EN LA POSTERIDAD HE PERDIDO UN ESCRITOR

Por Edwin Alcarás

UNO
(El culto de lo ecuatoriano o Para que no haya malentendidos) Nos bautizaron en una fe amarga. Nos iniciaron en esto a golpes, a tumbos. Llevamos este dogma como un soldado lleva el recuerdo de una pierna mutilada. Este, nuestro bárbaro culto, se llama Ecuador y su mayor ritual literario se llama Generación del treinta. Con incendiada retórica nos describieron esta nación pequeña en política (¡ah! sobre todo en política), en economía, en ciencia, en salud y en todo el resto… pero grande en cultura, en sensibilidad artística. Una potencia cultural, nos dijeron. La Generación del treinta fue uno de los rituales por excelencia para introducir emocionalmente ese gran misterio de nuestra fe llamado Teoría de la nación pequeña, y alumbrado por don Benjamín Carrión, luego de la dolorosa amputación de cerca de la mitad del país. Ese padecimiento profundo –si bien un poco impreciso- por el país caído en desgracia fue el mejor caldo de cultivo para la proliferación de estos rituales. Por entonces se popularizó, a despecho del sentido común, episodios emocionalmente muy logrados pero muy poco verosímiles, como aquella gesta protagonizada por un soldado cuencano y adolescente de sobrehumana capacidad mandibular. O el de aquellos mapas de profunda originalidad hermenéutica y refinado sentido del derecho internacional en el que aprendimos Geografía. Mientras que los mapas de todo el mundo se habían plegado a la realidad –si bien digna de toda negación- que había resultado del Tratado de Río de Janeiro de 1942, nuestro aguerrido sistema educativo halló modos gráficamente inusitados de mantener la esperanza de nuestra condición amazónica (¡Es sorprendente lo que pueden hacer las líneas entrecortadas y las indicaciones de inejecutabilidad de los protocolos internacionales!). Con idéntica pasión, nos enseñaron que aquel grupo de escritores burgueses y pequeño burgueses de la Generación del treinta, invariablemente militantes de los intereses del proletariado, eran lo máximo. Lo máximo de lo máximo. Nos dijeron que antes de ellos se escribía de un modo perverso, anacrónico y alienante y que su irrupción fue lo mejor que le ha pasado a este magro país. Y aunque en la década de los noventa no se hallaban ejemplares al uso de sus libros y por lo tanto no los leímos entonces, creímos en el dogma. A pies juntillas. Todas estas doctrinas nos iniciaron en una cierta idea y -lo que es más grave- en un cierto sentimiento de nuestro pequeño gran país. Esos relatos fantásticos nos llenaron de

Con el dolor y la incertidumbre. Un trabajo desconocido y silenciado hasta hace pocos años. futurismo. Por eso uno agradece la existencia de autores como Humberto Salvador. pintoresco. de Jorge Icaza. rabioso. una meta. Se siente –y. una misión. coloquial. claro. Dentro de esa misma generación don Humberto fue un solitario. No se sabe si nos hicieron más mal que bien. esta conciencia demasiado fuerte de a dónde se quiere llegar con la composición literaria –que es muy diferente de adónde se quiere llegar con la literatura. Pero hay que hacer una matización en este punto. Se nota demasiado la intención de mostrar que el campo también existe y de que sus habitantes también tienen historias. complejos. Hay dos Humberto Salvador. esos héroes de nuestros padres. la pornografía que su padre no supo esconder entre sus cajones. esos padres. en cierta medida. O sea con las vísceras. esos héroes. Y. y Taza de té y la novela En la ciudad he perdido una . cualquier autor que se respete. Cuando finalmente llegó el momento de leer a esos grandes escritores de la patria. con una sonrisa extraviada. Un outsider que asumió el problema de su tiempo como mejor le pareció.compleja. mezcla de romanticismo. Probablemente más mal. por lo demás. su madre. modernismo. psicoanálisis. una militancia. Uno que escribe tres libros raros. que en un tiempo fue millonario. y una extravagancia incluso para esta época. Sus experimentos narrativos son una especie de extraño zumo (un cocktail. esa violenta constatación de la humanidad de los héroes. esa confianza desmedida. está imbuido de una especie de inocencia abstracta que no termina de cuajar ni en las historias ni en los personajes. Un problema análogo al horror del infante que encuentra. se presentó un nuevo problema. marxismo… una extravagancia para la época. como hace. complejamente defraudada. histérico y minucioso. texto extraño. Los que se van. Nos inflamaron de nacionalismo. Algo análogo pasa con Huasipungo. nos dibujaron en el rostro la sonrisa irónica e incrédula de quien escucha a un mendigo contar. Nos bautizaron en esta religión extravagante y bebimos toda esa mitología como el niño que apura el veneno que le da a beber. que laten en la composición de esos personajes dolientes y primitivos.impregna las escenas y las descripciones de muchos libros de la época. Esa militancia subrepticia sabe a un poco a pontificación y a moraleja. poéticos y de muy grata lectura: los libros de cuentos Ajedrez. diría él). con un estremecimiento. Esa revelación fundamental de la humanidad del padre. también se comprende.una convicción. desmedidamente defraudada. aunque no por ello se deja de sentir.emoción y de duda. por ejemplo.

que probablemente desafinará pero que cantará de cualquier modo. quisiera decirle que improvisaré para usted un canto a medias rabioso a medias desconcertado sobre la obra de don Humberto. con lucidez y dolorosa precisión. con el mundo. DOS (Primer aparecimiento de don Humberto o Por qué me gusta La navaja) Aquí hablaremos. el de sus tres primeros libros de narrativa. de un espíritu atormentado. el pan y la carne. Otro Humberto Salvador mucho más prolífico aunque mucho menos potable escribió ingentes novelas como Camarada. El Salvador que nos interesa es el de su primera etapa. aunque aquí se hablará solo de su ficción). Ahora usted me presta su atención. de un Salvador mínimo. la aventura experimental que despliega en estos tres libros es el testimonio. la de un hombre moderno encarcelado entre las iglesias y las montañas (léase los barrotes) de una ciudad andina. Ambos atravesados por una profunda inquietud estilística que. Luego. los impulsos de su convicción literaria: el hambre y el deseo. marcado por los dolores de su tiempo. estimable lector. es el trasunto formal de una profunda inquietud existencial. En ese sentido. el marxismo y el psicoanálisis. Y. falsamente. entre otras. Esa relación que Salvador busca establecer con la lengua en estas primeras obras es la traducción idealizada y metamorfoseada de la relación que busca establecer. Yo carraspeo y me acuerdo –pero eso no se lo digo. solo de un Salvador. torturado por crear formas individuales para dar cuenta de esa experiencia suya tan peculiar. Retrato de una dama. Hemos. Trabajadores. si no me ha abandonado. La fuente clara. además. que es donde fija. pues. y para que no haya malentendidos. en el que Henry Miller dice algo como que está dispuesto a cantar. que más tarde. porque no hay necesidad o quizá por timidez. estrechado nuestras manos. Exaltado en mi silencio.del inicio del Trópico de Cáncer. que eventualmente solicitaré su anuencia para entrar a Jardín de las delicias elaborado ad hoc para el insigne escritor y. Acto seguido nos hemos mirado con desconfianza. cifrado con sangre y poesía. . por supuesto. tendremos que revivir a la Generación del Treinta para montar un refinado y sabroso Juicio de la Historia en el que nuestro autor tendrá una destacada actuación… Pero en lugar de decirle todo eso le vuelvo la espalda.novela (también puede anotarse el ensayo Esquema sexual. Muy bien. hemos sonreído. en tanto individuo.

¿Quiere que lo apague? Bueno. precisamente. entro a una peluquería en la Plaza del Teatro”. Extraigo el paquete de cigarrillos. No la encuentra.) HS: “Cinco golpes de bronce suenan en el campanario. frente al micrófono. publicado por primera vez. 1929. EL AUTOR DE ESTE ENSAYO (que en lo sucesivo solo será referido como EA): Sí. Quito. (Desde atrás de la cortina del tiempo sale el personaje. editado por la Escuela de Artes y Oficios. Ahhh ¿No fuma usted? Mejor así. si no le gusta… Entonces: Humberto Salvador. los bolsillos del saco. . la Plaza del Teatro fue regada profusamente durante más de 300 años por la sangre ritual de las vacas. tararea un aria de la ópera La boheme) EA: No se sabe si Salvador conocía o no el detalle. en el libro de cuentos Ajedrez. y criado por unas tías. mira al público como buscando una cara conocida.Me esculco los pantalones. le ofrezco uno. como alaridos de sol. huérfano de madre a muy corta edad y separado para siempre de su padre por una muralla de religión (Serrano Sánchez sostiene la versión de que el padre fue de profesión sacerdote). el máximo y más férvido conocedor de Salvador) al frío quemante de los Andes. hombre de veinte años. Hombre nacido en el trópico remoto de Guayaquil. Camina hasta el centro del proscenio. Marieta de Veintimilla. sobrina y amante de Ignacio de Veintimilla. en el sonoro año de 1909 y traído con solo meses de edad (si hemos de escuchar el apunte biográfico del crítico Raúl Serrano Sánchez. hasta que encuentro lo que quiero. Hombre raro. EL PÚBLICO (en murmullos): Antes la Plaza del Teatro fue un camal ¿No es cierto? HS: “Frío en todas las cosas: también mi espíritu tiembla de frío. Luego cierra los ojos y dice. que agoniza. Hombre tímido y solitario. escuche. Gritando. En efecto parecen alaridos de sol) HS (más calmado): “Tengo una insoportable sensación de aburrimiento. El personaje narrador mortalmente aburrido se verá enfrentado. como si fuera una humilde hoja abandonada en la nieve”1. el pecho. a la cercanía de la muerte de un modo un tanto sui generis: 1 Son las primeras frases del cuento La navaja. EL PÚBLICO (cerrando los ojos. opaco” (Se escuchan los golpes. Es hora de empezar. pero es muy sintomático que haya situado su cuento La navaja en ese lugar. Sin saber en qué ocuparme para no sentir fastidio. lo convenció para reemplazar los mugidos agonizantes por el canto lírico.

Entonces dice): “Si usted quiere comprobar la autenticidad de esta historia. por otro lado. Quisiera templar sus nervios. en algún vértice de la nada): “Brilla en sus manos la navaja. grito porque me despedazó la boca! “No. alucinado): “Dos lágrimas brillan en sus pupilas. quien ha sido atropellado por el carro de un “burguesito”. entre el autor. el primero que lo dio a conocer entre sus colegas. Por ejemplo en el penúltimo párrafo cuando dice: “Pero. ¿Qué es lo que tiene en sus ojos?” EL PÚBLICO (tararea dulcemente la banda sonora de la cinta Requiem for a dream). nada: otra ilusión” EA: Estos golpes de efecto son bastante comunes en el primer periodo de la obra de Salvador. Luego hace un arco con su mano derecha alrededor de su oído. Siento que se desespera. que la alta sociedad compuesta por gente intelectual y refinada. Cae el telón. EL PÚBLICO no sabe si aplaudir. Una ráfaga extraña cruza por su mirada. se anticipa a las concepciones literarias latinoamericanas que solo aparecerían en la década de los sesenta y setenta): la fragmentación de la lógica clásica de la escritura y sobre todo de la lectura. está construido con una fuerza y vitalidad notables que disimulan bien el tufillo de arenga política con el que. TRES . con los ojos clavados al frente. medio discursivo. el narrador y el lector. si bien compleja y dolorosa. obligar a permanecer firmes a sus manos y tranquilos a sus ojos… Pero no puede: fue atropellado por el auto de un burgués. Silencio. ¡qué importa! Estas tragedias íntimas son tan insignificantes. Esto terminará apuntando hacia la piedra de toque de la originalidad de Salvador (elemento que. se adelanta en el escenario. las mira con desprecio. EA: Este tono medio confesional. nos preocupamos de ellas”. tiene la virtud. Su vida es una tragedia desde ese día… HS (interrumpe. a veces. EL PÚBLICO lo imita y queda a la espera de un secreto. además. de anunciar una de las características formales más interesantes de Salvador en este periodo: la interpelación al lector y la construcción de una atmósfera de complicidad. le insinuó que vaya a afeitarse en la peluquería de la Plaza del Teatro”. “Tiembla sobre mis labios la navaja… “¡Ah.quien le hace la barba es un hombre enajenado y furioso. Este cuento. HS (Se lleva el dedo a los labios para hacer silencio. se carga la prosa del autor. Solo los que somos imbéciles y vulgares como el humilde obrero. que adquiere un aspecto alucinante. HS (sigue.

Las mujeres. Tal vez no lo sepa el lector. fue la más amarga de las torturas de don Humberto. Las mujeres cuentos visiones llegan al descampado central donde las espera su creador. moldeadas en la sustancia atroz de la literatura. dibujadas con los pigmentos de la frustración y fijadas con el sudor ácido de los sueños. rítmicas y lascivas. De su escritura. Se levanta nervioso. Se parecen un poco a las Bacantes (ese corrillo licencioso de Baco. aflojan sus vestidos y los dejan caer sobre la hierba tibia. Un joven Salvador (frisando ya la treintena). Rosa. expresión moribunda y. Cruzan los estrechos puentes erizados de adornos neoclásicos. Mujeres cuentos: Victoria. don Humberto luce alarmado. Gracia. musgoso. en el centro del parque de La Alameda. pero es tiempo de que lo sepa: la visión de esas mujeres medio deciochescas medio modernas. Mujeres de talles sinuosos. Y vamos a dárselo. labios pequeños y brillantes. botines como borceguíes presumidos. Los hombres del público aplauden y se despojan galantemente de sus sombreros. Las mujeres cuentos de Salvador entran en esa ensoñación que es ahora el parque La Alameda. es de imaginar (puesto esto no lo dice don Humberto). Catalina. En el parque de fines de los años veinte. ojos misteriosos. Lucrecia. poblado de hombres de trajes apretados al cuerpo. un poco a las Euménides (las benévolas deidades de la tierra y la fertilidad que luego se convirtieron en las terribles Erinias. Si algo se merecía el atormentado autor era un Jardín de las Delicias. María Rosario. Es interesante que casi todos los cuentos de esta época refieran a dos escenarios dolorosamente abigarrados: la mujer y la ciudad. Lo ubicaremos. Dejémoslos solos por un momento. un tanto melancólico y soñador. y ojos eternamente agonizantes. yace tumbado en el pasto fragante. crean un círculo alrededor del soñador. Lee Tres ensayos para una teoría sexual de Sigmund Freud. La escena parece un grabado a plumilla titulado La traición de la literatura. Mujeres hechas de letras. por razones muy específicas. horribles vengadoras del mundo inferior). Se quedan en esos conjuntos interiores de seda de principios del siglo pasado que eran como la última alarma antes del pecado. Las mujeres cuentos apariciones monstruos se despojan de sus sombreros y diademas. largas piernas torneadas escondidas debajo de libras y libras de ropa interior y recato. María Rosario: . Las mujeres usarán vestidos largos y flojos. Conviene que imaginemos un escenario bucólico. dios del vino). pantalones un poco demasiado altos y sombreros claros y tiesos.(El Jardín de las Delicias o Por qué uno puede ser amigo de don Humberto) Hemos de hacerle justicia a don Humberto. Y en efecto.

Habla con abandono y elocuencia. su saco y sus zapatos. No sé cómo se llama. parece el grito de la toda la humanidad” 2. (…) “La orquídea es el recuerdo de Gracia. con una distancia insidiosa. Lucrecia “Vuelvo a mirarla. dice. Su forma caprichosa es una hipérbole emotiva. recuerdos. Pág 62. me doy cuenta de lo trágica que es para el hombre la conquista de la mujer. La pirueta de la orquídea es placer exótico. Por un momento no se sabe que va a pasar. Las mujeres cuento lo miran con una especie de desidia admirativa. El hambre y el deseo son los dos maderos en los que se halla crucificada la humanidad. desde las cavernas. Alucinado. No sé quién es usted. Edición del autor. se mantiene imperturbable su belleza morena (…). ¿Por qué exige que le repita lo mismo tantas veces”4. Luego se produce un silencio. 148 . el deseo y el hambre.“Ella me ha mordido la cara y yo he mordido su cuerpo. solo ahora. delicadamente obtengo la victoria. Dentro de este hombre corren las magníficas fuerzas sexuales de la humanidad. en esta payasada bestial. Profundamente exóticas. descripciones. El hambre por el pan. El grito de ella en el momento sublime. le recuerdo nuestro amor. literatura… El autor se explaya en teorías. Pág. Al pálido resplandor de la luna. “Estamos aniquilados pero seguimos sosteniendo angustiosamente la macabra pantomima. inteligencia. Gracia: “Las orquídeas son las flores más bellas. Ibídem. “Escucha sonriendo. Se lanzan sobre 2 3 Del cuento incluido en el libro Taza de té. El artista es la encarnación de esos tótem que llamamos. “-Pobrecito-. Lo desean. No le he conocido nunca. Las mujeres cuentos se levantan de pronto como si acabaran de despertar violentamente de un sueño. debe usted estar loco. en cambio. Cuando una orquídea se estilice en la ventana de ella”3. “Balbuciente. las orquídeas parece que fueran vírgenes arrancadas de un paraíso artificial. Quito. (…) “… Y en la penumbra. El hambre por la carne de la amada es el motor de la historia psicológica del género humano. Esos amores han existido solo en su imaginación. Don Humberto ha sido despojado de su sombrero. creo que es una lucha fabulosa e infinita. sensibilidad. “… Y ahora. con frases cortadas y estúpidas. como los placeres de Gracia. Don Humberto declama su verdad en el colmo de la lucidez y el mundo deja de girar para escuchar el extraordinario desahogo de un hombre atormentado. Defiende una sugestiva tesis: el deseo es la más importante fuerza de la humanidad. si bien un poco ingenuamente. 102 4 Ibídem. anécdotas. Pág. es el motor de la historia. Miran horrorizadas sus vestidos desmayados sobre el pasto. 1932.

rebelde . Son altas y pálidas flores estremecidas. los personajes como Gracia o Mama Rosa. Todo el periplo argumental de esa obra de Salvador es una forma de congraciarse con Victoria y lograr que al final ella pudiera amarlo. Son. Tiene lógica porque lo que le importa a don Humberto es la forma en que estas criaturas pequeñas y enloquecidas. o bien desde la satisfacción bestial de los instintos (pero también desde un desasimiento psicológico más angustioso. o bien prostitutas. hasta cierto punto. e incluso geométrico. como la ensoñación mayor del artista. quien saludó en su momento la prosa de Salvador. tac tac. complejo y trágico). Tanto es así que en la novela. buscando la historia que finalmente hará que ella se enamore de él. estrechas y mezquinas. Las calles. Las mujeres de Salvador siempre son. Todas las mujeres cuentos de don Humberto son crueles y trágicas. Luego lanzan miradas furiosas sobre el autor (quien. o bien desde una altura desdeñosa e inalcanzable (de la moral y el buen nombre y toda esa maquinaria social). Nuestro autor procura mantener el equilibrio mientras desciende hábilmente por el barrio de El Tejar. Extrañas orquídeas del vicio. putas ellas y muy amables. o bien chicas de sociedad. Como una larva que se retuerce. son el prototipo de mujeres sensibles y lucidas que han aceptado su destino como una marca trágica de algún dios juguetón y terrible. prototipos para acercarse al delicado enigma del bello sexo. Así son las mujeres de Salvador. Los personajes femeninos parecen creados sobre una estructura de intensa observación psicológica. Es la historia de ese fracaso. se descuelgan como serpientes a ambos lados de la gran quebrada. A pesar de cualquier razonamiento urbanístico. Tac tac.ellos y se los ponen con urgencia. Victoria. Las dos formas en que se ubican las mujeres frente a esa espantosa elocuencia del sexo es. Por ello. es el ideal estético en pos del cual se autoinmola el temperamento artístico. el autor camina de la mano de este personaje femenino. tac tac. viven extraviadas entre el terrible deseo sexual que despiertan en los hombres y el anhelo de felicidad que lacera sus almas delicadas. por otro lado luce tranquilo y satisfecho como lavado. el barrio ha empezado a estirarse. se enfrentan al gigantesco e inagotable deseo masculino. con perdón de don Jorge Carrera Andrade. siempre aparece en varios cuentos pero sobre todo en En la ciudad he perdido una novela. CUATRO (La Oficina de la Posteridad o Donde no buscar a don Humberto) Sobre las calles empedradas saltan los mocasines del escritor. como exorcizado. Incomprendidas e incomprensibles. por otro lado. como si acabara de hacer el amor) y se marchan indignadas.

de El doble. de Rojo y negro. hediente a sahumerio. Los autos que ruidosamente recorren el centro de la urbe son como grandes insectos que sancionan laboriosamente. El escritor las mira en medio de su paseo y se queda pensativo. Esa mole añosa y contrahecha parece concentrar algún secreto sobre el dolor humano. sus espectáculos públicos… son modernas maneras de percibir algo muy antiguo: la soledad y el hastío crónicos que exudan los Andes y las ciudades incrustadas en sus faldas. El personaje se presenta desgarrado entre un hambre que ya dura meses y la necesidad de guardar las formas sociales para ganarse el amor de una mujer. Esos personajes precipitados en el caldo de cultivo de aquella ciudad infame son el testimonio de la autenticidad artística de nuestro autor. es de presumir. de Bel ami … El ingenio amargo de esos personajes que amaban y despreciaban la sociedad que les tocó en (mala) suerte enciende la tea literaria en el corazón de nuestro autor. tac tac. tac tac. Sus propios personajes empiezan a cosquillearle por dentro. Estos personajes rasgan la sensibilidad del escritor y lo empujan por las calles de esa ciudad. Allí también puede verse a ese otro mendigo. Allí se entrevé al mendigo poeta protagonista del delicioso cuento Sándwich. Sus cinemas son la mortaja en la que se envuelven sus fracasos y sus sueños rotos. en la mitad de ninguna parte. la gente bonita ha empezado a erigir sus casas de campo imitando modelos españoles y franceses. Yakov Petrovich Goliadkin. que aparece en el cuento A la hora del té. sobre su absurdo. Tac tac. sin duda uno de los mayores logros de nuestro autor. Georges Duroy. aparecen furtivamente en las vitrinas o en las veloces ventanas de los autos. psicológicamente muy bien pintado.ya lo ama. ese triste y oscuro hombre que demuestra patéticamente la utilidad de la poesía cuando su carne se comercia a “cinco y diez centavos” en un pujante negocio de alimentos. inspecciona con escepticismo la . su grado de descomposición. El escritor desmenuza las imágenes de personajes encantadores y trágicos como Julien Sorel. Eugene de Rastignac. Sus telégrafos. Allí se ofrecen reuniones perfumadas y saraos de distinguida hipocresía a los que. La miseria y la desesperación se convierten en formas de comprender el mundo. de Papa Goriot. Nuestro autor deambula furiosamente por las aristócratas y decadentes casas de San Marcos. o sea más allá del parque El Ejido. mínima y chismosa. que –para colmo de males. sus teléfonos. sus máquinas de escribir. nuestro autor no es invitado.contra su propia forma. El escritor siente a la ciudad como un cadáver que nunca termina de pudrirse. han empezado a aparecer varias casas allá en lo alto. Más allá de toda civilización conocida. La ciudad es un secreto que fugazmente se le revela al escritor. Acaso de odiarlo menos.

Sobre la entrada del edificio hay un letrero que dice La vanguardia. La oficina de la posteridad está atestada. Recuerda los nerviosos cuentos que alguna vez compuso exaltado por la velocidad feroz de esas máquinas. Los letreros que coronan las ventanillas son de lo . Los pasillos se extienden en la oscuridad y se multiplican indefinidamente a izquierda y derecha. 25 centavos Juicios de la historia ………… … 50 centavos Alta astrología ………… …. don Humberto Salvador exhala el humo mientras repara en un curioso letrero. y. los más histéricos. pegado en la ventana de un segundo piso. en San Blas.. trascendencia. El segundo piso de este edificio es una especie de laberinto. El auto loco. fatiga sus zapatos –ya bastante torturadosen los desordenados ascensos de La Tola. Los faroles de los autos.. Un auto pasa a toda velocidad y casi embiste a nuestro joven escritor. consigna con instrumental sociológico los personajes que hacen cola para entrar a las funciones del cine Variedades. El interior de la posteridad es irrespirable e infinito. ………. La sangre se le sube a la cabeza. Estremecidas piezas que elaboran guirnaldas psicológicas a partir del extrañamiento frente a esa modernidad rabiosa y ululante. No hay indicaciones en las paredes recién blanqueadas ni sobre las puertas. En las paredes hay ventanillas desde las cuales se extienden unas filas larguísimas que cruzan la habitación de izquierda a derecha hasta donde alcanza la vista. En la mitad de esa penumbra un débil rayo de luz rasga verticalmente la incertidumbre de nuestro escritor y se extiende como una pantalla sobre la pared. El escritor piensa que se parece a la pesadilla de un pintor (o de un soldado.gracia arquitectónica de la Mama cuchara. El aire descompuesto marea. Finalmente cuando su cuerpo le exige descanso y está a punto de entrar en la Biblioteca Nacional. Le dejan entrar. intrigado por la enigmática publicidad. decide encender un cigarrillo. o de un soldado ciego). o de un ciego. Parado en una de las esquinas más modernas de la modernidad quiteña de los años treinta (hoy solo otra esquina regada por los orines). sospecha de la dulzona belleza del Teatro Sucre y su plaza. … 1 sucre Nuestro autor suelta el cigarrillo apenas consumido y cruza la Carrera Pichincha. que dice: Oficina de la Posteridad Argumentos para novelas ………. El autor se dirige maquinalmente hacia esa oficina quiromántica que otros llaman posteridad.

Por eso nuestro autor convierte sus dudas en material de su propia creación y subvierte en su concepción estética -radicalmente novedosa para la época y la región en que aparece. sabe que la historia es una mujer y que. 2005. Dice Adoum: “Humberto Salvador. El argumento es en mi espíritu un vapor denso. El escritor sabe que su obra podría conquistarla. que de golpe se vuelve consciente de sí mismo.los papeles clásicos del autor. en sus Obras (in)Completas. por carambola. como solía afirmar Indro Montanelli. De Cerca y de Memoria. siente debilidad por los granujas. se volvía inexistente. para otros “militante irreductible. y Genio literario. en realidad es el necesario reflejo de un descubrimiento existencial. Pág. por su libro. su mayor valentía. incluso frente a dos alumnas. ¿Se siente satisfecho de alguno? ¿Alguno ha logrado conquistar esa palabra que antes de él no había sido dicha? Nuestro autor no lo sabe con certeza. por alguno de ellos. lejos del menor rubor que se suponía debía causar en las jóvenes sus novelas. Cuando se comprime y lo veo transparente como un prisma de nieve. quienes. apóstol y líder de la revolución social”. debo escribir un cuento. 67. Y sin embargo no emprenderá esa empresa. tímido hasta el ostracismo5. por otro lado. en tanto tal. y las inmediatamente contiguas de Genio científico. ni una idea que no se relacione con ella. Si ha de perdurar en la memoria de alguien será por su obra llana y desnuda. Si bien este apunte incordia la estudiosa fidelidad que el gran conocedor de Salvador. Op. Quito. compañeras mías. Nuestro autor. también del lector. 6 Son las primeras líneas del relato Proyecto de cuento. 5 No solo por juego se vuelve propicio el recuerdo que Jorgenrique Adoum (así ha dispuesto escribir su nombre hace pocos meses) consigna en su libro de memorias. ni llenará solicitudes. agitador de masas. No se formará en ninguna cola. porque era tímido y temeroso”. Págs 17 y ss. aparece otro denso vapor que se solidifica también y quiere destrozar al primero. el narrador. por supuesto. Las pequeñas tragedias quedan ocultas y huyen las sugerencias intermedias ante la guillotina del argumento. por un libro.más curioso. descansa el principal mérito de nuestro escritor. se burlaban femeninamente de él. El problema es solidificarlo. la de Gloria literaria. . y jamás asistió a una manifestación pública ni a una asamblea sindical: por eso. le profesa a nuestro autor. Raúl Serrano Sánchez. En cambio están vacías y cerradas desde hace mucho tiempo las de Genio religioso. Extraviado en la indescifrable habitación de la posteridad nuestro autor murmura para sí mismo: “Para que mi libro se complete. En Taza de té. según recuerda Benjamín Carrión. En esa angustia del acto narrativo. Nuestro escritor no esperará. Las más solicitadas son las de Ciudadanía ejemplar y. volumen IV. Cit. Pero. se borraba a sí mismo. su tremenda fuerza existencial. como diría sesenta años más tarde el checo Milan Kundera.”6 Alrededor silencio. el personaje y. tímido hasta la anormalidad con las mujeres. “(…) Para que la obra sea lógica es preciso no decir nada de cuánto cruzó por el espíritu mientras se la elaboraba. está seguro de que en el arte un descubrimiento técnico. para algunos “terror de padres y maridos. Editorial de la Casa de la Cultura.

honesto. desvirtúan sus discursos internos. Poco más o menos lo que hacen todos los escritores. “Mi vida es un argumento que en su origen despreciaron los personajes. cuestionan sus análisis psicológicos. que la trama se le enrosca por dentro y que el universo mismo parece aullar un definitivo mensaje que Salvador se siente incapaz de representar a cabalidad.Si algún sujeto raro hiciera el ensayo de escribir un libro.”7 Silencio. busca la puerta de salida. nadie puede encontrarlas. 1930. Sea como fuere. Hay que tener valentía para hacer eso.80. o quizá solo la embriaguez despreocupada que sigue a todo descubrimiento. nos parece de lo más tradicional. Esa fórmula de entonación que a uno le suena un poco a confesión y un poco a análisis clínico. de asombro moderno. de sus balbuceos. Su mayor fortaleza espiritual es su sufrimiento. Pág. Finalmente don Humberto encuentra esa puerta anhelada y se precipita hacia fuera. 9 Op. Pág. Cit. si no abiertamente incomprendida e incluso atacada. impugnan los motivos del escritor.”9 Como un Sísifo vernáculo. de sufrimiento galante. Sus personajes cobran vida. su incertidumbre de creador al percatarse que los personajes se le escapan de las manos.”8 Silencio. es una novela perdida en la ciudad. 154. regresa la vista. Halló el modo de extraer de sus dubitaciones de escritor. lo que es más importante. de sus angustias de artista… el material de su propia escritura. “Su novela. como se pierden todos los días en la ciudad maravillosas novelas que por ser grandiosas en su pequeñez. Op. pero que en aquellos tiempos era insólita y más bien poco comprendida. su dolor. En la ciudad he perdido una novela. De tanto respirar sus propios resuellos los habitantes de la oficina de la posteridad parecen haberse vuelto locos. hablando del desarrollo del motivo. -¡si por lo menos con un nombre pudiera llamar a este personaje para darle un principio de corporeidad!-. Don Humberto se turba. En ese estadio de su desesperación invierte los papeles y decide dejar de ocultar sus magros procedimientos creativos frente a sus lectores. Con un pánico cada vez más galopante se lanza escaleras abajo hasta alcanzar la calle. Talleres tipográficos nacionales. su tema y su método. . de escepticismo. 7 8 De la pieza Un cuento ilógico. solo que don Humberto convirtió al proceso mismo de la escritura en su acicate narrativo. Pág.228. de vacilación por el futuro… en fin de una desgarradura espiritual que. ahora en el 2009. de sus pasos en falso. el fruto sería un libro ilógico. andino y universal en su inconformidad. a través de esta innovación técnica don Humberto fue encontrando un tono original y. don Humberto supo hacer de su condena su dignidad. Quito. está sabiamente construida con dosis de cinismo e ironía pero también de idealismo romántico. combinado con la exposición de cuánto ocurrió en su interior mientras lo producía. Cit.

Sobre el problema llamado Humberto Salvador hemos lanzado. por el ojo de la cerradura. Si nos viera. Exacto… así. científicos famélicos. Parece contento. Como esto no es una monografía colegial ni un chisme de barrio no tengo conclusiones ni aún recomendaciones. CINCO (Fin o En la Posteridad he perdido un escritor) Hemos llegado de este modo tan abrupto. acaso don Humberto nos tomaría por personajes suyos que han tenido la mala ocurrencia de creerse reales y de tomarse en serio el papel de comentadores de su obra. Contento de extraviarse en los meandros abruptos y oscuros de la ciudad que tan bien conoce.Pero una vez allí. se plancha la ropa con las manos. intenta calmarse. que tanto odia. se seca el sudor de la frente. Muy bien. si tenemos suerte. es decir a su alma. hipócrita e injusta. al final. Nos hemos asomado. Ve usted… esto debieron sentir los personajes de don Humberto… esto debe significar ser personaje… . o a un reflejo de su alma. empezaremos a sentir cómo don Humberto comienza a inventarnos a través de unos textos que escribió hace ochenta años. Sí. toma aire. Hemos de adoptar gestos adustos para que el final de este ensayo dé la impresión de algo concluyente y definitivo. estimable lector. como sus narraciones. Y hemos de ponernos estupendos. Contento de no hacer cola en la oficina de la posteridad y por ello ser completamente libre para extraviarse. estimable lector. Esa mirada hosca y rudimentaria que usted ha adoptado es perfecta para alcanzar el final. en esa ciudad. enciende un nuevo cigarrillo y reemprende su caminata hacia el centro. Hemos ejercitado la danza ritual del recuerdo y por un momento hemos querido creer que nuestros padres muertos nos han hablado. al taller de trabajo de don Humberto. Ahora bien. Silencio. varias hipótesis de trabajo. Y que tanto quiere.de nuestros antepasados. Como los oficiantes de este culto bárbaro llamado literatura hemos tratado de descifrar nuestros enigmáticos destinos hurgando en la leyenda –esa idealización primitiva. Quédese callado. Bien. Ahora es tiempo de sentarnos frente al fuego.

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