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I

APOLO

Rafael, Madona de San Sixto

(Museo de Dresde),

'7/777 1

SALOMÓN ^EINACH

MIEMBRO DEL INSTITUTo/ DE FRANCIA

Y PROFESOR EN LA ESCUELA DEL LOUVRE

APOLO

HISTORIA GENERAL DE LAS ARTES PLÁS^fíCAS

TRADUCCIÓN CASTELLANA Y APÉNDICES

POR

RAFAEL DOMENECH

Profesor de Historia del Arte en la Escuela especial de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid,

Secunda edición, corregida.

LIBRERÍA GUTENBERG DE JOSÉ RUIZ

PLAZA DE SANTA ANA, I3, MADRID. IQII.

ES TROPIEDAD

Madrid, 191 1. Imprenta de la Casa editorial Bailly-Bailliére, Cava Alta,

\

xi Exequias de Ricardo II en Londres.

5300 (Miniatura de nu manuscrito francés de 14S0, Breslau).

1^11

PREFACIO

LAS veinticinco hrcio/ics que foniian el presente libro fueron

dadas por M. Salomón Reinach, en la Escuela del Loiivre,

de diciemh'c de igo2 d junio de igo^. Exceptuando la leccióft úl-

tima, que su autor cor rigió varias veces, las demás, á poca dife-

rencia, van publicadas tal como las dio M. Reinach en el refe-

rido curso.

El origen de éste fué para llenar en la enseñanza histórica del Arte, en París, una laguna importantísima. En la referida capital

anualmente se da un número co?isiderable de cursos de Historia

del Arte; pero son todos ellos, ó monográficos, ó abarcando un pe-

ríodo ó un género ó una escuela artística. Faltaba en esos cítrsos

públicos una enseñanza sumaria y sintética de la historia de las

artes plásticas, y esta empresa es la que llevó á cabo M. Salomón

V

PREFACIO

Reinach. Fué tina prueba coronada del más excelente éxito, pues su

auditorio se multiplicó extraordinariamente desde las primeras

lecciones.

Publicado en Francia el presente tomo, en poco tiefnpo ha?t apa-

recido tres ediciones de él, á 7nás de las ediciones hechas en lene'ua

o

inglesa, alemana é italiana.

Si la necesidad de un curso en las condiciones indicadas hacia falta en París, un libro como éste era indispensable en ?iuestra esca-

sa literatura artística. Pocas obras tenemos en español, traducidas

ú originales, sobre la Historia general del Arte, ó circunscritas á

puntos determinados de ella. Nosfalta una historia sintética de las

artes plásticas, escrita en forma de manual, que contenga una

suma cojisiderable de ideas generales sobre esta matei'ia, expuestas

en forma breve y bien depuradas, siendo expresiÓ7i fiel de la actual

historiografía a^'tística. Estas co7idiciones las reúne el libro de

M. Salomón Reinach. Por otra parte, contiene éste, al final de

cada lección, mía extensísima bibliografía, que sirve de admirable

guía para los lectores que quiera/i ampliar sus ideas generales, ó

reforzarlas con gran 7túmero de hechos y de documentación. En esa bibliografía van descartadas las obras cuyo contenido se

refiere más á la Arqueología que á la Historia del Arte. Des-

cartadas quedan

también aquellas otras obras ó artículos salvo

algunas excepciones anteriores á 1880, así como las que son

raras ó sumame7ite costosas.

Conviene una aclaración sobre el título del preseiite libro. En

i88() su autor publicó otro con el título de Minerva, destinado á

servir de introducción á los clásicos griegos y latinos. La obra

titulada Apolo forma pareja con aquella otra.

La presente edición castellana se ha hecho á la vista de la ter-

cera francesa; M. Salomón Reinach ha toiido á bien corregir y

hasta aumentar en algunos detalles el texto original. Dos inno-

VI

PREFACIO

vacioites hemos creído conveniente introducir. La primera se refie-

re al sumario que va al frente de cada lección; esto facilita su

lectura parcial, y aun la general: este detalle lo contiene la tra-

duccicm inglesa. La segunda es más importante: nos referimos d los apéndices relativos al Arte español. Efi un libro de las pe-

queñas dimensiones de este, nuestra historia artística había de ocu-

par un espacio muy breve, y hemos creído conveliente ampliarlo, para que esta obra reuniese más condiciones de utilidadpara 7iues-

tro público. Sin ceñirnos estrictanuvite á la forma del texto orií^i-

7ial, hemos procurado escribir estos apéndices sii^uiendo el carácter

de aquélla.

Muchas lagunas encontraráii nuestros lectores en estos apéndi- ces; quedan, en parte, disculpadas, por la brevedad de los mismos

y por el estado de nuestra historiografía del arte, que, á pesar de

tener muy excelentes escritos, no es lo suficientemente numerosa

para poder realizar aquella célebre máxima de Fustel de Coulan-

ges: Un año de análisis para una hora de síntesis.

El texto original de Apolo coiitiene excelente y numerosa ilus-

trado)!: hemos procurado hacer lo mismo con los apéndices. La

importancia del elemento gráfico en estos libros es grandísima,

hasta el extraño que el ideal de ellos tiende á aumentar las repro-

ducciones de las obras de arte y á disminuir relativamente el texto.

No hay explicación y crítica de una obra artística, que baste ella

por si sola; la enseñanza resulta inmensamente mayor cuando al

lado del texto va reproducida la obra de la cual aquél se ocupa.

En tres años se ha agotado la primera edición castellana de

este libro. El éxito de la obra de M. Salomón Reinach, ha sido

tan excele7ite en España, como en Francia, Italia, htglata'ra

Hungría.

.

VII

PREFACIO

La presente edición va con las correcciones y adiciones que el

autor lia JiecJw á la quinta francesa publicada hace dos años.

Además, se ha corregido escrupidosaniente el texto castellano,

plagado de erratas en su prinuva edición. En esta labor, como

e7i la de traducir muchos de los capítulos del presente libro, lie

Imitado una excelente ayuda en Ricardo Agrasót, profesor de Historia del Arte en la Escuela Superior de Córdoba.

También ha sido aumentada la bibliografía de los tres apén-

dices consagrados al Arte español, y hechas en ellos algunas nw-

dificacioncs en vista de los nuevos trabajos de investigación his-

tórica.

Octíére de igio.

"Isu- jr_k-jBÉt

-^

mJ

i

R. D.

Altar romano del siglo l

{Museo de Arles).

VIII

.

Bajo relieve de la Acrópolis de Atenas.

{SÍ£-lo I V antes de Jesucristo)

APOLO

LECCIÓN PRIMERA

LOS ORÍGENES DEL ARTE

El arte es un fenómeno social.El arte de los salvajes y el de los niños.

Primitivas manifestaciones del instinto artístico.El arte en el período

cuaternario.El arte de los cazadores de renos.Pinturas prehistóricas

en las cavernas.Las cavernas del Périgord y de los Pirineos. La sim-

patía como forma del ideal en las primitivas obras de arte.

ES posible que en veinticinco lecciones se pueda dar una idea

de la evolución de las artes plásticas, esto es, de aquellas

cuyas obras puedan realizarse por medio del dibujo (la arquitec-

tura, la escultura y la pintura): Lo ignoro, toda vez que no lo he

realizado. Aquellos de vosotros que sigan este curso hasta el final,

responderán entonces por mí.

La industria humana es hija de la necesidad. Desde los orígenes del hombre, éste hubo de construirse herramientas, armas y vesti- dos, y ponerse al abrigo de la intemperie y de los ataques de los

.

APOLO

animales salvajes. Fué industrial por necesidad, llegando á ser

artista por gusto.

La obra de arte difiere, por su carácter esencial, de aquellos

otros productos de la actividad humana que responden única- mente á las exigencias inmediatas de la vida. Fijémonos en un

palacio, en una estatua ó en un cuadro: el primero podrá ser sólo

una gran casa, y, sin embargo, ofrecer un abrigo bien seguro; aquí,

el elemento artístico está sobreañadido al de utilidad. En una esta-

tua ó en un cuadro, ésta no existe más que en un sentido remoto;

el elemento artístico domina él solo.

Así, el elemento artístico, ya vaya unido á la utilidad, ya exista él de por sí, es siempre un producto de la actividad humana, pero

particularmente libre y desinteresada, cuyo fin no es la satisfac-

ción de una necesidad inmediata, sino el despertar en nosotros un sentimiento, una emoción viva ¡la admiración, el placer, la curiosidad y á veces el terror) El arte, en cualquier grado que se manifieste, se nos presenta

bajo el doble aspecto de un lujo y de un juego. Teniendo por

objeto despertar un sentimiento altruista, es el arte, en primer

término, un fenómeno social. Se fabrica una herramienta para ser- virse de ella uno mismo, pero se la decora para que agrade á

nuestros semejantes ó para que provoque en ellos su aprobación.

Ninguna sociedad, por rudimentaria que haya sido, ignoró el

arte; existe en germen en el tatuaje estrambótico con que los sal-

vajes cubren su cuerpo, así como en el esfuerzo que éstos hacen

para dar una detei minada forma al mango de su hacha ó de su

cuchillo.

El estudio del arte primitivo puede hacerse de dos modos: por

la observación de los salvajes actuales, ó por los vestigios que han

dejado enterrados en la tierra los salvajes de las épocas más re- motas. Es interesante la comprobación de estos dos métodos, pues

se ve que ambos conducen á los mismos resultados, salvo ligeras diferencias. El arte se manifiesta desde un principio por el gusto

á la simetría, que es análogo al ritmo de la poesía y de la música,

y por el color, no dispuesto éste de manera que forme imágenes,

sino aplicado ó puesto sencillamente para deleitarnos en su con-

templación. Después se complace en trazar ornamentos compues-

tos de líneas rectas ó curvas, paralelas ó rotas. Más tarde, el hom-

bre va ensayando el reproducir la figura de los animales que le

rodean, y lo hace en bulto primero, luego en relieve y en dibujo,

y, por último, se atreve, aunque tímidamente, á imitar la figura

humana y la de los vegetales. Esta evolución puede observarse estudiando la vida de los niños en nuestras sociedades civilizadas,

vida que es una imagen del estado primitivo del hombre. El niño

APOLO

ama sucesivamente la simetría, el color, la yuxtaposición y la coor- dinación de las líneas; cuando comienza á dibujar, garrapatea pri-

mero siluetas de animales que le interesan mucho más que la de

sus semejantes; más tarde es cuando llega á dibujar hombres y

plantas.

Una ciencia nacida en el siglo xix, la arqueología prehistórica, nos ha revelado las obras de la industria humana en una época remotísima, anterior en muchos siglos á las pirámides de Egipto y á los palacios de los reyes babilónicos. Esa época es aquella que han apellidado los geólogos cuater- naria, puesto que es la últiuia de las cuatro grandes épocas geo-

lógicas. El aspecto del

mundo era entonces muy

diferente al de hoy día;

por ejemplo, Francia es-

taba unida á Inglaterra

por el Paso de

-

¡

Calais;

Sicilia á Italia por el Es

trecho de Mesina; Sue-

cia, Dinamarca y Esco

cia, hallábanse cubiertas

por los hielos polares; los glaciars de los Alpes

eran enormes, y uno de

ellos descendía hasta

Lyon.

En la época cuaterna-

y^^ i.-Hueso grabado

Caverna de la Magdalena (Dordogne).

{Nhcseo Británico).

ria existían en Francia caballos, toros y cabras, pero vivían en estado salvaje: el hombre

aiín no los habían domesticado, é ignoraba la práctica del cultivo

de las tierras; se alimentaba entonces sólo con el fruto de los ár-

boles y los productos de la caza y de la pesca. Junto con esos ani-

males, parecidos á los que existen hoy, había otros que han des-

aparecido de la tierra, como el mammuth y el rinoceronte; había

otros que sólo habitaban en países más cálidos que el nuestro,

como el hipopótamo, la hiena y el león, ó en países más fríos, como el reno. El hombre, armado con bastones, hachas de silex

y puñales, cazaba los toros, los caballos ó los renos, ó bien se

apoderaba de ellos por medio de cepos, y nutríase con la carne

de esos animales. Armado con un arpón, cuya punta era de hue- so ó de cuerno, mataba los peces, con los cuales se alimentaba

también.

La época cuaternaria duró miles de años, acabando hacia el

año 8000 á 1 0000 antes de la Era cristiana, según los cálculos

APOLO

más moderados de los geólogos. Acabó cuando el clima, la flora

y la fauna fueron ya, poco más ó menos, como son en la actuali-

dad: cuando el último reno de los Pirineos ó de los Alpes desapa-

reció con el último mammuth.

Comenzamos en la actualidad á conocer con alguna exactitud

dos fases de esa larga época: una más antigua, cuyo clima era más

cálido y húmedo; la otra más cercana á nosotros, cuyo clima era frío y seco.

Durante la primera fase, el hombre, cazador ó pescador, vivía

al borde de los ríos ó de los lagos, más grandes entonces que aho- ra. Fabricaba hachas de silex, que en la actualidad se encuentran

á millares, enterradas á

gran profundidad, bajo

las arenas acumuladas

por las avenidas de los ríos, principalmente en

Saint-Acheul, en el Som- me, y en Chelles, en el

Marne. Muchas de estas

hachas, de forma triangu- lar ú oval, están talladas

con una gran maestría, y

presentan contornos re-

gulares que atestiguan

el gusto por la simetría

que tenía el hombre pri-

Fig. 2.—Mammuth grabado sobre la pared.

Caverna de Combarelles (Dordogue),

mitivo.

Es probable que éstos

vivieran al aire libre ó guareciéndose en cabanas hechas de ramaje;

ningún vestigio se ha encontrado de estas primitivas viviendas.

En la actualidad poseemos muchos más conocimientos de la

segunda época, en la que el reno, que no existía en la primera,

llegó á ser tan abundante como el buey y el caballo, y suministró

á los hombres, á más de una carne muy excelente, astas, huesos y tendones que sirvieron para los primeros ensayos de la industria

y del arte.

Se conocen en la actualidad puñales, arpones, barrenas y bru- ñidores construidos con astas y huesos de reno; también se cono- cen relieves y dibujos labrados en estas materias (fig. i).

El hombre, que se nutría con la carne de los renos, observó las

cualidades colorantes de ciertas tierras, y particularmente la del

ocre. Tuvo predilección por los colores vivos, y es probable que con ellos se pintara el cuerpo, como hacen en la actualidad los

salvajes. Pero aún hizo más. Sobre las paredes ó en los techos de

APOLO

las cavernas, en las que buscaba un abrigo contra el frío, que era

riguroso entonces durante nueve meses del año, se complacía en grabar y pintar animales

con una seguridad de

mano verdaderamente

extraordinaria (figs. 2, 3

y 5 í7j). Desde hace al-

gunos años han ido des-

cubriéndose pinturas

prehistóricas, de un in- terés capital, en muchas

cavernas del Périgord y

de la región pirenaica.

En las cavernas de

Francia, en que han po- dido observarse la exis-

tencia de capas super-

puestas pertenecientes á

civilizaciones distintas,

FiG. 3.Bisonte grabado y pintado

SOBRE LA PARED.

se ha comprobado que

las figuras corpóreas es-

culpidas en la piedra, en

huesos de mammuth ó reno, hállanse enterradas más profunda- mente y son, por consecuencia, más antiguas que las figuras en

bajo relieve y los dibujos. Estos, hechos con punzón, atestiguan

un gran perfeccionamiento artístico, y son contemporáneos de las

pinturas que presentan los mismos caracteres y merecen igual ad-

miración.

La nota más culminante de esas obras es el realismo con que

están hechas. Nada hay en ellas que sea producto de la fantasía;

aislados ó separados aquellos animales, son reproducidos con una

corrección tal, que ningún ejemplo parecido presenta el arte de

Caverna de Fond de Gaume (Dordogne). Revue de I' Ecole d' Anthropologie , julio 1902

(Félix Alean, editor).

los salvajes modernos.

El segundo carácter es la sobriedad- no existen detalles inútiles;

algunas figuras de animales, pintadas ó grabadas en esa época, pue-

den sostener la comparación con hermosos dibujos de animales

hechos por artistas modernos. Y, por último y

esto es quizá lo

más extraordinario , el arte de los cazadores de renos está lleno

de vida y de movimiento; gustaban representar á los animales en

actitudes vivas y pintorescas; sabían sorprenderlas en el natural y

reproducirlas luego con una exactitud asombrosa (fig. 4).

Bien entendido, todas las obras del arte de las cavernas no me-

recen ciertamente esos elogios; pueden éstos únicamente aplicarse

á unos treinta ó cuarenta objetos (esculturas, grabados ó pinturas),

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entre unos cuantos cientos que han podido recogerse y dado á la

publicidad. Y es que entonces, como en todos los tiempos, hubo

artistas excelentes y otros mediocres. Pero en esta excursión rápi-

da que hacemos en el campo de las artes plásticas de todas las

edades, sólo hemos de ocuparnos de las obras maestras, y las de

la edad del reno realmente son dignas de ese nombre.

¿Cómo y en dónde se formó ese arte?

Indudablemente, esos hermosos productos son el término de un

largo progreso. El hombre cuaternario, como el hombre moderno,

tendría innato el sentimiento artístico, pero no nacería hecho ya un artista; hacía falta para serlo una larga serie de generaciones

que poco á poco fuesen elaborando los elementos de la técnica artística, y así llegaron á dibujar correctamente la silueta de un

animal, valiéndose para ello de un trozo puntiagudo de silex. Co- nocemos aún nvdy poco esa época para poder trazar las etapas del

desenvolvimiento de que os hablo. Es posible, y hasta probable, que éste comenzara en otra parte de Europa, pues el reno no exis-

tía en Francia durante la fase cálida de la edad cuaternaria; había

de abundar en las regiones septentrionales, y todas las apariencias

nos hacen creer que los antepasados de los cazadores de renos del

Périgord y de los Pirineos vivirían entonces con su caza favorita.

Sin embargo, la evolución del arte en ese centro primitivo no hubo

de extenderse muy le-

jos; sin duda alguna, en

FiG. 4.— Grabado sobre un hueso de reno.

Caverna de Lorihct {Altos Pirineos).

Museo de Saint-Gcrmain.

L ' Anihro' elogie , 1S94. ( Masson ,

editor).

la cuenca del Garonne,

se aceleraría y llegaría

á su término.

Cuando acabó el pe-

ríodo frío, el reno des-

apareció súbitamente y

fué reemplazado por el

ciervo. En esta época

los grabados llegan á

ser muy raros; luego

desaparecen por com-

pleto. La civilización

de los cazadores de re-

nos hubo de extinguirse

en esos sitios,

ó bien

esos hombres emigra-

ron detrás de los renos hacia el Norte de Europa. Pero hasta el presente no se ha encontrado traza alguna, ni ha podido tampoco

establecerse seriamente una conexión entre el arte de los cazado-

res de renos y el de las civilizaciones más antiguas, aunque cier-

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tamente mucho más recientes que la de ellos, del Egipto y Babi-

lonia.

Así, la civilización de Francia en los tiempos cuaternarios forma

en los comienzos de la historia del arte un dominio distinto. Suce-

sivamente se ve aparecer el gusto por la simetría, la escultura, el

bajo relieve, el grabado y la pintura. De todas las grandes formas

del arte, faltó únicamente la arquitectura.

La obra maestra del arte que nos ocupa es, sin duda alguna, el grupo de renos grabados sobre un hueso de este animal, y descu-

bierta en la gruta de Lorthet (fig. 4'. Primero se perciben las patas

traseras de un reno que se aleja al galope; despue's sigue otro reno,

también galopando, y del cual se ve gran parte del cuerpo; y,por

último, detrás de éste hay otro, una hembra que vuelve la cabeza

con movimiento rápido y con sus bramidos llama á un cerv^atillo.

Las actitudes de los tres animales son tan propias, que la fotogra-

-iK'^K^?^^

Fig. 5. Caballo al galope

tomado de fotografías instantáneas .

fía instantánea de un caballo al galope (fig. 5) las da exactamente

iguales; sólo en nuestros días el pintor Morot, aleccionado por la

fotografía, ha llegado á reproducir esas actitudes, que los pintores todos de las épocas intermedias habían ignorado. Entre los renos

citados, y para llenar los huecos, el artista ha reproducido figuras

de salmones; encima del último reno hay grabados dos losanges

agudos, en los que M. Piette ha pretendido ver una firma.

Ahora bien, ¿qué papel desempeñan allí los salmones? Induda-

blemente, una idea religiosa explica esa asociación de los grandes pescados y de los renos; el artista quiso reunir las dos variedades

de animales que proporcionaban el principal sustento á su clase ó

tribu. Es notable, en efecto, que los animales representados por

el arte cuaternario pertenezcan todos á especies comestibles, de

las cuales los salvajes pintaban ó grababan sus imágenes, como

para atraerles por una especie de mágica simpatía. Los civilizados

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hablan con frecuencia, y de un modo hiperbólico, de la magia del arte; los primitivos creían en ella.

Muy recientemente, en una gruta del departamento de Indre, se ha descubierto una placa de esquisto adornada con un reno galo-

pando. Es un ejemplo más de ese gusto por el movimiento que,

junto con la precisión y

la sobriedad de los con-

tornos, caracteriza á los

mejores artistas de esa

época.

Entre las pinturas, las

más hermosascopiadas

en 1902 son las de la

gruta de Altamira, cerca

de Santander, en España

(figura 5 a); puedo pre-

sentaros también algunos

ejemplares del más gran-

de interés descubiertos

en las cavernas del Péri-

gord (figs. 2 y 3). De una

de esas grutas procede una lámpara de piedra, adornada con un hermoso grabado que

reproduce la figura de un reno, Los artistas debían usar tales lám-

paras para grabar y pintar sus figuras, puesto que las partes de las

grutas decoradas por ellos, salvo excepciones, están á obscuras

aun en pleno día.

¡He aquí, después de tantas sorpresas, la cosa más asombrosa! Esas pinturas contienen con frecuencia más de cien animales de grandes dimensiones, no siendo posible á los artistas ejecutar tales

obras más que alumbrándose con luz artificial, con la cual sola-

mente pudieron verlas los moradores de las cavernas. ¿Por qué,

pues, se tomaban la molestia de realizar esos trabajos artísticos?

¿Era 'Jólo para encantar la mirada de los cazadores de renos, cuan-

do por la noche se refugiaban en el fondo de sus grutas y nutrían-

se con los productos de su caza, alumbrada la vivienda con la luz

de las lámparas humosas, en las que ardía la grasa del reno sacri-

ficado por ellos?

FiG. 5 ¿7.— Bisonte pintado sobre la pared.

Gruta de Altamira (España).

L'Authropologie, 1904. (Masson, editor).

No es posible admitir esa hipótesis. Antes he indicado el carác-

ter mágico de las obras de arte, esculpidas, grabadas ó pintadas

por el hombre primitivo. Nos muestran los primeros pasos de la humanidad en la senda que conduce al culto de los animales

(Egipto), después á la de los ídolos en forma humana (como en Grecia), y, por último, á la de la divinidad concebida como un

^

3

.

_

AFOLO

puro espíritu. El estudio de la religión naciente se comprende, en

cierto modo, con los comienzos del arte. Nacidos en apretado

lazo, el arte y la religión siguen unidos estrechamente durante

largos siglos; su afinidad es aún sensible para aquellos que hoy día reflexionan sobre esa materia.

BIBLIOGRAFÍA, Alex. Bertrakd, La Gatile avant les Gaulois , 2.^ edición,

París , 1891 (con un apéndice de M. E. Piette sobre la edad del reno y las cavernas pire- naicas exploradas por éH; G. y A. de Mortillet, Le Muse'e prchistorique , 2.^ edición, París, 1903 (1.500 grabados); S. Reinach , Alluvions ci cávemes , París, 1889; -E- Car-

TAILHAC , La France J>réhisioriqiie , París, tSSq; M. Hoerxes , Der dilitviale Mensch in

Europa, Brunswick, 1903; E. Piette, L'AtithroJ>ologie, 1904, página 130.Para las pin- turas descubiertas en las cavernas por M.M. RiviERE, Capitán, Breuil, Cartailhac,

\ex:\2, Rtvue mensuelle de I' Ecole d'Antliropologie, 1902 y siguientes, y L'AuihroJ>olo- gie, 1902-1905; ^Cartailhac y Breuil, Aliaintra {L'Anthropologie, 1904, página 625). Para la interpretación de esas obras, cf. S. Reinach, L'Art et la Magie (L'Auihropolo-

gie , 1903, pagina 257).

Sobre el arte de los primitivos en general: E. Grosse, Les Debuts del'Art, traducción

francesa, París, 1902. Existe una traducción