Fragmento inédito

Fragmento inédito

Olga Salar

EDICIONES KIWI, 2012 info@edicioneskiwi.com www.edicioneskiwi.com Editado por Ediciones Kiwi S.L. Primera edición: Abril 2012 © 2012 Olga Salar © de la fotografía de cubierta: Istockphoto © Ediciones Kiwi S.L.

Fragmento inédito
Después de llevar a Danielle a casa volví a la fiesta en casa de Marc. No porque tuviera ganas de hacerlo, sino porque era impensable dejar a Gabriel a sus anchas entre mis compañeros de instituto. Estaban demasiado expuestos y eran un blanco fácil para él. Al entrar me invadió el olor de la cerveza que se mezclaba con el de los cuerpos de mis compañeros. Me molestó haber vuelto, aún tenía en mi mente el recuerdo del perfume de Danielle. No me costó mucho encontrar a Gabriel, lamentablemente estaba hablando con la persona a la que yo más quería evitar de toda la sala. Theresa parecía interesada en lo que le estaba contando,

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puesto que asentía regularmente. Me concentré en ella. En lo que estaba sintiendo, ira, celos, miedo… Me sorprendió que fuera capaz de ello, parecía tan segura de sí misma. Entonces Gabriel me miró directamente, con una sonrisa sardónica. El gesto atrajo la atención de ella que comenzó a andar hacia mí con los dientes apretados y buscando pelear conmigo. —¿De dónde vienes? —preguntó al tiempo que se paraba frente a mí. —Creo que eso tú ya lo sabes —contesté indiferente. —Te gusta —dijo y no fue una pregunta. —Sí. —¿Qué pasa con nosotros? —preguntó cada vez más alterada. Con cada pregunta su voz iba subiendo más y más hasta que solo gritaba. —Nunca hubo un nosotros —respondí deseando que la conversación terminara. No me gustaba atraer la atención de nadie. La risa estridente de Gabriel retumbó a mi lado. —Querida ya te lo he dicho hace un momento. Oliver siempre se siente atraído por las causas perdidas —suspiró teatralmente—. Lo mejor es que te marches y dejes de hacer el ridículo. Eres demasiado bonita para suplicar. Theresa me lanzó una mirada mucho más que airada —Esto no ha terminado —amenazó con sus ojos clavados en los míos Ni siquiera me molesté en responderle. Dejé de pensar en ella en cuanto vi que abandonaba la fiesta. Aunque eso tampoco era una novedad. Mi relación con Theresa solo servía a un

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fin. —Bueno me debes un favor. Por fin te has librado de la zorrita —dijo sonriente. —Tú nunca haces nada por nadie. ¿Qué quieres ahora? —Nada de nada —hubiese engañado a cualquiera, pero a mí no. Le conocía demasiado bien. No fue necesario volver a preguntar. La realidad se presentó ante mí, desgarradora y mortal. Ya no había nada que se interpusiera entre Danielle y yo. Nada. Solo mi fuerza de voluntad.

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