ENTRE LOBOS Y VAMPIROS

ADVERTENCIA DE CONTENIDO

Este es un relato de índole homoérotico. Sólo para personas mayores de edad

RESUMEN

David es la retribución de su aquelarre para con la manada de lobos. Kalep es enviado a recoger al chupasangre para llevarlo a su Alfa, lo que no espera encontrar es a un vampiro joven, con unos grandes ojos verdes capaces de tragarse al mundo. El resto de la historia, un escoger entre el deber y el amor.

CAPITULO 1
Soy David, discípulo del maestro Víctor. Está de más decir que soy uno de sus hijos favoritos, como él me llama. Fui convertido cuando apenas tenía veinte años. Los recuerdos de mi vida antes de eso son borrosos, una película en blanco y negro, la biografía gris de otra persona. Ahora tengo cincuenta años, un bebé, según las palabras de mi creador. La noche reina en pleno en esta mitad del mundo. Debo hacer un encargo para mi señor. El callejón esta vacio, tan oscuro como el alma de un condenado. Un silencio tan denso que hace que mis pasos hagan eco en el pavimento es mi única compañía. Un gato callejero chilla al salir de un contenedor de basura, encorva la espalda tratando de parecer más grande, el animal sabe lo que soy.

Doy unos pasos hasta quedar justo en medio del callejón sin salida, todos mis sentidos gritan que hacer eso es una trampa mortal, pero no tengo opción, así se acordaron las cosas y yo no soy quién para cambiarlas. Una silueta oscura, más negra que la misma noche se dibuja contra la pared del muro. Es a quién debía esperar. -¡Hola!- Una voz de hombre me saluda. Su sonido hace que un escalofrió de anticipación ponga en alerta a mi nosferatus, no sé si de mala o de buena manera. -¡Hola!- Devolví el saludo irguiendo la espalda. No quería que mi metro setenta causara alguna confusión. Soy creación del maestro Víctor, eso me hace fuerte a pesar de mi corta edad. Algunos me subestiman debido a mi apariencia de niño bonito, el cabello largo y sedoso que me llega hasta la cintura no ayuda mucho a mi causa, eso y mis ojos verdes de expresión dulce, según me recuerda mi maestro, soy como una trampa mortal de miel. La risa ronca del desconocido fue como una caricia en mi vientre. -Ahora Víctor envía bebes a hacer el trabajo de un hombre. La silueta comenzó a caminar despacio, el sonido de sus pisadas hizo que mi nosteratus se encogiera dentro de mí. Tenía miedo, saberlo hizo que me asustara aun más, pocas cosas hacen que un vampiro se encoja. Por pura obstinación no di la vuelta y salí corriendo, el maestro me había dado una misión, yo debía terminarla. Mi visión nocturna es tan buena como la de cualquiera de mi raza, pero la capucha del abrigo me impedía ver sus facciones. La silueta del hombre era tan alta como la de una montaña, metro noventa como mínimo. -Si mi maestro piensa que puedo cumplir su encargo.- Lo rete a pesar de notar que el hombre me sacaba una cabeza de alto.- Entonces es mi deber obedecerlo. El tipo levanto el rostro quitándose la capucha que le cubría la cabeza hasta y parte de la cara. Unos dientes blancos se dejaban ver en una sonrisa perfecta. -Me pregunto si sabrás exactamente lo que se espera que hagas.- Ahora el estaba a la distancia de un brazo, tuve que luchar con todas mis fuerzas para no dar un paso atrás. -Debo encontrarme con el señor de los lobos.- Recapitule manteniendo mi posición, tenía que levantar la cara para verlo a los ojos.- De allí en adelante dependerá de la manera en que él quiera cobrarse con mi vida el daño causado.

El rostro de facciones perfectas del hombre mostraron claras señales de enojo, sus cejas negras se juntaron en medio de su frente, sus ojos negros brillaron con una furia contenida, letal y magnifico. Tuve que tragar fuerte, el hombre podía matarme y yo solo pensaba en lo hermoso que era. -Regresa a tu aquelarre, cachorro.- Sentencio el hombre tomándome por los brazos tan fuerte que pensé que partiría mis sólidos huesos de vampiro. Al ver que no di muestras de cambiar de opinión me soltó empujándome asía atrás.- Entonces vendrás conmigo a la manada y tendrás que comportarte como un hombre, no como la sanguijuela que eres. El nosferatus que vive en mí, la segunda naturaleza que esta entrelazada en mi alma, temblaba. -No podría vivir sabiendo que soy un cobarde.- Hable apretando los puños a mis costados, las filosas uñas clavándose en la palma de mis manos. La carcajada del hombre frente a mi estaba carente de toda alegría. -Puedo oler tu miedo, cachorro de vampiro.- Dando un paso más cerca pude sentir el calor de su cuerpo bajo el abrigo negro.- Eres malditamente joven, apenas un bocado para cualquier lobo. -Eso después de que patee sus bolas del chucho.- Siseé mostrándole mis colmillos, lástima que mi nosferatus lo único que hacía era relamerse al ver al hombre. Una fuerte mano aprisiono mis muñecas halándome tan fuerte que me golpee contra un dorso duro como piedra. -¿Qué?- Grite tratando de soltarme de los brazos tan fuertes como barras de acero que me envolvían impidiéndome cualquier movimiento.- ¡Suéltame!-¿Dime que te dijo Victor exactamente?- Exigió contra mi oreja, su aliento tibio causo escalofríos en toda mi espina dorsal. Una lluvia ligera comenzó a caer, como siempre pasa cuando estoy triste. Extrañamente el trato grosero del hombre no hacía que mi nosferatus lo atacara, solo me daban ganas de llorar. Los altos edificios parecían centinelas que protegían el aislamiento del callejón en medio de la ciudad. La noche oscura hacia juego con la soledad que empezó a tomar lugar en mi corazón. -No regresaré al aquelarre.- Sentencie dejando de luchar, lo miré a la cara para que pudiera leer mi determinación tras mis ojos verdes.- Asumí un compromiso libremente. -¿Te dijo que probablemente morirás?- Gruño bajo, apretándome tan fuerte que apenas si podía llevar aire a mis pulmones. El olor a hombre era

embriagador, floresta, aire y bosque, los olores de la vida misma metiéndose bajo mi piel. -Serás llevado como un trofeo hasta la manada.- Se explico hablando entre dientes junto a mi mejilla.- Si tienes suerte tu muerte será rápida, de no ser así serás el juguete del Alfa y cuando se canse de ti serás tirado en las garras de los demás. Un rubor comenzó a calentar mis mejillas, jamás había estado tan cerca de otro hombre, tal vez por eso una incómoda dureza se formaba en mis pantalones. Jadié tratando de buscar aire, tratando de calmarme, no entendía lo que me estaba pasando. Las palabras de mi captor eran para asustar a cualquiera, pero más miedo me daba el saber que un desconocido tenía este poder en mí. Que alguien me ayudara, no quería que me soltara. -Si eso se so que quieres.- Logre escuchar antes de que la fuerza de su abrazo terminara de sacar el aire de mis pulmones. Cuando abrí los ojos me encontré acostado sobre un colchón, desnudo, mi cadera decentemente cubierta por una manta. Sentándome de golpe descubrí que era una mala idea hacerlo. El hombre era tan fuerte que su abrazo de oso era capaz de incapacitar a un vampiro. SI ese era solo uno de los miembros de la manada, era para matar del susto el Alfa. Halando la manta me envolví en ella. El lugar donde estoy está totalmente a oscuras. Mis ojos hechos para la oscuridad pueden ver los barrotes que me retiene. Debía de estar en una especie de sótano, no se veía ninguna señal de ventana alguna. La jaula abarca la mitad del lugar, al parecer de vez en cuando necesitan enviar a alguien a su habitación. Sé que es de noche, afuera la luna debe de estar brillando en lo más alto del cielo. Al ser un vampiro mi reloj interno me advierte que tan cerca estoy del amanecer y sé que todavía faltan muchas horas. La luz del sol me debilita cuando brilla sobre la faz de la tierra, por ser tan joven drena tanto mis fuerzas que me obliga a caer en un sueño profundo. El nosferatus dentro de mí, contra cualquier apuesta, está tranquilo. Lo de esperarse sería que entrara en pánico llevándome con él en un frenesí de sangre, por eso los maestros siempre mantienen cerca suyo a sus discípulos, ya que el vinculo que los une domina al vampiro más joven para que no haga nada por simple instinto. Esa parte de mí esta relajada, como si esperara el autobús, de pronto no lo entiendo. Me puse de pie lentamente, los huesos de las costillas están doloridos. Caminé tocando los barrotes, buscando alguna debilidad en el metal. El ardor que recorrió los dedos demostró que estaban hechos con aleaciones de plata, imposible romperlos sin causarme daños graves. Cosa de locos si pensaba

escapar. Con una sonrisa amarga recordé que ni aunque estuvieran hechos de encaje podría escapar, había dado mi palabra al aquelarre, ahora debía honrarla. Dejando salir aire de mis pulmones regrese a sentarme sobre el colchón. Desnudo como estaba me sentía incomodo, nada les costaba haberme dejado con mi ropa puesta, aunque estuviera mojada, no era como que fuera a resfriarme. El solo pensar que alguien me toco hasta el punto de quitarme la ropa interior me hizo enfurecer, por lo general no me gustan los juegos de manos. Con la espalda recostada a la pared fría, sin perder de vista la puerta de entrada del sótano, comencé a estudiar mi situación. La idea de que me hubieran abandonado comenzó a tomar forma en mi mente. No podía ser tan crueles, después de todo eran lobos, tal vez si lo eran. Antes de salir de la mansión había bebido suficiente sangre. Por lo general necesito beber dos veces por noche, los vampiros mayores pueden soportar varias semanas sin alimentarse, en mi caso faltaría otros cincuenta años para lograr eso. La luz de la mañana acaricia la tierra, lo sé porque tengo sueño, ya que no hay mucho que hacer, me hago un ovillo en el colchón y me dejo llevar por la dulce inconsciencia.

CAPITULO 2

La noche a vuelto a llegar, su frescura hace que mi sangre despierte. Me siento sobre el colchón, la manta sobre mi regazo protege lo que nunca conocerá el amor físico. Con un suspiro le doy gracias a los dioses por eso, no dejo ningún amante que llore por mí. Tal vez esa era la idea de que se pusiera como condición de que la “retribución” fuera virgen, o quizás era que el Alfa prefería destrozar la carne inocente. Las horas pasan, sé que es media noche con la seguridad de cualquier criatura enemiga del sol. Mi garganta empieza a arder, los colmillos me duelen, los calambres en el estomago me hacen encoger con sus pasadas. Sé que puede ser peor, sé que será peor si no bebo sangre antes de que la noche termine. Con algo de suerte los lobos vendrán a matarme antes de que la sed lo haga. Acostándome sobre el costado me preparo para la cruel tortura. El maestro Victor siempre cuido de mí, su muñeca estuvo a disposición para alimentarme, la sed nunca fue más que el preludio. Mi último pensamiento será para mi aquelarre, yo soy el precio, la retribución. Una vida por otra. Yo traje a

Mack ante el maestro, fui quien lo convenció para que lo convirtiera en mi hermano. Ahora lo justo es que yo sea quién pague por ese error. La luz de la mañana calienta la tierra, desde mi prisión de tinieblas puedo sentir como su energía mina mis fuerzas. El dormir sin sueños me traerá algo de paz. La sed es una espada que lacera mis entrañas sin piedad. “Es lo justo… es lo justo…” repito para mi mismo tratando de darle sentido a tanto dolor. Voy a morir sólo, es algo a lo que siempre le temí. No sé cuanto tiempo ha pasado, solo sé que ni siquiera puedo abrir los ojos. Me estoy muriendo. Alguien pasa un brazo bajo mi espalda tratando de sentarme, quisiera ayudarle, pero mis miembros pesan como losas de concreto. -¡Bebe!- Una voz conocida me ordena. Siento el frio del cristal contra mis labios, alguien intenta hacerme beber. Esta fría. Tapándome la nariz me obligan a dar un trago. Con un doloroso espasmo mi estomago rechaza el líquido inerte vomitando. Quien me sostiene me acuesta sobre mi vientre en su regazo, impidiendo que me ahogue con la sangre que expulso. Estoy tan débil, que de no ser por la ayuda, me abría ahogado. -Trae algo para limpiar.- Reconozco la voz. Es el hombre del callejón. Soy abrazado, recostado aun pecho tibio. Huele tan rico, como a bosque, a floresta, a vida en plenitud. No moriré solo, me despediré de este mundo siendo arrullado por el golpeteo de un corazón. -Aquí tiene, señor.- Una voz de mujer joven habla muy cerca. Por puro instinto busco resguardo tratando de esconderme entre los brazos fuertes que forman un capullo a mi alrededor. En mi estado hasta un niño podría acabar conmigo. -¡Gracias! Lia.- Habla el hombre que me sostiene. La vibración que sale de su pecho le hace cosquillas a mi corazón que a duras penas late. –Déjanos solos. Los pasos livianos de la mujer buscan la salida, el golpe en la puerta al cerrarse me anuncia que estamos solos. Extrañamente en sus brazos no tengo miedo, su olor me reconforta, no voy a morir solo. Una tela suave recorre mi rostro y mi pecho limpiando con tanta ternura el desastre que hice. Me siento cuidado. -Trata de beber un poco.- La voz del hombre tiene un dejo de preocupación que hace que me sienta culpable. El frio del vidrio toca mis labios, el olor a sangre fría hace que mi estomago se estruje de asco.- Vamos cachorro…- Insiste.- no seas caprichoso, tienes que beber. -¡No!- Puedo apenas balbucear. Apartando la cara me escondo en su pecho firme. – No puedo.

Él trata de usar su fuerza para apartarme de su dorso. Triste para él que no sepa que mi testarudez está bien documentada. Mi nariz contra la piel tibia, músculos de acero recubiertos de seda. Los colmillos salen de mis encías tentados por su olor, por el sonido de la sangre al recorrer las venas, allí esta lo que yo quiero. Tomando por la fuerza lo que debe ser ofrecido por propia voluntad, abro la boca y clavo los dientes en la carne tierna alrededor de su tetilla. La sangre llena mi boca, el dulce sabor seduce mis papilas gustativas que enloquecen con su esencia hace vibrar mis células. Todo mi cuerpo reacciona, su sangre están rica que de inmediato siento como mi organismo regresa a la vida, mi piel se calienta, mi fuerza regresa. Un gruñido que no es mío me hace despegarme del dulce bocado. Su sangre recorre mis venas, late en mi corazón. Sabiendo la gravedad de lo que he hecho, abro los ojos con sincero miedo de lo que pueda encontrarme. Un hermoso rostro de hombre me da la bienvenida al mundo de los vivos. Ojos tan azules como las profundidades del mar enmarcados por unas gruesas pestañas rizadas me observan expectantes. Los mechones de cabello negro semi- rizado que caen a los lados de su cara hace que me piquen las manos por tocarlo, a duras penas logro guardarlas para mí mismo. Sus facciones fuertes y bien delineadas eran las de un guerrero, uno bastante letal. -¿Quién eres?- Logre preguntar cuando recupere la voz. -Soy Kalep.- Respondió el hombre con una sonrisa ladeada que me dio escalofríos. De seguro él lo noto, porque su sonrisa se amplio. El muy ladino. -¿Eres el Alfa?- Susurre embrujado por su olor, por su tacto, por la manera en que me miraba. -No- La noticia borro la poca esperanza que tenía.- Soy su segundo. La sangre de Kalep era muy fuerte, en una sola toma y mi cuerpo estaba totalmente restablecido. Ahora que eso no quería decir que me fuera a levantar de su regazo por voluntad propia, mi nosferatus estaba fascinado. -¿Cómo te llamas?- Hablo acercando su rostro al mío, podía sentir su aliento sobre mis labios sin tocarlos.- Llamarte cachorro de vampiro es un poco largo. Tragando aire trate de recordar, de pensar, ese hombre hacía que mi cerebro dejara de funcionar. -David, discípulo del maestro Víctor.- Me presente a mi mismo sin dejar de mirarlo. Recordando mis buenos modales decidí disculparme.- Siento haberte mordido. No tenía derecho a tomar por la fuerza lo que debe ser ofrecido.

Las manos del hombre eran grandes, un brazo bajo mi espalda me sostenía y su mano libre acariciaba con gran delicadeza mi rostro. No pude evitar sonreírle dejando ver mi juego de dientes, incluyendo mis colmillos en descanso. -Son bonitos.- Diciendo esto metió uno de sus dedos en mi boca rosando el filo de uno de mis colmillos. -¡Ah!- Me estremecí, sentí la caricia directo en mi pene que se puso más duro si eso era posible. Trate de cubrirme con las manos pero él las retiro.- Eres demasiado sexy como para usar ropa. Eres mi pareja, es así como debes estar cuando estemos solos. -¿Mi pareja?- Chille poniéndome de pie de un salto.- No es posible.- Grazne entendiendo de pronto la gravedad de la situación. – Soy la retribución, nadie debe tocarme hasta que el Alfa decida que hacer conmigo, si no el acuerdo será revocado. De pie, con la espalda contra las rejas trate de poner toda la distancia posible. La lámpara del techo iluminaba el lugar, como lo pensé, estoy en un sótano. Sin un maldito lugar a donde escapar. El ardor de la plata me hizo apartarme de golpe. Eso era tener suerte -Vuelve a mi regazo.- Me ordeno como si no me hubiera escuchado. El tipo era terco además de sordo. El me miro de esa manera particular que lo hacen los lobos cuando quieren demostrar un punto, directo y sin parpadear. Me quede allí de pie, estar desnudo ya no era mi preocupación prioritaria. Lo miré en silencio. Cuando el maestro Víctor explico en que consistía la retribución lo primero que dejo en claro fue que tenía que ser virgen, sin pareja, ya que jamás regresaría, pasaría a ser propiedad del Alfa. De encontrar a mi compañero no podría ser reclamado, la muerte sería el más piadoso de los finales comparado con eso. En su momento no me pareció tan terrible, cuando era humano tuve uno o dos amantes, pero como vampiro era considerado inocente, ya que no había explorado esa parte de mi nueva naturaleza. En fin, el sexo no había sido algo que me obsesionara, mi único contacto físico era con Víctor cuando este me alimentaba con la vena que estaba en su muñeca. -No puedo.- Trate de explicarle.- Soy propiedad del Alfa, soy la retribución ofrecida por mi aquelarre. Los ojos se encendieron como dos lumbreras. La expresión feroz en el cambia formas me hizo caminar alrededor mientras él se acercaba despacio tratando de cazarme. En una danza lenta nos movimos, él asechando, yo temblando por ser acechado. Sin darme cuenta estaba de nuevo de pie sobre el colchón, con la espalda recostada a la fría pared de piedra. Antes de que pudiera

decir o hacer algo el enorme cuerpo del lobo hombre me prenso contra la fría superficie, tomando mis manos por las muñecas las sostuvo con una sola de las suyas sobre mi cabeza. Su cuerpo me cubría por completo, yo desnudo, el vestido. Sabiéndome tan indefenso comencé a temblar. -Eres mío- Gruño contra mi oreja- Nadie toma lo que es mío. No sé si por mi naturaleza vampírica o porque a la larga soy una puta, mi cuerpo respondió a la caricia de su aliento caliente sobre mi piel. Toda la sangre se fue directo a mi pene, mis bolas dolían, mi cuerpo entero estaba tan caliente que pensé que levantaría en llamas. Quise explicarle, decirle que la situación no tenía remedio, pero el calor se hacía insoportable. Me sentía como en un sauna, no podía pensar con claridad. Mi piel esta tan sensible que hormiguea. Si ya la situación era desesperada el lobo metió una de sus musculosos muslos en medio de mis piernas acariciando mi saco. -¡No hagas eso!- Le implore al sentir como Kalep restregaba sus caderas contra mi.- No puedo emparejarme contigo. La esperanza de que el enorme lobo con piel de hombre me soltara se fue al basurero al sentir su boca contra la mía en un ataque brutal a todos mis sentidos. Si no fuera porque Kalep me sostenía por las muñecas y que montaba su muslo, habría ido a dar al suelo. Mis piernas se negaban a sostenerme, mis pulmones apenas podían llevar oxigeno a mi sangre. La lengua del hombre lamio mi boca, sus dientes mordiendo la carne tierna de mis labios. Me estaba volviendo loco. -Eres mi pareja- Sentencio Kalep cuando se aparto de mí para tomar aire. -Soy un vampiro- Quise recalcar lo obvio- Nuestras razas han hecho competencia por quien se mata primero desde antes de que se descubriera el fuego. No podemos ser pareja. Una risa perezosa se dibujo en el rostro varonil, con la mano que tenía libre acaricio suavemente mi mejilla. Un temblor recorrió mi piel, me sentía tan desnudo, tan expuesto a su escrutinio. La mezclilla de su pantalón excitaba con el rose a mi miembro que ya sentía a punto de explotar. Su mano abierta recorrió mi cuello, llego hasta mi plexo solar. Su mirada depredadora seguía sin pestañear el rastro ardiente que dejaba su tacto en mi piel. El maldito lobo sabía lo que estaba haciendo. -Tan hermoso- Susurro dándome otro beso. Esta vez su lengua invadió mi boca, probando hasta mi alma. Sus dedos traviesos pellizcaron mis tetillas, estaba tan excitado que me dolía. Unas gotas de humedad escapaban del mi

dolorido pene manchando la tela del pantalón del hombre que me retenía contra la pared. -¡Señor!- Jadié tratando de tomar aire- No debemos. Mis quejas se ahogaron en mis propios gemidos cuando sentí su mano apretando mi dureza. Voy a morir devorado por un lobo feroz, lo peor de todo es que no quiero estar en ninguna otra parte. Sin soltar las muñecas de mis manos las sostuvo sobre mi cabeza. Su boca torturaba mi cuello dándome pequeños mordisquitos hasta la unión con el hombro. Con su mano comenzó a bombear mi pene haciéndome gritar tan fuerte que pensé que hasta en el infierno me escucharían. El dolor de mis bolas fue en aumento, desesperado golpeaba mi cabeza contra la dura pared, arqueando la espalda buscando estar más cerca de mi torturador siseaba desesperado. -Riega tu semilla en mi mano, cachorro de vampiro.- Me ordenó aumentando el bombeo. Me estaba matando lento. -Por favor.- Chille suplicandole piedad. La sonrisa depredadora en el rostro de Kalep me dejo claro que no la tendría conmigo. – Yo necesito… necesito. Los colmillos se desplegaron en mi boca, la sed ardía en mi garganta, el nosteratus que es parte de mi desea clavar los dientes y probar el dulce sabor del hombre más grande. -¡Ah! – Con un grito desesperado vacié mi semilla en su mano justo antes de clavar mis colmillos en su cuello. El grito de Kalep fue de placer, sentí como todo su cuerpo reacciono a mi mordida como no pensé que fuera posible. Ambos nos dejamos llevar por el más sublime orgasmo que ningún ser vivo o muerto haya sentido jamás. El amor físico de mi naturaleza vampírica estaba fuera de cualquier escala, en ese momento entendí que tan inocente era antes de mi lobo. -No debes volver.- Suplique tragándome mi dolor.- Debes dejarme solo. Él me dejo hacer. Aún temblaba sobre el colchón cuando me recostó dándome un casto beso en los labios. Me arropo antes de marcharse. Lágrimas gruesas escaparon de mis ojos, enterré mi cara en la almohada para ahogar mis sollozos. La había jodido y por partida doble. El Alfa había dejado claro que la retribución debía ser virgen, sin compañero, ahora ya no tenía ninguno de los dos requisitos. Cuando el hombre se diera cuenta de seguro pediría algo aún peor para evitar la guerra entre las razas. El aquelarre había depositado su confianza en alguien que no la merecía.

Me quede allí acostado, deseando de todo corazón haber muerto de sed. El nosferatus exigía a su compañero, arañaba mi alma furioso porque yo no le permitía destrozar la mitad del mundo para tenerlo de regreso. La mañana trajo el sueño parecido a la muerte. Por ser tan joven el dormir me deja totalmente indefenso. Soy presa fácil en las horas diurnas.

CAPITULO 3

El ruido de los barrotes de metal al ser golpeados me saca de mi cómodo entumecimiento. Sentándome sobresaltado trate de buscar al causante. Tomando la manta la apreté contra mi pecho cubriendo mi desnudez. Con la mano que no sostenía la tela aparte los largos mechones de cabello negro que me caía sobre la cara. Dos días antes me había propuesto cortarlos, consideraba que solo me hacían ver como una mujer, ahora me da risa pensar en lo tonta que eran mis preocupaciones. Es increíble como la vida te hace ver las cosas desde otra perspectiva. El sótano está totalmente iluminado. Si pensaba que Kalep era alto con su metro noventa, el hombre que está del otro lado de los barrotes es un gigante de por lo menos dos metros. Debía ser el Alfa, era una pared de músculos sólidos, era guapo, aunque no tanto como Kalep. -Veo que ya estas despierto, sanguijuela.- Sus palabras hacían juego con la expresión asqueada de su rostro.- No perdiste el tiempo engatusando a mi segundo. Trague fuerte, la sangre se enfrió en mis venas. Definitivamente es el Alfa. A pesar de que los barrotes de la jaula nos separan estoy seguro que él podría romperlos como si fueran palillos de limpiarse los dientes. En una situación como esa, más vale estarse callado. -Eres un puto muy bonito.- La manera en que me miró hizo que apretara más fuerte la manta contra mi cuerpo, peque todo lo que pude mi espalda a la pared contraria.- No es muy difícil imaginar como un chupasangre como tú logro seducir a un hombre recto. ¿Qué hechizo usaste? Sabía que era hermoso, mi maestro me lo repetía siempre. Mi cabello largo y sedoso hasta llegar a mi cintura, mis ojos verdes y mis pestañas risadas

hacían juego con mi rostro de facciones finas. El ser de estatura baja, metro setenta y mi fisionomía de músculos de nadador me convertían siempre en el blanco de halagos. Ahora, por primera vez desde que fui convertido, sentí vergüenza de ser lo que soy. Baje la mirada, trate de prepararme para lo que de seguro vendría. Es claro que el Alfa no había terminado conmigo. -Ustedes los vampiros son una raza sin alma, incapaz de sentir lealtad más que por sí mismos. Imposible que uno de ustedes se empareje con un lobo. Nosotros somos leales por siempre a nuestras parejas. – Reprocho el Alfa destilando veneno con cada palabra. Apretando los puños contra su cadera, como si le costara cada miligramo de autocontrol para no saltar sobre mí.- Jamás permitiré que un parásito como tu entre a nuestra manada. Eres la retribución y vivirás conforme a eso. -Lo sé- Me atreví a responder. – Yo no quise… El hombre pareció no escucharme o estaba demasiado ocupado tratando de no matarme.- Si usaste algún maldito hechizo para engañar los sentidos de mi segundo, vas a desear estar muerto antes de que yo te mate lentamente. -¿Qué va hacer con el acuerdo con mi aquelarre?- Le pregunte mirándolo de frente. En este momento debía luchar por salvar algo, debía valer la pena todo lo que sucedía. – Máteme, está en su derecho. Solo le ruego que no rompa el acuerdo. El Alfa soltó el aire lentamente. –Víctor ya cumplió con su parte. Lástima que la pequeña mierda que envió no lo hiciera. Ahora es mi responsabilidad hacerte entender que aquí se respeta mi ley. No quiero saber que estas conspirando para atraer a mi segundo a tu jaula. -¡Máteme entonces! – Lo rete esperanzado. Camine hasta quedar junto a los barrotes, el Alfa solo tenía que estirar su brazo para poder romperme el cuello. El Alfa se limito a mirarme en silencio, como si yo no valiera la molestia. -No te escaparas tan fácilmente. – Sentencio – Aparta tu culo de mi segundo y demuestra tener algo de honor. Sabiendo que aceptaba mi propia sentencia de muerte lo miré directo a los ojos, un desafío directo para su parte animal. Tenía que dejar algunas cosas claras antes de morir. - El es mi pareja- Trate de ignorar el temblor que sentía en mi cuerpo. Mi nosferatus estaba aterrado y pronto se pondría histérico. – Debo obedecer sus órdenes, eso fue parte del acuerdo. Eso lo sé. Solo le ruego que no deje bajar

Kalep aquí. Si lo hace será inevitable que nos emparejemos, se lo ruego, no deje que me vea más, nunca más. - Así que pretendes seguir con este teatrito.- Bujo el Alfa.- Creo tanto que eres la pareja de Kalep como que yo puedo ser Caperucita Roja. Sin darme tiempo a replicar el gigante se dio la vuelta y salió del sótano dando por terminada nuestra amena conversación. Eso es lo que yo llamo un amable “¡Buenas noches!”, con desayuno incluido. ¡Qué mierda! Era joven, pero no tan ingenuo para no saber lo que me pasaría ahora que probé la sangre de mi compañero mientras le daba mi semilla, el proceso del apareamiento había empezado sin que pudiera concluirse. Sé que voy a morir, la pregunta es cuánto tiempo tomará. Me senté sobre el colchón, la espalda recostada a la pared. Conocí a mi pareja, probé sus caricias, me enloqueció con sus besos. Me queda de consuelo pensar que lo conocí. En el poco tiempo que estuvimos juntos me di cuenta de que era un hombre cariñoso, capaz de cuidar de otra persona, no puedo olvidar la manera tan dulce en que me limpio cuando enfermé con la sangre muerta. Tal vez nos habría ido bien bajo otras condiciones, a él no pareció importarle que yo fuera un vampiro o que bebiera de sus venas. No puedo evitar sonreír, me gusta la pareja que el destino escogió para mí. Puse mi fe en que Kalep estaría bien. Al no haber completado el apareamiento su lobo no se ligo a mí. Un tiempo después de mi muerte su lobo podría aceptar otro compañero de juegos. La idea de que mi hermoso guerrero de ojos azules y cabello tan negro como las alas de un cuervo tocara a otro hizo que mi nosferatus siseara mostrando los dientes. Demasiado triste para pensarse dos veces. El día llego, dentro del sótano no entra ni un rayo de luz. Debes en cuando escucho algún ruido apagado desde la superficie. Una mujer llego con una copa de llena de sangre, la puso junto a los barrotes y se marcho en silencio. Acostado sobre mi espalda miro al techo, sin poderlo evitar llega hasta mi el olor del líquido rojo que no es la sangre de Kalep, por poco y vomito del asco. Esta demás decir que he bebido nada desde hace dos noches. Ya ni siquiera me molesto en levantarme. Me recuesto sobre mi costado, de cara a la pared, así evito mirar a quién entre al sótano. Al único que quiero a mi lado es a Kalep, ya que esto es imposible, moriré solo. Sé que debo estar agradecido de que mi compañero no me vea en este estado, pero su obediencia me lástima más que la misma sed. Deseo tanto que venga para confortarme mientras me marcho de este mundo. Mis labios antes carnosos están resecos por la sed, debo tener unas horribles

ojeras y mi cabello antes negro y lustroso ahora es como el de una muñeca olvidada. -¡Que él me recuerde hermoso¡- suplico a los dioses. La noche regresa como una amante fiel. Lastimosamente esto causa que ya no tenga el beneficio de la somnolencia para hacer menos terrible mi dolor. La sed es tan terrible que tengo la garganta en carne viva. Los pulmones ya no tienen la fuerza necesaria para inflarse con el aire que entra. La sangre de Kalep es tan fuerte que alarga mi martirio por días, pero todo plazo se cumple. -¡Sanguijuela!- La voz autoritaria del Alfa me grita apenas entrar al sótano. - - ¡Levántate maldito mocoso malcriado! Yo seguí acostado sobre mi costado de cara a la pared, cubierto con la manta esperaba esconderme de cualquier ojo curioso. Estoy agonizando, no haré un espectáculo de eso, prefiero que piensen que duermo. Escuche el metal de la puerta de la jaula chillar al ser abierta. Alguien invadía mi espacio. Los colmillos se desplegaron de mi encía, en un pobre intento por alejar al desconocido a mi espalda. Aún ese simple esfuerzo me debilito aún más. Jadié tratando de llenar mis pulmones de aire sin mucho éxito. La sed era insoportable. La muerte es una perra que se hace de rogar cuando realmente se necesita. -Roberth- Grito la voz del Alfa llamando a alguien que no tardo en entrar también a la jaula.- El vampiro se está muriendo. ¡Maldita sea!...¿Cómo es que no se dieron cuenta de que no se estaba alimentando? -No creímos que eso importara mucho.- Trato de excusarse una voz de hombre que yo no había escuchado antes. – A usted no pareció preocuparle mucho lo que pasara con el chupasangre. Si él no quería beber, era muy su problema. Un gruñido bajo resonó por todo el sótano, sentí cuando paso a través de mi cuerpo. Mi nosferatus se asusto tratando de levantar mi cuerpo muerto, pero no había manera posible de que yo pudiera arrástrame lejos de allí. -Mueve ese imbécil culo y busca al doctor.- Gruño el Alfa dirigiéndose al hombre junto a él. Escuche los pasos rápidos al salir del lugar. Al parecer nadie se metía con el Alfa, menos cuando parecía estar a punto de partirle la garganta a alguien. Una mano grande me sujeto por el hombro dándome la vuelta hasta dejarme sobre mi espalda. -¡Vampiro!... Despierta. – Exigió el Alfa como si yo lo pudiera obedecer.

Las voz del hombre que me sacudía por los hombros comenzó a escucharse lejana. Antes de caer en la inconsciencia quería decirlo. -Dile que no es su culpa.- Susurre deseando con todo mi corazón que el lobo hombre pudiera entender lo que de mi garganta reseca salía.- Que me hubiera gustado conocerlo realmente. Otras personas entraron a la jaula, podía escucharlos hablar sin entender lo que decían. La oscuridad me rodeo como me hubiera gustado que lo hiciera Kalep, mi Kalep. No luché, me deje llevar hasta hundirme en la dulce inconsciencia de la muerte. Por fin ya no dolería más. De seguro estoy en el cielo. Los vampiros después de todo si van al cielo. Pensé mofándome de mí mismo. “Los niños buenos van al cielo… los malos van a todas partes”. Una piel tibia rosaba mis colmillos, mis oídos fueron seducidos por el sonido de la sangre al circular por el torrente sanguíneo, el olor era idéntico al de Kalep. Sin esperar segunda invitación mordí la piel tibia que se me ofrecía. Unos brazos fuertes me rodean acercando más mi cuerpo a la fuente de esa deliciosa sangre. Estoy en el cielo. Bebo como un niño goloso, la sangre es tan fuerte que enciende mis venas con cada trago, todo mi ser despierta a la vida. Mi corazón palpita como caballo desbocado, la sed desaparece como si nunca la hubiera tenido. Estoy vivo, tan vivo como nunca lo he estado antes. Alguien tapa mi nariz obligándome a soltar mi presa. Me revuelvo tratando de regresar a la fuente que me provee de una sangre rica y caliente, embriagadora. Varias manos me sostienen, aún estoy tan débil que quedo extenuado por el esfuerzo sobre un cuerpo caliente que me abraza como si yo fuera algo precioso. -Kalep…Kalep – Lo llamo antes de de caer dormido. No quiero estar en el cielo si él no está conmigo. Un atrevido que sabe exactamente igual a mi pareja me está besando, más bien, me está devorando con su boca sobre la mía. Soy de Kalep, nadie toma lo que a él le pertenece, por muy en el cielo que este. Abriendo los ojos pongo las manos en el pecho duro tratando de apartar al desconocido que huele como mi pareja. -¿Ya no me quieres?- Pregunto Kalep apartándose de mi boca.- Mi pareja ya no desea que le haga el amor.

CAPITULO 4

Mis ojos verdes se dilataron, el hombre que estaba sobre mí, tan desnudo como lo estaba yo, era mi pareja. Ya no estaba más el sótano, esta habitación era mucho, mucho más grande, la cama enorme esta tibia y mullida. El olor de kalep invade mis sentidos, esta es su habitación. Le sonrió, no puedo evitarlo. Se ve tan hermoso. Su rostro de facciones duras, sus ojos tan azules como el fondo del mar, su melena negra cayendo en suaves risos sobre su cara, todo en él es perfecto. -Yo quiero…- Tartamudee por primera vez en mi vida. – Yo quiero que tu… -David.- Susurro Kalep. Mi nombre en su boca es como un afrodisiaco, estoy tan duro que si me toca me voy a venir. – Voy a emparejarme contigo, te lo estoy advirtiendo, no te lo estoy preguntando. Antes de que yo pudiera dar mi opinión al respecto su legua rastrillo mis labios causando un corto circuito que hizo vibrar todo mi cuerpo. Lo siguiente que supe fue que Kalep estaba sobre mi sostenido por sus brazos y rodillas tratando de comerme vivo. Lo significativo estaba en que contaba con mi total aprobación para que lo hiciera. - Kalep. – Ya no puede recordar lo que le pensaba decir. Mi nosferatus esta vez no se dejaría convencer por otras obligaciones que no fueran de las que se cumplen con mucho sudor, gemidos y un constante entrar y salir. – Reclámame… reclámame. – Le suplique dejando que gruesas lágrimas salieran de mis ojos. Puse toda mi fe en lo que decía el maestro Víctor: “Nadie puede negarle algo a esos lindos ojos verdes cuando ponen esa expresión triste” -¡Mío!- Gruñó el lobo sobre mí.- ¡Mío! Kalep, mi Kalep, sus gruesos mechones negros cayendo sobre los lados de su cara cincelada por los mismos dioses, el fuego de sus feroces ojos azules concentrados en mí. En ese momento supe que aunque hubiera suplicado por mi liberación no lo lograría. Iba a ser tomado con o sin mi consentimiento. Como suelen decir: “suavecito y cooperando”. Ese sorpresivo conocimiento toco una vena rebelde en mí. No era bueno ponerle las cosas fáciles al grandote solo por que fuera tan caliente como el sol.

Soy un vampiro, no somos conocidos por jugar limpio. Tomando en cuenta que fuimos mortales que engañamos a la vida para robarle la inmortalidad, no, definitivamente no somos de los que desdeñamos de los trucos. Era hora de que mi lobo entendiera ciertas diferencias fundamentales entre las razas. Arqueando mi espalda rose mis tetillas contra su dorso, el delicado contacto lo hizo estremecerse de pies a cabeza, eso es bueno, mi lobo es muy sensible. Repito la hazaña levantando mis caderas hasta que nuestros penes duros como el acero se besan. -¡No hagas eso!- Me ordena tratando de recuperar algo de su control. Demasiado tarde, ya vi la grieta en sus defensas. Mi lobo está perdido. Levantando la cabeza, le ofrezco mi boca abierta en una muestra clara de sumisión. Mi lobo cae en la trampa, me besa con tanta fuerza que siento el sabor dulce de su sangre al chocar sus labios contra mis colmillos. Aprovechando la entretención y tratando con todas mis fuerzas de no caer en mi propia treta, levanto una rodilla. El golpe en sus costillas lo hace separar las bocas, en un ágil movimiento ruedo sobre la cama y escapo de su alcance. - Si quieres algo de mí - Reto a su lobo mientras camino hacia la pared- … tendrás que ganarlo. -Ven aquí.- Me ordena Kalep. Su sonrisa lobuna en una amenaza clara. El azul más intenso en su mirada me dice que su lobo esta de lleno en el juego.- Si no vienes… iré a por ti. -¿Y qué me harás si tienes que venir hasta aquí?- Pregunto acomodando las manos a cada lado de mi cabeza, la espalda apoyada a la pared. Mi cabello largo cayendo sobre mi pecho cubriendo mis tetillas. Desnudo en toda mi gloria espero atraer la suficiente atención del lobo. Espero que no tarde en decidir que va a hacer, estoy tan deseoso que estoy goteando sobre la alfombra. -Voy a cogerme ese lindo culito tuyo hasta que te duela la garganta de gritar mi nombre, pequeña mierda.- Gruño mi lobo mientras se levanta de la cama lentamente. - Si eso quieres tendrás que ganártelo.- Tente a mi suerte arqueando la espalda para que viera mi hinchado pene que rebotaba contra mi vientre con cada movimiento.- Ven por mí. Un bajo gruñido escapo del pecho de Kalep. Tan desnudo como los dioses lo enviaron al mundo, el hombre se puso de pie al lado de la cama. Sus pies desnudos sobre la alfombra, sus piernas musculosas, su pene izado sobre sus bolas, ni aunque se me fuera la vida en ello yo podría dejar de mirar. Todo en el grita virilidad, fuerza, su vientre de lavadero, su pecho musculoso, sus hombros anchos, pero lo que me hace temblar es la mirada depredadora de sus ojos color

mar profundo. Sé que estoy en su menú, lo único que haré será hacer interesante la cacería. Con velocidad sobre natural Kalep trata de sostenerme contra la pared, pero yo también soy rápido y me escabullo antes de que sus brazos se cierren sobre mí. Corro alrededor de la cama, salto sobre ella cuando ya no me queda otra ruta de escape. Mi perseguidor me demuestra por qué su raza es conocida por ser buena cazando. Soy víctima de una emboscada. Estoy por escaparme cuando una mano grande me toma por los tobillos haciéndome caer sobre la cama de panza. En un acto desesperado uso mis garras de vampiro para sostenerme del colchón y no ser arrastrado. Está de más decir que no sirvió de nada. Lo único que logré fue destrozar la ropa de cama y los almohadones, una nube blanca de tela y trozos de relleno del colchón vuelan por el aire en la habitación. -¡Hasta aquí te llego tu suerte!- Me anuncia mordiendo uno de los globos de mi trasero. – Es hora de que este cuerpito tuyo me reconozca como su dueño. El recuerdo de mi aquelarre y de mi papel en su seguridad me golpeo. En mi defensa puedo decir que yo no busque a Kalep. Si él Alfa no podía entender eso, entonces no merece liderar a su manada. Yo no busque a mi pareja ni el deseo que yo fuera su compañero, el destino decidió por nosotros. Si va a caer el infierno, haremos que valga la pena. -Ja…Ja…- Mi propia risa me sorprende, si el lobo supiera hasta que punto le pertenezco. Esperando su siguiente movimiento me quedo quieto. Kalep sube lentamente hasta quedar sobre mi espalda. Siento su mano cerrarse sobre largo cabello, halándome me obliga a volver el rostro para follarse mi boca con su lengua. Voy a morir de puro y exquisito placer. ¡Que los dioses me ayuden! Un dedo lubricado me invade causándome ardor, mi cuerpo de vampiro están sensible que soy como una guitarra bajo sus dedos expertos. En respuesta levanto el trasero buscando más de ese toque que me incendia por dentro. Kalep deja mi boca solo para torturar la piel de mi espalda, lo que sus dientes muerden su lengua alivia. Me vuelve loco, trato de permanecer en silencio pero no puedo, haría falta estar muerto para lograrlo. Mis jadeos y gemidos llenan el ambiente de la habitación, no puedo evitarlo. Tres dedos me estiran ahora, he visto lo grande que es mi compañero, su pene va a llegar hasta tocar mi alma. -¡Ahora! –Exijo fallándome a mi mismo con los dedos de Kalep. -¡Ahora!

Mis exigencias fueron escuchadas. Un trozo de carne duro como el acero me invade. Aun siendo estirado y bien lubricado siento el ardor de su entrada en mi cuerpo virgen de vampiro. -Estás tan apretado.- Sisea Kalep empujándose despacio hasta que sus testículos golpean mi trasero. Su mano grande me acaricia la espalda tratando de consolarme. Lágrimas gruesas escapan de mis ojos y mojan las sábanas de la cama. Estoy llorando de alegría. Me siento tan lleno, tan amado, estoy con mi compañero. Puedo morir ahora que ya viví lo bueno que la vida tenía para ofrecerme aunque viviera mil años. -No quise hacerte daño.- Mi enorme lobo me besa la cabeza en disculpa. Siento como su pene se desliza lentamente escapando de mi culo. -¡No! –Chillo sosteniéndola mano que me sostiene por la cadera. Mi lobo no parece muy seguro de entender lo que quiero. Sé que ve las lágrimas en mis ojos y no puede entender por qué lloro. El sudor perlado que cubre su piel dorada, que contrasta con la palidez de la mía, me habla del gran esfuerzo que hace para no clavarme con su pene sobre la cama. -Duro, sucio y rápido.- Le ordeno. Con el fin de aclarar la idea, levanto el trasero y apoyo mi cara contra el destrozado colchón. - ¡Ahora! Hay palabras que no deben ser dichas a menos que uno esté dispuesto a enfrentar las consecuencias. Unas manos grandes me sostienen por la cadera tan fuerte que no me dejan mover ni un milímetro. Siento como la cabeza de su pene juega con mi botón haciéndome sisear mostrando mis colmillos contra las sábanas. El maldito está jugando conmigo, es una suerte que a esto pueden jugar dos. Sabiéndome lo suficientemente abierto hecho mi trasero hacia atrás empalándome a mí mismo con el grueso pene. Ambos gritamos por la dulce sorpresa. Kalep se queda quieto, su agarre sobre mis caderas es más fuerte, puedo sentir como sus garras rasgan mi piel, pequeños hilos de sangre resbalan por el muslo. Hoy he descubierto que el placer con un poco de dolor me enciende como nada en la vida lo ha hecho. ¡Ah! - Me quejo.- Por favor… Muévete… ya no puedo esperar más. El pene clavado en mi sale suavemente para clavarse de un solo golpe hasta las bolas. Dejo descansar mi cara contra la tela destrozada del colchón, le dejo mi culo para que lo trabaje con maestría. El entiende mi rendición como lo que es, un acto de confianza. Al segundo intento toca mi punto dulce, las garras salen de mis manos en contra de mi voluntad, los colmillos emergen de mis

encías, mi boca saliva queriendo morder al que entra en mí como si fuera un martillo eléctrico. Las manos que me someten sosteniéndome por las caderas. La boca que me da pequeños mordisquitos sobre la piel de la espalda, el pene que martilla sin piedad mi punto dulce. Grito, chillo, siseo, nada es suficiente. Voy a explotar, mi pene esta tan duro que voy a venirme tan fuerte que voy a inundar la habitación. Kalep toma ventaja al sentir como mi cuerpo se tensiona, aumenta los embates haciendome gritar su nombre. -Me vengo… Me vengo.- Le anuncio entre gritos. -Dámelo amor, dámelo.- Me invita clavando sus dientes filosos en la base de mi cuello. Me riego tan intensamente que mojo mi pecho y las sábanas. Kalep suelta mi hombro y lame la sangre sin dejar de montarme duro. Unos cuantos golpes más y lo escucho gritar justo antes de darme otra mordida. Por imposible que parezca vuelvo a tener un orgasmo aún más fuerte que el anterior. El pene de Kalep se anuda en mi interior. Chorro tras chorro de semen me marca como suyo. El ritual de apareamiento se ha completado, aun anudado en mi interior Kalep me acuesta sobre mi costado, en cucharilla me abraza desde atrás. Soy su vampiro y el es mi lobo. ¡Quizás se desate el infierno, pero valdrá la pena!

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