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GEORGE BERKELEY, ACTUALIDAD Y PROYECCIONES SER ES SER PERCIBIDO = ESSE EST PERCIPI PROF. DR. JORGE EDUARDO NORO

1 GEORGE BERKELEY, ACTUALIDAD Y PROYECCIONES SER ES SER PERCIBIDO = ESSE EST PERCIPI PROF. DR.norojor@cablenet.com.ar “ Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción ” . (BORGES) GEORGE BERKELEY: PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO I. LOS OBJETOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO. “ Es evidente para quienquiera que haga un examen de los objetos del conocimiento humano que éstos son: o ideas impresas realmente en los sentidos, o bien percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o, finalmente, ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria, por composición y división o, simplemente, mediante la representación de las ideas percibidas originariamente en las formas antes mencionadas. La vista me da idea de la luz, del color en sus diferentes grados, variaciones y matices. Mediante el tacto percibo, por ejemplo, lo blanco y lo duro, el calor y el frío, el movimiento y la resistencia, y de todo esto el más y el menos, bien como cantidad o como grado. El olfato me depara olores; el paladar, sabores; y el oído lleva a la mente los sonidos con sus variados tonos y combinaciones. Y cuando se ha observado que varias de estas ideas se presentan simultáneamente, se viene a significar su conjunto con un nombre y ese conjunto se considera como una cosa. Así, por ejemplo, observamos que van en compañía un color, gusto y olor determinados junto con cierta consistencia y figura: todo ello lo consideramos como una cosa distinta: significada por el nombre de manzana. Otros conjuntos de ideas constituyen la piedra, el árbol, el libro y las demás cosas sensibles; conjuntos que, siendo placenteros o desagradables, excitan en nosotros las pasiones de amor, de odio, de alegría, de pesar y otras. II. MENTE-ESPIRITU-ALMA. Además de esta innumerable variedad de ideas u objetos del conocimiento, existe igualmente algo que las conoce o percibe y ejecuta diversas operaciones sobre ellas, como son el querer, el imaginar, el recordar, etcétera. Este ser activo que percibe es lo que llamamos mente, alma, espíritu, yo. Con las cuales palabras no denoto ninguna de mis ideas, sino algo que es enteramente distinto de ellas, dentro " id="pdf-obj-0-10" src="pdf-obj-0-10.jpg">
1 GEORGE BERKELEY, ACTUALIDAD Y PROYECCIONES SER ES SER PERCIBIDO = ESSE EST PERCIPI PROF. DR.norojor@cablenet.com.ar “ Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción ” . (BORGES) GEORGE BERKELEY: PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO I. LOS OBJETOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO. “ Es evidente para quienquiera que haga un examen de los objetos del conocimiento humano que éstos son: o ideas impresas realmente en los sentidos, o bien percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o, finalmente, ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria, por composición y división o, simplemente, mediante la representación de las ideas percibidas originariamente en las formas antes mencionadas. La vista me da idea de la luz, del color en sus diferentes grados, variaciones y matices. Mediante el tacto percibo, por ejemplo, lo blanco y lo duro, el calor y el frío, el movimiento y la resistencia, y de todo esto el más y el menos, bien como cantidad o como grado. El olfato me depara olores; el paladar, sabores; y el oído lleva a la mente los sonidos con sus variados tonos y combinaciones. Y cuando se ha observado que varias de estas ideas se presentan simultáneamente, se viene a significar su conjunto con un nombre y ese conjunto se considera como una cosa. Así, por ejemplo, observamos que van en compañía un color, gusto y olor determinados junto con cierta consistencia y figura: todo ello lo consideramos como una cosa distinta: significada por el nombre de manzana. Otros conjuntos de ideas constituyen la piedra, el árbol, el libro y las demás cosas sensibles; conjuntos que, siendo placenteros o desagradables, excitan en nosotros las pasiones de amor, de odio, de alegría, de pesar y otras. II. MENTE-ESPIRITU-ALMA. Además de esta innumerable variedad de ideas u objetos del conocimiento, existe igualmente algo que las conoce o percibe y ejecuta diversas operaciones sobre ellas, como son el querer, el imaginar, el recordar, etcétera. Este ser activo que percibe es lo que llamamos mente, alma, espíritu, yo. Con las cuales palabras no denoto ninguna de mis ideas, sino algo que es enteramente distinto de ellas, dentro " id="pdf-obj-0-12" src="pdf-obj-0-12.jpg">
1 GEORGE BERKELEY, ACTUALIDAD Y PROYECCIONES SER ES SER PERCIBIDO = ESSE EST PERCIPI PROF. DR.norojor@cablenet.com.ar “ Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción ” . (BORGES) GEORGE BERKELEY: PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO I. LOS OBJETOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO. “ Es evidente para quienquiera que haga un examen de los objetos del conocimiento humano que éstos son: o ideas impresas realmente en los sentidos, o bien percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o, finalmente, ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria, por composición y división o, simplemente, mediante la representación de las ideas percibidas originariamente en las formas antes mencionadas. La vista me da idea de la luz, del color en sus diferentes grados, variaciones y matices. Mediante el tacto percibo, por ejemplo, lo blanco y lo duro, el calor y el frío, el movimiento y la resistencia, y de todo esto el más y el menos, bien como cantidad o como grado. El olfato me depara olores; el paladar, sabores; y el oído lleva a la mente los sonidos con sus variados tonos y combinaciones. Y cuando se ha observado que varias de estas ideas se presentan simultáneamente, se viene a significar su conjunto con un nombre y ese conjunto se considera como una cosa. Así, por ejemplo, observamos que van en compañía un color, gusto y olor determinados junto con cierta consistencia y figura: todo ello lo consideramos como una cosa distinta: significada por el nombre de manzana. Otros conjuntos de ideas constituyen la piedra, el árbol, el libro y las demás cosas sensibles; conjuntos que, siendo placenteros o desagradables, excitan en nosotros las pasiones de amor, de odio, de alegría, de pesar y otras. II. MENTE-ESPIRITU-ALMA. Además de esta innumerable variedad de ideas u objetos del conocimiento, existe igualmente algo que las conoce o percibe y ejecuta diversas operaciones sobre ellas, como son el querer, el imaginar, el recordar, etcétera. Este ser activo que percibe es lo que llamamos mente, alma, espíritu, yo. Con las cuales palabras no denoto ninguna de mis ideas, sino algo que es enteramente distinto de ellas, dentro " id="pdf-obj-0-14" src="pdf-obj-0-14.jpg">

Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción. (BORGES)

GEORGE BERKELEY: PRINCIPIOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO

  • I. LOS OBJETOS DEL CONOCIMIENTO HUMANO.

Es evidente para quienquiera que haga un examen de los objetos del conocimiento humano que éstos son: o ideas impresas realmente en los sentidos, o bien percibidas mediante atención a las pasiones y las operaciones de la mente; o, finalmente, ideas formadas con ayuda de la imaginación y de la memoria, por composición y división o, simplemente, mediante la representación de las ideas percibidas originariamente en las formas antes mencionadas.

La vista me da idea de la luz, del color en sus diferentes grados, variaciones y matices. Mediante el tacto percibo, por ejemplo, lo blanco y lo duro, el calor y el frío, el movimiento y la resistencia, y de todo esto el más y el menos, bien como cantidad o como grado. El olfato me depara olores; el paladar, sabores; y el oído lleva a la mente los sonidos con sus variados tonos y combinaciones.

Y cuando se ha observado que varias de estas ideas se presentan simultáneamente, se viene a significar su conjunto con un nombre y ese conjunto se considera como una cosa. Así, por ejemplo, observamos que van en compañía un color, gusto y olor determinados junto con cierta consistencia y figura: todo ello lo consideramos como una cosa distinta: significada por el nombre de manzana.

Y cuando se ha observado que varias de estas ideas se presentan simultáneamente, se viene a

Otros conjuntos de ideas constituyen la piedra, el árbol, el libro y las demás cosas sensibles; conjuntos que, siendo placenteros o desagradables, excitan en nosotros las pasiones de amor, de odio, de alegría, de pesar y otras.

II. MENTE-ESPIRITU-ALMA.

Además de esta innumerable variedad de ideas u objetos del conocimiento, existe igualmente algo que las conoce o percibe y ejecuta diversas operaciones sobre ellas, como son el querer, el imaginar, el recordar, etcétera. Este ser activo que percibe es lo que llamamos mente, alma, espíritu, yo. Con las cuales palabras no denoto ninguna de mis ideas, sino algo que es enteramente distinto de ellas, dentro

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de lo cual existen; o, lo que es lo mismo, algo por lo cual son percibidas; pues la existencia de una idea consiste simplemente en ser percibida.

III. EL ALCANCE DEL ASENTIMIENTO DEL VULGO.

Que ni nuestros pensamientos, ni las pasiones, ni las ideas formadas por la imaginación pueden existir sin la mente, es lo que todos admiten.

Y, a mi parecer, no es menos evidente que las varias sensaciones o ideas impresas, por complejas y múltiples que sean las combinaciones en que se presenten (es decir, cualesquiera que sean los objetos que así formen), no pueden tener existencia si no es en una mente que las perciba. Estimo que puede obtenerse un conocimiento intuitivo de esto por cualquiera que observe lo que significa el término existir cuando se aplica a las cosas sensibles. Así por ejemplo, esta mesa en que escribo, digo que existe, esto es, que la veo y la siento; y si yo estuviera fuera de mi estudio, diría también que ella existía, significando con ello que, si yo estuviera en mi estudio, podría percibirla de nuevo, o que otra mente que estuviera allí presente la podría percibir realmente.

2 de lo cual existen; o, lo que es lo mismo, algo por lo cual son

Cuando digo que había un olor, quiero decir que fue olido; si hablo de un sonido, significo que fue oído; si de un color o de una figura determinada, no quiero decir otra cosa sino que fueron percibidos por la vista o el tacto.

Es lo único que permiten entender ésas o parecidas expresiones. Porque es incomprensible la afirmación de la existencia absoluta de los seres que no piensan, prescindiendo totalmente de que puedan ser percibidos. Su existir consiste en esto, en que se los perciba; y no se los concibe en modo alguno fuera de la mente o ser pensante que pueda tener percepción de los mismos.

IV. LA OPINIÓN VULGAR IMPLICA UNA CONTRADICCIÓN.

Es ciertamente extraño que haya prevalecido entre los hombres la opinión de que casas, montes, ríos, en una palabra, cualesquiera objetos sensibles tengan existencia real o natural, distinta de la de ser percibidos por el entendimiento. Mas, por mucha que sea la seguridad con que esto se afirme y por muy general que sea la aquiescencia con que se admita, cualquiera que en su interior examine tal aserto, hallará, si no me engaño, que envuelve una contradicción manifiesta. Pues ¿qué son los objetos mencionados sino las cosas que nosotros percibimos por nuestros sentidos, y qué otra cosa percibimos aparte de nuestras propias ideas o sensaciones?

Y ¿no es una clara contradicción que cualquiera de éstas o cualquier combinación de ellos, puedan existir sin ser percibidas?

GEORGE BERKELEY: TRES DIÁLOGOS ENTRE HILAS Y FILONÚS

GEORGE BERKELEY: TRES DIÁLOGOS ENTRE HILAS Y FILONÚS

FILONÚS.- Te aseguro, Hilas, que no pretendo forjar hipótesis alguna en absoluto. Soy una persona corriente, lo bastante simple para creer en mis sentidos y dejar las cosas tal como me las encuentro. A decir verdad, opino que las cosas reales son las mismísimas cosas que veo y palpo y percibo por mis sentidos. Éstas las conozco, y al encontrar que responden a todas las necesidades y fines de la vida no tengo razón alguna para preocuparme por otras realidades desconocidas. (…)

Que una cosa sea realmente percibida por mis sentidos y que al mismo tiempo no exista realmente es para mí una evidente contradicción; pues no puedo separar ni abstraer, ni siquiera en el pensamiento, la

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existencia de una cosa sensible de su ser percibida. La madera, las piedras, el fuego, el agua, la carne, el hierro y cosas semejantes que nombro y de las cuales hablo, son cosas que conozco. Y no las hubiera conocido si no las hubiera percibido por mis sentidos; las cosas percibidas por los sentidos son percibidas inmediatamente; y las cosas percibidas inmediatamente son ideas; ahora bien, las ideas no pueden existir fuera de la mente; su existencia, por tanto, consiste en ser percibidas; y si son, por tanto, efectivamente percibidas, no hay duda alguna de su existencia. Fuera, pues, todo ese escepticismo, esas ridiculas dudas filosóficas. ¡Qué tontería que un filósofo dude de la existencia de las cosas sensibles hasta que se le pruebe por la veracidad de Dios! ¡O que pretenda que nuestro conocimiento en este punto es deficiente en intuición o demostración! Yo podría dudar lo mismo de mi propia realidad que de la realidad de esas cosas que realmente veo y siento.

3 existencia de una cosa sensible de su ser percibida. La madera, las piedras, el fuego,

FILONÚS.-Cuando niego a las cosas sensibles una existencia fuera de la mente, no me refiero a mi mente en particular, sino a todas las mentes. Ahora bien, está claro que tienen una existencia exterior a mi mente, pues encuentro por experiencia que son independientes de ella. Hay, sin duda, alguna otra mente en la cual existen, en los intervalos que separan los momentos en que las percibo; así existían antes de mi nacimiento y existirán después de mi supuesto aniquilamiento. Y como lo mismo ocurre con respecto a todos los otros espíritus finitos creados, se sigue necesariamente que hay una mente eterna,

omnipresente, que conoce y abarca todas las cosas y nos las presenta ante nuestros ojos en la forma y con arreglo a las normas que ella misma ha dispuesto, a las cuales llamamos leyes de la naturaleza.

(…)

FILONÚS.- En primer lugar, digo que no niego la existencia de la sustancia material simplemente porque no tenga noción alguna de ella, sino porque su noción es contradictoria; en otras palabras, porque repugna que haya una noción de ella. Muchas cosas, por lo que yo sé, pueden existir y de ellas ni yo ni

otro hombre tenemos ni podemos tener idea o noción alguna. Pero entonces, estas cosas tienen que ser posibles, es decir, no puede estar incluido en su definición nada contradictorio. Y en segundo lugar, digo que aunque creemos que existen cosas que no percibimos, no podemos creer, a pesar de ello, que existe alguna cosa determinada sin tener alguna razón para tal creencia; ahora bien, no tengo razón alguna para creer en la existencia de la materia. No tengo de ello ninguna intuición inmediata, ni puedo inferir mediatamente de mis sensaciones, ideas, nociones, acciones o pasiones, una sustancia inac tiva no percipiente y no pensante, ni por deducción probable ni como consecuencia necesaria. Mientras que la realidad de mí mismo, es decir, mi propia alma, mente o principio pensante, la conozco evidentemente por reflexión. Te ruego me excuses si repito las mismas cosas al responder a las mismas objeciones. En la misma noción o definición de sustancia material, se incluye una manifiesta repugnancia y contradicción. Y esto no ocurre con la noción de espíritu. Repugna que existan ideas en lo que no percibe o que se produzcan por lo que no actúa. Pero no hay repugnancia en decir que una cosa percipiente es sujeto de ideas, o que una cosa activa es la causa de ellas. Concedido que no tenemos ni una evidencia inmediata ni un conocimiento demostrativo de la existencia de otros espíritus finitos; pero no se sigue de ahí que dichos espíritus estén al mismo nivel que las sustancias materiales, si se admite que las unas son contradictorias y que no hay contradicción en admitir los otros; si no se pueden inferir las unas por ningún argumento y hay una probabilidad para los otros; si vemos signos y efectos que nos indican la existencia de agentes finitos distintos, semejantes a nosotros y vemos que no hay signo o síntoma alguno que conduzca a una creencia racional en la materia. Y digo, por último, que tengo una noción del espíritu, aunque no poseo, estrictamente hablando, una idea de él. No lo percibo como una idea o mediante una idea, sino que lo conozco por reflexión.

otro hombre tenemos ni podemos tener idea o noción alguna. Pero entonces, estas cosas tienen que

COMENTARIOS

El inmaterialismo de Berkeley es una ontología que sólo admite dos especies de existencias, la de las ideas que son pasivas y dependientes y la de los espíritus que son activos, siendo Dios el espíritu supremamente activo, que ha creado todo lo demás. Berkeley niega, pues, la realidad de los corpúsculos materiales. El inmaterialismo niega la realidad de las sustancias materiales

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cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos básicos de los materialismos. Berkeley creía que el inmaterialismo permitía establecer una prueba nueva e irrecusable de la existencia de Dios.

El mundo no es trascendente, no es separado, no es independiente; solamente existe "en el acto en que" (desde el lado divino) la mente infinita "lo crea" o (desde el lado humano) la mente finita lo percibe. ESSE EST PERCIPI. SER ES SER PERCIBIDO. Lo físico se "identifica" con lo sensible, lo sentido. Y Berkeley elimina así de golpe, la dificultad cartesiana de conseguir certeza a propósito del mundo corpóreo (que sencillamente no existe), y elimina el problema de la relación entre la mente y lo extenso. Todo es mental. No hay realidad pues, sino sólo contenidos de conciencia fundados en el Espíritu Infinito”.

4 cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos
4 cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos

RELACIONES: BERKELEY Y NUESTRA REALIDAD

4 cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos
  • 1. BERKELEY Y MATRIX: Numerosos autores han visto en la serie MATRIX una relación directa con el

concepto de DIOS de BERKELEY. ;as allá de otras dependencias (Platón, Descartes, Malebranche), en este caso la MATRIZ es la suma de todos los pensamientos, la productora de la realidad, la que con su

percepción absoluta y virtual hace posible cualquier tipo de realidad, de la misma manera que DIOS termina siendo para BERKELEY el sostén ontológico fundamental que pone la percepción fundante y permanente para que todo lo real (“ESSE EST PERCIPI”) tenga entidad y no caiga desarmado con el retiro de cada sujeto que percibe. El Dios de BERKELEY como la MATRIZ representa un PANOPTICO ONTOLOGICO que no se ocupa tanto de vigilar como de dar ser a todo lo real.

4 cualesquiera que sean. Berkeley estaba convencido de que al exponer esa teoría minaba los argumentos
  • 2. En el caso de la película THE TRUMAN SHOW hay un DIOS (CHRISTOF) que habita un panóptico

omnipresente, ejerce la totalidad del poder, y opera también a través de las miradas oblicuas de las 5000 cámaras. CHRISTOF es que le da vida a TRUMAN: el personaje es lo que el director decide que sea. Si lo enfocan, si la cámara lo toma, ES; en caso contrario deja de serlo. Y cuando ambos discuten, el DIOS del SHOW lo amenaza con hacerlo desaparecer de la escena, volverlo un nadie, un invisible. De hecho, cuando TRUMAN decide la fuga entiende que debe burlar al PERCIPI universal, esconderse, desaparecer para poder vivir su propia vida…pero para CRISTOV y los espectadores, TRUMAN deja de ser.

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  • 3. EL ORIGEN: Nunca llegamos a ver la realidad en la película, todo es un sueño, probablemente el

sueño de Cobb (DI CAPRIO). En la película aprendemos rápidamente que la única forma de distinguir el mundo de los sueños del mundo real es poniendo a prueba nuestro pequeño secreto (lo que conservamos de lo que se supone es el mundo del pasado o nuestro mundo real), un elemento cuyo comportamiento solo puede ser predicho por nosotros mismos. La realidad depende de nuestros sueños, de nuestra percepción. Pero a su vez y ese es el juego genial del creador el ser percibido construye un mundo en el que se pueden soñar y crear otros mundos en una serie infinita. Flotan las páginas de BORGES en muchas de sus creaciones (AJEDREZ, RUINAS CIRCULARES). Pero además los sujetos que perciben se pueden cruzar en los sueños, meterse en los mundos que han creador, interactuar, invadir, enfrentarse o luchar juntos: es BERKELEY potenciado por la tecnología contemporánea (realidad virtual, compuestos químicos, drogas).

5 3. EL ORIGEN: Nunca llegamos a ver la realidad en la película, todo es un
  • 4. BERKELEY Y LA REALIDAD VIRTUAL: el sostén de la realidad virtual es el sujeto que percibe, quien

constituye la virtualidad. Los mecanismos del mundo virtual dependen de sus operadores y de esos mecanismos dependen los productos virtuales. Si cerramos la “percepción” anulamos la realidad que hemos creado. Las cosas son mientras están conectadas, mientras son objeto de operación por parte de algún sujeto.

  • 5. BERKELEY Y LA POSTMODERNIDAD: “SER ES ES SER PERCIBIDO”: El carácter efímero del mundo que

nos rodea, las relaciones fugaces y funcionales le quitan valor a las cosas y a las personas que se convierten rápidamente en invisible. Ser invisible, no percibido es lo mismo que no ser. Por eso, la única manera de que las cosas, los hechos, las personas sean es que sean objeto de alguna percepción. Ser noticia, suceso, atracción: que todos los ojos y todos los oídos reales y virtuales nos miren, nos otorguen identidad, nos perciban, nos otorguen una cuota de ser.

  • 6. BERKELEY Y LA TELEVISION COMO CONSTRUCCION DE LO REAL: el mundo que nos rodea es

demasiado complejo, multiforme, sobrecargado de informaciones y datos, la única manera de otorgarle cierta inteligibilidad es que haya un instrumento que opere de ordenador, de gran perceptor, que opere la selección y que nos transmita o los sirva lo percibido (lo que efectivamente existe) en nuestra mesa. Allí están los medios de comunicación, especialmente la TELEVISION como el perceptor universal que le presta entidad a los aspectos de la realidad que a su juicio merecen ser percibido, merecen ser.

  • 7. BERKELEY Y LOS VIDEO JUEGOS: la existencia efectiva de los personajes y las acciones de los videos

5 3. EL ORIGEN: Nunca llegamos a ver la realidad en la película, todo es un

juegos dependen del jugador que le presta entidad con su encendido o conexión y que le niega presencia con la desconexión o el apagado. Cuando el jugador/usuario deja de jugar todo queda suspendido a la espera de su regreso. Como en BERKELEY en mundo virtual del video juego depende de la intervención del sujeto y tiene una existencia efímera, ya que ontológicamente es dependiente del usuario (y aquí no hay un Dios que puede cumplir un rol supletorio, porque cada uno construye su mundo).

  • 8. BERKELEY Y BORGES: fue uno de los filósofos preferidos de Borges que testimonió su admiración a

través de varias de sus creaciones literarias. Entre ellas, la más llamativa es RUINA CIRCULARES. Si algún filósofo llamó la atención de Borges, no fue otro que Berkeley, quien realiza la crítica a la concepción de la mente como espejo de la naturaleza, cuando advierte que ser es ser percibido, cuando reivindica el protagonismo del observador. Borges hará otro tanto con el lector. No existe un significado del libro al

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margen de sus lecturas. El paralelismo entre el observador (Berkeley) y el lector (Borges) resulta indiscutible. No faltan las diferencias, sin embargo. La de Berkeley sería una filosofía pre-lingüística, cuando no reconoce los sesgos, los compromisos adquiridos a través del lenguaje. Para Borges, en cambio: "Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten" . Borges comparte con el idealismo la concepción de mundo como mundo construido por nosotros, pero la trasciende como también. No sólo el lector es el creador de los textos, que desaperecen sin su presencia, sino que el autor es quien crea los mundos que sólo se sostienen por su versión, por su puesta en acto, por su mirada, por su presencia. Sin autor (sin BORGES) no hay relato, y sin relato no hay mundo verosímil. Las referencias al nominalismo y al conocimiento obsesivo de las cosas individuales es también una herencia de la filosofía inglesa y de Berkeley.

6 margen de sus lecturas. El paralelismo entre el observador (Berkeley) y el lector (Borges) resulta

ESSE EST PERCIPI BORGES Y BIOY CASARES = BUSTO DOMECQ

ESSE EST PERCIPI BORGES Y BIOY CASARES = BUSTO DOMECQ

Viejo turista de la zona de Núñez y aledaños, no dejé de notar que venía faltando en su lugar de siempre el monumental estadio de River. Consternado, consulté al respecto al amigo y doctor Gervasio Montenegro, miembro de número de la Academia Argentina de Letras. En él hallé el motor que me puso sobre la pista. Su pluma compilaba por aquel entonces una a modo de Historia Panorámica del Periodismo Nacional obra llena de méritos, en la que se afanaba su secretaria. Las documentaciones de práctica lo habían llevado casualmente a husmear el busilis. Poco antes de adormecerse del todo, me remitió a un amigo común, Tulio Savastano, presidente del club Abasto Juniors, a cuya sede, sita en el Edificio Amianto, de avenida Corrientes y Pasteur, me di traslado. Este directivo, pese al régimen doble dieta a que lo tiene sometido su médico y vecino doctor Narbondo, mostrábase aún movedizo y ágil. Un tanto enfarolado por el último triunfo de su equipo sobre el combinado canario, se despachó a sus anchas y me confió, mate va, mate viene, pormenores de bulto que aludían a la cuestión sobre el tapete. Aunque yo me repitiese que Savastano había sido otrora el compinche de mis mocedades de Agüero esquina Humahuaca, la majestad del cargo me imponía y, cosa de romper la tirantez, congratúlelo sobre la tramitación del último gol que, a despecho de la intervención oportuna de Zarlenga y Parodi, convirtiera el centro-half Renovales, tras aquel pase histórico de Musante. Sensible a mi adhesión al once de Abasto, el prohombre dio una chupada postrimera a la bombilla exhausta, diciendo filosóficamente, como aquel que sueña en voz alta:

Viejo turista de la zona de Núñez y aledaños, no dejé de notar que venía faltando

Y pensar que fui yo el que les inventé esos nombres. ¿Alias? pregunté, gemebundo. ¿Musante no se llama Musante? ¿Renovales no es Renovales? ¿Limardo no es el genuino patronímico del ídolo que aclama la afición? La respuesta me aflojó todos los miembros. ¿Cómo? ¿Usted cree todavía en la afición y en ídolos? ¿Dónde ha vivido, don Domecq? En eso entró un ordenanza que parecía un bombero y musitó que Ferrabás quería hablarle al señor. ¿Ferrabás, el locutor de la voz pastosa? exclamé. ¿El animador de la sobremesa cordial de las 13 y 15 y del jabón Profumo? ¿Estos, mis ojos, le verán tal cual es? ¿De veras que se llama Ferrabás? Que espere ordenó el señor Savastano.

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¿Que espere? ¿No será más prudente que yo me sacrifique y me retire? aduje con sincera abnegación. Ni se le ocurra contestó Savastano. Arturo, dígale a Ferrabás que pase. Tanto da ... Ferrabás hizo con naturalidad su entrada. Yo iba a ofrecerle mi butaca, pero Arturo, el bombero, me disuadió con una de esas miraditas que son como una masa de aire polar. La voz presidencial dictaminó:

Ferrabás, ya hablé con De Filipo y con Camargo. En la fecha próxima pierde Abasto, por dos a uno. Hay juego recio, pero no vaya a recaer, acuérdese bien, en el pase de Musante a Renovales, que la gente lo sabe de memoria. Yo quiero imaginación, imaginación. ¿Comprendido? Ya puede retirarse. Junté fuerzas para aventurar la pregunta:

7 — ¿Que espere? ¿No será más prudente que yo me sacrifique y me retire? —

¿Debo deducir que el score se digita? Savastano, literalmente, me revolcó en el polvo. No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del '37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman. Señor, ¿quién inventó la cosa? atiné a preguntar. Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos. ¿Y la conquista del espacio? gemí. Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientifista. Presidente, usted me mete miedo mascullé, sin respetar la vía jerárquica. ¿Entonces en el mundo no pasa nada? Muy poco contestó con su flema inglesa. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repantigado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué más quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone. ¿Y si se rompe la ilusión? dije con un hilo de voz. Qué se va a romper me tranquilizó. Por si acaso seré una tumba le prometíLo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales. Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer. Sonó el teléfono. El presidente portó el tubo al oí- do y aprovechó la mano libre para indicarme la puerta de salida

7 — ¿Que espere? ¿No será más prudente que yo me sacrifique y me retire? —

Pienso que en este momento tal vez nadie en el universo piensa en mí, que solo yo me pienso,

ROBERTO JUARROZ + POESIA VERTICAL

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y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría. Y aquí empieza el abismo, como cuando me duermo. Soy mi propio sostén y me lo quito. Contribuyo a tapizar de ausencia todo. Tal vez sea por esto que pensar en un hombre se parece a salvarlo.

8 y si ahora muriese, nadie, ni yo, me pensaría. Y aquí empieza el abismo, como
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