ALFARJES MUDEJARES EN LIMA DURANTE EL SIGLO XVII

Antonio San CristóbaL

El problema histórico de los alfarjes en Lima
HasLa el- terremoto de 1687 existieron en Lima sobre las naves de l-as iglesj-as numerosos alfarjes mudéjares de madera. Algunos de ellos habían sido labrados durante e1 siglo XVI, y 1a mayor parte l-o fueron durante la primera mj-tad del siglo xvrr. La destrucción de 1os alfarjes mudéjares en aquel terremoto alteró radicalmente 1a apariencia de Ia arguitectura limeña, porqple suplantaron 1os alfarjes destruidos sobre Las mi-smas lglesias con unas bóvedas monótonas de medio cañón fabricadas con cerchas de madera, cañas o tablas y cobertura de yeso. Sobrevi-no además e1 oscurecimiento de la historia de la arquitectura virreinal 1imeña, ya que se perdió acerca de aquellos alfarjes mudéjares toda otra noticia histórica que no fuera Ia consignada en Ia Historia de la fundación de Lima del- Padre Bernabé Cobo ¡¿ en al-suna otra crónica conventual.

Las descripciones presenciales de Ias iglesias lj-meñas por Bernabé Cobo, Lízárraga y 1os cronistas conventual-es suel-en constituir una de las fuentes primarj-as de informaciones para los historiadores sistemáticos. Tienen, sin L*tr"rgo, valor muy relativo. Por 1o pronto, ofrecen solamente testimonios de 1a existencia de unas obras gue les resultaban anónimas y que presentaban en e1 plano hist.órico sincrónico con el- momento de la redacción de fas crónicas. No es posible discernir mediante l-a lectura de tales crónicas ni- el- autor, ni la fecha de l-a construcción de los monumentos virreinales reseñados en ellas. Obviamente, no historiaron esos cronistas más gue un momento primero, sin duda muy imporLante, pero incompleto de l-a evolución de los alfarjes mudéjares a 1o largo de 1a primera mitad de1 siglo XVII. En efecto, se labraron después de aquellas crónicas en Lima otros alfarjes mudéjares importantes. Los historiadores convencional-es que basan casi exclusivamente su conocimiento de Ia arquitectura 1ímeña durante su proceso formativo en Ia lectura de 1os cronistas asumj-eron de ellos 1as limitaciones informativas y metodológicas ahora señaladas, juntamente con los datos y las notici-as de 1as primeras

consLrucciones.

Los investigadores de archivo de la primera generación actualizaron las informaciones documentales referentes a a1gún que otro alfarje mudéjar anterior a l-a destrucción masiva de 1587,.pero no publicaron datos de archivo acerca del mayor número de l-os alfarjes limeños labrados durante el siglo XVfI. Resumimos 1as aportaciones de los primeros investígadores de archivo.
Han constituído 1as publicaciones de don Emili-o Harth-Terré uno de los renosi f ori os ¡ 'l os .nre .:.)n más f recuencia recurren Ios historiadores
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sistemáticos para aprovisionarse de noticias históricas acerca de fa arquitectura virreinal limeña. Las sucintas referencias que aportaba HarthTerré acerca de los alfarjes mudéjares fabricados en Lima, por fo demás no acompañadas de las referencias documentales precisas y completas, se reducen taxativamente a dos obras: el alfarje de l-a iglesia del Monasterio de La Limpia Concepción l-abrado en 1502 por e1 carpintero Alonso Velázquez (1), y

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e1 alfarje de la sacristía y antesacristía de1 Convento de San Agustín tallado por el- carpintero Diego de Medina en 1643, que había sido dado a conocer inicialmente por Lohmann Vill_ena (2) . Menciona Harth-Terré de pasada e incidentalmente l-a tasación hecha por el carpintero Bartol-omé Cal-derón de las obras en unas casas propiedad del Monasterio de La Concepción, pero no atribuye a este importante carpintero mudéjar la hechura de níngún alfarje

(3).

E1 conocido Ensayo de un Diccionario de Artífices de1 Padre Vargas Ugarte menciona tan sólo los tres conocidos alfarjes mudéjares que sue1en reiterar l-os historiadores sistemáticos: ef de 1a iglesia del Monasterio de La Li-mpia Concepción identificado según e1 expediente de reclamación de pagos presentado por Alonso Yelázquez y conservado en e1 Archivo Arzobispal de Lima (a) ; y los otros dos 1abrados por Diego de Medina: el de la sacristía y antesacristía de San Agustín conocido por 1a información de Lohmann Villena, y el del coro alto de la fglesia del Monasterio de La Encarnación según información de1 mismo Archivo Arzobispal de Lima (5). No usó Vargas Ugarte para este tema de los alfarjes informaciones procedentes de los protocolos notariales de1 Archivo General de 1a Nación en Lima. No incluye entre Los artífices mencionados en eI Diccionario e1 nombre del carpintero Bartolomé Calderón que fue autor de import.antes alfarjes mudéjares en Lima; y tampoco mencj-ona algunos alfarjes mudéjares construidos por otros maestros carpinteros durante eI mismo período de1 siglo XVII en Li-ma.
Estas someras informaciones históricas defimitan eI horizonte histórico abarcado por 1os historiadores sistemáticos: elfos citaron a Harth-Terré y a Vargas Ugarte como las fuentes primarias de los datos que consignan y con los cua1es organizan el sistema histórico,. pero no se remontaron hasta Ia compulsa directa de 1os documentos originales de archivo. Con tan escasas noticias no es posible presentar un sistema confiable de Ia historia de la arquitectura virreinal limeña.

A1 finalízar la década de 1940 se produjo un cambio decisivo para Ia historia de 1a arquitectura vi-rreinal limeña. Por un 1ado, cesó 1a búsqueda directa de informaciones en las fuentes documentales de archivo, 1o que paralizó 1a ampliación del conocimiento histórico acerca de 1a arquitectura virreinal; y consiguientemente, 1as noticias históricas de primera mano quedaron estancadas en l-o conocido hasta 1950. De otro 1ado, comenzaron los trabajos de l-os historiadores sist.emáticos para orgarrizar todo 1o hasta entonces conocido y publicado. Sus exposiciones estuvieron normadas por dos principios metodol-ógicos. Consiste el primero en la mediación de los primeros investsigadores. Los historíadores perdieron todo contacto directo e investigador con 1a documentación de archivo. Se interpuso entre esa generación de los hist.oriadores y los archivos la mediación de los escritos publicados por los cronistas y 1os primeros investigadores de archivo, de tal modo que estas publicaciones se convirtieron en los repertorios exclusivos y prj-marios de 1as noticias para formular l-a historia de 1a arquitectura virreinal- l-imeña, con todas las limitaciones que e11o implicaba. Se manifiesta l-a dependencia de l-os historiadores respecto de las fuentes escritas de segunda mano, entre otros temas, en ef estudio de los
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alfarjes mudéjares limeños del- siglo XVII. Los histori-adores sistemáticos, que dependen exclusivamente de las informaciones históricas aportadas por los investigadores de Ia primera generación, que son las conocidas hasta el comienzo de 1a década de 1950, se han visto obligados a prescindir de 1a exístencia real de l-os alfarjes mudéjares no conocidos por 1os primeros investigadores; y por ta1 motivo organizaron las sistematj-zaciones hlstóricas generales, especial-mente las del siglo XVII, como si efectivamente no se hubieran labrado en Lima durante est.e siglo más que Ias dos o tres cubiertas de alfarje mencionadas por 1os primeros investigadores. Aplicaron los historiadores sislemáticos e1 segundo principio metodológico que he denominado Ia pretensión de tsotalidad, según e1 cual presuponían que todos los hechos acaecidos en Ia arquitectura virreinaL se reducían exclusivamente a solas l-as informaciones históricas de que e11os tenían conocimiento; o dicho de otro modo, transformaron en explicación totalizadora de 1a historia de Ia arquitectura vj-rreinal- limeña 1as escasas y no siempre confiables noticias asumidas de Ios primeros investigadores de
arcnr_vo.

Del ejercicio metodológico de Ia pretensión de totalidad deriva una sj-stematización histórica cl-ausurada y autosuficiente en sí misma, en cuanto que no está abj-erLa a 1a ampliación del conocimiento mediante Ia adquisiclón de nuevas informacj-ones hlstóricas; antes bien, el descubrimiento posterj-or de nuevos datos de archivo no previ-stos en el sistema histórico convenci-onal desarticula los esquemas generales de esa sistematizacíón. Así se comprueba en e1 estudio de varios Lemas históricos. En una investigación sobre las bóvedas de crucería fabricadas en Lima durante e1 primer tercio del- siglo XVII, que se ha de publicar en el- próximo número de la Revista del Archivo General de Ia Nación, he puesto de manifiesto cómo la incorporación de esas bóvedas al- conocimiento hist.órico desvanece eI esquema formal y apriorista de 1rñ ñraarlnt.n narí,3do esti]íStiCO manieriSta en fa arCruitectura limeña iniciadO a partir de 1604.
La consistencia de l-a historia sistemática convencional se debilita aún más cuando se incorporan a la arquitectura virreinal limeña Ias noticias históricas referentes a Ia construcción de numerosos al-farjes mudéjares de madera durante la primera mitad del- siglo XVII. En efecto, establecía Bernales

Bal-lesLeros un primer período cronológico de carácter mudéjar que hipotéticamente habría terminado el año de l-604, en que se iniciaría e1 perÍodo protobarroco o manierisLa prolongado hasta L670 ¡ pero consta document.almente que se fabrj-caron en Lima alfarjes mudéjares de madera en mayor número después de esa fecha límite de 1604 que antes de ell-a, de tal modo que tuvo más arraigada expresión mudéjar l-a etapa continuada hasta mediados del siglo XVII que Ia que Bernales Ballesteros conslderaba a priori
como etapa mudéjar.

El- clásico trrlet.hey distribuyó la evol-ución de Ia arquitectura virreinallj-meña en tres etapas consecutivas, cada una de las cual-es suponía que estaba determinada por eI predominio de un estilo en l-as cubiertas de las iglesias. Hace corresponder la primera etapa del mudéjar a la arquitectura limeña del

siglo XVI. Reitera que la planta de las iglesias con tres naves y cubiertas

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de alfarje mudéjar había sido introducida en Lima por influencia de 1a arquitectura de Andal-ucía: así fue Ia lglesia de los Dominicos, alrededor de 1540-1552, la de los Franciscanos en 1555 y 1a de San Agustín en 1574 (6). Las informaciones históricas que manejaba Wethey eran extremadamente parcas, porque no alude a ninguna otra cubierta de alfarje mudéjar en Lima, exceptuada Ia de Ia antesacristía de San Agustín, obra tardía del carpintero Diego de Medina ('7); y además induce a confusión, porque las fechas indicadas corresponden solamente al comienzo de la construcción de aquellas iglesias; pero en modo alguno pueden tomarse como la cronología de1 asentamiento de los alfarjes mudéjares que datan de una fecha muy posterj-or. Dejó lrlethey despejado todo el siglo XVII en Lima de cualquier otra armadura mudéjar para eue, a su modo de entender, se desplegara en fa arquitect.ura limeña de las cubiertas, sin niguna otra intervención extraña, eI diá1ogo a dos voces consecutivas entre las bóvedas vaídas de crucería gue é1 supone posteriores a las de La Catedral, aunque son anteriores, y que se

prosiguieron fabricando hasta terminar 1a tercera década, y e1 cambio presuntamente acaecido por l-a introducción de las bóvedas de medio cañón en la nueva iglesia de San Francisco hacta 1672 (B).
En la obra clásica de Wethey se dejó practicamente sin explorar el amplio campo de los alfarjes mudéjares l-imeños labrados durante los slglos XVI y XVII. Si se asumen los estilos como criterio para distribui-r en períodos e1 desarrollo evolutivo de la arguitectura virreinal- limeña, no resul-ta confiabl-e en absoluto Ia exposición histórica propuesta por trrlethey, por 1a sencilla razÓn de que, a1 no haber mencionado ningún otro alfarje del siglo XVII más que eI de la antesacristía del Convento de San Agustín, puede inducir a1 error de suponer q[ue e]- estilo mudéjar cesó de ser empleado en Llma para las nuevas construcciones desde el comienzo del siglo XVII, 1o que en modo alguno corresponde a 1a werdad histórica.
E1 hist.oriador Berna1es Ballesteros no amplió en absoluto con nuevas informaciones 1as parcas noticias conocidas y usadas por Vüethey, que continuaban siendo 1as mismas aportadas hasta el comienzo de l-a década de 1950 por 1os primeros investigadores de archivo. En el estudio sobre el manierismo en Lima (9) reiteró excl-usivamente estos mismos datos referentes a 1os

siempre confiables, un sistema general de la historia con el que pretendió organizar todo el desarrollo completo de la arquitectura virreinal en Lima, aun cuando gran parte de esta permanecía entonces sumergida debajo delconocimiento histórico disponible por aquellos años. Formuló una clasificación de períodos históricos para la cual hacía prevalecer en cada etapa un estilo arquitectónico de acuerdo al- orden secuencial de l-a sucesión de los estilos en l-as arquitecturas europeas. La validez de esta sistematización histórica formulada a prj-ori está condicionada a la eventualidad no previsible de que las investigaciones posteriores en fas fuentes documentales acerca de1 gran sector de Ia que llamamos arquitectura sumergida vinieran a confirmar los esquemas históricos generales e ínterpretativos anticipados a un conocimiento qrrfi¡iénfa \/ nnnfi¿flq de l-os hechos arcruitectónicos. En realidad, no acaeció esta previsión, sino Ia contraria.

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El sistema histórico propuesto por Bernales en la primera obra de 1972 (10), fue act.ual-j-zado en otro trabajo publicado en 1986 (11) con Ia sustitución del concepto estil-íst.ico de "protobarroco" por el de "manierismo"; pero sin variar las etapas y sus cronologías, y sin incrementar en algo 1as informaciones históricas inicialmente usadas. Nos limitamos ahora a anafizar 1o que atañe a 1a repercusión de l-os alfarjes mudéjares sobre esa periodicidad
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acl- rr¡¿ limeña.

Señal-a un primer período estilístico prolongado hasta 1604 en el que sobre otros estil-os considerados fugaces -el gótico, e1 plateresco y el purismo renancentista- hace prevalecer e1 mudéjar: "...durante estos años de sucesivas y efímeras modas del- renacimiento, subsistió potente y como una constante e1 mudéjar en múltiples real-izaciones qnre terminaron por definir el aspecto de 1a capital en su primer siglo de existencia" (12). Alude a ci'ertos el-ementos mudéjares que presupone que fueron aplicados en Lima durante e1 siglo XVII, y concreta su exposición con la reseña de estos alfarjes mudéjares: '¡Estas cubiertas ligneas se hicieron a tres o cinco paños, con tirantes y decoración de l-azos y estrellas, según los compiicados dibujos de 1a carpintería a 1o blanco. Así fueron las de l-a segunda Catedral terminada en 1551 con donativos de Doña Francisca Pizarro, Ia iglesia de Santa Ana (1553), San Francisco (1560) , La Encarnación (l-562) , santo Domingo (hacia 1570-1575), La Concepción (1573), San Pablo (L569), San Agustín (1600), Santa Clara ( 16 04 ) , etc,, (13 ) .

La determinación de un período prevalecient.ement.e mudé j ar en l-a arquitectura virreinal limeña anterioy a L604 só1o puede sustentarse tanto en la inexistencia apreciable de otras manifestaciones estil-ísticas distintas de Ia mudéjar, como en 1a existencia comprobada y certificada de suficiente número de los alfarjes construidos en Ia época. Resulta que ninguna de estas dos presuposiciones corresponden a l-a realidad objetiva histórica de aquellos años. Primeramente, está documentada 1a existencia de otras bóvedas de crucería labradas en Lima durante el siglo XVI además de las dos l-ateral-es de Santo Domingo, eue eran l-as únicas conocidas por Bernales Ballesteros. Y al ser ell-as equiparables en número a los alfarjes mudéjares, conformaron juntas
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Pero sobre todo hay que puntualizar con estricto sentido histórico y documentaL l-os datos j-mprecisos sobre 1os alfarjes mudéjares del siglo XVI aducidos por Bernales Ballesteros. Los datos y fa cronología aportada por Bernales Ballesteros no corresponden en realidad a construcciones de l-os alfarjes propiamente dichos. En unos casos se trataba de 1a consLrucción de

cubi-ertas efímeras y provisional-es, sin ningún valor arquitectónico, que fueron substituídas muy pronto por Ias construcciones definitivas: así sucede
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Sant.a Ana y Ia iglesla

del Colegio

de San Pablo;

en

otrros casos se cita Ia fecha de 1a fundación del MonasLerio: La Encarnación, La Concepción y Santa CLara, que no corresponde ni a la fecha de la construcción de 1a iglesia para uso de Ias monjas, ni mucho menos a la delalfarje asentado en el-l-a, ya gue l-a armadura mudéjar se construyó en fecha muy posterior a 1a de l-a fundación del Monasterio señalada por Bernales. Por ejemplo, el Monasterio de La Limpia Concepción se fundó efectivamente en 1573, pero eI alfarje mudéjar de su iglesia fue labrado en 1602 por e1 carpintero

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Alonso veIázquez (14) . La historia críticamente exacta de Ia arquiLectura virreinal limeña ha de basarse en l-a cronología de la construcción de los propios alfarjes de 1as iglesias; porque no aporta nada citar la fecha de l-as fundaciones lnst.itucionales que no corresponde a 1a de 1os edificios arquitectónicos construidos para ellas.

A pesar de todo, la arquitectura vj-rreinal 1i-meña del siglo XVfI continuaba sumergida bajo 1a superficie def conocimiento histórico. Dejan a entender Wethey y Bernales Ballesteros que a partir de 1604, fecha en 1a que hacen comenzar otra etapa estilística post-mudéjar, se descontinuó definitivamente la construcción de alfarjes mudéjares en Lima, por cuanto no mencionan eI asentami-ento de nuevas armaduras de este tipo sobre las iglesias limeñas cron Dost-eriori-dad a ese año; 1a referencia tardía a los casos de la antesacristía de San Agustín y de La Encarnación, asumidos de los primeros investigadores de archj-vo, no co1ma el- vacio de información documentaf acerca de1 siglo XVIT. Sin embargo, hemos encont.rado en 1os protocolos notariales de1 Archivo ceneral- de la Nación múltiples conciertos notariales de obra firmados por tres generaciones sucesivas de carpinteros mudéjares durante Loda l-a primera mit.ad de1 siglo XVII para cubrir con armaduras de paños 1as iglesias
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.

documentalmente expresiones manieristas asignadas por Bernales Ballesteros a esta larga etapa del siglo XVII fueron desbordadas ampliamente por la construcción de alfarjes mudéjares documentados por la fuente de archivo fehacientemente. De este modo, el- esquema formal hist.órico deI período manierista entre 1604 y 1670 carece de todo fundamento hisLórico, objetivo y documental.

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Las bóvedas vaídas de crucería y 1os alfarjes mudéjares se prosiguieron const.ruyendo en Lima después de 1,604 en mayor número documental-ment.e comprobados que durante los años finales del siglo XVI. Para caracterizar estilísticamente 1a arquitectura virrej-nal de Lima duranLe 1a primera mitad del- siglo XVII es de todo punto imprescindibfe contar con 1os estífos del gótico tardío y de1 mudéjar además de las primeras apariciones parciafes del barroco en plantas y portadas, como fueron la planta basilical de tres naves abiertas y crucero interno, y el diseño de portada-retablo iniciado en 1a portada de1 Perdón de La Catedral en 1628. En aquel perÍodo de pluralismo estilístico, eI empleo de l-as bóvedas waídas de crucería del- úl-timo gótico español y de 1os alfarjes mudéjares tuvo duración asincrónica y continuidad dispareja. Actuó en Lima durante eI primer tercio del siglo XVII una sola generación de alarifes gótico-isabel-inos (15), y por este motivo no se volvieron a construir esta clase de bóvedas después de terminada la década de 1630; las ultimas conocidas fueron la de 1a capilla mayor de 1a Iglesia de Santa Cat.alina y las de la nave cenLral y crucero en la Iglesia del Colegio de San Pablo, así como 1as últimas de La Merced. En cambio, permanecieron activos en Lima tres generaciones sucesivas de carpinteros mudéjares hasta Ia década de 1650. Cuando con posterioridad a esta década tomaron los alarifes limeños el conLrol completo de l-a consLrucción de l-as cubiertas sobre las iglesias, no volvieron a reincidir en levantar bóvedas vaídas goticistas, sino que optaron por las bóvedas de medio cañón barrocas labradas con cal y ladri11o, 1o cual acaeció al menos en estas iglesias anteriores a Ia de San Francisco: La Vera Cruz, Hospital de San Bartolomé y el Hospital de San ,Juan
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de Dios. l-evantadas por Francisco Becerra en l-as cuatro primeras naves transversal-es de La Catedral, ellas tuvieron la efímera duración que corre desde 1604 en que se inauguraron hasta febrero de 1615 en que el Virrey y 1a ReaI Audiencia decretaron que se derribaran para construir las bóvedas vaídas góticlstas. Ninguna otra iglesia limeña imitó para sus cubíertas eI ejemplo de 1as bóvedas de arista catedralicias de vida tan fwgaz. Solamente las volvió a construir el- alarife .fuan de Mansilla en el claustro del Monasterio de Santa Catal-ina, gue duraron hasta ef Lerremoto de L678, y e1 dominico Fray Diego Maroto en e1 claustro redondo de1 Colegio de Santo Tomás que perduran hasta nuestros días. Estas bóvedas cl-austral-es no bastan por sí solas para caracteri-zar como manierista toda fa primera mitad del siqlo XVII hasta L670.

arista

Acl-aremos final-mente que si- se consideran manieristas l-as bóvedas de

Las generac¡ones de alfarjes mudéjares del siglo XVll En base a 1a documentación de archivo consultada en l-os protocolos notariales del- Archivo General- de Ia Nacj-ón en Lima, güe es el- repositorio más .i**^-F^-ts^ UE r,tenfLUo nare cl F^ts,,r.i ^ qE I ^ 4!9 r^ luu¡f r^ Id --^UiteCtUfa Viffeinal cs }/qla limeña, Itltyu! LdIILE Lr LDUUUIU distinguimos hasta tres generaciones sucesivas de carpinteros mudéjares que
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Cada

generación está representada por un carpintero destacado en el- ejercicio de su profesión: en 1a primera generación actuó Alonso YeTázquez desde 1600 hasta 162O; en Ia segunda generación sobresale Bartol-omé Calderón en fas décadas de 1620 y 1530; y Diego de Medina representa 1a tercera y última generación de carpinteros mudéjares limeños, la de 1a década de 1640. Algunos otros carpinteros labraron también alfarjes mudéjares en l,ima duránte este período: Pedro de Céspedes que fabricó el- alfarje sobre eI coro alto de1 Monasterio de Sant.a Catalina, .Joseph Lorenzo Moreno el de 1a Iglesia de l-os Niños Huérfanos, y alguno oLro que después mencionaremos. De todas sus obras, los historiadores sistemáticos sólo han tenido conoci-mi-ento de 1os dos o tres alfarjes mencionados por los primeros investigadores de archivo, para todo el
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Compaginaron 1os carpinteros mudéjares 1a construcción de armaduras para las iglesias con oLros trabajos de carpintería también importantes, como las techumbres planas de madera para l-os locutorios y refectorios en los Monasterios labradas, con madres, canes, cuartones y tablas, y también las techumbres de las casas de vívienda y de 1as celdas de monjas en l-os Monasterios, los baLcones de cajón con cel-osías, puertas y ventanas y tallado

de muebles domésticos.
Señal-amos esta serie de alfarjes mudéjares de madera de l-os que Lenemos registrados en nuestro archivo de artífices virreinales 1os conciertos notariales de obra con las referencias precisas de 1as fuentes documentales en que se encuentran. Las fechas corresponden a las de Ia conLratacj-ón del alfarje entre el carpintero y 1os patrocinadores de las obras:

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Alonso VELAZQUEZ concertó 1as si-guientes obras: 't- rYrEDrq i-r^^ir^l q:Jv-uv -2a de :dósfñ de 1602: el- al-farie je r:inco '--;^ñ fJdLd sc rev¿; usr er dr!q!Je Ld PdrruMonasterj-o de La Concepción por 25.OOO pesos de a nueve reales l: i ol asi y ^'r -?O de senl- i amhr6 us IUvu; osyLlsLtNls nere el clternñ de fq rYrgDa4 - .' cI 9vrv de 1605: Ef df !q!JL ef alfarie lrqlq sr uuglPv us alto en el- Monasteri-o de Las Descalzas de San .foseph por ef que cobró 7.400 --ir'l de abril de 1613: cubrió con al-farje Ia capilla mayor, crucero y col-ateral-es, el cuerpo de la iglesia y e1 coro al-to en la capilla de1 Novj-ciado de la Compañía. era de cinco paños -3 de agosto de 1615: l-a armadura de cinco paños en fa capilla mayor de la Iglesia de San Marce1o. -12 de febrero de 1518: armadura de cinco paños para el- cuerpo de esta misma iglesia -12 rla irrlin da 1620: afmadufa de cinco neños nere l: cenille mar¡or r¡ el cuerpo de la fglesia de1 Señor San Sebastián
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BartoLomé CAIJDERON concertó estas obras: -7 de diciembre de 1623: la armadura de cinco paños para eI Hospital de Mi Señora Santa Ana -3 de diciembre de L624: cubrió con armadura de cinco paños otra safa en el^-^ lLlrDlLLU -l L^^*i L^l IIUÉI,IL4f

-Antes de 1627: cubrió tres salas del- Hospital- de Señora Santa Ana con armadura de ci-nco paños semejanLes a las dos anteriores -Antes de 1529: cubrió con armadura de cinco paños e1 cuerpo de la Iglesia de1 Señor San Lázaro -2 de agosto de L629: armadura de cinco paños para la Iglesia del Hospital del Señor San Pedro -10 de dici-embre de 1632: armadura de cinco paños para la Iglesia del Hospital de1 Señor San Andrés -5 de septiembre de 1635: armadura de cinco paños para la Iglesia parroquial de Mi Señora Santa Ana. derribando Ia antiqua Diego de MEDINA concertó estos alfarjes -B de abril de 1539: cubierta para Ia lglesia de Ntra. Sra. de Los Desamparados que dejó sin terminar Bartolmé Calafe -15 de mayo de 1641,: continuar l-a armadura de cj-nco paños en la Iglesia deI Monasterio de La Encarnación -19 de abril de 1643: armadura de fa sacristía y antesacristía def Conwento de1 Señor San Agustín -13 de julio de 16442 la armadura de cinco paños para el coro alto del Monasterio de La Encarnación -25 de enero de 1645: armadura para Ia Iglesia de Ntra. Sra. del Socorro en Ia cal-Ie de Malambo de1 Barrio de San Lázaro -8 de febrero de L648: alfarje de siete paños para fa segunda Iglesia deI Monasteri-o de Santa Clara Pedro de CESPEDES concertó: -9 de febrero de 1639: armadu.ra de cinco paños para cubrir Monasteri-o de Santa Catalina Alonso GUTTERREZ DE LA GASCA concertÓ: -15 de diciembre de L64o: armadura de tres Recogimiento de Ntra. Sra. del Carmen
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el coro alto de1

paños para Ia lglesia

del

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Francisco de IBARRA concertó: -14 dc irrnin da 1648: armadufa de frcs

en Jerusalén en el- Monasterio de La Encarnación
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Cruz

MORENO concertó: -6 de diciembre de 1657: armadura para l-a ]crlesia de los Niños Huérfanos

Fray Diego MAROTO dirigió: -En 1655-L656: l-a armadura de tres paños en La Capill-a de La Inquisición. A 1o largo del trabajo profesional de estos carpinteros permaneció inalterada la conformación estructural de 1as armaduras de fos alfarjes de madera; pero debemos reconocer que evolucionó e1 estilo de las expresj-ones ornamentales con que se adornaban las armaduras en el intradós. Los alfarjes más tempranos emplearon 1as lacerías y los estrel-lados con pinjantes de piñas; mientras que los más tardíos recurrieron a los artesones y casetones poligonales inspirados en Ios dibujos de Sebastián Serlio. La sucesiva construcción de alfarjes en Lima por las tres g'eneraciones de carpinteros aportó una evolución dentro de1 estilo de 1as cubiertas mudéjares. No se trataba sólo de 1a variación estilística de los ornamentos. Se mantuvo invariada la conformación estructural de las armaduras en cuanto a la multiplicidad en número impar de l-os paños, y también las técnicas artesanal-es de la construcción. Varió el repertorio decorativo que poco a poco se desvinculó de la inicial ortodoxia mudéjar. En el concierto notariaf de 1602 de Alonso Yelázquez para e1 alfarje de La Limpia Concepción empleaba el carpj-ntero con Loda familiaridad y soltura 1a terminología mudéjar más estricta: alicer, mojinete, almarbate, algenLe, pinjantes. arrocabe, affardas, etc. Por ejemplo, se expresaba así Alonso Yelázquez en el- mencionado concierto de obra: "ftem yo eI dicho Alonso Velázquez tengo de ser obligado y me obligo de hacer... un arrocabe con é1 a cuestas que el arte pide que mueva desde su cornisa y vaya a parar aI almarbate de alicer y algente y en e1 alicer rompida una cuerda de tarjas y compartimientos y en eI algente rompido una ventanaje de machos y hembras y en 1os miembros se dividan con un bocel rompido en é1 unas chocholas y 1a cornisa desde donde mueve todo este arrocabe rompida con óval-os y ventanaje ha de tener todo él- de afto cinco cuartas y media". Se observa también que, a contar desde la segunda generación de 1os carpinLeros
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a 10 blanco, comenzó a adquirir creciente autonomía del mismo t.ipo de armaduras. Acaeció esLe incremento de la especificidad de los alfarjes virreinales a1 mismo ritmo que se incrementaban 1as manifestaciones autónomas y específicas en l-os restantes campos de la arquitectura virreinal peruana. No hay que perder de vista que la construcción de alfarjes prosiguió activa en Lima durante bastante tiempo después de que se hubiera discontinuado esLe tipo de cubiertas en la
mode1os españoles

arquitectura

españo1a

.

Los al-farjes sobre los local-es más estrechos se fabraron solamenLe con tres paños: dos incl-inados sustentados por l-as alfardas, y el- horizonLal conformado por el almizate; en las junturas de l-a armadura de madera con l-as
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paredes donde apoyaban las alfardas se sobreponía 1a banda continua a manera de friso corrido llamada arrocabe. Las armaduras sobre los ambientes más anchos se conformaron por 1o general con cinco paños, para 1o cual- introducían otras alfardas menores apoyadas en un nivel más bajo de los muros l-ateral-es y en eI medio de 1as alfardas más largas, de ta1 manera que 1as armaduras de cinco paños asentaban sobre los muros laterales de las igtesias en una doble serie de puntos de apoyo a distinto nivel. Existen también alfarjes mudéjares de cinco paños en la arquitectura española, pero son muy escasos en relación a 1a gran mayoría l-abrados con tres paños. Por este motiwo, interpretamos que la ampliación de tres a cinco paños, frecuente en 1as armaduras de Lima, const.ituye una estructura antisísmica destinada a reforzar l-as armaduras de madera cont.ra l-os movimientos violentos de l-os terremotos. A pesar de e1lo, no lograron sobrewivir más aflá del terremoto de 1687, excepto l-a armadura de la antesacristía de San Agustín que es de tres paños por tratarse de un loca1 estrecho. Esner-rrl:ha Bernales Ballesteros en el- estudio citado sobre el mudejarismo en Ia ciudad de los Reyes acerca de una hipotética influencia sevi1lana recibida en l-as iglesias virreinales limeñas en 1o que atañe a 1a al-ternación de 1as bówedas vaídas de crucería sobre Ia capilla mayor y el alfarje contínuo de madera sobre la nave. Había formul-ado anteriormente Wethey una interpretación las elucubraciones simil-ar. Pero en ambas teorías, l^ --^ ^r ^^^^Ll ^!i ^-^^ ^^1 srsrLernd.Lr-cas sor-o cuentan con el !---r^-^-!^ ^.i ^r^.-<!: fundamento objetivo de ..- número muy exiguo un -.1-^--^ de r:asos crre nnr ef métodO de la nret-ensión de totalidad se hace extensivo unj-versalmente a t.oda la arquitectura virreinal- limeña y a la peruana en general. Existió una notoria variedad de combinaciones entre l-as cubiertas levantadas sobre fa mj-sma planta gótico-isabelina con arco toral- j-ntercal-ado ent-re I a r:ani I l:*"'"J ¡¡¿ys¡ V la nave de los f ieles. En las iqlesias de tres naves de Santo nomingo y S"n agustín, y en J-as de una sola nave de los Monasterios de La Limpía Concepción, La Encarnación y Santa Catalina dispusieron la bóveda de crucería sobre 1a capilla mayor y el- alfarje mudéjar sobre l-a nave alargada. Fue un model-o muy destacado, pero no el único en absoluto que se aplicó en todas 1as iglesias con planta gótico-isabelina. En las iglesias de San Francisco y de Las Descalzas del Señor San .Toseph no se al-zaba sobre l-a capilla mayor la bóveda gótica de crucería, sino una media naranja. Las igleslas del- Noviciado jesuítico de San Antonio Abad y del Monasterio de Santa Clara asumieron Lempranamente la planta de cruz latina con crucero de brazos cortos, cuyo centro se cubrió con media naranja, mientras que Ia capilla mayor recibió una extensión de1 alfarje de madera que cubría 1a nave de los fiel-es. Las restantes iglesias más modestas de San Sebastián, San Lázaro, San Marcelo, l-as de los Hospitales de Mi Señora Santa Ana, San Andrés y San Pedro, 1a de los Niños Huérfanos, la de Ntra. Sra. de Copacabana, Ia de1 Beaterio del Carmen, cubrieron 1a capilla mayor con un alfarje de madera propiament.e dicho, que acaso tuvo configuracíón semipiramidal de paños planos del mismo tipo que prevaleció en las iglesias rurales peruanas, de1 que se conservan algunos hermosos ejemplares, además del de Ia capilla mayor en 1a Iglesia def Monasteri-o de Santa Clara en Avacucho. El coro doble -alto y bajo- de l-os Monasterios limeños de monjas colocado en Ia prolongación longitudinal de los pies en 1as j-glesias de planta gótico-isabelína, constituía un ambienLe ambiguo: por un lado integraba eI cuerpo alargado de l-a iglesia, por otro lado l-o aisl-aba dentro de la clausura monjil 1a alta reja de madera. Esta dualidad repercutió en e1 tratamiento de
zo

SAN CRISTOBAL/ALFARJES MUDEJARES EN EL

S.XVII

sus cubiertas. La Iglesia del Monasterio cisterciense de La Santísima Trinidad no recibió el alfarje mudéjar, sino bóvedas vaídas de crucería l-abradas con ¡¡.1 r¡ l=¡lri r"r ^. el primer concierto notari_al de obra firmado con el a]arife Alonso de Arenas establ-ecía que l-as bóvedas cubrirían también el- coro al-to de las moniás: narñ en e1 concierto definiti_vo con,.Tuan Martínez de Arrona las bóvedas sólo cerraron la nave hasLa Ia reja de fos coros, de taf modo que eI coro alto se cubrió con una armadura plana de madera fabrada con canes, madres, cuartones y tablas. La misma dualidad de cubiertas entre 1a nave y eI r^^ l-r^^i^^'le L fos otros cclrc: álfo !ual/qrsLfv rcan,arcció lqJv l-l:io urvsrDd> dir¡Frs^^ *^r^rlr-r^^ ^* JdD fvrgDraD uv lltuudlfudueb cr¡ Monasterios limeños. Só1o en los dos Monasterios concepcionistas de La Limpia Concepción y de Las Descalzas de1 Señor San Joseph cubrieron la nave de l-a iglesia y el coro alto con un alfarje mudéjar contínuo desde eI arco toral hasta el- muro de l-os pies. Inicial-mente en f a iglesia del- Monasterio de Nuestra Señora de La Encarnación, e1 alfarje mudéjar cubrió exclusivamente el sector de1 cuerpo de la iglesia desde el arco toral hasta Ia reja def coro doble; y Io mismo sucedía en e1 Monasterio de Santa Catalina de Sena; sólo en un segundo momento posterior se prolongó 1a cubierta mudéjar del cuerpo de la iglesia sobre todo el- coro alto de las monjas, tomando a su cargo esta prolongación otro maestro carpintero dj-stinto del que cerró la nave. En estas dos últimas iglesias monjiles se yurxtapusieron, pues, dos alfarjes mudéjares distintos y heterogéneos labrados por diferentes carpinteros. Los conciertos de obra mencionados antes dan testimonio fehaciente de esta pluralidad de cubiertas sobre las icrl-esias de Lima en la orimera mitad del siqlo XVII.
Se suscitó permanentemente una pugna l-atenLe enLre l-os a1arifes limeños de obra firme y fos carpinteros mudéjares acerca de 1a tipología de l-as cubiert.as que cerrarían l-as naves más amplias y sobre todo más osLentosas de 1as iglesias en Lima. Mientras que Ios alarifes propugnaban por las bóvedas vaídas lj-sas o de crucería l-abradas con ca1 y ladril1o, 1os carpinteros impusieron Ios alfarjes de madera, conforme a su profesión. Durante 1a segunda mitad del siglo XVII perdió wigencia la controversia acerca de 1as techumbres ecl-esiales; y en su lugar cobró especial interés Ia contraposición entre las técnicas de los materiales rígidos de cal y ladri1lo, y 1as de 1os materiales ligeros de Ia madera, las cañas y eI yeso, cualquiera que fuera Ia clase de l-as cubiertas de bóvedas, porque los al-farjes dejaron de emplearse a partir de 1a década de 1650.

virreinal-es contra l-as cubiertas l-abradas por 1os carpinteros mudéjares en l-as consultas que se hicieron por parte del Cabil-do de la ciudad según 1o dispuesto por el Virrey Marqués de Montes Claros para decidir acerca def i^ 1^^ ¡-9 ls¡,arv us ruD *o,ios ocasionados en l-as nuevas bóvedas de arist.a de la Catedral ¿la r.im: nnr a'l ferremotq de 1609. LaS cOnSUltaS tuvj_erOn luqar en e1 meS de noviembre de 1609. EnLre otras, se propuso a consideración de fos al-arifes 1a pregunta de si convenía mudar intento en las cubiertas de la Catedra1 y construirlas con madera, es decir con al-farjes mudéjares. Las respuestas dadas por 1os alarj,fes consultados reflejan el- senLir institucional de estos profesionales de 1a arquitectura limeña a comienzos del- siglo XVII. E1 alarife Alonso de Arenas aprovechó 1a ocasión para mostrar su complacencia "por 1a capilla mayor y cofaterales de La Encarnación 1a sacristía y antesacristía y 1as demás bóvedas y capillas que tengo hechas en
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esta Santa lglesia (La Catedral) pues aún no estando enjutas no han recibido daño" en el terremoto de octubre de 1609 (16) . Y acerca de la pregunta sobre cambiar l-as bóvedas de cal y ladrill-o por 1os alfarjes de madera, respondió con fecha 15 de noviembre de 1609: trY en 1o que se propone si para la seguridad y perpeLuidad conviene deshacer y bajar el- dicho edificio y cubrirlo de madera ...a esto no se responde porque no es justo se ponga en práctica cosa tan fuera de razón y camino que no se puede presumir haya persona que
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El alarife Pedro Blasco daba su parecer e1 16 de nowiembre de 1-609: "y en 1o que toca a si es conveniente cubrir 1a dj-cha iglesia de madera respondo que no soy de parecer por muchos respetos e inconvenientes . .. y sin estos hay otros inconvenientes en fa madera bien ordinarios que son incendios corrupciones y carcomas que 1a van comiendo y el1a misma se corrompe y acaba y es obra más de Ia mitad más costosa y no permaneciente ni que pertenece se haga en semejantes lugares como este". Fll á.nrsj- inn F'rarz Gcrón'i mn de \/i I lao:s eynresaba el día 18 de nOviembfe de 1609: "al segundo se responde que por ni-ngún caso conviene mudar inLento en 'la fál-rri.'e nñr ser me.ior obra la dc hór¡eda crue l-a de madera". De hecho en v vsq \ass Ia iglesia de su Colegio de San Ildefonso prefirieron l-as bóvedas de crucería que labró Alonso de Arenas en 1611 a 1as armaduras de madera. EI alarife rTuan del Cerro exponía que "siendo de carpinLería t.iene muchos riesgos de fuego y durar poco 1as maderas y esto digo por experiencia que tengo de España,' .
Só1o eI jesuita Martín de AizpitarLe, después de haberse despachado a sus anchas criticando l-a altura y anchura de fa nueva fábrica de La Catedral cle T,ima. l)rñnonía defribar tOdO 10 COnSt.fuídO hasta T 6O9 rrT)Ará .nra qF ¿-lhra , Frvyv¡fr de madera". Es de notar que en 1a iglesia del Colegio de San Pablo iniciada desde 1624 no introdujeron l-as armaduras de madera, sino las bóvedas vaídas goticistas de cal y ladrillo, aun cuando inLervino en e11a el mismo Martín de

Aizpitarte. Por 1o visto, los alarifes no val-oraban la durabilidad de las maderas tropicales incorruptibles. Desde casi medio siglo después de aquellas consultas se impusieron las maderas, Ias tablas y e1 yeso, no para construir alfarjes mudéjares, slno para labrar fas bóvedas barrocas de medio cañón y 1as medias naranjas. Incluso en La Catedral de Lima, e1 dominico Fray Diego Maroto hizo labrar l-as bóvedas vaídas de crucería dañadas en 1os terremotos de 1687 y 1588 con maderas de cedro y yeso. La otra objeción levantada por los alarifes contra l-os alfarjes de madera de tener un costo más elevado que las bóvedas de cal y l-adril-lo, no resultaba uniformemente válida para toda clase de alfarjes mudéjares en general. Se labraron en Li-ma alfarjes de un precio muy elevado, como 1o fueron r-r^^i- uc Monasterio de Santa Cl-ara ¡1I cl us !q uv¿rusPurv¡f de T,¡ Cnn¡an¡ión r¡ 9r us ra qÉ-'''^r^ !yleÉ¡4 cl de le Dcyullud L¿ /
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desbordante ornamentación. En cambio, 1as instj-tuciones con menores recursos económicos, como Las Descal-zas del Señor SanJoseph, 1os Hospitales de San Andrés, Mi Señora Santa Ana y San Pedro, y las parroquias de San Sebastián, San Marcelo y San Lázaro, la iglesia de Los Niños Huérfanos y 1a de1 entonces
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S.XVII

beaterio de Ntra. Sra. de1 Carmen hicieron l-abrar alfarjes más modestos ornamentafmente y también más económicos, que no excedían del costo que hubieran representado l-as bóvedas vaídas de crucería labradas con ca1 y ladrill-o. Las opiniones de l-os alarifes expresadas en l-as consulLas para reconstruj-r La Catedral después del daño de 1609 respondían só1o a sus intereses profesionales antagónj-cos a los de 1os carpinteros. Ni unos ni otros determinaron en exclusi-vidad las preferencias de las personas e instituciones que contrataban las cubiertas para las nuevas iglesias limeñas o para reponer l-as antiguas. De hecho, independientemente de las opiniones de alarifes y
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<é COntinuafon qf14!Jes fahri ¡anjo v el far"i es mrrdé'i:ras Fn Lima hasta mediados del slglo XVII, como se ha vísto por 1a relación que antecede; y

terminar la década de 1630. La historia de'la arquitectura virreinal en Lima durante este largo período es distinta de 1a que sistematizarorr a priori Ios historiadores convencionales sin contar con l-a informaclón fehaciente de archivo que acredite sus esquemas generales históricos.
NOTAS
Pró1ogo a Benjamín GENTO, Lima 1,945. San Francisco de Lima, Imp. Torres Aguirre; Págs VII 2.E.HARTH-TERRE, Artífices, págs 101 y aO7. c.LOHMANN VILLENA, "Noticias inéditas", en Revisla Histórica I94O; pág.16 3.E.HARTH-TERRE, Artifices, págs 102 4.R.VARGAS UGARTE, Ensayo de un diccionario de artsífices coloniales de Ia América Meridional, Burgos 1-968, 2da edic., pág.355 s. Ibid, pág 261 6.H.E.WETHEY, Colonial architecture and sculpture in Perú, págs 11 y 7I-72, Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts 1949
1.E.HARTH-TERRE, Art.ífíces 1-945; págs 161 y 221. Ibid.

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7.Ibid, 8 .Ibid,

9.J.BERNALES BALLESTEROS, E1 mudejarismo de Ia ciudad de Los Reyes, Separata del homenaje aI Profesor Carciazo, Sevilla 1972 10.\T.BERNALES BALLESTEROS, Lima, la ciudad y sus monumentos, C.S.I.C., Sevill-a 1972 11.J.BERNALES BALLESTEROS, "EvoLución estifística de Lima: del mudéjar a7 neocl-ásico" en Lima a los 450 años, págs 105-128, Universidad del Pacífico, Lrma 1986 12. Ibíd, Evolución, pág 110 13 .Ibi-d, pág rrr 14.Acerca del alfarje de La Concepción seña1a BernaLes dos fechas distintas: la de 1,602: Lima, Ia ciudad, pág 87, y la de L67-2: Ibid, pág 163. Añade que Ias piñas del alfarje fueron doradas por eI maestro Cristóbal de O,TEDA; pero el concierto notarial del 10 de octubre de 1603 1o firmó el dorador Cristóbal de ORTEGA: AGN, escribano Pedro GONZALEZ CONTRERAS, 1603, protocol-o 787, folio 2953

págs 17-78 y 257 págs 13 -14 y 72-'73

15.Acerca de l-os aLarifes limeños del siglo XVtf puede verse una amplia exr¡osici-ón en Antonio SAN CRISTOBAL : ttLos alarif es de 7a ciudad de Lima
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SEQUILAO 8

durante e7 sigTo XVIIil en Laboratorio de Arte, págs i-29-1-55, N" 6; 1993. Universidad de SeviIla, Departamento de Historia de1 Arte 16.Los pareceres dados por los al-arifes se conservan en el Archivo Arzobispal de Lima, Papeles importantes de la Catedral, 1eg.vf, expediente 17.

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