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Apuntamientos para el plan de estudios o discurso al rey 1798

Señor:

Más de una vez he oído con el mayor placer en boca de V.M. aquella verdad importantísima que debiera

estar impresa en el corazón de todos los Monarcas, a saber: que

la educación, por su grande influencia en

las virtudes y en los vicios del hombre, es la primera y más general causa de los bienes y de los males de

las Naciones

. Por lo mismo, no debo dudar que V.M. reconoce como una de sus primeras obligaciones el

mejorarla en sus dominios, así como yo reconozco que la de elevar a su suprema atención los medios de conseguirlo es la primera y más fuerte obligación de mi ministerio.

Desempeñándola ahora con V.M., le propondré cuanto juzgo conveniente acerca de este grande objeto; y si, de una parte, las imperiosas circunstancias del día exigen de V.M. que vuelva a este punto toda su atención, por otra, la espero del celo ardiente y generoso con que V.M. desea y promueve el bien de sus vasallos.

Sí, señor: no hay bien que no pueda alcanzarse, no hay mal que no se pueda evitar y destruir por medio de la instrucción, que es el efecto y el fin de la educación; ella es por quien las Naciones prosperan, y solo por su falta decaen y se arruinan. Con ella, la agricultura, la industria, el comercio, la navegación, todas las fuentes del poder y la riqueza pública y privada, se perfeccionan, mientras que, sin ella, todas se desalientan, y atrasan, y decaen. Por ella, se propagan los buenos principios, así en el orden moral, como en el civil; se mejoran las costumbres, se difunden las virtudes sociales y se destierran aquellos groseros y funestos vicios que son efecto necesario de la ignorancia y origen cierto y inevitable de la decadencia y ruina de los pueblos.

Cuando yo represento a V.M. la Instrucción pública, como fuente de tantos bienes, hablo de la instrucción sólida y buena, no de aquella liviana y depravada que es causa de tantos excesos y desórdenes, y que, corrompiendo todos los principios de la moral pública y privada, produce, tarde o temprano, la ruina de los Imperios. Semejante instrucción puede tal vez producir alguna ventaja o alguna gloria, pero, a la larga, producirá la confusión y la desolación de los que la profesan y la abrazan.

De aquí es : Primero Segundo
De aquí es
: Primero
Segundo

: que los Soberanos son estrechamente obligados a propagar toda buena instrucción.

: que esta bondad de la Instrucción pública se debe calificar por sus objetos; estos objetos, o

fines, se pueden reducir a dos: el bien físico y el bien moral de los individuos y los Estados.

comprende todos aquellos conocimientos que, adelantando las artes y profesiones útiles, producen la riqueza de los individuos y el poder de las sociedades; el segundo: aquellos principios de moral pública y privada que hacen al hombre virtuoso y a las sociedades, justas. De estas dos clases de conocimientos pende toda la fuerza, todo el esplendor, toda la verdadera y sólida prosperidad de los Imperios. Así que toda instrucción que se encamine a estos fines es buena; la que se aleja de ellos, dañosa o, por lo menos, vana e inútil. Lo demás es humo y oquedad.

El primero
El primero

.M. para

que sus súbditos alcancen cuanto han menester, para ser, de una parte, ricos y poderosos, y de otra, religiosos y justos.

Sobre estos sencillos principios, se apoyará

el Plan de educación pública, que yo propondré a V

las que buscan directamente

las que perfeccionan sus

facultades morales. Y como haya una porción de conocimientos preliminares que sean necesarios para alcanzarlas, formaré de ellos una clase preliminar, la cual dividiré en otras dos clases con respecto a sus objetos. A la primera, pertenecerá cuanto dice relación al uso de nuestra razón, en la indagación de las verdades morales, y a la segunda, a la de las verdades naturales. La primera abraza la filosofía especulativa o racional; la segunda, la práctica o natural.

aquellas verdades que perfeccionan las facultades físicas del hombre.

Según esos objetos, dividiré las ciencias en dos principales ramos: Primero:

Segundo:
Segundo:

Todo estudio debe empezar por el conocimiento científico de nuestra lengua, esto es, de la gramática castellana. Las lenguas no son otra cosa que unos instrumentos para enunciar nuestras ideas; es, pues, necesario conocer este instrumento y su recto uso, antes de aplicarle a la indagación de las verdades útiles. Este estudio se extiende al de la retórica y la poética, cuyos principios tienen por fin el uso de

nuestra lengua, esto es, el instrumento de la comunicación de nuestras ideas, con más exactitud y más gracia.

(Borrador aparte.)

Procuraré después desempeñarla, y lo haré con tanto más gusto y constancia, cuanto de una parte veo que

en este es el objeto que puede dar más gloria a V. M. y más provecho a sus pueblos; y de otra, él ha sido a quien yo he consagrado mi estudio y mis desvelos en todo el discurso de mi vida.

Ante todas cosas, deseo que V.M. se persuada de que ninguna reforma es tan necesaria y tan importante como la de la educación. Bajo este nombre, se comprende cuanto dice relación a la Instrucción pública, y esta instrucción es la primera fuente de la prosperidad de las Naciones. De ella se deriva su riqueza: ella abre las fuentes de la riqueza pública, perfecciona la agricultura, extiende y anima la industria, da actividad y vigor a la navegación y al comercio, y aumentando la riqueza y el poder de las Naciones, labra y asegura su prosperidad.

Y si no, dígnese V.M. de volver por un instante los ojos hacia las que llaman fuentes de la riqueza y del

poder de una Nación, y hallará cuanta relación…