Desde finales del siglo XIX y los primeros años del XX las ciudades latinoamericanas experimentaron una serie

de cambios, que iban desde el crecimiento y diversificación de su sociedad, hasta una transformación significativa de la fisionomía urbana, la cual respondía a la nueva estructura social en formación. Ésta fue una época de bonanza, en la que algunas de las mayores ciudades del subcontinente comenzaban ya a encontrar un sitio en la economía local y en las relaciones internacionales. Dentro de este panorama bondadoso, en el que los países latinoamericanos buscaban estabilizar sus economías a partir de redes de comercio internacional y de la explotación de la economía primaria, algunas ciudades, aprovechando su posición privilegiada en la geografía o dentro de la política local, hubieron de pasar de simples parajes habitacionales para concentrar una mayor producción económica. Así se acentúan los casos de ciudades como Buenos Aires, Lima, Santiago o Bogotá; ciudades que pasaron de una leve concentración de habitantes más o menos acomodados a una cantidad mucho mayor y más compleja de pobladores (Romero, 2001: 290). De esta manera comenzó a darse una “concentración significativa de personas” en los centros urbanos. Otras ciudades, por el contrario, al no introducirse de manera apropiada al nuevo sistema económico o al no ser efectivas sus transformaciones se quedaron estancadas. De esta forma, nos dice José Luis Romero, comenzaron a florecer las ciudades burguesas, en las que las viejas estructuras de dominación eran reconstituidas y reformadas, a la postre del contacto con la nueva cantidad y complejidad de la población. Por otra parte, el contacto entre la sociedad urbana tradicional y los nuevos pobladores, llegados tanto del campo como de urbes de menor importancia, produjo una renovación en las costumbres cotidianas, el nacimiento de nuevas formas de experimentar la creciente ciudad y de apropiarse del espacio. A la par de esto, se produjo una reordenación de la estructura social, en donde una naciente clase burguesa comenzaba a crecer y a acentuarse como una élite urbana. Dentro de estas “nuevas formas de las costumbres cotidianas” se notaba una fuerte tendencia por imitar lo europeo. Desde las formas de vivir, hasta las maneras en las que se veía y experimentaba la ciudad tuvieron un marcado sentido europeizante. De tal manera, la imitación del sentido del urbanismo europeo (especialmente el francés, con Haussman) fue una regla general del desarrollo urbano en Latinoamérica durante los primeros años del

a renegociar su posición dentro de las relaciones con sus aliados. lo cual produjo un reajuste de las relaciones económicas y políticas internas.siglo XX. Estas transformaciones respondían. la gran cantidad de personas llegadas tanto del campo como de otras ciudades se presentó ante los locales como un torrente. iniciada con el desplomo de la bolsa de Neoyorkina a finales de los 20. también. Hubo una explosión demográfica en la ciudad. dejó de ser un lugar cómodo. para la cual el viejo casco urbano. que se habían beneficiado de la pretérita época de ganancias. incluso productivo. ya se había quedado más que pequeño. Los antiguos paseos urbanos se vieron obstruidos por la sociedad marginada creada por los recién llegados. En poco tiempo las ciudades se llenaron de una enorme cantidad de personas que buscaban un lugar en la estructura social urbana. más que el deseo de superación. Un complejo conjunto de grupos sociales ajenos a la estructura social tradicional. Primero que nada. . una compleja masa de gentes que muy poco tenían en común. Estos nuevos pobladores de la ciudad comenzaron a generar prácticas en la ciudad y distintas formas de apropiarse del espacio. a las nuevas exigencias de movilidad y habitación que exigía la nueva estructura demográfica. A finales de esta época de bonanza se produjo una fuerte crisis en la economía mundial. Nuevos barrios marginados se establecían en las periferias de la ciudad. rancheríos que atentaban contra la seguridad de la urbe. que la golpeada economía internacional obligaría a las naciones suramericanas. Baste con decir. La crisis que vendría en los próximos años habría de producir todavía más transformaciones en las formas sociales que la precedente época de abundancia y crecimiento. Muy pronto las prácticas de los pobladores tradicionales comenzaron a verse obstruidas por la gran masa de gentes nuevas. la mala época que afrontaba la producción primaria venía inmediatamente después del crecimiento favorable de los principales centros urbanos. El campo. los tradicionales habitantes de las ciudades burguesas veían cómo su ciudad era transformada para albergar a la gran cantidad de recién llegados. es necesario señalar que los efectos de esta crisis suscitan profundas transformaciones tanto en lo urbano como en lo rural. quienes se agrupaban en habitaciones sin higiene. mal construidas y que se agrupaban en. por ahora. si al caso. productoras de materias primas. entonces. legado de la época señorial.

Estos rancheríos. para tratar de hablar con mayor precisión. obreros y mendigos que encontraban en estos barrios un hábitat accesible. y se buscaba la educación de las masas populares (Silva. que se enfrentaban a esa otra cultura hegemónica y. vemos. Primero que nada. aceptando el sistema de valores y de jerarquías persistente hasta el momento. así como de habitantes de la ciudad venidos a menos. que la cultura de masas surge en el seno de la masificación de la sociedad. Las políticas públicas se encaminaron a la difusión de la cultura popular a la vez que se trataba de enculturizar a la masa (Silva. mediante el cual se trata de aproximar a la masa a la lógica de la sociedad burguesa (Martín-Barbero. podríamos decir que la cultura de masas es una asimilación de la cultura popular por parte de una masa creciente. Así. los grupos de migrantes o. que en principio se trató de un mecanismo de educación (Silva. que se expande hacia el grueso de la sociedad a través de la masificación de las formas de vida y de las ideologías (Ramos. 2005) y luego de enculturación. Por lo tanto. a la sociedad tradicional. traída a las ciudades con las migraciones desde el campo y desde los centros urbanos más pequeños dieron como resultado el reconocimiento de esas masas populares. ni por grupos familiares delimitados (Ramos. 2005). 1998). y una forma de cultura que regulara e igualara el gusto. tradicionalista. 2001). 1998). estas nuevas conglomeraciones se componían tanto de migrantes de varias partes del país. 2001). estaban compuestos de manera compleja. así. de ciudades pequeñas. Responde esto. los nuevos barrios credos en las periferias. De tal modo. lejos de esto. (Martín-Barbero. aunque no la eliminara (Martín-Barbero. la política nacional mostraba las mismas nociones. si se quiere. No se trataba de la agrupación de migrantes de un determinado origen. se buscaría una manera en la que se pudiera vincular de manera efectiva a los recién llegados a la cultura hegemónica. Con estas finalidades esa cultura de las bases de la sociedad. A la vez. 1998). 2005). a un proceso de enculturación. . del campo. la gigantesca fuerza social que era la maza apareció con gran importancia dentro de la agenda pública. que negara la diferencia o la ocultara.

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