filme desde el punto de vista de un adulto condescendiente. crea una música más psicológica. algo parecido a tratar un desorden mental que musicalmente se traduce en una música elegante e inteligente. Este repiqueteo infantil de notas es una constante que acompaña a la niña en sus fechorías. La inocencia de la niña sólo se plasma con el constante repiqueteo infantil de notas en el piano.

más cercana. sino también esa calidez. sonoridades infantiles. No entra en analizar la psicología de los personajes.Todo lo contrario ocurre con El buen hijo (1993) de Joseph Ruben. La música de Goldsmith incorpora elementos sencillos. Las cuerdas consiguen dar a la música no sólo los momentos de suspense meramente descriptivos. por tanto una música que mira al filme desde el punto de vista de éstos. el compositor. ni en profundizar en lo terrorífico de la trama. no podemos olvidarnos de El otro (1972) de Robert Mulligan. capaz de exculpar a los niños de cualquier fechoría. cuerdas y flautas. más próxima a los niños y. con arpa. prefiere darle una música más dulce. ese acogimiento al que hacíamos referencia y que se convierten en una constante en esta música. Y como no hay dos sin tres. dulce. en este caso Elmer Bernstein. cálida y que sólo incorpora elementos transgresores en momentos muy puntuales. Película con casi idéntico argumento a las dos anteriores y que en este caso cuenta con música del maestro Jerry Goldsmith.que requiere el filme. Es una música melódica. Destaca en esta banda sonora. . Es una música inocente. quien le da otro tratamiento más cercano al de Bernstein que no al de su maestro y mentor North. si tenemos en cuenta el espíritu del hermano del protagonista). ni tampoco en visiones externas. la sencillez y la superficialidad del niño (o niños. sino simplemente se deja llevar por la inocencia. pues todo y tener un hilo argumental casi idéntico a Mala semilla. brillante. la utilización de las ondas Martenot excelentemente manejadas por la también compositora de música de cine Cynthia Miller. además del piano y las cuerdas.

música desesperante. que plantea en pura contradicción a la inocencia de la niña. como La maldición de Damien (1978) de Don Taylor y El final de Damien (1981) de Graham Baker. o mejor. "que siguen aquí". . pues no en balde también es suya Poltergeist (1982) de Tobe Hooper. Goldsmith construye una banda sonora más inteligente y articulada en diferentes temas. en el final de la película. En este nuevo ejemplo.Música anempática de un Goldsmith que tiene mucho que decir en el género. La película tuvo su segunda y tercera parte. y ésta que nos ocupa también estuvo salpicada de cierta polémica supersticiosa. será como el elemento liberador. Del mismo compositor son La profecía (1976) de Richard Donner y sus continuaciones. agónica. el calvario que les toca vivir a los padres de esta pequeña secuestrada por algo o alguien paranormal. una música inquietante. a lo largo del nudo del filme un elemento esperanzador y a la postre. al fallecer con posterioridad algunos de los actores en extrañas circunstancias. supone todo un leit-motiv que va a representar en el inicio la llamada que conduce a la niña a su vil secuestro. La nana infantil sobre la que se fundamenta el personaje de la niña protagonista. perturbadora e incluso histérica. Por tanto. complementan la calidez del canto angelical principal presente de tanto en tanto a modo de leit-motiv para recordar que "¡¡ya están aquí!!". como en el caso de La semilla del diablo. pero de menor repercusión. Coros de voces angelicales edulcoran esta melodía infantil y contrastan vilmente con el resto de la banda sonora.

y para ambientar el ambiente familiar en sus momentos más dulces. como ya hemos advertido anteriormente. como Bernard Herrmann o Míklós Rózsa. con la música que compuso para los filmes de Dario Argento y en especial para Suspiria (1977). que le supuso un merecidísimo Óscar. pero que consigue el fin que pretendía posiblemente el director al encargar a Goblin (Simonetti) esta música. el compositor se deja llevar más por su vertiente más maligna y construye una auténtica obra maestra de cantos y coros satánicos. pero que se escapa de esta versión dulce del mal que estamos tratando de recoger en este artículo. Efecto un tanto enfermizo. vilmente maligna. aunque lidió con todos los géneros. encontramos el delicado tema The new ambassador. . El resto de la música es del más puro estilo rock electrónico opresivo.En La profecía. Sólo mencionar que en contraposición al tema referente del filme. pero pocas veces mostraron ese gusto por la contradicción y el contrapunto de la música anempática. con una turbadora voz de fondo que se convierte en toda una desesperación para el espectador. Mención aparte merece también Goblin. auténtico artífice del grupo. o mejor dich. demostró desenvolverse muy bien con el mal. ese magistral Ave Satani.o Claudio Simonetti. toda una refinada joya musical en medio de tanta maldad. en la que construye una música electrónica obsesiva. Y es que Goldsmith. También se desenvolvieron muy bien con el mal otros compositores clásicos. Las notas sobre las que se fundamenta el tema principal recuerdan un carillón de una caja de música o incluso de un tiovivo con las que consigue dar un aire más dulce y fresco a una historia tan obsesiva.

que choca frontalmente con las imágenes que vemos y con la música de Wendy Carlos. pero sí unos jóvenes a los que adoctrinar o mejor dicho. aunque la inocencia y la música original no estén tan presentes. o en el caso de la mujer de los gatos. Con ello se pretende generar el efecto contrario. de algunas de las obras cinematográficas que de forma inocente son a ciencia cierta de las más malignas. por tanto no hay niños de por en medio. es decir. cómo la música elegante provoca en estos individuos el efecto contrario al deseado. y así un largo etcétera. a buen seguro incompleto. Sirva pues este repaso.Empezaba este artículo hablando del concepto de música anempática y no quisiera cerrarlo sin hablar de otro ejemplo ejemplar de película del mal con música anempática. Beethoven o Rossini. para ilustrar un poco más nuestro Rashomon del mal en el cine. es música violenta y contrasta con la música no original utilizada por Kubrick en el filme. cómo ésta consigue generar en Alex el efecto contrario. Inolvidable es en este sentido. reeducar. el uso que de la divertida. o las imágenes "maravillosas" que vienen a la mente de Alex al escuchar la para él pacificadora Novena sinfonía de Beethoven. obra de Purcell. O cómo el ataque en el apartamento se hace con Alex tarareando Singing in the rain. La música original es de Wendy Carlos. Estoy hablando de La naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrick. . trepidante y contagiosa música de Rossini se hace en la escena del muelle.

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