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ABRIL 2012 l a vida crucificada
ABRIL 2012 l a vida crucificada

ABRIL

2012

la vida

crucificada

a lab r a s d e Ch arles F. S t an ley

p

Sigamos(a(nuestro

Buen(Pastor

j “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Este mes, es un

buen momento para reflexionar sobre qué significa

exactamente para nosotros el primer versículo del

Salmo 23. En cuestión de días, los cristianos de todo

el mundo celebrarán la Semana Santa con adoración y

acción de gracias por la muerte expiatoria de Jesús en

la cruz, y por la tumba vacía de su resurrección.

“Yo soy el buen pastor”, dijo el Señor a sus discí-

pulos. “El buen pastor su vida da por las ovejas” (Jn

10.11). Eso es exactamente lo que nuestro Salvador

llevó a cabo, haciendo posible que experimentemos los verdes pastos y las aguas

tranquilas de la vida eterna con Él (Sal 23.2).

Pero Jesús también dijo algo importante para nuestra consideración en este tiempo de conmemoración, al pensar en su muerte en la cruz: “Mis ovejas oyen mi

voz, y yo las conozco, y me siguen” (Jn 10.27). En otras palabras, para ser parte de Jesús, debemos seguirlo. Esto comienza cuando se le recibe como Salvador, pero luego continúa con un mandamiento muy costoso. El Señor dijo: “Si alguno quiere venir

en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Mt 16.24). Es decir, si decidimos prestar atención al llamado del Salvador —si queremos estar entre las ovejas del Buen Pastor—tomaremos la cruz, al igual que Él. Tenemos que negar- nos todo lo que nos lleve a alejarnos de su

cuidado misericordioso. “Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él”, escribió Pablo a los Romanos (6.8). En la segura esperanza de la Pascua de Resurrección, el apóstol nos recuerda que, por seguir a Jesús a la cruz, también lo seguiremos a la vida eterna. Esperamos que este ejemplar de En Contacto le inspire a tomar su cruz y a se- guir al Señor Jesús, para que pueda vivir con Él en paz y gozo por toda la eternidad. Si usted todavía no es creyente, o si no ha conocido al Salvador durante mucho tiempo, mi oración es que tome la decisión de caminar con Él.

por

seguir a Jesús

a la cruz, también lo

seguiremos a la vida eterna.”

Feliz Pascua de Resurrección, ¡Cristo ha resucitado!

a Jesús a la cruz, también lo seguiremos a la vida eterna.” Feliz Pascua de Resurrección,

Esta publicación de

® contenido

Esta publicación de ® contenido es para la Gloria de Dios   Dr. Charles F. Stanley

es para la Gloria de Dios

 

Dr. Charles F. Stanley

   

PRESIDENTE Y FUNDADOR

C. Phillip Bowen

C. Phillip Bowen
C. Phillip Bowen

DIRECTOR EJECUTIVO

John E. Courtney, Jr.

VICEPRESIDENTE DESARROLLO Y MERCADEO

Albert E. Anaya

DIRECTOR DE MEDIOS

Martha Alvarez Restrepo

 

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E D I T O R A

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Nora T. Hernández

COORDINADORA DE MERCADEO

LA VIDA

JUNTO A LA CRUZ

 

CRUCIFICADA

 

Víctor M. Rodríguez Marianela Da Silva

 

CON CRISTO

 

DISEÑADORES GRÁFICOS

POR CHARLES F. STANLEY

POR LOS ESCRITORES DE EN CONTACTO

Steve R. Lindsey

La sorprendente ruta de Dios a la libertad

D I R E C TO R

D E

M AT E R I A L E S

Y DISTRIBUCIÓN

 

Recordemos a quienes estuvieron allí, y su importancia

David Blahnik

GERENTE DE PRODUCCIÓN

 
 

OFICINA

     
 

SECCIONES

 

EE. UU. P.O. Box 48900 Atlanta, Georgia 30362

1-800-303-0033

770-936-6281

 

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POR FE

Un corazón que dice sí

POR CAMERON LAWRENCE

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LA MISIÓN DE LA REVISTA EN CONTACTO

 

Cómo la simple obediencia de un hombre cambió al mundo para Cristo

es estimular a todo creyente a cultivar una relación más estrecha con el Señor Jesucristo y apoyar la labor de la iglesia local.

ARTÍCULOS

Jesucristo y apoyar la labor de la iglesia local. ARTÍCULOS 16 UN DOLOR SANTO POR GINGER

16

UN DOLOR

SANTO

POR GINGER GARRETT

Testigos de las vidas que sufren

ETC.

ENCUENTRO CON JESÚS

Devocionales diarios extraídos de las predicaciones del Dr. Stanley

Lea la versión digital de esta revista en:

encontacto.org

Comentarios sobre

la revista:

editor@encontacto.org

PRODUCIDO POR IN TOUCH FOUNDATION, UNA ORGANIZACIÓN DE APOYO A MINISTERIOS EN CONTACTO ® Revista En Contacto©, abril de 2012. Tomo XII, no7. Todos los derechos reservados. Impresa en los Estados Unidos de América. La revista En Contacto no se hace responsable de la publicación ni distribución de ediciones internacionales, ya sea en inglés o traducidas, a no ser que la edición haya sido autorizada por el personal administrativo de la revista In Touch, publicada en los EE.UU. A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son tomadas de la versión Reina Valera de 1960, Sociedades Bíblicas Unidas.

EVANGELICAL PRESS ASSOCIAT ION
EVANGELICAL
PRESS ASSOCIAT ION
bíblicas son tomadas de la versión Reina Valera de 1960, Sociedades Bíblicas Unidas. EVANGELICAL PRESS ASSOCIAT

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la vida

a la vida a v

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crucificada

a la vida a v crucificada con Cristo La sorprendente de Dios a ruta la libertad
con Cristo
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Señor quiere que vivamos.

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Y

Permítame presentarle a Sara, una mujer que recibió a

Cristo cuando era niña, y que ha tratado de caminar con Él

desde entonces. A pesar de que asiste fielmente a la iglesia y

sirve al Señor de diversas maneras, tiene un problema que la

ha acosado durante los últimos veinte años. Es un pecado que

no puede controlar. Cada mañana, comienza el día con la pro-

mesa de no ceder a la tentación. Pero en la noche baja la cabe-

za avergonzada y otra vez confiesa su fracaso al Señor. Estos

pensamientos siguen fluyendo en su mente: ¿Por qué no puedo

vencer esto? ¿Qué pasa conmigo? Pensé que la vida cristiana era

diferente. Esta situación es muy común para muchos creyen-

tes. Sara tiene razón en una cosa: esta no es la manera como el

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“Con Cristo estoy juntamente crucifica- do”, escribió el apóstol Pablo, “y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gá 2.20). Tal vez usted haya escuchado este versícu- lo antes. E incluso, lo haya memorizado, pero ¿lo está viviendo? Puesto que esta es la clave de la vida cristiana fructífera, necesitamos encontrar la manera de ponerla en práctica.

¿Qué significa estar crucificado con Cristo?

Antes de recibir a Cristo como Salvador, estábamos gobernados por la naturaleza de pecado. Pero, cuando recibimos a Cristo, la autoridad del pecado sobre nosotros

de nuestros intereses, placeres y deseos. Jesús es ahora nuestro dueño. Aunque a menudo nos resistimos a la idea de ceder el control, rendir nuestra voluntad al Señor es una de las decisiones más liberadoras que tomaremos en toda la vida, porque Dios asume toda la responsabilidad en cuanto a nuestras necesidades, si lo obedecemos. O nuestra vida está descansando en las manos todopoderosas del Señor, o está descansan- do en las nuestras. ¿Quién cree usted que es más capaz de sostenerla?

Una tranquila dependencia. Cuando per-

mitimos que Cristo gobierne en nosotros, nuestra manera de manejar las presiones de cada día cambiará. Aunque es posible que Dios permita que sigan las dificultades, Él

es posible que Dios permita que sigan las dificultades, Él O nuestra vida está descansando en

O nuestra vida está descansando en las manos todopoderosas del Señor, o está descansando en las nuestras. ¿Quién cree

usted que es más capaz de sostenerla?

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fue destruida. Aunque todavía tenemos el mismo cuerpo, Jesús vive en nosotros por medio del Espíritu Santo. Lo que no pode- mos hacer con nuestras propias fuerzas, el Espíritu lo hace por nosotros cuando nos rendimos a Él (Ro 8.3, 4). La victoria sobre el pecado se logra al permitir que el poder de Cristo fluya en nosotros.

¿Qué sucede cuando vivimos crucificados con Cristo?

Nuestra identificación con la muerte y la resurrección de Jesús es la respuesta a cada lucha que enfrentemos. De manera que, cuando aceptamos realmente por fe que Cristo vive a través de nosotros, cada aspecto de la vida será transformado.

Una nueva lealtad a Dios. Una vez que

somos salvos, la vida no gira más alrededor

Una vez que somos salvos, la vida no gira más alrededor ABRIL 2012 EN CONTACTO nunca

ABRIL

2012

EN

CONTACTO

la vida no gira más alrededor ABRIL 2012 EN CONTACTO nunca quiere que seamos aplastados por

nunca quiere que seamos aplastados por ellas. En un pequeño libro titulado Ellos encontraron el secreto, descubrí un maravi- lloso ejemplo de cómo Hudson Taylor, un misionero en la China, fue transformado cuando dejó que Cristo llevara su carga. Se sentía abrumado por las responsabilidades y los problemas de la misión. Pero un amigo le preguntó: ¿Está Jesús preocupado por todas estas cosas? Le recor- dó a Taylor que cuando la vida de uno se convierte en la de Cristo, el creyente ya no tiene razón para angustiarse, porque nada es demasiado grande para que Jesús no pueda manejarlo. Cuando Taylor reflexionó en estas palabras, y dejó que Cristo viviera a través de él, fue transformado. A pesar de que las circunstancias difíciles continuaron, en lugar de reaccionar con ansiedad, confia- ba en el Señor y descansaba en Él.

posición del creyente en

La

Hemos&muerto&al&pecado&(Ro&6.2).

Nuestro&viejo&hombre&fue&crucificado&con&

Jesús&(Ro&6.6).

Ya&no&somos&esclavos&del&pecado&(Ro&6.6).

Los&que&son&de&Cristo&han&crucificado&la&

carne&con&sus&pasiones&y&deseos&(Gá&5.24).

Hemos&muerto,&y&nuestra&verdadera&vida&

(Col&3.3).

está&escondida&con&Cristo&en&Dios&

Hemos&sido&resucitados&para&andar&en&

vida&nueva&(Ro&6.4).

Tal vez una buena manera para deter- minar si está dejando que Cristo viva a través de usted, es que examine su forma de manejar las cargas. ¿No cree que Jesús

ya sabe todo lo que se necesita para vivir en este mundo, con todas sus responsabilidades

y tensiones? ¡Por supuesto que lo sabe! (He

4.15, 16). Es por eso que nos invita a venir a Él y tomar su yugo, para hallar descanso para nuestras almas (Mt 11.29). Recuerde que la paz que usted necesita no depende de las circunstancias. Puesto que el Espíritu Santo vive dentro en cada creyente, la paz se tiene fácilmente si decidimos apropiar- nos de ella por fe (Gá 5.22, 23).

El poder de la resurrección. Quienes

Cristo,

participan de la vida crucificada con

experimentan una nueva vida. El

poder sin límites de Cristo fluye a través de su pueblo, para que puedan lograr todo lo que Él les ha llamado a hacer. Ya sean humildes o importantes nuestras tareas, Él nos fortalecerá para llevarlas acabo. Sin embargo, en vez de depender de Él, muchas veces confiamos en nuestras capa- cidades y conocimientos. Pero todo lo que

se logra con nuestras propias fuerzas viene

a ser nada en la eternidad. Cada vez que

usted piense que es capaz de hacer algo, sea humilde y confíe en el Señor. Y si una tarea le parece demasiado grande, láncese con fe

a realizarla: pídale a Dios que Él actúe por medio de usted, y tenga fe en que lo hará.

La victoria sobre el pecado. El poder de la

resurrección nunca es más evidente que cuando Cristo nos libera de la esclavitud del pecado. Cada vez que los creyentes somos engañados por las mentiras de Satanás y nos rendimos a sus tentaciones, el único recurso para ser libres es tomar nuestra propia cruz

y negarnos a nosotros mismos (Mt 16.24). Es fundamental entender que los creyen- tes andamos con el Todopoderoso viviendo en nosotros. No hay nada que Satanás pueda

lanzarle, que Jesús no pueda vencer. Al deci- dir usted dejar que Dios maneje la tentación, experimentará la victoria del Señor. Tratar de luchar en sus propias fuerzas terminará en fracaso. Pero si usted confía en Cristo, Él vendrá pronto en su ayuda con su poder, para darle la victoria sobre cualquier tenta- ción que esté enfrentando.

La estabilidad en su andar cristiano. A

pesar de que la vida está llena de altibajos,

Cristo
Cristo

no tenemos que vivir en una montaña rusa de victorias y derrotas. Al dejar que Cristo viva a través de nosotros, nuestra alma no es gobernada por las circunstancias, sino por Aquel que vive dentro de nosotros. Si usted pone en actividad la vida que Jesús le ha dado, Él le dará la estabilidad que va más allá de las situaciones a su alrededor.

¿Cómo vivo crucificado con Cristo?

Hay dos aspectos de nuestra identificación con la muerte y la resurrección de Cristo:

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hemos muerto al pecado y resucitado a una vida nueva. Sin embargo, la experiencia real
hemos muerto al pecado y resucitado a una vida nueva.
Sin embargo, la experiencia real de esta verdad depen-
derá de que pongamos en práctica nuestra cooperación
con Cristo.
Tome su cruz cada día. Vivir la vida crucificada con
Cristo no es una decisión de una sola vez, sino la prác-
tica permanente de tomar la cruz cada día para seguir a
Jesús (Lc 9.23). Minuto a minuto, usted debe elegir esta
difícil pero santificadora actitud, para obedecerle.
¿Conoce usted
a Dios?
Reconozca su insuficiencia. Los creyentes que se han
Tal&vez&la&razón&por&la&que&usted&
no&ha&podido&vencer&los&pecados&
es&porque&su&vieja&naturaleza&
nunca&ha&sido&crucificada&con&
rendido al Señor Jesús, se dan cuenta de que no pue-
den experimentar la vida cristiana sin su ayuda. Todos
nuestros nuevos esfuerzos para cambiar y mejorar,
resultan solo en fracaso. Esto es así, porque el viejo
yo jamás puede ser mejorado. La solución está en
crucificarlo y dejar que Cristo viva en nosotros. Él es
nuestra única esperanza para tener una vida fructífera
y victoriosa.
Cristo.&Primera&de&Pedro&2.24&
nos&dice:&“Él&[Jesús]&llevó&nuesT
tros&pecados&en&su&cuerpo&sobre&
el&madero,&para&que&nosotros,&
estando&muertos&al&pecado,&vivaT
mos&a&la&justicia”.
El&perdón&de&todos&sus&pecados&
y&una&vida&nueva&vida&en&Cristo&
serán&suyos&si&recibe&al&Señor&
Pídale a Dios que venza las áreas de derrota continua.
Jesús,&por&fe,&como&su&Salvador.&
Puede&utilizar&la&siguiente&oraT
ción,&o&sus&propias&palabras:

¿Qué hábitos o prácticas controlan su vida? Dios quiere que usted tenga la victoria, y Él le ha dado todo lo que necesita para ser libre en Cristo. Si está luchando en un área particular hoy, haga la siguiente oración, y observe lo que Dios hará en su vida. Padre celestial, por la autoridad de tu Palabra, he sido crucificado con Cristo y resucitado a una vida nueva. Acepto esto por fe, y hoy elijo morir a ese pecado que me domina. El poder del pecado ha sido destruido, y ya no me controla. Voy a dejar hoy que el Señor Jesucristo se encargue de esto que me derrota. Por fe, haré uso de la vida y el poder que me pertene- cen en Cristo.

uso de la vida y el poder que me pertene- cen en Cristo. Preguntas de estudio

Preguntas de estudio

En Gálatas 2.20, Pablo nos dice que la vida crucificada con

Cristo se vive por fe. En Romanos 6, él nos da pasos prácticos para poner nuestra fe en acción. Lea Romanos 6.5-14.

1. ¿Qué verdad fundamental debemos saber (v. 6)?

2. ¿Cómo se expresa esta verdad en la manera como nos con- sideramos a nosotros mismos (v. 11)?

3. ¿Qué pasos están implicados en los versos 12-14?

Señor Jesús, creo que Tú eres verda- deramente el Hijo de Dios. Confieso que he pecado contra ti en pensa- miento, palabra y obra. Te ruego que perdones todos mis pecados, y que me permitas vivir en una relación contigo a partir de este momento. Te recibo como mi Salvador personal, aceptando la obra que realizaste de una vez por todas en la cruz. Gracias por salvarme. Ayúdame a tener una vida que sea agradable a ti. Amén.

Con&mucho&gusto&le&enviareT mos&completamente&gratis&el& material&“Vida&nueva&en&Cristo”.&

Contáctenos&al&800T303T0033,&o&

visite&encontacto.org&para&más&

información.

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EN

CONTACTO

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El&comienzo&de&una&

nueva&vida

& El&comienzo&de&una& nueva&vida

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Junto a la C RUZ Recordemos a quienes estuvieron allí, y su importancia POR LOS

Junto a la

CRUZ

Recordemos a quienes estuvieron allí, y su importancia

POR

LOS

ESCRITORES

DE

EN

CONTACTO

ILUSTRADO

POR

JEFF

GREGORY

La crucifixión de nuestro Señor y Salvador

es fundamental para la fe cristiana. Reunimos aquí estos breves bosquejos de algunas de las personas que estuvieron involucradas en lo que sucedió aquel Viernes Santo, con la esperanza de que reflexionemos más profundamente sobre el regalo maravilloso de lo que Jesús hizo por nosotros.

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LOS LÍDERES RELIGIOSOS En este tiempo de alti- bajos laborales, muchas personas han enfrentado y
LOS LÍDERES RELIGIOSOS
En este tiempo de alti-
bajos laborales, muchas
personas han enfrentado
y
el temor y la crisis que se
producen cuando se pierde
un empleo. Los principales sacerdotes, los
ancianos y los escribas lo habrían entendido.
Esa inquietante perspectiva los había estado
preocupando durante tres años y medio
cuando Jesús comenzó a enseñar y contras-
tar su mensaje con el de ellos (Mt 5.20; 7.29).
Angustiados por el cambio que veían
venir, los líderes religiosos concluyeron:
“Si le dejamos así, todos creerán en él; y
vendrán los romanos, y destruirán nuestro
lugar santo y nuestra nación” (Jn 11. 48). Les
gustaba su estilo de vida. Un nuevo régimen
podía significar pérdida de posición, o al
menos un nivel social menos prestigioso.
A menudo, pensamos en los líderes
religiosos como personas que rechazaban
a Cristo, pero muchos de ellos realmente
a
creían en Él. Sin embargo, temían tomar
posición a favor del Señor (Jn 12.42, 43). Por
eso, aunque con frecuencia estaban en des-
y
la muerte.
acuerdo entre ellos sobre filosofía religiosa,
fariseos y saduceos se unieron en su común
deseo de preservar el statu quo. ¿Su solu-
ción? Deshacerse de Jesús.
Junto a la cruz, los líderes religiosos asu-
mieron que sus valiosas posiciones estaban
ahora a salvo. No fueron capaces de recono-
cer que su posición espiritual era igual a la
de todos los demás: pecadores necesitados
de un Salvador. Solo tenían que renunciar
a su apreciado estatus humano para recibir
otro mucho más grande: de herederos de
Dios y partícipes de su gloria (1 P 5.1).
LA MULTITUD
El Señor había llegado
a ser muy conocido por
los milagros que llevaba
a cabo entre el pueblo
(Lc 23.8). Pero la gente
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EN
CONTACTO

consideraba también que algunos de sus comentarios eran escandalosos, como su afirmación de que era el Hijo de Dios,

las palabras que ellos distorsionaron,

como la amenaza de que destruiría el tem-

plo (Jn 2.19-21; 10.30, 31). Debido a que mucha gente estaba de acuerdo con los milagros y las enseñanzas de Cristo, los líderes religiosos, que sintie- ron que Él era una amenaza a su autoridad, tramaron su muerte en secreto para no despertar sospechas (Lc 22.2). Más tarde, los principales sacerdotes “incitaron a la multitud para [pedir a Pilato que] les solta- se más bien a Barrabas” en vez de Jesús (Mr 15.11). Y el fluctuante populacho obedeció. Sin embargo, a pesar de su influencia, el poder no le pertenecía al pueblo. Le perte- necía al supremo Juez, quien permitió que un débil e indigno tribunal crucificara, no simplemente a un hombre famoso, sino a la única Persona que tenía el poder de liberar

la humanidad de las ataduras del pecado

LOS SOLDADOS

Primero azotaron a Jesús. Luego se burlaron de Él llamándolo “Rey de los judíos”, poniéndole una corona de espinas puntia- gudas, y vistiéndolo de púrpura, el color de la realeza. Finalmente, lo clavaron en una cruz junto a dos delincuentes. Mientras Jesús colgaba delante de ellos, los soldados se dedicaron a tener una vul- gar exhibición de codicia: ¿Quién se que- daría con sus vestiduras? Partieron sus vestidos, pero decidieron que la túnica del Señor era demasiado valiosa para hacer lo mismo (Jn 19.23, 24). Al echar suertes por su ropa, su acción

revela unos corazones que se habían vuel- to insensibles a la vida humana, y endure-

cidos a las cosas divinas. Al ocuparse de Cristo sin más esfuerzo

del que requerían sus obligaciones, se burlaron de su muerte, rifándose sus per- tenencias —una distracción momentánea de su trabajo, con el moribundo Jesús simplemente como trasfondo de su frívolo entretenimiento. Insensibles al profundo sufrimiento en su entorno, los soldados demostraron, sin proponérselo, su nece- sidad de un Salvador para que volvieran a ser verdaderos seres humanos. Cristo era el Único que podía restaurar en ellos la imagen y semejanza del Dios misericor- dioso y dador de vida.

y semejanza del Dios misericor- dioso y dador de vida. E L CENTURIÓN Ejecutar a criminales

EL CENTURIÓN

Ejecutar a criminales en Palestina era el trabajo del oficial romano que presidió la crucifixión del Señor Jesucristo. La cora- za que cubría su corazón tenía el sello de su amo, César, el emperador de Roma. Era un honor ser un centurión, un valeroso guerrero a cargo de cien valientes solda- dos entrenados para defender al Imperio Romano. En cruces como las que estaban frente a él, se habían cumplido innumera- bles sentencias con el propósito de preser- var la paz. Pero el Señor Jesús no era como otros criminales que él había visto. Desnudo, azotado y ensangrentado, este Hijo del Hombre no había luchado por su vida como otros. Tampoco había rogado o maldecido. Incluso, después de que los militares echaron suertes sobre sus ropas y mojaron con vinagre su boca reseca, no imploró clemencia. Cuando el Señor Jesucristo, finalmente, dio un grito con el último aliento que le quedaba (Lc 23.46) y la tierra comenzó a temblar, algo pareció cambiar en el cora- zón y la mente del centurión. Lo único que pudo decir, fue: “¡Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios!” (Mr 15.39 NVI).

MARÍA MAGDALENA Ella observó la crucifixión desde lejos. ¿Qué signifi- caría la crucifixión para ella,
MARÍA MAGDALENA
Ella observó la crucifixión
desde lejos. ¿Qué signifi-
caría la crucifixión para
ella, ahora que Jesús había
muerto?
Antes de encontrarse con Cristo, María
Magdalena había estado poseída por siete
demonios. Es difícil imaginar una con-
dición espiritual peor que ser prisionera
dentro del propio cuerpo: la de ser juzgada
tan mal del todo, que tenía que vivir mar-
ginada del resto de la sociedad.
Jesús le había dado a María una nueva
vida, no solo al expulsar de ella los demo-
nios, sino además al acogerla en su redil.
De ser una mujer marginada por la socie-
dad, pasó a ser parte del grupo de los
acompañantes de Cristo en los viajes que
Él hacía enseñando y sanando a las perso-
nas (Lc 8.1, 2).
A ciertos espectadores que estuvieron
junto a la cruz pudo haberles parecido
que María se había dejado engañar por las
palabras de un lunático, de un hombre que
se creía Dios. Pero en ese momento, Jesús
estaba probando que era realmente Dios al
enfrentar y derrotar a los peores enemigos
del hombre: el pecado y la muerte. Solo
tres días después Él volvería y le pediría
a María Magdalena que le acompañara
una vez más compartiendo el milagro de
la nueva vida, libre ella ya de las garras de
Satanás (Jn 20.17).
LAS MUJERES QUE
AYUDABAN A JESÚS
Entre los muchos segui-
dores del Señor Jesucristo,
había un grupo de muje-
res fieles que acompaña-
ron al Señor hasta el final, algunas de los
cuales daban ayuda económica al minis-
terio del Señor. Lea más sobre ellas en el
artículo “Un dolor santo”, en la página 16
de esta revista.
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M ARÍA , LA MADRE DE NUESTRO S EÑOR La primera preocupación de una madre

MARÍA, LA MADRE DE NUESTRO SEÑOR

La primera preocupación de una madre es proteger a su hijo. Ese hecho hace que sea difícil imaginar cuán doloroso debió ser para María soportar la crucifixión. Al igual que las otras personas que estaban junto a la cruz, ella miraba a su hijo colgado en el instrumento romano de humillación y tortura. Pero, a diferencia de los que estaban allí para ver el espectáculo de su muerte, o incluso de quienes lo habían amado como Maestro, María lo había lleva- do en su vientre y experimentado el gozo de mecerlo entre sus brazos. Ella había aliviado sus heridas, y lo había visto crecer en sabi- duría —guardando y atesorando todo en su corazón (Lc 2.19, 47-51). Durante treinta años, habían compartido juntos las sencillas comodidades del hogar y disfrutado del compañerismo y el amor mutuos. Mientras ella se ocupaba de sus necesidades físicas, Él proveía para ella con su trabajo de carpinte- ro, el oficio que había aprendido de su padre terrenal, José. Tal vez esos recuerdos de su bebé envuelto en pañales la sostenían, ahora que debía enfrentar el verlo en ropa mortuo- ria. Pero, lo que era más importante, podía confiar en las promesas del Todopoderoso. Porque ella sabía, desde que era muy joven, que “su misericordia es de generación en generación a los que le temen” (Lc 1.50).

EL DISCÍPULO JUAN

14 | ABRIL 2012
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La última instrucción de Jesús antes de la resurrec- ción, fue dirigida a María y a su discípulo amado. El doble mandato: “Mujer, he ahí tu hijo… [y a Juan] he ahí a tu madre”, fue una orden que simbolizaba el nuevo lugar de los creyentes en su reino (Jn 19.26, 27). En este momento, fue revelada la pro- mesa de Juan 14.20: “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y

EN

CONTACTO

vosotros en mí, y yo en vosotros”. El decir que Juan era el hijo de María, significaba que el discípulo participaba ahora en la vida de su Maestro, y que era coheredero de la vida en Dios (Ro 8.17). En cierto modo, este momento es simbólico para todos los cre- yentes que proclaman a Jesús como Señor:

crecemos en la semejanza a Cristo como hijos e hijas del Padre celestial, y como coherederos con el Hijo en su reino. La declaración era también una afirma- ción de perdón y compasión. Juan, al igual que los otros discípulos, había abandonado

a su Maestro en el Getsemaní, pero solo

él regresó para presenciar el sacrificio de Cristo. En este momento, Jesús no solo perdonó la falta de convicción de Juan, sino que también le confió a su amada madre. Pensemos en esto: aun en el Gólgota, mien- tras experimentaba un sufrimiento que nadie es capaz de comprender, Jesús impar- tió gracia y misericordia. Él sigue haciendo esto con todos los que vienen al Calvario. Quienes están dispuestos a ponerse al pie de la cruz y aceptar su voluntad para sus vidas, pueden, al igual que Juan, experimentar las incontables bendiciones que dan generosa- mente esas manos perforadas por los clavos.

dan generosa- mente esas manos perforadas por los clavos. E L LADRÓN Viendo cómo marchaba Jesús

EL LADRÓN

Viendo cómo marchaba Jesús a su muerte en el Gólgota, y a la multitud que iba detrás de Él, en

un primer momento el ladrón se unió a los que se burlaba de Jesús,

diciendo: “¡Bah! Tú que derribas el templo de Dios, y en tres días lo reedificas, sálvate a

ti mismo, y desciende de la cruz” (Mt 27.44;

Mr 15.29, 30). Pero, por alguna razón, en lo más profun- do de este criminal cuyo nombre no sabe- mos, algo cambió, quizás cuando escuchó orar a Jesús, respirando trabajosamente:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23.34).

Cualquiera que sea nuestra situación, hay esperanza para acercarse a Aquel que es poderoso para
Cualquiera que sea nuestra situación, hay esperanza para
acercarse a Aquel que es poderoso para hacer abundantemente
más de lo que somos capaces de pedir o entender.
En medio de la ceguera del mundo, la
revelación de Dios vino a un criminal colgado
en una cruz: Este hombre era realmente el
Mesías, el Rey, el Salvador, el Señor. El ladrón
fue tocado por Cristo, y sus ojos fueron abier-
tos. Su última petición estuvo llena de humil-
dad y esperanza, aun cuando osadamente
llamó al Hijo de Dios con una familiaridad
inesperada. “Jesús”, le dijo, “acuérdate de mí
cuando vengas en tu reino” (v. 42).
Mientras que los discípulos de Jesús
habían perdido la esperanza, sin entender
su misión, este delincuente entendió que su
reino no era de este mundo, y que su muerte,
de alguna manera, sería parte del triunfo de
Jesús. Este desvalido pecador, que estuvo tan
consciente de su imposibilidad de salvarse a
sí mismo, nos mostró el camino a todos: él
fue el primero en ser sacado de la oscuridad a
la luz gloriosa, por el victorioso Jesús.
que, al parecer, los dos decidieron “guardarse
sus opiniones” y optar por la seguridad de la
aprobación de sus amigos (Jn 19.38, 39).
Pero, a la luz de la cruz, donde comienza
siempre la redención, sus corazones deben de
haber sentido menos miedo. Aunque habían
temido la pérdida de su prestigio social,
Aquel que colgaba en la cruz nunca le temió
a la pérdida de la vida. Ellos habían evadido
la crítica, pero Aquel irreconocible ensan-
grentado la aceptó, y mucho más, por amor
a ellos. Después que Jesús fue retirado de la
cruz, José y Nicodemo, movidos por amor,
pidieron su cuerpo. Y, como sucede a menu-
do en los funerales, estos hombres estuvieron
más cerca de su Señor en su muerte que lo
que habían estado en su vida, y lo sepultaron;
su devoción a Él ya no era vacilante, sino
plena, realizada.
Un pensamiento final
NICODEMO Y JOSÉ DE
ARIMATEA
Muy a menudo, los amigos
de toda la vida son aquellos
que comparten un pasado
de errores similares, y un
testimonio de redención común. Nicodemo
y José de Arimatea eran, posiblemente, dos
hombres así. Cuando cada uno escuchó a
Jesús enseñar, algo profundo dentro de ellos
les dio testimonio de su origen celestial. Él
hablaba como alguien con autoridad, lleno
de gracia y de verdad, satisfaciendo la sed
profunda que había en ellos. Pero, al mismo
tiempo, había un dilema. Otros amigos influ-
yentes de ellos criticaban al hacedor de mila-
gros y satanizaban a quienes lo seguían. Así
Al pensar en las personas presentes el día en
que nuestro Señor fue crucificado, considere
cómo podemos vernos reflejados en cada
una de ellas, para bien o para mal. Aunque
las actitudes de algunas son más deseables
que las de otras, podemos ver que nuestros
corazones no están siempre en el lugar que
deben estar. ¿Permaneceremos cerca de Él,
devotamente, sin importar las consecuencias?
¿O dejaremos que nuestras circunstancias
empañen nuestro amor? Cualquiera que sea
nuestra situación, hay esperanza para acer-
carse a Aquel que es poderoso para hacer
abundantemente más de lo que somos capa-
ces de pedir o entender (Ef 3.20) cuando nos
arrepentimos de nuestros pecados, tomamos
nuestra cruz, y le seguimos.
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poderosa en espíritu
poderosa en espíritu
poderosa en espíritu

POR

GINGER

GARRETT

puestas a permanecer con Jesús durante toda su angustia. Antes de la crucifixión, el Señor preparó a sus discípulos, utilizando una analogía cla- ramente femenina: “La mujer que está por dar a luz siente dolores porque ha llegado su momento, pero en cuanto nace la criatura se olvida de su angustia por la alegría de haber traído al mundo un nuevo ser. Lo mismo les pasa a ustedes: Ahora están tristes, pero cuando vuelva a verlos se alegrarán, y nadie les va a quitar esa alegría” (Jn 16.21, 22 NVI). Jesús estaba prometiendo la desaparición del sufrimiento; el dolor y la angustia serían seguidos de un gozo muy grande que supera al dolor anterior. Muy posiblemente, también las mujeres habían escuchado a Jesús ense- ñar, y entendido cuál habría de ser su papel.

i amiga se estaba muriendo de cáncer. Una joven y vibrante cre- yente, con hijos pequeños y un

esposo que la amaba. Unos cuantos amigos decidimos permanecer a su lado aunque no podíamos detener su sufrimiento, o evitar su muerte, pero sí ofrecernos como fieles acompañantes en un viaje oscuro y terrible. Todos nosotros seremos llamados a actuar, en algún momento, como testigos del sufri-

miento de otra persona. No seremos capaces de alterar el resultado. Las palabras nos falta- rán. La oración parecerá inútil. Sin embargo, el acto de acompañar a alguien en su dura experiencia, es un dolor santo que ofrece un asombroso destello del gozo eterno. Pocos hechos de la Biblia nos enseñan

del gozo eterno. Pocos hechos de la Biblia nos enseñan tan bien esta lección, como la
tan bien esta lección, como la historia de de las las mujeres que siguieron a
tan bien esta lección, como la historia de de las las
mujeres que siguieron a Jesús hasta su muer-
muer-
te en la cruz. En el grupo estaban su madre adre
María, María Magdalena, y otras más—muy —muy
probablemente viudas, parientes, amigas, as,
y mujeres que habían sido sanadas por el el
Señor. Aunque carecían de los privilegios ios
sociales y legales de los hombres, estuvieron ieron
dispuestas a hacer lo que muchos de los os
hombres no quisieron. Ellas estuvieron n dis- dis-
El parto era potestad de las mujeres. A menudo
era una dura y larga experiencia, con mucha
angustia y poco alivio del dolor. Muy probable-
mente, las mujeres entendían que su papel como
parte de la comunidad en general, era ofrecerse
como compañeras constantes durante esos
momentos de sufrimiento.
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en general, era ofrecerse como compañeras constantes durante esos momentos de sufrimiento. e ncontacto.org | 1

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Tal como lo predijo Jesús, los “dolores de parto” vinieron en una cascada de aconteci- mientos terribles. Las mujeres no pudieron hacer nada cuando el Maestro fue arrestado, juzgado y condenado públicamente. Cuando los soldados lo desnudaron, lo golpearon y lo azotaron, las mujeres, sin duda alguna, res- pondieron a cada gota de su sangre con una docena de sus propias lágrimas. Pero no se marcharon, ni siquiera cuando los discípulos comenzaron a retirarse. Por el contrario, mientras Jesús cargaba su cruz por las calles, ellas continuaron siguiéndolo. La Biblia nos dice que “le seguía gran multi- tud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él (Lc 23.27). Llorar era darse golpes de pecho como demostra- ción pública de dolor. Hacer lamentación era gemir en voz alta, o entonar una canción fúnebre. Las mujeres que seguían a Jesús se afligieron en todos los sentidos. Ellas habían vivido sin esperanza de ser liberadas de su opresiva cultura y de sus propios pecados. Ahora gritaban porque les habían quitado su única esperanza, su amado Salvador.

les habían quitado su única esperanza, su amado Salvador. Este fue un acontecimiento inusual, por dos

Este fue un acontecimiento inusual, por dos razo- nes: el duelo público por un criminal condenado

a

ejecución era un acto injusto. Por otra parte, la

muerte era contra la ley, pues implicaba que la

lamentación pública la hacían usualmente mujeres

a

al

Jesús lloraron, haciendo a un lado la tradición, y

posiblemente violando la ley.

las que se les pagaba por llorar y cantar frente

cadáver. Pero las mujeres que acompañaban a

Luego vino el amargo golpe: el Salvador que las había sanado, que les había devuelto a sus muertos, que las había alimentando, y que había bendecido a sus hijos, fue crucificado. Mas ellas no se marcharon. “Pero todos sus conocidos, y las mujeres que le habían segui- do desde Galilea, estaban lejos mirando estas cosas” (Lc 23.49). A medida que las horas se alargaban,

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ABRIL

2012

EN

CONTACTO

muchos lo abandonaron y la multitud dis- minuyó, pero “estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena” (Jn 19.25). El sufrimiento de Jesús era tan intenso, que la mayoría de la gente sintió repulsión; sin embargo, algunas mujeres decidieron acercarse aun más.

Lucas 10.38-42 cuenta la historia de dos herma- nas: María se sentó a los pies
Lucas 10.38-42 cuenta la historia de dos herma-
nas: María se sentó a los pies de Jesús, mientras
que Marta salió de la habitación para trabajar.
Jesús elogió a María, pero describió a Marta como mo
“afanada y turbada”. Llevar las cargas de otros, ,
muchas veces implica estar quietos, y dejar de tra-
tra-
tar de arreglar las cosas o ayudar. Es posible que ue
usted esté satisfecho con sentarse a los pies del el
Señor, ¿pero quisiera sentarse al pie de su cruz? z?
Tal vez Jesús se entristeció al mirar desde la
la
cruz y darse cuenta de los pocos amigos que
ue
se habían quedado. Se ha dicho a menudo
se habían quedado. Se ha dicho a menudo

os

que no se sabe quiénes son nuestros amigos

hasta que llegan los problemas. Jesús expe- - rimentó la realidad de nuestro sufrimiento o
hasta que llegan los problemas. Jesús expe- -
rimentó la realidad de nuestro sufrimiento o
terrenal: la mayoría de los amigos y de los
familiares decidirán salir corriendo. Nunca
a
n

se puede predecir quiénes elegirán quedarse. rse.

Las mujeres al pie de la cruz nos ofrecen una indicación del propósito, el poder y la promesa del testimonio. En primer lugar, se nos manda a ayudar a quienes están sufrien- do pruebas dolorosas: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo” (Gá 6.2). Como muchos actos de obediencia, esto no será siempre fácil. Podemos luchar con el orgullo, el miedo y la frustración por causa del tiempo que Dios escoja para actuar. Una y otra vez nos vere- mos obligados a enfrentar la pregunta que se ha hecho la humanidad a lo largo de los siglos: ¿Se puede confiar en Dios? Pero si estamos dispuestos, el llevar mutuamente nuestras cargas tiene un gran poder en favor del reino de Dios. En el libro

de Filipenses, Pablo escribió acerca de la “excelencia” de la “participación de sus pade- cimientos

de Filipenses, Pablo escribió acerca de la “excelencia” de la “participación de sus pade- cimientos [de Jesús]” (Fil 3.8, 10). A menudo pensamos en el compañerismo como los momentos que pasamos con creyentes feli- ces. Pero, no como los lazos irrompibles que se forman cuando caminamos con los afligi- dos. Si no tenemos temor de enfrentarnos a los sufrimientos de este mundo, nuestro tes- timonio tendrá credibilidad cuando hable- mos de una esperanza celestial.

to; porque un ángel del Señor, descendien-

do del cielo y llegando, removió la piedra,

y se sentó sobre ella. Su aspecto era como

un relámpago, y su vestido blanco como la nieve. Y de miedo de él los guardas tembla- ron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mt 28.1-6).

está aquí, pues ha resucitado, como dijo” (Mt 28.1-6). Al visitar la tumba de Jesús para

Al visitar la tumba de Jesús para ungir su cuer- po con especias, las mujeres pudieron haberse arriesgado a tener problemas. Jesús fue crucifi- cado como un criminal y, como tal, no iba a tener los honores de un entierro normal. Su cuerpo estaba siendo vigilado y la enorme piedra sepul- cral era un obstáculo, pero ellas decidieron ir.

Cuando acompañamos a alguien que atraviesa una prueba, cumplimos la Gran Comisión, de “id, y haced discípulos a todas las naciones” (Mt 28.19). ¿Qué puede hacer usted hoy para “testifi- car” a quienes están sufriendo?

En este mundo lleno de falsos salvadores, tener credibilidad entre los que sufren, es algo precioso. Jesús dijo: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn 15.13). Demostrar el amor más grande posible, es una prueba de que cono- cemos la Fuente de ese amor. Si usted refleja las acciones del Salvador, los demás podrán estar más inclinados a creer sus afirmaciones de que lo conoce personalmente. La conduc- ta se modela por lo que conocemos mejor. Cuando nos comportamos como Cristo, damos prueba de nuestra relación con Él. Tal como lo profetizó Jesús, las muje- res que habían experimentado el peor de los dolores, tendrían ahora gozo eterno. “Vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremo-

La vida en este mundo puede tener dolor

y

el gozo será nuestro —un gozo tan grande

que todo dolor será olvidado para siempre. Quizás es por esto que debemos recibir cuerpos nuevos en la resurrección; nuestros cuerpos mortales no podrán contener un gozo tan intenso. Cuando mi amiga perdió su batalla contra el cáncer, las personas que

estuvimos junto a ella fuimos confortadas por saber que a ella le esperaba lo mejor. Hace dos mil años, Jesús miró desde la cruz y vio que solamente unos pocos amigos suyos se habían quedado con Él. Jesús está hoy en su trono, y observa fielmente a los que están luchando. Que también seamos nosotros fieles para caminar con ellos.

angustia, pero cuando todo esto termine,

también seamos nosotros fieles para caminar con ellos. angustia, pero cuando todo esto termine, e ncontacto.org

e ncontacto.org

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programación de radio y TV

abril 2012
abril 2012

RADIO

04/02/12 04/03/12 04/04/12 04/05/12 04/06/12 04/09/12 04/10/12 04/11/12 04/12/12 La(venida(de(Cristo( 04/13/12
04/02/12
04/03/12
04/04/12
04/05/12
04/06/12
04/09/12
04/10/12
04/11/12
04/12/12
La(venida(de(Cristo(
04/13/12
04/16/12
Como&seguidores&del&
Señor&Jesús,&debemos&
04/17/12
04/18/12
04/19/12
los&recursos&que&Dios&
04/20/12
04/23/12
Dios&con&nuestras&vidas&
04/24/12
mientras&aguardamos&su&
04/25/12
regreso.&
04/26/12
04/27/12
No hay amor mayor que éste
LCNECD – La cruz, nuestra esperanza (3 CDs)
El verdadero mensaje de la cruz
Qué pasó realmente en la cruz
Después de la muerte, ¿qué? I
Después de la muerte, ¿qué? II
El mensaje triunfante de la Resurrección
EFCCD – El firme cimiento: Seis bases para una
vida sólida (6 CDs)
La cruz: El puente hacia Dios
El bautismo: La voluntad de Dios para todo creyente
La iglesia: Sus características distintivas I
La iglesia: Sus características distintivas II
El verdadero significado de la cruz
EFCCD – El firme cimiento: Seis bases para una
vida sólida (6 CDs)
Nuestro Ayudador para toda circunstancia I
Nuestro Ayudador para toda circunstancia II
El privilegio supremo del creyente I
El privilegio supremo del creyente II
El consuelo de la tumba vacía
EFCCD – El firme cimiento: Seis bases para una
vida sólida (6 CDs)
La condición de Dios para su bendición I
La condición de Dios para su bendición II
Jesucristo: el Salvador que nos busca I
Jesucristo: el Salvador que nos busca II
La razón para nuestra audacia
Serie&en&4&CDs&|&LVDCCD&$14
04/30/12
TV
04/01/12

04/08/12

04/15/12

04/22/12

04/29/12

Requisitos para caminar por fe El mensaje triunfante de la Resurrección El verdadero significado de la cruz El consuelo de la tumba vacía La razón para nuestra audacia

Para localizar las emisoras y canales en su área, visite encontacto.org/estaciones

La programación está sujeta a modificaciones

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ABRIL

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EN

CONTACTO

reconocimiento

al
al

RECUERDOS

En el otoño de 1969,&el&Dr.&Stanley&

respondió&al&llamado&que&le&hizo&el&Señor& de&mudarse&con&su&familia&a&Georgia& en&oración&en&cuanto&a&esa&decisión,& y&comprendió&que&si&desobedecía,& las&consecuencias&serían& costosas&para&su&ministerio.&No& había&forma&de&prever&que& tenía&exactamente&el&Señor& reservado&para&él;&solo&sabía& que&no&quería&dejar&de& recibir&lo&mejor&de&Dios. Un&año&después,&el& pastor&principal&de&la& iglesia&se&jubiló.&Charles& provisional&mientras& un&comité&buscaba& un&nuevo&pastor.&El&

1&de&octubre&de&

1971&terminó&la&

búsqueda.&Charles& F.&Stanley&se&

16º&pastor&de&la&

Primera&Iglesia&

Atlanta,&una&de&

las&congregaciones&más&

e ncontacto.org

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S por fe Un corazón que dice í Cómo la simple obediencia de un hombre
S por fe Un corazón que dice í Cómo la simple obediencia de un hombre

S

por fe
por fe

Un corazón que dice

S por fe Un corazón que dice í Cómo la simple obediencia de un hombre cambió
S por fe Un corazón que dice í Cómo la simple obediencia de un hombre cambió

í

Cómo la simple obediencia de un hombre

cambió al mundo para Cristo

POR CAMERON LAWRENCE
POR
CAMERON
LAWRENCE

U sted se dirige por el centro de la ciu- dad, en medio del ruido y el movi- miento de la tarde. Luego deja la calle principal y gira hacia una casa

que ha visto antes, pero a la que nunca ha entrado, mientras se le forma un nudo en la garganta al pensar en lo que le espera. Al golpear la puerta, se abre la puerta mientras las bisagras rechinan y el anfi- trión de la casa le dice: “Pase, por favor”. Al comienzo, todo es sombras mientras sus ojos se ajustan a la tenue luz de la habitación. Mientras enfoca las paredes y los muebles lentamente, observa a tres hombres: uno camina de la ventana al corredor, y del corredor a la ventana; otro está recostado contra la pared; y el último de ellos es un hombre pequeño, con barba, y con vestiduras finas, que no le está mirando a usted, ni a nadie, ni en ninguna dirección. Este hombre está alerta, y sentado en el reborde de una

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EN

CONTACTO

y sentado en el reborde de una 2 2 | ABRIL 2012 EN CONTACTO silla, como

silla, como un niño esperando una medicina, con los ojos completamente abiertos mirando hacia la nada. Es a éste a quien usted ha venido a ver, el hombre que mató a sus ami- gos. Este es el hombre que vino a la ciudad a quitarle a usted la vida. El ejercicio anterior de imaginación no es una representación exacta de lo que sucedió en Hechos 9. Pero puede servir para acer- carnos a la experiencia de Ananías, el siervo de Dios enviado por Cristo mismo para orar por uno de los mayores enemigos de la iglesia primitiva: Saulo de Tarso, o como lo conocemos hoy, el apóstol Pablo. El relato dice que Saulo estaba viajando por el camino de Damasco, a 240 kilómetros, un viaje de más de dos días desde Jerusalén. Allí, el joven fariseo había estado persi- guiendo celosamente a los seguidores de “el Camino”, una nueva secta mesiánica que un día se conocería como el cristianismo.

a los seguidores de “el Camino”, una nueva secta mesiánica que un día se conocería como
Hechos 8 nos dice que en la Ciudad Santa, Saulo había devastado la iglesia, arrastrando
Hechos 8 nos dice que en la Ciudad Santa,
Saulo había devastado la iglesia, arrastrando
a hombres y mujeres a la cárcel (v. 3), y que,
en última instancia, había sido el responsable
de la ejecución de muchos creyentes allí.
Al continuar la persecución, los miembros
de la naciente iglesia se habían dispersado
por las regiones de Judea y Samaria, con la
esperanza de escapar con vida (v. 1). Pero
estaba haciendo una redada de los fieles de
Jerusalén, Saulo había interceptado cartas
escritas desde Damasco —correspondencias
de creyentes que habían huido en busca de
seguridad—, y se propuso ampliar los límites
de su cacería (Hch 22.5). Había decidido
viajar al norte para arrestar a todos los que
pudiera, y traerlos de vuelta a Jerusalén para
ser juzgados, con la esperanza de sofocar
el creciente movimiento. Pero en ese viaje,
el futuro apóstol tuvo un encuentro con el
Cristo resucitado. Allí, en el polvoriento
camino, la gloria de la luz —el Dios Hijo—
dejó ciego al hombre que tenía un corazón
Increíblemente, Ananías estuvo dispuesto
a obedecer sin importar el riesgo, lo que
demuestra su devoción al Señor por enci-
ma de todo. Sin embargo, tal vez aun más
impresionante es la calidad de su corazón
al llegar a esa habitación, como se revela en
una sola y delicada palabra: “Hermano”, dijo
amorosamente al quebrantado hombre, al
asesino y enemigo del pueblo de Dios, “el
Señor Jesús… me ha enviado para que reci-
bas la vista y seas lleno del Espíritu Santo”
(Hch 9.17). Y Ananías puso sus manos sobre
el hombre y lo sanó. Y lo que es más, el sier-
vo de Dios bajó al futuro apóstol a las aguas,
bautizando a aquel que días antes había que-
Increíblemente, Ananías
estuvo dispuesto a
obedecer sin importar el
riesgo, lo que demuestra
su devoción al Señor por
encima de todo.

ciego. Jesús le dio la orden de que fuera a la ciudad, y esperara allí nuevas instrucciones. Aquí entra Ananías en escena. La Biblia no dice mucho acerca de él, pero se cree que posiblemente fue uno de los 70 discípulos que Jesús envió a las ciudades que visitaría pronto (véase Lc 10.1-29), y probablemen- te era uno de los líderes de la iglesia en Damasco. Lo que sí sabemos es que Ananías estaba consciente de quién era Saulo, y de por qué había venido. El Señor se apareció al discípulo, y le dijo: “Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora, y ha visto en visión

a un varón llamado Ananías, que entra y le

pone las manos encima para que recobre la

vista” (Hch 9.11-15). ¿Quién podría culpar

a Ananías por tener miedo? “He oído de

muchos acerca de este hombre”, respondió, “cuántos males ha hecho a tus santos”. Sin embargo, contra toda lógica terrenal, Cristo le dijo: “Ve”, y él fue.

rido ver a Ananías bajar a una fosa. Nunca se sabe lo que significará para
rido ver a Ananías bajar a una fosa.
Nunca se sabe lo que significará para el
futuro del reino de Dios, un acto de obedien-
cia de nuestra parte. Ananías dejó humil-
demente que el Señor trabajara por medio
de él, y como resultado Saulo se convirtió
en uno de los más grandes misioneros, y en
uno de los escritores más prolíficos de la his-
toria cristiana. Del mismo modo, cada uno
de nosotros juega un papel en la grandiosa
historia de redención del Señor. A lo que Él
nos llama puede no parecer gran cosa, pero
podemos estar seguros de que nuestra fide-
lidad, en el poder del Espíritu Santo, tendrá
repercusiones que partirán de nosotros y se
prolongarán hasta la eternidad.
La pregunta es: Cuando Cristo diga “Ve”,
¿lo haremos?
e ncontacto.org | 23
y se prolongarán hasta la eternidad. La pregunta es: Cuando Cristo diga “Ve”, ¿lo haremos? e
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, que este año cae en el
La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, que
este año cae en el primer día de abril. En vez de dejar simplemente que la
Pascua “llegue”, piense en la posibilidad de utilizar los próximos siete días para
prepararse activamente con el fin de tener una mayor comprensión y aprecio
por lo que Jesús hizo a favor nuestro. ¿Por qué mejor no apagar el televisor,
y en vez de ello leer los relatos del evangelio de la crucifixión de Cristo? O
silenciar el aparato de radio, para que pueda orar mientras se dirige en su auto
a su trabajo. Pudiera, incluso, ayunar, absteniéndose de algunos alimentos o de
ciertos pasatiempos, con el fin de contemplar más profundamente el milagro
de la resurrección y el maravilloso don de Dios de la salvación. Al acercarse
al Señor de esta manera, usted tiene la
oportunidad de marcar la tónica para
todo el mes, y de esperar, incluso, que sea el comienzo de una relación más
profunda y permanente con el Salvador.

24 | ABRIL 2012 EN CONTACTO

 

Domingo de Ramos

 

lunes

1

Crucificado, sepultado y resucitado con Cristo

2

La peregrinación del creyente a la cruz

LEER |

ROMANOS 6.1-14

H aga memoria de cuando usted recibió a Cristo como su Salvador personal.

Supo que su vida había cambiado, pero probablemente no tenía idea de todo lo que involucraba la experiencia de la salvación. Fue declarado justo y sellado con el Espí- ritu Santo, y Dios escribió su nombre en el Libro de Vida del Cordero. Pero eso no fue todo. Usted fue también crucificado, sepultado y resucitado con Cristo. Eso describe su posición a los ojos de Dios, pero ¿qué significa todo esto? Pablo nos dice que “nuestro viejo hombre fue

crucificado con [Cristo]” (v. 6). La persona que usted es hoy, no es quién era antes de la salvación. Su vieja naturaleza de pecado ha muerto con Cristo, lo que significa que su poder sobre usted se ha roto. Pablo no está diciendo que uno nunca volverá

a pecar, pero ahora no tenemos que ser

esclavos del pecado. Puesto que hemos resucitado con Cristo, Él está viviendo dentro de nosotros, lo que nos da el poder para vivir en obediencia. Muchos creyentes tratan de vivir la vida cristiana en sus propias fuerzas, tratando de hacer lo más que pueden para vencer al pecado y vivir rectamente. Pero la vida crucificada es una vida subordi- nada a Cristo, no una de esfuerzo propio. Él quiere que su vida fluya a través de nosotros, para que seamos prolongaciones vivas del Dios todopoderoso.

LEER |

JUAN 12.23-27

T odos sabemos que Jesús recorrió el ca- mino al Calvario, pero ¿sabía usted que

los creyentes también hacen una peregrina- ción a la cruz? Todos hemos sido crucifica- dos con Cristo, pero los que tienen hambre de Él disfrutan de una experiencia más profunda de esa realidad. El Señor los toma tiernamente de la mano y los conduce a la cruz. A pesar de que este es el último lugar al que alguien quiere ir, es la única manera de ser partícipe de lo mejor que tiene Dios para nosotros. El viaje a la cruz no es un viaje que uno hace con familiares y amigos. Es un viaje solitario con Cristo. Él nos quita todas las personas y todas las cosas de las que habíamos estado dependiendo, para que aprendamos a confiar solo en Él. Mientras estamos en la cruz, Él nos quita el autoen- gaño, hasta que comenzamos a vernos de la manera que Él nos ve. Muy pronto nuestro egocentrismo, nuestros defectos y nuestros fracasos quedan al descubierto. La cruz es un lugar de quebrantamiento, necesario para dar fruto. Si nos aferramos a nuestras vidas y nos negamos a hacer esta peregrinación, seremos como un grano de trigo que nunca fue plantado. Pero quienes están dispuestos a morir a sí mismos, pro- ducirán una abundancia de fruto espiritual. La única manera como Cristo puede vivir a través de nosotros es aceptando ser crucifi- cados junto con Él.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

Cada creyente ha sido identificado con la muerte y resurrección de Cristo, pero los únicos que experimentarán esto cada día son

Dios no quiere que usted esté satisfecho solo con su salvación. Hay mucho más que Él desea darle y realizar a través de usted. ¿Está dispuesto a tomar el camino a la cruz? Sí, es doloroso, pero las recompensas en esta vida y en la eternidad superarán con creces cual- quier sufrimiento que usted experimente.

los que están dispuestos a morir a sí mismos

a dejar que Cristo viva a través de ellos. Jesucristo quiere ser más que su Señor; Él quiere ser su vida misma.

y

e ncontacto.org

|

25

 

martes

 

miércoles

3

Donde la ira y el amor de Dios se encuentran

4

La necesidad de la cruz

LEER |

ROMANOS 3.23-26

E n nuestra cultura, el pecado ya no se considera un problema. Aunque

algunas personas pueden reconocer que cometen errores o que se equivocan, pocas realmente dirán: “He pecado”. Sin embargo, el Señor toma al pecado muy en serio. Has- ta que aprendamos a ver al pecado como Él lo ve, nunca entenderemos lo que sucedió en la crucifixión de Cristo. La cruz fue la respuesta perfecta de Dios a un terrible dilema. Porque el Señor es santo y justo, Él odia el pecado y tiene que responder al mismo con ira y castigo. Pero también ama a los pecadores, y quiere reconciliarse con ellos. La cruz de Cristo fue el lugar donde la ira de Dios y el amor se encontraron. La única manera de rescatar a la huma- nidad del castigo eterno, fue idear un plan para que el Señor pudiera perdonar los pecados sin faltar a su santidad. No había manera de pasar por alto el pecado; su ira tenía que derramarse, ya fuera sobre noso- tros o sobre un sustituto. Pero solo había un posible sustituto: el Hijo perfecto de Dios. El Señor Jesús vino entonces a la Tierra como hombre, y sufrió la ira del Padre por nosotros en la cruz. El pecado fue castigado, la justicia divina quedó satisfecha, y ahora Dios podía perdonar a la humanidad sin contradecir su carácter. Su ira se derramó sobre su Hijo, para que su amor y su perdón pudieran ser derramado sobre nosotros.

LEER |

COLOSENSES 2.13-15

¿ Q ué significa la cruz para usted? Muchas personas en el mundo hoy

la ven como un símbolo del cristianismo, sin detenerse a pensar en lo que ella re- presentaba en el tiempo de Cristo. Nadie llevaba una cruz de miniatura en el cuello, ni exhibía una en un lugar de culto. La cruz era un atormentador medio de ejecu- ción, y la sola idea de ella era horrible. Sin embargo, los creyentes a lo largo de los siglos la han escogido como el símbolo de su fe. De hecho, quitar la cruz de nuestra enseñanza y de nuestra teología, dejaría únicamente una fe vacía y sin poder. Los temas de la muerte, la sangre y el sacrificio se han vuelto impopulares en muchas iglesias, porque son desagrada- bles e incómodos. Preferiríamos escuchar hablar del amor de Dios, no del sufri- miento de Jesús. Pero, déjeme preguntarle esto: ¿Cómo podría alguien ser salvo si Cristo no hubiera sido crucificado? Algunos piensan que lo único que uno tiene que hacer para recibir el perdón de Dios, es pedirlo. Pero la petición de un pecador nunca puede ser la base para el perdón que Dios da. Él dejaría de ser santo y justo si no castigara el pecado. Según la Biblia, no puede haber perdón sin derramamiento de sangre (He 9.22). Cristo tuvo que sufrir el castigo por nuestro pecado, para que Dios pudiera concedernos el perdón.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

Por nuestras limitaciones humanas, jamás llegaremos a comprender todo lo que pasó Cristo en la cruz. Podemos intentar com- prender el sufrimiento físico que padeció, pero en el reino espiritual, sufrió la mismí- sima ira de Dios. Este plan de redención tan costoso demuestra el gran amor de Dios.

Cada vez que usted vea una cruz, recuerde que ella era un instrumento de ejecución. Entonces, agradezca al Señor que estuvo dispuesto a ser crucificado, para que el Padre celestial pudiera perdonar nuestros pecados. Aunque la crucifixión fue terrible, Cristo convirtió a la cruz en algo grandioso.

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CONTA C T O

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jueves

6

viernes

Donde se ganó la batalla

El papel de los inicuos

LEER | MATEO 26.36-56

S i usted quiere experimentar la victoria en los conflictos que enfrenta, piense

en cómo el Señor Jesús luchó y ganó sus batallas. La batalla crucial de su vida se libró aun antes de llegar a la cruz. Al orar en el Getsemaní, luchó con el conoci- miento de que llevaría el terrible peso del pecado de la humanidad, y de que sufriría

la separación espiritual del Padre celestial. En su lugar especial de oración, Jesús estuvo solo sobre su rostro, y clamó. Y cuando dejó el huerto, salió como ven- cedor sobre Satanás, cuyo poder sobre la humanidad estaba a punto de ser des- truido en la cruz. Jesús bebió la copa del sufrimiento y de la separación, pero Él sabía que, al final, triunfaría (He 12.2). Fue por eso que pudo enfrentar a sus adversa- rios con valor y autoridad. Cuando Jesús se dirigió a confrontar a quienes iban a arrestarlo, estaba en pleno control de la situación, tanto así que los fariseos y los soldados “retrocedieron y cayeron a tierra” (Jn 18.6). Él permitió que lo arrestaran, decidido a hacer la perfecta voluntad de su Padre. Si usted tiene el hábito de pasar regular- mente un tiempo a solas con Dios, llegará

a conocer el corazón y la mente de Él.

Entonces, cuando se enfrente a grandes decisiones con consecuencias para toda la vida, será capaz de discernir la dirección que Él da por medio de su Espíritu.

LEER |

MARCOS 15

C on centenares de profecías del Antiguo Testamento acerca del Mesías, no debe

sorprendernos que Dios haya utilizado a toda clase de personas para asegurarse de

que la vida terrenal del Salvador se desarro- llara conforme al plan. Por ejemplo, César Augusto ordenó un censo que llevó a José

y a María a Belén, la ciudad de nacimiento

del Cristo (Mi 5.2; Lc 2.1-4). Además, Dios utilizó a algunos de los hombres más poderosos de la época para que se produjera la muerte propiciatoria de su Hijo. Los cargos inventados por los fariseos y los saduceos ayudaron a que la gente se volviera contra Jesús (Mr 15.10, 11). Pilato lo condenó, y los romanos llevaron a cabo la crucifixión; éstos, incluso, echaron suertes sobre sus vestiduras, y decidieron no quebrar sus piernas, como había sido profetizado (Jn 19.24, 36). Durante los días transcurridos entre la crucifixión y la resurrección, los discípulos debieron haber creído que el plan mesiá- nico se había frustrado. Pero el propósito de Dios no era producir una revolución política como algunos creían. Él envió a su Hijo para redimir a la humanidad. Desde antes de la fundación del mundo, Dios había hecho planes para la salvación de cada tribu y nación. A lo largo de toda la historia, Él dirigió los acontecimientos para cumplir su propósito, utilizando aun a impíos para seguir adelante con su plan.

 

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Cuando usted se entrega por completo, pone las consecuencias de su decisión en las manos de un Dios omnisciente, misericor- dioso y todopoderoso en cuyas manos están

Muchos tuvieron que ver con el desarrollo de la historia del Salvador, pero la respon- sabilidad final fue del Padre. Él entregó a su unigénito Hijo a la muerte a favor de toda la humanidad que Él amaba (Jn 3.16). Tanto los justos como los inicuos estuvieron siguiendo

pasado, el presente y el futuro. Por lo cual

podrá enfrentar las pruebas con valentía para glorificar a Dios y humillar al enemigo.

el

el

libreto de Dios.

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fin

de

semana

 

lunes

El consuelo de la tumba vacía

9

La primera

tumba vacía

LEER |

MATEO 28.1-10

P iense en algún tiempo cuando tuvo el corazón destrozado porque sus expec-

tativas se vieron frustradas y su mundo se le vino abajo. Eso fue exactamente lo que pasó con las mujeres que llegaron a la tumba de Jesús. Habían puesto todas sus esperanzas en Él como el Mesías prometi- do a Israel. Pero ahora estaba muerto. ¿Puede usted imaginar el cambio repen- tino que se produjo en sus emociones y en su perspectiva cuando un ángel les dijo que Él había resucitado? Su esperanza revivió. A pesar de que este hecho sucedió hace casi 2.000 años, la tumba vacía tiene todavía un mensaje para nosotros. Como sucedió con estas mujeres, nosotros también podemos ser cambiados dramáticamente si conside- ramos las consecuencias de la resurrección de Cristo. Eso debe afectar nuestra manera de vivir a partir de ese momento. La resurrección de Jesús prueba que hay vida después de la muerte. Muchos piensan hoy que la existencia terrenal es todo lo que hay. Pero esta creencia le quita propósito y significado a la vida. Dios nos creó como almas eternas, y Jesús demos- tró que la muerte no es el fin; nos espera mucho más. La tumba vacía también nos da espe- ranza y disipa nuestros temores sobre la muerte. Quienes ponen su fe en el Señor Jesús como su Salvador, serán resucitados a una vida nueva, así como Él resucitó.

LEER |

1 CORINTIOS 15.35-58

J esús es la única persona que tiene una tumba vacía. Todos los demás que han

muerto, han regresado al polvo, pero Cristo está vivo y sentado a la diestra del Padre. Porque Él venció la muerte, nosotros también tenemos la garantía de que nuestras tumbas estarán vacías algún día. Cuando Jesús regrese por su iglesia, quienes hayamos muerto en Él seremos resucitados con cuerpos gloriosos. Y los creyentes que estén vivos en ese momento serán transformados al instante. Sabiendo esto, es natural preguntarse:

¿Qué clase de cuerpo tendré? La mejor manera de responder esta pregunta, es

ver lo que la Biblia dice acerca del cuerpo de Cristo después que resucitó de los muertos. Él no vino de manera invisible en la forma de un fantasma, sino con un cuerpo físico. Habló, caminó y comió con sus discípulos. Pero, aunque era reconoci- ble, también era en cierto modo diferente,

y a veces se valía de palabras o acciones

para que pudieran reconocerlo. Hay algo que puedo decirle acerca de la resurrección: ¡usted se verá mejor que

hoy! Dios le dará un cuerpo sano, glorioso

y eterno, perfectamente adecuado para su

vida en el cielo. Créame, usted no será de- fraudado, porque Dios tiene mucho más en reserva para nosotros en el otro lado, de lo que podemos imaginar. Usted estará más vivo de lo que jamás pudo estar aquí.

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Ninguno de nosotros sabe qué día el Señor nos llamará a su presencia. Pero sí sabemos que Él nos prometió un lugar en el cielo (Jn 14.1-3). La muerte no es el fin, sino el comienzo de la más grande aventura de nuestras vidas —la partida al hogar celestial para estar con Cristo.

Un asunto importante que debemos afrontar

es

cómo prepararse para ese día. Esta vida

es

apenas un soplo en comparación con

nuestra eternidad. La manera como vivamos aquí en la Tierra, determinará nuestra capa- cidad para disfrutar del cielo. El tiempo para comenzar a vivir para Dios es ahora mismo.

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martes

 

miércoles

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La cruz: La victoria del creyente

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La cruz: La motiva- ción del creyente

LEER |

1 CORINTIOS 1.17-31

D esde una perspectiva terrenal, la muer- te de Cristo fue su derrota. Después

de todo, morir en una cruz no parece ser el camino a la victoria. ¡Pero lo fue! Y todo lo hizo por nosotros. Porque Jesús venció a la muerte, nosotros podemos tener la victoria. Basta con contemplar lo que Él ganó para nosotros con su sacrificio en la cruz. Nuestra salvación eterna. La cruz fue el medio de nuestra salvación. Sin ella, no tendríamos ninguna esperanza del cielo. Si Cristo no hubiera muerto en nuestro lugar, tendríamos que venir delante de Dios y re- cibir el castigo justo por todos los pecados que hemos cometido. Poder sobre el pecado. Jesús no solo pagó el castigo por nuestros pecados; tam- bién nos dio la victoria sobre él. Cuando fue crucificado, nuestra vieja naturaleza peca- minosa murió con Él (Ro 6.6). El poder de la “carne” fue destruido, y Jesús vive ahora su

vida victoriosa a través de nosotros. Eso sig- nifica que ya no somos esclavos del pecado,

y que podemos elegir la obediencia a Dios. La derrota de Satanás. En la crucifixión, la lista de los decretos que había contra nosotros fue clavada en la cruz, y el diablo perdió su poder sobre nuestras vidas (Col 2.13-15). Ninguna de sus acusaciones se mantiene, porque Dios no tiene ya nada en contra de nosotros. Y ahora, cada vez que nos rendimos al Espíritu Santo que mora en nosotros, Satanás es derrotado otra vez.

LEER |

1 CORINTIOS 2.1-5

P ablo era firme en el mensaje que predi- caba. La cruz no era solo su tema domi-

nante; era también su motivación para vivir. Cuando comenzamos a entender todo lo que Jesús hizo por nosotros en el Calvario, podemos recibir una nueva motivación para vivir para Él. Por ejemplo, podemos… Andar humildemente delante de Dios. Puesto que el poder para vivir rectamen- te es dado por Cristo, no hay lugar para el orgullo. Cuando Jesús murió, nuestra naturaleza “carnal” fue crucificada con Él, para que pudiéramos tener nueva vida. Cualquier éxito que logremos es posible solo porque Él está trabajando por medio de nosotros. Servir al Señor fielmente. En la cruz, fuimos crucificados con Cristo. Somos ahora su cuerpo en la tierra, creados para buenas obras, la cuales Dios ha preparado para nosotros (Ef 2.10). Jesús no fue crucifi- cado para que pudiéramos sentarnos en los bancos de la iglesia todos los domingos y escuchar sermones. Él tiene tareas específi- cas que cada uno de nosotros debe cumplir en la vida. Compartir nuestra fe. El saber todo lo que Jesús logró en la cruz, debe motivarnos a compartir el evangelio con los demás. Este mundo está lleno de personas que sufren, porque no saben nada en cuanto a la salvación. Puesto que su destino eterno está en juego, ¿cómo podemos guardar silencio?

 

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

Cristo suplió todas nuestras necesidades en

Con mucha frecuencia vemos la crucifixión solo como un hecho que preservó nuestro destino eterno, y no como un hecho que puede motivarnos cada día a vivir para Cristo. Deténgase para que contemple todo lo que Dios está logrando constantemente en usted por medio de la cruz.

la

cruz. Al hacernos parte de su familia, nos

dio un sentido de pertenencia. Cuando Él murió en nuestro lugar, confirmó nuestro valor. Y al venir a vivir su vida a través de cada creyente, nos da la capacidad de tener una vida de victoria y obediencia.

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jueves

Un corazón para Dios

LEER |

HECHOS 13.16-22

A veces, me gusta caminar por un cementerio y leer los epitafios en las

lápidas. Es interesante ver qué palabras se usan para resumir la vida de una persona. Esto puede parecer un pasatiempo desagra- dable, pero en realidad es algo que renueva nuestras vidas. Todos dejaremos un testi- monio de alguna clase cuando muramos. ¿Se ha preguntado usted qué escribirán sus seres queridos en su lápida? ¿Qué palabras quisiera que estuvieran grabadas allí? En nuestro pasaje de hoy, el apóstol Pablo nos habla de la evaluación que hizo Dios de David: lo describió como un “varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero” (v. 22). ¡Qué testimonio tan tremendo de alguien que supo cómo vivir! El Señor no estaba describiendo a un hom- bre perfecto, sino a uno cuya vida estaba

centrada en los intereses y deseos de Dios. Muchos salmos de David dan fe del hecho de que su relación con el Señor era el aspecto más importante de su vida. Su pasión era obedecer a Dios y cumplir su voluntad. Sin embargo, eso no significa que siempre fue obediente. ¿Quién puede olvidar su fracaso con Betsabé? Pero, incluso, cuando pecó al cometer adulterio

y homicidio, su corazón seguía inclinado a

Dios. Su declaración de culpa y su humilde arrepentimiento después, probaron que su relación con el Señor seguía siendo su máxima prioridad.

13

viernes

Cómo desarrollar un corazón para Dios

LEER |

SALMO 119.9-16

¿ C uál es su reacción cuando lee que David era un hombre conforme al

corazón de Dios (Hch 13.22)? Muchos lo admiramos como un gigante espiritual, y pensamos que nunca podremos ser como

él. Pero el Señor no ha reservado este título solamente para un hombre. Él quiere que todos nosotros le busquemos, como lo hizo David. Uno de nuestros problemas es la tendencia a concentrarnos en solo una parte de su historia. Tendemos a olvidar que el relato bíblico da un registro de toda la vida del rey David. Él tuvo que comenzar

a buscar al Señor de la misma manera que

lo hacemos nosotros: paso a paso. El hambre de Dios no suele aparecer de pronto en nuestros corazones. La mayoría de las veces es algo que debe ser cultivado. El lugar para comenzar es la Biblia. Allí es donde escuchamos al Señor, hablándonos con su Palabra. Otro elemento esencial es la oración. Mientras lee sus palabras, comience a hablar con Él. Si todo le parece aburrido y sin sentido, pídale a Dios que trabaje en su vida para hacer que las Sagradas Escrituras cobren vida. El paso siguiente es la meditación. No se limite simplemente a leer apresuradamente la Palabra, para poder decir que ha leído la Biblia. Vaya despacio, y piense deliberada- mente en lo que ha leído. ¿Qué descubrió acerca de Dios?

 

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Si

Dios estuviera escribiendo un resumen de

El

último paso es perseverar. Es posible

su vida, ¿cómo le describiría? ¿Se asemeja su corazón al de Él, o está en busca de los placeres de este mundo? A menos que nos dediquemos con diligencia a nuestra relación con el Señor, nos alejaremos de Él. Tal vez sea hora de un cambio de rumbo.

que el hambre de Dios no se le desarrolle de inmediato, pero recuerde que usted está buscando tener un cambio de corazón que dure toda la vida. Siga llenándose con el combustible que lleva a la transformación: la Palabra de Dios, la oración y la meditación.

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de

semana

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lunes

¿Qué puede hacer usted para Dios?

¿Cuál es su verdadero propósito?

LEER |

MATEO 6.20, 21

M uchas veces exaltamos el servir a Dios hasta el punto de que pasamos

por alto la oportunidad de tener un impac- to real para Él. Pero la verdad es que servir a Dios involucra usualmente lo que sucede en nuestra vida cotidiana. Recuerdo a mi primera maestra de la escuela bíblica dominical, la señora Eva Crane, sonriéndome y dando caramelos a la clase. Su afable espíritu creó en mí la con- vicción de que la iglesia era un buen lugar; ella me hizo querer estar en la casa de Dios. Después de 70 años, todavía recuerdo su sonrisa. Ella cumplía el propósito de Dios. Otro ejemplo es mi abuelo. Aunque no podía pasar mucho tiempo con él, recuer- do claramente la visita de una semana que le hice en una oportunidad. Me escuchó y compartió conmigo lo que estaba pasando en su vida. Durante ese tiempo, me dio varios principios que han influenciado toda mi vida. Las lecciones que él me enseñó afloran en casi todos los sermones que escribo. No subestime lo que el Señor está haciendo en su vida. Tal vez no piense que es importante, pero sí lo es. Lo que usted le dice a la gente, su forma de tratar a los demás, su manera de reaccionar ante la adversidad —Dios usa estas cosas para re- velarse al mundo. Cuando usted defiende la rectitud y se niega a ser complaciente, está dando testimonio de Él.

LEER |

1 SAMUEL 16.6-13

¿ P

ara qué cosas vive usted cada día? ¿Para tener un aumento de sueldo?

¿Una jubilación? Entonces, quizás ha descu- bierto la realidad de que, basar las aspira- ciones en abrirse camino en este mundo, termina normalmente en frustración. Las personas con un sentido equivocado de dirección se preguntan a menudo por qué se sienten insatisfechas. Tal vez usted ya logró ahorrar para el futuro o ascender en el mundo laboral. Da a una institución benéfica, y hace trabajo voluntario, pero sigue teniendo una sensa- ción de intrascendencia. Si es así, necesita recordar que Dios nos da la vida por una razón muy específica: para que le sirvamos. Nadie encuentra paz interior si no acepta este hecho. Nuestra sociedad nos enseña que el placer, la prosperidad y la populari- dad nos harán felices; pero vivir al servicio del ego siempre deja un vacío que ninguna gratificación terrenal puede llenar. Además, pocos vivirán 100 años. Por tanto, lo que vamos a ser en esta vida, ya lo estamos siendo en este mismo momento. Pensemos en David quien fue ungido rey mucho antes de asumir realmente ese rol (1 S 16.12). Pasó muchos años cumpliendo el propósito de Dios en posiciones insigni- ficantes mientras se convertía en un gran hombre. Como lo demuestra su historia, descubrir el propósito de Dios para la vida, es el camino más seguro al éxito.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

¿Cómo está cumpliendo Dios su propósito por medio de la vida de usted? Antes de empezar su día, haga una oración como esta: “Señor, quiero hacer tu voluntad. Cumple tu voluntad en mí, cueste lo que cueste”. No dude que al hacerlo, Dios le bendecirá inmensamente.

El propósito de nuestro Padre celestial para nuestras vidas es perfecto. Ninguno de noso- tros puede predecir las cosas maravillosas que Él nos tiene reservadas, pero podemos confiar en su plan por completo. Ríndase a Él hoy, y diga: “No se haga mi voluntad, Señor, sino la tuya”.

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martes

 

miércoles

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David: Un siervo ejemplar

18

El Dios que salva

LEER |

2 SAMUEL 8.1-16

D avid sirvió a Dios en muchos roles, desde un sencillo pastor de ovejas,

hasta un valeroso gobernante. Al observar las distintas etapas de su vida, podemos ver claramente cómo su piadosa devoción per- mitió que el Señor lo usara poderosamente. Pastor. David fue ungido rey mucho antes de dirigir algo que no fueran ovejas (1 S 16.1-13.). Proteger las ovejas era un trabajo que tomaba en serio. Durante ese tiempo, aprendió a ser fuerte y valiente, y a cuidar de seres más débiles que él. Una vida temprana de obediencia a su padre terrenal le enseñó la humildad que necesitaría más tarde para depender de Dios. Salmista. Los escritos de David revelan su hambre de Dios. Está abierto a temas

como el temor, la depresión, la derrota, la soledad y la tristeza. Al hablar de sus valles de sombras, y de su comunión con el Padre celestial en las vigilias de la noche, David nos dio atisbos íntimos del Dios que él conocía tan bien. Comandante. A partir de su relación sexual con Betsabé, la vida del rey estuvo plagada de congoja, dolor, sufrimiento

y conflictos. David había pecado enor-

memente, pero Dios lo perdonó y siguió

usándolo. Gobernó Israel durante 40 años,

y su pueblo llamó a Jerusalén la “Ciudad

de David”. Su restauración nos instruye en cuanto a las consecuencias del pecado y a la gracia infinita de Dios.

LEER |

EFESIOS 2.8, 9

H ace poco estuve hablando con un hombre sobre su vida espiritual.

Cuando le pregunté: “¿Es usted salvo?”, respondió: “No, pero estoy trabajando en eso”. Cuando le pedí más detalles, me dijo que estaba haciendo algunos cambios en su vida. Había dejado de fumar y beber, entre otras cosas. Yo sabía que debía ayudarlo a entender algunos principios importantes, ya que su única confianza hasta ese momento era mejorar su condición física. Lo que este hombre necesitaba entender, es que lo que hagamos o abandonemos por Jesús, no tiene importancia. El Señor no está buscando a personas que cambien algunos hábitos por la pura fuerza de vo- luntad; está llamando a personas a rendirse a Él. La única acción que Dios espera de alguien que le busca es que crea en Jesús; en que Él es quien dice ser; en que hará lo que dice; en que tiene la autoridad para perdonar; y en que equipará a su pueblo para que tengan una vida agradable a Dios. Por estas convicciones, el nuevo cristiano tiene la capacidad de apartarse de su vieja vida; en otras palabras, para arrepentirse y comenzar el proceso de convertirse en “una nueva criatura” (2 Co 5.17). No nos convertimos en personas salvas eliminando viejos hábitos y comenzando otros mejores, religiosos; somos transfor- mados por el poder salvador de Jesucristo cuando creemos en Él.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

La vida del rey David cumplió el propósito de Dios, y lo sigue haciendo cientos de años más tarde; cada seguidor de Cristo ha sido bendecido por la obediencia, el servicio y las dotes literarias de David. Él es un gran ejem- plo de lo que Dios puede hacer por medio de nosotros si rendimos nuestra vida a Él.

Puesto que no podemos ganar la salvación, nadie puede jactarse delante de Dios. Toda nuestra moralidad, buenas obras y esfuerzos por cambiar, no son más que basura en com- paración con la santidad de Jesucristo (Is 64.6). Solo su justicia puede cubrir nuestros pecados y hacernos justos delante del Padre.

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jueves

 

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El Dios que perdona

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Curso de obediencia

LEER |

MATEO 6.9-13

J esucristo nos dio un modelo para la oración, que incluye el pedir perdón cada

día. La invitación al arrepentimiento no es un medio de renovar nuestra salvación, sino un plan para mantener nuestra comunión con el Señor. Cuando confiamos en Jesús como nuestro Salvador, nuestros pecados son perdonados para siempre. Las manchas de nuestros pecados pasados, presentes y futuros son borradas de nuestro historial; sin embargo, somos personas caídas, y por eso seguimos cometiendo pecados. A excepción de Jesucristo, nadie es perfecto. El pecado es simplemente una realidad de la vida. El pago que hizo el Señor por nuestros pecados significa que podemos esperar una eternidad en la presencia de Dios, en vez de recibir el castigo que merecemos. En este mundo, sin embargo, tenemos que lidiar con nuestra tendencia a hacer el mal, y también con las consecuencias. La advertencia del Señor de que busquemos el perdón cada día, es un recordatorio para que confesemos nuestros pecados y nos alejemos de ellos. La gracia de Dios no es una licencia para pecar, sino una razón para seguir lo recto. Las malas actitudes, las acciones irreflexivas y las palabras duras no cuadran con nuestra condición de hijos de la luz. Somos nuevas criaturas en Cristo, compradas por precio y hechas libres para vivir como participantes de su gracia.

LEER |

LUCAS 5.1-11

L as decisiones que consideramos in- trascendentes pueden ser importantes

a los ojos de Dios. La obediencia en los

pequeños detalles prepara al creyente para la obediencia en todas las cosas. El pasaje de hoy enseña que Pedro experimentó una lección inicial para seguir al Señor. Las primeras palabras de Pedro con Cristo parecían poco importantes. Pode- mos suponer que Jesús le pidió a Pedro que lo dejara utilizar su barca, lo que sig- nifica que el cansado pescador dejó de lado el trabajo de limpieza que hacía, para que la usara un predicador ambulante. Fue una decisión pequeña, pero la recompensa fue grande. Pedro tuvo un asiento en primera fila para escuchar el mensaje que Jesús proclamó a la multitud en la playa. El futuro discípulo fue convencido de la autoridad de Cristo por lo que escuchó. Por tanto, obedeció a su segunda petición de echar las redes, a pesar de que hacerlo contradecía todo lo que sabía sobre pesca. Los resultados fueron milagrosos; la pesca fue tan grande que tuvo que venir una se- gunda barca para participar en la captura. Jesús estaba introduciendo gentilmente

a Pedro a una obediencia absoluta. La bre-

ve pero fascinante historia de sometimien- to a la voluntad del Señor, y de la experien- cia de su bendición, lo convenció de que renunciar a todo para seguir a Cristo era la opción más sabia.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

La salvación es el camino para entrar a la presencia de Dios, mientras que la confesión regular y el arrepentimiento conservan bien ese camino (1 Jn 1.9). La oración de arrepen- timiento del pecador para recibir a Cristo se hace una sola vez, pero el creyente aprove- chará el perdón de Dios cada día de su vida.

La experiencia de Pedro respecto a la obediencia y al sacrificio, no es única. Así es como el Padre celestial enseña a sus hijos a obedecer su voluntad. Por tanto, no asuma que una decisión es insignificante; Dios le está poniendo en una dirección, para llevar a cabo su buen propósito para su vida.

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fin

de

semana

 

lunes

La fuente de poder para el discernimiento

23

Capacitados para discernir

LEER |

1 CORINTIOS 2.6-16

E l discernimiento espiritual es una habi- lidad sobrenatural que requiere poder

sobrenatural. En nuestro poder humano, podemos basarnos solo en lo que vemos, es- cuchamos, sentimos y sabemos, para tomar decisiones y evaluar las circunstancias y las relaciones. Pero cuando el Espíritu Santo viene a vivir dentro de nosotros, Él abre una dimensión de comprensión completamente nueva. Nos muestra cosas que nunca po- dríamos entender por nosotros mismos. Aunque la Biblia es la base para el discernimiento espiritual, sin el poder de interpretación del Espíritu, leerla sería estrictamente un esfuerzo académico. Pero el Espíritu toma las palabras y da vida a los corazones de quienes han puesto su confianza en Cristo como su Salvador. El Espíritu sabe exactamente cómo aplicar la Palabra de Dios a nuestra necesidad en el momento justo. ¿No ha encontrado que esto es cierto? Usted ha leído un pasaje muchas veces, pero solo cuando necesita un mensa- je particular, ese familiar versículo salta de la página directamente a su corazón. Esa es la obra del Espíritu. Él es el único que conoce los pensamientos del Padre, y su tarea es abrir nuestra mente “para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (v. 12). El Señor no está tratando de ocultar sus pensamientos de nosotros; por el contrario, quiere que sepamos cómo piensa Él, para que podamos proceder con sabiduría.

LEER |

HEBREOS 5.11-14

H oy día, la impaciencia es una caracte- rística muy común. Queremos infor-

mación, ayuda y comida rápidas. La simple

espera a que la computadora arranque o que “el próximo agente esté disponible”

para responder nuestra llamada telefónica puede causarnos frustración. Pero Dios es especialista en el trabajo lento y constante. Él está más interesado en un resultado de calidad, que en un proceso rápido. En ninguna parte es esto más evidente, que en la esfera del discernimiento espiri- tual. Cuando nos convertimos en cristianos, no somos sabios y versados de inmediato. Se necesita toda una vida para llegar a la madurez. Sin embargo, algunos creyentes no parecen crecer en absoluto. Envejecen, pero su comprensión de la Palabra de Dios nunca es muy profunda. Esta falta de sabiduría se debe a ignoran- cia de la Palabra, apatía, indiferencia a las cosas espirituales, y a falta de aplicación de las verdades bíblicas. El discernimiento requiere tiempo y esfuerzo. Dedique tiempo para reflexionar sobre sus respuestas, y observe las consecuencias de sus acciones

y decisiones. Si usted se siente acusado por lo que nota, permita que eso le motive a iniciar una búsqueda de por vida del Señor

y de sus caminos. Comience a leer la Biblia

regularmente; al hacerlo, pídale al Señor que abra su corazón y su mente para enten- der lo que Él está diciendo.

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Entonces, ¿qué debemos hacer si estamos luchando por entender la Biblia? Primero, buscar al Señor y pedirle sabiduría para comprender. Esto requiere invertir tiempo y energías en el estudio de su Palabra y la oración. Segundo, rendirse al Espíritu, para así poder escuchar su voz.

Sin embargo, la simple lectura de la Palabra de Dios no es suficiente. Si usted no pone en práctica lo que ha leído, lo único que tendrá será conocimiento intelectual. La obediencia

nos capacita para discernir el bien y el mal. Por medio de la práctica, podemos ser sabios

y

desarrollar madurez espiritual.

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martes

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miércoles

Cómo aprender de los fracasos

Cómo seguir la agenda de Dios

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LEER |

LUCAS 22.31-34

E l discípulo Pedro fue un hombre de gran fe. Pero como sabemos, su estilo

impetuoso lo llevó a veces a cometer errores humillantes. Más de una vez, este discípulo tuvo que ponerse la etiqueta de

“fracasado infeliz” en vez de la de “siervo obediente”. Todos nos identificamos con esto cuando se trata de no estar a la altura de las expec- tativas. La obediencia a Dios es un proceso de aprendizaje, y el fracaso es parte de nuestro desarrollo como siervos humildes. Cuando nos rendimos a la tentación o nos rebelamos contra Dios, nos damos cuenta de que las recompensas por el pecado son pocas, y que aun éstas son efímeras. El fracaso es una excelente herramienta de aprendizaje, como bien podría confirmar Pedro. Por medio de ensayo y error, descu- brió que debemos ser humildes (Jn 13.5-14); que los caminos de Dios son más altos que los del mundo (Mr 8.33); y que uno nunca debe apartar su mirada de Jesús (Mt 14.30). Pedro tomó muy en serio estas lecciones,

y por eso vio fortalecida su fe. ¿No es eso

Romanos 8.28 en acción? Dios aprovechó los fracasos de Pedro como material de capacitación, porque el discípulo estaba deseoso de madurar y servir. Dios no recompensa la rebeldía ni el pecado. Pero bendice a los que optan por el arrepentimiento, y aceptan la corrección como una herramienta para el crecimiento.

LEER |

ROMANOS 11.33-36

A la mayoría de nosotros nos gusta sentir que tenemos el control de

nuestra agenda, y nos frustramos cuando

las cosas no salen según lo planeado. Pero

si realmente deseamos andar en el centro

de la voluntad de Dios, debemos estar dispuestos a cooperar con sus planes. Piense en la manera cómo ora, en cuanto a las situaciones de su vida. Sin que se dé cuenta, es posible que le esté exigiendo a Dios que siga la agenda que usted ha hecho. Pero si creemos que Él es

quien dice ser, ¿cómo puede el entregarse

a su dirección no ser para nuestro benefi-

cio? Piense en las asombrosas cualidades

del Señor:

Su conocimiento total. A diferencia de

nosotros, el Señor tiene conocimiento ab- soluto de nuestro mundo, y de los detalles pasados, presentes y futuros de cada vida. Su sabiduría absoluta. Dios entiende todos los motivos del hombre, pues tiene

la sabiduría para tomar acciones basadas

en la verdad. Su amor incondicional. Nuestro Crea- dor está motivado por el amor, y conti-

nuamente quiere lo mejor para nosotros.

A menos que confiemos en su amor,

nuestra perspectiva de la realidad será distorsionada. A su debido tiempo, Dios nos dará todo lo que necesi- tamos para llevar a cabo su plan.

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Probablemente todos nosotros preferiría- mos crecer en nuestra fe sin jamás cometer un error ante los ojos de Dios, pero no podemos negar que los traspiés son instruc-

Someter nuestra agenda a Dios requiere

fe

y valentía; creer en la generosidad de su

corazón y en sus planes; y decidir esperar hasta que Él dé la señal para seguir adelante.

tivos. El fracaso enseña a los creyentes que

Después, a medida que siga la agenda del Señor, usted experimentará el gozo de verlo obrando en su tiempo.

mucho más sabio y más provechoso ser obedientes al Señor.

es

26

 

jueves

Cómo desarrollar paciencia

27

viernes

El fruto espiritual de la paciencia

   

LEER |

SANTIAGO 1.1-4

LEER |

ROMANOS 5.1-4

C uando las personas me dicen en confianza que están orando por

L a lista llamada “fruto del Espíritu” incluye la “paciencia” (Gá 5.22, 23), pero

paciencia, muchas veces les pregunto qué otras cosas están haciendo para tener un corazón calmado y apacible. La paciencia no es tanto algo que los creyentes reciben, sino más bien una cualidad que desarro- llan con el tiempo y la experiencia. Pensemos en la paciencia como un músculo que tenemos que utilizar para verlo desarrollado. Para ello, los creyen- tes deben reconocer la dificultad como una oportunidad para incrementar su paciencia. El instinto humano es clamar a Dios consternados cuando la tribulación toca nuestra puerta. Echamos la culpa a otros. Nos resistimos. Nos quejamos. Lo que no hacemos es decir: “¡Gracias, Señor —es el tiempo de crecer en la paciencia!” Las personas no están acostumbradas a pensar de esa manera, pero según la Biblia, así es exactamente cómo deben responder. Santiago nos dice que pensemos en las pruebas como un motivo de gozo (1.2), pero a menudo fallamos en esto. Huma- namente hablando, alabar al Señor por las tribulaciones es ilógico. Sin embargo, hacer esto comienza a tener sentido cuan- do nos aferramos a la promesa de Dios de que todas las cosas ayudan a bien (Ro 8.28). No estamos esperando en el Señor en vano.

eso no significa que el Espíritu Santo la impone en la vida del creyente. En vez de eso, Él actúa como nuestro maestro y el que hace posible nuestro crecimiento. El fruto espiritual madura con el tiempo a medida que obedecemos al Señor. La paciencia con Dios y con nuestro prójimo es la consecuencia natural de tener una fe cada vez más profunda. El Espíritu Santo impulsa a los creyentes a prestar atención a la obra del Señor en nuestra pe- regrinación por la vida. Nuestra confianza en Él se nutre por la oración contestada, las ricas bendiciones que surgen inesperada- mente de las circunstancias difíciles, y cada migaja de bien que Dios saca de una situa- ción negativa. A medida que crece nuestra confianza en su bondad y en su soberanía, nos hallamos más dispuestos a esperar las soluciones y los resultados de Dios. Creo, en verdad, que reconocer la sobera- nía de Dios es clave para desarrollar pacien- cia. Una parte importante de rendirse a su control absoluto, es esperar que Él haga su voluntad. Actuaremos sabiamente si acep- tamos que nuestras vidas se desarrollan de acuerdo con su plan; nuestras manifesta- ciones de impaciencia no lo preocupan a Él en absoluto. Dios espera que sus hijos sigan su agenda y que practiquen paciencia, no importa el ritmo que Él fije.

 

REFLEXIÓN

 

REFLEXIÓN

Aceptar las adversidades como un medio de crecimiento, es un concepto radical. Aun más radical es el creyente que alaba al Señor por la tormenta. Pero los seguidores de Dios tenemos motivos para alegrarnos. Las tribu- laciones aumentan nuestra paciencia, para que podamos mantenernos firmes.

La paciencia no es algo natural. Es por eso que tenemos el Espíritu Santo. Él nos ayuda a soportar sin quejarnos cuando el avance parece lento. Después de todo, Dios es lento solo desde el punto de vista humano; desde la perspectiva divina, Él está trabajando siempre a la velocidad perfecta.

36

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ABRI L

2012

EN

CONTA C T O

fin

de

semana

 

lunes

Yendo contra la corriente

30

Orar usando las promesas de Dios

LEER |

SALMO 62.1-6

E n el mundo puede gobernar la mayo- ría, pero en su vida personal sola-

mente debe gobernar una persona: Dios.

No importa que 10.000 personas le digan lo que debe hacer. Una vez que usted ha decidido seguir al Señor, lo mejor es quedarse donde está, hasta que Él le dé la orden de avanzar. ¿Significa esto que nunca debemos aceptar el consejo bíblico? No. Simple- mente significa que, si sabemos que Dios no ha dicho “avanza”, no debemos caer en la tentación de complacer a los demás siguiendo sus directrices. Es decir, que mientras buscan el consejo bíblico, los creyentes deben también escuchar los impulsos y las advertencias del Espíritu Santo. Por ejemplo, cuando se trata de los hijos, podemos sentir que hay un mo- mento para hablar de un problema, y un momento para postergarlo (Ec 3.7b). A veces, sin embargo, el temor al fraca- so puede disuadirnos de hacer las cosas a

la manera de Dios, haciéndonos pensar:

“¿Y si las cosas no salen como planeamos,

o somos ridiculizados por nuestros cole-

gas?” Pero, en última instancia, debemos preguntarnos si vamos a escuchar a Dios

o al mundo. Recuerde que usted nunca

debe temer al fracaso si obedece Señor. Él

es el único que interviene en momentos de dificultad, y promete actuar a favor de quien espera en Él. (Is 64.4)

LEER |

ISAÍAS 40.8

J esús enseñó claramente que tendríamos aflicciones en esta vida. Pero Dios ha

dado a sus hijos recursos maravillosos para evitar que las pruebas nos aplasten. Por ejemplo, puso su Espíritu en cada cre- yente para guiarle y capacitarle. Además, nos dio la oración, para que podamos co- municarnos con nuestro Padre celestial, y así presentarle nuestras peticiones. Hoy quiero enfocarme en otro de sus maravillosos regalos: la Biblia. La Sagrada Escritura es la Palabra misma de Dios. Ella es la verdad. Nunca cambia. Nos capacita en todas las circunstancias, y por eso tenemos una base segura sobre la cual basar nuestras vidas y decisiones. Hay miles de promesas en la Biblia y Dios quiere que las conozcamos, de modo que no desaprovechemos las bendiciones que Él quiere darnos. Y los creyentes sabios convertirán esas pro- mesas en oraciones y en el clamor de sus corazones. Déjeme darle un ejemplo que tiene que ver con decisiones difíciles. El Salmo 32.8 dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos”. Podemos orar utilizando estas palabras de Dios, diciéndole que creemos que Él nos enseñará e indicará su camino, al mismo tiempo que se mantiene a nuestro lado cuidándonos durante cada situación.

REFLEXIÓN

REFLEXIÓN

Mantenerse firme requiere valor. Por eso dijo Pablo: “Fortaleceos en el Señor” (Ef 6.10). Toda la presión del mundo no podrá moverlo si confía en la Roca sobre la cual está parado. Si espera la dirección de Dios, puede actuar con la plena confianza de que tendrá un resultado exitoso.

Cuando surgen las dificultades, necesitamos un fundamento sólido sobre el cual man- tenernos firmes. De lo contrario, nuestras emociones pueden fácilmente descarriar- nos al hacernos pensar equivocadamente. Dios es fiel y no cambia, así que podemos confiar en sus promesas.

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