¿Qué es el aprendizaje basado en problemas?
En qué consiste el aprendizaje basado en problemas, cuáles
son sus ventajas y cómo sacarle partido en tus clases.
El aprendizaje basado en problemas es un método de enseñanza innovador en el que se utilizan
problemas complejos del mundo real como vehículo para promover el aprendizaje de conceptos y
principios por parte de los estudiantes, en contraposición a la presentación directa de hechos y
conceptos. ¿Quieres saber más sobre el aprendizaje basado en problemas? Desde UNIR
abordamos cuáles son sus ventajas y cómo sacarle partido en tus clases.
A través del aprendizaje basado en problemas (ABP) se puede promover el desarrollo del
pensamiento crítico, la capacidad de resolución de problemas, la empatía, la gestión de emociones y
las habilidades de comunicación.
Es un sistema que sigue un esquema inverso al tradicional: primero se presenta el problema, a
continuación, se identifican las necesidades, se busca la información requerida y, por último, se
vuelve al problema. En él los alumnos se convierten en protagonistas del aprendizaje (y los
docentes, en guías), utilizando un procedimiento similar al utilizado en el ámbito profesional. Esta
implicación individual se complementa con el trabajo en grupo tanto a la hora de investigar como de
buscar una solución.
Claves del aprendizaje basado en problemas
– El problema debe motivar a los estudiantes a buscar una comprensión más profunda de los
conceptos.
– Debe requerir que los alumnos tomen decisiones razonadas, las entiendan y las defiendan.
– El problema incorporará los objetivos de contenido, de tal manera que lo conecten con los
cursos/conocimientos previos.
– Si se utiliza para un proyecto de grupo, el nivel de complejidad debe asegurar que los
estudiantes trabajen juntos para resolverlo.
– Cuando se emplea para un proyecto de varias etapas, las iniciales serán abiertas y
atractivas para captar el interés.
Beneficios del aprendizaje basado en problemas
El aprendizaje basado en la resolución de problemas es una herramienta que aporta muchas
ventajas educativas. Entre los beneficios, señalar:
– Los estudiantes aprenden a analizar información y datos, a interpretarlos y relacionarlos con
los que ya tenían.
– Los alumnos son más autónomos y tienen más responsabilidades. Buscar información
implica aprender a tomar decisiones, determinar qué información les será más útil, qué
cuestiones quedan por resolver…
– La implicación aumenta la motivación y las ganas de aprender.
– Se trabajan habilidades que les serán útiles en la vida profesional y personal, como
adaptarse a los cambios, el pensamiento crítico, el razonamiento, la deducción…
– El trabajo en equipo fomenta la empatía, la colaboración y el respeto hacia las opiniones de
los demás.
– Se puede usar en cualquier materia y etapa escolar. El papel del docente será clave para
saber adaptarlo.
Cómo desarrollar el aprendizaje basado en problemas
Definir la idea o concepto a enseñar
Elegir una idea, un concepto o un principio central que se enseñe siempre en un curso determinado,
y luego pensar en un problema, una tarea o un trabajo que se asigne habitualmente a los estudiantes
para ayudarles a aprender ese concepto. La elección de la idea no es al azar; debe estar integrada
en el currículum, definiendo los objetivos, las competencias que queremos que adquiera el alumno y
cómo se va a evaluar. Además, si en el proyecto participan varios docentes de asignaturas
diferentes, el primer paso sería identificar qué contenidos curriculares se van a trabajar y cómo
ponerlos en común.
Hay que enumerar los objetivos y competencias de aprendizaje que los estudiantes deben
cumplir cuando trabajen en el problema. Por ejemplo, elaborar una cesta de la compra de una familia
teniendo en cuenta el número de miembros, su presupuesto mensual, las alergias de uno de ellos,
cómo conseguir que sea una dieta equilibrada…
Contextualización
Pensar en un contexto del mundo real para el concepto en cuestión. Desarrollar un aspecto de
narración de un problema o investigar un caso real que pueda ser adaptado, añadiendo alguna
motivación para que los estudiantes resuelvan el problema. Los problemas más complejos
desafiarán a los estudiantes a ir más allá. Una posible opción es realizar un análisis energético del
centro educativo para determinar cuánto se gasta en energía, cuáles son los principales puntos de
consumo, cómo se podría reducir, si sería viable instalar energías renovables…
Introducción del problema en etapas
El problema necesita ser introducido en etapas para que los estudiantes puedan identificar los temas
de aprendizaje que los llevarán a investigar los conceptos objetivo. ¿Un ejemplo? Analizar los
espacios verdes y parques del lugar donde vivan, teniendo en cuenta su superficie, distribución, si
son suficientes para la población infantil, si se tienen en cuenta las necesidades de los niños…
Para conceptualizar bien el problema, el maestro puede hacerse una serie de preguntas que
contribuyan a un mejor desarrollo del mismo:
¿Qué cuestiones de aprendizaje se identificarán?
¿Cómo se estructurará el problema?
¿Cuánto tiempo durará?
¿Cuántas clases se necesitarán para completarlo?
¿Se dará información a los estudiantes en etapas posteriores a medida que trabajen en el
problema?
¿Qué recursos necesitarán?
¿Qué producto final (o proyecto) conseguirán los estudiantes?
Ventajas del aprendizaje basado en problemas.