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EL PAÍS, domingo 3 de junio de 2007

DEBATE

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¿CUÁL ES EL ESTADO DE LA DERECHA EN ESPAÑA?

Cuando se me interpela acerca de qué derecha necesita España, res- pondo que, en cualquier caso, ne- cesita una derecha distinta de la que tiene. Pero también una iz- quierda diferente de la que actual- mente dispone. Y ni lo uno ni lo otro deben distraer nuestra aten- ción acerca de la necesidad de articular un espacio de centro que serene y modere el debate po- lítico.

Pero como lo que se me propo- ne hoy es debatir sobre la dere- cha, a ello me ceñiré. La radiogra- fía de las actuales Cortes Genera- les permite hilvanar unas cuantas reflexiones que dan perspectiva al debate planteado. España tie- ne hoy una articulación política basada en dos grandes partidos de ámbito estatal, PSOE y PP. A su izquierda el PSOE tiene a IU; en cambio, el PP no tiene a nadie

a su derecha. Después incidiré de nuevo en esta observación, pero de entrada apunto una primera

consideración. Lluís Bassets, en

el artículo “Todas las derechas en

una”, comentando la federación de las diversas derechas alrede- dor de Sarkozy, afirmaba que “nunca debiera ser un demérito

arrastrar votos desde fuera del sis- tema al interior de las filas demo- cráticas”. Estando de acuerdo, nada tiene, pues, de obsceno que el PP, al no tener a nadie a su derecha, reciba el voto de dere- chas distintas, desde la más extre- ma hasta la derecha conservado- ra democrática. No obstante, siguiendo las te- sis del citado artículo, mientras la derecha de Sarkozy ha generado empatías en torno a un proyecto ambicioso de reformas destinado

a recuperar el crecimiento econó-

Hace falta una derecha y una izquierda distintas

JOSEP A. DURAN I LLEIDA

mico y liderazgo francés en Euro- pa, éste no es el caso de la actual derecha española. Ésta sigue arrastrando el complejo de la his- toria del siglo XX. No ha sido capaz de separarse nítidamente de herencias de tiempos pasados. Ni tan siquiera ha condenado con firmeza el franquismo. Es cierto que estas circunstancias no autorizan a nadie a calificar de

franquista a la derecha española actual. Tan cierto como que na- da le exime a ella de representar a la derecha sociológicamente más

apegada al pasado. Sucede además que en los últi- mos años la derecha española se limita a airear las torpezas, incon- sistencias o simplemente errores del Gobierno, que de haberlos, haylos y no pocos. Incluso, lo que es más grave todavía, no muestra reparo alguno en zarandear asun- tos de Estado, al compás de los intereses de partido más mezqui- namente electoralistas, como se ha visto una vez más en la recien- te campaña electoral municipal. Se me podrá objetar, y con moti- vo, que en algunos ámbitos la iz- quierda gobernante y el propio presidente del Gobierno han de- mostrado también tratar con lige-

reza alguno de esos temas de Esta-

do. Razón de más para criticar a la derecha por no haber aprove- chado la ocasión para mostrar un rostro distinto en ámbitos como el de la lucha antiterrorista. No hay visos, por tanto, de una auténtica derecha potente, ambiciosa y dispuesta a liderar un proyecto en positivo para una sociedad gobernada hoy por una

No hay visos de una derecha potente, dispuesta a liderar un proyecto en positivo

izquierda más “radical” que so- cialista, que vive de la gesticula- ción más que de los réditos de su acción de gobierno. Da la sensa- ción de que la derecha actual no pretende tanto la adhesión de nuevos apoyos electorales como mantener los que ya tiene y des- movilizar los del adversario. Así no se construye un país, ni se ar- ticula una derecha sólida y mo- derna, aunque su estrategia per- mitiera cumplir su objetivo, que no es otro que el de ganar las elecciones al precio que sea.

Retomo la observación acerca

de que “a su izquierda el PSOE

tiene a IU; en cambio, el PP no tiene a nadie a su derecha”. El valor de una fuerza política se mesura también por su capaci- dad de generar mayorías estables entorno suyo. Llegados a este ex- tremo, conviene destacar la pre- sencia de fuerzas políticas nacio- nalistas en el arco parlamentario. Pues bien, mientras la izquierda del PSOE pacta con IU y ERC

(al margen del balance de esta alianza para España y para el pro- pio PSOE, a mi entender, tan ne- gativo para el conjunto español como para los socialistas) y po- dría hacerlo con CiU y con el PNV, la actual derecha española no puede llegar a pacto alguno.

Y ése es un segundo problema

grave para la actual derecha espa- ñola.

En la segunda legislatura de Aznar, la derecha española per- dió una gran oportunidad de ar- ticular una España en la que Ca- taluña se sintiera cómodamente

integrada. Perdiendo votos en el intento, CiU hizo un plantea- miento profundamente meditado

de culminar el Estado de las Au-

tonomías. No se trataba de refor-

mar la Carta Magna, ni tan si-

quiera el Estatuto de Cataluña. Nuestra propuesta se limitaba a releer conjuntamente el bloque constitucional autonómico, a la luz de decenas de sentencias que nutren un corpus jurisprudencial mucho más autonomista que la interpretación y aplicación que el PSOE y el PP han seguido desde sus gobiernos. El PP trató nues- tra propuesta con despecho, ni tan siquiera se dignó a considerar- la. Después ha venido lo que ha venido, y la actual derecha espa- ñola ha fomentado que se desata- ran todas las iras contra Catalu- ña. Imperdonable. Observo en este ámbito de re- flexión que la derecha española actual o bien ignora, o bien des- precia, nuestra dignidad y memo- ria. Es lógico que le interese visua- lizar que puede entenderse con nosotros puesto que sabe que, a pesar de todo lo que ellos, y tam- bién el PSOE, han aireado, pac- tar con CiU es un sólido activo. Pero me temo que la “subida al monte” de la derecha españo- la, más allá de la epidermis de la coyuntura tenga un fondo estruc- tural. Celebraría equivocarme, pero con la derecha actual no se- ría posible la Constitución vigen-

te ni el Estado de las Autono- mías. Claro está que el buenismo, la improvisación, la simpleza, y la inconsistencia de la izquierda gobernante tampoco ayuda. ¿Pa- ra cuándo un centro que les mo- dere y modere España? Sin duda, CiU va a ser más necesaria que nunca.

Josep A. Duran i Lleida es secretario general de CiU y presidente del Comi- té de Gobierno de Unió Democràtica de Catalunya.

¿Tanta crispación política sufri- mos en España? A tenor de los voceros de los partidos, sí, en lo que también coinciden sesudos analistas. Para esta mayoría opi- nante, España estaría viviendo una situación insostenible de ten- sión política. No coincido con esa afirmación. Es cierto que nuestro debate está agriado por descalifica- ciones gruesas y acusaciones tre- mendistas, pero, salvo cortos pe- riodos, esta tensión ha sido una constante en nuestra democracia:

recordemos la primera mitad de los noventa, o el periodo de la Transición. No sufrimos, por tan- to, una crispación excepcional, ni estamos, como gustan repetir a los profetas del Apocalipsis, ante una situación guerracivilista. Ni el PSOE es una izquierda lunática ni el PP una derecha radical, por más que sus recíprocas acusacio- nes quieran arrinconarnos ante ese dilema. Una vez más, hemos comprobado la eficacia de este jue- go de espejos en las recientes muni- cipales. Me temo que de aquí has- ta las generales la mutua descalifi- cación será una constante Se está alimentando el discurso del enfrentamiento derecha / iz- quierda. Para los primeros, la iz- quierda pone en peligro la unidad de España, antepone los terroris- tas a las víctimas, facilita a ETA la consecución de sus objetivos, y arremete contra la familia y la igle- sia. Para los segundos, la derecha está involucionando a posturas guerracivilistas, se escuda en el na- cionalcatolicismo, y no reconoce la legitimidad democrática actual. Los delirios de unos y otros produ- cen monstruos condenados a en- frentarse bíblicamente, cada uno

El centro siempre necesario

MANUEL PIMENTEL

niendo una importante influencia en todo Occidente. Las recetas neocons —que han sido elaboradas por importantes pensadores de la talla de Kristol o Kaplan— aúnan

principios liberales con limitacio- nes de tradicionales libertades bajo

el mandato de la seguridad. En el

luchando por su Bien frente al Mal que representa la otra fac- ción. Este íntimo convencimiento de la posesión permanente de la verdad, adopta ribetes metafísi- cos. No se valora lo que se ve, sino la Verdad en la que se comulga. Estas posturas no aceptan relativis- mo alguno. O se está en el credo propio, o se milita en el rival. ¿Esta- mos condenados a tener que elegir siempre, dramáticamente, entre esas dos Españas machadianas? ¿Pueden existir posturas interme- dias que luchen desde la sensatez por mejorar la convivencia y por impulsar proyectos compartidos, sin renunciar por ello a las propias ideas? Creo que sí. Y esas fuerzas “centristas” a buen seguro que ha- bitan en el seno de los grandes par- tidos, acusadas de tibias, acomple- jadas y relativistas, y aplastadas por los halcones de la confronta- ción. Kelsen ya escribía en 1920 en su ensayo Esencia y valor de la de- mocracia: “La concepción filosófi- ca que presupone la democracia es el relativismo”. ¿Quién se atrevería hoy a afirmarlo en público? La creciente bipolaridad no se debe tan sólo a cuestiones ideoló- gicas. El concepto de retrovoto útil —“Voto a un partido que no me gusta demasiado con tal de que no salga el otro que no me gusta nada”— hacen que el voto tienda a concentrarse. ¿Cuántas

personas votan al PP con el único objetivo de echar a Zapatero, o cuántas al PSOE para evitar que el PP vuelva al poder? Probable- mente casi tantas como las que acudan convencidas por las bon- dades de los respectivos progra- mas. Lo hemos podido compro- bar en las pasadas municipales. Tanto PP como PSOE han resulta- do favorecidos por su confronta- ción. Han concentrado votos fren- te a terceras fuerzas. Por eso, más que vender lo propio, los partidos se dedican a meter miedo con el Satanás que habita bajo las siglas

que adscribirse “sin complejos” a alguna de ellas, si no quiere ser acusado de tibio y traidor. El PP es, actualmente, el gran partido que ocupa el espacio del centro-derecha y la derecha. Se siente cómodo en la democracia es-

pañola, y está plenamente homolo- gado en el escenario político occi- dental. Ocupa un espacio ideológi- co que abarca desde posiciones conservadoras hasta centristas, to- do ello bajo la tradición liberal- conservadora que arrancó en el XIX con Cánovas del Castillo.

seno de todas las formaciones se repite la confrontación de halcones frente a palomas, alternándose los periodos de dominio de cada una

de las tendencias. El PP es un parti- do de centro —con muchas de sus políticas así lo ha demostrado—, aunque en estos últimos tiempos se ha escorado —más en discurso que en acción— a posturas neta- mente conservadoras, quizá más por táctica que por convicción. Eso crea la percepción de que se derechiza y que deja un hueco en el centro. Sus dirigentes tendrán que decidir dónde se sitúan finalmente,

El

PP, tanto en el Gobierno como

al

tiempo que tendrán que acercar-

 

en

la oposición, ha cometido erro-

se

a otras formaciones para no que-

 

res

—véase la guerra de Irak o la

dar incapacitados para el pacto.

El PP es de centro, aunque en los últimos tiempos se ha escorado a posturas conservadoras

del rival. Es un juego miserable, a pesar de su rentabilidad electoral. ¿Dónde nos situaríamos en la ac- tualidad los que no satanizamos al rival, por más que critiquemos algunas de sus medidas o platee- mos otras alternativas? Difícil ubi- cación en alguna de esas dos Españas que representan por un lado el PP y por el otro PSOE, Izquierda Unida y ERC. El espa- ñolito que viene al mundo tendrá

gestión del 11-M—, y obtenido

grandes éxitos, como por ejemplo

su impecable gestión socioeconó-

mica o su rentable lucha contra el terrorismo. La izquierda comete una enorme injusticia descalificán- dolo en su conjunto, en su vano intento de arrinconarlo en la extre- ma derecha. El PP nunca fue, ni tampoco será, de extrema derecha.

En el PP actual conviven sus dos grandes tendencias tradicionales, la más liberal y posibilista, con la más conservadora, que gira en tor- no a los valores católicos y a un determinado concepto de patria. Durante los últimos años, una nue-

va línea de pensamiento ha irrum-

pido con fuerza. Se trata de la ideo-

logía neoconservadora, que está te-

Sea en el seno del PP, o fuera de él, no cabe duda que sería posi- tiva para España una fuerza cen- trista que, desde posiciones liberal- conservadoras, con respeto a la ini- ciativa privada y a la libertad indi- vidual, y equilibrada por princi- pios de justicia social, luchara por la convivencia en un Estado laico, pero respetuoso con las creencias de la mayoría del país y con la libertad de educación. Una Espa- ña europeísta, orgullosa y enrique- cida por las distintas Españas que habitan en su seno. ¿Una tercera España, quizá? A lo mejor es a eso

a lo que llaman centro.

Manuel Pimentel es editor y ex minis- tro del PP.

centro. Manuel Pimentel es editor y ex minis- tro del PP. Hoy en ELPAIS.com: los lectores
centro. Manuel Pimentel es editor y ex minis- tro del PP. Hoy en ELPAIS.com: los lectores

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