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El Tiempo - El Periódico del Pueblo Oriental

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Miguel Azpúrua

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El general Régulo Olivares

El 30 de octubre de 1952 fallece en Caracas el general Régulo Luis Olivares; uno de los militares tachirenses más activos y con más desempeños en cargos públicos. Nacido en San Juan de Colón, población andina, el 30 de marzo de 1873; hijo del jefe del liberalismo tachirense de esa época, el general David Olivares. En 1884 monseñor Jesús Manuel Jáuregui funda en La Grita el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, y Olivares ingresará como alumno fundador, egresando como bachiller en 1889.

Con el grado de Coronel se incorpora a las órdenes del general Espíritu Santo Morales, para combatir a favor de la Revolución Legalista de Joaquín Crespo, en 1892, resultando herido en la batalla de Colón, disputada en contra del entonces gobernador de Táchira coronel Cipriano Castro. Siete años después se unirá al grupo de los 60 que invadieron con el mismo general Castro, resultando gravemente herido en la cara en el combate de Las Pilas (27 de mayo de 1899), ascendido a general en el campo de batalla, y reconocido su valor e intrepidez. Instalado en el poder Cipriano Castro lo designa sucesivamente Jefe de Fronteras, Comandante de Armas de Trujillo y presidente del estado Zulia, hasta 1907, cuando renuncia.

Por cierto, durante su mandato zuliano, Olivares le tocó la desagradable tarea de arrestar al superior de los capuchinos que no querían aceptar su traslado a Caracas desde Maracaibo; informa Olivares al Presidente Castro, lo siguiente: “Notificados los capuchinos por el gobernador dicen que están resueltos a no salir, a menos que se lo ordene su superior. Y éste fue precisamente el notificado, se insolentó, amenazó e insultó al Gobierno, y por ello lo he mandado a arrestar”. Castro le responde:

“Arréstelos a todos, y los expulsa en el primer barco que salga para el exterior”.

El 17 de noviembre de 1908, el general Juan Vicente Gómez desconoce a su compadre Cipriano Castro como Presidente, toma el poder y designa a Olivares Ministro de Guerra y Marina. Olivares es compelido por Gómez a designar a su primo Eustoquio Gómez como Comandante del Castillo San Carlos, en la barra de Maracay, utilizando el nombre falso de Evaristo Prato, a pesar de que se le seguía juicio por el asesinato del doctor y general Luis Mata Illas. Olivares quedó molesto con Gómez y por ello fue enviado a la presidencia de Táchira; y otra vez se presentan problemas cuando el tirano de La Mulera le impone a Eustoquio Gómez como Comandante de Armas de ese estado, en sustitución del general Juan Alberto Ramírez; inmediatamente Olivares renuncia a la presidencia del estado y se retira a Colón; pero hay orden de apresarlo. Finge un viaje a Caracas, embarcándose por Maracaibo hacia Curazao y de allí a Europa, y así se exilió voluntariamente por más de 22 años.

Olivares fue un activo conspirador antigomecista, y fue uno de los firmantes del pacto revolucionario del “Angelita”, vetusta embarcación que resultó un fracaso absoluto en gastos y en tiempo perdido miserablemente. El compromiso lo firmaron los generales Rafael María Carabaño, Arístides Tellería y Régulo Olivares, con los doctores Leopoldo Baptista y Néstor Luis Pérez, el mismo se formalizó en Nueva York el 19 de noviembre de 1924. También Olivares formará parte de la Junta Suprema de Liberación que se formó en París en 1929, presidida por el general Román Delgado Chalbaud; se suponía que Olivares con Baptista y Juan Pablo Peñaloza, invadirían por la frontera tachirense, mientras que la “Expedición del Falke” llegaba a Cumaná; más no fue así. Delgado si concurrió a la cita con su destino y muerte el 11 de agosto de 1929.

El general Olivares hizo circular poco antes entre sus amigos una proclama que resumidamente contenía lo siguiente:

“¡Tachirenses preparaos! Hace 18 años que estoy, por la distancia, lejos de vosotros pero siempre con el pensamiento en Venezuela. Pero ha llegado la hora de empuñar el fúsil, y a manera de trompeta apocalíptica el muera Gómez y viva la revolución. Bien sabéis que jamás quise aventurarme sin las probabilidades de un franco éxito, y hoy que estoy dispuesto de llegar hasta vosotros, es que voy seguro del triunfo, y repitiendo las palabras del célebre rey francés Francisco I, digo: si avanzo seguidme, si retrocedo, matadme; si muero, vengadme. ¡Muera el tirano Gómez!, viva la revolución del sufrido pueblo venezolano”. Mar caribe, 1929. Y firmaba Régulo Olivares. Pero a pesar de ello éste no realizó el proyecto invasor.

Muere el tirano Gómez y Olivares regresa a su casa en San Juan de Colón. En enero de 1936 el presidente de Táchira, general José María García, lo cita y se entrevistan en Palo Grande; Olivares toma entonces la decisión de viajar a Caracas. Se producen los sangrientos hechos del 14 de febrero, se dispara contra la población desde la gobernación del Distrito Federal, con más de 50 muertos y 100 heridos; el pueblo con los estudiantes protagonizan una contundente manifestación exigiendo la renuncia de los funcionarios gomecistas; una poblada busca al general Olivares instalado en un hotel, instándolo para que asumiera el poder y sustituyera al general López Contreras. Éste –una vez superada la situación– lo designa nuevamente presidente de Zulia, y en julio lo nombra Ministro de Relaciones Interiores.

Es depuesto el gobierno democrático del general Isaías Medina Angarita, por acción de los integrantes de la Unión Patriótica Militar –Pérez Jiménez, Delgado Chalbaud y los hermanos Vargas, entre otros– y los líderes adecos Rómulo Betancourt y Raúl Leoni, el 18 de octubre de 1945. Por Decreto Nº 55, del 21 de noviembre de ese año, la “Junta Revolucionaria” presidida por Betancourt, designa al general Régulo Olivares encargado de la Contraloría General de la Nación, ocupando ese cargo hasta el 15 de octubre de 1947; ese fue el último puesto público que ocupó. Y para finalizar, podemos señalar que el general Régulo Olivares fue un venezolano integral, probo y jamás se enriqueció en el desempeño de la burocracia oficial.