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El diseñador industrial

El artista de los platos irrompibles

Andrés Loa elabora menaje de cocina para restaurantes y hoteles. Trabaja solo con vidrio y los productos tienen la garantía de ser duros y resistentes. Cada plato es una escultura

ROLLY REYNA JULIO ESCALANTE ROJAS Periodista S u tarjeta de presentación es un pedazo de vidrio.
ROLLY REYNA
JULIO
ESCALANTE
ROJAS
Periodista
S u tarjeta de
presentación
es un pedazo
de vidrio. Es
un pequeño
cuadrado, blanco y amari-
llo, y tiene un sticker negro
con los datos de la empre-
sa. Allí esta su nombre
Andrés Loa, y su produc-
to: menaje y escultura en
vidrio. Claro, esta inusual
tarjeta se puede usar como
pisapapeles. La cuali-
dad de ser útil, de servir
siempre para algo, es lo
que define los productos
de Andrés Loa. En su casa
en Surco, donde también
está su taller, Andrés Loa
tiene una variada muestra
de platos y bandejas que
han sido hechos para los
restaurantes y hoteles más
exclusivos de Lima.
“Me encanta trabajar
con vidrio porque da la
sensación de ver el agua
detenida en un instante,
el vidrio es un material
artificial que reemplaza a
la naturaleza”, confiesa a
El Comercio. En el 2001
Andrés Loa se graduó en
la Facultad de Artes de la
Universidad Católica en
la especialidad de diseño
industrial. Encontró
empleo en una fábrica de
muebles y pasó un tiempo
allí, pero quería encontrar
otro camino. Entonces
tomó la mochila y viajó
por algunos países para
aprender sobre el trabajo
con vidrio. Argentina fue
su mejor parada. “No soy
un maestro, me considero
todavía un aprendiz del
vidrio”, dice.
Volvió a Lima y al poco
tiempo ya se había reunido
con los compradores de
una cadena de materiales
de construcción. Diseñó
para ellos varios pedazos
de vidrios decorativos que
se usan como acabado en
las paredes. Pero supo de
pronto que el futuro esta-
ba en el negocio gastronó-
mico. Entonces hace año
y medio tocó por primera
vez la puerta de varios res-
taurantes de Lima y tuvo
la suerte de ser atendido.
Andrés Loa ha diseñado
y vendido una línea com-
pleta de menaje para los
hoteles Westin, Marriott,
Monasterio, Swissôtel;
y los restaurantes Astrid
y Gastón, Fiesta Gour-
las y métodos únicos de
manufactura. Por eso lo
piensa más de dos veces
si alguien le pide permiso
para ingresar a su taller.
Loa dice que antes ha veni-
do gente aquí diciendo que
quería comprar, pregun-
taban mucho sobre cosas
técnicas y al final se iban
con las manos vacías. Eran
espías de la competencia
que querían conocer los
secretos del vidrio.
Loa está desarrollando
otras líneas de producto:
adornos para mesas de
centro, collares y aretes de
DUREZA
Si los platos no se
quiebran, pasará
mucho tiempo
para que un cliente
encargue otros
ENSAYOS
El primer plato que
hizo le tomó más de
tres meses, luego de
varias pruebas de
resistencia
met, Cala, Edo sushi bar,
Hanzo, La Red, y varios
más. Sus platos de vidrio
son pesados y resistentes
a todas las temperaturas.
Cada pieza es cortada y
pulida a mano. El primer
plato que hizo le tomó más
de tres meses, luego de
varias pruebas de resis-
tencia, pero luego fue más
fácil. Ya tiene más de cien
modelos.
PIEZAS ÚNICAS. “Hay gente que me ha dicho: ‘Está muy lindo tu plato, pero compite
mucho con mi comida’”, revela con buen humor Andrés Loa. (www.andresloa.com)
do con figuras de serpien-
tes inspiradas en la cultura
Mochica. Es un plato que
podría estar exhibido en
un museo, pero se usa para
servir un exquisito arroz
con pato. Hacer platos tan
duros, con la garantía de
que no se van a romper al
menor descuido, va en
contra del negocio de Loa:
Industria con arte
La serie de platos que más
le gustan a Andrés Loa fue
hecha para el restaurante
Fiesta Gourmet, de cocina
chiclayana. Es un cuadra-
do grande de vidrio rodea-
si los platos no se quiebran,
pasará mucho tiempo para
que un cliente encargue
otras docenas. Sus platos
siempre tienen las puntas
redondeadas y este peque-
ño detalle sirve para salvar
varios descalabros si un
mozo camina apurado
hacia el salón golpeando
puertas y paredes.
Andrés Loa es un celoso
protector de su estilo de
trabajo. Él mismo hace los
moldes y las matrices y ha
construido los hornos para
transformar las láminas
de vidrio. Dice que tiene
además algunas fórmu-
vidrio, trofeos y escul-
turas. Con el menaje de
cocina sabe que todavía
hay mucho mercado por
ganar. Los precios van
desde S/.20 hasta S/.40
por unidad. Aunque por
algunos especiales ha co-
brado S/.200.
Por trabajar en casa,
Andrés Loa puede ver
crecer a su hija, pero tiene
que imponerse un horario
rígido. Hay muchas ma-
drugadas que pasa trans-
formando el vidrio. “Casi
no salgo, no tengo amigos,
y cuando por fin tengo
algo de tiempo para ir al
cine, la película que quiero
ver ya salió de cartelera”,
comenta. El estrés podría
alterarlo, pero Andrés Loa
es un hombre tranqui-
lo. Es difícil imaginarlo
queriendo romper platos
para detener un ataque de
furia. No podría.

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