Está en la página 1de 5

Tenorio 1

María Tenorio

Profesora Lúcia Helena Costigan

Español 755

5 de marzo del 2002

Bonilla Bonilla, Adolfo. Ideas económicas en la Centroamérica ilustrada: 1793-1838. San

Salvador: FLACSO, 1999. 371 páginas.

El libro de Bonilla Bonilla construye un panorama de las ideas económicas

producidas en la actual Centroamérica en la última década del siglo XVIII y las primeras

cuatro del siglo XIX. Al autor le interesa mostrar el intercambio de ideas y el debate

generado en torno a la conducción de las sociedades centroamericanas a partir de las

reformas borbónicas ilustradas y durante los inestables años que precedieron y siguieron

a la independencia de España.

La producción de los escritos económicos –lugar de donde el historiador extrae

las ideas económicas- se enmarca en el más amplio movimiento, de procedencia europea,

de la ilustración. Y también los pensadores ilustrados de Centroamérica provenían de

Europa, sus familias llegaron al Reino de Guatemala con las reformas borbónicas y el

auge económico del siglo XVIII: “En Centroamérica la ilustración es un proceso

impulsado desde los funcionarios de la Corona y rápidamente adoptado por las clases

económicas más poderosas” (93). En otras palabras, es un fenómeno criollo.

El libro avanza con cierta lentitud hacia su propósito de “presentar un resumen de

las principales ideas y debates económicos durante la ilustración centroamericana” (1).

En su estructura general no procede en estricta forma cronológica, sino en un movimiento

que delimita contextos para encaminarse hacia los textos. Los primeros cuatro capítulos
Tenorio 2

se ocupan en la elaboración de los contextos a partir de una muy amplia variedad de

fuentes secundarias: historiadores y latinoamericanistas contemporáneos de los ámbitos

anglosajón y latinoamericano se codean en las páginas de Bonilla con filósofos antiguos,

ilustrados y liberales; tampoco faltan las referencias a pensadores españoles de la época

borbónica ilustrada y a historiadores españoles contemporáneos. Los dos últimos

capítulos se dedican a presentar cronológicamente los escritos económicos, fuentes

primarias de las que el autor extraerá la economía política de la época en consideración.

En el capítulo primero se presentan las dos tendencias generales de la ilustración

europea, a saber, el republicanismo y el liberalismo, que echarán raíces profundas en “la

familia ilustrada” (13) centroamericana. En el capítulo segundo se caracteriza la época

colonial a partir de las instituciones político-económicas surgidas de la conquista, tales

como la audiencia real, la encomienda y los pueblos de indios, por mencionar algunos.

Luego, en el capítulo tercero, el autor vuelve al pensamiento político ilustrado en general

y va mostrando como las diversas tendencias políticas en Centroamérica estuvieron

representadas por distintos grupos de poder, por ejemplo, los grupos comerciales ligados

a la minería, al crédito y la agricultura eran partidarios del liberalismo. El capítulo cuarto

está dedicado al examen de las escuelas económicas vigentes en la época (mercantilismo,

escuela fisiocrática, liberalismo), la economía política española y las reformas borbónicas

temprana e ilustrada, correspondientes respectivamente a la primera y segunda mitades

del siglo XVIII. Al final de este capítulo, después de presentar la reforma educativa en la

Universidad de San Carlos de Guatemala, Bonilla introduce la figura del “padre de la

ilustración centroamericana”, el costarricense José Antonio de Liendo y Goicoechea.

Los capítulos quinto y sexto conducen al lector al encuentro con diversos escritos
Tenorio 3

que Bonilla califica como “los principales textos económicos”. En el capítulo quinto,

titulado “Economía política centroamericana en su etapa formativa 1793-1814”, se insiste

como los escritos económicos surgen a partir de instituciones como el Real Consulado de

Comercio y la Sociedad Económica de Amigos del País, principales difusores de las ideas

ilustradas en el Reino de Guatemala. El último capítulo del libro abarca textos producidos

en la época de la independencia y en la Centroamérica unida e independiente, desde 1820

hasta 1838 en el contexto de la organización de la nueva entidad política centroamericana

en su anexión a México y en su existencia como federación. Es interesante en este

capítulo la presentación de un debate mantenido en la publicación periódica “El editor

constitucional” en 1820 en torno al libre comercio, postura propiamente liberal, y al

proteccionismo, mantenido desde una posición republicana.

En el examen y resumen de los textos económicos, es decir, en los dos últimos

capítulos, radica la novedad de la empresa de Bonilla. En primer lugar, porque trae a la

consideración del lector –el interesado en aprender sobre la historia centroamericana- una

serie de escritos olvidados, algunos incluso no publicados, que revisten interés más allá

de su contenido económico. El libro también presenta en forma de “Anexos” cuatro

documentos de la época que el autor ha considerado pertinente incluir en su totalidad

precisamente por la poca difusión que han merecido. En segundo lugar, los dos últimos

capítulos entregan una visión articulada de lo que pensaban los intelectuales, “la ciudad

letrada” para usar el concepto de Ángel Rama, antes, durante y después de la

independencia de España. En esta articulación de las ideas económicas, el autor se

distancia del común pensar sobre la época independentista que habla de liberales y

conservadores, y considera que para ser fieles a las denominaciones ilustradas habría que
Tenorio 4

hablar de liberales y republicanos.

El libro de Bonilla quiere construir mediante su escritura un panorama general del

pensamiento económico en los orígenes de las naciones independientes de

Centroamérica. Le interesa mostrar y demostrar que las élites pensantes de aquellos

tiempos estaban al tanto de las últimas ideas producidas en la Europa ilustrada y estaban

preocupadas por difundirlas en los periódicos y en la cátedra del único centro

universitario centroamericano de la época, la Universidad de San Carlos de Guatemala.

De las opciones intelectuales, políticas y económicas de estas élites dependería el futuro

de todos los habitantes de las futuras naciones centroamericanas. Pero, según Bonilla, la

ilustración en Centroamérica murió al disolverse la federación centroamericana en 1838.

La propia opción de Bonilla, formado en Inglaterra en filosofía política, es

decididamente celebratoria de la ilustración. Creo que su definición del fenómeno no deja

lugar a dudas: “La ilustración fue un ambicioso programa de liberación de la ignorancia,

dogmas religiosos, prejuicios, superstición, fanatismo, despotismo. En general, la familia

de ilustrados –hombres y mujeres de letras que promovieron las luces- se vio enfrentada

al mundo de la oscuridad” (50). Y aunque en estas líneas Bonilla menciona de paso a las

mujeres, su amplio panorama no incluye ni una tan sola mujer que pertenezca a la

ilustración ni en Europa ni en Centroamérica.

El libro no critica en momento alguno al pensamiento político-económico

ilustrado, antes el autor expresa cierta desilusión por no haber sido seguido al pie de la

letra en Centroamérica. La conclusión de su libro lo declara sin tapujos:

La revolución política de 1838 cambió por completo la naturaleza de la

vida política centroamericana. La prominencia del movimiento indígena


Tenorio 5

encabezado por Rafael Cabrera y el cambio de ideas en un importante

sector de la élite ilustrada ya no permite analizar el período en el marco de

la ilustración. (...) se cerró uno de los períodos históricos más brillantes de

Centroamérica. En él se observa una estrecha relación entre ética, política

y economía, que necesita ser contada. Este libro es una contribución a esa

tarea (272).

Pero volviendo atrás en el texto, cuando se trata el tema del indígena, el autor insiste que

el pensamiento igualitario de algunos ilustrados –el español Campillo y los

centroamericanos Goicoechea, García Redondo y José María Peinado entre otros-

liberaba al habitante autóctono de los prejuicios raciales al considerar, ante todo, su

agencia económica (144-50). Sirva una acotación del autor para corroborar mi lectura de

su posición celebratoria: “Hay que reconocer que los ilustrados centroamericanos creían

en la superioridad cultural española y europea, pero eso no se puede confundir con el

argumento de la superioridad racial” (150). La consideración crítica del eurocentrismo y

de conceptos relacionados con el mismo (ilustración, raza) es una ausencia patente en

este trabajo. Por eso me atrevería a decir que la perspectiva de Bonilla es bastante

tradicional al estudiar la ilustración centroamericana. Sin embargo, el libro resulta

altamente informativo y pedagógico: por una parte, la revisión bibliográfica de fuentes

primarias y secundarias es muy rica y constituye un aporte significativo a la investigación

sobre la transición de época colonial a la nacional en Centroamérica; por otra parte, el

estudio de Bonilla contribuye a que los centroamericanistas nos “ilustremos” sobre una

época que ha sido vista bastante a la rápida y sin recurso a documentos ni a debates de la

época.

También podría gustarte