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LÍA y LÍO

Para GU, que me regaló tanta luz.


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Y para Jose Antonio, que sabrá poner luz a todo


esto.

Viven esta historia:

ROSALÍA, condesa, más aburrida que una ostra.


ROSALÍO, conde, más aburrido todavía.
AGAPITO, mayordomo, que suele dormirse de aburrimiento.

LÍA, sombra de ROSALÍA: si no fuera sombra sería el rabo travieso de


una lagartija.
LÍO, sombra de ROSALÍO, algo menos travieso, pero con la misma
chispa.
PITO, sombra de AGAPITO, cascarrabias encantador
MALASOMBRA, como su propio nombre indica, una sombra con
mucha mala sombra.
TIAN, la sombra de SEBASTIAN CAINE, el hombre que consiguió
hacerse invisible.
EL DOCTOR PARASOL, director del HOSPITAL DE SOMBRAS
PERDIDAS
LA DOCTORA SILUETA, despampanante doctora de largas uñas
llenas de cosquillas.
MIHL, la convaleciente sombra vendida del caballero PETER
SCHLEMIHL.
PENUMBRA, el malabarista de sombras.
SOMBRILLA, fabricante de eclipses, la sobrinabuela de PITO.
Y
UNA VENDEDORA DE MANZANAS, que pasaba por allí.
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(En escena coinciden un máximo de cuatro personajes, por lo


que –si los cómicos que quieran recrear estas sombras lo
creen conveniente- se admite toda clase de desdobles.)

La acción sucede:
• Aquí, es decir, en cualquier parte.
• Y en UMBRÍA, la República de las Sombras, en el
sótano de la luna.

Hoy y siempre.
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UNO.

Donde la condesa Rosalía y el conde Rosalío nos


hacen ver cómo se aburren como ostras y sus
respectivas sombras, Lía y Lío, la lían.

(Mañana soleada en los jardines de Palacio.


Suenan unos acordes de música muy lánguida, es decir: más aburrida
que una carrera de caracoles..
La CONDESA y EL CONDE- que lucen unas pelucas llenas de
tirabuzones- frente al espectador, a cierta distancia una del otro, ven
pasar la nada como si nada.
De vez en cuando ejecutan un paso de baile que ni es paso ni es
nada. Y que resulta de lo más cursicómico.
Detrás –sobre el ciclorama situado en mitad del escenario- sus
respectivas sombras, LÍA y LÍO - dos actores que, por la parte
posterior del mismo ciclorama, iluminados convenientemente, copian
al milímetro los movimientos de sus condes como sombras chinescas-
reflejan el aburrimiento de unos segundos que parecen una
eternidad.)

ROSALÍA: Aaaaaah. (Bosteza cantando. LÍA copia el gesto


simultáneamente, como hará mientras no se diga lo
contrario.)
ROSALÍO: Aaaaaah. (Bosteza cantando. LÍO hace lo mismo,
igualmente hasta nueva orden. Tanto LÍA como LÍO
deben parecer sombras de verdad.
Pausa.)
ROSALÍA: ¡Aaaaatchís! (Estornuda cantando y se le cae al peluca,
que recoge con recato.
Pausa.)
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ROSALÍO: ¡Aaaaatchís! (Estornuda cantando y también se le cae la


peluca, que recoge con requeterrecato.)
ROSALÍA: Oh, la, la... (con magcado asento fgransés.)
ROSALÍA: Oh, mi, re ... (con el mismo asento que su esposa.)
ROSALÍA: ¿Te das cuenta, querido?
ROSALÍO: ¿De qué, querida?
ROSALÍA: Que nunca pasa nada.
ROSALÍO: Nada. Es verdad, nunca pasa nada.
ROSALÍA: Ahhhhh. (Bosteza cantando.)
ROSALÍO: Ahhhhh. (Bosteza cantando.
De repente, a los dos CONDES se les congela el bostezo,
como si el tiempo se hubiera detenido.
La música se para también.
Algo inusual está pasando, las luces subrayan el
momento.
LÍA y LÍO aprovechan para salir desde el ciclorama. LÍA
es puro nervio, LÍO también, pero menos. Los dos – como
el resto de los personajes que son sombras- parecen el
negativo de una fotografía: tienen la cara oscura y su
vestuario es similar al de los condes, pero en tonos grises
y negros. Mientras hablan, LOS CONDES siguen
boquiabiertos y con los brazos estirados, es decir: con el
bostezo a medias.)

LÍA: ¡No aguanto más, Lío!


LÍO: Yo tampoco.
LÍA: Menos mal que tenemos un minuto al día para hacer lo
que nos dé la gana, que si no me convertiría en la primera
sombra de la historia que se vuelve loca de remate...
LÍO: Mira qué cara se les ha quedado... (LÍA ríe. Los imitan.)
Parece que se hubieran tragado una sandía. (Abre la boca
todo lo que puede.)
LÍA: Me siento desgraciada, Lío...
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LÍO: Pues anda que yo..., Lía...


LÍA: ¿Por qué nos han tenido que tocar las dos personas
más aburridas del mundo?
LÍO: Eso mismo me pregunto yo...
LÍA: No es justo.
LÍO: ¿Y qué podemos hacer?
LÍA: Por lo pronto, volver. Se acaba el minuto...
LÍO: ¡Es verdad!
LÍA: Aunque...
LÍO: Qué...
LÍA: Se me está ocurriendo... (Le dice algo al oído.)
LÍO: ¡Ahhhh! Pero... ¿y si nos castigan?
LÍA: ¿Te parece poco castigo aguantar a estos dos?
Vamos.

(La música vuelve a sonar y LÍA y LÍO vuelven a ser las


sombras que bostezan como los condes que reflejan.
ROSALÍA y ROSALÍO recuperan el movimiento y
terminan de bostezar. EL CONDE se rasca la nariz, a
ritmo. LA CONDESA sigue con la cabeza el vuelo de una
avispa al acecho, lo que le hace girar y colocarse frente a
su sombra, LÍA.
LA CONDESA hace un movimiento con el brazo para
espantar al insecto y ve cómo la sombra le copia
simultáneamente, pero –de repente- LÍA hace como que
la avispa le ha picado a ella, lo que desconcierta a LA
CONDESA.)
ROSALÍA: ¡Ah...!
ROSALÍO: ¿Te picó esa avispa, querida...?
ROSALÍA: No...
ROSALIO: Entonces... ¿ por qué gritaste, querida?
ROSALÍA: Porque no me picó a mí, querido, le picó a la sombra...
ROSALÍO: ¿Cócocomo?
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ROSALÍA: Al menos eso fue lo que me pareció ver...


ROSALÍO: Pero eso es imposible, querida, a las sombras les pasa los
que nos pasa a nosotros, siempre nos obedecen... Mira.

(De espaldas al espectador, de cara a sus sombras, EL


CONDE, primero y, después, LA CONDESA comprueban
con pequeños movimientos, siempre a ritmo de la música
que suena, que son copiados por LÍA y LÍO como
sombras obedientes, hasta que éstas deciden jugar con
LOS CONDES y empiezan a hacerles gestos que nada
tienen que ver con ellos:
Empieza LÍA haciendo el pino.
LÍO baila claqué – a ritmo de una música que se cuela
entre la sintonía palaciega-; vuelve la música de antes,
pero se interrumpe con una base rítmica de hip hop y LÍO
se mueve como un rapero. LOS CONDES no salen de su
asombro. Vuelve la música del principio e intentan
reconducir la situación realizando movimientos que
empiezan siendo obedecidos por las sombras aunque
después éstas lo finalizan como quieren, siempre en tono
de broma y burla.
LOS CONDES dan las espalda a sus sombras colocándose
de cara al espectador.)

ROSALÍO: Rosalía...
ROSALÍA: Rosalío...
ROSALÍO: Algo raro está pasando... ¿no crees, querida?
ROSALÍO: Sí, querido... Si no lo veo no lo creo...

(Giran la cabeza muy despacio como temiendo ver la


situación en que se encuentran sus sombras. Pero no ven
nada.
LÍA Y LÍO han desaparecido.
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LOS CONDES buscan con la mirada sus sombras,


después se miran sin entender lo que está sucediendo.
Necesitan tener una sombra, pero por más que lo
intentan éstas no aparecen, ni sobre el ciclorama ni sobre
ningún sitio.
Así que, de cara al espectador, no les queda más remedio
que dar un grito de ¡SOCOOOOORROOOO!, que en
francés suena SOCOGGGOOOO!, mientras la música
palaciega se hace más festiva y nos introduce en la
siguiente escena.)

DOS.

Donde LÍA y LÍO se divierten lo que pueden, hasta


que el atardecer empieza a resultar peligroso.

(Hay un cambio de luces que nos marca el atardecer.


LÍA y LÍO vuelven al escenario sin dejar de reírse.)

LÍA: ¿Has visto la cara de la condesa?


LÍO: Con la cara del conde tenía suficiente. (Los imitan:
¡socogggooo!.)
LÍA: ¿Te das cuenta... Lio? Podemos hacer lo que
queramos... Mira.

(Se mueve como le da la gana: hacia adelante, hacia


atrás, brinca... LÍO hace lo mismo. De repente, se para en
seco.)

LÍO: Oye, Lía.


(LÍA sigue con sus saltos y sus cabriolas.)
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¡Líaaaaaaa! (A LÍO le preocupa algo. Se gira y piensa. LÍA


se coloca detrás de él e imita cada uno de sus
movimientos...)
Estaba pensando...
LÍA: Estaba pensando...
LÍO: Que...
LÍA: Que...
LÍO: ¿Se puede saber qué haces?
LÍA: Ser tu sombra. Qué lío, Lío, ahora juego a ser la
sombra de una sombra... ¡Esto es genial...!
LÍO: (Al oír unos pasos.) ¡Psss...! Alguien se acerca... ¡Al suelo!

(LÍA y LÍO se tumban sobre el suelo y se mimetizan en él.


Entra una vendedora con un gran saco de manzanas, sin
percatarse de la presencia de las sombras rebeldes. LA
VENDEDORA tiene su propia sombra, que se refleja
sobre el ciclorama. De pronto, se detienen para
descansar. LÍA va hacia detrás del ciclorama y asusta a la
sombra, que sale huyendo. La sustituye, sin que se dé
cuenta LA VENDEDORA, quien vuelve a andar y se
percata de que algo pasa con su sombra. Se gira hasta
acercarse a ella, lo que aprovecha LÍO para tomar del
saco un par de manzanas. LÍA se hace más pequeña a
medida de que LA VENDEDORA se acerca a ella –como
pasa a los cuerpos opacos iluminados-, pero cuando están
frente a frente alza las manos todo lo que puede, se
acerca al proyector de luz y crea sobre el ciclorama una
gran figura que asusta a LA VENDEDORA, quien pega
un grito de tres pares de narices. Cuando se gira para
recoger su saco encuentra a LÍO -esta vez el grito le sale
hacia adentro, como un hipo atravesado- y sale
corriendo.
LÍA regresa, LÍO le da una manzana.)
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LÍO: Pruébala, está buenísima.


LÍA: (Después de darle un bocado.) ¡Sabe a ...!
LÍO: ¡Manzana! Hasta ahora todo lo que comíamos no sabía a
nada... ¡como sólo comíamos sombras...!
LÍA: Oye... qué cara ha puesto... ¿tan feos somos?
LÍÓ: No sé, yo siempre te he visto igual de fea, pero eso es
cosa mía...
LÍA: Pues anda que tú...
LÍO: Pero no se asustan porque seamos feos, Lía, se asustan
porque nunca han visto una sombra por ahí, ¡ala!,
haciendo lo que le da la gana.
LÍA: Es tan divertido...
LÍO: Sí, pero...
LÍA: No seas aguafiestas...
LÍO: Antes te quería decir que... que está atardeciendo...
LÍA: (Asustada.) ¡Es verdad! Si no volvemos...
desapareceremos para siempre...
LÍO: Mira... Cada vez se te ve menos...
(En efecto, la luz palidece en sus rostros.)
LÍA: Y a ti, Lío, te empiezo a no ver...
Oye...
LÍO: Qué...
LÍA: Ha merecido la pena... ¿Verdad?
LÍO: Sí, Lía. Eres una liante, pero contigo la vida es siempre
divertida. Vamos.
LÍA: Vamos.

(Al atardecer le queda poco para hacerse noche.


Se oyen unos ronquidos. Son los de AGAPITO, el
anciano mayordomo de los condes, que está durmiendo
en el jardín. Ahora es el mayordomo quien duerme tras el
ciclorama, mientras que su sombra, PITO, anciano
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oscuro, permanece, con los mismos movimientos que su


dueño, en un primer plano del escenario.
LÍA Y LÍO despiertan a PITO.
AGAPITO sigue con sus ronquidos.)
LÍO: Pito...
PITO: (Tras el sobresalto inicial.) ¡Psss...! (Baja la voz para no
despertar al anciano. Se le ve muy enfadado.) ¿Se puede
saber dónde os habéis metido?
LÍA: Sólo nos habíamos ido a dar un paseo...
PITO: ¿Pero es que no sabéis que las sombras siempre vamos
acompañados? O, mejor dicho, ¡acompañando! ¡La habéis
montado bien gorda!
LÍO: Si sólo ha sido una broma. Y ya hemos vuelto.
PITO: Demasiado tarde.
LÍA: ¿Cómo que demasiado tarde!
PITO: Los condes no quieren salir de casa. Han llamado al
médico y han dicho que (imitándolo, en fgancés) “ si el
destino ha sido tan cgruel de dejagnos sin sombga...
pasaguemos encerrgados el rgesto de nuestrgas vidas...”
LÍO: Pero eso significa...
PITO: Que sois sombras por muy poco tiempo...
LÍA: ¡No! ¡Soy demasiado joven para desaparecer!
PITO: ¡Y demasiado vieja para ser una gamberra! ¡Estáis
enfermos, miraos, apenas sois... un borrón!
LÍO: No es justo, sé qué hemos cometido un error... pero...
LÍA: ¡Todos merecemos una segunda oportunidad...!
PITO: (Al percatarse de que el viejo AGAPITO parece que va a
despertarse.) ¡Chitón...!

(LÍA Y LÍO vuelven a caer a ras de suelo. DON AGAPITO


se despierta, PITO refleja cada uno de sus movimientos:
se restriega los ojos, se rasca la calva... hasta que DON
AGAPITO decide volver a dormirse.)
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Si se entera de esto el viejo, me oscurece para siempre...


¡Menudo es don Agapito!
LÍO: Pito... tienes que ayudarnos...
PITO: ¿Cómo? Sois sombras moribundas. Y las sombras
moribunda sólo se curan en, en... (Como dando con la
solución. Cambiando de la actitud de reproche a la de
esperanza. De golpe se vuelve un bonachón.) ¡El hospital
de las sombras perdidas!
LÍA y LIO: Claro: ¡El hospital de las sombras perdidas! (Ilusionados,
aunque no saben bien por qué.)
PITO: Y ese hospital de sombras está en...
LÍA y LÍO: En...
PITO: ¿No sabéis dónde? Eso lo sabe cualquier sombra que haya
ido al cole...
LÍA: Es que ese día nos fugamos la clase...
PITO: Pues ¿dónde va a ser? ¡En el sótano de la luna, en...
Umbría!
LÍA y LÍO: Pues claro: en... ¡Umbría!
PITO: Y a Umbría sólo se llega...
LÍO y LÍA: ...sólo se llega... (no tienen ni idea...)
PITO: ¡En el tren del eclipse!
LÍA y LÍO: Claro : ¡En el tren del eclipse! (Más ilusionados.)
PITO: (Cambiando el tono hacia la resignación. Vuelve a su mal
talante.) Pero como no hay eclipse, no hay tren y si no hay
tren que os lleve hasta Umbría no podéis ir al hospital de
la sombras...
(La ilusión se desvanece.)
LÍO: Y si no vamos al hospital de las sombras...
LÍA: Eso sí que me lo sé. Nos volveremos... ¡nada! (Pausa.
Gimotea.)
Y todo por mi culpa, Lío, tú no te mereces esto, fue idea
mía...
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LÍO: Pero a mí me gustó, Lía.

(El atardecer es apenas un solitario rayo de sol que dice


adiós.)

Al menos he sabido cómo sabe una manzana de verdad...


PITO: Claro que...

(A PITO, que como todo cascarrabias tienen unos


cambios de humor que desconciertan, se le ha ocurrido
algo. Sonríe. Coloca una mano, extendida, detrás de la
otra, frente al corazón, e indica a LÍA y LÍO que hagan lo
mismo. Cierra los ojos. LÍA y LÍO lo miran
desconcertados. LÍA le insinúa por señas a LÍO que PITO
se ha vuelto majareta.
Pero, de pronto, el último sol de la tarde hace un guiño:
parece que le hubieran arrancado un pedazo de un
bocado. LÍA se da cuenta, aunque apenas le da
importancia, de lo resignada que está...)

LÍA: ¡Menudo mordisco te han dado! ¿eh, colega?

(Se empieza a escuchar el traqueteo de un tren que se


acerca.)

LÍO: ¡No puede ser! ¿Qué oyes?


LÍA: Los ronquidos de Don Agapito...
LÍO: ¡Un tren! (Por una esquina del ciclorama asoma el furgón
de cabeza de un tren.) ¡Y mira! (Apuntando hacia el sol.)
LÍA: Sí, la luna le ha dado un buen bocado... ¡Un bocado! (LÍA
y LÍO se miran. PITO, con los ojos todavía cerrados,
vuelve a sonreír. )
LÍA y LÍO: ¡Un eclipse!
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LÍO: En el último instante...


PITO: (Abriendo los ojos. Vuelve a ponerse huraño.)
¡Todos los pillos tienen suerte...!
LÍA: Iremos al hospital de la sombras perdidas, allí nos
curaremos...
LÍO: Y volveremos después con los Condes y...
PITO: Y como sigáis hablando perderéis el tren...
LÍA: Ya está ahí...
LÍO: Gracias, Pito, nunca olvidaremos lo que has hecho...
PITO: No he sido yo quien os ha traído ese eclipse... ni ese
tren...
LÍO: ¿No?
Pito: Ha sido... Sombrilla...
LÍA: ¿Sombrilla?
PITO: Mi sobrinabuela.
LÍA: ¿Sobrinabuela?
PITO: Que os cuente ella la historia: está casi tan loca como
vosotros. Ya la conoceréis en... Umbría... Sólo ella sabe
fabricar eclipses... ¡Venga, daos prisa, hay que coger el
tren en marcha...!

(LÍA y LÍO salen corriendo. El sol está siendo comido a


mordiscos. El sonido del tren se detiene con un bufido.
Todo empieza a llenarse de humo.)

OFF: ¡Última llamada para los pasajeros Lía y Lío!


¡El Tren del eclipse con destino a Umbría efectuará su
salida por el andén número cero... Tienen tres segundos
para subir, así que ya lo saben, muevan el culo o se
quedan en tierra!: ¡uno...!
PITO: ¡Se puede saber a qué esperáis...!
LÍA: Madre mía, qué nervios...
OFF: ¡Dos!
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LÍO: Es que todo esto ha sido tan tan tan...


PITO: ¡Vamos!
LÍA y LÍO: ¡Y tres...!

( Salen corriendo al tiempo que el sol recibe un último


mordisco y se hace oscuro. Se oye otro bufido
acompañado de una última ráfaga de humo y el tren se
pone en marcha. A través del ciclorama se ve volar un
tren diminuto, en uno de cuyos vagones asoman sus
cabezas minúsculas LÍA y LÍO.
PITO les dice adiós con su mejor sonrisa)

TRES.

Donde LÍA y LÍO llegan a UMBRÍA y conocen a


MALASOMBRA y a TIAN.

(Apenas unos segundos después, LÍA Y LÍO


“atrenizan” –es decir, aterrizan en tren- en la REPÚBICA
DE LAS SOMBRAS, lo saben porque –nada más tocar suelo
y restregarse los ojos al no creer lo que ven- pueden leer
sobre el ciclorama:
“BIENVENIDOS A UMBRÍA, LA REPÚBLICA DE LA
SOMBRAS”.
Inmediatamente, el letrero se difumina y sobre el mismo
ciclorama, a modo de presentación, se proyectan a ritmo
de una música muy divertida y trepidante una sucesión
de efectos de luz y sombras, que combinan el blanco y
negro y el color, resultado del mágico juego de las
trasparencias y las sombras chinescas.
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A veces son manchas coloreadas, irregulares e


imprevisibles, que se extienden sobre la pantalla como el
humo o como olas de aceite; otras, figuras reconocibles
que nos llevan al mundo de la fantasía: unicornios,
paraguas voladores, sombreros de todos los tamaños y
modelos, nubes llenas de lunas... todo flotando y bailando
sobre el cielo del ciclorama.
Durante unos segundos, LÍA y LÍO observan extasiados
el paisaje...
Las figuras van desapareciendo, una a una, hasta que
sólo queda la silueta de un espantapájaros, en una
esquina, inmóvil.)

LÍA: (Embobada.) ¡Guau, ha sido guau...!


LÍO: Sí, Lía, muy guauuuu, pero si no nos damos prisa creo que
será lo último guau que nos pase en nuestra vida...
LÍA: Es verdad, tenemos que encontrar como sea el Hospital...
y lo único que veo es un espantapájaros... y los
espantapájaros no...

(El espantapájaros, de repente, como movido por un


resorte, apunta con el brazo una dirección hacia el otro
lado de donde se encuentra.)

LÍO: Nos está indicando algo...


LÍA: ¿Por ahí se va al Hospital de las sombras?

(El espantapájaros repite el movimiento.)

Gracias, amigo...

(Empiezan a andar para tomar la dirección indicada,


cuando observan que la sombra del espantapájaros ha
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desaparecido y reaparece en la esquina opuesta


indicando con el brazo la dirección contraria.
LÍA y LÍO entonces le hacen caso y se dan la vuelta, pero
al llegar al límite del escenario comprueban que el
espantapájaros indica el camino señalado al principio.
Evidentemente les está tomando el pelo y LÍA y LÍO van
de un lado a otro como imanes despistados, hasta que
deciden pararse.)

LÍO: ¡Para mí que este espantapájaros se está quedando con


nosotros...!

(El espantapájaros no puede contener más su risa y


desaparece.)

LÍA: No era un espantapájaros... era un... ¡espantasombras...!


¿Y ahora qué hacemos? (Comprobando cómo la mano va
menguando bajo la manga de su camisa...) Ya no me veo
ni la mano...
LÍO: ¡Calla...!

(Una sombra pasea tras el ciclorama. Es la sombra de un


viejecito que canturrea una canción ininteligible. Se para
al llegar ante LÍA y LÍO.)

Buen hombre, ¿nos podría decir cómo llegar hasta el


Hospital de sombras?

(La vieja sombra asiente con la cabeza y les pide que se


acerquen. LÍA y LÍO llegan hasta él para oír la dirección,
pero el viejo sólo dice:)

VIEJO: ¡prrreggggmmm... morcilla!


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(LÍA y LÍO se alejan del viejo. Cuchichean.)

LÍO: ¿Has oído lo mismo que yo?


LÍA: Sí. ¿Debe querer decirnos alguna contraseña?

(Se vuelven a acercar.)

¿Puede repetir, amable anciano?

VIEJO: (Más fuerte: a grito pelado.) ¡Que os den...


mooooorcillaaaa!

(Y la sombra del viejo vuelve a desaparecer, con la misma


risotada que la del espantapájaros.)

LÍO: ¡Era el mismo de antes...!


LÍA: ¡El espantasombras...!
LÍO: Habrá que tener cuidado con él... o seguirá tomándonos el
pelo hasta que nos quedemos calvos...

(Aparece TIAN, un caballero sombra con pinta de


científico chiflado, que viene muy contento. LÍA y LÍO le
cortan el paso.)

LÍA: Alto ahí, ¡otra vez tú por aquí...!


LÍO: A la tercera va la vencida... así que ya no te
preguntaremos dónde está el hospital de las sombras
perdidas para que así, si quieres... ¡te burles de tu
abuela...!
TIAN: Entonces no os diré que el Hospital por el que preguntáis
está detrás de aquella colina (señala un punto a lo lejos)...
LÍA: Y nosotros nos lo creemos: ¡ja, ja y ja...!
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LÍO: Sabemos quién eres...


TIAN: Vaya, no sabía que fuera tan famoso...
LÍA: Eres la sombra más malasombra que hay en el país de las
sombras...
TIAN: Ya veo que me confundís con otro... Adiós...
(TIAN sonríe, da un chasquido con los dedos y
desaparece ante la sorpresa de LIA y LÍO.)

LIO: ¿Ha visto eso?


LÍA: He visto que no le he visto... ¿dónde se ha metido?

(Miran para un lado y para otro sin encontrarlo, después


TIAN aparece tras ellos...)

LÍO: ¿Cómo has hecho eso, malasombra?


TIAN: ¡Porque yo no soy malasombra! Soy Tian, la sombra del
famoso científico Sebastian Caine, el único hombre de la
historia que consiguió hacerse invisible...
LÍO: Vaya...
TIAN: Sí. Vaya..., pues ese soy yo, quiero decir, su sombra, y
precisamente salgo del lugar que buscáis, el hospital de
las sombras perdidas, donde acaban de darme el alta.
Sebastian andaba pachucho tras el experimento –casi se
vuelve invisible para siempre- pero miradme, estoy como
una rosa, bueno, como la sombra de una rosa...
LÍA: Así que tú no eres...
TIAN: ¡Noooo! Ese del que habláis es tristemente famoso aquí,
siempre anda fastidiándonos a todos... y sobre todo a los
turistas...
LÍO: Entonces...
TIAN: El hospital está donde os he dicho, a sólo unos minutos de
aquí... y ya podéis daros prisa si no queréis haceros
invisibles para siempre...
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LÍA: Gracias, Tian... (LÍA extiende el brazo para darle la mano,


pero ésta no aparece bajo la manga.) ... te daría la mano,
pero ya no la tengo...
LÍO: Ni yo...
TIAN: Sé lo que es eso, a mí me pasó lo mismo... Pero yo llegué
a tiempo... no sé si vosotros tendréis la misma suerte...

(LÍA y LÍO entienden la indirecta y salen en dirección a la


colina.)

Suerte, amigos...

(Y TIAN, ante la vista de todos, se vuelve a hacer


invisible, al mismo tiempo que, por megafonía, alguien
reclama la presencia del doctor Quitasol, pero eso forma
parte ya de la siguiente escena.)

CUATRO

Donde el doctor QUITASOL y la DOCTORA


SILUETA aparecen antes de que sea
demasiado
tarde y conocemos a una sombra que fue
vendida al diablo...

OFF: ¡Doctor Quitasol, doctor Quitasol, preséntese


inmediatamente en la sala de Urgencias!

(LÍA y LÍO, con las batas puestas para sombrienfermos,


están parados en mitad de una gran sala de espera e
intentan que les haga caso alguna de las sombras del
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personal sanitario que, por detrás del ciclorama, van de


un lado para otro, a ritmo vertiginoso. De pronto, todas
las sombras desaparecen y, junto a ellos, aparece el
DOCTOR QUITASOL mirándoles de arriba abajo a través
de unos extraños prismáticos.)

LÍO: Buenos días, ya pensábamos que...

(El DOCTOR chista para que se calle y no interrumpa el


reconocimiento.)

Doctor: Chisssssss....
LÍA: ¿Es usted el doct...?

(Vuelve a chistar con más insistencia.)

Doctor: Requetechissssssss....

(EL DOCTOR los enfoca de cerca, uno a uno, con sus


prismáticos. Parece que no quiere perderse detalle, de
tan concentrado como está. LÍA y LÍO esperan el
diagnóstico. Hay una pausa que duele, hasta que...)

DOCTOR: (Descubriendo el remedio y apuntándolo en su libreta.)


¡Vitamina hache con hache...!
LÍA: ¿Es usted el doctor Vitamina hache con hache...?
DOCTOR: No, soy el director de este hospital, el doctor Quitasol,
ustedes han padecido una crisis aguda de gamberritis y
son dos sombrienfermos que se van a salvar de milagro si
toman inmediatamente una buena dosis de ¡vitamina
hache con hache...! ¡Soy un hacha! (Muy contento por
haber acertado a la primera y también de haberse
conocido, se da varios besos en la mano.)
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Y ahora hagamos lo que todos los médicos hacen...


Mmmmm... Primero... ¿Qué hacen? (Se lo piensa.) ¡Ah,
sí...! Veamos... (Le toma el pulso a LÍO. Después mira la
garganta de LÍA.)
A ver: diga... mmm... “Gumersinda”...
LÍO: ¿Gumerqué...?
DOCTOR: (Apuntando en su libreta.) Sordera parcial...
LÍA: ¡Gumersinda...!
DOCTOR: Ya veo que usted sí que oye bien...
Pues ya está.
(Pausa. LÍA y LÍO se miran sin saber qué hacer.)
LÍO: ¿Ya está?
LÍA: ¿No quiere que hagamos nada más?
LÍO: Haremos todo lo que usted nos diga...
DOCTOR: Muy bien, pues... no sé... pónganse un dedo en la nariz,
otro en la barriga, levanten una pierna , parpadeen digan
¡buaaa buaaaa...!

(LÍA y LÍO lo hacen. EL DOCTOR se parte de risa. LÍA y


LÍO permanecen en la misma incómoda postura.)

LÍA: ¿Así nos curaremos?


DOCTOR: No. ¿Pero a que es divertido? Son ustedes más tontos de
lo que yo me creía... (Sonríe. LÍA y LÍO dejan la postura.)
LÍO: Entonces, ¿hemos llegado a tiempo?
DOCTOR: Un ratito más y serían más menos que más...
LÍA: Menos mal... ¿y cómo tomaremos esa vitamina hache con
hache?
DOCTOR: No se preocupen, todavía les queda tiempo...

(LÍA y LÍO, sin embargo, sienten que sus sombras siguen


adelgazando.)
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LÍO: ¿Cuánto?
DOCTOR: (Saca un reloj de arena, lo vuelca en la palma de su mano
y lee su contenido.)
Un minuto.
LÍO: ¡Un minuto!
LÍA: ¡Un minutooooo!
DOCTOR: No.
LÍA: Menos mal...
DOCTOR: ¡Cincuenta segundos...!
LÍO: ¡Cincuenta segundooooos!

(EL DOCTOR da un chasquido con los dedos y aparece


una curiosa DOCTORA, con un cuerpo muy esbelto y
luciendo una sonrisa que le llega hasta la nuca.)

Les presento a mi colega, la doctora Silueta. Ella se


encargará... treinta segundos... de administrarles la
vitamina hache con hache... veinte segundos... yo me
retiro... otros pacientes esperan impacientes... diez... (LÍA
y LÍO están paralizados del susto. El DOCTOR
QUITASOL, con toda la tranquilidad del mundo, le
entrega a la DOCTORA SILUETA el reloj de arena.)

¡Aaaaaadiós...!

(Sale. LÍA y LÍO se han quedado boquiabiertos, con el


miedo encajado en sus mandíbulas, contemplando cómo
apenas quedan granitos de arena en el cono de arriba y
sus pies desaparecen bajo los camales del pantalón.
Miran, como única solución, a la despampanante
DOCTORA SILUETA, quien no sólo mantiene el tipo –
nunca mejor dicho- sino que su sonrisa profidén se hace
cada vez más grande.
24

Entonces extiende sus increíbles brazos, uno hacia LÍA y


el otro hacia LÍO, hasta llegar a tocarles con sus
larguísimas uñas de porcelana, que parecen filamentos de
azúcar... lo que inmediatamente les produce a LÍA y LÍO
unas ligeras cosquillas que les hacen reír, primero de
forma muy suave, hasta que las sonrisas se convierten en
carcajadas y los dos terminan por el suelo entre sacudidas
cosquilleras...
Llega un momento en que las risas continúan, sin que la
doctora les haga ya más cosquillas. SILUETA aprovecha
el momento en que la risa cierra los ojos de sus
pacientes, sonríe al respetable dando fin a su “show” y
sale.
Poco a poco las risas cesan y LÍA y LÍO se incorporan. Se
tocan la mandíbula. Están agotados de tanta risa, aunque
todavía les queda algún resto en las mejillas. Vuelven a
ser sombras “saludables”.)

LÍA: En mi vida me he reído tanto...


LÍO: Me duelen las mandíbulas...
LÍA: Yo tengo agujetas hasta en el ombligo.
(Descubriendo sus manos...)
¡Lío: estamos curados!
LÍO: (Redescubriendo sus pies...) ¡La sombra de mis pies
vuelve a estar en su sitio!

(Saltan de contentos sin darse cuenta de que en ese


momento entra en la sala de espera, MIHL, la sombra
largirucha de un caballero que cubre su cabeza con
sombrero de copa y lleva por encima de su bata de
sombrienfermo una levita.)

LÍA: ¡La vitamina hache con hache eran... !


25

MIHL: Cosquillas.
LÍA y LÍO: (Descubriendo al nuevo paciente.) ¡Cosquillas!
MIHL: Una buena dosis de cosquillas es lo único que puede
curarnos a las sombras enfermas como nosotros...
LÍA: ¿También tú estás enfermo?
MIHL: Ahora ya estoy algo mejor. Perdonad que no me haya
presentado, mi nombre es Mihl y soy la sombra del
caballero Peter Schlemihl... (Siente una ligera vergüenza
al decirlo.) ... el que vendió su alma al diablo...
LÍO: ¿Te vendió al diablo?
MIHL: Sí.
LÍA: Qué morro.
MIHL: Pensaba que las sombras no servíamos para nada...
LÍA: ¡Que no servimos para nada???
LÍO: Si te pones a pensar... ¿para qué servimos?
LÍA: ¿Cómo que para qué? (Pensando.) Para... ¿para qué...?
mmm... por ejemplo, mmm... para que... ¡nadie se sienta
solo...! y para...
LÍO: ¡Para dormir la siesta debajo de un árbol...!
LÍA: Y para saber la hora que es... Y para que se pueda saber
si alguien viene antes de que venga o... para ver si
alguien nos persigue o... para ver las nubes en el suelo y
saber si el viento va a soplar fuerte y...
MIHL: Y para muchas cosas más... para tanto servimos que
cuando Peter Shclemihl me vendió empezó a sentirse mal,
muy mal... al ver que le faltaba parte de su vida...
LÍA: Pues claro... ¡somos imprescindibles!
MIHL: Y casi se muere de tristeza...
LÍO: ¿Se puede morir alguien de tristeza?
MIHL: Es la peor enfermedad que se conoce...
LÍA: ¡Ahí va! Entonces nuestros condes ahora deben de
padecerla...
LÍO: ¡Es verdad...!
26

MIHL: Menos mal que me están curando en el Hospital y la


doctora Silueta me da cada día mi ración de vitaminas
Hache con hache... Llevo ya casi un mes...
LÍA: ¡Un mes!
MIHL: Es que mi caso era grave, no como el vuestro, que con
una sesión podéis volver a casa...
LÍO: ¿Podemos ya volver a casa?
MIHL: Pues claro...
LÍA: ¿Has oído, Lío? ¡Podemos volver a casa...!
(Pausa.)
¿Pero, como?
MIHL: Pues como llegamos todos aquí... en el tren del eclipse...
LÍO: Pero para eso tiene que haber otro eclipse...
MIHL: Y para eso está...
LÍA y LÍO: ¡Sombrilla!
LÍA: ¡Conocemos a su tíonieto!
MIHL: ¿Su tionieto?
LÍA: Si Sombrilla es la sobrinabuela de Pito, Pito es su tionieto,
¿no, Lío?
LÍO: Qué lío.
LÍA: ¿Y tú sabes dónde podemos encontrarla?
MIHL: Claro, llevo mucho tiempo aquí y ya he aprendido muchas
cosas...
LÍO: ¿Dónde...?
MIHL: Bajo el árbol de los sombreros... Ella vive allí. Y de ella
depende que volváis a casa o tengáis que quedaros para
siempre en Umbría...
LÍA: ¿El árbol de los sombreros?
MIHL: Lo veréis nada más salir del hospital, junto al circo de la
sombras...
LÍO: ¡Cuánto sabes, Mihl! Gracias por contarnos todo esto...
27

LÍA: Oye, antes de irnos... sólo una última pregunta: ¿también


sabes por qué se llama vitamina hache con hache a las
cosquillas?
MIHL: Porque las cosquillas forman parte del Humor y el humor,
el buen humor, se escribe con hache. Hache mayúscula. Y
todo lo cura...
LÍO: Es verdad... cuando uno está malo nunca tiene humor
para nada...
LÍA: Pues cúrate del todo, vuelve con el Peter Schsssssslemihl
ese y hazle ver que las sombras tenemos el mejor humor
del mundo...
MIHL: Se lo diré de vuestra parte...
LÍO: Adiós, Mihl... nos vamos a ver a Sombrilla...
MIHL: ¡Mucha suerte...! ¡La vais a necesitar...!
LÍA: ¿Por qué?
MIHL: Eso tendréis que descubrirlo vosotros... ¡Adiós...!
(Salen LÍA y LÍO.)

¡Doctora Silueta...! (Mirando hacia el lateral contrario al


que salieron LÍA y LÍO.)
Ya puede hacerme cosquillas...

(Por ese lateral salen, a modo de tentáculos, los dos


brazos de la DOCTORA SILUETA con sus deliciosas uñas
que llenan de cosquillas a MIHL mientras se va haciendo
oscuro y llega hasta nosotros una chispeante melodía
circense que nos situará en la siguiente escena.)
28

CINCO

Donde el mago PENUMBRA hace juegos malabares


con
unas sombras muy especiales...

(Tras el ciclorama, una sombra que bien podía ser la


sombra de Merlín, hace juegos malabares con pequeñas
sombras de objetos tan irregulares como sugerentes, que
van pasando de una mano a otra. Detrás, asoma la carpa
de un circo. Está sonando una música que parece hecha
de cristal. LÍA y LÍO, que iban de paso, no tienen más
remedio que detenerse, hipnotizados por el
espectáculo...)

LÍA: ¡Cómo mola!


LÍO: ¡Hola!
PENUMBRA: (Sin parar sus alardes malabares) ¡Hola... ela... ale... ale...
alehoooop! (Y lanza sus objetos más alto todavía.
LÍA y LÍO aplauden entusiasmados.)
LÍA: Hacer eso debe de ser muy difícil.
PENUMBRA. No si eres mago y practicas mucho...
LÍO: ¿Cuánto tiempo llevas practicando...?
PENUMBRA: No mucho. Cinco siglos, más o menos...
LÍA: ¿Y practicas todos los días?
PENUMBRA: Todos. Lo imposible sólo se consigue si eres insistente...
Mirad esto:

(Lanza pequeñas sombras que se quedan como


congeladas en el aire durante unos segundos, lo que
aprovecha para darles la mano desde detrás del
29

ciclorama. LÍA y LÍO no pueden creer lo que están


viendo. )

Mucho gusto, me llamo Penumbra, y soy un malabarista


de sombras...

(Y, tras el saludo, vuelve a sus juegos...)

LÍA: Penumbra... ¡esas sombras son muy raras...!


PENUMBRA: Es que son especiales.
LÍO: ¿De qué están hechas?
PENUMBRA: De sueños...
LÍA: ¿Los sueños también tienen sombra...?
PENUMBRA: Pues claro. Yo las colecciono.

(Para un momento y muestra una de las pequeñas


sombras que está lanzando al aire.)

Ésta, por ejemplo, es la sombra de uno de mis sueños


favoritos...
LÍO: Parece hecho de alas...
PENUMBRA: Es que es el sueño de volar...

(Enseña otra.)

Éste es la última que he conseguido...


LÍO: ¿Qué es?
PENUMBRA: A ver si sois capaces de adivinarlo...
LÍA: Tiene forma de muchas cosas... de corazón... y de nube...
LÍO: Y de arco iris...
LÍA: ¡Ya lo sé! ¡El sueño del amor!
LÍA: ¡No! ¡El sueño de la paz!
30

PENUMBRA: (Vuelve a sus malabares.) Habéis acertado los dos... es el


sueño de la felicidad, o sea: el del amor, el de la paz y el
de todo lo que os haga cosquillas por dentro... Pensad en
él cuando decidáis ante Sombrilla...
LÍO: ¡Sombrilla! ¡Ya nos habíamos olvidado de ella!
PENUMBRA: ¡No está bien hacer esperar a una vieja tan niña!
LÍA: Tiene razón Penumbra. ¡Vamos, Lía! Sin ella no podremos
volver a casa y curar la tristeza de los condes...
PENUMBRA: ¡Suerte!
LÍA: Es la segunda vez que nos lo dicen en un minuto... ¿Por
qué tenemos que tener suerte?
PENUMBRA: Eso lo tendréis que descubrirlo vosotros...
LÍO: También es la segunda vez en un minuto que alguien nos
dice lo mismo...
PENUMBRA: Pues entonces os diré algo nuevo: cuando tengáis que
decidir vuestra suerte hacedlo con la sombra que os dicte
el corazón...
LÍO: Lo tendremos en cuenta...

(PENUMBRA vuelve a su malabares, cada vez más


espectaculares, LÍA se ha quedado tan embobada que
LÍO necesita agarrarle del brazo para sacarle de allí. Tras
el escenario, las pequeñas sombras de los sueños que el
malabarista lanza al aire besan el cielo mientras la
música se hace más mágica, si cabe, y se hace oscuro.)

SEIS

Donde SOMBRILLA les hace entender a LÍA y


LÍO que la suerte también se puede
fabricar...
31

(El sol parece un melocotón sobre el ciclorama de Umbría,


iluminando el centro del escenario, donde hay un árbol
de cuyas ramas, como un abeto en Navidad, cuelgan
infinidad de sombreros de estilos, colores y tamaños muy
diferentes: sombreros de copa, chisteras, bombines, de
hongo, de caw-boy, gorras, panamás, cordobeses,
tricornios, birretes, boinas, barretinas... Todos ellos, que
penden de invisibles hilos, llegan hasta la altura de la
cabeza de LÍA y LÍO, que los miran encandilados...)

LÍA: En vez de flores, brotan sombreros...


LÍO: Umbría no sólo es el país de la sombras, es el país de...
VOZ DE SOMBRILLA: ¡Las sorpresas...!
LÍA: ¿Quién ha dicho eso?
LÍO: Ha sido el árbol, parece que habla...
LÍA: Lo que nos faltaba por ver...

(Asoma SOMBRILLA desde detrás del tronco. Es un


simpático personaje que mezcla niñez y vejez. Algo así
como una bruja encantadora con cara traviesa: nariz
aguileña, cuerpo rechoncho, rizos dorados y mejillas de
muñeca pepona. Sólo ella podía ser SOMBRILLA, una
niñabuela. Y sujeta en su mano derecha un curioso objeto
cilíndrico pintado de pequeños soles.)

SOMBRILLA: ¡Lo que os faltaba por ver era yo! ¡ Y yo soy...!

(Muestra la mano vacía y de ella sale una sombrilla que se


abre como una flor.)

LÍA y LÍO: ¡Sombrilla!


SOMBRILLA: ¿Cómo está el dormilón de mi nietotío Pito?
LÍO: Muy bien. Le manda recuerdos.
32

SOMBRILLA: Es tan cascarrabias como su abuelo, mi difunto


Parasol, pero tan buena persona como mí tía Opaquita,
con la que se casó en el eclipse del 82... fue la boda más
sombría y divertida en muchos siglos...
LÍA: Gracias a él hemos podido llegar hasta aquí...
SOMBRILLA: Gracias a él y a mi calidoscopio...
(Enseña el calidoscopio.)
LÍO: Lía quería decir que gracias a él, y gracias a usted...
SOMBRILLA: Si quieres puedes tutearme... soy una niña...
LÍA: Y también una abuelita...
SOMBRILLA: Pues por eso me puedes llamar como te dé
la gana... Eso es lo bueno de ser una niñabuela. ¿Decías,
Lio...?
LÍO: Que su... que tu, que sutu... mmm... que Pito puso
sus manos sobre el corazón, así... (Lo hace.) y Ustedtú
fabricaste el eclipse y...
SOMBRILLA: Lo demás ya me lo sé... hasta que habéis llegado aquí...
y ahora... queréis volver...
LÍA: Sí, sólo nosotros podemos curar la tristeza de los condes.
SOMBRILLA: Eso está muy bien... Pero, ¿cómo sabré que no volveréis
a vuestras andadas?
LÍO: Porque estamos curados. Miramire... (Le enseña las
oscuras palmas de sus manos...)
SOMBRILLA: Ya veo que estáis sanos, pero eso no quiere decir que no
podáis volver a caer enfermos de gamberritis... y por
ello...
(Suelta el sombrero y éste desaparece volando.)
... estáis aquí, frente al árbol de los sombreros. De él –y
vosotros- depende que volváis o permanezcáis aquí
alguna temporada más...
LÍA: Y qué tenemos que hacer...
SOMBRILLA: Elegir un sombrero.
LÍA: ¿Sólo eso...?
33

SOMBRILLA: Yo fabrico eclipses cuando alguien, juntando las manos


sobre el corazón, como hizo Pito, me pide que ayude a
alguna sombra en peligro, o enamorada, y así, por
ejemplo, pueda coger el tren de ida hasta Umbría...
LÍO: ¡Nosotros tuvimos esa suerte...!
LÍA: ¡Justo en el momento en que iba a hacerse de noche...
zas... apareció el eclipse!
SOMBRILLA: La suerte no se tiene, se fabrica: como los eclipses. Cada
cual se hace la suya. Si, por ejemplo, has tenido una
buena racha y todo te sale bien, puede ser que te confíes
y la buena suerte se vuelva mala. Y, al revés, si todo te
sale mal, puedes trabajar para que la suerte, un día,
cambie...
LÍA: ¿Y eso qué quiere decir?
SOMBRILLA: Que el eclipse de vuelta sólo lo fabrico para quien se lo
gana...
LÍO: ¿Y nosotros nos le hemos ganado?
(SOMBRILLA niega con la cabeza.)
LÍA: Pues dinosdíganos cómo podemos ganarlo?
SOMBRILLA: Para eso habéis llegado hasta aquí: para elegir un
sombrero. Como veis, aquí hay muchos, tantos como
sombras hay en el universo. Pero sólo uno os pertenece,
sólo un sombrero será capaz de entrar correctamente en
vuestra cocorota, como sólo hay una sombra para cada
ser. Si elegís el sombrero que os corresponde me
demostraréis que podéis regresar, que os habéis ganado
la buena suerte porque habéis aprendido a elegir, si no,
deberéis quedaros.
LÍA: ¿Sólo uno de estos sombreros es... mi sombrero?
SOMBRILLA: Como sólo tú, Lía, eres la sombra de la condesa Rosalía.
Aunque a veces se te olvide.
(LÍA parece algo avergonzada.)
34

Como dijiste una vez y yo escuché y vi a través de mi


calidoscopio: ¡todos merecemos una segunda
oportunidad! Y aquí la tenéis: elegid vuestro sombrero...

(LÍA y LÍO empiezan a buscar con la mirada el sombrero


que deban elegir.)

¡Cuando queráis!

(SOMBRILLA se toca el lóbulo de la una oreja y suena la


misma música que acompañaba los malabares de
PENUMBRA. Al mismo tiempo, el tronco empieza a girar
y las ramas con sus sombreros colgando parecen un
tiovivo.)

LÍA: Cómo mola. Aquel de allí... es precioso...

(Se refiere a un sombrero de hongo lleno de adornos muy


vistosos que le llama la atención... Lo va a tocar, pero se
frena antes de hacerlo...)

LÍO: ¿Y has visto ese de allí, es tan tan tan...?

(Es un sombrero de payaso que también le reclama la


atención por sus brillos. Estira la mano para llegar a él...
pero, le pasa lo mismo que a LÍA: se frena en el preciso
instante en que va a cogerlo.)

LÍA: ¡Esta música...?


LÍO: ¡Es la misma música del malabarista de sombras...! Y
acuérdate de su consejo...
LÍA: ¡Elegid con el corazón...! Por eso me lo he pensado antes
de tocar aquel sombrero tan divertido...
35

LÍO: A mí también me ha pasado lo mismo con éste...


LÍA: Yo creo que...
LÍO: Yo también...
(Se miran y sonríen. Los dos están pensando lo mismo.)
LÍA y LÍO: ¡Ya está!

(SOMBRILLA vuelve a tocarse la oreja y el árbol se


detiene, aunque la música continúa.
Justo en el centro han quedado dos sombreros más bien
sosos y feos, de esos que han podido pasar
desapercibidos...)

LÍA: Éste es mi sombrero.


LÍO: Y éste el mío.
SOMBRILLA: ¿Os gustan?

(LÍA y LÍO se miran y después contestan al unísono.)

LÍA y LÍO: ¡Noooo!


LÍA: Pero éste es el sombrero que se pondría la condesa
Rosalía.
LÍO: Y éste el que se pondría el Conde.
SOMBRILLA: Antes de que intentéis ponerlo en vuestra cocorota
sabed que, si os equivocáis, os quedaréis aquí por un
tiempo... Así que pensároslo bien...

( LÍA y LÍO comparten los nervios. Se vuelven a mirar.


Sonríen.)

LÍA y LÍO: ¡Estamos seguros!


SOMBRILLA: ¡Pues adelante!
36

(SOMBRILLA se toca la oreja. La música se vuelve ahora


el redoble de un tambor circense antes del salto mortal.
Después se para en seco. El silencio acentúa el suspense.
LÍA y LÍO, como temerosos por lo que pueda pasar,
cierran los ojos y, lentamente, se van colocando los
sombreros, que les vienen a la medida, hasta que, de
golpe, abren los ojos de par en par esperando el
veredicto.)

SOMBRILLA: ¡Habéis....

(Su expresión, primero, esconde cualquier resto de


emoción. Después, una hermosa sonrisa anticipa la
respuesta...)

¡Acertado!

(Vuelve la música y el árbol gira como un carrusel. LÍA y


LÍO se abrazan. Mientras, SOMBRILLA agita su
calidoscopio y, después, mira a través de él...)

¡Marchando un eclipse de primera ...!


LÍA: ¡Elegí con la sombra del corazón...!
LÍO: Y yo también.

(El sol de melocotón empieza a ocultarse mordido por la


luna. Todo se vuelve de color ámbar. La cabecera del tren
del eclipse se insinúa, a ras de suelo, por la esquina
opuesta a como lo hizo antes. Está parado y bufa como un
toro. El escenario se llena de humo con cada bufido...)
37

VOZ : ¡Ultima llamada para los pasajeros Lía y Lío! El tren de


vuelta a casa partirá en treinta segundos, así que... ¡ya
saben: o mueven el culo o se quedan en Umbría!
LÍO: Gracias, Sombrilla...
LÍA: Nunca lete olvidaremos, ni olvidaremos todo lo que nos ha
pasado aquí...
LÍO: Y todo lo que hemos aprendido de ustedtú...
SOMBRILLA: Pues no olvidéis de paso que somos sombras. Y una
sombra es algo muy importante, tan importante como
aquello que nos hace que seamos sombra, ya sea un
conde o un mendigo. Las sombras somos iguales para
todos.
LÍO: Lo tendremos en cuenta...
VOZ: Diez...
LÍA: Es que nuestros condes son tan aburridos...
SOMBRILLA: Las sombras tenemos un minuto al día para hacer lo que
queramos. Si lo aprovecháis de verdad entenderéis que en
cada segundo caben muchos días...
¡Tan emocionante puede ser el vuelo de una mosca como
un viaje en piragua...!
VOZ: Tres...
SOMBRILLA: Adiós... Lía...
LÍA: Adiós, Sombrilla...
SOMBRILLA: Adiós, Lío...
LÍO: Adiós, Sombrilla...
SOMBRILLA: Adióoooos...

(SOMBRILLA desaparece al mismo tiempo que ruge la


locomotora acompañada de una última ráfaga de humo
que llena el escenario.
Arranca el tren del eclipse de vuelta a casa. Por la
ventana de uno de sus pequeños vagones asoman sus
38

minúsculas cabezas LÍA y LÍO. Llevan puestos los


sombreros elegidos.
Y la música añade su magia al vuelo de regreso.)

... Y SIETE.

De cómo LÍA y LÍO vuelven a ser sombras nada más –


y nada menos- de sus respectivos condes.

(Cuando desaparece el humo nos situamos de nuevo en


los jardines de palacio. PITO duerme a pierna suelta
aprovechando que AGAPITO hace lo mismo tras el
ciclorama. LÍA y LÍO acaban de “atrenizar”. Se quitan los
sombreros y se lo colocan encima de la cara de PITO,
quien –tan cascarrabias como siempre- despierta de la
impresión.)

PITO: (Con un sombrero en cada mano). ¿Se puede saber qué


hacéis?
LÍA: Despertarte.
LÍO: Sombrilla te manda recuerdos...
PITO: Pues muy bien. Y ahora largaos de aquí antes de que
despertéis a Agapito.
LÍA: ¡Estamos curados!
PITO: (Chista. ) Pssss. Hablad más bajito. Ya lo veo, pero
también veo que seguís con gamberritis aguda...
LÍO: No, Pito. Venimos a curar a los condes.
PITO: Demasiado tarde...
LÍA: ¿Han...? (No se atreve a pronunciar la palabra fatal y sólo
la mima: ¿muerto?)
PITO: Poco les falta ya, pero han decidido no salir de sus
aposentos hasta que eso suceda...
39

LÍO: No, Pito. Para eso estamos aquí, para impedirlo.


PITO: No sé cómo...
LÍO: Ni yo. ¿Se te ocurre a ti, Lía...?
LÍA: No.
PITO: (Con uno de sus característicos cambios de humor.) A no
ser que... a no ser que consigamos que asomen al menos
la cabeza por una ventana y pase algo tan maravilloso
que les haga cambiar de opinión...
LÍA: ¡Qué buena idea!
LÍO: Eres tan tan tan... ¿Y qué les puede hacer cambiar
de opinión?
PITO: (Vuelve a mostrarse serio.) ¡Ah, vosotros veréis!
(De repente, sonríe.) ¡Está bien! Yo me encargo de que
vuestros condes asomen la cabeza... vosotros haced el
resto... Vamos, escondeos...

(LÍA y LÍO se tiran al suelo y se mimetizan con él. PITO


va hacia AGAPITO y le rasca la nariz. Éste se despierta.
Su sombra, PITO, está a su lado, como siempre. Se
desperezan al unísono, se rascan la barriga. Y, muy
sutilmente, PITO lleva la iniciativa para que AGAPITO se
levante y entre en Palacio. Antes, se detiene extrañado al
no entender qué hacen los dos sombreros de los condes
sobre el jardín.)

LÍA: ¿Qué hacemos?


LÍO: Pensar con el corazón.

(Se miran. Miran la sombra del corazón que late en cada


uno. Recuerdan lo que hizo PITO antes del primer eclipse
y lo imitan: colocan las palmas de sus manos frente al
corazón, como si quisieran darle calor...
40

Entonces el sol recibe un ligero mordisco de la luna. En


ese momento, ROSALÍA y ROSALÍO asoman la cabeza a
través de la ventana extrañados al ver sus sombreros
tirados sobre el jardín. Y eso les lleva a descubrir el
impresionante eclipse que está empezando a nacer.
Salen los condes del palacio sorprendidos por tanta
belleza y cada uno recoge su respectivo sombrero. Se lo
colocan, miran hacia atrás, sin fe alguna, pero descubren,
de pronto, que sus sombras vuelven a estar allí. No se lo
pueden creer.
LOS CONDES se vuelven a colocar en la misma posición
que al principio, pero esta vez LÍA y LÍO, tras el
ciclorama, calcan cada uno de sus movimientos.
Sonríen los cuatro.)

ROSALÍO: (Al que la sorpresa no le ha borrado el acento frgancés)


¡oh, la, la... querida!
ROSALÍA: (Con el mismo asento.) ¡Oh, la, la, querido!
ROSALÍO: ¡Has sonreído...!
ROSALÍA: ¡Tú también...!
ROSALÍO: Hace una tarde maravillosa...
ROSALÍA: Maravillosa...
ROSALÍO: Y volvemos a tener nuestras sombras...
ROSALÍA: Nuestras queridas sombras...
ROSALÍO: Uno no sabe lo que tiene hasta que no lo pierde un día...
¿no te parece, querida?
ROSALÍA: Es verdad, querido...
ROSALÍO: ¿Te apetece bailar, querida?
ROSALÍA: ¡Ouiiiiiii!, es decir: síiiii en francés, querido.
ROSALÍO: ¿Un minué, querida?

(LÍA y LÍO, sin que los vean, hacen un gesto de


desaprobación.)
41

ROSALÍA: Como tu quieras, querido...

(Lo dice con la boca pequeña de la resignación. Suenan


unos acordes de clavecín, que es un instrumento que
suena a piano antiguo con ronquera, y los condes- y sus
sombras- bailan anodinamente, hasta que ROSALÍA para
la música deteniendo el baile.)

ROSALÍA: ¡Noooo! , que en francés es igual. Ha llegado el momento


de cambiar de baile, querido...
ROSALÍO: No comprendo, querida...
ROSALÍA: ¡Que ahora toca bailar... algo más divertido!
ROSALÍO: ¿Cómo qué, querida?
ROSALÍA: Como ... ¡Esto, tronco!

(Y entonces la condesa Rosalía, inesperadamente, se


quita el sombrero, lo lanza lo más alto que puede y suena
una música de lo más marchoso. Y, ante la sorpresa de su
marido, empieza a bailar desmelenándose en todos los
sentidos, lo que por supuesto encanta a LÍA, que la sigue
como puede. ROSALÍO, primero tímidamente, hasta que
le va tomando el pulso al baile, se suma al desmadre
palaciego tras lanzar el sombrero al infinito y, cómo no,
LÍO hace lo mismo, encantado.
El sol, eclipsado, guiña un ojo.

Y los condes y sus sombras se mezclan entre la música de


forma que, al final, no sabemos quién es sombra de
quién.

Y, lentamente, el escenario se vuelve la sombra más


luminosa.)
42

Mayo- julio, 2008

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