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TESTIMONIO

DE LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA EN COLOMBIA

“Podrán atar nuestras manos, pero jamás nuestros sueños de justicia y libertad”

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TESTIMONIO

DE LOS PRISIONEROS POLÍTICOS DE GUERRA EN COLOMBIA
TABLA DE CONTENIDOS
PRESENTACIÓN:
TESTIMONIO DE LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA EN COLOMBIA.

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PRISIONEROS POLÍTICOS DEL IMPERIO
Simón Trinidad relata sus Condiciones en una audiencia en los EE.UU Historia de Vida Vida Guerrillera La Beligerancia Simón del Pueblo Y Sonia tuvo la dicha de conocer el mar -Jorge Enrique Botero

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LAS Y LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA

LOS PROCESOS DE RUPTURA COMO ESTRATEGIA JUDICIAL Y POLÍTICA DE DEFENSA

Palabras al señor juez - Tulio Murillo Avila Un proceso de ruptura -Marinely Hernandez La Rebelión, Delito Político -Roberto Antonio Sepulveda Muñoz

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LA RAZÓN DE POR QUE LUCHO

Diálogo con un fiscal -Harrison Carta abierta al defensor nacional del pueblo -Prisioneros políticos
y de guerra patio Nº 3 Prisión de Girón-Santander

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PALABRAS DE LAS Y LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA A SUS FAMILIARES

Para Doña Ana Maria y la Familia Lesme - Javier Calderón

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POEMA PARA MI HIJO: AYER Y HOY - Marinely Hernandez

EN LA PROFUNDIDAD DEL INFIERNO - Rolando Albeiro Acevedo Muñoz 86

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PRESENTACIÓN:

TESTIMONIO DE LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA EN COLOMBIA
En medio de la cada vez más notoria y evidente intensificación del Conflicto social, político y armado que azota a Colombia; la Asociación Bolivariana de Asuntos Humanitarios – Patria es Solidaridad- quiere presentar la presente Cartilla Testimonial de los Prisioneros Políticos y de Guerra en Colombia, como una apuesta de paz y reconciliación, que junto a otros esfuerzos realizados por diversos sectores sociales, ayude a encontrar caminos certeros que conduzcan a la solución política y negociada del conflicto armado. Es necesario tener en cuenta, que espacios que generen confianza entre las partes enfrentadas no pueden crecer en medio de los análisis parcializados y amañados de los conflictos que hoy los enfrentan militarmente. Esto respecto a la actuación del gobierno, que cree o quiere hacer creer que con la desestimación del adversario, ganará terreno en el teatro de operaciones. Nunca nadie se ha fortalecido, con la invisibilización del opositor político o armado, pues más bien termina generándose un efecto “Boomerang” que más temprano que tarde estalla, tal cual está sucediendo hoy en Colombia. Es necesario sincerarse y empezar siempre por lo primero; esto es, si se quiere solucionar un conflicto, empezar por reconocerlo, y acto seguido, reconocer el sujeto con quien se presenta el conflicto, sea éste individual o colectivo. Teniendo en cuenta recientes acercamientos a la situación carcelaria en Colombia por una parte; por otra, la situación de aumento vertiginoso de la población carcelaria en los últimos años que se encuentra actualmente llegando a la cifra de 100.000 personas privadas de la libertad; y por último, conociendo de la intensificación en la criminalización de la protesta social y de la

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estigmatización de los sectores sociales y populares, podemos afirmar con certeza que pueden haber actualmente en las cárceles Colombianas alrededor de 9.500 personas privadas de la libertad por motivos políticos o como consecuencia del conflicto armado: Prisioneros Politicos y de Guerra. Seres humanos que enfrentan además de las torturas físicas y padecimientos propios de quien pierde su libertad, el olvido de la sociedad que se limita a ver cómo mueren atiborrados en las prisiones colombianas hermanos de lucha inclaudicable. Por otra parte, a la nefasta campaña de invisibilización orquestada por el gobierno colombiano a nivel nacional e internacional, en la que se afirma que en Colombia no hay Prisioneros Políticos y mucho menos de Guerra, pues lo que existen son bandoleros y terroristas que se han dedicado a desestabilizar el justo sistema democrático que, entre otras cosas, hoy tiene sumergido en la miseria y pobreza a la mayoría de la población. Es deber de los verdaderos

sectores democráticos tanto a nivel nacional como internacional romper el cerco mediático que ha impuesto la clase dirigente en Colombia, y de una vez por todas, gritar al viento con dolor pero con ánimo de lucha y esperanza, la situación vivida en Colombia por miles de Prisioneros del Pueblo que actualmente se pudren en las mazmorras del régimen. Todo esto, con el objetivo fundamental, de allanar el camino de la paz, la reconciliación y la solución negociada, que será posible sólo partiendo del reconocimiento franco y sincero de las desastrosas vivencias y situaciones que ha generado la guerra en Colombia. No se hable más, pues la idea de la presente cartilla, es precisamente dar la palabra a quienes les han arrebatado y criminalizado la voz; a esos olvidados y relegados, luchadores incansables que lastimosamente ahogan hoy sus gritos entre muros, rejas y garitas, pero que con sus ejemplificantes actuaciones nos enseñan los dones de la perseverancia y firmeza en la lucha por los cambios estructurales que necesita Colom-

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bia. Escuchemos hoy a los Prisioneros de Guerra de Colombia y dejemos que nos hablen con sus testimonios de vida, que recogen y sintetizan el trasegar de todo un Pueblo. Valga por último resaltar la imperiosa necesidad de multiplicar los esfuerzos de los diversos sectores sociales para lograr un Acuerdo Humanitario que solucione definitivamente la penosa situación de quienes hoy se encuentran privados de su libertad en Colombia, como consecuencia del conflicto social, político y armado.
Asociación Bolivariana de Asuntos Humanitarios – Patria es Solidaridad-

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PRISIONEROS POLÍTICOS DEL IMPERIO
SIMÓN DIGNIDAD

Simón Trinidad es un prisionero Político del Imperio, que actualmente se encuentra enfrentando con ejemplarizante dignidad las torturas físicas a las que es sometido por el gobierno de EE.UU. En 1987 Simón, tras ver caer asesinados por el terrorismo de Estado a casi 5.000 compañeros de su partido, la Unión Patriótica, decide que en Colombia no hay lugar para defender sus ideales desde la legalidad e ingresa a las

FARC-EP. En 2002 fue capturado en Ecuador, en un operativo con la colaboración de agencias norteamericanas de inteligencia– mientras adelantaba gestiones para un intercambio humanitario en Colombia, y abogaba por la intermediación de la comunidad internacional en la solución política del conflicto social y armado colombiano. Fue entregado al gobierno

JUVENAL OVIDIO RICARDO PALMERA, o SIMÓN TRINIDAD. Prisionero Político del Imperio, recluido en la Cárcel de Clemence, Colorado, Estados Unidos.

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colombiano, que le acomodó falsos cargos de tráfico de drogas y lavado de dinero para poder autorizar su extradición a los EE.UU.; decisión apátrida que fue consumada en noviembre de 2004. Ha enfrentado cuatro procesos ante los jueces estadounidenses, de los cuales 3 fueron anulados por el jurado al no encontrar méritos para condenarlo por narcotráfico y terrorismo. En todos los juicios Simón ha realizado prodigiosas defensas de su carácter insurgente como miembro de las FARC-EP, y ha logrado pasar definitivamente de acusado a acusador de la oligarquía colombiana y el imperialismo. SIMÓN TRINIDAD RELATA SUS CONDICIONES EN UNA AUDIENCIA EN LOS EE.UU Palabras de Simón Trinidad durante una audiencia en los EE.UU: Buenos días, señor Juez, y buenos días a todos; en particular a mi abogado, a Ramiro, que me sorprende verlo. Pensé que todavía estaba en el exterior. Señor Juez, yo comparto plenamente lo

dicho por mi abogado y ratificado por el señor Procurador, por el delegado de la Procuraduría, por la misma Fiscalía y por usted: yo estoy en las peores condiciones para asistir a este juicio, no solamente son las esposas, es que yo estoy encadenado a la cintura, además tengo cadenas en los pies, y tengo un cinturón en la pierna con una batería de miles de voltios que, a juicio de cualquiera de los carceleros que están aquí, ellos pueden accionar el mecanismo y producirme una fuerte descarga eléctrica. Yo he escrito al Director Nacional encargado de las prisiones aquí en los Estados Unidos, un señor de apellido Lapón; yo tengo aquí las copias de esas cartas y le voy a pedir a usted que me dé una dirección electrónica para enviárselas. Le he solicitado en estas tres cartas que me liberen de estas cadenas, de estas esposas y la misma batería para poder participar normalmente en el juicio. Yo tuve cuatro juicios aquí en los Estados Unidos, en la capital del país, en Washington, y nunca estuve esposado, encadenado en la Corte; incluso,

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después de haberme condenado en un juicio, participé en otro y nunca estuve encadenado. Fui el único testigo de la defensa y estuve a dos metros del juez, sentado, exponiendo, respondiendo las preguntas de los fiscales y de mis abogados y en ningún momento yo cometí alguna arbitrariedad, algún mal comportamiento de parte mía ni para el juez ni para el jurado, ni para los fiscales, ni para el público que era numeroso y que estaba asistiendo, ni para mis abogados; entonces, yo también quiero sentar esa protesta. Ayer decía en un discurso el presidente Barack Obama a la nación, que él había prohibido la tortura en los Estados Unidos, y yo disiento completamente de las palabras del presidente Obama; eso es una mentira, porque no solamente esto es una tortura física. Yo estuve en una audiencia de juzgamiento el pasado martes con (inaudible) en Valledupar, también en estas condiciones estuve más de seis horas así, tengo las muñecas inflamadas, los músculos de las muñecas adoloridos y esto es una tortura física.

Así lo he escrito también al Director Federal de Prisiones en Washington y con copia al Director de esta cárcel, que esto es una tortura física pero, además, hay una tortura psicológica, la que es peor en las condiciones en que yo he estado en los Estados Unidos. Tengo más de cinco años de estar en total, en absoluto aislamiento, sin poder ni siquiera intercambiar porque no hablo el idioma; no se me ha permitido ni siquiera estudiar el idioma. Entonces, la tortura psicológica que no deja huella aparente, visible, es peor que la tortura física. Además, yo quisiera decirle, señor Juez, que no he tenido oportunidad de conversar desde diciembre de 2004 con ninguno de mis dos abogados: ni con el doctor Ramiro Orjuela, ni con el doctor Emilio Silva Duque en privado.El doctor Silva Duque ha estado más de cuatro veces aquí en los Estados Unidos y solamente nos permitieron hablar en una oportunidad, y en esa oportunidad estaba también encadenado, aherrojado por todas partes y hubo presencia de gente del FBI

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en esa reunión para que monique tiene el derecho a defenderse toreara la conversación. En los dignamente en cualquier corte, en primeros momentos se hizo precualquier parte del mundo, de un sente también un Fiscal, Kenneth país civilizado; lo contrario es volKohl, y censuró documentos que ver a las épocas del fascismo, de yo quería discutir con mi abogalos nazis. Hoy, con un presidente do Oscar Emilio Silva Duque. de los Estados Unidos premiado Este fiscal no habla absolutamenpor los noruegos como Premio te nada de español, no lo lee, y Nobel de la Paz, yo le agregaría sin embargo se atrevió a censurar que es el premio nobel de la paz documentos que yo quería conromana; habrá que felicitar a los versar con mi abogado; docunoruegos, pues crearon un nuevo mentos incluso enviados por fispremio nobel, y bueno, felicitar cales y por jueces de Colombia. también al presidente Obama, Esto motivó que yo escribiera una está cumpliendo con ese premio carta al Consejo Superior de la nobel de la paz romana. Judicatura, a la Corte Suprema de Justicia y al Procurador General HISTORIA DE VIDA de la Nación; copia de esa carta le voy a hacer llegar ahora que usted me dé una dirección electrónica, porque yo quiero señalar, yo quiero que las cortes en Colombia, los jueces, los fiscales, los abogados, el Congreso, conozcan qué es lo que está pasando, cuál es la situación que yo tengo aquí en los Estados Unidos, y esto es violatorio de absolutamente todo. Esto es la ley de la selva; un Sr. Juez, como le dije, yo estuEstado que maltrata y que tortura dié economía en Bogotá, en la y que coarta todos los derechos Universidad Jorge Tadeo Lozano, de un ciudadano, culpable o no, y cuando terminé me fui a ejercer

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la profesión en Valledupar, donde vivían mi papá, mi mamá y mis hermanos. Me vinculo, después de estar trabajando en el cultivo de algodón, de arroz y en la ganadería, a la Universidad Popular del Cesar como profesor; eso fue en el año de 1978. Yo me vinculo a la universidad, tenía ya dos años de estar viviendo en Valledupar. Y la Universidad era en ese momento una universidad pública, una universidad muy pobre, con muy pocos recursos, unas instalaciones locativas pésimas. En un medio de terratenientes levantar la cultura es muy complicado; eso de crear una universidad en medio de terratenientes, con una concepción muy estrecha de lo que es la formación intelectual y profesional, es muy difícil. Algún grupo de profesores y estudiantes, de los últimos años de las carreras de la universidad, decidimos crear un movimiento cívico para participar en política y elegir un concejal, profesor o estudiante de la Universidad, que representara a la Universidad en el Concejo y empezara a conse-

guir no solamente recursos económicos, sino el interés de la clase política y dirigente del departamento del Cesar, y le metieran plata y se preocuparan por mejorar la Universidad Popular del Cesar. Y salió un movimiento cívico, se lanzó a una campaña; no salió el concejal, pero nos quedó a todos ese gusanito de la política. Entonces, años después se creó otro movimiento político. Ah, no, antes de eso apareció en el país la propuesta de Luis Carlos Galán y de otro coterráneo suyo, del Doctor que fue ministro de justicia asesinado… ¿cómo se llama?... Rodrigo Lara Bonilla. A mí me llamaron mucho la atención los planteamientos que estaba haciendo en ese momento el Nuevo Liberalismo, especialmente la posición de ellos frente a la defensa de los recursos naturales del carbón de la Guajira, que en ese momento el presidente Turbay estaba negociando con una multinacional norteamericana, INTERCOR. Galán y Rodrigo Lara se oponían a ese contrato y a la creación de una empresa carbonera en el país, en condi-

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ciones desventajosas, como socia de INTERCOR; y a mí me llamó la atención, junto con ese grupo de profesores y estudiantes de la Universidad Popular del Cesar, y nos vinculamos al Nuevo Liberalismo. Yo acompañé a Rodrigo y a Luis Carlos por todas las ciudades capitales de la costa Atlántica y en Bogotá también estuve. Pero llegó un momento en que Luis Carlos Galán entrega las banderas del Nuevo Liberalismo y se sumerge otra vez en ese barrial que es el Partido Liberal; yo no seguí con Luis Carlos; ya había muerto Rodrigo Lara, que era para mí un hombre de pensamiento mucho más avanzado que Galán. Rodrigo Lara hablaba de la necesidad de crear un partido socialdemócrata, muy parecido a las ideas que había tenido Gerardo Molina y a mí me gustaba en ese momento ese planteamiento. Entonces yo me retiro del Nuevo Liberalismo, pero otra vez con la idea de seguir vinculado a la política. Ese grupo de profesores y estudiantes creamos otro movimiento cívico más amplio que se llamó Causa Común. No sola-

mente en la Universidad hacíamos trabajo, sino en los barrios populares, en los sindicatos, y también llagamos al campo a trabajar con los sectores campesinos. El departamento del Cesar en esa época tenía un movimiento de lucha por la tierra, de lucha constante contra los terratenientes para lograr un pedazo de tierra, y nosotros apoyábamos esa causa de los campesinos; apoyábamos a los estudiantes en las universidades, en los colegios, a otros movimientos populares en los barrios de ciudades del departamento del Cesar, y ese movimiento Causa Común se creció, entre los años 84-85. En ese momento vienen ya los acuerdos de Belisario Betancourt con las FARC. Las FARC en los acuerdos de La Uribe deciden lanzar un movimiento político nacional que se llamó la Unión Patriótica, destacó varios comandantes guerrilleros para ese trabajo, entre ellos a Iván Márquez y a Adán Izquierdo. Adán Izquierdo llega a la Costa Atlántica con la intención de hablar con mucha gente para que se vinculara a la nueva propuesta de las FARC, a la Unión Patriótica. A mí una persona muy

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afecta y muy cercana a mí, Consuelo Araújo Noguera, me pone en contacto con Adán Izquierdo; yo conozco a Adán, escucho sus planteamientos y termina Adán Izquierdo hablando con otros dirigentes de Causa Común, y finalmente Causa Común hace parte de la Unión Patriótica. Entonces vienen las campañas para los Concejos, Asambleas, para el Congreso y para las Alcaldías. Era el primer año que se iba a hacer la elección popular de alcaldes, o el segundo tal vez, la segunda elección. Entonces nos vinculamos a eso y conocí a los dirigentes nacionales de la Unión Patriótica; conocí a Bernardo Jaramillo, conocí, por supuesto, a Jaime Pardo Leal, a varios que fueron elegidos a la Cámara y al Senado por la Unión Patriótica y empezamos una vida política con mucha fuerza. Pero vino la reacción de la derecha en el país: industriales, ganaderos, comerciantes, militares, la oligarquía colombiana en ese baño de sangre que convirtieron al país, asesinando a los dirigentes de la Unión Patriótica.

Mataron a un profesor de la Universidad Popular del Cesar –donde yo trabajaba– que había sido miembro del Comité Cívico, que había apoyado a la Unión Patriótica, que había salido a las plazas públicas a hablar sobre la Unión Patriótica. A un abogado, José Francisco Ramírez, lo asesinaron en el año 1987 junio 29 del , 87 Al mes siguiente, en agosto, . mataron a otro abogado, muy amigo mío, también miembro de La Unión Patriótica en el Departamento del Magdalena, Marcos Sánchez Castellón. Mataron a un Concejal de un pueblo del Cesar, de Becerril. Y llegaron las amenazas a todos nosotros, a mí, a mi esposa, a mis hijos: “¡O se van o se mueren, hijueputas comunistas, guerrilleros de mierda!, eso era lo que nos decían. Entonces ante ese temor y un Estado que no hacía nada; en ese momento era presidente Virgilio Barco, quien coadyuvó a ese baño de sangre en que convirtieron al país. No hacían nada. Los militares eran los que estaban al frente de esa campaña de terrorismo de Estado. El Congreso tampoco, la Iglesia tampoco, no había a quién acudir.

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Entonces yo decido sacar a mi esposa y a mis hijos al exterior, y decido, pues, quedarme un tiempito más en Colombia buscando trabajar con la Unión Patriótica en otras regiones del país. Viajo a Bogotá para enviar a mis hijos al exterior en octubre del 87; llamo a Jaime Pardo Leal, él me pone una cita en su oficina para el 13 de octubre y a Jaime Pardo lo mataron el 12 de octubre. Entonces, cuando matan a Jaime Pardo Leal yo estoy en Bogotá, yo digo no, esto no tiene marcha atrás, esto no; si mataron a Jaime Pardo, aquí no quedará nadie con vida de la Unión Patriótica. Entonces yo le escribo a Adán Izquierdo una carta y le digo, ¿qué hago? Yo no me voy a ir del país como un perro con el rabo entre las piernas. Él me dice: “Simón, Ricardo, váyase para el Secretariado, hable de esto con Jacobo Arenas y con Marulanda, que son los jefes de la Unión Patriótica; las FARC son la plataforma de lanzamiento de este movimiento y vaya y hable con la jefatura. Entonces yo me fui en diciembre del 87 para allá; conozco en La Caucha, el

campamento de La Caucha, a Marulanda, a Jacobo, a Alfonso, a Raúl y a Timo, que en ese momento eran los cinco miembros del Secretariado; hablo con ellos y les digo que yo no me voy del país, yo me meto a las FARC. Jacobo Arenas dijo: “No; no, no, no, Ricardo, esa no es la idea. La idea no es que gente como usted, profesionales, profesores universitarios, gerentes de bancos, empresarios, se vengan para las FARC; es que la idea nuestra es que las FARC se vayan pa’ las ciudades y crear un movimiento amplio, político, que le confronte en plaza pública al Partido Liberal y al Partido Conservador. Es una locura. Además la vida en la guerrilla es muy dura, esto no es fácil, esto es difícil; quédese aquí unos días y verá. Y yo me quedé esos días de diciembre. En esos días dieron la noticia; en una obra cultural un guerrillero dijo: “acabaron de matar en Medellín a seis estudiantes miembros de La Juventud Comunista y (inaudible) la noticia, y entonces Jacobo Arenas me dijo: “Hombre, Simón”... No, Ricardo, todavía no era Simón… “Hombre, Ricardo, si usted quiere

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seguir vivo y en la lucha, véngase para las FARC. Esto no va a quedar nadie vivo en esta masacre”.

VIDA GUERRILLERA
Yo así me vinculo a las FARC y me mandan para el 19 frente. Yo llegué al 19 Frente a finales de enero, comienzos de febrero del año 88 con la esperanza; todavía estaba el proceso de paz con Belisario Betancur, pero con la esperanza de que algún día se solucionara el problema por otros medios. Pero no, la guerra se fue profundizando, se fueron pasando los años; mi esposa y mis hijos quedaron en el exterior, yo en el país vinculado a mis trabajos, a mis tareas políticas y, claro, hice la vida de guerrillero de base, aprendí a caminar de noche, aprendí a cocinar, aprendí a hacer, a tender mi hamaca, dormir en el monte, bueno, todas esas cosas. A reunirme con los campesinos, con los estudiantes, con las mujeres del campo permanentemente. Darle curso a guerrilleros nuevos, darle curso a mandos sobre la historia del

país, sobre la economía del país y sobre la realidad política de Colombia. Y se fueron pasando los años, después vino la Asamblea Nacional Constituyente. Las FARC querían participar, presentaron un listado de 25 miembros que podían asistir a la Asamblea Nacional Constituyente. Jacobo Arenas y Marulanda incluyen mi nombre en ese grupo de 25 guerrilleros de las FARC que integraría la Asamblea Nacional Constituyente por parte de las FARC. Pero el día ese que iba a elegirse la representación viene el ataque a Casa Verde y eso acabó, pues, con todo el proceso. Después vinieron los diálogos regionales ya con el presidente Gaviria, después los diálogos en Tlaxcala. Yo no estuve ni en Tlaxcala ni en Caracas, pero sí vinculado a los diálogos regionales en la costa y especialmente en Valledupar. Luego vinieron los diálogos con Pastrana y me fui para allá, para el Comité Temático y luego para la mesa. Entonces, en síntesis es eso. Los compañeros míos de Causa Común, que nos vinculamos a la Unión Patriótica, que no se fueron

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para la guerrilla, a todos los mataron o todos viven en el exterior exiliados: abogados, médicos, administradores de empresa, contadores, empresarios, arquitectos; bueno, a todos los mataron porque no se fueron para las FARC o porque no salieron del país. Esa es la historia. Por eso yo estoy rebelado contra el Estado colombiano. Considero que las causas siguen vigentes, más aguda la situación. La rebelión es una alternativa para los colombianos rebeldes, revolucionarios… Correcto, señor Juez, yo hasta diciembre del año 1997 hice parte del Bloque Caribe de las FARC. El Bloque Caribe está ubicado al norte del país; yo le acabo de enviar un mapa de Colombia por correo electrónico, donde aparece dónde están ubicados todos los Bloques de las FARC, espero que le llegue. El Bloque Caribe está ubicado en el norte del país y lo integran 5 frentes: el Frente 19, el 35, el 37 el 41 y el , 59 Frente de las FARC. De ese Bloque Caribe, yo hacía parte del 41 Frente de las FARC; era el segundo al mando del 41 Frente de las FARC, el comandante era

Aldemar Altamiranda y yo era el segundo al mando. El 41 Frente de las FARC es un frente que en esa época se podía denominar mediano dentro de los frentes de las FARC. En diciembre del año 1997 yo recibo una comunicación del comandante del Bloque, Bertulfo, donde me dice que yo debo trasladarme al sur del país porque me llama el Secretariado, que entregue mi responsabilidad como segundo al mando del 41 Frente de las FARC porque yo me voy a demorar. Entonces, en diciembre de ese mismo año 1997 yo me desplazo hacia el sur del país y me voy a una región que está ubicada entre los departamentos de Meta, Caquetá y Huila, una zona muy fría en la cordillera, creo que es un parque natural, creo que se llama Los Picachos; en esa región me encuentro yo con otros seis miembros de las FARC que fueron llegando de otros Bloques y nos dan una tarea; la tarea me la da a mí Iván Ríos, que en ese tiempo era miembro suplente del EMC, y me dice que ambos candidatos a la presidencia, tanto Andrés Pastrana como Horacio Serpa, se

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han comprometido públicamente y con enviados que mandaban a hablar con el Secretariado, en el sentido de que si ellos eran nombrados presidente, despejarían los cinco municipios que solicitaban las FARC para iniciar un proceso de paz. Entonces el Secretariado había decidido conformar un equipo de investigación para que le presentara una propuesta sobre cuáles temas tratar y cómo tratarlos. Yo venía del Bloque Caribe. Allí yo había manejado durante muchos años la educación política. Yo estaba encargado también de la organización del Frente y entonces estaba actualizado con los problemas del país; además, yo había sido profesor universitario por diez años casi, dictando materias relacionadas con la economía colombiana y en mi actividad política había conocido con detalle los problemas de la costa atlántica. Había pertenecido a otras organizaciones de investigación de problemas económicos y sociales de la Costa Atlántica, y entonces el Secretariado me eligió a mí para que conformara

ese nuevo equipo de investigación sobre los problemas del país, y sobre esos temas discutir con el gobierno una posible agenda base. Y empezamos a trabajar, mes de enero, febrero, marzo de 1998, pero teníamos muchas dificultades para conseguir información especializada sobre problemas de la industrialización del país,sobre el tema agrario, sobre el tema del comercio exterior, sobre el crecimiento económico, cifras de carácter económico, problemas sobre la educación, sobre el empleo, sobre todos los problemas de la sociedad colombiana. El Secretariado autorizó que regresáramos a nuestras respectivas áreas e hiciéramos un estudio regional cada uno de nosotros, y luego integráramos esos estudios en uno solo. Efectivamente, yo regresé como en el mes de agosto para la costa atlántica, muy cerca a Barranquilla. En Cartagena estuve buscando información en universidades, en la Cámara de Comercio, en organizaciones como la ANDI regional del Atlántico, con grupos de investigación y con otros profesionales que trabajan con las FARC clandestinamen-

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te. Efectivamente, para diciembre de 1998 ya tenía yo ese estudio socio-económico y volví al sur del país a reunirme con los otros compañeros, que también habían regresado de sus regiones con la parte que les correspondía estudiar del occidente colombiano, de la parte oriental, la parte central del país y del sur del país, y de allí salió un primer borrador de propuesta para lo que después se llamó “Agenda Común por el Cambio para una Nueva Colombia”, la propuesta que presentaron las FARC al gobierno. El gobierno también presentó su propuesta; se integraron las dos propuestas y de allí salió el plan de trabajo. Participé primero como miembro del Comité Temático y luego como miembro de la Mesa Nacional de Diálogo

LA BELIGERANCIA
SIMÓN TRINIDAD: …Allí, en ese informe, se habla del 41 Frente de las FARC, y en el último folio relacionado con el Frente 41 de las FARC se dice “principales cabecillas”. En las FARC no hay cabecillas, en las FARC

hay comandantes de escuadra, de guerrilla, de compañía, de columna, de frente, de bloque o comandante de EMC. Pero ellos, los policías, los militares (inaudible) se han inventado un término de cabecilla; eso no existe. JUEZ: Indíquenos, señor Ricardo, cómo estaban conformadas en su poder las FARC; es decir, todos sabemos que se habla de una cúpula, ¿quiénes conformaban entonces esa cúpula? SIMÓN TRINIDAD: Sí, hay un enredo grande creado por la Fiscalía, porque la Fiscalía utiliza el término “Cúpula” de las FARC, tanto para referirse al Secretariado como para referirse al Estado Mayor Central(EMC), que son dos organismos distintos, y en un organismo como lo son las FARC –un organismo político-militar– no puede haber dos cúpulas, hay una sola cúpula. Sí. Una cúpula es el organismo máximo de dirección de cualquier organización, y más de una organización militar. Entonces, el término de cúpula en las FARC no existe, ese término es inventado por los fiscales y por militares; el término es EMC de las FARC, ese es el organis-

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mo máximo de dirección en las FARC. Ese EMC delega funciones en un órgano más pequeño en número de integrantes: de los 25 miembros del EMC, siete de ellos integran el Secretariado Nacional de las FARC. Además del EMC, que tiene su Secretariado, existen los Estados Mayores de Bloques integrados por nueve miembros, cinco principales y cuatro suplentes. En las FARC, hasta donde yo conozco, hay cinco Bloques de Frentes. Hay otros organismos que se llaman Comandos Conjuntos, que son organismos que controlan un número inferior a 5 Frentes guerrilleros. Hay dos comandos conjuntos, el Comando Conjunto Central y el Comando Conjunto de Occidente. Y hay hacia abajo otras estructuras que se llaman los Estados Mayores de Frentes; hasta donde yo conozco, las FARC tienen 60 Frentes y cada EM de esos 60 Frentes está integrado por 9 miembros, 5 principales y 4 suplentes. Cada uno de esos Frentes está organizado en Columnas, Compañías, Guerrillas y Escuadras. Una Columna tiene hasta 1 10 unidades guerrilleras; una

Compañía la mitad, o sea 55 miembros; una Guerrilla tiene la mitad de miembros de una Compañía, serían 24 sus miembros, y una Escuadra tiene 12 miembros, o sea la mitad de una Guerrilla. Precisamente, para explicar esta organización de las FARC, yo le envié a su colega, en el Juzgado Primero, un documento que se llama Organización Estructural de las FARC, porque en esto que yo le expliqué a usted de EMC, Secretariado, Estado Mayor de Bloque, Comandos Conjuntos, Frentes, Columnas, Compañías, Guerrillas y Escuadras, los organismos de inteligencia siempre han olvidado otro organismo, otra organización que existe dentro de las FARC, que son las llamadas Comisiones. Las Comisiones en las FARC son designadas por el EMC, por el Secretariado, para desempeñar tareas especiales, y es así como durante los diálogos de paz con la administración del presidente Pastrana, el Secretariado nombró una comisión especial que se llamó Comisión de Diálogo, integrada por los voceros en la mesa y por los miembros del Comité Temático en el Comité

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Temático Nacional. Este organisde estos órganos que hacen parte mo, dependiente del Secretariade la estructura orgánica de las do, nunca aparece en los inforFARC, que se llaman comisiones mes que presentan el Ejército, el y misiones. Entonces yo estaba en CTI, el DAS, la policía, pero sí es ese momento 2000, 2001, hasta un organismo que existe y en los el 2002 en la Comisión de Diáestatutos de las FARC se habla de logo con el Presidente Pastrana, eso. Voy a volver al documento nombrada por el Secretariado; conocido como el estatuto de las repito, sin mando sobre unidades FARC, trasladado por la señora militares porque era una tarea Fiscal 19 en 2004, 6 de enero. eminentemente política. La tarea Dice en el artículo 1 de los esta1 era adelantar la agenda común tutos, aquí en estas paginitas tiepara el cambio sobre una nueva ne la página 12, artículo 1 los 1: Colombia. cuadros dirigentes de las FARC-EP, desde los comandantes de escua- SIMON DEL PUEBLO dra, responsables, auxiliares, jefes de misiones, comisiones y unidaMINISTERIO PÚBLICO: Grades tácticas de combate hasta cias. De acuerdo a la referencia los miembros del EMC, asumen que usted hace y que acaba de mayores responsabilidades y resexplicar y bajo el punto de que ponderán ante la Conferencia el número de comandantes que Nacional de Guerrilleros y orgatiene la organización es bastante nismos políticos superiores (inaudiamplio, díganos, ¿cuál fue la cirble) de la orientación política de cunstancia, los motivos que dieron la organización, la educación y lugar a su importancia dentro de elevación de la capacidad militar la organización o, por lo menos, de los combatientes, así como del uno como ciudadano lo observacumplimiento del presente Estatuba en las noticias, ¿cierto?, para to, el Reglamento de Régimen Disque usted tuviera esa injerencia y ciplinario y las Normas Internas esa importancia dentro de la Instide Comando”. O sea, en este artítución? No todos tienen esa oporculo 1 se habla ya en concreto 1 tunidad dentro de la entidad.

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SIMÓN TRINIDAD: Sí, vea, esa respuesta me la dio una vez un periodista. Yo le estaba hablando al periodista de que yo era profesor de la universidad; que yo estaba interesado siempre en el estudio de la sociedad colombiana, y me dijo: “No, Simón. No me hable de eso; eso no es noticia. Hábleme de usted como gerente de banco; esa sí es la noticia que un gerente de banco esté en la guerrilla; esa es la noticia. Entonces ese periodista me dio a entender a mí que fabricar una persona importante es muy fácil, darle importancia a una persona es muy fácil con ese criterio de la prensa. La noticia no es que el perro lo mordió a usted; la noticia es que usted mordió al perro. Eso lo dicen en las escuelas de periodismo; en este caso yo soy el gerente de banco, el hombre que está yéndose para la guerrilla, o sea, mordiendo al perro. Entonces me dieron una importancia que yo no tenía, y los mismos informes del Ejército dicen: “Simón Trinidad es de las personas que más rápido ha ascendido en la estructura de las FARC”, y es puro parlan-

te del Ejército. No, no es así. Es cierto, en las FARC no todos los guerrilleros son profesionales; no todos han tenido la posibilidad de tener los privilegios que yo tuve de niño, de joven, de adulto, de pertenecer a una clase social con la solución de todos los problemas básicos, de pertenecer a clubes sociales, de estudiar en una universidad privada, de tener propiedades en fincas, de tener propiedades en comercio, de llegar a ser gerente de un banco. En todo caso, era un banco pequeño en esa época y en ruta a la nacionalización –como era el Banco del Comercio–; por los malos manejos de los altos dirigentes del banco terminó nacionalizado, hoy no existe, lo compró el Banco de Bogotá después. Pero le digo, señor Procurador, era engrandecer a Simón Trinidad; la noticia era esa y a los mismos guerrilleros les pasaba lo mismo. Yo llegaba a un sitio y me conocían, y los guerrilleros decían: “Mira, es que ese tipo tenía plata, ese tipo era rico, ese tipo es profesional, ese tipo era gerente de un banco”. Ese era también el comentario de los guerrilleros y las guerrille-

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ras, porque a la gente le llama la atención eso, pero no veían en mí lo otro; yo estoy en las FARC es por mis principios ideológicos, por mi posición política porque decidí respaldar y juntarme a los intereses de la mayoría de los colombianos del pueblo; el interés mío es buscar una solución para todos los colombianos a la pobreza y a la miseria, a la falta de oportunidades, a esas cosas. Yo soy enemigo declarado, como comunista confeso, de la propiedad privada, de la explotación del hombre por el hombre, pero a mí nunca me preguntan de eso: “Oiga, ¿entonces usted fue gerente de un banco y se metió a la guerrilla?” Esa es la noticia. En los informes de la policía, de la armada, se dice: “Es que Simón Trinidad pertenecía a la sociedad de Valledupar”. La sociedad de Valledupar son todos los habitantes de Valledupar, ¿por qué hacer esa diferencia de que yo sí soy de la sociedad, y el obrero y el jornalero no son de la sociedad? No, todos somos de la sociedad. Lo que quiere decir es: “No, Simón Trinidad es de la alta sociedad porque tiene un apellido, porque

tiene una posición económica importante, porque tiene propiedades, porque tiene varias empresas”. Entonces soy de la sociedad y así es la noticia: un tipo de “la sociedad” en la guerrilla, que no es la sociedad porque la guerrilla no está en ese nivel de prestancia, de alcurnia, de abolengos; eso es un concepto, una formación ideológica de la gente y en una sociedad de clases como la sociedad colombiana –dentro del capitalismo– se forman esos conceptos. Usted es importante o no es importante si trabaja en la Procuraduría, pero si usted trabaja como mensajero en una ferretería no es importante; entonces los periodistas caen en eso, los militares. Yo presté el servicio militar, yo conozco las Fuerzas Armadas, por lo menos la Armada Nacional, eso es un organismo elitista, clasista, racista y, sobre todo, de un arribismo impresionante y juegan los apellidos. En las fuerzas armadas, si usted tiene un hermano, un padre, un tío que fue militar, eso pesa; y ahora, si usted es militar y pasó de coronel a general, eso pesa, ya es usted general, ya hace parte de la sociedad, ya

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usted es una persona importante. El subteniente no; ese todavía no, así venga del pueblo, pero es un subteniente, pero si es un general y viene del pueblo ya es importante; además, ya ha tenido oportunidad de hacer platica, y tener negocios no solamente es una posición en la institución, sino también tener una posición en la sociedad de carácter económico. Mi familia no es una familia multimillonaria ni nada de esas cosas, o por lo menos de mi papá y de mis hermanos. Hay dentro de la familia mía, más amplia, gente

muy rica, pero yo gocé de privilegios, de poder estudiar en una universidad, en un colegio privado, el colegio Helvetia en Bogotá; de estudiar en la Escuela Naval, becado, de tener empresas, una joyería, imagínese tener una joyería; la mejor joyería de una ciudad, eso da prestancia, es ser de la sociedad. Usted tiene en la calle un sitio de vender paletas y no es de la sociedad; y ese tipo se fue a las FARC, entonces lo engrandecieron los medios de comunicación.

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Y SONIA TUVO LA DICHA DE CONOCER

EL MAR
JorGe eNrIque Botero

El camino de Simón Trinidad a la Corte comienza a las tres de la madrugada. A esa hora le llevan el desayuno a su celda. Jugo, leche y algunas harinas. Él se echa agua en la cara, se afeita y se enfunda el overol anaranjado, se pone sus medias y sus tenis. Y espera. Hacia las cuatro de la mañana le esposan las manos y le ponen los grilletes en los pies. Lo sacan de la celda de confinamiento y lo llevan a una especie de sala de espera, donde se van acumulando los otros presos que van a sus audiencias. Recién comenzado su juicio, Trinidad iba un día camino a la sala de espera cuando advirtió a la distancia (unos 30 metros) a una mujer que lo miraba fijamente. Ella también iba de anaranjado y escoltada, o sea que era reclusa. A medida que los dos se acercaban, ella seguía concentrada en él, hasta que le preguntó en voz alta: —¿Usted no es Simón Trinidad?

—El mismo le contestó él. —Pues se ve más chiquito que en televisión; en televisión yo lo miraba más grande. —¿Y usted quién es? preguntó Trinidad intrigado. — Yo soy Sonia dijo ella. Trinidad dizque sacó su mejor sonrisa y levantó sus puños esposados y se puso a gritar como loco. — ¡Vivan las Farc!, ¡viva Manuel Marulanda! — Mucho loco comenta Sonia. —A mi me dio fue risa y le respondí el saludo levantando también mis puños, pero no me puse a echarle vivas a nadie. Cuando ya se iba y se me perdía en la distancia, solo atiné a decirle: “Que Dios lo bendiga”. Le pregunto a Sonia si se ha vuelto creyente en la cárcel y me confiesa que toda su vida fue religiosa. —No una fanática rezandera, pero sí creyente. Debe ser por lo que nos inculcaron en la casa. En

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la guerrilla nunca me prohibieron tener mis creencias y nunca dejé de encomendarme a Dios y a la Virgen, sobre todo cuando íbamos para alguna pelea. Tengo a Sonia al otro lado de un vidrio blindado, gruesísimo y opaco, con un auricular en su mano izquierda. Cuando apareció en el área de visitas de DC Jail, la cárcel principal de Washington, casi no la reconocí, pero al instante me percaté de que era ella y le hice señales indicándole que yo era el que había pedido verla. Ella me miró con curiosidad tremenda, me detalló de arriba abajo, casi sin parpadear, me imagino que preguntándose “¿de dónde salió este man tan raro?”. Era la primera persona que la visitaba desde su llegada a Estados Unidos, dos años atrás. Tenía apenas una hora para saludarla y transmitirle decenas de mensajes de aliento que le mandaban y hacerle mi primera entrevista, así que aproveché cada segundo. Le dije que yo era el autor de Últimas Noticias de la Guerra, libro que le había hecho llegar por correo un par de meses

atrás, y ella abrió sus bellos y profundos ojos negros con una mezcla de sorpresa y alegría. Durante nuestra primera charla, de cinco que tuvimos, me hizo un apretado y fluido resumen de su vida, con su acento huilense totalmente intacto. A veces entre risotadas, por momentos entre sollozos incontenibles, pero siempre con una asombrosa seguridad de plomo. Aunque llegó a ser considerada la reina del río Caguán, Sonia fue una guerrillera común y corriente. Entró a las Farc a los 14 años, dejando atrás una familia numerosa de 12 hermanos, padre y madre. La pobreza y la sensación de que no tendría un futuro distinto al de su mamá (cocinar y parir y lavar ropa y aguantarse a su marido) se sumaron a la admiración que le producían los guerrilleros cuando pasaban por su casa. Todos eran jóvenes y se veían contentos, bien alimentados, seguros de sí mismos. Sus fusiles relucientes y su sonrisa permanente la sedujeron y una tarde se fue con ellos sin avisarle a nadie. Sin dejar siquiera una carta explicando su decisión.

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Al comienzo la vida guerrillera le dio duro. Había que madrugar a las cuatro y media todos los días. Pagar guardias de dos horas todas las noches. Cocinar, sembrar, hacer ejercicio, aprender de fusiles y pistolas, estudiar mínimo dos horas diarias y como si fuera poco a veces tenía que aprenderse poesías de memoria para recitarlas en la hora cultural. A medida que crecía se le acercaban más y más guerrilleros. Le decían cosas amables, alababan su belleza, su risa. La felicitaban por ser tan pilosa y le proponían que se asociaran, o sea que se hicieran novios y vivieran juntos. Pero a ella no le gustaba ninguno. Después de varios intentos fallidos, los frustrados pretendientes regaron el cuento de que ella era una creída, que se las daba de reina esperando conquistar a un comandante. Sin embargo, ella seguía su camino. Tenía muchas amigas y pedía regularmente que la mandaran a un combate. Decía que no había entrado a la guerrilla solamente para pelar papas o para aprender de odontología. Dos años después de su ingreso

a las Farc, la enviaron a un curso muy especial para manejar unos radios nuevos que habían llegado. Ella quedó fascinada con el asunto de las comunicaciones y se volvió una experta. Al poco tiempo la nombraron radista del comandante Perdomo y ella supo que por aquella vía por fin llegaría a los campos de batalla. Mientras tanto se dejó conquistar por un joven guerrillero que no le quitaba los ojos de encima desde el día en que la conoció, en el curso de radiocomunicaciones. Se llamaba Wilson y era de Peñas Coloradas, un pequeño pueblo de las orillas del río Caguán que los fines de semana se llenaba de raspachines (recolectores de hoja de coca) y de compradores y vendedores de pasta básica. Wilson la conquistó a punta de perseverancia. Cuando caía el sol y todos volvían al campamento, él la acompañaba a bañarse en el caño, le ayudaba a organizar la caleta y le echaba una mano con el estudio. Si ella estaba en la rancha, él se aparecía y le hacía compañía mientras la veía sudar frente a las ollas hir-

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vientes. “Se convirtió en mi ángel guardián, pero yo nada que le daba el sí”, relata Sonia, vestida con su uniforme anaranjado de presa de Washington DC Jail. “El asunto es que Wilson no me gustaba como hombre sino como amigo”, explica. Hasta que Wilson fue enviado a un curso de explosivos y ella lo extrañó desde el primer día de su ausencia, y se dio cuenta que lo quería. Se decidió a amarlo el día que le llegó el rumor de que Wilson se había asociado con una guerrillera muy bonita. El chisme no era cierto, aunque sí era verdad que Wilson coqueteaba con una muchacha. Por eso, cuando su pretendiente terminó el curso y volvió al campamento, Sonia no lo dejó llegar cuando ya lo tenía metido en su caleta, cubriéndolo de besos y pidiéndole que nunca más la dejara sola. Le pidieron permiso al comandante Perdomo para asociarse, pero en esos días los visitaba el camarada Fabián Ramírez, así que Perdomo delegó en su jefe la “bendición” de la nueva pareja. Su vida con Wilson fue tan feliz

que a los dos años tuvieron un hijo. Ella pasó su embarazo en el campamento, pero salió a parir a Cartagena del Chairá, el pueblo más grande de las orillas del río. Volvió a la guerrilla convertida en madre y logró pasar casi un año con su hijo, hasta que le dieron la opción de irse a criarlo con su familia o quedarse en la guerrilla sin el hijo. Sin pensarlo, se decidió por lo segundo y le mandó la criatura a la misma familia que había criado a Wilson, en una vereda remota del Caquetá. De allí en adelante su vida cambió radicalmente. Cada vez le

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daban más responsabilidades, y ella era más eficiente cumpliéndolas. La enviaron a decenas de combates, como radista. También le asignaban tareas en Peñas Coloradas. Allí hacía trabajo de masas. Organizaba a la gente, conseguía maestros para la escuela, enfermeras para los puestos de salud. Velaba por la tranquilidad del pueblito, especialmente los fines de semana cuando todos allí se emborrachaban. Controlaba la salud sexual de las prostitutas y la cantidad de gasolina que se le podía vender a los dueños de las lanchas.

ANAYIBE ROJAS VALDERRAMA, o SONIA. Prisionera Política del Imperio, recluida en la DC Jail, Washington, Estados Unidos.

Quienes quisieran navegar por el río tenían que pedir su autorización. La gente de “afuera” que llegaba debía registrarse con ella o con sus muchachos, y los compradores y vendedores de pasta de coca tenían que rendirle cuentas. En 1998 la mandaron a un combate. En la Columna guerrillera también iba Wilson. Él tuvo que ir al frente de batalla y en los primeros tiros cayó herido. Duró casi ocho horas tirado en un pastizal, pidiendo ayuda por radio, en medio de la angustia y la impotencia de Sonia, que escuchaba en su radio los llamados de auxilio de su hombre. Finalmente, cuando lo encontraron, él ya agonizaba. Lo subieron a una camilla y ella alcanzó a verlo cuando lo llevaban al hospital que la guerrilla tenía en la selva. A los pocos días le llegó la noticia de que Wilson había muerto y lo peor que habían tenido que enterrarlo lejos, en la profundidad de la selva. Unos meses después le llevaron una bolsa con los restos de su compañero. Los lavó y se quedó con los huesos de Wilson en la bolsa. Anduvo casi un año con ellos, hasta que la envia-

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ron en comisión a Peñas Coloradas y allí por fin lo pudo enterrar como él se merecía. Después de enterrar decentemente los huesos de Wilson en Peñas Coloradas, Sonia siguió su destino a las orillas del Caguán. De Peñas a Las Ánimas, subiendo hasta el río Guayas para caer a Rionegro. También Caguán abajo hasta Remolinos. Las palabras de su hombre agonizante se volvieron su compañía: —Tiene que seguir adelante, cuidarse mucho, mamita. Y tiene que decirle a nuestro hijo quién fue su papá. Para que él también sea un verraco, un luchador como sus padres. Si Wilson le había hecho falta cuando lo del curso, ahora nada podía llenar su vacío. Los compañeros de Sonia se dedicaron a acompañar su tristeza, a darle ánimo y a exaltar la figura del difunto. —Todos lo querían y sabían cuánto me quería, así que fui heredando lo que sentía la gente por Wilson. En febrero de 2004 asistió a una reunión con el comandan-

te Perdomo y con Fabián Ramírez. La reunión fue larga y como siempre salió llena de trabajo. Cogió camino para Peñas con tres pelaos: Pantera, Juancho y Ovidio. Tenía que gestionar unos repuestos para los motores de las lanchas y comprar gasolina. A eso de las cinco llegaron a Peñas y lograron hacer casi todas las vueltas. Comieron y se quedaron un par de horas en el pueblo, terminando de cuadrar vainas. A eso de las ocho agarró camino para la finca de su hermano, donde decidió que pasarían la noche. No había ni el más mínimo indicio de chulos en la zona. Llegaron a eso de las diez y su hermano y su cuñada ya estaban dormidos, pero ella tocó la puerta varias veces hasta que se levantaron. Les ofrecieron borugo y ellos aceptaron aunque ya habían comido. No todos los días se come borugo. Se pusieron a echar carreta hasta tarde. Ella se acostó en ropa interior, dejó el fusil tirado en el piso y se dispuso a dormir profundamente. Los otros pelaos se ubicaron en diversos lugares de la casa y como no había seña-

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les de chulos, ni siquiera pusieron guardia. A eso de las tres de la mañana un ruido abrupto y ronco se fue metiendo en la casa. Ella comprendió rápido que se trataba de helicópteros, se asomó por entre una rendija y vio claramente un enorme aparato cuyas aspas prácticamente rozaban la casa. Tenían a los chulos en frente, descendiendo de la aeronave. Manadas de chulos. Se vistió en un santiamén, tomó su fusil, el radio y una libreta llena de nombres. Poco a poco fue reuniendo a los pelaos. Logró dar con Pantera y con Juancho, pero no con Ovidio. La oscuridad era tremenda y ellos se movían como sombras tratando de buscar un camino de escape. Si lograban salirse al monte nadie los alcanzaría. Pero su única salida estaba bloqueada por un corral de gallinas. Se metieron al baño. Los tres. Armados y decididos a volarse o a morirse. Los chulos entraron a la casa y abrieron la puerta del dormitorio del hermano con una patada. Seguían buscando, escudriñando la casa, sus rincones, sus cuartos. Con el paso de los minutos se acercaban al baño

irremediablemente y, a medida que lo hacían, Sonia estaba más decidida a salirles, con fuego a discreción, en busca de una huída suicida. Pantera se oponía a la idea y Juancho no decía nada, solamente se quejaba de que se sentía mareado. De repente, los chulos quedaron a menos de un metro y Juancho dio un brinco con la pistola lista para disparar, pero antes de que lo hiciera recibió un certero tiro en la cara y cayó muerto de una. Los soldados siguieron su camino al baño y Pantera dijo que salía con las manos en alto, que le respetaran la vida. Sonia seguía en silencio, escondida, la mano izquierda apretando la culata del fusil, con el dedo índice de la derecha en el gatillo. Apenas salió Pantera lo tiraron al piso, boca abajo y le pusieron un pie en la nuca. Sonia seguía en silencio esperando su momento, pero Pantera la delató. O tal vez le salvó la vida. “No vayan a matarla a ella”, gritó. “A ella no la maten”. Sonia comprendió de inmediato que no tenía salida, pero siguió inmóvil, escondida en el baño. Los soldados le hablaron: “Entregue el arma y le

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respetamos la vida”. La trompetilla de su fusil expelía un breve brillo y un soldado metió la mano al baño y agarró el AK por la punta. —Suéltelo le ordenó a Sonia y ella le entregó el fusil, al tiempo que era lanzada al piso, también bocabajo. Cuando vio cómo tenían a Pantera, les reclamo a los chulos: —Ya está esposado, ya lo tienen sometido, quítenle el pie de la nuca. —Cállese, perra le gritaron. Pero ella no se calló y los chulos le quitaron el pie al muchacho de la nuca. Ovidio se había metido en la marranera y se les fue saliendo despacito, poco a poco, hasta que estuvo a unos cien metros de la casa y logró escaparse. Sonia solo pensaba en que los chulos no encontraran la libreta que había dejado encaletada en el techo del baño. A eso de las cinco de la mañana terminó el operativo y los montaron en el helicóptero: iban Sonia y Pantera y el cadáver de Juancho. También su hermano y su cuñada, y la señora que les

hacía la comida a los trabajadores, su hijita de dos meses de nacida y una señora enferma que se estaba quedando en la casa. También montaron al aparato bultos con cosas recogidas en las dos horas. Unos kilos de pasta de coca y 27 millones de pesos del hermano de Sonia. Las armas de los guerrilleros y el radio que les habían dado unas horas antes. Las fornituras y un poco de güevonadas recogidas a la carrera por los soldados. Los llevaron vendados. Llegaron a Larandia y de allí los trasladaron al Liborio Mejía. En Larandia, cuando todavía amanecía, los metieron en una oficina grande, donde varios agentes gringos se burlaron de ellos. Les hacían señales obscenas con los dedos. A Sonia la llamaban por su nombre. Celebraban la conclusión de un bien planeado operativo, que incluyó la infiltración de teléfonos satelitales en las filas guerrilleras. La mujer que armó la escena para que Sonia apareciera como narcotraficante vive hoy en los Estados Unidos, con 16 personas: familiares y parte de la servidumbre que tenía en Colombia. Fue incluida en el pro-

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grama de protección de testigos. —Iban por mí asegura la guerrillera, mirándome a través del cristal de la sala de visitas, que está atestada este lunes 25 de junio, el día de mi cumpleaños. Sonia también acaba de cumplir años. Cuarenta años. Celebramos a través del vidrio. Chocamos las palmas de las manos contra el grueso cristal y reímos. Se le ve tranquila, aunque su rostro delata huellas de una tristeza larga, acumulada en la soledad y el aislamiento. Desde que llegó a los Estados Unidos ha permanecido en una celda de 2,70 por 1,80. Tiene una cama con colchoneta. El piso y las paredes son de baldosas. Las ha medido y las ha contado. En la celda también hay un lavamanos y un inodoro y una mesa con dos cajoncitos. Me cuenta que hace unos días la llevaron a la Corte. Iba con otros presos hispanos y ellos miraban asombrados el helicóptero que acompañaba la caravana y oían las sirenas de las motos que abrían camino entre el tráfico de Washington. Los presos se preguntaban qué pasaba, por qué tanto alboroto, hasta que le pre-

guntaron a Sonia: —¿Usted de dónde es? —De Colombia contestó ella. —¿Y cómo se llama? — Sonia. — Ahh!, con razón comentaron los otros al unísono. En las paredes de su celda, Sonia tiene dos fotos. La de Wilson y la de su hijo. El niño está con una camisa azul, pantalón azul y zapatos negros. Es la foto del día que cumplió 1 años. 1 Ahora tiene 14. Únicamente sale de su celda para bañarse los martes, los jueves y los sábados. Durante el baño, aprovecha para lavar su ropa interior. “Casi no puedo bañarme, pues el agua sale hirviendo”, dice. La celda de Sonia es como una vitrina. No tiene privacidad alguna. La puerta es mitad metálica y mitad vidrio. La única ventaja es que puede ver todo lo que sucede en el área. Su único contacto con el mundo. “A veces se agita el patio. Este lugar es como un área de distribución de las presas que van llegando. Me han tocado tremendos tropeles. El otro día una negra levantó a una guardia-

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na a puños. Le dio durante casi 10 minutos”, relata Sonia. Al desayuno toma leche y jugo. En las otras comidas el menú varía entre fríjoles y salchichas, pasta y carne. Como tiene esa ventana en la puerta, siempre hay luz en su celda. Casi no duerme. A veces llega el desayuno y no ha dormido ni un minuto. Claro que no es tan extraño: el desayuno llega a las tres de la mañana. Sonia dice que su abogada, Carmen Hernández, una mujer cubana de pelo blanco que llegó a Estados Unidos con sus padres cuando era una niña, a comienzos de los años 60, es una gran profesional. Está agradecida con su abogada, quien no solo hizo una gran defensa durante el juicio, sino que le apoyó con algo de dinero para sus gastos en la cárcel. El juicio fue brutal. Llevaron decenas de testigos en su contra. “Todos testigos falsos”, asegura Sonia. Ellos, según la guerrillera, atestiguaron cosas descabelladas. Por ejemplo, que Sonia se reunía en Panamá para sus nego-

cios de enviar cocaína a Estados Unidos. “El pueblo más grande que conozco es Cartagena del Chairá”, comenta Sonia y se le quiebra la voz y se le nublan los ojos con unas lágrimas que no se atreven a salir del todo. Mientras ella habla, aparecen en mi memoria algunos destellos de aquel pueblo lejano e hirviente, levantado por colonos en las orillas del río Caguán a comienzos de los 60. Lo conocí en 1998 cuando las Farc entregaron unilateralmente unos 80 soldados que habían capturado tras cruentos combates en una vereda cercana llamada Las Delicias. El lugar no tenía más de 10 mil habitantes y estaba conformado por una gran calle principal, a lado y lado de la cual se levantaban casas de madera de dos pisos. Las que no eran tiendas, eran bares. Al fondo de la calle, a la izquierda, estaba la iglesia, y contiguas, las ruinas de lo que alguna vez había sido el cuartel de policía. En sus escasas paredes quedaron las huellas del ataque guerrillero que destruyó el lugar. Ahora el cuartel es usado por decenas de niños que juegan

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con pistolas y fusiles de plástico. Me imagino que el juego se llamará “guerrilleros y policías”. —A Panamá no la conozco ni en las noticias –dice Sonia. Nuestra primera hora de encuentro va llegando a su final y las palabras se atropellan. Antes de que la enorme guardiana negra que la custodia venga por ella, me alcanza a contar una de sus anécdotas favoritas. Antes de que la extraditaran, estando en el patio séptimo de la cárcel del Buen Pastor, en Bogotá, fue sacada abruptamente de su celda: “Cuando me levantaron apenas estaba amaneciendo. Me dijeron que empacara algo de ropa y me subieron a un vehículo militar. Yo preguntaba para dónde me llevaban, pero nadie me decía nada. La guardiana que me llevaba solamente me decía: “Tranquila que es por su seguridad, mamita”. Después de media hora de camino llegamos a un aeropuerto y nos subieron a un avión, también militar. Volamos casi una hora, cuando de repente yo miré por la ventanilla una gran mancha de agua. Le pregunté a mi guardiana dónde estábamos,

pero ella no sabía. Cuando bajamos del avión hacía un calor terrible. Yo miraba y miraba el lugar, hasta que descubrí dónde estábamos. Era la Base de Juanchaco. Yo me di cuenta porque algunos años atrás, durante el gobierno de Gaviria, me había llamado la atención una noticia que salió por la televisión sobre una escuela que construyeron los militares gringos en Juanchaco. Pregunté y preciso: estábamos en Juanchaco. De allí nos montaron en un helicóptero y nos llevaron, a la guardiana y a mí, a una fragata de la Armada que estaba muchos kilómetros adentro. En la fragata pasé más de 20 horribles días, vomitando todo lo que comía, con un mareo eterno. Pero había tenido la dicha de conocer el mar, periodista. ¿Cómo le parece?. Ocho meses después de nuestro primer encuentro, el 3 de julio de 2007 asistí a la audiencia en , la que Sonia fue sentenciada. Ella llegó a la Corte con su uniforme anaranjado, acompañada de otros dos acusados que hicieron parte del mismo proceso. Se veía diminuta en el gigantesco salón de la Corte, situado apenas un

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piso más arriba de donde estaban juzgando por segunda vez a Simón Trinidad. Tan pronto el juez James Robertson apareció en escena, la abogada de Sonia inició un largo alegato solicitando la anulación del juicio. Dijo que varios testigos habían vertido testimonios falsos y evidentemente contradictorios, y denunció que su clienta había sido sometida a lo largo de casi dos años a vejámenes, aislamientos y confinamientos. Calificó la decisión del jurado de “abominable” y alertó al juez sobre la solicitud de 60 años de cárcel para Sonia hecha minutos antes por la Fiscalía: “Si usted atiende la petición de la Fiscalía, ella nunca más en su vida verá a su hijo”. No satisfecha con lo anterior, Carmen Hernández opinó que lo sucedido con Sonia era “una atentado a la Constitución de los Estados Unidos”. El juez Robertson la miraba atentamente y en varias ocasiones tuvo que bajar la cabeza. Ella vestía una chaqueta roja sobre una blusa blanca y pantalón negro. Su blanca cabellera se agitaba

permanentemente mientras exponía sus argumentos. A las 1 1:50 de la mañana, Robertson inició la lectura de la sentencia. Sonia no le quitaba los ojos de encima. Su rostro delataba una terrible ansiedad, tenía la cara roja, a punto de estallar. De repente apareció en la sala Guillermo Reyes-González, viceministro de justicia de Colombia, y los fiscales del caso solicitaron al Juez que permitiera testificar al funcionario. “Él –dijeron– ha venido hasta aquí para decir, a nombre de su gobierno, que espera una condena ejemplarizante contra Sonia y que los 60 años propuestos por nosotros no van en contravía del tratado de extradición entre Colombia y Estados Unidos”. Las decenas de personas que se aglomeraban en el área del público miraron al viceministro cuando se paró y –muy sonriente– se presentó ante el Juez. No sé si todos lo presentes experimentaron la misma sensación, pero yo debo confesar que pocas veces en mi vida había sentido tanta vergüenza. Vergüenza ajena, por supuesto. Era patético ver allí a un

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representante del gobierno de mi país, asegurándose de que una compatriota recibiera la mayor condena posible en un tribunal de otro país. ¡Asqueante! Robertson hizo caso omiso de la solicitud de los fiscales y dejó a Reyes-González con su discurso enmochilado. Se concentró en sus apuntes y, en medio del asombro colectivo, anunció la sentencia de Sonia: 200 meses. Los periodistas sacamos cuentas rápidamente: un poco más de 16 años. Teniendo en cuenta que Sonia estaba detenida desde febrero de 2004 y que podría obtener créditos por buena conducta; tal vez volvería a Colombia en 1 años, a la 1 edad de 51 años. A la una de la tarde el Juez le dio la palabra a Sonia. Carmen Hernández y ella habían tenido una larga conversación previa, así que cuando se acercó al estrado tenía en orden sus palabras. Primero saludó al Juez con respeto. La escena estaba cargada de emoción. Ella, diminuta, con sus ojos negros y profundos bajo unas cejas frondosas, enfundada en su uniforme de reclusa, se dirigía al Juez con voz temblorosa,

casi inaudible. Él la observaba desde su pequeña torre, casi dos metros más arriba, pero no tenía la apariencia de un hombre duro e inflexible. Alto, más bien flaco, con el pelo totalmente blanco, metido en su toga negra parecía un ser ecuánime y hasta generoso. Sonia denunció que la mantenían encerrada las 24 horas del día, sin posibilidad de comunicación con el mundo exterior. Después miró fijamente al Juez y le dijo con todas sus letras: “Soy inocente”. Con aquella frase se hizo un silencio helado en el recinto, que Sonia aprovechó para hacerse dueña del lugar: “Me fui a las Farc por la pobreza. Vivía con mi familia en una zona apartada, sin presencia del gobierno. Únicamente pude estudiar dos años. Cuando iba a la escuela no tenía zapatos. En mi casa no alcanzaba para que yo y mis hermanos tuviéramos zapatos. Me puse mis primeros zapatos el día de mi primera comunión. De repente comenzó a pasar la guerrilla por mi casa. Los conocí y me fui con ellos. Estuve en la guerrilla por 14 años, pero como un miem-

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bro más. No como se ha dicho aquí y en los medios. Me capturaron y me llevaron a Bogotá. Solamente me juzgaron por el delito de rebelión. A los tres meses me llegó una solicitud de extradición, a los 13 meses me extraditaron. Aquí he sido condenada”. Tras el apretado resumen de su vida, pasó a cosas más concretas. Dijo que ella no había cometido crímenes ni delitos de lesa humanidad, ante lo cual le pidió al Juez que le quitaran las condiciones de confinamiento. Relató que estuvo un año en mejores condiciones, con el resto de la población carcelaria. “Pude estudiar algo y aprendí algo de inglés, pero en octubre volví al aislamiento”. Dijo que aquella condición no constituía una tortura física, pero sí sicológica. Y –entre sollozos– le pidió al juez Robertson que no la enviara a una cárcel de máxima seguridad. “Quiero estudiar, aprovechar los años de sentencia para aprender el idioma y tener una carrera”. Robertson la miraba fijamente cuando ella concluyó su súplica:

“No me mande a una prisión de máxima seguridad, señor Juez. Hoy yo estaría loca si no es por Dios y por mi fuerza de voluntad. La vida de mi hijo está en sus manos”. Bañada en lágrimas, Sonia regresó al lado de su abogada. Escuchó cuando el Juez dijo que haría todo lo que estuviera a su alcance para aliviar las condiciones de su cautiverio, y oyó cuando su abogada anunció que apelaría la sentencia y pediría un nuevo juicio. Y en medio del asombro de todos, también oyó cuando Robertson admitió que al menos uno de los testimonios usados por los fiscales era “poco creíble”. La sesión terminó. Sonia se perdió por la puerta por la que había llegado y terminó el día en la misma celda de aislamiento de la cárcel situada en la zona de Armony Stadium. Cuatro días después, el lunes siguiente, fui a verla a la prisión. Llegó al área de visitas con una seguridad que me impactó. Tomó el auricular con evidente ansiedad, se sentó frente a mí y dejó salir una gran sonrisa. Le pregunté

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con un gesto, sin palabras, cómo se sentía y ella se tomó un par de segundos antes de decir: “Yo toy contenta”. Había hecho las cuentas y sentía que de alguna manera había obtenido una pequeña victoria. Los fiscales esperaban 60 años de condena y ella saldría en 1 1, “a la tierna edad de 51 años”. Aquella tarde las autoridades del penal se habían puesto estrictas y sólo nos permitieron media hora de visita. Los gastó todos en peticiones: mensajes para su hermana Ruth, para sus padres y –sobre todo– para el niño. También para sus camaradas en la selva. “Que ojalá haya intercambio pronto y que liberen a todos los que tienen en el monte”, dijo. Un par de meses más tarde, cuando ya ella había sido enviada a Fort Worth, el lugar escogido por el buró de prisiones para cumplir su sentencia, casi vuelvo a verla. Estuve en las puertas de la prisión, situada dentro de una gigantesca base militar, en el estado de Texas, pero se me impidió el acceso. La autorización para visitarla, obtenida tras engorrosos trá-

mites, sólo incluía a la senadora Piedad Córdoba, quien ya actuaba como intermediaria para un acuerdo humanitario, nombrada por el mismísimo presidente Uribe. Al salir de la reunión con Sonia, que duró casi cuatro horas, la senadora estalló en llanto. “Es un crimen que una mujer como ella haya sido condenada, acusada de enviar toneladas de cocaína a Estados Unidos. Es lo más absurdo que he visto en mi vida”, comentó entre sollozos Córdoba. En sus manos traía una foto que se había tomado con la guerrillera. Sonia se veía diminuta, como siempre, pero había un brillo nuevo en sus ojos. Piedad Córdoba mostró la foto a un grupo de periodistas que habían sido enviados hasta Fort Worth para cubrir su visita. “¿Qué fue lo que más le impactó, senadora?”, preguntaron mis colegas. Y Piedad soltó una bomba: “Sonia manda decir que si ella es un obstáculo para el intercambio humanitario, que la saquen de la lista de canjeables”.

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LAS Y LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA
LOS PROCESOS DE RUPTURA COMO ESTRATEGIA JUDICIAL Y POLÍTICA DE DEFENSA
zás encubrir los verdaderos responsables. No es extraño para mí el método trasnochado aquí aplicado por la Fiscalía, el cual no es más que acusar con impulsos pasionales a los rebeldes tomando como base una simple acusación o un informe policial, reforzados por aquellos prearreglados de un supuesto testigo. ¿Y la prueba científica donde está? Trae muchos argumentos con lujo de detalles, pero nada tangible. Pregunto, señor Juez: ¿Es suficiente para juzgar a un acusado una simple acusación sin tener prueba? El señor fiscal no pudo comprobar en su informe que Tulio Murillo Ávila es responsable de tal acusación. Estaría bien que lo presentara como una probabilidad, como una simple sospecha, porque nada de lo que se me acusa está demostrado y jamás lo podrá comprobar, porque simplemente

TULIO MURILLO ÁVILA, o ALONSO. Prisionero de Guerra recluido en la Cárcel de Máxima Seguridad La Tramacúa, Valledupar-Colombia.

PALABRAS AL SEÑOR JUEZ
Señor Juez: Solicito que revise con suma atención el informe que la Fiscalía ha traído como elemento probatorio, en el cual pretende hacerme condenar. Tengo que denunciar el innoble papel que está jugando el Fiscal al violar los principios básicos de una investigación seria, objetiva y científica, con lo cual busca solo desviarla y confundirla, o qui-

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no soy responsable. Los revolucionarios damos la cara con orgullo y dignidad por lo que hacemos, porque siempre actuamos por conciencia, así como lo hago hoy en este juicio; pero ante falsedades como esta, preferimos morir que faltar a la verdad. En su informe el fiscal trae pruebas de los hechos, pero no de mi responsabilidad en ellos; pues aquí no trae prueba legal, por lo que no podrá ser jurídicamente aceptable. Dice que fui determinador pero no lo comprobó científicamente, y las simples abstracciones o deducciones no podrán ser pruebas legales jurídicamente. Si bien es cierto que trae pruebas de unos hechos materiales, ni siquiera eso demuestra que hayan sido las FARC-EP, y menos mi participación en dichos hechos; por lo que el subjetivismo no podrá ser motivo para juzgar a nadie, ya que se tiene que demostrar, y eso solo se logra con una investigación para que se produzcan las pruebas científicas. Pero aquí nada de esto ha ocurrido; pregunto, señor Juez: ¿Para qué está hecha la tecnología? ¿Acaso el Estado no la tiene?

Por el solo hecho que reconozca ser un combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo –FARC-EP–, convencido de mi justa causa, leal a los principios y al pueblo por quienes brindaré mi sacrificio donde sea necesario, esto no puede ser elemento probatorio de un delito que se me imputa; menos aun por el simple seudónimo de “ALONSO”, como si tan solo las FARC-EP se movieran en la zona. Señor Juez, muy respetuosamente lo invito a conocer la dramática y dolorosa historia de los últimos veinte años de la salvaje violencia paraoficial en la otrora próspera región del oriente antioqueño, que ha sufrido desde el bloqueo económico, pasando por el asesinato selectivo de sus dirigentes sociales y agrarios a manos criminales del ejército y policía en contubernio con los paramilitares, en las múltiples operaciones militares ejecutadas por la IV Brigada con sus batallones en la zona y los diferentes grupos del paramilitarismo. Como también es cierto que, además de las FARC-EP, también operan los compañeros del Ejér-

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cito de Liberación Nacional-ELN como respuesta a la represión oficial. Usted, señor Fiscal, no podrá conducir al señor Juez en este juicio, con el juego del discurso distractor y romántico al cual está acostumbrado cuando acusa a revolucionarios, pues ya lo conocemos y ese es su marcado estilo para convencer a los jueces. Reitero que, ¿dónde está su prueba científica?; es más, si hubiesen sido las FARC-EP, tampoco prueba en nada que Alonso, como orgánico del Bloque Iván Ríos, es responsable. Señor fiscal, sea sincero, usted no investigó y aquí no se puede venir a improvisar. Se requiere de una demostración fehaciente, que no existe porque usted negoció una versión con un individuo, lo cual demuestra la mediocridad tan grande con la que usted trabaja. Pero también, qué tan lánguido y peligroso y muy cínico e irresponsable en su trabajo. Por lo que está cayendo en prevaricato por omisión al no investigar tal cual lo rezan sus códigos y, por el contrario, trae una exposición folclórica, antiestética, sin el

mínimo respeto por el profesionalismo; en el afán por desahogar su marcada sed de venganza contrarrevolucionaria, para cobrar nuevamente mi condición política de opositor al régimen. Qué método tan corrupto y facilista es el suyo al comercializar con las investigaciones judiciales, siendo tan putrefacto que me produce asco. Por lo que tengo que decir que eres un profesional sinvergüenza, porque compra versiones al más bajo estilo de la corrupción, para suplantar la investigación armando los falsos positivos jurídicos al mejor estilo de los militares, matando la verdad para darle vida a la impunidad. Por lo que estoy absolutamente claro de que lo que en su régimen llaman justicia, está manoseada por supuestos testigos con oscuros intereses; es tal la enfermedad de su anacrónico sistema investigativo y judicial, que cumplo cinco años de estar preso y no me han podido condenar, porque no encuentran más inescrupulosos que se presten para tal fin. Pero tampoco me absuelven cuando dicen tenerlo todo claro, saberlo todo, verificado y com-

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probado a través de una corte de renegados, desertores y traidores que funcionan al servicio de la inteligencia militar, quienes son contratados por la fiscalía como simples sapos, haciendo no más que encausar a personas de las regiones por el solo hecho de vivir en las zonas guerrilleras. Les ponen como testigos “1-A” a mercaderes y traficantes de los falsos positivos jurídicos, políticos y militares, con tan lucrativa pero odiosa e inhumana marrullería jurídica, colmada del cinismo, a punto de caer en lo más bajo de la miserableza humana, como simples y vulgares sapos. Senor juez: ¿Cómo es posible que por un problema personal de carácter sentimental o pasional con el señor que tiene la fiscalía como testigo rey, sea utilizado como venganza el mismo traidor de mi organización, más conocido como Vladimir, porque cuando él estuvo en el Frente del cual orgullosamente soy orgánico, en alguna ocasión quiso enamorar a mi compañera sentimental. Pero como ella no le correspondió, entonces se desmoralizó y, como todo cobarde ideológico, desertó

para ponerse en el más deshonroso trabajo de zapa, siendo utilizado por la Fiscalía y la Inteligencia Militar como prueba reina para juzgarme. Por esto insisto, señor Juez, que me produce asco al ver qué tan sucios y bajos son estos métodos de acusación donde ha caído lo que ustedes llaman justicia investigativa, al tener que utilizar todo este tipo de malabarismo con testigos de esa calaña por parte de la “honorable” Fiscalía colombiana. Eso no es en serio, señor Juez. Qué falta de respeto hay en este juicio por parte del Fiscal, por lo que no podrá ser ni jurídica ni políticamente aceptable, ya que el interés del “supuesto testigo” no es más que la venganza, mientras que el del Fiscal es desahogar el odio que profesa contra un digno combatiente revolucionario que orgullosamente pertenece al Ejército del Pueblo. Además, el supuesto testigo está embriagado por el dinero fácil que a manos llenas y sin control derrochan y derraman en batallones y fiscalías del país, para pagar sapos que venden sus versiones a la fiscalía como verdadera sepulturera profesional

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de la justicia y la libertad, matando la verdad para darle vida a una infamia y la impunidad. Usted, señor Juez, con todo respeto pero con mucha sinceridad, no se deberá prestar para ese juego o maroma de circo con sus carnavalescos y cínicos montajes. Por lo anteriormente expuesto y con la autoridad moral y ética que nos caracteriza a los revolucionarios, hoy en esta sala, donde se me juzga, tengo que decir que no podrá ser más cínico, pícaro, irresponsable y mentiroso el informe de la Fiscalía, que raya con cualquier nivel de moralidad, ética y profesionalismo con su supuesta investigación, porque jamás existió. Por lo que reto a cualquier ente investigativo de Colombia o el mundo, que quiera investigar, para que compruebe si el mentiroso soy yo o el dúo fiscal-testigo, pues resulta, señores, que los hechos están ahí plasmados en la historia de dolor y guerra en el oriente antioqueño, por lo que por muy bien argumentada, montada y maquillada que traiga su falsa acusación, jamás podrá hacer cambiar la lógica,

la verdad ni la razón. Me queda claro también que, además del “testigo”, usted, señor Fiscal, también es un gran mentiroso, inepto e irresponsable; no solo por ser experto en montajes, sino porque está estafando a su institución y al Estado que creen que usted desarrolla un trabajo profesional, por el que pagan muy bien, mientras que cínicamente y sin el mínimo escrúpulo hace un trabajo sucio e inmoral para deshacerse olímpicamente de un rebelde que, con dignidad, se enfrenta a sus burdos montajes. Así que a usted, señor Fiscal, no le interesa investigar un delito como tal, del cual se acusa a un guerrillero de las FARC-EP, porque ese odio visceral tan mezquino y vengativo que profesa contra los rebeldes no se lo permite. Mire usted como se tiró esta investigación. Pero así trate de electrocutarme con su destellante discurso, lleno de falacias y sandeces, no lo logrará, porque jamás podrán existir dos verdades diferentes de una misma cosa. Por eso espero que al menos el señor Juez examine objetiva y cuidadosamente este caso, porque lo que hay

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detrás de todo esto es una careta de justicia política vengativa, mientras que la verdad es otra y está oculta. Existe la lógica irrefutable de los hechos, que reitero, ahí están; los podrán verificar, ya que el facilismo del Fiscal no permitió hacerlo. Filosóficamente, los revolucionarios estamos convencidos que juzgar y condenar a un no culpable es quizás más grave y violatorio de la dignidad humana, que absolver a un responsable. Aquí el señor Fiscal acomodó unas respuestas a sus propias preguntas, respondiendo a sus necesidades para formalizar la acusación con respuestas absolutamente inexactas, pues tenía esa necesidad para imaginárselas y eso es ridículo; no podrá ser serio ni objetivo esto, y con eso se me pretende condenar. Si me van a juzgar, júzguenme por ser un revolucionario, un rebelde, un digno soldado bolivariano que cuenta con su moral de acero e indómito para su régimen clasista –excluyente y oligárquico–; que lucha para derrotarlo con las armas y no para atentar contra la sociedad, porque eso es fal-

so. Hoy he comprobado una vez más que a los fiscales en Colombia los han adiestrado lavándoles sus cerebros, cambiándoles la empaquetadura para inyectarles el veneno en sus conciencias y sus sentidos para defender, como a los faraones egipcios, ciegamente, a esa clase política narcoparamiltarizada que detenta el poder en Colombia; sin importarle que sea la minoría en detrimento de las grandes mayorías. Esta es otra de nuestras verdades, pero a ustedes les incomoda y si no es así, demuéstrenme lo contrario; aquí nos daremos cuenta quién es el verdadero bandido y antisocial, si somos los revolucionarios o su régimen, por eso este juicio es político, pero ustedes lo han enmascarado de jurídico. Respetados doctores, en su sistema político-jurídico la justicia está tan viciada, llena de imperfecciones y nutrida de criminalidad, pasando por encima del Estado Social de Derecho, que tiene que reprimir violentamente, no solamente con sus fuerzas oficiales sino para-oficiales, y en busca no de la justicia y defensa de la Constitución, sino para silenciar a

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sus opositores, como en este caso donde la Fiscalía brilla por sus diabólicas acusaciones. Es por eso que mi conciencia está tranquilla y en paz con el pueblo, y si me van a condenar, será por lo que les he dicho hasta la saciedad: por odio y venganza política contra un combatiente de las FARC-EP. Que jamás aceptó sus vulgaridades y repugnantes chantajes con propuestas para que traicionara a mi lucha, al pueblo y a mis queridos camaradas; por lo mismo han extraditado a los dignos camaradas –de quienes me siento muy orgulloso– Simón Trinidad, Sonia, Iván Vargas, entre otros revolucionarios, a las mazmorras de EEUU; o como a muchos revolucionarios que han torturado, matado, desaparecido o encarcelado, además de los millones de desplazados, desterrados por el régimen que ustedes defienden y eso lo tengo muy claro. Les pregunto: ¿Con eso han solucionado el problema social y político de este país? Si los responsables del problema somos los cien mil presos que hay en

Colombia, entonces, ¿qué esta pasando a extra muros? Reitero que el problema de esa anacrónica estructura social y política instaurada por su régimen es sociopolítico y económico, y eso no se soluciona con eternas condenas; la solución es por lógica: como son sus motivos y orígenes político y social, deberá ser su tratamiento. Hoy en sus estrechos calabozos aún tengo la fuerza y la facultad para pensar en silencio, e identificar cómo es que ustedes protegen la miserableza de una clase que se cree dueña de la vida y de la libertad de los hombres que, según la Constitución Política colombiana y la carta o protocolos de DD.HH. de las Naciones Unidas, nacieron “libres”, pero por el hecho de no ser serviles borregos ni al régimen ni al imperialismo mundial, entonces somos juzgados como narcoterroristas, asesinos o secuestradores. ¡Eso no es verdad! Así es que sin importarme el estrecho ni putrefacto calabozo donde el señor Fiscal me quiere hacer enterrar, ahí estaré firme y respirando aires de dignidad, porque para nosotros siem-

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pre el decoro será más fuerte que el dolor; además, su sistema no tiene la razón y por ello seremos indomables ideológicos. Sus calabozos, en lugar de ablandarnos, nos convierten en doblemente rebeldes. Eso tampoco lo duden señores. Ahora bien, aquí lo que hay son dos ideologías antagónicamente opuestas, dos conceptos del mundo diferentes y enfrentados como clases sociales: la que ustedes representan y la que yo defiendo. Porque le fue en vano y será imposible para la Fiscalía encontrar un método para convencerme de sus falsas bondades justicieras con el poder y la fuerza del Estado, para que abandone como un cobarde y miserable arrepentido, pues cuento con lo que ustedes no tienen y eso me basta para triunfar junto al pueblo: la fuerza moral y la razón que terminará imponiéndose ante el salvajismo de su régimen. Lo que sí puede ocurrir es que ustedes se han equivocado conmigo, porque acostumbrados están a escuchar en los juicios de traidores, desertores y renegados o cobardes ideológicos

de mi organización u otros sectores, que venden principios o cambian ideologías para mendigar comodidades en una cárcel, o por rebajas de penas. Si estoy preso es porque soy un Prisionero de Guerra, pero jamás por cobardía. Así es, respetados doctores, que como hijo del proyecto revolucionario y bolivariano que soy prefiero enfrentar una condena, si eso es lo que ustedes creen. Con mi frente en alto y con la dignidad revolucionaria que nos caracteriza, la asumiré y no faltaré a la verdad, porque los comunistas y revolucionarios de Colombia y el mundo tenemos, además de moral y dignidad, ética y principios muy bien definidos que no nos permiten aceptar sinvergüencerías. En este caso posiblemente sí hayan ocurrido los hechos, pero en nada me comprometen. Así es que esa furia recalcitrante de la Fiscalía no me asusta ni me acobarda, por el contrario y para desencanto del Fiscal, soy muy fiel y orgulloso de lo que represento para mi reprimido pueblo. Prefiero morir con dignidad que vivir despreciado por la sociedad como el más detestable sapo y cobarde. Así como los

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verdaderos hijos de Marulanda y Bolívar, porque no luchamos por conveniencia sino por convicciones. Entonces, señor Fiscal, queda usted notificado por qué no está frente a un cobarde; que no soy un asesino pícaro o bandido, menos que sea narcoterrorista o antisocial, que está es ante un revolucionario convencido de la necesidad de luchar por la justa y sagrada causa popular. No confundan ni enreden el proceso con sus argumentos y falsos montajes, usted me tiene que vencer es con lo real, con la lógica, con lo tangible y materialmente comprobado, cosa que jamás podrá porque esa realidad que usted busca no existe; o sea, que me tiene que vencer es en franca lid y no con sus folclóricas marrullerías dotadas con discursos pasionales que suenan muy bonito, porque están cargados de un supuesto moralismo, pero aquí eso no funciona, claro está, si el Juez aplica justicia real e imparcial. ¿Dónde está la prueba científica que elimine cualquier duda? Ahora bien, en los calabozos

o en el mismísimo infierno donde muy posiblemente nos volvamos a encontrar, señor Fiscal; allá o más allá seguiré mi lucha siempre y cuando haya injusticia y represión, por un país donde quepan todos en libertad y democracia con dignidad humana, con educación, salud y trabajo, etc. Ese país soberano con sus nuevas dignidades, el que nos hemos propuesto construir, por lo que no me justificaría vivir si no es para estar al servicio de esta causa, pues tengo fortuna de venir del seno de una humilde familia campesina, pero digna y comunista, que ha sufrido enfrentando y padeciendo desde sus entrañas la más aberrante persecución en todas las múltiples modalidades de ese régimen fratricida, oligárquico y dictatorial al que ustedes hoy están defendiendo. Y como risionero de guerra que soy, lucharé hasta mi último segundo para cambiarlo. No nos digamos mentiras, eso es lo que ustedes me están cobrando, lo que no me pueden perdonar. Entonces, por qué no hablamos claro y nos ahorramos tiempo, ¿no es así? No tengo otro motivo sino el

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político para estar en este banquillo, por pensar en grande y diferente, por tener dignidad y no ser lacayo de nadie. Y como eso afecta los intereses de su clase, les estorbamos, y por eso nos eliminan de la forma que sea, sin escrúpulos, con cárcel, con recompensas, con bombas inteligentes gringas, con tecnología de punta norteamericana, con motosierras, cuchillos y machetes, con masacres múltiples, con hambre y miseria; con analfabetismo que les es tan rentable porque solo un pueblo ignorante se deja manosear su destino y manipular o lavar el cerebro con sus muy sofisticados medios tecnológicos; anestesia de conciencia y de cerebro para poderlos mancillar sin que se haga nada de oposición, porque para un pueblo así todo es normal. Convénzanme o demuéstrenme que estoy mintiendo.

Me queda sí un interrogante, ¿qué se siente como ser humano estar al servicio de ese ignominioso sistema al cual ustedes están sirviendo? Me sorprende su insensibilidad humana y moral. Porque lo antes expuesto es apenas un asomo de lo que es ese régimen tenebroso, que pone por encima los intereses económicos de unos pocos (monopolios) sin importar la degradación de las mayorías (los pobres); ese que filosóficamente tiene el concepto que primero están sus intereses económicos y después la sociedad. También estoy claro y preparado para enfrentar la misión estratégica entregada por el Estado a la Fiscalía, como arma poderosa o tentáculo represivo que es, que cuando de juzgar a Prisioneros de Guerra o presos políticos opositores se trata, no quema tiempo en investigar ni verificar si realmente

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hay o no responsables de lo que se acusa, si no que, como está prejuzgando, busca dilatar y alargar al máximo los términos y las condenas para, en combinación con los carceleros torturadores y de una forma sincronizada, tratar de demoler y fulminar las fuerzas morales e ideológicas con interminables condenas; tratan de ponernos a renegar de la organización para hacerla quedar en ridículo, asunto que no lograrán. Solo aquellos idiotas útiles que, con la decoración más deshonrosa del batracio, ladran como perros amaestrados; que con una cadena al cuello y una corte de carceleros recorren las cárceles de Colombia, reclutando renegados para sus perreras al mejor estilo de los Olivo Saldaña, las Karina, Plóteres, etc., para complacer a sus amos. Pero como no soy terrorista, no soy antisocial ni lucho por o para mi bien personal ni para enriquecerme, entonces me instalan todas las armas disponibles para neutralizarme e incluso para eliminarme físicamente, como lo han intentado en tres oportunidades

utilizando delincuentes y sicarios que están presos, a cambio de rebajas, enmascarando un crimen político dentro de la cárcel con un problema personal o común entre presos. Esa otra modalidad aplicada por su régimen que demuestra su verdadera calaña de asesino, que ni teniéndonos presos se sienten seguros ni tranquilos con nosotros, porque saben que solo mochándonos la cabeza nos callaran, aunque nuestro proyecto seguirá invicto ya que no lo matarán ni con la misma muerte. Por lo que también denunciaré ante el mundo no solo estos juicios amañados y tendenciosos, sino sus intentos de homicidio a los que me he visto enfrentado en la cárcel y las amenazas de muerte de carceleros como ha ocurrido con varios cabos y tenientes de Valledupar; aquellos que destilan veneno contra revolucionarios y se sienten los Mancuso o los Berna del INPEC, con licencias para torturar y matar como lo hicieron contra el camarada Aurelio Rodríguez por orden del alto mando militar, para citar solo un caso. Ustedes no pueden desmentirlo porque faltarían a la verdad,

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como es la verdad también que en Colombia pensar diferente o disentir del régimen es un delito que castigan con plomo, motosierra o cárcel; al igual que otro de los delitos que supongo ningún país del mundo lo tiene como es el famoso delito de “sangre”, que no está en sus códigos, pero se lo aplican a millones de familiares y los míos no han sido la excepción, porque los han perseguido, desterrado, encarcelado, etc. Respetados doctores, sus códigos y sus metodologías tienen un fin diferente y exclusivo al que quieren demostrar; al menos cuando juzgan a comunistas, a revolucionarios y hombres con decoro, ahí persiguen son las ideas y no los hechos, porque en muchos casos son montajes y hoy, precisamente, estamos ante uno de ellos, que me obliga a tener que denunciarlo ante las ONG’s nacionales e internacionales y ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde demostraré quién es el pícaro, el bandido, el antisocial y el asesino. Si soy yo o su régimen de terror con sus funcionarios impúdicos. Es que van a cumplirse 5 déca-

das desde que cerraron la puerta diplomática, política y negociada a la difícil situación sociopolítica y económica generada por el bipartidismo, obligándonos a tener que tomar las armas como única salida digna; la represión se extendió a todos los sectores económicos, políticos, social, cultural, soberano, militar, etc., desde las propias oficinas del Estado para complacer a sus amos: los EE.UU. Pero contamos con el sagrado derecho que nos asiste a los pueblos oprimidos de armarnos para defendernos de la más cruel e inhumana agresión del Estado, que con su régimen de terror y tierra arrasada ha bañado de sangre a toda Colombia. Causas que hoy no solo están vigentes, sino que se han agudizado más, o sea que la vía de la lucha armada está vigente y es necesaria; se equivocan una y mil veces cuando creen que con sus masacres, cárcel y represión solucionarán tan grave problema, dándole ese tratamiento. Es que hemos llegado a ver que en Colombia lo único que ha crecido aceleradamente son las cifras de desaparecidos, las

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masacres masivas, los miles de encarcelados, las cárceles, los cementerios, los batallones y aviones de combate, las fosas comunes; los ejércitos completos de desempleados que deambulan por las calles en busca de trabajo, o los contingentes de varios millones de desterrados, despatriados y desplazados de toda Colombia por la violencia paraoficial. Y eso que no hablamos del centenar de parapolíticos presos e investigados por las más bárbaras masacres ordenadas por los llamados “padres de patria”, que han convertido a Colombia en un verdadero cultivo de fosas comunes, y a quienes han sentenciado con solo 4 o 6 años de prisión, mientras que por las simples acusaciones de los mercaderes de falsos positivos, (sapos, redes de cooperantes) junto a la fiscalía y batallones, sin confirmar responsabilidad o inocencia, somos enviados a las mazmorras del régimen a pagar eternas condenas, como lo quieren hacer conmigo. ¿Acaso ustedes creen que el pueblo de Colombia y los del

mundo ignoran la criminalidad de su justicia clasista e inmoral, con la que está revestido su sistema acusatorio y judicial? ¿Que desde las propias entrañas de la casa de Nariño subyace una muy fuerte armadura putrefacta, mezclada de narcos, paras, corrupción y perseguidores de la oposición? Y eso no me lo he inventado yo. Es una realidad, y para ese grupo de pillos y bandidos que se consideran los redentores de la patria es que sirve su Institución, porque han usurpado las funciones de los otros poderes y aquí se aplica justicia presidencial con múltiples manifestaciones, entre las que encontramos la Fiscalía con sus triquiñuelas y macabros montajes… ¿Esto es digno de un Estado democrático?... Solo lo aplican los Estados policiacos y criminales como el de esta pobre nación, violada en su constitución y soberanía, con una sociedad chuzada y perseguida en su totalidad, donde las otras ramas del Poder Público también son perseguidas y chantajeadas desde la presidencia para desprestigiarlas, mientras que su desbordado militarismo inundó de fosas comunes

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con NN a toda Colombia, con sus crímenes de lesa humanidad llamados folclóricamente falsos positivos. ¿Qué explicación hay por parte de su Estado con los más de dos mil cadáveres en el cementerio de la Macarena (Meta), enterrados como NN? ¿A caso es que ustedes aún creen que son guerrilleros del Bloque Oriental de las FARC-EP?, como cínicamente lo aseguran desde el alto mando militar y la asesina Casa de Nariño, mientras huérfanos y viudas lloran y cargan el dolor por la vil desaparición de sus familiares, que son acusados de haber caído en combates con “los héroes de la patria”; argumentos que son respaldados y acogidos como reales por los medios de comunicación de los monopolios ultraderechistas, que lo hacen por solidaridad de clase. ¿Qué legalidad y legitimidad podrá tener un asesino como el general Montoya, que enlutó a miles de familias con la manguala ejercito-paramilitarismo, y que como medalla de condecoración por unos buenos servicios prestados a su clase, haya sido enviado a Centroamérica como

embajador? ¿O qué ejemplo de moralidad podrá tener el flamante exministro de agricultura con su fascista y corrupta actuación, el señor Andrés Felipe Arias, el corrupto de Agro Ingreso Seguro, actualmente nombrado embajador en Italia, en remplazo del otro escudero y zorro viejo de la marrullería politiquera, que con su compra de votos en el senado y fraude logró forzadamente hacer pasar la reelección?, hablo de señor Sabas Pretel, quien esta investigado por corrupción y fraude, para mencionar tres ejemplos de la putrefacción con la que han manejado a este país; y dizque los antisociales y terroristas somos nosotros, los que con dignidad de patriotas verdaderos luchamos por el respeto a la patria y a la sociedad. Es así que un Estado despótico, vengativo y antidemocrático, no contento con mancillar la dignidad de la patria se envalentonó con sus vecinos, acorazado por Estados Unidos con su proyecto imperial geoestratégico para imponer sus dictados de unipolaridad del mundo. Retomando los ejemplos tan dicientes del régimen imponen-

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te en Colombia, tenemos cómo es que se pelean entre sí los llamados “redentores” de la patria, como ocurrió el 16 de junio de 2010 cuando se disputaban la vanguardia los “inmolados” presidentes César Gaviria y Álvaro Uribe, en un acto propio de su falsa moralidad y ética, hasta llegar a tratarse por teléfono como lo que realmente son: “Usted es un pícaro, un cobarde; no es más que un corrupto que aplica la política del atajo”, palabras textuales del presidente Uribe al expresidente Gaviria, quien de inmediato le respondió: “Usted es un perseguidor de la oposición y eso es ser descarado miserable, vaya termine de mandar lo que le queda de su gobierno, que es un asco”; o aquellos ejemplos como: “Le voy a dar en la cara, marica”; “dolor y tristeza le produce al gobierno”, palabras textuales del presidente Uribe al conocer que sus sicarios fueron juzgados por crímenes de lesa humanidad, como son los falsos positivos, acusando que los verdaderos falsos positivos eran los de los jueces para complacer los ataques de la extrema

izquierda. ¿Por qué está preso el hermano del “General insignia” de la Policía Nacional en Alemania? Por narcotráfico. ¿Y el hermano del bonachón exministro de justicia Valencia Cossio? Por narco paramilitarismo. ¿Por qué esta condenado a 30 años de prisión el Coronel Plazas? Por asesino. ¿Y por qué está amenazada la doctora María Estela Jara Gutiérrez? Por juzgar al coronel. Por que los “héroes de la patria” no pueden ser objeto de la “persecución jurídica”. ¿Dónde están los exjefes del DAS? En la cárcel. ¿Y por qué? Por rechazar y perseguir a la oposición. Y para mencionar simplemente uno de esa larga lista de centenares de altos funcionarios del Estado presos o investigados: ¿Dónde está el primo hermano del “mesías presidente” Álvaro Uribe Vélez, señor Mario Uribe? En la cárcel. ¿Y hacia dónde va Álvaro Uribe Vélez?... Ahora bien, con lo expuesto anteriormente queda demostrado que el Estado colombiano es ilegal, ilegítimo, asesino, cínico y carcomido desde la base hasta la cúspide por la corrupción; es

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narcotraficante y paramilitar. Que sus dirigentes son simples bandidos y hampones con inmunidad para todo tipo de fechorías, considerándose dueños de la vida, del pueblo y de los destinos de la patria. Es por eso, señores funcionarios del Estado, que ustedes no tienen autoridad moral para juzgarme. Que deberían sentirse impedidos moral y éticamente, porque los verdaderos asesinos y terroristas están legalizados en su régimen, motivo por el cual hice ruptura procesal, pues el solo hecho de aceptar un abogado estaría legitimando y reconociendo sus leyes, lo cual jamás haremos los revolucionarios convencidos de la putrefacción de sus instituciones. Como Prisionero de Guerra que soy, ratifico que este es un juicio político, que de lo que se me acusa es un montaje; que de llegarme a juzgar con esas falsas y supuestas pruebas, muy pronto nos veremos en la Corte Interamericana de DD.HH., porque demandaré este juicio ante esa instancia internacional para demostrar quién es el violador de los DD.HH., si soy yo o es el Estado con sus institu-

ciones y funcionarios indecorosos. Para terminar, señor Juez, espero haber sido lo suficientemente claro y ante todo sincero. Se equivocan si me juzgan con esas falacias como pruebas, porque estarían legalizando unos de los métodos más bajos y sucios que tiene la Fiscalía para acusar. No con el producto tangible de una investigación que verifica y comprueba los hechos, sino con las marrullerías y el facilismo; con unos supuestos testigos que lo único que hacen es vender versiones al mejor postor para comercializar con la justicia, según su apetito y su necesidad, al punto que la Fiscalía hoy aquí nos está demostrando que son los principales mercaderes de la justicia y la libertad de sus víctimas, por lo que jamás aceptaré e iré a instancias internacionales, si fuese necesario. Espero sí, señor Juez, que usted se digne en hacer un estudio minucioso del caso, así no le gusten muchas de mis apreciaciones, las cuales he dicho con toda sinceridad desde mi punto de vista ideológico y desde el punto de vista de los hechos por los que

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se me acusa. Pues aquí no hay nada más diferente que un profundo odio de clases, inyectado con anestesia por parte de la Fiscalía y por parte del supuesto testigo, un oportunista que encontró el mejor escenario para desahogar su venganza personal y, de paso, estafar al Estado y a la justicia a través de un funcionario inepto para tal función. Porque reitero que no investigó, sino que compró versiones y las decoró con un discurso romántico y justiciero para convencer al juez. Qué derroche de ignorancia es el que hay en este juicio por parte del dúo fiscaltestigo, encausado en los códigos para efectuar un verdadero juicio atípico, porque se persigue un objetivo acusándolo con otro muy diferente. Qué antiético es todo esto, qué inmoral y repugnante son esas bajezas con las que juzgan a un Prisionero de Guerra en Colombia.
¡Gloria eterna para los revolucionarios caídos en la lucha! ¡Salud ideológica para mis camaradas y compañeros en las cárceles del régimen!

¡Por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo, hemos jurado vencer y venceremos! ¡Por encima de las cadenas que amordazan nuestras manos, sin importar el calabozo que nos encierra !TULIO MURILLO ÁVILA (ALONSO) Prisionero de Guerra de las FARCEP

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UN PROCESO DE RUPTURA

El pasado 6 de abril de 201 1, Marinelly Hernández Orozco, insurgente de las FARC –EP y Prisionera de Guerra del Estado colombiano, fue conducida por el Inpec a la audiencia pública citada por el Juez Penal del Circuito Especializado de Quibdó, dentro del proceso No. 2010002000. Marinelly, de 33 años de edad, miembro de una familia humilde y campesina de la vereda Agua Bonita del Municipio de San Rafael (Antioquia), luego de ser presentada en audiencia manifestó al juez que se declaraba “en ruptura”, por considerar la inexistencia de garantías al debido proceso y por desconocer como

autoridad al Estado colombiano, procediendo a entregar un escrito en el que sustentó su declaración y renunció a cualquier tipo de defensa, manifestando textualmente: “No necesito ninguna defensa, pues no he cometido ningún delito. Me declaro en ruptura con el Estado colombiano y sus leyes antipopulares e injustas. He sido una luchadora del pueblo”. En su narración, Marinelly declaró que durante su niñez vivió en carne propia las continuas agresiones y persecuciones que el ejército colombiano desató contra sus padres y todo el campesinado de su región, por el solo

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hecho de pertenecer a la Unión Patriótica (UP). En su adolescencia fue testigo de múltiples asesinatos de campesinos, amigos, vecinos y familiares, cuyos cuerpos eran abandonados con señales de tortura o desmembramiento… “Todo esto fue parte de la guerra sucia y psicológica que implementaron para asustar a los luchadores populares. ¿Acaso con todas estas vivencias que eran el diario vivir, puede un niño o joven creer en un Estado o alguna justicia?”, recriminó la prisionera, quien atribuyó tales crímenes a la policía, al ejército y a grupos paramilitares. A manera de ejemplo citó la masacre en el Río Nare, donde “el capitán Martínez con sus tropas ingresaron a unas minas de oro donde se encontraban los campesinos sacando el mineral. Un día antes habían lanzado panfletos diciéndoles que desalojaran. Al otro día entraron con motosierras y hachas, amarraron a los trabajadores en cadena y delante de ellos iban soltando de uno en uno, sin asesinarlos, y les quitaban los brazos, las piernas. Luego, de cada persona recogían

un solo brazo, una sola pierna y en montón los tiraban al río; otros a los huecos de las minas y otros los dejaban para que las aves se los comieran”. La prisionera reveló que las acciones y violaciones del Estado colombiano contra el pueblo le indicaron el camino que debía seguir, de lo contrario “terminar masacrada, torturada o discapacitada, por ejemplo, como quedan muchos campesinos sin tener nada que ver con el conflicto, o terminar siendo desplazada y viviendo de las limosnas en las ciudades”. Por lo que a la edad de 14 años, con una madurez lograda por tales violaciones y entendiendo que “por la vida no hay respeto y que solo existe el símbolo de la vida”, ingresó a las FARC, considerando esta como su “única alternativa o forma de preservar la vida, luchar por ella y reclamar nuestros derechos”. En su relato, Marinelly denuncia que como represalia por haber ingresado a las FARC en el año 2000, el ejército, en contubernio con los paramilitares, asesinó a su padre… “A mi único hermano, también

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adolescente, le toco desaparecer; ni siquiera pudo darle sepultura a nuestro querido padre… Nuestro padre se llamaba Héctor Alonso Hernández. El ejército colombiano, en unión con los paramilitares, lo colgó vivo de sus manos introduciendo ganchos en sus extremidades como si fuera carne de carnicería, luego le chuzaron el estómago y todo su cuerpo con una navaja o cuchillo, después desollaron sus labios como se les taja a los pescados; por último, le dieron un tiro de gracia en su cabeza. Según medicina legal o quienes practicaron el levantamiento, a nuestro padre lo torturaron vivo. Mi papá tenía 70 años de edad, ¿cómo es posible que hagan eso con un anciano, tildándolo de guerrillero? Acaso por yo ser revolucionaria, ¿tenían que cobrarlo con la vida de mi padre? Entonces, ¿qué diríamos de todos los senadores juzgados por parapolítica? ¿Que todas sus familias también tendrían que estar en las cárceles o deberían ser torturadas y sometidas a vejámenes contra su humanidad? Cobardes los que torturan y dan positivos con los campesinos y las personas inde-

fensas”. Después de 16 años en las FARC, Marinelly fue apresada. Dice que le han atribuido un sinnúmero de delitos de los cuales no es responsable, a pesar que fue capturada en condición de rebelde. Ha sido sometida a tres juicos, condenada en dos de ellos y procesada actualmente por los delitos de rebelión, terrorismo y homicidio, entre otros. Según sus propias palabras: “repitiéndose la misma dosis que en los anteriores juicios para justificar una nueva condena, que legitime la cadena perpetua de hecho que se acostumbra imponer a las y los prisioneros políticos en Colombia”; causándole hilaridad que a mujeres como ella las llamen a juicio por terroristas, a sabiendas de que “el actuar terrorista ha sido bandera de los gobiernos durante los dos últimos siglos, pero que en estos últimos años han pasado de la acción velada a la acción descarada del ejército colombiano, que con una actitud real de terror cambia como el camaleón. No de color sino de pelambre y en las noches combina brazaletes, filosos machetes y motosierras, para

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luego, en la mañana, de nuevo convertirse en “glorioso ejército de Colombia… Tengo que denunciar el innoble papel que juegan jueces y fiscales, judicializando a campesinos en masa por el único delito de vivir en zonas de alta influencia del conflicto armado… ¡Cómo llamarle, si no TERRORISTA!, a un Estado que castiga con el hambre y el olvido a su pueblo, y que producto de ello mueren gran cantidad de niños en total olvido”, concluye la prisionera. Luego de hacer un recorrido estadístico sobre los altos niveles de pobreza y desigualdad en Colombia, las prioridades de los gobiernos en hacer la guerra mediante prácticas de lesa humanidad como las 3.000 ejecuciones extrajudiciales consumadas dentro del período presidencial de Álvaro Uribe, el despojo de la tierra al campesinado y su acumulación en pocas manos como principal causa del empobrecimiento de treinta millones de los 42.888.592 habitantes que, según “las cifras oficiales”, tiene Colombia, Marinelly afirma que “es impensable una solución a los

profundos problemas económicos, políticos y sociales del país si se sigue bajo la tiranía de un régimen que persista en las políticas de ruina para el campo, y dentro de la misma dinámica empuja a la miseria a las mayorías nacionales… El pueblo colombiano está gobernado, desde sus diferentes estamentos, por bandidos que en las más diversas ramas han recurrido a crímenes de lesa humanidad para perpetuarse en el poder”. Así, señala que en los procesos políticos al que son sometidas las y los revolucionarios en Colombia, se aplica una “justicia de venganza privada con uso de las figuras públicas por parte de una clase dominante”, que impone altas penas privativas de la libertad, citando al guerrillero Jacobo Arenas quien, según la fuente, dijo: “En Colombia hay dos poderes: el uno es el poder formal, como quien dice, el poder que se nos presenta en unas determinadas formas, como por ejemplo los llamados poder ejecutivo, poder legislativo y el poder judicial; este es el poder formal que no decide nada, porque en las condiciones

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de hoy es como digamos algo decorativo, sujeto al verdadero poder”. Finalmente, la prisionera de guerra deja claro que para ella el aparato de justicia en el conflicto colombiano es una contundente arma del gobierno, por lo que rechaza los supuestos beneficios o pactos que le ofrecen, afirmando: “Asumo todos los procesos a los que he sido sometida, incluyendo el presente. No pretendo un trato benévolo; conozco claramente la política de cadena perpetua fijada para las y los prisioneros políticos. Hagan lo que tengan que hacer, no me preocupo porque la historia me absolverá y la justicia revolucionaria condenará a quien, como ustedes, se levantaron contra su pueblo…Señor Juez, no tiene usted autoridad moral para juzgarme, ni usted, señor Fiscal, para acusarme. Se equivocaron si piensan que he venido a renegar de mi organización y mi partido, pues aun padeciendo los sinsabores de los 40 años a los que he sido condenada con anterioridad, y de los últimos acontecimientos, me ratifico, ¡ORGULLOSA FARIANA Y EN LA

BÚSQUEDA DEL HOMBRE Y LA MUJER NUEVA!, capaz de generar los cambios que garanticen el desarrollo de una vida digna en todos los campos de la producción. Desarrollo que el actual sistema capitalista no está en capacidad de otorgar, pues sus fines son contrarios a mi sentir, por lo que lo combato y lo combatiré… Desconozco el Estado que me juzga y me mantiene prisionera; solo reconozco para mi juicio los documentos farianos, por ser la única institución que respeto y por la que llegaría sin duda al sacrificio. De la misma manera, el único Estado que respeto, amo y reconozco es el ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP y su Secretariado, enarbolando la espada y el pensamiento de nuestro Libertador Simón Bolívar; nuestro padre espiritual por la definitiva Independencia y la construcción de la Patria Grande y el Socialismo. ¡Hemos jurado vencer y venceremos!”. Con estas palabras, Marinelly Hernández Orozco convidó al juez a no requerirla a futuras audiencias y a no nombrarle abogado para su defensa, pues como iniciamos este artículo,

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considera no tener nada de que defenderse por no ser responsable de ningún delito. Mientras tanto, desde la Reclusión de Mujeres de Medellín, Marinelly espera el desarrollo del conflicto colombiano; en sus palabras: “Con la cabeza y la moral revolucionaria en alto”, insistiendo en citar a su camarada Jorge Briceño al decir: “En las FARC no tenemos almas de traidores, sino de patriotas y revolucionarios. Hemos luchado y continuaremos haciéndolo con valor, entrega y sacrificio, por derrocar este régimen podrido de las oligarquías y construir otro orden social”. Este es el caso más significativo de ruptura que durante la ultima década se haya presentado, pues representa a miles de hombres y mujeres que en sus edades de mayor grado de productividad son sometidos a cadena perpetua en lo real, quedándoles como única esperanza para recobrar su libertad la salida política al conflicto o un eventual intercambio humanitario.

MARINELLY HERNÁNDEZ OROZCO, o RUBY. Prisionera de Guerra recluida en la Cárcel de Mujeres de Pedregal, Medellín-Antioquia Abril de 2011

LA REBELIÓN, DELITO POLÍTICO
ROBERTO ANTONIO SEPULVEDA MUÑOZ, de Betania (Ant.), actualmente ubicado en la cárcel El Barne de Combita Boyacá, privado de la libertad por el delito de Rebelión. Honorable Juez: aprovecho este espacio para reiterarle que los señores defensores acá presentes en este juicio, sin desconocerles sus conocimientos profesionales en derecho, no están en condiciones de ejercer nuestra legítima defensa. Se trata, señores, de un juicio político de una institución jurídica del Estado contra un puñado de hombres y mujeres rebeldes revolucionarios alzados en armas contra el Estado, sus instituciones, sus funcionarios y leyes. El señor Fiscal en su informe manifiesta que somos rebeldes,

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que delinquimos contra el Estado por la desestabilización de su régimen político. Entonces, es un caso que amerita un análisis muy profundo, concienzudo y racional, y los señores defensores no son versados ni en historia ni en ciencias política. Por tal razón, Honorable Juez, le solicito que los señores que hoy nos representan en este juicio se sirvan darle lectura a este pequeño documento que contempla nuestra propia defensa como revolucionarios. Hace más de 150 años de vida republican que la voracidad de una oligarquía reaccionaria y fascista, con sus gobernantes de turno, ha usurpado el poder en Colombia utilizando la metodología de la violencia, el soborno, la corrupción para ostentar el poder. Basta señalar unos pocos ejemplos: 6 de diciembre de 1.928, el ejército en santa alianza con la multinacional Frontino Gomes limitada, en cumplimiento de órdenes del pentágono norteamericano, arrasaron a plomo una manifestación de los obreros en Ciénaga Magdalena que protestaban por

el aumento del salario y sus derechos reivindicativos de los trabajadores. 9 de abril de 1.948. El Estado colombiano con su criminal guerra sucia cierra la puerta a una opción política. El movimiento gaitanista crecía con perspectivas de poder, con el liderazgo del caudillo Jorge Eliécer Gaitán, quien fue asesinado por el régimen para impedir que tomara el poder en esas próximas elecciones. A partir de este genocidio más de 300 mil personas perdieron la vida en esta violenta guerra, responsabilidad del Estado y sus gobernantes, quienes se lavan las manos y no asumen la responsabilidad, surgiendo en esta etapa las guerrillas liberales que más tarde dan origen a las FARC-EP. 27 de mayo de 1.964. El Estado bajo el supuesto de repúblicas independientes, el ejército oficial lanza una indiscriminada Operación LASO. 16 mil hombres provistos de todo tipo de armamento y con bombardeos indiscriminados por la aviación gringa, 42 campesinos armados con escopetas resisten a esta ofensiva, y esta resistencia armada de campesi-

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nos da origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de ColombiaFARC-EP y desde entonces hemos sido víctimas de toda agresión y persecución política, y ultimátum de los gobiernos de turno, incluso varios de ellos han fijado fecha y hora para acabarnos, pero nuestra lucha es justa, y tenemos la razón; y aun nuestro movimiento y nuestros hombres y mujeres se fortalecen y se perfeccionan cada día más en la guerra revolucionaria por la transformación social, la patria grande y el socialismo científico. 20 al 28 de marzo de 1.984. Se pacta la tregua y el cese del fuego con el Gobierno de Belisario Betancur, y las FARC se convierten en plataforma de lanzamiento del movimiento político Unión Patriótica. 1.984-1.986 auge y exterminio de la Unión Patriótica. Las FARC han salido a plazas públicas, la UP logra en debate electoral del 86 elegir 14 congresistas, 18 diputados, 335 concejales y un gran número de alcaldes. El régimen desata un plan de exterminio contra la unión patriótica que

aniquila a más de 4.000 de sus dirigentes y militantes. El Estado recrudece la guerra sucia y la tregua se rompe. En Cañas, corregimiento de Turbo, zona de Urabá, el ejército asesina a 22 guerrilleros de las FARC violando la tregua. 9 de diciembre de 1.990. Cuando se estaba eligiendo al Asamblea Nacional Constituyente, en la cual nosotros habíamos planteado nuestra participación activa en este evento de orden nacional. Ese mismo día se desarrolla la operación Centauro II, ordenada por César Gaviria y los altos mandos militares contra el Secretariado de las FARC en Casa Verde. El ataque fue repelido contundentemente por los combatientes farianos. ¿Y de qué país democrático habla el señor fiscal cuándo la clase política dirigente del Estado no escatima esfuerzos para aniquilar toda alternativa popular y opción política que luche por cambios estructurales del Estado y su modelo económico neoliberal. Acaso el pueblo colombiano, sus campos y ciudades no han sido bañados con sangre obre-

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ra y campesina por manos de la fuerza pública en coordinación con las demás instituciones del Estado y con el aval de los gobiernos de turno, es una clara evidencia de que en Colombia no hay democracia. Honorable Juez: en el informe de la fiscalía, somos acusados por la conducta punible de coautoría impropia, por el sólo hecho de ser combatientes de delas FARC-EP, orgánicos de los frentes 35 y 37 supuestamente por , ocultar, no informar previamente donde se encontraba el señor Araujo, como que si nosotros los revolucionarios, nuestra formación política e ideológica fuera de unos cobardes e irresponsables delatores, o renegados a nuestros principios revolucionarios o arrodillados al sistema político de un régimen que todo el tiempo nos ha azotado. Queda claro además el odio y la sed de venganza de las instituciones del Estado, y en particular del señor Araujo, contra todos los revolucionarios farianos que por mala suerte caen prisioneros de guerra en manos del régimen. Es apenas normal que el lenguaje uti-

lizado por el Señor Araujo contra nosotros obedece a su adoctrinamiento en la defensa de la política estatal, señalando y acusando a los revolucionarios farianos como responsables de su retención y su estadía como prisionero de guerra, para que como funcionario del Estado y fiel representante de la política de un régimen criminal, reaccionario y fascista, retención tiene carácter político. El señor fiscal lo ratifica, que los videos de pruebas de supervivencia enviados a los medios, le solicita al gobierno de turno, desarrollar diálogos y acercamiento para allanar el camino para una salida civilizada al conflicto interno; para crear las condiciones para el acuerdo humanitario y canje de prisioneros de ambas partes. Señores, si analizamos detalladamente la situación, nos encontramos que el término de secuestro extorsivo no cabe, puesto que en esta sala hoy se debaten dos concepciones filosóficas, política e ideológicamente opuestas antagónicamente en una expresión de lucha de clases, que aun el Estado no quiere reconocer, y ustedes señores de las instituciones saben

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que es así. Respetados doctores, en su sistema político-jurídico la justicia está tan viciada, llena de imperfecciones y nutrida de criminalidad, pasando por encima del Estado Social de Derecho, porque tiene que reprimir violentamente, no solamente con sus fuerzas oficiales, sino para-oficiales, en busca, no de justicia y defensa de la constitución, sino para silenciar a sus opositores, como en este caso donde la fiscalía brilla por sus diabólicas acusaciones. Es por eso que mi conciencia está tranquila y en paz con el pueblo, y si me van a condenar, será por lo que he dicho hasta la saciedad: por odio y venganza política contra un combatiente de las FARC-EP. Que jamás acepto sus vulgares chantajes con propuestas para que traicionara a mi lucha, al pueblo y a mis camaradas. Por lo mismo han extraditado a los dignos camaradas, de quienes me siento muy orgulloso Simón Trinidad, Sonia e Iván Vargas, entre otros revolucionarios, a las mazmorras de los EE.UU.; o como a muchos revolucionarios que los han tor-

turado, matado, desaparecido o encarcelados, además de los millones de desplazados, desterrados por el régimen que ustedes defienden y eso lo tengo muy claro. Les pregunto: ¿Con eso han solucionado el problema social y político de este país? Si los problemas del pueblo colombiano somos responsables los 100 mil presos que hay en las cárceles del país. ¿Entonces, que está pasando a extramuros? Reitero, que el problema es sociopolítico y económico de esa anacrónica estructura social y política instaurada por su régimen, y eso no se solucionada con eternas condenas. La solución, es por lógica, como son sus orígenes: político y social deberá ser su tratamiento. Hoy en sus estrechos calabozos, aún tengo la fuerza y la facultad de pensar en silencio e identificar como es que ustedes protegen a la miserableza de una clase que se cree dueña de la vida y de la libertad de los hombres, que según la Constitución Política colombiana y la carta o protocolos de DD.HH de las Naciones Unidas: nacieron “libres” pero

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por el hecho de no ser serviles borregos ni al régimen ni al imperialismo mundial, entonces somos juzgados por narcoterroristas, asesinos, o secuestradores. ¿Eso no es verdad? Así es que sin importarme el estrecho y putrefacto calabozo donde el señor fiscal me quiere hacer enterrar, ahí estaré firme, respirando aires de dignidad porque para nosotros, siempre el decoro es más fuerte que el dolor, Además, su sistema no tiene la razón y por ello seremis indomables ideológicos; que sus calabozos en vez de ablandarnos, nos convierten doblemente rebeldes. Eso tampoco lo duden, señores. Ahora bien, aquí lo que hay son dos ideologías antagónicamente opuestas, dos conceptos del mundo diferentes y enfrentados como clases sociales. La que ustedes representan y la que yo defiendo, porque le fue en vano y será imposible a la fiscalía encontrar un método para convencerme de sus falsas bondades justicieras con el poder y la fuerza del Estado. También estoy claro y preparado para enfrentar la misión estraté-

gica entregada por el Estado a la Fiscalía como arma poderosa o tentáculo represivo que es, cuando de juzgar a prisioneros de guerra o presos políticos opositores se trata, n o quema tiempo en investigar ni verificar si realmente es o no es responsable de lo que se le acusa, sino que como está prejuzgando busca dilatar y alargar al máximo los términos y las condenas, para en combinación con los carceleros torturadores, y de una forma sincronizada, trata de demoler y fulminar los esfuerzos morales e ideológicos con interminables condenas, tratan de ponernos a renegar de la organización para hacerla quedar en ridículo; asunto que no lograran. Sólo aquellos idiotas útiles que con la decoración más deshonrosa del batracio, ladran como perros amaestrados, que con una cadena al cuello y una corte de carceleros recorren las cárceles de Colombia, reclutando renegados para sus perreras al mejor estilo de los Olivo Saldaña, las Karina, ploteres, etc., etc., para complacer a su amos. Pero como no soy terrorista, no soy antisocial o para mi bien

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personal n i para enriquecerme, entonces me instalan todas las armas disponibles para neutralizarme e incluso hasta para eliminarme físicamente como lo han hecho con innumerables revolucionarios, utilizando delincuentes y sicarios que están presos a cambio de rebajas u otros beneficios enmascarando un crimen político dentro de las cárceles, con un problema personal o común entre presos. Es otra modalidad aplicada por su régimen que muestra su verdadera calaña de asesino que ni teniéndonos presos se sienten tranquilos ni seguros con nosotros, porque saben que sólo mochándonos la cabeza nos callaran, aun que nuestro proyecto seguirá invicto, ya que no lo mataran ni con la misma muerte. Lo que denunciaré también ante el mundo, no sólo estos juicios amañados, sino la constante violación de los derechos humanos por aquellos carceleros que destilan veneno contra los revolucionarios y se sienten los mancuso, los berna del INPEC, licencias para torturar y matar como lo hicieron contra el camarada Aurelio Rodrí-

guez, por orden del alto mando militar, para citar sólo un caso. Ustedes no pueden desmentirlo porque faltarían a la verdad, como es la verdad también, que en Colombia pensar diferente o discernir del régimen es un delito que lo castigan con plomo, motosierra o cárcel, al igual que otro de los delitos que supongo ningún país del mundo lo tiene, como es el famoso delito de “sangre” que no está en sus códigos, pero se lo aplican a millones de familiares, y la mía no ha sido la excepción, porque la perseguido, desterrado, encarcelado, etc. Respetados doctores, sus códigos y sus metodologías tienen un fin diferente y exclusivo, el que quieren demostrar, al menos cuando juzgan a comunistas, a revolucionarios y hombres con decoro, ahí persiguen son las ideas y no los hombres, porque en muchos de los casos son montajes y hoy precisamente estamos ante uno de ellos, que me obligan a tener que denunciarlos ante las ONG’s nacionales e internacionales y ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde demostraré quien es el pícaro, el

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bandido, el antisocial y el asesino. Si soy yo o su régimen de terror con sus funcionarios impúdicos. Es que van a cumplirse 5 décadas que cerraron la puerta diplomática, política y negociada a la difícil situación sociopolítica y económica generada por el bipartidismo, obligándonos a tener que tomar las armas como única salida digna, ya que la represión se extendió a todos los sectores económico, político, social, cultural, soberano militar, etc., desde sus propias oficinas del Estado para complacer a sus amos, los EE.UU., pero contamos con el sagrado derecho que nos asiste a los pueblos oprimidos de armarnos para defendernos de las más cruel e inhumana agresión del Estado, que con su régimen de terror y tierra arrasada ha bañado de sangre a todo Colombia, causas que hoy sólo no están vigentes, sino que se han agudizado más, o sea, que la vía de la lucha armada está vigente y es necesaria; se equivocan una y mil veces cuando cran que sus masacres, cárceles y represión solucionaran tan grave problema, dándole ese

tratamiento. Es que hemos llegado a ver que en Colombia lo único que ha crecido aceleradamente son las cifras de desaparecidos de las masacres masivas, los miles de encarcelados, las cárceles, los cementerios, los batallones y aviones de combate, las fosas comunes, los ejércitos completos de desempleados que deambulan por las calles en busca de trabajo, los contingentes de varios millones de desterrados, desaparecidos y desplazados de toda Colombia por la violencia oficial y paraoficial, y eso que no hablamos del centenar de parapolíticos presos e investigados por las más bárbaras masacres ordenadas por los llamados padres de la patria, que han convertido a Colombia en un verdadero cultivo de fosas comunes, a quienes sólo los han sentenciado a 4 ó 6 años de prisión, mientras que por las simples acusaciones de los mercaderes de falsos positivos (sapos, redes de cooperantes) junto a la fiscalía y batallones, sin confirmar su responsabilidad o inocencia, son enviados a las mazmorras del régimen a pagar eternas conde-

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nas, como lo quieren hacer conmigo. ¿Acaso, ustedes creen que el pueblo de Colombia y los del mundo ignoran la criminalidad de su justicia clasista e inmoral con la que está revestido su sistema acusatorio y judicial? Señor fiscal y honorable juez: creo y considero que en todo lo anterior expuesto, tengo suficientes elementos para desconocer, rechazar y declararme rebelde opositor a su sistema penal acusatorio, en un pleno y consistente rompimiento procesal, judicial y jurídico por considerarlo ilegítimo e ilegal. Señores, pueden hacer lo que quieran, pero no acepto sus códigos, leyes y normas, que más temprano que tarde se hundirá su macabro régimen y su sistema jurídico injusto, y todos sus funcionarios corruptos del actual sistema político, tendrán que responder a nuestro pueblo por lo que han hecho. Espero sí, Señor Juez, se digne en hacer un estudio minucioso del caso, así no le gusten muchas de mis apreciaciones, las cuales he dicho con toda sinceridad desde

mi punto de vista ideológico, desde el punto de vista de los hechos por los que se me acusa, pues aquí no hay nada más diferente que un profundo odio de clases, para efectuar un verdadero juicio atípico, porque se persigue un objetivo acusándolo con otro muy diferente. Qué antiético es todo esto, que inmoral y repugnante son esas bajezas con las que juzgan a un prisionero de guerra en Colombia.
Gloria eterna para los revolucionarios caídos en la lucha. Salud ideológica para mis camaradas y compañeros en las cárceles del régimen. Por la Nueva Colombia, la Patria Grande y el Socialismo, hemos jurado vencer y venceremos por encima de las cadenas que amordazan nuestras manos, sin importar el calabozo que nos encierran.

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LA RAZÓN DE POR QUÉ LUCHO
DIÁLOGO CON UN FISCAL
El 15 octubre, a las 04:30 de la madrugada, fui sacado de la celda N° XX, patio N°3 del pabellón de máxima seguridad de la Penitenciaria Nacional de “Palo Gordo”. La razón: asistir a una diligencia judicial en la ciudad de Bucaramanga-Santander. Fui esposado inmediatamente, no me permitieron ni cepillarme y fui conducido por el comandante de turno hasta la jaula de remisiones. Iban llegando los internos de distintos pabellones que, al igual que yo, serían llevados para adelantarles alguna diligencia judicial. Unos saludaban, otros simplemente se pegaban a la malla de la jaula, ya que es una ley del preso: cuando se está afuera de su territorio y en medio de desconocidos, hay que cuidar la espalda. Al cabo de un rato comienzan las historias de las peleas en los distintos pabellones y las razones de los enfrentamientos, en su mayoría de los golpeados por la guardia quienes habían quedado de hospital, enfermería o el calabozo. Un piquete de guardia se hace presente. Desnudarse. Nos cogen la ropa y le hacen una requisa minuciosa; cualquier objeto que se lleve en los bolsillos es decomisado y si reclamas, garrote te sobra. Luego nos esposaron y nos encadenaron las esposas, te inmovilizan las manos. La cadena te da la vuelta por la cintura y se fija con una caja de seguridad que llevas en medio de las esposas, impidiendo totalmente cualquier movimiento de las manos. Luego fuimos a un vehículo. El carro comenzó a moverse y fuimos saliendo de esta inmensa montaña de concreto, de mallas, serpentinas y alambradas. De repente se abre un cielo inmensamente grande y de una belleza indescriptible, es que en los patios uno solo alcanza a observar un pedacito de cielo, como si fuera una pequeña carpa. Yo me quedé mirando las profundidades infinitas, tan llenas de transparencia y aromatizadas con perfumes de ópalos. En el cielo se miraban girones de nubes

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blancas, que eran adornadas con unas cuantas estrellas que brillaban con una luz muy pálida, haciéndolas ver muy fugitivas ante el ímpetu de los primeros rayos del alba. Inhalé todo el aire que pude con toda la fuerza de mis pulmones, y por un instante recordé todos aquellos paisajes, animales y panoramas que uno observa en las marchas guerrilleras. La mañana se iba desarrollando como con unos suspiros místicos y la naturaleza se iba bañando de ese color llamativo y alegre, como si fuera siendo pintada con acuarela. Los árboles se iban meciendo armoniosamente con el viento, parecía que le danzaban al cielo firme y oponente. La respiración fluía de mis pulmones como los manantiales fluyen de la tierra, que luego se van deslizando en busca de los valles. Mi deseo de contemplar cada detalle de los paisajes hacía que mis ojos volaran como estampidas de aves sorprendidas. La brisa me golpeaba la cara, qué alegría, mientras tanto yo aspiraba de la brisa el aroma del

cáliz de aquellos paisajes. Así iba haciendo quizá un poema, una canción, mientras deseaba poder robarle al paisaje, a los árboles toda su belleza. Deseo inmensamente escuchar los besos y suspiros de cada brisa, y oler aquellos perfumes errantes de aquellos campos con sus árboles y flores. Poco a poco nos fuimos adentrando en la ciudad de Bucaramanga. Grandes edificios se iban imponiendo ante nosotros, avisos de toda clase anunciando sus productos, la gente se movía como hormigas. En cada rostro el reflejo de angustia, tristeza o felicidad. Un mendigo iba arrastrando sus arrapos y en su rostro reflejaba la nostalgia de ser un habitante de aquellas calles, en donde hay de todo, pero él de todo carece. Al llegar a nuestro destino, fuimos desencadenados y conducidos a una celda de escasos tres metros cuadrados. Quince personas en este reducido espacio, no hay donde sentarse, el piso lleno de humedad y de un olor inmensamente desagradable. Un interno comienza a gritar:

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“¡Esto es inhumano!” Y el carcelero grita: “Cállese, hp, ¿o quieren gases lacrimógenos?”. Aquellos calabozos son el centro en donde llegan reclusos de todas partes, es decir, de varios penales. Comienza la gritería y los negocios de armas, drogas, etc. Pronto aquel calabozo está inundado de humo de marihuana; un ñero que devora con gran ansiedad el bareto me ofrece un pase. Lo miro y le digo: “Gracias, ya estoy en el viaje”, mientras le señalo los espirales de humo que dan vuelta en aquel reducido espacio. Al cabo de un par de horas fui sacado y conducido a la Fiscalía. Una vez dentro del palacio fui llevado a una pequeña oficina. En ella una mesa con cuatro sillas, sobre la mesa un pequeño letrero “Fiscalía de la unidad de Derechos Humanos número 99 de Bogotá”. A un lado una impresora y computador, al frente un señor de unos 60 años, bastante calvo. Ante mi presencia se puso de pie diciendo: Soy el fiscal comisionado para adelantarle una diligencia por reclutamiento de menores y desaparición forzada en Argelia,

Antioquia. ¿Puedo saber su nombre? –pregunté. Sí, claro. Carlos Ordóñez Garrido. Guillermo

Como mi abogado no había llegado, el tipo comienza a hacer preguntas sobre los farianos y le voy contestando con argumentos cada una. Entre ellas me dice: Si ustedes son tan fuertes y verracos, ¿por qué no están gobernando? La fuerza no es el gobierno y los procesos revolucionarios los hacen son los pueblos, cuando los factores objetivos y subjetivos han alcanzado la madurez adecuada –respondo. F: Pero es que las FARC ya perdieron el norte ideológico, si fue que alguna vez lo tuvieron. H: Mire, doctor, los españoles le decían a Bolívar y a su ejército asaltadores de caminos y no sé cuántos calificativos más, y hoy es

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El Libertador de cinco repúblicas. F: Ustedes han abrazado el terrorismo. Miren las minas que siembran; esos tales cilindros que lanzan son armas no convencionales. H: Las ponen todos los ejércitos que las compran. Sobre los cilindros qué diferencia tan grande: el ejército lanza bombas de 50 kg y hasta de una tonelada, mientras las nuestras difícilmente llegan a 60 libras. Sobre los convenios, ¿acaso las bombas de Nagasaki e Hiroshima que lanzó EEUU son convencionales? Ustedes en nombre de una tal democracia han matado a millones en todo el globo terráqueo y siguen matando. ¿O acaso los que mueren de hambre, por falta de atención médica, agua potable, etc., no son responsabilidad del Estado? El tipo me dice: La democracia los espera, desmovilicen la gente; den la pelea en las urnas, en el Senado y acabemos con esta guerra sin sentido.

H: Mire, doctor, el día que la famosa democracia de la oligarquía sirva para algo al pueblo, ese día el imperialismo con todos sus lacayos declararán ilegal la democracia. F: Mire, hombre, a ustedes el ejército los está acabando. H: Doctor, es muy fácil desde una oficina recibir toda la carreta que los medios venden a los cuatro vientos. Los partes de guerra que nos llegan de los Frentes hablan de soldados muertos, heridos; helicópteros derribados, averiados y fusiles recuperados. Y si usted no cree, pues échese una pasadita por el Hospital Militar, luego al centro de psiquiatría para los militares, a ver cuántos locos están por ahí producto de una guerra que están ganando, según usted. Recuerde, doctor, que las noticias cada rato hablan de soldados que en estado de embriaguez matan, secuestran y se suicidan. ¿Qué hay que hacer para acabar con esta guerra? –pregunta el Fiscal.

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Le respondo: Fácil, doctor. Nos entregan el poder para nosotros edificar un nuevo sistema económico, político y social, en donde el pueblo tome sus dimensiones de acuerdo a su cultura, costumbres y tradiciones… Bueno, ahí les resumo el diálogo con el Fiscal. De todas formas eso es lo que yo he tratado de

hacer en cada estrado judicial; siempre defender la lucha de las FARC-EP y la razón de por qué los pueblos luchan y se alzan en armas.
Harrison Combatiente del Bloque Iván Ríos de las FARC-EP Prisionero de Guerra

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CARTA ABIERTA AL DEFENSOR NACIONAL DEL PUEBLO Señor

WoLMAN PÉreZ DefeNSor NAcioNAL DeL PuebLo bogotá.

Los prisioneros de guerra, presos políticos y presos sociales, que purgamos altísimas condenas en las mazmorras del Estado colombiano; hombres y mujeres condenados por una justicia parcializada, amañada y clasista, que defiende los intereses de los sectores gobernantes imperantes en el país, deseamos manifestarle lo siguiente: EL día posterior a la entrega de los restos del Mayor Guevara escuchamos en los noticieros las declaraciones suyas, señor Defensor del Pueblo, en donde decía que la insurgencia no había permitido que el Mayor Guevara retornara a la libertad cuando estaba en condiciones graves de salud. Argumentaba usted, señor Wolman Pérez, que los presos en Colombia gozaban de toda la asistencia por parte del Estado. Al oír semejante aseveración, a todos los presos sin distingo de

raza, religión, opinión política o filosófica nos causó indignación. Señor Wolman Pérez, nos da la impresión que usted no sabe o se hace el de la vista gorda ante la realidad de las cárceles del país, llamado del Sagrado Corazón de Jesús, que ya ni es sagrado ni tienen corazón y menos en estas prisiones en donde parece que viviéramos en otro país que no es Colombia. En estas prisiones se nos violan todos nuestros derechos y de paso somos sometidos a tratos degradantes e inhumanos por las políticas de Estado. Como ejemplo citamos solo unos cuantos casos de los muchos que han sucedido y siguen sucediendo en la penitenciaría Nacional de Palogordo, en Girón-Santander. Jordán Javier Ramírez Escobar, Otoniel Calderón Ovalle, Gabriel Mercado, Alejandro Parra Patiño: estos prisioneros han muerto de enfermedades terminales confinados en una reducida celda. Diomedes Meneses Carvajalino está en condiciones precarias de salud, postrado en una silla de ruedas producto de una paraplejia ocasionada por las torturas

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que le propinaron funcionarios del Gaula en el momento de su captura; Juan Emilio Calle Cabezas sufre cáncer de piel, ya la enfermedad está en alto grado de desarrollo; John Edison Orduz Arenales lleva tres meses paralítico y hasta ahora no le han brindado las condiciones mínimas para un tratamiento. De algunos entendemos que los han dejado morir por ser guerrilleros, y los presos sociales, tal vez, por ser delincuentes pobres. Es tal el estado de ignominia en que vivimos, que algunos presidiarios están en tal desequilibrio mental que a última hora optan por el suicidio, como aconteció el día 13 de abril en el patio No 4, celda 61, en donde los reclusos Wilmer Alfonso Flórez y José Luis Valderrama determinaron prenderse fuego en la celda, acto que los llevó a la muerte. Qué raro, en una prisión donde las medidas son extremas, cámaras, guardias, etc., no vieron nada ni oyeron los gritos de 160 presos que clamaban para que no dejaran morir sus compañeros de infortunio. Y continuando con las “garantías” que brinda el Estado, señor

Defensor, muchos presos no pueden recibir visita por la persecución del mismo Estado. Para citar solo un caso, Carlos Iván Peña Orjuela viene siendo sometido a presión para que colabore con la justicia; ya llegaron al extremo de asesinarle a un hermano, a su compañera la encarcelaron y de paso lo tienen amenazado con matarle al hijo, un niño de tan solo 6 añitos. Todo esto viene por parte de la Sijin. De nada han valido las denuncias, campañas y hasta las protestas de los presos para que al menos a los enfermos terminales les permitan pasar sus últimos días al lado de sus seres queridos, pero nunca hemos sido oídos. Y

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eso que aquí por todas partes los reclusos podemos leer en unos pequeños letreros estampados en las paredes que dicen: “Su dignidad humana y la mía son inviolables”. Por eso no entendemos sus declaraciones, señor Defensor del Pueblo. Tampoco las garantías de las que usted habla brinda el Estado Colombiano. Nosotros, hombres y mujeres que vivimos entre un montón de muros, rodeados de mallas, serpentinas y alambradas, además, custodiados por personal que de paso muestra un odio visceral hacia los presos; que no vacilan en usar sus bastones de mando o lanzar gases lacrimógenos ante la menor falta al reglamento. Para movernos cincuenta metros somos esposados drásticamente. Durante una remisión son encadenadas nuestras manos a la cintura como si fuéramos fieras, además, durante el viaje no tenemos derecho a ingerir alimento alguno y, si por desgracia tenemos necesidades fisiológicas, tendremos que hacerlas sobre las ropas porque tampoco para eso tenemos derecho. Con frecuencia nos damos

cuenta que grandes capos de la mafia, políticos y demás delincuentes de cuello blanco sí pueden gozar de la prisión domiciliaria. Así mismo, sus condenas son irrisorias y muchos de ellos han patrocinado u orientado crímenes selectivos, colectivos y desapariciones. Hace poco una jueza de la república fue encontrada robando ropa interior en un almacén de cadena; su pena: 28 días en su casa. Nos queda claro que las infracciones de los que tienen poder son debilidades, pero para los pobres son llamados delitos y, por ende, antisociales a los que les debe caer todo el peso de la ley e ir a las cárceles, mientras los de poder económico pagan sus “errores” en sus mansiones. Según la Constitución, todos somos iguales ante la ley, señor Defensor. ¡Vaya ironía!, ¿no? Y eso que “su dignidad humana y la mía son inviolables”.
Prisioneros de Guerra y Presos Políticos Patio No 3 Prisión de Girón-Santander.

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PALABRAS DE LAS Y LOS PRISIONEROS POLÍTICOS Y DE GUERRA A SUS FAMILIARES
PARA DOÑA ANA MARÍA Y LA FAMILIA LESMES
Querida mamá: Doña Ana María Queridas hermanas (os) – Familia Lesmes

Cordial saludo y mi deseo de bienestar y éxito en sus actividades. Reciban también un agradecimiento por todas las manifestaciones y hechos de solidaridad y apoyo, ahora que me encuentro prisionero del régimen narco-terrorista de Uribe Vélez por el atroz delito de luchar por los trabajadores, por la democracia, el desarrollo y la justicia social. Un análisis aproximado de mi situación es el siguiente: De acuerdo al Código Penal, me pueden condenar por rebelión; al aceptar el cargo se rebajaría a la mitad y por otros conceptos podría quedar reducida a dos años. Esto, si se ejerciera justicia. Lo real es que quien hace los cargos es la Fiscalía y esta se encuentra en manos de los narcoparamilitares, y proceden no en forma jurídica sino política y, par-

ticularmente, en forma vengativa contra los luchadores populares. Por lo tanto, es de esperar que la condena sea por el resto de vida que me queda, y les quedo debiendo. Como la condena es política, una posible libertad hay que buscarla por vías políticas. Y esta vía es el intercambio humanitario. En toda guerra, y en Colombia hay una guerra, se capturan prisioneros de guerra de ambos bandos; y en esos casos, en todos los tiempos y en todos los lugares del mundo, se procede al intercambio de prisioneros. El régimen colombiano se ha negado, y particularmente Uribe, a cumplir con esta forma internacional sobre la regulación de las guerras. La comunidad internacional presiona por el intercambio humanitario; también lo hace una parte de la sociedad colombiana: ONGs, derechos humanos, partidos de izquierda, sindicatos y especialmente los compañeros y los familiares de los prisioneros. La oligarquía reclama con bastante fuerza sus

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prisioneros y utiliza todo el poder para este fin como los medios de comunicación; convocan eventos, marchan, ruedas de prensa portando pancartas y afiches, camisetas con consignas de libertad e intercambio humanitario. Por el contrario, amigos y familiares de los prisioneros del pueblo no marchan, no reclaman por no tener los recursos suficientes ni los medios de comunicación; particularmente no lo hacen por vergüenza y miedo. Los ladrones, los narcotraficantes, los terroristas, esto es, la oligarquía, el gobierno, nos etiquetan, nos sindican a nosotros los luchadores populares de lo que ellos son: delincuentes y terroristas; y es tal la propaganda, que logra calar en buena parte de la población. Decía ese gran comandante de la humanidad, Ernesto Che Guevara: “En la evolución de la especie humana, el guerrillero ha escalado el peldaño más alto”, por tener cualidades especiales de humanismo, dejando todo, renunciando a todo y ofrendando hasta la propia vida en aras de conquistar un mundo mejor y más

justo para la humanidad. Con la frente en alto, orgullosamente somos guerrilleros, luchadores populares, prisioneros de guerra, presos políticos. Nunca somos delincuentes, no somos terroristas. Es delincuente y terrorista el régimen colombiano con sus partidos políticos, parlamentarios, gobierno, oligarquía y fuerza pública, incluido naturalmente el paramilitarismo, que desde el intento de magnicidio a El Libertador Simón Bolívar, y desde siempre, han asesinado por cientos de miles a los líderes, dirigentes y representantes del pueblo que han tratado de construir una nación justa y amable para todos. Casos recientes, entre miles, los magnicidios de los candidatos presidenciales Jorge Eliécer Gaitán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro; los senadores Pedro Nel Jiménez, Manuel Cepeda; los sindicalistas Javier Cifuentes, Teófilo Forero; el genocidio de cinco mil militantes de la Unión Patriótica, el genocidio de cuatro mil sindicalistas; el asesinato y desaparición de 300 mil colombianos en los últimos 20 años; la pérdida de sus tierras y

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el desplazamiento de cuatro millones de colombianos. El bombardeo permanente e indiscriminado contra el campo, arrasando con flora y fauna, y campesinos que luego son presentados como guerrilleros muertos en combate; y la tortura y asesinato de simpatizantes, milicianos y guerrilleros capturados. La consigna de Álvaro Uribe y su ministro de Guerra, Juan Manuel Santos, es: cero “positivos vivos”, todos “positivos muertos”. Mi caso y el de otros camaradas que estamos en prisión son la excepción: nos podemos considerar privilegiados de estar vivos. Esto es lo que se conoce aquí y en cualquier lugar del planeta como terrorismo. Reitero nuevamente: no soy delincuente, no soy terrorista. Soy prisionero político, orgullosamente de las FARC, Ejército del Pueblo. El terrorismo de Estado consiste en asesinar a miles para aterrorizar y acobardar a millones. Esta es la razón por la cual nuestros familiares no marchan para reclamar nuestra libertad y exigir el intercambio humanitario. Hoy, finales del año 2008, está al descubierto la llaga del narco-

paramilitarismo, del terrorismo de Estado, del Estado mafioso con el capo fascista Uribe Vélez a la cabeza. El pueblo de Colombia comienza a despertar, a abrir los ojos, y en particular el mundo se horroriza con la bestialidad del régimen. No han sido en vano los cientos de miles de muertos y desaparecidos, los millones de desplazados, los miles de prisioneros. Hoy el terrorismo de Estado da sus últimos estertores, fruto de nuestra lucha. Nosotros, junto con el pueblo colombiano, estamos abriendo el espacio democrático mediante el cual irrumpirán los millones de colombianos, no solamente para reclamar la libertad de los Prisioneros de Guerra a través del intercambio humanitario, sino, lo más importante, el fin definitivo de la guerra, la real apertura democrática con justicia social y la vinculación de Colombia a la construcción de la Patria Grande latinoamericana, como ya lo están haciendo la mayoría de los pueblos latinoamericanos. La pasividad y miedo del pueblo incentiva la violencia de la oligarquía terrorista. Ya comenzaron

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los grandes cambios en nuestra amada Colombia. Querida doña Ana María, querida madre con sus lindos 84 años, quiero verla en los foros, en calles y manifestaciones, aunque sea en silla de ruedas. Y quiero verla portando la camiseta con mi foto de prisionero, gritando que su hijo no es un delincuente, que no es un terrorista, que es un prisionero político y exigiendo el intercambio humanitario. Querida doña Ana María, recuerde que su hijo fue sindicalista durante 16 años, presidente nacional de Sintracoltabaco, vicepresidente sindical de la Central Sindical de Trabajadores de Colombia (CSTC). Madre, ¿se acuerda de Javier Cifuentes, mi compañero de trabajo y de dirigencia sindical, asesinado por el Estado; de Pedro Nel Jiménez, mi compañero de secundaria, senador de 35 años de la Unión Patriótica, también asesinado por el Estado; de la aguerrida dirigente sindical Aída Abella, concejal de Bogotá que se salvó de un atentado, hoy en el exilio en Europa. Los Garzón, comunistas y diri-

gentes sindicales de ayer, hoy son defensores del régimen. Madre, a los dirigentes populares en nuestra amada Colombia nos quedaron cuatro opciones: la muerte, el exilio, la traición o continuar las luchas desde las montañas. Esta última fue mi opción desde hace 24 años y con orgullo tomé el nombre de Javier Cifuentes como nombre de guerra, mas no alias, porque este epíteto corresponde a los delincuentes. Vale aclarar que hubo sindicalistas que permanecieron en la lucha y lograron sobrevivir: son la excepción. Madre, me gustaría que le dijera a Herbin Hoyos, del programa radial de Caracol “Las voces del secuestro”, quien tiene como lema: “El programa se clausura cuando salga el último retenido por la guerrilla”, que la causa es noble, pero es más grande y noble la causa de extender el programa adoptando como lema: “Hasta que termine la guerra”. Dígale a Herbin Hoyos, madre, que la guerra tiene dos caras y que desafortunadamente las dos principales víctimas de la guerra son el pueblo y la verdad; y esa

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verdad es fusilada por los medios de comunicación. Que el primer paso para terminar esta horrible guerra se dará el día en que los periodistas y los medios de comunicación dejen la parcialidad y muestren, en igualdad de condiciones, las dos caras de la guerra; esto es, la verdad. La intolerancia es una de las causas primeras de la guerra en Colombia. Finalmente, madre, sé de tu sufrimiento por mi causa, pero comprende madre que hay millones de madres colombianas que

sufren igual o quizás peor, por esa, la guerra cruel de que son víctimas sus hijos: el hambre, la desnutrición, el desempleo, el desplazamiento; y esa guerra tiene una causa y contra esa causa y causantes es que estamos luchando. ¡Hasta la victoria, madre!
Javier Calderón, o Jairo LesmesFARC-EP. Penitenciaría Nacional Modelo, Pabellón de Alta Seguridad

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POEMA PARA MI HIJO: AYER Y HOY
Ayer 7 de marzo cumplió 9 años, ayer me convertí en la madre más orgullosa del mundo, ayer nació un nuevo hijo de la patria; ayer en algún lugar de la hermosa y espesa selva de Colombia floreció una nueva ilusión, una nueva esperanza. Hijito, yo no te he abandonado, nunca te he olvidado, unos monstruos salvajes me han separado de ti, mi pequeño. Hoy el régimen de Colombia, representado por unas minorías, me hacen prisionera por pensar diferente, por no compartir con la injusticia social. Hoy el régimen me somete a todo tipo de tortura, con tal de asustar y amenazar a los que me siguen. Hoy el régimen encierra en los campos de concentración, copiados de los EE.UU., a los que se solidarizan conmigo. Hoy el régimen es de falsos positivos con los trabajadores, estudiantes, campesinos, líderes comunales, por el delito de vivir y tener un pedazo de tierra en áreas de influencia guerrillera. Hoy el régimen tortura, desaparece a los luchadores sociales y populares porque son una amenaza. Ayer el régimen paramilitar masacro a mi padre, el hoy tu abuelito, para castigarme, para torturarme, para cobrar el hecho de ser una mujer rebelde, ¿con esto qué lograron? Que mi lucha tenga más vigencia y más razones. Hijito, nunca te he olvidado ni te olvidaré. Desde este cementerio de libertades, a través de la distancia, todos los días te contemplo, te arrullo entre mis brazos,

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te aprieto contra mi pecho y te doy el besito de las buenas noches. No llores, hijito mío, no estás solito, yo estoy contigo mi pequeño, no le temas a nuestro destino, aún eres muy pequeño para entender lo terrible y desgarradora que es la guerra que desangra nuestra nación o patria. Tampoco podrás entender el porqué estoy tras las rejas. Vamos, mi pequeño, sonriamos juntos, empuñemos, levantemos con gran altura las banderas de la justicia en nuestra tierra, en nuestra Colombia. Unos muros grises, unas rejas se cierran, un candado las asegura, que creen, físicamente estoy prisionera, pero mis principios, mi ideología, mis ideales y pensamientos no están encerrados, ellos están tan libres como el aire que sopla en las cordilleras o como el agua que desciende de las montañas.

Sí, físicamente estoy prisionera, pero aun el día de mi muerte otros retomarán mis ideales; entonces nada han ganado con tenerme encerrada y separada de los que amo. Ayer, se equivocaron pensando que haciéndome prisionera traicionaría mi pueblo, a mi organización. Hoy con mucho honor y con orgullo me restriego el amargo sabor de la guerra, siendo leal a mi causa, a mi organización y a mi pueblo. Mujer, que nuestra voz rebelde no baje. Que nuestros ojos brillen con más fuerza. Que nuestra sonrisa no muera ni se apague. Mujer, a miles de nosotras nos toca enfrentar miles de condiciones; acompáñeme, reguemos la semillita de la esperanza… mujer, la victoria será nuestra…
Marinelly Hernández O. Prisionera de Guerra FARC-EP Reclusión de Mujeres de Pedregal, Medellín-Colombia

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EN LA PROFUNDIDAD DEL INFIERNO
“A puertas de la cadena perpetua”

“Abandonad aquí cualquier esperanza”
La Divina Comedia Dante Alighieri

A. EL ACONTECIMIENTO
Con un dejo de nostalgia, recibí la noticia sobre mi muerte, lo dijo mi esposa de boca del abogado, circulaba en internet la noticia. No me preocupé por confirmar la versión. Lo que circula por internet es la supra – realidad. En la era de la informática y la realidad virtual, lo que aparece en internet es porque existe o ha dejado de existir. Sin extrañezas también me enteré que estaba en la profundidad del infierno. Lo dijo el congresista Iván Cepeda un día que deambulaba entre las tumbas. Por eso no sé si mi relato es la realidad; si soy un personaje de ficción; o si soy yo quien realmente existe y son ustedes a los que me dirijo seres imaginarios.

ROLANDO ALBEIRO ACEVEDO MUÑOZ. Prisionero de Guerra recluido en la Cárcel de EPCAMS – VALLEDUPAR torre 7

CAPITULO I
“los muertos callan siempre. Cuando parece que hablaran es que los vivos los hacen hablar. Los muertos no sirven para nada porque son olvidados. De momento parece que no fuera posible olvidarlos y que duren toda la eternidad; poco después, ni siquiera se recuerda que nacieron” “Un Hombre”, Oriana fallaci.

B. LA SENSACIÓN
Como en la metamorfosis de Frank Kafka. Gregorio Samsa amaneció convertido en un desa-

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gradable insecto. Yo desperté en la tumba. Agrimensor fui hoy del feudo del olvido; una regla plástica de 30 cm, me sirve como patrón. En calurosas noches puesto soy en una nave del cementerio. Torre 7 , sección sindicados, ala sur, bóveda 316. Hay espacio para dos ataúdes : 3.30 mts de largo, 2 mts de ancho, 2.50 de alto. Mi ataúd mide 2 mts de largo, 1.10 mts de alto, 0.90 de ancho. Es de hormigón, con un borde a manera de canoa. En distintos horarios del día o de la noche, los sepul-

tureros pasan a confirmar si los muertos siguen vivos. La cárcel es el vestíbulo de la eternidad. La muerte tiene un significado holístico. Mis primeras impresiones datan de la niñez. Una sensación de olores. Vivíamos en carepa, son imágenes fragmentarias; había una casa en ruinas, albahaca crecía silvestre y esparcia su aroma. Al frente de la casa pasaba la carretera al mar; por aquel entonces una trocha polvorienta. Un anciano alcohólico que iba con su botella y un poncho anudado al cuello fue arrollado por

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un vehículo; su cuerpo macerado cayó en una cuneta y el poncho quedo prendido a un alambre de púas. La muerte tenia entonces el olor de la albahaca. Llegamos a la ciudad de Medellín; nos instalamos en una ramada en la parte trasera del cementerio de Robledo. Una tapia derruida dejaba ver huesos y cráneos blanqueados. La madera de los ataúdes desecho por el comején. La fría comarca tenia dalias por doquier. Había también ruda silvestre que al ser rozada expedía un aroma penetrante que contrastaba con el olor de las dalias. Era la muerte olor a dalias, a albahacas, a rudas silvestre. Recuerdo los últimos días de don Ángel, un anciano dueño de un horno de tierra alimentado con leña, donde hacían pan de queso. La piel era como un velo adherido al hueso, saco de carnes, tez amarillenta, los labios resecos y agrietados eran humedecidos con una flor. Era la muerte la sequedad de la carne, la sed insaciable, unos labios cuarteados. Un día murió mi hermana menor, en un rincón de la sala fue depositado el

cadáver níveo en un cajón blanco; reinaba el silencio; mi madre y hermanos sollozaban, fue una noche de vigilia; durante el día nadie hizo de comer, los ojos irritados por el trasnocho y las lagrimas; el hambre hacia que los intestinos gimieran en retorcijones. En la tarde salimos para el cementerio San Javier, una nube de mosquitos pululaban allí, se metían por la nariz, la boca, y los ojos. Era la muerte la incomodidad física; ojos que arden, el cuerpo que se arquea de hambre; rostros tristes mosquitos que intrigan. Asistí a la exhumación de los restos de un familiar, al abrir la bóveda se sintió el frio, un olor a moho, a humedad, a rincón, el cajón carcomido, las ropas soldadas al hueso, el cráneo lleno de pelo, uñas largas, era la muerto un cuerpo que se descompone y estalla; carne que se transforma en tierra; olor a humus. Supe luego de reflexiones intelectuales sobre la muerte. Una pregunta la angustia existencial sartreana. El ser y la nada. Una inquietud que flota; la búsqueda de significado a la vida, una promesa religiosa de reivindicarnos

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en un futuro incierto, escatológico. Un mundo surrealista de paraísos e infiernos; una eternidad extrema, contradictoria y absoluta, maniquíes. La vida real no era prodiga en un país corroído por un conflicto interno; una ilegalidad y criminalidad desbordada la vida carente de valor. Mercadees de la muerte como en aquellas pinturas de Goya, triste hazaña con muertos. La muerte es el olor a albahaca, a dalias, a ruda, a moho, a humedad, a tierra. Una sensación física: ardor en los ojos, insomnio, retorcijón en el estómago. Un estado psicológico: angustia, depresión, tristeza, odio, frustración. Un proceso físico: el paso del tiempo que todo destruye; un organismo que se deteriora perece, se llena de gusanos y estalla. Se descompone en abono. Una pregunta existencial, un juego intelectual de palabras. Una opción; un echo económico; un medio político para lograr un fin…

C. LA MUERTE
La cárcel es la muerte social, cementerio de libertadores. El

preso es un muerto viviente, un zombi. Su “vida” se reduce a dos planos. Acontecer biológico: alimentarse, dormir, asearse, hacer ejercicio, respirar, realizar las necesidades fisiológicas. Y la existencia psíquica: un mundo de imágenes en el cerebro, un murmullo de voces al otro lado del auricular y del muro. La ilusión, la esperanza; esa quimera que según Nietzsche nos permite soportar el dolor y arrastra la pesadez de la materia; de una vida miserable; aplazando esas fuerzas destructoras que se incitan a una situación definitiva. El tiempo para los muertos en la prisión no existe, se ha hecho eterno. La percepción del tiempo tiene un sello de la subjetividad, de la experiencia individual, un cronometro biológico, como en la propuesta estética de Thomas Mann en la montaña mágica. Para el preso, el tiempo tiene dos dimensiones: La interna: tiempo enclaustrado, la dimensión surrealista de una burbuja, una campana cerrada. Tiempo muerto, de bochorno y tedio, en un vegetar entre el hormigón y el hierro. Un cuerpo en una tumba que se

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deteriora progresivamente ante la mirada indolente de funcionarios y guardias. Tiempo irredimible, arrancando a trozos la existencia. Una zarpa que roe la vida y solo deja un guiñapo; jirones de la humanidad. Asistimos a nuestro velorio, muerte consiente. Y la dimensión externa: barruntada en la ilusión; imágenes del pasado. Una realidad lejana de la que fuimos actores y que recreamos en estampas: fotografías, sombras, imágenes ficticias como en la caverna de platón. Dos dimensiones que tal vez se reconcilien; pero que solo dan la sensación del vacío, de la irrealidad, de vivir como en un sueño. Como en la vida es un sueño de Eduardo Zalamea o como una pesadilla Kafkiana.

CAPITULO II EL INFIERNO
“cuando descubrió que estaba en el infierno y no en el paraíso; era demasiado tarde para huir, y se dedico a incendiarlo” ARCANGELES, Paco Ignacio Taibo II

El congresista Iván Cepeda dijo que entro a las profundidades del infierno. Mas solo vio el borde, el contorno, lo externo. Los condenados a recoger gota de agua sobre sus excrementos. El olor a orines y heces fecales, a cuerpo de descomposición. Una nube de moscas. Las fosas donde se apilonan los muertos; el deposito de seres humanos. Los indignos lugares a donde llegan los visitantes, los rostros alucinados, las voces que imploraban apaciguar su tormento, las manos que extendían buscando tocarlo y hacerle volver la mirada. Pero no alcanzo a ver el fuego interno que consumen esas almas, los demonios que atormentan en este lugar de suplicio donde el azufre son el garrote y el gas lacrimógeno. Alcanzo a ver como en el ultimo rostro de Álvaro Mutis, el rostro con el cual nos recibe la muerte. Como fueron los ojos desorbitados del ruso; el seño fruncido, la angustia. En cueros, cubierto de excremento de cuatro días depositados en la carencia de agua., las moscas revoloteando en el suculento festín; la guardia rociando gas en su rostro;

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imagen que recuerdo cuando en CAPITULO III la torre 8 cayo de la estructura EL ECLESIASTÉS O EL PREDIpidiendo atención psicológica y CADOR reventó contra el piso. O el rostro “Os suplicamos encarecidamendesencajado de cucaracho en la te que libertéis a los moradores torre 9, huesos largos y nudosos, de esta vecindad de las oracioapenas cubiertos por la piel, los nes estertóreas que hipócritamenojos navegando en unas enormes te entonan los que en la prisión cuencas, corriendo con sus canese encuentran no digo yo que cas verdes de lama y hongos a carezcan de motivo para quejarrecoger el agua y cayendo en la se como si la salud de su alma podredumbre, su cabeza crujiencorriera peligro al cantar un poco do como un coco. mas bajo; y que no pudieran oírLas huellas de la tortura psicolóse ellos mismos teniendo las vengica que afecto el estado mental, tanas cerradas. Si lo que buscan el sistema nervioso, los sentidos. es un certificado del carcelero en La angustia, la ansiedad, la enferque conste que son temerosos de medad de las rejas, la frustración, Dios, no creo que necesiten armar la impotencia, la desesperación, ese escandalo para que no deje la incertidumbre, el desasosiego, de oírlos el, pues, bien se miro, la exaltación de los sentidos. Los podrían rezar en el mismo tono presos que tasajean sus cuerpos con que rezan en su casa los vero cortan sus carnes con platinas daderamente religiosos..” y chuzos de hierro, los que cosen sus labios o ingieren cuchillos o CARTA DIRIGIDA AL ALCALcualquier solución de cloros creo- DE DE KOISEMBERG, Inmalina o alcohol; se atan una soga nuel Kant al cuello o se prenden candela, o saltan al vacío buscando a través Caminaba un día en la profundel dolor el descenso parcial o didad del infierno y reflexionaba definitivo a una vida monótona, al sobre esas almas atribuladas que desprecio, a la humillación, a la con gritos lastimeros, sonar de paltortura, al trato cruel e inhumano. mas, saltos, golpear de una cane-

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ca y chillar de una “rasca” invocaban al altísimo. Encontré respuesta a ese proceder en un libro oscuro y contradictorio de la Sagrada Biblia, inspirado en el escepticismo y el agnosticismo. Un documento existencialista que describe el estado interior de estas almas confundidas y atribuladas, que no encuentran finalidad a la vida. Dios se insinúa como respuesta a su duda. Permitiéndole descargar en un ser sobrenatural la causa eficiente que justifique el paso por el mundo, que de cuenta de las faltas y desventuras. Refugio seguro en lo escatológico, en lo inasible e inaprensible. La especulación teológica como lenitivo del desesperado y decepcionado de la vida terrena. Todo es vanidad dice el predicador. Toda la vida es inútil, al final del camino solo espera la muerte. Ni ignorancia, ni sabiduría, ni riqueza, ni pobreza, ni justicia, ni iniquidad quedan en pie ante la inevitabilidad de la destrucción. El tiempo destruye, todo lo destruye y lo sepulta. Vano es vivir dice el predi-

cador, dichoso quien no nace. Escepticismo extremo. La vida no tiene finalidad, ni razón de ser. Entre el ser y la nada, es mejor no llegar a ser. Vivir es dolor, la vida es lo ilógico, lo paradójico. Nihilismo y estoicismo. Dios crea al mundo y al hombre para que sufra, para que viva falsamente, su consuelo volver a Dios… Al vacío placentero del éxtasis de la nada…
FIN Julio 07, del 2011 Autor: Rolando Albeiro Acevedo Muñoz EPCAMS – VALLEDUPAR torre 7

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Asociación Bolivariana de Asuntos Humanitarios

Patria es Solidaridad

La oposición política en Colombia continua siendo objeto de la violación de sus Derechos Humanos. El etiquetamiento, las amenazas, el asesinato, el desplazamiento forzado, el seguimiento ilegal y la desaparición son prácticas que no cesan en el marco del conflicto armado. Cabe destacar que el encarcelamiento está afectando a cada vez más personas de diversos sectores poblacionales, no solo a los combatientes. En suma, existen 9.500 prisioneros y prisioneras de guerra, de conciencia y víctimas de montajes judiciales. Organizaciones No Gubernamentales que realizan seguimiento, estudios de campo y acompañamiento a las víctimas, suman cerca de 9.500 prisioneros políticos y de guerra, 5.5 millones de personas desplazadas y el mismo gobierno reconoce que 6.5 millones de hectáreas de tierra han sido usurpadas. Así mismo se reconoce como el país con mayor número de sindicalistas asesinados. El Movimiento de Víctimas del Estado denunció que más de 30 defensores de DDHH fueron asesinados en 2011. Según datos de la Fiscalía, a las 16.000 desapariciones forzadas se suman a alrededor de unos 42.000 ciudadanos desaparecidos por otros motivos ajenos a la guerra, como delincuencia común. Cerca de 2.000 militares están en procesos judiciales por “falsos positivos” o ejecuciones extrajudiciales, práctica esta que no para, al entender de la ONU. A esto se suma la poca atención a las causas del conflicto. La desigualdad social reconocida oficialmente por el Estado reporta un coeficiente de Gini de 0.58 que ubica a Colombia en el tercer lugar de los países más desiguales del Planeta. Desigualdad que se evidencia también en el desempleo, la ausencia de oportunidades en educación, un sistema de salud en crisis y un amplio déficit de vivienda. Todo lo cual se puede sintetizar en la cifra de 30 millones de personas en la pobreza en un país de 47 millones de habitantes. Ambas cuestiones, conflicto armado y la situación social, están expulsando un número importante de colombianos y colombianas, llegando a una cifra que supera los 6 millones de personas por fuera de su país, muchos de las cuales viajan a la República Bolivariana de Venezuela; factores como la continuidad territorial y país vecino, cultura e historia compartidas y otra serie de variables explicarían la opción por atravesar la frontera común. Además, la cuna de Bolívar ofrece las condiciones favorables en materia de bienestar social; en 2010, el representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Venezuela, Mohamed Alwash, destacó la generosidad del Gobierno venezolano con los cerca de 200.000 colombianos que estima se encuentran refugiados en el país. Consecuente con esta realidad, desde diferentes latitudes del planeta se promueve la SOLIDARIDAD con el Pueblo colombiano. En el caso particular de Venezuela, la solidaridad se ha expresado de diferentes maneras que van desde los pronunciamientos sobre la paz con justicia social, la disposición material con recursos para atender algunas necesidades, hasta servir de refugio de millares de colombianos y colombianas. En éste contexto la Asociación Bolivariana de Asuntos Humanitarios Patria es Solidaridad plantea el Plan Trienal 2012 - 2014. Continuaremos nuestra labor en 3 campos de trabajo: prisioneras y prisioneros políticos y de guerra en una alianza estratégica con organizaciones colombianas y de otros países que permitan tejer una red solidaria; caracterización y acompañamiento de

la población desplazada con presencia en Venezuela, buscando el reconocimiento y la participación para una mayor integración social en esta sociedad; y por supuesto, el Plan incluye nuestro propio proceso de fortalecimiento organizacional. Son estos campos en los que hemos acumulado una experiencia y nuestro propósito ahora es consolidarla con la firme convicción de que aportamos un grano al tan necesario proceso de paz en Colombia, sobre la base de la visibilización y atención de las víctimas, así como de la sensibilización y promoción de solidaridad con las mismas. Nuestro enfoque de trabajo está orientado hacia la integración de la perspectiva de género y el conocimiento y difusión de los Derechos Humanos, en los diferentes programas de manera transversal. Esto quiere decir que se pretende el reconocimiento y defensa de los derechos humanos, incluidos los sexuales y reproductivos de las mujeres y los hombres, así como reconocimiento de la diversidad sexual. A lo anterior se suma la investigación acción participativa como método de trabajo. Queremos destacar en esta justificación que nuestra prioridad es la solidaridad con las prisioneras y prisioneros políticos y de guerra no solo en Colombia sino en todo el mundo en el marco de las luchas anticapitalistas. Entendemos que la Prisión Política a las luchadoras y luchadores populares, es por excelencia uno de los mecanismos de poder que las clases sociales dominantes utilizan para invisibilizar y contener las justas demandas de los pueblos en contra del pensamiento único neoliberal. La prisión política es utilizada de una forma tan generalizada en el mundo de hoy que extiende sus tentáculos de encierro a los movimientos de reivindicación, ya sean indígenas, mujeres, trabajadores, ambientalistas, afrodescendientes, LGBT; es decir, todo lo que se parezca a pensamiento alternativo. Como mecanismo, esta forma de confinamiento es el efecto de una amplia red de prácticas y discursos sociales, transmitidos, principalmente, a través de los medios de comunicación privados y ejecutados por organismos judiciales y represivos. Son capaces de falsear, a escala local, nacional e internacional, pruebas incriminatorias y supuestas conspiraciones contrasistémicas. En la actualidad, la acusación de “terrorismo”, a una variedad de luchas en contra de la voracidad e injusticia del orden basado en el capital, es la llave que primero abre y luego cierra las puertas de la prisión política, a una gran cantidad de habitantes y militantes de movimientos sociales que reclaman en contra de las miserias del mal gobierno mundial. Ante el embate de los defensores del orden, es necesaria la unidad mundial y ecuménica de los sentires y haceres revolucionarios, suficientes razones asisten entonces a Patria Es Solidaridad como una plataforma que se interesa por el bienestar de las prisioneras y prisioneros políticos, víctimas de montajes judiciales y falsas acusaciones. Trabajamos por su libertad, por la revisión de sus procesos judiciales injustos y violatorios de sus más elementales derechos humanos y judiciales y por la solidaridad con las demandas de sus respectivas organizaciones. Demandamos el respeto de estas compañeras y compañeros y la actuación decidida de los colectivos organizados, las organizaciones de derechos humanos y los organismos internacionales que trabajan en pro del desarrollo de valores como: la justicia, la equidad y la igualdad con participación de todas y todos.

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