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VIGILANTES; JORNADA DE 60 HORAS SEMANALES FIJADA EN PACTO DE EMPRESA: El exceso

sobre cuarenta horas semanales tiene condición de horas extraordinarias.


T.S. (Sala de lo Social). Sentencia 17 mayo 1995. P.: Gil Suárez.
Antecedentes de Hecho y Sentido del Fallo
Los hechos que declara probados la sentencia de instancia, inalterados en suplicación, son los
siguientes: «1º) Los demandantes prestan servicios para la empresa demandada de vigilantes
jurados; E.M. tiene una antigüedad del 7 de junio de 1976; A.E. desde el 15 de marzo de 1977
y F.A. trabajaba en la empresa desde el 21 de abril de 1975. 2º) Los dos primeros percibieron
en 1990 un salario de 1.889.244 pesetas anuales mientras que el tercero percibió 1.645.124
pesetas. 3º) Del 1 de enero al 31 de octubre de 1990 (39 semanas) realizaron sesenta horas
semanales y en los meses de noviembre y diciembre la jornada fue de cuarenta horas
semanales. 4º) La jornada de sesenta horas semanales derivaba de un pacto suscrito por G.P.
y el comité ínter centros con efectos desde el 1 de septiembre de 1988 percibiendo los
trabajadores en contraprestación un complemento mensual de 42.346 pesetas en el año 1990.
5º) La jornada máxima anual para 1990 según el convenio colectivo de grandes almacenes es
de 1802 horas. 6º) El trabajador F.A.P. estuvo en situación de Incapacidad Laboral Transitoria
del 4 de octubre de 1990 al 8 de noviembre de 1990 y disfrutó vacaciones del 5 al 14 de
febrero y del 13 de agosto al 2 de septiembre lo que totaliza 31 días de vacaciones en el año
1990; el también demandante A.E.A. disfrutó 31 días de vacaciones (del 9 al 29 de julio y del
1 al 10 de octubre) y E.M. otros 31 (del 24 de mayo al 3 de junio y del 21 de agosto). 7º) Los
demandantes aceptaron la nueva jornada laboral y se les abonó por ello la suma de
doscientas mil pesetas. 8º) La papeleta de conciliación fue presentada el 4 de enero de
1991».
Fundamentos de Derecho
Primero. Los tres demandantes prestan servicios para la empresa demandada, G.P. S.A., con
la categoría profesional de Vigilantes Jurados.
El 28 de julio de 1988 la mencionada empresa y el Comité ínter centros de la
misma suscribieron un acuerdo relativo a la jornada laboral de los Vigilantes
Jurados, en el que se estableció que, a partir del 1 de septiembre de ese año,
la jornada semanal ordinaria de los mismos sería de 60 horas semanales, a
razón de 12 diarias durante cinco días, con dos días libres rotativos cada
semana; como compensación a esta ampliación de jornada se dispuso que
dichos trabajadores percibirían un complemento salarial «compuesto por la
parte proporcional de los conceptos anteriores (es decir, los propios de la
jornada ordinaria de 40 horas), correspondiente a 20 horas». Este
complemento ascendió a 42.346 pesetas por mes en el año de 1990. Además
se estipuló que los vigilantes que lo deseen, podrán pasar en cualquier
momento a realizar una jornada semanal de 40 horas, avisando con un mes de
antelación, con la correspondiente reducción de sus retribuciones, y que la
empresa, «con carácter indemnizatorio por la modificación acordada sobre la
jornada de trabajo», satisfaría a cada uno de los afectados la cantidad de
200.000 pesetas, pagadera en tres plazos mensuales.
Los actores, mediante escritos firmados en agosto de 1988, aceptaron
plenamente el contenido del Pacto de 28 de julio de 1988 citado, y
manifestaron su decisión de llevar a cabo, desde el 1 de septiembre inmediato
siguiente, una jornada semanal de 60 horas; así mismo, por tal causa, la
empresa les abonó la indemnización de 200.000 pesetas aludida.
El Convenio Colectivo de Grandes Almacenes para 1990 fijó una jornada de
trabajo anual de 1802 horas.
En el año de 1990 los actores realizaron una jornada de 60 horas por semana
desde el 1 de enero al 31 de octubre, pero a partir del 1 de noviembre, y
hasta el final del año, su jornada fue de 40 horas semanales. Hasta el 31 de
octubre percibieron el complemento propio de la ampliación de jornada a que
antes se hizo alusión.
Estiman los demandantes que las horas de trabajo que exceden de las 40
horas por semana, tienen que serles abonadas conforme a la retribución
propia de las horas extraordinarias establecida por el art. 35.1 del Estatuto de
los Trabajadores en su redacción anterior a la Ley 11/1994, de 19 de mayo, y
por ello formularon las demandas que dan origen al presente litigio, en las
que solicitan que se les abonen las diferencias retributivas derivadas de la
aplicación de tal criterio, correspondientes al año de 1990.
La sentencia del Juzgado de lo Social nº 3 de Oviedo de 10 de noviembre de
1993 estimó parcialmente dichas demandas, pues de las cantidades pedidas
en éstas descontó las que correspondían a períodos de vacaciones o de baja
por enfermedad. La empresa interpuso recurso de casación contra dicha
sentencia, y la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Asturias,
en la suya de 15 de abril de 1994, acogió dicho recurso, revocó la resolución
de instancia, y desestimando las demandas, absolvió de las mismas a la
entidad demandada.
Contra esta sentencia de la Sala de lo Social de Asturias se entabló, por los
demandantes, el presente recurso de casación para la unificación de doctrina.
En él se alega, como contraria, la sentencia de la misma Sala de lo Social de
Asturias de 14 de junio de 1991, en la que se trató un supuesto exactamente
igual al de autos, referente a vigilantes jurados de G.P. S.A., que, en virtud
del pacto colectivo de 28 de julio de 1988, realizaban una jornada semanal de
60 horas y que también reclamaron que ese exceso o ampliación de jornada
les fuese abonado como horas extraordinarias. Como se ve la identidad entre
estas dos sentencias es completa, y sin embargo sus pronunciamientos son
distintos, puesto que mientras la recaída en estos autos desestimó las
pretensiones de los actores, la de contraste acogió favorablemente las
mismas. No hay duda, por ende que en este caso se cumple el requisito de
recurribilidad que exige el art. 216 de la Ley de Procedimiento Laboral.
Segundo. El art. 35.1 del Estatuto de los Trabajadores, en su redacción
anterior a la Ley 11/1994, de 19 de mayo, establecía que las horas
extraordinarias debían de ser abonadas «con un incremento que en ningún
caso será inferior al 75 por 100 sobre el salario que correspondería a cada
hora ordinaria».
De lo que se declara en la narración histórica de autos resulta obvio que los
demandantes en el año de 1990 llevaron a cabo las horas extraordinarias que
se desprenden de lo que se expresa en la sentencia de instancia, dictada por
el Juzgado de lo Social núm. 3 de Oviedo el 10 de noviembre de 1993, pues
tales horas superan la jornada legal máxima establecida por el art. 34.2 de
dicho Estatuto. Siendo claro que dadas las fechas en que fueron llevadas a
cabo, no les alcanzan las reformas ordenadas por la Ley 11/1994, antes
citada.
Por otra parte, no puede aplicarse a la situación analizada el art. 11 del Real
Decreto 2001/1983, de 28 de julio, habida cuenta que este precepto sólo se
refiere a aquellos vigilantes o guardas que tengan casa-habitación en la zona
cuyo cuidado les haya sido asignado, y los actores no cumplen tal requisito
pues la empresa no les facilita esa clase de casa-habitación.
Por consiguiente, en principio, parece que éstos tienen derecho a cobrar la
antedicha remuneración propia de las horas extraordinarias (75 por 100 sobre
el salario de la hora extraordinaria) por todas las horas trabajadas por ellos en
1990 que sobrepasen las cuarenta por semana, por lo que, en un primer
momento, aparece como correcta la decisión adoptada por la mencionada
sentencia del Juzgado de lo Social núm. 3 de Oviedo.
Tercero. Es cierto que esta Sala en numerosas sentencias, de las que
mencionamos las de 15 de noviembre de 1985, 21 de abril y 29 de diciembre
de 1986, 17 de febrero de 1987, 30 de marzo, 30 de mayo y 28 de septiembre
de 1988, 20 de febrero de 1989, 23 de enero de 1991 y 27 de febrero de 1995,
ha admitido la validez de las disposiciones o cláusulas de los convenios
colectivos en las que se fija el valor de las horas extraordinarias en cuantía
inferior a la que resultaría de una interpretación literal y estricta del
antedicho art. 35.1.
Ahora bien, esta doctrina jurisprudencial viene a establecer una excepción a
la regla que proclamaba e imponía este art. 35.1, y por ende ha de ser
aplicada de forma rigurosa y restrictiva, no siendo aceptable un
entendimiento extensivo y amplio de la misma. Y es indiscutible que tal
doctrina exige que el inferior valor o importe de las horas extraordinarias
venga establecido en convenio colectivo; la cual obviamente no se cumple en
el caso de autos, dado que el pacto de 28 de julio de 1988 entre la empresa y
el Comité Ínter centros no es, en sentido exacto y propio, un convenio
colectivo. Además ha de tenerse en cuenta que en el momento en que dicho
pacto se estipuló estaba vigente un convenio de sector plenamente aplicable
a la empresa demandada, lo cual impediría que aquel pacto pueda tener
operatividad como convenio colectivo, dado lo que dispone el art. 84 del
Estatuto de los Trabajadores, y, por otro lado, en el momento que se
pretende aplicar (el año de 1990) estaba vigente ya un nuevo convenio
colectivo del Sector de Grandes Almacenes (para los años de 1989 y 1990) que
no contiene norma alguna parecida al pacto comentado. En consecuencia, no
puede reconocerse eficacia, en relación a la cuestión comentada, al citado
pacto de 28 de julio de 1988, lo que determina que se tenga que aplicar
necesariamente al caso de autos el art. 35.1 del Estatuto de los Trabajadores,
como se indicó en el fundamento de Derecho precedente.
Por otra parte, no pueden admitirse las razones en que la sentencia recurrida
basa su desestimación de las demandas, toda vez que de los datos fácticos
que se constatan en la narración histórica de la sentencia de instancia se
deduce, con precisión y claridad mediante simples operaciones aritméticas, el
número de horas extraordinarias que los demandantes han realizado en 1990.
Esto es así, por cuanto que en esa narración se declara que éstos han
desarrollado en ese año de 1990 una jornada de 60 horas por semana desde el
1 de enero al 31 de octubre, y que desde el 1 de noviembre cumplieron una
jornada de 40 horas, añadiendo que disfrutaron sus vacaciones anuales en las
fechas que se precisan en su hecho probado 6º y que el señor A.P. estuvo en
incapacidad laboral transitoria desde el 4 de octubre al 8 de noviembre de
dicho año; y partiendo de estas afirmaciones unas simples cuentas
matemáticas determinan, con seguridad y sin margen de duda, el número de
horas trabajadas por aquellos que excedieron de las cuarenta por semana. Se
cumple por tanto perfectamente la exigencia que en orden a la probanza de
la realización de las horas extraordinarias ha venido requiriendo con
reiteración una vieja y conocida doctrina jurisprudencial. La posición que
mantiene la sentencia recurrida no sólo no es cierta, como se acaba de ver,
sino que además haría casi imposible, en la mayoría de los casos, la
demostración de la realización de las horas extraordinarias.
Cuarto. Todo cuanto se ha expuesto, pone en evidencia que la sentencia
impugnada ha infringido los preceptos legales mencionados, y quebrantado la
unidad en la interpretacion del derecho y en la formación de la
jurisprudencia, por lo que se ha de acoger favorablemente el recurso de
casación para la unificación de doctrina entablado por los actores, y se ha de
casar y anular dicha sentencia. Y resolviendo el debate planteado en
suplicación, procede confirmar íntegramente la sentencia de instancia dictada
por el Juzgado de lo Social número 3 de Oviedo el 10 de noviembre de 1993.