EN LA POSTERIDAD HE PERDIDO UN ESCRITOR

Por Edwin Alcarás

UNO
(El culto de lo ecuatoriano o Para que no haya malentendidos) Nos bautizaron en una fe amarga. Nos iniciaron en esto a golpes, a tumbos. Llevamos este dogma como un soldado lleva el recuerdo de una pierna mutilada. Este, nuestro bárbaro culto, se llama Ecuador y su mayor ritual literario se llama Generación del treinta. Con incendiada retórica nos describieron esta nación pequeña en política (¡ah! sobre todo en política), en economía, en ciencia, en salud y en todo el resto… pero grande en cultura, en sensibilidad artística. Una potencia cultural, nos dijeron. La Generación del treinta fue uno de los rituales por excelencia para introducir emocionalmente ese gran misterio de nuestra fe llamado Teoría de la nación pequeña, y alumbrado por don Benjamín Carrión, luego de la dolorosa amputación de cerca de la mitad del país. Ese padecimiento profundo –si bien un poco impreciso- por el país caído en desgracia fue el mejor caldo de cultivo para la proliferación de estos rituales. Por entonces se popularizó, a despecho del sentido común, episodios emocionalmente muy logrados pero muy poco verosímiles, como aquella gesta protagonizada por un soldado cuencano y adolescente de sobrehumana capacidad mandibular. O el de aquellos mapas de profunda originalidad hermenéutica y refinado sentido del derecho internacional en el que aprendimos Geografía. Mientras que los mapas de todo el mundo se habían plegado a la realidad –si bien digna de toda negación- que había resultado del Tratado de Río de Janeiro de 1942, nuestro aguerrido sistema educativo halló modos gráficamente inusitados de mantener la esperanza de nuestra condición amazónica (¡Es sorprendente lo que pueden hacer las líneas entrecortadas y las indicaciones de inejecutabilidad de los protocolos internacionales!). Con idéntica pasión, nos enseñaron que aquel grupo de escritores burgueses y pequeño burgueses de la Generación del treinta, invariablemente militantes de los intereses del proletariado, eran lo máximo. Lo máximo de lo máximo. Nos dijeron que antes de ellos se escribía de un modo perverso, anacrónico y alienante y que su irrupción fue lo mejor que le ha pasado a este magro país. Y aunque en la década de los noventa no se hallaban ejemplares al uso de sus libros y por lo tanto no los leímos entonces, creímos en el dogma. A pies juntillas. Todas estas doctrinas nos iniciaron en una cierta idea y -lo que es más grave- en un cierto sentimiento de nuestro pequeño gran país. Esos relatos fantásticos nos llenaron de

Sus experimentos narrativos son una especie de extraño zumo (un cocktail. una militancia. psicoanálisis. Cuando finalmente llegó el momento de leer a esos grandes escritores de la patria. marxismo… una extravagancia para la época. Uno que escribe tres libros raros. que en un tiempo fue millonario. con una sonrisa extraviada. futurismo. coloquial. Nos inflamaron de nacionalismo. No se sabe si nos hicieron más mal que bien. esos padres. esos héroes.compleja. modernismo. esa violenta constatación de la humanidad de los héroes. se presentó un nuevo problema. Esa revelación fundamental de la humanidad del padre. Y. diría él). Por eso uno agradece la existencia de autores como Humberto Salvador. Un problema análogo al horror del infante que encuentra. una misión. con un estremecimiento. aunque no por ello se deja de sentir. Un outsider que asumió el problema de su tiempo como mejor le pareció. pintoresco. texto extraño. Probablemente más mal. Se nota demasiado la intención de mostrar que el campo también existe y de que sus habitantes también tienen historias. nos dibujaron en el rostro la sonrisa irónica e incrédula de quien escucha a un mendigo contar. y Taza de té y la novela En la ciudad he perdido una . por ejemplo. complejamente defraudada. de Jorge Icaza. está imbuido de una especie de inocencia abstracta que no termina de cuajar ni en las historias ni en los personajes. Un trabajo desconocido y silenciado hasta hace pocos años. Dentro de esa misma generación don Humberto fue un solitario.emoción y de duda. esos héroes de nuestros padres. su madre.impregna las escenas y las descripciones de muchos libros de la época. Hay dos Humberto Salvador. en cierta medida. Algo análogo pasa con Huasipungo. Se siente –y. que laten en la composición de esos personajes dolientes y primitivos. una meta. O sea con las vísceras. rabioso. la pornografía que su padre no supo esconder entre sus cajones. Los que se van. Con el dolor y la incertidumbre. Esa militancia subrepticia sabe a un poco a pontificación y a moraleja. por lo demás. desmedidamente defraudada. mezcla de romanticismo. esa confianza desmedida. claro. complejos. y una extravagancia incluso para esta época. Pero hay que hacer una matización en este punto. cualquier autor que se respete. como hace. Nos bautizaron en esta religión extravagante y bebimos toda esa mitología como el niño que apura el veneno que le da a beber. histérico y minucioso.una convicción. también se comprende. esta conciencia demasiado fuerte de a dónde se quiere llegar con la composición literaria –que es muy diferente de adónde se quiere llegar con la literatura. poéticos y de muy grata lectura: los libros de cuentos Ajedrez.

Trabajadores. que es donde fija. . en el que Henry Miller dice algo como que está dispuesto a cantar. quisiera decirle que improvisaré para usted un canto a medias rabioso a medias desconcertado sobre la obra de don Humberto. estrechado nuestras manos. El Salvador que nos interesa es el de su primera etapa. el pan y la carne. porque no hay necesidad o quizá por timidez. por supuesto. marcado por los dolores de su tiempo. de un espíritu atormentado. además. Ambos atravesados por una profunda inquietud estilística que. con el mundo. Otro Humberto Salvador mucho más prolífico aunque mucho menos potable escribió ingentes novelas como Camarada. Hemos. torturado por crear formas individuales para dar cuenta de esa experiencia suya tan peculiar. Muy bien. Acto seguido nos hemos mirado con desconfianza. en tanto individuo. si no me ha abandonado. que eventualmente solicitaré su anuencia para entrar a Jardín de las delicias elaborado ad hoc para el insigne escritor y. que más tarde. Ahora usted me presta su atención. cifrado con sangre y poesía. Y. el marxismo y el psicoanálisis. los impulsos de su convicción literaria: el hambre y el deseo. entre otras. Exaltado en mi silencio. con lucidez y dolorosa precisión. el de sus tres primeros libros de narrativa. es el trasunto formal de una profunda inquietud existencial. La fuente clara. Luego. que probablemente desafinará pero que cantará de cualquier modo. En ese sentido. hemos sonreído. Retrato de una dama.novela (también puede anotarse el ensayo Esquema sexual. y para que no haya malentendidos. DOS (Primer aparecimiento de don Humberto o Por qué me gusta La navaja) Aquí hablaremos. Esa relación que Salvador busca establecer con la lengua en estas primeras obras es la traducción idealizada y metamorfoseada de la relación que busca establecer. aunque aquí se hablará solo de su ficción). tendremos que revivir a la Generación del Treinta para montar un refinado y sabroso Juicio de la Historia en el que nuestro autor tendrá una destacada actuación… Pero en lugar de decirle todo eso le vuelvo la espalda. estimable lector. pues. la aventura experimental que despliega en estos tres libros es el testimonio. solo de un Salvador. Yo carraspeo y me acuerdo –pero eso no se lo digo. la de un hombre moderno encarcelado entre las iglesias y las montañas (léase los barrotes) de una ciudad andina. falsamente.del inicio del Trópico de Cáncer. de un Salvador mínimo.

Me esculco los pantalones. que agoniza. sobrina y amante de Ignacio de Veintimilla. frente al micrófono. Hombre nacido en el trópico remoto de Guayaquil. le ofrezco uno. publicado por primera vez. en el libro de cuentos Ajedrez. El personaje narrador mortalmente aburrido se verá enfrentado. los bolsillos del saco. Marieta de Veintimilla. (Desde atrás de la cortina del tiempo sale el personaje. Hombre raro. . editado por la Escuela de Artes y Oficios. En efecto parecen alaridos de sol) HS (más calmado): “Tengo una insoportable sensación de aburrimiento. mira al público como buscando una cara conocida. Quito. si no le gusta… Entonces: Humberto Salvador. el máximo y más férvido conocedor de Salvador) al frío quemante de los Andes. la Plaza del Teatro fue regada profusamente durante más de 300 años por la sangre ritual de las vacas. tararea un aria de la ópera La boheme) EA: No se sabe si Salvador conocía o no el detalle. entro a una peluquería en la Plaza del Teatro”. EL PÚBLICO (cerrando los ojos. Luego cierra los ojos y dice. y criado por unas tías. ¿Quiere que lo apague? Bueno. Ahhh ¿No fuma usted? Mejor así. Camina hasta el centro del proscenio. el pecho. en el sonoro año de 1909 y traído con solo meses de edad (si hemos de escuchar el apunte biográfico del crítico Raúl Serrano Sánchez. escuche. Extraigo el paquete de cigarrillos. Gritando. Es hora de empezar. a la cercanía de la muerte de un modo un tanto sui generis: 1 Son las primeras frases del cuento La navaja. hasta que encuentro lo que quiero. opaco” (Se escuchan los golpes. huérfano de madre a muy corta edad y separado para siempre de su padre por una muralla de religión (Serrano Sánchez sostiene la versión de que el padre fue de profesión sacerdote). precisamente. Sin saber en qué ocuparme para no sentir fastidio. No la encuentra. hombre de veinte años. EL AUTOR DE ESTE ENSAYO (que en lo sucesivo solo será referido como EA): Sí. EL PÚBLICO (en murmullos): Antes la Plaza del Teatro fue un camal ¿No es cierto? HS: “Frío en todas las cosas: también mi espíritu tiembla de frío. como si fuera una humilde hoja abandonada en la nieve”1. 1929. pero es muy sintomático que haya situado su cuento La navaja en ese lugar. lo convenció para reemplazar los mugidos agonizantes por el canto lírico. como alaridos de sol. Hombre tímido y solitario.) HS: “Cinco golpes de bronce suenan en el campanario.

está construido con una fuerza y vitalidad notables que disimulan bien el tufillo de arenga política con el que. se anticipa a las concepciones literarias latinoamericanas que solo aparecerían en la década de los sesenta y setenta): la fragmentación de la lógica clásica de la escritura y sobre todo de la lectura. Luego hace un arco con su mano derecha alrededor de su oído. nada: otra ilusión” EA: Estos golpes de efecto son bastante comunes en el primer periodo de la obra de Salvador. se carga la prosa del autor. las mira con desprecio. Cae el telón. en algún vértice de la nada): “Brilla en sus manos la navaja. Una ráfaga extraña cruza por su mirada. tiene la virtud. “Tiembla sobre mis labios la navaja… “¡Ah. a veces. EL PÚBLICO no sabe si aplaudir. de anunciar una de las características formales más interesantes de Salvador en este periodo: la interpelación al lector y la construcción de una atmósfera de complicidad. obligar a permanecer firmes a sus manos y tranquilos a sus ojos… Pero no puede: fue atropellado por el auto de un burgués. nos preocupamos de ellas”. alucinado): “Dos lágrimas brillan en sus pupilas. Por ejemplo en el penúltimo párrafo cuando dice: “Pero. Esto terminará apuntando hacia la piedra de toque de la originalidad de Salvador (elemento que. quien ha sido atropellado por el carro de un “burguesito”. que adquiere un aspecto alucinante. grito porque me despedazó la boca! “No. entre el autor. medio discursivo. ¿Qué es lo que tiene en sus ojos?” EL PÚBLICO (tararea dulcemente la banda sonora de la cinta Requiem for a dream). Su vida es una tragedia desde ese día… HS (interrumpe. además. Quisiera templar sus nervios. Siento que se desespera. Solo los que somos imbéciles y vulgares como el humilde obrero. que la alta sociedad compuesta por gente intelectual y refinada. el primero que lo dio a conocer entre sus colegas. si bien compleja y dolorosa. le insinuó que vaya a afeitarse en la peluquería de la Plaza del Teatro”. con los ojos clavados al frente. HS (Se lleva el dedo a los labios para hacer silencio. el narrador y el lector. Entonces dice): “Si usted quiere comprobar la autenticidad de esta historia. EA: Este tono medio confesional.quien le hace la barba es un hombre enajenado y furioso. HS (sigue. por otro lado. TRES . ¡qué importa! Estas tragedias íntimas son tan insignificantes. Este cuento. Silencio. se adelanta en el escenario. EL PÚBLICO lo imita y queda a la espera de un secreto.

yace tumbado en el pasto fragante. largas piernas torneadas escondidas debajo de libras y libras de ropa interior y recato. Y vamos a dárselo. es de imaginar (puesto esto no lo dice don Humberto). Catalina. Se levanta nervioso. aflojan sus vestidos y los dejan caer sobre la hierba tibia. por razones muy específicas. dios del vino). Mujeres de talles sinuosos. fue la más amarga de las torturas de don Humberto. labios pequeños y brillantes. y ojos eternamente agonizantes. Se parecen un poco a las Bacantes (ese corrillo licencioso de Baco. La escena parece un grabado a plumilla titulado La traición de la literatura. Y en efecto. Las mujeres cuentos de Salvador entran en esa ensoñación que es ahora el parque La Alameda. Los hombres del público aplauden y se despojan galantemente de sus sombreros. crean un círculo alrededor del soñador. un tanto melancólico y soñador. Cruzan los estrechos puentes erizados de adornos neoclásicos. expresión moribunda y. Un joven Salvador (frisando ya la treintena). pero es tiempo de que lo sepa: la visión de esas mujeres medio deciochescas medio modernas. ojos misteriosos. poblado de hombres de trajes apretados al cuerpo. En el parque de fines de los años veinte. rítmicas y lascivas. Mujeres hechas de letras. Las mujeres cuentos visiones llegan al descampado central donde las espera su creador.(El Jardín de las Delicias o Por qué uno puede ser amigo de don Humberto) Hemos de hacerle justicia a don Humberto. moldeadas en la sustancia atroz de la literatura. Lee Tres ensayos para una teoría sexual de Sigmund Freud. Mujeres cuentos: Victoria. pantalones un poco demasiado altos y sombreros claros y tiesos. María Rosario: . Gracia. horribles vengadoras del mundo inferior). De su escritura. Si algo se merecía el atormentado autor era un Jardín de las Delicias. Lucrecia. botines como borceguíes presumidos. Las mujeres. dibujadas con los pigmentos de la frustración y fijadas con el sudor ácido de los sueños. en el centro del parque de La Alameda. Dejémoslos solos por un momento. Lo ubicaremos. Las mujeres usarán vestidos largos y flojos. María Rosario. Se quedan en esos conjuntos interiores de seda de principios del siglo pasado que eran como la última alarma antes del pecado. Tal vez no lo sepa el lector. Rosa. un poco a las Euménides (las benévolas deidades de la tierra y la fertilidad que luego se convirtieron en las terribles Erinias. Es interesante que casi todos los cuentos de esta época refieran a dos escenarios dolorosamente abigarrados: la mujer y la ciudad. don Humberto luce alarmado. musgoso. Conviene que imaginemos un escenario bucólico. Las mujeres cuentos apariciones monstruos se despojan de sus sombreros y diademas.

sensibilidad. “-Pobrecito-. es el motor de la historia. con una distancia insidiosa. Pág. en cambio. Las mujeres cuento lo miran con una especie de desidia admirativa. 102 4 Ibídem. Habla con abandono y elocuencia. No le he conocido nunca.“Ella me ha mordido la cara y yo he mordido su cuerpo. No sé cómo se llama. “Balbuciente. parece el grito de la toda la humanidad” 2. como los placeres de Gracia. Don Humberto declama su verdad en el colmo de la lucidez y el mundo deja de girar para escuchar el extraordinario desahogo de un hombre atormentado. ¿Por qué exige que le repita lo mismo tantas veces”4. Quito. las orquídeas parece que fueran vírgenes arrancadas de un paraíso artificial. si bien un poco ingenuamente. su saco y sus zapatos. desde las cavernas. descripciones. creo que es una lucha fabulosa e infinita. Dentro de este hombre corren las magníficas fuerzas sexuales de la humanidad. me doy cuenta de lo trágica que es para el hombre la conquista de la mujer. delicadamente obtengo la victoria. inteligencia. Don Humberto ha sido despojado de su sombrero. Pág 62. Alucinado. en esta payasada bestial. le recuerdo nuestro amor. 1932. El artista es la encarnación de esos tótem que llamamos. Luego se produce un silencio. literatura… El autor se explaya en teorías. recuerdos. Ibídem. “… Y ahora. Su forma caprichosa es una hipérbole emotiva. (…) “La orquídea es el recuerdo de Gracia. El hambre por el pan. Cuando una orquídea se estilice en la ventana de ella”3. con frases cortadas y estúpidas. Lucrecia “Vuelvo a mirarla. Profundamente exóticas. 148 . solo ahora. “Escucha sonriendo. Por un momento no se sabe que va a pasar. “Estamos aniquilados pero seguimos sosteniendo angustiosamente la macabra pantomima. Lo desean. Edición del autor. se mantiene imperturbable su belleza morena (…). debe usted estar loco. el deseo y el hambre. Al pálido resplandor de la luna. El grito de ella en el momento sublime. anécdotas. El hambre y el deseo son los dos maderos en los que se halla crucificada la humanidad. dice. Miran horrorizadas sus vestidos desmayados sobre el pasto. Defiende una sugestiva tesis: el deseo es la más importante fuerza de la humanidad. Las mujeres cuentos se levantan de pronto como si acabaran de despertar violentamente de un sueño. (…) “… Y en la penumbra. Esos amores han existido solo en su imaginación. El hambre por la carne de la amada es el motor de la historia psicológica del género humano. Gracia: “Las orquídeas son las flores más bellas. No sé quién es usted. La pirueta de la orquídea es placer exótico. Se lanzan sobre 2 3 Del cuento incluido en el libro Taza de té. Pág.

CUATRO (La Oficina de la Posteridad o Donde no buscar a don Humberto) Sobre las calles empedradas saltan los mocasines del escritor. los personajes como Gracia o Mama Rosa. o bien desde la satisfacción bestial de los instintos (pero también desde un desasimiento psicológico más angustioso. complejo y trágico). quien saludó en su momento la prosa de Salvador. como exorcizado. es el ideal estético en pos del cual se autoinmola el temperamento artístico. Así son las mujeres de Salvador. se descuelgan como serpientes a ambos lados de la gran quebrada. hasta cierto punto. Son. tac tac. Extrañas orquídeas del vicio. o bien desde una altura desdeñosa e inalcanzable (de la moral y el buen nombre y toda esa maquinaria social). viven extraviadas entre el terrible deseo sexual que despiertan en los hombres y el anhelo de felicidad que lacera sus almas delicadas. son el prototipo de mujeres sensibles y lucidas que han aceptado su destino como una marca trágica de algún dios juguetón y terrible. o bien prostitutas. Es la historia de ese fracaso. Las dos formas en que se ubican las mujeres frente a esa espantosa elocuencia del sexo es. se enfrentan al gigantesco e inagotable deseo masculino. Las mujeres de Salvador siempre son. tac tac. por otro lado luce tranquilo y satisfecho como lavado. con perdón de don Jorge Carrera Andrade. Son altas y pálidas flores estremecidas. el autor camina de la mano de este personaje femenino. Nuestro autor procura mantener el equilibrio mientras desciende hábilmente por el barrio de El Tejar. por otro lado. Las calles.ellos y se los ponen con urgencia. buscando la historia que finalmente hará que ella se enamore de él. Tac tac. e incluso geométrico. Por ello. Tiene lógica porque lo que le importa a don Humberto es la forma en que estas criaturas pequeñas y enloquecidas. rebelde . estrechas y mezquinas. Todas las mujeres cuentos de don Humberto son crueles y trágicas. el barrio ha empezado a estirarse. A pesar de cualquier razonamiento urbanístico. Luego lanzan miradas furiosas sobre el autor (quien. Incomprendidas e incomprensibles. Tanto es así que en la novela. prototipos para acercarse al delicado enigma del bello sexo. o bien chicas de sociedad. Como una larva que se retuerce. putas ellas y muy amables. como la ensoñación mayor del artista. como si acabara de hacer el amor) y se marchan indignadas. Victoria. Los personajes femeninos parecen creados sobre una estructura de intensa observación psicológica. Todo el periplo argumental de esa obra de Salvador es una forma de congraciarse con Victoria y lograr que al final ella pudiera amarlo. siempre aparece en varios cuentos pero sobre todo en En la ciudad he perdido una novela.

Más allá de toda civilización conocida. Los autos que ruidosamente recorren el centro de la urbe son como grandes insectos que sancionan laboriosamente. han empezado a aparecer varias casas allá en lo alto. El escritor siente a la ciudad como un cadáver que nunca termina de pudrirse. mínima y chismosa. ese triste y oscuro hombre que demuestra patéticamente la utilidad de la poesía cuando su carne se comercia a “cinco y diez centavos” en un pujante negocio de alimentos. hediente a sahumerio. de Bel ami … El ingenio amargo de esos personajes que amaban y despreciaban la sociedad que les tocó en (mala) suerte enciende la tea literaria en el corazón de nuestro autor. que –para colmo de males. de Rojo y negro. en la mitad de ninguna parte. Sus propios personajes empiezan a cosquillearle por dentro. sobre su absurdo.contra su propia forma. que aparece en el cuento A la hora del té. aparecen furtivamente en las vitrinas o en las veloces ventanas de los autos. tac tac. La ciudad es un secreto que fugazmente se le revela al escritor. Acaso de odiarlo menos. Georges Duroy. Sus telégrafos. Nuestro autor deambula furiosamente por las aristócratas y decadentes casas de San Marcos. psicológicamente muy bien pintado. inspecciona con escepticismo la . Esa mole añosa y contrahecha parece concentrar algún secreto sobre el dolor humano. El escritor desmenuza las imágenes de personajes encantadores y trágicos como Julien Sorel. sus espectáculos públicos… son modernas maneras de percibir algo muy antiguo: la soledad y el hastío crónicos que exudan los Andes y las ciudades incrustadas en sus faldas. de Papa Goriot. Esos personajes precipitados en el caldo de cultivo de aquella ciudad infame son el testimonio de la autenticidad artística de nuestro autor. sin duda uno de los mayores logros de nuestro autor. El escritor las mira en medio de su paseo y se queda pensativo. Allí se ofrecen reuniones perfumadas y saraos de distinguida hipocresía a los que. La miseria y la desesperación se convierten en formas de comprender el mundo. Sus cinemas son la mortaja en la que se envuelven sus fracasos y sus sueños rotos. Yakov Petrovich Goliadkin. Eugene de Rastignac. o sea más allá del parque El Ejido. tac tac. sus teléfonos. nuestro autor no es invitado. Allí se entrevé al mendigo poeta protagonista del delicioso cuento Sándwich. Allí también puede verse a ese otro mendigo. es de presumir. de El doble. su grado de descomposición. El personaje se presenta desgarrado entre un hambre que ya dura meses y la necesidad de guardar las formas sociales para ganarse el amor de una mujer. Estos personajes rasgan la sensibilidad del escritor y lo empujan por las calles de esa ciudad. sus máquinas de escribir. la gente bonita ha empezado a erigir sus casas de campo imitando modelos españoles y franceses.ya lo ama. Tac tac.

y. intrigado por la enigmática publicidad.. El escritor piensa que se parece a la pesadilla de un pintor (o de un soldado. don Humberto Salvador exhala el humo mientras repara en un curioso letrero. ………. sospecha de la dulzona belleza del Teatro Sucre y su plaza. El aire descompuesto marea. Los letreros que coronan las ventanillas son de lo . El auto loco. Recuerda los nerviosos cuentos que alguna vez compuso exaltado por la velocidad feroz de esas máquinas. Parado en una de las esquinas más modernas de la modernidad quiteña de los años treinta (hoy solo otra esquina regada por los orines). fatiga sus zapatos –ya bastante torturadosen los desordenados ascensos de La Tola. Estremecidas piezas que elaboran guirnaldas psicológicas a partir del extrañamiento frente a esa modernidad rabiosa y ululante. El interior de la posteridad es irrespirable e infinito. El autor se dirige maquinalmente hacia esa oficina quiromántica que otros llaman posteridad. que dice: Oficina de la Posteridad Argumentos para novelas ………. El segundo piso de este edificio es una especie de laberinto. Finalmente cuando su cuerpo le exige descanso y está a punto de entrar en la Biblioteca Nacional. o de un ciego. o de un soldado ciego). Le dejan entrar. 25 centavos Juicios de la historia ………… … 50 centavos Alta astrología ………… …. Un auto pasa a toda velocidad y casi embiste a nuestro joven escritor. No hay indicaciones en las paredes recién blanqueadas ni sobre las puertas. trascendencia. En la mitad de esa penumbra un débil rayo de luz rasga verticalmente la incertidumbre de nuestro escritor y se extiende como una pantalla sobre la pared. Los pasillos se extienden en la oscuridad y se multiplican indefinidamente a izquierda y derecha. … 1 sucre Nuestro autor suelta el cigarrillo apenas consumido y cruza la Carrera Pichincha. La oficina de la posteridad está atestada. La sangre se le sube a la cabeza. decide encender un cigarrillo. consigna con instrumental sociológico los personajes que hacen cola para entrar a las funciones del cine Variedades. pegado en la ventana de un segundo piso. en San Blas. Sobre la entrada del edificio hay un letrero que dice La vanguardia.. los más histéricos. Los faroles de los autos. En las paredes hay ventanillas desde las cuales se extienden unas filas larguísimas que cruzan la habitación de izquierda a derecha hasta donde alcanza la vista.gracia arquitectónica de la Mama cuchara.

Las pequeñas tragedias quedan ocultas y huyen las sugerencias intermedias ante la guillotina del argumento. por otro lado. está seguro de que en el arte un descubrimiento técnico. por un libro. como solía afirmar Indro Montanelli. En cambio están vacías y cerradas desde hace mucho tiempo las de Genio religioso. tímido hasta la anormalidad con las mujeres. su mayor valentía. El problema es solidificarlo. Págs 17 y ss. para otros “militante irreductible. Cit. para algunos “terror de padres y maridos. que de golpe se vuelve consciente de sí mismo. 6 Son las primeras líneas del relato Proyecto de cuento. también del lector. tímido hasta el ostracismo5. Op. Si bien este apunte incordia la estudiosa fidelidad que el gran conocedor de Salvador. El escritor sabe que su obra podría conquistarla. por su libro. le profesa a nuestro autor. Extraviado en la indescifrable habitación de la posteridad nuestro autor murmura para sí mismo: “Para que mi libro se complete. por alguno de ellos. En esa angustia del acto narrativo. 5 No solo por juego se vuelve propicio el recuerdo que Jorgenrique Adoum (así ha dispuesto escribir su nombre hace pocos meses) consigna en su libro de memorias. “(…) Para que la obra sea lógica es preciso no decir nada de cuánto cruzó por el espíritu mientras se la elaboraba. en tanto tal. y jamás asistió a una manifestación pública ni a una asamblea sindical: por eso. compañeras mías. su tremenda fuerza existencial. por carambola. Pág. incluso frente a dos alumnas. 2005. debo escribir un cuento. el narrador. Nuestro escritor no esperará. Dice Adoum: “Humberto Salvador. No se formará en ninguna cola. y Genio literario. De Cerca y de Memoria.”6 Alrededor silencio. . sabe que la historia es una mujer y que. Por eso nuestro autor convierte sus dudas en material de su propia creación y subvierte en su concepción estética -radicalmente novedosa para la época y la región en que aparece.los papeles clásicos del autor. y las inmediatamente contiguas de Genio científico. Cuando se comprime y lo veo transparente como un prisma de nieve. por supuesto. lejos del menor rubor que se suponía debía causar en las jóvenes sus novelas. quienes. apóstol y líder de la revolución social”. Y sin embargo no emprenderá esa empresa. ¿Se siente satisfecho de alguno? ¿Alguno ha logrado conquistar esa palabra que antes de él no había sido dicha? Nuestro autor no lo sabe con certeza. en sus Obras (in)Completas. Editorial de la Casa de la Cultura. según recuerda Benjamín Carrión. porque era tímido y temeroso”. volumen IV. como diría sesenta años más tarde el checo Milan Kundera. siente debilidad por los granujas.más curioso. Nuestro autor. En Taza de té. Las más solicitadas son las de Ciudadanía ejemplar y. Quito. se borraba a sí mismo. agitador de masas. descansa el principal mérito de nuestro escritor. el personaje y. se volvía inexistente. El argumento es en mi espíritu un vapor denso. se burlaban femeninamente de él. Si ha de perdurar en la memoria de alguien será por su obra llana y desnuda. aparece otro denso vapor que se solidifica también y quiere destrozar al primero. Raúl Serrano Sánchez. Pero. 67. ni una idea que no se relacione con ella. la de Gloria literaria. en realidad es el necesario reflejo de un descubrimiento existencial. ni llenará solicitudes.

En ese estadio de su desesperación invierte los papeles y decide dejar de ocultar sus magros procedimientos creativos frente a sus lectores. Talleres tipográficos nacionales.”9 Como un Sísifo vernáculo. Pág. impugnan los motivos del escritor. cuestionan sus análisis psicológicos. está sabiamente construida con dosis de cinismo e ironía pero también de idealismo romántico. de sus pasos en falso.80. de asombro moderno. su tema y su método.Si algún sujeto raro hiciera el ensayo de escribir un libro. como se pierden todos los días en la ciudad maravillosas novelas que por ser grandiosas en su pequeñez. Poco más o menos lo que hacen todos los escritores. de sufrimiento galante. lo que es más importante. que la trama se le enrosca por dentro y que el universo mismo parece aullar un definitivo mensaje que Salvador se siente incapaz de representar a cabalidad. “Mi vida es un argumento que en su origen despreciaron los personajes. Hay que tener valentía para hacer eso. su dolor. Su mayor fortaleza espiritual es su sufrimiento. Halló el modo de extraer de sus dubitaciones de escritor. . el fruto sería un libro ilógico. de sus angustias de artista… el material de su propia escritura. Cit. de sus balbuceos. Don Humberto se turba. 154. Finalmente don Humberto encuentra esa puerta anhelada y se precipita hacia fuera. regresa la vista. Sus personajes cobran vida. si no abiertamente incomprendida e incluso atacada. Cit. o quizá solo la embriaguez despreocupada que sigue a todo descubrimiento.”8 Silencio. don Humberto supo hacer de su condena su dignidad. a través de esta innovación técnica don Humberto fue encontrando un tono original y. Esa fórmula de entonación que a uno le suena un poco a confesión y un poco a análisis clínico. nos parece de lo más tradicional. hablando del desarrollo del motivo. combinado con la exposición de cuánto ocurrió en su interior mientras lo producía. desvirtúan sus discursos internos. De tanto respirar sus propios resuellos los habitantes de la oficina de la posteridad parecen haberse vuelto locos. Pág. honesto. “Su novela. 9 Op. Pág. andino y universal en su inconformidad. es una novela perdida en la ciudad. 1930. busca la puerta de salida. solo que don Humberto convirtió al proceso mismo de la escritura en su acicate narrativo. Quito. pero que en aquellos tiempos era insólita y más bien poco comprendida. 7 8 De la pieza Un cuento ilógico. de escepticismo. nadie puede encontrarlas. Op. de vacilación por el futuro… en fin de una desgarradura espiritual que. su incertidumbre de creador al percatarse que los personajes se le escapan de las manos. ahora en el 2009. Con un pánico cada vez más galopante se lanza escaleras abajo hasta alcanzar la calle. Sea como fuere.”7 Silencio.228. En la ciudad he perdido una novela. -¡si por lo menos con un nombre pudiera llamar a este personaje para darle un principio de corporeidad!-.

Y hemos de ponernos estupendos. al final. acaso don Humberto nos tomaría por personajes suyos que han tenido la mala ocurrencia de creerse reales y de tomarse en serio el papel de comentadores de su obra. Si nos viera. al taller de trabajo de don Humberto. por el ojo de la cerradura. como sus narraciones. Ahora bien. se seca el sudor de la frente. Como los oficiantes de este culto bárbaro llamado literatura hemos tratado de descifrar nuestros enigmáticos destinos hurgando en la leyenda –esa idealización primitiva. Contento de extraviarse en los meandros abruptos y oscuros de la ciudad que tan bien conoce. Esa mirada hosca y rudimentaria que usted ha adoptado es perfecta para alcanzar el final. si tenemos suerte. toma aire. empezaremos a sentir cómo don Humberto comienza a inventarnos a través de unos textos que escribió hace ochenta años. Como esto no es una monografía colegial ni un chisme de barrio no tengo conclusiones ni aún recomendaciones. Quédese callado. o a un reflejo de su alma. Y que tanto quiere. estimable lector. que tanto odia. científicos famélicos. Silencio. Nos hemos asomado. Muy bien. Hemos ejercitado la danza ritual del recuerdo y por un momento hemos querido creer que nuestros padres muertos nos han hablado. hipócrita e injusta. Sobre el problema llamado Humberto Salvador hemos lanzado. estimable lector. en esa ciudad. varias hipótesis de trabajo. Exacto… así. Ahora es tiempo de sentarnos frente al fuego. se plancha la ropa con las manos.Pero una vez allí. CINCO (Fin o En la Posteridad he perdido un escritor) Hemos llegado de este modo tan abrupto. enciende un nuevo cigarrillo y reemprende su caminata hacia el centro. Contento de no hacer cola en la oficina de la posteridad y por ello ser completamente libre para extraviarse. Hemos de adoptar gestos adustos para que el final de este ensayo dé la impresión de algo concluyente y definitivo. Ve usted… esto debieron sentir los personajes de don Humberto… esto debe significar ser personaje… . es decir a su alma. Parece contento.de nuestros antepasados. intenta calmarse. Bien. Sí.

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